JOHN_FANTE
Usuario (Argentina)

Los economistas, me refiero a aquellos a quienes importan las condiciones de vida y el desarrollo económico no como simples indicadores de un estado de salud de la economía sino porque están identificados con los problemas de la mayoría de la población y resueltos a solucionarlos, trabajan sus ideas en distintos niveles temporales. El análisis diario de la coyuntura y la formulación y el seguimiento de las políticas económicas para resolver sus desajustes no bastan. Es necesario también tener una perspectiva del mediano y el largo plazo, creando las bases teóricas y técnicas que permitan dar curso a metas que superan nuestro tiempo. A su vez, abordar la actualidad es al mismo tiempo cargar con una mochila con los temas irresueltos de nuestra vida anterior, pueblos e individuos incluidos. Como señala Fernand Braudel, economía e historia confluyen en el hecho de que más allá de los ciclos hay lo que se denomina la tendencia secular. Keynes dio un ejemplo en su artículo de 1930, “Perspectivas económicas para nuestros nietos”. Parecía una locura plantear ese problema en medio de una crisis y, sobre todo, como él mismo lo sostenía “en el momento preciso de un grave acceso de pesimismo económico”. Ser optimista cuando las cosas van bien es sencillo, así como también hundirse en la depresión cuando van por un camino contrario a nuestros deseos. El economista inglés sostenía que con la crisis predominaba en la gente el sentimiento de que la era de los grandes progresos del siglo XIX se había terminado mientras que la nueva década que se venía iba a producir una disminución de la prosperidad más que un acrecentamiento de ella. Y respondía que si bien esto podía ser cierto, la evolución de la sociedad en el largo plazo iba a librar finalmente al hombre de sus problemas económicos. Por eso, la economía era un simple asunto de especialistas y si los economistas fueran más humildes, considerándose igual “que los dentistas”, sería “maravilloso”. Por un lado, sobreestimaba a sus colegas achicando la índole de los problemas que debían tratar y, por otro, los subestimaba considerándolos simples técnicos. En verdad, él mismo trabajó arduamente para tratar de entender y superar la crisis de los tiempos que le tocó vivir, pero no lo hizo como un técnico, sino como un humanista. Desde sus primeros escritos, como en su crítica al Tratado de Versalles que abriría el camino que llevaría de la Primera a la Segunda Guerra Mundial, se observa una mirada del largo plazo que lo hizo dedicarse a la economía no como un fin en sí mismo, sino como un medio para desembarazarse de ella. Así también reconocía en la ambición humana, a la que odiaba, un mero medio para que algún día las necesidades estuvieran cubiertas y los hombres pudieran dedicarse a gozar de la vida. Sin embargo, en ese mismo ensayo dedicado a sus presuntos nietos, que nunca tuvo, mostraba lo ridículo de esa ambición ejemplificándolo con un diálogo de una novela de Lewis Carroll. En ella un sastre le había ido a cobrar a su cliente, un profesor, dos mil libras por un traje que le había hecho. El profesor le sugirió, como para hacerle un favor, si no prefería esperar un año y cobrar cuatro mil libras, con el interés que podría agregarle. Entonces el sastre no lo pensó mucho y se fue sin recibir el pago. La moraleja es que una niña que estaba junto al profesor y había escuchado todo le preguntó a éste si verdaderamente pensaba pagarle. “Jamás en la vida”, le dijo, “él va continuar tratando de duplicar la cantidad cada año hasta su muerte. Siempre vale mejor esperar un año más y recibir el doble”. Recuerdo, como un ejemplo distinto, el final de una película del gran cineasta polaco Andrzej Wadja, cuando a unos amigos inescrupulosos que tenían una industria se les quema la fábrica que habían instalado con el trabajo de muchos años y se ponen contentos porque ahora podían comenzar todo de nuevo. Creo que Wadja pensaba que lo fundamental en la vida no era el fin ya obtenido, sino el proceso de obtención de ese fin. La posibilidad de un nuevo comienzo constituía seguramente el motivo que explicaba la actitud de los protagonistas de su película. En algo coincidía con Keynes, para quien el amor del dinero como objeto de posesión debía considerarse como un estado mórbido, más bien repugnante. Por eso juzgaba que según “el comportamiento y los éxitos de las clases ricas de hoy en cualquier región del mundo, la perspectiva que los espera (cuando no existan más las restricciones económicas) era muy deprimente”. Y señalaba también que en ese caso, “la vida sólo sería soportable para aquellos que hagan el esfuerzo de dedicarse a cantar. ¡Por qué cuán raros son aquellos que entre nosotros saben cantar!”. El marco internacional depresivo en el que estamos viviendo es similar al que vivió Keynes, con la diferencia que ahora los países ricos, los más afectados, no parecen haber aprendido nada de experiencias pasadas (la de los ’30 que llevó a una guerra mundial y la de los ’70) y la actual depresión va a seguir su curso con más fuerza aun, al menos por un largo período. Sin embargo, esto implica para las naciones emergentes una oportunidad, como las que tuvieron en las crisis anteriores y no pudieron aprovechar. En la posguerra, porque el mismo hecho bélico reforzó productivamente a los Estados Unidos y le ofreció en bandeja de oro una demanda completamente elástica por parte de los países destrozados por la guerra. En los años ’70 porque las naciones desarrolladas para recuperar sus pérdidas descargaron la crisis, con un masa impresionante de eurodólares y petrodólares, sobre el mundo periférico, el que después tuvo que pagar los costos de la fiesta. Ahora existe otra oportunidad histórica para que países en desarrollo puedan aprovechar su propia tendencia ascendente profundizando el camino emprendido en los últimos años, inverso al del otrora “Primer Mundo”. Allí predominan políticas de ajuste que, como en el caso de nuestra propia crisis de 2001-2002, los pueblos no soportarán por mucho tiempo más. Eso será cuando el colchón de los desgastados Estados de Bienestar termine de perder todo su relleno. En nuestro caso no había ni siquiera ese colchón. En los últimos años el nuevo rumbo en la política económica y social del gobierno argentino, con aciertos y errores, fue generando transformaciones profundas que llegaron para quedarse, pero que fuerzas internas y externas opuestas pueden frenar o deteriorar. La idea es la de clarificar ciertas metas necesarias para una próxima etapa, sea o no posible aplicarlas de inmediato. Para lo cual sería necesario adoptar como ejercicio permanente una mirada económica de mediano y largo plazo y realizar estudios de prospectiva incorporando a nuestras universidades e instituciones científicas y tecnológicas al análisis y desarrollo de grandes proyectos nacionales. La visión de Keynes, como la de Marx, Smith, Ricardo y otros economistas de la misma talla nunca fue de coyuntura. Ellos miraban el mapa del mundo desde una perspectiva estratégica. Smith y Ricardo montados en la revolución industrial y en un imperio que estaba forjándose. Marx en la llegada al poder de los sometidos que marcarían el fin de la historia. Keynes considerando al capitalismo como un mal necesario para llegar a un mundo donde no habría más necesidades económicas. Pensaban más en sus nietos que en ellos mismos.
Hoy en día, tal como están las cosas, los que tenemos la suerte de tener un salario, comprobamos como disminuye mes a mes… y gracias. Nos vamos a dar un paseo por la antigua Roma, y gracias al Edicto de Precios Máximos o el Edicto de Diocleciano, vamos a ver qué salarios recibían algunas profesiones y a qué precios tenían que hacer frente. Pergamino del edicto ]Cayo Aurelio Valerio Diocleciano Augusto, para los amigos Diocleciano, nació en el seno una familia humilde y fue escalando puestos en la jerarquía militar hasta convertirse en el comandante de la caballería del emperador Caro. Tras la muerte de Caro y de su hijo Numeriano, Diocleciano fue aclamado emperador por el ejército y gobernó desde el 20 de noviembre de 284 hasta el 1 de mayo de 305. Durante lo segunda mitad del siglo III el Imperio Romano sufre una grave crisis -crisis imperial- alimentada por las guerras civiles, las luchas por el poder, la presión de los bárbaros, la peste y una profunda depresión económica agravada por los caprichos monetarios (acuñando moneda propia) de los codiciosos emperadores. En 301, para poner un poco de orden, Diocleciano decide promulgar el Edicto de Precio Máximos para estabilizar la moneda y atemperar la grave crisis económica. El cumplimiento del edicto era obligatorio en todo el Imperio y, además, fijar precios superiores estaba penado con la muerte. Esto son algunos de los precios y salarios, en denarios, que se fijaron en el edicto: Salarios: Trabajador agrícola - 25 al día Carpintero o albañil – 50 al día Pintor (brocha gorda) – 75 al día Pintor (de cuadro) – 150 al día Tejedor de lana – 175 por manto Panadero – 50 al día Construcción de barcos, fluviales y marítimos – 50 y 60 al día respectivamente. Arriero – 25 al día Barbero/peluquero – 2 por persona Limpiador de cloacas - 25 al día Escriba, para mejorar la escritura – 25 por cada 100 líneas. Redacción de peticiones o documentos públicos – 10 por cada 100 líneas. Maestro: desde 50 al mes por alumno para los de niños hasta 250 al mes por alumno para los de Retórica. Legionario medio – 15.400 al año incluido el valor del trigo que recibían al año. Guardia Pretoriana – 19.000 al año incluido el trigo. Precios La medida de peso es el Modio que equivale a 8.75 kg Trigo, un modio – 100 Cebada y centeno, un modio – 60 Lentejas, un modio – 100 Sal, un modio – 100 Judías, un modio – 100 Arroz, un modio – 200 Vino, como un Rioja o Ribera del Duero, un sextarius (1/2 litro) – 30 Vino de mesa o de la casa, un sextarius – entre 8 y 16 Cerveza gala, un sextarius - 4 vendria a ser como la Stella artois Cerveza egipcia, un sextarius – 2 Miel, como la de la Alcarria, un sextarius – 40 Aceite de oliva, un sextarius – 40 Carne de cerdo o de venado, una libra (326 gramos) - 12 Carne de vaca, una libra – 8 Un pollo – 60 Un faisán – 250 Pescado de mar, una libra – entre 16 y 24. Para los de río, un libra – entre 8 y 12 Pescado salado, una libra – 6 Mantequilla, una libra – 16
La intencionalidad Editorial Entender la naturaleza de los medios constituye un paso importante para asumir el estudio de los mismos desde de una visión totalizadora, que contemple la relación dialéctica entre los dos componentes fundamentales del proceso periodístico: la Objetividad, entendida como referencia a hechos susceptibles de ser confirmados y contrastados a través de diferentes tipos de fuentes; y la Parcialidad, entendida como la toma de posición de cada medio frente a esos mismos hechos. En ese sentido, sostenemos que las producciones periodísticas son parciales (reflejan tomas de partido a favor o en contra de determinados intereses de clase o grupos) y tienen como objetivo final la creación de sentidos comunes hegemónicos. La mayor o menor eficacia de esas operaciones dependerá del éxito con que las parcialidades sean presentadas y aceptadas como parcialidades universales y para ello todo sistema de producción periodística apela al “mito de la objetividad”, en el sentido de presentar a la misma asociada con una parcialidad específica. Conceptos a tener en cuenta • Hegemonia • Poshegemonia Concepto de Hegemonía según Gramsci Según ese concepto, el poder de las clases dominantes sobre el proletariado y todas las clases sometidas en el modo de producción capitalista, no está dado simplemente por el control de los aparatos represivos del Estado, pues si así lo fuera dicho poder sería relativamente fácil de derrocar (bastaría oponerle una fuerza armada equivalente o superior que trabajara para el proletariado); dicho poder está dado fundamentalmente por la "hegemonía" cultural que las clases dominantes logran ejercer sobre las clases sometidas, a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. A través de estos medios, las clases dominantes "educan" a los dominados para que estos vivan su sometimiento y la supremacía de las primeras como algo natural y conveniente, inhibiendo así su potencialidad revolucionaria. Así, por ejemplo, en nombre de la "nación" o de la "patria", las clases dominantes generan en el pueblo el sentimiento de identidad con aquellas, de unión sagrada con los explotadores, en contra de un enemigo exterior y en favor de un supuesto "destino nacional". Se conforma así un "bloque hegemónico" que amalgama a todas las clases sociales en torno a un proyecto burgués. Poshegemonía Teniendo en cuenta que la hegemonía se instaura a menudo mediante un conflicto entre ideologías mayoritarias y minoritarias en el que el eje es la persuasión dialéctica, cuando este proceso culmina con el dominio de una ideología sobre otras, comienza a desarrollarse un periodo de instauración paradigmática entendido como «poshegemonía» en el que la persuasión pasa a un discreto segundo plano, ya que no hace falta convencer, sino controlar y mantener la ideología dominante, es decir: reproducir en los sectores sometidos el modelo establecido. Las personas que viven en el periodo poshegemónico han interiorizado el discurso y las prácticas de la ideología dominante (marco cultural), y las han integrado en su repertorio comportamental en los planos conductual, emocional y cognitivo (construcción simbólica de la identidad individual). Diferencias entre noticias y editoriales Que es una editorial? Artículo de fondo sobre un tema relevante de actualidad. El texto está redactado de forma impersonal y con seriedad. Esta última instancia invita a la reflexión. El responsable de la opinión vertida es el diario, independientemente de las personas que lo redacten. Es decir, carece de firma y refleja la ideología del diario. No siempre tiene un receptor amplio. Muchas veces, se hacen pensando en los lectores; como podrían ser determinados sectores de la opinión pública (líderes de opinión, grupos de presión,...) Consta de una estructura predeterminada. Presentación del personal del periódico y el propio editorial. Aunque predomina el carácter argumentativo, también se encuentran partes expositivas. Su principal objetivo es formar la opinión sobre un tema destacado. Que es una noticia? Es un relato de un acontecimiento de actualidad, que despierta el interés del público. El periodista tiene la responsabilidad de relatar con la mayor objetividad y veracidad posible como se ha producido ese acontecimiento. Tiene unas funciones claramente delimitadas y el periodista tiene que cumplirlas con el mayor rigor profesional. Cómo detectar el Sesgo de los Medios 1.) Interpretar los eventos desde la perspectiva de múltiples puntos de vista. 2.) Encontrar múltiples fuentes de pensamiento e información y no simplemente aquellos de los medios masivos. 3.) Identificar los puntos de vista embebidos en las historias de las noticias. 4.) Reescribir mentalmente (reconstruir) las historias de las noticias a través de la concientización de cómo se cuentan las historias desde múltiples perspectivas. 5.) Evaluar la claridad, certeza, relevancia, profundidad, amplitud y significancia de las historias de las noticias. 6.) Identificar contradicciones e inconsistencias en las noticas (frecuentemente en la misma historia). 7.) Identificar a que orden e intereses sirve la historia. 8.) Identificar los hechos cubiertos y los ignorados en una noticia (No hay hechos simples sino formas simples de contarlos). 9.) Identificar los puntos de vista sistemáticamente presentados en un aspecto favorable y aquellos presentados en aspecto no favorable. Estas son algunas de las habilidades que los lectores críticos de las noticias desarrollan. Para tener dominio sobre el modo en que los medios masivos influyen sobre tu pensamiento acerca del mundo, tenes que aprender a verlo más allá de sus sesgos, solo entonces podrás llegar a conclusiones bien razonadas. COMENTARIOS QUE DESVIRTUEN SE ELIMINAN