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JorgeHincapi

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Primer post: 23 abr 2018Último post: 23 abr 2018
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Sacrificio humano en tribu colombiana
Ciencia EducacionporAnónimo4/23/2018

Quisiera hacer algunas aclaraciones antes de seguir redactando este documento, el suceso en partícular que voy a narrar es verídico, ocurrió y no es mi intención crear expectativas al rededor de esto, fue algo que ocurrió y se resolvió hace doce años. En agosto del 2006 hasta energo 2017. Mi objetivo no es conseguir puntos ni nada por el estilo, pero me encantaría que leyeran mi "reportaje" completo, por lo menos aquellos interesados, me daré el lujo de extenderme para no caer en el amarillismo de contar solamente el suceso principal. El artículo es hecho basándome en escrito de hace una década y lo que recuerdo, lo mejor posible. Todo el asunto empezó luego de mi promoción de último año escolar, con 18 años recien cumplidos y en la época en la que crees que tus padres tienen la obligación de llevarte cargado por la vida. Por problemas internos familiares supongamos que tuve una época rebelde y ahora tiempo después admito que lo que eso conllevó fue irresponsable, no me arrepiento porque pocas personas pueden darse el lujo de contar una historia tan fascinante. Pero a veces aún hoy, recuerdo los sucesos de ese día. Una de mis pasiones de toda la vida ha sido la escritura y tuve la suerte de conocer a una muy buena profesora de castellano, esta mujer, tal vez rondando los cincuenta inspiraba el amor por la lectura. Una vez terminado el año escolar seguí en contacto con ella para pedirle consejos sobre un libro que pensaba escribir (que nunca hice) y una cosa llevó a la otra hasta el punto de ella proponerme ir junto con ella a una expedición de caridad. Como buena profesora lingüistica ella hablaba un poco el dialecto emberá (aunque este tiene muchas variaciones) y estaba en una misión para enseñarle a los niños emberá a hablar castellano, según ella hacía esa misión una vez cada cierto tiempo y era su quinta vez. -¿Por qué me invitó a mi?-. No tengo idea, pero como dije antes, era una época de problemas familiares y rebeldía, le dije que si al instante y en cuestión de dos meses, a mediados de enero ya estaba montándome en un bus rumbo al Cauca. Recuerdo muy bien la conversación antes de ir al terminal, me contó los posibles peligros y todos los inconvenientes que podríamos tener, dejó para el último el dato más importante y este fue que nos dirigíamos a una zona fuertemente azotada por la guerrilla, ya sean las Farc o el ELN Colombiano. Se llamaba La Naya y que según ella no debía sentirme alarmado si paraban el bus para hacer una inspección. (sabrá dios cuál era el objetivo) pero a mi siempre me pasó por la cabeza un posible secuestro o un reclutamiento forzado. Tuve que conseguir cierta cantidad de dinero aunque no era mucha y salí sin decirle nada a mis padres salvo que me iría a Armenia a visitar a familiares de parte de mi padre (familiares que no tienen contacto con la familia materna) fue la excusa perfecta porque aunque tenía 18 aún era el mantenido y por ende estaba a la merced de mi familia. El viaje hacia el Cauca no fue nada del otro mundo, tuve miedo en varias partes del trayecto pero no hubo actividad de la guerrilla afortunadamente. Cuando llegamos a Popayán luego de un viaje de ocho horas dormimos en un hostal de la zona, bastante barato recuerdo. Imaginé que al día siguiente saldríamos de la zona pero no fue así, esperamos un día más hasta que llegara el siguiente grupo de misioneros entre ellos una profesora de matematicas y dos turistas cristianas de sabrá dios dónde. En esa época yo no tenía ni cámara ni celular con cámara pero ellas si (aunque no serviría de nada luego). Nos conocimos a medias luego de un almuerzo y nos fuimos hasta Naya en bus, nos dejó en medio de la nada y al cabo de unas horas pasó un "jeep" que nos llevó hasta el pueblo emberá. Como dije arriba, de nada servirían las cámaras porque al llegar al puesto de control (un cambuche mal armado de madera y plástico) nos quitaron los aparatos tecnologicos y supuestamente nos los devolverían al salir (les adelanto que no nos devolvieron nada y perdí un nokia a blanco y negro)de aquí en adelante recuerdo bien que fue como entrar en otro mundo, en un mundo alejado de la televisión, de las redes, de la conectividad en general. Llegamos a una supuesta aldea y nos recibió una mujer mostrando los senos y pintada con tribales, el estereotipo completo de indígena, a su alrededor habían otras mujeres de todas las edades de la misma forma, con faldas y sin blusa, con varios adornos encima de pepitas de colores. No habían hombres, ni uno solo, salvo niños y los que portaban fusiles en el puesto de control. Bueno estuvimos la tarde entera en una casa común y corriente, de ladrillo y con ventanas, esperando a un tipo que nos daría (o no) permiso de quedarnos. Ese día aproveché para hablar (lo mejor que pude) con las monas que venían con la profesora de matematicas. Eran de Escocia y estaban en un paseo turístico. No pudimos hablar más porque yo de inglés en esa época sabía apenas lo necesario. Nosotros habíamos estado ya cuatro días de viaje comiendo frituras, empanada, gaseosa. Cuando no tuvimos más acceso a la "civilización" tuvimos que aceptar la comida que amablemente nos brindaron las mujers emberá. En este punto quiero que sepan que la visión de indios viviendo en chozas de barro es desacertada, todas las casas en las que estuvimos eran normales, algo toscas pero normales. No había electricidad ni acueducto pero dentro habían camas y algunos muebles. Antes de poner un pie dentro del sitio me imaginé lo que todos ustedes deben imaginarse pero la realidad es otra. La primer noche en la "aldea" fue espantosa, el ruido de los grillos y los pajaros es ensordecedor y los zancudos abundan a tal punto que se me hizo imposible dormir, por el impresionante calor y el impedimento de poder arropar mi piel. Aunque las casas eran reltivamente normales, lo que no era usual para nosotros era tener que dormir cuatro en una sola cama, yo por ser el hombre tuve que dormir en una colchoneta en el suelo y las cuatro mujeres durmieron en la cama de forma que parecía una lata de sardinas, es decir acostada a lo ancho. Luego de es anoche me pregunté si había valido la pena hacer ese viaje pues no vi nada diferente al mundo común. Pasé la noche en vela y cuando me levanté, mi profesora(dígamosle Isabel) me pidió que fuera a ayudarle a las personas con las tareas diarias. Lo básico fue limpiar la casa en la que dorminos esa noche, las dos extranjeras y yo limpiamos la casa y las profesoras fueron a hacer lo suyo. Había un gran reloj en la sala de la casa, a las diez salimos a "desayunar" pero más que un desayuno nos esperó más trabajo, aunque no lo crean quitarle escamas a los pescados es algo doloroso y algo difícil, eso hice hasta el medio día que nos dieron la comida, de nuevo, nada del otro mundo. Yo iba mentalizado a comer gusanos o frutas exoticas y el almuerzo de ese día fue arroz simple y gomoso con pescado frito. Fui hasta donde Isabel y la profesora de matematicas y estaban en efecto dándo clases, el dialecto emberá es imposible de entender, no tiene similitud alguna con el español, ni palabras parecidas, nada. Me limité a observar el resto del día junto a mis dos compañeras extranjeras. En ese momento estaba arrepentido de haber ido a ese lugar alejado de toda sociedad y sin jurisdicción de la policía o cualquier autoridad. Menciono esto porque al segundo día llegaron algunos hombres, entendí un poco la sociedad de los emberá. Los hombres iban a trabajar a Popayán y las mujeres cuidaban a los niños y hacían sus trabajos. Me conmovió un poco el recibimiento que les dieron a los hombres, llenos de amor y elogios por las cosas que traían, yo los miré bien, tal vez por el inmenso aburrimiento. Ellos vestían como gente común y corriente, nada de telas artesanales y nada de brazaletes. Si alguien los viese no sabría distinguir entre alguie de una tribu y un ciudadno normal (a diferencia de las mujeres)llegaron en un camión marca Dodge de color azul. Supongo que traían suministros para la gente de la aldea. Una vez más me sentí descilucionado, yo imaginaba que pescarían sus propios alimentos o algo por el estilo. Pero viendolo de otra forma, -¿para qué gastarían una tarde entera intentando pescar si cuarenta kilometros abajo había una pescadería?-. Retomando la bienvenida que les dieron, bueno me sentí algo "solo" en ese instante (según mis escritos de hace siete años) vi a las mujeres sonriendo de oreja a oreja y saludando y abrazando a aquellos hombres, los niños les dieron la bienvenida también. Cuando nos vieron a nosotros los saludamos de las mejor forma posible con la palabra "mae" que significa hola. Aunque claro que los hombres emberá la mayoría hablan el castellano, por lo menos de una forma básica. Si los insultas lo sabrán. Nos preguntaron qué hacíamos alla o si teníamos la aprobación del tipo que habíamos visto ese día. Yo no pude evitar asustarme un poco cuando vi los fusiles que ellos portaban, similares (o tal vez los mismos) que los del ejército. Luego de un instante, me pregunté -¿en qué podría trabajar estos hombres?-. E Isabel me contestó eso esa misma noche. El sustento principal de los indios emberá era el cultivo de coca, entre ellos supongo que era normal hablar de esto pero Isabel me pidió explicitamente no mencionar nada al respecto, para ellos la leche de coca es algo cultural y no son propiamente consumidores de cocaína. Pero si la preparan, entonces yo me preguntaba sobre la cantidad de dinero tan bestial que ellos harían si vendiesen coca. Pero no, cuando tenía yo le preguntaba algunas cosas a mi profesora Isabel. Resulta que esa zona en partícular, Naya. Era una zona fuertemente azotada por el narcotrafico, y los indios emberá escudándose en la ley que protege su cultura le vendían la leche de coca a los narcos de la misma zona. De esta forma, conseguía una paga sin romper la ley. Dentro de la comunidad emberá no son frecuentes los crímenes, son una comunidad demasiado unida y la mayoría de los problemas los resuelve el mismo núcleo familiar. Una de las cosas que me llamó la atención fue cómo resolvían los conflictos ya que ellos tienen sus propias leyes dentro de su territorio (allá en el 2006) parecía que todos obedecían de cierta forma las palabras del hombre que nos autorizó a quedarnos en el sitio. De nuevo, no encontré demasiado diferencia con el mundo de fuera, simplemente él hacia de juez y el pueblo entero hacía de juzgado, no logré contar la cantidad de gente y no lo recuerdo, pero rápidamente puedo decir que eran mil o mil quinientas personas apróximadamente. El tiempo transcurrió relativamente normal, demasiado trabajo, muchos zancudos en la noche y nosotros socializando un poco con las mujeres de la aldea, de nuevo repito, los hombres jamás estaban, tal vez por la época del año pero parece que trabajan de sol a sol o tienen vidas secretas en la civilización. Hasta ahí las primeras dos semanas habían sido normales, me llegó la preocupación de imaginar que mi familia no sabría que yo estaba bien así que en una escapada me fui al pueblo a cuarenta kilometros de donde estabamos, fui a una minutería y llamé a mi madre, aclaré todo y le dije que estaba bien donde mis supuestas tías, ese mismo día con los hombres pude ver el proceso para crear cocaína, no lo recuerdo con detalle porque recuerdo que la cosa tenía maña, no me dejaban acercar mucho al cambuche porque era peligroso. En la noche de ese día estabamos volviendo al pueblo en Naya y vimos a los primeros guerrilleros de las Farc. Tuve miedo, eso lo recuerdo bien, pero una vez viviendo las cosas es diferente a lo que te imaginas, los uniformados de las Farc son gente normal, portan fusiles y uniforme pero puedes hablar con ellos sin problemas. Preguntaron cosas que intenté responder sin ser sospechoso, (aunque vengo de una familia relativamente pobre, me daba miedo que pensaran lo contrario)no hubo complicación con esta gente y me sentí afortunado y contento de volver al seno (nunca mejor dicho)de la aldea. Las siguiente semana sería la que marcaría el principio del motivo de este escrito y el final de ese viaje. Una de las mujeres extranjeras había enfermado un poco, dolor de cabeza, fiebre, vomitos, diarrea. Esa semana conocimos la parte espiritual de los emberá, mi profesora me dio la traducción lo mejor que pudo de las creencias emberá, a la chica la acostaron sola en una cama y empezaron a frotarla con ramas y con su pintura corporal, con Isabel supervisando la chica dio permiso para que le hicieran todo lo que normalmente le hacen a la gente emberá cuando enferma, hasta ahí a mi todo me había parecido una idiotez, un incienso y unas ramas en la piel seguidas de tribales en el rostro y el vientre. Inutil, pero la cosa se puso interesante, le dieron una bebida a la chica, no sabría describir lo que contenía porque mi presencia era meramente para ayudar a las mujeres emberá. La chica bebió la bebida y minutos después vomitó, pero vomitó de una forma que no creería posible de no haberla visto, eran chorros a presión. Yo decidí no ver más la escena, dejaron a la chica reposar con un trapo mojado en la frente y yo me alejé un poco de la zona para hacer algo que no imaginé que haría. Llevaba dos semanas y punta sin tener relaciones o masturbarme, la noche anterior había tenido una eyaculación espontanea en la noche y muchos entenderán el sentimiento de poder aguantar más, como estaba las 24 horas acompañado de númerosas personas, se podría decir que la privacidad era nula, hacíamos las necesidades en zona verde alejados de la aldea y muchas veces me topé con gente mientras cagaba en el bosque. Me alejé y fui a un sitio solitario, lo más solitario que pude y me masturbé. Me vieron varias indias de la tribu y se rieron a pulmón lleno, ese día y después de ese dia durante un tiempo se reían al verme de forma burlezca. No aguanté más y le pregunté a Isabel (con toda la vergüenza del mundo) Isabel se río igual que ella y me contó que es una vergüenza que los hombres se masturben en su cultura porque simboliza que el hombre es incapaz de tener una mujer. De ahí que ellas se rieran de mi, porque er un tabú la masturbación masculina. El devenir de eso fue igual de vergonzoso pero interesante. La mujer extranjera se alivió un par de días después, mi profesora le había encargado a uno de los hombres que trajera medicinas, este lo hizo. Esto me sorprendió, yo imaginaba a los emberá estar en contra de las medicinas del mundo civilizado pero no es así, en ocasiones las usaban y según Isabel, ellos consideraban que la union de las culturas era lo ideal para protegerse a los "Jai" que en pocas palabras era el nombre que ellos le daban a los demonios (o enfemedades en este caso) esto fue interesante, tanto que lo escribí ocho años atrás. Nos acercabamos al final de nuestro viaje, según Isabel eran tres semanas pero estuvimos más. Demasiado tiempo como para poder conocer las festividades emberá y los rituales que hacían, por primera vez desde que había pisado la aldea nos habían desnudado parcialmente y pintado, por lo menos a mi y a las dos extranjeras (ellas se negaron a quitarse el sostén) llegó la noche y se notó todo el jolgorio así que por fin en mucho tiempo había vivido algo más que simple trabajo. Bebimos panela fermentada (un licor de mierda) y comimos carne en abundancia. Esa noche una de las mujeres que no recuerdo su nombre ya que los nombres emberá son imposibles de aprender para nosotros. Me llamó en una zona aislada del sitio y me presentó a una mujer, era una india típica, pelo lacio pintada y mostrando los senos el día entero, muy linda, aunque en general todas las indias eran lindas, simplemente porque sonríen mucho y son extremadamente amables. Le dije el nombre de Isabel y ella la llamó momentos después, ellas dos hablaron un rato y yo me hacía el entendido mientras ellas hablaban un dialecto que yo desconozco completamente. Isabel tenía el rostro rojo, lo más rojo que pude distinguir entre el fuego de la hoguera y las antorchas. Claramente estaba apenada y me comentó la situación, decía que la señora emberá me ofrecía a su hija como mujer, para que nosotros procrearamos y que ella si tenía clítoris. En palabras textuales. Me sorprendió el hecho que recalcó la parte del clítoris así que le pregunté a Isabel, Isabel me dijo que muchas de las mujeres emberá se les cortaba el clítoris de pequeñas, pero que esto dependía exclusivamente del núcleo familiar. Pero no era tan fácil como la oferta de mi vida de tener relaciones con una india, aunque yo había salido de una relación larga en ese entonces, no era experimentado en el sexo en general, de todas formas en ese instante el mundo de fuera me era indiferente. Hasta ahí todo era normal, si yo decía que si, me podía acostar con esa joven en ese mismo instante. Isabel me dijo que la ofrecía como mujer para estar por siempre y que yo tendría la responsabilidad de estar con ella si "Caragabi" nos daba un hijo. Al final decidí quedarme esa noche con la india pero no cometí la irresponsabilidad de penetrarla. Me divertí y "Caragabi" no nos daría un hijo esa noche. (Esta imagen es inusualmente acertada) Al día siguiente luego de las cosas matinales me dirigí hasta lo que era mi "esposa" ella fue amable siempre, siempre recordaré la calidez de las mujeres emberá y su increíble forma de tratar a las personas. Isabel me decía que para ellos era positiva la mezcla con negros y blancos (así nos llaman) porque les ayuda a que su pueblo sea reconocido y menos estigmatizado. Estuve con ella en la tarde intentando de todas las formas plantear una comunicación, al final terminabamos de nuevo acostados en una cama. La noche llegó y nadie imaginaba lo que veríamos momentos después, la gente del pueblo encendía velas y antorchas en momentos puntuales, en la noche la aldea entera era iluminada exclusivamente por la luz de las estrellas pero esa noche no, habían velones iluminando el lugar. Isabel y la otra profesora nos dijeron que nos quedaramos dentro de la casa mientras ellos hacían un ritual que le tenían prohibido ver a los invitados. Y así fue nos quedamos dentro de la casa y empezaron a sonar los intrumentos de ellos, flautas y tambores. Al rato se hizo el sonido más homogeneo, y entró mi "esposa" a la casa donde estabamos, me agarró del brazo y me invitó a salir, Isabel le dijo que no podía dejarme salir y hablaron un rato, al final todo quedo en que estabamos invitados a la ceremonia. Salimos de la carpa todos menos la profesora de matematicas. Y caminamos hasta llegar a las afueras de la aldea o algo así, era simplemente un lugar donde ya no había casa y a lo lejos se veía el frondoso bosque de la Naya. La gente estaba sentada en un círculo alrededor de una zona iluminada por largas antorchas y en la mitad había una mesa de madera común, una de las indias nos vio a nosotros cuatro y se acercó con rapidez, al parecer nos dijo que debíamos volver pero la india que estaba conmigo le habló, hablaron un rato las tres, Isabel hacía fuerza para irse de nuevo a la casa, yo no entendía el idioma pero el tono y los gestos eran suficientes para saber que Isabel no quería estár ahí, la música sonaba repetidamente al punto de crear un clima, a diferencia de la noche anterior, no había licor de panela, no había comida. La mayoría de la gente estaba sentada en silencio escuchando los tambores. La señora nos dejó quedarnos e Isabel nos alejó del sitio a decirnos a los tres (en inglés y luego a mi en español) que lo que ibamos a ver era cultural y no debíamos por ningún concepto opinar negativamente ni reaccionar de ninguna forma. Me hizo prometer que no diría nada de eso una vez fuera, que podría traerle problemas muy graves a la población que nos había dado de comer durante casi un mes. Yo asentí, para mí no había problema alguno sea lo que sea que fuese a ocurrir (o eso imaginé). Nos sentamos con ellos yo me sentía bien con la india que tenía a mi lado, como dije antes era muy amable y calida. De nuevo nos hicieron quitar la camisa, nos pintaron y nos sentamos a ver sea lo que sea. Una mujer totalmente desnuda y pintada estaba en la mesa, no noté cuándo se había sentado en esta, al parecer le dieron algo de beber, pero se me hizo imposible distinguirlo ya que la iluminación no era la mejor. Isabel me decía constantemente que me preparara para lo que iba a suceder a continuación. Estuvimos sentados al rededor de dos horas o más (yo estaba exausto) sin exagerar, la mujer yacía acostada en la mesa del centro y yo a esas alturas ya había empezado a imaginar lo que sucedería. Era exceptico respecto a eso, aunque me había pasado por la mente que podían hacer sacrificios, en ese instante (no sé por qué) imaginé que todo era ficción. Me empecé a asustar mucho y Isabel lo notó y me dijo que ya no podíamos pararnos que era una falta de respeto. Pero que cerrara los ojos, le dije entre murmullos que si era un sacrificio humano y ella me respondió que sí. Cuando dijo sí yo sentí entrar en una especie de trance, como si ese instante hubiese sido una película o si no hubiese ocurrido en realidad, la música a veces paraba y a veces sonaba de nuevo pero el sentimiento era el mismo, nos dieron vasos con una bebida que tenía un ligero sabor a tierra y a limón, la bebí, estaba algo tibia. Y seguí mirando el centro del sitio, otra mujer se acercó a la que estaba tal vez dormida o inconsciente en la mesa del centro, esta tenía una machete en la mano, yo hasta el último instante pensé que no la iba a apuñalar, pero obviamente estaba equivocado. El machete penetró el cuerpo de la mujer en la mesa e hizo un ruido que no puedo describir, seguido de un grito de dolor, yo di un salto, estaba aterrado. La mujer siguió escarbando en el cuerpo de la otra mujer mientras esta se quejaba de dolor, luego de un rato quedó inconsciente o tal vez ya había muerto, me sorprendió ver la carne de la barriga colgar por un lado de la mesa. La india metió su brazo por la barriga de la mujer y estuvo "buscando" dentro de esta durante un rato. La otra mujer sacó algún órgano del cadaver y lo puso en un plato de madera, no estoy seguro si era el corazón porque no pude distinguir bien aunque estaba a menos de tres metros. La otra mujer con el plato se acercó a la gente que estaba en frente de nosotros en el círculo y la otra india seguía escarbando dentro del cuerpo del cadaver, miré hacia mi derecha y vi a la india que me acompañaba mirando el "ritual" ella me miró y me agarró de los cachetes con su mano girando mi cabeza hacia el ritual. Otra mujer con otro plato se acercó a nosotros y con la mano tocaba la frente de las personas ahí. Cuando me tocó a mí no reaccioné solo lo acepté, mire a Isabel y ella estaba practicamente en el mismo estado que yo. Luego de un rato la gente se empezó a dispersar incluyendo a los niños, nos dimos la vuelta y fuimos a la casa, cuando me acosté me dormí al instante y me levantó Isabel a la mañana siguiente diciendome que nos volvíamos a la ciudad, recuerdo que me limpió la sangre de la frente con un trapo mojado. Yo no caí en cuenta o no acepté que había visto un sacrificio humano hasta mucho después de ese día. Ibamos en el bus ya para salir de Popayán e Isabel me dijo que no le contara de eso a nadie, simplemente que ellos tienen sus reglas y no podíamos hacer nada, por lo menos nosotros no. Que ella les enseñaba castellano a los niños lo mejor que podía para que crecieran y se educasen y algún día no tuviesen que ver o participar o incluso ser sacrificados, aunque según ella es una práctica que solo hacen si hay demasiados "jai" sueltos, o demasiada enfermedad o pobreza. Le pregunté si habían sacrificado a una mujer mala o enferma y me dijo que el sacrificio es al azar.

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