GuybrushTM
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Dragon Ball Super: Freezer remplaza a Majin Boo en el Torneo del Poder. Hace algunas horas se compartió la sinopsis oficial del capítulo 93 de la serie, recordemos que hace algunos días les presentamos solamente el titulo del capítulo, sin embargo, varias paginas importantes relacionadas al #Anime dieron al conocer un pequeño adelanto de lo que veremos en los siguientes, por esta ocasión solamente nos basaremos en 2 capítulos, pues son los mas importantes de esta entregada. A continuación les mostrare el título y la sinopsis oficial de los capítulo 92 y 93 de Dragon Ball Super. Capítulo 92 Título: ¡Emergencia! ¡No tenemos a los 10 participantes! Fecha de emisión: 28 de mayo (Japón) Sinopsis: El miembro del torneo Majin Boo termina por no poder participar. Resulta que se ha quedado dormido y definitivamente no se despertará de nuevo hasta alrededor de unos dos meses. Goku se apresura en ir hasta Boo. Capítulo 93 Título: ¡Tú eres el décimo guerrero! ¡Goku visita a Freezer! Sinopsis: Después de ver con sus propios ojos que Boo no se despertará de ninguna de las maneras, Goku sugiere reclutar a Freezer como el décimo miembro. Mientras todo el mundo protesta, Goku corre a hablar con Baba la adivina para resucitar a Freezer desde el Infierno por solo 24 horas.
"¡¡Un amigo acaba de cortarse el pene!! Estaba aquí al lado… ¡No puedo creerlo!", eso fue lo que escuchó el operador que contestó la llamada hecha a los servicios de emergencia tras el incidente. Tres años después de ese evento, el rapero Andre Johnson -también conocido como Christ Bearer- reflexiona acerca de los motivos que lo llevaron a cometer semejante acto de violencia contra sí mismo. "Tuve un impulso inexplicable y fui a la cocina, agarré un cuchillo, me bajé los pantalones y… (realiza la acción de cortarse el pene). Fue así de rápido", cuenta en un programa realizado por la BBC. Cuando el incidente ocurrió, varios medios lo reportaron con una mezcla de conmoción y entretenimiento. Un presentador de radio en Nueva York, llamado Charlemagne, lo catalogó como el "burro del día". Los doctores que atendieron al rapero no lograron unir la parte del pene que Johnson cortó. "Me alegro de que no lo hayan podido pegar porque no te lo mereces", dijo Charlemagne. Depresión Johnson explica que lo que ocurrió no quiere decir que su miembro ya no sirve. "Cuándo tengo sexo no me digo: 'desearía seguir teniendo la parte que corté'. No, es más algo como: 'estoy adentro, como solía ser'", afirma el cantante. Luego de ser hospitalizado, Johnson recibió un diagnóstico de depresión y fue remitido a una psiquiatra. "Yo ni siquiera sabía que estaba deprimido. El machismo impide reconocer que se sufre de esa condición". Christ Bearer cree que la actitud que tienen los jóvenes negros, particularmente en la comunidad del hip-hop, con respecto a las enfermedades mentales tiene que cambiar. "En mi vecindario no le dices a nadie que estás deprimido. Recurres a las drogas y al alcohol". Problemas de fondo Johnson cree que la normalidad con la que se consumen drogas oculta problemas mentales. "Muchos artistas jóvenes se drogan, y en muchos casos yo creo que eso tiene que ver con estados depresivos". Los problemas que el cantante ha tenido con las drogas se han presentado en varias etapas de su vida. El momento en el que la empresa musical Wu-Tang contrató a Johnson y a su compañero rapero, Meko, "fue el mejor y el peor al mismo tiempo". Y añade: "¿Te drogabas de vez en cuando? ¿Bebías alcohol algunas veces? Cuando empiezas a recibir dinero, vas a consumir mucho más… todo empieza a salirse de control". En esa época, además, el músico estaba lidiando con otras situaciones que afectaron su bienestar mental. Su madre se enfermó. "Cuando ella murió, me sumí en un remolino sin fondo. Ya el rap no me interesaba, empecé a consumir más drogas… iba en picada". Escapando Pero ni siquiera en ese momento Johnson consideraba que estaba deprimido. "¿Yo? Imposible. No lloré cuando mi mamá se murió". Y continúa: "Me dije que lo que necesitaba era tener un hijo para llenar ese vacío". Se casó con su novia y tuvieron una hija. Pero eso no evitó que siguiera consumiendo drogas, y eso separó a su familia. "Desvariaba, estaba fuera de control, gritando por toda la casa. El divorcio fue inevitable. Fue como otra muerte", cuenta el rapero. Su exesposa solicitó una orden de restricción que le impedía acercarse a su hija. Conoció a otra mujer, su segunda esposa, Amatullah, con quien tuvo otra hija, Lana. Pero seguía consumiendo drogas. "Ella también pidió una orden de restricción". Apoyo materno "Tuve mucho miedo, veía que el ciclo se estaba repitiendo". Johnson no creció con su padre. "Y por eso juré que mis hijos no tendrían que sufrir con la ausencia de su padre". El cantante cuenta que, de pequeño, pensaba que el papa de sus hermanos era el suyo. Pero cuando cumplió 9 años, algo cambió. "No me aceptaba, y al ver la forma en la que me trataba, mi mamá me confesó que él era mi padrastro". Esa experiencia acercó al rapero y a su madre. "Sabiendo que mi padre no era parte de mi vida, ella me apoyaba en todo lo que hacía". Momento de locura La noche en la que se cortó el pene, Johnson había consumido varias drogas y también alcohol. Cuenta que estuvo pensando en sus relaciones con las mujeres justo antes del incidente. "Mis problemas me estaban consumiendo. Había sido tan insensible con ellas, no tuve ningún código moral con ellas. Y me dije: 'Voy a resolver el problema que me hace sentir tan miserable'". Johnson cree que en ese momento tuvo el arrebato de locura. "Mi pene está fuera de control. Necesito una vasectomía", recuerda. En qué consiste la cada vez más demandada operación de agrandamiento y ensanchamiento de pene Es bueno pedir ayuda En la actualidad, el músico vive en Las Vegas, Estados Unidos, con Amatullah y la hija de ambos. "Estábamos en el fondo de un hueco cuando nuestra relación empezó, pero decidimos hacer lo que fuera necesario para resolver los problemas", cuenta la esposa de Johnson. La resolución de los problemas mentales del cantante ha estado presente en una buena parte del camino que han recorrido desde entonces. "Mi psiquiatra es la mejor. La necesitaba desde antes del incidente. La terapia realmente puede ayudar si encuentras a la persona adecuada", afirma el rapero. Pero el caso del Christ Bearer no es común. Hay discrepancias en las estadísticas acerca de la depresión, pero de acuerdo a algunas cifras, una de cada cuatro personas sufrirá de una enfermedad mental en algún momento de su vida. Y en EE.UU., la comunidad negra y las minorías étnicas tienen un 50% menos de posibilidades de buscar ayuda si sufren de depresión o alguna condición similar debido al estigma que existe en torno al tema. El cantante reconoce que todavía tiene depresión, aunque no severa, pero que tener a su esposa y a su hija al lado, lo ha ayudado en el proceso de recuperación. RESUMEN LVL 5: ESTABA RE LOCO Y ESCABIO Y POR ESO SE CORTO LA CHOTA
Si enroscás un foquito en un portalámparas del techo, el foquito actúa como un enchufe. Un extremo del foquito entra en contacto con un extremo del portalámparas.La corriente eléctrica puede entonces realizar su recorrido de ida y vuelta y el foquito se prende. Algunos aparatos eléctricos pueden ser peligrosos porque la corriente se difunde a través de las partes externas de metal. Entonces, si tocas alguna de estas partes podrías recibir una descarga eléctrica. Para evitar el peligro, estos aparatos tienen enchufes con tres clavijas. Dos sirven para el paso de la corriente y la tercera para descargar en el suelo la corriente dispersa.
Sii, locoo!! nunca me gustó, vengan de a uno. . Estoy resentido, entendeme lince!! Es una condena que no te guste, pensa en todas las tortas de cumpleaños, todas las facturas, todos los alfajores, etc. que no pude disfrutar!! Y mirá que lo probé muchísimas veces, pero no, no hay caso. Desde que tengo memoria que esa cosa me da arcadas. Ya se me estás odiando, pero hoy voy a levantar la cabeza: para todos los que me dicen que no soy argentino, les voy avisando que su dulce de leche tampoco. Existen diversos relatos sobre el origen del dulce de leche. A pesar de que varios de los países donde se produce se atribuyen su invención, ninguno ostenta la denominación de origen. En 1998, el cronista argentino Víctor Ego Ducrot manifestó que el dulce de leche se originó en la Capitanía General de Chile, llegó a Cuyo y a Tucumán, donde se utilizó como relleno para los alfajores, y posteriormente a Buenos Aires. En 2008, durante el Primer Seminario de Patrimonio Agroindustrial de Mendoza, el arquitecto argentino Patricio Boyle dio cuenta de que el Colegio de Mendoza reportó en su libro del Gasto y las Entregas, entre 1693 y 1712, la importación de varios frascos de «manjar»: «se importan en el siglo xvii varios frascos de manjar, el célebre dulce de leche de origen chileno y que viajan a través de la cordillera hasta el colegio de Mendoza». En Chile existen registros de su consumo desde la época colonial. .jpg] En Brasil, se encuentra un relato escrito acerca de la producción de dulce de leche, datado en el estado brasileño de Minas Gerais en 1773. En Argentina, se encuentra en el Museo Histórico Nacional un documento que fecha la invención del dulce de leche hacia 1829 en instancias en que estaban por reunirse para firmar un pacto de paz (Pacto de Cañuelas) Juan Manuel de Rosas y su enemigo político (y primo hermano) Juan Lavalle en la estancia del primero en el partido de Cañuelas, en las afueras de Buenos Aires. Lavalle fue el primero en llegar y, fatigado, se recostó sobre el catre de Rosas y se quedó dormido. La criada de Rosas, mientras hervía leche con azúcar (preparación conocida en esa época como «lechada») para acompañar el mate de la tarde, se encontró con Lavalle durmiendo sobre el catre de su patrón. Ella lo consideró una insolencia y fue a dar aviso a los guardias. Poco tiempo más tarde arribó Rosas, que no se enfadó con Lavalle y pidió a la criada el mate con leche, quien recordó en ese momento que había dejado la leche con azúcar al fuego durante un largo tiempo. Al regresar a buscar la lechada, la criada se encontró con una sustancia espesa y de un color similar al marrón. Su sabor agradó a Rosas y se cuenta que compartió el dulce con Lavalle mientras discutían los puntos del pacto. Sin embargo, el mismo Ducrot, en su libro Los sabores de la patria: las intrigas de la historia argentina contadas desde la mesa y la cocina (1998) sobre la gastronomía argentina, explica que la anécdota de Rosas solo es una mistificación derivada de otra acontecida doce años antes en Chile. Indica que, tras la llegada del Ejército de los Andes a Chile en 1817, se produjo la difusión de este producto chileno hacia el Río de la Plata y Perú, y que el principal responsable de su promoción fue precisamente el libertador argentino José de San Martín a quien, en lugar de la lechada, se le ofreció «manjar» para atenuar el amargor y endulzar su mate. A San Martín, reconocido sibarita, le gustó de tal forma el «manjar» que se llevó varios frascos en la Expedición Libertadora del Perú (1820-1824) para él y su hombres. En su retorno hacia La Plata, se llevó otros frascos junto con la receta para producirlo. El naturalista suizo Johann Rudolf Rengger, quien viajó al Paraguay entre 1819 y 1825, menciona en su libro Viaje al Paraguay en los años 1818 a 1826, la elaboración de dulces producidos, entre otros, a partir de leche y almíbar de azúcar. En este país el dulce de leche se considera un producto tradicional. Uruguay argumenta que el dulce de leche debería considerarse típicamente rioplatense y no exclusivamente argentino, como la casi totalidad del patrimonio cultural de ambos países. En torno a este hecho se desató una polémica cuando en abril de 2003 la Secretaría de Cultura de la Nación de Argentina anunció su intención de declarar patrimonio cultural argentino el asado, las empanadas y el dulce de leche. En respuesta a este intento, Uruguay elevó un pedido ante la Unesco para que esos tres productos se consideren, debido a su origen incierto, integrantes del patrimonio gastronómico del Río de la Plata. El organismo aún no se ha expedido sobre el tema. El escritor e historiador argentino Rodolfo Terragno asegura que el dulce de leche se encuentra en diversas culturas antiguas. En el Āyurveda, por ejemplo, aparece con el nombre de rabadi y se recomienda para evitar enfermedades y corresponde al postre de la India actual más comúnmente llamado rabri. No obstante su parentesco como subproductos lácteos, el rabadi (al que Terragno llama «dulce de leche blando») es un subproducto del yogur, y el khoya (al que denomina «dulce de leche duro») es ricota. Una investigación de 2016 plantea que el origen del dulce de leche estaría en Indonesia, y que alrededor del siglo vi fue llevado a las islas cercanas, entre ellas las Filipinas. Siglos más tarde, al ser conquistadas estas últimas islas por la corona de España, los europeos conocieron la receta, que llevaron al resto de sus territorios y en especial a Indias.
Buenos días amigos Taringueros! Les dejo 20 frases del presidente para que nos motivemos a tener un día hermoso 1) "Queremos que los argentinos se levanten cada día con la alegría de saber que tienen un gran futuro por delante" 2) "Los argentinos somos buenos. Jamás hubiese dejado mi vida personal si no hubiese creído que los argentinos tenemos un destino maravilloso" 3) "El amor de la gente, la esperanza, me nutre y me llena de energía" 4) "Tengo que ocuparme de ayudar a aquellos que están más débiles, de acompañarlos" 5) "En el fondo, a todas las mujeres les gustan los piropos. Aquellas que dicen que no, que me ofende, no les creo nada. No hay nada mas lindo que te digan que lindos ojos, aunque este acompañado de una grosería. que les digan qué lindo culo tenés, esta todo bien" 6) "Hoy me mueve sentir que ayudo a que las cosas funcionen mejor" 7) "Quiero que la historia nos reconozca como gente de palabra, que dijo creer en la unidad, en el trabajo, en la paz. Ese es el camino" 8) "Las Malvinas serían un déficit adicional para el país" 9) "No vine a la política a hacerme rico ni famoso" 10) "Vamos por el camino correcto. Cada día estoy más convencido de que vamos rumbo a un increíble futuro" 11) "Si no te aburre una sesión en el Congreso, sos un anormal" 12) "Todos tenemos que entender que si queremos una mejor sociedad necesitamos una mejor política. Con gente experimentada y gente nueva" 13) "Este es un negocio millonario y los cartoneros tienen una actitud delictiva porque se roban la basura" 14) "A los que nos toca conducir desde la política tenemos que dar el ejemplo en el diálogo, la austeridad, la transparencia y la cercanía" 15) "Tenemos todo para hacer un gran país y lo vamos a hacer" 16) "(La homosexualidad) es una enfermedad, no es una persona ciento por ciento sana" "Mi opinión es que es una desviación no deseada""Qué quiere que le haga? Yo le tengo que decir lo que pienso. Y, ¿Qué voy a pensar? ¿que lo que hacen está bárbaro? ¿Usted festejaría que su hijo fuera homosexual? Por favor" 17) "A los que nos toca conducir desde la política tenemos que dar el ejemplo en el diálogo, la austeridad, la transparencia y la cercanía" 18) "Vengo de una familia machista... En una familia machista, una mujer no tiene otro destino que el de estar educando a sus hijos. No la veo en ningún gabinete." 19) "Como Presidente voy a defender lo más importante para los argentinos: el trabajo" 20) "No podemos sentarnos a esperar que otros tomen las decisiones. Somos nosotros los que tenemos que elegir nuestros proyectos e impulsarlos"

A raíz de una nota publicada en 1980 por la revista “Hurra”, en la cual se planteaba la tan habitual “dicotomía antagónica” entre Spinetta – García, cual si fueran los “River y Boca” del rock nacional, ambos músicos con sus respectivas bandas (nada menos que Spinetta Jade y Serú Giran) brindaron un show memorable en conjunto en el estadio Obras. Quedaba en claro que lo que había entre ellos era admiración mutua y un profundo respeto. Ambos cantan temas del otro (Charly canta “Que vez el cielo”, y Luis “Cuando ya me empiece a quedar solo”), y terminan el concierto las dos bandas en el escenario, en un derroche de virtuosismo pocas veces visto. La actuación de Spinetta Jade fue muy aplaudida, pese a su difícil estilo. Fue notorio el esfuerzo de Spinetta por lograr mayor simpleza en su música, para que el público de Obras pudiera entender su mensaje. Serú Girán, en cambio, fue ovacionado desde el comienzo, dejando en evidencia el increíble «feeling» que tenía con la gente. En esta formación Beto Satragni ya remplazaba a Pedro Aznar en el bajo. Temas Disco 1: Que ves el cielo Cuando ya me empiece a quedar solo Música del alma Canción de hollywood Noche de perros Viernes 3 am A los jovenes de ayer Encuentro con el diablo Perro andaluz Cuanto tiempo mas llevará Frecuencia modulada No te sobra una moneda Temas Disco 2: Dale gracias Amenábar Alma de diamante Solo el amor puede sostener La diosa salvaje Cristálida El mendigo en el anden Despiértate nena link: https://www.youtube.com/watch?v=06A3en8TgEs

Hay momentos en los que estamos frente a la computadora y no sabemos que hacer. Entras al Facebook para ver que no hay notificaciones y entras a Taringa para ver que no te dan bola ni los virgos. Llega un punto en que nada te viene bien y te quedas perdiendo el tiempo actualizando para ver si alguien se acuerda que existís. Pero hay una muy buena manera de combatir el aburrimiento y no es buscar post de "Sabías que..." en Taringa. Lo mejor que podes hacer es leer. No te dan ganas de leer. Estás a punto de salir del post. ¡Espera! Son todos cuentos cortos, dale una sola oportunidad a UNO. Eso te pido. Lo único que perdes son un par de minutos. Vas a ver como vas a comenzar a crecer y a ser una persona mucho más linda. La inmiscusión terrupta A mi en lo particular me resulta muy divertido, tiene un lenguaje inventado por Cortazar muy simpático que no es dificil de entender -¡Asquerosa! –brama la señora Fifa, tratando de sonsonarse el ayelmado tripolio que ademenos es de satén rosa. Revoleando una mazoca más bien prolapsa, contracarga a la crimea y consigue marivolarle un suño a la Tota que se desporrona en diagonía y por un momento horadra el raire con sus abroncojantes bocinomias. Por segunda vez se le arrumba un mofo sin merma a flamencarle las mecochas, pero nadie le ha desmunido el encuadre a la Tota sin tener que alanchufarse su contragofia, y así pasa que la señora Fifa contrae una plica de miercolamas a media resma y cuatro peticuras de ésas que no te dan tiempo al vocifugio, y en eso están arremulgándose de ida y de vuelta cuando se ve precivenir al doctor Feta que se inmoluye inclótumo entre las gladiofantas. -¡Payahás, payahás! –crona el elegantiorum, sujetirando de las desmecrenzas empebufantes. No ha terminado de halar cuando ya le están manocrujiendo el fano, las colotas, el rijo enjuto y las nalcunias, mofo que arriba y suño al medio y dos miercolanas que para qué. -¿Te das cuenta? –sinterruge la señora Fifa. -¡El muy cornaputo! –vociflama la Tota. Y ahí nomás se recompalmean y fraternulian como si nao se hubieran estado polichantando más de cuatro cafotos en plena tetamancia; son así las tofifas y las fitotas, mejor es no terruptarlas porque te desmunen el persiglotio y se quedan tan plopas. Fin (Te costó leerlo?! No creo, una persona medianamente inteligente no tiene problema!) A La Deriva Uno de mis preferidos. Está escrito por Horacio Quiroga El hombre pisó algo blanduzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento, vió una yararacusú que arrollada sobre sí misma esperaba otro ataque. El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vió la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de plano, dislocándole las vértebras. El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violeta, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho. El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que como relámpagos habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento. Llegó por fin al rancho, y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitos violeta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba. --¡Dorotea!--alcanzó a lanzar en un estertor.--¡Dame caña! Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gusto alguno. --¡Te pedí caña, no agua!--rugió de nuevo.--¡Dame caña! --¡Pero es caña, Paulino!--protestó la mujer espantada. --¡No, me diste agua! ¡Quiero caña, te digo! La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana. El hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta. --Bueno; esto se pone feo--murmuró entonces, mirando su pie lívido y ya con lustre gangrenoso. Sobre la honda ligadura del pañuelo, la carne desbordaba como una monstruosa morcilla. Los dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos, y llegaban ahora a la ingle. La atroz sequedad de garganta que el aliento parecía caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo. Pero el hombre no quería morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa. Sentóse en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río, que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Tacurú-Pucú. El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río; pero allí sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito--de sangre esta vez--dirigió una mirada al sol que ya trasponía el monte. La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lívidas y terriblemente dolorido. El hombre pensó que no podría jamás llegar él solo a Tacurú-Pucú, y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados. La corriente del río se precipitaba ahora hacia la costa brasileña, y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba, pero a los veinte metros, exhausto, quedó tendido de pecho. --¡Alves!--gritó con cuanta fuerza pudo; y prestó oído en vano. --¡Compadre Alves! ¡No me niegue este favor!--clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo.--En el silencio de la selva no se oyó un sólo rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva. El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, detrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única. El sol había caído ya cuando el hombre, semi-tendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración. El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocio para reponerse del todo. Calculó que antes de tres horas estaría en Tacurú-Pucú. El bienestar avanzaba, y con él una somnolencia llena de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. ¿Viviría aún su compadre Gaona en Tacurú-Pucú? Acaso viera también a su ex-patrón míster Dougald, y al recibidor del obraje. ¿Llegaría pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura crepuscular, en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay. Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se sentía cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que había pasado sin ver a su ex-patrón Dougald. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Eso sí, seguramente. De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho. ¿Qué sería? Y la respiración también... Al recibidor de maderas de míster Dougald, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en Puerto Deseado, un viernes santo... ¿Viernes? Sí, o jueves... El hombre estiró lentamente los dedos de la mano. --Un jueves... Y cesó de respirar. La Casa Tomada Este es uno de los mejores que leí, de Cortazar también, pero un poco más extenso Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia. Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde. Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina. Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene qué pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso. Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos. Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad. Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene: -Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo. Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados. -¿Estás seguro? Asentí. -Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado. Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco. Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza. -No está aquí. Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa. Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre. Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía: -Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol? Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar. (Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios. Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.) Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro. No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada. -Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo. -¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente. -No, nada. Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora. Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada. La Noche Boca Arriba Terminamos con otro de Cortazar (Si, me gusta mucho Cortazar!) A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones. Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pie y con la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe. Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba hasta una farmacia próxima, supo que la causante del accidente no tenía más que rasguños en la piernas. "Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado..."; Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien, y alguien con guardapolvo dándole de beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio. La ambulancia policial llegó a los cinco minutos, y lo subieron a una camilla blanda donde pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez, pero sabiendo que estaba bajo los efectos de un shock terrible, dio sus señas al policía que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte; unas semanas quieto y nada más. El vigilante le dijo que la motocicleta no parecía muy estropeada. "Natural", dijo él. "Como que me la ligué encima..." Los dos rieron y el vigilante le dio la mano al llegar al hospital y le deseó buena suerte. Ya la náusea volvía poco a poco; mientras lo llevaban en una camilla de ruedas hasta un pabellón del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros, cerró los ojos y deseó estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una pieza con olor a hospital, llenando una ficha, quitándole la ropa y vistiéndolo con una camisa grisácea y dura. Le movían cuidadosamente el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras bromeaban todo el tiempo, y si no hubiera sido por las contracciones del estómago se habría sentido muy bien, casi contento. Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado, se le acercó y se puso a mirar la radiografía. Manos de mujer le acomodaban la cabeza, sintió que lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó la mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás. Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que sólo ellos, los motecas, conocían. Lo que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se revelara contra eso que no era habitual, que hasta entonces no había participado del juego. "Huele a guerra", pensó, tocando instintivamente el puñal de piedra atravesado en su ceñidor de lana tejida. Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el miedo. Esperó, tapado por las ramas de un arbusto y la noche sin estrellas. Muy lejos, probablemente del otro lado del gran lago, debían estar ardiendo fuegos de vivac; un resplandor rojizo teñía esa parte del cielo. El sonido no se repitió. Había sido como una rama quebrada. Tal vez un animal que escapaba como él del olor a guerra. Se enderezó despacio, venteando. No se oía nada, pero el miedo seguía allí como el olor, ese incienso dulzón de la guerra florida. Había que seguir, llegar al corazón de la selva evitando las ciénagas. A tientas, agachándose a cada instante para tocar el suelo más duro de la calzada, dio algunos pasos. Hubiera querido echar a correr, pero los tembladerales palpitaban a su lado. En el sendero en tinieblas, buscó el rumbo. Entonces sintió una bocanada del olor que más temía, y saltó desesperado hacia adelante. -Se va a caer de la cama -dijo el enfermo de la cama de al lado-. No brinque tanto, amigazo. Abrió los ojos y era de tarde, con el sol ya bajo en los ventanales de la larga sala. Mientras trataba de sonreír a su vecino, se despegó casi físicamente de la última visión de la pesadilla. El brazo, enyesado, colgaba de un aparato con pesas y poleas. Sintió sed, como si hubiera estado corriendo kilómetros, pero no querían darle mucha agua, apenas para mojarse los labios y hacer un buche. La fiebre lo iba ganando despacio y hubiera podido dormirse otra vez, pero saboreaba el placer de quedarse despierto, entornados los ojos, escuchando el diálogo de los otros enfermos, respondiendo de cuando en cuando a alguna pregunta. Vio llegar un carrito blanco que pusieron al lado de su cama, una enfermera rubia le frotó con alcohol la cara anterior del muslo, y le clavó una gruesa aguja conectada con un tubo que subía hasta un frasco lleno de líquido opalino. Un médico joven vino con un aparato de metal y cuero que le ajustó al brazo sano para verificar alguna cosa. Caía la noche, y la fiebre lo iba arrastrando blandamente a un estado donde las cosas tenían un relieve como de gemelos de teatro, eran reales y dulces y a la vez ligeramente repugnantes; como estar viendo una película aburrida y pensar que sin embargo en la calle es peor; y quedarse. Vino una taza de maravilloso caldo de oro oliendo a puerro, a apio, a perejil. Un trozito de pan, más precioso que todo un banquete, se fue desmigajando poco a poco. El brazo no le dolía nada y solamente en la ceja, donde lo habían suturado, chirriaba a veces una punzada caliente y rápida. Cuando los ventanales de enfrente viraron a manchas de un azul oscuro, pensó que no iba a ser difícil dormirse. Un poco incómodo, de espaldas, pero al pasarse la lengua por los labios resecos y calientes sintió el sabor del caldo, y suspiró de felicidad, abandonándose. Primero fue una confusión, un atraer hacia sí todas las sensaciones por un instante embotadas o confundidas. Comprendía que estaba corriendo en plena oscuridad, aunque arriba el cielo cruzado de copas de árboles era menos negro que el resto. "La calzada", pensó. "Me salí de la calzada." Sus pies se hundían en un colchón de hojas y barro, y ya no podía dar un paso sin que las ramas de los arbustos le azotaran el torso y las piernas. Jadeante, sabiéndose acorralado a pesar de la oscuridad y el silencio, se agachó para escuchar. Tal vez la calzada estaba cerca, con la primera luz del día iba a verla otra vez. Nada podía ayudarlo ahora a encontrarla. La mano que sin saberlo él aferraba el mango del puñal, subió como un escorpión de los pantanos hasta su cuello, donde colgaba el amuleto protector. Moviendo apenas los labios musitó la plegaria del maíz que trae las lunas felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas. Pero sentía al mismo tiempo que los tobillos se le estaban hundiendo despacio en el barro, y la espera en la oscuridad del chaparral desconocido se le hacía insoportable. La guerra florida había empezado con la luna y llevaba ya tres días y tres noches. Si conseguía refugiarse en lo profundo de la selva, abandonando la calzada más allá de la región de las ciénagas, quizá los guerreros no le siguieran el rastro. Pensó en la cantidad de prisioneros que ya habrían hecho. Pero la cantidad no contaba, sino el tiempo sagrado. La caza continuaría hasta que los sacerdotes dieran la señal del regreso. Todo tenía su número y su fin, y él estaba dentro del tiempo sagrado, del otro lado de los cazadores. Oyó los gritos y se enderezó de un salto, puñal en mano. Como si el cielo se incendiara en el horizonte, vio antorchas moviéndose entre las ramas, muy cerca. El olor a guerra era insoportable, y cuando el primer enemigo le saltó al cuello casi sintió placer en hundirle la hoja de piedra en pleno pecho. Ya lo rodeaban las luces y los gritos alegres. Alcanzó a cortar el aire una o dos veces, y entonces una soga lo atrapó desde atrás. -Es la fiebre -dijo el de la cama de al lado-. A mí me pasaba igual cuando me operé del duodeno. Tome agua y va a ver que duerme bien. Al lado de la noche de donde volvía, la penumbra tibia de la sala le pareció deliciosa. Una lámpara violeta velaba en lo alto de la pared del fondo como un ojo protector. Se oía toser, respirar fuerte, a veces un diálogo en voz baja. Todo era grato y seguro, sin acoso, sin... Pero no quería seguir pensando en la pesadilla. Había tantas cosas en qué entretenerse. Se puso a mirar el yeso del brazo, las poleas que tan cómodamente se lo sostenían en el aire. Le habían puesto una botella de agua mineral en la mesa de noche. Bebió del gollete, golosamente. Distinguía ahora las formas de la sala, las treinta camas, los armarios con vitrinas. Ya no debía tener tanta fiebre, sentía fresca la cara. La ceja le dolía apenas, como un recuerdo. Se vio otra vez saliendo del hotel, sacando la moto. ¿Quién hubiera pensado que la cosa iba a acabar así? Trataba de fijar el momento del accidente, y le dio rabia advertir que había ahí como un hueco, un vacío que no alcanzaba a rellenar. Entre el choque y el momento en que lo habían levantado del suelo, un desmayo o lo que fuera no le dejaba ver nada. Y al mismo tiempo tenía la sensación de que ese hueco, esa nada, había durado una eternidad. No, ni siquiera tiempo, más bien como si en ese hueco él hubiera pasado a través de algo o recorrido distancias inmensas. El choque, el golpe brutal contra el pavimento. De todas maneras al salir del pozo negro había sentido casi un alivio mientras los hombres lo alzaban del suelo. Con el dolor del brazo roto, la sangre de la ceja partida, la contusión en la rodilla; con todo eso, un alivio al volver al día y sentirse sostenido y auxiliado. Y era raro. Le preguntaría alguna vez al médico de la oficina. Ahora volvía a ganarlo el sueño, a tirarlo despacio hacia abajo. La almohada era tan blanda, y en su garganta afiebrada la frescura del agua mineral. Quizá pudiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta de la lámpara en lo alto se iba apagando poco a poco. Como dormía de espaldas, no lo sorprendió la posición en que volvía a reconocerse, pero en cambio el olor a humedad, a piedra rezumante de filtraciones, le cerró la garganta y lo obligó a comprender. Inútil abrir los ojos y mirar en todas direcciones; lo envolvía una oscuridad absoluta. Quiso enderezarse y sintió las sogas en las muñecas y los tobillos. Estaba estaqueado en el piso, en un suelo de lajas helado y húmedo. El frío le ganaba la espalda desnuda, las piernas. Con el mentón buscó torpemente el contacto con su amuleto, y supo que se lo habían arrancado. Ahora estaba perdido, ninguna plegaria podía salvarlo del final. Lejanamente, como filtrándose entre las piedras del calabozo, oyó los atabales de la fiesta. Lo habían traído al teocalli, estaba en las mazmorras del templo a la espera de su turno. Oyó gritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. Otro grito, acabando en un quejido. Era él que gritaba en las tinieblas, gritaba porque estaba vivo, todo su cuerpo se defendía con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pensó en sus compañeros que llenarían otras mazmorras, y en los que ascendían ya los peldaños del sacrificio. Gritó de nuevo sofocadamente, casi no podía abrir la boca, tenía las mandíbulas agarrotadas y a la vez como si fueran de goma y se abrieran lentamente, con un esfuerzo interminable. El chirriar de los cerrojos lo sacudió como un látigo. Convulso, retorciéndose, luchó por zafarse de las cuerdas que se le hundían en la carne. Su brazo derecho, el más fuerte, tiraba hasta que el dolor se hizo intolerable y hubo que ceder. Vio abrirse la doble puerta, y el olor de las antorchas le llegó antes que la luz. Apenas ceñidos con el taparrabos de la ceremonia, los acólitos de los sacerdotes se le acercaron mirándolo con desprecio. Las luces se reflejaban en los torsos sudados, en el pelo negro lleno de plumas. Cedieron las sogas, y en su lugar lo aferraron manos calientes, duras como el bronce; se sintió alzado, siempre boca arriba, tironeado por los cuatro acólitos que lo llevaban por el pasadizo. Los portadores de antorchas iban adelante, alumbrando vagamente el corredor de paredes mojadas y techo tan bajo que los acólitos debían agachar la cabeza. Ahora lo llevaban, lo llevaban, era el final. Boca arriba, a un metro del techo de roca viva que por momentos se iluminaba con un reflejo de antorcha. Cuando en vez del techo nacieran las estrellas y se alzara ante él la escalinata incendiada de gritos y danzas, sería el fin. El pasadizo no acababa nunca, pero ya iba a acabar, de repente olería el aire libre lleno de estrellas, pero todavía no, andaban llevándolo sin fin en la penumbra roja, tironeándolo brutalmente, y él no quería, pero cómo impedirlo si le habían arrancado el amuleto que era su verdadero corazón, el centro de la vida. Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombra blanda que lo rodeaba. Pensó que debía haber gritado, pero sus vecinos dormían callados. En la mesa de noche, la botella de agua tenía algo de burbuja, de imagen traslúcida contra la sombra azulada de los ventanales. Jadeó buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas imágenes que seguían pegadas a sus párpados. Cada vez que cerraba los ojos las veía formarse instantáneamente, y se enderezaba aterrado pero gozando a la vez del saber que ahora estaba despierto, que la vigilia lo protegía, que pronto iba a amanecer, con el buen sueño profundo que se tiene a esa hora, sin imágenes, sin nada... Le costaba mantener los ojos abiertos, la modorra era más fuerte que él. Hizo un último esfuerzo, con la mano sana esbozó un gesto hacia la botella de agua; no llegó a tomarla, sus dedos se cerraron en un vacío otra vez negro, y el pasadizo seguía interminable, roca tras roca, con súbitas fulguraciones rojizas, y él boca arriba gimió apagadamente porque el techo iba a acabarse, subía, abriéndose como una boca de sombra, y los acólitos se enderezaban y de la altura una luna menguante le cayó en la cara donde los ojos no querían verla, desesperadamente se cerraban y abrían buscando pasar al otro lado, descubrir de nuevo el cielo raso protector de la sala. Y cada vez que se abrían era la noche y la luna mientras lo subían por la escalinata, ahora con la cabeza colgando hacia abajo, y en lo alto estaban las hogueras, las rojas columnas de rojo perfumado, y de golpe vio la piedra roja, brillante de sangre que chorreaba, y el vaivén de los pies del sacrificado, que arrastraban para tirarlo rodando por las escalinatas del norte. Con una última esperanza apretó los párpados, gimiendo por despertar. Durante un segundo creyó que lo lograría, porque estaba otra vez inmóvil en la cama, a salvo del balanceo cabeza abajo. Pero olía a muerte y cuando abrió los ojos vio la figura ensangrentada del sacrificador que venía hacia él con el cuchillo de piedra en la mano. Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la mentira infinita de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras. ¿Pudiste leerlo todo? Si es así ahora sos una persona más linda que antes de entrar al post y si no leiste nada no pasa una, tenes toda una vida para leer. Trata de no morirte antes. Gracias Otaku_Shaman por hacerme la imagen de cabecera del post.
A algunos les prometí que este post sería del Album Blanco, pero estoy muy desorganizado con mis archivos y tengo miedo de meter la pata. Por eso hoy les traigo un disco diferente pero muy bueno. Para la proxima Album Blanco, prometido Antes que nada, muchas gracias a: @argenmaro @Koni-Ranger-Rojo @Vashtar @HectorTeruel @PlasticOnoBand @Stallin @Ema_573R30 @Danbus10 @Ross-Geller @Jarymaleta @FedeDerqui @kentsuo @StanIeyKubrick @Gatitenz @JCHDZL @chaucer @PaulLetItBe @Goleat88 @agus_0025 @NonFelt @Blusero2008 @NTVG_10 @gustaolay @romolber @cemop @jc8903 @TrollacioCR7 @arturo149 @Talsoy13 @alf980103 @smurff @leandronetto @ArcangelOfGod @MarckozZ009 @carlitos_walter @PhoenixZzero @Stratus94 @Corrosive Como ya les dije en el post anterior, esto es para ustedes. Toda su buena onda es lo único que me motiva a seguir. Esto es gracias a ustedes Hoy les traigo la mezcla Get Back, de Glyn Jones Como algunos sabrán, las sesiones de grabación llamadas Get Back (más tarde publicadas en el disco Let It Be) fueron desastrosas. Aquí, a pesar de grabar muchisimo material que no se publicó, las relaciones entre Los Beatles se deterioraron un monton. Luego de hacer el famoso Concierto de la azotea y publicar la película documental de las sesiones llamada Let It Be le encargaron a Glyn Jones que realizaras las mezclas para el album. El resultado no les intereso a Los Beatles ya que se encontraban grabando su última obra maestra, Abbey Road, así que las mezclas quedaron en el olvido. Un año despues, en 1970, cuando ya se habían separado, John Lennon le pidio a Phil Spector que armara nuevas mezclas y el resultado fue Let It Be. Como ya dije, hoy vamos a conocer la mezcla que hizo Glyn Jones. 1. One After 909 2. Rocker 3. Save The Last Dance For Me 4. Don't Let Me Down 5. Dig A Pony 6. I've Got A Feeling 7. Get Back 8. For You Blue 9. Teddy Boy 10. Two Of Us 11. Maggie Mae 12. Dig It 13. Let It Be 14. The Long And Winding Road 15. Get Back (Reprise) 16. I Me Mine 17. Across The Universe Binario 01101000 01110100 01110100 01110000 00111010 00101111 00101111 01110111 01110111 01110111 00110011 00110111 00101110 01111010 01101001 01110000 01110000 01111001 01110011 01101000 01100001 01110010 01100101 00101110 01100011 01101111 01101101 00101111 01110110 00101111 00111000 00110101 00110001 00110101 00110111 00110101 00110001 00110011 00101111 01100110 01101001 01101100 01100101 00101110 01101000 01110100 01101101 01101100 Pegá el código acá: Esto es porque Taringa! busca convertirse en red social. Pero ¿ustedes ven algún link de descarga?. La parte 1 me la borraron sin explicaciones, mañana la voy a resubir. Ya estan empezando a molestar, la cosa es que no tienen argumentos. La regla es no poner links de descarga y yo no hago eso. Parte 2: Parte 3: Gracias a @Otaku_Shaman por hacerme la imagen de cabecera y a @argenmaro por apoyarme con este nuevo método. Estos si que son capos

Hola, ¿cómo andan? Estoy muy contento con todo el apoyo que me dieron en mis últimos dos post. Por eso no puede faltar la tercera parte ¡Se la ganaron! Muchas gracias a: @argenmaro @Koni-Ranger-Rojo @Vashtar @HectorTeruel @PlasticOnoBand @Stallin @Ema_573R30 @Danbus10 @Ross-Geller @Jarymaleta @FedeDerqui @kentsuo @StanIeyKubrick @Gatitenz @JCHDZL @chaucer @PaulLetItBe @Goleat88 @agus_0025 @NonFelt @Blusero2008 @NTVG_10 @gustaolay @romolber @cemop @jc8903 @TrollacioCR7 @arturo149 @Talsoy13 @alf980103 @smurff @leandronetto @ArcangelOfGod @MarckozZ009 @carlitos_walter @PhoenixZzero @Stratus94 @Corrosive Espero no olvidarme de nadie. Gracias a ustedes publico la tercera parte, toda su buena onda en los comentarios me motivaron a seguir, esto es para ustedes idolos! Ya que ayer publiqué un disco sobre el Sgt Pepper vamos a enfocarnos en esa época (Mi preferida) Son 6 cds en formato FLAC de estás magnificas sesiones realizadas entre 1966 y 1967 que dieron origen a Strawberry Fields Forever, Penny Lane y, por supuesto, el perfecto Sgt Peppers. Colección muy completa. Super recomendada Binarios: Parte 1: 01101000 01110100 01110100 01110000 01110011 00111010 00101111 00101111 01101101 01100101 01100111 01100001 00101110 01100011 01101111 00101110 01101110 01111010 00101111 00100011 00100001 01000001 01011010 01100011 01100111 01000011 01011001 01101001 01011010 00100001 01101110 01011111 01000110 00110101 01110011 01100011 01101011 01110110 01100110 01010011 00110101 01000101 01001100 01110101 01001000 01010110 01000010 01011001 01000010 00111000 00110110 01110000 00110101 01000001 01101101 01001101 01010010 01100111 01000010 01111000 01000100 01110110 01000001 01000110 01001111 01010011 01110100 01011001 01100111 01101100 01011001 01100101 00110000 Parte 2: 01101000 01110100 01110100 01110000 01110011 00111010 00101111 00101111 01101101 01100101 01100111 01100001 00101110 01100011 01101111 00101110 01101110 01111010 00101111 00100011 00100001 01100011 01010010 01000101 01010011 01000101 01001100 01011010 01011010 00100001 01101101 01111000 00110001 01101010 00101101 01110000 01101111 01100001 01100110 00101101 00110101 00101101 01111000 01100010 01001111 01010100 00110000 01101110 01010010 01010101 01101111 01000101 01101100 01110101 01001111 00110001 01000111 01111001 01101000 01010101 01100011 01010001 00110011 01100110 01111010 01001001 01100111 01100110 01111000 01001000 00111001 01011111 01001001 Parte 3: 01101000 01110100 01110100 01110000 01110011 00111010 00101111 00101111 01101101 01100101 01100111 01100001 00101110 01100011 01101111 00101110 01101110 01111010 00101111 00100011 00100001 00110101 01001101 00111000 01101010 01110111 01001010 01111001 01011001 00100001 01011001 01001010 01100110 01000111 01101100 01001011 01001001 00110000 01101011 00110000 01111001 01110110 01111001 00101101 01000011 01101110 00110100 00110010 01110100 01101011 01000011 01101110 00110110 00110010 01000111 01110110 01111010 01011010 01101111 01111010 01110110 01101001 01100010 00111001 01100110 00110001 01001100 01110001 00111001 01010101 01001011 01101000 00111000 Yapa Esta es la rareza más codiciada por todos los coleccionistas de los Beatles. Por eso existen multiples falsificaciones por internet. Les dejo a su criterio si el la verdadera o la falsa. Por eso es Yapa. Binario: 01101000 01110100 01110100 01110000 00111010 00101111 00101111 01110111 01110111 01110111 00110111 00110110 00101110 01111010 01101001 01110000 01110000 01111001 01110011 01101000 01100001 01110010 01100101 00101110 01100011 01101111 01101101 00101111 01110110 00101111 00110100 00111001 00110111 00110001 00110010 00110001 00110100 00111000 00101111 01100110 01101001 01101100 01100101 00101110 01101000 01110100 01101101 01101100 Pegá los códigos acá: http://binario.cf/index.php Esto es porque Taringa! busca convertirse en red social. Pero ¿ustedes ven algún link de descarga?. La parte 1 me la borraron sin explicaciones, mañana la voy a resubir. Ya estan empezando a molestar, la cosa es que no tienen argumentos. La regla es no poner links de descarga y yo no hago eso. Parte 2: http://www.taringa.net/posts/info/17757669/Te-traigo-mas-rarezas-Beatles.html Parte 4: Gracias también a @Otaku_Shaman por hacerme la imagen de cabecera :D

Este tipo de formación sobre ruedas permite transportar mayor cantidad de mercadería ahorrando hasta un 60 % de combustible. link: http://www.youtube.com/watch?v=yb5d6ISHoMU Cristina Fernández de Kirchner anunció en cadena nacional un proyecto para la utilización en las rutas de los "bitrenes". Estos son camiones con doble o más acoplado que maximiza los traslados de mercadería al aumentar la cargar y disminuir el gasto de combustible. La Presidenta explicó que este tipo de transporte de carga fue creado en Australia para transportar un 80 % más de tonelaje. Este tipo de camiones puede medir hasta 30 metros de largo con nueve ejes, a diferencia de los seis que suelen tener habitualmente los camiones. El proyecto para este nuevo tipo de transporte, diseñado por el ministerio de la Industria, fue entregado por la Presidenta a Antonio Caló, lider de la CGT y a los titulares de la Unión Industrial Argentina (UIA), la Asociación de Instriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA). La empresa de camiones Vulcano será la encargada de fabricar este tipo de camiones que beneficiarán a la producción local.