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Iruya_07

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Marcel Marceau; las mejores frases del mago del silencio
InfoporAnónimo9/19/2015

Marcel Marceau es considerado uno de los mimos más grandes de la historia, con su blanco maquillaje, sombrero de copa y adornado con una flor, inmortalizó a Bip, el personaje que creó bajo el disfraz tradición de la pantomima francesa, y que albergaba el misterio sobre el hombre que fue ovacionado en cada país en el que se presentó. Logró expresarse corporalmente, dramatizando escenas de la vida cotidiana y denunciando lo que le aquejaba. Marceau, por más de cuatro décadas, encantó a la audiencia con el arte de la pantomima. Creó la primera compañía a nivel mundial de la actividad e interpretó, dirigió y produjo, junto a su equipo, 26 mimodramas. Su actividad artística no sólo quedó en los teatros, su versatilidad le permitió incursionar en el cine, la televisión y así logró convertirse en el mimo más grande del mundo. Murió a los 84 años de edad el 22 de septiembre de 2007, pero su legado y profundidad quedaron plasmados en la historia. Hoy lo recordamos con las frases que en algún momento mencionó el “Mago del silencio”. “El silencio es infinito como el movimiento, no tiene límites. Para mí, los límites los pone la palabra”. “Nunca hagas hablar a un mimo. No se detendrá”. “El silencio no existe… En el escenario habla mi alma, y ese respeto al silencio es capaz de tocar a la gente más profundamente que cualquier palabra”. “El mimo es teatro profundo responsabilizando al cuerpo y al movimiento a una máxima dificultad para hacer visible lo invisible. El mimodrama es gramática y lenguaje en el silencio de los mimos”. “Los actores, igual que los periodistas, somos los historiadores del ahora”. “Nada es concebible en el mundo sin el amor, que es verdaderamente el comienzo de la razón”. “Desafortunadamente nunca podremos destruir al mal, pero el bien existe y debe madurar”. “¿Acaso los momentos más conmovedores de nuestra vida no nos encuentran sin palabras?”. “Ningún arte es superior a otra, sino que cada arte indaga en la experiencia y la perfección”. “Ningún arte es más fuerte que otro y todos tenemos nuestros límites, pero a través de ellos hay que ser ilimitado en la búsqueda de la perfección del movimiento, porque nuestro interés es llegar a emocionar”. “El artista debe tener una mirada calma y fría para con su obra y juzgarla con neutralidad, pues es peligroso crear partiendo del impulso de la pasión”. “Los malos escritores escriben en el impulso. Los buenos permanecen fríos”. ” Soy un testimonio de mi observación sobre la vida. En el fondo, Bip es como una enciclopedia sobre la historia de la humanidad que intento transmitir con este arte de mi cuerpo”. “El mimo hace visible lo invisible e invisible lo visible”. “El camino más corto que separa al sueño de la realidad es el arte”. “Soy un cómico profundo que habla de tragedias profundas, y para meditar sobre ellas es necesario un clima de silencio absoluto“. Si te gustó y querés ver más notas, info o videos pasá por: http://escabullidos.over-blog.com Gracias por la visita!

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De saltos y aterrizajes - Libro -
InfoporAnónimo9/3/2015

Matías Kraber, escritor y periodista, presenta su libro de cuentos “Paracaidistas de domingo”. “Bajo la forma del cuento se pueden desnudar muchas vidas en el fondo. El periodismo nos pone en una situación en que somos más frágiles”. “La literatura es una excusa, es como inventar un full para patear un tiro libre. Creo que al jugador de fútbol que tiene cierta calidad le gusta patear un tiro libre porque es hasta un momento bello. Yo fabriqué esta secuencia que arranca con literatura, que a la vez me sirve de excusa para escribir el periodismo que anhelo”, contó el escritor Matías Kraber acerca de su libro Paracaidistas de domingo. “Paracaidistas en el fondo somos todos, es una cuestión existencial. Estamos todo el tiempo viendo dónde aterrizamos. La mutación en el narrador es un poco todos los paracaidistas que existen. Algunos caen y mueren, otros caen, se reinventan y encuentran una revancha. Para mí es como un guiño existencial a las diferentes vidas y elecciones que puede haber en un solo día. Entender que la muerte no es algo malo, es una transformación, es una mudanza. El domingo es el día de pensar, de hacer una retrospectiva, de ver belleza en un pequeño guiño”, explicó Kraber acerca del nombre de su libro, que acoge dieciocho relatos sobre personajes que van desmenuzando vivencias propias del séptimo día en un tono que va de muertes a renaceres y de acontecimientos de nuestra historia al mundo místico de los viajes. Hay una idea de la psicología de Jung que dice que cuando uno a la sombra la mata o la esquiva, la sombra se termina personificando y en un momento sale a jugar por vos. Si no nos hacemos cargo de la sombra, es como un bandido que va en contra tuyo. Si no jugás con ella, es tu mejor enemigo. Esta idea circunda al primer cuento: ‘Vidas de porcelana’”, contó Kraber. La fragilidad de un abogado apostado en la mesa del club del barrio, la prisión doméstica de un hombre que al casarse amputa su deseo, un ex ferroviario, tanguero de ley, que muere triste viendo la debacle de la privatización de los trenes en los noventa. Historias de muertes literales y muertos en vida dan el primer puntapié de relatos pesados, gente que está en “El abismo”. La segunda parte, “Renaceres”, da lugar a la revancha, es sentirse vivo en la cancha. “De historia somos”, un viaje ancestral que reivindica, entre otros, a Mariano Moreno, “prócer del periodismo”, y una mujer mapuche que muere en la llamada Conquista del Desierto, y “Trance”, que recupera los relatos míticos del mundo de los viajes por Argentina y Latinoamérica, cierran el libro del escritor de General Alvear. Kraber, influenciado por Osvaldo Soriano, Roberto Arlt, Jack Kerouac, destaca a los escritores que hallaron el camino, “intelectuales entre el barrio y el barro”. “Me gustan los periodistas locos que surgieron en la época infame, el tango, el anarquismo, el crisol de razas. El libro está ligado al género del realismo mágico que tiene a Gabriel García Márquez como uno de los escritores más influyentes en la fusión entre periodismo y literatura”, dijo Kraber. “Si esquivás la fusión de periodismo y literatura, te terminas convirtiendo en el periodista que escribe el diario para que después terminen envolviendo huevos o acelga en la verdulería. En cambio, el periodismo narrativo que se encolumna más detrás de la crónica tiene un trabajo mayor de preproducción, de campo, de ir a observar. Sos un explorador de mundos”, dijo Kraber, y agregó: “La literatura te permite ser más flexible, ser más inimputable. Necesariamente, el punto de partida es una búsqueda estética. Ir ganando en analogía, en metáforas, en esas recetas de las escrituras que son las que le dan un toque de distinción al texto. Te forma en ser preciso, en poder comparar”. “Uno creo que es medio hemingwayano. Uno entiende que lo que hay que escribir no hay que ir a buscarlo lejos, sino que está en el camino de cada uno”, dijo el escritor que fusionó relatos con mixturas de fútbol, tango, candombe, el tren, amores y desamores, sexo, calle, rock, muertes literales y simbólicas, supervivencia, viajes, ciudades y personajes del camino, terminando por mostrar la transición hacia el lunes. Si te interesó la info y querés ver más notas o videos date una vuelta por: http://escabullidos.over-blog.com/ Gracias por la visita!

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¿Sociología y/o Literatura?
¿Sociología y/o Literatura?
InfoporAnónimo9/22/2015

Existen una serie de malentendidos a la hora de pensar las relaciones entre sociología y literatura. Se habla de “literatura sociológica” como si alguna literatura pudiera estar por afuera de condiciones de producción, de condiciones de lectura, de circulación, por fuera del sistema de relaciones sociales que componen a la literatura. En otro nivel, se piensa a la literatura como un sistema autónomo cuya materialidad, el trabajo sobre el lenguaje, funciona como una credencial de diferenciación que la colocaría por fuera de un espectro de discusiones y tomas de posición sobre lo político y los modos de ser en común.La literatura como una entelequia que sobrevive en una temporalidad otra, ligada antes que nada a la tradición literaria y a la forma. Habría entonces una literatura refinada, opuesta al mercado y a la coyuntura, opuesta a la lengua dominante, distinguible por su esencia, su literaturiedad, y otra literatura entre comillas, más sociológica, en algunos casos más intimista, siempre menos literaria, colocada en un limbo extraño entre el periodismo, la divulgación y el oportunismo mercantil. A continuación vienen las preguntas: ¿sociología y literatura? ¿sociología o literatura? ¿sociología y/o literatura? ¿escritores sociólogos? ¿tradición de literatura sociológica? ¿el ensayismo va a salvarnos? Creo que la discusión es bastante inútil y para comenzar a despejarla lo primero que uno debería hacer es poner en claro algunos términos. El primero y principal sería una definición más plena de lo literario, su especificidad, su relación con la imaginación pública, el sistema de tensiones que lo literario establece con las máquinas de producción de narraciones sociales. Arte y literatura, literatura y modos de reproducción técnica del discurso, lenguaje y sociedad. Kirchnerismo y sociedad, literatura y política, series de tele y literatura. Todo esto resulta en extremo engorroso. Antes que nada y para dejar de chamuyar, habría que discutir formas de producción de las categorías de saber, por un lado, y modalidades de apropiación de los textos, por otro. Por eso voy a referirme a la sociología no como una disciplina, sino como un modo de aproximarse a los textos que funcionan socialmente como literatura. La sociología como una forma de leer. Una premisa básica para una lectura sociológica de un texto podría ser “no sociologices”. No leas a los textos como información, no leas sólo el contenido, preguntate por las formas de contar, por el lenguaje, claro, preguntate por el lenguaje. Pero esta máxima vendría acompañada por un “no mistifiques”. No creas que se escribe para el lenguaje; para una esotérica comunidad de lectores sin cuerpo. No creas que el escritor es el medium de fuerzas indecibles. Puede serlo y esto siempre ocurre a su pesar, pero además es otra cosa, además está diciendo otras cosas, aunque no lo quiera. Para leer sociológicamente es necesario preguntarse por el poder. Por los cruces entre el poder, la moral y las formas. La literatura puede encontrar nuevas maneras de decir las relaciones complejas entre los sujetos, las instituciones y la historia. Es más: leída desde la sociología, la literatura tiene que intentar establecer dispositivos complejos de enunciación que densifiquen la experiencia social sobre los dispositivos de poder, que muestren sus ambivalencias, que desnaturalicen su funcionamiento. Y que se opongan a los modos dominantes de contar manteniendo al mismo tiempo una tensión flotante con los modos contemporáneos de leer; imaginar la percepción del futuro. Porque, para la sociología, eso es lo que va a permitir que la literatura sobreviva y no se resigne a convertirse en una religión minoritaria. Lo que sigue es una especie de lista con algunas premisas para leer sociológicamente. El autor es una variable Todo texto está escrito por alguien; pueden ser también un conjunto de personas. En todo caso, hablamos de individuos de carne y hueso, con intereses, con ideología, con posición en el espacio social. No reducir un texto al autor o al contexto no significa anularlos. Por el contrario, el conocimiento del autor resalta aún más lo específicamente literario y lo tensiona. Quiera o no, cada autor adscribe a un estilo de vida, sus prácticas enarbolan una profecía de redención a través de la literatura, y su obra entra en diálogo con esa doctrina y esas prácticas. Cada escritor es un profeta. Por otra parte, cada país tiene su estereotipo de autor, por ejemplo acá en la argentina se valora a los marginales; no es demasiado loco arriesgar que eso tiene una correlación con el desarrollo trunco de nuestra burguesía industrial. Y esto afecta sin lugar a dudas a las estéticas. Pero a no olvidarse: Bourdieu dijo que Flaubert pudo ser un gran escritor por su condición de rentista, pero no todos los rentistas son Flaubert. Estado, catervas y marcas La lectura sociológica no puede dejar de interrogarse por el Estado. Se quiera o no, el Estado es el personaje principal de nuestras vidas; en Argentina, por ejemplo, el Estado es también la principal empresa, y por largos lapsos no pudo detentar el monopolio legítimo de la violencia. Althusser tenía razón, toda institución es un aparato ideológico del Estado. Una lectura sociológica podría preguntarse cómo hablan el Estado y sus instituciones a través de los textos; cómo respira, cómo existe ese monstruo llamado Estado en los discursos que fluyen en un texto. Podemos amar al Estado o no amarlo, podemos llenarlo de globos o ponerle un sombrero de enfermera, pero el Estado siempre está. Esto podría extenderse a las familias. Preguntarse por el Estado es preguntarse por las comunidades posibles: toda literatura imagina un orden familiar. Pero al mismo tiempo reniega de ese orden e imagina comunidades desviadas, subrepticias, amistades peligrosas que pueden conformar catervas donde impera una sentimentalidad. Finalmente, hay que decir que de todas las artes, la literatura es una de las más libres a la hora de prescindir del apoyo económico de las corporaciones. Por eso, su posibilidad de mencionarlas, afectarlas, horadarlas, sentirlas, darles una voz, corroerlas, habitarlas o pervertirlas es todavía más notoria. Así como el Estado habla a través de los textos, los textos pueden habitar la lengua de las organizaciones del mercado y de las organizaciones de la política. El idioma de las corporaciones económicas es el de las marcas, el idioma de las corporaciones políticas es el posibilismo. Patria, familia y propiedad, o Estado, catervas y discursos marketineros. La opacidad no es garantía de nada Así como las buenas intenciones en general producen mala literatura, las malas no producen necesariamente una literatura interesante. El procedimentalismo, el regodeo en la incertidumbre, tampoco. En nuestra época, una provocación que acontezca en el plano de la pura forma es más didactista y anacrónica que innovadora y desafiante. Los textos más conocidos de Osvaldo Lamborghini envejecieron de una forma lamentable; de a momentos parece un señor mayor que escupe la papilla. Por otra parte, una literatura que exprese un mundo gobernado por fuerzas oscuras e inasibles, o que muestre las grietas existentes en la construcción ficticia de todo relato se coloca hoy en el plano de un sentido común liberal progresista e insufrible, equiparable a la autoficción o a la crónica. La opacidad, el fragmento, la interrogación no son garantía de nada. No nos dejemos engañar. Sin teorías sobre la contemporaneidad no hay lectura Una premisa básica para una lectura sociológica es que existe algo llamado sentido común, que ese sentido común se transforma históricamente a través del trabajo de las instituciones, y que esas instituciones operan bajo el prisma de teorías sobre la historia y la sociedad. Lo opuesto al sentido común sería la ciencia. Una lectura sociológica es capaz de cuestionar y poner a prueba sus propias teorías, que nunca son tan científicas pero sí ideológicas, en base a una lectura. Confía en la literatura como ejercicio de conocimiento sensible. Pero parte de teorías, y las refina. Interroga a esas teorías a través de la experiencia de lectura, con la dialéctica entre forma e historia narradas como herramientas. Por eso, leer a la literatura como simple “entretenimiento” o simplemente como “textos” es bastante pobre. Más allá de las intenciones del autor, toda obra literaria compone una relación entre los textos, los lectores, las instituciones y el poder social acumulado. También representa un grado de desarrollo de las fuerzas productivas. La literatura elabora dispositivos de lenguaje capaces de contener relaciones éticas y estéticas entre los sujetos, los objetos y las instituciones. ¿Qué tipo de recepción preanuncia este libro? ¿Cómo contribuyen a la misma sus paratextos, el proyecto editorial en el que se inscribe? ¿Qué régimen de circulación de los bienes culturales se imagina en los proyectos literarios? Esas preguntas también podrían estar presentes cuando se despliega una lectura sociológica. La lectura sociológica necesita un canon propio Este punto, el último, también podría haberse llamado “desconfiá de los que veneren a Borges”. Nadie va a negar la calidad de la prosa de Borges; ni siquiera su relevancia; tampoco su pertinencia. Pero se trata de un autor del siglo XIX que escribió en el siglo XX, donde vislumbró un estado de la lengua y sus mecanismos de proliferación en el siglo XXI. Más allá de su inscripción política, toda la intelectualidad internacional ya le chupó la sangre, y el esteticismo de derecha lo sigue haciendo. De hecho sus intuiciones tuvieron algo genial. No por eso hay que seguir repitiéndolo; quizás hace falta un buen balance crítico de su obra. El trabajo con las formas sociales presente en Gombrowicz, el problema de la técnica en Bioy Casares, las utopías en Arlt, la biopolítica en Puig, el marketing en Cortázar, la geografía en Viñas, la democracia en Fogwill. Incluso dentro del cánon oficial se pueden hacer otras lecturas más interesantes que las que ya vienen masticadas. Si te gusto la info y te gustarí ver mas notas o videos entra en: http://escabullidos.over-blog.com Gracias por la visita!

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En época de elecciones: El Gran Dictador
InfoporAnónimo10/21/2015

No creo de aquel que dice ser apolítico, no es más que un analfabeto político que se enorgullece de decir que no le interesa o hasta odia la política. La política decide como van a vivir las personas, como crecen o se desarrollan. Su ignorancia es caldo de cultivo de políticos corruptos e inescrupulosos. link: https://www.youtube.com/watch?v=H6nUDlWp3EY "Lo siento. Pero... yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros. Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oírme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano. El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá. Soldados: No os entreguéis a ésos que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de máquina. Vosotros no sois ganado, no sois máquinas, sois Hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo los que no aman odian, los que nos aman y los inhumanos. Soldados: No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: "El Reino de Dios no está en un hombre, ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres..." Vosotros los hombres tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, el poder de hacer esta vida libre y hermosa y convertirla en una maravillosa aventura. En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad. Soldados: En nombre de la democracia, debemos unirnos todos." Si te gustó y videos y querés ver más pasá por: http://escabullidos.over-blog.com Gracias por la visita!

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“El capitalismo ya está agotado”
InfoporAnónimo10/22/2015

El capitalismo tiene los problemas que conocemos, pero siempre hay algo que aprender, hasta del adversario. Hay que aprender de la inteligencia, no de la estupidez. Entrevista a José “Pepe” Mujica, ex Presidente de la República Oriental del Uruguay. Pepe Presidente. Dicho así, como en el título, parece una consigna electoral. Pero José Mujica está a punto de concluir –este primero de marzo– su mandato como Presidente y es más Pepe que jamás. Pepe se sale del molde; es decididamente otra cosa. El único conocido que se le asemeja en talante democrático y sencillez es el argentino Arturo Illía, pero éste estaba lejos del arsenal teórico y la experiencia política y vital de Pepe. El 11 de febrero pasado, a las 10 de la mañana, llegamos la periodista suiza Camilla Landböe, el fotógrafo Óscar Bonilla, el amable gestor de la entrevista Federico Fasano Mertens, el director de prensa de la Presidencia de Uruguay Joaquín Costanzo y yo mismo a la sencillísima, florida chacra de Pepe, a pocos kilómetros de Montevideo. Sale el Presidente a recibirnos, vistiendo camisa arremangada y fuera de los pantalones vaqueros, zapatillas con cordones a medio atar y gorra de béisbol. Saluda, estrecha manos, nos sentamos bajo un árbol, agarra un termo y empieza a cebar mates para todo el grupo. De vez en cuando interrumpe para pedirle a Bonilla que le preste tabaco y papel para liarse un pitillo. Pero aunque esta descripción lo sugiera, no hay nada de pose, de pintoresquismo en Pepe Mujica. Respira, transpira, transmite autencidad, demostrada en su vida de toda la vida y sobre todo en lo que hace, en lo que dice. No he conocido políticos, menos aún Presidentes, que se expresen con tanta libertad sobre las limitaciones y problemas de su gestión, sobre sus propios partidarios y aliados, con un lenguaje mezcla de intelectual profundo y hombre de la calle. Pepe es uno de esos raros marxistas que han comprendido el materialismo humanista de Marx y hacen esfuerzos por ponerlo al día. En cualquier caso, un hombre cultivado y profundamente honesto, sincero. Se puede estar de acuerdo o no con todo o parte de lo que expresa, pero es imposible no maravillarse ante un personaje así. – Empecemos por las cuestiones formales: ¿cómo es el trato? Lo llamamos Presidente, señor Mujica, José o… -Pepe… y nos tuteamos. Vale la pena pelear para que la gente tenga un poco más de comida, dice Mujica. -Para un hombre como vos, que ha luchado en los años 70 por cambios políticos, económicos y sociales rápidos, definitivos; por una revolución, y ha pagado por ello, entre otras cosas con 15 años de cárcel… ¿Qué significa, años después de todas esas experiencias, ser Presidente electo, encontrarse al frente de una alianza de centro-izquierda, con compañeros que tienen ideas distintas y con una responsabilidad de gobierno? – Los hombres, como cualquier cosa viva, amamos mucho la vida. Entonces queríamos un mundo perfecto. Después hemos sufrido bastante, pero por falta de velocidad, porque nos agarraron (risas), no porque fuéramos héroes. Pero allí empezamos a revalorizar el papel que tiene la vida, nada más y nada menos… Vale la pena pelear para que la gente tenga un poco más de comida, mejor techo, más salud, mejor educación, y transcurra su tiempo sobre el planeta lo mejor posible. Pero nada es más hermoso, más preciado que la vida… Y esto es así en el capitalismo, lo fue en el feudalismo, lo fue para el hombre primitivo… y lo será en el socialismo. Como la vida no hay nada… Eso es lo que aprendimos en esos años, que la vida es el primer valor, y en todo caso el segundo valor es la sociedad. Por eso ahora andamos despacio, pero firme, tratando de apuntalar transformaciones que son relativas; lentas, porque deben consensuarse; que no son definitivas, porque lo único definitivo es la muerte… -Lo que decís se podría entender, traducir, como una adaptación a la realidad… -Uno no acaba nunca de adaptarse a la realidad, que es tan compleja… Es una manera de ver el mundo… algunos lo ven a través de una ecuación religiosa, otros meramente ideológica… yo me siento cada vez más emparentado con viejos filósofos como Séneca, como Epicúreo, como… -Heráclito… – Sí… Por supuesto, hay convicciones, un trayecto intelectual al que uno no va a renunciar, pero no debemos ser esquemáticos… Pienso que el hombre, como animal que es, por el disco duro que tenemos dentro, es gregario; no es un felino, es antropológicamente socialista. ¿En qué sentido? Necesita de la comunidad para vivir; no puede vivir aislado, tiene una honda dependencia con el grupo social. Ha vivido más del 90 por ciento de su existencia humana en forma primitiva; no separaba lo mío de lo tuyo. La propiedad, la competencia y todo eso que vino después. El desarrollo de la civilización fue conformando su individualidad; la noción acabada de individuo acaparador es moderna, capitalista. Nosotros somos capitalistas por formación histórica, porque vivimos en este momento del desarrollo de la la civilización. – Hace unos días leí una frase tuya: vamos a tener guerra hasta que la naturaleza nos obligue a ser civilizados… – Y sí, por ahí vamos. El capitalismo, como todo, es contradictorio. Por un lado, está la injusticia, la desigualdad, las guerras; pero ese egoísmo que lleva adentro es un motor formidable, que ha desarrollado ciencia, tecnología, todo eso, ¿verdad? El capitalismo nos ha dado muchos azotes, pero nos regaló 40 años más de vida promedio en el último siglo… ¿qué te parece? Ahora parece haber dado todo de sí; lo lógico es que el socialismo democrático lo remplace, pero los tiempos de la historia son largos. El capitalismo se desarrolló durante tres siglos sin democracia política… -Alguna vez dijiste algo así como de los problemas no hay que lamentarse; hay que enfrentarlos. – Sí, el asunto es encontrar el modo… – Justamente, una vez en un gobierno como el que presidís, ¿cómo se van resolviendo esas contradicciones? – Se va negociando lo que se puede, tratando de contribuir a que la sociedad sea lo más equitativa posible, interviniendo permanentemente con políticas fiscales, sociales, impulsando la organización de los trabajadores para que discutan el precio de sus manos. Porque en definitiva, el gran elemento distribuidor en la sociedad, al menos en la actual, es el salario. No es el único, y además tiene un límite, porque si le meto la mano demasiado en el bolsillo al que tiene que invertir, no invierte y al final tengo menos para repartir… Mirá el resultado humano y práctico que han tenido los experimentos apurados, definitivos del socialismo: al final tuvieron menos para repartir… – También fueron experimentos antidemocráticos… -Por supuesto, porque cuando se te achica todo, tenés que caer en la ferocidad represiva… Pero lo peor de ese socialismo es la burocracia… Empezás a depender no de los productores, sino de los capataces… El capitalismo tiene los problemas que conocemos, pero siempre hay algo que aprender, hasta del adversario. Hay que aprender de la inteligencia, no de la estupidez. -¿Hasta dónde avanzó el Frente Amplio (FA) y qué le queda por hacer? – El problema es que tenemos una herencia, como es normal. A partir de la década del 40 –las fechas pueden ser arbitrarias– en Uruguay la democracia se nos fue amortiguando; caímos en clientelismos, en utilizar al Estado para colocar mucha gente, demasiada gente, y así le fuimos quitando competitividad. Por un proteccionismo hacia la gente que trabaja, creamos una categoría de funcionarios prácticamente intocable que tiene su porvenir asegurado; entrando en el Estado, dentro de 40 años se jubila y nadie lo toca, haga lo que haga. El Estado perdió vigor, y obviamente los sindicalistas defienden esas conquistas, con lo que se transformaron en defensores del statu quo que maniataba al Estado… Tocar eso en el Uruguay es como hacer una revolución… Entonces, quedamos a medio camino. El Frente trató de vigorizar las conquistas siendo menos demagógico, tratando de usar y hacer las cosas un poco mejor, pero tenemos que transformar el Estado, hacer esa revolución. Tenemos los instrumentos, pero debemos ponernos de acuerdo: además de la energía, las comunicaciones, etcétera, el Estado tiene en sus manos el principal banco del país; el 60 por ciento del movimiento bancario está en manos del Estado y nosotros (el FA) vamos levantando la consigna hay que nacionalizar la banca… ¿Para qué vas a nacionalizar la banca? La banca estatal tiene que funcionar a cara de perro, de tal manera que la banca privada no tenga otro remedio que aceptar las reglas de juego. Ese es uno de los desafíos que tenemos por delante. – Junto con Chile, y a diferencia de Argentina, en Uruguay los crímenes de la dictadura de los 70, gozaron de una ley de caducidad, plebiscitada… – Creo que el pueblo uruguayo tuvo miedo… y con buen talante, en alguna medida decidió hacer gárgaras con tachuelas… Difícil, duro, pero priorizó la tranquilidad. – Pero luego la Corte Suprema declaró inconstitucional algunos aspectos de esa ley de olvido, para llamarla de alguna manera. ¿Cómo se manejó este asunto en tu gobierno?… – El problema es complejo. Por un lado, los criminales no se van a autoacusar; por otro, han dejado muy pocas pistas, yo diría que ninguna, para que la Justicia se aplique plenamente, con lo que tendríamos para muchísimo tiempo. Verdad y justicia suelen ser contradictorias y el problema está en la división política y las peleas, los odios, que eso genera en la sociedad cuando se prolonga en el tiempo. Fijáte en Argentina, empezaron bien, pero luego fueron haciendo un enchastre tan generalizado y masificado que han pasado 30 años y hay puntas, flecos por todos lados… En Uruguay no… Tuvimos violencia y dictadura, pero la gente decidió olvidarlo, si vos querés. Ya veremos cómo se va resolviendo institucionalmente lo de la Corte Suprema. Por último, hablando de justicia y no sólo respecto a los crímenes de la dictadura, Uruguay funciona con un sistema jurídico acorde con el pasado, pero no con los cambios necesarios en el presente. Si tú en Uruguay le querés poner un impuesto a la tierra, a la concentración de la tierra, te lo terminan declarando inconstitucional. Como en todo el mundo y siempre en la historia, la juridisprudencia fue pensada e instalada por las clases dominantes, las capas conservadoras. Tenemos que lidiar con eso; no lo hemos transformado. Nosotros (el FA) hace rato que tendríamos que haber impulsado una reforma constitucional, porque si no cambias los instrumentos jurídicos, después te encontrás con esas contradicciones, con un freno formidable. La Justicia, esa señora que ponen con una venda en los ojos y una balanza en las manos… eso no existe, porque la justicia refleja el peso de las clases que dominan en una sociedad. Los instrumentos jurídicos están sometidos a la historia, y la historia es una lucha de clases… Todo está pues influenciado por la política. Creo que no existe acto más político que una revolución, y todas las revoluciones han sido fundadoras de derecho, fuente de jurisprudencia. O sea que la o las clases que predominan son las que establecen las leyes. Eso es lo que necesitamos ahora, cambios democráticos, es decir aprobados por la mayoría, pero de fondo, que reflejen y al mismo tiempo permitan los cambios que necesita Uruguay en el presente. – Marx estaría de acuerdo con vos. – Mejor dicho, yo estoy de acuerdo con Marx… – Quisiera pasar al tema regional, Pepe. El Mercosur, por ejemplo, que ha sido creado en 1989 y aún no pasó de algunos acuerdos comerciales y aduaneros, que tampoco funcionan muy bien… ¿Qué opinás de esos organismos, de su presente, y de lo que deberían ser? – En América del Sur, y en toda América Latina, tenemos un gran desafío por delante. Si no creamos mecanismos que nos vayan integrando, que nos puedan dar una presencia internacional de peso, vamos a continuar como hojas sueltas en el viento. Es evidente que en el mundo se están organizando gigantescas unidades. China es un estado plurinacional viejísimo; la India por el estilo. Estados Unidos con el poder y las necesidades que tiene, con Canadá detrás y México, ese bocado al alcance de la mano, ya está de hecho convertido en una unidad. Europa, con todos los problemas que atraviesa, sigue en el proyecto de conformar una gigantesca unidad. Y si mañana fracasa, acabará tragada por una unidad mayor. ¿Y qué hacemos nosotros en este mundo, un montón de repúblicas aisladas que vienen corriendo de atrás? Seguimos metidos en el proyecto nacional. En los países determinantes de América Latina, Brasil, Argentina, México, los dirigentes hablan y asumen un discurso integracionista, pero desde el punto de vista práctico, están metidos hasta las orejas en las contradicciones del Estado nacional. Hacia afuera, hacia los otros países de la región, se conducen según sus tensiones internas… Estamos lejos de tener una política de construcción. Hicimos un pacto aduanero para negociar, ¿tá?… pero en cuanto hay alguna contradicción interna ¡tá!, ya le ponen el tapón… Hace pocos días estuve en un acto del Partido de los Trabajadores brasilero, donde estaban nada menos que la presidenta Dilma Rousseff y Lula… Escuché atentamente todos los discursos, y en ningún momento hablaron de la integración. Y no lo hacen por maldad; son de lo mejor. Cada vez que tenemos un problema con Brasil, hablamos y negociamos y lo solucionamos, pero la política interna y los problemas de Brasil les imponen la agenda… Y entonces, ¿qué estamos haciendo? Creamos organismos, nuevas instituciones, Mercosur, Unasur… El proyecto integrador tiene 200 años, desde San Martín, Bolívar, Artigas, pero los partidos de izquierda hemos sido tan torpes que eso no es una bandera popular; en ninguna parte de América Latina hay una manifestación de masas peleando por la integración… eso apenas tiene un barniz de carácter intelectual, pero no está integrado como una necesidad histórica básica. ¿Sabés quiénes somos los más integracionistas? Los países chicos; por necesidad… porque vamos corriendo de atrás. La integración precisa un liderazgo, y ese liderazgo se llama Brasil… pero la Argentina tendría que acompañar, y no acompaña un carajo, más bien lo contrario, es como si la Argentina se hubiera retrotraído a una visión de 1960. -En cuanto tiene el viento de cola, Argentina se olvida de la integración, cuando le van bien las cosas agarra para otro lado… – También Brasil… Te voy a hacer una confesión: me dijo una vez la presidenta de Brasil: “¡Ay, Pepe, con Argentina hay que tener paciencia estratégica…!”Brasil les ha bancado de todo a los argentinos, de todo… Pero no quiere perderlos como aliado. La Argentina termina siendo determinante en todo… lo que haga o no haga la Argentina va a incidir en el rumbo que tome Brasil. – ¿Dilma dijo eso? ¿O Lula? – Dilma. Lula piensa igual… Y me vienen a buscar a mí para que me haga cargo de la lucha de integración. Lula dice: yo no puedo, Pepe, no puedo porque soy brasilero (…) hay una fuerte burguesía paulista, que sin dirección política, coloniza en lugar de integrar. Hacen una inversión en Uruguay y compran algo que hicimos nosotros en lugar de fundar una cosa nueva. Ahora tenemos 40 por ciento de los frigoríficos en manos de brasileros. Van a la Argentina y hacen lo mismo. Eso, lo único que hace es desintegrarnos… -Los argentinos hacen otro tanto cuando pueden… – También, porque eso es natural en la voracidad capitalista. Pero políticamente hablando… yo no le voy a pedir a los burgueses que sean socialistas… – Pero sí que sean buenos burgueses… – ¡Por supuesto!… Ese es el más grave de todos los problemas… nuestras burguesías son muy atrasadas, son burguesías capitalistas, pero tienen una mentalidad precapitalista; en todo caso dependiente. Si te gustó la nota y querés ver mas info o videos entrá a:http://escabullidos.over-blog.com Gracias por la visita!

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¿De qué hablamos cuando hablamos de populismo?
InfoporAnónimo8/17/2015

En discusiones políticas y en los medios, el concepto “populismo” suele mencionarse como una amenaza. Sin embargo no existen en el mundo movimientos que así se autodefinan. El historiador Ezequiel Adamovsky hace un recorrido cronológico sobre el término, arrancando en la Rusia de 1800, pasando por América Latina e incluyendo el sentido positivo que le dio Ernesto Laclau. ¿Sirve una categoría que se le puede aplicar tanto a la coalición de izquierda griega de Syriza como a sus enemigos del movimiento neonazi? Anfibia entra de lleno en el debate académico: cree el autor, "como concepto para entender la realidad, el populismo se ha extinguido". Por todas partes se habla del “populismo” en los debates políticos y en los medios. No hay día en que no leamos columnas en la prensa norteamericana, europea o de América Latina que nos adviertan sobre alguna amenaza “populista” en algún lado, de Venezuela a Grecia, de España a Argentina. Incluso dentro de los Estados Unidos se suele acusar a algunos políticos de ser “populistas”. Es como si fuera una especie de plaga desconocida: está por todas partes y nadie puede explicar del todo cómo se ha expandido tanto. ¿Pero qué quiere decir “populismo”? ¿Existe realmente una “amenaza populista” que esté afectando a las democracias de todo el planeta? “Populismo” y el adjetivo “populista” fueron términos académicos antes de transformarse en expresiones de uso común. A su vez, como muchos otros conceptos académicos, nacieron como parte de vocabularios políticos de algún país en concreto. “Populismo” fue utilizado por primera vez hacia fines del siglo XIX para describir un cierto tipo de movimientos políticos. El término apareció inicialmente en Rusia en 1878 como Narodnichestvo, luego traducido como “populismo” a otras lenguas europeas, para nombrar una fase del desarrollo del movimiento socialista vernáculo. Como explicó el historiador Richard Pipes en un estudio clásico, ese término se utilizó para describir la ola antiintelectualista de la década de 1870 y la creencia según la cual los militantes socialistas tenían que aprender del Pueblo, antes que pretender erigirse en sus guías. Pocos años después los marxistas rusos comenzaron a utilizarlo con un sentido diferente y peyorativo, para referirse a aquellos socialistas locales que pensaban que los campesinos serían los principales sujetos de la revolución y que las comunas y tradiciones rurales podrían utilizarse para construir a partir de ellas la sociedad socialista del futuro. Así, en Rusia y en el movimiento socialista internacional, “populismo” se utilizó para designar un tipo de movimiento progresivo, que podía oponerse a las clases altas, pero –a diferencia del marxismo– se identificaba con el campesinado y era nacionalista. Aparentemente sin conexión con el precedente ruso, “populismo” surgió también como término político en los Estados Unidos luego de 1891, para referir al efímero People’s Party (Partido del Pueblo) que surgió entonces, apoyado principalmente por los granjeros pobres, de ideas progresistas y antielitistas. Tal como en Rusia, el término también refirió allí a un movimiento rural y a una tendencia antiintelectualista; utilizado por los oponentes del nuevo partido, también adquirió de inmediato una connotación peyorativa. Como mostró Tim Houwen, “populismo” permaneció como un vocablo poco utilizado hasta la década de 1950. Sólo entonces fue adoptado por la academia –entre otros por el sociólogo Edward Shils– aunque con un sentido completamente novedoso. En la formulación de Shils, “populismo” no refería a un tipo de movimiento en particular, sino a una ideología que podía encontrarse tanto en contextos urbanos como rurales y en sociedades de todo tipo. “Populismo” para Shils, designaba “una ideología de resentimiento contra un orden social impuesto por alguna clase dirigente de antigua data, de la que supone que posee el monopolio del poder, la propiedad, el abolengo o la cultura”. Como un fenómeno de múltiples caras, tal “populismo” se manifestaba en una variedad de formas: el bolchevismo en Rusia, el nazismo en Alemania, el Macartismo en Estados Unidos, etc. Movilizar los sentimientos irracionales de las masas para ponerlas en contra de las élites: eso era el populismo. En otras palabras, “populismo” pasó a ser el nombre para un conjunto de fenómenos que se apartaban de la democracia liberal, cada uno a su modo. En las décadas de 1960 y 1970 otros académicos retomaron el término, en un sentido algo diferente, aunque conectado con el anterior. Lo utilizaron para nombrar a un conjunto de movimientos reformistas del Tercer Mundo, particularmente los latinoamericanos como el peronismo en Argentina, el Varguismo en Brasil y el Cardenismo en México. A pesar de que algunos de estos académicos valoraban positivamente la expansión de nuevos derechos para las clases bajas que había venido de la mano de estos movimientos, su tipo de liderazgo era el rasgo distintivo: era personal antes que institucional, emotivo antes que racional, unanimista antes que pluralista. En este sentido, se medían con la vara implícita de las democracias “normales” (es decir, liberales) del Primer Mundo. En eso, estos trabajos se conectaban con los de los académicos como Shils: implícitamente compartían una mirada normativa sobre cómo se suponía que debían ser y lucir las verdaderas democracias. Así, en el mundo académico el concepto de “populismo” mutó de un uso más restringido que refería a los movimientos de campesinos o granjeros, a un uso más amplio para designar un fenómeno ideológico y político más o menos ubicuo. Para la década de 1970 “populismo” podía aludir a tal o cual movimiento histórico en concreto, a un tipo de régimen político, a un estilo de liderazgo o a una “ideología de resentimiento” que amenazaba por todas partes a la democracia. En todos los casos, el término tenía una connotación negativa. Para complicar incluso más las cosas, el filósofo post-marxista Ernesto Laclau propuso un sentido más para nuestro término, completamente diferente a todos los anteriores. La influyente obra de Laclau planteó la necesidad de reemplazar la noción de “lucha de clases”, entendida como una oposición binaria fundamental que se generaba por la propia naturaleza de la opresión de clases, por la idea de que en la sociedad existe una pluralidad de antagonismos, tanto económicos como de otros órdenes. En tal escenario, no puede darse por sentado que todas las demandas democráticas y populares van a confluir como una opción unificada contra la ideología del bloque dominante. El plano político tiene un papel fundamental a la hora de “articular” esa diversidad de antagonismos. Y los discursos aquí son fundamentales, ya que son ellos los que “articulan” las demandas diversas, produciendo un Pueblo en oposición a la minoría de los privilegiados. Así entendido, el Pueblo es un efecto de la apelación discursiva que lo convoca, antes que un sujeto político pre-existente. En esta visión política, la articulación de un Pueblo en oposición al bloque dominante, es decir, el ordenamiento de una variedad de demandas en una oposición binaria, es fundamental para la “radicalización de la democracia” (una expresión que, para Laclau, tenía un sentido positivo). En uno de sus últimos trabajos, Sobre la Razón Populista (2005), Laclau utilizó el término “populista” para nombrar ese tipo particular de apelaciones políticas que recortaban un Pueblo en oposición a las clases dominantes. “El populismo comienza –escribió– allí donde los elementos popular-democráticos son presentados como una opción antagonista contra la ideología del bloque dominante”. Pero en verdad esa etiqueta no era indispensable. Laclau podría haber llamado al estilo específico de apelación política que le interesaba de otro modo, por ejemplo, “popular-democráticas” o alguna otra variante, en lugar de “populistas”. Pero el hecho es que decidió llamar a eso “populismo”, con lo cual, contrariamente a los académicos del pasado, le otorgó a ese término un sentido positivo. En su filosofía, el “populismo” era el nombre de la necesaria y esperada “radicalización de la democracia”. Como consecuencia de la propuesta teórica de Laclau, por primera vez algunos referentes e intelectuales de ciertos movimientos políticos (por caso el kirchnerismo en Argentina y Podemos en España) comenzaron a llamarse “populistas” a sí mismos, desafiando de ese modo el sentido común según el cual ser “populista” era algo malo. Y a su vez, eso alimentó a los liberales, dándoles más motivos para creer que existe una “amenaza populista” acechando la ciudadela de la democracia. El término “populismo” tenía entonces una dinámica expansiva ya en sus usos académicos. Pero al volverse de uso común, especialmente en las últimas dos décadas, se descontroló completamente. Casi cualquier cosas puede ser llamada “populismo” en la prensa de hoy. “Populista” se ha vuelto una especie de acusación banal que se lanza simplemente para desacreditar a cualquier cosa o adversario, buscando asociarlo así con algo ilegal, corrupto, autoritario, demagógico, vulgar o peligroso. Algunos gobiernos latinoamericanos que en los últimos tiempos no se alinearon con Estados Unidos o con el FMI son por supuesto los blancos preferidos. Venezuela, Nicaragua, Argentina, Bolivia, Paraguay, Ecuador y Brasil son o han sido atacados por la amenaza “populista” que proyectan sobre las democracias de la región. Y uno pensaría que ya entendió a qué se refiere el término, pero entonces comprueba que también Silvio Berlusconi –que no era ningún enemigo de los norteamericanos y mucho menos de los grandes empresarios– era un “populista”. ¿Y por qué? Para la revista The Economist, porque su gobierno se apoyaba en lazos de “patronazgo y corrupción” o, como otro comentarista argumentó, porque Berlusconi hablaba “en el lenguaje del hombre común de la calle”. Según el New York Times, en Europa es “populista” cualquiera que quiera poner límites a la migración interna o sea euroescéptico; con esos dos rasgos ya alcanza para ganarse el mote. El líder italiano Beppe Grillo es por supuesto un “populista” ya que critica al establishment político italiano. No importan las ideas que uno tenga en cualquier otro asunto: si uno habla como la gente común, si critica a Estados Unidos, si tiene problemas con el curso que está tomando la Unión Europea o con su establishment político local, uno es un “populista”. Y no importa si se trata de un izquierdista radicalizado o de alguien de extrema derecha. En Grecia, según nos informan, Syriza es por supuesto “populista”. Pero también lo son sus enemigos del movimiento neo-Nazi Amanecer Dorado. Las ideas de ambos grupos son totalmente opuestas en todas y cada una de las maneras posibles, pero sin embargo ambos se las arreglan para pertenecer a la misma familia política. Ambos son de “los populistas”. De toda esta proliferación de significados, uno creería al menos entender que, comoquiera que uno lo defina, el “populismo” es un fenómeno político. Pero sin embargo las cosas no son tan sencillas. Porque economistas como Rudiger Dornbusch y otros opinan que existe también un “populismo macroeconómico”, según el cual son “populistas” aquellos que tienen una mirada económica que “prioriza el crecimiento y la distribución del ingreso y no se preocupa suficientemente por los riesgos de la inflación y del déficit en las finanzas, por las limitantes externas y por las reacciones de los agentes económicos frente a políticas agresivas que afectan el mercado”. Este “populismo macroeconómico” parecería referir entonces a un tipo específico de políticas económicas. Y sin embargo, en los debates recientes cualquier tipo de comentario o idea que no sea total y completamente amigable hacia los empresarios recibe el mote de “populista”. La Cámara de Comercio de los Estados Unidos declaró recientemente que son “populistas” todos los que tratan de “eliminar el sistema de capital libre y abierto.” A Obama se lo acusó de serlo sólo por decir que le gustaría que los millonarios paguen un poquito más de impuestos. El Wall Street Journal llamó “populista” a Hilary Clinton porque dijo que el Congreso debería “enfocarse en la creación de empleo y en los ingresos de las familias de clase media”. Eso era todo lo que el diario necesitaba escuchar. De hecho, para ese períodico, la mera preocupación por el tema de la “desigualdad de ingresos” es síntoma de la enfermedad del “populismo” (porque los ingresos de cada cual son un asunto privado, claro). Bien entonces. El “populismo” es un fenómeno político y también económico. ¿Así sería? Lamentablemente la saga continúa. Porque a todo lo anterior hay que agregar la idea que presentó hace tiempo Jim McGuigan, adoptada luego por muchos otros, según la cual existe también un “populismo cultural”, que sería aquél que valoriza la cultura popular por sobre otras formas de cultura “seria”. Está visto: el “populismo” ha penetrado todas las áreas de la vida social. En todos estos usos variados, “populismo” parece poco más que un latiguillo que busca dar credibilidad conceptual a nociones más antiguas y menos sofisticadas, como “demagogia”, “autoritarismo”, “nacionalismo” o “vulgaridad”. Se utiliza con frecuencia simplemente para desacreditar ciertas ideas o decisiones de política económica heterodoxas, asociando a las personas o gobiernos que las llevan adelante a cosas desagradables, como el nazismo o la xenofobia. Para decirlo en otras palabras, “populismo” es un término que mete en una misma bolsa cosas que no pertenecen a un mismo conjunto y, al mismo tiempo, crea barreras mentales que nos impiden comparar cosas que son perfectamente comparables. ¿Por qué se agruparía bajo una misma etiqueta a los gobiernos sudamericanos que están construyendo la UNASUR y que en general tienen leyes benignas para la inmigración, con los xenófobos y racistas de la derecha euroescéptica? ¿Por qué aplicar impuestos a los ricos es “populismo” si lo hace un gobierno latinoamericano, pero sólo una medida “socialdemócrata” si lo hace Noruega? ¿Por qué las medidas económicas de Perón eran “populistas” pero el New Deal de Roosevelt –en el que Perón se inspiró– era apenas “keynesiano”? ¿Así que la corrupción y el patronazgo son rasgos populistas? ¿Entonces por qué en España lo son los muchachos de Podemos, pero no los corruptísimos del Partido Popular? Suele asociarse a Argentina con Venezuela como dos formas extremas de “populismo”. Pero en realidad, en términos de estilos políticos, arreglos institucionales y políticas concretas, el gobierno kirchnerista se parece más al del Frente Amplio uruguayo que al de Maduro. ¿Por qué entonces rara vez se dice que Uruguay forma parte de la “amenaza populista”? No hay motivo concreto, como no sea el hecho de que Uruguay continúa siendo un país amigable para los norteamericanos. “Populismo” se ha convertido en un término de combate profundamente ideologizado. Su valor como concepto para entender la realidad, si alguna vez lo tuvo, se ha extinguido. En los usos actuales, puede referir a una familia de ideologías, a una variedad de movimientos políticos, a un tipo de régimen, a un estilo de gobierno, a un modelo económico, a una estética o a un tipo particular de apelación política. Todo eso mezclado y sin ninguna claridad analítica. “Populismo” funciona obviamente como término peyorativo, orientado a desacreditar a quienes se lo aplica. Pero más importante que eso: se supone que las categorías con vocación taxonómica deben agrupar fenómenos sociales similares para hacerlos más comprensibles. No hay nada malo en ello –de hecho es algo fundamental –, pero a condición de que se agrupe a los fenómenos según los rasgos propios que posean. Como categoría taxonómica, “populismo” hace exactamente lo contrario. El único rasgo que comparten todos los fenómenos que son catalogados con esa etiqueta no es algo que son, sino algo que no son. Se los agrupa no por sus rasgos en común, sino simplemente porque ninguno de ellos (cada uno a su modo y por motivos diferentes) se corresponde con el tipo de movimientos, estilos, políticos o políticas que los liberales occidentales tienen a apreciar. En los debates actuales, “populismo” significa no mucho más que ser amistoso con la clase baja –sea en términos de políticas concretas o simplemente de manera discursiva– o tomar medidas (o tener “estilos”) que desagradan a las élites políticas, económicas o culturales. Porque, supongamos por un momento que manifestar cercanía hacia la clase baja fuera algo que se aparta de los ideales de las democracias “normales”, esto es, las que supuestamente dejan que el “pluralismo” oriente una negociación cordial de todos los intereses sociales, sin preferencia por ninguno. Y supongamos que tal desviación fuera tan importante que requiriera todo un concepto para nombrarla: no es “democracia” sino “populismo”. Aceptemos todo eso por un momento. ¿Cómo es entonces que no hay un concepto, una taxonomía específica, para nombrar la desviación opuesta, es decir, las ideas, actitudes, estilos o políticas que manifiestan cercanía con las clases altas y producen desagrado a las clases bajas? ¿Cómo es que tal apartamiento del ideal del pluralismo es simplemente una de las variantes aceptables de la democracia y no reclama una etiqueta especial que nos advierta sobre el peligro que implican? En la ausencia de respuesta a esas preguntas, la pretensión normativa del concepto de “populismo” queda perfectamente clara. Lo que quiero decir, en resumidas cuentas, es que “el populismo” no existe. No hay ninguna “amenaza populista” al acecho de nuestras democracias. De hecho, no hay una sino varias amenazas que pesan sobre la vida democrática. Y también existen varios modelos de democracia posibles. “Populismo” nos hace creer que este escenario complejo de múltiples opciones y diversos peligros en verdad es sencillo. Se trataría de un escenario dividido en dos campos claramente distinguibles: por un lado la democracia liberal (la única que merece ser llamada “democracia”) y por el otro la presencia fantasmal de todo lo que no se corresponde con ese ideal y, por ello, debe rechazarse de plano. En otras palabras, “populismo” nos invita a cerrar filas alrededor de la democracia liberal (es decir, una democracia de alcances limitados tal como gusta a los liberales) para combatir a un solo monstruo compuesto por todo lo demás, en cuyo cuerpo indiscernible conviven neonazis, keynesianos, caudillos latinoamericanos, socialistas, charlatanes, anticapitalistas, corruptos, nacionalistas y cualquier otra cosa sospechosa. Y el problema es que esa forma de razonamiento nos impide ver dos hechos fundamentales. Primero, que dentro de esa masa de elementos “populistas” hay algunos que definitivamente son una amenaza a la democracia, pero también ideas, experimentos políticos y organizaciones que tienen el potencial de ofrecer formas mejores y más sustantivas de democracia para las sociedades modernas. Y segundo, que el propio liberalismo, con sus valores individualistas, su ethos productivista y su compromiso irrestricto con los intereses de los empresarios es, de hecho, una de las mayores amenazas que corroen las democracias actuales. Si te gusto la nota o querés ver más info o videos podés pasar por:http://escabullidos.over-blog.com Gracias por pasar!

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Ciencia, salud y anticapitalismo
InfoporAnónimo8/14/2015

Se insistió en que el papel de la ciencia debe ser precautorio, sobre todo ante la irresponsabilidad de las grandes empresas. En Brasil, por ejemplo, las malezas resistentes –por el abuso de agrotóxicos– ya suponen 10 por ciento de los costos de producción, cuando... Las alternativas al capitalismo en áreas como la educación, la producción y la salud se expanden y comienzan a involucrar a nuevos sectores sociales. A las tradicionales prácticas por fuera del sistema que caracterizan a los pueblos indígenas y a los campesinos se van sumando sectores urbanos, tanto en las periferias de las grandes ciudades como entre profesionales de la salud y la educación. La Semana de la Ciencia Digna en Salud, organizada por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, entre el 15 y el 19 de junio, es un buen ejemplo de cómo la resistencia al modelo extractivo abre espacios por donde comienzan a aparecer prácticas emancipatorias. La semana conjugó cinco encuentros: de salud socioambiental, de formación docente, de comunicación y construcción de la ciencia, un foro estudiantil y el primer encuentro de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad en América Latina. En números, hubo más de 70 actividades, se presentaron 110 trabajos académicos y cuatro libros, hubo 113 disertantes, científicos de nueve países y cientos de estudiantes, profesionales y miembros de movimientos sociales. El encuentro fue posible por la conjunción de dos movimientos: las organizaciones sociales que resisten a la minería y los monocultivos de soya, corazón del modelo extractivo, y los profesionales y estudiantes que, desde sus lugares, no sólo apoyan esas luchas sino que se involucran como militantes. El encuentro comenzó el 16 de junio, por ser la fecha del nacimiento del científico Andrés Carrasco, referente de la resistencia a los transgénicos por su rigurosidad académica y su compromiso con los afectados. Fue jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la UBA e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (Conicet). En 2009 advirtió que el glifosato producía malformaciones en embriones anfibios, por lo que enfrentó una campaña de desprestigio de las empresas, la academia y funcionarios del gobierno. Sostuvo que las pruebas sobre los efectos de los agrotóxicos no había que buscarlas en los laboratorios, sino en las comunidades fumigadas. Falleció en mayo de 2014, semanas después de participar en la escuelita zapatista y hoy es un símbolo de la lucha contra el extractivismo. La primera declaración de los científicos comprometidos le rinde homenaje al destacar que el quehacer científico debe desarrollarse de una manera éticamente responsable. Durante la semana se presentaron trabajos por médicos, bioquímicos, genetistas, docentes y miembros de movimientos sociales, sobre una amplia gama de temas. Se insistió en que el papel de la ciencia debe ser precautorio, sobre todo ante la irresponsabilidad de las grandes empresas. En Brasil, por ejemplo, las malezas resistentes –por el abuso de agrotóxicos– ya suponen 10 por ciento de los costos de producción, cuando el modelo de agricultura industrial lleva menos de dos décadas funcionando. El análisis sobre los mosquitos transgénicos para combatir el dengue, y la falta de estudios sobre sus consecuencias, fue uno de las ponencias más interesantes, así como la exposición sobre la resistencia a los antibióticos presentada por una coalición de centros de estudio, universidades y ONG. El ex decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca y coordinador regional del Programa de Acción frente a la Resistencia a los Antibióticos se mostró preocupado por la invisibilidad de este problema, quizá porque afecta a los sectores más vulnerables, a los niños, a los recién nacidos y a la población económicamente desfavorecida. La Facultad de Medicina de Rosario adoptó los campamentos sanitarios, un dispositivo creado en el año 2010, como evaluación final integradora del ciclo de práctica final de la carrera de medicina, que integra evaluación, investigación, docencia y extensión, según lo define Damián Verzeñassi, responsable académico de esa materia e inspirador de la experiencia. Los campamentos son la mejor expresión de la alianza entre movimientos populares y científicos. Durante una semana una cohorte de 90 a 150 estudiantes se instalan en un pueblo de menos de 10 mil habitantes de la provincia de Santa Fe, rodeados de monocultivos. Duermen en colchones en el suelo en escuelas o polideportivos, encuestan a la población en sus viviendas, casa por casa, para construir un perfil sanitario de la población. Durante la semana hacen talleres de promoción de salud y prevención de enfermedades en las escuelas primarias y secundarias, en las plazas y centros sociales. Los docentes evalúan a los estudiantes y luego convocan a todo el pueblo para hacer la devolución de los resultados. Los 21 campamentos realizados en cinco años les permiten comparar los resultados de las diferentes comunidades, fijando la atención en la evolución de las enfermedades en los últimos 15 años. Los datos obtenidos son escalofriantes: Ha existido un crecimiento del cáncer que oscila entre cuatro veces y media y hasta siete veces más que en el primer quinquenio, asegura Verzeñassi. Lo que hay en común en esos pueblos, donde abundan además abortos espontáneos y nacimientos con malformaciones, es que están en el medio de las áreas de producción agroindustrial con agroquímicos. Los campamentos sanitarios han reforzado a los pobladores y organizaciones que resisten las fumigaciones, la práctica más perniciosa del modelo, pero también han abierto las puertas para cambios en la cultura médica, al punto que algunos licenciados eligieron vivir en pueblos fumigados luego de pasar por los campamentos. Las alternativas al capitalismo no nacen ni en las instituciones estatales ni en el centro del escenario político sino, como toda creación cultural y política, en los márgenes, lejos de las relaciones sociales hegemónicas y de los reflectores mediáticos. Es creación y lucha: se resiste y se lucha para no morir; se crean los mundos nuevos para no repetir lo viejo. Si te gusto la info y querés ver más notas o videos podés pasar por:http://escabullidos.over-blog.com Gracias por la visita!

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Mutamos Segun Nuestros Pensamientos -
InfoporAnónimo8/8/2015

Nuestros pensamientos determinan nuestro estado de Salud , somos los unicos responsables del destino de nuestras Vidas en todos sus aspectos . Esto nos da la Libertad de decidir que elegimos para nuestra vida , que estado de salud , de prosperidad , etc[/size link: https://www.youtube.com/watch?v=Jb3IfDaWaSU Ciertamente nuestra vida diaria está llena de pequeños acontecimientos que muchas veces podemos llegar a convertir en episodios traumáticos si no tenemos el control de nuestros pensamientos y una forma de lograrlo es darnos cuenta qué es lo que estamos pensando, si es positivo o no y si es útil gastar nuestra energía en ese pensamiento. Nuestro mayor indicador será el estado emocional que genera ese pensamiento. Nuestra mente es poderosa y hace fielmente lo que le indicamos. Es obediente, ágil, rápida y tiene una excelente memoria, es tan así que puede llegar a producir efectos en el organismo con sólo imaginar o pensar en algo que puedas hacer. Te pido que imagines por un momento que vas a la cocina de tu casa, abres la puerta de la nevera o heladera y sacas un limón, cortas el limón y lo llevas a tu boca para dejar caer unas gotitas en tu lengua ¿qué pasó? ¿Inmediatamente sentiste que salivaste? Te diste cuenta que con hacer este pequeño ejercicio ya tu organismo experimentó sensaciones. Y lo más interesante es ¿dónde está el limón? Tu lo imaginaste! Esto es una prueba de lo que podemos experimentar a diario en nuestro organismo cuando constantemente creamos y recreamos situaciones en nuestra mente. Está comprobado científicamente que la alegría y la felicidad, así como la risa ocasionan impulsos eléctricos en el cerebro que liberan hormonas que fortalecen nuestro sistema inmunológico. Del mismo modo la ira, el resentimiento y el odio provocan la liberación de hormonas que agotan el sistema inmunológico natural. Es momento que empieces a tomar conciencia de cuáles son tus pensamientos y la manera de cómo influyen en tu cuerpo. Te invito a reflexionar en lo siguiente ¿Quién dirige tus pensamientos? ¿Tú o tus vivencias? Un pensamiento genera una emoción y de inmediato va a producir en ti un comportamiento. Tú eliges tus pensamientos. Analiza si te están ayudando en tu vida para sentirte bien. Recuerda que pensamientos de rabia, rencor y miedo van a afectar tu organismo desgastándolo y produciendo enfermedades. Pensar lo mejor en cada situación te va a ahorrar mucho desgaste emocional. Si logras controlar tus pensamientos negativos, tus comportamientos cambiarán. Tenemos una mente extraordinaria con una habilidad increíble para aprender. Piensa cuantas cosas has logrado gracias a los pensamientos positivos que has tenido. Tú decides si cada día estará lleno de buenos pensamientos y buenas sensaciones, tu cuerpo te lo agradecerá, le darás bienestar y te sentirás más saludable. Más allá de las circunstancias ten presente que el poder siempre está dentro de ti. “Nuestro cuerpo es nuestro jardín, y nuestra voluntad es el jardinero” William Shakespeare Si te gusto el video y querés ver más pasá por: http://escabullidos.over-blog.com Gracias por pasar!

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El populismo atenta contra la sofisticación del pensamiento
El populismo atenta contra la sofisticación del pensamiento
InfoporAnónimo8/17/2015

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La globalización capitalista es patológica
InfoporAnónimo9/15/2015

En todas partes del mundo hay búsquedas de otras vías. En América Latina hace tiempo que se está buscando una manera de separarse de la modernidad occidental sin rehacer la tradición. Un ejemplo es la manera cómo gobierna Evo Morales. No veo nada nuevo por el momento.[/b] El naufragio de la identidad francesa y los triunfos del capitalismo rampante centran las preocupaciones de este influyente pensador francés. Definitivamente polémico, Alain Badiou (Rabat, 1937) no ha dejado de nadar en las aguas de la actualidad. Discípulo de Louis Althusser, su teoría del sujeto, expuesta en su libro más conocido, El ser y el acontecimiento, sostiene que las matemáticas son la verdadera ontología. Como filósofo ha analizado también temas tan diversos como el bienestar y el amor, así como la crisis de la democracia representativa en Francia . Pregunta. En su último libro, A la recherche du réel perdu (A la búsqueda de lo real perdido; Fayard, 2015), afirma que hemos llegado no tanto al final de la historia de Fukuyama como a la convicción de que el capitalismo es el único sistema posible. Respuesta. Pienso que la alternativa al capitalismo sufrió un fracaso histórico y que la tentativa de organizar la economía sobre bases colectivistas y nacionalizar el sector privado dio como resultado construcciones fracasadas como la del Estado soviético y China. Ese es el principal argumento del capitalismo hoy día. Se nos dice sin cesar: “Ya ven, aquello nos condujo a cosas terribles”. Y han logrado convencernos. Es como si nos encontrásemos en pleno siglo XIX, es decir, en una época en la que podemos imaginar otra vía, podemos proponerla, pero carece de una imagen concreta. Si en la Guerra Fría estábamos entre dos mundos, ahora vivimos en un mundo unificado por el mercado. No es el fin de la historia, sino un estado intermedio en el que habrá que reconstruir una alternativa, como hicieron los militantes y pensadores del XIX. Es un proyecto. P. ¿Una crisis de civilización? R. Sí, porque la mundialización capitalista es patológica y la gente parece incapacitada para oponer resistencia. P. ¿No encuentra cierta reacción en América Latina? R. En todas partes del mundo hay búsquedas de otras vías. En América Latina hace tiempo que se está buscando una manera de separarse de la modernidad occidental sin rehacer la tradición. Un ejemplo es la manera cómo gobierna Evo Morales. No veo nada nuevo por el momento. No son propuestas sólidas y pueden ser vencidas con facilidad. En Francia también asistimos a la promesa de Mitterrand, quien nacionalizó bancos y empresas, hizo algunas innovaciones, pero no fue realmente “otra vía”, sino un paquete de reformas positivas e interesantes dentro de un sistema financiero existente. La modernidad está sobre todo bajo el dominio del capitalismo occidental. Y la crisis de nuestra civilización, que es positiva, surge de un enfrentamiento entre la modernidad y la tradición. No tengo duda de que de ella saldrán cosas nuevas. P. En aquellos países en los que no se ha respetado la tradición parece lógico que esta se busque con anhelo… R. No me opongo a ello en los lugares donde la tradición ha sido aplastada o dominada por cierto deseo de Occidente. Aunque tarde o temprano en esos países será necesario inventar una modernidad propia. P. ¿Menos eurocéntrica? R. Seguro. P. ¿Qué diagnóstico hace sobre Francia ? R. Es una gran potencia imperial que se opaca y que necesita inventar una nueva cultura política. No hay que olvidar que parte del brillo procede del mito de la Revolución Francesa. P. ¿Qué impide que se renueve? R. No es que esté impedida o sea incapaz, es que hay una crisis simbólica, cultural e ideológica a escala planetaria. Sobre todo en Francia , porque ha sido una gran potencia cultural. P. A propósito de crisis simbólica, ¿no tiene la impresión de que hay una narración histórica que se ha roto? R. Creo que podemos seguir escribiendo la historia como la hemos entendido siempre, con un hilo causal: la historia de nuestro tiempo es la de la hegemonía del capitalismo globalizado. Cuando Marx hablaba del mercado mundial, no era nada comparando con lo que es ahora. Cuando Marx hablaba del enfrentamiento de los grandes grupos industriales, comerciales o bancarios, no era nada en comparación con el que hay en la actualidad. Incluso sobre la concentración del capital: hoy sabemos que el 1% de la población mundial posee la mitad de recursos disponibles. Las categorías marxistas como descripción, y no como modelo político, se han estado actualizando en su dialéctica. P. ¿No es una síntesis demasiado racional para estos tiempos tan imprevisibles? R. A mí me da la impresión de que hay más bien un defecto de razón. Culpabilizar al otro (ya sea árabe o inmigrante) de lo que nos sucede denota mucha más superstición que razón. P. ¿Qué piensa de esa Francia zombi que describe Emmanuel Todd en su libro ¿Quién es Charlie? R. Coincido con él en que se produjo una manipulación y una instrumentalización políticas del drama que se vivió, aunque discrepo cuando trata de explicar la modernidad apoyándose en la tradición. Él piensa que una tradición muerta, “el catolicismo”, es la que determina los comportamientos y las conciencias de las personas. En parte es verdad; hay una burguesía católica que se rige aún por las categorías morales tradicionales. Lo hemos visto con las manifestaciones contra el matrimonio igualitario, que son manifestaciones de adhesión a la tradición religiosa. Sin embargo, por otro lado, es evidente que piensan que están en la modernidad y se produce una aceptación del orden establecido, de este capitalismo global, convencidos de que nada puede cambiar. Hay pasividad y resignación. P. ¿Cómo se explica esta pasividad? R. Esa pasividad es consecuencia del sistema dominante. Pero hay formas de resistir: la poesía, el arte… P. ¿No es algo que se está quedando caduco? R. No se crea. Ahora lee más gente que en los siglos XVIII o XIX, cuando era un hecho restringido a las clases dominantes. P. ¿Cree que aún soñamos con el futuro? R. Más bien tenemos pesadillas sobre la destrucción del mundo. Eso es lo que se vende. P. Y en medio de este panorama, ¿qué queda del sujeto independiente? R. Conviene distinguir entre los conceptos de individuo y de sujeto. Individuo son los animales que hablan, pero sujeto es otra cosa, es aquel que decide. Freud, en su libro Malestar en la civilización, sabía que la sociedad mercantilizada representaría un problema para la civilización. El psicoanálisis sublima los intereses inmediatos, y si solo nos movemos por intereses egoístas, es difícil asumir ningún pacto colectivo y razonable. Es lo que está sucediendo. Si te gusto la nota y estás interesado en más info o videos enttrá a: http://escabullidos.over-blog.com Gracias por la visita!

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