Lambunis
Usuario (Argentina)
(pero no al populismo) Se acaba, no más, una nueva campaña electoral en este país que vive en estado de campaña permanente. Sin descanso, los argentinos no logramos reponernos de una elección que ya tenemos la cabeza puesta en la otra. Por si fuera poco, la perversión de los políticos no se vio satisfecha con el acortamiento de los plazos electorales en la reforma constitucional de 1994, sino que desde unos años contamos con una fiesta cívica más por acto electoral a la que hemos dado en llamar PASO, en una promo de vote dos veces al precio de una. Quizás nos sirva la comparación para dimensionar: todavía estamos secándonos las lágrimas de la final del Mundial de Brasil y nos parece un despropósito que ya tengamos a Rusia dentro de ocho meses, imaginemos lo que es tener un mundial cada dos años. Tal vez sea por ello, por la velocidad a la que se dan las campañas, que cueste tanto encontrar una diferencia dogmática entre un acto electoral y el que le sigue. Los chicos del Frente de Izquierda demostraron que siempre pueden ser más creativos a la hora de exigir alguna pelotudez exagerada, como la jornada de seis horas por la misma guita que si trabajaras ocho, o spots críticos de las políticas neoliberales encarnados por unos Playmóbiles producidos en la fábrica recuperada de Zimdorf, el municipio argentino de Alemania. Sin embargo, ante la aparición del cuerpo de Santiago Maldonado, encontraron una notable forma de expresarse sin violar la veda manifestándose en la Plaza de Mayo sólo con banderas y pancartas del PTS y del Partido Obrero, y reventando las redes sociales. Curiosidades de los amigotes: tomaron una fábrica, cortaron el tránsito una vez por semana, se prendieron en todas las manifestaciones que se les cruzó, abrazaron todo tipo de causa, llegaron a votar en contra del desafuero de Julio De Vido con tal de tener un cachitín de prensa, y sólo lograron meter dos diputados en todo el país. No es poder de convocatoria, sino constancia de movilización: a donde van, son siempre los mismos. Sergio Massa, que sacó el 15% en las PASO, comenzó su segunda etapa electoral afirmando que el resultado demostraba que Cristina, que sacó el 34%, era el pasado. Luego afirmó que él puede mirar a los ojos a sus hijos porque no tiene padres empresarios. Lindo mensaje el del hijo de un empresario de la construcción. Que niegue a su padre es lo de menos, cada uno con sus traumas hace lo que puede. El coso pasa por haber supuesto que todos son malos o que, en caso de que ser empresario sea malo, sus hijos sean indignos por transmisión genética. Finalmente, el hombre eslogan, el sujeto que organizó un acto para avisar que no haría actos por la congoja de la aparición de Maldonado, reconoció ante las cámaras una derrota en la que sacó menos votos que en las PASO y anunció que él se erigirá como un líder de la oposición seria y constructiva, para luego darle consejos al gobierno desde la comodidad de haber salido tercero en su propio partido. Lo que quedó de Floppy Randazzo continuó con su campaña basada en un sólo acto que hizo en toda su vida. En algún recóndito lugar de su psiquis creyó que haberle dicho que no a Cristina le alcanzaba para limpiar ocho años de ministro kirchnerista y cuatro de ministro de Felipe Solá. Resultado final: le ganó Nicolás del Caño. El caso de Cristina fue notable. Enojada con los que se pusieron en tibios en los últimos tiempos, se quejó por la falta de lealtad mientras entregaba públicamente con moño a todos los exfuncionarios que terminaron con algún proceso judicial avanzado. Jovial y llena de energía, Cristina Fernández de Antikirchner se puso al hombro su campaña y, con el asesoramiento de una mente perversa, de esas que tienen ganas de castigar a su cliente y a toda la humanidad, comenzó a dar entrevistas a varios medios de comunicación para mostrarse más democrática. Pero fiel a su percepción de la democracia, respondió lo que quiso, cuando quiso y como quiso, además de censurar temas previos a cada entrevista. En el medio, todo lo demás: invitó a un grupo de estudiantes secundarios a comer pastelitos a su señorial departamento de la Recoleta –lo más cercano que encontró a la villa 31–, bailó zumba en una clase de gimnasia, y visitó mil veces La Matanza, el Territorio Sagrado Justicialista donde las bondades del siglo XXI no tienen permitido su ingreso. Finalmente, terminó por hacer una campaña electoral en la que se repartieron globos, se armaron escenarios en 360 grados, y se bailó cumbia sobre el final. Si hay algo que desde el oficialismo deben agradecer es que enfrente tuvieron al kirchnerismo. Todos, desde Mauricio Macri hasta el pibe que infla los globos en el local de Grand Bourg, deberían dar las gracias a la providencia porque en esta campaña jugó Cristina. Primero, por haber dividido al peronismo en tres cuotas que concentran más de la mitad del electorado de la provincia de Buenos Aires. Segundo, por haber entregado con moño a todos los sospechados por corrupción de su gobierno para luego afirmar que la imagen de corrupción de su gobierno fue instalada por los medios hegemónicos. Y por último, por hacer una campaña tan antikirchnerista que hasta incluyó frases como “el Pata Medina es nefasto”, “gobernar no es sacarse fotos con los pobres”. El momento de ver a Cristina reconocer una derrota tendría que haber sido sublime. Pero no ocurrió. En su loca cabecita, Cristina ganó y lo hizo saber al afirmar que sacó más votos que en las PASO y que era la cabeza de la oposición. Su tono buena onda desapareció al igual que su austeridad y la mejor oradora de la historia de la Vía Láctea reapareció decorada nuevamente con las joyas que había guardado durante la campaña y terminó leyendo un discurso breve. La derrota no se le da para el lado de la creatividad. Así fue que sostuvo que Unión Ciudadana será la base sobre la que construirá su proyecto, algo que resulta interesante: gobernó ocho años, formó parte del gobierno otros cuatro y medio, y no se le conoce otro empleo que el de servidora pública desde la primavera de 1989. La base de su proyecto fue el Partido Justicialista. Cuando ya no sirvió para más, montó su propio kiosco como quien cambia el auto después de fundirlo. Anoche, le dio la extrema unción: lo suyo será Unidad Ciudadana. Y fue, no más, una campaña basada en la nada. No existió un solo candidato, uno solo, que no basara su plataforma electoral en el sentimiento. Todo giró en torno a la búsqueda de empatía de sentimientos. Esto no es poca cosa porque el que nada promete, nada debe. Hoy nos encontramos con una realidad tan trastocada que la ponderación de la campaña pasa por el apego al Código Penal, los valores republicanos y el positivismo mental. El kirchnerismo no dejó la vara baja: la tiró al piso y la meó. Todo lo que venga después nos resulta un negoción. La campaña basada en la emoción nos llevó a tener una competencia entre el bien y el mal. Esto de cuán bueno somos nosotros versus qué tan malos son los otros puede ser tolerable hasta cierto punto, pero uno tiene la esperanza de que, a partir de ahora, se pueda encarar o discutir las cosas que deberían cambiarse de manera radical, y no me refiero a la obra pública o el precio de los servicios. El riesgo es que este domingo haya comenzado la campaña 2019. Y que hasta entonces haya que bancar la parada porque el kirchnerismo puede volver. Y que después viene la del 2021, donde todavía hay que esperar porque hay que consolidar el proceso. Y que luego se avecina la de 2023, cuando será peligroso arriesgarse. Y así, eternamente, haciendo equilibrio entre la agenda de otros que pueden exigir lo que quieran, total no están en el poder, y lo que el gobierno quiere hacer. En esta campaña no se jugó a la democracia sino a la violación de cualquier pacto de convivencia preexistente. No recuerdo tal nivel de brutalidad mediática –por brutalidad me refiero a la ostentación suntuosa de la ignorancia periodística–, ni tengo en la memoria tamaña magnitud de psicosis colectiva en democracia. El nivel de locura alcanzado me ha llevado a dar por sentado que, de garantizar la impunidad, un buen sector de esta sociedad borraría del mapa a una buena porción de la población que, a su vez, haría lo mismo con ellos. No hablo de grieta, hablo de sujetos que no están dispuestos a convivir con el otro, de personas que no tienen la voluntad de aceptar una verdad ni aunque se les caiga encima. Cornudos que son capaces de acusar a otra persona sólo porque sus parejas, halladas en una cama con 36 amantes humanos y algún que otro animal pedestre, así lo aseguraron. Personas que no quieren verdades que sacudan paradigmas, sino paradigmas que confirmen sus verdades preexistentes. Da cosita. Y mejor no hablar del delirio contrafáctico, ese vicio irresistible que tiene el argentino promedio por decir “qué hubiera hecho fulanito sí” y que tanto capitaliza el político. Actitudes que vemos a diario, desde las discusiones rutinarias de la calesita histórica de cada 12 de Octubre, de cada 24 de Marzo, hasta las afirmaciones mesiánicas. No importa el candidato al que se vote, siempre se convivirá con otro que lleva todo a un nuevo nivel en cualquier sector social. Son los que terminan diciendo “gracias por salvarnos de ser Venezuela”. ¿Tanta alma de cordero se puede tener? ¿Acaso no salieron a la calle a marchar cuando los políticos estaban en otra? ¿Acaso no fueron a cagarse de frío fiscalizando? ¿Acaso no fueron a votar? La locura mesiánica es la leña de la hoguera demagógica. El país se pintó de amarillo. Pero en esta nación de campaña permanente, el oficialismo no puede confiarse en que siempre tendrá tanta suerte de tener una oposición con delirios populistas pero sin poder de comunicación ni figuras carismáticas limpias de prontuario. Tarde o temprano aparecen. Si algo ha demostrado la historia es que, cuando nadie está prestando atención, emerge un líder que no figura en la hemeroteca de cinco años atrás. No es que uno quiera dar consejos, ya que, si la tuviera tan clara, no estaría escribiendo de madrugada. Pero viéndola de afuera, el oficialismo no debería confiarse tanto en la figura carismática de una gobernadora que se tiene que cargar una campaña para salvar a dos candidatos que no pueden abrir la boca sin cagarla. Porque parte de ese cambio propuesto incluye un cambio de mentalidad que choca de frente con el discurso empático de “la unión de todos”. Con reconstruir un acuerdo pacífico que permita la convivencia entre individuos que, por sus propias particularidades, son conflictivos, ya es un buen punto de partida. La desaparición de la división es un imposible irrealizable y, por ende, fuente de más conflictos, ya que es el faro que atrae a todos los que buscan un líder mesiánico. La derrota de toda expresión populista de este domingo debería servir de ejemplo para que la hegemonía del resultado no se traduzca en combustible para hegemonizar a los ciudadanos. Después de todo, el kirchnerismo puede desaparecer y el peronismo quedar reducido a la identidad de género político de quien dice ser peronista. El peronismo siempre se reacomoda y se lo puede matar mil veces. Pero el populismo puede adoptar cualquier nombre, sólo le alcanza una autoestima destruída, un ego dolido, una voluntad de cordero y un personaje que sepa redireccionar culpas. Publicado por Lucca
Un panadero llora porque no le dan los costos y consigue un precio diferencial en los costos. Cierra los domingos por la tarde. No hay clases en Tierra del Fuego desde 2015, pero a nadie le importa. Es una provincia que queda lejos y de la que el 90% de los argentinos sabe tan, pero tan poco, que cree que todavía es un puerto libre. Son los mismos que luego se rasgan las vestiduras por las islas Malvinas, que quedan aún más lejos. Pato Bullrich dice que en el país la gente se siente más segura porque sí, porque ahora están ellos y las fuerzas policiales se convirtieron en buenas por arte de la magia y de la alegría. Entre todos los secuestrados de la Patria cae en la volteada Osvaldo Mércuri. La buena: lo largaron sano y salvo. La mala: al que largaron sano y salvo sigue siendo Mércuri. Un Presidente muestra una declaración jurada en la que cuenta que tiene dinero depositado en las Bahamas. Poco serio: también tendría dinero depositado en este país imprevisible e inviable. Un diputado de la oposición tarda 3.2 segundos en encontrar la irregularidad moral. Es tan veloz que pareciera que, en vez de guardar un profundo silencio durante toda su vida, en realidad manifestó su cuestionamiento sobre el patrimonio de varios ex presidentes, un secretario general de la CGT, su propio hijo y su mismísimo patrimonio, sólo que fue supersónico y no lo escuchamos quejarse. Uno, dos, cinco taxistas dejan de garpe a una mujer con un nene en una esquina de Barracas rumbo al centro. Llevan el taxímetro libre y, para tranquilidad de la truncada pasajera, un bruto calco en la luneta que grita “Fuera Uber”. Con el paso de las horas el proyecto de pasajera se enterará de que en las protestas contra Uber ya no alcanza con privar ilegítimamente de su libertad a terceros, sino que nuestros queridos choferes de alquiler decidieron ponerse el traje de superhéroe negro y amarillo y fajar a una agente de tránsito. Si con tamaño acto de arrojo no consiguen que todos los potenciales y cautivos pasajeros salgan a abrazarlos y vitorearlos, ya no sé qué hará falta en esta sociedad ingrata. Hacer lo que corresponde es algo que no entra en nuestra cosmovisión. Y ya ni hablo de hacer las cosas bien –no nos vamos a poner en utópicos a esta altura del partido– sino tan sólo de limitarnos a cumplir las funciones que la sociedad exige de nosotros y para las cuales nadie nos puso una pistola en la cabeza. Tampoco pretendo que nadie haga cosas que exceden a sus funciones, mucho menos en un país en el que todos somos directores técnicos, analistas políticos, licenciados en seguridad, jurisconsultos y antropólogos sociales. Hablo, lisa y llanamente, de hacer lo que nos toca hacer, con la certeza de que si abordamos cosas que no nos competen, podamos llegar a quedar como anacrónicos. De pronto, los genios de una cadena de hipermercados –esa que pasó de garantizarnos el precio más bajo a empomarnos con la cartelización– deciden hacer un nuevo 3×1 que consiste en que ellos zafen de pagar impuestos, queden como unos santos, y gambeteen la ley de redondeo de tarifa en favor del cliente. Con complicidad de la Iglesia nos piden nuestros vueltos para fines caritativos. La guita la ponemos nosotros, claro, pero como la entregan ellos, la deducirán de impuestos por donaciones. O sea: entre la Iglesia que bancamos nosotros y los que nos manguean los vueltos para zafar de impuestos, se hacen la fiesta de la generosidad. Con la ajena, como corresponde a este bonito país, y sin que nadie revise las normativas o pida rendición de cuentas, como también nos gusta hacer en esta hermosa nación en la que todos son buenos mientras la guita la ponga otro, partiendo desde la Iglesia. No puedo tener nada contra la Iglesia Católica Romana por una cuestión básica: pertenezco a ese rebaño del que gustan echarme permanentemente. Porque para la normativa eclesiástica siempre tuve tendencia a mancharme de negro. Divorciado, defensor del matrimonio igualitario, a favor de la flexibilización en la legislación del aborto. No soy la clase de persona que un chupacirios presentaría como amigo en casa de sus padres ni soy el candidatazo para la nena de la buena familia practicante. Y a mucha honra. Lo que no puedo entender es cómo en pleno siglo XXI pueden existir funcionarios de primera línea del gobierno nacional con miedo a un señor vestido de largo blanco que ejerce como monarca de un país tan chiquito que entra cinco veces en el casco histórico de la ciudad de Buenos Aires. Honestamente, si existen dos ministros que no deberían pasar ni cerca de un evento que reivindique una visión eclesiástica de la sociedad, esos deberían ser el de Salud y el de Educación. Bueno, Esteban Bullrich estaba paradito atrás de nuestro Richard Chamberlain del subdesarrollo, Gustavo Vera, que cuando su actividad principal de apretar gente le deja un hueco libre, ejerce de vocero papafranciscal. Son cosas que en la posmodernidad resultan difíciles de explicar. Hace 132 años, cuando el único documento de identidad de un argentino era la Fe de Bautismo, a Julio Roca le pareció que era más prolijo que los registros de nacimientos, matrimonios y defunciones los llevara el mismo Estado que planificaba las políticas de salud, sociales y de educación, y a la Iglesia no le cayó en gracia. Ni que hablar cuando el mismo Roca metió la educación pública, gratuita y laica. Al entonces presidente de la Nación le quisieron tirar de la oreja desde los claustros europeos, pero parece que no dio resultado: Roca rompió relaciones con el Vaticano, echó del país al Nuncio Apostólico, le aceptó la renuncia a un ministro que estaba “conmovido” por ser “muy católico” y siguió administrando cosas importantes mientras el clero puchereaba. Y no pasó nada: los católicos no desaparecieron del mapa, como en México, Uruguay, Brasil o tantos otros ispas donde la Iglesia no es financiada por todos. Con todo el camino transcurrido, suena a poco creíble que sigamos discutiendo a la Iglesia en cada cosa que hacemos. Para mí no hay diferencia entre la opinión de un obispo o un empleado público, básicamente, porque la guita sale del mismo lado: mi bolsillo. Y por si fuera poco, el obispo tiene una enorme a su favor: nunca necesitará ir a paritarias porque su salario está atado al sueldo de un juez de primera instancia. Mágicamente, le aumentan el sueldo a los jueces, le aumentan el sueldo a los obispos. Un puñado de ladris buscan la foto con el Papa y él termina diciendo seis meses después que se sintió “usado”. Tres minutos después recibe a toda la delegación de Cristina –que practicamente tenía un abono en la Santa Sede– con sus parejas, amantes, amigos, hijos, amigos de los hijos, hijos de los amigos. Se saca una foto con la remera de La Cámpora mirando a cámara. La sonrisa debe haber sido para disimular que lo apuntaban con una pistola para obligarlo. Luego de que cualquier nabo que pasara cerca de Santa Marta transmitiera algún mensaje supuestamente dicho por el papafrancisco, Su Santidad decidió cortar por lo sano y dijo que él no tiene representantes. Uno tiene sus dudas cuando escucha hablar al Boy Scout de La Alameda, pero si el hombre de blanco lo dice, puede ser que haya alguna desconexión. Lástima que luego aparece don Bergoglio en persona y dice estar “preocupado por el clima social de Venezuela, Brasil y Argentina” y suenan las cornetas, los bombos, y apretamos el bombo que llegó el carnaval en pleno otoño. Venezuela… Según el boy scout cincuentón –lamentablemente, no queda otra que tomarlo por vocero, ya que nunca, nunca, nunca fue desautorizado– tanto destrato del Vaticano se debe a que “Macri desairó dos veces al Papa”. Una, al no viajar a Roma por estar haciendo algo más importante, como la campaña que lo llevó a la presidencia. La segunda, supuestamente se debió a negarse a una gestión de Francisco para que Cristina Kirchner accediera a transmitir el mando como correspondía. Y acá viene algo más que llamativo entre los pedidos de Bergoglio y toda la runfla de nuestras primeras líneas políticas: la obsesión discursiva por el diálogo, por el pedido de poner la otra mejilla. Porque podrá parecer muy cristiano eso de dialogar entre todos, pero hay personas con las que no tiene sentido dialogar, porque no vale la pena, o porque si les garantizaran la impunidad y oportunidad, nos borrarían de la faz de la Tierra. Si a mi me matan a un ser querido, podrán prometerme el cielo si accedo, que preferiré una estadía en el infierno a cambio de mandar a la puta que lo mal parió al asesino. ¿Sonó a mal cristiano? Si un forajido amparado por su carguito estatal no sólo no se cansa de saquear las arcas públicas, sino que, encima, me discrimina como adversario político y pretende eliminarme del mapa, no hay nada que dialogar: sería convalidar su accionar, sería rebajarme y darle validez a su forma feudal de pensar la vida. Y si suena a mal cristiano, que el que esté libre de pecado cabecee la piedra por aburrido. Y todavía creen que todo es una operación de prensa. ¿Cómo vamos a operar en contra de alguien que nos genera mucho más ingresos con especiales y merchandising que con el triste papel que está cumpliendo ahora? Me encantaría recuperar esa imagen de felicidad que tenía en marzo de 2013, cuando los únicos enojados por el anuncio de Giorgium Marium Bergoglio eran los kirchneristas que lo vinculaban con la dictadura. Honestamente, me encantaría recuperar esa sensación de esperanza y de reconciliación. Pero no se puede, por el momento, y por partida doble: primero, porque la división del Estado y la Iglesia nos permite reclamar Justicia para los corruptos sin que ello nos haga quedar como “vengativos que no ponen la otra mejilla”. Y segundo, porque llevamos 132 años de laicismo como para que nos digan con qué podemos indignarnos y con qué no. Y más allá de que en los últimos años acumular dinero ya no debería ser considerado pecado sino milagro, la guita nunca nos generó culpa porque nos da tranquilidad. Sin embargo, el hecho de que tengamos a la Iglesia metiéndose en cosas que no le competen no debería sorprendernos, si acá estamos todos tan en otra que incluso les prestamos atención cuando no nos queda otra. Vuelvo al primer párrafo y al tachero, al panadero y a la ministro, debo sumar a un juez federal que, luego de participar de una charla contra el crimen organizado coordinada por el amigo del Papa, con presencia de Monseñor Sánchez Sorondo y varios otros jueces, ahora se suma al viaje al Vaticano. Es el mismo magistrado al que los propios imputados en una causa por lavado le piden que se deje de joder y entienda que ellos lavaban guita para Cristina y que dicen lo obvio: que “no debe perderse de vista que incluso con anterioridad al video que, según el juez, habría dado pie a una serie de citaciones y procesamientos, existió otro video periodístico en el cual se observa a distintas personas retirando cajas con documentación pero, en ese momento, el Sr. Juez nada hizo al respecto”. ¿Qué hizo el señor Juez para despegarse de la imagen de tipo funcional al kirchnerismo? Culpó a los medios. Espero que Su Santidad lo reciba con los brazos abiertos y un Rosario de amianto. Argentina no está en crisis. Argentina está con los vidrios sin polarizar y ahora podemos ver lo que siempre tuvimos pero no aceptábamos: multimillonarios que empezaron su fortuna con la desgracia de quienes fueron víctimas de las políticas económicas de la última dictadura y que nos gobernaron haciéndonos sentir culpables por las riquezas que no tenemos y los muertos que ellos no defendieron; boludos a los que no les jodió que se cargaran a un fiscal pero piden ni olvido ni perdón a los que sacaron un muñeco de fibra de vidrio que representa al kirchnerismo hasta el tuétano, ya que fue sobrefacturado por lo que creen que valía, como si lo hubiera tallado Botero, dibujado como los índices de la bonanza para acomodar la historia para justificar el presente, y podrido por dentro. Pibes que no conciben la vida fuera de Palermo y zurdos con computadoras Apple de 40 lucas cuestionando el chetaje del Gobierno, laburantes que hace años que viven al día y hoy dicen que con el kirchnerismo al menos se conseguían aumentos y se olvidan que con el verso de las paritarias sobre la inflación oficial versus la real nos morfaron el 60% del poder adquisitivo solo en los últimos tres años. Conformistas nostálgicos que asumen por normalidad la imposibilidad del acceso a la vivienda propia sin tener que matar a sus padres heredar, que dicen que con el kirchnerismo al menos había consumo. Fanáticos que creen que la mejor forma de diferenciarse del fanatismo kirchnerista es no cuestionar nada, es aplaudir todo, es justificar cualquier cosa. Pero eso sí, todos bailando al rededor de lo que dicen autoridades religiosas. Y así, el panadero, el taxista, la ministro, el juez, el megarzobispo y su monaguillo de cincuenta años demuestran que buena parte de nuestro país, sin importar a quién prefieran en el poder, sí saben qué modelo de Estado prefieren: el que les garantice el monopolio, sea el del transporte, el del cuartito de milonguitas, o el de la misma religión. ¿Nosotros? Nosotros nos jodemos. Por algo somos clase media, ese concepto etéreo que nos supone una vaca siempre dispuesta a dar leche en épocas de vacas gordas para fortalecer a la industria, en épocas de vacas flacas para levantar a los más necesitados. ¿Nuestros sueños? A esta altura, que no nos jodan más. Vernedí. Estas líneas no son de ateo. Son la crítica de un socio vitalicio del club que quisiera que la comisión directiva se limitara a cumplir con el reglamento de vez en cuando, como para variar la costumbre. 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Por esas cosas gratificantes que tiene la vida, ayer me tocó cubrir el bunker del Frente para la Victoria. No es que uno sea un sadomasoquista, pero convengamos que no podía imaginar mejor broche de oro para estos años que verle la cara a Scioli al reconocer la derrota, a Karina lagrimeando, a Zannini cn cara de flato contenido, y a toda esa manga de vendedores de autos con papeles truchos que venían a representar el cambio de lo que haya que cambiar y la continuidad de lo que haya que continuidar, construyendo de abajo hacia arriba, con fe, con esperanza, con ypeéfe, desendeudamiento y papafrancisco. Reconozco que cerca de la hora de ingreso se me llenó el upite de preguntas. Sin embargo, el trato ameno y absolutamente respetuoso con el que fui recibido me relajó bastante. Eso y el detalle de que Scioli dejó a toda la militancia fuera del bunker. De un Luna Park a un auditorio con cuatro hileras de doce butacas y la muchachada afuera. Sospeché que los números no daban bien sin necesidad de recurrir a ningún boca de urna: los sánguches eran de salame. Luego de recorrer las instalaciones y notar que los turros no prendieron ni el aire acondicionado, me dispuse a disfrutar del desfile de personajes. Alberto Pérez fue el primero en aparecer. Dijo que no había tendencia, pidió un aplauso para la militancia: aplaudieron él y los que lo acompañaban. No le avisaron que el resto éramos periodistas. A la media hora salió Diego Bossio con tres inviables de remera. Dijo que no había tendencia y se fue. Un rato después salió Gustavo Marangoni. Dijo la misma sarasa y se fue. Nos llegaron rumores de que había piñas afuera, pero sólo se trató de un suicida al que no se le ocurrió mejor forma de quitarse la vida que meterse en la Plaza de Mayo a gastar a los kirchneristas. Los números de la Dirección Nacional Electoral se gritaban en voz alta como si se tratara de un bingo y los cargadores portátiles de teléfonos eran más cotizados que un sánguche como la gente. Mientras empezaba a correrse la voz de que había un dealer de medialunas de manteca en el recinto, nos llegaban las imágenes de la fiesta en el bunker de Cambiemos. Al que parece que también le llegó la imagen fue a Scioli que decidió postergar su salida de las 21.00 horas para las 22.00. Tanta espera, tanto calor, tanto olor a salame para que Scioli aparezca, reconozca la derrota, salude y se vaya. En mi caso particular, valió la pena. No había nada más para hacer y me retiré del lugar esquivando gente que lloraba, gente con chombas naranjas de Lacoste y un periodista al que le pegó duro la última paritaria y se guardaba sanguchitos en la mochila. En la puerta, el auto de Scioli salió arando y frenó de golpe porque el todavía gobernador bonaerense se dispuso a atender a la prensa y repetir lo mismo que ya había dicho minutos antes. Los que no lo vieron fueron los del auto custodia que chocaron entre sí. Definitivamente no era el día de Dani. En Costa Salguero, Macri insiste con la joda de sacar a bailar a Gabriela Michetti. Afuera del NH, los de Quebracho llegaron para gritar “Patria sí, colonia no” y mientras el turro de Fernando Esteche tuiteaba “Derrotados las pelotas, vamos a frenar la entrega de un modo o de otro”, el demócrata Scioli bajó a saludarlos. Los revoltosos se fueron con su revolución del NH a pasear por Diagonal Sur, donde también me encontré con los pibes de La Cámpora que convirtieron un velorio en una fiesta y cantaban aún llorando. Al grito de “ya van a ver, vamo’ a volver”, desconcentraron la Plaza y en el camino decoraron algunas paredes con frases para que recordemos el notable compromiso con el bien común de la Nación, como “ Macri prepará el helicóptero”. Lo triste de mi generación, los que salimos a la vida cívica en el año 2000, es que somos muchos los que no nos sentimos enamorados, políticamente hablando, por nadie y, en algunos casos, lo trasladamos a todos los ámbitos. Todo blanco o todo negro, sin matices. Por eso nos cuesta entender a los que terminan llorando porque perdió el kirchnerismo. Es como si todo aquello en lo que creían se hubiera muerto. La muerte del padre, ése que todo lo protegía, al que podían recurrir para que los cuide mientras pasaban sus vidas puteando a todos los demás. Nunca voté convencido por nadie –ayer no fue la excepción– pero siempre me sentí convencido de quién no quería que gane, aunque nunca me funcionó. Es así, estimado amigo ya exoficialista: sus victorias siempre fueron gracias a que no había nada mejor en frente, lo cual es demasiado teniendo en cuenta el nivel de estadistas made in La Salada que nos enchufaron como faros políticos de la socialdemocracia del siglo XXI. Lo que me mata de risa es que, con todas las contras que podría tener Mauricio Macri en base a los prejuicios idiotas hacia el que tiene guita o fue criado en cuna de oro –como si Cristina no durmiera sobre fajos de dólares o los desempleados de sus hijos no hubieran crecido con todos los lujos pagos– la gente votó a ese Macri . Hay personas que creen que se la van a empomar el año que viene y lo eligieron igual. Noten lo que han hecho que con todo lo que dijeron perdieron. Si la única verdad es la realidad, ésta es tan subjetiva como la percepción que tenga cada uno de ella en base a sus parámetros, educación, traumas y experiencias. El kirchnerismo se construyó como el enemigo de cientos de realidades que crearon, sin importar que muchas de ellas fueran incompatibles, como ese detalle de señalar a los ricos con un Rolex Presidente bailando en la muñeca. Los ejemplos se multiplican hasta el infinito. La última de sus grandes realidades –inaugurada en 2007 por Néstor Kirchner para bancar al perdedor serial Daniel Filmus– es que Macri es el cuco. Y se lo creyeron. Y ganó el cuco. No hay terapia que supere eso, pero bueno: es el problema de los fanatismos. Fíjense todo lo que han dicho que pasaría si gana Macri y más de la mitad del electorado lo votó igual. Por mi parte no es que esté contento porque ganó Macri , ese es un detalle, si total es cuestión de –poco– tiempo para que empecemos a ser tildados de kirchneristas ante el primer detalle que no nos guste de la gestión. Pero sí estoy contento porque perdió el kirchnerismo. Sí, suena a revanchista o lo que quieran, pero no jodamos, es un sentimiento puro, natural y habitual. ¿O acaso no celebrás cuando el que te hizo bullying durante años finalmente queda expuesto? Acá nadie podía protegerte del abusador porque era el mismísimo director de la escuela. Ayer, mientras veía las lágrimas afuera del bunker que montó Daniel Scioli , escuché a una romper en llanto y gritar que no entendía porque la gente votaba así. Confieso que me dio un poco de angustia por empatía. Pero a la tercer persona que escuché preguntarse lo mismo –insultos al mundo más, insultos al mundo menos– me di cuenta que realmente creyeron todo. No es que no lo supiera, pero una cosa es una hipótesis y otra es probarla. La respuesta es simple y se resume en recordar qué pasó desde octubre de 2011, el pico de éxito del kirchnerismo, para acá. En el mismo discurso de festejo de Cristina, la Presi la pudrió cuando, luego de pedir respeto por el derrotado Hermes Binner, dijo que del lado del kirchnerismo estaba la bandera y la historia de la Patria. La siguió en el día de la jura, cuando hizo que su propia hija le colocara la banda presidencial, rompiendo protocolos y dando el mensaje al mundo: gobierno sola, sin control y sin que nadie me rompa la ilusión. En nombre del 54% se peleó con todos, incluyendo a los que habían aportado en buena manera a ese 54%: los sindicatos. La economía, los avances sobre la Justicia y las relaciones internacionales son cuestiones políticas, pero en nombre del 54% también se llevaron puesto todo, y cuando no quedaban dudas, la todavía Presi lo confirmó luego de días de silencio tras la muerte de 51 personas y una por nacer, cuando lloró y gritó “Vamos por todo”. Y mierda que cumplió. Y si se preguntan en serio por qué pasó lo que pasó anoche, la podemos seguir. Porque se pasaron años en silencio sin enterarse de que gobernaba el kirchnerismo hasta que decidieron “comprometerse” porque estaba de moda. Porque muchos son militantes de velorio que se sumaron para putearnos porque encontraron la excusa perfecta para canalizar todos sus traumas y frustraciones. Porque en sus locas cabecitas, si no tienen acceso a la vivienda y todavía están esperando que palmen sus viejos para ser dueños de lo que sus padres ya eran propietarios a la misma edad, es culpa del sistema financiero, que controla el Gobierno. Porque se metieron en todos y cada uno de los rincones de nuestras vidas, decidiendo hasta en qué orden tenían que estar los canales de televisión para que sea “más pluralista”. Porque hicieron que por primera vez notáramos la relación directa entre la corrupción del Estado y el daño provocable luego de medio centenar de muertos en un choque ferroviario absolutamente evitable. Porque Boudou, porque Ciccone, porque los Pomar, porque Candela, porque Lorenzino se quería ir, porque las patoteadas de Moreno, porque Micelli, porque el dedito acusador de Kicillof, porque los buitres, porque las cadenas, las eternas cadenas, las imposibles cadenas, porque los llantos televisados, porque la terapia transmitida, porque llorar en silla de ruedas, porque Nisman. Porque trazaron una raya en el piso, nos colocaron del otro lado y empezaron a putearnos y escupirnos ante la necesidad de culpar a alguien de sus propias miserias nunca tratadas en terapia. Porque hasta hace 15 minutos en el mismo lado de la raya nos enchufaron a Daniel Scioli , el que manifestó su deseo de ser presidente hace un par de años y lo trataron de golpista, conservador, retrógrado y candidato de Magnetto y de los fondos buitre. Y como hicieron siempre, de un día para el otro dijeron que no era tan así, que era lo más mejor del universo todo. Porque convirtieron al Gobierno en una máquina generadora de excusas. Que si hay un apagón generalizado por culpa de la desinversión provocada por años de subsidios sin control alguno al sector energético, es que alguien bajó la palanca. Que si hubiera sido sábado, en Once morían menos personas. Que Nisman era putañero y se merecía la violación porque le gustaba salir a la calle de minifalda. Que los padres no biológicos de hijos de desaparecidos merecen ir todos en cana, menos los del nieto de Carlotto, que la culpa de sueños compartidos es de Schoklender y no de los delincuentes que le dieron cabida. Que a una ciudad de La Plata devastada por el agua y la muerte, Cristina les dice que ella sabe lo que es una inundación porque una vez se le rebalsó el lavarropas cuando era chica. Que esto es Harvard y no La Matanza, que siempre fue una exitosa abogada sin matrícula, que Fariña y Elaskar vendieron ficción, que la diabetes es una enfermedad de gente rica, que los abuelos que quieren enseñar a sus nietos el valor del ahorro son unos viejos amarretes, que el mundo se derrumba como una burbuja –porque en el curioso mundo de Cris, las burbujas no explotan, se derrumban–, que dar la cotización del dólar blue es como dar el precio de la cocaína. Que el pacto con Irán no es una claudicación sino la necesidad de tranzar con los sospechados de dinamitar a 85 compatriotas, que todos los que vistieron uniforme en la dictadura son demonios menos el imputado Milani. Que lo importante es tener créditos de 50 cuotas, que pretender seguir consumiendo es de cipayos, que el Ahora 12 es una política de Estado. Porque a Cristina no le alcanzaba con ser la Presi y tenía que sentirse “un poco la madre de todos”, o ser una arquitecta egipcia, capitana de la patria, reencarnación de Napoleón, contadora sin balances, médica, ingeniera, bioquímica hachedoscero, sabelotodo de todo, habladora sin saber profesional. Por si todavía siguen sin encontrar la respuesta, paso a lo personal. A lo largo de la década larga ganada me tildaron de facho, cipayo, gorila, golpista, agrogarca que la única tierra que tiene es la que se le junta en los muebles, vendepatria de una patria que nadie querría comprar con nosotros adentro, neoliberal beneficiado por un gobierno que terminó antes de que yo termine la secundaria, cómplice de una dictadura que se acabó cuando yo tenía once meses de vida, fan del nazismo que finiquitó 37 años antes de que naciera y simpatizante del fascismo que pasó a mejor vida unas cuatro décadas antes de que mis padres decidieran que era una buena idea traerme a este mundo. Me acusaron de falta de solidaridad cuando siempre somos nosotros los que salimos a donar lo que no nos sobra para ayudar a la gente que el Gobierno abandona. Los que se sumaron a este blog en los últimos años, es probable que desconozcan el clima que se vivía en el submundo de Internet en la era en la que los grandes medios no lograban adaptarse al juego del kirchnerismo. Nos insultaron mil millones de veces, nos amenazaron otras tantas, nos apretaron y, lo que más duele, nos ningunearon como ciudadanos. Y yo no soy eso que dicen que soy. Discúlpenme si no me pongo a llorar con ustedes o si no logro quedarme callado la boca, pero me han basureado tanto, pero tanto, que no puedo evitar que se me escape una leve sonrisa. Eso me hará menos cristiano y podrá no quedar muy en línea con el discurso integrador del presidente electo, pero no me digan que no es humano. Si las tardes de cadena nacional las hubieran dedicado a jugar al fútbol con amigos o a visitar a la familia en vez de pasarlas viéndola desde abajo, si en vez de defender lo indefendible hubieran frenado cinco segundos a preguntarse qué estaban defendiendo, si hubieran dedicado un cachito de sus días para poner las energías en armar algo que los trascienda a ustedes y no en bancar a personas que les decían que los querían mientras se forraban en guita, quizás no habrían vivido la jornada de ayer como si se tratara de un velorio. Ganó uno, perdió otro, reglas de la democracia. Ahora podría decirse que se viene la revancha de gente como uno. No tengo ganas ni tiempo, dado que en un par de días ya tengo un nuevo Gobierno para empezar a analizar y criticar. Se van. En unos días nos estaremos puteando por otras cosas, nos mataremos por cuestiones opinables, seguiremos debatiendo todo porque está en nuestra esencia, pero lo haremos con caras nuevas. Y eso… eso ya es motivo de alivio. Lunes 23 de noviembre de 2015. Se van. Doce años, seis meses y quince días después, se van. Disfrutemos hoy, mañana vemos.

Alguien tenía que hacer algo y Hebe le demostró a todos los cuatro de copas que quedan dentro del kirchnerismo cómo se hace un quilombo de verdad, con todos los ingredientes que se puedan usar: provocar, victimizarse, aplicar la épica donde sólo había un tramite burocrático, agitarla y prometer algo que no cumplirá menos de 24 horas después. Kirchnerismo puro. La usaron. Desde que el 7 de julio Hebe prometió no presentarse ante la Justicia, los miembros de la Congregación de Penitentes No Sobrevivientes al Cristinismo planearon la movida. Harto de armar actos en plazas a los que no concurre ni el vendedor de garrapiñada, pirulines y tutucas, Martín Sabbatella se sumó de entrada. Luis D’Elía, que el último acto que armó fue una ronda en el patio de su casa para presentar un partido al que no tiene vergüenza en llamar “Miiles”, preparó banderas y consultó la agenda: justo tenía libre lo que resta del siglo. El Cuervo Larroque se acercó a la Plaza de Mayo para demostrar que como legislador mucho no entiende de leyes y, si bien habría querido que Máximo Kirchner se acercara a la ronda protectora, a duras penas logró que el primogénito de Cristina se acerque al día siguiente a la sede de las Madres. Hebe leyó una carta, dijo que no tenía nada que ocultar, se cagó de risa de la policía, y se retiró en un cortejo compuesto por un cordón humano. No conseguía tanta gente en una ronda de jueves desde los indultos de diciembre de 1990. A la mañana siguiente, doña Pastor de Bonafini repetía su voluntad de no presentarse ante el juez, mientras se preparaba para tomarse el palo a Mar del Plata. Un par de horas después Hebe cruzaba el peaje de Hudson rumbo a La Feliz, donde dijo que “el Pueblo salió a la calle”, en referencia a los 44 millones de habitantes que nos congregamos en doscientos metros. Lo único que quedó claro es que la edad no fue impedimento para manejar millones de dólares, ni para viajar al Vaticano pero sí para moverse diez cuadras más allá de la Rosada y llegar a Retiro. Antes que nada, es dable destacar el acto inexplicable del juez Martínes de Giorgi, quien parece haber aterrizado en el planeta Tierra por estos días y no sabía que desde hace unas cuatro décadas, todos los jueves se realiza la marcha de las Madres de Plaza de Mayo alrededor de la pirámide ídem en la plaza íbidem. No sorprende su falta de timing: si procesó a Carlos Menem y Domingo Cavallo en 2009, tranquilamente puede haberse enterado recién ahora que en el país gobernó el Kirchnerismo durante doce años, seis meses y quince días. Pasando en limpio, puede afirmarse que es el mismo juez que archivó la causa contra Néstor Kirchner y Cristina Fernandez De por haber abierto una consultora económica: para el doctor, no hubo incompatibilidad, más allá del curro divino que es hacer pronósticos económicos siendo presidente. Para el tordo no pasó naranja con eso de que Ricardo Jaime permitiera que las empresas de colectivos pudieran tener bondis fuera de regla y hasta sobreseyó a Gabriel Mariotto por haber comprado una radio trucha justo cuando estaba de interventor en la ex COMFER. Ver la tranquilidad que tuvo para retirar la orden de detención de Hebe sólo alimenta mis sospechas. Estoy como Cristina con la muerte de Nisman, pero al revés: tengo dudas, aunque tengo todas las pruebas. El mayor problema de todo lo que ha pasado con Hebe de Bonafini en los últimos años es que nos reventó los resortes de lo que corresponde hacer y lo que no. Que no puede ser trasladada porque tiene 87 años, unos tres años menos que la hermana Alba, la no monja del no convento en el que José López fue atrapado con un diezmo de nueve palos verdes. Que no se la puede obligar a ir porque está viejita, cuando todo el despelote se armó en medio de una ronda en la Plaza de Mayo, a diez cuadras del Juzgado donde tenía que presentarse. Que no está bien de la cabeza, algo que podría ser factible, pero que obligaría a que la declaren insana, la desplacen del manejo de cualquier fundación y la manden a un geriátrico acorde. Y todo por un trámite simple, sencillo, que podría no haber demorado más de quince minutos en el juzgado. Todo se reduce a un sencillo axioma: no importa lo que hayas hecho, siempre podrás zafar gracias a tu colchón de laureles. Obviamente, la ley no es pareja para todos. Uno de los puntos que más tuve que defender de mi primer libro fue el referente a los laureles y su utilización posterior. En un capítulo abordé la historia de un hombre que cayó detenido por motivos políticos en 1956, luego de apoyar el levantamiento del 9 de junio encabezado por el General Juan José Valle contra su par, el General Pedro Eugenio Aramburu. El tipo recién salió en libertad en 1957 y se metió a laburar como asesor legal de la CGT. En 1976 volvió a caer preso por motivos políticos y, luego de una brevísima estadía en el Regimiento 15 de Infantería, fue trasladado al buque “33 Orientales”, junto a Antonio Cafiero, los viejos de Jorge Taiana y Jorge Triaca, y Lorenzo Miguel, entre varios otros. Luego aterrizó en el penal de Magdalena, donde pasaría otro año y medio sopre a disposición del Poder Ejecutivo –o sea: Jorge Rafael Videla–, tiempo durante el cual falleció su madre sin que lo dejaran ir siquiera al sepelio. Lo largaron con “domicilio forzado”, una medida que estaba muy de moda por aquellos años verdes, mediante la cual un revoltoso se comía una suerte de prisión domiciliaria pero lo más lejos posible de su lugar de origen, hasta que lo liberaron del todo en 1980. Fue allí que aprovechó para mandar hábeas corpus por cualquier desaparecido del que se enterara, algo que hizo que su libertad durara menos de ocho meses. Cuando en marzo del 81 lo largan de nuevo, se puso a presentar nuevamente habeas corpus y un año después terminó detenido en una protesta contra Galtieri en la puerta de la Casa Rosada junto con Adolfo Pérez Esquivel, Saúl Ubaldini…y Hebe de Bonafini. El hombre del que hablo se llama Carlos Menem, el mismo que siete años después de su última detención asumía la presidencia de la Nación para, meses después, comenzar su ronda de indultos navideños que se continuó para las fiestas de 1990. Y esta historia la cuento por dos motivos: primero, porque es cierta. Y segundo, porque demuestra que no todo lo que se haya hecho antes da impunidad perpetua por una cuestión de agradecimiento histórico. A modo de yapa, cabe agregar que no se conocen declaraciones de Néstor ni de Cristina en contra de los indultos. Estaban ocupados siendo menemistas. Yendo a Hebe, durante los primeros años de la nueva democracia se opuso a la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas porque quería que estuviera manejada por las Madres. Como contraposición, durante los noventas también se opuso a las reparaciones económicas de más o menos 400 mil dólares por víctima de la dictadura y, más tarde, también fustigó la creación del banco de datos genéticos. Hebe nunca quiso una verdad que superara la verdad de ser víctima. Llegado el kirchnerismo, las Madres que quedaron con Hebe pusieron en marcha una imprenta, una radio y una universidad. Todo financiado con la nuestra, pero administrado por ellas. Como contraprestación a la sociedad que tanto le dio, Hebe tomó la opción de no pagar un puto impuesto nunca. Obviamente, la AFIP tomó cartas en el asunto: se convirtió en auspiciante. Recibieron plata de la Secretaría de Derechos Humanos, de la Secretaría General de Presidencia, de Jefatura de Gabinete y, obviamente, del ministerio de Obras Públicas. Municipios, provincias, todo resultó válido para recibir dinero público. Para que se pueda dimensionar: la radio de las Madres –que arrastra la misma audiencia que un especial sobre los gustos sexuales de Alejandro Dorio– recibió 6 millones de pesos por año de pauta oficial. Seis palos por año que nadie sabe a dónde fueron a parar. Por si les parece poco todo esto que cuento muy por arriba, les recuerdo el último escándalo de Hebe: la estatización de la Universidad de las Madres, un engendro adoctrinador en el que dieron clases hasta terroristas de la ETA prófugos de la Justicia española. Para no perder la costumbre, acá tampoco pagaron un impuesto ni por error, evadieron las cargas sociales de los laburantes docentes y no docentes y dejaron una cuenta sin garpar de 200 palitos. Para marcar la diferencia con otros emprendimientos exitosos de Hebe, prohibió la conformación de un centro de estudiantes. Y si te quejás de los aumentos de tarifas, te tiro el dato: no pagaron el servicio de energía eléctrica durante los nueve años que administraron ese antro. Hebe apostó a la ausencia del Estado de Derecho. La misma ausencia de Estado de Derecho que aniquiló a sus hijos. La muerte de un ser querido no da impunidad, así hayan sido los propios hijos. Fíjense cómo le fue al ingeniero Juan Carlos Blumberg, que no cometió ningún delito y lo borraron del mapa por no ser Ingeniero, y después me cuentan. O busquemos a todos los familiares de las víctimas de Cromañón, del choque del Sarmiento, o los herederos de la violencia subversiva o militar que siguieron sus vidas haciendo lo que podían con el dolor que cargan y no salieron a violentar las leyes. En un Estado de Derecho, somos todos iguales ante la ley. Y ése es el principal problema que ha tenido el kirchnerismo y del que los propios peronistas tendrían que hacerse cargo, por omisión ideológica: justicia social –y, por decantación, justicia a secas– e igualdad no son iguales. Justicia es darle a cada uno lo que se merece. Igualdad, es tratar a todos por igual. Y acá quieren aplicar una justicia histórica subjetiva por sobre la igualdad jurídica. No es de extrañar. Después de todo, es lo que han hecho con todos nosotros para colocarse en un lugar al que nunca pertenecieron: el de la defensa de los derechos humanos. La teoría del globo de ensayo no es mala, ésa que tiró el propio Schoklender al decir que el quilombo del jueves se dio porque estaban practicando para cuando –eventualmente– se la quieran llevar en cana a Cristina. Es cierto que se complica la idea de hacer un cordón humano desde El Calafate hasta avenida Comodoro Py 2002, pero esos son detalles que pueden verse más adelante. Y ya que hablamos de Cris, la expresi apareció tres días al hilo en las redes sociales. Mientras se producía el quilombo de Hebe, salió a putear a la Justicia por lo que más le importa: su propio culo. De Hebe no habló. Horas más tarde, estuvo en la Facultad de Sociales de la UBA para conmemorar los 50 años de la Noche de los Bastones Largos. Allí aseguró que “se vienen noches de bastones muy largos”. No, de Hebe tampoco habló. Ayer sábado, volvió a tuitear como una señora aburrida para cuestionar los procedimientos judiciales en la causa Hotesur y afirmó que los verdaderos responsables de la movida del Dólar Futuro fueron los miembros del actual Gobierno. Se ve que tiene pruebas de Mauricio Macri obligándola a firmar decretos a punta de pistola. En medio de toda esta ensalada, están los que creen que no se debe someter a la Justicia al que te cae simpático y que realmente estamos atravesando una dictadura, con lo que demuestran que cumplen con el ABC del manual del idiota, vocablo cuya más antigua acepción reza que “es un espíritu engreído por sus propias particularidades”. Individualistas que prefieren la ignorancia a la instrucción del ciudadano, el que vive en comunidad. Así, al tirarnos por la cabeza que todos somos egoístas por no aceptar la imposición de sus ideas, hacen gala de su individualismo refugiados en un discurso universal. Son los que disfrazan sus intereses (en este caso, intereses judiciales) en supuestos “intereses de la sociedad” para hacernos solidarios en las malas, cuando se hicieron bien los boludos en las buenas. Es el paroxismo de la definición que Chantal Delsol realizó sobre los que llamó “aduladores del pueblo”: aquellos que oponen el bienestar al bien, la facilidad a la realidad, el presente al porvenir, las emociones e intereses primarios a los intereses sociales. Lo increíble es que son verdaderamente democráticos a un nivel tan alto que no les dio para el republicanismo. ¿Cómo despreciarían esa democracia que, con todas las cosas que nos prometió y no cumplió, fue el caldo de cultivo ideal para que tengamos por deseo un mesías por encima del respeto a las instituciones? Domingo. Lo cierto es que en este país un tipo con muchos laureles en materia de Derechos Humanos terminó preso por sus cagadas como presidente. ¿Cuál sería el mérito de la expropiadora de viviendas bajo el amparo de la legislación dictatorial? Publicado por Lucca Todo el contenido publicado es de exclusiva propiedad de la persona que firma, así como las responsabilidades derivadas.
Que hay que fusilar a Liniers para garantizar la Revolución de Mayo, que hay que mantenerlo vivo por tratarse del héroe máximo de la reconquista de Buenos Aires ante manos británicas. Que mejor lo fusilamos y lo recordamos como héroe. Que hay que adoptar un sistema unitario, ya que mal no nos va con el puerto; que hay que adoptar un sistema federal para que todas las provincias sean iguales. Que adoptemos un sistema federal de palabra, con un puerto gigante y cada vez más rico. Que somos rosistas porque nos dio dignidad y soberanía; que somos antirosistas porque hay que combatir a la tiranía. Que Sarmiento sos Gardel, que Sarmiento sos un vendepatria; que Roca es el padre de la Nación, que Roca es un genocida. Que somos liberales, que somos conservadores, que somos liberales conservadores. Que somos autonomistas, que somos radicales, que somos cívicos, revolucionarios y nacionales. Que somos radicales populares, que somos radicales aristócratas, que Yrigoyen es lo más grande, que el Peludo está gagá. Que la década es infame, que la década es gloriosa, que el nazismo ya tendrá tiempo de querer borrar a seis millones de tipos de la faz de la tierra, pero por lo pronto aprovechemos para llenar el Luna Park. Que la Segunda Guerra no nos tiene que afectar, que la Segunda Guerra puede que nos afecte, que qué carajo hacen los buques ingleses y alemanes cagándose a bombazos en el Río de la Plata. Que tenemos que declararle la guerra al Eje, que la guerra terminó, que se la declaramos igual, carajo. Que Perón es un déspota, que Perón es Dios, que Perón es un tirano, que Perón es Perón. Que el peronismo es nazi, que el peronismo reconoce al estado de Israel, que Evita se reune con Golda Meir. Que el pueblo está unido, que cinco por uno no va a quedar ninguno. Que la iglesia apoya a Perón, que la iglesia llama a combatir a Perón, que la cosa está que arde, que lo que arden son las iglesias. Que el General se va, que el General se fue. Que el cálculo salió mal y a cambio de un General llegó y se sumó un Almirante. Que empieza la resistencia peronista, que resistir de verdad cuesta caro, que se fusile a todos los rebeldes. Que Frondizi es desarrollista, que Frondizi es un traidor, que Frondizi se banca 52 planteos militares en unos meses, que Frondizi no vivirá para oir a una Presidente decir que “nunca hubo otro presidente democrático que recibiera tantos ataques” como ella. Que somos azules, que somos colorados, que ganaron los azules pero el poder es de los colorados. Que vuelve la democracia, que vuelve pero sin el 50% del padrón. Que Illia es la esperanza, que Illia es lento, que Illia se fue rápido. Que Onganía la tiene clara, que se tranquiliza la economía, que a Levingston no lo conocen ni los hijos, que Lanusse es bueno, que será un tirano pero es una “dictablanda”. Que a Perón no le da el cuero, que a Perón le dio el cuero. Que con Cámpora al Gobierno, Perón va al poder. Que con Cámpora al Gobierno se masacraron en Ezeiza. Que con Perón al Gobierno y al Poder el derramamiento de sangre nunca cesó. Que los Montoneros quieren al General. Que los Montoneros quieren muerto al General. Que los Montoneros quieren a los peronistas en el poder. Que los Montoneros quieren a otros peronistas, no a esos gorilas como Perón. Que la Triple A empieza sus tareas, que la Triple A son los padres. Que la única salida es el golpe, el golpe, el golpe ¿Cuándo dará el golpe, General? Que el Comunicado Número Uno. Que la gente sale a trabajar como cualquier otro día. Que los muchachos empiezan a desaparecer. Que los atentados no se discontinúan. Que los familiares de los muchachos empiezan a desaparecer. Que los atentados siguen más que nunca. Que los hijos, amigos, padres y mascotas empiezan a desaparecer. Que “si andás derecho no tiene por qué pasarte nada”. Que andar derecho incluye cambiarse el apellido y desconocer a cualquier pariente. Que la economía se arregló fácil. Que deme dos, que deme tres. Que deme tres moratorias para pagar esta deuda. Que queremos Pan, Paz y Trabajo. Que le copamo’ la plaza a lo’ milico’ para que se vaya Galtieri. Que se venga el Principito, le presentaremos batalla. Que Galtieri no te vayas, Galtieri vení. Que ganamos, que ganamos, que seguimos ganando, que gana… perdimos, que perdimos, que perdimos la guerra, la dignidad y la batalla económica. Que las urnas están bien guardadas, pero acá tienen las llaves. Que con la democracia se cura, se educa y se come, que mi adversario es un ataud a prender fuego. Que llegó la primavera democrática, que la primavera nos dio alergia. Que el plan Austral, que necesitamos un plan estratégico para llegar a fin de mes. Que pintamos paredes de rojo un “Nunca Más”, que pintamos caras de verde un “Si Dios Quiere”. Que el único Rico del fin del alfonsinismo fue un Teniente Coronel. Que la revolución productiva. Que el salariazo. Que el plan Bonex, que el plan Brady, que en alguna la vamos a embocar, que Roig, que Rapanelli, que Erman González, que Cavallo. Que la embocamos. ¡Grande, Mingo! Que con el uno a uno todo se puede. Que la constitución no se toca, que la constitución se tocó. Que se viene la reelección, que entramos en recesión. Que se va a acabar la fiesta para unos pocos. Que el candidato oficialista quiere salir de la convertibilidad, que gana el candidato opositor que prometió seguir con el modelo económico. Que las Torres Gemelas se caen en directo. Que el Megacanje, que el Blindaje. Que se vaya Machinea, que se vaya López Murphy. ¡Que vuelva Cavallo! Que se vayan todos, que no quede uno sólo. Que Puerta, que Rodríguez Saá, que Caamaño, que Duhalde. Que el que depositó dólares recibirá dólares y que frente a Carlos Saúl Parte III, mejor votar al del apellido difícil… El año que viene estarán habilitados para votar chicos que nacieron en 2001. No vivieron la caída del muro ni plantaron café en Nicaragua. No le hicieron un apagón a Menem ni cacerolearon contra De La Rúa. A duras penas puede que recuerden vagamente la asunción de Cristina Kirchner y sólo porque coincidió con que estaban en primer grado. No hay diferencia de percepción entre lo que para ellos fue el gobierno de la Alianza con lo que fue la gestión de Viola para mi generación, Farrell para nuestros padres, o Marcelo T. de Alvear para nuestros abuelos: presidencias que terminaron antes de que naciéramos. Puede que muchos sepan qué pasó o qué se hizo durante cada año de la democracia, pero porque tuvieron que estudiarlo. Entre tanto, nosotros y los más grandes seguimos en el loop perpetuo de discutir el número de desaparecidos de la última dictadura mientras nos reímos de las costumbres de los más pibes por varios motivos, pero con un hilo conductor: no los entendemos. No hay que putearlos por burros sino aprender a comunicarles cosas que nos interese que sepan. Pero antes, tenemos que tener cosas que les interesen. ¿Qué les puede importar los coletazos del colapso neoliberal en la justificación del presente si no habían nacido? Imagínense lo que puede impactar en sus cabezas el torneo por ganar la Copa de la Culpa de la década de los setenta: pasaron menos años entre los fusilamientos de José León Suárez y mi nacimiento que los que transcurrieron entre el Golpe de Estado de 1976 y la llegada al mundo de los futuros debutantes cívicos. Crecieron en un occidente sin dictaduras militares, dentro de un mundo sin Guerra Fría, en un siglo en el que Rusia es capitalista de mercado. Ver las Torres Gemelas en una película no les da un sentimiento de terror o nostalgia: les dice que el filme es de antes de que ellos llegaran a este mundo. ¿Cómo pedirles que nos entiendan si seguimos discutiendo los conflictos de nuestros viejos, nuestros abuelos o de gente que falleció hace dos siglos? Me preocupa qué otras cosas de la democracia y la república les estamos transmitiendo. Lo más cercano que están a ver a nuestro ejército en funciones es en un cambio de guardia de los granaderos en la Plaza de Mayo. Desde lo positivo, no se plantean otra forma de gobierno. ¿Cómo enseñarles a valorar el poder del consumidor si nunca vivieron un mes de sus vidas sin inflación? No tenemos cómo transmitirles el valor del esfuerzo si nuestro leit motiv es pegar un laburo en blanco que nos permita jubilarnos dignamente cuando llegue la edad requerida. Mi generación creía que era normal la corrupción, que todos roban. La generación posterior ni se pregunta cómo un político es multimillonario si el currículum vitae les entra en un tuit. También tengo el dudoso gusto de pertenecer, estadísticamente, a la generación más psicoanalizada de las últimas décadas. Llega un punto en el que ya no puedo cargar a mis viejos con las culpas de lo que pude o no pude hacer, ponerme los pantalones largos, ajustarme la corbata y hacerme cargo de mi vida. ¿Cuándo es el momento? Varía en cada uno. Pero en materia cívica, el punto de quiebre es mucho más sencillo: la barrera en la que dejamos de putear a nuestros viejos por el país que nos dejaron está determinada por la segunda elección en la que participamos, cuando ya somos 100% responsables de lo que se hizo en el último período presidencial, sea por acción, por omisión o por simple apatía. Y es aquí donde quiero hacer una parada estratégica. Crecimos “padeciendo” el mundo que nos legaron nuestros viejos y no hicimos demasiado para modificarlo, más allá de cargar tintas sobre cosas que ni siquiera vivimos y que pretendemos juzgar desde la comodidad del siglo XXI, o tuiteando en el baño. Sólo para poner blanco sobre negro: mi viejo votó por primera vez a los 27 años; a esa misma edad, yo ya había participado de nueve elecciones. ¿Con qué cara puedo hacerme el boludo? Y va más allá de no tener responsabilidad por no haber votado por el kirchnerismo. Se trata de educación cívica por imitación, de transmisión de valores, de protestar por cosas serias, de putear cuando corresponde, de explicar por qué no es lo mismo que protesten los laburantes o comerciantes, a que se considere una “marcha de la resistencia” a un puñado de procesados penales con pasados de funcionarios públicos. Es el punto medio entre el desprecio por la política y la locura a la que nos quieren someter los políticos que pretenden que “no nos quejemos si no participamos”, cuando el país tiene un sistema delegativo por una sencilla razón: no somos un consorcio. Estos chicos que nos parecen marcianos a quienes no logramos entender, no aparecieron por generación espontánea, son producto nuestro. 110% nuestro y de nuestra falta de ganas de levantar la voz en la cola del supermercado, de no explicarles que Nueva York está administrada por personas comunes y no por extraterrestres en una dimensión paralela. Que las cosas no tienen por qué ser aceptadas sólo “porque te tocó nacer en Argentina”. Si usted, estimadísimo lector, tiene unos años más que yo, sepa disculpar todos los años en los que no quise hacerme cargo de que ya era un ciudadano como usted. Si vos, querido lector, tenés mi edad, o cuatro años para arriba o para abajo, quiere decir que transitamos juntos algún punto de la escuela secundaria, que somos fruto del mismo sistema educativo. Lamento contarte que ya estamos grandes y doblamos en edad a los que se inician en la vida cívica el año entrante. Entiendo que nos limaron la cabeza, que nos llamaron “jóvenes” durante doce años y hasta nos dijeron que Máximo, Larroque y hasta el cincuentón Amado Boudou eran jóvenes, aunque estuvieran más cerca de los problemas de próstata que de los de acné. Algo me dice que fue cultural, como cuando éramos chicos –chicos de verdad– y nos decían que había conversaciones de las que no podíamos participar porque éramos nenes. Y los turros de nuestros adultos tenían las conversaciones en la cena de Nochebuena o para fin de año. Algo parecido se dio cada vez que nos decían “jóvenes” en un acto político como para que nos olvidemos de todo, por la comodidad que da ser chico y no ser responsables de nuestros actos. Lamento recordarnos que Julio Roca y Nicolás Avellaneda asumieron sus presidencias a los 37 años, tres años antes de que Máximo obtuviera su primer trabajo registrado. Y si por casualidad tengo la suerte de que este texto haya caído en manos de alguno de los más pibes: creeme, este país no será normal, pero probablemente ninguno lo sea. Es más, por una cuestión proporcional, residen más humanos en países sin organizaciones judeo-cristianas. Sin embargo, no podés resignarte a que todo sea natural “porque naciste en Argentina”. No te resignes. No les des el gusto. Si el rubio de la foto tenía 10 años, también vota el año que viene. Miércoles 31 de agosto. “No es tarea fácil educar jóvenes, pero adiestrarlos es muy sencillo”, decía Rabindranath Tagore en medio de una guerra de tizas de sus discípulos.

Martes por la tarde, el Servicio Meteorológico anuncia descenso de la temperatura después de cinco días de lluvia al hilo, rotación del viento y seis linchamientos. A nadie se le podría haber ocurrido algo mejor para levantar el ánimo que a Cristina. Una buena cadena nacional festivalera que se precie, merece tener teloneros, tipos que están por debajo del talento del artista principal, pero que entretienen al público. Un croto inviable que se presentó como “activista del hip-hop” y un payaso que dijo estar haciendo “stand up”, precedieron a Cristina en el uso de la palabra. El primero de ellos, representante de lo más bajo de la marginalidad citadina norteamericana. El segundo, un payaso que curraba con chistes que no escuchaba desde los recreos de tercer grado de la primaria. Si algo demuestra que los linchamientos no están realmente de moda es que estos dos ladris llegaron con vida a este 9 de abril. Luego de tamaño acto de lisergia transmitida a todo el país, la Presi encaró su discurso en defensa de la palabra “en tiempos en que, algunos, quieren que volvamos a la barbarie”, para luego afirmar que no piensa hacer un pomo por la inseguridad, porque es un problema “que es de ayer, de hoy y de mañana”, porque son problemas de la exclusión. "Y quiero decirles que aquellas profecías que se desgranaron en radio, en televisión, en río de tinta acerca de que íbamos a manipular la Justicia o perseguir a los jueces probos, resultó desestimada" Cris, 2007 Tamaña afirmación de parte de quien preside una gestión que ya lleva diez años y once meses al mando de los destinos de la Patria, dan como un poquito de nervios. No fueron sólo palabras: durante años nos metieron en la cabeza que la delincuencia es producto de la falta de educación, la carencia de recursos y la ausencia de perspectivas de ascenso social. Hoy, enfrentar la inseguridad implica reconocer una de dos: o que la delincuencia no es producto de la falta de educación, la carencia y bla, bla, bla; o que el triunfo de las políticas de la década ganada es más falso que declaración jurada kirchnerista. Pleno centro de Flores, dos amigos de lo ajeno roban un local de electrónica, se tirotean con la policía, se dan a la fuga, chocan un taxi y un auto que un pobre boludo dejó estacionado. En La Plata, un kiosquero fue asesinado de un corchazo en el pecho, a pesar de no resistirse al asalto: lo fusilaron después de que entregó el dinero. Por las dudas. En Villa Crespo, un valiente de la vida fajó a una mujer adentro de un cajero automático. La cana tardó una hora en llegar. En Balvanera, otro titán de la vida le dio su merecido a otra mina camino al supermercado. En Recoleta, una pareja de triunfadores intenta un robo mientras los pibes salen del colegio. Un agente de la Prefectura, que para llegar a fin de mes se encontraba manejando un taxi, se prende en el tiroteo. Al hospital. En un centro de jubilados en las afueras de La Plata, mientras un grupo de viejos jugaba a las cartas y a la lotería, dos winners entraron y los encañonaron. La víctima más joven tiene 70 años. Los hechos del párrafo anterior también son palabras. Los tomé al azar y pertenecen a los últimos dos días. Podría seguir el listado -la señora de 78 años que mataron a palazos en Jujuy, los tres chicos de 14 años que torturaron y aniquilaron a machetazos a un matrimonio de 80 años en Córdoba, y así- pero el texto terminaría en el blog de al lado. "el Gobierno nacional pone sus recursos para que las Madres puedan levantar este fantástico complejo y podamos seguir trabajando entre todos." Cris, 2011 Quienes no se cayeron del barco de esta década de triunfos pagan voluntariamente por servicios que ya pagaron obligadamente. A pesar de sufrir el descuento obligatorio por obra social, el que puede, paga un plan de medicina privada, ya que prefiere que lo atiendan rápido, pasar por la farmacia y volver a casa. La otra opción es hacer treinta y dos trámites por las dudas que alguno se engripe, comprar varios bonos de distinta denominación por si las moscas, chequear el listado de clínicas medianamente aceptables que acepten esa pajereada que le vendieron como triunfo laboral, y never in the puta life olvidarse la chequera para la farmacia. Obviamente, mejor ni hablar de esos esperpentos que las palabras denominan “hospitales públicos”, que se mantienen con nuestros impuestos, y en los cuales uno puede entrar con una bronquitis y salir con una colostomía, si es que sobrevive a la depresión de edificios grises, con goteras cuando llueve, con radiadores oxidados imposibles de calefaccionar una caja de zapatos, con paredes que no se sabe sin son verdes tristeza porque es el color que conservan de la última mano de pintura de 1963, o sólo están cubiertas de moho. En materia de educación, al que todavía le quedó algo del riñón vendido, manda a los pibes a un colegio privado. En cambio, el que ya está achinado de comer arroz todos los días, no tiene otra opción de mandar al pibe a un colegio público en el cual saldrá preparado para ser masacrado en la universidad. "Pero por sobre todas las cosas la garantía de la igualdad, porque si algo debe caracterizar el ejercicio de la democracia es la igualdad ante la ley" Sí, la Presi de nuevo, 2007 En cuanto a la seguridad, las opciones se reducen considerablemente. La clase gobernante cuenta con su policía personal, al que ningunean y hacen cargar las valijas. Otros, como Amado Boudou, no son capaces de mandar una corona de flores al velorio, luego de que el agente asignado a su custodia lo dejara en su departamento de Puerto Madero y llegara a su casa en Lanús a las tres de la mañana, donde lo fusilaron tres pibes que se habían encariñado con su auto. Luego, el poder adquisitivo se puede medir en relación a las medidas de seguridad con las que se cuenta. En orden decreciente: seguridad privada de agencia reconocida, seguridad privada de agencia de segunda mano, sistema de alarma conectado con la Comisaría -suerte si la necesitan-, sistema de alarma que sólo despierta a los vecinos, puerta blindada, rejas en la ventana y, en el último de los eslabones, una estampita de San Benito y un Padre Nuestro antes de salir de casa. Hay cosas difíciles de entender, como que en la ciudad de Buenos Aires habiten la misma cantidad de vecinos desde hace 30 años y, a pesar de haber récord de uniformados en actividad en la Federal, más la Metropolitana, no puedan cumplir con una vigilancia mínima. El policía de la esquina -a no ser que se tenga la suerte de vivir a la vuelta de un funcionario del gobierno o de un testigo custodiado- es una imagen que pertenece al arcón de los recuerdos, como la Bidu-Cola, la radio a transistores y el acceso a la vivienda propia de la clase media. En la provincia de Buenos Aires, en cambio, te la regalo: casi 900 villas repartidas en el conurbano, la inmensa mayoría de ellas llevan el sello “Modelo de redistribución con acumulación e inclusión social”, como CopyRight. Si a ello le sumamos que la provincia más grande del país tuvo que sobrevivir a dos gestiones de León Arslanian al frente de la seguridad, es demasiado. "Hasta en las villas tienen antenas de DirecTV, porque ahora les va bien". Cris, terrateniente y millonaria, 2010. Encasillar a la villa con la delincuencia es, obviamente, erróneo. El problema no es la villa, es la marginalidad. Y en este país se ha convertido a la marginalidad en “parte de la cultura que no debemos negar, porque es un reflejo de la sociedad en la que habitamos”. O sea, para qué arreglarlo, si con las palabras les podemos dar estatus y todos contentos. Si alcanzara con urbanizar las villas, el barrio Ejército de los Andes no sería conocido como Fuerte Apache. Y así andamos, con pibes bien que se deliran con cumbianchas y reggaetones, mientras desprecian a los monchos. El desprecio incoherente es recíproco, dado que el marginal de turno odia a los ricos -que en su cosmovisión, engloba desde Goyo Perez Companc hasta una jubilación mínima- pero desea todo lo que tiene. Ni siquiera estamos en condiciones de hablar de “guerra de clases”, dado que no hay un objetivo en común: unos quieren el patrimonio de otros, los otros sólo quieren que no les rompan las tarlipes. Y si hablamos de palabreríos, Daniel Scioli decretó la “emergencia en la seguridad pública” y fundamentó su decisión en “la violencia sin precedentes de los últimos hechos”. Pragmático como nadie, en tan sólo siete años de gestión gubernamental notó que la delincuencia se estaba descarriando. Al gobernador le llevó casi 76 meses darse cuenta que la inseguridad es un problema. En menos de dos mil doscientos ochenta y cinco días de gestión, el que quiere ser presidente encontró un problema y decidió afrontarlo. Y con todo, eh. "Están quienes hacen declaraciones sobre la pobreza y los que nos dedicamos a ejecutar acciones todos los días para combatirla", Cristina, tiroteando al entonces Arzobispo Bergoglio, 2009 Convocó a prestar servicio obligatorio a cinco mil agentes de la Bonaerense que, hasta el viernes, estaban en sus casas secando yerba al sol para tomar mate. También decidió avanzar en la creación de fiscalías, siguiendo el patrón que dejó demarcado Arslanian cuando creó ese código procesal que funciona desde 1998. Cualquier coincidencia con el inicio de la escalada dramática año a año del delito podría ser coincidencia, pero Scioli está para otras cosas. Uno de los mayores problemas de la lucha contra la delincuencia es que son demasiados los miembros de la policía que viven en zonas que ningún ingeniero civil se atrevería a denominar “urbanización”, no al menos en los parámetros occidentales. Hambreados, cobrando dos mangos en blanco, trabajando 24 horas para sumar adicionales en el mejor de los casos, cortando boleto a los automovilistas, sin posibilidad salarial de poder comprar una casa en algo que se asemeje a un barrio, y cumpliendo con los caprichos de tipos que empilchan trajes equivalentes a un año de sueldos policiales. El uniforme rara vez es la vocación, sino la única salida a un sueldo fijo y una obra social pedorra. Forman parte de la misma cultura marginal a la que los políticos, ahora asustados por la pérdida de imagen, pretenden controlar. Pero nuestros queridos funcionarios tampoco son idiotas y fijaron la “emergencia” por tan sólo 12 meses. Después, los controlados serán necesarios para votar. “¡Conmigo, el ajuste no! ¡No voy a ajustar a los argentinos! ¡Si quieren el ajuste, que vengan ellos a gobernar!” La Presi, 2010 y, también, 2013 A todo esto, hay que sumarle un Poder Judicial corporativista a nivel magistrados, e incoherente a nivel empleados, en el que personal con causas penales por ocultar a sus hijos, son empleados en fiscalías y juzgados de familia, donde entienden en casos en los que el culpable hace lo mismo que ellos. Tuve más fe en que le llegara mi inversión al niño somalí que tocaba el piano con las costillas mediante los 0,003 centavos de australes que donaba AOL por cada mail reenviado, que la que podría llegar a tenerle a esta manga de analfabestias al hacerse cargo de la inseguridad. No es que desconfíe, pero en siete años Cristina dio 835 discursos -y no cuento los bises de las últimas apariciones en la Rosada- me acostumbré más a las palabras que me dicen que los hechos no son como los veo. Así es que podemos llegar a verla festejar la educación universitaria integradora como logro de su gestión porque un wichi salteño se recibió de enfermero, en un país en el que Justo José de Urquiza, Hipólito Yrigoyen y Victorino de la Plaza ejercieron la presidencia con sangre indígena y sin delirios progres. Y aunque parezca ridículo, que un gobierno sostenido sobre los pilares del verso y el chamullo homenajee a la palabra como “lo más importante de la democracia”, tiene lógica. Porque para algunos, la democracia se sostiene sólo en las palabras, lo que deriva en que el un gobierno sea considerado el mejor de la historia intergaláctica sólo en base a sus discursos. “Hace pocos días lanzamos también la licitación de electrificación del Ferrocarril Roca, del San Martín, la renovación total de la flota del San Martín, el soterramiento del Sarmiento, o sea, una modernización, una puesta en marcha de toda la red ferroviaria” Anuncio del tren bala a Rosario, 2008. También lo dijo en 2009, 2010, 2011, 2012, 2013 y 2014. Porque, como bien citó Pepe Soriano a Pablo Neruda, “se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”. Y el relato, Pepe. Se llevaron todo y nos dejaron el relato. Miércoles. “La diferencia entre la palabra casi correcta y la palabra correcta es como la diferencia entre el relámpago de errores y el relámpago“, decía Mark Twain mientras pelotudeaba en Twitter. Publicado por relatodelpresente Todo el contenido publicado es de exclusiva propiedad de la persona que firma, así como las responsabilidades derivadas.

La cuenta oficial de Presidencia de la Nación dio de baja el spot de youtube del "abuelo Quique" después de que este blog revelara que se trata de un actor porno Actualizamos: el bloguero Mis 2 centavos, se avivo y lo guardó. Acá lo pueden ver al spot que presidencia dio de baja tratando de evitar el escándalo link: https://www.youtube.com/watch?v=NWPguogqIew
Un grupo de estudiantes desarrolló un programa que reproduce la letra del ex presidente venezolano La "tipografía chavista" fue desarrollada por el grupo Trinchera Creativa, conocido en Venezuela por hacer videos "antiimperialistas", y se suma a la horda de homenajes insólitos a Hugo Chávez. Desde las canciones dedicadas al bolivariano hasta el merchandising, que incluye llaveros y muñecos con la figura del fallecido ex mandatario, ahora los chavistas también pueden escribir documentos con la letra de su líder. Para crear la tipografía, se formó un equipo de investigación que estudió las cartas que Chávez escribió cuando estuvo preso por el intento de golpe de Estado de 1992, y copió carácter por carácter su estilo de escritura. Un dato no menor es que el bolivariano era zurdo. Su lanzamiento fue este lunes, día en que se conmemora el natalicio de Chávez y el gobierno de Nicolás Maduro organizó distintas ceremonias de honor con la presencia de mandatarios de la región, que viajaron a Caracas para la Cumbre del Mercosur. La fuente ChávezPro se puede descargar del sitio de Trinchera Creativa. http://www.trincheracreativa.com/
RELATO DEL PRESENTE Entre las cosas más lindas que nos trajo el kirchnerismo está el debate al pedo por cosas que pasaron hace mucho, pero que hacen falta traer al presente para echarle la culpa a algo. Debatimos el “neoliberalismo” de los ´90 en base a la privatización de empresas que nadie podía mantener, mientras se hacen unos despilfarros de los lindos con las renacionalizaciones. Nos peleamos por los derechos humanos de los ´70 sustentados en hechos que aún hoy ocurren, mientras todos nos tenemos que hacer cargo de los Sueños Compartidos y de la Universidad de las Madres. En el primero de los casos, el debate es tan al pedo que no resiste ni el legajo de la Presidenta. En el segundo de los casos, el debate es tan al pedo que tampoco resiste ni el legajo de la Presidenta. Hoy, en debates al pedo, el boludo que escribe las líneas de lo que se ha dado en llamar Relato del Presente (CopyRight 2008) les trae un nuevo tema de composición: El Servicio Militar Obligatorio, Colimba o Conscripción, Podría estar a favor de la colimba. Me resulta muy cómodo analizarlo a una edad a la cual no califico para un cuartel. Pero yo no creo ni en la obligatoriedad del voto, imagínense lo que puedo opinar sobre la idea de que el Estado me obligue a vestirme de verde y a soportar los gritos de un suboficial que, si la cabeza le hubiera dado para algo más, no justificaría su sueldo cagando a pedos a un montón de pendejos que 90 días atrás estaban haciendo culopatín en el Cerro Catedral. Educando al soberano. El Servicio Militar Obligatorio surgió por iniciativa del ministro de Guerra del segundo mandato de Julio Argentino Roca, el General Pablo Riccheri. No es que haya salido de su loca cabecita modernista, sino que se aplicaba en casi todos los países desarrollados. Antes de putearlo por la iniciativa, debemos tener en cuenta dos cosas. Primero, los motivos que llevaron a crear la conscripción. Segundo, que Riccheri tuvo una idea aún peor y por la que la historia aún no lo ha juzgado: la creación de la Asocación de Boy Scouts Argentinos. Para entender los motivos que llevaron a la creación del servicio militar, hay que tener en cuenta que no existía un ejército profesional hasta la llegada de Roca, y que gran parte del país estaba sumida en el analfabetismo, algo que colisionaba de frente y a 200 kilómetros por hora con el modelo de progreso de la generación del 80. Riccheri, que venía de formarse con honores en las mejores Escuelas de Guerra de Europa, fue funcional al criterio de pacificación encarado por Roca tras la derrota de Mitre: no más milicias ni mercenarios, sino un único ejército nacional. Y para que hubiera respeto por el ejército, nada mejor que meterlos a todos dentro de él. Era el modelo que se estilaba a principios del siglo XX. El servicio militar obligatorio nació con un espíritu de igualdad y progreso. O sea, el conscripto Sosa llegaba del pueblito La Cocha, Tucumán, y era cagado a pedos y bailado del mismo modo que lo era el conscripto Núñez Anchorena. Esa era al menos la idea, aunque la realidad demostraba que, muchas veces -influencias mediante- Sosa terminaba lustrando botas y don Núñez le cebaba mate al Capitán. Pero más allá de esos detalles que ilustraron a la colimba a lo largo de sus 93 años, hay otros puntos en los que era una idea imbatible: el analfabetismo desapareció de nuestro país en las primeras décadas de su implementación. No sólo aprendían a leer y escribir, sino que también eran educados en oficios. Muchos de los plomeros, gasistas, electricistas y mecánicos que nos hemos cruzado en nuestras vidas aprendieron sus labores en su paso por los cuarteles. Si a eso le sumamos respeto y disciplina laboral, el combo era perfecto. De un modo difícil de explicar, la conscripción sobrevivió a los años de la subversión y fue recién abolida en 1994, después del caso Carrasco. La presión de la opinión pública apuró al pragmatismo electoralista de Menem, quien decidió suprimirla de una sin realizar una evaluación de consecuencias sociales. Primero los votos, después se verá. Las consecuencias sociales a las que me refiero están a la vista. La colimba ejerció muchas veces de tapón social. Era una de las formas que tenía el Estado de educar cuando todos los demás estamentos habían fallado. En caso de emergencia, rompa el vidrio y vaya al cuartel. Su desaparición derivó en que las siguientes generaciones no tuvieran la posibilidad de coexistir con sujetos de distintos estratos sociales, esos mismos estratos sociales que hoy se desprecian. Hablar de la reinstauración de la obligatoriedad del servicio militar me resulta patético. Ya es tarde. Y por otro lado, va más allá de las posturas militaristas o antimilitaristas: es el reconocimiento de que fallamos por todos los flancos. Recurrir a la colimba es afirmar que otra no queda, que la cagamos, que la educación no educa y que el trabajo no dignifica porque no hay dignidad cuando se es pobre a pesar de tener laburo. Sólo pensar en la colimba como posible solución a los problemas es tan frágil que ni siquiera se tienen en cuenta las consecuencias. En los sesenta y setenta, los grupos subversivos aprendieron tácticas de guerra e inteligencia con enviados del exterior. Pero el manejo de las armas se los brindaba el propio Estado al que después combatirían. Ni siquiera la supresión de las 56 y 57 pudo con el problemita de tener a colimbas brindando información para afuera, formados, entrenados por un ejército profesional. Hoy, con un tejido social absolutamente destruido en sus estratos más bajos y una realidad económico-social diez mil veces peor que la de aquel entonces, no entiendo cómo no se avivan. Uno, dos años en un cuartel para que, luego, el ex pibe de la villa vuelva a sus calles de tierra, su casilla de madera y su vida de mierda, pero con un valor agregado: entrenamiento militar. Tendrán la dignidad de haber servido a la Patria que no les dio una puta oportunidad, pero volverán a sus hogares precarizados, a sus situaciones extremas, a la ley de la jungla y sabiendo manejar un rifle. Un golazo de media cancha. Sin duda, son unos genios. También puede pasar que la idea venga acompañada de una mejor calidad de vida para la familia, una casa digna y perspectivas de progreso a futuro, o que se contemple meter a un joven conflictivo en un cuartel hasta que tenga la edad suficiente para volver a usar pañales. Lo interesante es plantear otra idea, buscar conceptos nuevos. No siempre lo viejo falla ni lo nuevo triunfa, pero probar algo nuevo es más tentador que reinstaurar algo que ya no se puede reinstaurar. Entiendo que muchos, incluso opositores al gobierno, se sientan entusiasmados con la idea, pero volver a colocar la colimba después de veinte años, no nos va a devolver nada. Es como ir a vivir a la casa de los viejos y pretender tener 16 otra vez. Podrían probar con un Servicio Comunitario, una forma pintoresca de que se le devuelva a la sociedad algo de la que todos hemos recibido en algún momento. Mi colimba la hice gratis en el Poder Judicial, por ejemplo. A las siete de la matina era el único zombie detrás de la mesa de entradas que preparaba los libros de movimiento, acomodaba las cédulas, encasillaba las causas, preparaba el correo y se preparaba para una jornada de maltrato de parte de abogados, jueces, fiscales, defensores oficiales, secretarios y los respectivos gatos de cada uno de ellos. Dos años en los que conviví con la miseria de policías asesinados, policías presos, chorros que no les quedaba otra, chorros por deporte, garcas de mucha guita, carteristas sin un mango, violadores, minas violadas, incesto, putas, drogas, armas, villas miserias, mansiones imposibles, empresarios, multimillonarios, indigentes, abogados de Porche y Valentino, bogas de bondi y Modart, rochos, chetos, barrabravas, niños de futbol con pelota de trapo en el baldío, niñas de hockey sobre cesped en el campus del Euskal Echea. Si alguna vez quieren ver las miserias de una ciudad en una mañana, paseen por tribunales. Luego de esos dos años pegué el cargo y me quedé el tiempo suficiente para darme cuenta que la guita no me convertía en ciego. Y aguante más tiempo. Porque el hambre puede más que cualquier principio. Me gusta la idea del Servicio Comunitario, aunque con cierto criterio, claro, porque tampoco me va mucho conceptos tales como que la Universidad la pagamos todos y sólo pueden ir los que pueden pagar una privada, entonces hay que devolver algo de lo que el Estado nos brindó. El que tiene un millón de dólares, paga impuestos por un millón de dólares ¿Por qué privarlo del sistema educativo que financia? Pero así y todo, tengo mis reparos hasta con los servicios comunitarios. Una Comisaría donde el pibe aprenda donde se inicia la cadena de recaudación paralela de la política, una oficina pública donde se lo eduque en maltrato al ciudadano, excusas de ausentismo, la inutilidad de 15 personas que no pueden realizar las labores de una sola, el inexplicable ascenso social del jefe que con 20 lucas de salario tiene un yatecito. Aparte existe el problema de que es un territorio ya explorado. Los colimbas de la política existen y son muy bien rentados. Cumplen órdenes sin cuestionarlas, juran defender con la vida un ideal difícil de dimensionar y son capaces de llevar a cabo las tareas más indignantes con orgullo, como defender la Patria cantando en el Patio de las Palmeras de la Casa Rosada. Tienen superiores jerárquicos de quienes no tienen idea cómo hicieron para llegar, y el Teniente General que los prepara para la guerra política es un Inútil Todo Servicio que llegó a la máxima jerarquía gracias a que los padres no sabían que hacer para que realizara algo que aparentara ser productivo. A diferencia de la histórica colimba, el colimvo -corre, limpia, vota- no se limita a un servicio de uno a dos años y la inmensa mayoría pretende quedarse con ánimos de hacer carrera. Hay un montón de pibes a los que les vendría diez puntos una buena pasantía, aunque fuera no rentada, pero tienen todos los lugares del Estado copados por idiotas, como el tribunal del INCAA -que, por ejemplo, tiene que decidir si financia o no un guión de Eduardo Sacheri- y está compuesto por boludos de treinta sin mayor noción cinematográfica que la que les brinda haber visto una maratón de Los Bañeros Más Locos del Mundo. Analfabestias sin otro orgullo que el de pertenecer a la nada, son los que deciden qué vale y qué no. Por otro lado, estaría bueno aclarar algo: a pesar de que Página/12 diga lo contrario, o se hagan los boludos al respecto, la idea es de personajes del oficialismo. Mario Ishii es “el más kirchnerista de los intendentes” y el Sheriff Granados también es oficialista. Igual, los entiendo. Si no pueden reconocer que la idea proviene del riñón, mucho menos podrán dimensionar la gravedad de que la idea provenga del riñón. O sea, once años en los que nos dijeron que la inseguridad no era para tanto, que en todas partes del mundo pasa, que tenemos el índice más bajo de latinoamérica -flor de orgullo- y que el delito se resuelve con inclusión social, trabajo y educación. No quisiera estar en el lugar de quienes tienen que explicar cuál de las dos cosas pasó: si el delito no se soluciona con inclusión social, trabajo y educación, o si la inclusión social, el trabajo y la educación de los últimos once años son más falsos que el peronismo de Boudou. Martes. “Porque a usar las armas bien nos enseñaron, y creo que eso es lo delicado”, cantaba un excolimba mientras el Gobierno suprimía el llamado a Servicio de dos generaciones para evitar “infiltraciones subversivas”. Al artista, obviamente, lo censuraron. link: http://www.youtube.com/watch?v=qrC6AusdVz8
La semana empezó con todo. Luego de un finde que terminó con el socialismo santafecino bailando para celebrar que, después de ocho años de oficialismo provincial, un humorista perteneciente a un partido que representa todo lo contrario a los estandartes socialistas ––menos eso de celebrar con baile– les peleó la gobernación, no podíamos esperar normalidad en los días por venir. Cristina salvó la semana laboral con tres horas en la Casa Rosada, todas televisadas, dos por cadena nacional. Veinticuatro cadenas en veinticuatro semanas. Una temporada completa de cualquier serie americana. Esta vez, Cris utilizó la cadena para repasar los titulares de los medios, aumentar la asignación universal por hijo e inaugurar una estación de servicio que ya funcionaba hacía dos meses. Luego de contarnos las propiedades de la estación, con especial detalle en los lugares para estacionar y el servicio de comida ––se nota que no sale a una ruta desde que el Camino Real del Oeste se convirtió en la Ruta Nacional 7 en 1935 y aún está sorprendida por la desaparición de las postas– la Presi mostró sus impresionantes dotes para las ecuaciones complejas al afirmar que 18 más 4 da por resultado 23. No creo que lo haya hecho de burra, sino que le quedó asimilada la fórmula matemática aplicada desde hace años para cualquier cosa, sean índices de inflación, pobreza, desempleo o, sencillamente, declaraciones juradas patrimoniales. Lo que dio un poco de nervios es que lo dijo tan sólo unos días después de afirmar que las decisiones económicas las toma ella, y no el minimistro a quien no sabemos bien para qué corno le pagamos el sueldo, si además de no invertir ni siquiera en un traje de Cheeky como la gente, ni siquiera cumple con sus funciones. Para finalizar, luego de cagarnos bien a pedos a los periodistas, avisó que nos dejará otro regalito para el futuro: una ley para que se aumente obligadamente dos veces por año la AUH. O sea, para que otro haga lo que ella no hizo. La monada se volvió loca de alegría y festejaron una vez más que la pobreza deberá ser subsidiada para no figurar como pobreza. El legado intacto: la celebración de que fracasaron de manera calamitosa en todo lo que emprendieron, menos en el choreo, obviamente, en el cual demostraron que siempre, pero siempre queda algo más por rascar en el fondo de la olla. Menos de veinticuatro horas después, María Eugenia Vidal ––nacida en el porteñísimo barrio de Flores y presidente de la legislatura de la ciudad de Buenos Aires– anunció que su candidato a vicegobernador para la provincia de Buenos Aires será Cristian Ritondo, que nació en el porteñísimo barrio de Mataderos y ejerce como legislador de la Ciudad desde hace ocho años. Es la puerta que abrió el kirchnerismo cuando enchufó a los bonaerenses a Daniel Scioli, el gobernador del Abasto, y que continuó con la candidatura de Néstor Kirchner como diputado por la provincia bajo el amparo de haber vivido cuatro años en la Quinta de Olivos. Son esas cosas a las que ya nos acostumbramos. Ritondo justifica su posibilidad de presentarse por la provincia dado que vive en el Pacheco Golf, con lo cual uno se pregunta que es menos ético: postularse para la Provincia en la que vive, o haber ejercido como legislador en una ciudad en la que no reside. Sin embargo, el plato fuerte de los anuncios de la semana llegó minutos después de la mano de Daniel Scioli, quien dijo que su candidato a vicepresidente será Carlos “el Chino” Zannini. El sadomasoquismo debe ser un requisito excluyente para formar parte del kirchnerismo. Debe ser eso. Si no, no se explica tanta goce de un lado y del otro, tantas ganas de servir un banquete de sapos y tanto placer en deglutirlos. La movida la empezó Luis D’Elía hace unos días, cuando dijo que “nadie puteó tanto a Scioli como él” ––tengo mis dudas respecto del primer puesto–, “pero que es el único que garantiza el modelo”. Lo continuó el mismo D’Elía ayer, cuando salió a matar a Florencio Randazzo, a quien le tiró con Menem, Wikileaks y la embajada de Estados Unidos. También lo acusó de haber entregado a Amado Boudou, con lo cual no sabemos bien si quiso hundir a Floppy o poner las pelotas en dos canastos, por si las moscas. Lo llamativo es que Luis D’Elía afirmó que Randazzo representa al “neoliberalismo criminal” que él combatió en los noventas, cuando el piquetero le mandaba cartas de felicitaciones a Domingo Cavallo. Y resulta llamativo porque dijo exactamente lo mismo de Daniel Scioli. El caso de Daniel Osvaldo Scioli es único en el país. En el entorno de quienes lo acompañan siempre repiten un mantra: “Si hay fuego, no se quema; si llueve, no se moja”. Y lo increíble es que pareciera ser cierto. No es que le hayan pasado cosas más difíciles de justificar que las que tuvo que salir a defender el Gobierno Nacional, pero mientras que en la Casa Rosada, ante cada moco, tienen que diagramar un batallón de medidas propagandísticas para tapar la cagada, Scioli sólo debe dejar que pase el tiempo. Y eso que se manda de las suyas. A cuestiones tan difíciles de explicar como su patrimonio ––del que no se tiene una declaración jurada pública desde 2007– hay que sumarles otros hechos hermosos como el ocultamiento de los muertos por la inundación de La Plata del 2 de abril de 2013. Y no lo digo yo: lo dice la Justicia. De esa joda tampoco aclararon nunca qué onda con el convenio entre Nación y Provincia por el cual delegaron la limpieza de los arroyos de la capital provincial en la cooperativa “Néstor Vive en Nosotros” por unos módicos cuatro millones de pesos a valores de 2012. La limpieza, como era de esperar en esta era en la que se Gobierna con anuncios, nunca se hizo. Quizás, el hecho de que la cooperativa tuviera domicilio en Escobar (122 kilómetros por ruta) haya incidido un poco en la falta de compromiso. Tal vez, que una cooperativa cobrara para hacerse cargo de algo que podría hacer el Gobierno, también debería ser un tema a debatir por los cráneos de Carta Abierta, vaya uno a saber. El intendente Pablo Bruera la ligó como el mejor. Cristina se comió un par de puteadas en su Toulouse natal. A Scioli el agua no lo mojó. Un par de años antes, en 2011, desapareció una nena de 11 años. La policía de Scioli golpeaba puerta por puerta y preguntaba si podían pasar a revisar las casas. Movilizaron a todas las fuerzas de seguridad y el cuerpo lo terminó por encontrar una cartonera al costado de la autopista. La misma autopista por la que bajaban los patrulleros y los funcionarios que llegaban desde La Plata para no hacer una goma, pero simular que sí. Esa vez Scioli se comió algunos insultos, pero el fuego no lo quemó. Ya en aquel entonces, el Gobernador había presentado como logro de gestión la incorporación de ocho mil policías y siete mil patrulleros, cuando en realidad sólo había renovado la flota automotor y cubrió en parte las purgas efectuadas por Arslanián. O sea, no había sumado, había reemplazado. Sin embargo, por comparación, su política parecía de mano dura gracias a las críticas disparadas desde el ministerio de Seguridad de la Nación, por entonces a cargo de Nilda Garré. Otro par de años antes, en 2009, la policía de Scioli se había mandado una linda joda con la familia Pomar. La cronología fue épica: suspendieron el primer rastrillaje, realizaron una inspección aérea, recorrieron la ruta una y mil veces, a la familia le allanaron la casa en tres oportunidades, le secuestraron una computadora para analizar, perdieron la computadora, recorrieron un río en gomones… finalmente, encontraron el Fiat Duna de los Pomar con el matrimonio y sus dos hijas muertos al costado de la misma ruta que supuestamente rastrillaron, inspeccionaron por aire, y por la que pasaron quichicientas veces. Por aquellos años, Daniel Osvaldo tenía la costumbre de ir a los velorios de las víctimas de la inseguridad. No la combatía, pero ponía la cara. El hobby lo tuvo que abandonar pronto dado que el día tiene sólo 24 horas. La última joda del Gobernador fue nombrar a Alejandro Granados para que dirija las políticas de seguridad de la Provincia. ¿Los laureles del ministro? Ninguno, pero tiene bigotes de motoquero y le gusta ir calzado con un par de chumbos. La gestión Granados y la declaración de “emergencia” en materia de seguridad, nos trajo de regalo la incorporación express de policías con escasa o nula preparación. Si tenemos en cuenta que la bonaerense de policías instruídos ya era inútil, no hace falta sacar demasiadas cuentas para notar el resultado de las nuevas incorporaciones. Detrás de la cara de pacifista y la actitud de chamán intransigente frente a los embates del kirchnerismo recalcitrante, Scioli siempre lleva agua para su molino. Mientras fue vicepresidente de Néstor Kirchner se tuvo que bancar que la Senadora Cristina Fernandez De lo basureara con un promedio de gol de 1,5 gastadas por sesión. En ese entonces, más de un empleado del Congreso lo vio utilizar los teléfonos públicos para comunicarse porque sospechaba que tenía pinchados hasta los zapatos. Otro habría mandado todo al carajo. Él, que tenía intenciones de ser Jefe de Gobierno porteño en 2007, aceptó la estrategia tramada por Alberto Fernández y Néstor Kirchner de regalar la ciudad de Buenos Aires y le dejó la candidatura al ganador de la vida Daniel Filmus. En compensación, Scioli tuvo que buscar un documento que probara que una vez pasó por el conurbano bonaerense y se fue de gobernador provincial. Desde entonces no hizo más que tolerar los embates de Cristina, los cuales llegaron a extremos tales de paralizarle la provincia al no enviarle los fondos necesarios para pagar salarios. Mientras todo esto pasaba, Scioli armaba mega espectáculos de esos que se denominan gratuitos, pero que se pagan con la confiscación impositiva de la Agencia de Recaudación, que no tenía problemas en embargar a una vieja jubilada por comprarse un televisor. Pintó la provincia de naranja y acomodó a parientes, amigos de parientes, amigos del padre y todo aquel que pasara cerca. Por ejemplo: Karina Rabolini preside la Fundación Banco Provincia. Desde allí recorre las villas, donde llega en helicóptero para realizar distintas tareas, entre las que se encuentra “dignificar” a las mujeres al enseñarles cómo maquillarse gratuitamente… con los productos de su propia compañía de cosméticos. Uno de los hermanos de Scioli, José, está a la cabeza del Movimiento para el Desarrollo Productivo, por el cual recibe guita del Banco Provincia presidido por Santiago Montoya. El otro hermano de Scioli, Nicolás, fue Secretario de Política Ambiental, pero ahora es el vicepresidente ejecutivo del Grupo Banco Provincia. La esposa de Nicolás y cuñada de Scioli, Pilar Douradinha, fue Coordinadora de Desarrollo Social de la Dirección Provincial de Islas, además de consultora de la Organización para el Desarrollo Sustentable con rango de Subsecretaria. De allí, saltó a Asesora en la Jefatura de Gabinete. Clarita, hermana de Pilar, está el programa RockeaBA, financiado por el Grupo Banco Provincia. La otra hermana de Pilar, Josefina, organiza eventos para RockeaBA a través de su propia empresa. Y por si faltaba algo en el entorno de Pilar, una amiga de la cuñada de Scioli, Lilia Neumann, está a cargo de las Relaciones Institucionales de la Casa de la Provincia. Domingo Angelini, hijo de un amigo del padre de Scioli, es el secretario de la Juventud de la Provincia. No es el único amigo del viejo con suerte: el primer Ministro de Economía, Rafael Perelmiter era contador personal de la familia Scioli. El hijo de Perelmiter también pegó un cargo como Director de Tecnologías, aunque en este caso, fue esporádico. Raúl Felipe de Elizalde ––también amigo del viejo de Scioli– es el presidente de la CEAMSE. También se sumó a la ola naranja Lucía Maffrand, prima de Scioli, que fue Subsecretaria de Políticas Sociales, para luego pasar a la Subsecretaria de Políticas de Integración. Y corto la lista acá para que el post no termine en el blog de al lado. El nepotismo tampoco es novedoso en la política. Sin embargo, mientras nos calentamos porque el primogénito presidencial, desempleado y multimillonario, suena como candidato a algo, el Gobernador bonaerense y aspirante a suceder a Cristina le dio laburo a la familia, amigos, amigos del padre y conocidos de familiares lejanos. Sin que el fuego lo queme, sin que el agua lo moje. Volviendo al tema, que Zannini sea candidato a Vice es una jugada maestra, aunque tengo mis serias dudas si la genialidad salió de la cabeza de Scioli o del mismo Zannini, que lejos de vivir en una nube de pedos, pareciera ser el único kirchnerista consciente de que la única vía para conservar el poder pasa por el ignífugo gobernador. En lo particular, y haciendo una proyección hacia un futuro distópico en el que Scioli es Presidente, Zannini me genera menos miedo como primero en la línea de sucesión que como Secretario Legal y Técnico, cargo que ocupó hasta ahora y desde el que se tramaron todas y cada una de las estrategias de gestión de la autoproclamada década ganada. Después de todo, Scioli es a prueba de balas. Y sabiendo cómo se comporta y quién podría sucederlo en caso de enfermadad, ausencia o renuncia, uno no sabría con quién quedarse. Mientras tanto, los de Carta Abierta que preferían a Randazzo, ya están preparando un documento de 352 soporíferas páginas en el que explican por qué Scioli es el faro que iluminará los destinos de una patria con justicia social, con redistribución de los cargos entre familiares, con fe y con deporte. Mercoledì. No hay protector hepático que alcance para empacho de sapos que se están pegando.