Gothika05
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Los Persas tenían fama de ser especialmente crueles Parafraseando una famosa cita del sabio Einstein, podríamos decir… “Hay dos cosas que son infinitas, la estupidez humana y su capacidad para hacer daño, y de las dos estoy completamente convencido.” Por este motivo, elegir entre infinitas posibilidades, cuál es el método más retorcido que ha ideado un ser humano para matar a otro, es una labor casi imposible. Sin embargo, si hubiera que elegir un candidato al modo de ejecutar más doloroso, largo, agónico y cruel de la historia , sin duda que el método de La Barca estaría a la cabeza de tan macabro ranking. Lo idearon los persas hace varios miles de años y además de como La Barca, también se le conocía como La Artesa o Escafismo, palabra que proviene del griego Skaphe y que significa “vaciado”. No me negarán, que con esta última definición, a uno ya se le empieza a poner mal cuerpo. Una Artesa Para ejecutar de este modo se colocaba al reo boca arriba entre dos barcas o artesas, quedando sólo a la vista la cabeza, los brazos y las piernas… Pero mejor que os lo cuente Plutarco, que en su obra Vidas Paralelas, nos narra como ejecutan de esta manera a Mitridates, un eunuco que estando bebido dijo lo que no debía donde no debía.. dijo:Mandó [el rey Artajerjes II], pues, que a Mitridates se le quitara la vida, haciéndole morir enartesado, lo que es en esta forma: tómanse dos artesas hechas de madera que ajusten exactamente la una a la otra, y tendiendo en una de ellas supino al que ha de ser penado, traen la otra y la adaptan de modo que queden fuera la cabeza, las manos y los pies, dejando cubierto todo lo demás del cuerpo, y en esta disposición le dan de comer, si no quiere, le precisan punzándole en los ojos; después de comer le dan a beber miel y leche mezcladas, echándoselas en la boca y derramándolas por la cara: vuélvenle después continuamente al sol, de modo que le dé en los ojos, y toda la cara se le cubre de una infinidad de moscas. Como dentro no puede menos de hacer las necesidades de los que comen y beben, de la suciedad y podredumbre de las secreciones se engendran bichos y gusanos que carcomen el cuerpo, tirando a meterse dentro. Porque cuando se ve que el hombre está ya muerto, se quita la artesa de arriba y se halla la carne carcomida, y en las entrañas enjambres de aquellos insectos pegados y cebados en ellas. Consumido de esta manera Mitridates, apenas falleció el decimoséptimo día. Por si acaso a alguien no le ha quedado suficientemente claro y por resumir, al pobre condenado le van comiendo los bichos de dentro hacia fuera mientras permanece sumergido en sus fluidos. Además, como se le mantiene alimentado, la agonía es muy dolorosa y muy, muy larga. En este caso 17 eternos días. Fuente
Bajo este curioso nombre se esconde una hermosa obra de arte que tiene una simpática historia. Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo en un pequeño convento benedictino, en el pueblo de Podlazice, en Bohemia Oriental, un monje cometió un grave delito. La comunidad de frailes lo juzgó y como castigo, el monje fue condenado a ser enterrado vivo en el interior de un muro. El desesperado monje ofreció que para la expiación de su culpa y para gloria del convento benedictino escribiría en una sola noche el mayor libro jamás visto por el hombre. Nadie se lo creía, pero al final le trajeron una pluma, gran cantidad de pergamino y un tintero, entonces el monje se puso a copiar textualmente la Biblia. Escribía lo más rápidamente que podía, consciente de que estaba en juego su vida, pero a media noche se dio cuenta de que no acabaría la obra a tiempo. Llamó entonces al diablo para que le echara una mano, quien apareció ese mismo instante y el monje le vendió el alma a cambio de su ayuda. El libro fue terminado al amanecer. Por su tamaño, este es el mayor manuscrito medieval del mundo. Como siempre, los mitos y leyendas son maravillosos, pero a apartándonos de la fantasía, es bastante probable que esta reliquia que data de al menos 800 años, si haya sido escrito por monjes porque contiene un compendio de conocimientos de la orden benedictina de aquel tiempo, incluyendo una transcripción completa del Antiguo y del Nuevo Testamento, “La Guerra de los judíos” de Flavio Josefo, la obra “Etimología” de San Isidoro de Sevilla, una lista de Santos del siglo primero, Tratados sobre el cuerpo humano de Galeno y una guía para determinar la fecha del día de Pascua. Contiene también una copia de la "Crónica" de Cosmas que relata la historia checa y una lista de los hermanos de la comunidad religiosa de Podlazice, con un necrólogo y nombres de 1635 difuntos. Se estima que el/los autores tardaron de 10 a 12 años para escribirlo. El libro mide 90x50 cm, pesa 75 kilos y originalmente tenía 640 páginas de las que sobreviven 624 en una condición relativamente buena. Se calcula que para confeccionar sus hojas de pergamino deben haberse sacrificado al menos unos 150 burros Hoy es considerada la 8va Maravilla del mundo antiguo y pertenece a la Bibliotea Real de Suecia, pero antes de llegar ahí, ya tuvo su recorrido. En el siglo XIII, los benedictinos del monasterio de Podlazice -donde fue confeccionado-, se endeudaron y tuvieron que empeñar el valioso documento. Fue recuperado nuevamente en 1295 por el abad del monasterio benedictino de Brevnov, en Praga. Durante las guerras husitas del siglo XV el libro estuvo guardado en el inexpugnable monasterio de Broumov, en Bohemia Oriental. En 1594, el emperador Rodolfo II rescató el manuscrito gigante su celda en Broumov, incorporándolo a sus espléndidas colecciones de objetos raros. Cuando las tropas protestantes suecas se tomaron el Castillo de Praga en 1648 en la Guerra de los 30 años, saquearon y se apoderaron de las colecciones del rey Rodolfo. Desde ese año el Codex Gigas se encuentra en Estocolmo. Desde el siglo XVII esta reliquia ha salido sólo tres veces de Suecia: En 1970 fue exhibido en el Museo Metropolitano de NY y en 1997 en Berlín. El año 2006 fue cedida a Praga para una breve exposición y se cumplió así el sueño de miles de checos de ser exhibido en su país de orígen. Ahora, a mis lectores que no son ecuatorianos, les cuento que la historia de este manuscrito me recuerda a una tradicional leyenda quiteña acerca de la construcción de la Iglesia de San Francisco en Quito, la cual dice que en tiempos de la colonia los curas franciscanos contrataron al indio Cantuña para construir ese templo, el cual no pudo cumplir con la entrega en el plazo acordado, por lo que corría el riesgo de ir a prisión, ya que los curas le habían pagado la obra por adelantado. Una noche, se le apareció el diablo y le ofreció terminarla en una sola jornada a cambio de su alma. El apremiado Cantuña aceptó la propuesta y a la noche siguiente, miles de afanosos diablillos trabajaron intensamente y al alba la tenían lista. Pero antes de recibirla, el astuto indígena retiró una piedra y la obra, en la práctica, quedó inclusa. Este detalle le salvó de los horrores eternos del infierno y por supuesto, de ir a parar en la cárcel. Iglesia de San Francisco en Quito Según los historiadores, la construcción de la iglesia y del convento de San Francisco se inició 15 años después de la fundación española de Quito, aproximadamente por el año 1550, y se terminó en 1680, 130 años después de haberla empezado. De todas formas, aunque falsas e inverosímiles, vemos que este tipo de leyendas forman parte del imaginario y el folcklore de los pueblos tanto de América como de Europa. Fuente
Por Juan Forn Esta semana se cumplió un nuevo aniversario de la muerte de John Lennon y, como todos los años cuando llega esta fecha, volví a pensar: “Otro año que se va y yo sigo sin escribir lo que pienso de Yoko Ono”. Me explico: en alguno de los mil documentales que he visto sobre él hay una entrevista de 1975 con Dick Cavett, donde Lennon rememora la separación de Los Beatles y la demonización de Yoko, después de cantar la extraordinaria “Woman is the Nigger of the World” (cuya difusión había sido prohibida por todas las radios norteamericanas). En cierto momento John se mosquea en serio, se olvida de Cavett, mira directamente a cámara y dice, como si se dirigiera a cada uno de nosotros: “Lo que más me enerva de todas las barbaridades que dicen sobre Yoko es que ni se les cruce por la cabeza lo evidente. Que yo la elegí pudiendo haber elegido a cualquier otra de las mujeres que tenía a mi disposición. Que me hace feliz como ninguna otra persona lo ha hecho. Que soy la persona que soy gracias a ella. Si les sigue gustando lo que hago, ¿no se dan cuenta de que deberían darle al menos algo de crédito a Yoko?”. Vi ese reportaje cuando Lennon llevaba más de veinte años muerto. Seguramente lo vi antes, algún otro diciembre entre 1980 y 2003, porque uno tiene siempre esa sensación con las filmaciones de Lennon: que ya vio antes ese material pero recién ahora lo entiende. Los años pasan y ya somos todos más viejos que él cuando murió, pero sigue siendo nuestro hermano mayor. Cada vez que lo escuchamos, descubrimos que nos dice algo nuevo, algo que no supimos entender antes. Yo me acuerdo bien el momento en que esa frase suya me hizo clic en la cabeza (fue acá, en Gesell, el primer invierno después de rajarme de Buenos Aires) y de pronto sentí que por primera vez trataría de ver a Yoko como Lennon pedía que la viéramos: como su par en el mundo. Hagan la prueba de leer ese último reportaje que Playboy les hizo a ambos, semanas antes de la muerte de Lennon, que se publicó poco después en forma de libro: de a poco van a ir sintiendo que las respuestas de Yoko no sólo no estorban sino que complementan las de John, y muchas veces no sólo complementan sino que son las que detonan lo verdaderamente importante (tal como la frase “Woman is the Nigger of the World” detonó la canción). Otro ejemplo: todos sabemos que Yoko es japonesa y que era siete años mayor que John, pero nunca se nos ocurre pensar cómo fue la Segunda Guerra para ella. Y así es cómo no nos enteramos de que, cuando tenía doce años y el bombardeo norteamericano sobre Tokio obligó a la evacuación de civiles de la ciudad, Yoko debió rebuscárselas como pudo con sus dos hermanitos y su madre (su padre estaba en el frente en ese momento, con el ejército japonés), porque los campesinos se resistían a compartir su escasa comida con los evacuados de la ciudad y los recibían a pedradas cuando se acercaban a sus aldeas. Uno se imagina a Yoko contándole esto a John mientras la prensa mundial la lapidaba por separar a Los Beatles y cambia un poco la película, ¿o no? Otra: cuando Yoko conoció a John, sabemos que ella estaba haciendo una muestra en Londres (la escalera en medio del salón, la lupa colgando del techo, John que sube y mira con la lupa y lee “sí” escrito en el techo y siente “esta mujer y yo estamos hechos uno para el otro”) pero no que estaba casada con otro (el artista conceptual Anthony Cox), y que tenía una hija con ese otro (Kyoko) y que cuando el tipo perdió la custodia de la hija en el divorcio (por la agresividad de los abogados que puso John) se escapó llevándosela, y pasó a la clandestinidad y durante los siguientes treinta años Yoko no supo nada de ella (John dice en el reportaje de Playboy: “Fue una estúpida pelea de machos. Yo creí que la tenía más larga y él me cagó. Y el resultado fue que dejamos a una hija sin su madre”). Otra, para completar: Yoko perdió cinco embarazos hasta que tuvo a Sean, en 1975. Elijo contar estas cosas tal como elegí la foto que ilustra esta página: para que podamos ver algo distinto a lo que vemos siempre en Yoko Ono. Estamos acostumbrados, por ejemplo, a tomar a la chacota todo su arte conceptual, pero la cosa cambia cuando nos enteramos de que, al llegar a Nueva York a los veinticinco, recién casada con un egresado de Julliard llamado Toshi Ichiyanagi, alquilaron un loft abandonado adonde acudían John Cage, Marcel Duchamp, Max Ernst y Peggy Guggenheim, Jonas Mekas y Ornette Coleman, entre otros, a ver los happenings que organizaba Yoko. Cage la valoraba tanto que la llevó como intérprete en su primer viaje a Japón (dos cosas le fascinaban especialmente: que Yoko hubiera ido de chica a la Escuela Gakushuin de Tokio, exclusiva para miembros de la familia imperial e integrantes de la aristocracia japonesa, donde fue compañera del hijo del emperador Hirohito y de Yukio Mishima, y que hubiera hecho siete años de conservatorio como estudiante de piano, hasta el día en que confesó que soñaba con ser compositora, y la pusieron de inmediato a aprender canto porque “las mujeres no sirven como compositoras”). Y Sol LeWitt, considerado el creador por antonomasia del arte conceptual, dice haber tomado de ella la idea de que una obra de arte podía ser su explicación a modo de instrucciones zen (una de las primeras piezas de Yoko era una caja de fósforos con la frase: “Enciende un fósforo. Contémplalo hasta que se extinga”; otra se llama Caja Que Sonríe: un cubo que, al abrirle la tapa, tiene un espejo en el fondo que refleja la expresión del que la ha abierto: todos sonríen sin saber por qué cuando lo abren). Pero lo que hace más fácil ver a Yoko como la otra mitad de John es la manera en que lo estimuló a conectarse con eso que Jüng llama el ánima: lo femenino profundo que hay en toda criatura, sea varón o mujer. El rocanrol ha coqueteado con lo femenino de mil maneras cosméticas (de Jagger a Bowie pasando por todas las escalas intermedias), pero Lennon fue más lejos y más hondo que ninguno porque entendió lo femenino como lo que le faltaba, lo que desactivaba su violencia hacia el mundo, lo que lo hacía más hombre porque lo hacía más humano. Hay que tener unos cojones de acero para escribir canciones como “Mother”, “God”, “War is Over”, “Watching the Wheels”. O, mejor dicho, para sentir de verdad lo que dice en esas letras. Pensar que Yoko no tuvo nada que ver con eso es simple necedad. La lástima, la verdadera lástima, es que John no haya influido en Yoko tal como ella influyó en él. Y en el fondo eso es lo que no podemos perdonarle a Yoko todos los fans de Lennon: que no logremos ver más de él en ella. Que lo que le quedó lo tenga guardado tan adentro. Pero, con una mano en el corazón, ¿alguien se siente con derecho a culparla por eso? Fuente
La familia Ovitz era de origen judío y provenía de Transilvania. Su patriarca Shimshon Isaac Ovitz, era un respetado rabino afectado de enanismo. De los diez hijos que tuvo, siete de ellos habían heredado su pseudoacondroplasia y cuando murió, su viuda pensó que los hermanos podrían labrarse un futuro como artistas ambulantes aprovechando aquella particular característica. En relativamente poco tiempo, los hermanos constituyeron la “Banda de Jazz de Lilliput” y comenzaron a viajar por el centro de Europa. Fue uno de los espectáculos más conocidos y celebrados en la Europa oriental de la entre guerra. Hasta 1942, y a pesar de la situación de inestabilidad, la familia Ovitz se las había arreglado bastante bien para ocultar sus orígenes y poder continuar así con su gira. De hecho una de las hermanas del clan -Elizabeth- incluso llegó a casarse en mayo de ese mismo año con un joven director de teatro. Sin embargo, la pareja se vio obligada a separarse tan solo diez días después de su boda cuando su esposo fue detenido e incorporado a un batallón de trabajo. Durante los dos años siguientes la familia Ovitz continuó viajando, pero la mala fortuna quiso que se encontrasen en Hungría cuando las tropas alemanas ocuparon el país. El mes de mayo de 1944 fueron capturados, subidos a un camión y trasladados hacia Auschwitz. La mañana del 18 de mayo de 1944 el doctor nazi Joseph Mengele se encontraba en su laboratorio de Auschwitz, cuando fue informado de la llegada de un nuevo tren de prisioneros. Mengele se dedicó inmediatamente a separar en dos columnas a los cientos de prisioneros que llegaban, una su izquierda y otra a su derecha. La columna de su izquierda estaba destinada para los ancianos, discapacitados y niños que enseguida eran conducidos a los grandes hornos, que por aquella época se encontraban trabajando al máximo. De uno de estos vagones bajaron los hermanos Ovitz y fue indescriptible la sonrisa que se le dibujó en el rostro a Joseph Mengele, acababa de recibir un regalo del cielo. Joseph Mengele Los Ovitz estaban afectados por un tipo de enanismo muy raro llamado pseudoacondroplasia, que afecta a uno de cada 60000 niños y tiene la característica de dejarles piernas pequeñísimas y frágiles, pero una cabeza normalmente proporcionada y muchas veces de rasgos armoniosos. Mengele quedó inmediatamente impresionado con la curiosa malformación que presentaban los hermanos, a tal punto que decidió separarlos del resto y ordenó que se les instale en una celda especial, aislados del resto de prisioneros con el fin de evitar que fueran aplastados o estropeados por el resto de gente. No se les dio uniforme a rayas y se les permitió conservar la ropa que llevaron, pero a cambio de estos privilegios tuvieron que pagar un precio muy alto; se convirtieron en conejillos de indias del excéntrico doctor, que hasta hace poco había estado fascinado con su grupo de gemelos y siameses, con quienes practicó crueles experimentos llegando al punto de diseccionarlos vivos. El "Ángel de la Muerte" -como era llamado Mengele- había encontrado un nuevo hobbie. El médico estaba encantado con los Ovitz y llegó a decir: “Ahora tendré trabajo para los próximos veinte años; ahora la ciencia tendrá un tema interesante en el que pensar”. Se enorgullecía de tenerlos para sus experimentos y preparaba conferencias para sus superiores en las que, mientras él exponía sus demenciales teorías, los hermanos permanecían de pie y desnudos sobre una tarima, como animales de exhibición. Elizabeth Ovitz recordaría tiempo después sus vivencias en el campo de concentración de Auschwitz: dijo:“Los experimentos más terribles de todos eran los ginecológicos. Nos ataban a la cama y comenzaba la tortura. Nos inyectaban cosas en el útero, nos extraían sangre, nos hurgaban, nos agujereaban y nos sacaban muestras. El dolor era insoportable. El médico que dirigía los experimentos se compadeció de nosotras y solicitó a sus superiores que se detuvieran para no poner en peligro nuestras vidas.“ dijo:“No sé si nuestro físico influyó en Mengele o si los experimentos ginecológicos sencillamente se completaron. En cualquier caso, los detuvieron y comenzaron otros. Nos extrajeron líquido de la médula espinal y nos enjuagaron los oídos con agua extremadamente fría o caliente, lo que nos hacía vomitar. Posteriormente comenzó la extracción de pelo, y cuando ya estábamos a punto de derrumbarnos, iniciaron dolorosas pruebas en las regiones del cerebro, la nariz, la boca y las manos.” Cuando no estaban en el laboratorio, Mengele se comportaba con total naturalidad con los Ovitz. El más pequeño de la familia no llegaba a los dos años y se encontraba desnutrido y lleno de heridas por las extracciones de sangre, sin embargo, Mengele lo tomaba entre sus brazos y jugaba con él haciendo que lo llamase tío. Incluso llegó a filmar una película de los Ovitz para uso y disfrute del propio Adolf Hitler, donde se podía ver a la familia aterrorizada y cantando en alemán. De todas formas los hermanos corrieron con suerte, ya que no terminaron como los gemelos o siameses ni como el resto de pacientes de Mengele, a muchos de los cuales mató con sus crueles experimentos o los dejó con varias discapacidades de por vida, como a los gemelos que inyectaba extrañas sustancias en los ojos para cambiarles su color y sólamente les provocó ceguera. Afortunadamente el médico alemán recibió noticias de la próxima caída de Alemania y abandonó el campo de concentración. Diez días después las tropas soviéticas llegaron a Auschwitz y liberaron a los prisioneros el 27 de Enero de 1945, y tras ocho meses de confinamiento y tortura, los Ovitz eran la única familia que había logrado salir de allí completa. Años después, cuando se radicaron en Israel Los Ovitz se dedicaron nuevamente al canto y la comedia para sobrevivir, y el nuevo espectáculo se basaba en sus vivencias en el campo de concentración. Interpretaban una pieza que la llamaron Totentaz (Danza de la Muerte), la cual era bailada por Elizabeth y uno de sus hermanos en cada presentación. De esta forma siguieron deambulando por el centro de Europa durante cuatro años más hasta que en 1949 la familia completa emigró al nuevo Estado judío que acababa de formarse, a Israel. Fuente
Por Sandra Russo Cada año, para junio, cuando se acerca el Día del Padre, en muchas casas sopla una brisa de angustia. La brisa de la falta. Sucede otro tanto, en otras casas, cuando llega el Día de la Madre. Esos son los días icónicos de la Familia Tipo, de cuya expulsión o deserción no pueden evadirse los que viven fuera de su aura. La tiranía de la Familia Tipo que se impone desde los soportes canónicos del imaginario social, es decir los medios y la publicidad, castiga a muchos inocentes. Los niños sin padre o sin madre, por ejemplo. O los que tienen padres o madres diferentes. Esos días tiene lugar el estigma. Mientras en la vida real las familias experimentaron en los últimos cincuenta años cambios inimaginables, vinculados no sólo con la evolución de un tipo de pensamiento sino, además, con nuevas formas de producción capitalista, los soportes del imaginario social persisten en aferrarse a la Familia Tipo, convirtiéndola en un corset del que se escapan millones de personas que viven otras escenas. En estos días, cuando se discute en el Senado la ley de matrimonio igualitario, desde los sectores confesionales arrecian las definiciones que presuponen a la familia humana de una sola forma y composición. De esas definiciones brota la idea de un hombre y una mujer uniéndose en matrimonio para procrear, y manteniéndose juntos para la crianza de los hijos. De esa ceñida, ahogada idea de familia “normal”, no quedan afuera solamente las parejas del mismo sexo que desean casarse y eventualmente también criar a sus hijos. Otros han quedado afuera antes. Los solteros, los viudos, los emocionalmente fracasados. Y es más: la Familia Tipo incluye en su nube de presunta plenitud a muchos infelices y a muchos depravados. Cuando uno decide o no tiene más remedio que llevar su vida por carriles que no son los que desembocan en la aprobación de cada una de sus tías, siempre atraviesa, de alguna manera muy personal, un desprendimiento interno. Nos desprendemos de esas partes nuestras que no pondremos en juego. En un intercambio frenético de correos que mantuvimos hace unos años con mi amigo, el bloggero y activista gay Christian Rodríguez, y que fue publicado en mi libro Amar y flirtear, revisábamos esa expresión que aparentemente sólo atañe a los homosexuales, “salir del ropero”. Era a partir de los estereotipos que puso en acción la película Secreto en la montaña. El debate era si se trataba de una película de amor, o de una película de amor gay. En las historias de amor que consumimos en los productos culturales, siempre se impone el obstáculo entre los amantes, y ese obstáculo es externo. Rico, pobre, negra, blanco, joven, viejo, odio entre familias, odio entre etnias, odio entre pandillas, la CIA y la KGB. En esa película, decía Christian, el obstáculo era interno y ése era su rasgo más fuerte. El obstáculo era la lucha subjetiva de cada uno, Ennis y Jack, entre lo que le pasaba y lo que no debía pasarle. Entre cada uno de ellos y el amor, lo que se interponía era la propia idea del amor, y su propia idea de sí mismos. De allí surgió un análisis de qué significa ese closet, y la idea de que en un ropero está la ropa disponible y descartada. Todos tenemos un closet del que salimos cuando hemos decidido qué de nosotros vamos a defender como nuestra identidad, y qué partes disponibles descartaremos, porque “salir del ropero” implica, antes que nada, una renuncia a lo que no se elige ser. También en ese diálogo se arribaba a la idea de que es del mundo homosexual, precisamente, desde el que nos han llegado, culturalmente en las últimas décadas, las noticias más vivas sobre el amor estable, sobre el deseo ferviente de construcción de familia. Son ellos y ellas las que están haciendo planteos de planificación familiar con una claridad cegadora. El de ellos y ellas es un planteo maternal y paternal que se sobrepone al narcisismo para fluir en el amor al hijo. Quieren asegurarse el destino del hijo si el padre o la madre adoptante llegaran a morir. Para eso necesitan casarse. Sabemos, cuando abandonamos el barco de la Familia Tipo, que hay familia allí donde un niño o una niña, un hombre y una mujer, mujeres u hombres se sientan incondicionalmente amados. La hay donde hay ese tipo de afecto que no se pone a prueba, ni depende de los vaivenes de las personalidades. Hay familia donde hay seguridad. Se habla muy poco de este tipo de seguridad, la afectiva, de la que dependen tanto las chances de nuestra felicidad. Fuente
Que el 9 de julio es el Día de la Independencia en Argentina lo sabemos, es algo que venimos celebrando con un Doodle desde hace varios años. En esta ocasión, Google eligió el 9 de Julio para publicar al doodle ganador del concurso "Doodle 4 Google: Unidos más allá del Bicentenario", en el que participaron miles de niños con motivo del Bicentenario de la Revolución de Mayo. En su momento anunciamos que el ganador sería publicado este día. Se trata del dibujo de Ivo Gabriel Lucero, un niño mendocino de 10 años que participó junto con otros 27.000 chicos. Su dibujo llegó a la final gracias al voto de la gente y luego elegido por el equipo a cargo que tiene a su cargo los doodle en Google. estamos muy contentos de poder compartir el talento y los sueños de Ivo plasmados a través de su dibujo. El dibujo ganador, que tiene el número 200 por razones obvias, fue publicado hoy en honor al Día de la Independencia. En ningún caso hemos dicho que son 200 años de Independencia que sabemos también fue en 1816. Valga la aclaración porque no ha faltado quien nos ha escrito y quienes se apresuraron a publicar nuestro supuesto "error", que no es tal. Y lo importante, al menos para nosotros, es que en el día de hoy y por primera vez en la historia, el Doodle de un argentino se mostrará en la home page por 24 horas. Por: Alberto Arebalos Director, Global Communications & Public Affairs. Google Latin America Fuente
En 1917, John Purroy Mitchel, alcalde de Nueva York y ferviente partidario del apoyo a los Aliados en la Gran Guerra, estaba preocupado porque sus conciudadanos parecían no compartir su fervor. De los 2.000 neoyorquinos que la Armada esperaba que se unieran a sus filas, apenas lo habían hecho unos 900. Mitchel, sin embargo, ideó un plan para solucionar esta situación, construir una réplica de un barco de guerra en pleno centro de Manhattan. El USS Recruit durante su construcción La Armada lo había intentado todo, desde desfiles, reuniones informativas o el patrocinio competiciones deportivas, hasta marchas de bandas musicales acompañadas de bonitas señoritas, pero nada parecía funcionar. Fue entonces cuando alguien pensó que las cosas podrían cambiar si los candidatos, antes de alistarse, pudieran hacerse una idea de cómo sería su vida a bordo de un barco de guerra. Con ese objetivo en mente, el gobierno local decidió construir y colocar una réplica de un barco de guerra en un punto céntrico y bien comunicado de la ciudad, donde todos los jóvenes que pasaran cada día por allí pudieran verlo. Entusiasmando, Mitchel no tardó en crear el “Comité del alcalde para la defensa nacional”, que sería el encargado de reunir los fondos necesarios y contratar a dos arquitectos con experiencia en la construcción de barcos y en el mundo del teatro. El objetivo era construir una réplica a escala casi real que fuera atractiva a la vista de los que pasaran delante. La idea gustó a la Armada, que también se sumó al proyecto. La céntrica Union Square fue el lugar que se escogió para fondear el buque. El día de su bautizo El USS Recruit, nombre con el que se bautizaría al barco, se construiría en madera a imagen y semejanza del USS Maine, aunque mediría menos, sólo 60 metros de largo y 12 de ancho. Pese a todo, el barco era tan alto como un edificio de tres plantas y disponía de un par de mástiles de observación de 15 metros de altura y una chimenea ornamental de 6 metros por la que no salía humo. El barco contaba con un reflector auténtico, luces para señales marítimas, anclas, escaleras y toda la parafernalia de los barcos de la época. Como armamento, tenía tres torretas con cañones de madera y un cañón para salvas, este real. En su interior había amplias salas de espera, así como otras dedicadas para exámenes médicos. También había camarotes para la tripulación, duchas, una sala de radio, una armería y una enfermería. Los periódicos de la época destacaban que estaba equipado con unos sistemas de calefacción y ventilación muy ponentes, “capaces de cambiar la temperatura 10 veces cada 60 minutos”. El barco no sólo serviría como oficina de reclutamiento, sino que era totalmente válido para realizar ejercicios de entrenamiento. De hecho, la vida a bordo seguía la misma rutina que en cualquier otro barco de la Armada. Los marineros y marineras, unos 40, se levantaban a las seis de la mañana. Antes de la reglamentaria instrucción, fregaban la cubierta y lavaban su ropa. Después, un grupo formado por los marineros más experimentados dedicaba el resto del día a hacer guardias en cubierta y responder a las preguntas de los que visitaban el barco. Mientras, los demás se hacían cargo de tareas administrativas relacionadas con el reclutamiento. Vista del barco anclado sobre el césped de Union Square. Era habitual tener visitantes a bordo. Unos eran jóvenes interesados en alistarse y otros simples ciudadanos que se apuntaban a las visitas guiadas que la Armada organizaba. Diariamente, además, se llevaban a cabo demostraciones del uso del material naval, lo que contribuía a dar una imagen de emoción y aventura al servicio en un buque de guerra. Después de su bautizo, el Día de los Caídos de 1917, por parte de la mujer del alcalde, Olive Mitchel, el Recruit albergó una gran variedad de eventos y recepciones con la intención de atraer a los neoyorquinos a bordo. Algunos de estos actos tenían un macado espíritu patriótico, mientras que otros, como los bailes, tenían un carácter más social. Durante su misión en Union Square, el “barco de tierra” consiguió alcanzar con creces su objetivo, consiguiendo que más de 25.000 neoyorquinos se alistaran, 625 veces la tripulación de su padre, el USS Maine. El alcalde Mitchel, sin embargo, acabó perdiendo las elecciones municipales del año siguiente y, después de esta derrota, se alistó en el ejército del aire. Trágicamente, su carrera militar duró muy poco al morir ese mismo año en un accidente de avión mientras realizaba un vuelo de entrenamiento. De camuflaje En 1920, acabada la guerra, las necesidades de marineros por parte de la Armada cayeron en picado y se decidió desmantelar el USS Recruit. El barco levantó su ancla rumbo al parque de atracciones de Luna Park en Coney Island, donde la Armada tenía intención de seguir utilizándolo como oficina de reclutamiento. Según parece, el 16 de marzo de 1920 comenzaron los trabajos para la mudanza, sin embargo algo pasó, porque jamás llegó a su destino. Fuente
...Que Trabajaron En El Proyecto Que Apple No Pudo Cancelar En agosto de 1993, el proyecto secreto en el que Ron Avitzur trabajaba en Apple fue cancelado. Según Ron, un exceso de intrigas políticas y de ego habían sido la causa. Después de un año dedicado a aquel nuevo ordenador, Ron, de 27 años, se quedaba sin proyecto y sin empleo. En un principio, un sentimiento de frustración se apoderó de él, pero no se resignó y decidió que al menos su parte del proyecto, una calculadora gráfica, no sería cancelada. Graphing Calculator 3.2 corriendo sobre MacOS 7.6.1 Ron había comenzado a trabajar en la Graphing Calculator en 1987, cuando estudiaba física en la Universidad de Stanford. Allí, entró en contacto con los Mac, que comenzaban a reemplazar a las antiguas máquinas de escribir de los estudiantes de letras. Sin embargo, en opinión de Ron, para los estudiantes de ciencias los ordenadores resultaban mucho menos útiles, lo que no dejaba de parecerle una ironía. Según él, el problema era el interfaz de usuario, así que se tomó un tiempo libre y comenzó a trabajar en Milo, una aplicación con la que pretendía portar al mundo de las matemáticas el concepto de procesador de textos. Milo resultó ser un producto que influyó y acabó integrado en muchos otros, pero económicamente, desde luego, no fue un éxito. Uno de los productos comerciales que lo integraban era FrameMaker 2.0, en el que Milo se convirtió en su módulo de edición matemática. Pero Ron no estaba satisfecho con el resultado. Milo no resultaba tan fácil de usar como él pretendía. En su opinión, el problema era que las matemáticas usaban una notación que provenía del mundo del lápiz y el papel, con su multitud de símbolos, subíndices, superíndices o letras griegas, pero que resultaba difícil de introducir en un ordenador usando un teclado. Ron creyó que para que esta tarea resultara más amigable era necesario un hardware adecuado. Así, su objetivo fue hacer que Milo soportara una tableta digitalizadora e incluyera un algoritmo de reconocimiento óptico de caracteres. Este fue el motivo que había llevado a Ron Avitzur hasta Apple. Sin embargo, el proyecto “secreto” en el que colaboraba, y del que Ron no le gusta dar demasiados detalles, después de un año de trabajo, fue cancelado. La primera reacción fue de alivio, el proyecto se había topado con algunos problemas hardware importantes, pero este alivio se tornó rápidamente en frustración por haber tirado un año entero de trabajo a la basura. A pesar de ello, Ron no se resignó y al comprobar que pese a no tener un contrato con Apple su tarjeta identificativa seguía abriendo las puertas de las oficinas de Cupertino decidió seguir yendo a trabajar, a terminar aquello que había dejado a medias. Ron Avitzur en 2007. La presencia de Ron no pasó desapercibida para el resto de ingenieros, pero eran muchos los que le dieron apoyo. Cuando les hacía alguna demo, muchos le decían lo mucho que hubieran querido tener algún programa similar cuando estudiaban. Especialmente, entusiastas se mostraban los ingenieros que trabajaban en el proyecto que crear el primer Macintosh equipado con un PowerPC, que creían que el programa resultaría ideal para demostrar la potencia de la nueva CPU. Un día, después de la cena, aparecieron en la oficina de Ron un par de ingenieros que trabajaban en el PowerMac y le dijeron que no se irían de allí hasta que no accediera a portar su código al PowerPC. Finalmente, Ron accedió y los tres pasaron más de 6 horas revisando unas 50.000 líneas de código. A la una de la mañana todo parecía estar listo para correr por primera vez la Graphing Calculator sobre un PowerPC. Las cosas no empezaron bien, el monitor del ordenador se prendió fuego, aunque fue sólo un pequeño contratiempo. Después de buscar otro, cuando corrieron la primera simulación, todos se quedaron boquiabiertos. El PowerPC era 50 veces más rápido que la máquina que Ron utilizaba para programar y el programa parecía volar sobre él. El resultado de la primera demo fue espectacular, pero Ron sabía que una cosa era una demo y otra muy distinta un producto comercial. Consciente que quedaba mucho por hacer y que él sólo no podía hacerlo todo, lo primero que hizo fue convencer a su amigo Greg Robbins para que se sumara al equipo. En aquel tiempo, Greg estaba trabajando en otra división de Apple y se le acababa el contrato. Así que le dijo a su jefe que a partir de entonces comenzaría a reportar a Ron. Su jefe no le preguntó quién era, pero le dejó ir sin dar de baja su tarjeta. A partir de entonces Greg diría que estaba trabajando para Ron y Ron que lo estaba haciendo para Greg. Sin managers de por medio y sin reuniones, podían programar 12 al día sin interrupciones, más productivo no se podía ser. Un PowerPC 601v a 90 MHz (el del primer PowerMac iba a 60MHz) fabricado por IBM Cuando alguien preguntaba a Ron si trabajaba en Apple, decía la verdad, que no. “Ah, entonces ¿eres de una empresa externa?”, le preguntaban. “Tampoco”, respondía Ron. Cuando le preguntaban que quien le pagaba, él respondía que nadie. La siguiente pregunta solía ser “¿Cómo vives?” y Ron respondía que “de manera sencilla”. Entonces, lo mejor era hacerles una demostración de su calculadora. En aquel tiempo, eran muchos de los empleados de Apple habían estado en uno o más proyectos que habían acabado cancelados, así que era fácil que se mostraran compresivos con su situación. Ron no hubiera sido el primero que trabajando horas extras había conseguido revivir algún proyecto cancelado. Ron recuerda algún un proyecto había sido cancelado y revivido hasta cinco veces. En setiembre, una persona del departamento que se dedicaba a la gestión del espacio de las oficinas se pasó por el edificio en el que Ron y Greg habían encontrado refugio. Al verlos allí solos, ocupando un espacio que en teoría tendría que estar vacío, supuso que habían sido reasignados a otro proyecto, pero todavía no los habían movido con el resto del grupo. El empleado le dijo que en breve moverían a otra gente a aquel espacio que ellos ocupaban. Cuando le preguntó en qué grupo trabajaban, Ron le dijo la verdad. La verdad, sin embargo, no le hizo demasiada gracia al empleado de “facilities” que no dudó en llamar a seguridad y les pidió que abandonaran las oficinas. Sus tarjetas fueron dadas de baja en el sistema de control de accesos, pero ellos necesitaban continuar entrando en Apple para acabar su trabajo. En aquel tiempo, la única manera de compilar el código del programa para que funcionara en un PowerPC era usando una estación de trabajo IBM RS6000 con un software hecho a medida para Apple que fuera era imposible de conseguir. Como tampoco existía documentación ni soporte para desarrolladores, la única fuente de información válida eran los que estaban trabajando en el sistema basado en el PowerPC. Irónicamente para este par de despedidos la salvación llegó de la mano de más despidos. Eran tiempos difíciles en Apple y el 20% de sus 15.000 empleados fueron despedidos. A ellos, sin embargo, nadie podía despedirlos ya. A partir de esta “masacre” de empleados, en las oficinas comenzó a sobrar el espacio. Con las tarjetas dadas de baja, cada día, tenían que arreglárselas para entrar detrás de otros empleados. Como conocían mucha gente, su comportamiento no despertaba sospechas. Luego el resto del día consistía en evitar a aquel empleado que llamó a seguridad, lo cual no les resultaba demasiado complicado. PowerMac 6100. El primer Mac con PowerPC De tanto en tanto, a Ron y Greg les asaltaban las dudas sobre lo que estaban haciendo. ¿Tenía sentido trabajar voluntariamente para una empresa que ganaba millones? Entre bromas, se decían que realmente no era así. En aquel momento, Apple estaba pasando dificultades financieras, así que se decían que, en verdad, estaban trabajando para una ONG. En realidad, la motivación era un tanto compleja. Había algo de reto, había algo del orgullo de que su programa corriera en millones de máquinas, pero también algo de tener la sensación de que estaban haciendo algo por el bien de la sociedad. Algo que ayudara a millones de niños a aprender matemáticas. Precisamente, a aquellos niños que iban a escuelas públicas que no se podían permitir comprar un software como aquel. Aunque Ron también reconoce que había algo de subversión, de ir contra el sistema, detrás de todo lo que hacían. Todo el proyecto fue gestionado de una manera diferente a como se hacían los proyectos oficiales. No había burocracia, no había jefes, no había presupuesto ni gente asignada a él. Ron no tenía una relación de poder con sus “empleados”. Ellos simplemente cooperaban por interés en el proyecto, por amistad o lealtad. A medida que pasaban los meses, se dieron cuenta que solos no podrían hacerlo todo. Necesitaban un equipo de gente con los conocimientos de los que ellos carecían. Necesitaban alguien con experiencia en diseño gráfico, alguien que se encargara de la documentación y, lo más importante, alguien que se encargara de la calidad del producto, que se dedicara a probar el producto y comprobar que funcionaba correctamente. Ron encontró ayuda de los aburridos ingenieros de calidad que trabajaban en el proyecto del PowerPC. El día se les hacía demasiado largo, ya que se lo pasaban corriendo tests automáticos que apenas requerían su atención. Ron, en seguida, les pasó unas copias de su programa para que lo comenzaran a testear. A medida que pasaba el tiempo, algunos de los ingenieros que colaboraban a escondidas con el proyecto comenzaron a mostrarse partidarios de enseñarles a sus jefes lo que habían estado haciendo. Ron, por el contrario, prefirió esperar a que el programa estuviera más depurado y a tener listo el soporte 3D. Hasta entonces todos los gráficos que mostraba el programa eran en dos dimensiones. Ron, consciente que no tenían los conocimientos necesarios, contactó con un amigo que en tan sólo un fin de semana escribió el “renderer” tridimensional, un trabajo que a ellos les hubiera llevado como mínimo un mes. Ahora sí que Ron que creyó que había llegado el momento de hacer una demo a los jefes. Una docena de personas acudieron a la demostración. Después de veinte minutos de “ahhhs” y “ohhhs”, le preguntaron: “¿Quién es tu jefe? ¿Por qué no hemos sabido lo que estabas haciendo antes?”. Ron les explicó la verdad y le aconsejaron que en el futuro no la volviera a repetir. En seguida el manager de software para PowerPC vio el valor que tendría incluir un paquete de software así en cada ordenador. La Graphing Calculator tendría un enorme valor educativo, permitiendo a los profesores en clase de matemáticas mostrar fácilmente conceptos abstractos, pero también serviría a Apple para mostrar la potencia de su PowerMac. Un ordenador que, según Ron, cambiaba las reglas establecidas, permitiendo la interacción en tiempo real. Sin embargo, antes se tenía que cualificar el software. El responsable de calidad de software del PowerMac contactó con Ron y le presentó a sus ingenieros, que él creía que estaban ocupadísimos. Aunque ese jefe no lo sabía, eran los mismos que ya llevaban un tiempo trabajando para Ron en la calculadora. Al mismo tiempo, comenzó la localización del software a una veintena idiomas y el grupo encargado de la experiencia de usuario comenzó las pruebas de usabilidad con usuarios reales. link: http://www.youtube.com/watch?v=Dl643JFJWig&feature Ron Avitzur contando su historia en las oficinas de Google en 2006 Ahora, Ron y Greg se encontraban en el centro de un torbellino de actividad, pero seguían teniendo que entrar a escondidas a las oficinas de Apple. El proyecto del PowerPC no podía conseguirles identificaciones sin una orden de compra. No podían conseguir la orden de compra sin un contrato firmado. No podían firmar un contrato sin la aprobación del departamento de legal, y si legal se enteraba de la verdad, no hubiera tardado en llamar a seguridad. Finalmente, encontraron una solución. Consiguieron tarjetas que los identificaban ni como empleados ni como trabajadores de una empresa externa, sino como vendedores. Pero ahora los problemas vendrían de fuera de Apple. Primero, llegó una denuncia por violación de patentes y, después, presiones por parte de la empresa del Mathematica (otro paquete matemático) para que Apple no preinstalara la Graphing Calculator en sus ordenadores. Estos problemas quedaron en nada y en noviembre trabajaban a plena máquina, 7 días por semana, 16 horas al día, centrándose en estabilizar el producto y mejorar su usabilidad, para esto último fue de vital importancia los tests de usabilidad que Apple organizó con profesores de matemáticas. Finalmente en enero de 1994, después de 6 meses de trabajo clandestino, la Graphing Calculator estaba lista. El programa se envió pre-instalado en más de 20 millones de ordenadores y miles de profesores de todo el mundo lo pudieron utilizar como “pizarra” para mostrar a sus alumnos conceptos abstractos. Antes había Apple licenciado el software a cambio de una cifra más bien baja de cinco dígitos. Ron bromea diciendo que intentaron que su Graphing Calculator también se incluyera en Windows 98, Aunque lamenta que la seguridad de Microsoft era mucho mejor. Todos creen que hacer algo similar ahora en Apple también resultaría imposible, al no existir ese caos que existía en la compañía a mediados de los 90. PS: Ron sigue trabajando en su empresa, Pacific Tech, como él dice en el primer programa en lenguaje C que escribió, su Graphing Calculator. Fuente
En diciembre de 1942 Karl Dönitz, máximo responsable de la flota naval alemana, hizo llegar a todos los buques y submarinos bajo su mando una nueva directriz conocida como Orden Laconia. Dicha orden decía así: 1º. Todos los esfuerzos por salvar supervivientes de hundimientos, tales como rescatar hombres en el agua y ponerlos en botes salvavidas, enderezar botes volcados o suministrar agua o comida, deben parar. El rescate contradice la más básica de las normas de la guerra: La destrucción de barcos hostiles y sus tripulaciones. 2º. La orden también concierne y tiene efecto sobre patrones y jefes de maquinas. 3º. Solamente serán rescatados si su puesto es importante para la marcha de la nave. 4º. Manteneos firmes. Recordad que el enemigo tampoco se preocupa de nuestras mujeres y niños cuando bombardean Alemania. Seguramente que lo primero que le sale a uno al leer semejante orden es decir… ¡Menudo pedazo de #&*#/$**#&$* es el alemán este! Sin embargo, las cosas no siempre son blancas o negras y detrás de tan brutal orden existía un poderoso motivo que, si tal vez no lo justifica, al menos lo hace más comprensible. La razón de esta sinrazón tuvo su origen en “El Incidente del Laconia”. Los hechos ocurren en septiembre de 1942 cuando el submarino alemán U-156 divisa al RMS Laconia, un barco mercante fuertemente artillado que desplaza 19.000 toneladas y que navega tranquilo ajeno a su presencia. Un caramelito en dulce para cualquier comandante de un U-Boat. Ordena disparar dos torpedos de proa que alcanzan de lleno el casco del navío el cual comienza, casi inmediatamente, a escorarse peligrosamente. Lugar del hundimiento del Laconia El Laconia poco puede hacer más que arriar sus botes salvavidas y enviar un desesperado mensaje de socorro. “S.S.S…S.S.S…. Laconia torpedeado… Laconia torpedeado… S.S.S. Laconia” Mensaje de S.O.S., radiado por el “Laconia“, la tarde del 12 de septiembre de 1942 (Nota: Con las tres eses, en vez del clásico S.O.S., se indicaba que el hundimiento había sido provocado por un submarino y así se alertaba de su presencia a los barcos que pudieran acudir al rescate.) El comandante del submarino emergió para confirmar el hundimiento y fue cuando se dio cuenta de que en el mar, entre los restos ardientes del naufragio y algunos botes salvavidas, chapoteaban cientos y cientos de personas. Rápidamente el comandante ordenó a sus hombres que ayudaran a subir a bordo a todos los supervivientes que fuera posible. A la izquierda en la torre Werner Hartenstein, comandante del U-156, observando el rescate. Aquello se le fue de las manos. En pocos momentos el interior del submarino y su cubierta se llenaron de personas rescatadas. Uno de los náufragos que hablaba alemán pudo explicar al asombrado comandante de donde había salido tanta gente. Resulta que en el Laconia viajaban 136 tripulantes, 268 soldados británicos, 160 polacos, 80 mujeres y niños y 1.500 prisioneros de guerra italianos. En total unas 2.500 almas. Comandante Hartenstein con la tripulación del U-156 El comandante, totalmente desbordado a esas alturas, envía una comunicación urgente al estado mayor. dijo:” U-156 ha hundido al inglés Laconia en 7721. Desgraciadamente, transportaba 1.500 prisioneros de guerra italianos. Ha sacado del agua, hasta ahora, noventa. Solicita instrucciones”. El almirante Dönitz (Sí. El mismo de la orden de arriba) es despertado para informarle de la situación y envía el siguiente mensaje a todas sus naves que andaban por la zona. dijo:“Schacht, Grupo Elsbär, Würdemann, Wilamowitz, reúnanse inmediatamente U-156 en 7721 para ayudar a salvar los náufragos. ¡Rápido!” Más de dos días estuvo el U-156 por la zona ayudando a los supervivientes y sin dejar de telegrafiar el siguiente mensaje: dijo:“No atacaré a ninguno de los navíos que acudan en socorro de los náufragos del Laconia, a condición de que yo mismo no sea atacado por buques ni aviones" Submarino alemán U-156″ Finalmente se unieron al rescate otros dos submarinos alemanes y uno italiano. Entre los cuatro, con sus interiores y cubiertas llenas de gente, remolcando varios botes cada uno y enarbolando una bandera de la cruz roja pusieron rumbo a la costa más cercana. El U-156 en primer plano y al fondo otro submarino alemán que ayudó en el rescate Cuando todo parecía más o menos resuelto y los supervivientes respiraban un poco más aliviados, un avión bombardeo aliado los localizó, hizo un vuelo rasante de reconocimiento transmitiendo la situación y cuando volvía a su base recibió la orden del oficial de guardia que regresara inmediatamente y atacara a los submarinos. El piloto del avión, extrañado pero obediente, hizo lo que se le ordenó y lanzó sobre los submarinos varias cargas de profundidad y algunas bombas, una de las cuales impactó directamente sobre uno de los botes cargados de supervivientes. Representación del momento del ataque del avión cuando se debe abandonar el submarino a toda prisa. Los submarinos no lo dudaron un instante, desengancharon los botes que remolcaban y comenzaron la maniobra de inmersión desalojando toda la gente que iba sobre las cubiertas. Los supervivientes son abandonados a su suerte. Los submarinos apenas sufrieron daños y escaparon, pero los supervivientes tuvieron que pasar varias semanas de pesadilla a la deriva hasta que fueron de nuevo rescatados, pereciendo muchos de ello en ese tiempo. Finalmente se salvaron unas 1.500 personas. Después de este incidente el almirante Dönitz dijo una y no más… Almirante Karl Dönitz. dijo:“Es completamente desatinado creer que el enemigo puede respetar a los submarinos alemanes en cualquier forma, aun bajo el pretexto de que aquéllos salven a sus propios hombres…” Y fue cuando decidió emitir la desafortunada Orden Laconia. Orden, por cierto, por la que fue condenado en los Juicios de Nuremberg a 11 años y seis meses de prisión, no sirviendo para nada que su abogado expusiera los motivos y además demostrara que los aliados operaban en el Pacífico con órdenes similares. Fuente

A pesar de ser estadounidense, Jimi Hendrix se consagró musicalmente primero en Europa, y Londres fue su catapulta al éxito, ya que ahí formó su primera banda profesional, la Jimi Hendrix Experience. La Jimi Hendrix Experience Era el año de 1967 y Hendrix llevaba viviendo en Inglaterra más de seis meses. Se había acoplado muy bien al estilo de vida londinense donde tenía buenos amigos como Paul McCartney y Noel Redding, el bajista de su grupo, con quienes solía salir a tomarse unas cervezas en los famosos pubs. Cierta noche, Jimi y Noel se encontraban en Liverpool y decidieron salir de copas, por lo que se dirigieron hacia uno de los famosos pubs de esa ciudad. La respuesta que recibieron por parte del camarero del bar inglés fue muy incómoda: - “Lo siento amigos pero aquí no los podemos atender. Ya saben las normas del bar, disculpen.” Jimi Hendrix prácticamente ya era una celebridad en Inglaterra, y en los bares de Londres lo recibían como a un miembro de la realeza, ya que Eric Clapton y Brian Jones, de los Rolling Stones, lo habían recibido en sus círculos sociales como uno más de ellos. Es más, la prensa inglesa se refería a Jimmy Hendrix, como el artista americano con mayor proyección, como “El Elvis negro”. Por eso y por muchas otras razones, parecía casi increíble que le estuvieran negando la entrada en aquel pub. Lo primero que se le pasó por la cabeza a Jimi Hendrix, es que lo estaban discriminando por su color de piel, y como afroamericano, eso era algo que ya lo había vivido. Jimi sabía lo que era que le negaran una copa por motivos racistas. De hecho, el creció en Nashville, Tennessee, y alguna vez dispararon contra su casa por motivos racistas. Igualmente cuando empezaba a darse a conocer como músico, sufrió muchas humillaciones y desaires, por lo que este nuevo desplante le hizo evocar aquellas épocas negras de su infancia y juventud. Pero aún así, Hendrix estaba muy extrañado, ya que en su poco tiempo en Inglaterra nunca había sentido discriminación racial, de hecho los para los británicos su acento americano y su color de piel más bien era una excentricidad y algo atractivo. Para esa época a Jimi Hendrix y a su bajista Noel Redding les gustaba vestir de manera muy extravagante. Ese mismo día, Jimmy vestía una chaqueta militar antigua, una reliquia de la época del Imperio Británico, que había comprado hace poco en un mercadillo londinense, pero dicho sea de paso, era bastante llamativa. Era tan larga como un abrigo completo y tenía 73 botones dorados para abrocharla, sin contar que en las mangas y en el centro destacaban unos complicados bordados dorados. Hendrix y su chaqueta militar inglesa Esta chaqueta le había causado ciertos problemas en la calle, ya que los veteranos militares ingleses le habían manifestado su rechazo a que luciera dicha prenda, más aún cuando se enteraban que era americano y para colmo un astro del rock. Sin embargo, cualquier conflicto se resolvía enseguida, cuando el siempre cortés Jimi se disculpaba y les contaba que había hecho el servicio militar en la División Aerotransportada 101 del ejército estadounidense. Esas palabras eran suficientes para que los veteranos se callaran y le sonrieran dándole las gracias, ya que todos los británicos recordaban que en el famoso “Día D” del Desembarco de Normandía, la legendaria División 101 llenó el cielo con sus paracaidistas, en lo que sería el inicio de la derrota de Hitler. Volviendo al incidente del bar londinense, Jimi Hendrix pensó en identificarse como nuevo astro del rock ante aquel impertinente camarero, pero no lo hizo porque ya se le estaba agotando la paciencia, algo muy común en él. Lo único que le dijo fue: “¿No puedo entrar al Pub porque soy negro, verdad?”. El asustado cantinero le respondió enseguida: “¡No, por el amor de Dios! ¿No leyeron el letrero que está en la entrada?” Aunque quedaba descartado el prejuicio racial, Jimi y Noel se miraron el uno al otro sorprendidos y se echaron a reír, ya que no tenían idea de lo que se trataba. Enseguida Noel salió a la calle para ver qué había en la puerta, y a leer el letrero le dio tal ataque de risa que acabó cayéndose al suelo. En él decía: “Prohibida la entrada a los payasos del circo”. Cuando volvió a entrar y le contó esto a Hendrix, ambos soltaron una sonora carcajada. Luego de las consiguientes explicaciones, el camarero les explicó que hace poco habían puesto un circo al final de la calle y que le estaba afectando al negocio, pero que aún así no podía darse el lujo de atender a ninguno de los payasos vestidos como tal, ya que enseguida se le llenaría el local de disfrazados, y que ésa no era la manera de manejar un pub inglés. Esta fue una de las anécdotas que recordaron por años y con la que bromeaban durante todas las giras; que los echaron de un pub porque con su vestimenta creyeron que eran unos payasos. Esa primavera Hendrix logró posicionarse como estrella del rock en toda Gran Bretaña. Dos meses después lució la misma chaqueta militar en el “Monterey Pop Festival”, actuación que lo consagró en su país, y después de la cual, llegó a ser la estrella más grande del mundo del rock. Fuente