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Tecnolerdos Trabajo en una oficina que tiene bastantes años de antigüedad, perfil técnico y con mucha gente. Esto significa que el rango de edades que abarcan mis compañeros es amplio, así que podemos encontrar gente de mi categoría profesional que va desde más o menos mi edad (yo soy de los más jóvenes) hasta prácticamente la de jubilación. Dejando aparte los temas técnicos, en los que todos son bastante expertos, una de las cosas que más me ha llamado la atención desde que entré es la frontera invisible que nos separa a los que hemos integrado los ordenadores como una herramienta natural de trabajo, de los que los sufren como una carga añadida a su jornada laboral, afectando a su rendimiento clarísimamente. Es un hecho que la gente de mi edad es la que más o menos marca el límite de los que empezaron a estudiar con ordenadores, pero los que son más mayores se dividen entre los que espabilaron y consiguieron adaptarse (con un esfuerzo mayor al mío, no lo pongo en duda) y los que jamás lo han logrado, más que nada, por falta de actitud. Hasta ahora nunca le había dado importancia porque no me afectaba, pero hace poco tuve que trabajar unas horas en la mesa de una de estas personas con problemas de adaptación a las máquinas, teniendo este señor el poder sobre el ratón, y, entre despedazarle con mis propias manos fruto de la desesperación ante su estilo, o intentar memorizar aquellas cosas que me sacaban de quicio para hacer un post, opté por lo segundo. Los dos ganamos: él conservó su piel y yo mi puesto de trabajo. A continuación haré una lista de los patrones comunes que he observado en esta gente, que son unos cuantos (no demasiados) en mi oficina, y no sólo en relación con lo de aquel día, sino con muchos otros momentos que he vivido. Si identificáis a alguien con estos conductas en el trabajo, sin duda estáis ante uno de ellos. Perfil - Edad entre cuarenta y cinco y sesenta y cinco años - Titulación superior - Pertenecen a la "vieja escuela". - Capacidad alta en los aspectos técnicos de su trabajo - Amplia experiencia laboral, desarrollada mayoritariamente en la empresa actual - Mínimo de diez años trabajando con ordenador de forma continua durante su jornada laboral - Formación recibida en ofimática en algún momento de su carrera profesional, a cargo de la empresa Síntomas - En internet, siempre hacen doble click en los links. Alguien les debió decir allá por los noventa que para abrir cualquier cosa en el ordenador había que hacer doble click encima, y nada, que así siempre. Con lo que no contaban es con que la era internet llegaría, y que cuando la página web en la que están navegando los vínculos pinchados aparecen en ventanas nuevas, el chocho de páginas abiertas que se les puede llegar a montar de tanto dobleclicar, pasa a ser la fiesta de la ventana en cuanto se descuidan. - Leen cualquier mensaje que les aparece en el ordenador desde el principio hasta el final, como si fuera la primera vez que les aparece en la vida. A ver, a todos nos pregunta el ordenador mil veces al día cosas tipo "¿Desea guardar el archivo?", "Si cierra, los cambios que no haya guardado se perderán", "Este archivo podría contener elementos no seguros"... yo qué sé, mil cosas que estamos hartos de ver y que aceptamos de manera casi automática, o no, pero en plan pim-pam pim-pam. Antes de pensarlo, ya lo hemos pulsado. Ellos no, ellos leen cada mensaje con cuidado, meditan sobre él, ponen lentamente el cursor sobre el ok, vuelven leerlo por si se han perdido algo, y hacen lo mismo que llevan haciendo diez años ante ese mismo mensaje: aceptar, o no. Si estás con ellos en ese momento, tienen la extraña manía de leerlo en voz alta, como si el ordenador tratara de comunicarse con ellos y ellos fuesen los elegidos de hacer de intérpretes con el mundo. - No conciben espacialmente el monitor. Cada vez que tienen que cerrar una ventana, minimizarla o abrir algo del escritorio, divagan en varias direcciones con el cursor del ratón hasta que hallan el mismo botón, icono o crucecita que pulsan varias veces todos los días, y que está en el mismo sitio de siempre. Es fascinante esto, cómo mueven el cursor con su cara de concentración y eso, pero a partir de la tercera vez pone un poco de los nervios y dan ganas de echar mano al ratón. - No tienen ningún acceso directo en el escritorio, o tienen tantos que no necesitan abrir el Explorador de Windows porque lo tienen todo ahí, aquí siempre estamos ante extremos. Depende de lo que aprendieran el primer día que contactaron con una computadora. Que les enseñaron a grabar archivos en el Escritorio: pues los ponen todos. Que no les enseñaron: pues ninguno. - Todavía se acuerdan del WordPerfect y a veces le llaman así al Word por error. - En internet, en vez de usar buscadores, lo escriben todo en la barra de direcciones con sus www y su .com, por lo que su lista tiene unas ochocientas direcciones grabadas, es un espectáculo cuando la despliegan. Una frase para la historia que escuché esta semana fue algo así: "me parece que me voy a pasar al Google ese... el Yahoo está un poco flojo últimamente, no encuentro casi nada". - Cuando se meten en internet y les saltan pop-ups con publicidad, se los leen detenidamente, por si es algo importante. Si les salta dos veces, lo leen dos veces. - En su bandeja de entrada del correo electrónico, tienen cosas de 1998. - Sus correos electrónicos y archivos de word, siempre tienen la letra y tamaño que viene por defecto, y el estilo más sofisticado que usan la negrita, la cursiva, el subrayado, la mayúscula y el tabulador. Y el punto y aparte también. - Las rutas de sus carpetas de archivos, suelen tener tantas subcarpetas acumuladas con el paso del tiempo, que se necesitan de diez a doce pasos para acceder al archivo en cuestión. Obviamente, cada vez que abren una subcarpeta, la actitud es la de: ponen el cursos del ratón en medio de la pantalla, buscan con la vista por todo el monitor como si no existiese relación entre lo que han clicado anteriormente y lo que se abre, lentamente aproximan la flechita, y hacen doble click en la que quieren con ciertas dudas, como si no existiese vuelta atrás en caso de error. Así las doce veces. - No tienen favoritos, no conocen su existencia. Buscan su página en su lista de la barra de direcciones tras hacer scrolls de dos minutos, o la escriben otra vez, total, de ochocientas a mil almacenadas, qué más da. - Si abren un powerpoint de coña enviado por correo electrónico, lo tienen que ver hasta el final porque no saben abortarlo, aunque no les guste. Si de repente sienten que les van a pillar con algo porno abierto hay dos opciones: o bien pasan todo a toda hostia (clickclickclickick...) o directamente apagan el ordenador con el reset (juro que yo lo he visto). - Cuando les envían un chiste por correo que les hace mucha gracia, lo imprimen y te lo llevan a la mesa para que lo leas, que lo de los reenvíos es un poco tal. Los powerpoint graciosos que te reenvían, suelen ser de hace dos años mínimo. Eso, cuando no son de cadenas de "si no se lo reenvías a diez personas te entrará fimosis", o fotos bonitas de cataratas, volcanes y lagos, que ya las viste en el Muy Interesante atrasado de la peluquería cuando se empezaba a llevar la cresta. - Imprimen casi todo y lo acumulan en la mesa. Toman muchas notas a boli. - No muestran emoción alguna ni curiosidad por cacharrear un poco por las nuevas opciones, cuando les cambian el equipo periódicamente por uno más nuevo. - Cualquier archivo que no tenga extensión .pdf, .doc, .xls, .jpg o .zip (los típicos, vaya), se convierte en una barrera infranqueable que requiere de ayuda telefónica o pregunta directa al que tienen más cerca, en plan "¿esto qué es?". - No tienen ningún problema en enviar un correo electrónico de 15 megas si el peso de los archivos que quieren enviar suma eso. En este sentido son un poco psicópatas porque no tienen ninguna conciencia del bien y del mal. - Para ellos, minimizar una ventana es sinónimo de hacerla desaparecer para siempre. Si tienen que abrir siete veces el Excel desde el Escritorio sin cerrar lo anterior, se abren y punto. Ya los cerrarán todos de golpe cuando se vayan a casa. - Tienen el volumen de sonido al nivel que venía el primer día, por lo que sus vídeos, pdf's con sonido o demás, son los que más se oyen de la oficina. En fin, creo que es suficiente, aunque podría seguir horas. No es necesario que lo explique, pero esto no va por la gente que no sabe utilizar ordenadores porque no los necesita, no ha tenido oportunidad o no le ha dado la gana, que siempre hay alguien que dice que su madre es muy buena aunque no haya tocado un ordenador en su vida, pero que eso no le ha impedido criar a cinco hijos. No, yo voy por la gente que tiene la obligación profesional de usarlos, ha tenido tiempo y medios, y dispone de capacidad suficiente, ya que desempeña tareas que son mil veces más complicadas que manejar un ordenador, pero por algún motivo no les ha dado la gana hacer un esfuerzo y se han quedado atrás. Por supuesto que no son todos, pero yo conozco unos cuantos, exageraciones aparte. ¿Qué por qué me meto con ellos? Porque cuando lo ves de cerca, te das cuenta que el rendimiento laboral es algo más que estar ocho horas y media sentado en una mesa, sobre todo cuando te tiras cuatro de ellas colocando la flechita del ratón hasta que atinas en el botón. También es cierto que mi mundillo es muy peculiar, y existe gente que sabe un montón de lo suyo, pero son auténticos inútiles en otras facetas igualmente necesarias en su trabajo.