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General_Lamarque

Usuario (Argentina)

Primer post: 24 feb 2016Último post: 28 mar 2016
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El rostro del odio y el judío que pudo retratarlo
Ciencia EducacionporAnónimo2/24/2016

Alfred Eisenstaedt fue uno de los más emblemáticos fotógrafos del siglo pasado. Nació en Polonia, al Oeste de Prusia, en el seno de una familia judía y lastimosamente fue testigo del ascenso del partido Nazi liderado por Adolf Hitler. Trató de abrirse campo profesionalment en Berlín, pero tuvo que emigrar irremediablemente a los Estados Unidos porque el hostigaiento a la sociedad judía, era ya una cuestión insostenible. Como ciudadano norteamericano y corresponsal de prensa, logró viajar por el mundo y captar algunas fotografías que se convirtieron íconos del siglo pasado(y de la historia). Quizás la más famosa es la del V-J Day, en Times Square, también conocida como El Beso en Times Square, que tiene una historia bastante curiosa, la verdad. Bueno, el asunto que ahora nos ocupa, es que Alfred Eisenstaedt fue quizá también, el único hombre que pudo retratar el rostro la maldad, de la hipocresía y del odio que puede albergar un ser humano. Lo curioso es que son dos fotos, sin mayor lapso de tiempo entre la una y la otra. Sucedió en Ginebra. Tuvo la oportunidad de retratar a Joseph Goebbel, Ministro de Propaganda de Hitler. En la primera foto no hubo mayor problema porque el ambiente era distendido y Goebbels, cual estrella mediática, atendía de buena gana a los corresponsales acreditados. Goebbels ante la prensa acreditada en Ginebra Para la siguiente foto, el semblante de Joseph Goebbels cambia radicalmente, se descompone. Le habían avisado que uno de los fotógrafos acreditados (Alfred Eisenstaedt), era judío, lo ubica, y le lanza una mirada demoníaca. La imagen habla por sí misma, no necesita palabras: Goebbels, su verdadera mirada. ¿Son los ojos el espejo del alma? Pero dejemos que el mismo fotógrafo nos cuente su experiencia: “En 1933, viajé a Ginebra para la decimoquinta reunión de la Liga de las Naciones. Allí, sentado en el jardín del hotel, estaba el Dr. Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler, hubo un momento que el sonreía con todos, pero conmigo no lo hizo. Detrás suyo estaban su secretario privado y su intérprete. Ya alguien le había dicho que yo era un fotógrafo judío. Me regresó a ver con odio y me clavó fijamente la mirada. Yo también se la mantuve firme. ¿Me consideraba su enemigo?, parece que sí. Mucha gente suele preguntarme acerca de cómo me sentía cuando tenía que fotografiar a estos tipos. Obviamente, no tan bien, pero cuando tengo una cámara en la mano no conozco el miedo”. Alfred Eisenstaedt trabajó toda su vida en el staff de fotógrafos de Revista LIFE, magazine en la que llegó a ocupar con sus imágenes más de noventa portadas, y fueron publicadas más de diez mil imágenes suyas durante el tiempo que se dedicó al fotoperiodismo. Nota: El articulo original se halla en la fuente

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La partisana que fue el orgullo soviético
La partisana que fue el orgullo soviético
Ciencia EducacionporAnónimo3/28/2016

Buenas gente!Hace rato que no hago un post asi que aca les traigo una historia que me parecio realmente interesante,por favor,los tadingas abstenganse de comentar . Disfruten el post! Los partisanos eran guerrilleros europeos que se oponían a los ejércitos de ocupación, fueron organizaciones clandestinas de resistencia en la Segunda Guerra Mundial. El movimiento Partisano en la Unión Soviética, comenzó el 3 de julio de 1941, cuando Stalin hizo un llamamiento por radio para formar un gran movimiento guerrillero para detener el avance de los alemanes. Los primeros partisanos soviéticos se encontraron con salvajes represalias alemanas contra la población nativa, por ejemplo en Bielorrusia, en un sólo mes, los nazis fusilaron a casi 10,500 "partisanos campesinos" en venganza por la muerte de dos soldados alemanes. Zoya Kosmodemyanskaya era una chica rusa de 15 años que se había unido a las Juventudes Comunistas en 1938, y tres años después, ante el llamamiento de Stalin se integró en el destacamento partisano 9903 del Frente Occidental junto a otros dos mil voluntarios. Después de un corto entrenamiento, Zoya fue destinada a la región de Bolokolamsk, en Moscú, donde su grupo participó con éxito colocando minas en las vías y carreteras para sabotear el avance de los nazis. El 17 de noviembre de 1941 fue publicada en la Unión Soviética la Notificación Nº 428 que ordenaba: Evitar que el ejército alemán pueda movilizarse en pueblos y aldeas, expulsar a los ocupantes nazis de cualquier zona poblada, casa o establo, para que éstos queden a la intemperie a merced del frío También les exhortaba a "destruir y quemar los asentamientos de la retaguardia alemana". Como una buena partisana, Zoya junto a otros camaradas se dedicaron a la tarea de sabotear y quemar, en apenas 5 días, 10 aldeas donde estaban establecidas las tropas germanas. El armamento personal de Zoya y varios de sus camaradas consistía en una pistola "Nagán", algunos cócteles Molotov y varias antorchas. Un capo kuruzka ahi abajo El 27 de noviembre, luego de algunas escaramuzas con el enemigo, el grupo partisano se dispersó quedando Zoya aislada, pero aún así, ella decidió continuar sola y logró quemar dos casas y un establo en la aldea de Petrischevo, donde se acuartelaban algunos oficiales y soldados alemanes con alrededor de 300 caballos. Previamente los alemanes habían montado una red de colaboradores dentro de los mismos partisanos, con los que hacían labores de espionaje, debido a lo cual no fue muy difícil identificarla y enseguida capturarla. De hecho fue delatada por uno de sus mismos compañeros partisanos, un tal Vassili Klubkov, que proporcionó la información a cambio de vodka. Aquí la historia no es muy clara. Unas fuentes indican que logró incendiar las casas y otras difieren diciendo que fue detenida “antorcha en mano” disponiéndose a hacerlo. Bueno, el asunto es que fue capturada por los nazis. Luego de su captura, Zoya fue torturada durante dos días de interrogatorios en los que la única información que dio fue su nombre de guerra: "Tania". Fue tan brutal el interrogatorio, que al convencerse de que la detenida no hablaría, le aplicaron quemaduras con fósforos y hasta le ocasionaron un corte con una sierra en la espalda. Mientras la torturaban estaba vestida con una sencillo camisón muy fino y descalza, y aun así, la hicieron caminar a la intemperie (noviembre del 41, cerca de Moscú, imagínense el frio) durante largo rato, y esto duraba hasta que el soldado alemán de turno que la custodiaba ya no soportaba el frío bajo su capote. Este ciclo se repitió durante toda la noche cada media hora, y luego, le prohibieron a la familia de la casa donde la torturaban, darle algo de beber a Zoya, bajo pena de muerte. En la mañana del tercer día la llevaron a la calle donde ya habían construido la horca, con un cartel en el cuello que decía "incendiaria de casas" Según testigos y vecinos de la aldea de Petrishevo, Zoya antes de su ejecución realizó un llamamiento a los aldeanos: "No se rindan, hay que ayudar al Ejército Rojo. Nuestros camaradas vengarán mi muerte contra los fascistas. La Unión Soviética jamás será vencida". Dirigiéndose a los soldados alemanes Zoya gritó: "Ríndanse antes de que sea tarde, pueden ahorcarnos a muchos de nosotros, pero nunca a 170 millones". Esto supuestamente lo decía ya con la soga al cuello, mientras oficiales alemanes la fotografiaban. Cuando quiso decir algo más, un oficial alemán quitó el cubo sobre el que se sostenía y quedó colgando. Intentó agarrar con sus manos la cuerda pero los alemanes la golpearon hasta que expiró su último aliento. Su cuerpo colgado fue dejado a la intemperie como escarmiento y ejemplo durante casi un mes, donde fue golpeado y vejado en varias ocasiones por soldados alemanes y quienes los apoyaban. El día de año nuevo de 1942, un nazi borracho le arrancó parte de la ropa y mutiló su cuerpo congelado. Al día siguiente el mando alemán, ante la inminente llegada de tropas soviéticas, ordenó descolgarla y enterrarla. Posteriormente, su cuerpo fue llevado por los soviéticos al cementerio de Novodievichi en Moscú. La historia de Zoya Kosmodemyanskaya se hizo popular poco después, cuando Piotr Lidov, periodista del periódico Pravda publicó un artículo con su historia el 27 de enero de 1942. El periodista había oído hablar de aquella ejecución a un campesino de edad avanzada, y quedó fuertemente impresionado por el coraje de la joven mujer. El artículo llegó a ser leído por Stalin, quien le concedió de inmediato la orden de Héroe de la Unión Soviética, convirtiéndose así en la primera mujer que obtuvo aquella distinción. En su honor fueron llamados con su nombre muchas escuelas, barcos, calles de varias ciudades, montañas y hasta dos asteroides. Se erigieron innumerables memoriales estatuas en todo el territorio soviético: Moscú, Leningrado, Minsk, Kiev, Stalingrado, y fueron bautizados de la misma forma todo tipo de colectivos, asociaciones, comités y células de partidos. En septiembre de 1991, casi cincuenta años después de la muerte de Zoya, se creó una gran controversia alrededor del mito de la joven partisana. Un artículo publicado en el semanario ruso Argumenty i Fakty afirmaba que nunca hubo tropas alemanas en el pueblo de Petrischevo, y que Zoya fue capturada por los campesinos locales que no estaban conformes con la destrucción de sus bienes. Que en sus actos de sabotaje Zoya había herido a campesinos rusos en lugar de atacar a las tropas alemanas. Que era una fanática estalinista y que mostraba evidente sintomatología de esquizofrenia. Que fueron todas estas actitudes las que llevaron a los campesinos de Petrischevo a delatarla ante los alemanes e indicarles el lugar donde pernoctaba en las afueras del pueblo. Como en todo debate nacionalista ya se imaginarán ustedes, hubo fanáticos y detractores. Tomemos en cuenta que esta información salió a la luz a los pocos meses de haberse disuelto la Unión Soviética. De todas formas los pueblos siempre necesitan sus propios héroes y, para los soviéticos, la gesta de Zoya fue el reflejo de la lucha de toda una generación de trabajadores que supieron defender a su país, el primer Estado Socialista de la historia, frente a la invasión del fascismo liderado por la Alemania de Hitler. El heroísmo de la joven muchacha representaba también el de tantos y tantos combatientes anónimos que perdieron su vida por la defensa de la URSS y la liberación de los pueblos de Europa de la barbarie nazi-fascista.

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El joven que salió a comprar cigarrillos y volviócondecorado
El joven que salió a comprar cigarrillos y volviócondecorado
Ciencia EducacionporAnónimo3/3/2016

Entre los habitantes de las aldeas y estribaciones del Himalaya, es famosa la leyenda de aquel hombre que un día envió a su hijo a comprar cigarrillos en la tienda del pueblo, y que el muchacho nunca más volvió. Que regresó cinco años más tarde, ciego de un ojo, sin su mano derecha y sin los cigarrillos, pero que a cambio, orgullosamente le entregó a su padre una Cruz de la Victoria, la más alta condecoración del ejército británico, aquella que sólo reciben los héroes en la guerra. Pues a decir verdad, no es una leyenda. Esta es una historia real que sucedió en 1941, en una pequeña aldea al sur de Nepal, y su protagonista es Lachhiman Gurung. Lachhiman Gurung nació el 30 de diciembre de 1917 en la aldea de Dahakani, Nepal. Su familia, como toda la gente de la villa, se dedicaba a la agricultura y la ganadería, cuyos productos comercializaban en los pueblos de Birganj o Bhisawa, que al ser fronterizos, mantenían un vibrante comercio con la India. Lachhiman ya tenía 24 años cuando escuchó el rumor de que el Ejército Británico estaba reclutando personal para la Brigada de Gurkhas. Necesitaban adiestrar nuevos soldados con urgencia, pues los japoneses ya habían atacado Pearl Harbor y habían desembarcado pocos días antes en la península malaya. Esa mañana de 1941, Lachhiman se disponía a hacer el mandado de su padre, cuando se enteró que su mejor amigo se había alistado con los gurkhas, y el también decidió presentarse al llamado británico. En circunstancias normales Lachhiman no habría sido aceptado como un fusilero gurkha , ya que por dos centímetros no llegaba a los cinco pies de altura (1, 53 cm) requeridos, pero debido a la emergente situación fue aceptado. Si, la gente de los valles nepalíes es de baja estatura. A todos estos soldados nepalíes, luego de un riguroso entrenamiento gurkha, les enviaron a luchar en Birmania contra los japoneses. Después de tres años de intensos combates, Lachhiman Gurung ya se había adaptado a su nueva vida en el ejército. La campaña había tenido sus altas y bajas, pero en la primavera de 1945, aunque lejos de ser derrotado, la 28ª compañía del ejército japonés estaba tratando escapar hacia el este, hacia Tailandia. Los ingleses se les adelantaron y llegaron a una población llamada Pyay en Birmania, y tomaron la orilla oriental del río. A finales de abril de 1945, la Brigada 89a india de la 7 ª División recibió la orden de cruzar el río y destruir a los japoneses por el otro lado de la carretera. Los atacaron por sorpresa el 9 de mayo y los aturdidos nipones se dispersaron después de una serie de contrataques desesperados, refugiándose en el Valle de Taungdaw. Aquí los interceptaría el ejército gurkha. La 4ta y 8va Compañía de Rifleros Gurkha fueron enviados a bloquear la ruta de los nipones en la aldea de Taungdaw, en la orilla oeste del río. Cuando los japoneses llegaron, ya las dos compañías gurkha los tenían rodeados y les habían cortado las líneas de comunicación. La noche del 12 de mayo, nuestro amigo fusilero Lachhiman Gurung, estaba a cargo de los puestos de avanzada de su pelotón, casi 100 metros por delante de la Compañía gurkha. Cabe destacar que Lachhiman se había unido a la 4ta Compañía tan sólo dos meses antes, como parte de un proyecto de refuerzo. A las 01:20 am, más de 200 japoneses atacaron la posición gurkha, y la peor parte del asalto recayó en la trinchera donde estaba nuestro amigo Lachhiman Gurung, y en particular, en su posición que cubría el tramo de selva que conducía hacia donde estaba su pelotón. Si los japoneses lograban invadir y ocupar trinchera de Gurung, enseguida lograrían controlar la zona y el combate. La primera granada cayó en el borde de la trinchera de Gurung. Él rápidamente la agarró con la mano y la arrojó de vuelta hacia donde el enemigo. Casi de inmediato le lanzaron otra granada. Esta cayó justamente en el interior de la trinchera y una vez más Gurung la recogió y la lanzó hacia donde los japoneses. Una tercera granada aterrizó justo en frente de la trinchera. Gurung trató de lanzarla nuevamente, pero esta le explotó en la mano volándole los dedos, destrozando su brazo derecho, y dejándolo gravemente herido el rostro y la pierna derecha. Sus dos compañeros también fueron heridos y yacían indefensos en el fondo de la zanja. En ese momento los soldados japoneses salieron de sus escondites gritando y vociferando, corriendo hacia la pequeña trinchera para apoderarse de ella, porque a la final sabían que la granada les explotó adentro. Lo que no sabían es que se toparían con un nepalés inclaudicable, con un verdadero guerrero. Lachhiman Gurung vio que sus dos compañeros yacían heridos, sacó su famoso cuchillo gurkha kukri, lo clavó en el suelo delante de su trinchera y gritó: "¡Hoy nadie va a pasar aquí!''. Tomó su rifle con el brazo sano, y cargaba y disparaba solamente con su mano izquierda, manteniendo un increíble -por sus condiciones- ritmo de fuego. Los avances y ataques nipones se sucedían uno tras otro, pero eran repelidos por el valiente Lachhiman, ocasionándoles grandes pérdidas. Aunque se encontraba solo y herido, el joven gurkha se mantuvo cuatro horas sin abandonar su trinchera, esperando tranquilamente cada nueva embestida, disparando contra sus atacantes a quemarropa, decidido a no ceder un palmo de terreno. Los testimonios posteriores de sus compañeros heridos, dicen que le oían gritar repetidamente: "¡Ven a luchar contra un Gurkha!" A la mañana siguiente, el recuento de los enemigos muertos ascendía a 87 en las cercanías del batallón gurkha, de los cuales, 31 cadáveres estaban frente a la trinchera de Lachhiman. Esa mañana del conteo de cadáveres llegaron los paramédicos, y él se encontraba tranquilo, relajado, pero de lo único que se quejaba en su trinchera, era de la gran cantidad de mosquitos que se le aglomeraban alrededor del muñón de la mano y en el rostro casi destrozado. Eso fue lo único que pidió, que le limpiasen las heridas. A pesar de que los gurkhas debían detener el avance de los japoneses durante tres días, la presencia de Lachhiman, mutilado y sin retroceder, les infundió el coraje necesario para soportar y responder al asedio de manera formidable. Lachhiman Gurung fue investido con La Cruz de la Victoria por el mismísimo Mariscal de Campo Sir Archibald Wavell, que al mismo tiempo -cosa rara-, también se desempeñaba como Virrey de la India. La ceremonia se llevó a cabo en el mítico Fuerte Rojo en Delhi, el 19 de diciembre de 1945. Lachhiman Gurung confesaría ese día: "Tuve que luchar así porque no había otra manera. Supuse que de todos modos iba a morir ahí, así que decidí hacerlo de pie y no de rodillas. Lo único que sabía era que debía seguir disparando y tratar de mantenerme vivo. Me alegro de haber ayudado a los otros soldados de mi pelotón, pero sé que ellos hubieran hecho lo mismo". A pesar de sus 74 años y de su precario estado de salud, el padre de Lachhiman viajó durante 11 días a para estar presente en la condecoración de su hijo. Las lesiones que sufrió Lachhiman fueron tan severas, que no pudo volver al servicio activo durante el resto de la guerra. No sólo perdió la parte inferior de su brazo derecho, sino también el ojo derecho y quedó sordo de un oído. Hasta ese momento había alcanzado el rango de havildar, que equivale al de sargento. Tras su salida del ejército por discapacidad, decidió dedicarse a la pequeña granja de su padre en la aldea nepalí. Con el paso del tiempo se casó y continuó arando su casi una hectárea de terreno, hasta que las secuelas de la guerra le imposibilitaron seguir trabajando. Lo alejado y recóndito de su pueblo le causaba grandes dificultades, ya que para poder cobrar su pensión de retiro, debía viajar una vez al mes a Bharatpur (la ciudad más cercana), que estaba a 40 Km de distancia. Suena fácil hacerlo en autobús, pero para tomar uno, primero debía bajar y después subir por la ladera que estaba a 22 Km de la carretera. Con el tiempo, fue necesario que uno de sus hijos, Reshamial Lachhiman, lo llevara a cuestas ladera abajo hasta la parada de autobús en la carretera, y repetir la misma operación de regreso a la montaña. Aldea Nepalí Con el tiempo, el ex comandante de los gurkhas 4/8th, el (en esa época Teniente) General Sir Walter Walker, y el de su propio batallón, comandante Peter Myers, quisieron saber que fue de la vida de Lachhiman. Se pusieron en contacto con quienes pudieran haberlo visto en los últimos años. También lo estaba buscando un tal Eric Williams, un soldado inglés que había servido como apoyo del 4/8th de Rifles Gurkhas en Birmania, en 1945. La experiencia de Lachhiman, de la que fue testigo cercano, hizo que Williams se convirtiera en un profundo admirador de los gurkhas, y, después de enterarse de las precarias e incómodas condiciones en las que su héroe había estado viviendo, se ofreció a pagar por la educación de sus hijos. El 50º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, se celebró en Londres entre julio y agosto de 1995. Lachhiman Gurung fue trasladado en avión desde Katmandú hasta Londres, para unirse al resto de supervivientes en la celebración. Este evento permitió al Ejército inglés, apreciar de mejor forma las precarias condiciones en las que el ex gurkha vivía, y dio paso a una iniciativa para recaudar los fondos necesarios para construirle una nueva casa en Bharatpur, Nepal. El aporte de los veteranos de guerra y especialmente la convocatoria del Sunday Express fueron vitales. La casa (de dos pisos) le fue entregada en septiembre de 1995, junto con una suma de dinero para garantizar que sus necesidades básicas sean satisfechas. Inglaterra sabía que tenía una "deuda de honor" con los gurkhas, porque a fin de cuentas también fueron parte de su Real Legión Extranjera, y es así que en el 2008, se les concedió el status de súbditos británicos. Lachhiman Gurung aprovechó esa coyuntura y se mudó a vivir en Londres, en el área de Hounslow, donde pudo alquilar un departamento acorde a sus necesidades. Poco después se volvió a mudar, pero sólo cambió de barrio; esta vez fue para vivir en el Memorial Home de los Gurkha retirados, donde fue nombrado Vicepresidente Honorario de de la Royal British Legion. En el 2009 hizo noticia, ya que su nieta, quien llegó de Nepal para atenderlo por su avanzada edad e invalidez, no pudo obtener el permiso de residencia y fue deportada. Lachhiman hizo un llamado desesperado a la Reina y al Primer Ministro, pidiéndoles que permitan que su nieta de 20 años esté a su lado hasta que muera. “He pagado un alto precio sirviendo al Reino Unido, pero no me quejo porque yo amo a este país tanto como a mi familia. Daría mi brazo nuevamente si el Reino Unido me llamase a luchar para defender a su pueblo. Sin embargo, le pido a Su Majestad la Reina que permita que mi nieta esté a mi lado en mis últimos días. Le pido al Primer Ministro Gordon Brown que no me separe de ella. Nunca antes he pedido nada a Gran Bretaña, pero ahora les ruego para que mi nieta pueda estar conmigo". Finalmente, y bajo la presión ciudadana y de los medios de comunicación, el Ministerio Público cedió y se le le concedió a su nieta un permiso para quedarse. El valiente Havildar Lachhiman Gurung murió un año mas tarde, el 12 de diciembre de 2010 a la edad de 93 años. Lachhiman estuvo casado dos veces. Su primera esposa murió a finales de 1950. Le sobreviven su segunda esposa, tres hijos de su primer matrimonio y dos del segundo. Su hijo mayor sirve al Ejército de la India, y su hijo más joven al Ejército Real de Nepal.

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