Anleoje
Usuario (Chile)

¿Yahvé o Jehová? En las Biblias evangélicas encontramos que a Dios se lo nombra como a «Jehová» y en las Biblias católicas le damos el nombre de «Yahvé». Muchos cristianos se preguntan: ¿por qué esta diferencia en el nombre de Dios? ¿qué debemos pensar de esto? En el fondo no sirve de nada discutir por el nombre antiguo de Dios. Nosotros vivimos ahora en el Nuevo Testamento y lo que nos importa es hablar de Dios como Jesús hablaba de El. Jesús vino a aclarar el misterio más profundo que hay en el Ser Divino: «Dios es amor». Dios es un «Padre» que ama a todas sus creaturas y los hombres son sus hijos queridos. Jesús mismo nos enseñó que debemos invocar a Dios como «nuestro Padre» (Mt. 6, 9). Para los estudiosos de la Biblia quiero aclarar en esta carta el nombre antiguo de Dios, aquel nombre que los israelitas del Antiguo Testamento usaban con profundo respeto. La explicación es un poco difícil, porque debemos comprender algo del idioma hebreo, la lengua en la cual Dios se manifestó a Moisés. Los nombres de Dios en el Antiguo Testamento Los israelitas del Antiguo Testamento empleaban muchos nombres para referirse a Dios. Todos estos nombres expresaban una relación íntima de Dios con el mundo y con los hombres. En esta carta quiero indicar solamente los nombres más importantes, por ejemplo: En Ex. 6, 7 encontramos en el texto hebreo el nombre «Elohim», que en castellano significa: «El Dios fuerte y Poderoso». En el Salmo 94 encontramos «Adonay» o «Edonay», que en castellano es «El Señor». En Gén. 17, 1 se habla de Dios como «Shadday» que quiere decir el Dios de la montaña. El profeta Isaías (7, 14) habla de «Emmanuel» que significa «Dios con nosotros». Y hay muchos nombres más en el A. T., como por ejemplo: Dios Poderoso, el Dios Vivo, el Santo de Israel, el Altísimo, Dios Eterno, El Dios de la Justicia, etc. Pero el nombre más empleado en aquellos tiempos era «Yahvé» que significa en castellano: «Yo soy» o «El que es». Leemos en Éxodo Cap. 3 que Dios se apareció a Moisés en una zarza ardiente y lo mandó al Faraón a hablar de su parte. Moisés le preguntó a Dios: «Pero si los israelitas me preguntan cuál es tu nombre, ¿qué voy a contestarles?». Y Dios dijo a Moisés: «YO SOY EL QUE SOY». Así les dirás a los israelitas: YO SOY me manda a ustedes. Esto les dirás a ellos: YO SOY, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob me manda a ustedes. Este es mi nombre para siempre» (Ex. 3, 13-15). ¿De dónde viene la palabra «Yahvé»? Esta palabra es una palabra hebrea, el hebreo es el idioma de los israelitas o judíos del Antiguo Testamento. En este idioma no se escribían las vocales de una palabra sino únicamente las consonantes. Era bastante difícil leerlo correctamente, porque al leer un texto hebreo, uno mismo debía saber de memoria qué vocales tenía que pronunciar en medio de las consonantes. El nombre de Dios: «YO SOY» se escribía con estas cuatro consonantes: Y H V H que los judíos pronunciaban así «Yahvé», y en castellano se escribe YAVE. La pronunciación «Yahvé» es sin duda la pronunciación más correcta del hebreo original para indicar a Dios como «Yo soy el que soy» (Los judíos del A.T. nunca dijeron Jehová). ¿De dónde viene la palabra Jehová? Los israelitas del A.T. tenían un profundo respeto por el nombre de Dios: «Yahvé». Era el nombre más sagrado de Dios, porque Dios mismo se había dado este nombre. Con el tiempo los israelitas, por respeto al nombre propio de Dios, dejaron de pronunciar el nombre de «Yahvé» y cuando ellos leían en la Biblia el nombre de «Yahvé», en vez de decir «Yahvé» dijeron otro nombre de Dios: «Edonai» (el Señor). Resultó que después de cien años los israelitas se olvidaron por completo de la pronunciación original (Y H V H, Yahvé) porque siempre decían «Adonay» (el Señor). En la Edad Media (1.000 a 1.500 años después de Cristo) los hebraístas (que estudiaban el idioma hebreo antiguo) empezaron a poner vocales entre las consonantes del idioma hebreo. Y cuando les tocó colocar vocales en la palabra hebrea Y H V H (el nombre antiguo de Dios) encontraron muchas dificultades. Por no conocer la pronunciación original de las cuatro consonantes que en las letras castellanas corresponden a YHVH y en letras latinas a JHVH, y para recordar al lector que por respeto debía decir: «Edonay» en vez de «Yahvé», pusieron las tres vocales (e, o, a) de la palabra Edonay; y resultó Jehová en latín. Es decir: tomaron las 4 consonantes de una palabra (J H V H) y metieron simplemente 3 vocales de otra palabra (Edonay) y formaron así una nueva palabra: Jehová. Está claro que la palabra «Jehová» es un arreglo de dos palabras en una. Por supuesto la palabra «Jehová» nunca ha existido en hebreo; es decir, que la pronunciación «Jehová» es una pronunciación defectuosa del nombre de «Yahvé». En los años 1600 comenzaron a traducir la Biblia a todas las lenguas, y como encontraron en todos los textos bíblicos de la Edad Media la palabra «Jehová» como nombre propio de Dios, copiaron este nombre «Jehová» literalmente en los distintos idiomas (castellano, alemán, inglés...). Y desde aquel tiempo empezaron a pronunciar los católicos y los evangélicos como nombre propio de Dios del Antiguo Testamento la palabra «Jehová» en castellano. Ahora bien, aun las Biblias católicas usan el nombre de «Yahvé» y no el de «Jehová».¿Está bien? Está bien porque todos los hebraístas modernos (los que estudian el idioma hebreo) están de acuerdo que la manera original y primitiva de pronunciar el nombre de Dios debía haber sido «Yahvé» y no «Jehová». «Yahvé» es una forma del verbo «havah» (ser, existir) y significa: «Yo soy el que es» y «Jehová» no es ninguna forma del verbo «ser», como lo hemos explicado más arriba. Por eso la Iglesia Católica tomó la decisión de usar la pronunciación original «Yahvé» en vez de «Jehová» y porque los israelitas del tiempo de Moisés nunca dijeron «Jehová». ¿Cuál es el sentido profundo del nombre de «Yahvé»? Ya sabemos que «Yahvé» significa: «Yo soy.» Pero ¿qué sentido profundo tiene este nombre? Para comprenderlo debemos pensar que todos los pueblos de aquel tiempo eran politeístas, es decir, pensaban que había muchos dioses. Según ellos, cada nación, cada ciudad y cada tribu tenía su propio Dios o sus propios dioses. Al decir Dios a Moisés: «YO SOY EL QUE SOY» El quiere decir: «Yo soy el que existe: el Dios que existe; y los otros dioses no existen, los dioses de los egipcios, de los asirios, de los babilonios no existen. Yo soy el único Dios que existe». Dios, dándose el nombre de YAVE (YO SOY), quería inculcar a los judíos el monoteísmo (un solo Dios), y rechazar de plano todo politeísmo (muchos dioses) y la idolatría de otros pueblos. El Dios de los judíos (Yahvé) es un Dios celoso, no soporta a ningún otro dios a su lado. El dice: «No tendrás otro Dios fuera de mí» (Ex. 20, 3). «Yo soy Yahvé, tu Dios celoso» (Deut. 4, 35 y 32, 39). El profeta Isaías explica bien el sentido del nombre de Dios. Dice Dios por medio del profeta: «YO SOY YAVE, y ningún otro». «¿No soy yo Yahvé el único y nadie mejor que yo?» (Is. 45, 18). La conclusión es: La palabra «Yahvé» significa que «El es el UNICO DIOS», el único y verdadero Dios, y que todos los otros dioses y sus ídolos no son nada, no existen y no pueden hacer nada. El nombre de Dios en el Nuevo Testamento Más importante para nosotros, que vivimos en el Nuevo Testamento, es saber cómo Jesús hablaba del misterio de Dios. Jesús y sus apóstoles, según la costumbre judía de aquel tiempo, nunca pronunciaban el nombre «Yahvé» o «Jehová». Siempre leían la Biblia diciendo: «Edonay» -el Señor- para indicar el nombre propio de Dios. Todo el Nuevo Testamento fue escrito en griego, por eso encontramos en el Nuevo Testamento la palabra Kyrios (el Señor) que es la traducción de «Edonay». Pero Jesús introdujo también una novedad en las costumbres religiosas y nombró a Dios «Padre»: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra». «Mi Padre sigue actuando y yo también actúo». «Por eso los judíos tenían ganas de matarlo: porque El llamaba a Dios Padre suyo haciéndose igual a Dios» (Jn. 5, 17-18). Además Jesús enseñó a sus seguidores a hacer lo mismo: «Por eso, oren ustedes así: Padre Nuestro, que estás en los cielos» (Mt. 6, 9). Ahora, el nombre más hermoso que nosotros podemos dar a Dios es el de: «Padre nuestro». ¿Es verdad que en las Biblias de los Testigos de Jehová aparece el nombre Jehová en el Nuevo Testamento? Así es. Los Testigos de Jehová hacen aparecer en el Nuevo Testamento 237 veces la palabra «Jehová», pero eso no es correcto. Cuando en el Nuevo Testamento se habla de Dios con el nombre «Señor» (Kyrios en griego, Edonay en hebreo) ellos lo traducen como Jehová, pero esto es claramente una adulteración de los textos bíblicos. El Nuevo Testamento habla de Dios como «Padre» o «Señor», pero nunca como «Jehová». Una vez más desconocen la gran revelación de Jesucristo que fue la de anunciarnos a Dios como Padre.

Información relativa al servicio que ofrece la Santa Sede a través de internet para visitar de manera virtual su archivo secreto. Permite hojear documentos de valor histórico incalculable El Archivo Secreto del Vaticano, el centro de investigación histórica más importante del mundo, puede visitarse ahora en Internet. Tras escoger el idioma en el sitio de la Santa Sede www.vatican.va, la página de acogida ofrece, en la sección «Focus», un paseo virtual por sus centenarias salas entre frescos y documentos. Gracias a las nuevas tecnologías, puede hojearse el pergamino de absolución del Papa Clemente a los superiores de los Templarios (17-20 de agosto de 1308), la carta autógrafa de Miguel Ángel Buonarroti al obispo de Cesena (enero de 1550), o las actas del proceso contra Galileo Galilei (1616 1633). El patrimonio documental del Archivo Secreto Vaticano es decisivo para el estudio de la historia, ya sea por los documentos que afectan a la civilización cristiana, ya sea por los que tienen que ver con la historia de diferentes naciones. «En el caso de algunos países, los documentos vaticanos son los más antiguos, los primeros, con los que tiene lugar el inicio mismo de su historia nacional», explica la página web, por el momento sólo disponible en italiano y en inglés. Actualmente el Archivo Secreto Vaticano conserva más de 630 fondos de archivos diferentes, en una extensión de unos 85 kilómetros lineares de estanterías, cubriendo continuamente más de ochocientos años de historia. El documento más antiguo se remonta al siglo VIII, mientras que se conserva documentación sin interrupciones a partir del año 1198. El Archivo Vaticano es utilizado, ante todo, por el Papa y por sus colaboradores en la Santa Sede, según establece el «motu proprio» de León XIII del 10 de mayo de 1884. Ese mismo Papa, en 1881, permitió la consulta a los investigadores, «convirtiéndose así en el centro de investigaciones históricas más importante del mundo», añade la página. Acceder al archivo secreto Vaticano

Calumnias contra la Iglesia ¿Quién se beneficia de la mentira y el escándalo?, ¿por qué existe un interés enfermizo por criticar, desacreditar y dañar a la Iglesia y sus miembros?, ¿dónde ha quedao la ética periodística? Decía un veterano de la vida: “cuando algunos lanzan a los medios de comunicación calumnias o críticas contra una persona o una institución hay que ver quién se va a beneficiar de esas mentiras y así será posible descubrir quién está detrás de todo el escándalo”. Por desgracia, los escándalos venden. Existe un cierto afán por escuchar críticas, una extraña complacencia en difundir chismes, una envidia no siempre bien escondida que lleva a desacreditar a personas de bien, incluso con calumnias de bajeza inimaginable. Por eso algunos medios de información (algunos, no todos, pues hay periodistas con gran sentido ético y con principios, aunque a veces por eso queden excluidos de los mejores puestos) viven de suposiciones, rumores, acusaciones infundadas. A veces también de acusaciones que pueden ser reales, pero difundidas en la prensa como si ya los jueces hubiesen dado sentencia, sin dejar el menor espacio a la defensa, al respeto que merece cualquier ciudadano mientras no se demuestre su presunta culpabilidad. Especialmente vemos cómo se propagan críticas a personajes de la Iglesia católica. ¿Quiénes están detrás de las mismas? ¿A quiénes van a beneficiar estas campañas mediáticas? Es triste tener que reconocer que no pocas veces el promotor del odio y de la calumnia está en la misma Iglesia. Algún grupo de poder eclesial quiere desprestigiar a “los otros”, quizá porque piensan distinto, o por envidia (esa terrible enfermedad que toca a todos), o por un odio que no tiene nada que ver con el Evangelio de Cristo. Por eso promueven y buscan acusadores para atacar a sus víctimas. No es difícil encontrar a “colaboradores” llenos de rencor o de rabia dispuestos a iniciar las acusaciones y calumnias. Otros las difundirán (a veces con una buena inversión de dinero). El resto lo hará la prensa, la radio y la televisión. El escándalo llegará así a miles de personas que no podrán darse cuenta del grado de mentira que escuchan y ven en los medios... No nos queda sino mostrar nuestra solidaridad y apoyo a quienes se han visto privados de su buen nombre. Y, si somos cristianos, también debemos (a algunos no les gusta usar el verbo “deber”) perdonar y tender la mano a los calumniadores, a los críticos destructivos, a los promotores de la mentira, a los denigrantes por profesión. Perdonar es Evangelio puro. “Pues si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, también les perdonará a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre perdonará sus ofensas” (Mt 6,14-15). Sólo así el calumniador podrá descubrir que el amor es más fuerte que el odio, que la verdad escribe la última palabra de la historia. Aunque haya que esperar hasta el cielo para descubrir la honradez de algún laico, sacerdote u obispo calumniado. Aunque cueste mucho al calumniador tener que reconocer su propia miseria moral para empezar a redimirse, para suplicar la misericordia divina, para reparar (aunque siempre quede algo de la mentira) al menos un poco del mucho mal que ha propagado, un poco el daño que ha sembrado contra víctimas inocentes...

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est" Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo (Santo Tomás de Aquino) Una de las múltiples objeciones esgrimidas por los críticos anticristianos en contra de la fe de la Iglesia se basa en el supuesto influjo del mitraísmo sobre el cristianismo. La tesis que queremos analizar y refutar aquí es ésta: El cristianismo ha surgido fundamentalmente del mito de Mitra, transmutado mediante algún proceso psicosociológico en el Cristo de la fe. En primer lugar se debe notar que las "soluciones mitológicas" al problema de Jesucristo son muy numerosas: Hay quienes sostienen que las primitivas comunidades cristianas transfirieron a Jesús "su fe en un mito solar (Dupuis), o las creencias del alegorismo alejandrino (Bauer) o un culto oriental de la crucifixión como acto litúrgico (Du Jardin). O, no es sino la caricatura del dios indio Agni o del héroe babilónico Gilgamesh o del dios del sol de Canaán" (Vittorio Messori, Hipótesis sobre Jesús, Ediciones Mensajero, Bilbao 1978, p. 90). Agrego que otros "expertos" sostienen que Jesús fue un extraterrestre o un hongo alucinógeno o un fakir formado en la India o... mil disparates más. En segundo lugar subrayo que, a pesar de que todas esas soluciones mitológicas son incompatibles entre sí, sus proponentes las presentan habitualmente como resultados definitivos de la investigación científica. He aquí un caso flagrante de deshonestidad intelectual... Alfred Loisy (famoso teólogo católico disidente de principios del siglo XX) ironizó sobre las "alborotadas conjeturas de los mitólogos" y escribió: "Las presuntas conclusiones definitivas de estos señores no hay necesidad de tomarlas muy a lo trágico" (o.c. pp. 105 y 97). Y Loisy era uno de ellos... Veamos ahora qué se sabe con respecto al mitraísmo. Fue un culto al dios solar Mitra que floreció en Roma y en otras partes del Imperio Romano en los siglos II y III DC (¡después de Cristo!). No se conoce ningún texto sagrado de esta religión, por lo cual lo poco que se sabe de ella proviene de hallazgos arqueológicos o de indicios aislados. El origen de este culto es muy discutido entre los estudiosos. Dado que en las antiguas religiones de Persia y de la India existieron dioses de nombres parecidos (Mithra, Mithras, etc.) algunos han postulado una relación genética entre el mitraísmo y una de estas religiones. En particular el belga Cumont propuso la hipótesis de un origen persa. Su obra tiene algunas debilidades y continúa siendo debatida. De todos modos no es posible probar que las características propias del culto romano de Mitra provengan de la antigüedad persa. Mitra (o un dios de nombre semejante) era una deidad inferior en el panteón persa (y en el hindú) y al parecer no recibió ningún culto litúrgico especial en Persia. El mitraísmo romano fue una de las muchas "religiones de misterios" que proliferaron en el Imperio por esa misma época. No fue sino uno de los muchos cultos que compitieron con el cristianismo. Además de la religión pagana oficial de Roma, existían los cultos mistéricos de Osiris, Isis, Adonis, Cibeles, etc. Todos estos cultos mistéricos eran "religiones esotéricas", es decir sectas cerradas reservadas a relativamente pocos iniciados en los misterios respectivos. El culto de Mitra excluía a las mujeres, pero no prohibía la pertenencia simultánea del iniciado a otra religión. Mitra era adorado en pequeños templos con forma de cueva, presididos por una estatua que representaba a Mitra sacrificando un toro. El sentido de este sacrificio es discutido; probablemente tiene relación con la astrología. En esos templos los fieles realizaban sus ritos, entre los cuales se destacaban los ritos de iniciación y los banquetes sagrados. Pasemos ahora a las supuestas influencias del mitraísmo sobre el cristianismo. De todas las supuestas semejanzas enumeradas por los partidarios del origen "mitrano" del cristianismo, sólo una parece tener un plausible sustento histórico: La referida a la fecha de celebración de la Navidad. La fecha exacta del nacimiento de Jesús es desconocida. Los evangelios no dan ningún dato preciso al respecto. Desde el siglo II se comenzó a celebrar la Navidad el 6 de enero. La mayoría de las iglesias de Oriente continúan celebrándola ese día, de lo cual se deduce que la fecha exacta de la Navidad no afecta a la esencia del cristianismo. Durante el siglo IV un Papa determinó que la Navidad se celebrara el 25 de diciembre. Es bastante probable que la motivación principal de este cambio de fecha fuera el deseo de competir con el culto pagano y el culto de Mitra, que celebraban ese mismo día (debido al solsticio de invierno) la fiesta del nacimiento del Sol invicto. Cronológicamente el 25 de diciembre fue en Roma primero una fiesta pagana, adoptada luego por los fieles de Mitra y luego por la Iglesia católica. La celebración de la Navidad el 25 de diciembre se extendió pronto a todo Occidente y a Oriente. ¿Tiene algún sentido hablar aquí de un "plagio"? Este concepto es totalmente inaplicable en este contexto. Ni el paganismo ni (menos aún) el mitraísmo tenían ningún derecho monopólico sobre esa fecha. El cambio de fecha de la Navidad fue una decisión legítima y conveniente de la autoridad eclesiástica. Éste es un caso notable del "poder de asimilación" del cristianismo, que el gran teólogo del siglo XIX John Henry Newman consideró una de las siete notas que permiten distinguir un desarrollo auténtico de la doctrina cristiana de una corrupción de la misma (en su célebre "Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana". El resto de las supuestas semejanzas entre mitraísmo y cristianismo cabe en alguna de estas tres categorías: Semejanzas inexistentes (frutos de la imaginación de algún autor). En este rubro podríamos ubicar la supuesta utilización en los banquetes sagrados "mitranos" de las palabras de Jesús en la Última Cena (la institución de la eucaristía). Este desvarío se puede encontrar en algunos de los muchos sitios web anticristianos que recurren a la "hipótesis mitológico-mitrana". Semejanzas como resultado de desarrollos independientes (frutos de la universal tendencia religiosa del ser humano). En este rubro podríamos ubicar la existencia en ambos cultos de procesos de iniciación (muy diferentes entre sí), de ritos de purificación con agua (con significados muy diferentes), de sacrificios o banquetes rituales (la Santa Misa es un sacrificio-banquete sumamente diferente de los respectivos ritos "mitranos", etc. Semejanzas como resultado de influencias en sentido inverso (es decir, del cristianismo al mitraísmo). En este rubro podríamos ubicar la adoración de los pastores y de los magos en el nacimiento de Mitra. No incluyo aquí el supuesto nacimiento de Mitra de una virgen sólo porque, según mis modestas investigaciones, Mitra no nació de una virgen sino de una roca (!!). Más allá de estos gruesos errores históricos, la tesis que estamos analizando adolece de una grave falencia lógica. La estructura general del argumento "mitológico-mitrano" tiene la forma siguiente: Premisa 1: Existen analogías entre el cristianismo y el mitraísmo. Premisa 2: El mitraísmo es una religión esencialmente falsa. Conclusión: El cristianismo es una religión esencialmente falsa. Aunque diéramos por buenas ambas premisas, es evidente que en este razonamiento hay algo que no funciona. En este "silogismo rengo" falta una conexión lógica, ya que la conclusión no se deduce de las premisas. Dos cosas son análogas cuando entre ellas existen semejanzas y desemejanzas. Para que el razonamiento fuera correcto habría que demostrar que la semejanza se da en un elemento esencial a ambas religiones y que el tal elemento resulta falso en el mitraísmo. Pero en el argumento "mitológico-mitrano" falta esa demostración. No sólo no está probado que Cristo es un mito semejante al de Mitra, sino que está probado precisamente lo contrario: Que Jesucristo pertenece a la historia y no al mito. Por lo demás, en la perspectiva cristiana no resulta en modo alguno preocupante que existan analogías entre el cristianismo y otras religiones (antiguas o modernas). Todo lo que en éstas hay de verdadero y bueno resulta ser una providencial preparación al Evangelio de Jesucristo; lo que en ellas hay de erróneo o malo es resultado de la limitación y el pecado del hombre. Concluyo con una cita de Jean Guitton: "Los historiadores del tercer milenio, que lleguen a descubrir una breve biografía de Napoleón salvada casualmente de una catástrofe atómica, si emplean los mismos métodos que se han seguido con Jesús, demostrarán que la epopeya napoleónica no es más que un mito. Una leyenda en la que los hombres del lejano siglo XIX han encarnado la idea preexistente del "Genial Caudillo". Las expediciones en el desierto y entre las nieves, su nacimiento y muerte en una isla, su mismo nombre, su caída, su resurgimiento, su recaída bajo los golpes de la envidia y de la reacción, el exilio en medio del océano. "De todo esto resulta evidente que Napoleón nunca existió. Se trata del eterno mito del Emperador; acaso es la misma idea de Francia a la que un desconocido grupo de fanáticos patriotas ha dado un nombre, una existencia y una empresa fantásticas a comienzos del siglo XIX", dirán infinitos expertos. Es decir, los sucesores de esos especialistas que aplican ese método al problema de Jesús de Nazaret" (o.c. p. 157).
Reencarnación o Resurrección La reencarnación y su incompatibilidad con el cristianismo En que consiste Reencarnar (volver a encarnar). En general, reencarnación es la creencia según la cual el alma, después de la muerte, se separa del cuerpo y toma otro cuerpo para continuar otra vida mortal. Según esta creencia, las almas pasan por ciclos de muertes y nuevas encarnaciones. Un ser humano, por ejemplo, podría volver a vivir en la tierra naciendo como un nuevo personaje. Una creencia reencarnacionista llamada “metempsicosis”, enseña que los grandes pecadores pueden reencarnar en un animal o una planta. Posiblemente la creencia en la reencarnación comenzó al querer aplicar al ser humano el ciclo que observaban en la naturaleza: El sol y la luna aparecen y desaparecen. Igualmente las temporadas, el follaje, las flores y tantas otras cosas en la naturaleza tienen un ciclo. Así pensaron que el ser humano moría pero regresaba otra vez en otro cuerpo. La reencarnación es también fruto del deseo humano de darle explicación a las diferencias de inteligencia, salud, talentos, fortuna, etc. que existen entre seres humanos. Según la doctrina de la reencarnación estas diferencias serían culpa o mérito por el comportamiento en vidas anteriores. Por lo tanto se le culpa a los pobres, los enfermos y los desdichados por su condición desdichada y no se hace nada por ellos porque están pagando su culpa. El Evangelio, por el contrario nos revela que Dios se hizo hombre en pobreza En los pobres encontramos al mismo Cristo. Para reflexionar sobre el misterio del sufrimiento>>. El hombre no debe inventarse "respuestas" para lo que no puede entender. "San Antonio el Grande, el célebre abad egipcio, meditaba en el desierto: ¿Por qué algunos mueren tras una vida corta mientras que otros llegan a una envidiable vejez? ¿Por qué algunos son pobres y otros ricos? ¿Por qué los injustos se enriquecen y los justos pasan necesidad? Entonces oyó una voz que le respondía: "Antonio, Antonio, ocúpate de ti mismo, pues eso pertenece al juicio de Dios y a ti nada te aprovecha saberlo". (Testimonios y Enseñanzas de los Padres del Desierto, C. Tescaroli). Publicado en la revista: Tierra Santa. Mayo-Junio 2002. Jerusalén. Número 756. La reencarnación está vinculada al concepto del "Karma", según el cual cada uno paga por su buen o mal comportamiento en sus próximas reencarnaciones. El alma de quien tenga un buen karma "transmigrará" encarnándose en un ser superior, quién tenga un mal karma encarnará como un ser inferior, ya sea, por ejemplo una vaca o una cucaracha. En las sucesivas reencarnaciones el alma podría evolucionar hacia la perfección hasta convertirse en espíritu puro que no necesita más reencarnaciones. Entonces se sumerge para siempre en la eternidad. Los proponentes de la reencarnación creen que el alma es eterna pero no la persona. El alma habita en un cuerpo y cuando este se gasta se consigue otro. El alma no es individual sino que forma parte de "Dios" o "Brama". El objetivo en los ciclos de reencarnaciones es pagar culpas de vidas anteriores y purificar el alma del mal hasta llegar a la "iluminación", lo cual le hace posible quedar absorta en el "Todo", el "alma mundial". Conocerse como parte de ese "Todo" es señal de iluminación. ¿Donde se origina? La creencia en la reencarnación comienza en la India en el siglo VII a.C. Eso significa que no es tan antigua como la fe de los judíos o de los sumerios, egipcios, persas y chinos. Ninguno de estos creía en la reencarnación y por eso edificaron magníficas tumbas. El Budismo apareció en la India, en el siglo V a.C. y adoptó la creencia en la reencarnación. Mas tarde pasó a Grecia y Roma. Algunas religiones también adoptaron esta explicación humana a los problemas que no podían entender. Tuvo adeptos entre algunos filósofos griegos. En nuestros tiempos se encuentra entre las enseñanzas de las sociedades teosóficas, los gurus indios, los psíquicos y el movimiento de la nueva era por el cual se han importado muchas creencias orientales. El Antiguo Testamento desconoce la reencarnación Algunos mal interpretan la Biblia y dicen que esta apoya la reencarnación. La religión judía por mucho tiempo no tubo una clara doctrina sobre lo que ocurre después de la muerte pero ciertamente no enseñaba la reencarnación ya esa creencia surge mucho mas tarde y es incompatible con la revelación que los judíos habían recibido de Dios. El Salmo 39, 14: “Señor, no me mires con enojo, para que pueda alegrarme, antes de que me vaya y ya no exista más” (v.14). Job le dice a Dios: “Apártate de mí. Así podré sonreír un poco, antes de que me vaya para no volver, a la región de las tinieblas y de las sombras” (Job 10,21-22). Sabiduría16,14: “El hombre, en su maldad, puede quitar la vida, es cierto; pero no puede hacer volver al espíritu que se fue, ni liberar el alma arrebatada por la muerte’’ 2 Samuel 14,14. “Todos tenemos que morir, y seremos como agua derramada que ya no puede recogerse” 2 Samuel 12,22-23. “Mientras el niño vivía, yo ayunaba y lloraba. Pero ahora que está muerto ¿para qué voy a ayunar? ¿Acaso podré hacerlo volver? Yo iré hacia él, pero él no volverá hacia mí” Aproximadamente 200 años a. C. se introdujo en el judaísmo la fe en la resurrección, doctrina incompatible con la reencarnación. La doctrina de la resurrección enseña que después de la muerte la persona vive pero no en la tierra sino con Dios en la eternidad. Aparece por primera vez en Daniel 12,2: “La multitud de los que duermen en la tumba se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la vergüenza y el horror eterno” Aparece por segunda vez en 2 Mac 7,9. El rey Antíoco IV de Siria quiere obligar a siete hermanos fieles a la ley judía, por medio de tortura, a abandonar su fe. Al morir el segundo dijo al rey: “Tú nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo a nosotros nos resucitará a una vida eterna” . El séptimo al morir dijo: “Mis hermanos, después de haber soportado una corta pena, gozan ahora de la vida eterna” (2 Mac 7,36). El Nuevo Testamento La doctrina del N.T. es incompatible con la reencarnación. El N.T. Enseña que después de la muerte NO se regresa a otra vida en la tierra sino que pasamos enseguida al purgatorio que es un estado temporal pero no en esta tierra, o pasamos a nuestro destino definitivo que es el cielo o el infierno. Nuestro cuerpo volverá al polvo hasta el día de la resurrección cuando nuestro único cuerpo cobrará vida pero será glorificado. Ver Resurrección. La parábola del rico Epulón (Lc 16,19.31): Lázaro después de la muerte va inmediatamente al cielo. El rico muere y va inmediatamente al infierno. El versículo 25 revela que el rico pagará por su mala conducta, no reencarnándose, sino en el infierno para siempre, del cual no puede pasar al otro lado ni volver a la tierra. El buen ladrón desde la cruz pidió a Jesús: “acuérdate de mí cuando vayas a tu reino”. Jesús le responde: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,43). El buen ladrón no regresó a la tierra para pagar su "karma" por ser ladrón. Fué directo al cielo "hoy mismo" por el perdón recibido de Jesús. Filipenses 1,23-24: “Me siento apremiado por los dos lados. Por una parte, quisiera morir para estar ya con Cristo. Pero por otra, es más necesario para ustedes que yo me quede aún en este mundo” Obviamente Pablo sabía que al morir no regresaría con otra vida al mundo sino que estaría definitivamente "con Cristo". 1 Cor 15,42.44. “En la resurrección de los muertos, se entierra un cuerpo corruptible y resucita uno incorruptible, se entierra un cuerpo humillado y resucita uno glorioso, se entierra un cuerpo débil y resucita uno fuerte, se entierra un cuerpo material y resucita uno espiritual" Hebreos 9,27 sintetiza la enseñanza de las Escrituras al respecto: "está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio" Uno de los pasajes bíblicos en que pretenden encontrar la reencarnación es Mateo 11,14: "Y, si queréis admitirlo, él (Juan Bautista) es Elías, el que iba a venir." Jesús habla aquí de que el espíritu profético de Elías (no su cuerpo ni su alma) continúa en San Juan Bautista. Que se refiere al espíritu profético y no al cuerpo físico de Elías se deduce de Lucas 1,17 "e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto." Además, el mismo San Juan Bautista negó explícitamente ser Elías: "Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.» - «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No.»" -Jn 1,21 Para entender el sentido bíblico pongo un ejemplo: Si nosotros decimos de una niña: "tiene los ojos de su madre", todos entienden que no se trata de un transplante de ojos. No se trata de la reencarnación de los ojos de la madre en la niña. Solo estamos diciendo que los ojos de madre e hija se parecen mucho. Diferencias principales entre la doctrina cristiana y la reencarnación Es alarmante que según algunas encuestas (AD 2004), el 34% de los católicos dicen creer en la reencarnación. Estos no se han enterado que hay diferencias fundamentales entre la revelación cristiana y la reencarnación. La Resurrección. La fe cristiana se fundamenta en la resurrección de Jesucristo. Nuestros cuerpos no serán ni reciclados ni aniquilados. El alma no pierde su identidad absorbiéndose en el cosmos. El destino final del hombre es la resurrección para el gozo de la vida con Dios para siempre en el cielo o la pena eterna de la separación de Dios en el infierno. La resurrección es muy superior a la reencarnación. Es cierto que algunas religiones narran sobre dioses que mueren y resucitan pero solo el cristianismo habla de un cuerpo gloriosamente resucitado y del poder para compartir esta nueva vida con otros. Los judíos no esperaban un Mesías que muriera y resucitara. Algunos tenían la esperanza de resucitar, pero no con cuerpos gloriosos sino en una resurrección análoga a la de Lázaro (Cf. Is. 26:19; Ez. 37:10; Dn 12:2). Algunas filosofías y religiones han creído en la reencarnación o en la inmortalidad del alma apartada del cuerpo. Pero la fe en la resurrección solo se encuentra entre los cristianos. (Más sobre la resurrección). La naturaleza de Dios. El Dios de la revelación judeo-cristiana es personal, mientras que en la reencarnación se le percibe como algo impersonal, el Todo Cósmico de las religiones orientales. El amor. Un Dios impersonal no ama, no es Padre, entonces los hombres no somos hermanos. Según los proponentes de la reencarnación los pobres son culpables de su miseria por males que hicieron en otras vidas. Como están pagando el karma, no se les debe ayudar. Son una casta baja. Jesucristo no solo nos enseña el amor a los pobres sino que el mismo se hizo pobre para darnos ejemplo. La victoria sobre el mal. El mal no es vencido por cada individuo expiando sus pecados por medio de transmigraciones a otras formas de vida. Los cristianos creemos que Jesucristo pagó por nuestros pecados en la cruz y solo en el tenemos salvación. Nosotros cooperamos con nuestros sacrificios pero la salvación es un don. La iluminación. Lo que constituye "iluminación" para los cristianos es muy diferente al concepto reencarnacionista: Esta se consigue al conocer a Jesucristo, el Camino, la Verdad y la Vida, y recibiendo el Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad enviado por el Padre y Jesucristo. El Tiempo. El concepto judeo-cristiano del tiempo y de la relación de Dios con el tiempo es totalmente diferente. El tiempo para el cristiano no es un ciclo sin fin. Es linear, teniendo un principio y un fin. Dios es el creador y Señor del tiempo. Jesús es el "Alfa y Omega", principio y fin del tiempo. El hombre tiene un propósito que cumplir en el tiempo que tiene, según la voluntad de Dios. El Génesis nos habla del principio del tiempo. El Apocalipsis, del fin del tiempo: la segunda venida del Señor. Después ya no habrá tiempo sino la eternidad, vivida en el cielo o en el infierno. La Eternidad. Los cristianos no creemos que los hombres sean diluidos en el cosmos impersonal. Todo lo bueno se unirá en Cristo y será presentado al Padre "Que Dios sea todo en todos" (I Cor 15:28) pero nuestra individualidad, nuestra persona no se perderá jamás. Podríamos imaginarnos a los santos en el cielo como un precioso campo de flores. Al mismo tiempo cada flor es individual y preciosa en si misma. Los redimidos por Cristo encontrarán su identidad plenamente en el cielo. Serán sanados y elevados a la plenitud de su ser. Los santos están unidos por el amor y al mismo tiempo cada uno es precioso. El evangelio del amor y del perdón sobrepasa en grande la enseñanza cruel de la reencarnación con sus ciclos y karmas. Dios tanto amó al mundo que envió a Su único Hijo para que el que crea en El tenga vida eterna. Fuente- Alan Schreck en inglés, artículo en New Covenant, V-1990 y varias otras.

Luján y una ciudad francesa hermanadas por la Virgen La ciudad argentina de Luján y la francesa Chartres, ambas con santuarios-basílicas dedicados a la Virgen María, firmaron un pacto de hermandad que corona más de dos años de gestiones diplomáticas. El documento fue suscripto el pasado 10 de diciembre por la intendenta de Luján, Graciela Rosso, y el adjunto del intendente de Chartres, Patrick Geroudet, en el marco de un acto llevado a cabo en el Salón Cultural del Complejo Museográfico Enrique Udaondo, de la ciudad mariana. En el auditorio también estuvieron presentes el presidente del Concejo Deliberante, Hernán Mosca, funcionarios comunales, e integrantes de la comitiva de la ciudad francesa. Antes de la firma, la jefa comunal dijo que “vemos cómo pueblos de distintas latitudes del mundo podemos tener muchas cosas que nos unen y nos acercan”, y señaló que en el caso de Luján y Chartres esas cosas son “el turismo, la actividad económica y la actividad cultural”. “Me parece muy valiosa la participación de monseñor (Agustín) Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján, quien en todo momento entendió que esta era una muy buena propuesta para Luján y que había que trabajar mancomunadamente para concretarla”, expresó la intendenta. Por último, agradeció también el respaldo del obispo de Chartres, monseñor Michel Pansard, y anunció que “es posible que el año que viene nos visite”.+

Defiende tu Fe: ¿Prohibe la Biblia lo que creemos? Tema creado por: P. Paulo Dierckx //P. Miguel Jordá//Martin Zavala Pregunta: ¿Estimados hermanos, es cierto lo que dicen los protestantes de que la Biblia prohíbe la Intercesión de los santos? Respuesta: Gracias Los Santos y nosotros Querido hermano católico: Muchos se dan cuenta de que los hermanos no católicos rechazan enérgicamente a los santos diciendo que no necesitamos otros modelos de santidad, ya que tenemos el modelo de Jesús. Que Dios es el unico santo y que mucho menos necesitamos a los santos como intercesores, pues Cristo es el Unico mediador ante el Padre. Muchos católicos no saben qué contestar y están dudosos frente a estas opiniones. Respondamos a estas interrogantes: 1.- Los Santos los hace Dios, no el Papa. El Santo Padre ha beatificado y canonizado a una gran cantidad de hombres y mujeres a lo largo de toda la Iglesia Universal. Con esto, la Iglesia lo que hace es reconocer oficialmente su testimonio de santidad. Hay que entender bien claro que el Papa no es el que los hace santos con un papel, eso es un invento y pesima idea de muchos evangelicos fundamentalistas. Es Dios quien los hace santos mediante la gracia recibida por su vida de fe en obediencia cristiana y se les reconoce que vivieron en plenitud esa santidad. El Papa y la Iglesia simplemente los reconoce como tales. Como cristianos que somos nuestra fe tiene una solida base biblica. Incluso algunos de nuestros hermanos esperados en su odio contra esta doctrina llegan a decir que Santo es solamente Dios y se les olvida o ignoran lo que la Escritura dice sobre eso, En grado perfecto Santo es solamente Dios, pero quienes se unen a él participan de esa santidad. Leamoslo en la misma Biblia evangelica Reina valera de 1909: * Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio: Lc 1:70 (RVA) Aqui la Escritura habla de los profetas como santos. * Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal: porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. 1Cor:3:17 (RVA) Aqui Pablo nos dice que somos santos por ser templos de Dios. * Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Mt:25:31 (RVA) Incluso Jesucristo aqui afrima que tambien los angeles son santos. * Al unirnos a Jesus participamos de esa santidad 1 Cor 12,13 Para eso lo unico que hacia falta es que los protestantes leyeran la Biblia y se darian cuenta de como Pablo se dirige a los primeros cristianos: 1. A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados santos: Gracia y paz tengáis de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Rom 1,7 (RVA) 2. Porque Dios no es Dios de disensión, sino de paz; como en todas las iglesias de los santos. 1Cor 14,33 (RVA) 3. Todos los santos os saludan. 2Cor 13:13 (RVA) Nota una vez mas como les llama santos. 4. PABLO, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, á los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso Ef 1:1 (RVA) Ahora les llama asi a los Efeso. 5. PABLO y Timoteo, siervos de Jesucristo, á todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos. Fil 1:1 (RVA) Ahora con los que estan en Filipos. Asi que no es como muchos protestantes dicen que el Papa es una fabrica de hacer santos. Si a alguien quieren reclamar los protestantes deberian reclamarle a Jesucristo, a Lucas, a Pablo, a Pedro y a Dios porque eso esta en la Biblia. Dios nos hace santos y por eso nos llama a vivir en santidad. * Y aconteció que Pedro, andándolos á todos, vino también á los santos que habitaban en Lydda. Hech 9:32 (RVA)Lucas, el autor de este libro, tambien les llama santos a los primeros cristianos, antecesores nuestros. * Y vestir el nuevo hombre que es criado conforme á Dios en justicia y en santidad de verdad. Ef 4:24 (RVA) Como ves mi estimado hermano muchos hermanos esperados no han leido bien la Escritura. A algunos que se destacan por un fuerte testimonio la Iglesia los reconoce de una manera especial. De esta forma ellos se convierten para los creyentes en un modelo de santidad (1 Tim. 1, 16) y en intercesores en favor nuestro. 2. ¿Qué debemos contestar a los que piensan que solamente Cristo es el unico modelo? Los hermanos evangélicos dicen: No necesitamos otro modelo de santidad si ya tenemos el modelo del propio Jesús. Queridos hermanos: Eso es falso y no es biblico. Esa es una verdad a medias. Enseguida me vienen a la mente los textos bíblicos del Apóstol Pablo: «Para mí la vida es Cristo, y la muerte es ganancia... Hermanos, sigan mi ejemplo y fíjense también en los que viven según el ejemplo que nosotros les hemos dado a ustedes» (Fil. 1, 21 y 3, 17). En otra parte dice el Apóstol: «Sigan ustedes mi ejemplo como yo sigo el ejemplo de Cristo Jesús» (1 Tim. 1, 16).En estos textos vemos claramente que Pablo se pone a sí mismo como ejemplo de seguidor de Cristo, e incita a los creyentes a ser sus imitadores, como él lo es de Cristo. Tomemos otro ejemplo de la Biblia: María, la Madre de Jesús. Ella es la mujer «que Dios ha bendecido más que a todas las mujeres» (Lc. 1, 28 y 1, 42), como dijeron el ángel Gabriel y su prima Isabel. Y en el cántico de María (Lc. 1, 46-55); ella se presenta también como ejemplo de humilde servidora y de esclava, «en adelante todos los hombres me llamarán bienaventurada» (Lc. 1, 48). La Biblia, entonces, pone claramente a María como modelo de santidad para todas las generaciones. Y es eso lo que celebra la Iglesia Católica al venerar a María. La veneración a María nunca puede ser culto de adoración; la veneración es un culto de honra y de profundo respeto hacia la Madre de Jesús. Cuando leemos con atención las Escrituras, nos damos cuenta de que la Biblia nos ofrece muchos modelos de santidad; por ejemplo: al apóstol Tomás, que era un hombre con grandes dudas sobre la fe pero que al fin proclamó a Jesús como su Señor y su Dios (Jn. 20, 26-28). Así también la Iglesia católica presenta el ejemplo de Juan Bautista que con gran valentía dio testimonio de Jesús hasta derramar su sangre por el Señor (Mt. 14, 1-12). De igual manera, la Iglesia Católica presenta ahora a los santos de nuestros tiempos como ejemplos de fe cristiana. Ellos nos señalan un camino y muchos ven en ellos la gracia del Señor Jesús, que fue tan eficaz en sus vidas. Los santos son para nosotros verdaderos modelos a imitar. Ellos tuvieron una clara prioridad en su vida: Jesucristo. Y es este modelo de fe cristiana el que tocó de diversas maneras el corazón de mucha gente. La fe en los santos no es, de ninguna manera, un obstáculo a la fe en Jesucristo, como piensan los hermanos evangélicos, sino un estímulo para seguir a Cristo. Por supuesto debemos evitar excesos, los santos no son semidioses y la santidad de tal o cual persona nunca puede oscurecer el seguimiento de Cristo. Al contrario, la verdadera santidad de los santos siempre anima hacia una mayor búsqueda de Dios. 3. Los santos como intercesores Muchos hermanos evangélicos tienen problemas para aceptar a los santos como intercesores en favor nuestro. Simplemente dicen que Jesucristo es el único Mediador entre Dios y los hombres y que no necesitamos nuevos intercesores: «Hay un solo Dios, y un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús» (1 Tim. 2, 5; Hebr. 8, 6 y 9, 11-14). Nosotros, los católicos, proclamamos también que Jesucristo es el Unico Mediador entre Dios y los hombres. Pero los santos no son un obstáculo para dirigirnos directamente a Jesucristo, a Dios Padre o al Espíritu Santo. Los santos no nos alejan de Dios; simplemente ellos con sus ejemplos de fe cristiana nos estimulan a acercarnos a Dios con la sola mediación de Jesucristo. ¿Acaso la gente no acudio a Pablo, a Pedro, a Juan y a los demas apostoles? Claro que si. Entonces fueron mediadores o intercesores. ¿Acaso la gente no acude al llamado de los pastores evangelicos cuando van a orar por ellos? Claro que si. Entonces ya se convirtieron en mediadores o intercesores. Cristo es el mediador de salvacion y los hombres lo son de intercesion pues es Dios quien tiene el poder. Si alguien te dice: Si pero ellos ya estan muertos entonces te recomiendo leer el tema de la intercesion de los santos haciendo click aqui. Ahora bien, cuando la Iglesia Católica dice que los santos son intercesores nuestros delante de Jesucristo, eso no quiere decir que ellos son los que hacen los milagros. Es siempre Dios Padre, Jesucristo o el Espíritu Santo, quienes obran maravillas entre nosotros, aunque sí puede ser que los milagros sean hechos «por intercesión» de estos santos: 4. El ejemplo de María Veamos el ejemplo de María en las bodas de Caná. Es María la Madre de Jesús la que invita discretamente a su Hijo a hacer un milagro diciendo: «Ya no tienen vino». Y Jesús le hace entender que la hora de hacer signos no ha llegado todavía. Sin embargo, por la intercesión de su Madre María, Jesús hace su primer milagro (Jn. 2, 1-12). Este es el sentido bíblico de la intercesión de los santos. Hay muchos ejemplos más de la intercesión de los santos ante Dios. Veamos algunos textos: Moisés ora a Dios por intercesión de Abraham, Isaac y de Jacob (Ex. 32, 11-14). Jesús manda a sus Apóstoles a sanar enfermos, a resucitar muertos, a limpiar leprosos y echar demonios (Mt. 10, 8). Pedro y Juan, en nombre de Jesús, sanan a un hombre tullido (Hech. 3, 1-10). En el pueblo de Troáda, el apóstol Pablo devuelve la vida a un joven accidentado (Hech. 20, 7-11). Fue mediador y no mando a la gente a su casa para que le pidiera directamente a Jesucristo. Cuando el apóstol Pedro pasaba por la calle, la gente sacaba a los enfermos y los ponía en camillas para que, al pasar Pedro, por lo menos su sombra cayera sobre algunos de ellos, y todos eran sanados (Heh. 5, 15-16). Dios hacía grandes milagros por medio de Pablo, tanto que hasta los pañuelos o las ropas que habían sido tocados por su cuerpo eran llevadas a los enfermos y los espíritus malos salían de éstos (Hech. 19, 11-12). Fue intercesor y no les dijo oren ustedes mismo a Jesucristo. Lo mismo hacen los santos. Todos estos textos nos dicen que Jesucristo hacía milagros por medio de sus discípulos. «Ustedes han recibido este poder sin costo; úsenlo sin cobrar», dijo Jesús (Mt. 10, 8). 5. Dios acepta la oración de los santos La Biblia, SI, la Biblia, aunque a muchos no les guste, nos enseña también que debemos ayudarnos mutuamente con el poder de intercesión de la oración. «La oración de los santos es como perfume agradable ante el trono de Dios» (Apoc. 8, 4). «Ahora me alegro, dice el Apóstol Pablo, en lo que sufro por ustedes, porque de esta manera voy completando en mi propio cuerpo lo que falta a los sufrimientos de Cristo por la Iglesia, que es su cuerpo» (Col. 1, 24). «La oración fervorosa del hombre bueno tiene mucho poder. El profeta Elías era un hombre tal como nosotros, y cuando pidió en su oración que no lloviera, dejó de llover sobre la tierra durante tres años y medio y después cuando oró otra vez, volvió a llover y la tierra dio su cosecha» (Stgo. 5, 16-18). «Los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos se pusieron de rodillas delante del Cordero. Cada uno de los ancianos tenía un arpa, y llevaban copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los que pertenecen a Dios» (Apoc. 5, 8). En todos estos textos notamos que la oración fervorosa o la intercesión de los santos tiene mucho poder delante del trono de Dios. No podemos dudar de que estos santos, que ahora están delante de Dios, van a interceder por nosotros, como lo hizo Moisés al hablar con Dios para aplacar su ira invocando a Abraham, Isaac y Jacob (Ex. 32, 13). Al invocar a los santos siempre contemplaremos las virtudes que obró Dios en ellos. Dios está siempre en el trasfondo de nuestra invocación o veneración a los santos. Los santos no nos alejan de Dios, sino que nos invitan a ponernos directamente en contacto con El, con la sola mediación de Jesucristo. Muchos hermanos separados se salieron de la Iglesia catolica sin saber todo esto y es tiempo de que regresen para vivir mas fuerte su fe. 6. ¿Debemos evitar los excesos en la veneración de los santos? Por supuesto que en nuestra veneración a los santos debemos evitar los excesos. Por ejemplo, hay gente que no busca a los santos como un modelo de fe cristiana, sino solamente como remedio a sus dolencias, angustias y dificultades, o para encontrar un objeto que se le ha perdido. Sabemos muy bien que hay gente que se acerca a los santos con una fe casi mágica. No nos corresponde juzgar los sentimientos de nuestros hermanos que tienen una fe débil. Pero estoy seguro de que Dios respeta la conciencia de cada uno. Pienso en aquella mujer de la Biblia que sufría hemorragias de sangre durante tantos años, la que se acercó a Jesús tal vez con una fe mágica, pensando que con sólo tocar su manto sanaría, y la señora con esta fe que a nosotros nos parece medio mágica sanó. Pero luego Jesús buscó a aquella mujer y quiso darle más que un simple remedio a sus dolencias. Jesús deseaba un encuentro personal con aquella enferma y aclarar la verdadera razón de su sanación: La fe. «Hija, has sido sanada porque creíste» (Lc. 8, 43-48). Creo que hay mucha gente católica, entre nosotros que se acerca a Cristo y a los santos con esta actitud tímida, con esta fe no muy clara, tal vez con creencias medio mágicas. Pero no tenemos derecho a humillar o aplastar esta poca fe que tiene la gente sencilla. Es un pecado muy grave burlarse de la fe débil de uno de nuestros hermanos. Debemos ayudarles con mucho amor a purificar su fe, como lo hizo Jesús con aquella mujer enferma. Un poco de fe basta para que Dios actúe. Queridos hermanos católicos y no católicos, termino esta carta dando gracias a Dios por las grandes maravillas que obró en los santos, y por habernos hecho el hermoso regalo de nuestros santos latinoamericanos. Ojalá que nosotros, como cristianos verdaderos, contemplando sus ejemplos logremos también la santidad. Y termino recordando que la Iglesia no obliga a nadie a invocar y tener devoción a los santos. Esto depende del gusto, de la cultura y de la libertad de cada cristiano. Es un camino que se ofrece, y dichosos de nosotros si lo aceptamos con humildad y agradecimiento. Fuente: defiendetufe.org ¿Dudas del Catolicismo? Este post es para tí Milagros para fortalecer la Fe

¿Qué significa la palabra "Papa"? El término “Papa” procede del griego “Pappas” o “Papas” y significa “papá” o “padre” Un error muy difundido en internet acerca de por qué al Sumo Pontífice se le dice "Papa" es el que se basa en las iniciales de 4 palabras latinas: P etrí - A postoli - P otestatem - A ccipiens, y se traducen así: "El que recibe la Potestad del Apóstol Pedro". El segundo error en la interpretación del significado es el que se atribuye a la unión de las dos primeras sílabas de estas palabras latinas: PA ter y PA stor, que se traducen como "padre y pastor". El orígen de la palabra PAPA es muy distinto. El término “Papa” procede del griego “Pappas” o “Papas” y significa “papá” o “padre”. Se encuentra testimoniado en Aristófanes (Pax 120), Menandro (Mis 213). P. Levillain observa que en Homero significa “sacerdote”. Como quiera que sea, el término se hizo común en oriente como signo de afecto y respeto para con obispos y sacerdotes. En Occidente hace su aparición a inicios del S. III, progresivamente se fue aplicando a los obispos [Cipriano, Ep 8,8.23,30; 31,36]. Aplicado al obispo de Roma como signo de afecto y respeto se encuentra por vez primera en una inscripción del diácono Severo a san Calixto: "Jussu Papae sui Marcellini" (por orden del Papa Marcelino). Se hizo específico para finales del S. IV y en el V al título se precisa la expresión “Papa Urbis Romae" (Papa de la ciudad de Roma). En el S. VI la cancillería de Constantinopla se dirigió al obispo de Roma con el título “Papa”. Para finales del S. VIII el título se emplea solamente para los romanos pontífices. Con Gregorio V (996-999) el Concilio de Pavía estipuló que el arzobispo Arnulfo de Milán no se designara así. Gregorio XI (1073-1085) prescribió de modo formal que el título se aplicara definitivamente a los sucesores de Pedro. La expresión “Santísimo Padre” se remonta al S. XII y corresponde al significado histórico de “papa”, es decir, “reverendo padre” y con él se relaciona su definición de “pater patrum”, de uso común por parte de los obispos de la Iliria y del África que así se dirigían a los sucesores de Pedro en los primeros siglos VI-VII. Nominalmente el Papa es el Obispo de la Diócesis de Roma. Según la tradición católica, desde que San Pedro se estableció para predicar el Evangelio en la ciudad y nombró su sucesor a uno de los Presbíteros de Roma, se ha establecido la ciudad como la sede de la Iglesia Universal. En el principio a los sucesores de San Pedro se los llamaba simplemente Obispo de Roma. El título de "Papa", como hemos visto, comezó a ser usado muchos siglos después. El título papa, que alguna vez fue utilizado con gran amplitud, actualmente se emplea exclusivamente para denotar al Obispo de Roma quien, en virtud en su posición como sucesor de san Pedro, es el supremo pastor de toda la Iglesia, el vicario de Cristo sobre la tierra. Además del obispado de la diócesis romana, el Papa detenta varias otras dignidades junto con la de pastor universal y supremo. Él es el arzobispo de la provincia romana, primado de Italia e islas adyacentes, y único patriarca de la Iglesia Occidental. La doctrina de la Iglesia acerca del Papa fue declarada por el Concilio Vaticano I en la Constitución Dogmática “Pastor Aeternus”, el 18 de julio de 1870. Los cuatro capítulos de esa constitución tratan respectivamente del oficio de cabeza suprema conferido a san Pedro, la perpetuidad de ese oficio en la persona del romano pontífice, la jurisdicción papal sobre todos los fieles y su autoridad suprema para definir cuestiones de fe y moral. (Enciclopedia Católica)

Como Pinochet engañó a Juan Pablo II: el saludo desde el balcón El recuerdo del cardenal Tucci: “Nos burló a todos” Juan Pablo II nunca hubiese querido asomarse junto a Augusto Pinochet desde el balcón del Palacio de la Moneda, en 1987, pero fue engañado por el dictador chileno. Es cuanto ha relatado el cardenal Roberto Tucci, de 88 años, que entonces era el organizador de los viajes papales en el extranjero, en una entrevista en L'Osservatore Romano en la que revela las bambalinas de ese episodio que entonces conmocionó a la opinión pública en un momento en el que en Chile los opositores eran torturados y asesinados. El purpurado jesuita ha confesado no poder olvidar “el rostro de Wojtyla cuando se dio cuenta del golpe que le jugó Pinochet”. “Le hizo asomarse con él al balcón del palacio presidencial, contra su voluntad. Nos burló a todos”, exclamó. “A los del séquito se nos acomodó en un saloncito en espera del coloquio privado. Según los pactos – que yo había concordado por disposición precisa el Papa – Juan Pablo II y el presidente no se habrían asomado para saludar a la multitud”. “Wojtyla era muy crítico hacia el dictador chileno – revela el cardenal Tucci – y no quería aparecer junto a él. Yo tenía a la vista la única puerta que unía el saloncito, donde estábamos los del séquito, con la estancia en la que estaban el Papa y Pinochet. Pero, con un movimiento estudiado, le hicieron salir por otra puerta”. “Pasaron ante una gran cortina negra cerrada – nos explicó después el Papa furioso - y Pinochet hizo detener allí a Juan Pablo II como si tuviera que enseñarle algo”. A continuación, “la cortina se abrió de golpe y el Pontífice se encontró ante el balcón abierto sobre la plaza atestada de gente. No pudo retirarse, pero recuerdo que cuando se despidió de Pinochet le dirigió una mirada gélida”. Al contrario, recordó el cardenal Tucci, el presidente argentino Raúl Alfonsín “fue más respetuoso, y no pretendió en absoluto aparecer a su lado”. “En África en cambio reyes, dictadores y gobernantes corruptos lo llevaban por todas partes para aprovecharse de su imagen – dijo –. Él lo sabía, pero era un precio a pagar para encontrarse con la gente. Eso le dolía, pero lo soportaba. Después se desahogaba con nosotros. Y cuando hablaba no ahorraba las denuncias”. El purpurado, que fue también director de la revista La Civiltà Cattolica y director general de Radio Vaticano, habló también de los muchos viajes programados y nunca realizados. Como el que el Papa quería realizar a Sarajevo durante la guerra, en 1994. “Cuando fui sobre el terreno Alberto Gasbarri - actual director administrativo de Radio Vaticano y organizador de los viajes papales fuera de Italia – nos obligaron a llevar el chaleco antibalas. Era demasiado peligroso y casi imposible garantizar la seguridad absoluta”. “Recuerdo con disgusto en cambio el fracaso de la visita a Hong Kong – continuó –. El cardenal John Baptist Wu Cheng-chung, obispo desde 1975, me manifestó su perplejidad. Hong Kong tenía aún su autonomía, pero la presencia del Papa podía ser interpretada como un acto descortés hacia Taiwan: estábamos en 1994, en la vigilia del paso de Hong Kong a China, sucedida en 1997”. “Otra desilusión fue el fracaso del viaje que el Papa quería hacer a Iraq tras la guerra del Golfo. Recuerdo que alcanzamos una base militar en avión en plena noche. Después seis horas de coche hasta Bagdad. Estuvimos tres días discutiendo con dos vice-ministros de Exteriores, quienes afirmaban que el Papa no había entendido nada porque Abraham era musulmán”. “Al final nos dijeron que el Papa en la tierra de Abraham, es decir en el sur de Iraq, en la frontera con Irán, habría representado un riesgo muy serio por los posibles atentados, de los que se habría echado la culpa después a los iraquíes”. El cardenal Tucci habló también de los encuentros fallidos con el Patriarca ortodoxo de Moscú y de todas las Rusias, Alejo II. “La primera vez fue cuando el Papa debía dirigirse a Austria. Por voluntad de la Santa Sede organicé un encuentro con el Patriarca de Moscú Alejo II, porque el padre Pierre Duprey, entonces secretario del actual Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, habñia sondeado el terreno y parecía que los tiempos estuviesen maduros”. “Había habido negociaciones y habían decidido que habrían podido encontrarse en Viena. Yo preparé todo el los mínimos detalles – recordó –. Habíamos elegido el monasterio cisterciense de la Santa Cruz. Pero pocos días antes el Patriarcado de Moscú nos hizo saber que el encuentro no se celebrarí”. “El motivo, nos dijeron, era el mal trato dirigido en Ucrania por los católicos a los ortodoxos para recuperar sus iglesias, un pretexto”. “Lo mismo sucedió con ocasión de la visita a Pannonhalma, en Hungría, en 1996. También aquella vez estaba todo preparado, pero después pusieron ulteriores condiciones y saltó todo”. El cardenal Tucci recordó también su amistad con Juan XXIII, que le eligió como perito durante el Concilio Vaticano II, recordando una anécdota: una audiencia que le concedió el Papa en la vigilia del famoso congreso de la Democracia cristiana en enero de 1962 en Nápoles, durante el cual Aldo Moro convenció a todo el grupo dirigente del partido de la necesidad de una alianza con el Partido Comunista Italiano. “Durante el encuentro – dijo el purpurado – el Pontífice me repitió una cosa que ya me había confiado durante el primero de nuestros encuentros, es decir, que no deseaba ocuparse de las cosas de Italia y que quisiera que la Secretaría de Estado fuese muy cauta con las cuestiones italianas”. “Me dijo que no entendía de política y que, en todo caso, pensaba que el Papa, perteneciendo a la Iglesia universal, no debía verse implicado en cuestiones particulares referidas a Italia”, añadió. “A propósito de las divisiones internas de la Democracia cristiana, añadió - creo que refiriéndose a la izquierda – que había que respetar también a aquellos que no tenían, por así decirlo, las posiciones más aceptables, porque se trataba con todo de personas que defendían sus ideas de buena fe”. “Yo no entiendo mucho de eso – dijo Juan XXIII – pero francamente no entiendo por qué no se puede aceptar la colaboración de otros que tienen una ideología diversa para hacer cosas en sí buenas, mientras no haya cesiones doctrinales”. “Entendí así que Moro habría tenido vía libre – afirmó el cardenal Tucci –. Pienso incluso que al estadista le fue comunicada esta postura del Papa, porque conociendo su fe, no creo que hubiese procedido de otro modo por ese camino”.