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Los rumbos del planeta Tierra y del ser humano
InfoporAnónimo12/27/2009

Rogéria Araújo - Adital Las movilizaciones sociales y los alardes sobre los perjuicios que la acción humana viene causando al medio ambiente no fueron suficientes para garantizar la concreción de acuerdos eficaces durante la 15ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambios Climáticos (COP-15), concluida el viernes (18) en Copenhague, Dinamarca. Los líderes mundiales demostraron una vez más la preferencia por el desarrollo del capital en detrimento de la vida. Aún así, la postura de desdén para con los problemas climáticos del planeta no está paralizando las acciones de la población en su lucha por pequeños cambios. La evidencia dada a la causa ambiental ha servido para generar conciencia y, de a poco, cambiar malos hábitos de consumo. "El lugar más inmediato es comenzar por cada uno", sostiene Leonardo Boff. En entrevista con ADITAL, el teólogo, filósofo y escritor habla sobre la necesidad de comenzar los cambios en nosotros que van a beneficiar a la Tierra. "Cada uno en su lugar, cada comunidad, cada entidad, en fin, todos debemos comenzar a hacer algo para dar un rumbo diferente a nuestra presencia en este planeta". Para Boff, no debemos depositar nuestras esperanzas en las decisiones que vienen de arriba. Adital - ¿Cree usted en la voluntad política de los grandes líderes mundiales para revertir la situación climática en la que se encuentra nuestro planeta? Leonardo Boff - No, no creo. Los grandes no tienen ninguna preocupación que vaya más allá de sus intereses materiales. Todas las políticas que hasta ahora fueron pensadas y proyectadas por el G-20 apuntan a salvar el sistema económico-financiero, con correcciones y regulaciones (que hasta ahora no se realizaron) para que todo vuelva a lo que era antes. Antes reinaba la especulación más desvergonzada que se pueda imaginar. Basta pensar que el capital productivo, aquél que se encuentra en las fábricas y en el proceso de generación de bienes, suma 60.000 billones de dólares. El capital especulativo, basado en papeles, alcanzaba la cifra de 500.000 billones. Circulaba en las bolsas especulativas del mundo entero, gerenciado por verdaderos ladrones y falsarios. La verdadera alternativa sólo puede ser: salvar la vida y la Tierra y poner la economía al servicio de estas dos prioridades. Hay una tendencia al suicidio dentro del capitalismo: prefiere morir o hacer morir antes que renunciar a sus beneficios. Adital - Aunque fue muy esperada la COP 15, que se realiza en Copenhague, Dinamarca, parece no apuntar hacia resultados eficaces y hacia compromisos más serios. ¿Cuál debe ser el papel de la sociedad civil en caso de que los resultados no sean los esperados? Leonardo Boff - Llegamos a un punto en el que todos seremos afectados por los cambios climáticos. Todos corremos riesgos, inclusive el de que gran parte de la humanidad tenga que desaparecer por no conseguir adaptarse ni mitigar los efectos maléficos del calentamiento global. No podemos confiar nuestro destino a representantes políticos que, en realidad, no representan a sus pueblos sino a los capitales con sus intereses presentes en sus pueblos. Necesitamos nosotros mismos asumir una tarea salvadora. Cada uno en su lugar, cada comunidad, cada entidad, en fin, todos debemos comenzar a hacer algo para dar un rumbo diferente a nuestra presencia en este planeta. Si no podemos cambiar el mundo, sí podemos cambiar este pedazo de mundo que somos cada uno de nosotros. Sabemos gracias a la nueva biología y por la física de las energías que toda actividad positiva, que va en la dirección de la lógica de la vida, produce una resonancia morfogenética, tal como se dice. En otras palabras, el bien que hacemos no queda reducido a nuestro espacio personal. Ese bien resuena lejos, se irradia y entra en las redes de energía que vinculan a todos con todos, reforzando el sentido profundo de la vida. De ahí pueden ocurrir surgimientos sorprendentes que apunten hacia un nuevo modo de vivir sobre el planeta y nuevas relaciones personales y sociales más inclusivas, solidarias y compasivas. Efectivamente, se nota por todos lados que la humanidad no está inmóvil ni endurecida por las perplejidades. Miles de movimientos están buscando formas nuevas de producción y alternativas que respondan a los desafíos. Solamente hablando de ONGs, existen más de un millón en el mundo entero. Es un movimiento de base y no de cúpulas, las cuales siempre interrumpen los cambios. Adital - Nunca las cuestiones ambientales estuvieron tan en evidencia como en los últimos años. Términos como "calentamiento global" y "cambios climáticos", a pesar de varios alertas realizados hace bastante tiempo, hoy son parte de la vida cotidiana de mucha gente en todo el planeta. ¿En esta "crisis de civilización" todavía hay tiempo para hacer algo? ¿De dónde podrá venir esa "salvación"? Leonardo Boff - Si trabajamos con los parámetros de la física clásica, la inaugurada por Newton, Galileo Galilei y Francis Bacon, orientada por la relación causa-efecto, estamos perdidos. No tenemos tiempo suficiente para introducir cambios, ni sabiduría para aplicarlos. Iríamos fatalmente al encuentro de lo peor. Pero si cambiamos de registro y pensamos en términos de proceso evolutivo, cuya lógica viene descripta por la física cuántica que ya no trabaja con materia sino con energía (la materia, por la fórmula de Einstein, es energía altamente condensada), ahí el escenario cambia de figura. Del caos nace un nuevo orden. Las turbulencias actuales preanuncian una emergencia nueva, venida de aquel trasfondo de Energía que subyace en el universo y en cada ser (llamado también Vacío Cuántico o Fuente Originaria de todo ser). Las emergencias o surgimientos introducen una ruptura e inauguran algo nuevo todavía no ensayado. Así, no sería extraño que de repente, los seres humanos volvieran en sí y pensaran una articulación central de la humanidad para atender las demandas de todos con los recursos de la Tierra, recursos que, si son racionalmente gerenciados, son suficientes para nosotros los humanos y para toda la comunidad de vida (animales, plantas y otros seres vivos). Posiblemente, llegaríamos a esto sólo ante un peligro inminente o después de un desastre de grandes proporciones. Ya decía Hegel: el ser humano no aprende nada de la historia, sino que aprende todo del sufrimiento. Prefiero a San Agustín que en las Confesiones reflexionaba: el ser humano aprende a partir de dos fuentes de experiencia: el sufrimiento y el amor. El sufrimiento por la Madre Tierra y por sus hijos e hijas y el amor por nuestra propia vida y supervivencia van a salvarnos. Entonces, no estaríamos frente a un escenario de tragedia cuyo fin es fatal o inevitable sino de una crisis que nos acrisola y purifica y nos crea la oportunidad de un salto rumbo a un nuevo ensayo civilizatorio, éste sí, caracterizado por el cuidado y por la responsabilidad colectiva por la única Casa Común y por todos sus habitantes. Adital - Hay varias demandas pidiendo que la Corte Penal Internacional reconozca los delitos ambientales como crímenes de lesa humanidad. ¿Usted piensa que sería una alternativa? Leonardo Boff - Las leyes solamente tienen sentido y funcionan cuando previamente se ha creado una nueva conciencia con los valores ligados al respeto y al cuidado de la vida y de la Tierra, percibida como nuestra Madre, pues nos provee todo lo que necesitamos para vivir. Si existe esa conciencia, puede materializarse en leyes, tribunales y cortes que hagan justicia a la vida, a la Humanidad y a la Tierra con castigos ejemplares. En el caso contrario, los tribunales sólo tienen un carácter legalista, de difícil aplicación, sin su necesaria aura moral, que le confiera legitimidad y reconocimiento por parte de todos. Entonces debemos primero trabajar en la creación de esa nueva conciencia. Yo mismo estoy trabajando con un pequeño grupo, a pedido de la Presidencia de la Asamblea de la ONU, en una Declaración Universal del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Esa declaración deberá difundirse por todos los medios de comunicación, especialmente por Internet, para favorecer la creación de esta nueva conciencia de la humanidad. La nueva centralidad no es más el desarrollo sustentable, sino la vida, la humanidad y la Tierra, entendida como Gaia, un superorganismo vivo. Adital - Por otro lado, no se piensa en nada orientado hacia el consumo, por ejemplo, que no tenga interferencia directa en el caos que se produjo en la Tierra. ¿Podría hablar un poco sobre eso? Leonardo Boff - El propósito de todo el proyecto de la modernidad, nacido en el siglo XVI, está asentado sobre la voluntad de poder que se traduce en la voluntad de enriquecimiento, que presupone la dominación y explotación ilimitada de los recursos y servicios de la Tierra. En nombre de esta intención se construyó el proyecto-mundo, primero por las potencias ibéricas, después por las centroeuropeas y finalmente por la hegemonía estadounidense. Al principio no había cómo darse cuenta de las consecuencias funestas de esta empresa, pues ésta incluía entender la Tierra como un simple baúl de recursos, algo sin espíritu que podría ser tratado como quisiéramos. Surgió el gran instrumento de la tecno-ciencia que facilitó la concreción de este proyecto. Transformó el mundo, surgió la sociedad industrial y actualmente la sociedad de la información y de la automatización. Toda esta civilización ofrece a los seres humanos, como felicidad, la capacidad de consumo sin obstáculos, sea de bienes naturales, sea de bienes industriales. Llegamos a un punto en el que consumimos un 30% más de lo que la Tierra puede reproducir. Ella está perdiendo más y más sustentabilidad y su biocapacidad; simplemente no aguanta más el nivel excesivo de consumo por parte de los dueños del poder y de los controladores del proceso de la modernidad. El 20% de los más ricos consume el 82,4% de toda la riqueza de la Tierra, mientras que el 20% de los más pobres tiene que contentarse con sólo el 1,6% de la riqueza total. Ahora nos damos cuenta de que una Tierra limitada no soporta un proyecto ilimitado. Si quisiéramos universalizar el nivel de consumo de los países ricos para toda la Humanidad, los cálculos ya fueron hechos: necesitaríamos por lo menos 3 Tierras iguales a ésta, lo que se revela como una imposibilidad. Tenemos que cambiar, en el caso de que queramos superar esta injusticia social y ecológica universal y tener un mínimo de equidad entre todos. Adital - ¿Hasta qué punto cree usted que la sociedad civil organizada puede ser agente de una nueva práctica de consumo? Leonardo Boff - Se debe comenzar por algún lugar. El lugar más inmediato es comenzar por cada uno. El desafío, frente al problema universal, es convencerse de que podemos ser más con menos. Importa hacer la opción por una simplicidad voluntaria y por un consumo compasivo y solidario pensando en todos los demás hermanos y hermanas y demás seres vivos de la naturaleza que padecen hambre y están sufriendo todo tipo de carencias. Pero para ello, debemos realizar la experiencia radicalmente humana de que de hecho todos somos hermanos y hermanas y que somos ecointerdependientes y que formamos una comunidad de vida. La economía se orientará para producir lo que realmente necesitamos para vivir y no para acumular ni para lo superfluo, una economía de lo suficiente y de lo decente para todos, respetando los límites ecológicos de cada ecosistema y obedeciendo los ritmos de la naturaleza. Esto es posible. Pero precisamos de una "metanoia" bíblica, de una transformación de nuestros hábitos, de nuestra mente y de nuestros corazones. Esta transformación constituye la espiritualidad. No es facultativa, es necesaria. Cada uno es como una gota de lluvia. Una moja poco. Pero millones y millones de gotas hacen una tempestad, ahora es necesario un tsunami del bien. Adital - Brasil, a causa de la Floresta Amazónica y otras florestas nativas, debería tener un papel fundamental en la cuestión ambiental. ¿Cómo evalúa usted la postura del gobierno brasilero en relación con el tema? Leonardo Boff - El gobierno brasilero no acumuló todavía la suficiente masa crítica ni la conciencia de la importancia de la floresta amazónica en la consecución del equilibrio climático de toda la Tierra. Si el problema es el exceso de dióxido de carbono en la atmosfera, entonces son las florestas las grandes secuestradoras de este gas que produce el efecto invernadero y, en consecuencia, el calentamiento global. Ellas absorben los gases contaminantes por medio de la fotosíntesis y los transforman en biomasa, liberando oxígeno. En vez de establecer la meta de deforestación cero y en esa posición ser rígido e implacable, por amor a la humanidad y a la Tierra, el gobierno establece que para 2020 va a reducir la deforestación en un 15%. Y hay políticas contradictorias, pues por un lado el Ministerio de Medio Ambiente combate la deforestación, y por el otro el BNDS financia proyectos de expansión de la soja y de la actividad pecuaria que avanzan sobre la floresta. Por detrás están los grandes intereses del agronegocio que presionan al gobierno a mantener una política flexible y que daña para el equilibrio de la Tierra. Adital - Se ve la gran actuación de movimientos sociales y entidades en defensa de la naturaleza, reclamando más de sus gobiernos en ámbitos internacionales. ¿Cree que hay, en este momento, más empoderamiento? Leonardo Boff - Pienso que la Cumbre de Copenhague tendrá una función semejante a la que tuvo la Eco-92 en Río de Janeiro. Después de la Eco-92 surgió en el mundo entero la cuestión de la sustentabilidad y de la crítica al sistema del capital visto como esencialmente anti-ecológico, pues implica una producción ilimitada a costa de la extracción ilimitada de los recursos y servicios de la naturaleza. Creo que a partir de ahora la Humanidad tomará conciencia de que, a partir de la sociedad civil mundial, de los movimientos, organizaciones, instituciones, religiones e iglesias, cambia de rumbo o tendrá que aceptar entonces la aniquilación de la biodiversidad y el riesgo del exterminio de millones y millones de seres humanos, no excluida la eventualidad de la desaparición de la propia especie humana. Esta conciencia va a encontrar los medios para presionar a las empresas, a los grandes emprendimientos y a los Estados para hallar una nueva relación con la Tierra. El problema no es la Tierra, sino nuestra relación para con ella, relación de agresión y de explotación implacable. Necesitamos establecer un acuerdo Tierra y Humanidad para que ambos puedan convivir interdependientemente, con sinergia y espíritu de reciprocidad. Sin esto no tendremos futuro. El futuro vendrá a partir de la fuerza de la simiente, es decir, de las prácticas humanas personales y comunitarias que crean redes, ganan fuerza y consiguen imponer un nuevo orden que garantizará un nuevo tipo de historia. Traducción: Daniel Barrantes Fuente

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"Al poder le molestan los pobres movilizados&quot
InfoporAnónimo11/17/2009

La investigadora del CONICET Maristella Svampa analiza el fenómeno piquetero y habla de la metodología del poder para "criminalizar a los que se organizan". Mariano Jassovich El recrudecimiento de las protestas piqueteras durante las últimas semanas en Buenos Aires elevó una vez más las discusiones, cruces y acusaciones entre el oficialismo, la oposición y dirigentes sociales que encabezan los reclamos. En ese contexto, la licenciada en Filosofía y doctora en Sociología Maristella Svampa, investigadora del CONICET que estudia desde los inicios el surgimiento de los movimientos piqueteros, analizó junto a Criticadigital las estrategias del poder para enfrentar a estos grupos y estigmatizar “al pobre que se organiza y moviliza”. ¿Cómo identifica el poder a los movimientos de desocupados? A partir de 1997, se desarrolla desde el poder político un discurso criminalizador y de rechazo a los piqueteros, un cuestionamiento del carácter auténtico de esa protesta. El discurso mediático buscó asimilarlos a un nuevo lumpen proletariado, a las nuevas clases peligrosas, subrayando su carácter violento, asistencialista y dependiente del Estado; definiéndolos como “no trabajadores”, cuando en realidad las organizaciones piqueteras realizan una labor comunitaria en los barrios. Pero la táctica de criminalizar la protesta comenzó con el propio origen de los piqueteros, durante el Gobierno de Carlos Menem, en 1996. ¿Cuál fue la relación de Néstor Kirchner con las organizaciones sociales? Con su asunción, en el 2003, se da un punto de inflexión porque es el primer Gobierno que a ese nivel divide el espacio piquetero. Kirchner recupera e integra a las organizaciones que se reconocen en la tradición de lo nacional popular. Además, desde el poder crea y alimenta otras organizaciones como el MTD Evita y otros movimientos claramente oficialistas. Así y todo, Kirchner desarrolló una estrategia basada en el disciplinamiento, orientada a la judicialización del conflicto social. Por un lado, dijo claramente que no iba a reprimir, pero a cambio aumentaron los procesos penales, acompañados por una andanada mediática de estigmatización de las organizaciones. El campo piquetero siempre fue heterogéneo. Y desde el acceso de Kirchner al poder, muchos movimientos de desocupados quedaron presos del esquema gobierno/oposición y no pudieron salir de esa limitación. Entonces, los piqueteros opositores sufrieron un proceso de debilitamiento en el momento de mayor consolidación del poder del ex presidente. Debieron retirarse del espacio público, pero continuaron trabajando encapsulados en los barrios desde el 2005. ¿Qué los hace volver a escena este año? El agravamiento de las condiciones de pobreza y el aumento del desempleo por el impacto de la crisis nacional y global hizo que los piqueteros desarrollaran un nuevo protagonismo. Así, volvieron a realizar sus reclamos en el espacio público. No olvidemos que éste fue recuperado como lugar de expresión de los conflictos en el 2001, luego de que en la década del 90 éste apareciera vaciado de su potencialidad antagonista. MÁS DE UNA DÉCADA EN LA RUTA Y LA CALLE ¿Cúando y cómo surgió el movimiento piquetero? Crecen al calor de la fuerte ola de exclusión que se generó en los años 90, en el marco de una sociedad excluyente. Los primeros piquetes surgen en las localidades petroleras: de Cultral Co, en 1996 y General Mosconi en 1997. Son levantamientos de los pueblos petroleros tras la fuerte ola de despidos generada por la privatización de YPF. Luego, la forma que asumen estos conflictos del interior será tomada como ejemplo por las incipientes organizaciones territoriales del conurbano bonaerense, que ven en estos levantamientos comunitarios un lugar en el cual reflejarse como desocupados que reclaman dignidad y trabajo. Por esos mismos años se consolidan las dos corrientes piqueteras: las ligadas a un trabajo sindical como el FTV de Luis D´Elía y la CCC de Carlos Alderete, en La Matanza. Por otra parte, las organizaciones autónomas como los MTD del sur del Conurbano, se mantienen fuera del sistema político tradicional. Así, sostienen una crítica muy dura al clientelismo peronista. ¿Qué ocurrió luego del estallido del 2001? En ese año, los piqueteros irrumpen en la escena nacional cuando llevan sus protestas desde el interior y desde el conurbano hasta Capital Federal. Esta entrada a los espacios tradicionales de la política trajo situaciones ambivalentes. Por un lado permitió solidaridad con otras organizaciones sociales porteñas, como las asambleas barriales. Pero también la multiplicación de cortes, acampes y ocupaciones desató una andanada descalificadora y una primera gran ola de estigmatización mediática y social. EL NUEVO ACTOR SOCIAL ¿Cómo califica la relación entre los piqueteros y la clase media? Hasta el 2001, las capas medias no aceptaron a los piqueteros, quienes se impusieron por sus reclamos en el contexto de pobreza generalizada. La criminalización brotaba de cualquier persona de clase media que emitía una opinión. Desde el 2.002 hay un período de breve romance entre ´piquete y cacerolas´. Esas relaciones de solidaridad permanecieron en el campo militante: en las organizaciones culturales, sindicalismo combativo, partidos de izquierda, organismos de derechos humanos, algunos intelectuales que siempre buscaron desarrollar lazos de solidaridad con estos movimientos. Desde el 2003, con la salida de la crisis económica, se acrecienta el discurso de rechazo y de cuestionamiento del carácter auténtico de esa protesta. Se los asimila con “lo lumpen” diferente a la clase trabajadora clásica y se difunde un estereotipo del “piquetero violento”. ¿Se puede hablar de una identidad piquetera? Es un nuevo actor con otro tipo de organización que se expresa en la acción directa. Cuando ocupa el espacio público lo hace de un modo plebeyo, este es un rasgo que atraviesa las clases populares en el país. Este proletariado plebeyo se distancia de la clase trabajadora ligada a sindicatos. El elemento organizador no es lo sindical, sino lo territorial. Lo lamentable es que los puentes entre los diferentes sectores del mundo popular sean tan pocos o se corten tan fácilmente. En ese sentido, la CGT, por ejemplo, siempre fue ajena a esto. Es más, contribuyó a estigmatizar a este proletariado plebeyo. Seguramente, Hugo Moyano no se olvidará jamás que los piqueteros no le permitieron hablar en la Asamblea Piquetera de La Matanza, realizada en 2001. LA BANDERA DE LA ECOLOGÍA ¿Cuál es la situación de los lazos sociales en los pueblos del interior? Hay una explosión del conflicto socioambiental que se originó en 2003 con el plebiscito en el que los ciudadanos de Esquel le dijeron “No” a una mina. Y posteriormente con el surgimiento de más de 70 asambleas en contra de la minería trasnacional en todo el interior. Es un conflicto territorial, que se da en las pequeñas ciudades del interior a partir de la expansión de un tipo de minería, que tiene graves consecuencias socioambientales . En términos generales, en toda América Latina asistimos a una nueva inflexión del capital en la cual el control de los recursos naturales deviene estratégico, porque son cada vez más escasos. Esto se manifiesta a través de la expansión hacia territorios antes consideradas improductivos: expansión de la frontera sojera, minera, forestal, etc. En esta guerra por los bienes comunes, la asimetría de poder parece ser muy grande porque hay detrás empresas trasnacionales. Los actores internacionales, las mineras, se presentan en alianza estratégica con gobiernos provinciales y nacionales. Así desde el gobierno nacional avalaron la continuidad del proyecto minero desde la década del 90 hasta los Kirchner, que en el 2.004 declararon al plan minero como un proyecto estratégico de su gestión. Y Cristina Fernández con su veto a la Ley de glaciares mostró claramente el aval al proyecto. Fuente

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La democracia en América Latina
InfoporAnónimo1/12/2010

Colectivo Prometeo (Córdoba) - Rebelión Los sistemas políticos, todos los sistemas políticos, son el resultado y el reflejo de un modo de producción y se dan en el contexto de una formación social concreta. Por lo tanto, a la hora de juzgar la idoneidad de un modelo –concretamente el nuestro, el democrático occidental- no podemos obviar la dimensión histórica del mismo y considerarlo, sin más, como el mejor de los posibles y además exportable a cualquier rincón del mundo. Conditio sine qua non para que sea viable un sistema democrático es la existencia de la igualdad, más o menos real. Motivo por el cual no son posibles las democracias en aquellos lugares donde la igualdad ni se asoma. O, al menos, no son posibles las democracias basadas casi exclusivamente en votos y sistemas de partidos, tal como se dan en lo que nos hemos acostumbrado a llamar Occidente. De manera muy simplista, pero muy gráfica, suelo explicar este hecho a mis alumnos de la ESO diciéndoles que, en aquellos lugares donde se tiene un miedo reverencial al jefe y al brujo de la tribu, se vota lo que ellos quieren, y que, donde una mujer vale cinco cabras, la pregunta es por qué la mujer vota y la cabra no, si son intercambiables. No es para nada científico, pero se enteran de la necesidad de la igualdad. En el mundo hay muchos sistemas de participación y de toma colegiada de decisiones, no sólo el sistema democrático burgués surgido de la revolución de Cronwell, muy anterior a la francesa, y de la que ésta tomó sus ideas. De manera muy intencionada se olvida que el padre de la formulación de la soberanía nacional y de la división de poderes es Locke, y no Rousseau o Montesquieu, y la revolución norteamericana es también unos años anterior a la francesa. Pero, cosas de la vida y de la enseñanza de la Historia, el comienzo de la democracia burguesa se pone al lado de la toma de la Bastilla. En América Latina, en los pueblos ancestrales, el sistema de propiedad de la tierra es comunal. La tierra no se posee, se trabaja y se usa, y, una vez que el campesino muere y la unidad familiar se deshace, revierte a la comunidad, que la reasigna a una nueva familia. Los trabajos que tienen un beneficio colectivo son colectivos, y gratuitos, porque son necesarios para todos. Las decisiones se toman en común y los roles están repartidos, tanto en sentido horizontal como vertical: el presidente de la comunidad es en cada momento aquella persona que es capaz de dar solución al problema planteado, y, cuando ya no responde a las necesidades, deja paso a otra persona que sí lo hace. En general, los asuntos importantes se deciden dentro de la casa, entre todos los miembros de la familia que asumen responsabilidades. Los niños, en la medida en que son capaces de contribuir a las necesidades familiares, también son escuchados, de manera que la mayoría de edad real no se alcanza cuando se cumplen unos años, sino cuando se asumen responsabilidades de adulto y se responde de ellas. El representante de la familia en la asamblea de la comunidad suele ser el padre de familia, pero no necesariamente. Y en esta asamblea, suele actuar como portavoz de la familia. Rara vez toma decisiones que no haya consultado antes. Para los observadores occidentales, eso da una sociedad absolutamente machista donde las mujeres no tienen presencia pública. Eso es cierto en aquellos lugares donde la colonización ha sido más intensa. Allí se ha llevado la cultura española de la diferencia entendida como inferioridad, y el cristianismo, con su idea de culpa y sumisión de la mujer, ha hecho estragos. En los lugares donde pervive la cultura ancestral, andina, amazónica o de otros orígenes, existe una diferencia de roles entre hombre y mujer que no necesariamente suponen jerarquía, y una mujer puede ocupar sin problemas situaciones de jefatura. Casos como el de Micaela Bastidas son suficientemente conocidos. Sobre estas sociedades ancestrales se superpuso una sociedad feudal con un fuerte esclavismo, que llevó a que se desarrollara, por una parte, una burguesía criolla carente de derechos –en realidad, como toda la burguesía española hasta el Estatuto Real de 1834- que se vio defraudada en sus aspiraciones al fracasar la constitución de 1812, que les prometía una cierta autonomía y la posibilidad de ocupar cargos. La colonia oficialista mantenía una casta nobiliaria con un comportamiento más parasitario que otra cosa. Los trabajos más duros eran realizados por esclavos negros, excepto en las minas de altura, donde eran llevados a cabo por la población indígena utilizando precisamente la mita, sus trabajos colectivos y gratuitos. Este tipo de sociedad es la que alcanza la independencia, ahora hace 200 años. Es decir, nos encontramos una sociedad colonial y una ancestral que se dan la espalda, y que permanecen unidas sólo por un vínculo, el de la mita, que supone la esclavitud encubierta de los jóvenes comuneros. Para mantener la explotación agraria, las autoridades coloniales mantienen el régimen de tenencia comunal de la tierra, excepto en zonas propias para plantación de productos coloniales –café, cacao, algodón, tabaco, caña de azúcar, frutas y otros- que son trabajados mayoritariamente por mano de obra esclava. Los dueños de esclavos son los burgueses a los que se les llena la boca hablando de libertad, no se nos olvide, y que están en estrecho trato con los ingleses, sus abastecedores de mano de obra negra desde el Tratado de Utrecht en 1713. Para mantener la agricultura de abastecimiento en marcha, y el cobro de impuestos junto con el sistema de la mita, se hace imprescindible el mantenimiento de las autoridades locales y de las asambleas comunales. El contacto de algunas de estas autoridades locales con las ideas de la Ilustración va a dar frutos como la revuelta de Túpac Amaru II, José Gabriel Condorcanqui, quien junto a su esposa Micaela Bastidas van a tratar de recuperar el imperio inca, en el último tercio del siglo XVIII, también antes de la revolución francesa. Su derrota y brutal ejecución no terminan con la organización social y política autóctona, que sigue siendo imprescindible para asegurar la explotación del imperio. Cuando se proclama la independencia, la nueva clase dominante es la burguesía, que necesita acaparar todas las tierras disponibles, y que intenta, sin demasiado éxito, acabar con el sistema comunal. Se consigue en territorios como Venezuela, Colombia, México, y en aquellos en los que se ha exterminado la población indígena, como Argentina y Uruguay, pero en los reductos como la zona andina, la zona de raíces mayas y las regiones de las selvas amazónicas, la comunidad permanece hasta el día de hoy y sigue estando presente en el imaginario colectivo de los demás pueblos indígenas menos fuertes. El líder de este despojo es Simón Bolívar, en nombre de la libertad, la igualdad y el progreso. Conviene no olvidarlo tampoco. También en nombre de la libertad y el progreso, se sigue manteniendo la esclavitud, que se abole por la fuerza de los hechos: es muy difícil mantener el tráfico de esclavos a la vez que la colonización de África, donde hacen falta para las explotaciones propias de la zona, y el ser humano, como la mayoría de los animales, se reproduce muy mal en cautividad. Aún así, en la muy española isla de Cuba se sigue manteniendo hasta 1888. La etapa republicana es una sucesión de presidentes más o menos vendidos a ingleses y norteamericanos, que gobiernan para la minoría burguesa y se olvidan de las mayorías indígenas, mestizas o descendientes de esclavos, a los que niegan los derechos que reclaman para ellos mismos. La extensión del derecho de sufragio no ha llevado consigo la extensión de la igualdad, o de las medidas de igualdad necesarias para que la democracia sea algo más que una palabra. Se ha pretendido copiar el modelo norteamericano en cuanto a sistema formal, pero no se ha tomado ni siquiera una de las medidas tendentes a lograr la igualdad a niveles parecidos a los alcanzados en Europa, que son mucho más altos que en Estados Unidos. El resultado ha sido un rasgado general de vestiduras porque los sistemas de partidos a los que estamos tan acostumbrados en las democracias burguesas que hemos dado en llamar occidentales, como si el occidente fuera algo más que un punto cardinal, no cuajan en una sociedad que no se le parece en absoluto. Ese ruido de telas rasgadas se completa cuando surgen figuras como la de Hugo Chávez o Evo Morales, a los que se tilda de caudillos como en su día lo fueron Fidel Castro, Emiliano Zapata o el Che Guevara, o, más antiguos, Bolívar o Andrés Avelino Cáceres. Para entenderlo, convendría también conocer el valor de símbolo que tiene el caudillismo, que cae lejos de la forma de entender el liderazgo que tenemos en Europa. Los europeos tenemos la idea de que un caudillo es una persona que se pone al frente de un pueblo para manipularlo y llevarlo a donde no quiere ir, y para ello desarrolla una política de falsedad y destrucción de libertades. El modelo que tenemos es el de los partidos fascistas y nazis de comienzos del siglo XX. En América Latina no es así. El caudillo latinoamericano es el símbolo de la idea que se persigue. Para la Venezuela de Hugo Chávez, Bolívar ha perdido su faceta de despojador de tierras comunales para quedarse en el símbolo de la unidad continental frente a los explotadores foráneos. Ciertamente, la realidad histórica se distorsiona al escogerse sólo un aspecto, que por otra parte, es real. Igual cabría decir del movimiento etnocacerista andino, que reivindica la figura de Andrés Avelino Cáceres, líder de la resistencia contra Chile, olvidando que fue uno de los responsables de la matanza de líderes comuneros y del despojo sistemático de tierras comunales en el área andina, utilizando para ello métodos dignos de una película de terror. Pero los problemas actuales son los de la falta de unidad frente a los intereses norteamericanos o europeos manifestados a través del nuevo colonialismo surgido tras la guerra fría, o el avance de las economías más fuertes en la propia región latinoamericana, y los símbolos galvanizadores de conciencias tienen que ser los que los representen. Para las poblaciones que han sido tradicionalmente excluidas, el hecho de que personas de su etnia alcancen grandes magistraturas despierta de manera casi automática la creencia en que, por el simple hecho del color de la piel o la procedencia, puedan entender mejor sus problemas y darles soluciones. Casos como los de Lucio Gutiérrez, Alberto Fujimori o Alejandro Toledo lo desmienten de manera categórica. Pero estos personajes han sabido utilizar en beneficio propio una de las características de las sociedades ancestrales: la reciprocidad. Si tú les das, ellos deben darte algo a cambio, y algo que sea de valor para ti. Es una idea que el neocolonialismo disfrazado de ONGs y cooperación al desarrollo se esfuerza en destruir, porque transforma pueblos orgullosos en pueblos de mendigos, y, por lo tanto, dependientes y sumisos a los intereses occidentales, que son los que les llevan la ayuda. Cuando Fujimori pide el voto de los uros, que viven en islas de anea flotante en el lago Titicaca, llevándoles a cambio ordenadores que jamás podrán utilizar porque el punto de electricidad más próximo está a kilómetros de distancia y fuera del lago, sabe que lo van a votar, no porque lo crean o porque confíen en él, sino porque tienen que ser recíprocos para seguir siendo dignos. Pero el voto conseguido de esta manera tiene exactamente el mismo valor que el conseguido de manera reflexiva y que corresponde con una decisión meditada. Las acciones de castigo contra los que no son adictos, como las represalias contra los pobladores de San Nicolás de Zaña, a los que se les negó el alimento y se les quitó las mantas y los cobertizos porque le negaron el voto a Fujimori tras el fenómeno El Niño de 1998, van más allá de la miseria humana. De manera inmediata, tienen el efecto de castigo. A medio plazo, generan la aparición de líderes locales y de organizaciones de base que urge combatir con la acción de ONGs o, si se resisten, de sicarios. El miedo que despiertan los gobiernos de Evo Morales, Hugo Chávez, Fernando Lugo o Rafael Correa, por citar a algunos, va más allá del derivado de una ideología política o del temor a que puedan derivar en dictadura. A ningún gobierno occidental y democrático le tembló el pulso para reconocer a Pinochet, Videla, Fujimori, Alan García –hay que recordar las matanzas de los penales, y las más actuales de Bagua o Apurímac- o cualquier otro. El problema es que se les escapa de las manos la posibilidad de seguir explotando unas tierras que, desde el “descubrimiento” de 1492, se han considerado como posesión de los países europeos o sus hijos americanos. Las organizaciones de base, democráticas y representativas, aunque no sean partidistas, están confluyendo por primera vez con las democracias formales, de manera impecable de acuerdo con los observadores internacionales, y se están quedando sin argumentos para atacar a “dictadores” como Chávez mientras mantienen a “demócratas” como Uribe. El colonialismo ha dejado paso al neocolonialismo, bien en la forma más burda de las multinacionales o en la más sutil de las ONGs, sobre las que también convendría hacer un análisis y separar el grano –que lo hay, y excelente- de la paja, que, como en cualquier cosecha, es mucho más abundante y se ve muchísimo más. Contra estos sistemas están surgiendo formas más igualitarias, y, por tanto, más democráticas. Aunque no sean exactamente las formas democráticas propias de una sociedad burguesa como la europea, porque, sencillamente, en América Latina hay muy poca burguesía, ningún movimiento obrero proletario porque el proletariado es consustancial a la revolución industrial que allí no se dio, y, en pocas palabras, América no es Europa y no se pueden dar las mismas formas organizativas. Fuente

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Una ley para mantener la vida campesina
InfoporAnónimo11/9/2010

Organizaciones rurales de base consensuaron un proyecto de ley para frenar desalojos y declarar la función social de la tierra. La iniciativa cuenta con el apoyo del Ministerio de Agricultura. Será respaldada por legisladores del FpV y Nuevo Encuentro. Por Darío Aranda Frenar los desalojos campesinos y declarar la función social de la tierra son dos de los ejes del proyecto de ley impulsado por organizaciones campesinas del país que, en un hecho con pocos precedentes, se unieron para consensuar los artículos y planificar acciones directas para asegurar la aprobación de la norma. De sancionarse, será un primer gran freno al modelo de agronegocios que, con la soja como estandarte, implicó el avance de la frontera agropecuaria y provocó la expulsión de 300 mil familias campesinas e indígenas. El proyecto de ley es impulsado por la base de la pirámide del sector campesino, en los antípodas de la Mesa de Enlace, y cuenta con el apoyo de legisladores del Frente para la Victoria y Nuevo Encuentro, y el visto bueno del Ministerio de Agricultura de la Nación. “Es una iniciativa nacida de la diversidad de organizaciones, que somos quienes padecemos y enfrentamos el modelo de agronegocios. Será un freno legal a las topadoras, y vamos por más, por las tierras que nos arrebataron”, explicó Miriam Bruno, del Foro de la Agricultura Familiar (Fonaf). “Declárese la emergencia territorial por el término de cinco años en materia de posesión y propiedad de las tierras rurales que ocupan en calidad de poseedoras las comunidades campesinas y agricultores familiares”, detalla el primer artículo del proyecto de ley, consensuada –además del Fonaf– por el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI–Vía Campesina), Frente Nacional Campesino (FNC), Movimiento Campesino Liberación (MCL) y la Mesa Provincial de Organizaciones de Productores Familiares de Buenos Aires. El proyecto de ley solicita la suspensión de desalojos durante cinco años (incluso la suspensión de ejecución de sentencias y actos administrativos que persigan ese fin) e insta, en los tres primeros años, a realizar un relevamiento de posesión y uso de tierras. La autoridad de aplicación será el Ministerio de Agricultura, pero con la “participación indispensable” de las organizaciones campesinas. La fundamentación del proyecto cuestiona el actual modelo extractivo: denuncia el avance minero, petrolero y los agronegocios. Los sindica como contrarios a la vida campesina y violatorios de los derechos humanos. También innova al proponer la tierra como un bien social, y no como una mercancía en busca de rentabilidad. Propone una mirada integral de la problemática de tierra, que acabe con la inseguridad jurídica que viven las familias ancestrales y que instale una política agraria con los campesinos como actores centrales, con acceso al agua, tierra y créditos. “Entendemos la tierra como un bien social para el trabajo comunitario y la agricultura familiar, y no como renta. La tierra para reproducir la vida y preservar la diversidad, como sustento de la soberanía alimentaria, con uso sustentable de recursos naturales”, explicó el MNCI. Argentina es visto como un alumno modelo en el mercado de agronegocios mundial. En 1997 se cosecharon en el país 11 millones de toneladas de soja transgénica y se utilizaron seis millones de hectáreas. Diez años después, en 2007, la cosecha llegó a los 47 millones de toneladas, abarcando 16,6 millones de hectáreas. En la actualidad, la soja abarca 19 millones de hectáreas, la mitad de la superficie cultivada del país. Consecuencia directa, según relevamientos de las organizaciones, 300 mil familias expulsadas de sus territorios ancestrales y con destino a los barrios empobrecidos de las grandes ciudades. La investigación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), La tierra en Argentina, de Marcelo Sili y Luciana Soumoulou, resume: “Desde el punto de vista de la estructura agraria, la distribución de la tierra es sumamente inequitativa”. Y, en base a estudios oficiales, revela que el 2 por ciento de las explotaciones agropecuarias controla la mitad de la tierra del país. Mientras que el 57 por ciento de las chacras, en su mayoría campesinos y pequeños productores, cuenta sólo con el 3 por ciento de la tierra. El proyecto de ley, que comienza desde hoy a ser girado a todos los senadores y diputados, cuenta con seis artículos, extensa fundamentación y abre la puerta a un histórico reclamo de campesinos, siempre negado por grandes propietarios: revisar títulos de propiedad de dudosa procedencia y, para quienes fueron desalojados, la inmediata devolución de sus tierras. La fundamentación del proyecto de ley también refiere al “uso comunitario de las tierras recuperadas por la lucha de las organizaciones”. Miriam Bruno, del Fonaf, confirmó que las organizaciones que comienzan a articular están lejos de conformarse con las tierras que tienen, y que van por las aptas y necesarias para mantener la vida en el campo. “Tenemos diversidad de miradas entre las organizaciones, pero también los mismos enemigos, como las cuatro patronales de la Mesa de Enlace. Entonces vamos por más, por ejemplo, planes de colonización, la vuelta a los territorios de campesinos, indígenas, colonos, chacareros”, adelantó. La fundamentación destaca que los desalojos son producto, además del modelo extractivo, de la especulación inmobiliaria, empresas turísticas, la concentración y extranjerización de tierras, y la concentración económica. Recuerdan el rol del Poder Judicial como “brazo ejecutor para consolidar el modelo de agricultura sin agricultores familiares, campesinos e indígenas”, sin tener en cuenta el Código Civil, ni pactos internacionales. “El desalojo vulnera derechos humanos básicos, en convivencia con el Poder Judicial y político, terratenientes y abogados. Los Estados deben diseñar políticas para evitar estas prácticas”, exigen las organizaciones. Y recuerdan, como ejemplo de incumplimiento, la ley 26.160, de suspensión de desalojos indígenas y relevamiento catastral de territorios. Las exigencias al Estado son concretas: ordenamiento territorial, impulso concreto de la agricultura familiar, financiamiento al sector, mensuras y reforma agraria integral. Críticas a un proyecto de la FAA Las organizaciones que consensuaron el proyecto de ley no son las únicas del sector rural de Argentina, pero sí son referentes en la construcción de un modelo en los antípodas de la Mesa de Enlace. Con históricos matices en cuanto a proyectos políticos y formas de construcción, es la primera vez que acuerdan e impulsan una acción conjunta para las 200 mil familias campesinas. Algunas organizaciones adhieren plenamente al kirchnerismo, otras experimentan un acercamiento y apoyo crítico, y todas descreen del giro que intenta dar Federación Agraria. “Fueron vagón de cola de la Mesa de Enlace, de lo más retrógrado del campo, golpistas, ahora (Eduardo) Buzzi quiere hablar de desalojos y de pequeños productores. No le cree nadie, es parte del modelo sojero. Perdió hace años las banderas de la lucha del pueblo”, denunció Martín Goizueta, de la Mesa de Productores de Buenos Aires. La crítica apunta a que hoy, en el Congreso, Federación Agraria presenta un proyecto para frenar desalojos, aunque sin apoyo de las organizaciones que históricamente enfrentan topadoras y padecen el avance de la soja , en buena parte de la mano de la Mesa de Enlace. El Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) también apuntó a Federación Agraria: “A Buzzi no le importan los campesinos, incluso hay muchos casos de integrantes de FAA que desalojaron a nuestros compañeros. Son parte de las patronales del campo, socios de las transnacionales del agro”. Goizueta destacó que el proyecto de ley para frenar desalojos es resultado del “reencontrarse” de muchas organizaciones campesinas que privilegiaron el enemigo en común (“el modelo agropecuario”). Reconoció diferencias, “diversidad”, y aclaró que el desafío es lograr la articulación del sector campesino “para instalar y desarrollar un modelo rural con justicia social”. Fuente

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Veinte empresas dominan la industria agropecuaria mexicana
InfoporAnónimo7/1/2010

Desde hace tres décadas, en México se ha sometido al campo a "una devastación". Veinte empresas dominan la industria agropecuaria del país Por Susana González G. En México continúa la pérdida de autosuficiencia alimentaria: estudio de Oxfam y RedPar. Se ha reducido el presupuesto al campo y privilegiado a un pequeño grupo de productores. Con las políticas neoliberales impulsadas hace casi tres décadas, el campo mexicano ha sido sometido a una "devastación" por el dominio de una veintena de empresas agroalimentarias trasnacionales que controlan todos los aspectos de la vida agropecuaria, pero también por las políticas oficiales seguidas particularmente en los dos últimos gobiernos, denuncia una investigación de la organización internacional Oxfam y la Red Nacional de Promotoras y Asesoras Rurales (RedPar). El mercado agroalimentario de México –desde la comercialización y distribución de granos hasta la transformación industrial de productos agrícolas y la importación de alimentos– está en manos de Wal Mart, Kansas City, Cargill, Bimbo, Maseca, Bachoco, Pilgrim’s Pride, Tysson, Nestlé, Lala, Sigma, Monsanto, Archier Danield’s Midland, General Foods, Pepsico, Coca Cola, Grupo Vis, Grupo Modelo y Grupo Cuauhtémoc. Tan sólo en el caso del maíz, cuatro empresas controlar 66 por ciento de la oferta del grano, precisa el documento. México perdió la autosuficiencia alimentaria que tenía en la posguerra, desde que en 1982 se impuso el neoliberalismo y postriormente en 1994 con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el cual provocó un desplome de hasta 70 por ciento en los precios de los productos locales agropecuarios. Carencia de recursos Frente a la concentración del mercado agropecuario, 76 por ciento de las más de 4 millones de unidades de producción rural son de "pequeños agricultores de autoconsumo o subsistencia, con baja producción y productividad", otro 18 por ciento son considerados de transición, mientras que únicamente el 6 por ciento restante son de gran escala. Sin embargo, RedPar y Oxfam subrayan que no sólo los grandes corporativos trasnacionales son responsables de la devastación agropecuaria del país. "El segundo aspecto que afectó a los productores rurales lo constituyó la política oficial de los gobiernos neoliberales, pero en particular de las últimas dos gestiones, debido a que además de reducir los recursos al campo en relación con otras partidas, se practicó un subjercicio y se privilegió a un reducido grupo de productores en los recursos entregados efectivamente", indica el estudio, realizado a propósito del impacto que la crisis económica dejó en las mujeres rurales en los dos últimos años. Refiere que el Censo Agrícola, Ganadero y Forestal del año pasado precisa que sólo 4 por ciento de las unidades de producción con actividad agropecuaria y forestal cuentan con algún tipo de crédito o seguro. Asimismo destaca que en los 15 años de existencia de Procampo, sólo 10 por ciento de los 2.4 millones de beneficiarios, es decir 240 mil personas, concentraron 57 por ciento de los recursos del programa, según Fundar. El restante 43 por ciento del presupuesto fue repartido entre los 2.1 millones de beneficiarios del programa, 90 por ciento del padrón. En cuanto a las regiones, 80 por ciento de los recursos otorgados por Apoyos y Servicios a la Comercialización Agropecuaria (Aserca) se concentró en Sonora, Sinaloa y Tamaulipas. Los pequeños y medianos productores han quedado a merced de los bajos precios y la carencia de recursos para sembrar, por lo que han orientando su producción hacia el autoconsumo o bien abandonan su tierra y la dan a sembrar para emigrar, advierten Oxfam y RedPar. Fuente

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Carta abierta a Grobocopatel: soja sí o soja no
InfoporAnónimo8/11/2010

Por Mempo Giardinelli Estimado Gustavo, Ante todo, gracias por enviarme la nota que publicaste en Clarín el 5 de agosto; no la había leído porque soy lector habitual de La Nación y Página/12. Otra aclaración: no integro el colectivo Carta Abierta y el título de esta nota responde a un estilo de artículos que escribo desde hace años. Lo hago ahora porque siento respeto por tu inteligencia y guardo hacia vos una simpatía personal basada en el hecho de que hace años cantábamos con la misma, querida maestra, y en el común origen de nuestras familias, pues mi madre era de Carlos Casares, donde yo pasé muchos veranos en mi infancia. Siento, por ello, una cercanía de la que hablamos la última, en el Ministerio de Educación, y que ahora me autoriza, dado tu envío, a discutir algunos conceptos de tu nota. No soy experto en soja, ni en agro ni en nada. Declaro mi ignorancia de antemano, y acepto que vos sí sos un experto. Pero también un dirigente con fuertes intereses, que te hacen mirar las cosas desde un ángulo que también respeto, pero al que cuestiono por todo lo que, sin ser experto, puedo ver con mis ojos y con el corazón. Las oportunidades económicas que mencionás en tu artículo podrían ser incluso compartibles, pero si muchos decimos que la soja es mala para la Argentina es porque vemos los daños que ha producido y produce: bosques arrasados; fauna y flora originarias destruidas; quemazones irresponsables de maderas preciosas; plantaciones desarrolladas a fuerza de glifosatos, round-up y otras marcas que parecen de Coca-Cola pero venenosa. Yo recorro el Chaco permanentemente y viajo por los caminos de las provincias del NEA y el NOA: Santiago del Estero, Santa Fe, Corrientes, Formosa, Misiones, Salta, Jujuy, y veo los “daños colaterales”, digamos, que produce la soja: agricultura sin campesinos; cada vez menos vacas en los campos; una industrialización completamente desalmada (eso digo: sin alma) y el incesante, inocultable daño a nuestras aguas. Esto no es una denuncia más, Gustavo, y no es infundada: la modesta fundación que presido ayuda a algunas escuelitas del Impenetrable y en una de ellas hice tomar muestras del agua de pozo que bebe una treintena de chicos. El análisis, realizado por trabajadores de la empresa provincial del agua, mostró que el arsénico es 70 veces superior a lo humanamente admisible. Siete y cero, Gustavo, 70 veces. Lo traen las napas subterráneas de los campos sojeros de alrededor. Hace veinte años esa agua era pura. Como no sé quién es el exacto responsable de este horror, entonces digo que es la soja. Porque en los viejos campos de algodón, tabaco, girasol o trigo que había en el Chaco trabajaban familias enteras para cultivar cada hectárea. Pero ahora un solo tractorista puede con 300 o 400 hectáreas de campo sojero y eso se traduce en la desocupación a mansalva y el amontonamiento de nuevos indigentes en las periferias de las ciudades de provincia. A esto lo ve cualquiera en las afueras de Resistencia, Santa Fe, Rosario y muchas ciudades más. Aun admitiendo por un momento que quizás no sea la soja específicamente la responsable, hay una agricultura industrial –tu artículo elogia su presente y sus posibilidades– que es la que está cometiendo otros crímenes ambientales. Ahí está, como ejemplo, la represa que intereses arroceros –al parecer dirigidos por un tal Sr. Aranda, del Grupo Clarín– están haciendo o queriendo hacer en el Arroyo Ayuí, en Corrientes. Esa represa va a cubrir unas 14.000 hectáreas de bosques naturales, va a tapar uno de los ríos más hermosos del país con un ecosistema hasta ahora virgen, y, lo peor, va a contaminar todo el acuífero de los Esteros del Iberá con pesticidas y químicos para producir arroz, soja o lo que China necesite. ¿Se entiende este punto de vista, Gustavo? Yo entiendo el tuyo y comparto que nuestro país “necesita una estrategia de desarrollo con una visión de largo plazo” dado que estamos frente a una extraordinaria oportunidad. De acuerdo en eso. Pero no a cualquier precio. No si nos va a dejar un país ambientalmente arrasado. Nos vamos a quedar sin pampa, sin sabanas donde pacer el ganado, sin el agua potable que es el tesoro mayor que tiene el subsuelo argentino y que ya, también, destruye una minería descontrolada. Tu nota subraya “la oportunidad que tenemos”, pero ¿qué desarrollo y qué sustentabilidad tendrán las futuras generaciones de argentinos sobre un territorio desertificado en enormes extensiones, un subsuelo glifosatizado y con las aguas contaminadas con cianuro, arsénico y una larga lista de químicos letales que ya es pública y –sobre todo– notoria? Tampoco es cierto que “los beneficios están presentes en el conjunto de la sociedad”, porque si así fuera y con las gigantescas facturaciones sojeras no tendríamos las desigualdades que tenemos. Que no son sola culpa del Gobierno, la corrupción o los políticos. Son el resultado de una voracidad rural que a estas alturas está siendo, por lo menos, obscena. Como bien decís, el desacuerdo no puede reducirse a soja sí o soja no. Eso sería, en efecto, “empequeñecer el horizonte”. Pero entonces gente sensible como vos –y me consta tu sensibilidad y creo que no pertenecés a la clase de neoempresarios argentinos que no ven más allá de su cuenta bancaria y son incapaces de tener más ideas que las que les dictan los economistas que les sacan la plata– gente como vos, digo, debería hacer docencia para que tengamos, si ello es posible, grandes producciones de soja pero no a cualquier precio. Soja sí, entonces, pero no si se descuidan el medio ambiente y el agua. No sin desarrollar alternativas verdaderas para los miles de campesinos que han sido y están siendo expulsados de sus tierras de modos brutales o sutiles. No si los sojeros siguen eludiendo impuestos y negreando a sus empleados. No si las grandes empresas semilleras o herbicidas siguen comprando medios y periodistas para que mientan a cambio de publicidad. No todo es soja sí o soja no, de acuerdo. Pero tampoco la declaración de idealismo e inocencia que se lee en tu artículo. Si querés lo seguimos discutiendo. Vos sos un experto. Yo apenas un intelectual. Capaz que enhebramos buenas ideas para el país que amamos. Un cordial saludo. Fuente

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Software libre "SinCapataz"
Software libre "SinCapataz"
InfoporAnónimo12/2/2009

Por un modelo de producción no corporativo Raquel Schrott y Ezequiel Miodownik - Agencia de Noticias Biodiversidadla "El colectivo "SinCapataz" desarrolla software libre y sistemas computacionales tejiendo relaciones humanas no corporativas mediante los principios del comercio justo, utilizando el conocimiento y las herramientas tecnológicas para garantizar la autonomía, propia y de quienes trabajen con ellos, respecto de las soluciones privativas comerciales." Dos jóvenes estudiantes de Ingeniería en Sistemas de la ciudad argentina de Tandil, decidieron combinar un día su militancia por el cambio social y la libertad del conocimiento con la necesidad de tener una fuente laboral. Juntos armaron un colectivo de trabajo informático que, con sólo tres meses de vida, ya pudo realizar su primera labor con éxito. ¿A quién ofrecer el servicio?, ¿qué hay detrás de todo eso?, ¿qué construcción?, ¿ayudaría a alguien? «SinCapataz», tal es el nombre del proyecto que idearon Aníbal Antonelli y Manuel Alonso, fruto de la búsqueda inicial de respuestas a esas preguntas. El colectivo desarrolla software libre y sistemas computacionales tejiendo relaciones humanas no corporativas mediante los principios del comercio justo, utilizando el conocimiento y las herramientas tecnológicas para garantizar la autonomía, propia y de quienes trabajen con ellos, respecto de las soluciones privativas comerciales. ¿Conocimiento para quién?, ¿cómo difundirlo?, ¿cómo distribuirlo?, ¿cómo producirlo?, se fueron preguntando. «Vemos necesario que exista transparencia en la forma de producir software», cuentan desde el sitio Web que tiene Sin Capataz . Antonelli y Alonso intentan que quienes soliciten su trabajo «sean conscientes de que, con su apoyo, aportan al crecimiento de un modelo de producción, en el que existe equidad en términos de esfuerzos y beneficios». Estos aportes, afirman, se obtienen mediante lazos fuertes de confianza, comunicación constante, respeto y entendimiento. «Sabemos que las computadoras se pueden usar para un montón de cosas hoy en día y lo que tratamos justamente es que más gente pueda acceder a la tecnología, pueda acceder a ese conocimiento que nosotros estamos produciendo en la universidad y que queda medio encerrado», explica Manuel Alonso sobre la finalidad que los motiva. «Nos están enseñando eso, a encerrarlo, enfrascarlo, a hacerlo complicado. Hacer accesible la tecnología que existe hoy en día, desarrollarla, adaptarla, es lo que nos permite el software libre para que más gente pueda aprovechar eso», señala. ¿Cómo surge el colectivo de trabajo informático «SinCapataz»? Aníbal.―Es algo muy nuevito que surge por una mirada crítica de lo que es el software privativo, que es el software que venden las empresas como herramienta de acumulación. Nosotros somos de Tandil y acá hay un polo informático: son un montón de empresas con un convenio con la universidad; uno está en los últimos años en la universidad y ya es muy fácil que entre en una empresa y empiece a trabajar como pasante, con todo lo que eso implica, porque si entrás como pasante entrás a un régimen de explotación accesible para las empresas. Entonces, de la experiencia personal de pasar por un par de empresas y ver esos mecanismos de explotación, que no eran algo particular de las personas, sino que es algo más sistémico, fue intentar armar algo con otras lógicas. Manuel.―Estamos trabajando hace pocos meses, unos dos meses, tres como mucho, pero la verdad que trabajando. La idea se viene gestando hace un tiempo. Se dieron un montón de cosas, necesitábamos trabajar, no queríamos trabajar en empresas, queríamos trabajar en esto del software libre. Hace como tres meses que empezamos a ponernos de acuerdo, a charlar un montón de cosas, a tratar de producir y escribir un par de textos como para definirnos e identificarnos de a poquito. ¿Quiénes integran el colectivo de trabajo? Aníbal.―Nosotros, lo que buscamos, es que esto crezca. Es algo que recién empieza y por ahora somos dos personas, hay muchas personas bastante interesadas, viendo cómo avanza, y hay muchos cumpas que están cercanos. Lo concreto y lo real es que necesitamos laburar y encontrar organizaciones con las cuales laburar. Hace poquito terminamos nuestro primer laburo, muy contentos, con una organización de Neuquén que se llama 8300[2], un portal de noticias; por ahí se nos generan algunas contradicciones de si es laburo, si es militancia o si es una mezcla entre las dos cosas, ¿cuánto cobrar? Hay organizaciones a las cuales por ahí les cuesta mucho conseguir recursos y quedamos que ponían un banner de publicidad. Vemos que es algo que no puede quedar solo así, que tiene que crecer. ¿Esto tiene que ver con relaciones de solidaridad, de generar lazos de comercio justo con la gente que se acerque a pedir los servicios que brindan? Aníbal.―Sí, justamente. El mail se lo enviamos a muchas organizaciones, no solamente en Argentina: por ejemplo, sindicatos, empresas recuperadas, medios de comunicación; o sea, nosotros creemos que el software tiene que ser utilizado como una herramienta, el software libre como una herramienta para el cambio social, porque justamente permite eso, respeta la autonomía de las organizaciones, permite modificar, adaptar software en base a esas necesidades; es accesible porque le puede dar laburo a muchísimas personas sin necesidad de que pertenezcan a una organización gigante que maneje patentes y un montón de cosas; en base a esto, se pueden generar lazos de comercio justo, porque están las personas ahí, están las relaciones humanas y no son relaciones corporativas. Es algo que recién está naciendo, pero buscamos conocer gente que esté en esto del comercio justo, intercambiar experiencias. Fui a un festival de cultura libre y en una de las charlas de una cooperativa de software libre, que es Gcoop[3], ellos comentaban que tienen un mecanismo para utilizar otra moneda diferente, otra moneda de cambio, donde no haya escasez; que eso se estaba organizando a través de un software que es libre también. No pude hablar mucho con ellos, pero ahora es cuestión de llegar, investigar y empezar a ver si también eso puede ser una opción. Manuel.―El tema del software libre, que es un movimiento a nivel mundial al que también estamos aportando, viene creciendo a pasos agigantados, porque, como dijo Aníbal, entendemos que es una corriente liberadora, alternativa, que nos permite independizarnos, ser autónomos, nosotros como desarrolladores, para nuestros clientes, las organizaciones con las que trabajemos. El software libre en el estado, el software libre en la educación, el software libre como modelo de software para terminar con su opositor: el software privativo, que lo único que tiende es a cerrar, a ocultar, a encerrar el conocimiento, a no compartir, a que unos pocos acumulen plata con un programa que hicieron una vez hace mucho tiempo; ahora nos vienen a hacer dependientes de eso. Ustedes como desarrolladores, ¿cuál es el trabajo que realizan especialmente? Aníbal.―Nosotros somos estudiantes avanzados de la carrera de Ingeniería en Sistemas, y lo que nos enseñan es a desarrollar software en base a modelos arquitectónicos, que sería como el laburo que hace un arquitecto para construir una casa; a nosotros nos enseñan a construir software que esté bien documentado, que sea eficiente a nivel arquitectónico, todo eso. Lo que nos enseñan en la facultad es todo en base a herramientas privativas y bien orientado al mercado. Muchas veces, por nuestra cuenta, empezamos a usar software libre y a ver herramientas para el desarrollo. En este momento todo el laburo que estamos haciendo es con software libre, haciendo software y usando herramientas libres, o sea, todo lo que son el manejo de herramientas web, servidores web y todo eso; usamos PHP, Apache, que es un montón de sofware que es libre, que está muy avanzado, es muy estable y utilizamos eso. Cuando pensaron en crear SinCapataz, ¿se inspiraron en alguna experiencia o idea en particular? Manuel.―Del comercio justo ya habíamos oído bastante, consumido algunos productos y relacionado con algunas organizaciones, pero también conocíamos la experiencia de muchas fábricas recuperadas, pero eso tampoco era nuestro caso, no teníamos nada que recuperar, teníamos que crear algo nuevo. Por el lado del software, surgió la primera cooperativa de software libre que nombraba Aníbal, Gcoop, y ahora están surgiendo otras, eso también nos inspiró. Con el tema del software libre cuesta madurar el concepto y pensar: «Pero bueno, ¿voy a poder vivir de esto?, ¿voy a poder trabajar todos los días y comer de alguna forma? Día a día se está demostrando que se puede, que se puede crear; obviamente, nuestra experiencia de militancia también nos inspiró mucho en la forma de organizarnos, la forma de comunicarnos. SinCapataz es un nombre bastante fuerte que marca una forma de organización no jerárquica, ¿cómo ha impactado en la gente a la que le han compartido el trabajo que quieren llevar adelante? Aníbal.―Por ahora, ha gustado mucho el nombre a algunas personas cercanas que nos han dicho: «¡Uh!, que zarpados, está buenísimo». Se le ocurrió «al pira» (Manuel, el pirata), yo al principio dudé un poco, por esto de que es re-chocante, porque es como decir: «Nosotros queremos esto, listo, se acabó, esto no va a estar». A mí, por ahí, lo que me preocupaba era no tener una discusión cerrada, no tener tan claro o no saber cómo vamos a manejar lo que es marketing, o sea, nosotros necesitamos laburar; yo decía: «Bueno, esto va a chocar a alguien recorriendo Tandil, repartiendo volantes, les damos y les decimos: "Mirá, estamos haciendo software, esto es así, SinCapataz"». Por ahí piensan: «¡Uh!, sin capataz, estos son re-anarquistas». Por ese lado la pensé un poquito, pero ya está, esto es parte de lo que creemos y lo que somos. ¿Aspiran a que esta filosofía del software libre sea comprendida también por la gente que se acerque a trabajar con Sin Capataz? Manuel.―Sería lo ideal que la gente que trabaje con nosotros pueda entender por qué es mejor el software libre, no solo porque le va a ser más barato, sino también porque responde a otras lógicas. Nosotros lo que tratamos de hacer, tanto para la gente con la que trabajemos o para la gente se sume, es una militancia, un trabajo de formación, de discusión, de por qué trabajar con software libre, por qué con estas lógicas de comercio justo. Estamos organizando un taller para participar en Neuquén con esta gente de la cooperativa 8300 y otras organizaciones más que también se interesan por esta cuestión del software libre; justamente, lo que vamos a hacer es un taller de formación donde vamos a aprender sobre el software libre y la cultura libre. Esto comenzó con el software, pero después se extendió a la cultura; nos vamos a dar debates como los derechos de autor, propiedad intelectual y conocimiento, ¿conocimiento para quién?, ¿conocimiento cómo?, ¿cómo difundirlo, cómo distribuirlo, cómo producirlo? Son discusiones bastante complejas, pero que nos tenemos que empezar a dar. Es otra batalla más la del conocimiento y la información, y hoy en día es bastante importante. ¿Hay algo que les gustaría agregar o destacar? Aníbal.―Creo que lo más importante, lo que vemos y a lo que tenemos que apuntar es a esto, a que sea una opción, que crezca y empezar a laburar en base a las necesidades que hay. Yo pienso constantemente en esto, en organizaciones, porque creo que son las que tienen un rol fundamental dentro de lo que es el campo popular y en la búsqueda de un cambio. Manuel.―Tomar el tema del comercio justo, que es una idea que yo no tenía muy clara; aprendí bastante con esto. Es no comprarle ni venderle tampoco a cualquiera, a cualquier precio, sino charlar, trabajar en eso; a quién le estoy comprando, a quién le estoy vendiendo, qué hay detrás de todo eso, qué construcciones, a quién estoy ayudando. Comercio justo, tampoco cobrando una locura. Nosotros tratamos de cobrar lo que necesitamos para vivir y que también el que está del otro lado, el «cliente», esta palabra cliente me la inculcan en la facultad, pueda tener un software que lo va a ayudar, sean organizaciones, para difundir sus actividades, para comunicarse internamente, organizarse mejor, comunicarse hacia afuera; o en el caso de algún emprendimiento, para mejorar un poco la producción, la organización, gestión, facturación. Fuente SinCapataz

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En vez de votos, botas
InfoporAnónimo6/29/2010

Por Mario Rapoport * El 28 junio de 1966, un golpe militar, con la anuencia de sectores civiles, políticos y sindicales y una fuerte campaña previa de los medios de información –como la que soportaron Yrigoyen en 1930 y Perón en 1945 con resultados distintos–, depuso al presidente radical Arturo Illia. Las Fuerzas Armadas abandonaban así el rol tutelar que venían ejerciendo desde la caída de Perón, en 1955, sobre gobiernos emergentes de un régimen deslegitimado por la proscripción del peronismo. Al igual que en golpes anteriores, la desestabilización empezó mucho antes y los medios de la época tuvieron mucho que ver en ello, en especial los periodistas Mariano Grondona, Bernardo Neustadt y Mariano Montemayor, como señala Miguel Angel Taroncher en su libro sobre la caída de Illia. Esos periodistas contribuyeron “como parte integrante del poder mediático, a la campaña de prensa sobre la base de coincidentes mensajes críticos contra el gobierno” radical. A través de ellos jugaban sofisticadas revistas de opinión un rol que en golpes anteriores habían desempeñado periódicos de lectura masiva. Las principales instituciones empresarias, por su parte, estaban también disconformes con lo que consideraban una excesiva intervención del Estado en la economía. Un documento inédito de la UIA hablaba de “la burocratización total de la vida económica [...] que conduce gradual pero persistentemente a la absorción de la empresa privada por el Estado [...]”. La misma “toma varias formas pero, para las actividades más importantes, casi siempre se resuelve en la obligada transferencia de la propiedad del empresario privado al Estado”. Estos conceptos parecían dejar traslucir que el gobierno de Illia era una antesala del de Fidel Castro. (Ponencia de la UIA para la XXII Asamblea de Aciel a realizarse del 4 al 6 de junio de 1966.) Mariano Grondona, gestor del golpe en numerosos artículos, señalaba dos días después de haberse producido, las razones del mismo: “Arturo Illia no [había comprendido] el hondo fenómeno que acompañaba a su encumbramiento: que las Fuerzas Armadas, dándole el Gobierno, retenían el poder. El poder seguía allí, en torno de un hombre solitario y silencioso [el general Onganía]. [...]. Siempre ha ocurrido así: con el poder de Urquiza o de Roca, de Justo o de Perón. Alguien, por alguna razón que escapa a los observadores, queda a cargo del destino nacional. Y hasta que el sistema político no se reconcilia con esa primacía, no encuentra sosiego”. El gobierno había cometido el error de creer que gobernaba cuando en realidad los votos de la elección de Illia seguían siendo botas. Pero la incógnita principal fue el rol que Estados Unidos jugó en el golpe. Dos años antes, en 1964, el gobierno de Washington había tenido una influencia decisiva en la caída del presidente brasileño Joao Goulart, a quien consideraban un “extremista”. Existe la transcripción de un diálogo entre el presidente Johnson y el secretario de Estado adjunto para Asuntos Interamericanos Thomas Mann, el viernes 3 de abril de 1964, tres días después de ese golpe. “Mann: Espero que Ud. esté tan feliz respecto al Brasil como lo estoy yo. LBJ: Lo estoy. Mann: Pienso que es lo más importante que ocurrió en el hemisferio en tres años” (tapes de la Casa Blanca, 1963-1964). En cambio, no surge de los documentos secretos que el Departamento de Estado hubiera intervenido directamente en la caída del primer mandatario argentino –en verdad no lo necesitaba–, pero estaba perfectamente informado de la existencia de sectores militares y civiles opuestos a los lineamientos programáticos de Illia y en procura de una oportunidad para provocar una “intervención” militar desde muy temprano, incluso desde antes de su asunción, en octubre de 1963. La carrera de Illia hacia los comicios de julio de 1963 se había desarrollado en un clima político interno signado por la proscripción del peronismo y de su líder, por lo que la UCR del Pueblo obtuvo la primera minoría y la nominación de su candidato en el Colegio Electoral con apenas el 25 por ciento de los votos. Este hecho cuestionaba la legitimidad de la victoria electoral; una “marca de origen” que constituiría el “caballito de batalla” permanente de la oposición política y, especialmente, de los sectores internos y externos que ya desde el inicio de la nueva administración comenzaron a tejer la trama conspirativa. El nuevo presidente accedería a la Casa Rosada con una minoría parlamentaria, hostilizado por la sistemática oposición de la dirigencia sindical y patronal y conviviendo con contradictorias tendencias conservadoras y populistas dentro del propio radicalismo. Las políticas desplegadas, sin agitar demasiado las aguas, rescataban lineamientos básicos heredados de la intransigencia radical y del primer peronismo, con un trasfondo internacional marcado por propuestas económicas nacionalistas en boga en muchos países del Tercer Mundo. Esas orientaciones se manifestaron a través de cierta resistencia a las imposiciones del FMI, la concepción de un Estado inclinado al control y la planificación de la economía –como en caso de los productos farmacéuticos–, así como a la atención prioritaria al mercado interno. Se tomó también la decisión de denunciar y anular los contratos petroleros firmados por el presidente Frondizi. Por supuesto, los servicios de inteligencia norteamericanos estaban bien informados sobre los planteos golpistas y sus principales protagonistas. Así lo testimonia un cable de la CIA al presidente norteamericano Lyndon Johnson, que se encuentra en los archivos de su presidencia, localizados en Austin, Texas. Allí se daba cuenta de la decisión de los altos mandos militares argentinos de promover el golpe para el mes de julio, aunque la acción podía adelantarse si la “crisis económica” se acentuaba. El informe reseñaba la “responsabilidad” y “seriedad” de los objetivos del futuro gobierno militar y enumeraba entre los involucrados a los generales Juan Carlos Onganía, Julio Alsogaray, Alejandro Lanusse y Osiris Villegas (CIA, 2/6/66, Country Files, Argentine Memos, Vol. II, Box 6). Finalmente, el levantamiento militar tuvo lugar el 28 de junio y el gobierno surgido de la decisión golpista se autodenominó “Revolución Argentina”. El “caudillo” soñado por Grondona fue nombrado presidente con el objetivo primordial de mantenerse mucho tiempo en el poder: “un dictador es un funcionario para tiempos difíciles”, afirmaba el inefable periodista. El nuevo régimen pretendía imponer un proyecto de largo alcance, dotando al Estado de una organización tecno-burocrática, que Guillermo O’Donnell denominó “Estado Burocrático Autoritario”, capaz de poner fin a las pujas intersectoriales y políticas locales en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional, que privilegiaba el accionar en el orden interno por parte de las Fuerzas Armadas contra los peligros del “extremismo” y la “disociación social”. Pero los tiempos económicos, sociales y políticos que proponía no pudieron llevarse a cabo. A través del Cordobazo la sociedad puso fin a esa forma criolla de “pseudomonarquía”. Grondona debió postergar por un tiempo sus sueños “caudillescos”, las Fuerzas Armadas se retiraron después de dos intentos frustrados de continuar en el mando y Perón volvió finalmente a la Argentina. Se abría una etapa vertiginosa cuyo desenlace dio paso al período más doloroso de nuestra historia, que comienza en 1976. El golpe militar que lo precedió diez años antes fue, sin duda, un primer ensayo. Economista e historiador. Investigador superior del Conicet. Fuente

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El consenso del "Grupo Clarín"
InfoporAnónimo1/15/2010

Es desesperante perder el tiempo y desperdiciar oportunidades Fernando Buen Abad Domínguez - Rebelión/Universidad de la Filosofía Problemas de seguridad nacional, regional y continental Puede ser costosísimo el vicio tozudo, de no pocos, que insisten en reducir las ofensivas golpistas del “Grupo Clarín”(1) a un asunto sólo de argentinos y sólo en Argentina. Aunque ya muchos investigadores y muchos luchadores por la democratización de los mass media se han desgañitado en denuncias y diagnósticos de todo tipo; aunque es obscena y peligrosísima la alianza mafiosa de los monopolios trasnacionales contra toda iniciativa democrática latinoamericana... aunque se ha gritado a los cuatro vientos el plan desestabilizador de “Clarín”, y sus redes, ayudado por los monopolios mediáticos burgueses de toda América Latina... quedan aun muchas limitaciones y confusiones que pueden volverse muy amargas si dejamos que reine el sectarismo, el chauvinismo y “europeismo” de muchos. Es desesperante perder el tiempo y desperdiciar oportunidades. Hay que abrazar con decisión y coraje el ejemplo del pueblo venezolano para profundizar, desde él y con él, una lucha unificada y continental que sepa derrotar las ambiciones magnicidas y golpistas emblematizadas por los monopolios mediáticos de las oligarquías. Nunca será suficiente que instamos a toda hora. Hay que impulsar la unidad de nuestras fuerzas comunicacionales revolucionarias ahí donde exista un espacio, así sea “pequeño”, ahí donde se fermenta un poder de expresión emancipada, ahí donde brillan las luces de la conciencia nueva que se niega a seguir siendo victimada por las maquinarias de la mentira burguesa. No con proclamas epidérmicas ni con desplantes mesiánicos. Necesitamos acción comunicacional directa y organizada desde un frente único latinoamericano contra la ofensiva del imperio que se arma también con armas de guerra ideológica. Como “Clarín”, por ejemplo. Contamos con miles de trabajadores, con miles de estudiantes, con miles de obreros y campesinos... pero no contamos con un programa de lucha unificada que nos ponga en sintonía y nos potencie la fuerza comunicacional que requerimos a estas horas. Contamos con herencias teóricas, contamos con diagnósticos impecables, contamos con algunas herramientas... y no contamos con un acuerdo político y cultural que nos comprometa a trabajar con líneas consensuadas para el trabajo minucioso de la batalla cotidiana. Contamos con voluntades extraordinarias, contamos con talentos ejemplares, contamos con la creatividad de miles que han forjado sus luchas particulares en la fragua de la revolución... pero no contamos con un espacio democrático de unidad que permita sumar y multiplicar nuestras fuerzas en la medida en que vienen haciéndonos falta para librar y ganar el combate simbólico para la emancipación. Contamos con un potencial magnífico pero estamos desorganizados. El “Grupo Clarín” se desmoronaría en horas si fuésemos capaces de levantar un clamor continental que evidenciara sus ofensivas imperialistas ante los ojos de todos los pueblos. Si fuésemos capaces de sumar y sumar fuerzas críticas en oleadas sistemáticas de información verdadera... a todas horas y en todas partes. Si fuésemos capaces de impulsar el análisis y el debate rumbo a la expropiación de los instrumentos de comunicación, rumbo a un referéndum continental sobre los nuevos rumbos de la información emancipadora... rumbo a un nuevo orden socialista y mundial de la comunicación. El “Grupo Clarín” y sus siervos lenguaraces serían derrotados, en horas, si fuésemos capaces de repetir el ejemplo del pueblo venezolano que revirtió el golpe de estado de las oligarquías y que resiste heroicamente las amenazas magnicidas más monstruosas. Caerían derrotados los monopolios capitalistas de la comunicación genocida si fuésemos capaces de organizar y sostener un movimiento continental emancipatorio que ponga todas las herramientas de la comunicación al servicio de las luchas revolucionarias de nuestros pueblos. Pero estamos desorganizados. Podemos ser víctimas sempiternas de nuestros propios vicios sectarios y de nuestras manías auto-proclamatorias. Podemos ser víctimas eternas de nuestras ineficiencias y nuestras vanidades. Podemos ser esclavos mansos acurrucados en el individualismo y la tozudez de nuestros peores métodos burocráticos. Esas han sido nuestras derrotas más longevas. Por eso los monopolios mediáticos de las oligarquías operan con toda libertad de empresa e impunidad alienante. A esta hora es necesaria una autocrítica dinámica y eficiente que nos ponga de inmediato a organizar un Frente Único, una batalla de las ideas revolucionarias en contra de la ofensiva criminal que tiene alas oligarquías mass media por ariete de muerte. Los tenemos a la vista, están ahí con sus Micheletti y sus bases militares en Colombia, por ejemplo. Los tenemos todos los días en los expendios de diarios, en los altoparlantes de sus radiodifusoras y en las pantallas de la tele. La náusea misma. Si a estas horas, por ejemplo, una red de redes en comunicación revolucionaria y continental ya estuviera trabajando, minuto a minuto, haciendo visible la ofensiva burguesa del “Grupo Clarín” –y de sus cómplices- para darnos alternativas organizadoras de pensamiento y acción emancipadores. Si fuese posible que, de sur a norte y de norte a sur, una ola de repudio continental recorriera nuestras cabezas y nuestras vidas, si fuese posible hacer sentir con toda su potencia el clamor del malestar que habita en los pueblos y eso nos diera riqueza simbólica contra todo escepticismo y toda depresión. Si fuese posible acelerar y multiplicar el tránsito del fantasma que recorre al mundo... la hegemonía de los fascismos mediáticos duraría nada. Hora de organizarnos. ¿Probamos? Por una Corriente Internacional de la Comunicación hacia el Socialismo. Notas 1.- http://www.grupoclarin.com/ Fuente

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Elementos para una teoría de la racionalidad ecológica
Elementos para una teoría de la racionalidad ecológica
InfoporAnónimo1/30/2009

Registrate y eliminá la publicidad! Es largo, pero vale la pena leerlo. Resumen de la conferencia de Jorge Riechmann: Elementos para una teoría de la racionalidad ecológica En su libro En paz con el planeta, el biólogo estadounidense Barry Commoner señala que los seres humanos vivimos en dos mundos: un mundo natural llamado bioesfera o ecoesfera, moldeado por los procesos geológicos, químicos y biológicos que ha experimentado la Tierra en sus cinco mil millones de años de historia; y un mundo cultural que podemos denominar tecnoesfera y que estaría formado por los distintos sistemas y dispositivos socioeconómicos que ha ideado el hombre, desde los asentamientos rurales a las grandes metrópolis, desde los campos de cultivo al ciberespacio, desde las instalaciones fabriles a las redes de transportes... Durante la mayor parte de la historia de la Humanidad, la tecnoesfera ha tenido una dimensión muy pequeña, pero en los últimos siglos ha crecido de forma exponencial y ahora se puede decir que está "sobredimensionada". Algo que, a juicio de Jorge Riechmann, profesor titular de filosofía moral en la Universidad de Barcelona, supone un peligro para la frágil sostenibilidad del planeta, pues ha propiciado que éste comience a estar "ecológicamente saturado" y que ahora vivamos "bajo constricciones ecológicas globales". En un medio ambiente finito como el nuestro, un crecimiento indefinido es inviable y conduce al colapso. Esto es obvio, pero según Jorge Riechmann, el pensamiento ecológico tiene que insistir en esta obviedad porque vivimos en una sociedad en la que todo está construido como si ese crecimiento indefinido sí fuera posible y se potencia un sobreconsumo de territorio, energía, materiales y agua. En gran medida esto ocurre porque, como dice el teórico de sistemas Ervin Laszlo, siguen estando vigentes prácticas y modalidades de pensamiento concebidas en y para un contexto muy diferente al actual. "Para vivir en el tercer milenio", asegura Laszlo, "no será suficiente con un incremento de la racionalidad actual. Necesitaremos nuevas modalidades de pensamiento y nuevas maneras de percibir e imaginarnos a nosotros mismos, a los demás, a la naturaleza y al mundo que nos rodea”. Hace falta, por tanto, una nueva racionalidad que se adecue a los desafíos y exigencias del presente. Esa racionalidad es, según Jorge Riechmann, la racionalidad ecológica que "tiene realmente en cuenta cómo está estructurado el mundo en el que vivimos". En este punto de su intervención, Riechmann, autor de libros de poesía como Cántico de la erosión, Desandar lo andado o Conversaciones entre alquimistas, y de ensayos como Biomímesis o Un mundo vulnerable, explicó que a partir de distintos conjuntos de intereses y valores se pueden construir diferentes racionalidades, hasta el punto de que, como advertía David Hume en su libro Tratado sobre la naturaleza humana, "puede resultar racional preferir la destrucción del universo a sufrir un rasguño en la mano". "De algún modo", aseguró Riechmann, "ese tipo de racionalidad es la que presupone y, en gran medida, fomenta el mercado capitalista". En su propuesta de construcción de una teoría de la racionalidad ecológica, Jorge Riechmann toma como punto de partida el trabajo que en torno a la axiología (reflexión sobre los valores) ha realizado el filósofo navarro Javier Echeverría. El autor de Los Señores del Aire: Telépolis y el Tercer Entorno (obra con la que Echeverría obtuvo el Premio Nacional de Ensayo en el año 2000), concibe los valores como funciones que aplican agentes a la hora de discernir qué es lo bueno y qué es lo malo para ellos. Javier Echeverría parte de una concepción no antropocéntrica del valor y considera que en el mundo animal hay valores naturales que son anteriores a los valores específicamente humanos (los valores morales, religiosos, estéticos, militares...). "Cada acción voluntaria de un animal", sostiene en su libro Ciencia del bien y del mal, "es un juicio de valor, incluida la acción de invernar/hibernar o dormir". En este libro, Echeverría defiende una concepción plural de la racionalidad, planteando que no hay una sola racionalidad sino muchas1, ligadas cada una de ellas a distintos sistemas de valores. Por ejemplo, se puede hablar de una racionalidad militar que pone los valores e intereses bélicos por encima de todos los demás valores. Echeverría tiene una visión plural de la racionalidad, pero no relativista pues, a su juicio, "unas formas de racionalidad son mejores que otras", hay una jerarquía de racionalidades. Pero, ¿qué es lo que nos permitiría afirmar que un tipo de racionalidad es mejor que otra?, o siendo más concreto, ¿cómo podemos argumentar que los valores ecológicos deben estar por encima de los valores económicos y tecnocientíficos? Quizás esto no se puede hacer en términos absolutos, pero sí en términos contextuales, es decir, teniendo en cuenta el contexto desde el que se formula la pregunta, en nuestro caso un "mundo lleno", "un mundo ecológicamente saturado". Ya hace más de dos décadas que el economista y sociólogo estadounidense Herbert Alexander Simon desarrolló la noción de racionalidad acotada, según la cual lo importante no es la maximización de valores (como sugiere la racionalidad economicista y mecanicista), sino la satisfacción de los mismos. A juicio de Simon, existen unas cotas mínimas y máximas de satisfacción del valor: si se superan estas últimas, el valor se convierte en contravalor, el placer en displacer, lo bueno en malo (porque, como se suele decir coloquialmente, nunca hay que pasarse: ni por defecto, ni por exceso). Esta idea de que todo tiene un límite (incluso la razón) no sólo es habitual en mitos y narraciones de culturas tradicionales, sino que también está presente, de forma más o menos explícita, en la mayor parte de las prácticas reales que se llevan a cabo en ámbitos tan diversos como la política, la acción social, la vida jurídica o la ecología. Y, por supuesto, en reflexiones que hacen numerosos creadores, como el escultor vasco Eduardo Chillida que aseguró en una entrevista que un día se dio cuenta "de que el poder de la razón estaba en la capacidad de hacernos comprender sus propias limitaciones". Sin embargo, la organización de nuestra sociedad sigue dependiendo de una racionalidad productivista/maximizadora que parece ignorar la noción de límite y que, como comentó Marta Soler en la presentación de la conferencia de Jorge Riechmann, nos ha embarcado en un proceso de destrucción ecológica que ha alcanzado ya tal magnitud que sólo se podrá frenar si se toman medidas urgentes y contundentes. Y para ello hace falta un cambio de mentalidad (de valores), que asumamos -tanto a nivel individual como colectivo- que la naturaleza no está a nuestro servicio (no es de nuestra propiedad) y que hay límites biofísicos que no podemos (ni debemos) sortear. En su intento de probar que la racionalidad ecológica es mejor (más adecuada para el contexto en el que nos encontramos) que la economicista, Riechmann recordó que las aportaciones de diversos autores y teorías (desde Warren Weaver a Edgar Morin, desde la algorítmica de Kolmogorov al principio del orden a partir del ruido...) han demostrado que los sistemas naturales -y también, muchos sistemas humanos- son "sistemas complejos adaptativos" cuyo desarrollo no está del todo predeterminado, sino que se produce adaptándose al medio en el que se insertan, por lo que su evolución es muy difícil de predecir. La lógica maximizadora, que busca la eliminación de redundancias para optimizar la productividad, tiene sentido para las máquinas pero no para estos sistemas complejos adaptativos (que se caracterizan por sus interconexiones múltiples, por sus cambios discontinuos, por sus comportamientos caóticos) que necesitan de dichas redundancias para su supervivencia. En un contexto, la bioesfera, en el que lo que prevalecen son los sistemas complejos adaptativos (de hecho, la propia bioesfera lo es), lo coherente es regirse por una racionalidad que se ajuste a ellos. "Y, desde luego", subrayó Riechmann, "una racionalidad ecológica (una racionalidad acotada) lo hace mucho mejor que una racionalidad economicista (una racionalidad maximizadora)". Hay que tener en cuenta que la visión tradicional de la economía (sobre la que se apoya esa racionalidad economicista) se basa en lo que en inglés se denomina un wishfull thinking (que se podría traducir como "pensamiento ilusorio", pues razona como si la entropía no existiera, los recursos naturales fuesen infinitos y los seres vivos pudiesen metabolizar cualquier cantidad de contaminación. Es decir, como si la economía estuviese al margen de las leyes biofísicas, como si no formase parte de la naturaleza y sólo dependiese de sí misma. En gran medida esto ocurre porque los principios fundamentales de esta visión tradicional o neoclásica de la economía se establecieron en el marco del paradigma mecanicista, sin tener ni siquiera en cuenta las aportaciones de la teoría de la evolución biológica y de la termodinámica. Es, por tanto, una "teoría económica lastrada de anacronismo" que propone formas de funcionamiento que chocan con las dinámicas sociales y naturales (con la lógica de los sistemas complejos adaptativos) y que antepone la acumulación de capital a la satisfacción de las necesidades humanas. "Si la entropía no existiese", subrayó Jorge Riechmann, "si los recursos naturales fuesen infinitos y los seres humanos nos comportásemos de forma muy diferente a como lo hacemos, entonces las construcciones mitológicas de la economía neoclásica podrían resultar formas realistas de entender la realidad. Pero no es así". A su juicio, la racionalidad ecológica -que coloca el valor “integridad a largo plazo de los ecosistemas y de la biosfera” (y valores complementarios a éste) por delante de los valores jurídicos, epistémicos, militares...- se adapta mucho mejor a las características biofísicas de nuestro mundo que la racionalidad económica. Hay que tener en cuenta que, como señalan James J. Kay y Eric Schneider en Embracing complexity: the challenge of the ecosystem approach, los sistemas complejos adaptativos "existen en situaciones en las que consiguen 'suficiente' energía, pero 'no demasiada'": necesitan cubrir un umbral mínimo de energía para poder auto-organizarse y funcionar, pero si se les suministra demasiada, "el caos se adueña del sistema, pues la energía sobrepasa la capacidad disipativa de sus estructuras y éstas se derrumban". Jorge Riechmann puso un ejemplo que muestra cómo ambas racionalidades dan respuestas muy diferentes a un mismo problema (en este caso, a un problema que está afectando a la salud de nuestra especie y de la bioesfera en su conjunto). Ante la constatación de que al introducir sustancias contaminantes bioacumulativas en las cadenas tróficas (algo que en la actualidad se hace a gran escala con el fin de mejorar el "rendimiento productivo" se provoca que la leche de las madres mamíferas transmita una enorme carga tóxica a sus crías (o a sus hijos, porque, no lo olvidemos, también son mamíferos los seres humanos), la racionalidad ecológica plantea que lo más adecuado es dejar de producir dichas sustancias, mientras que la racionalidad económica -que pone la maximización de beneficios por encima de todos los demás valores- se limita a intentar minimizar los efectos negativos de esta introducción a través de una serie de dispositivos englobados dentro de lo que se ha denominado eufemísticamente "gestión de riesgos". La racionalidad ecológica considera que las actividades productivas humanas son subsistemas que están dentro del sistema terrestre de la bioesfera y que, por tanto, sus principios rectores no deben contradecir a los del sistema que los contiene. Esto nos remite a la noción de biomímesis que plantea la necesidad de "imitar la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos, con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera", es decir, de recomponer los sistemas humanos para que funcionen de la manera más parecida posible a cómo lo hacen los ecosistemas. Y éstos no buscan la maximización de valores sino que, por el contrario, desarrollan numerosos mecanismos de control (redundancias, bucles de retroalimentación negativa...) que hacen disminuir su "productividad", pero que ayudan a preservar su integridad a medio y largo plazo. Quizás, uno de los principales problemas a los que se enfrenta el hombre contemporáneo es que sus capacidades cognitivas no están preparadas para el mundo tan complejo que ha creado. En este sentido, el ensayista y financiero de origen libanés Nassim Nicholas Taleb asegura en su libro El Cisne Negro. Sobre el impacto de lo altamente improbable que nuestra evolución biológica nos permite adaptarnos perfectamente a un mundo (que él denomina “Mediocristán”) donde dominan los términos medios y hay pocos éxitos o fracasos extremos, pero no a un entorno como el actual (a "Extremistán", en la terminología de Taleb) en el que se generan continuamente "bolas de nieve" (de forma tan rápida que es muy difícil saber cuál ha sido su origen y predecir su comportamiento) y donde recibimos tanta información que somos incapaces de procesarla. Hay que tener en cuenta que en las últimas décadas, psicólogos sociales, científicos cognitivos, neurólogos y filósofos han demostrado que el Homo sapiens sapiens es menos sapiens de lo que se pensaba y que la racionalidad no es un don natural de nuestra especie, sino más bien una meta hacia la que intentamos avanzar contrariando tendencias innatas muy potentes (tendencias que nos llevan a evaluar mal las probabilidades, a introducir vínculos causales inexistentes, a favorecer lo sensacional sobre lo realmente relevante...). A modo de conclusión, en la fase final de su intervención Jorge Riechmann señaló que la preeminencia de la racionalidad ecológica sobre la racionalidad económica se justifica en términos contextuales si se acepta que, por un lado, el economicismo (con su lógica maximizadora) no es adecuado para un entorno -la bioesfera- en el que predominan los sistemas complejos adaptativos; y que, por otro lado, el programa tecnocientífico transhumanista (que considera que el desarrollo tecnológico permitirá que los seres humanos superen sus limitaciones biológicas -convirtiéndose en cyborgs- y puedan controlar su propia evolución) es poco plausible. Asumiendo que ya no estamos en un "mundo vacío" sino en un "mundo lleno" (ecológicamente saturado), la racionalidad ecológica defiende la autocontención y la autolimitación (único modo de frenar un crecimiento desbocado que nos puede llevar -si es que no lo está haciendo ya- al colapso) y plantea la necesidad de dejar de ver la naturaleza como algo separado de la sociedad humana que hay que dominar y explotar, de "desandar lo andado" para conciliar nuestro bienestar con el bienestar de la bioesfera. ____________ 1.- En concreto, Javier Echeverría distingue doce tipos diferentes de racionalidades vinculadas a otros tantos tipos de valores -naturales o básicos, epistémicos o intelectuales, morales, religiosos, estéticos, militares, socioculturales, ecológicos, económicos, políticos, jurídicos y tecnológicos-, aunque admite que puede haber otras. Fuente: http://ayp.unia.es/index.php?option=com_content&task=view&id=496

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