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Primer post: 9 abr 2016Último post: 9 abr 2016
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cuentito de ciencia ficcion
Ciencia EducacionporAnónimo4/9/2016

Este es mi primer Post, se que el formato no es precisamente el que estan acostumbrados pero bueno... El cuento que les traigo lo escribí yo y lo comparto con ustedes. espero les guste. Con el ruido de la suspensión neumática la nave de desembarco se posó en la plataforma de aterrizaje, estas naves de compartimientos modulares eran geniales, en lugar de bajar al pasajero o la carga simplemente se desacoplaba todo el compartimiento y se dejaba en la superficie de la locación que se requería, al fin y al cabo los pasajeros iban “suspendidos” por decir algo y la carga, bueno, la carga no se quejaba. Este pasajero en particular era nada mas y nada menos que el nuevo capataz general de las minas de silicio alojadas en una pequeña región dentro de lo que alguna vez fue conocido como Norteamérica, el escueto comité de recepción, básicamente compuesto por el ayudante del capataz general,un personaje pequeño de talla pero agil y avispado cubierto con una coraza amarilla ya muy gastada debido a los años de servico y lo duro del trabajo, sin embargo faltaba poco para su jubilación y nada de esto le resultaba demasiado preocupante como era natural, una vez revisada la integridad del módulo y el estado del inerte ocupante, ingreso la secuencia de reanimación y apertura del módulo, hace años se requería hasta media hora para una reanimación completa y la subsecuente apertura del módulo, pero con los nuevos sistemas de arranque rapido esto era cosa del pasado. Con un crujido metálico y el característico estruendo de los cierres pneumaticos liberándose se abrió el modulo del cual emergió el capataz, el cual, una vez comprobó que todo seguía en su lugar y sin ningún problema físico aparente, estrecho la mano de su ahora ayudante. El capataz media aproximadamente 2 mts, desgarbado y traía puesta una de esas nuevas armaduras de polímeros cerámicos, en el pecho del lado izquierdo llevaba un código QR con información acerca de su rango así como los permisos, accesos y cualquier otra información que se requiriera fuera leida por un escáner óptico. Hace mucho que los escáneres ópticos son tecnología obsoleta pero en aquellas condiciones eran más que aceptables, además los gastos de recursos solo eran aceptables si valia la pena la inversión, y por supuesto la mina no era el caso. Después de un breve saludo, reminiscencias de un protocolo pasado que ya nadie recordaba, el ayudante procedió a poner al dia al nuevo capataz. De acuerdo con el ayudante el viejo capataz cayo en una trampa tendida por las mismas unidades de producción a su cargo, las cuales iniciaron una revuelta, la revuelta fue sofocada, los culpables capturados y listos para ser desactivados como escarmiento frente a todos durante la ceremonia de toma de puesto a la que se dirigían. Después de preguntar cifras y cantidades el capataz supo que en esa mina había 2000 unidades de producción cuya procedencia era una fábrica cerca del ecuador, donde por lo general abundaban este tipo de fábricas gracias al clima benigno y constante, las unidades de producción eran específicamente creadas para este tipo de trabajo aunque eran cuidadosamente sometidas a test de resolución de problemas, obediencia y capacidad para el trabajo, de vez en cuenta salía una o dos defectuosas y había este tipo de situaciones aunque muy pocas veces salían de control como esta ocasión. De acuerdo con los informes una de las unidades simulo dañar maquinaria de la mina, una vez que el viejo capataz se acerco para revisar y diagnosticar la unidad, dos unidades ocultas quitaron dos soportes que hicieron que el viejo capataz fuera enterrado por 20 toneladas de material en bruto y, por supuesto, poniendo fuera de combate al capataz en el acto, la información visual que documentaba el caso demostraba sin lugar a dudas que el viejo solo se reconocia por lo blanco de su armadura, que aunque resistente, no soporto la presión de aquellas rocas. Una vez que se abrieron las pesadas puertas de la galería principal, las unidades de producción reunidas con antelación por los supervisores de galería vieron horrorizados como una mano de metal y plástico tomaba el látigo de descargas que uno de los supervisores le ofrecía a aquel ser robotico, mientras tanto las tres unidades de producción veian con furia a su verdugo. El capataz, incapaz de sentir nada concluyo su tarea con brutal y fría eficiencia tal y como dictaba el protocolo asignado y procesado en su cerebro electronico mediante una base de datos de comportamiento humano: “el miedo es la mejor herramienta para mantener la disciplina”. Los nuevos amos lo sabían y hacían cumplir las directivas.

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