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En el corazón de la Luna
Ciencia EducacionporAnónimo10/26/2017

¿Hay en la Luna un tubo volcánico de cincuenta kilómetros? Kaguya representa, al menos hasta el día de hoy, el mayor éxito lunar de Japón, un complejo proyecto de la JAXA compuesta por la sonda propiamente dicha y dos minisondas que la acompañaron el el viaje, y que desde 2007 hasta 2009 completaron con total éxito su misión. La agencia japonesa la clasificó como la misión lunar más ambiciosa desde la era de los Apolo, y posiblemente no era una apreciación exagerada, ya que ofreció una exploración global, su origen y evolución, la distribución de elementos y minerales en la superficie y subsuelo, el campo gravitatorio, los campos magnéticos y las partículas energéticas y plasma que rodean nuestro satélite. Y especialmente un radar con el que se adentró kilómetros bajo la superficie. El radar de Kaguya en acción. Y encontró cosas interesantes. Esta historia se remonta a 2009, cuando los ojos de Kaguya encontró un gran pozo con una abertura de unos 50 metros de diámetro en el área de Marius Hills, y que descendía unos 50 metros bajo el cuelo. Daba la sensación que estábamos ante la entrada a un espacio interior más amplio. Y ahora, después de analizar detenidamente los datos de radar de la zona, junto con las mediciones gravitatorias, finalmente la JAXA confirma ahora esta realidad y mucho más, ya que estaríamos ante una cueva de quizás varios centenares de metros de diámetro, quizás más, y hasta 50 Kilómetros de longitud. Ahí dentro, si estas conclusiones son correctas, podría construirse toda una ciudad de gran tamaño. Y podría haber algún espacio más, al tenor de los ecos detectados. Situación de las colinas de Marius. Estaríamos, creen los científicos de JAXA, ante un antiguo tubo de lava que no se colapsó al cesar la intensa actividad volcánica que sacudió a nuestro satélite en tiempos pasados, dando origen a una inmensa cueva de dimensiones extraordinarias, un espacio protegido del hostil ambiente exterior, donde quizás podríamos encontrar incluso agua congelada, como ocurre en las zonas siempre a la sombra de los Polos. Y lo que es más importante, podría ofrecer un refugio inmenso, lleno de posibilidades, descubrimientos y recursos, a futuros exploradoras lunares, y especialmente un lugar ideal para instalar cualquier posible instalación permanente, protegida de la radiación, temperaturas externas y impactos de meteoritos de todos los tamaños posibles, que azotan la superficie y que son un problema a tener en cuenta para cualquier proyecto de esta clase. Zonas estudiadas por el radar de Kaguya en las colinas de Marius. Las zonas T1, T2, T3 y T4 corresponden a posibles cuevas y quizás estén unidas por un tubo. Hasta ahora el lugar preferido como posible lugar para colocar una base permanente en la Luna eran los polos y sus reservas de agua heladas. Ahora la inmensa cueva de Marius Hills emerge como otro candidato de pleno derecho, especialmente si en su interior el hielo de agua también se depositó y conservó. Algún día tendremos que bajar para explorarlo. La visión de lo que encontremos, de esa especie de catedral subterránea lunar, podría ser sobrecogedora. El pozo observado por Kaguya (y la Lunar Reconnaissance Orbiter) en Marius Hills, y que ahora la JAXA cree tener las evidencias suficientes como para deducir la existencia de una inmensa cueva del que este pozo es solo la entrada, quizás una pequeña parte que se derrumbó en su momento. En 'Aterrizaje en la Luna" Tintín y Hadock encontraban una inmensa cueva lunar. Aunque con diferencias evidentes y elementos poco probables (en el cómic de Herge era una cueva muy terrestre, con estalactitas y estalagmitas, lo que implica agua fluyendo), la inmensidad del espacio representado no está muy lejos de lo ahora descubierto. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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Con metano al espacio
Con metano al espacio
Ciencia EducacionporAnónimo11/5/2017

El BE-4 de Blue Origin y el Raptor de SpaceX: llega la era de los cohetes de metano. La compañía Blue Origin anunció el 19 de octubre que había llevado a cabo la primera prueba de ignición de su motor estrella, el BE-4 (Blue Engine 4), en sus instalaciones de Texas. La prueba es un paso fundamental en las ambiciones espaciales de la empresa del magnate Jeff Bezos. El BE-4 es un potente motor a base de metano y oxígeno líquido que debe servir para propulsar la joya de la corona de Blue Origin: el cohete pesado New Glenn. Este lanzador, capaz de situar 45 toneladas en órbita baja (LEO) y 13 toneladas en una órbita de transferencia geoestacionaria (GTO), está destinado a convertirse en un rival del Falcon Heavy de la empresa SpaceX, que será capaz de colocar 64 toneladas en LEO y 27 en GTO (es casi seguro que las prestaciones del New Glenn mejorarán con el tiempo). Ambos serán los cohetes comerciales más potentes en servicio (dejando a un lado el SLS de la NASA, con una capacidad mínima de 70 toneladas en LEO en su versión Block 1). Pero sin duda la novedad es que el BE-4 usa metano como combustible. SpaceX también ha apostado por este compuesto para su motor Raptor, que debe equipar el futuro cohete gigante BFR y, quizás, futuras versiones del Falcon 9. ¿Qué tiene el metano de especial? Prueba del BE-4 de Blue Origin. El metano siempre se ha considerado una opción como combustible para lanzadores y a lo largo de la historia se han diseñado varios motores que usan este compuesto. Sin embargo, ninguno ha entrado en servicio. La razón es que el metano no presenta muchas ventajas en cuanto a prestaciones con respecto a los otros dos combustibles más usados en cohetes: el queroseno (normalmente del tipo RP-1) y el hidrógeno líquido. El metano es más eficiente —tiene mayor impulso específico (Isp)— que el queroseno, pero por muy poco, mientras que pierde claramente con respecto al hidrógeno en este terreno. link: https://www.youtube.com/watch?v=AhiI08HzIM0&feature=youtu.be Pero el metano es menos denso que el queroseno (necesita tanques más grandes) y normalmente se quema con una mayor proporción de oxígeno líquido (LOX) que el queroseno, neutralizando así su escasa ventaja en Isp. Por otro lado, el metano es más denso que el hidrógeno y más fácil de manejar que este último, un compuesto que requiere complejas infraestructuras asociadas a las temperaturas extremadamente bajas necesarias para mantenerlo en estado líquido y tiene la desagradable tendencia a filtrarse por todos lados (las moléculas de hidrógeno son las más pequeñas). No obstante, la conclusión desde hace décadas es que, si no quieres o no puedes usar hidrógeno, el queroseno es una opción mucho más sencilla y menos arriesgada que el metano. Los motores de methalox no son rivales para los motores de kerolox. ¿Entonces a qué viene este renovado interés en el metano? La respuesta es la reutilización. El metano no se polimeriza durante la ignición del motor como lo hace el queroseno —o sea, deja menos residuos—, por lo que es más sencillo limpiar un motor de methalox antes de volver a usarlo, una característica muy valiosa cuando hablamos de reutilización. Motor BE-4 . Blue Origin comenzó a trabajar en el BE-4 en 2012 tomando como base el BE-3, un motor más pequeño a base de hidrógeno y oxígeno líquidos que propulsa el cohete suborbital New Shepard con el que Bezos quiere comerse el incipiente mercado del turismo espacial. El BE-3, a su vez basado en el mítico motor J-2 de la segunda y tercera etapas del Saturno V, también es reutilizable, pero como ya hemos visto el hidrógeno líquido no es una buena opción para reducir los costes en un lanzador orbital de gran tamaño. El salto del BE-3 al BE-4 ha sido más que considerable, lo que explica los numerosos retrasos en el programa. El BE-4 es cinco veces más potente que el BE-3 y supera en empuje al SSME/RS-25 del transbordador espacial y el SLS, aunque no llega a la potencia del RS-68 usado en el Delta IV —el motor criogénico más potente en servicio— o al elevado empuje de los motores rusos RD-171 o RD-180. Vale la pena señalar que, siendo puntillosos, el BE-4 no es exactamente un motor de methalox, ya que quemará gas natural (LNG) y no metano, pero como el LNG es en su mayor parte metano esta diferencia puede obviarse a la hora de tratar este tema a nivel genérico. Motores BE-4 en la planta de Blue Origin en Texas. Precisamente la primera aplicación del BE-4 iba a ser el futuro cohete Vulcan de ULA (United Launch Alliance): dos motores BE-4 generan más o menos el mismo empuje que el RD-180 usado actualmente en el Atlas V de esta empresa, eliminando así la dependencia de Rusia. Sin embargo, la fuerza aérea estadounidense ha financiado estos últimos años el desarrollo del motor de kerolox AR-1 de Aerojet Rocketdyne como alternativa al RD-180 y ha presionado políticamente para que se use en el Vulcan. ULA debe decidir antes de final de año cuál de los dos motores será finalmente el elegido. Futuro cohete Vulcan de ULA. Podría usar dos BE-4 en su primera fase. Está claro que, tanto si el Vulcan usa el BE-4 como si no, este motor tiene garantizado su futuro como planta motriz del New Glenn. Hasta siete BE-4 se instalarán en la primera etapa de este lanzador, mientras que la segunda etapa usará un único BE-4. Jeff Bezos ha invertido 2.500 millones de dólares de su fortuna personal en el New Glenn (!!), que despegará desde la rampa SLC-36 de la base aérea de Cabo Cañaveral, en Florida (Bezos quería lanzarlo desde la mítica rampa 39A de la NASA, pero SpaceX se hizo con el alquiler de estas instalaciones en 2014). Blue Origin ha construido una planta de montaje de lanzadores en el cabo, curiosamente muy cerca del centro de visitantes del Centro Espacial Kennedy de la NASA. Y, por cierto, hablando del New Glenn, Blue Origin decidió hace poco reemplazar la cofia original por una estándar de siete metros de diámetro para acomodar todo tipo de cargas útiles. Diseño actual del New Glenn con la cofia de 7 metros de diámetro. Instalaciones de Blue Origin en Florida para el montaje del New Glenn. Arriba a la izquierda se aprecia el centro de visitantes del KSC y, en la lejanía, el famoso edificio VAB de la NASA. Como era de esperar, construir un motor tan complejo no ha sido tarea fácil para una empresa como Blue Origin, fundada en 2000. El proyecto ha acumulado retraso tras retraso y el pasado mayo surgió un problema durante una de las pruebas preliminares de los elementos del BE-4 que hicieron temer lo peor. Afortunadamente, la reciente prueba del 19 de octubre, durante la cual un BE-4 funcionó durante tres segundos al 50% de su empuje previsto, ha despejado todas las dudas y ahora hay más posibilidades de que este sea el motor elegido para el Vulcan de ULA. Para SpaceX el desarrollo del Raptor no ha sido tampoco un camino de rosas. Los orígenes del Raptor se remontan a 2009, tres años antes que Blue Origin comenzase a trabajar en el BE-4. Por entonces no tenía un nombre asignado y sus características se filtraron junto a otras propuestas de motores avanzados que SpaceX estaba desarrollando dentro del marco del programa Merlin 2. En 2012 se confirmó el uso de metano como combustible, ya que hasta ese momento se barajaba que el Raptor fuese, como el Merlin del Falcon 9, un motor de kerolox, aunque se suponía que debía ser un motor destinado únicamente a etapas superiores. Además de las ventajas con respecto a la reutilización, SpaceX justificó el uso del metano porque este compuesto podía producirse en Marte a partir de la atmósfera del planeta rojo. Diseño del Raptor de 2016, más potente que el actual. Comparativa entre los motores de SpaceX y Blue Origin. En 2014 la empresa de Elon Musk anunció que el Raptor sería un motor muy potente, con un empuje del orden de 4.500 kN, pero ese mismo año se llegó a comentar que podría desarrollar hasta 7.000 kN, una cifra que lo situaba en la selecta liga de los motores de combustible líquido más potentes de la historia: el F-1 del Saturno V y el RD-170 del Energía/Zenit, ambos de kerolox. Al año siguiente Musk confesó que el Raptor solo desarrollaría 2.300 kN, lo que lo colocaba al mismo nivel que el BE-4 de Blue Origin. Al igual que el motor de Bezos, el Raptor es un motor de ciclo cerrado, pero mientras el BE-4 es rico en oxígeno, un diseño hasta ahora solo visto en motores rusos, el Raptor es de tipo FFSC (Full-Flow Staged Combustion Cycle). No obstante, puesto que la presión de la cámara de combustión es muy superior en el Raptor —30 MPa— que en el BE-4 —de 14 MPa—, el diseño de SpaceX es más eficiente y es fácilmente escalable si se desea fabricar versiones más potentes. En 2016 Elon Musk presentó su grandioso plan para conquistar Marte con el supercohete ITS, capaz de colocar 300 toneladas en LEO gracias a 42 (!!) motores Raptor, que ahora se presentaba como un motor de 3.000 kN de empuje. Pero en la última iteración del plan de apenas hace un mes el ITS ha sido sustituido por el BFR, con 31 (!) motores Raptor y una capacidad de 150 toneladas en LEO. El BFR no solo servirá para viajar a Marte, sino que también sustituirá a los Falcon 9 y Falcon Heavy para convertirse en el único lanzador de SpaceX. El nuevo Raptor ha vuelto a ver menguada sus prestaciones y ahora su empuje será de solo 1.700 kN, muy por debajo de su rival BE-4. El BFR, con 31 motores Raptor en la primera etapa y 6 en la segunda. A diferencia del BE-4, que ha sido desarrollado íntegramente con la fortuna de Bezos, el Raptor ha contado con la ayuda económica de la USAF, que en 2016 otorgó a SpaceX un contrato recientemente ampliado por el cual la fuerza aérea subvencionará el Raptor con más de cien millones de dólares (que, pese a todo, es una cifra muy inferior a los doscientos millones de capital público con los que la USAF está subvencionando el AR-1). Muchos analistas consideran que la reducción en empuje del Raptor podría estar orientada a la introducción de una versión del Falcon 9 o Falcon Heavy que lleve estos motores en vez de los actuales Merlin 1D de kerolox. Más persistentes son los rumores sobre una segunda etapa del Falcon 9 equipada con un Raptor. En todo caso, tanto SpaceX como Blue Origin han señalado que les resultaría muy sencillo crear versiones más potentes de sus motores. Veremos si es verdad. El Raptor en acción. SpaceX ha realizado más de 42 pruebas y ha acumulado más de 1200 segundos de funcionamiento con este motor. Mientras, el resto del mundo asiste a esta carrera privada de los motores de methalox con cierta perplejidad. Hasta la fecha Rusia era el único país del mundo donde se habían fabricado motores de metano operativos. El RD-0162 de la empresa KBKhA es, con un empuje de 2.000 kN, un motor muy parecido en prestaciones al Raptor de SpaceX. Rusia quería emplearlo en el proyecto de lanzador reutilizable MRKN (Monogorázovaia Raketa Kosmícheskogo Naznachenia, ‘cohete espacial reutilizable’), antes conocido como MRKS. Además del RD-0162, KBKhA también ha creado los motores de methalox RD-0162SD, RD-0110MD y RD-0164. Lamentablemente, la situación de la economía rusa no ha permitido que el MRKN, financiado por los militares, avance como estaba previsto, a pesar de que oficialmente el proyecto sigue adelante. La empresa rusa RKTs Progress también estudió la posibilidad de crear un cohete de metano denominado Soyuz 5, pero ha dejado aparcados estos planes por el momento (para más confusión, el Soyuz 5 es actualmente una de las denominaciones del nuevo lanzador de kerolox que debe sustituir al Zenit y que también se conoce como Féniks o Sunkar). Modelo del MKRN ruso, un lanzador reutilizable a base de metano. Motor de methalox ruso RD-0162. Dejando a un lado Rusia, así como rumores no confirmados de varios proyectos chinos en esta línea, Europa no quiere quedarse atrás y ha iniciado de forma muy tímida el programa Prometheus para crear un lanzador reutilizable a base de metano. Prometheus nació como un proyecto conjunto entre el CNES francés y la empresa Airbus Safran Launchers, pero desde comienzos de este año se ha convertido en un programa bajo el paraguas de la ESA tras asignarle una financiación de cien millones de euros con el objetivo de que la primera prueba del motor tenga lugar en 2020. ¿Será entonces demasiado tarde? Proyecto de motor de metano europeo Prometheus. Como vemos, no será por falta de opciones. La era de los lanzadores de metano está aquí para quedarse. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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La Matrioska joviana
La Matrioska joviana
Ciencia EducacionporAnónimo11/7/2017

Desde su llegada, Juno no deja de sorprendernos con sus increíbles imágenes, sin lugar a dudas lo más mediático de toda su misión. Pero eso no deja de ser una pequeña parte, y hasta cierto punto secundaria y sin relación directa con los objetivos científicos buscados, de todo lo que está haciendo este increíble explorador interplanetario. Porque su meta, más allá de esas imágenes, es desvelar la estructura interna del mayor de los planetas de Sistema Solar, adentrarse en su campo gravitatorio hasta donde nunca nadie había logrado hacerlo, casi rozando sus nubes. Y a través de las ligeras variaciones, cambios y fluctuaciones detectadas, ser capaz de entrever lo que se esconde bajo ellas hasta cientos o miles de Kilómetros. La sombra de Amaltea en la atmósfera joviana. Los resultados están empezando a llegar, y con ello se están abriendo ventanas a un reino hasta ahora desconocido, que nos ofrecen tantas respuestas como nuevos enigmas. En cada vuelo cercano, la sonda mide el complejo tirón gravitacional del planeta, que ya han revelado que Júpiter tiene un núcleo pequeño, "difuso" y poco definido, al que se suma el descubrimiento que la actividad que vemos en su superficie, toda esa vorágine de nubes y vientos huracanados que esculpe su conocido rostro no se limita a una capa superficial, como se pensó en su tiempo, sino que se extiende hasta al menos 3000 Kilómetros de profundidad. Además Juno desveló el campo gravitacional de Júpiter está "torcido" , con diferentes patrones en sus hemisferios norte y sur. Los armónicos del campo gravitatorio nos dan información sobre la profundidad y asimetría de los vientos jovianos. Eso sugiere que su gas rico en hidrógeno está fluyendo asimétricamente en las profundidades del planeta, y que su interior se parece a una de esas Matrioska rusas, compuestas de diversas muñecas una dentro de la otra. Aún más significativo, los datos previos indican que la famosa Mancha Roja tiene raíces que se adentran cientos de kilómetros, o puede que incluso más. Uno de los objetivos prioritarios de los científicos de esta misión es intentar obtener datos gravitatorios suficientemente profundos para desvelar hasta donde llega. No está claro hasta que punto será posible, pero se intentará. Modelo de núcleo borroso de Júpiter basado en los datos de Juno. Juno también ha estado observando las profundidades de Júpiter de otras maneras. Una gran sorpresa fueron los cúmulos de ciclones en cada polo, vistos por las cámaras de Juno en longitudes de onda visibles e infrarrojas. Hay ocho ciclones alrededor del polo norte y cinco alrededor del polo sur, y todos todos son un misterio sin resolver, porque los modelos informáticos sugieren que tales tormentas no deberían ser estables, estando como están incrustados en los vientos polares. No se sabe qué hacen ahí, qué los alimenta y porqué permanecen aparentemente estables. Está claro que algo por debajo de ellos, la misma dinámica atmosférica que subyace debajo de ellos, y que ahora estamos viendo, es mucho más compleja de cualquier cosa imaginada anteriormente. El radiómetro de microondas de Juno ha descubierto que la Gran Mancha Roja se extiende muy adentro. El gigante planetario del Sistema Solar se nos va mostrando poco a poco de una complejidad igualmente gigantesca, mucho más que la simple bola de gases rodeada de una fina capa de actividad atmosférica exterior que podíamos haber imaginado hasta no hace tanto. Y en su interior se pueden esconder algunas de las claves para comprender mejor el proceso que llevó a la formación del Sistema Solar, y por extensión de todos los sistemas planetarios del Cosmos. El exterior de Júpiter es un extraordinario caos de vientos, y tormentas, ciclones y bandas nubosas. Ahora sabemos que esto podía extenderse varios miles de kilómetros en profundidad. El tirón gravitatorio planetario y sus variaciones parece señalar que diferentes corrientes de gas está fluyendo en el interior, que lejos de comportarse como un cuerpo sólido y no diferenciado, se comporta como una serie de capas: las muñecas rusas Matrioska son un ejemplo de cuál es la visión que Juno está revelando de la estructura del planeta. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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La (próxima) estrella soñada
La (próxima) estrella soñada
Ciencia EducacionporAnónimo11/8/2017

ALMA detecta dos posibles anillos de polvo alrededor de Próxima Centauri, que sugiere la presencia de un sistema planetario complejo. Es muy especial. No por ella misma, ya que no deja de ser una enana roja común, la clase estelar más abundante de la Galaxia, pero sí para los habitantes de la Tierra, ya que es la más cercana conocida (dejando el Sol a un lado), y por eso mismo el primer lugar al que solíamos mirar en busca de señales de otros mundos, además de escenario ideal para no pocas historias de ciencia ficción. Una búsqueda infructuosa hasta que en 2016 se presentaron evidencias sólidas de que, efectivamente y como muchos habían siempre soñado, disponía de un compañero planetario. Y aún más importante, de un tamaño estimado parecido al de la Tierra. Próxima Centauri entraba por la puerta grande en el Olimpo de los sueños. Las estrellas Alfa Centauri A y B y Proxima Centauri en el cielo. Pero es posible que esto solo fuera el principio de algo mucho mayor. ALMA nos anuncia ahora la existencia de una concentración de polvo y hielo alrededor, que abarca desde el más diminuto grano de polvo, más pequeño que un milímetro, hasta cuerpos tipo asteroide con muchos kilómetros de diámetro. Pero lo importante es que dichas concentraciones de materia parecen concertarse en varios anillos, algo dificil de explicar de no ser por la presencia de cuerpos planetarios que los han "esculpido", tal como explica Guillem Anglada, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC), y autor principal de este descubrimiento. "El polvo alrededor de Próxima es importante porque, tras el descubrimiento del planeta terrestre Próxima b, es el primer indicio de la presencia de un complejo sistema planetario (formado por más de un único planeta) alrededor de la estrella más cercana a nuestro Sol". Esto es lo que realmente ha observado ALMA. Más concretamente ALMA detectó la emisión térmica de un cinturón con una masa estimada de una centésima parte de la terrestre y que se extiende a unos pocos cientos de millones de kilómetros de la estrella. Relativamente cerca, aunque dado que estamos hablado de un astro tan tenue, eso es suficiente para que las temperaturas apenas alcancen los -230 Centígrados, un rango térmico parecido al que existe en Plutón y el Cinturón de Kuiper. Y aunque no de forma tan definitiva, evidencias de un segundo cinturón situado 10 veces más lejos. Ambos mucho más lejos que el planeta descubierto en 2016, Próxima b, que se mueve a solo 4 millones de Kilómetros de la estrella, pero que podría disponer de temperaturas adecuadas para la existencia de agua líquida. Los cinturones de polvo alrededor de Proxima. Un planeta quizás no tan solitario como creíamos, ya que "este resultado sugiere que puede tener un sistema múltiple del planetas con una rica historia de interacciones que dieron lugar a la formación de un cinturón de polvo. Estudios más profundos podrían proporcionar información para localizar la ubicación de planetas adicionales que todavía no han sido identificados". La estrella más cercana, posiblemente la primera que alcanzaremos si un día somos capaces de desarrollar métodos de propulsión a la altura del reto del medio interestelar, podría tener todo un sistema planetario esperando nuestra llegada. Nuestro próximo destino debe ser Próxima. Nunca mejor dicho. Visión artística de un hipotético planeta alrededor de una enana roja como Próxima Centauri. El artista ha decidido —por qué no— añadir anillos. Próxima en los cielos australes. Esta imagen combina una visión de los cielos del sur sobre el Telescopio de 3,6 metros de ESO, en el Observatorio La Silla (Chile), con imágenes de las estrellas Próxima Centauri (inferior derecha) y la estrella doble Alfa Centauri AB (abajo a la izquierda) tomadas con el telescopio espacial Hubble. Impresión artística de los anillos de partículas detectados por ALMA en Próxima Centauri. El sistema triple Alfa Centauri. Próxima es la más pequeña y se mueve alrededor de las otros dos a unas 15 000 Unidades Astronómicas de distancia, aunque tal separación hace que su pertenencia al sistema no esté del todo confirmada. Representación de Próxima desde Próxima b, de momento su único planeta. Este reciente descubrimiento de anillos de polvo implica que posiblemente no es el único. Quizás un día seremos capaces de saltar a otro estrella. Y Próxima es ahora, más que nunca, posiblemente la meta más viable y atractiva para ello. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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Cita con ʻOumuamua, el visitante de otra estrella
Ciencia EducacionporAnónimo11/18/2017

Tratando de alcanzar el asteroide que nos visitó desde fuera del sistema solar. El 9 de septiembre de 2017 ocurrió un hecho insólito. Un pequeño objeto de unos 160 metros de diámetro pasó por su punto más cercano al Sol a una distancia de 38 millones de kilómetros a la sorprendente velocidad de 317.000 km/h. Habían pasado millones de años desde que este cuerpo había sido bañado por la luz de una estrella de cerca. Este hecho en sí mismo no tiene nada de especial. Millones de objetos de roca y hielo orbitan el Sol a enormes distancias y algunos de ellos se aproximan al Sol solamente durante un breve periodo de tiempo. Pero en este caso la diferencia era que la última estrella por la que había pasado no era el Sol. La sonda New Horizons pasa por el objeto del cinturón de Kuiper 2014 MU69, quizás parecido a ‘Oumuamua. Y es que el misterioso cuerpo era nada más y nada menos que un asteroide interestelar. Su paso por el Sol fue el primero y último de este cuerpo errante, que se alejó para no volver. No sería descubierto por nuestra civilización hasta el 18 de octubre gracias uno de los telescopios Pan-STARRS y recibió la designación C/2017 U1. Aparentemente se trataba de un cometa corriente y moliente similar a muchos otros que proceden de la lejana nube de Oort siguiendo una órbita muy elíptica. Pero los cálculos de su trayectoria sorprendieron a propios y extraños cuando se comprobó que seguía una órbita hiperbólica. O lo que es lo mismo, venía del espacio interestelar. Por primera vez la humanidad había descubierto un visitante de otra estrella. Al principio fuimos muchos los que pensamos que en realidad el objeto procedía de nuestro sistema solar y que la trayectoria hiperbólica de escape era un producto de los cálculos imprecisos derivados de las escasas observaciones o perturbaciones gravitatorias desconocidas. Pero pasaron los días, se hicieron más observaciones y la excentricidad de C/2017 U1 no bajaba de 1,18 (por encima de 1 hablamos de una órbita hiperbólica procedente del espacio interestelar) y no se pudo conectar la órbita con ninguna perturbación gravitatoria significativa dentro del sistema solar (la órbita del objeto estaba inclinada 123º con respecto a la eclíptica). Al mismo tiempo no se observó ninguna coma —el gas y el polvo que emiten los cometas al acercarse al Sol— alrededor del objeto tras su paso por el perihelio, por lo que pronto pasó a ser designado como asteroide A/2017 U1 en vez de cometa. Aunque recordemos que se trata de una distinción puramente observacional, puesto que no existe una línea divisoria clara entre ambos tipos de objetos astronómicos. Trayectoria de ‘Oumuamua. Una vez confirmado su origen interestelar la Unión Astronómica Internacional decidió introducir la ‘I’ para designar a partir de ahora los cuerpos interestelares similares a este visitante independientemente de su naturaleza. Además se bautizó al objeto como ʻOumuamua, que significa ‘llegar desde lejos’ en hawaiano (una decisión bastante desafortunada, tanto por lo cacofónico del nombre como por no elegir Rama, que, como todo el mundo sabe, era la única elección lógica). Por lo tanto el nombre oficial del pequeño visitante interestelar es actualmente tanto 1I, 1I/2017 U1, 1I/ʻOumuamua o 1I/2017 U1 (ʻOumuamua), la opción que uno prefiera. Pero no perdamos de vista lo más importante, ¿cuál es la verdadera naturaleza de ʻOumuamua?¿De dónde procede?¿Cuál es su sistema estelar de origen? Son preguntas difíciles de responder porque ʻOumuamua ha pasado zumbando por nuestro sistema solar y se aleja a una velocidad de 26 km/s para no volver nunca. Tenemos pocas observaciones disponibles, pero los espectros rudimentarios obtenidos indican un color rojizo, lo que podría ser una prueba de que posee sustancias orgánicas en su superficie similares a las presentes en los objetos del cinturón de Kuiper del sistema solar. De ser así estaría formado por roca y hielos, aunque la ausencia de coma implica pocos volátiles superficiales. La coma de un cometa, que 'Oumuamua no tiene (o casi). La dirección del cielo de la que vino ʻOumuamua estaba cerca del ápex solar, en la constelación de la Lira. Es decir, la dirección hacia la que el Sol se mueve con respecto al centro galáctico. Esta dirección es la más lógica para un objeto interestelar que se encuentra ‘a la deriva’ y refuerza la hipótesis del origen interestelar de ʻOumuamua. Un grupo de astrónomos con Eric Gaidos a la cabeza ha calculado el movimiento relativo de ʻOumuamua con respecto a las estrellas vecinas y ha concluido que el visitante podría haberse formado originalmente en un cúmulo abierto de estrellas jóvenes como los que existen en las constelaciones meridionales de Carina y Columba. ʻOumuamua habría sido expulsado por un planeta gigante hace cuarenta millones de años aproximadamente a una velocidad de 1 o 2 km/s. Por otro lado, hace 1,3 millones de años ʻOumuamua pasó a medio año luz de la estrella TYC4742-1027-1, pero es poco probable que se originase en la nube de Oort de este astro y es de suponer que simplemente la atravesó. 'Oumuamua a su paso por el sistema solar. Ahora bien, ¿cómo fue expulsado de su sistema de nacimiento? Evidentemente, como hemos comentado, lo más probable es que fuera eyectado tras el encuentro con un planeta gigante. Durante la formación nuestro sistema solar los movimientos de los planetas gigantes expulsaron tantos cuerpos del cinturón de Kuiper que este se quedó con apenas el 1% de su masa original. Pero para lanzar un objeto fuera de un sistema estelar se requiere no solo un planeta gigante, sino que esté a una distancia adecuada. Cuanto más lejos de la estrella se encuentre menor deberá ser su masa para poder expulsarlo. Por ejemplo, los jupíteres calientes o las supertierras calientes no pueden expulsar cuerpos similares a ʻOumuamua alrededor de una estrella de tipo solar aunque su masa sea enorme. En nuestro sistema solar los cuatro planetas gigantes son capaces de expulsar cuerpos como ʻOumuamua mediante encuentros gravitatorios, pero Júpiter y Neptuno son, con diferencia, los más eficientes (Júpiter es mucho más masivo, pero también está mucho más cerca del Sol). Por este motivo es probable que ʻOumuamua haya sido expulsado por un planeta como Urano o Neptuno a gran distancia de su estrella, lo que concuerda con una composición similar al cinturón de Kuiper. Curiosamente, este es un tipo de planeta extrasolar que apenas hemos encontrado al observar otras estrellas, pero en este caso la culpa la tienen los sesgos de los métodos de detección de exoplanetas. Exoplanetas detectados en función de su masa y distancia a la estrella. Las líneas verticales discontinuas bajo los límites de velocidad (líneas rojas) marcan la zona donde debería estar el planeta que pudo expulsar a ‘Oumuamua. Y ahora viene lo más fascinante. ¿Podemos estudiar ʻOumuamua de cerca mediante una sonda? Podría parecer que solo pensar en algo así es una locura. Recordemos que se está alejando de nuestro sistema solar a 26 km/s, así que cada segundo que pasa el pequeño visitante interestelar se aleja más y más. Y sin embargo, no es imposible. La organización británica i4is (Initiative for Interstellar Studies) ha analizado la trayectoria de ʻOumuamua y ha llegado a la conclusión de que una sonda podría alcanzarlo siempre y cuando sea lanzada dentro de entre cinco y diez años y abandone el sistema solar a velocidades de entre 33 y 76 km/s. En ese caso la sonda, que han denominado muy apropiadamente Proyecto Lira, tardaría en dar alcance al fugitivo interestelar entre cinco y treinta años. Símbolo del Proyecto Lira. Obviamente, cuanto más tiempo tardemos en lanzar la sonda más rápido tendrá que viajar para alcanzar a ʻOumuamua. Si despegase en 2018, que es imposible, tendría que viajar a una velocidad mínima de 26,75 km/s para darle caza en un intervalo de tiempo realista, pero si lo hiciese en 2027, una cifra más lógica, la velocidad mínima será de 37,4 km/s y llegaría al objetivo en quince años. ¿Se pueden alcanzar estas velocidades? No es sencillo, pero entra dentro de lo que se puede lograr con nuestra tecnología. Es cierto que el objeto humano más veloz que se aleja del sistema solar, la sonda Voyager 1, solo viaja a 16,6 km/s, pero se han concebido muchas propuestas de sondas interestelares y para estudiar la heliopausa que pueden alcanzar esas velocidades usando una combinación de técnicas diferentes. Duración de una misión a ‘Oumuamua en función de la velocidad y la fecha de lanzamiento. Por ejemplo, la opción favorita es realizar una maniobra de asistencia gravitatoria de escape usando el Sol y Júpiter. Si además usamos algún sistema de propulsión que impulse la sonda durante su punto de máximo acercamiento con el Sol —aprovechando el famoso efecto Oberth—, la velocidad de escape puede superar perfectamente los 70 km/s, haciendo posible el encuentro con ʻOumuamua. Naturalmente, también son válidas velocidades inferiores. Por ejemplo, una trayectoria de escape a 40 km/s permitiría un encuentro con ʻOumuamua en 2051 a 23.300 millones de kilómetros (155 UA) del Sol. El problema es que para que esta maniobra sea efectiva la sonda debe acercarse mucho al Sol, a ser posible a menos de tres radios solares (unos dos millones de kilómetros) lo que causaría un ligero problema de control de temperatura. Es por eso que a este tipo sobrevuelo —flyby en inglés— se le conoce cariñosamente como fryby (por fry, ‘freír’). En el caso de emplear sistemas de propulsión avanzados, como velas solares o velas láser, el tiempo de vuelo disminuye. Por ejemplo, si empleamos las nanovelas láser de 1 gramo propuestas para el proyecto Breakthrough Starshot se podría llegar al objetivo en siete años usando un láser de 2,74 megavatios (si la sonda es de diez gramos, algo más factible, el láser sería de 27,4 megavatios). En cualquier caso, podemos descartar esta tecnología por estar demasiado verde. Trayectoria del proyecto Interstellar Probe de 1999. La sonda alcanzaría una velocidad de 14 UA/año gracias a una vela solar y a una maniobra de asistencia gravitatoria con el Sol. Pero, ¿vale la pena mandar una sonda a ʻOumuamua? Sin ninguna duda, la respuesta es sí. ʻOumuamua es un visitante interestelar que se ha formado alrededor de otra estrella. Su estudio desvelaría claves fundamentales sobre los procesos de formación planetaria en otros sistemas estelares. ¡La naturaleza ha puesto un trozo de otro sistema solar a —casi— nuestro alcance!¡Y, por si fuera poco, durante el transcurso de nuestras cortas vidas! Además, después de que la sonda New Horizons sobrevuele de cerca 2014 MU69 dispondremos de datos de un objeto del cinturón de Kuiper con que comparar las observaciones de ʻOumuamua. En este caso, lo ideal sería que la nave pudiera liberar alguna subsonda que se estrellase contra ʻOumuamua para analizar su composición interna en detalle como hizo Deep Impact con el cometa Tempel 1. El problema es que el tiempo juega en nuestra contra y una sonda como el Proyecto Lira requeriría un nivel de financiación propio de una misión New Frontiers o Flagship de la NASA (uso de RTGs, grandes cohetes, etc.), misiones que normalmente requieren décadas para ser planificadas en detalle. Y, desgraciadamente, no tenemos tanto tiempo (ni dinero). Pero sería una verdadera lástima que dejemos pasar la oportunidad de tener una cita con ʻOumuamua. Un visitante de otra estrella nos espera en las profundidades del espacio. La sonda RISE (Realistic InterStellar Explorer) se aleja del Sol gracias a los motores iónicos de xenón, cuya luz azulada le da un aspecto fantasmagórico a la nave. Este proyecto de 2002 habría alcanzado una velocidad de 20 UA/año. Habría empleado RTGs de Americio 241 en vez de Plutonio 238. Una variante de esta sonda podría usarse para estudiar ‘Oumuamua. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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Cuando vislumbramos el límite
Cuando vislumbramos el límite
Ciencia EducacionporAnónimo11/18/2017

Ya hace 14 años que descubrimos Sedna, el mundo en el límite del Sistema Solar. Con una órbita (afelio) de 960 unidades astronómicas (32 veces la distancia de Neptuno, el planeta del Sistema Solar más alejado del Sol), Sedna es un mundo de hielo que solo fue descubierto hace 14 años y se encuentra en los límites del Sistema Solar (aunque todavía más cerca que la nube de Oört, en inmenso casquete de billones de cuerpos níveos que rodea el Sistema Solar). Sedna La órbita excepcionalmente larga y elongada de Sedna tarda unos 11.400 años en completarse no fue óbice para que fuera descubierto el 14 de noviembre, hace 14 años desde el Observatorio de Monte Palomar. El nombre de Sedna proviene de la diosa de la mitología esquimal del mar y de los animales marinos. Su superficie es de las más rojas del Sistema Solar, y su composición, en gran medida, es una mezcla de hielo y tolina con metano y nitrógeno congelados. La diosa Sedna, en la versión de Genzo. No se conoce bien ni su masa ni su tamaño y la Unión Astronómica Internacional no lo ha reconocido formalmente como un planeta enano. Con todo, el astrónomo Michael E. Brown (codescubridor de Sedna y de los planetas enanos Eris, Haumea y Makemake) cree que es el objeto transneptuniano más importante encontrado hasta la fecha. El sistema solar con los 8 planetas. ¿Qué hay más allá? Sedna se encuentra a 13.000 millones de kilómetros de la Tierra. Este nuevo mundo se anunció el 15 de marzo de 2004 gracias a las observaciones astronómicas del Observatorio Gemini del Instituto Tecnológico de California (Caltech). Sedna es, por el momento, el objeto más distante y frío del sistema solar. De hecho, se cree que puede provenir de La nube de Oört, también llamada nube de Öpik-Oört. Así pues, Sedna podría ser un enorme cometa que ha decidido abandonar su nube de copos de nieve megalíticos para aproximarse un poco más al Sol. Esquema del sistema solar con la ubicación de la nube de Oört. Un mundo helado y rojizo (como Marte) que abandonó la región más fría del sistema para alcanzar una más confortable temperatura que, sin embargo, nunca supera los -240 Cº. Un punto intermedio entre el sol de los hombres y los fríos cometas oörtianos. Tras su descubrimiento, siempre se dijo que quienes estuvieran sobre su superficie podrían ocultar nuestra estrella con la cabeza de un alfiler teniendo el brazo totalmente extendido. En la superficie de Sedna. Animación que muestra la órbita de Sedna. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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El corazón eternamente cálido de Encélado
El corazón eternamente cálido de Encélado
Ciencia EducacionporAnónimo11/17/2017

Buscando una explicación al largo calentamiento de esta pequeña luna. Encélado es tan pequeño como sorprendente, una esfera de hielo bajo cuya superficie existe un océano global, así como actividad geotermal, atestiguada por la presencia de sales y polvo de silicio en los géisers que emanan de su polo sur. Todo ello indica una intensa y constante fuente de calor que mantenga todo ese complejo sistema en movimiento, pero hasta ahora la respuesta no está del todo clara. Las mareas gravitatorias son la explicación habitual y más lógica, aunque también es cierto que el calor generado por la fricción del hielo , por sí solo, no sería suficiente para compensar el que se perdería, y que en un tiempo relativamente corto, estimado en unos 30 millones de años, se habría congelado completamente. Encélado, la pequeña maravilla de Saturno. Falta algo en el puzzle que permita ofrecer una teoría completa que explique todos y cada uno de los detalles observados de forma coherente, una pieza que haga encajar el conjunto. Y esta podría ser que el núcleo rocoso de Encélado fuera poroso, lo que permitiría a la fricción de marea podría generar calor suficiente para alimentar su actividad durante miles de millones de años. Así lo defiende un nuevo estudio publicado en Nature Astronomy, y que daría así sentido a la tremenda actividad de este luna, así como que la corteza helada en el polo sur, donde se manifiestan sus plumas de partículas, sea mucho más delgada que en el resto. "Aunque nunca ha estado claro cuál es la fuente de la que Encélado obtiene la energía para permanecer activa, ahora hemos visto con más detalle cómo la estructura y la composición de su núcleo rocoso podría tener un papel fundamental en la generación de la energía necesaria", señala el autor principal del estudio, Gaël Choblet, de la Universidad de Nantes. Fricción de marea en el núcleo poroso de Encélado saturado con agua. En c) vemos la distribución espacial del flujo de calor. Incluyendo todo lo que sabemos y conocemos de Encélado, se añadió en nuevas simulaciones un núcleo formado por roca porosa deformable y no consolidada, en que el el agua podría filtrarse facilmente y calentarse gradualmente gracias al calor generado por la fricción de las mareas gravitatorias, que posteriormente transferirían dicho calor al océano superior en forma de estrechas columnas, que además de transportar partículas minerales, también se elevarían hasta la corteza helada, fundiéndola en parte y haciendo que fuera mucho más delgada. Esto no solo explicaría que se mantenga activa a lo largo de las eras, sino también pondría luz en la otra gran pregunta, el porque los géisers, la actividad externa que vemos en esta luna, está concertada de tal forma en el polo sur. Patrón de calentamiento en la superficie entre el núcleo poroso y el océano de Encélado para un núcleo homogéneo (arriba) y otro heterogéneo. Y es que estos nuevos modelos muestran que la mayoría del agua se expulsaría precisamente en las regiones polares, y en forma de un proceso en cadena que provocaría puntos calientes en zonas localizadas, generando un menor grosor en la capa de hielo justo sobre su vertical, algo que coincide con lo interpretado por Cassini a lo largo de sus repetidos sobrevuelos. "Nuestras simulaciones pueden explicar al mismo tiempo la existencia de un océano global, debido al transporte de calor a gran escala entre las profundidades del interior y la capa de hielo , y la concentración de actividad en una región relativamente reducida alrededor del polo sur, lo que justificaría los principales fenómenos observados por Cassini", explica el coautor del estudio Gabriel Tobie, también de la Universidad de Nantes. Zonas calientes del fondo del océano de Encélado producidas según este modelo. En b) y c) se ven las zonas calientes que han permanecido por encima de 90 ºC durante diez millones de años. Una fuente de calor permanente a lo largo de miles de millones de años, con la suficiente intensidad para explicar la existencia de un océano global, y que al mismo tiempo daría sentido a la presencia de unos puntos de actividad en superficie tan concentrados. Si este es el escenario que se esconde debajo de su helada superficie, y todos los elementos encajan con esta nueva visión del corazón de Encélado, la vida, de existir, habría tenido todo el tiempo del mundo para desarrollarse. Y la necesidad de regresar, con una sonda especialmente equipada tanto para estudiar tanto su geología interna como para detectar las posibles señales químicas biológicas presentes en sus plumas de vapor de agua, nunca habrá sido más acuciante. El interior de Encélado según el modelo ahora presentado, con el agua filtrándose en el interior del núcleo, para salir de nuevo, transportando el calor adquirido de las mareas gravitatorias en forma de estrechas columnas, que tiene en el polo sur principal punto de salida. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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Los primeros hombrecillos verdes
Ciencia EducacionporAnónimo12/11/2017

50 años de la primera detección de un púlsar. GIF Los días de noviembre de 1967 fueron momentos de suma emoción para un pequeño grupo de astrónomos, que tuvieron entre manos el hallazgo de algo que prometía ser revolucionario, por no decir transcendental. Todo gracias a Jocelyn Bell, una estudiante graduada en la Universidad de Cambridge en Inglaterra, quien descubrió lo que posteriormente se identificó como la primera detección de un tipo de cuerpo estelar hasta ese momento desconocido: un púlsar, una bola de materia increíblemente densa fruto del colapso final del corazón de una estrella masiva, y que en su enloquecido giro irradia haces opuestos de ondas de radio hacia el espacio. La configuración es similar a la que veríamos en un faro. Comparación entre un faro y un púlsar. Nada de esto, evidentemente, se sabía en 1967. Jocelyn Bell solo tenía un hecho: en su análisis de los datos obtenidos por el Mullard Radio Astronomy Observatory, que ella ayudó a construir y con el cual realizaba un amplio estudio de los objetos más brillantes del Universo conocido, los quasars, encontró algo inesperado, algo que parecía parpadear cada 1.3 segundos, un patrón que se repetía un día tras otro. No se sabía lo que era, pero dicha señal entraba en conflicto con la naturaleza generalmente caótica de la mayoría de los fenómenos cósmicos. Además, era en una frecuencia de radio muy específica, mientras que la mayoría de las fuentes naturales normalmente irradian a través de un rango más amplio. Por estas razones, Jocelyn Bell, su supervisor Antony Hewish y algunos otros miembros del departamento de astronomía tuvieron que reconocer que podrían haber encontrado una señal creada artificialmente, algo emitido por una especie de inteligencia. Ella misma etiquetó el primer pulsar como LGM1, que significaba "Little Green Men", "Hombrecillos verdes". La primera detección en papel del púlsar LGM1, después llamado PSR B1919+21. Hewish convocó una reunión (sin la presencia de Jocelyn), en la que discutió con otros miembros del departamento cómo se deberían manejar la presentación de estos resultados al mundo. Mientras que sus colegas científicos seguramente asumirían una posición de moderación y escepticismo, es probable que la posible detección de una civilización alienígena inteligente pudiera llevar el caos entre el público, razonaron algunos de los participantes. La prensa muy probablemente llevaría la historia fuera de toda proporción y todo ello caería sobre los investigadores de Cambridge. Según Hewitt, una persona incluso sugirió (quizás en broma, quizás no) que quemaran dichos datos y se olvidaran de todo. ¿Recibiendo comunicaciones extraterrestres? ¿Pero qué otra cosa podría ser? Un auténtico problema,incluso para la joven Jocelyn Burnell, que años después reconocía que la aparición de esta extraña señal era para ella casi una molesta, ya que como estudiante de posgrado, estaba tratando de terminar su trabajo de tesis antes de que se agotara su financiación, pero este enigma estaba alejando su trabajo de esa meta. "Aquí estaba yo tratando de obtener un doctorado de una nueva técnica, y algunos tontos hombrecillos verdes tenían que elegir mi antena y mi frecuencia para comunicarse con nosotros", escribió en el artículo de la revista Cosmic Search. Los hombres verdes, molestando a una estudiante de doctorado humana... Sin embargo ella misma terminaría por resolver el enigma, ya que reexaminando los datos encontró lo que parecía una señal similar, que se repetía regularmente y de una parte completamente diferente de la galaxia. Esa segunda señal indicó que se trataba de una familia de objetos estelares, en lugar de civilizaciones alienígenas tratando de hacer contacto. "Finalmente se eliminó la hipótesis de los pequeños hombrecillos verdes. Era muy poco probable que hubiera dos pequeños hombrecillos verdes en lados opuestos del universo que decidieran enviar una señal a un planeta discreto, la Tierra, al mismo tiempo, usando la misma técnica y la misma frecuencia. Tenía que ser un nuevo tipo de estrella, no vista antes. Y eso despejó para la publicación del descubrimiento". GIF Esquema de un púlsar y sus haces de radio. Todo esto llevaría al Nobel de Física de 1974, que fue adjudicado a Antony Hewish y el radio astrónomo Martin Ryle. Ambos habían participado, el primero de forma directa y el segundo a través de su aportación al desarrollo de las técnica de radioastronomía, pero dado que el premio precisaba que era por el hallazgo de un tipo de estrella tan extraña y sorprendente como los púlsar, está claro Jocelyn Burnell era la merecedora legítima del premio, o como mínimo formar parte de los elegidos para recibirlo, ya que su aportación fue capital. Eran otros tiempos, sin lugar a dudas. Una injusticia que hace aún más necesario recordar este hallazgo y ponerla en el lugar que merecía. Así como el hecho de que hace 50 años un grupo de astrónomos asumieron que podrían estar ante un contacto extraterrestre. Los caóticos días que siguieron quizás son un adelanto de lo que podría ocurrir el día, si es que llega, en que esa posibilidad se convierta en una realidad. Una joven y aún estudiante Jocelyn Bell durante los años de este fascinaste descubrimiento. Púlsars, los cuerpos celestes que durante un fugaz periodo de tiempo se pensó que eran señales de una civilización alienígena intentando un contacto. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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El "suceso Kaputnik"
Ciencia EducacionporAnónimo12/12/2017

Sesenta años del lanzamiento del Vanguard TV-3. ¿Cuál ha sido el momento más humillante de la conquista del espacio? Hay muchos candidatos, pero sin duda el favorito es la explosión en la rampa de lanzamiento del que debía haber sido el primer satélite estadounidense en el espacio, el Vanguard TV-3. El vergonzoso suceso se produjo el 6 de diciembre de 1957 y convirtió la respuesta norteamericana al Sputnik soviético en una derrota sin paliativos. El fracaso fue de tal magnitud que obligó a reorganizar todo el incipiente programa espacial de EEUU y propició la creación de la NASA unos meses más tarde. Pero rebobinemos un poco, ¿qué era el programa Vanguard? El ‘Kaputnik': los restos del ‘satélite mínimo’ del Vanguard TV3. En julio de 1955 la administración Eisenhower anunció al mundo su intención de lanzar un satélite artificial en el Año Geofísico Internacional (IGY), que, por motivos un tanto oscuros, se prolongaría desde julio de 1957 hasta diciembre de 1958. El anuncio llamó la atención de los medios y de la URSS, lógicamente, pero lo cierto es que para la Casa Blanca era un programa de bajo perfil y delegó en el Pentágono la elección de los medios para conseguirlo. Por entonces ya era evidente que los misiles balísticos que estaban en pleno desarrollo eran capaces, con ligeras modificaciones, de alcanzar la velocidad orbital de 28.000 km/h. El descubrimiento de las increíbles capacidades del misil V-2 (su nombre oficial era A-4) de Wernher von Braun por parte de los Aliados tras la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial generó una auténtica reacción en cadena a ambos lados del telón de acero. Tanto la Unión Soviética como los Estados Unidos comenzaron a experimentar con el A-4 y no tardaron en construir versiones mejoradas cada vez más potentes. Ya en 1946 surgieron en las dos superpotencias los primeros proyectos para poner un satélite en órbita, entre los que destaca el de la RAND Corporation, pero no se les dio mucha importancia: la prioridad era construir cohetes que pudieran enviar una ojiva nuclear al enemigo, no alcanzar el espacio. Un cohete V2 desde la rampa de lanzamiento. El origen de tantas ideas y avances en astronáutica, a ambos lados del telón de acero... En los años 50 el panorama cambió radicalmente con la irrupción de los primeros proyectos de misiles intercontinentales (ICBMs). Estos misiles enormes serían capaces de lanzar un satélite sin complicaciones. Ahora lo difícil era no alcanzar la órbita con estos ingenios. En la URSS la creación del primer ICBM del país, el R-7 Semiorka, recayó en la oficina de diseño OKB-1 de Serguéi Koroliov a partir de 1953. Koroliov había sido un apasionado de la exploración espacial desde su juventud y, junto a otros colaboradores como Mijaíl Tijonrávov, comenzó a estudiar el uso del R-7 para lanzar un satélite artificial. Otras oficinas de diseño, como la de Cheloméi o Yangel, también empezarían a diseñar ICBMs (como el R-16 o el UR-100), pero lo hicieron bastante más tarde que Koroliov. La situación en Estados Unidos era más compleja. Aunque no había oficinas de diseño como en la URSS, las tres ramas de las fuerzas armadas, la fuerza aérea (USAF), el ejército de tierra (US Army) y la armada (US Navy), tenían todas ellas programas de misiles balísticos completamente independientes. Misil de alcance medio Júpiter, diseñado por el equipo de von Braun. Aparentemente el US Army tenía las de ganar en la carrera por el espacio gracias a que contaba con la flor y nata del grupo de ingenieros alemanes que diseñó y operó el A-4 desde Peenemünde —incluyendo al mismísimo Sturmbannführer Wernher von Braun—, que habían sido sacados de Europa en secreto al final del conflicto durante la operación Paperclip para evitar que algunos de ellos fueran juzgados por crímenes de guerra. El grupo de von Braun, que recibió a partir de 1956 el nombre de ABMA (Army Ballistic Missile Agency), estaba a cargo del general John Medaris y su sede estaba en Huntsville (Alabama). Von Braun, al igual que Koroliov, siempre había soñado con alcanzar el espacio y, de hecho, había logrado reciclar su oscuro pasado para convertirse en un auténtico fenómeno de masas gracias a sus reconocidas habilidades sociales y sus cautivadoras propuestas de viajes tripulados a la Luna y Marte, proyectos que serían popularizados entre el público estadounidense en los años 50 por la revista Collier’s y Walt Disney. No es de extrañar por tanto que uno de los objetivos del equipo de von Braun fuese, además de construir misiles, poner un satélite en órbita. El general John Medaris (izquierda) con Wernher von Braun. El equipo de von Braun había diseñado los misiles PGM-11 Redstone y PGM-19 Júpiter —de corto y medio alcance, respectivamente— a partir del A-4. Por su parte, la USAF había puesto en servicio varios misiles, como el PGM-17 Thor de medio alcance, y a mediados de los 50 estaba diseñando el que debía ser el primer ICBM estadounidense, el SM-65 Atlas. Diseñado por uno de los grandes olvidados de la carrera espacial, el belga Karel Bossart, este novedoso misil tenía muy poco en común con la herencia del A-4 y sería construido por Convair. Pero los esfuerzos de la USAF eran tan ambiciosos que no se limitaban al Atlas, ya que por la misma época había puesto en marcha el programa SM-68 Titán para crear otro ICBM alternativo al Atlas en caso de que el desarrollo de este sufriera demasiados retrasos. Frente a esta pléyade de proyectos, la US Navy estaba en clara desventaja y sus proyectos de misiles eran mucho más modestos, principalmente porque albergaba serias dudas con respecto a los combustibles líquidos y apostaba por los combustibles sólidos para construir misiles compactos que pudieran ser lanzados desde submarinos, una estrategia que daría origen al programa Polaris. Atlas, el primer misil balístico intercontinental de EEUU, despega desde Cabo Cañaveral. En agosto de 1955 se creó el comité Stewart para seleccionar el proyecto que debía poner en órbita el primer satélite artificial. El comité, presidido por el físico Homer Joe Stewart, era de carácter secreto y había sido organizado por Donald Quarles, el jefe de investigación y desarrollo del Pentágono, a instancias del presidente Eisenhower. Desde nuestro punto de vista su primera decisión fue una locura. El comité rechazó de plano el uso de los misiles Atlas, Júpiter y Thor, precisamente los más avanzados y potentes. La lógica detrás de esta decisión era que se trataba de programas prioritarios para la seguridad nacional que no podían ser ‘molestados’ por proyectos de segunda categoría. Para la USAF fue una decepción, pero en honor a la verdad tampoco habían puesto mucho interés en el asunto por orden directa del director del proyecto Atlas, Bernard Schriever, que se negaba a desviarse un milímetro de su misión para desarrollar el primer ICBM estadounidense. La Fuerza Aérea había propuesto el proyecto World Series, que combinaba un misil Atlas A con una segunda etapa formada por un pequeño cohete sonda Aerobee 150. El físico Homer Joe Stewart dirigió en 1955 el comité para decidir cómo se pondría en órbita el primer satélite de EEUU. En realidad la decisión del comité Stewart ya había sido tomada con antelación: el proyecto para lanzar el primer satélite artificial de Estados Unidos correría a cargo de la US Navy. La armada había propuesto a través de su laboratorio de investigación NRL (Naval Research Laboratory) el Proyecto Vanguard, que consistía en un lanzador con una primera etapa formada por el cohete sonda Viking y una segunda etapa derivada del Aerobee Hi. El proyecto había sido creado por el ingeniero del NRL Milton Rosen y gozaba de la simpatía de Eisenhower por ser el menos militar de todos los proyectos, ya que la Casa Blanca quería que el primer satélite artificial fuese civil. Y, de hecho, hoy en día se sigue presentando al Vanguard como un proyecto civil, aunque está claro que esto no es correcto teniendo en cuenta que estaba a cargo del Pentágono y la US Navy, dos organizaciones poco civiles bajo cualquier punto de vista. Milton W. Rosen, el padre del proyecto Vanguard y el cohete Viking. Lo que sí es cierto es que tanto el Viking como el Aerobee no eran misiles balísticos, sino cohetes sonda y además el satélite Vanguard no tenía aplicaciones militares. Pero Eisenhower optó por el Vanguard no porque estuviese en contra de la militarización del espacio, sino, curiosamente, por todo lo contrario. La Casa Blanca quería que el primer satélite artificial fuese un proyecto civil en vez del satélite espía WS-117L —que terminaría por transformarse en el programa CORONA– que estaba desarrollando en esos momentos para, de esta forma, sentar un precedente y que los soviéticos aceptasen que un satélite podía sobrevolar el ‘espacio aéreo’ de otro país. Además, mientras el Júpiter, el Redstone y el Atlas eran misiles clasificados, el Viking no lo era. En septiembre de 1955 el Proyecto Vanguard recibió oficialmente su nombre gracias a una sugerencia de la mujer de Rosen. El director del proyecto sería el astrónomo John P. Hagen. Cohete Viking, desarrollado por Milton Rosen para la US Navy a partir de la V-2 alemana. John P. Hagen, director del proyecto Vanguard. Ni que decir tiene, para von Braun la decisión fue una auténtica bofetada. El grupo de Von Braun había propuesto a la Casa Blanca el Proyecto Orbiter para lanzar en 1956 —o sea, antes incluso de que diese comienzo el IGY— un satélite usando un misil Redstone con tres etapas adicionales consistentes en pequeños cohetes Loki. El Redstone estaba operativo y ya no era un programa prioritario, pero el comité Stewart no se dejó impresionar por el grupo de von Braun, «esos nazis arrogantes de Medaris», como los llegó a calificar un miembro del comité. Medaris protestó enérgicamente por la decisión que, lógicamente, consideraba injusta y, oh, casualidad, justo entonces decidió embarcarse en un programa de pruebas de reentradas balísticas con el cohete Júpiter C (la ‘C’ era por Composite re-entry test vehicle), una ‘tapadera’ que claramente le permitía a la ABMA desarrollar la tecnología para poner un satélite en órbita sin contravenir la decisión del Pentágono. Pese a su nombre, el Júpiter C tenía más elementos en común con el Redstone que con el misil Júpiter. Cohete Júpiter C de von Braun con un Redstone al fondo. El Júpiter C era capaz de alcanzar la velocidad orbital gracias a disponer de dos etapas adicionales formadas por varios cohetes Sergeant de combustible sólido agrupados. La respuesta del Pentágono al desafío de Medaris fue prohibir taxativamente a la ABMA poner un satélite en órbita. Como resultado, el misil Júpiter C de von Braun llevaría lastre como carga útil en sus primeras pruebas a partir de septiembre de 1956. El Pentágono llegó a exigir personalmente a Medaris que él mismo supervisase los lanzamientos y le hizo responsable de que no se pusiese en órbita ningún elemento del lanzador, aunque fuera de forma accidental. El Pentágono eligió el Vanguard a sabiendas de que estaría listo más tarde que el Júpiter C de von Braun, pero al fin y al cabo, no había prisa. «¿Acaso los soviéticos van a poner un satélite antes? Imposible», debieron pensar en la Casa Blanca. Un error de cálculo que les saldría muy caro. Cohete sonda Aerobee 150. Mientras tanto el programa Vanguard acumulaba retraso tras retraso. Crear el nuevo lanzador a partir de dos cohetes distintos estaba resultando más complicado de lo esperado, tal y como von Braun había pronosticado. Y, como demuestra el actual cohete SLS de la NASA, una lección que parece que nadie ha aprendido 60 años siglo después. Las variantes del Viking y el Aerobee Hi para el Vanguard debían ser más potentes, lo que implicaba rediseñar todo el conjunto casi desde cero (irónicamente, el Viking, diseñado por Milton Rosen y construido por la empresa Glenn L. Martin, era también una versión mejorada de la V-2 alemana). El grupo de von Braun continuó pidiendo permiso para lanzar un satélite con el Júpiter C, pero el Pentágono no solo se lo volvió a denegar, sino que ordenó a Medaris que destruyese los cohetes de combustible sólido para las etapas superiores. Medaris se negó y guardó los propulsores con la excusa de estudiar cómo soportaban el almacenamiento a largo plazo. Al mismo tiempo, y pese a ser un proyecto ‘civil’, la CIA y el Pentágono inyectaron enormes sumas de dinero en el Proyecto Vanguard para garantizar su éxito. Cohete Vanguard. El cohete Vanguard tendría finalmente tres etapas y 22 metros de longitud. La primera estaba basada en el Viking, pero era casi un 33% más larga y usaba un nuevo motor X-405 de General Electric a base de queroseno y oxígeno líquido. La segunda etapa era casi el doble de ancha que el Aerobee Hi original y tenía 9,4 metros de largo. Usaba el motor AJ-10-37 a base de propergoles hipergólicos. Por último, una tercera etapa X-248 de combustible sólido permitiría al satélite alcanzar la velocidad orbital. Está claro que la mezcla de tres tipos de combustibles distintos no ayudó a que el proyecto progresase a buen ritmo. El satélite apenas tenía una masa de 1,5 kg —como comparación, el Sputnik pesaba 84 kg— y recibió la apropiada denominación de Minimum Satellite, ya que básicamente era una diminuta esfera con baterías y dos emisores de radio (curiosamente, el Sputnik, a pesar de su mayor masa, cumplía la misma función y su nombre oficial era también muy parecido: PS-1, Prosteishi Sputnik, ‘el satélite más simple’). Su tamaño del primer satélite Vanguard era de solo 16 centímetros de diámetro y llevaba seis antenas para transmitir señales a 108 MHz. Detalle del sistema de propulsión de las dos primeras etapas. Detalle de la tercera etapa de combustible sólido. Aleaciones empleadas en el Vanguard. El programa Vanguard había previsto varias misiones denominadas TV (Test Vehicles) en los que se probarían los distintos elementos del lanzador poco a poco lanzados desde la rampa 18A (LC-18A) de Cabo Cañaveral. El primer vuelo, el TV-0, tuvo lugar el 8 de diciembre de 1956 y consistió en un único cohete Viking (Viking 13) que alcanzó una altura de 204 kilómetros en su trayectoria suborbital. El TV-1 (Viking 14) llevó por primera vez la tercera etapa de combustible sólido, pero no incorporó la segunda etapa. El programa parecía avanzar a ritmo lento, pero seguro, y se preveía un lanzamiento orbital en algún momento de 1958. Sin embargo, el 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética lanzó el Sputnik y el mundo cambió por completo. La administración Eisenhower ya estaba al tanto de los progresos con el misil R-7 de Koroliov desde comienzos de año y no descartaba que la URSS pudiese lanzar un satélite, pero, aunque nos parezca increíble, no le importaba demasiado. Para Eisenhower lanzar el primer satélite artificial era el equivalente a poner en servicio un nuevo tipo de avión. Algo llamativo, quizás, pero nada revolucionario. De hecho, pensaba que hasta sería positivo que la Unión Soviética se adelantase para que la política de ‘cielos abiertos’ en el espacio se considerase un hecho consumado y los Estados Unidos tuviesen vía libre para lanzar sus satélites espía CORONA. El Vanguard TV-0 (un cohete Viking) antes del lanzamiento. El satélite mínimo Vanguard era realmente pequeño. El resto del mundo no pensaba lo mismo. Los medios se volvieron locos con el Sputnik y en los EEUU pronto todos se hicieron la misma pregunta, ¿dónde estaba la respuesta estadounidense? El potencial propagandístico del primer satélite en el espacio había sido completamente infravalorado a ambos lados del telón de acero. Al igual que Eisenhower, Nikita Jruschov también se quedó con la boca abierta ante la histeria internacional provocada por el Sputnik y otorgó prioridad al recién nacido programa espacial de Koroliov, que hasta el momento había tenido que contentarse con las migajas de los militares. Ironías del destino, el propio proyecto Vanguard jugó un papel en el lanzamiento del Sputnik tres días antes de lo previsto. Efectivamente, Koroliov creyó erróneamente que los EEUU planeaban un lanzamiento del Vanguard para comienzos de octubre y no quiso arriesgarse. Sea como sea, tres días o tres meses no habrían supuesto ninguna diferencia, pero Koroliov desconocía el verdadero estado de desarrollo del proyecto Vanguard. Después del Sputnik todos los ojos estaban puestos en el Vanguard y de repente el gobierno se dio cuenta de que el programa todavía estaba muy verde. Aún quedaba mucho para que pudiese poner un satélite en órbita. Hasta el 23 de octubre no estaba previsto el siguiente vuelo, el TV-2, que sería la primera prueba de la primera etapa del Vanguard (no se usaría un cohete Viking normal) en la que el resto de fases serían simples maquetas. Afortunadamente la prueba salió bien, aunque quedaban por probar las otras dos etapas. Pero los soviéticos no les dieron un respiro. El 3 de noviembre volvieron a lanzar otro satélite, el Sputnik 2, y esta vez llevaba nada más y nada menos que un perro a bordo, la famosa perrita Laika. La sociedad estadounidense estaba perpleja. Una cosa es que la URSS se adelantase ‘por sorpresa’ y otra muy distinta era la incapacidad manifiesta de su país para organizar una respuesta adecuada. La comparación de masas y tamaños entre la minúscula esfera del satélite Vanguard y los enormes Sputnik no hizo sino aumentar la indignación. Preparando el Vanguard TV-2 para el lanzamiento. Satélite Vanguard. Otra vista del satélite. El equipo del Vanguard se vio presionado por todos lados para convertir en operativo un programa que todavía estaba en fase de desarrollo. Lo único que pudieron hacer fue acelerar las cosas y poco más. Se decidió que la siguiente prueba, la TV-3, llevaría todas las etapas funcionales y un satélite por si tenía lugar un milagro y el cohete alcanzaba la velocidad orbital. El encargado del proyecto Vanguard, John Hagen, advirtió al gobierno de que había muchas probabilidades de que la prueba saliese mal, pero nadie le hizo caso. Para la prensa la misión TV-3 era la ansiada respuesta estadounidense a ‘los rusos’ y todos los medios se presentaron en Cabo Cañaveral para ser testigos del lanzamiento del primer satélite artificial de Estados Unidos. Fases previstas del lanzamiento. Trayectoria prevista del satélite. La rampa LC-18A de Cabo Cañaveral. Diferencias entre los Vanguard TV-2 y TV-3. El Vanguard TV-3 en la rampa. Tras un despegue abortado el 4 de diciembre, el 6 de diciembre de 1957 a las 11:45 hora local el Vanguard TV-3 cobró vida y se alzó sobre la rampa LC-18A. Pese al nombre de la prueba, era la primera vez que un cohete Vanguard despegaba en su configuración completa. Pero apenas dos segundos más tarde el motor X-405 perdió empuje debido a una tubería de combustible mal conectada que se soltó. Después de alcanzar metro y medio de altura el cohete cayó sobre la rampa y explotó. El ‘satélite mínimo’ se desprendió y rebotó entre las llamas como si fuese una pequeña pelota hasta quedar en el suelo a poca distancia de la rampa. Era difícil imaginar un resultado más ignominioso. La prensa se regodeó en la desgracia en una mezcla de indignación, vergüenza y… mucho sarcasmo. Los apodos ingeniosos para el Vanguard comenzaron a salir debajo de las piedras, aunque ‘flopnik’ y ‘kaputnik’ se llevaron la palma. Explosión del Vanguard TV-3 en la rampa. Así quedó el satélite. Como era de esperar, von Braun y Medaris habían estado siguiendo los acontecimientos muy de cerca y tras el lanzamiento del Sputnik volvieron a pedir al Pentágono por enésima vez permiso para lanzar su misil Júpiter C con un satélite. El gobierno, que ya se olía un fracaso del Vanguard, decidió darles luz verde. No podían permitirse no tener un plan B. La ABMA tuvo listo su cohete en muy poco tiempo y un equipo de científicos del JPL de Pasadena dirigidos por James Van Allen diseñó el satélite de 14 kg en 84 días. El satélite recibió la denominación Explorer A, aunque en realidad era un pequeño conjunto de instrumentos acoplados a la parte delantera de un cohete de combustible sólido Sergeant que serviría como cuarta etapa del Júpiter C. Finalmente, el 31 de enero de 1958 el Explorer 1 despegó mediante un misil Júpiter C que sería bautizado como Juno I para hacerlo parecer ‘más civil’ (y porque a von Braun le encantaban los nombres relacionados con la mitología grecorromana). El Explorer 1 se convirtió así en el primer satélite artificial estadounidense, pero para el equipo del Vanguard fue su segunda humillación, quizás más dolorosa que la primera. No solo habían sido superados por los soviéticos, sino también por sus compatriotas (con la ayuda de un grupo de alemanes, todo sea dicho). El cohete Vanguard TV-4 (Vanguard 1) en la rampa. El 5 de febrero se llevó a cabo otra prueba del Vanguard, denominada TV-3BU (back-up), con el satélite de repuesto Vanguard 1B. El cohete también resultó destruido en la que fue la tercera humillación consecutiva del programa. La mayor parte de historias del proyecto Vanguard suele terminar en este punto, pero evidentemente el programa siguió adelante. Pocos se acuerdan de que el 17 de marzo de 1958 la misión TV-4 (posteriormente denominada Vanguard 1) tuvo éxito y logró situar el satélite Vanguard 1 en órbita. Fue el cuarto satélite artificial de la historia y el más antiguo que todavía permanece en órbita. Dice mucho a favor del equipo de Milton Rosen y los chicos del NRL el que fuesen capaces de lanzar un satélite apenas dos meses después del Explorer 1. En total, se lanzaron doce cohetes Vanguard y se realizaron once intentos de alcanzar la órbita, de los cuales tuvieron éxito solamente tres. La última misión del programa, la Vanguard SLV-7 (Vanguard 3), fue un éxito y tuvo lugar el 18 de septiembre de 1959. El satélite Vanguard TV-4 (Vanguard 1) antes del lanzamiento. "Tenemos huevos, va a orbitar." Sin comentarios. Lanzamiento del Vanguard 1 (TV-4), el primer satélite del programa que alcanzó el espacio. Evidentemente, si el comité Stewart hubiera elegido el proyecto Orbiter de von Braun los EEUU habrían puesto un satélite antes que el Vanguard, aunque no necesariamente antes que el Sputnik (recordemos que el comité prohibió el uso del cohete Júpiter y el proyecto Orbiter estaba basado en el Redstone). Pero en estos escenarios de “¿y si?” siempre se suele dejar al margen el misil Atlas, el más potente que Estados Unidos tenía en servicio y la verdadera réplica al R-7 soviético. Si los EEUU hubieran realmente querido adelantarse al Sputnik tenían a su disposición este enorme cohete, que posteriormente se usaría para lanzar las cápsulas orbitales tripuladas del programa Mercury. De hecho, el Atlas fue empleado para lanzar el satélite Score en diciembre de 1958, así que, irónicamente, las tres ramas del ejército lograron finalmente poner un satélite en órbita a lo largo de 1958. Ayuda para identificar otros cohetes Vanguard. Detalle de los últimos Vanguard SLV. Satélite Vanguard SLV-2 de 10 kg que no alcanzó la órbita. La humillación del Vanguard TV-3 provocó que los EEUU entrasen de lleno en la carrera espacial y sentó las bases para la creación de la NASA pocos meses después con el objetivo de no dejarse sorprender nunca más. Los soviéticos podían haber sido los primeros en llegar al espacio, pero no serían los primeros en poner un hombre en órbita (una vez más, los planes no salieron como esperaban). Para von Braun y su equipo de alemanes el éxito del Explorer 1 supuso su salto al estrellato, nunca mejor dicho, después de haber sido relegados al papel de prisioneros de lujo que construían misiles poco ambiciosos para el US Army. La ABMA pasaría a ser controlada por la NASA bajo el nombre de Centro Marshall, donde se diseñarían los cohetes Saturno del programa Apolo. La fama de von Braun alcanzó su cenit cuando Armstrong puso un pie en la Luna, pero justo entonces los fantasmas del pasado en forma de prisioneros supervivientes de Mittelwerk comenzaron a señalarlo y, en consecuencia, la NASA les dio la espalda a él y a su molesto pasado nazi de forma un tanto ingrata. Fallecería en 1977 rodeado de todo tipo de polémicas y acusaciones. Milton Rosen y el equipo del proyecto Vanguard del NRL también pasaron a trabajar para la NASA a finales de 1958, aunque nunca tuvieron tanta proyección mediática como von Braun. Rosen falleció el 30 de diciembre de 2014 a los 99 años, así que el fracaso del Vanguard TV-3 no fue más que una pequeña nota a pie de página en una larga y fructífera vida. Un ejemplo de cómo se registró la noticia. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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El regreso del New Shepard
Ciencia EducacionporAnónimo12/18/2017

Blue Origin estrena cápsula para turistas espaciales. Blue Origin continúa con su intención de poner a punto el primer sistema de turismo suborbital de la historia. El pasado 12 de diciembre de 2017 a las 16:59 UTC el cohete New Shepard alzó el vuelo desde la base de la empresa en Van Horn (Texas) con una nueva cápsula, denominada Crew Capsule 2.0. Esta cápsula será similar a la que empleen los primeros turistas espaciales y destaca por sus gigantescas ventanas panorámicas (una pesadilla de diseño para cualquier ingeniero aeroespacial). El cohete empleado, conocido en la jerga de la empresa como Propulsion Module, también era nuevo. Efectivamente, aunque se trataba del séptimo lanzamiento del New Shepard esta fue la primera misión del tercer ejemplar del lanzador criogénico New Shepard (NS-3). El primer ejemplar resultó destruido en el vuelo inaugural en abril de 2015 y el segundo ejemplar se usó con éxito en las otras cinco misiones del lanzador hasta el año pasado. El cohete New Shepard aterriza verticalmente después de su séptima misión suborbital (fue el primer lanzamiento del tercer ejemplar). Tras acelerar hasta una velocidad de Mach 2,4, la cápsula se separó del cohete a una altura superior a los 76 kilómetros y trazó una trayectoria balística con un apogeo de 99,3 kilómetros, así que técnicamente este vuelo suborbital no llegó al espacio. La cápsula con un maniquí —apodado Skywalker— aterrizó en paracaídas diez minutos y seis segundos después del lanzamiento, mientras que el cohete aterrizó verticalmente sobre su tren de aterrizaje como en las cinco misiones anteriores. La cápsula desplegó sus paracaídas a solo dos kilómetros de altura, mientras que el cohete alcanzó una velocidad máxima de Mach 3,74 durante el descenso y encendió el motor a 1,13 kilómetros de altura para aterrizar a una velocidad de unos 11 km/h. Después de que en 2016 el New Shepard realizase tres misiones la falta de vuelos a lo largo de este año ha sorprendido a muchos. Aparentemente, la puesta a punto de la cápsula con ventanales de gran tamaño ha tardado más de lo previsto. No obstante, con la cápsula lista y después de que el año pasado se probase el sistema de emergencia, el New Shepard está muy cerca de ser operativo. La nueva cápsula después del aterrizaje. Si pagas el pasaje (no se sabe el precio todavía), podrás ver estas vistas. Skywalker parece contento. Según Jeff Bezos el primer vuelo turístico del New Shepard tendrá lugar dentro de año y medio. El New Shepard incluye la etapa propulsiva con un motor BE-3 a base de hidrógeno y oxígeno líquidos y una cápsula para seis turistas dotada de tres paracaídas y un sistema de escape formado por un cohete de combustible sólido de 450 kN de empuje (también dispone de un cohete para frenar el aterrizaje, como la Soyuz). Las características precisas del sistema son secretas, pero se estima que el cohete New Shepard tiene una longitud de unos 15 metros y una masa de cerca de 40 toneladas (comparado con las 450 toneladas de la primera etapa del Falcon 9). A diferencia de la primera etapa del Falcon 9 de SpaceX —mucho más grande y pesada que el New Shepard— el cohete de Blue Origin tiene la capacidad de quedarse suspendido sobre la rampa durante unos segundos para corregir los errores de su trayectoria antes de aterrizar. Esquema de un lanzamiento del New Shepard. New Shepard. Y, por cierto, Blue Origin metió una cámara en el interior de la cápsula durante el vuelo y el vídeo de la misión es ciertamente espectacular. ¿Pagarías por experimentar algo así? (No te precipites, porque el precio del billete todavía se desconoce): link: https://www.youtube.com/watch?v=6ZJghIk7_VA&feature=youtu.be La combinación de un sistema de lanzamiento reutilizable y una cápsula que desciende en paracaídas (es capaz de efectuar un aterrizaje seguro incluso si falla uno de los tres paracaídas) y que está dotada de un sistema de escape de emergencia hacen del New Shepard un sistema altamente redundante y con el potencial para ser rentable con una tasa de lanzamientos lo suficientemente alta (el aterrizaje de la cápsula no parece ser muy suave, pero comparado con el de una Soyuz seguro que es un paseo). Precisamente la seguridad del New Shepard es uno de sus puntos fuertes cuando se compara con otros proyectos de turismo espacial, especialmente con respecto al avión suborbital Space Ship Two de Virgin Galactic. Por otro lado, Bezos ha declarado que está estudiando desarrollar una versión orbital y no tripulada del New Shepard con una segunda etapa. Este lanzador sería un complemento ideal al cohete gigante New Glenn y serviría para poner en órbita pequeños satélites de constelaciones orbitales. Ahora queda por ver cuánto saldrá el subirse a un cacharro de estos. ¿Cuánto estarías dispuesto a pagar? Diseño de la cápsula para turistas. Bezos inspecciona la nueva cápsula tras la misión. Instalaciones de lanzamiento del New Shepard en Texas. link: https://www.youtube.com/watch?v=CSDHM6iuogI Vuelos del New Shepard: * 29 de abril de 2015: lanzamiento del New Shepard 1 (NS-1). El cohete alcanzó 93,5 km de altura. La cápsula aterrizó con éxito, pero el cohete no pudo ser recuperado. * 23 de noviembre de 2015: primer lanzamiento del New Shepard 2 (NS-2). Primer vuelo por encima de la frontera del espacio a 100,5 km. Primer aterrizaje vertical. La cápsula fue recuperada. * 22 de enero de 2016: tercer lanzamiento del New Shepard y segundo lanzamiento del NS-2. Segundo vuelo espacial con una altura de 101,7 km. Segundo aterrizaje vertical y primera reutilización de un New Shepard. Recuperación de la cápsula. * 2 de abril de 2016: cuarto lanzamiento del New Shepard. Tercer lanzamiento del NS-2 y tercer aterrizaje vertical. Altura: 103,8 km. Cápsula recuperada. * 19 de junio de 2016: quinto lanzamiento del New Shepard. Cuarto lanzamiento del NS-2 y cuarto aterrizaje vertical. Altura: 100,6 km. Cápsula recuperada tras un aterrizaje con dos paracaídas. * 5 de octubre de 2016: sexto lanzamiento del New Shepard. Quinto y último lanzamiento del NS-2. Prueba del sistema de escape en vuelo. Quinto aterrizaje vertical. Cápsula recuperada. * 12 de diciembre de 2017: séptimo lanzamiento del New Shepard, M7 (Mission 7), y primero del ejemplar NS-3. Primer vuelo de la cápsula Crew Capsule 2.0. Altura: 99,3 km. Sexto aterrizaje vertical. Cápsula recuperada. Aterrizaje del séptimo New Shepard. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.

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