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Primer post: 18 ago 2010Último post: 14 nov 2010
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Resumen del libro: El extraño caso de Dr jekill y Mr Hyde
Ciencia EducacionporAnónimo8/18/2010

OTRO POST CON UN INDICE DE TODOS LOS RESUMENES QUE POSTIE: http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/6639436/Resumenes-de-Libros-por-capitulos_-Hay-muchos_.html Voy a salvar a algunos RESUMEN TEMÁTICO DEL LIBRO CAPITULO 1.- Historia de la puerta: Mr. Utterson, un Abogado conocido en Londres, y Mr. Richard Enfield, un pariente suyo, estaban dando una vuelta por la ciudad. Al pasar por una casa, Mr. Enfield comentó que la puerta de esa casa le producía escalofríos, porque, un día, cuando caminaba sólo por la ciudad, vio como un hombre golpeaba a una niña que ni siquiera conocía. Este individuo fue detenido por familiares de la niña y por Mr. Enfield, el cual le exigió al hombre que pagara cien libras por los daños cometidos. Este hombre tan malvado tenía un rostro que provocaba repugnancia, ya que recordaba al mismísimo diablo. Era bajo, joven y fuerte y su nombre era Edward Hyde. El padre de la niña y Mr. Enfield acompañaron al hombre a su casa para que cogiera el dinero. La casa donde Hyde entró aquélla noche era aquélla donde se encontraban ahora Mr. Utterson y Mr. Enfield. Mr. Hyde salió por aquélla puerta con diez libras y un cheque firmado por un señor cuyo nombre no dijo Mr. Enfield. Mr. Utterson seguía la historia con asombro y Mr. Enfield continuaba contándola, diciendo que Mr. Hyde abrió con llave aquélla puerta y que todo aquello parecía un chantaje, ya que aquélla no parecía su casa, sino la del hombre que firmó el cheque. Cuando Mr. Enfield iba a decir el nombre del hombre que firmó el cheque, Mr. Utterson dijo que no hacía falta decirlo, porque él ya sabía quien era, se trataba de la firma y de la casa de Henry Jekyll, un cliente y amigo de Mr. Utterson. CAPITULO 2.- En busca de Mr. Hyde: Una noche, Mr. Utterson llegó a su casa y sacó de la caja fuerte el testamento del Dr. Jekyll, que decía que en caso de que él muriera o desapareciera, toda su fortuna pasaría a manos de Edward Hyde. Tras leer esto, Mr. Utterson se preocupó por el Dr. Jekyll, ya que si Hyde era tan malvado como comento Mr. Enfield, el Dr. Jekyll podía estar sufriendo un chantaje. Mr. Utterson se dirigió a casa del Dr. Lanyon, el cual era también amigo del Dr. Jekyll, para hablarle de lo que ocurría. El Dr. Lanyon dijo que no conocía a ningún Hyde, ya que hacía mucho tiempo que no se veía con el Dr. Jekyll. Mr. Utterson decidió que quería conocer a Mr. Hyde y una noche se escondió en el patio de aquélla puerta que tanto odiaba Mr. Enfield y cuando apareció Mr. Hyde le preguntó si el Dr. Jekyll se encontraba en la casa, a lo que Hyde respondió con una negativa, dándole la dirección de su casa, situada en la calle del Soho. Después de esto Mr. Hyde sacó la llave y entró en la casa por esa puerta, que era la puerta trasera de la casa del Dr. Jekyll. No contento con el resultado de su entrevista con Mr. Hyde, Mr. Utterson dio la vuelta a la casa dirigiéndose a la entrada principal de la misma. Llamó a la puerta. Le abrió Poole, el mayordomo, al que se anunció y preguntó si su señor podía recibirle. Poole le hizo pasar. Antes de que el mayordomo fuese a comprobar si su señor estaba en la casa, aprovechó Mr. Utterson para preguntarle si conocían a Mr. Hyde, ya que lo había visto pasar por la puerta trasera, la puerta de la sala de disección. Poole respondió que tenía llave de la casa y todos los empleados tenían órdenes de obedecerle. También dijo que sólo entraba por la otra puerta y nunca se le veía por la parte más lejana de la sala de disección de la casa. Poco tiempo después regresó Poole comunicándole que su señor no estaba en casa. Mr. Utterson salió preocupado de aquélla visita, pensando si Hyde estaría también preocupado por el testamento. CAPÍTULO 3.- El Dr. Jekyll estaba tranquilo: Pocos días después, el Dr. Jekyll invitó a cenar a unos cuantos compañeros, entre los cuales estaba Mr. Utterson. Acabada la cena, Mr. Utterson comentó al Dr. Jekyll que quería comentar con él sobre el Testamento. Le indicó que no lo aprobaba, respondiéndole el Dr. Jekyll que no quería hablar del tema, que no podía explicar el por qué e intentó convencer al Abogado de que él podía deshacerse de Mr. Hyde cuando quisiera, habiéndole prometer que en caso de que él muriese o desapareciese ayudara a Mr. Hyde en todo lo posible. Mr. Utterson lo prometió. CAPÍTULO 4.- El caso del asesinato de Carew: Después de un año se cometió el asesinato de un hombre que estaba en una buena posición. Una doncella, desde la ventana de su habitación que daba a la calle, vio como dos hombres estaban hablando. Uno de ellos era un anciano que preguntaba por una calle y el otro un hombre bajo y joven, con un bastón, que parecía bastante nervioso. De repente, el segundo sufrió un ataque de histeria y comenzó a pegar al anciano. La doncella reconoció al hombre que golpeaba, porque en ocasiones había visitado a su señor. Era Mr. Hyde. Al ver todo lo que pasaba, se desmayó. A la mañana siguiente se encontró junto al muerto la mitad del bastón de Hyde y un sobre lacrado dirigido a Mr. Utterson, del cual era cliente el hombre asesinado, el cual fue identificado como Sr. Danvers Carew. Al conocer Mr. Utterson que el causante de todo era Hyde, condujo al oficial de policía Newcomer a la casa de aquél, en el Soho. Al llegar, abrió la puerta una sirvienta, que afirmaba que su señor no estaba en casa, indicando que su horario era muy irregular, que salía muy a menudo y pasaba poco tiempo en la casa, la cual se encontraba muy amueblada, creyendo reconocer Mr. Utterson algunos objetos y muebles como pertenecientes al Dr. Jekyll. CAPITULO 5.- El incidente de la carta: Días después, Mr. Utterson visita al Dr. Jekyll y comentan la muerte de Sir Carew. Mr. Utterson pregunta a Jekyll si ha sido capaz de esconder al asesino de Hyde en su casa y Jekyll contesta que no va a volver a ver a Hyde nunca más, ya que se juega su reputación Jekyll enseña a su abogado una carta que había recibido aquella misma mañana mediante un mensajero, y le hace prometer que su contenido no se lo dirá a nadie y que será un secreto entre ellos dos. La carta era de Mr. Hyde e iba dirigida al Dr. Jekyll y en élla le decía que no tenía que preocuparse por su seguridad, ya que tenía suficientes medios para salir. Después de la lectura de aquélla carta, que se guardó, Mr. Utterson sintió un gran alivio. Más tarde, el abogado hizo una última pregunta al doctor, si era Hyde quien le había hecho redactar aquél testamento, a lo que el Dr. Jekyll respondió que sí. Mr. Utterson sintió rabia, pero a la vez se alegró, pues parecía que por fin se habían librado de él. Para asegurarse de que todo aquello era verdad, antes de salir de la casa, Mr. Utterson preguntó a Poole, el mayordomo, si aquélla mañana había llegado alguna carta dirigida a su amo, a lo que Poole respondió que no, que en el correo sólo habían llegado circulares, por lo que Mr. Utterson pensó que quizás aquélla carta había sido escrita en la casa, en la sala de disección, por lo que nuevamente se quedó preocupado. Horas más tarde, encontrandose Mr. Utterson en su casa con su pasante Mr. Guest, contó a éste lo ocurrido, mostrándole la carta, cuya letra le pareció familiar, comparándola con la de la invitación enviada por el Dr. Jekyll para la última cena que dio aquél en su casa, llegando a la conclusión de que eran iguales dichas letras. Mr. Utterson no se podía creer que el Dr. Jekyll falsificase una carta para salvar a un asesino. CAPITULO 6.- La extraña aventura del Dr. Lanyon: Pasó el tiempo. La muerte de Sr. Danvers Carew estaba más que compensada con la desaparición de Mr. Hyde, gracias a la cual la vida del Dr. Jekyll había mejorado. Volvió a salir y a celebrar cenas en su casa, a las que habitualmente asistía Mr. Utterson. Pero esto duró poco, pues cuatro o cinco días más tarde Mr. Utterson, que cada día iba a visitar al Dr. Jekyll, dejó de ser bien recibido por éste, que empezó a aislarse de nuevo. Mr. Utterson cenó una noche con el Dr. Lanyon, que estaba muy enfermo, en peligro de muerte, y al que Mr. Utterson comentó que el Dr. Jekyll también estaba enfermo. Al oír esto, el Dr. Lanyon se enfadó y dijo al abogado que no quería saber nada más sobre aquél doctor. Después de dicha conversación, Mr. Utterson escribió al Dr. Jekyll para saber qué había ocurrido entre él y el Dr. Lanyon, puesto que éste le había dicho que, quizá, hasta que él no muriera no sabría la verdad. Al siguiente día Mr. Utterson recibió respuesta del Dr. Jekyll, en la que le decía que él tampoco quería ver nunca más al Dr. Lanyon, que había tomado el camino del aislamiento por motivos que no podía revelar y le pedía que respetase su silencio. El Abogado, ante esta respuesta, quedó asombrado y confuso. Una semana después, el Dr. Lanyon murió. En su casa, Mr. Utterson, muy afectado, sacó un sobre lacrado, en el que ponía que era personal y su contenido sólo para ser leído por Mr. Utterson, y en el caso de que éste muriese antes que aquél, el sobre tenía que ser destruido. Dentro del sobre había otro en el que decía que no fuera abierto hasta la muerte o desaparición de Henry Jekyll. Mr. Utterson no entendía lo que podían significar estas palabras escritas por el Dr. Lanyon, ya que eran semejantes a las contenidas en el testamento del Dr. Jekyll. El abogado respetó el contenido de aquella condición. Mr. Utterson siguió con sus visitas a casa del Dr. Jekyll, pero siempre le era negada la entrada, teniendo que conformarse con hablar con el mayordomo en el patio de la casa. Como nunca era bien recibido, las visitas del Abogado fueron cesando. CAPITULO 7.- El episodio de la ventana: Iban Mr. Urtterson y Mr. Enfield dando un paseo y volvieron a pasar por delante de la casa del Dr. Jekyll. Viendo que éste estaba asomado a una ventana del piso de arriba le llamaron, invitándole a ir con ellos. El Dr. Jekyll, al que se veía muy abatido, les agradeció la invitación, pero les dijo que prefería hablar con ellos desde allí. Después de un rato de estar charlando, de repente, el afable rostro del doctor se convirtió en una desagradable visión, cerrando la venta con violencia tras meterse en la habitación. El abogado y su pariente se retiraron rápidamente y siguieron caminando con terror ante lo ocurrido. CAPITULO 8.- La última noche: Una noche, Poole se presentó en casa de Mr. Utterson nervioso y con mucho miedo. No podía contar lo que quería decir, sólo repetía que algo muy malo iba a ocurrir y le pidió a Mr. Utterson que fuera con él a casa del Dr. Jekyll. Cuando llegaron a la casa del doctor hallaron en la puerta a todos los empleados, muertos de miedo. Una vez dentro de la casa, Poole pidió al abogado que le siguiera hasta la habitación donde, supuestamente, el doctor estaba aislado, la sala de disección. En la puerta de dicha sala, Poole dijo al abogado que escuchara y callara. El mayordomo dijo al Dr. Jekyll que Mr. Utterson quería verle y una voz desde dentro de la habitación contestó que no podía ver a nadie. Volvieron a la otra parte de el casa y Poole dijo que aquélla no era la voz de su señor, cosa con la que Mr. Utterson se mostró conforme. Poole pensaba que el doctor había sido asesinado y que el hombre que estaba en aquélla habitación no era él. El mayordomo contó a Mr. Utterson que en una ocasión, yendo él hacia dicha habitación, vio fuera a un hombre bajito con una máscara, el cual le recordaba a Mr. Hyde, estando casi seguro de que era él. El abogado y el mayordomo decidieron derribar la puerta y una vez dentro hallaron en el suelo de la habitación a Mr. Hyde muerto y en una mesilla un sobre escrito por el Dr. Jekyll, dirigido a Mr. Utterson, dentro de cuyo sobre habían otros tres más pequeños. Uno de ellos contenía un testamento, en los mismos términos que el anterior, pero declarando heredero a Mr. Utterson, en lugar de a Mr. Hyde. Mr. Utterson no entendía nada y abriendo el siguiente sobre halló un documento, firmado de puño y letra del Dr. Jekyll, cuya fecha era la del día en curso, en el que ponía que cuando el mismo llegase a las manos del Abogado el Dr. Jekyll ya habría desaparecido. También decía que Mr. Utterson debía leer primero el escrito que el Dr. Lanyon le escribió y luego abriera el tercero de los sobres. Mr. Utterson, cogiendo dicho tercer sobre, fue hacia su casa esperando que tras leer aquéllos dos escritos quedaría todo aclarado. CAPITULO 9.- La narración del Dr. Lanyon: Mr. Utterson empezó a leer la carta del Dr. Lanyon, que decía que un día, cuando él estaba en su casa, recibió una carta de Henry Jekyll pidiéndole un favor muy importante, que consistía en ir a su casa y coger de su habitación, cuya puerta estaba cerrada y debía derribar, un cajón cuyo contenido era muy importante. Tenía que llevarse a casa ese cajón, donde más tarde recibiría la visita de un hombre, el cual debería entregarlo. Si el hombre no se presentaba en su casa quería decir que él había muerto. El Dr. Lanyon hizo lo que el Dr. Jekyll le pidió. Ya en su casa, recibió la visita de un hombre bajo y que provocaba repugnancia, diciéndole que venía en nombre del Dr. Jekyll y que se llamaba Edward Hyde. Pasando al interior de la casa, cogió el cajón y le dijo al Dr. Lanyon que observara. Mr. Hyde mezcló los ingredientes que sacó de aquél cajón en un vaso, bebiéndose aquélla mezcla. A continuación empezó a gritar y a deformarse. El Dr. Lanyon observaba todo aquello muerto de miedo y se quedó aterrorizado al ver que en su habitación ya no se encontraba Edward Hyde, el asesino al que todos buscaban, sino que estaba el mismísimo Dr. Henry Jekyll, el cual le hizo prometer que no iba a contar a nadie lo sucedido. CAPITULO 10.- Henry Jekyll explica lo sucedido: Mr. Utterson procedió a abrir el tercero de los sobres de el Dr. Jekyll ,y a leer su contenido. En dicho documento el Dr. Jekyll contaba el por qué de haber inventado esa poción, que tenía como fin separar las dos partes del bien y del mal que componen la doble naturaleza del hombre. Tras varios fracasos, encontró los ingredientes adecuados y obtuvo por fin la mezcla correcta, la cual decidió probar en su persona, tomándola, aún con temor. Una vez tomada la poción, sufría dolores y deformaciones, sobre todo al tomarla por primera vez, convirtiéndose en un ser repugnante, al cual llamó Mr. Hyde. Para volver a su estado normal, tenía que volver a tomar la misma poción. Había conseguido su fin, pero con el paso del tiempo y después de muchas veces de tomar la poción, ya no podía controlar los cambios, las transformaciones eran involuntarias, , no dependían éstas de que se tomase la poción para convertirse en Mr. Hyde, sino que dicho cambio se producía sin control y en cualquier momento, y, además, en ocasiones, no respondía de sus actos. Mr. Hyde se estaba apoderando del doctor. Si quería volver a ser el Dr. Jekyll, debía tomarse la mezcla. Tras el asesinato de Sir Carew, el Dr. Jekyll intentó evitar transformarse en Mr. Hyde y llevar una vida normal, cosa que no consiguió, hasta el extremo de que un día, encontrándose en la calle, se transformó en Mr. Hyde. Como no podía entrar en su casa, pues la policía le buscaba y aquél que le viera le entregaría, pensó en escribir al Dr. Lanyon dándole instrucciones para que cogiese de su casa aquél cajón con los ingredientes necesarios para hacer la poción, y ante cuyo doctor se transformó, explicándole lo ocurrido, razón por la cual el Dr. Lanyon, desaprobando el experimento, nunca más quiso saber nada de él. Después de aquello y viendo que no había solución para el problema, volvió a encerrarse en su laboratorio con temor a sus transformaciones. El sabía que finalmente se transformaría para siempre en el ser repugnante y malvado que era Mr. Hyde, ya que uno de los ingredientes de la fórmula se le estaba acabando. Cuando el Dr. Jekyll escribe todo esto sólo le quedan ingredientes para una última dosis que volvería a convertirle en la persona que era, por eso, en la última transformación de aquélla misma noche, convertido en Mr. Hyde, decide suicidarse, pues es la única manera de acabar con esa vida miserable. COMENTARIO DE FRASES DEL LIBRO “Fue, pues, la exageración de mis aspiraciones y no la magnitud de mis faltas lo que me hizo como era y separó en mi interior, más de lo que es común en la mayoría, las dos provincias del bien y del mal que componen la doble naturaleza del hombre” (pág. 98) Lo que yo pienso que quiere decir esta frase es que la causa de que el lado malo se acentuase más que el bueno, fue la ilusión y esperanza que el tenia de ser diferente y no las malas acciones que había cometido “Pero a pesar de mi profunda dualidad, no era en sentido alguno hipócrita, pues mis dos caras eran igualmente sinceras” (pág. 98) Esto quiere decir que, estuviera en el estado en el que estuviera el Dr. Jekyll, no intentaba ocultar sus intenciones que le caracterizaba en ese momento. En mi opinión, esa es una de las facetas más características de la gente hipócrita, el ocultar su verdadera personalidad para ser aceptado por la sociedad o por algunos miembros de la misma. “Cada día, y con ayuda de los dos aspectos de mi inteligencia, el moral y el intelectual,...” (pág. 98) “Fue en el terreno de lo moral y en mi propia persona donde aprendí a reconocer la verdadera y primitiva dualidad del hombre. Vi que las dos naturalezas que contenía mi conciencia podía decirse que eran a la vez mías porque yo era radicalmente las dos.” (pág. 99) Al pensar el Dr. Jekyll en su experimento lo hacía con la ayuda de sus dos aspectos de su inteligencia. El moral lo utilizaba pensando en la humanidad, preocupándose por ella ya que él pensaba que era una maldición para ella que el bien y el mal estuvieran unidos así para siempre en las entrañas agonizantes de la conciencia, que esos dos gemelos enemigos lucharán sin descanso, y el intelectual lo utiliza para pensar cómo podrían disociarse. Opino que todo el mundo debería pensar como el Dr. Jekyll, con los dos aspectos de la inteligencia, cosa que no solemos hacer. “El lado malo de mi naturaleza, al que yo había otorgado el poder de aniquilar temporalmente al otro, era menos desarrollado que el lado bueno, al que acababa de desplazar” (pág. 102) Ya que el Dr, Jekyll fue una persona buena durante su vida, su lado malo era menos desarrollado, cosa que se aprecia sobretodo, en el físico, ya que Mr. Hyde era mucho más bajo, delgado y joven que el Dr. Jekyll. De todos modos, finalmente, ese lado malo que antes perecía ser poco desarrollado, acabará eliminando el lado bueno, que era el lado más desarrollado. “Esa criatura infernal no tenía nada de humano” (pág. 119) En esta frase se describe a Mr. Hyde como un ser que no tiene relación alguna con lo humano, es decir, con valores que humanicen, como la solidaridad, la amistad, la libertad y la veracidad. De todos modos, yo pienso, que Mr. Hyde sí que posee algunos de estos valores como la veracidad, ya que, como he dicho antes, este ser no era en absoluto hipócrita. La hipocresía es un valor que deshumaniza, como también la enemistad y el desprecio. Este tipo de valores son los que en realidad caracterizan a este individuo.

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Resumenes de Libros por capitulos. Hay muchos!
Ciencia EducacionporAnónimo8/18/2010

"Dracula" de Bram Stoker: http://taringa.net/posts/ciencia-educacion/6639000/Resumen-por-capitulos-de-Dracula-de-Bram-Stoker.html "El Muro" de Klaus Kondon: http://taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/3548849/Resumen-por-capitulos-del-libro-Equot;El-muroEquot;-de.html "El extraño caso de Dr jekyll y Mr Hyde": http://taringa.net/posts/ciencia-educacion/6627343/Resumen-del-libro:-El-extra%C3%B1o-caso-de-Dr-jekill-y-Mr-Hyde.html "Del amor y otros demonios": http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/7941462/Resumen-por-capitulos-Equot_Del-Amor-y-otros-DemoniosEquot_.html "La Iliada" de Homero: http://taringa.net/posts/ciencia-educacion/7941576/Resumen-por-capitulos-de-la-Iliada-de-Homero.html Despues voy a editar e ir agregando mas. Estos post son todos mios .

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Resumen por capitulos de la Iliada de Homero
Ciencia EducacionporAnónimo11/14/2010

OTRO POST CON UN INDICE DE TODOS LOS RESUMENES QUE POSTIE: http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/6639436/Resumenes-de-Libros-por-capitulos_-Hay-muchos_.html Resumen CANTO I Se pide desde el principio a la musa que mande el canto de las desgracias alcanzadas por la ira de Aquiles (1-7). Llega a la asamblea de los argivos, Crises, sacerdote de Apolo para rescatar a su hija, hecha cautiva hacía poco en la guerra y por honor entregada a Agamenón (8-21). Apolo mandó sobre el ejército una terrible epidemia por haber sido rechazado ignominiosamente su sacerdote (22-52). Aquiles hace una asamblea, para aplacar al dios, en la que el adivino Calcas pregona que ellos debían liberar a su hija Briseida de tan terrible disputa y no rehusa entregarle su hija ciertamente a Crises, pero le arrebata a Aquiles a Briseida a quien había sido concedida como premio a su valor. Se apodera de Briseida aunque Néstor se opone (130-311 y 318-347). Enardecido por esta ofensa, decide el firme joven separarse de la guerra con los mirmidones, sus soldados. Su madre Tetis reafirma su propósito y promete venganza al suplicante (348-427). Mientras tanto el ejército ofrece sacrificios expiatorios y son ofrecidos a Apolo (312-317). Entonces se hace retirar a Crises a su casa junto con las víctimas propiciatorias, por quienes es expiado el crimen siendo sacrificadas (428-487), puesto que se había presentado Tetis en el Olimpo ocultamente, favoreció con la victoria a los troyanos, mientras los aqueos no dieran una satisfacción a Aquiles (488-533). Hera, enemiga de los troyanos ataca estas determinaciones clandestinas y riñe con Zeus en la cena (534-567). Por esta causa se entristece toda la asamblea de los dioses, a quienes Hefesto hace volver finalmente a la tranquilidad y alegría (568-611). CANTO II Zeus-quien habría de vengar la injuria inferida a Aquiles-, le envió un sueño a Agamenón para incitarlo a realizar la batalla con la esperanza de la victoria (1-40). Al amanecer, Agamenón manifestó lo comunicado en el sueño y su propia decisión a los jefes de los argivos; reunió al poco una asamblea de todos (41-100). Le agradaba para probar la fe del pueblo, del que desconfiaba, fingir la determinación de retornar a la patria: habiendo oído esto la multitud comenzó enseguida, cansada ya por la guerra, a sublevarse y a preparar la navegación (101-154). Odiseo reprimió la rendición de común acuerdo y por consejo de Atenea se valió de súplicas, amenazas y oprobios para que volvieran de este modo a la asamblea (155-210). A Tersites, aquel hombre torpe y malhablado que no cesaba de urgir la retirada, lo castigó con mayor severidad para escarmiento de los demás (211-277). Así cohibido el populacho se doblegó por fin a dejarse persuadir por los excelentes discursos de Odiseo y de Néstor quienes renovaron las antiguas promesas y se valieron de estas ostentaciones para que los aqueos tuvieran confianza en el combate; el mismo Agamenón ordenó el combate y llenó del ardor de la pelea el ánimo de todos (287-393). Ya se anima el ejército; los primeros, sacrificadas ya las mayores víctimas, se sientan al convite delante de Agamenón; los demás toman sus alimentos por diversas partes y of recen sacrificios, y cada pueblo, instruido por sus jefes marcha a la batalla (394-484). Se inserta en este lugar el cuidadoso catálogo de las naves, pueblos, jefes, que habían seguido a Agamenón a la guerra de Troya (485-785). También los troyanos, descubrieron lo que tramaban los aqueos, marchan al campo bajo el mando de Héctor junto con sus aliados, de los que se añade una breve reseña (786-877). CANTO III Al primer encuentro del combate, Paris o Alejandro provoca con suma fiereza a cada uno de los aqueos para el combate; pero en cuanto ve a Menelao saltando de su carro, huye atemorizado (1-37). Poco después él mismo, impulsado por los gritos de Héctor se ofrece en singular desafío con Menelao, comenzando lo más importante de la batalla; aceptada la condición pide Menelao que vaya por medio una promesa, consagrándola ante la presencia de Príamo (38-110). Así pues los ejércitos dejan las armas y se preparan sacrificios de ambas partes, mientras tanto Helena llama desde la torre a Príamo y a los ancianos de Troya, a los jefes argivos que están en el campo inferior (l l l-244). Siendo llamado, se presenta Príamo en compañía de Antenor y se hace un pacto según el antiguo rito y bajo estas condiciones, de que si uno de los dos venciese al otro, obtendría a Helena y sus riquezas; pero los troyanos inferiores a los aqueos pagarían una fuerte multa (245-301). Después de la partida de Príamo, toman las armas Menelao y Paris y marchan al espacio convenido para la pelea; pero Paris, superado, es sutraído por Hera ocultamente y se lo lleva incólume a su propia morada (302-382). Al mismo lugar lleva a Helena, quien resistiendo primero al nuevo marido le echa en cara su cobardía; sin embargo poco después se reconcilia con él (383-448). De esta manera, en vano busca Menelao al adversario que estaba gozando de la protección de la diosa, mientras Agamenón busca públicamente el precio de la victoria que se había pactado (449-461). CANTO IV Debiendo ser devuelta Helena a los aqueos según el pacto y dirimidas las diferencias en la línea de combate en la que fue separado Paris; Hera indignada en la asamblea de los dioses, no pudo contener ya su odio contra los troyanos e insiste ante Zeus a fin de que conceda que los aqueos den muerte a Paris (1-49). Atenea, enemiga también de los troyanos, enviada a la tierra por la exhortación de Zeus, persuade a Píndaro Licio para que lanzada una flecha contra Menelao, rompa el pacto e introduzca una nueva causa para combatir (50-104). Llamado el médico Macaón, cura a Menelao de su herida no mortal (105-219). Mientras tanto, armados nuevamente vuelven a combatir los troyanos, mientras Agamenón va y viene entre la multitud de aqueos, alabando el valor de algunos como Idomeneo, Áyax y Néstor, que ya estaban situados en el campo de batalla y reprendiendo la tardanza de los otros como Menesteo, Odiseo, Diomedes que aún no se llenaban del nuevo ardor para combatir (220-421). Se reanuda la lucha, en la que Ares por una parte y Apolo, Atenea y otras divinidades por la otra, ayudan respectivamente a los troyanos y a los aqueos (422-544). CANTO V Los aqueos continúan despedazando a los troyanos; delante de todos, el insigne Diomedes lleno de ferocidad por la protección de Palas retira a Ares de la batalla (1-94). Pero él mismo herido por Pándaro, ataca con mayor vehemencia a los enemigos (95-166); mata a Pándaro, estando de pie, y después peleando desde el carro de Eneas (167-296); hiere a Eneas que cubría el cuerpo de su amigo (297-310); hiere a Afrodita en la mano, pero Iris la saca del combate (311-351). Afrodita librada por su hija en el carro de Ares, la lleva al Olimpo, en donde su madre Dione la cobija en su seno. Los otros dioses se ríen sin que lo note (352-431). Apolo libra a Eneas, apartado por Atenea del furor de Diomedes y lo cura recreándolo en la fortaleza troyana y llama nuevamente a Ares a las filas (432-460). Ares exhorta a los troyanos para que peleen con fortaleza; enseguida se presenta ante ellos Eneas, ya curado (461-518). Tampoco los aqueos combaten con cobardía y caen muchos de una y otra parte, entre éstos Tlepolemo contra Sarpedón; finalmente se alejan poco a poco los aqueos (519-710). Hera y Atenea vienen desde el Olimpo en auxilio de éstos que luchaban (711 -777). Por estas palabras de Hera se enardece nuevamente la masa; pero Diomedes aconsejado y conducido por Atenea, hiere al mismo Ares (778-883) quien regresa enseguida al Olimpo desde el campo de batalla y ahí sana, siguiéndolo también las diosas (864-909). CANTO VI El adivino Héleno, cuando decaía en huida el ejército troyano exhorta a Héctor para que haga un sacrificio público a Atenea en la fortaleza (1-101). Así pues él, habiéndose reanudado la lucha rápidamente, marcha a la ciudad; en este combate, Diomedes y Glauco, jefe de los licios, encaminándose al lugar de la lucha, antes de llegar a las manos, habiendo recordado la hospitalidad de sus padres, hecho el cambio de las armas, unen sus diestras (102-236). Hécuba y las demás matronas, por consejo de Héctor y de los próceres troyanos, llevan el manto al templo de Atenea y expresan sus votos por la salvación de la patria (237-311). Mientras tanto Héctor, en su casa, hace volver a Paris reprendiéndolo en el campo de batalla (312-368); a su esposa Andrómaca, la buscó en vano en sus habitaciones y salió finalmente de la ciudad por la puerta Escea; la encuentra con su hijo Astianacte y les habla por última vez (369-502). Armado, Paris alcanza a su hermano en el camino (503-529). CANTO VII Héctor y Paris impulsan a los aqueos para que vuelvan a la batalla, combatiendo ya sea con armas iguales o mejores (1-16); lo cual, para que sea terminado finalmente, de acuerdo con el designio de Atenea y de Apolo, y la persuasión de Héleno sea provocado cada uno con la mayor fuerza posible por parte de Héctor para un combate cuerpo a cuerpo (17-91). Agamenón disuade a Menelao que se muestra alegre y confiado mientras los demás vacilan (92-122); al poco instigados por Néstor salen a combatir nueve héroes de cuyas suertes señala el suceso Áyax Telamonio (123-205). Se reúnen Héctor y Áyax y pelean duramente, mientras bajo la noche apartan a éstos, iguales en fuerzas, habiéndoles dado a su vez regalos (206-312). En los banquetes públicos Néstor hace el recuento de los cuerpos de los caídos que deben sepultarse y los campamentos que deben fortificarse. Cuando en la asamblea de los troyanos, Paris responde a Antenor quien dice que deben ser restituidos al dueño, Helena juntamente con sus riquezas, añade que él no regresará ningunas riquezas sino que a aquéllas se añadirán las propias (313-364). Al día siguiente Príamo lleva aquella respuesta a los aqueos y a fin de que también puedan ser sepultados los cuerpos de los troyanos manda que se haga una tregua (365-420). Después de estos sucesos cada bando procura dar sepultura a los suyos y al mismo tiempo los aqueos rodean su base naval con un muro y fosas; Poseidón se admira de estas obras con indignación en la asamblea de los dioses (421-464). A la cena sigue la noche amenazadora con sus rayos (465-482). CANTO VIII Zeus pide a los dioses llamados a asamblea que no se presenten en la batalla contra ninguno de los dos pueblos, y es llevado en su carroza al monte Ida (1-52). Desde ahí contempla durante la mañana a los ejércitos que combaten en dudosa victoria; después habiendo pesado cuidadosamente sus suertes en la balanza del destino, y lanzando sus terribles rayos, pronostica la muerte a los aqueos (53-77). Hera en vano pide a su aliado Poseidón que le sean apartadas a aquellos toda clase de ayudas; después vuelve Agamenón, levantando los ánimos y señala que Zeus se le ha mostrado propicio (78-250). Ya los aqueos, algún tanto superiores, repelen a los troyanos en un nuevo encuentro, y Teucro hiere a muchos de aquéllos con sus flechas y a su vez es herido por Héctor (251-334). Una vez más, se lanzan a la huida los aqueos cuando Hera y Atenea se preparan a marchar a Troya para llevar auxilio; pero Zeus habiéndolas visto desde el monte, las rechaza inmediatamente por medio de Iris (335-437). Él mismo, habiendo regresado al Olimpo reprende con suma severidad a las desobedientes diosas y aun amenaza a los aqueos con mayores matanzas para la mañana siguiente (438-484). Terminada la batalla a causa de la noche y habiendo realizado una asamblea los troyanos vencedores, ponen guardias de asedio en el mismo lugar de la batalla, y para impedir a los enemigos asechanzas o navegación, encienden innumerables fogatas a través de la ciudad y del campo (485-565). CANTO IX Entre los aqueos, una vez pasado el peligro, aterrorizados y rechazados de momento, convoca Agamenón ocultamente a los jefes a quienes el rey les señala la determinación de huir y dirigir la navegación durante la noche (1-38). Diomedes y Néstor lo desaconsejan de este torpe intento (39-78). Se colocan fogatas en las trincheras de los campamentos, se prepara una cena en la tienda de Agamenón y después de la cena se trata a toda costa de hacer las paces con Aquiles y atraerlo al ejército (79-113). El propio Agamenón mandó decir que si cedía en su enojo ante la pública necesidad, le prometía devolverle intacta a Briseida y magníficos regalos (114-161). Néstor envió con estas condiciones a varios escogidos, como Fénix a quien el padre de Aquiles lo había hecho mentor en su juventud, Áyax el mayor, Odiseo y dos embajadores de paz (162-184). Aquiles recibió amigablemente a los legados, pero rechazó todas las promesas de Agamenón y los discursos, ya los esmerados como los ásperos y suaves; además retuvo a Fénix y amenazó con que regresaría al poco juntamente con él a la patria (185-668). De este modo, después de que Áyax y Odiseo anunciaron tan dolorosa resolución, Diomedes lo confirma en toda su gravedad a los afligidos jefes y los exhorta a la tenacidad en la lucha (669-713). CANTO X Electos los vigías, Agamenón en unión con su hermano Menelao llama a Néstor y a los demás jefes y hacen guardia con ellos ante el foso (1-193). Toman determinaciones ahí mismo donde habían sufrido las calamidades y envían como observadores a Diomedes y a Odiseo (194-271). Habiendo avanzado éstos algún tanto, un ave de raudo vuelo ofreció próspero augurio (272-298). Al mismo tiempo había salido cierto troyano, Dolón, que había sabido las determinaciones de los aqueos, e incitado por las promesas de Héctor, fue aprehendido por los que se habían adelantado más hacia la base naval (299-381). Implorando éste por su vida, denunció todos los sitios de los campamentos y a dónde se dirigía Reso, el rey de los tracios, pero sorprendido por Diomedes fue asesinado (382-464). Ya marchan a los aposentos de Reso, a quien habían oído llegar con sus famosos caballos (465-503). Atenea amonesta a los héroes para que no se retarden más tiempo con la esperanza de obtener demasiados botines; mientras tanto Apolo incita a los tracios y a los troyanos y los regresa a sus campamentos (504-579). CANTO XI Armado Agamenón con espléndidas armas conduce por la mañana a sus tropas a las filas de combate; lo mismo hacen Héctor y los otros príncipes de Troya (1-66). Ante el insólito valor de Agamenón que enardece a la turba desconocida, se excitan los troyanos y se inicia una gran batalla (67-162). El mismo Héctor apartado por mandato de Zeus hasta las murallas de la ciudad, evita el coraje del enardecido adversario, mientras aquél se marcha del combate mal herido (163-283). Realizado esto, Héctor vuelve a pelear e infunde a los suyos un nuevo valor (284-309). Diomedes, Odiseo y Áyax vuelven a la decaída batalla; pero Diomedes herido por Paris se regresa violentamente hacia las naves (310 400); asimismo Odiseo herido por Soco y muerto aquél, viéndose rodeado por los troyanos, se libra del combate ayudado por Menelao y Áyax (401-488). A poco a Macaón y Euripilo los hieren las flechas de Paris (489-596). Viendo Aquiles a Macaón que se adelantaba en el carro de Néstor, envió a Patroclo para reconocer su presentación (596-617). Tan pronto como reconoció éste a Macaón y librado por Néstor de tan miserable muerte, le pide que o bien implore directamente la ayuda de Aquiles en auxilio de los aqueos o que él mismo espante a los enemigos revestido con el armamento de Aquiles (618-803). Al regreso Patroclo hiere al peligroso Euripilo y es curado en su tienda de campaña (804-848). CANTO XII Rechazados los aqueos contra las murallas (hecho abominable a los dioses; a ellos mismos los rechazan detrás de la misma ciudad), ven que los troyanos se dirigen a las naves y que están a punto de atravesar ya el foso (1-59). Desconcertados al principio por lo difícil del momento bajan de los carros por consejo de Polidamante y corren divididos en cuatro grupos (60-107). Asio se atrevió a atacar una de las puertas desde su carro y fue rechazado por los dos Lapitas con gran matanza de los suyos (108-194). Polidamante interpretó augurios adversos que no intimidaron a Héctor en perseguir a los enemigos (195-250). Éstos aunque molestados por un viento tempestuoso, defienden sus trincheras con suma fortaleza, estando en los primeros lugares los dos Áyax (251-289). Por otra parte entran Sarpedón y Glauco a quienes se les opone Menesteo y son llamados por él, Áyax el mayor y Teucro (290-377). Son heridos Epicles, el compañero de Sarpedón y Glauco por Teucro; finalmente él es derrotado en la almena del muro (378-399). Los aqueos atacan duramente la muralla, abierta por la parte de los licios; Héctor conjura el peligro y tapa la puerta con una enorme piedra y abre a los suyos el camino hacia las naves (400-471). CANTO XIII Pasando el muro los troyanos, por diversas partes, matan a los aqueos, cuando Poseidón conmovido por la calamidad en su interior por Zeus, se acerca a los que defendían las naves (1-42). Oculto bajo forma humana para animar a los que se detenían, exhorta primero a los dos Áyax y después a los demás capitanes (43-124). Así los Áyax y otros, rechazan a Héctor de la matanza de las naves en plena fila de combate (125-205); al poco, Idomeneo, movido por Poseidón a combatir, habiéndose unido con Merión, socorre por la izquierda a los afligidos aqueos (206-329). Después se traba un feroz combate en el que Zeus favorece a los troyanos y Poseidón a los aqueos. Sobresale entre éstos, el valor de Idomeneo (330-662). Éste, da muerte a Otrioneo, Asio y Alcátoo y asimismo, en compañía de Merión, Antíloco y Menelao lucha con superioridad contra Eneas, Deífobo, Héleno y Paris (363-672). También detiene a Héctor quien hacía poco se hallaba en el centro del lugar y de tal modo lo apremian los Áyax y otros grupos, que ya se retiran los troyanos: pero fortalecido Héctor por el consejo de Polidamante, conduce repentinamente contra el enemigo a los que había reunido (673-808). Áyax da comienzo a un nuevo combate y se pelea por ambas partes con grandes clamores (809-837). CANTO XIV Néstor, atemorizado por el clamorío del combate, sale de su tienda en la que aún se curaba Macaón, para explorar los hechos en el lugar en que se realizaban (1-26). Agamenón, Odiseo y Diomedes, doliéndose aún por las heridas, le salen al encuentro cambiándose de lugar por la misma causa; el primero de los cuales angustiado por el éxito de la guerra y viendo ahora abierta la muralla, reflexiona sobre la huida (27-81). Odiseo reprueba esta determinación, y así Diomedes persuade a todos a que vuelvan a la batalla y que con su presencia ayuden a todos, dándoles certidumbre y consejos; al mismo tiempo Poseidón conforta a Agamenón que ya se iba y da fortaleza al ejército (82-152). Mientras tanto Hera, para elevar la moral de los aqueos, se arregla en su persona y se prepara delante de Zeus en el monte lda para atraerlo con todos los halagos de una esposa; para lo cual se coloca el cíngulo de Afrodita y hace venir desde Lemnos al dios Sueño, quien lo entretiene en el estado de descanso (153-351). Poseidón había puesto asechanzas en este tiempo, mediante el consejo de Sueño, la suerte de los aqueos que les devolvió auxiliándolos prontamente (352-401). Héctor, herido por el golpe de la piedra que le había lanzado Áyax, estaba sin alientos y fue transportado y curado por sus soldados (402-439). Combatiendo los aqueos a los troyanos, elevados ya sus fuerzas y espíritu de combate, los alejan de las naves, persiguiéndolos en primer término Áyax el menor (440-522). CANTO XV Despertando de su letargo Zeus, ve a Poseidón dando ayuda a los troyanos contra los aqueos (1-11). Enseguida, reprende ásperamente a Hera y manda llamar del Olimpo a Iris y Apolo; se sirve de ellos como de sus ministros para restituir sus fuerzas a los troyanos y simultáneamente predice toda la serie de designios hasta la destrucción de la ciudad (12-77). Habiendo regresado Hera a la morada de los dioses, Ares sabe por ella lo referente a la muerte de su hijo Ascálafo y se apresta para la venganza; Atenea reprime su cólera (78-142). Apolo e Iris se presentan ante Zeus y por mandato de éste obliga a Poseidón bajo amenazas a que abandone la guerra. Éste a pesar de estar lleno de temor aún se atreve a resistirse (143-219). Apolo alienta a Héctor, ya sanado y retirado del combate por esa causa, y renueva la suerte de los troyanos (220-280). Héctor acomete a los fortísimos aqueos que dejando de combatir se retiraban a las naves; mata a una parte de ellos; a otros los hace huir, yendo delante el dios, quien agitando su égida estremeció de temor a los aqueos y fortaleció a los troyanos, pues derribando el muro, preparó el camino para destruir al ejército (281-389). Por esta terrible desgracia que le comunicó Eurípilo, Patroclo regresó ante Aquiles y lo exhortó para que los ayudara en ese último trance (390-404). Mientras tanto los aqueos combaten terriblemente ante sus naves cayendo muchos de ambas partes (405-590). Finalmente ellos se retiran sin dispersarse entre las filas de las naves, desde las que Áyax Telamonio defiende del fuego, armado con una lanza, porque ya Héctor amenazaba quemar la nave de Protesilao (591-746). CANTO XVI Aquiles le presta a su amigo Patroclo que le suplicaba y pedía ayuda, sus propias armas y tropas para salir a combatir bajo la condición de que se contentase con rechazar a los troyanos de las naves y no se expusiese a mayores peligros (1-100). Debilitado ya el mismo Ayax, no pudo impedir que se pusiese fuego a la nave (101-123). Visto lo cual Aquiles, llama a su amigo a las armas, prepara las filas de los suyos, les habla y hechas las libaciones y las preces los despide (124-256). De pronto, habiendo visto el jefe de los mirmidones, aterrorizados a los enemigos, el engaño de la figura de Aquiles, libra del ataque a la nave y apaga el incendio (257-303). Comienza de nuevo la batalla y a los que huian cegados por el pavor, los persigue sobre la trinchera y aun a campo abierto (306-418). Enseguida, Glauco mata a Sarpedón, hijo de Zeus, habiendo quedado asi vengadas las matanzas (419-507). Éste juntamente con Héctor y otros de los en terrible combate con los aqueos que arrastraban los despojos, les quita el cuerpo de Sarpedón. Apolo ve esto y por mandato de Zeus es lavado el cuerpo y ungido y llevado a Licia por sus amigos (508-683). Por aquel tenor de los acontecimientos el feroz Patroclo persigue a los troyanos hasta la ciudad, sube a su muralla pero es apartado de aquel lugar por el dios (684-711); sin embargo, resiste de nuevo a Héctor que irrumpe lleno de fuerza, mata a su auriga Cebrión y se lleva el cadáver después de haberlo despojado (712-782). Finalmente mata a muchos de la masa de soldados hasta que Eufrobio lo hiere, aterrorizado él mismo por la fuerza de Apolo y despojado de sus armas; Héctor le da muerte e insta a Automedonte a encaminar el carro de Aquiles llevándolo junto a las naves (783-867). CANTO XVII Muerto Patroclo, Menelao mata a Euforbo y lo despoja de sus armas (1-60). Héctor por consejo de Apolo dejando de perseguir a Automedonte le quita los despojos y regresa, mientras Menelao hace venir a Áyax el mayor, para que cuide el cadáver (61-139). Héctor se retira ante Áyax, pero incitado por la reprensión de Glauco vuelve nuevamente, luciendo soberbiamente las armas de Aquiles, a fin de arrebatar el cuerpo y lleno de fortaleza anima a cada uno de los suyos en el mismo campo de batalla; simultáneamente llamados por Menelao acuden con presteza los más valientes aqueos (140-261). Así en un mismo lugar se origina un terrible combate entre Menelao y Héctor con cada una de sus tropas y pelean uno y otro con distinta suerte. Ellos para defender el cuerpo de Patroclo y éstos para que lo arrastren y sea causa de ludibrio (262-425). Zeus vuelve el vigor a los caballos de Aquiles que se dolían por la muerte de Patroclo y Automedonte los regresa al combate en unión con Alcimedonte (426-483). Héctor, Eneas y otros, atacan el carro de Aquiles para apoderarse de los nobles caballos y los aqueos sostienen con fiereza el ímpetu de aquellos, quienes tratan también de rescatar el cadáver. Entonces Menelao implora nuevas fuerzas a Atenea, y Apolo exhorta a Héctor con la aprobación de Zeus (484-596). Finalmente viene a menos la fuerza aquea, y aun el mismo Áyax Telamonio, tiembla, bajo cuyo mandato Menelao envía un mensajero a Aquiles, y es Antíloco, quien le anuncia la muerte de Patroclo y las derrotas recibidas, (597-701), y el mismo Menelao junto con Merión apoyado por la compañía de los Áyax, se atreve a llevarse el cadáver hasta las naves, metiéndose entre los enemigos que combatían (702-761). CANTO XVIII Recibida la noticia de la muerte de Patroclo, Aquiles se entrega a la desesperación y a los lamentos (1-34). Ante estas lamentaciones despertada Tetis, llega desde el mar con su cohorte de Nereidas para consolar a su hijo; a quien cuando ve lleno de ambición de vengarse de Héctor, aunque aquello habría de ser decidido por el destino, difiere su deseo para el último día, pero le promete que le llevará armas nuevas fabricadas por Hefesto (35-137). Habiendo regresado las Nereidas a su mansión, Tetis se apresura hacia el Olimpo, mientras se renueva la batalla sobre el cuerpo de Patroclo que finalmente hubiera quedado en poder de Héctor, a no ser que Aquiles por consejo de Hera hubiese aterrorizado a los troyanos con su aspecto y voz terribles y los hubiese hecho huir hasta las murallas enemigas (138-231); mientras tanto los aqueos, rescatado el cuerpo, lo llevan a la tienda de Aquiles, al entrar la noche (232-242). Los troyanos tienen una tumultosa asamblea y Polidamante los persuade de que se salven dentro de las murallas, no sea que Aquiles venga a las filas y acabe con ellos; pero este prudente consejo desagrada a Héctor y al pueblo (248-314). Los troyanos redoblan la vigilancia durante la noche con sus armas; los aqueos y al frente de ellos Aquiles, lloran la muerte de Patroclo, embalsaman el cadáver y lo colocan en el ataúd (315-355). Aquella misma noche llega Tetis al Olimpo en donde Zeus acababa de reprender a su esposa porque ayudó a Aquiles y es recibida amigablemente en la mansión de Hefesto (356-427). Para Hefesto le era fácil si se lo pedían con insistencia, fabricar escudos y toda clase de armas con su arte exquisito (428-617). CANTO XIX A la salida del sol, Tetis le da a Aquiles las armas que había hecho Hefesto y lo excita nuevamente a la alianza para la guerra; pues el cuerpo de Patroclo derrama divinos olores a fin de que dure incorrupto para la sepultura (1-39). Aquiles, reuniendo una samblea, olvida su ira, y pide continuar la guerra cuanto antes (40-73). Por su parte Agamenón confiesa su error y una vez reconciliado, ofrece los dones prometidos por medio de su legado Odiseo; pero olvidándolos él, tal vez con intención de vengarse, apremia a comenzar la batalla (74-153). Finalmente cede ante Odiseo y espera hasta hallarse presente al que lo aconsejaba mientras las tropas tomaban el desayuno y recibe ante la asamblea los dones y a la hija de Brises, causa de la discordia a la que Agamenón juró devolverla intacta mediante un sacrificio expiatorio (154-275). Se trasladaron los dones desde un lugar público a la tienda de Aquiles en donde las mujeres lloraban a Patroclo y el héroe mismo vuelve a lamentarse y se abstiene firmemente de probar alimento, tomándolo el ejército (276-339). Aquiles es deleitado por Atenea, enviada desde el cielo; poco después se pone las nuevas armas, sube al carro con Automedonte y sabido por otro el destino de sus caballos, marcha a la fila lleno de vida (340-424). CANTO XX Preparados ambos ejércitos y llamados los dioses a la asamblea, Zeus les permite que cada uno socorra a cualquiera de los dos que desee a fin de que no madure la matanza para los troyanos por la crueldad de Aquiles (1-30). Así marchan a la guerra, Hera, Atenea, Poseidón, Hermes, Hefesto, para ayudar a los aqueos; y Ares, Febo, Artemisa, Latona, Janto y Afrodita, a los troyanos. Las tierras celebran con estremecimiento y temor la entrada de los dioses (31-74). Antes del comienzo de la batalla, Febo excita a Eneas contra Aquiles que amenazaba a Héctor. Mientras tanto los dioses por convencimiento de Poseidón se sitúan alejados del combate (75-155). A varias provocaciones sigue el combate de Aquiles con Eneas a quien Poseidón libra por medio de una nube, pues según los oráculos le tenía destinado un reino entre los troyanos (156-352); Héctor, que está por agredir a Aquiles, es rechazado por Febo. Aquiles mata entre otros troyanos a Polidoro, hijo de Príamo (353-418). Estando ya por vengar la muerte de su hermano, se dirige Héctor contra Aquiles a quien lo salva también Febo rodeándolo con una nube (419-454). Movido por el dolor Aquiles ataca a los demás troyanos y llena el campo de una espantosa ruina de muertos y armas (455-503). CANTO XXI Aquiles acosa a los troyanos, parte hacia la ciudad y parte hacia el Janto (el Escamandro) y habiendo despedazado a muchos en el río, conserva a doce jóvenes vencidos, para las exequias de Patroclo (1-33). Ahí mismo mata a Licaón, hijo de Príamo a pesar de sus súplicas (34-135); después a Asteropeo, jefe de los peonios junto con otros de aquel pueblo, habiéndose librado del enfurecido río desigual en fuerza (136-210). Continuaba la matanza hasta que Janto, obstruido por el número de cadáveres, compadeciéndose, mandó que su cauce se desbordara contra él. Apenas se escapaba Aquiles cuando de nuevo tenía que saltar; pero el río enfurecido lo sumergía en sus ondas y perseguía al que volvía a escapar (211-271). Ya le faltaban las fuerzas al que luchaba entre las olas, pero Poseidón y Atenea se las aumentaban; entonces Janto que estaba demasiado irritado, llamó en su ayuda a Simóis, pero Hera llamó a Hefesto que quemó el campo y al río y ni las llamas lo detenían si no las hubiese aumentado la misma diosa (272-384). Se iniciaron después combates personales entre los demás dioses: Ares, Atenea, Afrodita, Febo, Poseidón; Hera, Artemisa; Hermes, Latona (385-513). Después de esto vuelven al Olimpo los dioses, excepto Febo quien se dirigió a Troya, mientras Aquiles hacía estragos a través del campo y a los demás los empujó su furia hacia el interior de la ciudad en la que Príamo mandó que se cerrara la puerta (514-543). Para que aquellos no fueran diezmados en la fuga, Apolo detuvo a Aquiles introduciendoa Agenor, y después él mismo disfrazado bajo la apariencia de Agenor, lo engañó huyendo y así lo alejó de la ciudad (544-611). CANTO XXII Ambos ejércitos se habían puesto en lugar seguro en el campo, cuando Héctor, estando él solo, permanece frente a Aquiles que volvía de perseguir a Febo. Desde el muro querían detener a Héctor sus parientes que lloraban desolados (1-89). Vanamente, porque a éste el pudor y a aquél el afecto les impedía retirarse del lugar; sin embargo, apareciéndosele un dios bajo aspecto de hombre, hizo huir a Héctor atemorizado. Lo persiguió fieramente Aquiles y dio tres vueltas alrededor de la muralla (90-166). Entre tanto Zeus, compadeciéndose de Héctor, pesó su destino en la balanza y decretó su muerte. Febo lo abandonó al instante y Atenea lo incitó a combatir bajo la apariencia de su hermano Deífobo (l67-247). De esta manera los héroes se unen en singular combate en el que estando presente Atenea, ayuda a Aquiles y se burla de Héctor con terrible engaño (248-305). Finalmente, Aquiles, en lo más álgido del combate lo atraviesa con su lanza, lo despoja de sus armas e insultándolo y manchándose de ignominia, insulta a los suyos y atado a su carro lo arrastra hacia la base naval (306-404). Toda la ciudad llora la muerte de su querido Héctor y gritan amargamente sus parientes desde la muralla y Andrómaca es llevada a su casa (405-515). CANTO XXIII Los mirmidones dejan sus armas alrededor del féretro de Patroclo, yendo delante Aquiles quien poco después les prepara el banquete fúnebre. Él mismo cena ante Agamenón y anuncia las exequias para el próximo día (1-58). A la siguiente noche se le presenta durante el sueño la imagen de Patroclo que le pide justos funerales (59-107). Por mandato de Agamenón se llevan leños por la mañana, se presenta el cuerpo y se dispersan las caballerias de Aquiles y de los demás; sacrificadas ante él muchas víctimas y los doce jóvenes troyanos, se hace la hoguera, se enciende y arde con el soplo del Bóreas y del Céfiro, mientras el cuerpo de Héctor es preparado por Afrodita y por Febo (108-225). Al día siguiente se recogen y llevan a la urna los huesos de Patroclo para que estén algún dia, según promesa hecha, junto con los de Aquiles; se levanta también un túmulo improvisado (226-256). Aquiles añade en honor del difunto, certámenes de varias clases en los que se llevan premios y regalos los principales jefes aqueos. En equitación: Diomedes, Antíloco, Menelao, Merión, Eumelo y Néstor (257-650?; en pugilato: Epeo y Eurialo (651-699); en lucha: Áyax Telamonio y Odiseo (700-739); en carreras: Odiseo y Áyax el menor, así como Antiloco (740-797); en competencia de armas: Diomedes y Áyax Telamonio (798-825); en disco: Polipetes (826-849); en flechas: Meriones y Teucro (850-883); y lanzando dardos: Agamenón y Meriones (884-897). CANTO XXIV Terminados los juegos, los aqueos se entregan a la cena y al sueño; Aquiles permanece insomne y durante la mañana arrebata el cadáver de Héctor atado al carro cerca del túmulo de Patroclo (1-18), repetida esta profanación ante los dioses durante varios días, parte se duelen de ello, parte se alegran; compadecido Febo, que guardaba aun íntegro el cuerpo, se queja ante todos gravemente (19-54), y por esto Zeus, llamando a Iris por medio de Tetis, manda a Aquiles que desista de tanta crueldad y que no rehúse devolver el cuerpo a los que quieren redimirlo; al mismo tiempo y por su mandato, Iris exhorta a Príamo a que, pagado el rescate de redención, reciba a su hijo (55-186). Se llevan a cabo estas gestiones doce días después de la muerte de Héctor. Príamo, durante la noche, al igual que Hécuba y todos los demás troyanos, reúnen preciosos dones y cargan con ellos un carro conducido por el pregonero Ideo y manda que se prepare otro (187-282). Entonces hechas las libaciones y aceptado el augurio directo, comienzan a recorrer el camino (283-330). Hermes llega ante Príamo por mandato de Zeus, y lo lleva a la tienda, sirviéndole de vigía durante el tiempo dedicado al sueño (331-467). Aquiles, vencido fácilmente por las súplicas del rey, recibe el precio de la redención, le devuelve el cuerpo lavado, envuelto en túnicas y concede once días de tregua para la sepultura y of reciéndole honrosa cena lo manda a descansar (468-676). Al amanecer del dia siguiente, conduciéndolos Hermes, Príamo lleva el cuerpo a la ciudad a cuya vista salieron todos los troyanos con grandes lamentos; colocado poco después en palacio, después de haberse presentado los cantores, lloran Andrómaca, Hécuba y Helena (677-776). Hecha después la pira, se celebra el funeral y el banquete (777-804).

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Resumen por capitulos "Del Amor y otros Demonios"
Ciencia EducacionporAnónimo11/14/2010

Aver quien safa de la escuela! Dejen comentarios! OTRO POST CON UN INDICE DE TODOS LOS RESUMENES QUE POSTIE: http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/6639436/Resumenes-de-Libros-por-capitulos_-Hay-muchos_.html Resumen CAPITULO 1 Un perro irrumpió en el mercado, y mordía a todo a todo el que se le cruzada, una de sus victimas fue Sierva Maria de Todos los Ángeles, hija del marques de Casalduero y de Bernarda Cabrera. Bernarda era tuberculosa, arrojaba bilis, tenia que tomar antibióticos. Cuando regresaron a casa la esclava y sierva Maria, no le dijeron nada a Bernarda del mordisco, pero en cambio le dijo que habían vendido a una esclava por su peso en oro. Mas tarde, se escucho mucho barullo y petardos, Bernarda salió al huerto para ver que era lo que pasaba, y también salió él marques, y los esclavos también salieron, pero ellos a celebrar la fiesta, el marques pregunto a los esclavos que fiesta era, y un esclavo le contesto: hoy es día 7 de diciembre, día de San Ambrosio, y el cumpleaños de Sierva Maria. Sierva Maria siempre celebraba su cumpleaños en el patio de los esclavos, a los que consideraba su familia. Días después la esclava le dijo a Bernarda que un perro había mordido a la niña, pero Bernarda se olvido enseguida de lo que le habían dicho. No se supo nada mas de la rabia hasta que una anciana india llamada Sagunta llamo a la puerta del marques, y le dijo que el perro había mordido a unas cuantas personas, y la primera que mordió fue a Sierva Maria, él marques le pregunto a la niña si era verdad y ella le dijo que no que no le mordió ningún perro. Bernarda por la noche le dijo que si que era verdad que un perro había mordido a la niña. Él marques fue a ver al licenciado Abrenuncio, un medico que conocía. Bernarda conoció a un hombre en el mercado y lo compro, lo instalo al lado de su habitación, y un día Dominga los encontró en revolcándose por el suelo de su habitación, por la noche Bernarda la amenazo, pero él marques ya lo sabia. Dominga amaneció muerta, y él marques le dijo a la criada que acompaño a Sierva Maria al mercado, para que la cuidara como hacía Dominga. Él marques y él medico se pusieron deacuerdo para visitar a la niña. Él medico le dijo que no estaba seguro de que Sierva Maria tuviese la rabia. CAPITULO 2 El primer marques tenia dos hijos, Ygnacio y él marques de casalduero. Ygnacio se quería casar con Dulce Olivia, que estaba loca. El primer marques le prohibió casarse con ella, si no lo desterraba de toda la herencia, el renuncio a su gran amor, su padre le dijo que sé tenia que casar con una heredera de España. Finalmente se caso con doña Olalla de Mendoza. Al año de casados ella murió mientras estaban tocando debajo de un naranjo, un rayo los cegó y Olalla murió, al regresar del cementerio una nevada de palomitas de papel, abrió uno y leyó: Ese rayo era mío. Dulce Olivia, siempre que podía se escapaba del manicomio e iba a casa del marques, y limpiaba toda la casa por la noche. Después de un año se caso con Bernarda, y nació Sierva Maria, desde el momento que la vieron tanto él marques como Bernarda no la querían, y Bernarda se la dio a Dominga para que la criara, y así fue, la niña se crió con las esclavas, aprendió muchas cosas de ellas y las consideraba como su única familia. Cuando murió Dominga Bernarda le devolvió a Sierva Maria su habitación. Bernarda se entero de que Judas era un ladrón, y lo mataron. Él medico de vez en cuando visitaba a la niña para ver como estaba. Él marques se propuso conquistar el corazón de Sierva Maria, al final lo logro, y la llevo a todo tipo de médicos y curanderos, a causa de las chapuzas que le hicieron la herida empeoro y tenia el tobillo hinchado. El obispo hizo publico el rumor de que Sierva Maria estaba trastornada y desvariaba, él marques fue a hablar con él, y lo convenció para que internara a Sierva Maria en un convento, el domingo de ramos, la despertó pronto, la llevo a la misa y después de la misa fueron al convento, el único recuerdo que tiene de ella es como se alejaba cojeando por la galería del jardín sin volverse para atrás. CAPITULO 3 Cuando Sierva Maria entro en el convento la encontraron en un pabellón. Una novicia la llevo a los jardines, dos novicias mas intentaron quitarle los collares y los anillos, una de ellas le quito un anillo, la otra intento quitarle un collar, pero Sierva Maria le mordió en la mano. Cuando Sierva Maria termino de beber una esclava reconoció los collares que la niña llevaba, se la llevaron a la cocina y empezaron a hablar con ella, una de las esclavas le pregunto como se había hecho la herida del tobillo, ella le contesto que se lo había hecho su madre con un cuchillo, le preguntaron su nombre, ella le dijo su nombre de negra: María Mandiga. Ella estaba con las esclavas, todos lo sabían menos Josefa Manadi, la abadesa. Su reacción fue previsible cuando le avisaron que iría la hija del marques, con síntomas posesión. La abadesa quería ver a la niña, pero era muy difícil encontrarla. Mientras la abadesa hacia la siesta escucho cantar a una sola voz, le pregunto a una novicia que quien era laque cantaba, la novicia le contesto que era la niña que él marques había traído el día anterior. La abadesa salió de la cama y fue corriendo al patio de servicio guiada por la voz. Cuando Sierva Maria la vio dejo de cantar, la abadesa le estuvo diciendo cosas muy graves, pero la niña no soltó palabra. Se la llevaron a la fuerza y pataleando hasta una la ultima celda del pabellón, la ataron y la dejaron allí encerrada con una guardiana. Una criada intento quitarle los collares, ella la obligo a soltarlos cojiendola por la muñeca. Cuando la criada volvió al día siguiente la encontró durmiendo encima de la paja con el colchón destrozado por sus uñas y dientes. Varias abadesas rodearon a la niña para quitarle los collares, y las guardianas se las sacaron de alli. La celda de la niña fue el centro de visita para todos del convento. El obispo le dio el caso de la niña a Delaura, la primera visión que tubo de la niña no fue buena, pero luego la actitud de la niña cambio. CAPITULO 4 El padre Delaura fue invitado por el obispo a ver un eclipse. Delaura de dijo al obispo que creía que la niña no estaba poseída, el obispo decía que sí. Delaura volvió al convento sin hacer convencido al obispo de que la niña no estaba poseída, llevaba en el ojo un parche que le puso él medico. La madre Josefa Miranda le pidió al obispo que librara a los clarises de la tutela sé Sierva Maria. Cuando termino el mes llego don Rodrigo de Buen Lozano el nuevo virrey. La virreina registro todo el convento, visito la celda de dos poseídas. El interés de la virreina era la situación de Sierva Maria. A pesar de las quejas de la abadesa, Sierva Maria estaba en el convento, se entero por casualidad y fue a preguntar al señor marques, este le contesto que hacia días que no estaba con ellos. Delaura fue visitar al marques por orden del obispo, él marques confeso que quería mucho a su hija, que incluso daría su alma por ella. Delaura se fue con la maleta que estaba en la habitación, dentro había una tiorba, él marques le explico que era un instrumento italiano que tocaba la niña. Delaura fue a ver a Abrenuncio porque él marques estaba preocupado por su hija. Él medico le dijo que la niña no estaba endemoniada pero que moriría por crueldad de los exorcismos. Delaura fue a ver a Sierva Maria, le dijo que su padre quería verla, ella le contesto que no quería verlo y reconoció la maletita. Sierva Maria se encrespo como una serpiente u Delaura le enseño el crucifijo para que se calmara. El obispo encontró a Delaura con un rastro de sangre u lagrimas después de la flagelación. Delaura le dijo al obispo es el demonio padre miro él más terrible de todos, se refería a Sierva Maria. CAPITULO 5 El obispo despojo de sus encomiendos y privilegios a Delaura y lo mando a servir de enfermo de leprosos en el hospital del Amor de Dios. Altas diguatarios intercedieron a favor de Delaura que había empezado ya su condena pero el obispo fue la única debilidad que tuvo que hacer el obispo con él fue ocultar la verdadera falta de Delaura, sintió deseo por Sierva Maria y por eso se flagelo. Una noche escapo del hospital para colarse en el convento. Desde la playa, identifico la ventana de Sierva Maria. Un leproso que había sido sepulturero le dijo a Cayetano el túnel que comandaba al convento con un solar vecino que salía justo debajo de la cárcel de Sierva Maria. Le explico todo el castigo que le puso el obispo, pero no le dijo las razones por la que lo castigo. Se vieron en secreto, se agotaban a besos, se recitaban versos enamorados, se revolcaban en momentos de deseo hasta él limite de sus fuerzas, cansados pero vírgenes, pero él quiso mantener su voto de castidad y ella lo compartió. El 27 de abril, Sierva Maria fue arrastrada al abrevadero, la despojaron de sus collares, le cortaron el pelo, le pusieron una camisa de fuerza y la taparon con un manto fúnebre, para iniciar los exorcismos, fue el ritual de una condenada muerte. El obispo grito, Sierva Maria grito también, el obispo aumento la voz pero ella gritaba más. El obispo aspiro y se quedo sin aire. Vino un Sacerdote acompañando a la abadesa, era el padre Tomas que le llevo los collares a medida que se los colgaba en el cuello de Sierva Maria los iba enumerando y definiendo en lenguas africanas. Le explico las reglas para reconocer una posesión. Se despidió de ella con un pellizco de cariño en la monja y ella de dijo que durmiera tranquila. El padre Aduino, como lo llamaban los feligreses fue encontrado muerto por una niña de servicio. Cayetano fue a ver a Sierva Maria ella le dijo que no se fuera, que se casara con ella o que se la llevara de allí. Delaura logro escapar. Sierva Maria enloqueció ataco a la guardiana, incendio la celda y Martina la calmo. Él marques se alegro de la vuelta de Dulce Olivia, pero acabaron discutiendo como siempre. Ella le recrimino haber dejado a su hija en el convento. El rumor era que Cayetano era el hijo del obispo y que tenia secuestrada a Sierva en el convento para saciar los apetitos satánicos, que concevio un hijo con dos cabezas. Él marques busco a Bernarda para refugiarse en ella. La guardiana despertó a gritos a Sierva, Martina no esta se ha escapado, y la acusan de cómplice. Sierva es trasladada a otra celda. Cayetano intenta entrar y no puede, va a buscar al marques y no lo encuentra. Abrenuncio le dice que no lo encontrara nunca por las cosas que se decían, decían que usted abuso de la niña. Cayetano cumplió condena como enfermero del hospital del Amor de Dios. Sierva Maria dejo de comer y un 29 de mayo la guardiana la encontró muerta de amor.

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