FrankeStaine
Usuario (Wallis y Futuna)
Fue el 10 de setiembre de 1954 en una finca cercana al pequeño pueblo de Quarouble (Francia). Marius Dewilde, un obrero metalúrgico de 34 años, se encuentra leyendo tranquilamente después de cenar con su familia. Su esposa y su hijo ya se encontraban durmiendo. Su casa se encuentra casi pegada a un paso a nivel del ferrocarril. Marius comienza a vivir una experiencia que nunca olvidaría. link: https://www.youtube.com/watch?v=LkxqyKlwhik Cerca de las 22:30 el perro de Dewilde se pone a ladrar furiosamente. Como se encuentran cerca de la frontera con Bélgica, no es raro que la zona sea usada por contrabandistas. En vista de ello, el hombre toma una linterna y sale a ver qué sucede, qué es lo que inquieta al perro. Apenas había caminado unos pasos fuera de la vivienda, cuando notó algo extraño posado sobre las vías del tren. ¿Sería un carromato usado por campesinos? Dewilde se dirigió hacia el objeto, pensando en dar aviso a las autoridades. Ese "carromato" representaba un peligro para el ferrocarril. En eso, aparece de improviso su perro y distrae su atención: el animal ladra y observa fijamente un sendero próximo a las vías. Cuando el hombre dirige la luz de su linterna hacia el sendero, lo que alcanza a ver le corta la respiración: a apenas cuatro metros de él, dos pequeñas figuras corren hacia el objeto posado en las vías, que no es por supuesto un carromato sino un OVNI. Los seres iban vestidos con un traje similar al de los submarinistas. Si bien su estatura era pequeña, tanto los hombros como la cabeza eran grandes en proporción. No se distinguían con claridad los brazos. Llevaban escafandras al parecer. Lo único que separaba a Dewilde y su perro de ellos, era la verja de la casa. Tras el estupor inicial, pensó en cortarles el paso y observarlos mejor. Pero no llegó a hacerlo. Apenas corrió tras los seres para impedirles llegar al aparato, surgió súbitamente una luz enceguecedora del OVNI (que Dewilde comparó con un flash de magnesio): "Quise cerrar los ojos y gritar, pero no pude hacerlo. Estaba como paralizado. Traté de moverme, pero mis piernas ya no me obedecían. Entonces escuché unos pasos, a un metro de distancia. Los seres pasaron junto a mí y se dirigieron hacia el aparato." Cuando Dewilde recuperó algo de movilidad, el OVNI ya se balanceaba sobre la vía férrea, elevándose, cambiando de color hacia un rojizo pronunciado y marchándose hacia el oeste. Dewilde demoró bastante en serenarse. Notó, entre desconcertado y avergonzado, que se había hecho encima sus necesidades. No supo si atribuirlo al susto o a la parálisis provocada. Recién tras higienizarse logra calmarse un poco. Decide despertar a su esposa y contarle todo. Pero no logra sosiego, quiere respuestas, quiere entender qué es lo que ha visto. Se dirige a un puesto de la gendarmería en el pueblo cercano, pero los agentes le notan tan nervioso que no saben qué hacer. Finalmente, es el comisario quien escucha su relato y le toma declaración. Tras ello, le envía a su casa a descansar y se limita a preparar un pequeño informe rutinario, que remite a la capital de provincia. ¿Dije "un pequeño informe rutinario"? Pues parece que no fue tan rutinario para algunos: dos días después del hecho, hay tres organismos oficiales investigando el caso: la policía, la gendarmería aérea y la DST (el equivalente francés del FBI). Se presentan en casa de Dewilde a fin de tomarle nuevas declaraciones, investigar el lugar y buscar trazas de lo sucedido. La DST y la gendarmería aérea rastrean minuciosamente la vía férrea. Encuentran unas marcas extrañas en los durmientes, marcas que ya Dewilde ha notado, de unos cuatro centímetros cuadrados cada una. Los ingenieros del ferrocarril determinan que, para producir esas marcas, es necesario ejercer una presion de al menos treinta toneladas. También son ubicadas piedras calcinadas en las cercanías. ¿Y la policía? La policía ni siquiera tuvo acceso a los durmientes (que fueron retirados posteriormente) o las piedras. Pese a las quejas del comisario local, nadie le dio acceso a los resultados de los análisis realizados posteriormente. Lo que se sabe sobre las marcas en los durmientes obedece a un comentario "off the record" que un ingeniero le realizó al comisario. Con el tiempo, se supieron otros hechos acerca de la investigación de este aterrizaje. Dewilde comentó que la DST le pidió que concurriera a sus oficinas centrales para una "evaluación", a lo cual accedió. Una vez allí, le mostraron fotos de una gran cantidad de OVNIs (algunos posados, algunos en vuelo), para que identificara aquellos cuyo aspecto se correspondía con el que vio. También le hicieron un examen médico completo y diversos análisis, tras de lo cual le dijeron que le darían "un calmante" para que pudiera relatar el hecho sin ponerse nervioso. De acuerdo a las reacciones que le causó el "calmante", diversos médicos consultados por investigadores ufológicos han constatado que la sustancia inyectada a Dewilde era, sin dudas, pentotal sódico (el llamado " suero de la verdad " ). Esta parte de la historia se supo recién veinticinco años después de los hechos. Tanto la DST como la fuerza aérea intimidaron en 1954 a Dewilde para que no volviera a hablar del tema, al tiempo que oficialmente explicaron el suceso refiriéndose a "aviones de contrabandistas" (un absurdo total). La prensa de la época lo pasó en grande, riéndose de los "marcianos" de Dewilde (en el caso de los periódicos franceses) o publicando la nota en medio de caricaturas sobre el tema (como hizo la revista " Time" ). Varios detalles posteriores fueron omitidos: Dewilde sufrió problemas respiratorios en los días posteriores al incidente; su perro murió tres días después y, lo más extraño, al menos tres reses de la zona fueron encontradas muertas el día del incidente.....drenadas de sangre. Para colmo, un documento de la CIA desclasificado veinte años después de los hechos, muestra que la inteligencia yanqui realizó su propia investigación del caso, en total secreto.