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AuKaChe

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26 de noviembre: Día sin Compras, boicot al consumismo
InfoporAnónimo11/25/2010

El próximo 26 de noviembre se celebrará la 19º edición del Día sin Compras (DSC) en más de 60 países. El DSC ha evolucionado desde su primera edición en 1992 en Vancouver hasta convertirse en una fecha señalada a nivel mundial para los colectivos críticos con el modelo y los valores consumistas imperantes, que aprovechan este momento para denunciar sus consecuencias y proponer alternativas de consumo. Crítica al modelo A lo largo de las últimas décadas el consumo de bienes, servicios y recursos naturales se ha ido incrementando de forma exponencial a nivel mundial. Sin embargo, este aumento no se ha repartido, precisamente, de forma equitativa, sino que ha seguido la llamada Ley de Paretto, ya que el 20% de la población mundial consume aproximadamente el 80% de los recursos del planeta. Más allá de lo cuantitativo, el consumismo ha ido tomando cada vez más protagonismo en la vida de las personas y las sociedades enriquecidas, hasta convertirse en una ideología para la selecta clase media consumidora, formada por unos 1.700 millones de personas, y ha hecho del consumo un fin en sí mismo. Desde una perspectiva práctica, se trata de un tipo de conducta tremendamente repetitiva y significativa en el estilo de vida contemporáneo, y que se ofrece como una solución integral a todos los problemas, carencias y necesidades percibidas de las personas. El consumismo es una conducta que a medida que se ha ido extendiendo a todos aquellos que tuvieran los recursos económicos imprescindibles para entrar en esta noria, ha supuesto enormes impactos a nivel social, económico y medioambiental en todo el planeta. Cada día son más los datos que evidencian los impactos del estilo de vida consumista: destrucción ambiental, sobreexplotación, profundización de las desigualdades económicas, mercantilización de los derechos, las relaciones y los afectos, descohesión social, concentración del poder económico, entre muchos otros. Desde otra perspectiva, a pesar de los elevados niveles de producción y consumo alcanzados, así como del ideal del “progreso” al que se dirige esta cultura de la posesión de las cosas, las sociedades de consumo muestran signos cada vez más claros de hastío, insatisfacción e infelicidad. Se trata de una paradoja que está inserta en la propia naturaleza y dinámica consumista porque, seguramente, esa sea la trampa: construir individuos que se sientan permanente y sistemáticamente insatisfechos con lo que tienen para que sigan consumiendo genera, en definitiva, frustración e infelicidad. Un modelo de contrasentido en el que conviven personas obess y famélicas, el despilfarro y las necesidades básicas insatisfechas, la persecución de una escurridiza felicidad publicitaria y los más altos niveles de trastornos psíquicos en la historia de la Humanidad. Una sociedad que se caracteriza por la insolidaridad, el individualismo y el hedonismo, y cuyo estilo de vida hegemónico desafía a diario la sostenibilidad ecológica y social. Reivindicación y construcción de alternativas Frente a este escenario, cada día son más numerosas las iniciativas colectivas a escala global que pretenden denunciar los excesos y defectos de este modelo de consumo, promoviendo la reflexión crítica, denunciando los impactos, construyendo alternativas y articulando iniciativas para un consumo consciente, crítico y responsable. En este sentido, el Día Sin Compras es una de las actuaciones que más notoriedad e impacto han logrado a lo largo de los últimos años. El DSC se celebra cada año la jornada posterior a la conmemoración del Día de Acción de Gracias, a finales del mes de noviembre. La elección de la fecha se debe a que el Día de Acción de Gracias representa el pistoletazo de salida a la oleada de las compras navideñas, principalmente en EE.UU. El también denominado Viernes Negro, es la fecha en la se rebajan los precios en la inauguración de la temporada de compras navideñas, se colapsan las grandes superficies y centros comerciales, la publicidad promueve el desenfreno consumista y, como resultado, es la jornada en la que se produce el mayor volumen de compras en ese país. Esta iniciativa fue propuesta por el publicista canadiense Ted Dave como una forma de crítica contra los excesos consumistas. Su primera edición se celebró bajo el lema “lo bastante es suficiente” en 1992 y posteriormente el DSC ganó más notoriedad pública al ser impulsado por el colectivo Adbusters. La propuesta del DSC podría ser comparable a una jornada de huelga de los consumidores o una campaña de boicot, no contra un producto o una empresa concreta, sino contra el aparato mercantilista y publicitario y el modelo de consumo resultante. Los objetivos de esta actuación global no se limitan a la reducción del nivel de consumo en los países del Norte económico, sino que se extienden a promover una reflección crítica sobre este modelo de consumo, denunciar sus impactos y proponer alternativas viables que estén sustentadas en valores como la sostenibilidad socioambiental, el reparto equitativo de la riqueza, la solidaridad, alternativas que retomen las relaciones comunitarias de cercanía, el comercio local y estén asociadas a las necesidades reales de las personas. Por ello, se trata de una apuesta activa por otro modelo de consumo más crítico, donde el eje no sea el crecimiento económico y la optimización de los beneficios empresariales a costa de sistemáticas injusticias sociales, la polarización de la riqueza, la dependencia al consumismo y la destrucción de los recursos naturales. Así, se ha convertido en una jornada señalada para los colectivos y personas que apuestan por la transformación del modelo de producción, distribución y consumo, así como del estilo de vida contemporáneo. Esta crítica se sustenta en una crítica sistémica más amplia y profunda, vinculada al reparto de los recursos a escala planetaria, el libre mercado, las normas que rigen el comercio internacional o las políticas alimentarias, entre otros. Por lo tanto, también se relaciona con otros movimientos de contestación, como es el caso del comercio justo, la agroecología, la economía solidaria, el movimiento decrecentista o la defensa de la soberanía alimentaria de los pueblos. Durante esa fecha, los colectivos y organizaciones sociales implicadas en estas temáticas denuncian de distintas maneras un sistema injusto, alienante e insostenible, y reivindican el consumo local, justo y ecológico de los productos necesarios. Por eso, el DSC es también una ocasión para la visibilización de la problemática asociada al consumismo y la promoción del ejercicio colectivo de un consumo responsable y crítico durante los otros 364 días del año. La repercusión y visibilidad del DSC ha ido creciendo paulatinamente desde sus comienzos, cada año con un mayor nivel de participación de personas y colectivos. Los lemas “un día sin compras, 364 de consumo sostenible” y “Nada, el producto más vendido en el Día sin Compras” sirvieron para celebrar las dos últimas ediciones del DSC en el Estado español. Ecologistas en Acción propone el debate, la reflexión y la construcción de alternativas posibles para promover el decrecimiento, reconducir el estilo de vida, el modelo de producción, de consumo, de transporte, energético, de alimentación y de poder, con el objeto de transitar el ineludible camino hacia la sostenibilidad socioambiental del sistema. Para tal fin, se organizan durante toda la semana distintas actividades en diferentes ciudades del territorio español. Entre éstas, destacan recorridos por proyectos alternativos, mercadillos de trueque y tiendas gratis, exposiciones de contrapublicidad, charlas de agricultores ecológicos y grupos autogestionados de consumo, talleres de costura, de reciclaje de muebles o de huertos urbanos y mesas redondas. En última instancia, se trata de una jornada que sirve para poner sobre la mesa de la conciencia colectiva un conjunto de críticas y alternativas necesarias que han quedado ocultas o disfrazadas por el ruido mediático y la saturación publicitaria. La crítica a una economía que se ha vuelto autónoma, que no toma en consideración las necesidades y exigencias de la vida humana y sólo aspira a su propio desarrollo. A un aparato de producción que pretende alcanzar un ilusorio crecimiento infinito sobreexplotando el planeta y un modelo de consumo que pretende mercantilizar todo aquello cuanto exista. A un estilo de vida que obvia cualquier límite y pasa por encima de las necesidades en nombre del “progreso”, el “desarrollo” o la “modernidad”. La alternativa de construir una sociedad fuera de la lógica del crecimiento, el individualismo y la competencia. De promover un modelo económico y social que respete los límites físicos, proteja y favorezca la vida. La alternativa de reaprender a vivir más allá del consumismo, siguiendo la consigna “menos para vivir mejor”. Fuente

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Venezuela: lecciones del 26-S
InfoporAnónimo9/29/2010

Atilio A. Boron El pasado domingo hubo en Venezuela varias elecciones. Una fue de carácter nacional, realizada a distrito único, y que eligió los diputados venezolanos que se integrarán al Parlamento Latinoamericano (Parlatino). Otra, la de los diputados de la Asamblea Nacional, fue la caprichosa sumatoria de un conjunto de situaciones estaduales y en las cuales factores tales como las desafortunadas –a veces impopulares- designaciones de algunos candidatos chavistas y el desprestigio o la indiferencia de las autoridades locales jugaron decisivamente en contra de las expectativas oficiales. A nadie se le escapa, además, que las elecciones legislativas invariablemente arrojan resultados distintos de las presidenciales porque en éstas la gravitación de un líder de masas -¡y nada menos que de un líder de la talla de Chávez!- queda mediatizada por las cualidades de sus representantes locales, las más de las veces para su desgracia. Analizar estas dos elecciones, convocadas en simultáneo, nos ofrece un cuadro cuasi experimental que permite calibrar algunos datos de importancia para la caracterización del escenario político que se abre en Venezuela a partir del 26-S. En las elecciones para el Parlatino el voto popular, expresado al margen de aquellos condicionantes locales, arrojó los siguientes resultados: 5.268.939 para la alianza PSUV-PCV contra 5.077.043 de sus adversarios, o sea 46.71 % de los votos contra el 45.01 del heteróclito conglomerado opositor. En el referéndum del 2007 el chavismo había obtenido 4.404.626 votos, contra 4.521.494 de los partidarios de rechazar la nueva constitución socialista. De lo anterior se deduce que en la elección del 26-S el gobierno aumentó su gravitación electoral en casi 900.000 votos mientras que la oposición lo hizo en algo menos de 500.000. En las presidenciales de Diciembre del 2006 Chávez había sido re-electo con 7.309.080 votos, en contra de la coalición derechista liderada por Manuel Rosales, que se alzó con 4.292.466 sufragios. Obviamente que cualquier comparación de estas cifras debe hacerse muy cautelosamente pero indican algo interesante, al menos como una tendencia: (a) que el gobierno se debilita, y mucho, en elecciones en las cuales Chávez no es candidato. Entre el 2006 y el 2010 hay unos dos millones de votos que se alejaron de las filas bolivarianas, si bien sería un grueso error inferir, a juzgar por lo que ha venido ocurriendo desde 1998, que ese alejamiento sea definitivo. Lo más probable es que los desilusionados con los candidatos locales retornen, inclusive con creces, para votar por Chávez en las presidenciales del 2012 a condición, claro está, de que éste sea el candidato; (b) si bien la derecha crece cuando Chávez no compite su crecimiento parece tener un techo relativamente bajo. En condiciones muy favorables para ella, que es harto improbable vuelvan a repetirse en el futuro, apenas araña los cinco millones de votos. En otras palabras, no hay migración del voto chavista hacia la derecha, que era lo que esperaba la reacción. Lo que si hay es un (comprensible) desencanto o enojo de la base bolivariana con algunas ofertas electorales propuestas por el PSUV y un (también comprensible) malestar ante los problemas que afectan la vida cotidiana de los sectores populares, como veremos más abajo. Pero lo que no hay, y esto es una gran victoria ideológica del gobierno de Chávez, es una fascistización o derechización de los sectores populares, lo cual no es poca cosa. El pueblo sabe que, más allá de las limitaciones de la acción gubernamental, de su corrupción o su ineficiencia, lo cierto es que fue la revolución bolivariana quien le confirió la dignidad y los derechos fundamentales de una ciudadanía que no es sólo política y jurídica, limitada al sufragio, sino también económica y social. Y esa revolución operada en el plano de la conciencia resiste los más diversos avatares, las penurias económicas, o los inconvenientes e incomodidades derivadas, por ejemplo de situaciones como la crisis energética. Allí, en el plano de la conciencia, se encuentra una formidable muralla que la propaganda de la derecha no ha podido derribar. Hay que tener en cuenta que fueron varios los factores que incidieron negativamente sobre el gobierno en estas elecciones y que generaron el malhumor social en contra de no pocos candidatos oficialistas: la crisis energética, la inflación, el desabastecimiento, la inseguridad, la ineficiencia en el funcionamiento del aparato estatal, el influjo desmoralizante de la ostentosa “boliburguesía” y sus corruptelas, fenómenos objetivos pero que fueron agigantados extraordinariamente por la oligarquía mediática venezolana e internacional en una extensa y costosísima campaña sin precedentes en la región: ¡la CNN produciendo un insólito documental claramente orientado a aterrorizar a la población en vísperas de las elecciones!, y la “prensa seria” de América Latina, Estados Unidos y Europa –que de seria no tiene nada- fustigando a diario a Chávez y descargando una fenomenal catarata de mentiras que, pese a sus afanes, no surtió el efecto deseado que, por cierto, era mucho más que obtener el 40 % de los escaños en la Asamblea Nacional. Iban por más, por mucho más: querían recrear en Venezuela las condiciones parlamentarias que en Honduras hicieron posible el golpe de estado en contra de Mel Zelaya, pero la jugada no les salió bien y seguramente volverán a la carga. Esta descarada campaña mediática fue acompañada por un verdadero diluvio de más de 80 millones de dólares que tan sólo en este año fueron canalizados -a través de “inocentes e independientes” ONGs europeas y estadounidenses, pérfidos instrumentos del intervencionismo norteamericano- hacia el conglomerado de fuerzas políticas opositoras bajo el pretexto del “empoderamiento de la sociedad civil”, “educación ciudadana” y otras argucias por el estilo. Pese a todo lo anterior, Chávez obtuvo una cómoda mayoría en la Asamblea Nacional y la derecha tiene ahora 20 escaños menos que los que, por ejemplo, tenía en el 2000; y si bien aquél no podrá obtener de ese cuerpo facultades extraordinarias tiene una mayoría suficientemente amplia como para seguir avanzando en el proceso de transformaciones en el cual se halla inmersa Venezuela. No tiene sentido alguno, por esto mismo, hablar del inicio de una fase Termidoriana como consecuencia del reciente resultado electoral. Siempre y cuando, claro está, se haga una correcta lectura del mensaje enviado por el pueblo bolivariano evitándose las actitudes negadoras de quienes creen que los problemas se solucionan ignorándolos; se tome adecuada nota de los errores cometidos y los grandes desafíos con que se enfrenta el gobierno y, se recuerde, sobre todo, que no habrá de ser la mecánica parlamentaria la que le irá a insuflar nueva vida a la Revolución Bolivariana sino la eficaz tarea de organizar, movilizar y concientizar a las propias bases del chavismo, procesos que o bien se encuentran largamente demorados o fueron realizados muy defectuosamente. La tarea por delante es enorme, pero no imposible. Hay que revisar y rectificar muchas cosas, desde la calidad de la gestión pública hasta el funcionamiento del PSUV y sus procesos de selección de dirigentes, que en algunos casos falló miserablemente. Pese a lo que dicen los publicistas del imperio, admiradores por ejemplo de la democracia uribista en Colombia, Chávez tiene un record democrático extraordinario, inigualado a nivel mundial: en elecciones rigurosamente vigiladas triunfó en 15 de las 16 convocadas desde 1998. A diferencia de lo ocurrido en tantos países –desde el robo de las elecciones del 2000 en Estados Unidos, cuando Al Gore derrotó a George Bush Jr. por medio millón de votos y el Tribunal Superior del Estado de Florida, casualmente gobernado por Jebb Bush, “corrigió” en las cortes esta “equivocación” del electorado, hasta los fenomenales robos perpetrados en México primero por el PRI, en 1988, contra Cuauhtémoc Cárdenas, y luego por el PAN, en el 2006, contra Andrés Manuel López Obrador- en la Venezuela bolivariana jamás hubo fraude. Este excepcional desempeño de Chávez, fundado en la profunda identificación que existe entre el pueblo y su líder, permite pronosticar que si corrige lo que debe ser corregido y relanza el proceso revolucionario el pueblo lo plebiscitaría una vez más a la presidencia en el 2012. No sólo Venezuela sino América Latina y el Caribe necesitan que así sea. Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. Fuente Fuente original

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¿Por qué odian a Michael Moore?
InfoporAnónimo2/10/2010

Gregorio Morán - Sin Permiso Lo recomiendan los médicos. Evitar los impulsos. Contar hasta veinte antes de decir nada. De tanto atenernos a seguir esta norma sucede que a veces uno se toma tanto tiempo para reaccionar que cuando nos disponemos a hacerlo ya ha perdido toda actualidad, y periodísticamente carece de sentido. Por ejemplo, entre las numerosas genialidades que se me escaparon en el 2009 figura aquella del responsable cultural del diario más leído de España, que mostraba su sorpresa por la ausencia de mordacidad crítica en la actual inteligencia española. Algo similar a encontrarnos a un director general del Ministerio de Economía interrogando a los parados sobre los males que aquejan a nuestra economía. Reconozcamos que en el fondo somos una media apenas equilibrada entre lo que queremos ser y lo que nos dejan. Ahí están nuestro valor y nuestras limitaciones. El resto es presunción o cinismo. Algo parejo me ocurre con el cineasta Michael Moore y las reacciones de sus críticos españoles ante su último filme documental, Capitalismo, una historia de amor. Se le reprocha falta de equilibrio y ausencia de objetividad. También, que ha dejado de ser documentalista político para pasar a hacer “comedias negras” (sic). Incluso se le echa en cara su afán de protagonismo, lo que tratándose de un showman, es como aquel que se quejaba a Mozart por componer “demasiadas notas”. Sus intervenciones personales, en mi opinión brillantes y de eficacia incontestable, las califican de payasadas, y algunas, tal que la impagable con Charlton Heston, a propósito del libérrimo derecho a portar armas de fuego, la juzgan una crueldad ejercida sobre un anciano, y no como un ejercicio legítimo de mostrar a los espectadores la catadura del portavoz de la ley del Oeste. Cuando se estrenó en el último festival de Venecia Capitalismo, una historia de amor, los medios de comunicación españoles, en su inmensa mayoría, se inclinaron por ningunear la película y detenerse en algo tan chusco que conviene pararse un momento para detallar los mecanismos del oficio periodístico. En la rueda de prensa un avispado no preguntó sobre el documental, una narración cinematográfica sobre los efectos de la crisis económica en Estados Unidos y su final en “golpe de estado financiero”. No, eso carecía de interés. Haciendo el ademán de interrogar aprovechó para informar al mundo de que Michael Moore cobraba por las entrevistas. Para el ciudadano de a pie, un escándalo. ¡Un radical cobrando un buen pellizco por ser entrevistado! Fue muy sencillo, bastó con replicar que no tenía ni idea, y que la campaña de promoción depende de la multinacional distribuidora, que cobra las entrevistas en numerario o en contraprestaciones publicitarias -cosa que por cierto nunca explicamos, por obvio, y también porque haría feo-. ¿Se imaginan un titular dedicado a Harrison Ford durante su paseo por Venecia para estrenar su última película, al que le pusiéramos un subtítulo: “Nos ha costado 6.000 dólares”? El pasado mes de noviembre el inefable diario económico madrileño La Gaceta de los Negocios publicaba en primera página y a cuatro columnas, foto incluida: “Un alto dirigente de UGT cena en El Bulli a 300 euros el cubierto”. El subtítulo no le iba a la zaga: “La central se manifestará el 12 de diciembre en contra de los empresarios y a favor de los derechos de los trabajadores”. Ya lo saben los sindicalistas, a partir de ahora los periodistas de raza se atendrán al principio de que si te manifiestas quedan suspendidos los caprichos, aunque te lo pagues de tu bolsillo. Admitamos que las clases subalternas no disfrutan, trabajan. O como diría monseñor Munilla, obispo de San Sebastián, evitar el sufrimiento espiritual del materialismo. Hay que volver a la tradición; los radicales deben comer el menú y los señores a la carta. Pero si te invitan, acepta orgulloso, que para eso nos portamos tan bien con ellos. Creo que nadie expresó tan plásticamente como El Roto la arrogancia del reaccionarismo hispano reciente: “Los sindicatos son un anacronismo, repetía machaconamente la marquesa a su caballo…”. Parece mentira que tengamos que volver a pejiguerías de este jaez, pero lo cierto es que lo novedoso en el pasado festival de Venecia fue hacer saber a la gente que Michael Moore cobraba por las entrevistas y no que había presentado un filme demoledor sobre la otra cara de Norteamérica; los efectos de la gran estafa financiera y sus consecuencias. Algo de admirar entre nosotros por muchas razones. La primera y principal, la envidia profesional, por vivir en una sociedad que se deja retratar con la rotundidad, la frescura y la ironía que desprende Capitalismo, una historia de amor. Porque nosotros sufrimos, a nuestra pequeña escala, todas y cada una de las situaciones que documenta Michael Moore, pero jamás conseguiríamos financiación, ni recursos, ni la acumulación de valentías necesarias para llevar a cabo una obra parecida. Impensable entre nosotros. ¿Una cuestión de talento? Es posible. ¿Un tema de infraestructura democrática? Seguro. Es un reto conseguir en un documental narrar de manera expresiva, eficaz, el fin del sueño americano; ese final de ciclo en el que estamos metidos sin remisión, y que empezó con los gozos de Ronald Reagan y llegó a su punto más bajo con el presidente más estúpido de la historia de los Estados Unidos, George Bush júnior. Y hacerlo con sentimiento y con gracia, llegando al corazón y a la cabeza. No he visto todo el cine de Moore, pero de las tres o cuatro que conozco esta es la que considero mejor ritmada y con mayor inteligencia narrativa, con un dominio de la visualización del espectador que literalmente le engancha, le guste o no lo que está viendo. Y por encima de todo, un auténtico prodigio de montaje. Superior, en mi opinión, a Farenheit 9/11, que le valió el máximo galardón en Cannes del 2004. ¿Que no le agrada a usted lo que cuenta? ¿Que es demagogia? Explíqueme por qué. ¿Acaso no es verdad la expulsión de los propietarios de sus viviendas hasta el punto de cambiar el paisaje de algunas ciudades? Como nosotros. ¿Y los buitres de las hipotecas? Nosotros no conseguiríamos encontrar a alguien con el valor necesario para explicar su negocio carroñero ante la cámara. Eso es Norteamérica. En nuestro caso habría que meterse con subterfugios en los consejos de administración, y al final entre jueces y abogados te obligarían a comerte la grabación. ¿Y los pilotos de avión con salarios mileuristas? Aún no salgo de mi asombro. Ya sabíamos que se había producido algo parecido a un golpe de estado financiero, el que proveyó de 700.000 millones de dólares a los banqueros para que siguieran igual, pero nadie había osado contárnoslo tan cerca del oído. ¿O no fue así, y se lo inventó Michael Moore? Explíquemelo entonces, que llevo meses ansiando conocerlo. Tiene su gracia ver a los acomodadores del circo mediático llamando payaso al que les muestra en su disfraz de sirvientes del mercado. Quizá les da vergüenza que les hayan pillado en su año malo y desnudos, haciendo esas cosas que confirman la vieja parábola de Bertolt Brecht sobre los grados de responsabilidad delictiva que tiene crear un banco o atracarlo. O lo que es lo mismo, ser implacables con los clientes y benévolos con ellos mismos. Nuestro estómago está tan estragado de comulgar con ruedas de molino que llamamos esquemático a mostrarnos las cosas sin la corrección política, esa camisa de fuerza voluntaria para majaderos felices. Nuestro hígado está tan trabajado que denostamos como panfletario lo obvio. ¿Panfleto? Caballero, disculpe la impertinencia, ¿cuándo vio o leyó usted el último panfleto? Confiéselo y empezaremos a hablar de las mismas cosas con el mismo lenguaje. Siempre hay unos peldaños que subir para poder mirar con cierta perspectiva las cosas que nos suceden. Por ejemplo, si yo tuviera que decirle a Michael Moore en qué se ha equivocado, desde la perspectiva de un español, le diría que en el título. En España la palabra capitalismo no está bien vista. ¿Verdad que es para desternillarse de risa? Fuente

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¿Sabías que el 20% de tus genes están patentados?
InfoporAnónimo8/31/2010

¿Quién te posee? ¿Sabías que el 20% de tus genes están patentados? En la era de las patentes, encabezada por Estados Unidos, existen miles que repercuten sobre el genoma humano En un dato que consagra el lado bizarro de nuestra actualidad, resulta que la libertad de tu genética no existe, al menos no para e gobierno de Estados Unidos que ha permitido que sean patentados 40,000 rasgos genéticos incluidos en el genoma humano. Lo anterior equivale al 20% de nuestra constitución. Y lo peor, es que aún existen tres millones de solicitudes similares. Los genes son una especie de protocolos que definen nuestro programa genético y por lo tanto, rigen nuestra fisiología y sus pautas conductuales frente a un entorno externo y frente a millones de estímulos. El cuerpo humano, según el conocimiento que se ha acuñado hasta ahora, cuenta con aproximadamente 25,000 genes, de ellos alrededor de 5,000 ya tienen una patente sobre ellos. Otras 35,000 patentes genéticas imponen, ridículamente, propiedad sobre la constitución genómica de diversas plantas y animales, siendo uno de los casos más sonados el de Monsanto, corporación que no solo patenta especies de cultivo que han sido genéticamente modificadas en sus laboratorios, sino que también busca apropiarse de los derivados que de ellos resultan e incluso de lo que se alimenta de estos: cereales, aceites, cerdos, vacas… ¿Pero quiénes ejercen el acto de posesión sobre nuestra genéticas? ¿Quiénes son nuestros propietarios? En buena medida estas patentes han sido adquiridas por empresas de la siempre obscura Big Pharma. Si, la industria farmacéutica adquiere estas patentes, a través de la inversión y el cabildeo de millones de dólares. Lo anterior les representa la monopolización de las investigación a profundidad de dichos genes, lo cual elimina cualquier posibilidad de que grupos independientes se familiaricen con ellos y propongan tratamientos alternativos a los de las clásicas medicinas alópatas. De esta forma sus patentes genéticas se desdoblan en un control absoluto del mercado de la curación ya que adquieren la exclusividad para investigar ciertas porciones de nuestra naturaleza genómica. Actualmente se esta terminando de producir el documental Who Owns You (Quién te posee?) que denuncia el hecho de que Estados Unidos ha autorizado patentes sobre una buena porción de nuestro código genético, y que de seguir esta tendencia, pronto seremos propiedad fisiológica de las obscuras farmacéuticas. El documental esta basado en el libro del mismo nombre del Dr. David Koepsell. ¿Será la era del copyright genético parte de nuestro futuro cercano? link: http://www.youtube.com/watch?v=ViIQBW44-Zk Fuente

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Una ley para cuidar la Madre Tierra
InfoporAnónimo10/13/2010

La propuesta de los movimientos campesinos e indígenas incluye la prohibición de actividades económicas que afecten al medio ambiente, como las realizadas en Bolivia por decenas de empresas mineras, forestales e hidrocarburíferas. Por Sebastián Ochoa - Desde La Paz Las organizaciones indígenas y campesinas reunidas en el Pacto de Unidad presentaron a la Asamblea Legislativa Plurinacional un proyecto de Ley de la Madre Tierra. Este documento reconoce al planeta como un ser vivo y, por lo tanto, con derechos. La propuesta incluye la prohibición de actividades económicas que afecten al medio ambiente, como las realizadas en Bolivia por decenas de empresas mineras, hidrocarburíferas, forestales y otras que deterioran las “bondades de la naturaleza”, como optan por llamar a los recursos naturales. Los asambleístas se comprometieron a debatir el texto en las próximas dos semanas. El gobierno de Evo Morales pretende presentar esta ley en la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que tendrá lugar en México en diciembre. El proyecto fue elaborado por las cinco confederaciones nacionales indígenas y campesinas que apoyaron a Morales para que llegara al Palacio Quemado en 2006. Fue construido en decenas de encuentros que las organizaciones efectuaron en todos el país. “Agradezco al Pacto de Unidad por la capacidad y la honra para trabajar propuestas de ley. Ahora nuestra obligación es aprobarla y legislarla. Quizás haya alguna coma para cambiar o algo que podamos complementar. De lo contrario, se aprobará de aquí a 15 días”, dijo el senador del MAS Isaac Avalos en la Plaza Murillo, cuando recibió el texto de manos de los dirigentes del Pacto. Hace meses, Avalos era secretario ejecutivo de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Csutcb), a la que está afiliado el presidente aymara. Se comprometió a impulsar la aprobación de la propuesta porque “nunca nos vamos a olvidar de los movimientos sociales”, aseguró a los cientos de indígenas y campesinos en la plaza. Habían marchado desde la Ceja de El Alto, bajo una lluvia helada, para conmemorar la llegada de Cristóbal Colón y para entregar el proyecto a los legisladores. El Pacto de Unidad había presentado en 2006 un anteproyecto de Constitución a la Asamblea Constituyente. Luego de varias modificaciones, ese documento sirvió de base a la actual Carta Magna. Aunque en apariencia tienen mucha cercanía con el gobierno de Morales, las organizaciones reclaman más participación en la gestión del Estado Plurinacional. “Seguimos lejos del Estado. Como hace cinco años, todavía lo vemos extraño. Con este proyecto esperamos dar línea del horizonte adonde estamos yendo. No podemos ver al Estado y al gobierno lejos de las organizaciones. Tenemos que hacernos dueños de este proceso y avanzar. El proceso de cambio recién se va a instaurar cuando generemos leyes desde abajo”, dijo la secretaria ejecutiva de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia “Bartolina Sisa” (Cnmciob BS), Julia Ramos, quien fuera ministra de Desarrollo Rural durante la anterior gestión de Morales. La iniciativa recoge las conclusiones de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra, realizada en abril pasado en Cochabamba con la participación de 30 mil personas de todo el mundo. Para las organizaciones, uno de los puntos más conflictivos del proyecto refiere al derecho a la consulta vinculante que tienen las comunidades indígenas y campesinas cuando el Estado quiere explotar recursos naturales de sus territorios. Así figura en la Constitución, en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, ambos con rango de ley en Bolivia. Pero en varias normativas ya aprobadas por la Asamblea Legislativa, así como en el proyecto gubernamental de ley de la Madre Tierra, el derecho a la consulta se reconoce pero no se lo considera vinculante. Esto quiere decir que las comunidades no podrían vetar las iniciativas económicas que afecten a sus poblaciones. Según el Pacto de Unidad, el derecho a la consulta no tendría sentido si sus opiniones no fueran tomadas en cuenta por el gobierno. Luego de que las organizaciones entregaran su propuesta, realizaron una ofrenda a la Pachamama para que fuera aprobada “sin que muevan una coma”, según el mallku de Industrias Extractivas del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), Rafael Quispe. La ceremonia se complicó por la lluvia, y también por el accionar de policías que no querían permitir la realización del acto frente al edificio legislativo. Pero la presencia de medios de comunicación hizo que los uniformados dejaran de poner de manifiesto las contradicciones del Estado Plurinacional. La ley de la Madre Tierra propone ser “paraguas” de otras leyes sobre agua, bosques, tierras, minería e hidrocarburos, entre otras. El Estado deberá contar con un Ministerio de la Madre Tierra encargado de ejecutar la normativa. El proyecto también determina obligaciones de las personas con el planeta. El Pacto exige que la población tenga mecanismos de control social para asegurar la protección de la naturaleza. La mayoría de los ingresos en Bolivia provienen de la explotación de hidrocarburos y minerales. En este sentido, el texto establece que “la exploración, explotación, industrialización, comercialización y toda la cadena productiva debe usar tecnología adecuada que no contamine a la Madre Tierra”. También prohíbe este tipo de actividades “dentro de áreas protegidas, lugares sagrados de los pueblos indígenas originarios campesinos, comunidades interculturales, afrobolivianos y lugares de fragilidad ecológica”. El gobierno boliviano espera que la ley de la Madre Tierra esté promulgada para la COP 16, a realizarse en diciembre en Cancún. El Pacto de Unidad está integrado por la Cnmciob BS, la Csutcb, el Conamaq, la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob) y la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (Cscib). Fuente

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China comprará carne argentina
InfoporAnónimo11/5/2010

China abrirá su mercado a la importación de carne argentina La demanda potencial de los consumidores del gigante asiático es de 400.000 toneladas anuales Viernes 5 de noviembre de 2010 Oliver Galak - LA NACION La Argentina y China firmarán en las próximas semanas un acuerdo que permitirá la apertura de ese mercado a la importación de carne bovina de origen nacional. Según estiman en el Gobierno, la demanda potencial de importación de carne por parte de China -un país que habitualmente no consume la variedad vacuna- es de hasta 400.000 toneladas anuales (que equivalen a más de 1500 millones de dólares). Este año la Argentina exportará a todo el mundo menos de 350.000 toneladas. La noticia fue confirmada ayer por el secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales, Luis María Kreckler, luego de un encuentro en Pekín con el viceministro de Comercio chino, Wang Chao. "De esta reunión el tema más importante es que se anunciará la apertura del mercado de carne argentina bovina a China", dijo en diálogo telefónico con LA NACION. La firma del convenio será oficializada a fines de mes, durante una visita a China que realizará el ministro de Agricultura, Julián Domínguez. Previamente, la semana próxima, el ministro chino de ese área, Han Changfu, estará en nuestro país. "El mercado va a quedar abierto y el mercado va a definir cuánta carne va a entrar", dijo Kreckler, respecto de las proyecciones sobre posibles ventas. En Buenos Aires, el secretario de Agricultura, Lorenzo Basso, dijo: "El mercado chino es infinito en volumen. Aquí lo importante es el paso político que implica que un país como China, que hasta ahora nos mantenía cerrado el ingreso de carne fresca bovina, nos abre el mercado. A partir de ahí comienza a ser un tema de los privados". Y mencionó que estimaciones preliminares hablan de un mercado de importación total que podría ser de 300.000 a 400.000 toneladas anuales. Según un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y derivados (Ciccra), entre enero y septiembre la Argentina exportó en total 154.589 toneladas de carne (entre cortes Hilton y carnes frescas y procesadas) y 81.713 toneladas de menudencias, lo que representa una caída del 44,1% respecto de 2009. Las ventas por este concepto ascendieron a 1035,5 millones de dólares. Kreckler explicó que también se firmarán acuerdos para la exportación de cebada cervecera y lácteos, y de cooperación en la producción de vinos. Por otro lado, el funcionario argentino presentó un proyecto de acuerdo de promoción de inversiones recíprocas, que abarcaría los sectores de minería, forestación, energía, transporte, infraestructura, biocombustibles, sector farmacéutico y de productos veterinarios y maquinaria agrícola. Estos acuerdos se producen luego de que China levantara la prohibición que existía para comprar aceite de soja de nuestro país, el principal producto que la Argentina exporta al gigante asiático. Con la crisis económica ya superada, el Gobierno comenzó a alivianar las medidas proteccionistas que obstaculizaban el ingreso de productos industriales chinos. Esta situación quitó del medio uno de los principales reclamos de China, aunque Pekín todavía insiste en que la Argentina la reconozca como economía de mercado. La apertura del mercado chino de carnes fue celebrada por los productores argentinos. "Las expectativas son altísimas. Un país con 70 millones de ricos tiene un potencial enorme para cortes de alto valor, pero también para lo que son menudencias y otro tipo de cortes", dijo una fuente del sector. Basso dijo que no espera que en una primera etapa haya una venta masiva de carne a China porque "hoy los precios internos de la carne son más altos que los del mercado internacional". Pero aun así, estimó, habrá muchas empresas que buscarán realizar envíos "estratégicos" para ir ganando presencia en un mercado al que no acceden todos los países. "Esto daría al productor argentino una previsibilidad a futuro mucho más amplia que la que tiene si depende sólo de lo que compra la Unión Europea", explicó. CONSECUENCIAS Volumen: en el Gobierno estiman que la demanda potencial de importación de carne vacuna por parte de China es de entre 300.000 y 400.000 toneladas anuales, equivalentes a más de 1500 millones de dólares. Apertura: el acuerdo bilateral se formalizará a fines de mes, durante un viaje del ministro de Agricultura, Julián Domínguez, a China. Incluirá capítulos para la carne bovina, los lácteos, la cebada cervecera y los vinos. Fuente

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Minerales bajo custodia del Pentágono
InfoporAnónimo2/8/2010

Minerales bajo custodia del Pentágono. Entrevista a Gian Carlo Delgado Ramos Por Mario Hernandez El pasado 13 de enero en la sede del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE) de la ciudad de Buenos Aires, se presentó el joven investigador mexicano de la UNAM, Gian Carlo Delgado Ramos, quien expuso sobre "Ecología Política de la minería en América Latina". Allí señaló la importancia que tiene para los EE.UU. la exploración y explotación de minerales. En 2008, el Pentágono los clasificó de estratégicos, críticos y esenciales, siendo los primeros los que permiten mantener la hegemonía mundial y regional al tiempo que sus reservas son limitadas o de difícil explotación por resistencias sociales. Los críticos son también de carácter estratégico pero además permiten ventajas en el sector militar, es el caso del berilio que se utiliza en las cabezas nucleares y finalmente, los esenciales son aquellos que dan forma a la economía como el hierro y el cobre. Dio varios ejemplos de dónde se encuentran estos minerales. China posee el 49% de las reservas mundiales de arsénico que se utiliza en la industria espacial y de telecomunicaciones. La bauxita que se utiliza en el aluminio se distribuye entre Jamaica, Australia, Guinea y Vietnam. El 80% del cobalto se encuentra en el Congo y el 20% restante en Cuba. El litio en Bolivia y Chile. El oro en Sudáfrica y las más importantes reservas de cobre se reparten entre Chile y Perú. También señaló Delgado Ramos que la actual dependencia estadounidense del abastecimiento petrolero externo de un 45% se elevará entre 2020/30 a un 75%. De allí que ya no se trate de una cuestión que pueda resolver solamente el mercado y sus empresas transnacionales, sino que involucra principalmente a las Fuerzas Armadas estadounidenses. Desde la década del '90, la política exterior de EE.UU. liga la cuestión de la seguridad con la variable ambiental. El objetivo fue asegurar zonas ricas ante escenarios de incertidumbre. Hoy esa tarea ocupa principalmente al Pentágono que para tener libre acceso a los recursos naturales estratégicos ha pasado a definirlos como bienes comunes y recursos globales. Promover el acceso, flujo y control a las reservas mundiales de minerales depende ahora de los militares estadounidenses que desde 1991 sólo consideran abastecedores confiables a México, Canadá y los países de la cuenca del Caribe. Aunque desde fines de los '70 los EE.UU. ya contaban con una Ley de Almacenamiento Estratégico, en la actualidad apuntan centralmente a satisfacer un modelo dinámico de defensa para lo cual se asocian con industrias privadas, principalmente eatadounidenses y canadienses, pero subordinando esta política a la securitización de los recursos mineros vía militar. De allí la reformulación del Comando Norte que ahora incluye a Puerto Rico y México y hacia el sur fija el eje operativo en Colombia apuntando al control de América del Sur. La pregunta que se hace Delgado Ramos es si este interés norteamericano beneficia a América Latina. Al respecto señaló que nuestras economías son de carácter extractivo, de enclave. Dio como ejemplo el caso de su propio país, México, cuyo principal mercado es EE.UU. y donde el petróleo crudo y minerales representan el 60% del total de sus exportaciones e importa el 40% en naftas. También en el caso de Centroamérica el grueso de sus recursos naturales va a EE.UU. Para los casos de Chile y Perú, entre 1980/2000, el 52% de sus exportaciones afectaron a la minería y tuvieron el mismo destino. Esta sangría de recursos naturales mineros ha sido acompañada por leyes que garantizan la seguridad jurídica a las empresas extractivas como las mineras, privatizando reservas, dando preferencia al uso minero del territorio y el agua y concesiones por períodos de 50 años, para las cuales no existen pagos de impuestos ni tasas de exportación para los minerales extraídos. Aunque mucho se habla que todo esto se hace para favorecer el desarrollo de los pueblos, Delgado Ramos aseguró que para México sólo representa el 0,1% del empleo con 270.000 puestos de trabajo mientras los impactos ambientales son devastadores. La minería produce el 69% de los gases invernadero en México, Canadá y los EE.UU. Es por eso que contra la idea del Pentágono de "securitizar" los recursos, propone la idea de una seguridad ecológica vinculada a la necesidad de pensar un medio ambiente sano vinculado a modos de producción y relaciones sociales diferentes de las actuales. Concluyó afirmando que no podemos pensar un modelo alternativo, por ejemplo, el del socialismo del siglo XXI, basado en economías extractivas. Fuente

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El dibujo secreto de América Latina
InfoporAnónimo11/30/2009

William Ospina - La Jiribilla Desde los tiempos en que Bolívar escribió su "Carta de Jamaica", una tarea fundamental de este continente es el diálogo entre la unidad y la diversidad. Mentiríamos si dijéramos que nuestra América es una: por todas partes surge la evidencia de su pluralidad: desde los desiertos de coyotes de Sonora hasta los "vértigos horizontales" de la Patagonia, desde los incontables azules del Caribe hasta ese "verde que es de todos los colores" de la cordillera y la selva, desde el aire de fuego de las costas caribeñas hasta la noche blanca de los páramos, desde la fecundidad de valles y de pampas hasta lo que llamaba Neruda "el estelar caballo desbocado del hielo". Y no hablo solo de la extraordinaria diversidad geográfica y biológica sino, en ella y sobre ella, de la diversidad de los pueblos y de sus culturas, o de algo más sugestivo aún, los muchos matices irrenunciables de una vasta cultura continental. En esa misma "Carta de Jamaica" Bolívar afirmaba que "somos un pequeño género humano". Dos siglos después, hay que quitarle el adjetivo "pequeño" a esa frase, y afirmar que somos una muestra muy amplia de lo que es el género humano, porque tal vez en ningún otro lugar del planeta está más presente la diversidad de la especie. Alguna vez el doctor Samuel Johnson le dijo a James Boswell: "Amigo mío, si alguien está cansado de Londres, está cansado de la vida, porque Londres tiene todo lo que la vida puede ofrecer". Pero ¿qué es hoy la diversidad de Londres, de París o de Nueva York comparada con la diversidad de Sao Paulo, de México, de Buenos Aires o de las Antillas? Las viejas metrópolis se apresuran a imitarnos y se llenan vertiginosamente de inmigrantes, Londres se llena de caribeños pero sin el mar Caribe a la vista, París se llena de muecines y de senegaleses pero no tiene el desierto ni las praderas fluviales de África, Madrid ve llegar a los sudamericanos, pero siguen estando lejos los Andes y la selva amazónica. Europa sigue siendo un continente de tamaño humano, como diría George Steiner: el continente de los cafés, el continente que fue medido por las pisadas de los caminantes, el continente que ha convertido sus calles y sus plazas en una memoria de grandes hombres y de hechos históricos, el continente que descubrió que dios tiene rostro humano. Nuestra América es definitivamente otra cosa, aquí la naturaleza no ha sido borrada, aquí sí hay verdaderas selvas y verdaderos desiertos. Allá todos los caminos llevan a Roma, aquí todas las aguas buscan el río, nada tiene unas dimensiones humanas, todo nos excede, y Dios mismo necesita de otros rostros y de otras metáforas para ser concebido, para ser celebrado. Fue Paul Verlaine, maestro sensorial y musical de los poetas hispanoamericanos, quien escribió en su arte poético que lo importante no es el color sino el matiz, y creo que si a algo nos hemos aplicado los pueblos de este continente es a desplegar y ahondar en los matices locales y particulares de una cultura cuyos trazos generales son similares. Quiero decir con ello que hay una característica común de la cultura latinoamericana y es que nada en ella puede reclamarse hoy como absolutamente nativo, salvo quizá esos pueblos mágicos del Amazonas que nunca han entrado en contacto con algo distinto. En otras regiones del mundo, hasta hace poco tiempo, podía hablarse de pureza, de razas puras, de lenguas incontaminadas. Aquí las mezclas comenzaron muy temprano, no para llegar a lo indiferenciado sino para producir en todos los casos cosas verdaderamente nuevas. Digamos que en nuestra cultura continental casi nada es nativo pero todo es original. John Keats decía que explicar un poema puede equivaler a "destejer el arco iris"; lo mismo podríamos decir del proceso de revelar todas las tradiciones, todas las fusiones, que llevaron al nacimiento de la cumbia o del tango, de Pedro Páramo o de Macondo, de la obra de Niemeyer o la de Borges. Caminaba yo una vez por un museo de México cuando pasaron a mi lado dos personas y alcancé a oír que una decía a la otra: "Hay tres culturas en el mundo, la asiática del arroz, la europea del trigo y la americana del maíz". La frase, recibida así "por los caminos del viento" como dice la canción, no me pareció tan importante por su contenido cuanto por su enfoque. Dejaba al África por fuera, y eso ya era grave, pero atribuir la raíz última de la cultura a la alimentación y a los bienes básicos de la naturaleza me pareció original en el sentido profundo de que habla de orígenes. En esa medida podríamos decir que aunque los pueblos nativos de América eran muy distintos unos de otros, aztecas, incas, muiscas, sioux, arhuacos, tainos, los centenares de pueblos que habitaban el continente compartían la cultura del maíz, y no hablo solo de los hábitos alimenticios sino de los dioses, los ritos y las pautas de civilización que nacen de él. Hoy se habla mucho de globalización, pero ese proceso comenzó hace siglos. Ya el cristianismo, que fundió en su trinidad mitos hebreos, ideas griegas y ambiciones romanas era un fenómeno de globalización. Y lo que suele llamarse el descubrimiento y la conquista de América fue una de las grandes avanzadas de ese viento global. Hoy, si en algo estamos globalizados, es en el modo como los distintos pueblos del mundo compartimos los productos de la naturaleza: yo he visto maizales en Illinois, en el norte de Italia y en las praderas de Katmandú, he visto trigales en Rosario y en las llanuras de Francia, sé de los arrozales de Birmania y de los del Tolima. Ello parece decirnos que no reinan ya los dioses del lugar, que muchas cosas que antes eran locales son planetarias, que las divinidades del opio, del vino, de la amonita muscárida o del cornezuelo de centeno hace rato reinan sobre el planeta entero y ya no instauran religiones, en el sentido profundo de ritos que religuen a los seres humanos. En el humano luchan y dialogan dos tendencias distintas: el interminable deseo de arraigar y la insaciable necesidad de otros mundos y otros cielos. Si hasta el árbol, que parece tan condenado a no moverse, arroja al viento sus nubes de semillas y hace crecer sus hijos muy lejos, qué decir de esta especie nuestra siempre insatisfecha, que arraigada en la patria sueña mundos desconocidos, y extraviada en el exilio añora sin fin el paraíso perdido. Hace unas semanas pude ver cómo los noruegos, grandes caminantes y grandes navegantes, que viven hoy en un país próspero y confortable, sienten su costa como un hermoso barco encallado en la vecindad de los hielos, y viven un anhelo profundo de tierras remotas y de mares tórridos. Esto es tan intenso que incluso beben un Aquavit que tiene que haber ido hacia el sur hasta cruzar la línea ecuatorial y haber vuelto, para tener el gusto adecuado. La humana es una historia de diásporas. Según dicen las noticias recientes, esos dos mil seres a los que alguna vez se redujo la humanidad, en el momento más vulnerable de su existencia, se dispersaron en pequeñas hordas por el mapa del África hace cientos de miles de años, y cuando volvieron a verse eran ya tan distintos, que parecían a punto de configurar varias especies. Nosotros mismos tenemos que admitir que los nativos de América, los primitivos habitantes del territorio, llegaron algún día por caminos de hielo desde las estepas del Asia, o navegando desde la Polinesia hasta las costas de Chile. Así que todo arraigo es hijo de una diáspora previa, y tal vez todo amor por el suelo nativo oculta la honda nostalgia de una tierra perdida en los meandros del pasado. Lo nuestro es la edad de las naciones, y entre nosotros esos estados nacionales son un fenómeno tan reciente que casi puede observarse a simple vista. Venimos de formar parte subalterna del primer gran imperio planetario, y hace apenas dos siglos los distintos países emergimos a un intento de vida independiente. Pero ya las sociedades anteriores a la llegada de los europeos habían alcanzado ciertos rasgos distintivos que después la historia no ha podido borrar: el culto al padre mítico y el diálogo con la muerte propio de la cultura mexicana, la fragmentación mítica del territorio propia de la cultura colombiana, la insularidad de la cultura cubana, la noción del triple mundo propia de la cultura incaica, los mundos del cóndor, del puma y de la serpiente, que eran desde temprano la percepción de una realidad en la que tienen que dialogar y entenderse de un modo complejo las montañas nevadas, las fértiles tierras medias y la selva fluvial. La violenta conquista y la edad colonial rompieron muchas cosas y añadieron muchas otras al mosaico: pienso en la reviviscencia del culto de la diosa madre indígena de las lagunas bajo la forma de las vírgenes mestizas de Guadalupe, o de Chiquinquirá. Hay en el altar mayor de la iglesia de San Francisco en Quito la imagen de una virgen alada y grávida que no es posible encontrar en la iconografía católica europea. Muchos la asocian con la virgen alada que Juan de Patmos describe en el Apocalipsis, pero los estudiosos del arte religioso colonial ven en ella una representación de la Pachamama incaica, y dicen que el artista tallador, Bernardo de Legarda, un indígena quiteño, solo se animó a hacer sus vírgenes aladas, muchas de ellas con rostros indios, cuando vio llegar en barcos a las costas del Pacífico unas muñecas birmanas de madera. Así son los caminos de nuestra cultura: a veces utilizamos los aportes del mundo entero para expresar lo más profundo y original de nuestro ser. El vistoso politeísmo del santoral católico latinoamericano logra mediante complejas astucias rituales que el culto de un dios único no sea incompatible con el culto de infinitas divinidades menores, identificables y especializadas. Y Derek Walcott argumentó con gran belleza y sabiduría en su discurso para recibir el Premio Nobel de Literatura en 1992, que la mirada colonial, el discurso superficial de las metrópolis, no advierte que en nuestras aparentes imitaciones hay una originalidad nueva, la expresión de algo que no es derivación sino plenitud presente; que la representación del Ramayana que hacen en verano en Trinidad incontables muchachos de origen hindú no es una obra de teatro sino una obra de fe, no es imitación sino originalidad. En nada se advierte tan nítidamente el modo como lo ajeno se volvió carne y sangre propia como en el vasto tejido de las lenguas europeas llegadas a América, en las que empezaron a circular desde muy temprano las savias del mundo americano, y en cuyas literaturas fue emergiendo la exuberancia de las distintas regiones del continente. Las literaturas americanas son fruto del encuentro de unas lenguas ya formadas con un mundo desconocido. La tensión entre unas lenguas establecidas y un mundo sorprendente representó para nosotros desde el comienzo la tensión entre lo real y lo mágico, ya que la magia no es más que lo que obedece a otras leyes. Es conveniente recordar que, aunque las civilizaciones del planeta registran una historia varias veces milenaria, hace apenas cinco siglos dos mitades del mundo estaban completamente incomunicadas. La tierra, como la luna, tenía una cara oculta, y el encuentro entre esas dos maneras de lo humano desarrolladas a lo largo de los milenios de un modo independiente planteaba los más apasionantes desafíos para la vida y para la imaginación. Fue algo más extraño aún que si el latín hubiera arraigado en África; fue como si, a consecuencia de las aventuras en el espacio exterior, el inglés arraigara en algún planeta con vida inteligente. Ahora bien, es muy distinto lo que ocurrió en las dos mitades del continente americano. En el norte la lengua inglesa solo tuvo que hacer un esfuerzo por reconocer el mundo físico y por permitir que las culturas llegadas de lejos arraigaran en él, en tanto que en la América Latina, donde florecían diversas y complejas civilizaciones, y donde no fueron exterminados completamente los pueblos indígenas, las lenguas latinas tuvieron que dialogar con las lenguas nativas, aunque ese no fuera su propósito inicial, y todavía hoy siguen haciéndolo. Lo que en los últimos siglos, de un modo creciente, ha mostrado nuestra literatura es el modo gradual como asciende a través de una lengua ajena la savia de un mundo nativo, con sus colores y sus metáforas, con sus sueños más inexplicables y sus recuerdos más profundos, con la radical extrañeza de sus modos de representación. Se siente en ella la profusión, la exuberancia, el colorido y la fragancia de una tierra nueva, de unas selvas que no habían sido taladas jamás, de una fecundidad de los suelos, de una abundancia de mamíferos y de insectos, de reptiles y de aves en la que nuestra época de postrimerías bien puede encontrar las virtudes del Paraíso. La literatura de la América Latina comenzó con las crónicas de Indias. Detrás de las campañas casi siempre brutales de los conquistadores avanzó una asombrada legión de cronistas describiendo la naturaleza, interrogando las selvas, los suelos, los climas, la fauna, las culturas nativas, sus costumbres y sus mitologías. Dado que los grandes letrados permanecieron en el mundo europeo, la historia tuvo que improvisar sus historiadores, sus narradores y sus poetas, con soldados más llenos de curiosidad que de información, hombres apenas formados en la tradición cultural de sus tierras de origen, pero dueños de un singular espíritu de observación y de esa extraordinaria audacia mental que caracterizaba a los hombres del Renacimiento. Y allí ocurrió un fenómeno muy significativo: muchos querían solamente cantar las hazañas de los grandes capitanes de conquista, querían pintar sus retratos con el paisaje de fondo del mundo americano, pero ese escenario era tan vigoroso que muchas veces el retrato se perdió detrás de las selvas y las anacondas, de los caimanes y los ríos, de las tempestades y los pájaros. El mundo americano avanzó como una enredadera sobre las páginas de los cronistas, y lo invadió por completo, y les demostró que aquí el hombre no puede llenar todo el cuadro. Los cronistas de Indias no podían bastarse con repetir lo aprendido en su mundo de origen, y dado que "en los comienzos de una literatura nombrar equivale a crear", aquellos aventureros tuvieron que inventar un lenguaje y prepararon el terreno para una extraordinaria literatura. Desde temprano se empezó a hablar en el arte y en la literatura del barroco latinoamericano. Pero si el barroco, como ha dicho Borges, es la manifestación final de todo arte, ese momento en que un lenguaje extrema sus posibilidades y "linda con su propia caricatura", el arte de nuestros orígenes no podía corresponder a esa definición crepuscular. A los europeos les parecieron barrocas esas fachadas de los templos católicos donde se combinaban de un modo imaginativo y caprichoso los decorados del Renacimiento con los dibujos de las tradiciones indígenas, pero esas cosas no obedecían a razones ornamentales, ostentosas o retóricas, sino a necesidades concretas, una de las cuales era hacer convivir las culturas y fusionar sus símbolos en una estética que difícilmente podía caracterizarse por su austeridad. Hace poco, visitando la ciudad del Cuzco me contaron que en los primeros tiempos, después de construida la catedral sobre las ruinas del templo del Sol, los sacerdotes católicos les preguntaron a los jefes incas por qué los nativos no entraban al templo, si había sido construido para ellos. Los jefes contestaron que no podían ver como un sitio de culto un lugar donde no entrara el sol. Los sacerdotes tuvieron entonces la idea de abrir unas ventanas hacia el oeste que recibieran la luz de la mañana, y disponer grandes espejos en el interior para que la luz se multiplicara por todas partes. Solo después de esto los indios entraron finalmente en el templo, pero quizá no del todo a adorar al dios cristiano sino porque el dios solar había hecho suyo el recinto. Y ya en la propia España se habían dado por siglos fusiones entre el mundo cristiano y el moro; la realidad estaba ajedrezada y también la imaginación. Eso ayuda a entender la aparición de un poeta tan extraño y fascinante como Luis de Góngora y Argote, nacido en lo que fueron los viejos reinos moros, y cuyo amor por la sonoridad de las palabras parece pertenecer al orden de la poesía árabe, más interesada por la musicalidad que por el sentido. Una vez más, allí encontramos la leyenda de una influencia. Se atribuye a una imitación del culteranismo de Góngora la obra del magnífico poeta de Tunja, en el siglo XVII, Hernando Domínguez Camargo. Pero hay que añadir que su profusión de metáforas nacía de una zona fronteriza entre lenguas distintas, entre universos mentales distintos, y revela también un esfuerzo extremo por pertenecer a Europa, pero a una Europa inaccesible para un pobre clérigo de las colonias, una Europa magnificada y desdibujada por la distancia. Esos énfasis son más bien la extrema tensión de un creador que no está en el centro de una cultura sino en sus orillas, la lengua de los que sueñan con otros mundos, una aventura de metáforas comparable a la tradición de los skaldos septentrionales. Parece barroca la ornamentación de los retablos de los templos y de la pintura colonial, llena de frutos, hojas y flores nuevas, de un bestiario a menudo fabuloso. Pero ¿cómo llamar barroca a la representación de las pinas y de los armadillos, si no son exageraciones ni inventos sino la fidelidad clásica a unas formas naturales? Sería tan necio como hablar del barroquismo del pico enorme del tucán, de los colores del papagayo, o de la exuberancia de las selvas equinocciales. Allí donde la naturaleza es exuberante no estamos en presencia de un énfasis estético sino de otro canon de lo natural, de un clasicismo sujeto a otras leyes. El arte europeo buscó, desde los griegos, la justa medida y el equilibrio. Buscó también sujetarse siempre a un patrón humano, pues Europa no solo pensó que el hombre es la medida de todas las cosas sino que llegó a la conclusión de que lo humano es la medida misma de lo divino. Ese es, me parece a mí, el sentido del Cristianismo. Y solo por esas nociones el arte europeo evolucionó hacia la búsqueda de la perspectiva, del naturalismo, del arte del retrato, del realismo, de la minuciosidad del dibujo, y de la fidelidad a las formas, de un modo que ya en el Renacimiento estaba alcanzando su plenitud. Pero el descubrimiento de América fue también una metáfora de la necesidad que sentía Europa de salir de sí misma, la sed de descubrir los mundos no europeos que había en este mundo. A partir del siglo XVI, de un modo creciente, comenzaba en Europa en todos los reinos del espíritu, en la filosofía, en la política, en el arte, en la poesía, la crisis del centro, la crisis de la forma y la crisis de la proporción. Empezaron los sueños de la Utopía y del buen salvaje, de las Nuevas Atlántidas y de los Eldorados, creció el gusto por las especias exóticas, y comenzaron las fugas míticas en busca de lo nuevo. No deja de ser significativo que hayan sido los finales descubridores de otras tradiciones estéticas, impresionistas y expresionistas, quienes emprendieron una lucha contra la nitidez del dibujo, un proceso de experimentación y de abandono de cánones estrechos y de normas rígidas. El arte americano nace de una tensión entre las formas del lenguaje europeo y las convulsiones de un mundo que no logra agotarse en lo humano. Como lo dijo, antes de Steiner, el inglés Auden, hay en América verdaderas selvas y verdaderas tierras vírgenes, ríos desmesurados y civilizaciones incomprendidas. "En Europa —dijo Auden— un viajero, por perdido que se encuentre, está a media hora de un sitio habitado, en tanto que no hay americano que no haya visto con sus ojos comarcas prácticamente intocadas por la historia". Aquí el patrón humano no logra aprisionar todo el sentido, y los artistas sintieron la necesidad de transgredir la norma áurea, la escala europea de las proporciones. Eso ahora es menos difícil, porque también el arte europeo se ha lanzado a la búsqueda de un nuevo sentido de la belleza, y ya en el siglo XIX el hombre que sintetizó esas búsquedas de la modernidad, Chares Baudelaire, había escrito en uno de sus poemas: Plonger au fond du gouffre, Enfer ou Ciel, qu'importe? Au fond de l'inconnu pour trouver du nouveau. (Hundirse hasta el fondo del abismo, Infierno o Cielo, ¿qué importa? / Al fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo.) Todo habitante de América, a pesar de sus esfuerzos por habitar en la polis en el sentido urbano del término, vive en la vecindad de una naturaleza no conquistada del todo, a medias innominada, en gran medida desconocida. Cuando pensamos que casi toda la farmacia europea nace del conocimiento de las seis mil especies vegetales que pueblan el continente, y que la América equinoccial tiene cincuenta mil especies de plantas, de cuyas propiedades solo tienen un conocimiento profundo los chamanes amazónicos, entenderemos mejor cuál es el sentido abrumador de la presencia de la naturaleza en el imaginario del hombre americano. La naturaleza no es aquí algo conocido (la verdad es que en ninguna parte lo es), pero en América es más difícil caer en la ilusión de que tenemos al mundo dominado y sometido, de que lo tenemos domesticado. Y ello, que podría parecer un fenómeno exterior, el tipo de relación que establecemos con los bosques y los ríos, con los animales y los climas, es algo que incluye también la relación con nuestro propio sentido de humanidad y con nuestro propio cuerpo. Nuestra América es todavía el reino de la perplejidad, y a ello contribuyen por igual las tensiones y los desajustes entre la realidad y el lenguaje, los mestizajes y los sincretismos. No deja de ser asombroso que estas tierras ya suficientemente complejas por su composición geográfica y biológica, se hayan enriquecido más aún con el aporte de razas, lenguas, tradiciones, religiones, filosofías, modelos económicos e ideales políticos llegados de otras partes. Pienso en mi país, Colombia, por ejemplo, donde no somos mayoritariamente blancos europeos, ni indios americanos ni negros africanos sino uno de los países más mestizos del continente, en una región que es a la vez caribeña, de la cuenca del pacífico, andina y amazónica, que habla una lengua que es hija ilustre del latín y del griego, que profesa una religión de origen hebreo, griego y romano, que ha adoptado unas instituciones nacidas de la Ilustración y de la revolución francesa, que fue incorporada al orden de la sociedad mercantil y a la dinámica de la globalización hace ya cinco siglos, y siento que estamos amasados verdaderamente de la arcilla planetaria; pienso en esta América Latina, que produjo buena parte de las riquezas con las que se construyó la moderna civilización europea, y me digo que es apenas comprensible que el arte y la literatura que surgen de esa colorida complejidad estén más llenos de fusiones de lo que uno pueda imaginar, y que esas fusiones pueden alcanzar por momentos apasionantes síntesis de la cultura planetaria. Uno de los fenómenos más interesantes de nuestro mundo americano y en especial de la región equinoccial es el modo como participamos de la franja ecuatorial, del paralelo cuatro que produce no solo la mayor diversidad biológica sino buena parte del oxígeno que respira el planeta. Es la región donde no hay estaciones, es decir, donde la naturaleza no descansa, donde el suelo no duerme, donde el sol y el agua mantienen, por decirlo de ese modo, en un insomnio permanente. Se diría que es la región perfecta para que los sueños broten de la vigilia. La luz produce otro colorido, el cielo está aborrascado de nubes gigantescas, la lluvia a veces produce diluvios interminables, es región de fantásticas tormentas eléctricas, de truenos ensordecedores, de inundaciones y avalanchas. Los ríos cambian de cauce y la superficie de la tierra se estremece a veces, acomodándose a la actividad de las profundidades. No somos plenamente indígenas, ni europeos, ni africanos, pero nos nutrimos sin cesar de esos orígenes para al mismo tiempo diferenciarnos de ellos. No hace mucho, un escritor amigo mío, de una población que se afirma cada vez más como afrocolombiana, tuvo la oportunidad de encontrarse con un escritor de África, y le expresó su alegría de estar hablando con alguien con quien podía identificarse plenamente. El otro, con gran cortesía y sabiduría a la vez, le dijo que ellos dos no eran muy semejantes. Y claro que se lo decía sobre todo para formular un desafío tácito. "En realidad somos distintos —le dijo—, nosotros somos africanos, ustedes son negros". Mi amigo lo escuchó con extrañeza. Y el hombre de África añadió: "Ustedes descienden de esclavos. Nosotros nunca hemos sido esclavos". Es evidente que los negros americanos tienen que afirmarse en algo más que en su común origen africano; sin negarlo, tienen que sentirse más decididamente parte mitológica del mundo americano, y luchar por su originalidad aquí, en diálogo con este mundo en el que viven hace ya cinco siglos. También para ellos son esos versos de Leopoldo Lugones: Que nuestra tierra quiera salvarnos del olvido, Por estos cuatro siglos que en ella hemos servido. Y al mismo tiempo, hay que saber que sin esa savia vital que llegó de África, nadie en América Latina sería lo que es. Todos tenemos derecho a reclamar "la parte de África" en nuestro ritmo, en nuestra carne y en nuestra imaginación. Todo es cuestión de ver bien los matices. Y lo mismo puede decirse de "la parte de Europa" y de "la parte de América". Los hispanoamericanos podemos sentirnos españoles solo hasta el día en que vamos a España, ese día comprendemos para siempre que somos otra cosa, y ese descubrimiento puede ayudarnos incluso a amar a España, a admirar a España, a descubrir España. Ahora bien, el modo como está lo indígena en nuestra cultura mestiza me resulta más fácil pensarlo recurriendo a la literatura. Siento que hay, por ejemplo, en la obra de Gabriel García Márquez, una manera de discurrir que no es en rigor occidental, que se resuelve en imágenes y en variaciones, como aureola o resplandor de los hechos centrales. Se diría que hay algo de estirpe indígena en cierto modo de presentar los hechos y de no resolverlos mediante argumentaciones, digresiones y teorías, sino mediante trazos y figuras que satisfacen a un tiempo al sentimiento y a la imaginación. García Márquez pertenece a un mundo profundamente influenciado por ese pensamiento mágico, pero suele repetir que a pesar de saber muy bien cómo era la historia, o el río de historias, que pensaba narrar, encontró con claridad su tono y la certidumbre de sus recursos cuando leyó la novela Pedro Páramo, del mexicano Juan Rulfo. Tal vez lo afectó la libertad con que Rulfo se deja influir por el viento de las voces indígenas, por el modo de estos sueños americanos, por la persistencia en la vida cotidiana de los mitos profundos de su pueblo. Así, en la novela Cien años de soledad nada sabemos de la singular relación que hay entre la madre, Úrsula Iguarán, y su hijo mayor, José Arcadio, hasta el día en que este decide abandonar el pueblo, enrolado en la tropa de los gitanos. En cuanto se da cuenta de su ausencia, Úrsula sale en su búsqueda abandonando todo lo demás, su marido, su casa, sus otros hijos, dejando de ser el centro de gravedad de su mundo. José Arcadio es el primer nativo que abandona el pueblo y se aleja por el mundo distante con el que su padre siempre ha soñado. Yendo tras él, Úrsula llega a sentirse tan lejos que ya ni piensa en regresar, y encuentra al fin el camino hacia el mundo que todos los hombres del pueblo habían buscado en vano. Años después el hijo regresa, transformado por la ausencia, cruza el pueblo y la casa y avanza sin detenerse por los pasillos y los cuartos saludando con un gesto a quienes ve, pero solo llega al final de su viaje cuando encuentra a Úrsula. Está desandando el camino de su fuga, el camino por el cual su madre lo había seguido, y solo se detiene al llegar nuevamente junto a ella. Ese doble movimiento que primero nos revela la importancia que tiene para ella el hijo, y después la importancia que la madre tiene para él, muestra el lazo invisible que los une y que nunca delataron sus diálogos. Y es por este dibujo secreto, intensamente trazado en nosotros por el relato, es por ese surco entre ambos que, sin saberlo, estamos dispuestos a creer uno de los episodios fantásticos más poderosos de la novela, aquel en que un hilo de sangre sale del hijo muerto, va recorriendo pasillos y calles y andenes, y no se detiene hasta encontrar a Úrsula y llevarle el mensaje de la muerte. De nuevo vemos el movimiento contrario, y es ella ahora quien siguiendo el hilo encuentra al final el cadáver de su hijo. Este dibujo ancestral del hilo de sangre que busca su fuente es una de las imágenes más bellas y memorables de la novela, y sospecho que nuestra mente la hospeda con tanta facilidad y gratitud porque no es un trazo arbitrario sino una necesidad de la historia; nos muestra poderosamente, con el poder de la poesía y del mito, la inexpresada relación del hijo con la madre, el lazo de la sangre materna convertida en camino del hijo, sendero de sus fugas y de sus retornos, de su soledad y de su muerte. Algo en la moderna novela occidental ha tendido a abandonar los juegos libres de la imaginación, a subordinar las historias a las ideas y a abundar en tesis y en teorías. Desde las minuciosas reflexiones de Dostoievski sobre los motivos de la conducta humana, pasando por la sobreabundancia de propósitos intelectuales del infinito Ulises de James Joyce, hasta el tono ensayístico de muchas novelas de Thomas Mann, la narrativa procuró a menudo abandonar el viejo hábito de soñar libremente, de dar vuelo a la imaginación y de permitir que lo fantástico y lo real se combinaran a su antojo. Ese había sido el espíritu de las epopeyas clásicas, de las historias del ciclo de Bretaña, del Nibelungenlied, de la Comedia dantesca y del Orlando Furioso. Y por supuesto ese es el espíritu de las dos obras orientales que más han influido en nuestra civilización: la Biblia y las Mil y una Noches. Lo que más asombró al barón Alexander von Humboldt en su viaje por la América equinoccial fue la imposibilidad de encontrar como en Europa bosques de una sola especie, porque en cada pequeño espacio proliferaban decenas de especies distintas. Lo que mejor ilustra la correspondencia de nuestra literatura a este mundo es la abundancia febril de las formas de su imaginación; no solo la vivacidad de los elementos y la intensidad del color, eso que Chesterton llamaría, hablando del posible origen criollo de Robert Browning, "una teoría de orquídeas y de cacatúas", sino incluso la tendencia continua a contrastar distintas etapas de la metamorfosis de los hechos y de las cosas. En nuestro continente el tiempo fluye de un modo vertiginoso. Hemos tenido que pasar en cinco siglos de los altos imperios comunitarios a las disgregaciones de la posmodernidad, de la vasta e indemne selva continental a las paredes apocalípticas de los incendios que cercan y carcomen la selva amazónica para sembrar soya, de las praderas del bisonte y del indio a los aviones estrellándose contra los acantilados de cristal de las torres gemelas. Durante mucho tiempo, la América Latina se gastó en el esfuerzo de alcanzar una lengua propia, de convertir las arrogantes y rígidas lenguas que llegaron de Europa en lenguas nutridas por la savia del mundo nuevo. Solo a fines del siglo XIX, con la labor de los extraordinarios poetas y narradores a los que llamamos modernistas, simbolizados por el más melodioso de ellos, el nicaragüense Rubén Darío, conquistamos por fin unos recursos literarios capaces de enfrentar el desafío de nombrar plenamente nuestro mundo, y de dialogar con las otras literaturas del planeta. El siglo XX nos ha visto emprender esa tarea: las obras de los modernistas, de Rubén Darío, del mexicano Alfonso Reyes, de tantos autores en todo el continente, han madurado esos recursos. Y después, entre los numerosos autores del medio siglo y del llamado "realismo mágico", surgieron muchas voces que de algún modo resumen la pluralidad de ese clamor continental. Entre ellas es necesario mencionar a Juan Rulfo, cuya obra breve e inagotable muestra los viajes de la lengua española en la profundidad de la memoria mexicana, a Pablo Neruda, cuyo canto de piedra y de selvas explora y celebra por igual naturaleza y la historia, a Gabriel García Márquez, cuya Biblia pagana del Caribe condensa la elocuencia de la lengua de Cervantes, el pensamiento mágico de los pueblos indígenas y la alegría, el colorido y la sensualidad de los hijos de África, y a Jorge Luis Borges, quien, interesado por la poesía gauchesca y por la cábala judía, por el Islam y por el budismo, por las mitologías del Indostán y por las sagas nórdicas, en el mayor país de inmigrantes, supo recoger la memoria de todas las bibliotecas y sentir el rumor del planeta entero mezclado en nuestras venas y en nuestras almas. Todavía estamos en el deber de interrogar cómo puede ser ese diálogo nuestro de lo uno con lo diverso, pero yo diría que no lograremos integrar a la América Latina mientras nos neguemos a ver la infinidad de sus matices, la riqueza sutil de sus diferencias. Es urgente abandonar los nefastos conceptos de subdesarrollo y de Tercer Mundo, que pretendían hacer del desarrollo un camino prefijado y exterior. Hijos de la edad de los descubrimientos, engendrados en las primeras avanzadas del mercantilismo, herederos de las lenguas, las religiones y las instituciones de Europa, nosotros somos el primer gran fruto de la globalización. Pero ahora se hace evidente que el énfasis en lo universal despierta enseguida la necesidad y la defensa de lo local. Desde que comenzó la prédica imperativa de la globalización ya no nos bastan las naciones, cada región del globo, cada aldea, cada tradición pugna por hablar, por diferenciarse, por existir. Hay un verso del poeta León de Greiff, al que él traviesamente llamó: "la fórmula definitiva y paradojal". Esa fórmula dice: "Todo no vale nada si el resto vale menos". Es paradójico que alguien hable del todo y del resto, pero en términos lógicos es comprensible. El todo no solo es la suma de las partes, es también diferente de las partes. Y no se puede hablar del todo, del amor por la totalidad, para predicar el descuido de lo particular y de lo fragmentario. Creo que esa fórmula significa: el bosque no vale nada si el árbol vale menos, la especie no vale nada si el individuo vale menos, el universo no vale nada si cada lugar en él es deleznable. Las naciones son importantes, pero necesitamos con urgencia un diálogo nuevo, de cada lugar con todos los otros y de lo local con el universo. Se diría que necesitamos un diálogo de los dioses del lugar con el omnipresente y disperso dios de Spinoza, y ello supone no solo el respeto por el universo como un todo, por el planeta como un todo, sino la recuperación del sentido sagrado de cada arroyo y de cada peñasco, de cada árbol y de cada criatura. Y creo que no es la política sino el arte quien sabe ver a la vez el conjunto y el detalle. Es verdad que los seres humanos no podemos sobrevivir sin perturbar, pero ya empezamos a comprender que tampoco sobreviviremos si perturbamos demasiado. Hoy el mundo siente el peso oneroso de la especie humana, advierte demasiado su presencia, siente la rudeza y la torpeza de nuestra relación con las cosas, y es evidente que se hace necesario el aprendizaje de la levedad, de no pesar mucho, el aprendizaje de cierta invisibilidad, tan contraria a esta manía moderna de lo que es excesivamente visible y estridente, el aprendizaje de la delicadeza, y el aprendizaje de la sutileza. Lo que adivinaron los primeros críticos de la modernidad: que Dios está en los detalles, que lo importante es el matiz más que el color, que frente a la excesiva pretensión de conocimiento no necesitamos entender todo sino comprenderlo, y que no necesitamos saber todo para disfrutarlo y agradecerlo. De la América Latina podemos decir que es uno de los pocos sitios del planeta donde todavía queda la naturaleza, muy vulnerada pero todavía cargada de sus atributos originales. Nosotros somos, además, la Europa que se fue y que se mezcló de lo distinto, y mucho tenemos que enseñarle a esa Europa que solo ahora está sintiendo la vecindad física del resto del mundo. Nuestra rica cultura continental ha experimentado las fusiones y ha alcanzado poderosas síntesis. Los males del mundo se ven mejor desde las orillas que desde el centro, porque los viejos centros estuvieron siempre demasiado engreídos de su importancia y no veían más allá de su horizonte, y en cambio los nuevos centros de la esfera participan de los atributos del centro y de la orilla. En esa medida es verdad que en los sótanos de nuestras ciudades está el Aleph, está el universo. Tenemos un mundo a medias conquistado, y a medias demorado, por fortuna, en sus atributos originales. La modernidad, la era tecnológica, el prodigio científico han hechizado nuestra realidad de un modo fascinante y peligroso. Estamos, como dice el poeta Aurelio Arturo, "con un pie en una cámara hechizada y el otro a la orilla del valle, donde hierve la noche estrellada". Y ya nada es tan importante como encontrar un equilibrio entre nuestra capacidad de modificar el mundo y nuestra necesidad de conservarlo, entre la tarea de construir una morada humana y el deber profundo de respetar el universo natural. Si nuestras naciones fueron los primeros frutos modernos de la globalización, son escenarios propicios para que encontremos también sus límites. Porque la especie humana, envanecida de sus derechos, ha olvidado la pregunta por sus límites y necesita con urgencia un sentido responsable y nítido de esos límites. De esa delicada tarea, bien podría depender el destino del mundo. Intervención especial en la inauguración de la Semana de Autor, que le está dedicada y en la que participaron especialistas y estudiosos de su obra. Fuente

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Campeones y exportadores de democracia y derechos humanos
InfoporAnónimo1/17/2010

Rodrigo Moreno Planisolis - Rebelión Los Estados Unidos (EEUU) desde su existencia son defensores de los derechos humanos: 1. Después de la larga imposición de los derechos humanos desparecen del territorio de los Estados Unidos los diferentes pueblos indígenas. 2. EEUU ha exportado los derechos humanos 66 veces a países del centro y sur de América con sus ejércitos y su CIA. Unos pocos ejemplos seran suficientes. 3. En 1848, EEUU lleva a México los derechos humanos con sus ejércitos y le arrebatan California, Texas y Arizona. 4. Desde 1898, EEUU ocupa Puerto Rico, invadiendo democrática y militarmente la isla para proteger los ciudadanos yanquis y asesinando a sus dirigentes. 5. En 1936, 1991 y 1994 EEUU invade Haití en tres intervenciones militares democráticas. Hoy Haití es uno de los paises más pobres del mundo. 6. En 1936 la guerra de EEUU invade Nicaragua y asesina a Sandino. En 1983 el Frente Sandinista derrota al dictador Somoza, pero EEUU, siempre en defensa de los derechos humanos, interviene en Nicaragua hasta derrotar la Revolución. Miles de muertos y un país arruinado. 7. El Imperio es el único que ha empleado la bomba atómica contra Hirosima y Nagasaki, cuando Japón ya estaba vencido, respetando, claro está, los derechos humanos. 8. De 1950 a 1953, con la misme perfidia de siempre, EEUU impone una cruel guerra contra Corea del Norte, eso si, en defensa de principios democráticos. 9. En 1954 EEUU, para defender los derechos humanos de United Fruit, su ejército invade Guatemala, asesina al presidente Arbenz y a 100.000 guatemaltecos y 200.000 desposeidos de sus tierras y desplazados. 10. La más cruel de las guerras es desencadenada por el Imperio contra el Vietnam en 1964. Todavia nacen en Vietnam niños deformados por sus gases tóxicos. Democráticamente lanzó más bombas que en toda la Segunda Guerra Mundial. 11. En 1965 en el Congo, país de inmensa riqueza natural, el presidente Lumumba es asesinado, democráticamente. 12. Entre 1966 y 1967 Indonesia es sacudida por un golpe de Estado apoyado por la CIA y asesinado su presidente Sukarto, e implantado el dictador Suharno, marioneta de EEUU. Mueren un millón de comunistas asesinados conforme a los derechos humanos. 13. En 1970 en Irán, para asegurarse el petróleo, asesina al presidente Mosadec, e invade militarmente Irán. 14. De 1980 a 1991 Iraq hace una guerra contra Irán. Sadam Hussein, apoyado por EEUU, ataca incluso con gases tóxicos. 15. En 1989 en Panamá, para asegurarse el dominio del canal, acusa falsamente a Noriega y democráticamente el ejército de EEUU invade el país y perpetra el genocidio del Chorrillo. 16. La invasión militar del Salvador por EEUU causa muchos miles de muertos arruina el Salvador y democráticamente hace de nuevo del Salvador su patio trasero. 17. El Plán Cóndor de EEUU, a través de la Escuela para las Américas, prepara todas las dictaduras fascistas de Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Perú y Colombia, en defensa de los derechos humanos. Total: asesinatos, torturas, desapariciones y ruina económica de dichos países. ........................ Rodrigo Moreno Planisolis es fundador del Casal Amics de Cuba de Lleida. Este texto fue elaborado con la colaboración de la junta del Casal Fuente

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Desmovilización popular y reofensiva imperial
InfoporAnónimo2/11/2010

Roland Denis - Aporrea La derecha continental ha comenzado su contraofesiva, o mejor dicho, después de varios intentos frustrados, principalmente: Venezuela 2002, Bolivia 2008, al fin logra articular entre sucesivos y muy distintos eventos producidos en diversos países (Honduras, Colombia, Chile Haití) una ofensiva que tiende a neutralizar la avanzada progresista continental que hemos vivido a lo largo de los años 2000. Este es al menos el retrato superficial de los hechos, que además, si lo vemos en perspectiva futura pareciera que la cosa pinta todavía peor, con una derecha victoriosa electoralmente en los gigantes de Brasil y Argentina y cuidado si a estos se le suma Venezuela con la pérdida por parte del chavismo de las próximas elecciones legislativas de Septiembre. Ahora, ¿Por qué sucede esto? ¿Y qué supone todo esto? La diferencia del espacio continental nuestramericano respecto a buena parte del mundo, políticamente hablando, es que desde finales de los años ochenta, con la agudización de la crisis social creada por la entrada salvaje del neoliberalismo, se desarrolla una movilización de masas con fuertes tendencias subversivas que a su vez derivó en la formación de grandes frentes políticos de izquierda o en el apoyo a partidos históricos ya consolidados como es el caso del PT brasileño, el FSLN en Nicaragua o el FMLN en El Salvador. Estos, en la medida de su éxito, como era de esperarse se sitúan así mismos como re-presentantes de los deseos e ideales libertarios presentes en estos movimientos y ejecutores de los mismos a través de la capitalización electoral de la lucha condesada en un determinado liderazgo y de un programa político dirigido a arrancar el poder de estado a las élites partidistas y burguesas tradicionales por vía pacífica y la apertura de un camino progresivo de liberación. Empezando por la revolución bolivariana se trató de una ecuación exitosa que no se repitió prácticamente en todo el continente hasta abrazarlo por completo por los fraudes electorales ocurridos en Perú contra la candidatura de Ollanta Humala y de México contra la candidatura de López Obrador. Independientemente de la notable diferencia entre liderazgos, la estela emancipadora recomenzaba su camino. Sin embargo esta condición re-presentativa de los movimientos de unidad popular, incluso en el menos de ellos como lo fue en sus comienzos el gobierno de Chávez quien se presenta exclusivamente como un gobierno de impulso del proceso popular constituyente, es decir, un gobierno en principio bajo el mando de la dinámica revolucionaria de masas, o de “multitudes” como gusta decir ahora, todos estos gobiernos trajeron y traen consigo la maldición burguesa de la representación; súmenle a ello los desmanes de la corrupción, la burocratización, el aburguesamiento propio, etc. En otras palabras, pretenden –otra vez- presentarse como el “pueblo en el poder”, vanguardias de asalto democrático del poder constituido que a la final, por la misma lógica de estado y la re-presentación harán todo lo que esta en sus manos por bloquear el movimiento ofensivo de transformación revolucionaria, favoreciendo solamente algún nivel de “autonomía defensiva”, es decir, algunas moderadas y muy “sensatas” iniciativas de base encaminadas a salvar los gobiernos progresistas de los ataques conspirativos de la derecha. Esta situación como era natural produjo un movimiento tutelado que en el caso de Venezuela por ejemplo, lleva diez años moldeando una subjetividad política en la base popular del chavismo cuyo reflejo movilizante está centrado básicamente en la lógica defensiva dejando que los lineamientos ofensivos que puedan tener un carácter transformador efectivo (la ocupación del espacio territorial y productivo en manos de la burguesía, la lucha por los derechos populares, el ataque al estado burgués que se reproduce a sus anchas, la expansión de espacios autogobernantes y de desarrollo alternativo, etc.) sean administrados directamente por el estado y la lógica burocrática del mismo, lo que equivale disminuirlos al mínimo hasta desaparecerlos. Vemos aún que luego de diez años incluso estos mismos reflejos defensivos van perdiendo velocidad y capacidad de convocatoria, reduciéndose a las movilizaciones de rigor convocadas desde arriba. Tenemos allí una razón de desmovilización fundamental a la cual se suma la situación económica vivida en todo el continente en buena parte de los años 2000. Nos referimos a una expansión del consumo y de la economía tanto de exportación como de importación, es decir, de la propia economía de mercado, que ha generado al menos hasta finales del 2008 una disminución de las presiones sociales y por tanto de la movilización reivindicativa, compensada por la existencia de una mayor distribución de dinero y capacidad de consumo dentro de los sectores mas marginados y de trabajadores en general. Podríamos sumar un cierto incremento de programas sociales, acceso a algunos servicios, expansión del sistema educativo y de salud en algunos casos, que han servido para desacelerar la movilización cotidiana y desgraciadamente también para redoblar los mecanismos de sometimiento clientelar entre población y estado; otro formidable calmante de masas. El modelo político representativo y las circunstancias históricas particulares le han quitando fuerza subversiva a los movimientos populares, elemento que a nuestro parecer es clave para entender no la ofensiva en sí del imperio y las puntas de playa obtenidas en los últimos meses, cosa que atañe a su propia estrategia y el juego imperial expansivo bajo la administración Obama (“el poder inteligente” muy distinto a la “razón bruta” del período de Bush) sino al porqué estas mismas iniciativas parecieran encaminadas a tener éxito en el inmediato y mediano plazo. Un pueblo desmovilizado, a la defensiva y administrado externamente en su dinámica política, se hace estúpido ante sus enemigos, perdiendo astucia y capacidad creadora a la hora de la confrontación y la defensa de los espacios ganados. ¿Cuál es entonces el horizonte que podemos prever? Si no hay mayores eventos que desvíen tendencias : guerras, nuevas conspiraciones, rebeliones, hechos nada descartables, lo más probable es que nos encontremos en uno o dos años con un campo de fuerzas donde se vuelven a equilibrar las tendencias conservadoras y progresistas a nivel electoral con preferencias hacia las primeras quedándose reducida la izquierda gobernante al espectro limitado del ALBA, recogido sobre sí mismo y con todas su limitaciones. Para un imaginario político anclado sobre el conflicto de representaciones esto podría entenderse como una derrota casi definitiva. Sin embargo somos del criterio que en adelante la confrontación esencial donde se juega realmente el problema emancipatorio se desplaza del contexto representativo y de asalto democrático a las viejas instituciones del estado burgués y colonizado, hacia el plano del control territorial efectivo, donde los gobiernos de izquierda si sobreviven, de ser el caso y no transmutarse en corporaciones burocráticas represivas y acusatorias como ya ha pasado en nuestro caso, podrán tener el chance de jugar el papel de retaguardias al servicio del avance territorial productivo y autogobernante de los pueblos. El imperio ya no va por países en sí, va por el control de recursos, saberes, fuerzas de trabajo, presentes transversalmente en todo el territorio, utilizando los aparatos de estado existentes, los “paraestados” en formación, las burguesías regionales y sus propias bases, como fuerzas de presión y de choque. Esa guerra por nuestra tierra y por nuestros sueños va a ser el terreno verdadero de la confrontación a venir en los tiempos inmediatos, inaugurando en nuestro criterio una nueva fase –no representativa- de la revolución social nuestramericana. Fuente

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