Diablitoray
Usuario (Ecuador)

Creo que mas de una vez los Guayaquileños y Ecuatorianos en general (esto en el caso de los paises sudamericanos que acostumbran a decirnos así) nos hemos preguntado porque razón nos dicen monos, ante esta controversial y yo diría jocosa situación, hago una recopilación de información sobre el tema para despejar mucho esta duda, pues despúes de todo la historia va mas allá de todo lo que se dice en torno a este tema. La Historia ..Desde la primera vez que fuimos a la Sierra y supimos que a los guayaquileños nos llamaban "monos", debimos hacer la pregunta del cajón a nuestros padres, recibiendo como respuesta la lectura de una sabrosa crónica que el tradicionista e historiador don José Gabriel Pino Roca, incluyó en su hermoso libro Leyendas, tradiciones y páginas de la Historia de Guayaquil (Página 128, Tomo II, 3a. Edición), con el título "Los monos de Carlos II", la misma que hoy, a pedido de mis nietos, resumiré a modo de "yapa final" de esta edición. Cuenta el cronista mencionado, que allña por la última década del siglo XVII, gobernaba en España el joven rey Carlos II, hijo de doña María Ana de Austria, el mismo que padecía de cierto tipo de enfermedad mental por la cual se creía víctima de maleficios infernales y de cuando en cuando caía presa de ataque que lo transformaban en un pobre alienado. Seguramente presionado por los tutores, los asesores y los problemas del reino, las crisis se volvían más frecuentes y cuando ello sucedía, el pobre Rey solía vagar delirante por los corredores del palacio o se encerraba en un salón que daba hacia los jardines donde había mandado construir jaulas especiales para los animales exóticos que gustaba coleccionar y con los cuales se distraía en los momentos de aflicción. Mirando el colorido plumaje de los papagayos, escuchando a las loras parlanchinas, jugando con los lebreles saltarines y los suaves gatos de angora, olvidaba sus males y rehuía el trato con los ambiciosos cortesanos. Un día supo que en sus remotos dominios del Nuevo Mundo, en un puerto llamado Guayaquil, habían unos animalitos muy simpáticos e inteligentes, que de seguro iban a ser de su agrado, y no bien ponderadas las virtudes de los monos, Carlos II ordenó a su secretario real que redactara una petición para enviarla a dicho puerto, a fin que se dé cumplimiento a su voluntad de obtener una pareja de aquellos famosos animales. Con el retraso propio de la navegación a vela, el extraordinario documento llegó a Guayaquil en el galeón "Cristo Nuevo", que ancló en el puerto el 15 de mayo de 1695, siendo entregado por el capitán de la nave en las manos del señor Corregidor don Luis López de Haro, quien al día siguiente, ante el Cabildo en pleno, mostró la Cédula Real y pidió al escribano don Diego Pacheco, dar lectura de la misma. Enterándose todos de que:... "Su Majestad Don Carlos, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Hierusalem, de Navarra, de Algecira, etc., etc., etc., etc.,............................. teniendo noticia de que en los bosques y despoblados de esa Provincia existen monos de diversas procedencias y colores, que lo son de mi Real Agrado, os requiero como lo hago por la presente, a que me enviéis dos, de la mejor calidad y figura, al cuidado y protección de cualquier capitán o piloto de la Real Armada, en ocasión de convoy de bajeles a los puertos de Cádiz o San Lúcar de Barrameda. Por ende yo mando dar de mis Cajas Reales, de esa ciudad, el dinero necesario para su manutención durante el viaje, a la persona o personas que de ello entiendan, advirtiendo que deben ser favorecidos y bien tratados, que en ello me serviréis. Fecha en Madrid, a 3 de marzo de 1693, años- Yo el Rey - Por mandato del Rey Nuestro Señor, don Francisco de Asuolaz, Gran Canciller y Regidor Mayor- El Marquez de Valera"... A golpes de tambor se echó a rodar el bando, leyéndolo por las calles de la urbe, se mandaron oficios a los tenientes de partidos y sendas comunicaciones a los hacendados de la región, indicándoles la fecha límite para presentarse con los monos en la plazuela del templo de Santo Domingo, donde un jurado elegiría a los mejores para cumplir los deseos de Su Majestad. Y llegado el día, salieron electos "por votación secreta" dos hermosísimos monitos de la variedad "horros", pertenecientes a don Francisco Silverio de Peralta, maestro de primeras letras de esta ciudad, quien los había conseguido en la jurisdicción de San Francisco de Baba. En cómodas jaulas, los monos de Guayaquil partieron para España y tan pronto arribaron a Madrid, fueron la sensación de la corte, pues el Rey, encantando con sus gracias, no dejaba de mostrarlos a cuanta visita llegaba a palacio, dedicando todo el tiempo que podía gozar de sus cabriolas e inteligentes reacciones. Hasta que una tarde en que hallándose dentro de su salón-zoológico fue presa de las alucinaciones y creyéndose perseguido del demonio echó a correr como loco, dejando abiertas las puertas de las jaulas, para ir a refugiarse en el oratorio, donde se postró al pié del altar en el momento en que le sobrevino la crisis (probablemente epilepsia, como opinan otros historiadores). Uno de los monos, encariñado con su amo, lo sigue a la capilla y asustado, trepa al altar, hasta colocarse en posición grotesca, abrazándose al crucifijo, mientras el otro observa la escena a corta distancia. Cuando el Rey poco a poco se reanima y alza la vista hacia el altar, ¡¡Horror de horrores!! Confunde al mono con el demonio y lo que su adiebrada imaginación le proyecta es la imagen que tanto terror le infunde en los delirios. ¡¡¡Socorro!!! - grita - El diablo está aquó - clama en un supremo esfuerzo, indicando el sitio con la mano temblorosa. Y lo que los guardias y cortesanos ven al entrar en la capilla no es al demonio, sino al mono de Guayaquil, que asustado del gentío, huye en busca de su compañero, aumentando el revuelo del momento. A cuenta de aquel tragicómico incidente que se regó por las calles de Madrid y viajó como noticia hasta este puerto, cada vez que a la Corte española llegaba uno de nuestros coterráneos, la gente se acordaba del "Mono de Carlos II" y las bromas menudeaban alrededor del "Mono de Guayaquil". Como lo explica el cronista Pino Roca, este sería el origen del apodo Monos, con el cual, unas veces cariñosamente y otras con solapada mala intención, desde entonces se nos identifica a los nativos de Guayaquil. Y por que existe un sustento histórico y porque los monos son animales inteligentes, activos, ingeniosos y simpáticos, la mayoría de los guayaquileños aceptamos sin disgustarnos aquel calificativo que a lo largo de los siglos ha constituido parte de nuestra identidad. Aunque en la sierra nos llaman monos a todos los costeños; y en tierras del belicoso vecino del sur, monos somos todos los ecuatorianos. Y a mucha honra, por que entre ser mono inteligente y ser una tonta gallina o una iguana lerda y cagona, yo prefiero lo primero, y por eso defiendo a ese simpático animal que nos representa como un notable exponente de nuestra fauna tropical y que hace unos años cuenta con estatuas que se han dedicado al papagayo y a la iguana y finalmente como complemento de la fauna propia de la ciudad se incluyo al mono Machin que luce imponente hacia la ladera norte del cerro Santa Ana El Mono Manchín El mono capuchino o machín blanco, hoy luce imponente hacia la ladera norte del cerro Santa Ana, en medio de los dos túneles que conectan a ese sector, desde el ingreso a Guayaquil, con el centro de la ciudad, en la avenida Juan Xavier Marcos. La obra fue contratada por el Municipio y fue ejecutada por el artista imbabureño Juan Sánchez. Muestra a un primate trepado sobre un árbol. Atrás, a sus espaldas, está el cerro de El Carmen cuyas casas, pintadas en diferentes tonos pasteles, hoy le dan un toque artístico a la zona. La escultura, de 12 metros de alto, requirió de 110 000 pequeñas piezas multicolores de cerámica colocadas sobre una estructura de cemento y hierro. En el mono machín, que es una especia en extinción, predomina el color café en diferentes tonos. Fue levantada en los últimos cinco meses a un costo de USD 100 000. En los inicios de los trabajos, quienes transitaban por los túneles especulaban de qué se trataba. Carlos Freire, quien toma esa ruta a diario para ir a su trabajo en el centro de la ciudad, pensaba que se trataba de una escultura en honor a algún árbol de la zona. Lo primero que se trabajó fue el árbol sobre el que está el mono. El historiador Rodolfo Pérez Pimentel expresa que Gabriel Pino Roca, en ‘Leyendas y Tradiciones de Guayaquil Antiguo’, publicado en 1930, reseña que en la época del rey Carlos II de Burgos, debido a sus ataques de pánico y depresiones que sufría, le recomendaron que se consiguiera unos monos que lo divirtieran. “Entonces mandó a ver monos traviesos e inquietos que habitaban en la cuenca del Guayas. Una noche se le escaparon los monos y se le metieron a la cama y le dio un ataque. Eso fue muy comentado y desde ahí se habla de los monos de Guayaquil”, recuerda. Según Pérez, el mono es parte de la trilogía de animales representativos de esta zona y que hoy tienen sendas esculturas en la ciudad. Se suman la iguana y el papagayo de Guayaquil. En efecto, bajo la misma técnica, en años anteriores, al propio Juan Sánchez le correspondió levantar las esculturas a la iguana, primero, y al papagayo, después. En el 2004 elaboró la iguana gigante del Centro Comercial Aventura Plaza, en Urdesa. Fue inspirada en el reptil que actualmente habita sobre los árboles en distintas zonas de la ciudad. Y en el 2006, al papagayo que está en un redondel frente al Centro Comercial La Rotonda. Pero Guayaquil suma una cuarta escultura a una especie representativa. El monumento al bagre fue inaugurado en febrero del 2009 en el malecón de Bellavista, a orillas del estero. Fue elaborado por Antonio Cauja. Mide 2,20 metros de altura y pesa 6 toneladas. Son puntos turísticos de referencia donde hoy en día propios y extraños no pierden la oportunidad para deleitarse con las obras. El mono machín fue inaugurado el 01 de Octrubre del 2011, y es motivo de atracción de quienes, corriendo riesgos, no desaprovechan la ocasión de cruzar la transitada avenida de ingreso al túnel para fotografiarse. El mono machín aún se puede encontrar en áreas protegidas de la cordillera de Chongón-Colonche y en las reservas de manglares Churute y del Salado. Espero les haya gustado mucho este post, y se haya aclarado la duda de muchos, el hecho de que nos digan monos no debería afectarnos de una u otra manera, existen obviamente quienes lo harán despectivamente, pero sabemos perfectamente que eso es un tema a parte, Si el serrano me dice mono lo acogeré siempre con una sonrisa. Lo importante es lo que somos y la esencia de lo que demostramos ante los demás... Que si soy mono o no.. pues además de serlo soy Guayaco y Ecuatoriano por siempre... Si les gusto recomiendenlo... un abrazo amigos... ) q risa por eso lo puse