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Depredador___

Usuario (Brasil)

Primer post: 29 may 2011Último post: 31 oct 2013
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Ilustraciones fantasticas de frank frazetta
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Steampunk World
Steampunk World
ArteporAnónimo5/29/2011

Steampunk World

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Scott Wade arte en sucio
Scott Wade arte en sucio
ArteporAnónimo6/23/2011

Sin descripción

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Cartier-Bresson la imagen del mundo
ArteporAnónimo1/15/2012

El lente del maestro Henri Cartier-Bresson nos transporta en el tiempo y por distintos lugares del mundo, para mostrarnos la sutil belleza de los momentos cotidianos. rélajense y disfruten estas imágenes...

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Colección de chicas guerreras de Luis Royo
Colección de chicas guerreras de Luis Royo
ArteporAnónimo9/25/2011

LUIS ROYO Imagenes de chicas guerreras del maestro Luis Royo de sus colecciones Subersive Beauty, Tattoos, Dead Moon, Prohibited y algunas otras mas. Dedicado a @LadyNaraku Fin de la primera parte

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Princesas en peligro de extinción...
FemmeporAnónimo6/24/2012

Me gustan las mujeres que aun quieren ser princesas y se niegan a convertirse en sapos, porque mientras existan mujeres que todavía guarden modales de doncella, existiremos hombres que aun veremos importante el comportarnos como caballeros. Amo a la mujer que no compite con los hombres, porque sabe que el hombre jamás será su rival sino un complemento de ella misma. Respeto a las mujeres que luchan por ser cada día más mujeres y en ningún sentido buscan parecerse a los hombres, pues muchas mujeres en su búsqueda de la llamada “liberación femenina”, han cometido el error de imitar al varón, pero en los aspectos más deprimentes de éste. Es quizá por esta equivocada conquista que se fajaron pantalones, se dieron el gusto o permiso de vivir aventuras sexuales de una noche, comenzaron a llevarse el cigarrillo a los labios, empezaron a maldecir en público, se desinhibieron en bares y ahora las vemos dando penoso espectáculo, devolviendo el estómago en los baños o embrutecidas y semidesnudas sobre las mesas. Cometieron el error de querer ser como nosotros los hombres y ahora se dicen “weyes” de manera amistosa y permiten que sus amigos varones las llamen “wey” sin darse cuenta que en lugar de mostrarles confianza o camaradería con esa palabra, lo que verdaderamente hacen es rebajarles a nivel de bestias; pero muchas ríen, pues ni siquiera se dan cuenta. Las generaciones de madres abnegadas, reprimidas y violentadas, enseñaron a sus hijas que la mejor manera de acabar con el yugo masculino era convertirse en el enemigo y así crecieron confundiendo su identidad de mujeres, con la intención de seguir nuestros pasos, muchos de los cuales nos han convertido en seres torcidos y han llevado a nuestro mundo a la debacle moral de la que hoy somos víctimas. Las niñas de la nueva generación decidieron que el sueño de ser princesas era muy aburrido y esclavizante, así que cambiaron la corona por un pasamontañas y son ahora también delincuentes de alto impacto. Ahora son servidores públicos podridos, conductoras irresponsables, reinas de belleza involucradas con el narco y hasta líderes sindicales vendidas con algún partido. Me encantan las mujeres que no quieren convertirse en hombres y llegan a la universidad con la firme intención de terminar con honores su carrera. Las que en lugar de demostrarnos que son capaces de beber media botella de tequila, nos demuestran que pueden dirigir un laboratorio o centro de investigación. Las que no buscan un buen partido para casarse sino que buscan ser un buen partido para que un buen hombre las merezca. Las que saben decir no, cuando “NO” es la única respuesta digna de una dama, aunque todo el mundo las tache de anticuadas. Las que se ríen de los chistes machistas y entienden que en lugar de ofenderse, deben sentir pena por el hombre que se atreve a contarlos y mucho más si piensa que esas bromas son un verdadero compendio de sabiduría popular. Pero sobre todo me gustan las mujeres que perdonan y ven con ternura que nuestra egolatría e ignorancia nos hizo creer que el Todopoderoso es padre, que el creador del universo es varón, ya que considero insolente decir que el hombre es imagen y semejanza del Señor. Pues si Dios es supremo, perfecto e infinito amor, entonces el Dios en el que creo, ¡mujer tiene que ser! Porque ama como una madre; su ternura con nada es comparable; su belleza no tiene igual; su buen gusto es sin duda magistral; sus encantos naturales son el extremo ideal. Y para mí, todas estas cualidades sólo con la mujer se identifican. Por eso afirmo que... ¡El único Dios en el que puedo creer, con certeza mujer tiene que ser!

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Como te extraño....
Como te extraño....
OfftopicporAnónimo4/1/2012

Selena... Que no daría por mirarme en el reflejo de tus ojos... Recordando a Selena en su aniversario luctuoso Hace 17 años la vida de esta estrella se apagó repentinamente... pero su luz sigue alumbrando a sus fans.

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gente en wallmart....
HumorporAnónimo5/29/2011

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La Bruja...
La Bruja...
ParanormalporAnónimo10/31/2013

Cargo el peso de una culpa ajena que me llena de remordimiento. Esa falta tiene casi 70 años de edad, y sin embargo la llevo conmigo todavía. A veces, en alguna noche de duermevela, se me aparece repentinamente y me mira en medio de la oscuridad. Entonces las tinieblas de la habitación se pintan de rojo con el color de la vergüenza... Aquella mujer se llamaba Macaria. Vivía sola en La Calera, un lugar apartado y polvoriento que estaba entre los ranchos El Refugio y La Soledad. En El Refugio pasábamos de niños las vacaciones grandes: dos meses largos -¡ay, tan cortos!- del Verano. ¡Qué de hermosuras tenía aquel refugio! Los Ojitos, donde brotaban manantiales cuyas aguas de cristal y música iban luego por las acequias festoneadas de picante berro... La Magueyera: ahí campeaban las descaradas liebres que se burlaban del acoso de los perros dando saltos olímpicos por el chaparral... El Pasito, un canal de riego tan niño que hasta los niños podíamos cruzarlo con un solo paso... La Mojonera, una lomita -el Everest para nosotros- coronada por la gran piedra blanca que señalaba el límite de aquella vasta propiedad... A todos esos lugares podíamos ir los niños, libres, solos. A todos, menos a uno: La Calera. ¿Por qué no podíamos ir a La Calera? Porque ahí vivía Macaria, y Macaria era bruja... Por las noches, al terminar la cena, las estrellas en lo alto como cocuyos, en el jardín los cocuyos como estrellas, salíamos al portal, y ahí nuestras madres nos contaban con misteriosa voz los malos hechos de Macaria. La vez que mató un perro con la pura mirada. O cuando el hijo de Josefa López la vio en el momento de convertirse en lechuza, a consecuencia de lo cual el muchacho quedó mudo para siempre. O la pequeña que vino de Saltillo a un día de campo, y se acercó demasiado a la casa de Macaria. Jamás volvió a saberse de ella; hay quienes dicen... que se la comió... Los niños oíamos aquello y nos llenábamos de temor. Las raras veces que Macaria venía al rancho corríamos a escondernos; si teníamos que ir a La Soledad hacíamos un largo rodeo para no pasar frente al jacal donde vivía sola. Ella nos miraba; nos sonreía; nos hacía señas para que nos acercáramos; nos mostraba en alto un vaso de aguamiel, como invitándonos. Pero nosotros ya sabíamos: era bruja; nos estaba atrayendo para atraparnos. A todo correr nos alejábamos, porque si nos echaba mano nos mataría como a la niña de Saltillo, y nos devoraría sin dejar ni los huesitos. Huíamos, huíamos siempre de aquel lugar horrible y de la mala bruja... Pasaron los años. Eso es lo que saben hacer mejor: pasar. De pronto, sin darme cuenta, dejé de ser niño. Un 6 de agosto, en la fiesta del Santo Cristo, una vejuca me saludó al salir de la capilla. «¿Se acuerda de mí, Armandito? Soy Macaria». Era una pobre anciana, enteca, pequeñita, de mirada humilde y gesto dulce. Me apenó verla, no sé por qué -sí sé por qué-, y apenas acerté a tenderle la mano torpemente. Al día siguiente le conté a mi madre aquel encuentro, y le pregunté por qué ella y mis tías nos contaban a los niños que Macaria era una bruja. Me explicó: «Porque vivía cerca del tanque hondo, aquel pozo de aguas profundas y bordes resbalosos. Un niño del rancho se ahogó al caer ahí, y no queríamos que ustedes se acercaran a ese sitio» Entonces entendí: nuestras madres, para protegernos, inventaron aquella mentira acerca de Macaria. Ella era una mujer sencilla, bondadosa, de buen corazón, pero arrojaron sobre ella una fea calumnia; la hicieron bruja, y mala, para alejarnos de un lugar de muerte. Esa es la culpa ajena que llevo como propia. Recuerdo a aquella mujer sin hijos, solitaria, sin presencia de niños en su vida, y la miro ofreciéndonos desde lejos un vaso de aguamiel para que fuéramos a ella. Quizá nos habría hecho una caricia -a veces, más que nos acaricien, necesitamos acariciar-, pero nosotros escapábamos corriendo, temerosos y asustados. Veo a Macaria triste, sin entender por qué los niños huían de ella, y siento en el filo del alma un calosfrío de vergüenza. Ahora mismo lo estoy sintiendo otra vez al escribir. Y me pregunto: ¿se le puede pedir perdón a un recuerdo? Si eso es posible, perdónanos, Macaria: ni tú merecías nuestro terror de niños ni nosotros merecíamos tu vaso de aguamiel... Y es todo por hoy. Habrán notado mis lectores -los cuatro- que este día me he apartado de mi habitual modo de escribir. Mañana volveré a mi estilo acostumbrado... FIN Escrito por Don Armando Fuentes Aguirre CATON Gracias Maestro! uno de sus cuatro lectores

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