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Emir0220

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Primer post: 9 sept 2007
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cuentos cortos de Borges para pensar
InfoporAnónimoFecha desconocida

Que tal gente, este es mi primer post y me parecio una buena idea poner dos cuentos cortos de Borges. Estan muy buenos, cada vez que los encuentro no los puedo dejar de leer. La Leyenda Abel y Caín se encontraron después de la muerte de Abel. Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la marca de la piedra y dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidió que le fuera perdonado su crimen. Abel contestó: -¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes. -Ahora sé que en verdad me has perdonado -dijo Caín-, porque olvidar es perdonar. Yo trataré también de olvidar. Abel dijo despacio: -Así es. Mientras dura el remordimiento dura la culpa. JUAN LÓPEZ Y JOHN WARD Les tocó en suerte una época extraña. El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras. López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote. El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte. Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen. El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender. Los dos cuentos giran en torno a la misma tematica Por eso los puse juntos... Fuente: el primero: http://conchadelalora.blogspot.com/2006/05/leyenda-de-borges.html El segundo: Los Conjurados, de Borges; de 1985

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4 cuentos breves de escritores argentinos
InfoporAnónimo9/10/2007

Qué tal? Hoy posteo estos cuentos porque me impresionaron mucho, en especial el primero. Lo que más me llamó la atención del segundo fue la simpleza de la historia y lo excelentemente narrada que está. El tercero es un clásico, es la adaptación que hizo Borges al cuento de la noche 351. Éste último "sirvió de inspiración" al seudo escritor Paulo Coelho para escribir el alquimista. Sin más, los dejo con los cuentos. Son muy buenos, recomiendo más que nada el primero.Intemperie. Yo viví la crisis del 2001 (IVAN MOISEEFF)Si el mes que viene no consigo trabajo,me compro un rifle de aire comprimido.Mi balcón da al contrafrente de un edificio abandonado,ocupado por las palomas .Entran. Salen. Se quedan en las ventanas. Miran.Todavía me queda algo de plata.*Envié ochenta y dos currículums.No me llaman.Odio que no respondan.Ni siquiera para decir "no".Ahora llamo por teléfono a las empresas amenazándoloscon que hay una bomba en el edificio."Hay una bomba en el edificio", digo.*Las cuentas se deslizan por debajo de la puertacomo suaves amenazas.Y cada vez que escucho ese sonido,me tiembla el corazón,esperando una carta con una buena noticia,alguien olvidadoque me recuerde.*Ayer, pocos segundos después de cortar, el teléfonorepiqueteó.Horror.Del otro lado, una voz femenina dijo:"Usted acaba de llamar amenazando conque había una bomba. Tenemos su número de teléfono".Silencio.Me aterré.Pero después la imaginé esperando, satisfecha yexcitada por su pequeño atrevimiento ,con un tailleur ajustado...Una empleadilla,pero con un sueldo seguro por mes y las cuentaspagas.Y de pronto me di cuenta de que yo no tenía nada,no me podían quitar mucho.Y mi tía me pide que deje su departamento.La voz me interrumpió: "Tenemos su número telefónico y podemosconseguir su dirección". Se sentía fuerte. Estallé:"Puta de mierda, la concha de tu madre hija de putate voy a cortaren pedazos..."*Hace un mes que le vengo diciendo:la semana que viene dejo el departamento,no te preocupes.Sospecha que le miento.Tengo miedo.No, miedo no. Difícil. Problemas.*Por la noche, en la tele, veo reportajesy me imagino cómo respondería yo a esas preguntas-tan íntimasqueles hacen a las celebridades.Me imagino contestando sobre esta etapa de mi vida."Fue un tiempo difícil", diría con nostalgiay un poco de orgullopor haberlo superadoy después cuando la señal deja de trasmitir y apago eltelevisorel loro de madera que está colgado en la pared enpenumbrasme recuerda lo triste que soy.*No me estoy lavando los dientes porque en diez días tengo unaentrevista laboralno quiero lavarme porque le quiero escupir la cara*Envié un currículum diciendo que sabía Agronomíaestaba desesperadocuánto pueden tardar en descubrirmi ignorancia para la AgronomíaSi soporto un mes tienen que pagarme ese sueldoNo es una locura*Él me viono va a tomarmepero igual empieza con su "buen día"y todo su discurso sobre la empresala cabeza me late yjunto salivafuente: http://noiseart.blogspot.com/Mas sobre IVAN MOISEEFF: Argentina, 1975 Nació en Buenos Aires y estudió Letras en la Universidad de dicha ciudad. Es poeta, narrador y editor del sello de literatura Clase Turista: www.edclaseturista.com.ar. Ha publicado la plaqueta de poesía ¡Adiós, pomeranian! en la antología Horny Housewife Kidnapped (2005) y la novela Falling (2006). Se encuentra corrigiendo su próxima novela: Huitzilopochtl. Cuento por encargo (DAMIANI MARCELO)El barco pirata estacionó frente a mi casa. Los marineros engancharon el ancla en el árbol del vecino y se apostaron a lo largo de la calle mirando hacia adelante con cara de desalmados. Al rato bajo el capitán y golpeó mi puerta; le abrí, él entró sin ningún tipo de preámbulos y se acomodó en el bar destrozado que me quedó de un fallido cuento de vaqueros. "Usted es escritor, ¿no?", me interpeló en un idioma desconocido; por suerte los dos manejábamos el mismo código literario. "Sí; así es", respondí. "Bien, dijo, necesitamos alguien con mucha imaginación". "Los críticos dicen que yo no tengo ni una pizca", señalé. "Bien, murmuró pensativo, ése es un buen signo". Hizo una pausa; tomó un vaso de whisky que había por ahí, y me miró. "Mi tripulación y yo tenemos un problema. No encontramos una buena aventura desde hace años. Nadie nos quiere dar lugar en sus historias; dicen que ya no servimos para nada porque estamos pasados de moda... Así que decidimos tener nuestro propio escritor". Lo único que faltaba, pensé: Piratas con problemas existenciales. "Mire, le dije, los relatos de aventura no son mi especialidad." "Eso no nos importa, masculló, pónganos en el género que quiera." Se puso de pie bruscamente, se dirigió a la puerta y agregó: "Le damos una semana. Y no intente traicionarnos. Los dos escritores que lo intentaron ya no pueden escribir más". Y se fue. Entonces, por las dudas, empecé a escribir este cuento.fuente: http://eloficio.blogspot.com/2007/08/cuento-por-encargo.htmlMas sobre DAMIANI, MARCELO:Nació en la ciudad de Córdoba en 1969, pero en 1981 se mudó a Buenos Aires. Es egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En 1995 publicó su primera novela: Adiós, Pequeña. También ha colaborado en la revista Espacios, los diarios Clarín y Página/12 de Argentina y El metropolitano de Chile. Sus cuentos han aparecido en la revista Yagrumal de Puerto Rico y Lateral de Barcelona. El sentido de la vida obtuvo el Premio del Fondo Nacional de las Artes en 1998. Historia de los dos que soñaron, Jorge Luis Borges El historiador arábigo El Ixaquí refiere este suceso:"Cuentan los hombres dignos de fe (pero sólo Alá es omnisciente y poderoso y misericordioso y no duerme), que hubo en el Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan. Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la boca una moneda de oro y le dijo: "Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla." A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros de los desiertos., de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres. Llegó el fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y por el Decreto de Dios Todopoderoso, una pandilla de ladrones atravesó la mexquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea. El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo, y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca de la muerte.A los dos días recobró el sentido en la cárcel,. El capitán lo mandó buscar y le dijo: "¿Quién eres y cuál es tu patria?. El otro declaró: "Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Mohamed El Magrebí." El capitán le preguntó: "¿Qué te trajo a Persia?". El otro optó por la verdad y le dijo: "Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que esa fortuna que prometió deben ser los azotes que tan generosamente me diste"."Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio y acabó por decirle: "Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro de una mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete"."El hombre las tomó y regresó a la patria. Debajo de la fuente de su jardín que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Dios le dio bendición y lo recompensó y exaltó. Dios es el Generoso, el Oculto."(Del libro de las 1001 Noches, noche 351)fuente: http://www.actilingua.net/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=143&Itemid=46La dicha de vivir de Leopoldo Lugones/b] Poco antes de la oración del huerto, un hombre tristísimo que había ido a ver a Jesús, conversaba con Felipe, mientras concluía de orar el maestro. –Yo soy el resucitado de Naim –dijo el hombre-. Antes de mi muerte, me regocijaba con el vino, holgaba con las mujeres, festejaba con mis amigos, prodigaba joyas y me recreaba en la música. Hijo único, la fortuna de mi madre viuda era mía tan sólo. Ahora nada de eso puedo, mi vida es un páramo. ¿A qué debo tanto atribuirlo? –Es que cuando el maestro resucita a alguien asume todos sus pecados –respondió el apóstol- Es como si aquel volviese a nacer en la pureza del párvulo. –Así lo creía y por eso vengo. –¿Qué podrías pedirle, habiéndote devuelto la vida? –Que me devuelva mis pecados- suspiró el hombre.A la comunidad taringuera tambien le recomiendo mi anterior post http://www.taringa.net/posts/info/892258/Cúando-es-bizarro-lo-bizarro.html

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Archivo Sabato, pinturas, Ideas, frases...
InfoporAnónimo9/9/2007

Archivo Sabato Una selección de entrevistas donde el creador de Sobre Héroes y Tumbas repasa los temas que marcaron su vida y su pensamiento, desde la literatura a la filosofía, pasando por la política, la historia, la religión y el arte: Su militancia en la juventud Comunista; La Conadep y la dictadura militar; la creación literaria. Sabato y su infancia: “Me llamo Ernesto, porque cuando nací, el 24 de junio de 1911, día del nacimiento de San Juan Bautista, acababa de morir el otro Ernesto, al que, aun en su vejez, mí madre siguió llamando Ernestito, porque murió siendo una criatura. “aquel niño no era para este mundo”, decía. Creo que nunca la vi llorar tan estoica y valiente fue a lo largo de su vida, pero seguramente, lo haya hecho a solas. Y tenia noventa años cuando menciono, por ultima vez, con sus ojos humedecidos, al remoto Ernestito”. (antes del fin, 1998) “Al terminar la escuela primaria de mi pueblo, en 1923, en medio del desgarramiento más hondo de mi vida, mi hermano Pancho me llevo a la Plata para completar mis estudios. Recuerdo la primera noche, con su enigmática madrugada en la casa de la calle Pedro Echagüe, oyendo entre sueños un ruido inédito para mi, que a través de las décadas se ha conservado como una imagen de mi tristeza infantil: el sonido de los cascos de caballo y de las chatas por el empedrado”. (antes del fin 1998) -Empecemos con este dialogo, recordando algunos momentos de su infancia. -lo mas profundo que puedo decir sobre esa época de mi vida esta en esas novelas que he escrito, aunque a veces aparezca desfigurada por la ficción. No sé, para hablarle de mi infancia tendría que mostrarle algunas fotografías y comenzar a recordar cosas de mi niñez, allá en rojas, mi pueblo. Pero creo que eso no es importante. -¿Y sus sueños, quiero decir los de aquel tiempo, tampoco los quiere recordar? -No recuerdo detalles, pero los puedo hablar de algunos sueños obsesivos: una enorme bóveda, una especie de anfiteatro cósmico, yo solo, en alguna parte mi padre y mi madre. Era algo terrorífico. Pero otras pesadillas se producían estando despierto. Eran, pienso ahora, mas que sueños, alucinaciones. -¿Esos sueños o alucinaciones de su niñez, no tienen que ver con el informe sobre ciegos, que se materializa después en la ficción? -No le puedo responder en cuatro palabras lo que intento escribir en toda mi obra. Más, no creo que he escrito para tratar de ver claro en esas obsesiones. Y es más: para poder soportarlas sin reventar. (El escritor y sus fantasmas, entrevista de Roberto alifado, proa, 1975) Sabato y la militancia: -¿Cuándo empezó a militar en el comunismo? -Hacia 1930. Hice mis estudios secundarios en el colegio de la Universidad de La Plata, lejos de mi familia, que estaba en Rojas. Me sentía muy solo, pero leía mucho, todos los románticos alemanes como Schiller y Kleist, y a los rusos, que me subyugaron. Me acuerdo de Satchka Yugulev, de Andreiev, que me fascino porque el protagonista era un muchacho revolucionario de una familia burguesa o aristocrática. No recuerdo. Dicho sea de paso, cuando ya de grande lo encontré en mi biblioteca no pude pasar de las primeras paginas, de lo malo que me pareció al lado de los genios de la talla de Dostoievsky, Gogol y todo aquel fenomenal conjunto de escritores, que nunca mas se repitió. Al mismo tiempo hice amistad con estudiantes anarquistas y comunistas. En aquel tiempo, esos movimientos eran muy fuertes, debido a la inmigración de trabajadores italianos, españoles, rusos, búlgaros, pobres diablos que trabajaban en los grandes frigoríficos de Berisso. Yo tenia unos quince años, por entonces, y vacilaba entre el anarquismo y el comunismo. Tenga en cuenta que la Revolución Rusa había estallado en 1917, de modo que aun conservaba el resplandor romántico de toda gran revolución, cosa que, a pesar de ser hijo de burgueses, o por eso mismo, me subyugaba, porque desde adolescente me angustiaron lo desheredados. Empecé a acompañar a muchachos hijos de anarquistas y comunistas que iban a los dos gigantescos frigoríficos para ayudar a los obreros en sus luchas por aumento de centavos en su salario. Vivian amontonados alrededor de esos monstruos en casillas de zinc rodeados de aguas podridas y verdosas de a cinco o seis en una pieza. Así viví oscilando entre las dos doctrinas.” (Entrevista en Revista La Maga, 1995) “Me alejé de los claustros universitarios y me afilie a la juventud comunista; y junto a ellos, recorrí los grandes frigoríficos Armour y Swift, ubicados en Berisso (…), donde los obreros Vivian en la miseria mas aterradora. En 1930 se produjo el primer golpe militar, terrible y sanguinario. Aquel primer golpe fue decisivo en mi vida pues tuve que ingresar en la clandestinidad, primero por mi condición de militante y luego porque llegue a ser secretario de la Juventud Comunista y era muy buscado por los represores”. (Antes del fin, 1998) “En la época del famoso “Boom”, mas allá de sus valores literarios, muchos escritores me acusaron de traidor al comunismo, pretendiendo ignorar que yo había vivido aquella entrega, pero también la desilusión de ver como el estalinismo había corrompido los principios que el movimiento pretendía enaltecer”. (Antes del fin. 1998) Sabato y la literatura: “Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas”. (Heterodoxia, 1953) “Hay una sola forma de alcanzar la universalidad y la eternidad: escribiendo sobre el hombre de hoy y aquí. Pero eso no significa que se haga literatura social: Dostoievsky no ha pasado a la historia porque haya escrito las costumbres de la clase media rusa ni los problemas de los mujiks, sino porque, a través de esos problema, fue capaz de descender hasta el infierno ultimo del alma humana”. (“Una sola universidad, la de la vida” Reportaje en tarea universitaria, 1960) “No hay que pedirle nada al escritor, sino dejarlo que escriba sobre lo que le duele y sobre sus obsesiones mas reiteradas y enigmáticas. Entonces lo que haga será verdadero y por añadidura nacional, pero en el sentido mas hondo de la palabra, no el sentido aparente o caricaturesco”… (“El argentino angustiado” reportaje de Juan José Sebreli en Ultramar, chile 1960) “Un hombre no puede escribir sino muy pocas novelas en su vida. Si es un escritor en serio, angustiado, tiene una sola obsesión que lo atormenta y de la que de alguna manera desea liberarse, expresándola. Pero no es una obsesión clara, ni para él mismo. (“Dialogo con Ernesto Sabato”, Reportaje en El escarabajo de oro, Nº 5, febrero de 1962) “Ninguna actividad del espíritu humano, ninguno de sus productos suele entenderse o juzgarse aisladamente o dentro del estrecho ámbito de su oficio (el arte, la ciencia, las instituciones jurídicas); pero muchísimo menos esa actividad hibrida y compleja, tan estrechamente unida a la condición del hombre que es la novela: sus vicisitudes, ¿Qué pueden ser sino las vicisitudes del espíritu humano todo?”… (“Por una novela novelesca y metafísica” Reportaje de Emir Rodríguez Monegal y Severo Sarduy en Mundo Nuevo, Nº 5, noviembre de 1966) “Me interesa la novela más que el pensamiento puro: es un genero que permite la expresión de los dos universos: el del día y el de la noche, el de la razón y el de la alucinación. Es un genero hibrido y contradictorio, como yo mismo”… (“Sabato: ¿Premio Nobel?”, Reportaje en libros elegidos, Nº 37, julio 1979) “yo no escribo más que lo que verdaderamente creo. Lo más importante para el hombre es lo sobrenatural e inexplicable. Si fuéramos meramente razonables, seria disparatada toda esperanza porque somos mortales. Es decir que oscuramente, creemos en una suerte de inmortalidad, aun los que no comparten las ideas de ciertas religiones”… (“Sabato: ¿Premio Nobel?”, Reportaje en libros elegidos, Nº 37, julio 1979) https://ugc.kn3.net/s/http://www.youtube.com/v/2Kb5W7qGaek?fs=1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=2Kb5W7qGaek Frases cortas y buenas "Las modas son legítimas en las cosas menores como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables." “tengo con la literatura la misma relación que puede tener un guerrillero con el ejército regular. No soy un escritor profesional. Detesto la literatura y los literatos”. “Un genio es alguien que descubre que la piedra que cae y la luna que no cae representan un solo y mismo fenómeno”. “Creo que la verdad es perfecta para las matemáticas, la química, la filosofía, pero no para la vida”. “Habrá siempre una hombre tal que, aunque su casa se derrumbe estará preocupado por el Universo. Habrá siempre una mujer tal que aunque el universo se derrumbe estará preocupada por su hogar”. “Pero, ¿Por qué esa manía de querer encontrar explicación a todos los actos de la vida?”. “Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es NO RESIGNARSE” “Siempre es levemente siniestro volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección”. Ernesto Sabato: también pintor fuente: Texto principal:Revista cultural el "PASAJERO de la cultura" N° 29 (la recomiendo) seleccion de textos: Pablo Javier Fedyna Pinturas: www.literatura.org/Sabato/arte/pintor.html www.difusioncultural.uam.mx/revista/sep2001/peppino.html bueno gente esto es todo espero que les interese ya que me costo mucho hacerlo (tuve que transcribir letra por letra

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Habseligkeiten
InfoporAnónimo8/1/2009

Habseligkeiten fue la palabra elegida en un concurso convocado en 2004 por el Instituto Goethe como la más hermosa de la lengua alemana, y se utiliza para designar las pocas e insignificantes pertenencias de aquéllos que no tienen apenas nada. Es una concepto típico alemán, compuesto de dos palabras completamente contradictorias: el secular «haben» (tener) y el religioso «Seligkeit» (beatitud) y tiene una «connotación cariñosa y compasiva». El concepto es prácticamente intraducible. «Cosas que alguien posee« lo define el diccionario Duden. Pero no es tan así, porque las «Habseligkeiten« no tienen mucho valor, al contrario. Quizás la elección haya sido un truco para espolear a los profesores de alemán en todo el mundo: sólo quien se abre paso hasta las profundidades del idioma comienza a comprender realmente otra cultura. Significa “pertenencias”, pero tiene una connotación íntima y casi piadosa. Se la usa, por ejemplo, para designar las posesiones de un niño, o de un desamparado, quizá de un muerto, pero jamás para referirse a los bienes típicos de la sociedad de consumo. El término, además, combina dos ámbitos: el material y el espiritual, al contener en sí la palabra “Seligkeit”, que significa felicidad, en el grado de beatitud. Esa reverberación semántica fue, a todas luces, lo que tanto entusiasmó a los expertos.

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Fabián Casas: El Bosque Pulenta
ArteporAnónimoFecha desconocida

Bueno después de mucho tiempo sin postear vuelvo a subir un cuento que me pareció muy interesante. Esta vez le dejo dos opciones: Que vayan directo al cuento (que esta al final) o que lean la opinión de Gonzalo Garcés sobre el cuento y luego el cuento, o primero el cuento y después la opinión. En fin, como quieran. Cita :El cuento Pulenta Sobre Fabián Casas. Publicado en Ñ el 16 de agosto de 2008 por Gonzalo Garcés Una columna literaria debería ser actual, de carácter general y movida por el odio. Por lo menos eso creí durante bastante tiempo. Y en realidad todavía lo creo. Pero ésta no será ninguna de las tres cosas. La mueve esa exaltación que causa la literatura realmente buena, en vez de abarcar mucho mira con microscopio, y es todo salvo actual, ya que debo ser uno de los últimos argentinos en enterarse de que Fabián Casas es un gran escritor. Pero ¿por qué es tan bueno? Olvidemos un minuto a la crítica argentina, embrutecida por la noción francesa de que estampar un calificativo sobre una obra es lo mismo que definirla y asociarla con un “procedimiento” lo mismo que entenderla. Atendamos (pongo por caso) al mejor cuento del libro Los Lemmings y otros: “El Bosque pulenta”. A primera vista, parece de lo más simple. Un hombre cuenta sus recuerdos de pubertad. Tenía un amigo llamado Máximo, el típico loquito al que las madres temen y al que sus amigos idolatran. Máximo organiza una pelea contra una banda rival. Y eso es todo. Salvo que, desde las primeras líneas, el cuento de Casas hace cosas casi imposibles. Refiere episodios que, en principio, no pueden ser más trillados: la primera masturbación, el rock, la barra de amigos. Pero el efecto es el contrario. Parece que hablara, en voz baja y sin apuro, de una experiencia tan extraordinaria que sólo la mayor precisión puede transmitirla. También parece San Juan detallando las visiones del Apocalipsis. En este mundo de chabones y birras se entretejen verbos bíblicos, giros heroicos, esbozos de mitos. Máximo explica que “cojer es lo que nos multiplica.” Más adelante llama desde Córdoba y comunica que tiene a la vista un bosque “con ciervos y pájaros de todos los colores y caballos fosforecentes y lechuzas que hablan.” Al cabo de un año, regresa: “El Avatar”, declara el narrador, “estaba de nuevo en Boedo.” Otro de la barra, Fuzzaro, “es un heraldo.” Y cuando el narrador se despide de un amigo antes de la pelea final, le dice con naturalidad: “¡Los que vamos a morir te saludan!” Este fraseo no es paródico. Casas no hace ironía, aunque la proximidad de la lengua del barrio y de las intimaciones grecolatinas produzcan un chisporroteo que se confunde con la ironía. Un pequeño cambio en la formulación y la historia sería otra; si Casas mirara con burla el pasado, si escribiera que Máximo “era para él un auténtico héroe” o que se despidieron “cual gladiadores en el circo”, haría sentimentalismo barato. Pero los elementos heroicos están puestos exactamente donde y como estarían si Casas hablara en serio. Es que habla en serio. El mundo de “El Bosque pulenta” es literalmente mágico y heroico. Hay un pequeño descubrimiento que algunos escritores de lengua española vienen haciendo en años recientes y que a veces me hace pensar que entramos en una época post-irónica de la literatura. Y el descubrimiento es éste: que es posible usar con toda impunidad los giros majestuosos, la sintaxis, los mitos o el vocabulario de la literatura clásica, y producir la clase de emoción cristalina que asociamos con la literatura clásica, a condición de que el tema sea emblemáticamente moderno. Un ejemplo: el diario del poeta adolescente en Los Detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Otro ejemplo: el monólogo del cura homosexual reprimido en Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño. Es mucho lo que Bolaño y Casas tienen en común. Compárese uno de los momentos culminantes de “El Bosque pulenta”, cuando Máximo aparece trayendo refuerzos para la pelea: Entonces pasa un colectivo rojo, inmenso, pasa por Maza y cruza Estados Unidos y detrás de él, como si el colectivo hubiese sido un telón metálico y ruidoso, aparecen Máximo y unos diez chicos. con la escena ya famosa de Los Detectives salvajes en la que el narrador es rescatado en un momento de tribulación: Dos pares de ojos brillantes, como de lobos en medio de un vendaval (licencia poética, pues yo nunca he visto lobos; vandavales sí, y no se ajustan demasiado a la estola de humo que envolvía a los dos tipos) me observaron […]. Entonces vi salir sus rostros de la humareda. Eran Ulises Lima y Arturo Belano. Al igual que Máximo, los héroes Lima y Belano irrumpen con una imagen que remite al teatro: de atrás de un telón el primero, de una nube de humo los segundos. Ambas imágenes son vagamente imposibles, exageradas, grotescas y conmovedoras. Hasta acá el tono de “El Bosque pulenta.” Ahora quiero decir algo sobre su construcción. Casas cuenta en una entrevista que le robó mucho al Vargas Llosa de Los cachorros. Le creo; la proeza de esa nouvelle consistía en hacer hablar a un yo colectivo. Casas hace algo parecido con recursos distintos. Por ejemplo: en la primera página del cuento se dice que Máximo entendió tempranamente que la vida es un infierno. En la página cuarta, que otro amigo, el Tano Fuzzaro, se matará un día en un accidente de moto y que sus últimas, confirmatorias palabras serán: Así es la vida. El final de uno parece confirmar la epifanía del otro. Esta forma de distribuir los picos dramáticos —dándole a uno el presentimiento crucial del principio, a otros las experiencias inolvidables del medio, a otro la violencia del final— crea la ilusión de que Casas ha seguido en detalle la vida entera de cada miembro del grupo. “El bosque pulenta” deja la impresión de una novela-río sobre el destino de una generación, cuando en realidad son nueve páginas en las que la cámara sólo se detiene una o dos veces en cada personaje. Cuenta con tres apéndices. Son monólogos de personajes ya conocidos del cuento y merecerían otra columna entera. Pero se me acaba el espacio, y como diría Casas, sobre lo que no se puede escribir en detalle mejor quedarse musa. "EL CUENTO" El Bosque Pulenta Se trata de dos chicos que salen a la vez por las puertas traseras del mismo taxi y, por miles de motivos, no se vuelven a ver más. Uno de ellos soy yo, el que cuenta la historia. El Otro es Máximo Disfrute, mi primer amigo, maestro, instructor, como se le quiera llamar. Mi mamá y su mamá trabajaban en la misma fábrica de ropa interior femenina. Lo primero que recuerdo es que estamos debajo de algo. Puede ser la mesa inmensa del dormitorio de mis viejos. Ahí jugábamos. Durante toda mi infancia Máximo venía a mi casa para que jugáramos. Como su mamá era muy pobre y vivía saltando, como una abeja, de hotel en hotel, yo nunca iba a su casa a jugar. Una vez, cuando Máximo era bebé, y su mamá alquilaba una pieza donde no querían madres solteras, se tuvo que acostumbrar a dormir en un cajón, escondido debajo de la cama, por si la dueña del lugar irrumpía de golpe en el cuarto y los echaba a patadas. Esa incertidumbre constante, ese peregrinar de pieza en pieza, aceleró la imaginación de Máximo y lo convirtió a temprana edad en un adulto. ¿Qué es un adulto? Alguien que comprende que la vida es un infierno y que no hay ninguna posibilidad de buen final. Máximo, según mi parecer, venía rumiando este conocimiento desde que estaba debajo de la cama, en la oscuridad. Una tarde, estamos sentados en mi cuarto y Máximo me pide que le traiga una medibacha de mi vieja, dice que me quiere mostrar algo que le está pasando. Voy al dormitorio de mis padres y escarbo en los cajones. Ya de camino a mi pieza, atravieso el cuchicheo de nuestras madres en la cocina. La media está enrollada en mi bolsillo. Máximo la agarra y me dice que cierre la puerta. Después se baja el pantalón. Un pantalón negro con dos parches redondos de cuero en cada rodilla. Y se empieza a frotar la pija con la medibacha de mi mamá. Al rato le sale por la punta del pito un pedazo de crema dental. Me dice que pruebe con la media, que es increíble lo que se siente. Yo la agarro e imito los movimientos de mi maestro, pero no consigo nada. Máximo me detiene con un gesto y me dice que no me preocupe, que quizá todavía no puedo hacerlo. Le pregunto qué se siente. Me dice: es como un escalofrío pulenta. Después me explica, mediante dibujos, que esa pasta dental que le salió del pito es la que te trae al mundo, que los padres “cojen”. Es la primera vez que escucho esa palabra. Cojer, dice Máximo, es lo que nos multiplica. Y me aclara que sólo goza el padre. Después lavamos la media de mi mamá y la escondemos. Máximo me dice que vuelva a intentarlo en otro momento. En la cortada del pasaje Pérez, escucho de boca de Máximo la palabra “Chabón”. Estamos jugando al fútbol en la calle. También dice, cada vez que algo está bueno, “Pulenta”. Yo le dije esa palabra a mi maestra y me retó. Mi mamá también me retó cuando se la dije a mi viejo. Mi papá, en cambio, se rió. A Máximo todas estas palabras se las pasa su primo, que es muy grande y vive en la provincia. En San Antonio de Padua. Máximo dice que vamos a ir ahí un fin de semana para matar gatos. Para eso, nos preparamos con mi juego de química, haciendo brebajes letales que van a poner a los gatos patas para arriba. Pero la madre de Máximo nunca nos lleva a San Antonio de Padua. No importa, Máximo trae una radio inmensa que era de su abuelo. La abrimos y tratamos de arreglarla. Soñamos que si lo logramos, vamos a ser considerados chicos prodigios. ¡Los primeros chicos que sin saber nada de electricidad pudieron devolverle la vida a una radio viejísima!. Fantaseamos con que estamos en un canal de televisión y nos entrevista un locutor que quiere saber cómo lo logramos. Vea, dice Máximo, fue un trabajo bien pulenta. Y el público estalla en aplausos y se bloquean las líneas telefónicas del canal porque la gente no para de llamar para felicitarnos. La mamá de Máximo, durante una larga temporada, venía a mi casa, aún en pleno verano, con tapados grandes. A mi vieja le llamaba la atención. Al poco tiempo Máximo tenía una hermanita. La chica se quedó a vivir en la casa de sus padrinos, unos viejos que no podían tener hijos y que eran los empleadores de la mamá de Máximo. De vez en cuando, Máximo venía a casa con su hermanita ya crecida. Y le hacíamos esto: la acostábamos en mi cama boca abajo y nos subíamos encima de ella, frotándola con el pito hasta acabar. A veces venían otros chicos del barrio invitados por Máximo para frotarse y acabar. Máximo Disfrute empezaba a hacerse una reputación importante en todo Boedo. Es el invierno del 78. Hace un frío de puta madre. “Frío Mundial 78”, como lo recordaríamos tiempo después. Tengo un equipo Adidas nuevo, y le paso el mío viejo a Máximo. Le queda casi bien. Es un poco más bajo que yo. Tiene nariz aguileña y los pelos duros como los de un puercoespín. Suele pelearse en la calle con chicos de otros barrios y con esto suma puntos entre nosotros. Se peleó en el cine Moderno antes de que empezara una película de Trinity, en el recreo del colegio con uno de séptimo, en el Minimax cuando fuimos a comprar bebidas para un cumpleaños y, lo que terminó por coronarlo como el más grande, se robó plata de una de las oficinas donde la madre hacía la limpieza. Repartió el botín entre todos y nos fuimos, en taxi, al centro a ver películas y a comer pizza por metro. Creo que esa fue la primera vez que viajé solo en un taxi que yo podía pagar, es decir, que Máximo podía pagar. En esa gloriosa tarde que culminó con una compra masiva de revistas de Batman, fue cuando se ganó el apodo. Había una canción publicitaria con la que se promocionaba el Ital Park: “Los chicos lo conocen a Máximo Disfrute/Máximo Disfrute está en el Ital Park/ el Ital Park es grande ¿en dónde lo encontramos?/ ¡En los ojos de sus hijos lo hallarán!”. La cantábamos mientras volvíamos tarde, de nuevo en taxi, del centro hacia Boedo. Eramos cinco. Se empezó a correr la bola de que en una calle de Boedo había un chico, un tal Máximo Disfrute, que la rompía. Entonces desapareció por primera vez. La madre de Máximo había conseguido un trabajo cuidando una quinta junto a su hermana, en Córdoba. Así que adiós disfrute. Recuerdo que fue la primera vez que claramente extrañé a alguien. Pasaba caminando por todos los lugares donde solíamos ir y recordaba las frases de Máximo sobre tal o cual cosa. En la distancia, su figura se volvía mítica. Con el gordo Noriega, o el Tano Fuzzaro, nos pasábamos la tarde recordando la vez que Máximo se enfrentó con los de la Placita Martín Fierro y —demostrando claramente que estaba loco— se les plantó cuando terminábamos un partido muy chivo y —en la mismísima plaza— les dijo que los iba a matar uno por uno. Al Jefe de la placita, a Chamorro, eso le encantó, y en vez de romperle la crisma lo adoptó casi como un segundo ¡De golpe y porrazo Máximo era un capo de la peligrosa Martín Fierro! ¡Tenía el aguante de Chamorro! ¡Un pesado que con sólo nombrarlo en cualquier lugar de Boedo ya daba miedo! A veces, Máximo venía a la vereda donde nos sentábamos a escuchar los discos de Led Zeppelin, y nos contaba, al pasar, que la noche anterior había estado con Chamorro, que se habían agarrado a trompadas contra los de Deán Funes, que se habían cojido minitas, que habían robado una farmacia que estaba cerrada y que casi los agarró la policía porque él se había colgado cagando, con la linterna en la mano, en el baño del negocio. Según pudimos saber a través de Máximo, Chamorro sabía artes marciales y era muy frío y ventajero a la hora de pelear. Por eso gana siempre, tiene un arrebato pulenta, decía. Chamorro también le había conseguido un trabajo en el Mercado de Boedo. Hacían el delivery para un carniza italiano que vivía en la calle Castro. Según Máximo, un viejo cornudo hijo de puta que se había casado con una nenita que le habían enviado de Italia especialmente para que se la moviera. ¡Un delivery de carne fresca! Con la plata que sacaba trabajando, Máximo se vestía con lujo según la moda de la época. Era un cheto de piel oscura. Camisas rayadas, chalecos azules, vaqueros Wrangler bombillas y mocasines con unos flecos en el empeine. Ibamos a bailar a Casa Suiza, al Asturiano, al Hogar Portugués y empezábamos a besar a las primeras chicas. Fue entonces cuando desapareció y yo anduve como bola sin manija, como perro sin dueño, como arquero sin arco… la ropa que me había comprado siguiendo el estilo de Máximo me parecía horrible, mi vocabulario había envejecido a la velocidad del sonido… Iba a tener que inventarme a mí mismo… Cuando, una noche de lluvia —me acuerdo bien de eso— sonó el teléfono en casa y escuché su voz después de casi un año. Andrés, me dijo, estoy junto a un fuego con mi primo, y unos seis perros, por el ventanal se ve el bosque que es la parte de atrás de la casa que cuidamos… tendrías que verlo, es un bosque pulenta, con ciervos y pájaros de todos los colores y caballos fosforescentes y lechuzas que hablan. ¡Era Máximo en todo su esplendor! Le dije que yo ahora tenía rulos –no me cortaba el pelo y se me había enrulado- y que eso le gustaba a las chicas. También le dije que lo extrañaba y le pregunté cuándo iba a volver. No lo sé, depende de mi vieja, dijo, estaría bueno que vos pudieras venir a recorrer este bosque, te metés en él y parece interminable, es como si creciera a su antojo a medida que uno camina. Y agregó: con mi primo nos matamos de risa todo el tiempo. Agarramos a los perros y nos perdemos en el bosque y cocinamos algo por ahí. Es bien pulenta. Sentí una mezcla de celos y un extraño furor. Supongo que pensé que la vida podía ser algo increíble si uno se encontraba en el bosque pulenta. Después hicimos un inventario de los chicos de la barra y finalmente nos despedimos. Pasó un año más hasta que una tarde abrí la puerta de casa y él estaba ahí. Pero ya no tenía la indumentaria cheta. Tenía un overol, una remera desteñida y el pelo duro de puercoespín había mutado por unos rulos inmensos. Se señaló la cabeza y me dijo: ¿esta es la onda, no?. Y nos abrazamos. El Avatar estaba de nuevo en Boedo. Se había hecho la permanente y se había tatuado un árbol en el brazo derecho. Y empezaron rápidamente a sucederse las cosas. Por ejemplo, esto. El tano Fuzzaro está en el living de mi casa. Parado, mojado, porque afuera está lloviendo. La campera inflable brilla bajo la luz del techo. Tiene la respiración agitada. Vino corriendo. Es un heraldo. No puede saber que en algún momento se va a comprar una moto y que vamos a andar los dos —cada uno en la suya— surcando Boedo como bólidos. Todavía no sabe que una tarde de frío nos vamos a dar un palo terrible en la Costanera y que el va a caer de cabeza al piso, sin casco, y que un telón de sangre va a bajar a través de sus ojos. Así es la vida, me va a decir mientras yo le trato de levantar la cabeza. Y después chau. Ya está, ya lo escribí. Ahora está impaciente por hablarme. Me hizo despertar por mi vieja. Bajo de mi pieza con la ropa del secundario todavía puesta. Me había quedado dormido con los pantalones grises, la corbata azul, y la camisa celeste. Había estado escuchando Spinettta hasta morir. Ahora tengo la boca pastosa y le digo al tano que se siente, que se saque la campera húmeda. Hay un quilombo bárbaro, me dice, estábamos con Máximo en el Parque Rivadavia y de pronto se le acercan unas chicas y …¿Quiénes estaban en el parque?, le pregunto. Máximo, el Japonés Uzu, los hermanos Dulce…Y de golpe, detrás de las minas saltan unos chabones que dicen, de guapos, que qué estamos haciendo ahí y Máximo le dice que está en donde se le canta y, casi sin darle posibilidad de que le contesten, lo arrebata a uno y el chabón cae como un árbol. Y el otro se asusta y sale corriendo…Y ahora fueron unos pibes del Parque a lo del Japonés ¿A la tintorería?, pregunto. Sí, a la tintorería y le dijeron que el Parque Rivadavia está buscando a Máximo para surtirlo. Un tal Chopper ¿Sabés quien es Chopper? ¿Chopper?, digo. Chopper ¡el que se bancó a los de la plaza Flores cuando pelearon en la puerta del Pumper!, dice. Ahora lo tengo claro. Chopper, un gordo medio rugbyer, un asesino a sueldo que se la pasa peleando en cuanto baile se hace por la zona…¿Qué pensás, qué pensás?, gatilla el Tano. Pienso que la de Historia es una pesadilla de la que trato de despertar, le digo. ¿La de Historia, la vieja de historia?, dice. ¿Qué tiene que ver? Que tengo que estudiar toda esa mierda para mañana y no agarré un puto libro, le digo. Entonces mi mamá entra en el living y le pregunta al tano si quiere tomar un café. No, gracias, señora, le dice el tano. Yo espero que mi vieja se vaya para su pieza y le digo al Tano: Tano ¿vos sabés que Máximo se está dando? ¿Se está dando?, pregunta, mirándome fijo. Sí, que está fumando marihuana y toma pastillas, le digo. Lo inició el primo. A mí no me lo dijo nunca pero se lo contó a Chumpitaz. ¿A Chumpitaz?, salta el Tano. Más que Máximo se drogue, lo que le parece increíble es que se lo haya contado al imbécil de Chumpitaz. Ahora se saca la campera, tiene la cara desencajada. Bueno, dice, nosotros cuando éramos chicos tomábamos ese Talasa. Sí, lo hacíamos, le digo. Lo que dice Chumpitaz es que Máximo está vendiendo en la Plaza Martín Fierro, con Chamorro. ¿Vendiendo droga? Sí, vendiendo. Y las pastillas lo deben poner más loco de lo que es, le digo. ¿Vos probaste?, dice el Tano. No, digo. Si no hablamos con él va a terminar en la cárcel, le digo. O va a terminar asesinado por Chopper, dice. Chopper, pienso, el que a la salida de la cancha de Ferro se agarró a pedradas con la cana. Entonces el Tano parece recuperar su papel en el guión, y recuerda súbitamente para qué vino, para qué me hizo despertar tan tarde. Y me dice: mañana a la noche nos juntamos en la esquina de Maza y Estados Unidos, vamos a ir al Parque Rivadavia, para ver cuántos son. ¿Quién dijo eso?, digo. Máximo y los Dulces estuvieron de acuerdo. También dicen que va a venir Chamorro y pibes de la Martín Fierro, me larga, para darme a entender que vamos a estar bien pertrechados. Parece que los del Parque Rivadavia se reúnen a la noche bajo el monumento. La idea es seguirlos y después apretarlos cuando se van. ¿Y Chopper?, digo. De Chopper se encarga Chamorro, dice. Una pelea de titanes, digo. La Tercera Guerra Mundial, dice. La esquina de Maza y Estados Unidos. Es una noche fría. Cuatro esquinas cruzadas por dos calles anchas, mucho cielo, ningún edificio y el farol del medio de la calle con su luz lunar. Por encima, y a los costados, la oscuridad y las frías estrellas. En las casas, algunas luces prendidas, el reflejo de una estufa o un televisor. Acabamos de hacer lo que hacemos siempre que nos juntamos y es invierno: amontonamos madera sobre la calle y prendemos fuego. Nos ponemos en círculo y el fuego es el núcleo. Está el gordo Noriega, el Tano Fuzzaro, los hermanos Dulces, el Tucho feo, el japones Uzu y yo. Esperamos a Máximo que va a venir con Chamorro y los pibes de la Martín Fierro. Hay una calma tensa. Estamos arriba de un avión y de un momento a otro vamos a tener que empezar a arrojarnos en paracaídas. De golpe, por la vereda de Estados Unidos, con un trozo de la avenida Boedo a sus espaldas, viene caminando apurado Chumpitaz. Tiene, como siempre, las manos en los bolsillos. Es capaz de pelear con las manos en los bolsillos. Lo habíamos mandado al Parque Rivadavia para que vea si debajo del monumento ya estaban los enemigos. Cuando pase el tiempo, Chumpitaz se va a casar con la gorda Fantasía y va a poner una remisería en Humberto Primo y Maza. Va a engordar —ahora es un grisín con el flequillo Balá— y va a tener cuatro hijas. Están todos ahí, dice, mientras le sale vapor por la boca. ¿Está Chopper?, pregunta el Dulce más grande. No, dice Chumpitaz, no me acerqué mucho porque son un montón y el monumento está todo iluminado. ¿Pero está o no está?, repregunta Dulce, que tiene un mancha blanca de nacimiento en la cara. No sé, dice, nervioso, había dos grandotes que se estaban sacando los cinturones. Esto va para atrás, pienso, mientras tiro más madera al fuego. Quiero un fuego colosal. ¿Cuándo viene Máximo?, pregunta Tucho. Ya va, ya va, dice Dulce grande. Dulce chico tiene los ojos fijos en el fuego. ¡Miren! , dice el gordo. Cruzando la calle, debajo del farol, en diagonal, se acerca Musculito. Todos empezamos a cantar : Musculito Musculito Musculito/te rompemos/el culito. Musculito se sonríe. Tiene apenas 17 años y un cuerpo trabajado a full en un gimnasio. El pelo teñido con agua oxigenada. Los sábados desfila en Rigars, una casa de ropa masculina que queda en plena calle Lavalle. En el primer piso del negocio, hay un gran ventanal con una pasarela para los modelos que se pasean a la hora en que la gente sale de los cines. Nosotros íbamos a gritarle de todo a Musculito. ¡Puto, puto!, gritábamos. ¿Qué hacen quemando madera?, dice Musculito. Tiene un buzo estrecho y unos vaqueros ajustados. Estamos esperando a Máximo, salta Chumpitaz. ¡Entonces va a haber riña!, dice. Con los del Parque Rivadavia, dice Dulce grande, ¿por qué no venís, Musculito? ¿Están locos?, dice, con un tono de loca, los van a hacer pedazos. Yo tengo toda una vida por delante. Más bien por detrás, dice, irónico, el Tano. Chicos, dice Musculito, si mañana siguen vivos, que lo dudo mucho, ¿quieren venir a una exhibición de gimnasia con aparatos? Le gritamos de todo. Dulce lo empuja. Musculito, que podría destrozarnos a todos juntos con los ojos cerrados, prefiere reírse. Después se me acerca. Otra vez siguiendo el carro de Máximo ¿no?, me dice. Los del Parque empezaron, le digo sin mirarlo a la cara. Musculito siempre me pone nervioso. Ese Máximo es un infradotado, dice. Ya se van a dar cuenta. Entonces pasa un colectivo rojo, inmenso, pasa por Maza y cruza Estados Unidos y detrás de él, como si el colectivo hubiese sido un telón metálico y ruidoso, aparecen Máximo y unos diez chicos. Tiene, apenas lo vemos, los ojos desorbitados y brillosos. Yo y el Tano lo miramos y nos miramos. Los muchachos son de la Martín Fierro, son gente de Vainilla, dice Máximo. Vainilla, un moreno con la capucha del canguro puesta, se adelanta y nos saluda con una inclinación oriental. Musculito se separa de nosotros, se apoya contra un Valiant negro que siempre está estacionado casi en la esquina. Nunca vimos a nadie manejarlo. Pero está impecable, brilloso. Chamorro se nos une allá, así que tranquilos, vamos a darle su merecido a esos boludos, para que sepan quien manda en Boedo, dice Máximo. ¿El Parque Rivadavia queda en Boedo?, pregunta el imbécil de Chumpitaz. Boedo queda donde estemos nosotros, dice Máximo. Eso me quebró. Esa frase, esa puta frase, dicha en ese momento de la noche, me puso la piel de gallina y los ojos húmedos. Todavía recuerdo la campera roja, inflable, de Máximo, contra el replandor del fuego. Bueno, vamos, dice Dulce grande. El Tano me mira. Empezamos a caminar por Estados Unidos. Vamos a hacer Estados Unidos hasta avenida La Plata y vamos a entrar por Quito, por un costado del parque, detrás del monumento. ¡Chau Musculito!, le grito, ¡ los que vamos a morir te saludan! Musculito se cruza de brazos y nos saca la lengua. Epílogo: Charla con el japonés Uzu, inventor del Boedismo Zen Dicen que a Jimmy Page le salió mal una brujería y por eso se murió Tarac, el hijo de Plant, dice Uzu. ¿Se llamaba Tarac o Tarek?, digo. No sé. Pero de lo que estoy seguro es que el tipo se dedica a la brujería. ¿No viste los signos que usa en la ropa y en los discos de Zeppelin? Zoso. Ese, Zoso, que es una especie de invocación satánica ¿Dónde tenés Zeppelin Dos? En la otra pila. Japón, ¿Viste qué bueno ese chaleco que tiene el hijo de puta…ese que dice en letras grandes Zoso. Es de Page, yo se lo vi a Page. Ese. Me duele como la puta madre…Anoche no podía dormir del dolor… ¿Te hicieron radiografías? Sí, de la cabeza y del brazo y creo que del torax también. Lo que pasa es que vos quedaste justo en el medio. Acá está. ¿Puedo ponerlo bajo? Sí. Este Winco... ¿Quién lo pintó de blanco? Lo pintamos con el tano Fuzzaro una vez que nos dimos vuelta con Talasa. ¡Está bueno! Para mí este disco es uno de los más grandes de la historia del rock, es como el Sargent Pepper…vas a ver que lo van a copiar hasta el año dos mil… Me parece que nos volvimos locos, no tendríamos que haber salido todos a la vez…Y ese Vainilla que parecía tan malo al final se metió en ese quiosco y se hacía el que compraba cosas… ¿En qué quiosco? En uno de avenida La Plata, cuando empezamos a retroceder corriendo… Pero vos ahí te paraste en seco y encaraste a ese animal del cinto. Sí, fue medio loco. ¿Qué le dijiste? No me acuerdo. Pero ahí me empezaron a pegar de todos lados y Máximo me gritó algo pero no sé qué. Japón, ¿sabés que de golpe tengo una sensación extraña?. Como si perdiera el sentido de las cosas. Es como si de golpe me sumergiera en el fondo del agua y escucho todo bajo esa campana de silencio que hay cuando uno está nadando al ras del piso de la pileta ¿Viste? Le dijiste eso al médico. Sí, me dijo que podía ser por el shock de la pelea y los golpes. Me hizo un electroencefalograma pero salió todo bien. Yo lo vi a Máximo gritando como loco y se metió en el medio donde te estaban pegando a vos con un palo que no sé de dónde lo sacó… Dulce grande estaba tirado boca abajo, sobre la calle ¿estábamos sobre la calle? Ustedes sí, yo venía detrás, yo vi los patrulleros y a esas viejas que empezaron a gritar… pero al tal Chopper no lo vi por ningún lado. Ni a Chamorro. Anda diciendo que va a ir el sólo al parque. Que vaya. Lo van a matar. Nosotros empezamos a correr por Venezuela cuando cayó la yuta. A mí me agarró Máximo y me metió en un taxi. Estaba aturdido. Maximo sangraba por toda la cara. ¿Fueron al Ramos Mejía? No. No teníamos plata para pagar y ni bien salimos de ese quilombo Máximo le dijo al tipo que no teníamos un mango y nos hizo bajar. Yo bajé por un lado y Máximo por el otro. Pero no lo volví a ver. ¿Cómo puede ser? Como te digo. El taxi arrancó y yo estaba solo. Máximo, Máximo grité. Pensé que se había quedado en el taxi, pero me acuerdo que los dos bajamos a la vez. De ahí volví caminando hasta casa. A medida que me enfriaba me dolía el alma. El misterio de Bruce Lee. Lo mataron porque estaba dando a conocer los secretos de las artes marciales ¿No? Sí. Lo mataron con un golpe. Cómo. Un tipo se lo cruzó por la calle y apenas lo tocó. Pero como era un experto, con ese golpe bastó para que a la semana, Bruce se muriera. Se parece a lo que me contaste la otra vez con el maestro de té. Es así. Si vos sos un maestro de té, impecable en el arte de la preparación del té. También podés pelear con cualquiera y matarlo a golpes porque sos impecable. Tenés impecabilidad. ¿Es decir que si yo fuera un maestro del té podría haber fajado a todo el parque Rivadavia? Exacto. Voy a poner Zeppelin uno. Este también está rebueno. Es genial. Igual que House of the holy. O Physical Graffiti. Ese es mortal. ¿Y Máximo? Nadie lo vió. Ya va a aparecer. Seguro que anda en Padua. Máximo es impecable. Sí. ©Fabián Casas Cita : Fabián Casas Nació en Boedo, Argentina, en 1965. Publicó Otoño, poemas de desintoxicación y tristeza (1985), Tuca (Libros de Tierra Firme, 1990) y El salmón (Libros de Tierra Firme, 1996). <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&amp;n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

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