Locked4466
Usuario (Argentina)
Hola taringueros, muy buenas a todos los que pasan, desde ya les aviso, que es una lectura muy larga, pero a la vez es interesante tanta información... Hoy vengo a traerles pura información sobre el ex capo de Medellín, no quiero que me insulten. Acá les dejare el lado bueno y el lado malo que tubo esta persona. Casi 22 años de la muerte del narcotraficante colombiano Pablo Escobar, el capo que arrodilló a un Estado Minutos antes de su muerte, Pablo Escobar habla por teléfono con su esposa y con su hijo. Su familia está recluida en el Hotel Tequendama, en el centro de Bogotá. Escobar les cuenta sus inquietudes, les dice qué hacer y qué no hacer, luego de que ambos fueran prácticamente bajados de un avión cuando intentaban abandonar Colombia rumbo a Alemania. El mayor narcotraficante de la historia está inquieto. Lleva semanas huyendo de la policía, cambiando de escondite como si fuera un vulgar delincuente, y no el poderosísimo jefe del Cartel de Medellín. Cuando habla con su hijo, Escobar escucha un ruido y se despide. Le dice que pasa algo raro, que luego lo vuelve a llamar, y cuelga, sin más. El hombre que puso de rodillas al Estado colombiano, huele, por enésima vez, el peligro. Ese sexto sentido para intuir que algo va mal, para sortear al enemigo, para esquivar la ley, lo desarrolló Pablo desde joven. Lo hizo cuando empezó a robar lápidas en los cementerios para vender el mármol y sacarse unos pesos; lo hizo cuando se metió en el contrabando de tabaco y de alcohol; y lo hizo, por su puesto, cuando comenzó a traer pasta de coca de Bolivia y Perú a través de Ecuador, escondiendo la mercancía en las llantas de los camiones. Cuando cuelga el teléfono, Escobar sigue escuchando un ruido sospechoso. Segundos después, los hombres del Bloque de Búsqueda de la Policía, a los que había burlado durante años, tiran la puerta abajo. El primero en caer es el escolta del capo. Escobar esquiva las balas y salta, por una ventana, al tejado de aquella casa humilde del barrio Los Olivos de Medellín. El mismo tejado donde, un instante después, una bala impacta de lleno en la cabeza del narcotraficante más temido que ha existido en Colombia . Escobar yace en el suelo. Su imagen - muchos kilos de más, el pelo ensortijado, más largo de lo normal, camiseta azul oscuro, vaqueros azul claro- se cuela más tarde en los informativos de todo el país. Cuando la tecnología lo permite, el cuerpo doblado de Pablo se cuela también en los hogares de medio mundo. El policía que lo mató posa junto al narcotraficante. Se le ve altivo, orgulloso, como un cazador junto a su presa. A esa hora, en el hotel Tequendama, la mujer y el hijo del capo esperan la llamada que nunca llega. Luego supieron de la muerte del cabeza de familia. Luego supieron, también, que cuando la policía los llevó al hotel Tequendama, propiedad del Ejército, se desalojaron todas las habitaciones. Un equipo del bloque de búsqueda se había instalado en el hotel rastreando las llamadas de Pablo . Y aquel 2 de diciembre de 1993, por fin, Escobar cometió el gran error de su vida. Justo un día después de su cumpleaños, desesperado y acorralado, buscó consuelo en la voz de los suyos. Les llamó. Y esa llamada duró el tiempo suficiente para que los agentes lo ubicaran en uno de los cientos de escondites que tenía en Medellín. Un currículum de secuestros y muerte La muerte de Pablo Escobar Gaviria conmocionó a Colombia . La mayoría del país lloró de alegría, pensando que aquella imagen del cadáver, inerte, del narcotraficante, era también la instantánea del final de los coches bomba, de las masacres, de los secuestros, del chantaje a jueces, políticos y periodistas. Se calcula que Pablo Escobar es responsable directo de la muerte de más 5.000 personas. Su currículum es para echarse a temblar. Escobar ordenó la explosión, en pleno vuelo, de un avión de Avianca en 1989. Y lo hizo simplemente porque pensaba que en ese vuelo viajaba César Gaviria, en ese entonces, candidato presidencial. Ordenó matar a varios candidatos presidenciales, a ministros de justicia, al director del periódico que desveló, cuando era congresista, sus vínculos con el narcotráfico. Y como el diario El espectador no se doblegó a su chantaje y siguió denunciando sus desmanes, Escobar pensó que la muerte del director no era suficiente escarmiento. Así que ordenó activar un coche bomba frente a la sede del diario. Por supuesto, lo reventó. En esa época de terror, en plena guerra contra el Estado, Escobar puso precio a cada policía. Colombia dejaba atrás la década del 80 y se internaba, muerta de miedo, en los 90. El jefe del Cartel de Medellín ofreció 2 millones de pesos (más de 700 euros al cambio de hoy), por cada policía asesinado. Sus sicarios afinaron la puntería. Hicieron el agosto. Se calcula que solo en la capital de Antioquia, el motor económico del país, cayeron 450 agentes. Así que si hubo un colectivo que celebró, más que ningún otro, la caída del capo, fue la Policía Nacional de Colombia . Sin embargo, la muerte de Pablo también la lloró otra parte, mucho más reducida, del país. Resulta paradójico, pero al mayor asesino que se ha visto por estos lares también lo adoraban cientos de personas. Escobar era querido, literalmente, adorado, en muchos barrios de Medellín. Barrios pobres donde el capo construyó más de doscientas viviendas para ciudadanos que antes vivían en Moravia, el mayor basurero de la ciudad. En esos barrios, el jefe del cartel construyó y entregó a la comunidad más de cincuenta campos de fútbol, pagó la escolarización de niños, costeó de su bolsillo los regalos de Navidad, organizó verbenas y fiestas para toda la comunidad. En una de esas comunas, haciendo campaña con su partido, Alternativa Liberal, un periodista le preguntó a Escobar quiénes eran sus mejores amigos. “Mis mejores amigos -respondió Pablo - están en la comunidad de los tugurios, en el basurero municipal”. Cientos de esos amigos de los tugurios formaban parte de aquel río de gente que acompañó el féretro de Escobar, años después, camino del cementerio. Ídolo de los desamparados Veinte años después de su muerte, en Medellín sigue existiendo un barrio donde lo adoran. Es el barrio Pablo Escobar. Y allí siguen viviendo aquellas familias, ahora con hijos y nietos, a los que Escobar sacó de aquel tugurio inhumano llamado Moravia, donde decenas de familias construyeron infraviviendas de madera y latón, levantadas literalmente sobre toneladas de escombro del basurero de la ciudad. Francisco Flores e Irene Gaviria descansan en un banco de la cuesta que, veinte metros más arriba, les lleva directamente a su casa. Es un matrimonio convencional, humilde, de los que trabajó toda su vida y que ahora enfila, pasados ambos los ochenta, la recta final de su vida. Francisco hace memoria cuando le preguntamos por Pablo . “Fue una persona buena, para nosotros fue una persona buena”- responde. “Nos dijo que nos iba a dar una casita, y véala, véala, ahí está. Él le hizo un favor inmenso a la pobrería, a los que no teníamos donde vivir. Y nos trajo hasta acá. Dios lo tenga coronado”. Ni Francisco ni Irene, ni el resto de los vecinos del barrio, ven a Escobar como el hombre que llevó a la tumba a miles de colombianos. Y por supuesto, cuando se les pregunta por los negocios del capo, por el dinero del narcotráfico con el que construyó aquellas casas, todos afirman que no sabían de sus negocios, que lo juzgan por los hechos. Y los hechos dicen que, al menos en este barrio de Medellín, a Escobar se le venera como a un santo. "Le gustaba mucho la marihuana" Lejos del barrio Pablo Escobar, en el Poblado, la zona noble de Medellín, vive Gustavo Salazar. Salazar es el antiguo abogado del narcotraficante. Han pasado dos décadas desde el entierro de su cliente más famoso. Pero ni el paso del tiempo, ni el juicio de la historia, ni la perspectiva que dan veinte años para ver el daño que produjo al país, impiden que este polémico experto en leyes defienda, hoy, parte de su legado. “Se demuestra que tuvo sensibilidad social –sostiene el letrado- se preocupó por construirle cancha a los niños pobres, por darle vivienda a las familias pobres y por llevar alegría a los barrios populares”. Salazar conoció a Pablo Escobar en 1984. El capo lo contrató poco después de la muerte del ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla. Escobar había ordenado la muerte de Bonilla para lanzar un mensaje al Estado: si se aprobaba la extradición de los narcotraficantes a Estados Unidos, se abriría una guerra total contra el establecimiento colombiano. Eran tiempos en los que el hombre fuerte del Cartel de Medellín repetía, casi a diario, que prefería una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos. Lara Bonilla había destapado, como también lo había hecho el diario El Espectador, las conexiones de aquel ciudadano entrado en kilos, de bigote y pelo rizado, con el narcotráfico. Esa denuncia se hizo, además, cuando Escobar era congresista. Tras ese episodio tuvo que renunciar a su escaño. Perdió la inmunidad parlamentaria y ahí comenzó su otra vida, la de la huida permanente del cerco policial. “Por supuesto que cometió errores, no era un santo –puntualiza Gaviria-, pero para mí fue un gran hombre. Le gustaba mucho la marihuana, eso sí. El punto flaco de Pablo Escobar era que le gustaba mucho la marihuana y que dormía hasta muy tarde. Era un hombre sencillo, un hombre campesino, de pocas palabras”, dice. Tal vez Escobar hablara poco, pero cuando hablaba, sentenciaba. Lo sabe bien, por ejemplo, el ex presidente Andrés Pastrana. Cuando apenas tenía 33 años y era candidato a la alcaldía de Bogotá, Escobar ordenó su secuestro. A Pastrana lo cazaron sin dificultad, lo subieron en un coche, lo escondieron en el maletero, y allí dentro transitó durante una hora. Luego lo bajaron del vehículo y lo arrastraron hasta un helicóptero. Una hora después, el aparato aterrizó en una vereda de Medellín. Pastrana pasó allí una semana vigilado por varios sicarios del Cartel de Medellín. “Cada momento pensaba que al minuto siguiente me iban a matar”- recuerda hoy el ex mandatario. Una noche, a la una de la madrugada, uno de los guardianes dijo, sin querer: “Como ordene, don Pablo ”. Esa indiscreción convenció a Pastrana de que el propio Escobar estaba en aquella caleta húmeda y fría de las montañas de Antioquia. Poco después, el propio Escobar se plantó delante de Pastrana. Conversaron durante toda la madrugada, de una a seis de la mañana. “Fue un diálogo cordial, hablamos de política, de sus peticiones, de la extradición de los narcotraficantes a Estados Unidos, del tráfico de cocaína. Cuando se fue, se despidió educadamente y en voz alta le dijo a los sicarios: si se intenta fugar, me lo matan”. Algunos días después, Pastrana logró escapar en una rocambolesca huida que explica al detalle en su libro de memorias, recién publicado. Mordaza de la prensa libre Fidel Cano, el director de El Espectador, tiene varios episodios grabados en la memoria sobre aquella época convulsa de la guerra a muerte que Pablo Escobar le declaró al Estado. Pero hay dos hechos imposibles de olvidar, grabados a sangre y fuego. El primero tiene que ver con la muerte de Don Guillermo Cano, su tío, por aquel entonces, director del periódico. Escobar contrató a un par de sicarios y aquella noche de diciembre de 1986 cumplieron bien su misión. Ejecutaron la secuencia que tenían planeada de antemano: se acercaron al coche de Don Guillermo, sacaron la recortada, lo ametrallaron, y enterraron, para siempre, la pluma crítica que había desnudado los crímenes y abusos del intocable jefe del Cartel de Medellín. “El día del entierro –recuerda Fidel- hubo una marea de pañuelos blancos al paso del féretro. Poco después hubo un apagón informativo. Ningún medio publicó nada en señal de duelo. Ese día sentimos en carne propia el poder de la mafia, porque nunca antes se había asesinado a un periodista tan relevante como Don Guillermo”, afirma. El periódico, sin embargo, sobrevivió a la muerte de su emblemático director. Y sobrevivió, también, al coche bomba que otros sicarios de Escobar colocaron frente a la sede del rotativo. La explosión dejó muertos y arrasó la redacción. Pero, con las heridas todavía abiertas, los que sobrevivieron se propusieron que aquel bombazo no sería el epílogo triste a la historia valiente de El Espectador. “La bomba fue el momento más duro que yo recuerdo, porque fue como ver que habíamos perdido. Realmente –prosigue Cano- ver el edificio en esas condiciones, hacía pensar que ya iba a ser imposible continuar. Pero por fortuna ese día entre todos los periodistas, entre todos los trabajadores, limpiamos la redacción y logramos salir con una edición al día siguiente. Ese deseo de todos fue como el impulso para salir adelante. Yo creo que si El Espectador no sale al día siguiente con un periódico, hubiera sido casi imposible continuar”. El Espectador, no obstante, salió al día siguiente y sigue saliendo hasta el día de hoy. Veinte años después de la muerte de Pablo Escobar, el diario ha sobrevivido al jefe del Cartel de Medellín, y ha sobrevivido también a decenas de narcos que finalmente cayeron, pero que amenazaron sin pudor a la prensa cada vez que un medio se atrevía a tocar sus intereses o a desvelar sus oscuros negocios. La estigmatización de los colombianos La muerte de Pablo cambió muchas cosas, y entre ellas, la manera de actuar de la policía. “A partir de ese diciembre del 93, la policía da un giro radical en la lucha contra el narcotráfico. Se especializan en inteligencia, se dan cuenta de que la inteligencia es el punto de inflexión para poder acabar con los carteles”. Quien habla es Jineth Bedoya, una de las periodistas colombianas que más agallas le ha echado al asunto de investigar a los criminales de este país, a las guerrillas, a los paramilitares, a los policías y militares corruptos y a las decenas, por no decir centenares de narcotraficantes que surgieron tras la caída del cártel de Medellín. Jineth acaba de publicar un libro junto a otros periodistas del diario El Tiempo. Blanco neutralizado explica en 300 páginas cómo ha sido la lucha contra el narcotráfico en las últimas décadas. De esa investigación se desprende que la lucha contra las drogas ha dejado más de 20.000 muertos, y que en las dos últimas décadas se han invertido más de 10.000 millones de dólares para enfrentar ese flagelo. Para Jineth, sin embargo, la eterna lucha contra las drogas ha tenido un precio mucho mayor. “Yo creo que el costo más grande que hemos pagado los colombianos es la estigmatización. A nivel mundial no nos conocen como los grandes investigadores, o como las personas pujantes, sino como los narcos. Si uno llega a un aeropuerto de cualquier lugar del mundo –añade- lo primero que piensan es que uno va cargado con droga. Y cuando le ven el pasaporte que dice que eres de Colombia , el trato no es igual al de cualquier otro ciudadano del mundo. Creo que esa estigmatización que nos ha dejado la mafia va a ser muy difícil quitarla porque ya estamos marcados", explica. La periodista colombiana asegura también que no todo han sido malas noticias en esta lucha contra los grandes capos del narcotráfico. Cuando cayó el Cartel de Medellín, el bloque de búsqueda que aniquiló a Escobar puso su mira en los archienemigos de Pablo : el Cartel de Cali, de los hermanos Rodríguez Orejuela. Tardaron en caer, pero cayeron, como lo hicieron también en los años siguientes destacados narcotraficantes como Don Berna, Cuchillo, Jabón o Don Mario. La muerte de Escobar los puso sobre aviso. Los nuevos narcos no tratan de exponerse, buscan un bajo perfil. No ostentan, no salen en revistas de la jet set, no presumen en público de coches deportivos italianos o de caballos de pura raza. Se alejan de los focos y del papel cuché. Y se alejan también de la policía porque muchos de ellos viven en zonas fronterizas e incluso fuera de Colombia . Bedoya resume así ese cambio de vida: “Se encuentran con que toda esa ostentación, todo eso que rodeaba a Pablo Escobar Gaviria, en últimas fue lo que lo llevó al declive. Y empiezan a ser unos narcotraficantes mucho más moderados, empiezan a aliarse con estructuras que son legales en Colombia , permean completamente a las empresas, a las entidades legales en las cuales pueden lavar su dinero y tener toda una fachada”. Las heridas que siguen abiertas Dos décadas después de la caída del capo entre capos, las heridas siguen abiertas. Y algunas no terminan de cicatrizar porque los medios tampoco ayudan demasiado. Las series de narcos, la cultura del dinero fácil, de los cuerpos de mujeres moldeados por un bisturí que pagan los dólares del narcotráfico, triunfan en Colombia . Para las cadenas son un negocio seguro. Saben que la audiencia consume ese tipo de historias, saben que el guión del camino corto para llegar muy arriba, de los placeres sin medida, de la adrenalina de la persecución policial, gustan mucho en un país que no termina de quitarse ese estigma de la cultura del narco. Hace tan solo unos meses terminó otro de esos culebrones. Su título: Pablo Escobar: el patrón del mal. La telenovela en torno a la vida del hombre que exportó el 70% de la droga que llegaba a Estados Unidos, del hombre al que Forbes colocó entre los más ricos del mundo, fue, también, un éxito rotundo; tanto, que se ha exportado, con el mismo éxito, a varios países latinoamericanos. En el cementerio municipal de Medellín, Federico Arroyave mueve la escoba mientras admite que él, también vio esa serie. Federico es un hombre entrado en años que conoció bien al Patrón. Lleva tiempo limpiando el suelo alrededor de su tumba. La familia de Escobar le paga para que todo esté en orden, para que haya flores junto a una lápida que dice: Pablo Emilio Escobar Gaviria (1.12.1949 - 2.12.1993). Es fácil echar la cuenta. Federico lleva casi 22 años poniendo flores al capo. Los mismos que lleva Colombia intentando olvidar sus masacres, cerrar sus heridas, y sacar algo alegre de aquella lección triste que le dejó la historia. Si quieren dejar algún tipo de comentario aserca del ex Capo del Cartel de Medellín, está en ustedes ser totalmente responsables de lo que comentan. Saludos y gracias por pasar.

Google Play Games: la plataforma de juegos para Android definitiva Los videojuegos se han convertido en una parte fundamental del catálogo de apliciones de Google Play, y eso es un hecho que le ha costado admitir a la propia Google. Centrada en otros sectores y nichos, los juegos siempre han ocupado un segundo plano y la mayoría de las veces solo han aparecido para demostrar las posibilidades de sus nuevos productos, mas que como un aliciente para comprar un dispositivo. Pero el mercado ha evolucionado, y si antes había que comprarse una consola portátil para poder disfrutar de nuestros títulos preferidos allá donde fuéramos, ahora tenemos toda la potencia necesaria en unos dispositivos que llevamos a todas partes: los smartphones y las tablets. Es en este mercado que la dominación de Apple ha sido absoluta. Muy rara es la ocasión en la que un juego no sale antes en la App Store que en Google Play, y la primera está llena de juegos exclusivos, no porque Apple pague dinero a sus creadores, sino simplemente porque no les merece la pena programar una versión. Google Play Games llega para solucionar esto. Se trata de una plataforma orientada a los desarrolladores, pero que tendrá consecuencias directas para los jugadores, y no solo para los de Android. Para poder disfrutar de ellas, primero tendremos que conectar el juego con nuestra cuenta de Google+. Para ello, al inicio de la aplicación esta nos pedirá permiso para acceder a diversos datos de nuestra cuenta personal. Hay que prestar mucha atención a esta pantalla, ya que corremos el riesgo de que nuestra privacidad quede dañada si aprobamos el uso de una app que obtenga todos nuestros datos. También podemos definir si queremos hacer nuestras actividades con el juego públicas, solo para un círculo en particular, o si preferimos que solo nosotros podamos acceder a ellas. Si aceptamos hacer público nuestro progreso en Google+, debemos tener en cuenta que en el timeline de nuestros amigos puede aparecer lo que hemos conseguido en el juego, así como enlaces a la app en cuestión. Si no queremos convertirnos en un pesado que llena el G+ de sus amigos de juegos, debemos tener cuidado con estos permisos. Guardado en la nube, tus partidas en cualquier sitio A partir de ahora los juegos que así lo soliciten podrán guardar las partidas en la nube. Esto es muy útil para el usuario que compra un juego en Google Play y quiere continuar la partida en varios dispositivos distintos. Cada vez hay mas gente que cuenta con un smartphone y una tablet, así que con esta nueva característica podremos seguir por donde lo hemos dejado sin miedo a perder nuestro progreso. Igualmente, es una manera sencilla de tener copias de seguridad, y si perdemos los datos de nuestro Android tendremos la seguridad de que siempre estarán disponibles una vez nos conectemos. Logros, compara tus hazañas con tus amigos Desde que la consola Xbox de Microsoft introdujo un sistema de logros global, todas las plataformas de juego han contado con algo similar, y ahora Android se suma a la fiesta. Los logros son pequeñas recompensas que se activan cuando ejecutamos una acción en particular en el juego. Por ejemplo, si en un juego de acción conseguimos eliminar diez enemigos con una granada. Estos logros no sirven para nada en el contexto del juego, sino que simplemente son una manera de presumir de tus habilidades con tus amigos. Un punto negativo es que no existe ningún sitio desde el cual ver todos los logros que hemos obtenido, sino que tendremos que entrar en el juego en cuestión y usar sus menús para encontrarlos. Leaderboards, sube hasta estar con los mejores del mundo Otra manera de comparar tus habilidades es con las leaderboards. Se tratan de listas de usuarios, ordenados por la puntuación que han conseguido en el juego. Esta lista es global, por lo que en todo momento podemos saber cómo nos comparamos con el resto de jugadores del mundo. Multijugador, compite contra tus amigos y desconocidos Pero sin duda alguna, la mejor manera de competir contra tus amigos es, precísamente, jugando directamente contra ellos. Evidentemente, este sistema varía mucho dependiendo del juego, pero el sistema subyacente siempre usa Google+. Este sistema primero busca entre tus amigos posibles contrincantes. Si ninguno de tus amigos tiene el juego, o no está conectado, entonces el sistema nos juntará con usuarios aleatorios que estén conectados en ese momento. Deja de desear que los jugadores no estén clasificados por habilidad, ya que tal y como está las partidas pueden ser muy injustas, mezclando a jugadores expertos con otros que acaban de empezar. Una vez que el sistema ha elegido a los contrincantes, devuelve el control al juego en sí. Otra característica multijugador interesante es el uso de notificaciones para avisar a nuestros amigos de que hemos superado su récord o que estamos disponibles para jugar. Afortunadamente, estas notificaciones se pueden configurar, o incluso desactivar, en un menú de la app de configuración de Google. Multiplataforma y orientado a facilitar la vida a los desarrolladores Una de las grandes bazas de Google Play Games es que no es exclusivo de Android, sino que también está disponible para aplicaciones web y para iOS. El problema ahora es que los desarrolladores tendrán que actualizar sus apps en las distintas plataformas para que hagan uso de la API de Play Games, pero es un problema menor comparado con los puntos positivos que implica no tener que desarrollar un sistema multijugador propio. El presidente de Glu ha realizado unas declaraciones en este sentido, en las que asegura que hasta ahora tenían que depender de un sistema multijugador desarrollado por otra compañía. Al existir un estándar en la plataforma Android, a partir de ahora todos sus juegos la usarán, y actualizarán muchos de los que ya han lanzado para eliminar los sistemas de terceros y usar el de Google. Este trabajo no es pequeño, así que si una compañía como Glu está dispuesta a asumir los costes de la migración, es porque algo se está haciendo bien. Igualmente, los desarrolladores web tienen en Play Games a un aliado. Google confía tanto en que ha conseguido lo correcto que Google+ Games cerrará para no quitar protagonismo a la nueva plataforma. Esto significa una mayor apertura, ya que aunque sigue siendo necesario usar Google+, los programadores ya no están constreñidos a alojar los juegos en la red social de Google. Anti-piratería, contra los peores jugadores Uno de los puntos negativos de tener un sistema tan abierto como Android es que hay un buen número de usuarios que lo aprovecha para disfrutar de aplicaciones sin tener que pagarlas. Play Games ahora permite poner un poco de control sobre estos usuarios, al mismo tiempo que mantiene su filosofía abierta. Si así lo desean, los desarrolladores podrán desactivar los servicios del juego para aquellos que no hayan sido descargados de la tienda Google Play. Esto no evitará que puedan seguir jugando copias pirata, así que los creadores tendrán que seguir implementando otras salvaguardas, pero es una ayuda ante un problema muy grave. Android 4.3: el sistema operativo para los jugadores Ya hay muchos juegos compatibles con la plataforma Play Games, pero el futuro aún guarda muchas mejoras para los videojuegos en Android, y muchas de ellas vendrán con la siguiente versión del sistema operativo. En particular, en Android 4.3 veremos muchas mejoras de rendimiento, y por tanto los juegos actuales irán mucho mas fluidos y podrán ejecutarse en mas dispositivos. Estos cambios son transparentes para los desarrolladores, es decir, que estos no tendrán que hacer nada para que su juego mejore en rendimiento. Para conseguir estas mejoras, los desarroladores de Android están trabajando en la agrupación de elementos gráficos similares, así como en un mejor aprovechamiento del multi-hilo, para usar mejor los procesadores de varios núcleos que tanto éxito están teniendo entre los fabricantes. Por tanto, podemos concluir diciendo que Android se ha convertido en un sistema operativo ideal para jugar. Se ha puesto a la altura de las mejores plataformas que están en el mercado, y lo mejor de todo es que se nota una clara voluntad por parte de Google para seguir mejorando el producto. Es fácil prever que los desarrolladores estarán encantados con las nuevas posibilidades que les aporta Google Play Games, y todo esto repercutirá en mas y mejores juegos para nuestros dispositivos Android. Bienvenido/as a la era de los videojuegos en Android. FUENTE: http://www.elandroidelibre.com/2013/05/google-play-games-la-plataforma-de-juegos-para-android-definitiva.html PROBLEMA:

Hola linces taringueros, vengo a contarles que chusmeando los ranking me encontre con que Taringa Rankea el puesto N° 16° del Ranking Argentino. Si bien todos sabemos que llueve gente en T! todavías nos falta crapear más Alexa Rank: Para sorpresa de muchos, estamos a 1 paso de superar inclusive a msn en sus mejores épocas. Según Seo Display que busca en Google: Según esa estadística, taringa en Argentina ocupa el 7° lugar del ranking de las búsquedas en google. No solo en Argentina, sino que a nivel global. Según SimilarWeb: Éste ranking es más bravo con taringa, ya que no deja lugar para la famosa comunidad. Desde ya muchas gracias linces por pasarse, tenia curiosidad por el ranking y se me ocurrio postearlo. Saludos craperos, linces, lincesas, trabucos, etc etc.
![[Video + Musica]Dedicada a la Novia :D](https://storage.posteamelo.com/assets-adonis/assets/2018/06/19/big2v5-aDPScosNw3r.webp)
link: Espero que les Guste este video Creditos: DarkMaster446641 Comenten
Un poco de humor! - POR FAVOR LEAN ESTO : LA LEYENDA DEL FIAT 600 Cierta madrugada Venía por la panamericana desde Zárate hacia Buenos Aires y, como era de esperarse, mi pobre y destartalado FIAT 600 se rompió. Me tiré a la banquina esperando que alguien me auxiliara y a los 10 minutos apareció un Mercedes Benz Kompressor impresionante a 190 km/h pasando frente a mi. En eso veo que el tipo del Mercedes da marcha atrás y vuelve hasta el fitito. Ahí mismo se ofrece a remolcar mi pobre porquería y acepté enseguida, pero le pedir por favor que no acelere mucho, si no mi Fiat y, yo íbamos a ir a parar al car@ (obvio). Y combinamos que le iba a hacer luces cada vez que el Mercedes estuviera yendo más rápido de lo aconsejado. Entonces, el Mercedes comenzó a remolcarme, y siempre que se zarpaba con la velocidad, le hacía luz (lo pongo en singular, porque para variar, uno de ellas estaba en corto y no funcionaba). .... En eso, aparece un Porsche Carrera GT 2, negro, polarizado, fachero mal, que intimida al Mercedes. Éste no deja que lo forreen y va: 120, 130,150, 190, 210, 240, 260 km/h!!!! Yo ya estaba desesperado y desfigurado. Todo cagado encima!!! .... Haciendo luces como loco!!!! ... Y los otros dos locos a la par.....y a los recontra pedos !!!!! ......... Por ahí, pasamos por un puesto de Policía Caminera, pero...ni vi el radar, que registró impresionantes 270 km/h. Entonces el policía avisa por radio al próximo puesto: Atención! Atención! ... Dos masculinos, uno en un Mercedes Gris Plata Kompressor y otro en un Porsche Carrera GT 2 Negro disputando una picada a más de 270 km/h en la autopista, y......muchachos.....juro por mi vieja … por mis hijos y por mi laburo, por tooooodos: ¡Atrás de ellos, chupado al Mercedes, viene un FIAT 600 haciéndoles luces para que lo dejen PASAAAAAAAARRRRRRR !!!!!

Hola y bienvenidos, quiero dejar claro, que las imagenes a continuación, son simplemente ilustraciones muy obvias de la vida y como las interpreta, queda abierto los comentarios del que quiera opinar. NO SON DE MI AUTORIA. Parte 1: http://www.taringa.net/posts/humor/19171911/Hoy-Facebook-y-me-encontre-con-la-realidad-Parte-1.html Parte 2: ESTE POST Parte 3: http://www.taringa.net/posts/humor/19172018/Facebook-y-me-encontre-con-la-realidad-Parte-3.html Parte 4: Parte 5:

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Hola amigos taringeros, aca les dejo 1 par de videos para que vean la tecnología de un DJ. El dispositivo de llama "ReacTable" Estan buenos, aca les dejo solo 2 de los mejores videos: Video 1: link: http://www.youtube.com/watch?v=Mgy1S8qymx0 Video 2: link: http://www.youtube.com/watch?v=PGiasLiGTX4&feature=related

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