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Mills8777

Usuario (Argentina)

Primer post: 27 may 2010Último post: 29 ago 2011
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Enfermos de amor - Artículo de la revista Nación
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/23/2011

"SE HA FORMADO UNA PAREJA"... DIRIA FREUD Las alteraciones psicológicas que germinan, se reproducen y combinan por fuera de los muros de los psiquiátricos son muchas. Los especialistas consultados ofrecen una lista de las parejas más frecuentes y aquellas destinadas al fracaso entre el resto de los neuróticos mortales. La ganadora, en primer lugar, es la del obsesivo con la histérica. "El obsesivo es rígido, ritualista; tiende a ser muy ordenado, detallista y meticuloso. Es el que coloca en el mismo ángulo el paquete de cigarrillos sobre el escritorio. Es celoso y, generalmente, muy bueno para los trabajos de precisión: contadores, diseñadores gráficos, pintores. La histérica es exactamente al revés: desordenada, agarra y tira. Es coqueta, cuidada, "aquí estoy, mírenme". Es seductora, graciosa, abierta y sociable. Necesita ser sociable para ser mirada y tenida en cuenta", describe el médico psiquiatra Hugo Marietan, miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatría. "A pesar de sus diferencias, es una de las parejas más frecuentes. Se complementan. El mundo del obsesivo es muy seco y sin gracia, y la histérica le pone color a su vida. Lo vi en muchas parejas. Viene el obsesivo y se queja de la pareja por su desorden, y la histérica también. Pero funcionan bien", analiza Marietan, que dirigió por más de veinte años los cursos de Semiología Psiquiátrica en el Borda. Es como si uno buscara en el otro lo que le hace falta. En cambio, contrasta el experto, dos histéricos no pueden estar juntos. "No es tan común. Los dos están compitiendo sobre quién llama más la atención. Hay crisis y peleas. Conozco uno que está obsesionado con la altura y cuando sale con una mujer le pide que no use tacos altos. Una vez me dijo: «Lo que me da bronca es que la miran más a ella que a mí». Es que ellos buscan chicas llamativas, pero después no se lo bancan", señala. Las parejas que tienen las mismas características están destinadas al fracaso, pronostica el experto. "Si los dos son dominantes, autoritarios, pueden andar muy bien en la cama, pero después se matan. Se viven peleando por el territorio. No duran mucho", augura. Otra de las parejas que suelen formarse es la de la mujer dominante con el pasivo agresivo. "La mujer, cuando es dominante -que es el grueso de la población femenina, aunque ninguna mujer dominante reconoce que lo es-, puede convivir con los pasivos agresivos, que son aquellos a los que les gusta que los lleven. Suele suceder que ella le pide que tome una iniciativa y él le responde «sí, querida», pero después cumple las órdenes que él quiere cumplir", revela, entretenido. "A las mujeres así, que resuelven los problemas por sí mismas, se les pegan los pasivos agresivos. Ellos son dóciles, diplomáticos, conciliadores, buenos negociadores; no quieren tener amigos porque tener un amigo es un problema. Tienen un carácter muy agradable. Así es como a la paranoide, la dominante, que es un poco hosca, le viene bien un tipo sociable", resuelve. El amor también puede nacer entre la histérica y el paranoide. "El, muy responsable en el trabajo, un poco líder, es como un papá para la histérica, que tiene una nenita adentro. Se forma mucho esa pareja. Ella lo busca para sentirse segura y él a ella porque es graciosa, muy llamativa. Eso atrae", observa.

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Doce pruebas de la inexistencia de Dios - Sebástien Faure
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/29/2011

INTRODUCCIÓN No es para forobardo. El que quiera aportar algo constructivo, es libre de hacerlo. El que escriba idioteces o bardo sin sentido, será bloqueado. Este post es para conscientizar más que otra cosa, hay mucho para reflexionar. Dentro de los teóricos del anarquismo, Sebastián Faure (1852-1942) destaca más como difusor de las ideas anarquistas que como un pensador original. Se pueden recordar como obras famosas suyas La Doleur universelle, Philosophie libertarire (“El dolor universal”, “Filosofía libertaria”), de 1895; Mon communisme (“Mi comunismo”), de 1922, y La Syntesèse anarchiste (“La síntesis anarquista”), de 1928. DOCE PRUEBAS DE LA INEXISTENCIA DE DIOS Hay dos medios de estudiar y procurar resolver el problema de la inexistencia de Dios. El primero consiste en eliminar la hipótesis Dios, del campo de las conjeturas plausibles o necesarias, por una explicación clara y precisa de un sistema positivo del Universo, de su origen, de sus desenvolvimientos sucesivos, de sus fines. Esta exposición inutilizaría la idea de Dios y destruiría inmediatamente la base metafísica de los teólogos y filósofos espiritualistas. En el estado actual de los conocimientos humanos, en todo lo que ha sido demostrado o pueda demostraste verificable, reconocemos que un conocimiento preciso del Cosmos no existe. Existen, es cierto, varias hipótesis ingeniosas que no chocan con la razón: sistemas más o menos aceptables, que se apoyan en una serie de experiencias basadas en la multiplicidad de observaciones, sobre las que se han modelado un carácter de probabilidad impresionante. También puede sostenerse que esos sistemas, esas suposiciones, soportan ventajosamente la confrontación con las afirmaciones teístas; mas, a decir verdad, consideramos que no existen en este punto sino tesis que no poseen el valor de la certeza científica, quedando cada uno en libertad de conceder su preferencia a tal o cual sistema que le sea expuesto, pudiendo decir que la solución del problema así planteado aparece, actualmente al menos, bastante relevada. Los adeptos de todas las religiones aprovechan las ventajas que les concede un estudio tan arduo y complejo, no para resolverlo en afirmaciones concretas o en razonamientos acabados, sino para perpetuar la duda en el espíritu de sus correligionarios, lo que resulta para ellos el punto capital. En esta lucha esforzada entre el materialismo y el teísmo, cada doctrina se defiende con tesón, pero los creyentes, a pesar de haber sido puestos en actitud de vencidos, tienen la impudicia de declararse, ante la multitud ignara, dignos cantores de la victoria, y buena prueba de ello es la manera de expresarse de los periódicos de su devoción, con cuya comedia pretenden mantener bajo el cayado del pastor a la inmensa mayoría del rebaño. Esto es, en síntesis, lo que desean estos falsos redentores. El problema planteado en términos precisos Sin embargo, hay una segunda manera de intentar la resolución del problema, y consiste en examinar la existencia de Dios que las religiones proponen a nuestra adoración. Podrá encontrarse un hombre sensato y reflexivo que admita la existencia de Dios como si no estuviera rodeada de ningún misterio, como si nada con ella relacionado se ignorara, como si hubiera podido descifrarse todo el pensamiento divino en sus propias confidencias. Esto ha hecho; aquello ha dejado de hacer; esto ha dicho; lo otro ha dejado de decir; se ha movido; ha hablado con tal fin, por tal razón; quiere tal cosa; prohíbe tal otra; compensara una acción mientras castigara otra diferente. ÉL ha hecho lo presente y quiere que se haga lo futuro, porque es infinitamente justo, sabio, bueno, etc. ¡Ah que dicha! He aquí un Dios que se hace conocer. Baja del imperio de lo inaccesible, disipa las nubes que le rodean, desciende de las alturas, habla con los mortales confiándoles su pensamiento, les revela su voluntad y encarga a un grupo de privilegiados la misión de extender su “doctrina”, de propagar su ley, revertiéndoles de plenos poderes tanto en la tierra como en el cielo. Este Dios, sin embargo, no es el Dios-fuerza, Inteligencia, Voluntad, Energía, que, como tal, podría, según las circunstancias e indiferentemente, ser bueno o malo, útil o inútil, justo o injusto, misericordioso o cruel; este Dios, dotado de todas las perfecciones, no puede ser compartible más que con un estado de cosas del cual fuera él creador, y por el que se afirmaría su Poder, su Justicia, su Bondad y su Misericordia infinitas. Este Dios es el que nos enseñan en el catecismo cuando somos niños; es el Dios viviente y personal en cuyo honor se elevan los templos, hacia el que se ascienden las plegarias, por el que se realizan los sacrificios y al que pretenden representar en la tierra todos los clérigos de las castas sacerdotales. No es ese algo desconocido; esa fuerza enigmática; ese poder impenetrable; esa inteligencia incomprensible; esa energía incognoscible; ese principio misericordioso; hipótesis, en fin, que, en medio de la impotencia humana de hoy para explicar el cómo y el porqué de las cosas, el espíritu acepta complaciente. No es tampoco el Dios especulativo de los metafísicos; es el Dios que sus representantes nos han descrito y detallado tan amplia y luminosamente. Es el Dios de las religiones, el de la historia religiosa de cada pueblo, el que yo niego y voy a discutir; el que conviene a estudiar si queremos obtener de esta exposición filosófica un provecho positivo, un resultado practico. ¿Quién es Dios? Puesto que sus representantes en la tierra han tenido la amabilidad de describírnoslo con todo lijo de detalles, aprovechemos estos, examinemos de cerca y detenidamente, pues para discutirlo bien es preciso conocerlo bien. A fin de reconocer su valor, examinemos las tres proposiciones que lo componen. Ese Dios, con un gesto potente y fecundo ha hecho todas las cosas de la nada; el ser del no ser, y por su sola voluntad ha sustituido con el movimiento, la inercia, con la vida universal, la muerte universal: es el Creador, que lejos de volver a su inactividad secular y continuar indiferente a la cosa creada, se preocupa de su obra, se interesa, interviene, cuando lo cree necesario, la administra, la dirige, la gobierna. Es la Providencia que, convertida en Tribunal Supremo, hace comparecer ante él a cada uno después de la muerte; le juzga según los actos de su vida, pesa en la balanza sus buenas y sus malas obras, y pronuncia en último extremo, sin recurso posible, la sentencia que hará del juzgado, por todos los siglos de los siglos, el más dichoso o el más desgraciado de los seres. Es la Justicia Suprema. Luego Dios, que posee todos los atributos, no excepcional sino infinitamente, no admite grados de comparación: es la Justicia, la Bondad, la Misericordia, la Potencia, la Sabiduría infinitas. Contra la existencia de este Dios, yo presento doce pruebas, aunque con una sola bastaría para negarla. División de la cuestión He aquí el orden en que presentare mis argumentos, que formaran tres grupos: el primero tratara particularmente del Dios creador, y se compondrá de seis argumentos; el segundo se ocupara especialmente del Dios gobernador o Providencia, formado por cuatro argumentos; y, en fin, el tercero y último presentara al Dios Justiciero o Magistrado en dos argumentos. En total formaran las doce pruebas de la inexistencia de Dios. Contra El Dios Creador I. La acción de crear es inadmisible ¿Qué es crear? ¿Es valerse de materiales diferentes y utilizando ciertos principios experimentales, aplicando ciertas reglas conocidas, aproximar, agrupar, asociar, ajustar esos materiales, a fin de hacer cualquier cosa? ¡No! Eso no es crear. Ejemplos: ¿Puede decirse de una casa que ha sido creada? ¡No! Ha sido construida. ¿Puede decirse de un mueble que ha sido creado? ¡No! Ha sido fabricado. ¿Puede decirse de un libro que ha sido creado? ¡No! Ha sido compuesto y luego impreso. Así, tomar materiales existentes y hacer con ellos cosa alguna no es crear... ¿Qué es, pues, crear? Crear... la verdad que me encuentro indeciso para poder explicar lo inexplicable, definir lo indefinible. Procuraré, sin embargo, hacerme comprender. Crear es obtener algo de la nada; es formar lo existente de lo inexistente. Por tanto, yo imagino que no encontrará ni una sola persona dotada de mediana razón que conciba cómo con nada puede hacerse alguna cosa. Supongamos un matemático. Buscad al calculador de más mérito: ponedle delante una pizarra; solicitad de él que trace ceros y más ceros, y una vez la operación terminada, ya puede multiplicar cuanto quiera, dividir hasta que se canse, realizar toda clase de operaciones matemáticas, y no llegará jamás a extraer de esa acumulación de ceros una sola unidad. Con nada, nada puede hacerse; de nada, no puede obtenerse nada, y el famoso aforismo de Lucrecio “ex nihilo nihil”, resulta de una certeza y una evidencia manifiestas. El gesto creador es un gesto imposible de admitir, es un absurdo. Crear es, pues, una expresión místico-religiosa y que puede ser de algún valor a los ojos de las personas a quienes place creer lo que no comprenden y a quienes la fe se impone tanto más cuanto menos la comprenden. Es, en cambio, un contrasentido para todo individuo culto y sensato, para quien las palabras no tienen más valor que el que adquieren al contacto con la realidad o una posibilidad. En consecuencia, la hipótesis de un Ser verdaderamente creador es una hipótesis que la razón rechaza. El Ser creador no existe, no puede existir II. El Espíritu puro no pudo determinar el Universo A los creyentes que, a despecho de toda razón, se obstinan en admitir la posibilidad de la creación, les diré que, en último caso, es imposible poder atribuir esta creación a su Dios. Su Dios es el Espíritu puro. Por lo tanto, es imposible sostener que el espíritu puro, lo inmaterial, haya determinado el Universo: lo material. He aquí por qué: El espíritu puro no está separado del universo por diferencia de grado, de cantidad, sino por una diferencia de naturaleza, de calidad. De suerte que el espíritu puro no es, no puede ser, una amplificación del Universo; ni tampoco el Universo es, ni puede ser, una reducción del espíritu puro. La diferencia aquí no es solamente una distinción, es una oposición: oposición de naturaleza; esencial, fundamental, irreductible, absoluta. Entre el Espíritu puro y el Universo, no solamente existe un foso mas o menos ancho, mas o menos profundo, y que, en rigor, pudiera llenarse o franquearse, no; existe un verdadero abismo, de una profundidad y extensión tan inmensas que por grande que sea el esfuerzo que se realice, nadie ni nada puede allanar. Ateniéndome a mi razonamiento desafío al filosofo más sutil, como al matemático más consumado, a que establezca una relación (cualquiera que ella sea y mucho mejor la directa de causa a efecto), entre el puro espíritu y el Universo. El espíritu puro no admite ninguna alianza material; no tiene ni forma, ni cuerpo, ni línea, ni materia, ni proporción, ni profundidad, ni extensión, ni volumen, ni color, ni sonido, ni densidad, todas cualidades inherentes al Universo y que no han podido ser determinadas por la abstracción metafísica. Llegado a este pinto de mi demostración, establezco sólidamente, en los dos argumentos precedentes, la conclusión siguiente: Hemos visto que la hipótesis de un poder verdaderamente creador es inadmisible; que aun persistiendo en esa creencia, no puede admitirse que el Universo, esencialmente material, haya sido creado por el Espíritu puro, esencialmente inmaterial. Pero si, como creyentes, os obstináis afirmando que ha sido vuestro Dios quien ha creado el Universo, la pregunta se impone; en la hipótesis Dios, ¿dónde se halaba la materia en su origen, en su principio? Y bien: de dos cosas una: o bien la materia estaba fuera de Dios, o bien era Dios mismo (no creo podáis otorgarle un tercer lugar). Así, pues, en el primer caso, si estaba fuera de Dios, no tuvo éste necesidad de crearla, puesto que ya existía, y si coexistía con Dios, no cabe la menor duda que estaban en concomitancia, de lo que se desprende vuestro Dios no es creador. En el segundo caso, es decir, si no estaba fuera de Dios, es que estaba en Dios mismo, y en este caso, saco la conclusión siguiente: 1.° Que Dios no es el espíritu puro, puesto que llevaba en sí una partícula de materia; ¡Y qué partícula! ¡La totalidad de los mundos materiales! 2.° Que Dios, llevando materia en sí mismo, no ha tenido necesidad de crearla, dado que ya existía y que existiendo no hizo mas que hacerla salir, y en este caso la creación cesa de ser un acto de verdadera creación y se reduce a un acto de exteriorización. La creación no existe en ninguno de los dos casos. III. Lo perfecto no produce lo imperfecto Estoy segurísimo que si hago a un creyente esta pregunta: ¿Lo imperfecto puede producir lo perfecto? Me respondería sin la menor vacilación negativamente. Lo perfecto es lo absoluto; lo imperfecto, lo relativo; enfrente de lo perfecto, que significa todo, lo relativo, lo contingente, no significa nada, no tiene valor, se eclipsa, y, por lo tanto, no hay nadie capaz de establecer relación alguna entre ambos; a <<fortiori>> sostenemos la imposibilidad de evidenciar, en este caso, la rigurosa concomitancia que debe existir entre la causa y el efecto. Es, por lo tanto, imposible que lo perfecto haya podido determinar lo imperfecto. Por el contrario, existe una relación directa, fatal y hasta matemática entre una obra y su autor. Por la producción se conoce el valor intelectual, la capacidad, la habilidad del sabio, del pensador, del obrero, del artista, como por la calidad del fruto se distingue el árbol a que pertenece. La Naturaleza es bella; el Universo es grandioso y yo admiro apasionadamente, tanto como el que más, los esplendores y las magnificencias de las que nos ofrece un ininterrumpido espectáculo. Sin embargo, por muy entusiasta que yo sea de las bellezas naturales, y por grande que sea el homenaje que les rinda, no me atreveré a sostener que el Universo sea una obra sin defectos, irreprochable, perfecta. Y no creo que haya nadie capaz de sostener tal opinión. Luego, no siendo la obra irreprochable, el autor, el Dios de los creyentes, tampoco es perfecto. En conclusión: O Dios no existe o no puede ser el Creador, tal es mi convicción. O bien: siendo el Universo una obra imperfecta, Dios no puede ser sino imperfecto. Silogismo o dilema, la conclusión del razonamiento es la misma. Lo perfecto no puede determinar lo imperfecto. IV. El Ser eterno, activo y necesario, no pudo estar inactivo o ser innecesario Si Dios existe, es eterno, activo y necesario. ¿Eterno? Lo es por definición. Es su razón de ser. No puede concebirse comenzando o acabando; no puede haber aparición ni desaparición. Es de siempre. ¿Activo? Lo es y no puede dejar de serlo, puesto que su actividad se ha afirmado, dicen los creyentes, por la acción más colosal y más majestuosa que imaginarse pueda: la Creación de los Mundos. ¿Necesario? Lo es y no puede dejar de serlo pues sin su voluntad nada existiría, puesto que es el autor de todas las cosas, el punto inicial de donde todo salió, la fuente única y primera de donde todo emana, puesto que, suficiente en sí mismo, ha dependido de su sola voluntad que todo sea o que no sea nada. Por lo tanto es: eterno, activo, necesario. Pretendo y voy a demostrarlo, que si es eterno, activo, necesario, también debió ser eternamente activo y eternamente necesario; en consecuencia, no pudo estar nunca inactivo o ser innecesario y, por lo tanto, no ha creado nunca. Decir que Dios no es eternamente activo es admitir que no siempre lo fue, que ha llegado a serlo, que ha comenzado a ser activo, que antes de serlo no lo era, y puesto que por la creación es como se ha manifestado su actividad, es afirmar a un mismo tiempo que, durante los millares y millares de siglos que precedieron a la acción creadora, Dios estaba inactivo. Decir que Dios no es eternamente necesario, es admitir que no siempre lo ha sido, que ha llegado a serlo, que ha comenzado a serlo y que antes de serlo no lo era, puesto que es la creación la que proclama y atestigua la necesidad de Dios; es afirmar a un mismo tiempo que, durante los millares y millares de siglos que seguramente precedieron a la acción creadora, Dios era innecesario. ¡Dios abandonado y perezoso! ¡Dios inútil y superfluo! ¡Que postura para el Ser eternamente activo y esencialmente necesario! Hay, pues, que confesar que Dios es en todo tiempo activo y necesario. Pero entonces no puede haber creado, desde el momento en que la idea de creación implica de manera absoluta la idea de principio, de origen. Una cosa que empieza, no ha existido siempre. Existió necesariamente un tiempo en que antes de ser no era y corto o largo, este tiempo fue el que precedió a la cosa creada, es imposible suprimirlo, pues de todos modos existe. Así resulta que: o Dios no fue eternamente necesario, y solo llego a serlo por la creación. Y si es así, resulta que le faltaba a ese Dios antes de la creación estos dos atributos: La actividad y la necesidad. Era un Dios incompleto, era solo un pedazo de Dios y tuvo la necesidad de crear para llegar a ser activo y necesario, y completarse. O bien Dios es eternamente activo y necesario y, en este caso, ha creado eternamente. La creación es eterna, el Universo no ha comenzado jamás, existió en todo tiempo, es eterno como Dios, es Dios mismo con el cual se confunde. Siendo así, el universo no ha tenido principio alguno, no ha sido creado. Así, pues, en el primer caso, Dios, antes de la creación, no era ni activo, ni necesario, estaba incompleto, es decir, era imperfecto, y, por lo tanto, no existía, o bien, en el segundo caso siendo Dios eternamente activo y eternamente necesario, no puedo llegar a serlo y no pudo haber creado. Imposible salir de aquí. V. El Ser inmutable no pudo haber creado Si Dios existe, es inmutable. No cambia, no puede cambiar. Mientras que en la Naturaleza todo se modifica, se metamorfosea, se transforma, pues nada es definitivo, ni llega a serlo, Dios, punto fijo, inmóvil en el espacio, no sujeto a modificación alguna, no se transforma, ni puede llegar a transformarse. Es hoy lo que fue ayer, será mañana lo que es hoy. Que se busque a Dios en la lejanía de los siglos pasados como en la de los tiempos futuros, es y será constante idéntico en sí. Dios es inmutable. Sin embargo, sostengo que si Dios ha creado, no es inmutable, pues ha cambiado dos veces. Determinarse a querer, es cambiar. Es evidente que existe un cambio entre el ser que quiere una cosa y el que queriéndola la pone en ejecución. Si yo deseo y quiero hoy lo que no deseaba ni quería hace cuarenta y ocho horas, es que se ha producido en mi, o a mi alrededor, una serie de circunstancias que me han inducido a querer. Este nuevo deseo de querer constituye una modificación que no se puede poner en duda, que es indiscutible. Paralelamente: accionar o determinarse a accionar, es modificarse. Es también cierto que esta doble modificación, querer obrar, es mucho más considerable y más valiente, pues se trata de una resolución grave y de una acción importante. Dios ha creado, decís vosotros. Sea. Entonces ha cambiado dos veces: la primera vez, cuando tomó la determinación de crear; la segunda vez, al llevar a la practica esta determinación y ejecutarla. Si ha cambiado dos veces, no es inmutable. Y si no es inmutable, no es Dios, no existe. El Ser inmutable no puedo haber creado. VI. Dios no pudo haber creado sin motivo De cualquier forma que se pretenda examinarla, la Creación es inexplicable, enigmática, falta de sentido. Salta a la vista que, si Dios ha creado, es imposible admitir que realizara este acto tan grandioso, en el que las consecuencias debían ser fatalmente proporcionadas al acto mismo, y por consiguiente, incalculables, sin que lo hiciera determinado por una razón de primer orden. Ahora bien: ¿Cuál pudo ser esta razón? ¿Por qué motivo tomó Dios la resolución de crear? ¿Qué móvil le impulso a ello? ¿Qué deseo germinó en él? ¿Qué designio se forjó? ¿Qué idea persiguió? ¿Qué fin se había propuesto? Bien mirado, este Dios no puede experimentar ningún deseo, puesto que su felicidad es infinita, ni perseguir ningún fin, cuando nada falta a su perfección; no puede formar ningún designio, puesto que nada puede extender su poder; no puede determinarse a querer nada no teniendo necesidad alguna. ¡Ea! Filósofos profundos, pensadores sutiles, teólogos prestigiosos, responded para qué Dios ha creado y puesto al hombre en el mundo y decid por qué Dios lo ha creado y lo ha lanzado al mundo. Estoy bien tranquilo: vosotros no podéis responder, a menos que digáis: “los misterios de dios son impenetrables”, y aceptéis esta respuesta como suficiente. Y haréis bien absteniéndoos de toda otra respuesta, porque ella, os lo prevengo caritativamente, entrañaría la ruina de vuestro sistema y el derrumbamiento de vuestro Dios. La conclusión se impone lógica, imperdonable: Dios, si ha creado, ha creado sin motivo, sin saber por qué, sin ideal. ¿Sabéis a dónde nos conducen las consecuencias de tal conclusión? Vais a verlo: Lo que diferencia los actos que realiza un hombre dotado de razón, de los de otro atacado de demencia; lo que hace que uno sea responsable y otro irresponsable, es que un hombre de razón sabe siempre o puede llegar a saber, cuando realiza algo, cuales han sido los móviles que le han impulsado, cuales los motivos que le han inducido a practicar lo que pensaba. Mucho más cuando se trata de una acción importante y cuyas consecuencias entrañan gravemente su responsabilidad, es preciso que el hombre entre en posesión de su razón, se repliegue sobre sí mismo, se libre a un examen de conciencia, serio, persistente e imparcial, que por sus recuerdos reconstruya el cuadro obligado de los acontecimientos que ha convivido, en una palabra, que procure revivir las horas pasadas, para que pueda discernir con claridad cuáles fueron las causas y el mecanismo de los movimientos que le determinaron a obrar. Con frecuencia no puede vanagloriarse de las causas que le han impulsado y a menudo le hacen enrojecer de vergüenza: mas cualesquiera que sean estos motivos nobles o viles, interesados o generosos, llega a descubrirlos en un determinado momento. Un loco, al contrario, procede sin saber por qué, y una vez el acto realizado, por grandes que sean las consecuencias que de él puedan derivarse, interrogadle, encerradle si queréis, en un circulo estrecho de preguntas, y no obtendréis de este pobre demente más que vaguedades e incoherencias. Por tanto lo que diferencia los actos de un hombre sensato de los de un insensato, es que los actos del primero se explican, tienen una razón de ser, se distingue la causa y el efecto, el origen y el fin, mientras que los actos de un hombre privado de razón no se explican, y él mismo es incapaz de discernir el porqué los ha cometido y el fin que persiguió al realizarlos. Ahora bien: si Dios ha creado sin motivo, sin causa, ha procedido como un loco, y en este caso la creación parece como un acto de demencia. Para terminar con el Dios de la Creación, me parece indispensable examinar dos objeciones. Pensaréis bien que aquí las objeciones abundan: por eso, cuando hablo de dos objeciones, me refiero a dos que son capitales, clásicas. Estas objeciones tienen tanto más importancia cuanto que se puede, con habilidad en la discusión, englobar todas las otras en estas dos. ¿Imposibilidad de conocer a Dios? Se me dice: “No tiene usted derecho para hablar de Dios en la forma en que lo hace. No nos presenta sino a un Dios caricaturizado, sistemáticamente reducido a las proporciones de pequeñez que osa acordarle su entendimiento. Ese Dios no es el nuestro. El nuestro no puede usted concebirlo, puesto que es superior a usted, puesto que lo desconoce. Sepa que lo que es fabuloso para el hombre mas fuerte y más inteligente en todas las ramas del saber, es para Dios un simple juego de niños. No olvide que la humanidad no puede moverse en el mismo plano que la divinidad. No pierda de vista que le es tan imposible comprender al hombre comprender la manera en que Dios precede como a los minerales imaginar como viven los vegetales, como a los vegetales concebir el desarrollo de los minerales y a los animales saber como viven y operan los hombres. Dios ocupa unas alturas a las que usted es incapaz de llegar; habita unas montañas para usted inaccesibles. Sepa que cualquiera que sea el grado de desarrollo de una inteligencia humana, por importantes e intensos que sean los esfuerzos realizados por esta inteligencia, jamás podrá elevarse a la altura de Dios.” “Advierta, en fin, que jamás el cerebro del hombre, que es limitado, podrá abarcar a Dios, que es ilimitado. Confiese lealmente que no es posible comprender ni explicar a Dios. Pero de no poder comprenderlo ni explicarlo, no saque la consecuencia de que ello le da derecho a negar su existencia.” Mi contestación a los teístas: Me dais, señores, consejos de lealtad que estoy dispuesto a aceptar. Me hacéis recordar que soy un simple mortal, lo que legítimamente reconozco, y de lo que procuro no separarme. Me decís que Dios me supera, que lo desconozco. Sea. Consiento en reconocerlo, afirmo que lo finito no puede concebir ni explicar lo infinito, pues es una verdad tan cierta y tan evidente que no esta en mi mano hacerle oposición alguna. Veis, pues, que hasta aquí estamos de perfecto acuerdo, de lo que espero estaréis bien contentos. Solamente que me permitiréis os dé iguales consejos de lealtad y de modestia, que antes me ofrecisteis y yo acepte, para preguntaros: ¿No sois vosotros hombres lo mismo que yo? ¿No os supera Dios como a mí me supera? ¿No os es inaccesible como lo es para mí? ¿Tendréis la pretensión de creeros iguales a la Divinidad? ¿Tendréis la manía de pensar y la tontería de creer que de un vuelo podéis llegar a las alturas que Dios ocupa? ¿Seréis presuntuosos al extremo de creer que vuestro pensamiento, que es finito, pueda comprender lo infinito? No quiero haceros la injuria de creer que sostengáis una extravagancia tan banal. Así, pues, tened la modestia y la lealtad de confesar que, si a mí me es imposible comprender a Dios, vosotros tropezáis con el mismo obstáculo. Tened, en fin, la probidad de reconocer que, si porque a mi no me es permitido concebir y explicar a Dios, se me niega el derecho a negarlo, a vosotros, como a mi, no os es permitido concebirlo ni explicarlo, tampoco tenéis derecho a afirmarlo. No creáis que por esto quedamos en igual situación que antes. Puesto que fuisteis los primeros en afirmar la existencia de Dios, tenéis el deber de ser los primeros en cesar en vuestras afirmaciones. ¿Hubiera yo soñado jamás en negar la existencia de Dios, si vosotros no hubierais empezado por afirmarla, y cuando era todavía un niño no se me hubiera impuesto la necesidad de creer en él, si cuando era adolescente no hubiera oído afirmaciones en este sentido, si hombre ya, mis miradas no hubieran constantemente contemplado las iglesias y los templos elevados a ese Dios? Han sido vuestras afirmaciones las que han provocado mis negaciones. Cesad de afirmar vosotros y yo cesaré de negar. No hay efecto sin causa La segunda objeción parece más invulnerable. Muchos la consideran sin replica. Esta proviene de los filósofos espiritualistas. Estos señores dicen sentenciosamente: No hay efecto sin causa: el Universo es un efecto, y como no hay efecto sin causa, esta causa es Dios. El argumento está bien presentado y parece bien construido. Lo esencial estriba en saber si todo esto es verdad. Este razonamiento, en buena lógica, se llama silogismo. Un silogismo es un argumento compuesto de tres preposiciones: la mayor, la menor y la consecuencia; comprende dos partes: las premisas, constituidas por las dos primeras proposiciones, y la conclusión representada por la tercera. Para que un silogismo sea inatacable necesita: 1.°, Que la proposición mayor y la menor sean exactas; 2.°, Que la tercera proposición dimane lógicamente de las dos primeras. Si el silogismo de los filósofos espiritualistas reúne estas dos condiciones, es irrefutable y no me queda otra solución que aceptarlo; pero si carece de una sola de esas dos condiciones resulta nulo, sin valor y el argumento se hunde por sí solo. A fin de reconocer su calor, examinemos las tres proposiciones que lo componen. Primera proposición, mayor: no hay efecto sin causa. El efecto no es más que la continuación, la prolongación, el fin de la causa. Quien dice efecto, dice causa. La idea de causa provoca necesariamente la idea de efecto. Creerlo en otro sentido es creer lo absurdo. Así, pues, en esta primera proposición estamos de acuerdo. Segunda proposición, menor: El Universo es un efecto. Antes de continuar, solicito algunas explicaciones: ¿Sobre qué se apoya una afirmación tan categórica? ¿Cuál es el fenómeno o el conjunto de fenómenos? ¿Cuál es la constatación o el conjunto de constataciones que permite hacer una declaración tan afirmativa? Y en primer lugar: ¿Es que conocemos lo suficiente el Universo? ¿Es que nuestros conocimientos lo han estudiado, comprendido, escrutado para que nos sea permitido hacer tales afirmaciones? ¿Hemos penetrado en sus entrañas y explorado sus espacios inconmensurables? ¿Acaso hemos descendido a las profundidades del océano? ¿Conocemos todas las cosas que son del dominio del Universo? ¿Es que este nos ha mostrado todos sus secretos y todos sus enigmas? ¿Lo hemos entendido, palpado, sentido, observado todo? ¿Nada tenemos que aprender? ¿Nada nos queda por descubrir? Abreviando: ¿Es que estamos en condiciones de hacer una apreciación formal, definitiva, un juicio indiscutible del Universo? Ninguno osara, suponemos, responder afirmativamente a todas estas cuestiones, y seria digno de lastima el que tuviera la audacia, mejor dicho, la insensatez de sostener que conoce al Universo. El Universo, es decir, no solamente este ínfimo planeta que nosotros habitamos, sobre el cual se arrastran nuestras miserables armaduras óseas; no solamente los millares de astros y de planetas que conocemos, que forman parte de nuestro sistema solar o que se descubren e el curso del tiempo, sino también los mundos, ¡esos otros mundos cuya existencia conocemos por conjetura, pero cuya distancia y numero nos son incalculables! Si yo dijera: “el Universo es una causa”, tengo la certeza de que desencadenaría espontáneamente contra mí las rechiflas y las protestas de todos los creyentes, y sin embargo, mi afirmación no será mas descabellada que la suya. Mi temeridad seria igual a la suya, esto es todo Si yo estudio y observo el Universo tanto como las circunstancias lo permiten al hombre hacerlo hoy, he de constatar que es un conjunto increíblemente complejo y denso, un entrecruzamiento impenetrable y colosal de causas y efectos que se determinan, se encadenan, se suceden, se repiten y se penetran. Observare enseguida que el todo forma una cadena sin fin en la que los eslabones están indisolublemente ligados y en la que cada uno de estos eslabones es causa y efecto; efecto que sigue. ¿Quién podrá decir: “he aquí el ultimo anillo, el anillo efecto”? ¿O: “hay una causa numero primero, hay un efecto numero ultimo”? A la segunda proposición: “El Universo es un efecto”, le falta una condición indispensable: la exactitud. En consecuencia, el citado silogismo no vale nada. Yo agrego que aun en el caso de que esta segunda proposición fuera exacta, quedaría por establecer que la conclusión fuese aceptable, que el Universo es el efecto de una causa única, de la causa primera, de una causa sin causa, de una causa eterna. Espero sin inquietud esta demostración que aunque muchas veces se ha deseado, no ha sido posible, y esto lo decimos sin temeridad alguna, establecer seria, positiva y científicamente. Por ultimo, admitiendo que el silogismo entero fuera irreprochable, podría fácilmente volverse contra la tesis del Dios Creador y a favor de mi demostración. Ensayemos... ¿No hay efecto sin causa? Sea. ¿El universo es un efecto? De acuerdo. Entonces, ¿este efecto tiene una causa que nosotros llamamos Dios? Sea. No os entusiasméis, deístas; escuchadme, que aun no habéis triunfado. Si es evidente que no hay efecto sin causa, es también rigurosamente cierto que no existe causa sin efecto. No hay, no puede haber, causa sin efecto. Quien dice causa, dice efecto; la idea causa, implica necesariamente y llama inmediatamente la idea de efecto; en otro caso, la causa sin efecto seria una causa de la nada, lo que seria tan absurdo como un efecto de nada. Así, pues, esta bien entendido que no hay causa sin efecto. Vosotros decís que el Universo efecto, tiene por causa a Dios. En sentido inverso, podemos decir que la causa Dios, tiene por efecto el Universo. De lo que resulta imposible separar el efecto de la causa e imposible resulta también separar la causa del efecto. Vosotros afirmáis, en fin, que Dios-Causa es eterno. De esto saco la conclusión de que el Universo-Efecto es igualmente eterno, puesto que a una causa eterna indudablemente corresponde un efecto también eterno. Si pudiera ser de otro modo, es decir, si el Universo no hubiera comenzado durante los millares y millares de siglos que quizá han precedido a la creación, Dios habría sido durante todo ese tiempo una causa sin efecto, lo que es imposible; una causa de la nada, lo que es absurdo. En consecuencia, si Dios es eterno, el Universo también lo es, y si el Universo es terno, no ha comenzado jamás, de lo que resulta que no ha sido creado. ¿Esta esto claro? Contra El Dios Gobernador o Providencia VII. El gobernador niega al creador Son muchísimos, forman legión, los que a pesar de todo se obstinan en creer. Concibo que, en rigor, pudiera creerse en la existencia de un creador perfecto, o que se creyera en un gobernador necesario; pero me parece imposible que razonablemente pueda creerse en la existencia de uno y de otro al mismo tiempo, porque estos dos seres perfectos se excluyen categóricamente: afirmar a uno es negar al otro; proclamar la perfección del primero es confesar la inutilidad del segundo; sostener la necesidad del otro; pero resulta desprovisto de toda lógica creer en la perfección de ambos: Es imposible; hay que escoger. El Universo creado por Dios hubiera sido una obra perfecta, si en conjunto, como en sus más mínimos detalles, esta obra careciera de defectos; si el mecanismo de esta gigantesca creación fiera irreprochable; si su perfección fuera tal que no hubiera temor de que se produjera ningún desarreglo, ninguna avería; concertando: si la obra fuera digna de este obrero genial, de este artista incomparable, de este constructor fantástico que llaman Dios, la necesidad de un Gobernador no se hubiera sentido Es lógico pensar que una vez puesta la maquina en marcha habría sido abandonada a sí misma, sin temor, pues los accidentes eran imposibles. ¿Para que este ingeniero, este mecánico, cuyo papel es vigilar la maquina, dirigirla, intervenir cuando es necesario realizar retoques, cuando esta en movimiento y hacerle las reparaciones sucesivas y necesarias? Este ingeniero era inútil. Si el Gobernador existe, no puede negarse que su presencia, su vigilancia, su intervención son indispensables. La necesidad del Gobernador es como un insulto, un desafío lanzado al creador; su intervención corrobora el desconocimiento, la incapacidad, la impotencia del Creador. VIII. La multiplicidad de los dioses atestigua que no existe ninguno El Dios Gobernador debe ser poderoso y justo, infinitamente poderoso e infinitamente justo. Afirmo que la multiplicidad de las religiones atestigua que le falta o poder o justicia. No hablemos de los dioses muertos, de los cultos abolidos, de las religiones olvidadas porque éstas se cuentan por miles de miles. No hablemos sino de las religiones existentes. Según los cálculos mejor fundados, se conocen actualmente ochocientas religiones que se disputan el imperio de los mil ochocientos millones de conciencias que pueblan nuestro planeta. No puede dudarse que cada una reclama para sí el privilegio de que sólo su Dios es el verdadero, el auténtico, el indiscutible, el único, y que todos los otros dioses son dioses de risa, dioses falsos, dioses de contrabando y de pacotilla, y que es obra piadosa combatirlos y aplastarlos. A esto ya agrego que si en lugar de ochocientas no hubiera sino cien religiones, o diez, o dos, mi argumento tendría el mismo valor. Por tanto, sostengo que la multiplicidad de estos dioses atestigua que no hay ninguno, porque al mismo tiempo certifica que Dios no es poderoso ni justo. Si fuera poderoso, hubiera podido hablar a todos con la misma facilidad con que lo haría a unos pocos. Hubiera podido mostrarse, revelarse a todos, sin emplear más esfuerzo que para un reducido numero. Un hombre –cualquiera que sea– no puede mostrarse ni hablar mas que a un reducido numero de hombres; sus cuerdas vocales tienen una resistencia que no puede exceder ciertos limites. ¡Pero Dios! Dios, que puede hablar a todos –por grande que sea el numero– con la misma facilidad que a unos pocos. Cuando se eleva, la voz de Dios puede y debe repercutir en los cuarto puntos cardinales. El Verbo no conoce ni distancia ni obstáculo. Atraviesa los océanos, escala las alturas, franquea los espacios sin la más mínima dificultad. Puesto que Él ha querido –la religión así lo afirma– hablar a los hombres, revelarse a ellos, confiarles sus designios, indicarles su voluntad, hacerles conocer su Ley, bien hubiera podido hacerlo a todos y no a un puñado de privilegiados. Pero no ha sido así, puesto que unos lo ignoran, otros lo niegan y otros, en fin, establecen competencias poniendo unos dioses frente a otros. ¿Y en estas condiciones, no estimáis sensato pensar que no ha hablado a nadie y que las múltiples revelaciones que se le atribuyen son otras tantas imposturas, o, mas aun, que si no ha hablado mas que a unos pocos, ha sido porque era incapaz de hablar a todos? Siendo así, yo le acuso de impotencia. Y si no queréis que le acuse de impotencia le acusaré de injusticia. ¿Qué pensar de un Dios que sólo se hace visible a un reducido numero y se esconde para los otros? ¿Qué pensar de ese dios que dirige la palabra a unos y para otros guarda el más profundo silencio? No olvidéis que los representantes de ese dios afirman que es el padre de todos y que todos somos también los hijos amados del padre que reina allá arriba, en los cielos. Y bien ¿Qué pensáis vosotros de ese padre que, exuberante de ternezas para algunos privilegiados, revelándose a ellos, les evita las angustias de la duda, las torturas de la vacilación, mientras que voluntariamente condena a la inmensa mayoría de sus hijos a los tomentos de la incertidumbre? ¿Qué pensáis vosotros de ese padre que se representa a una parte de sus hijos, en medio del esplendor de su majestad, mientras que para los otros queda envuelto en las más oscuras tinieblas? ¿Qué pensáis vosotros de ese padre que exige a sus hijos que practiquen un culto, le rindan adoración y respeto, y llama a unos pocos a escuchar su verdadera palabra, mientras que con deliberado propósito niega a los demás esta distinción, este insigne favor? Si vosotros estimáis que este padre es bueno, no os sorprendáis si mi opinión es diferente. La multiplicidad de las religiones proclama bien claro que al Dios de los cristianos le falta poder o justicia. Pero Dios debe ser infinitamente poderoso e infinitamente justo –afirman los cristianos– y si le falta alguno de estos dos atributos, el poder o la justicia, no es perfecto, y no siendo perfecto no tiene razón de ser y por lo tanto no existe. La multiplicidad de los dioses demuestra que no existe ninguno. IX. Dios no es infinitamente bueno: El infierno lo atestigua El dios Gobernador o Providencia es y debe ser infinitamente misericordioso. La existencia del infierno prueba, sin embargo, que no lo es. Seguid de cerca mi razonamiento: Dios podía –puesto que era libre– no crearnos, pero nos ha creado. Dios podía –puesto que es todopoderoso– crearnos buenos, pero nos ha creado buenos y malos. Dios podía –puesto que era bueno– admitirnos a todos en su Paraíso después de nuestra muerte, contentándose como castigo con el tiempo de sufrimientos y de tribulaciones que pasamos en la tierra. Dios podía, en fin –puesto que es justo– no admitir en su Paraíso a los malos, negándoles el acceso, mas antes debiera destruirlos totalmente a su muerte y no condenarlos a los sufrimientos del infierno. Porque quien puede crear, puede destruir; quien tiene poder para dar la vida, lo tiene para destruirla, para aniquilarla. Veamos: vosotros no sois dioses. Vosotros no sois ni infinitamente justos, ni infinitamente misericordiosos. Pero tengo la absoluta seguridad, sin que por esto os atribuya cualidades que quizás no poseéis, que si estuviera en poder vuestro, sin que esto os exigiera un gran esfuerzo, sin que resultara para vosotros ningún perjuicio moral ni material; si en vuestro poder estuviera, repito, dentro de las condiciones indicadas, evitar a un ser humano una lagrima, un dolor, un sufrimiento, afirmo que lo haríais sin titubeos, sin vacilaciones. ¡Y sin embargo, no sois ni infinitamente buenos, ni infinitamente misericordiosos! ¿Seriáis vosotros mejores, más misericordiosos que el Dios de los cristianos? Porque, en fin, el infierno existe. La Iglesia lo enseña; es la horrible visión, con cuya ayuda se siembra el espanto de los niños, en los viejos, y entre los pobres de espíritu y temerosos; es el espectro que se instala en la cabecera de los moribundos a la hora en que la muerte les arrebata todo su valor, toda su energía y toda su lucidez. ¡Y bien! El Dios de los cristianaos, que dicen es de piedad, de perdón, de indulgencia, de bondad y misericordia, arroja a una parte de sus hijos –para siempre– a un antro de torturas, las más crueles, y de suplicios, los más horrendos. ¡Cómo es de bueno! ¡Cuán misericordioso! Canceréis sin duda estas palabras de las Escrituras: “Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.” Estas palabras significan, sin abusar de su valor, cuán ínfimo serpa el número de los salvos, y considerable el de los condenados. Esta afirmación es de una crudeza tan monstruosa, que se ha procurado darle otro significado. Poco importa: el Infierno existe y es evidente que los condenados –muchos o pocos– sufrirán los más crueles tormentos Preguntamos ahora nosotros: ¿a quién pueden beneficiar los tormentos de los condenados? ¿Acaso a los elegidos? ¡Evidentemente, no! Por definición, los elegidos serán los justos, los virtuosos, los fraternales, los compasivos, y seria absurdo suponer que su felicidad, ya incomparable, pudiera ser acrecentada con el espectáculo de sus hermanos torturados. ¿Será, pues, a los condenados mismos? Tampoco, puesto que la Iglesia afirma que el suplicio de estos desgraciados no acabará jamás, y que por los siglos de los siglos sus sufrimientos serán tan horripilantes como el primer día. ¿Entonces? Entonces, aparte de los elegidos y de los condenados, solo existe Dios. ¿Es, pues, Dios, quien obtendrá beneficios de los sufrimientos de los condenados? ¿Es, pues, Él, ese padre infinitamente bueno, infinitamente misericordioso, quien se regocijara sádicamente con los dolores a que voluntariamente a condenado a sus hijos? ¡Ah! Si esto es así, este Dios se me aparece como un feroz inquisidor, el más implacable que se pueda imaginar. El infierno prueba que dios no es bueno ni misericordioso. La existencia de un Dios de bondad es incompatible con la existencia del Infierno. O bien el infierno no existe, o bien Dios no es infinitamente bueno. X. El problema del mal Es el problema del Mal el cuarto y ultimo argumento contra el Dios gobernador, a la par que el primero va contra el Dios justiciero. Yo no diré que la existencia del mal, mal físico, mal moral, sea incompatible con la existencia de Dios. Lo que digo es que es incompatible con el mal la existencia de un Dios infinitamente poderoso e infinitamente justo. El razonamiento es conocido, aunque no sea más que por las múltiples refutaciones –siempre importantes– que se le han opuesto. Se remonta a Epicuro, por lo cual cuenta ya con más de veinte siglos de existencia, pero, por viejo que sea, conserva a través del tiempo todo su vigor. Es el siguiente: El mal existe. Todos los seres sensibles conocen el sufrimiento. Dios, que todo lo sabe, no debe ignorarlo. ¡Y bien! De dos cosas una: O Dios quiere suprimir el mal y no puede. O Dios puede suprimir el mal y no quiere. En el primer caso, Dios quisiera suprimir el mal, y por ello es bueno, comparte los dolores que nos aniquilan, que nosotros sufrimos. ¡Ah, si solo dependiera de Él! El mal seria suprimido y el bienestar reinaría sobre la tierra. Una vez más diremos que Dios es bueno, pero es impotente al no poder suprimir el mal. En el segundo caso, Dios podría suprimir el mal. Seria suficiente que lo quisiera, para que el mal fuera abolido. Es todopoderoso, mas no lo quiere suprimir, y, por lo tanto, no es infinitamente bueno. Aquí Dios es poderoso pero no es bueno; allá Dios es bueno, mas no es poderoso. Pero para admitir su existencia no es suficiente que posea una de esas dos perfecciones: poder o voluntad, es indispensable que posea las dos. Este razonamiento no ha sido jamás refutado. Entendámonos: al decir jamás; quiero decir que no se ha llegado a refutarlo razonadamente, aunque muchas veces se ha ensayado. El intento de refutación más conocido es el siguiente: “Vosotros planteáis en términos erróneos el problema del mal. Es un equivoco cargar sobre Dios la responsabilidad. Cierto que el mal existe, es innegable; pero es al hombre a quien hay que hacer responsable: Dios no ha querido que el hombre sea un autómata, una maquina, que obedeciera fatalmente. Al crearlo le dio completa libertad tan generosamente otorgada, le concedió la facultad de hacer en todas las circunstancias el uso que creyera más conveniente; y si el hombre en vez de hacer uso noble y juicioso de este don inestimable, lo hizo criminal y odioso, no es a Dios a quien hay que acusar, pues seria injusto: hay que acusar al hombre, lo que es más equitativo.” He aquí la clásica objeción. ¿Cuánto vale? Nada. Me explicare: hagamos distinción entre el mal físico y el mal moral. El mal físico es la enfermedad, el sufrimiento, el accidente, la vejez, con su cortejo de reminiscencias y enfermedades; es la muerte, que indica la perdida cruel del ser que amamos. Hay niños que mueren algunos días después de nacer, sin haber conocido otra cosa que el sufrimiento; existen numerosos individuos para quienes la vida no es sino una larga serie de sufrimientos, para los que hubiera sido preferible no haber nacido; en el orden natural, las epidemias, los cataclismos, los incendios, las sequías, las inundaciones, las tempestades, el hambre, toda esta enormidad de trágicas fatalidades, acumula el dolor y la muerte. ¿Quién osará decir que de este mal físico debe hacerse al hombre responsable? ¿Quién no comprende que si Dios ha creado el Universo, si es Él quien le ha dotado de las formidables leyes que lo rigen, y si el mal físico no es sino el conjunto de esas fatalidades que resultan del juego normal de las fuerzas de la naturaleza? ¿Quién no comprenderá que el autor responsable de estas calamidades lo es con toda certeza el que ha creado el Universo y lo gobierna? Supongo que sobre este punto no hay duda posible. Dios que gobierna el Universo, es el responsable del mal físico. Con esta respuesta seria suficiente, y, sin embargo, voy a continuar. Pretendo que el mal moral es tan imputable a Dios como el mal físico puesto que si Dios existe, es Él quien ha ordenado la organización del mundo físico y que, en consecuencia, el hombre, victima del mal moral, como del mal físico, no es ni mas ni menos responsable del uno que del otro. Continuare, mas para ello he de ligar lo que sobre el mal moral tengo que decir en la tercera y ultima serie de mis argumentos. Contra El Dios Justiciero XI. Irresponsable, el hombre no puede ser ni castigado ni recompensado ¿Qué somos nosotros? ¿Hemos deseado las condiciones de nuestro nacimiento? ¿Hemos sido consultados, para saber si queríamos nacer? ¿Hemos sido prevenidos para trazar cuál habría de ser nuestro destino? ¿Hemos tenido sobre algunas de estas cuestiones voz o voto? Si cada uno de nosotros hubiese tenido voz y voto para escoger, desde su nacimiento, salud, fuerza belleza, inteligencia, energía, voluntad, etcétera, seguramente se hubiera otorgado todos estos beneficios. Cada uno hubiera sido un resumen de todas las perfecciones, una especie de Dios en miniatura. ¿Qué somos nosotros? ¿Somos lo que hemos querido ser? ¡Indiscutiblemente, no! Dentro de la hipótesis Dios, somos lo que Él ha querido que fuéramos. Dios, al ser libre, hubiera podido no crearnos. Hubiera podido crearnos más perfectos, puesto que él es bueno. Colmarnos de todos los dones físicos, intelectuales y morales; crearnos más virtuosos, sanos y excelentes, puesto que es todopoderoso. Por tercera vez: ¿Qué somos nosotros? Nosotros somos lo que Dios ha querido que fuéramos. Nos ha creado según su capricho y su gusto. No puede darse otra respuesta a la interrogación, si se admite que Dios existe y que Él nos ha creado, Él ha previsto, querido, determinado nuestras condiciones de vida; ha coordinado nuestros deseos, nuestras necesidades, nuestras pasiones, nuestros temores, nuestras esperanzas, nuestros odios, nuestras ternuras, nuestras aspiraciones. Él ha concebido, preparado el medio en el cual vivimos, determinando las circunstancias que a cada instante darán el asalto a nuestra voluntad, y determinaran nuestras acciones. Ante este Dios formidablemente armado, el hombre es irresponsable. El que no está bajo la dependencia de nadie es eternamente libre; el que se halla un “poco” bajo la dependencia de otro es un poco esclavo, y libre sólo por la diferencia; el que esta “mucho” bajo la dependencia de otro, es en el mismo grado esclavo, y no es libre mas que el resto, y, en fin, el que se halla “por completo” bajo la dependencia de otro es “totalmente” esclavo, no gozando de ninguna libertad. El hombre existe como esclavo de la voluntad divina y su dependencia es tanto mayor cuanto más alejado esta de su Maestro. Si Dios existe, él solo sabe, puede y quiere; el solo es libre; el hombre no sabe nada, no puede nada, no vale nada; su dependencia es completa. El hombre sometido a esa esclavitud, aniquilado bajo la dependencia plena y entera de Dios, no puede aceptar responsabilidad alguna. Y si es irresponsable no puede ser juzgado. Todo juicio implica castigo o recompensa; pero los actos de un irresponsable, no poseyendo ningún valor moral, están exentos de toda responsabilidad. Los actos de un irresponsable pueden ser útiles o perjudiciales; moralmente no son ni buenos ni malos, ni meritorios ni responsables; juzgando equitativamente no pueden ser recompensados ni castigados. Por tanto, al erigirse en Justiciero, recompensado o castigando al hombre irresponsable, Dios es un usurpador que se arroga un derecho arbitrario y usa de él contra toda justicia. De lo dicho concluyo: a) Que la responsabilidad del mal moral es imputable a Dios, tanto como la del mal físico. b) Que Dios es un juez indigno, puesto que siendo irresponsable el hombre, no puede ser ni castigado ni recompensado. XII. Dios viola las reglas fundamentales de la equidad Admitamos por un instante que el hombre será responsable y veremos como, dentro de esta misma hipótesis, la divina justicia viola las reglas más elementales de la equidad. Si se admite que la practica de la justicia no puede ejercerse sin sanción y sin que el magistrado la establezca, ha méritos o culpabilidad y debe haber otra de castigo y recompensa. El magistrado que mejor practique la justicia será aquél que proporciones lo más exactamente posible la recompensa al merito o el castigo a la culpabilidad, y el magistrado ideal, el impecable, el perfecto, será el que establezca una relación rigurosamente matemática entre el acto y la sanción. Yo pienso que esta regla elemental de justicia será aceptada por todos. Cualquiera que sea el merito de un hombre, es limitado (como lo es el hombre) y, sin embargo, la sanción de recompensa no lo es. El cielo es sin limites, aunque no lo sea nada mas que por su carácter de perpetuidad. Cualquiera que sea la culpabilidad del hombre es limitada (como lo es hombre), pero no lo es su castigo. El infierno no tiene limites, juzgado por su carácter de perpetuidad. Luego, no existe relación entre el merito y la recompensa; hay desproporción entre el castigo y la falta, puesto que el merito y la falta son limitados, e ilimitados la recompensa y el castigo. Desproporción siempre. Dios viola las reglas más fundamentales de la equidad. RECAPITULACIÓN He prometido una demostración terminante, substancial, decisiva; creo poder decir que he cumplido mi promesa. No perdáis de vista que yo no me había propuesto aportaros un sistema del Universo que hiciera inútil todo recurso a la hipótesis de una Fuerza sobrenatural, de una Energía o de una Potencia extramundana, de un Principio superior o anterior al Universo. Yo he tenido la lealtad como era mi deber, de deciros que: planteado así el problema no admite, dentro de los actuales conocimientos humanos, ninguna solución definitiva, y que la sola actitud que conviene a los espíritus reflexivos y razonables, es la expectativa. El Dios que yo he querido negar y el que ahora puedo decir que he negado su posibilidad, es el Dios de las religiones, el Dios Creador y Justiciero, el Dios infinitamente sabio, justo y bueno, que el clero se jacta en representar sobre la tierra e intenta ofrecer a nuestra veneración. No hay, no puede haber equivoco. Es ese Dios el que yo niego, o si se quiere discutir útilmente, es a ese Dios a quien hay que defender contra mis ataques. Todo debate sobre otro terreno será –y os lo prevengo, porque es necesario que os pongáis en guardia contra las insidias del adversario–, una diversión, y será, aún más, la prueba de que el Dios de las religiones no puede ser defendido ni justificado. CONCLUSIÓN Tal es, sin embargo, el Dios que desde tiempos inmemoriales se nos ha enseñado y que hoy todavía se enseña en la escuela y en el hogar comunes. ¡Qué de crímenes han sido cometidos en su nombre! ¡Qué de odios, guerras, calamidades han sido furiosamente desencadenados por sus representantes! ¡Ese Dios de cuántos sufrimientos ha sido la causa, y cuantos males engendra todavía! ¿No llegara jamás el día en que, cesando de creer en la Justicia Eterna, en sus edictos imaginarios, en sus recompensas problemáticas, los humanos trabajen con ardor infatigable por el advenimiento sobre la tierra de una Justicia inmediata, positiva y fraternal? ¿No sonara jamás la hora en que desengañados de consolaciones y esperanzas falaces, que les sugiera la creencia en un Paraíso compensador, los humanos hagan de nuestro planeta un Edén de abundancia, paz y libertad, en el que las puertas estén fraternalmente abiertas a todos? Tiempo ha que el contrato social se ha inspirado en un Dios sin justicia; tiempo es ya que se inspire en una justicia sin Dios. Tiempo ha que las relaciones entre los pueblos han difamado de un Dios sin filosofía; un tiempo es que monarcas, gobiernos, castas y clero, conductores de pueblos y directores de conciencia dejen de tratar a la humanidad como a un vil rebaño de carneros, para en último termino ser esquilados, devorados, lanzados al matadero. Tú, que me escuchas, abre los ojos, observa, comprende. El cielo del que sin cesar te hablan; el cielo con cuya ayuda se intenta insensibilizar tu miseria, anestesiar tus sufrimientos y ahogar el gemido que a pesar de todo se exhala de tu pecho, es un cielo irracional, con un cielo desierto. Sólo tu infierno está poblado, es positivo. Basta de lamentaciones; las lamentaciones son vanas, basta de postergaciones; las postergaciones son estériles. Basta de plegarias; las plegarias son impotentes. ¡Levanta, hombre! Derecho, altivo, rebelde, declara una guerra implacable al Dios que tanto tiempo ha impuesto a ti y a tus hermanos una embrutecedora veneración. Desembarázate de ese tirano imaginario y sacude el yugo de ésos que se pretenden sus representantes aquí en la tierra. Mas acuérdate de que si sólo haces esto, la tarea no será realizada más que a medias. No olvides que de nada te servirá romper las cadenas que los dioses imaginarios, celestes y eternos han forjado contra ti, si no rompes las que contra ti han formado los dioses pasajeros y positivos de la tierra. Estos dioses giran a tu alrededor, y procuran envilecerte y degradarte. Estos dioses son hombres como tú. Ricos y gobernantes, estos dioses de la tierra la han poblado de victimas numerosas y de injustificables tormentos. Puedan un día rebelarse los condenados de la tierra contra estos verdugos, para fundar la ciudad de la que estos monstruos queden para siempre desterrados. Y cuando te hayas emancipado de los dioses, de cielo y de la tierra; cuando te hayas desembarazado de los tiranos de abajo y de los tiranos de arriba; cuando hayas realizado ese doble gesto de liberación, entonces, solamente, ¡oh, hermano!, saldrás del infierno en que te hayas y realizarás tu cielo. Dejarás las tinieblas de tu ignorancia para entrar de lleno en las puras claridades de tu inteligencia, despierto ya de la influencia letárgica de las religiones.

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Frases misóginas de filósofos
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/19/2011

FRASES MISOGINAS ARISTÓTELES (384-322 a.C) Filósofo Griego "La hembra es hembra en virtud de cierta falta de cualidades" ERASMO DE ROTTERDAM (1466-1536) Filósofo y Teólogo holandés "La mujer es, reconozcámoslo, un animal inépto y estúpido aunque agradable y gracioso" PITÁGORAS (580-500 a.C.) Filósofo griego "Hay un principio bueno, que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo, que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer" SANTO TOMÁS (1225-1274) Teólogo y Filósofo italiano "El padre debe ser más amado que la madre, pues él es el principio activo de la procreación, mientras que la madre es tan solo el principio pasivo" JEAN COCTEAU (1889-1963) Escritor francés "Hay tres cosas que jamás he podido comprender: el flujo y reflujo de las mareas, el mecanismo social y la lógica femenina" SEVERO CATALINA (1832-1871) Político y escritor español "Desde la edad de seis años, la mujer no crece más que en dimensiones" FRANÇOIS MARIE AROUET VOLTAIRE (1694-1778) Escritor francés "Las mujeres son como las veletas: sólo se quedan quietas cuando se oxidan" ALFRED DE MUSSET (1810-1857) Escritor francés "La mujer es como una sombra: no podrás atraparla, pero tampoco huir de ella" ANDRE MAUROIS (1885-1967) Escritor francés "Las mujeres son como los caballos: hay que hablarles antes de ponerles las bridas" ARTHUR RUBINSTEIN (1887-1967) Pianista polaco "Una mujer es como un puro: hay que encenderla a menudo" JEAN ANOUILH (1910-1987) Dramaturgo francés "Las mujeres son como la sopa: no hay que dejarlas enfriar" CAMILO JOSÉ CELA (1916- ) escritor español "Las mujeres están para ser gustadas. Después, unas se dejan, otras no... Eso va ya por provincias" JOHANN WOLFGANG GOETHE (1749-1832) Escritor alemán "Al envejecer, el hombre construye su rostro y la mujer lo destruye" HENRY F. AMIEL (1821-1881) Escritor suizo "Se entiende a las mujeres como se entiende el lenguaje de los pájaros: por intuición o de ninguna manera" EL CORAN "El dominio masculino es indispensable para que los hombres puedan apropiarse del producto de la fecundidad femenina" FRANCISCO DE QUEVEDO (1580-1645) Escritor español "¡Oh, qué plaga, qué aburrimiento, qué tedio es tener que tratarse con ellas mayor tiempo que los breves instantes en que son buenas para el placer!" JEAN-BAPTISTE POQUELIN MÒLIERE (1622-1673) Dramaturgo francés "Por muchas razones no es bueno que la mujer estudie y sepa tanto" NOEL CLARASÓ (1905-1985) Escritor español "El hombre que a los 20 años no cree en la mujer no tiene corazón, y el que sigue creyendo en ella a los 40 ha perdido la razón" SACHA GUITRY (1885-1957) Dramaturgo francés "Si la mujer fuera buena, Dios tendría una" HENRI BEYLE STENDHAL (1783-1842) Escritor francés "Apenas han encontrado marido, se convierten en máquinas de fabricar niño, en perpetua adoración por el fabricante" ENRIQUE JARDIEL PONCELA (1901-1952) Escritor español "El secreto del alma de las mujeres consiste en carecer de ella en absoluto" HONORÉ DE BALZAC (1799-1850) Escritor francés "Emancipar a las mujeres es corromperlas" JACK NICHOLSON (1937- ) Actor estadounidense "La mujer castra al hombre y lo transforma en cordero" OSCAR WILDE. Poeta y escritor Ingles. "El hombre bígamo tiene dos mujeres. El monógamo también" "Un caballero es quien se quita el sombrero antes de golpear a su esposa" Chiste británico (1920) "La mujer tiene forma de ángel, corazón de serpiente y mente de asno" Proverbio alemán

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Otras guerras, las mismas víctimas
Ciencia EducacionporAnónimo5/11/2011

Otras guerras, las mismas víctimas Erasmo Magoulas Argenpress.info “Controla el petróleo y controlarás a las naciones. Controla los alimentos y controlarás a los pueblos” Henry Kissinger La guerra como la confrontación violenta por intereses económicos, financieros, de recursos o territoriales entre naciones o entre sectores antagónicos dentro de un mismo país tiene más de una definición. Hace 25 siglos el estratega militar chino Sun Tzu decía que, “la guerra es el mayor conflicto de Estado, la base de la vida y la muerte, el Tao de la supervivencia y la extinción. Por lo tanto, es imperativo estudiarla profundamente”. Más acá en el tiempo Karl von Clausewitz precisó que la guerra “es la continuación de la política por otros medios”. El historiador y militar británico Richard Holmes define a la guerra como “una experiencia universal que comparten todos los países y todas las culturas”. El filósofo existencialista Jean Paul Sartre sumaba la categoría indispensable de clase para entender este fenómeno diciendo “Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren”. El político progresista estadounidense Hiram Johnson acuño la celebre y no menos cierta “la primera víctima de una guerra es la verdad”. Entre los records que tiene la guerra, dos se destacan por su morbosidad, uno es la duración y el otro el número de muertes. En la primera categoría podríamos nombrar la guerra interfeudal conocida como “Guerra de los Cien Años” que fueron en realidad 116 entre los reinos de Francia e Inglaterra, y la “Guerra de la Araucanía”, una guerra colonial por un lado y de liberación por el otro, entre los conquistadores españoles y los aguerridos mapuches, que se prolongó por 300 años, ¿o todavía continúa contra las transnacionales forestales y mineras? El conflicto bélico colombiano también destaca por su duración, más de 60 años de guerra entre dos ejércitos revolucionarios contra la oligarquía ultramontana colombiana. En cuanto al número de muertes que dejan las guerras está la friolera de 60 millones de la Segunda Guerra Mundial, 24 millones de la Primera y en el ámbito nuestro americano podríamos mencionar la “Guerra de la Triple Alianza”, también como las dos anteriores de 5 años de duración, o “Guerra contra la Triple Alianza” como mejor la definieran las fuerzas de Francisco Solano López. En la misma sólo el Paraguay perdió más de 1 millón de seres humanos y en todo el territorio de la nación sudamericana agredida quedaron sólo 30 mil hombres en edad reproductiva. En estos hechos de atrocidad colectiva son los pobres, como dice Sartre, los que ponen los muertos y son los Rostchill y los Rockefeller y los Morgan y los Cheney los que recaudan los jugosos beneficios. La guerra se publicita, se justifica, se mediatiza, se avala y hasta se promueve y crea desde los mismos medios, propiedad de las mismas familias y grupos corporativos que fabrican armas y controlan económica y financieramente el complejo militar-industrial de Usamérica y sus aliados de Europa. La guerra no es sólo un negocio por la venta de armas sino que también es un negocio mediático y un negocio del entretenimiento, por eso nadie trata de ocultarla ni en los estantes de las jugueterías ni en las pantallas de los televisores, presentada como juegos pirotécnicos por la “libertad” y para la “prevención de males peores”. Lo que es indiscutible es que quienes han llevado adelante guerras colonialistas, imperialistas e inter-imperialistas son los que han obtenido beneficio de las mismas al coste del sacrificio de un porcentaje relativamente menor de sus coterráneos pobres y de una mayoría abrumadora de pobres de los países y pueblos victimizados. Las cifras desde la administración de John F. Kennedy hasta la de la actual Barak Obama lo demuestran, y si desdoblamos la historia y buscamos antecedentes desde la de Eisenhower para atrás, podríamos irnos tan lejos como hasta John Quincy Adams, en el primer cuarto del siglo 19, con los mismos resultados. Siempre las guerras tienen un componente que las atraviesa, es el componente económico, en forma de control financiero, o en el establecimiento de determinadas agendas económicas imperiales, o de control de determinados y estratégicos recursos naturales o energéticos. La historia de estos últimos cien años, para dar una cifra redonda, no nos deja ninguna duda al respecto, aunque claro, las velocidades y las aceleraciones no son constantes. Lamentablemente vemos que en el último cuarto del siglo 20 y lo que va del 21 las aceleraciones nos pueden conducir sencillamente a la desaparición de la especie humana. Trabajos periodísticos y de investigación política que nos lo explican hay miles, pero hay uno que por su título llama a la lectura por su coloquialidad “It’s the crude, dude: War. Big Oil, and the fight for the planet”, algo así como …” Es el petróleo, compadre. Guerra. Compañías petroleras y la confrontación por el planeta” de la periodista canadiense Linda McQuaig. Lo extraordinario, dice McQuaig, acerca de la invasión de los Estados Unidos a Irak, no fue la rapidez con que la fuerzas iraquíes sucumbieron ante el poderío militar más grande del planeta, sino como Washington mantuvo la atención mundial sobre las supuestas armas de destrucción masiva del país árabe, cubriendo el verdadero propósito de los “liberadores”, el petróleo. Cualquier “coincidencia” con la sistemática propaganda acerca de la lucha contra el narcoterrorismo que desarrolla el Pentágono sobre la cuenca petrolífera sudamericana, no debe considerarse como eso, una coincidencia. Si la invasión a Irak demandaba al gobierno de W. Bush-D. Cheney 4 billones de dólares al mes para hacer de Irak un lugar más seguro y llevarle a su gente una calidad de vida superior, según lo dijera el propio W., al menos suena ridículo viniendo de una administración que dejó en el desamparo a cientos de miles de conciudadanos afectados por el Katrina y de una administración que se negó sistemáticamente a reformar un sistema de salud que mantiene en total indefensión a 45 millones de personas dentro de su mismo territorio. Otra consideración que pone en primer plano a la Cuenca del Orinoco frente al apetito voraz de Exxon, Shell, BP, Texaco, Chevron, Amoco y similares es la proyección realizada por Colin Campbell, uno de los más reconocidos geólogos en petróleo, “el mundo comenzó a consumir más petróleo del que se encontraba desde el año 1981, aunque el descubrimiento de nuevos pozos petrolíferos comenzó a decaer, el mundo comenzó a consumir petróleo en forma más acelerada. Hoy llegamos a la cifra de consumir 4 barriles y encontramos uno. La demanda crecerá en un 66% en los próximos 30 años, pero lo que está por verse es de donde va a salir ese petroleo”. El politólogo Michael Klare lo dice más claramente, “cualquier amenaza a la disposición continua de este recurso provocará una crisis en los países de alta industrialización, lo que puede llevar al uso de la fuerza militar”. Sería hasta vano preguntarnos cual de los países industrializados depende más estrechamente del petróleo y cual considera ese recurso como vinculado a su “seguridad nacional”. La siguiente pregunta que cae por su propio peso de actualidad estaría relacionada con el avance militar usamericano en la región petrolera sudamericana y si ese avance responde al interés del país industrializado en combatir el “narcoterrorismo” o si su finalidad última es otra y se encuentra muy escondida en el subsuelo venezolano. Otra de las matrices que relacionan el sistema de ablandamiento informativo que se llevó adelante contra Saddam Hussein y el que lleva hoy el Pentágono contra Chávez, es la vinculación que se le adjudicó al presidente iraquí con organizaciones terroristas y las reservas petroleras del país árabe que lo llevarían a un control y dominación del Medio Oriente, según palabras del inefable Dick Cheney. Esa matriz se repite hoy con el presidente de la R. B. de Venezuela al relacionarlo con una fuerza político-militar insurgente (FARC-EP), calificada por el establishment como terrorista, las cuantiosas reservas petroleras de ese país y la nueva política diplomática de PetroCaribe y el ALBA, vista desde Washington como herramientas de “control y dominación” por parte de Venezuela en la región. Lo que para muchos esta claro es que Usamérica no busca renegociar bajo mejores términos su abastecimiento de petróleo, por la sencilla razón que el país del norte no tiene en miras redefinir su política de consumo (menos del 5% de la población mundial consume más del 20% de ese recurso energético) sino apropiarse y controlar el petróleo venezolano como lo hizo hasta comienzos del siglo 21. Una cosa –dice McQuaig – es el acceso al petróleo y otra es el control sobre ese recurso energético. “El deseo por el control, como opuesto al simple acceso, fue claramente demostrado con la intervención de los Estados Unidos en Irán en 1953. Con la nacionalización de la industria petrolífera, Irán de ninguna manera atentaba contra el suministro de petróleo a los países occidentales. Todo lo contrario. Irán estaba muy esperanzado en venderle petróleo a occidente como al resto del mundo y tenía el propósito de venderlo al precio que determinara el mercado. Pero Washington y Londres (y las compañías petroleras) no estaban satisfechos con la simple posibilidad de comprar todo el petróleo iraní que necesitaran, ellos querían que el petróleo iraní estuviera una vez mas bajo control de las compañías internacionales”. Cincuenta años mas tarde el otro ejemplo tan obvio como el de Irán sería Irak. Esa apropiación del vital recurso energético debe ser acompañada por un desarrollo progresivo en el gasto militar y obviamente en la expansión militar. Este perfil ideológico tiene dos flancos, uno es la necesidad imperiosa de mantener y acrecentar aún más el complejo militar-industrial de Usamérica en orden de mantener millones de puestos de trabajo, que sería el flanco de la política interna del Imperio y el segundo como política disuasiva y más frecuentemente bélica para el control del recurso. Sobre éste asunto la administración del novísimo Obama no ha hecho nada diferente y los patrones de esa política siguen imperando bajo el llamado Proyecto del Nuevo Siglo Americano diseñado por Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, Perle y asociados; que muchos desearían verlos en la actualidad como fantasmas del pasado, pero que tienen una presencia real y contundente en la actual política exterior de la Casa Blanca. Si la real fuerza detrás de W. fue personificada por Cheney, ¿quién personifica hoy esa fuerza detrás de Obama? Las personificaciones pueden cambiar en la real politik usamericana, pero de seguro tras bambalinas siguen estando las compañías petroleras y el complejo militar-industrial. La campaña de demonización del presidente Hussein en febrero de 2003 por parte de Colin Powell frente al Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas fue acompañada simultáneamente por un minucioso plan elaborado por la USAID, Agencia Internacional para el Desarrollo conjuntamente con el Departamento del Tesoro que contemplaba el desmantelamiento y la redefinición de la política económica estatal iraquí hacia una política económica basada en lo que ellos llaman economía de libre mercado. En otras palabras, un masivo programa de privatizaciones. Pocos meses antes, un golpe oligárquico-militar descabezó por pocas horas el proyecto bolivariano en Venezuela, entre cuyos propósitos fundamentales estaba el retorno a la política petrolera de Venezuela durante los gobiernos llamados del Acuerdo del Punto Fijo (1958-1999), es decir el control del recurso energético venezolano por parte de las transnacionales del petróleo (masivo programa de privatizaciones), la separación de Venezuela de la OPEC y la cancelación de los envíos de crudo a Cuba. Seguido al fracaso militar del 11 de abril del 2002 vino el intento, por parte de la oligarquía venezolana y sus jefes de la Casa Blanca, de desestabilizar la Empresa de Petróleos de Venezuela desde su corazón, intento que volvió a fracasar, pero causándole al Estado venezolano más de 10 mil millones de dólares de perdida. La “reconstrucción” de Irak trajo una nueva transferencia de billones de dólares de los sectores del trabajo usamericano hacia los sectores del capital. El Pentágono se encargó de esa transferencia pagando fabulosas cifras a compañías como Bechtel, General Electric y DynCorp por los servicios prestados. La que coronó el desfalco, fue coincidentemente la compañía de Cheney, Halliburton, que se embolsó más de 18 billones de dólares. Washington no acepta, como nunca lo aceptó desde su mandato Monroeista, las tres bases fundamentales para el desarrollo de los países del Tercer Mundo, la primera es la independencia económica, la segunda la soberanía política y la tercera la justicia social; ninguna de las tres comparten celdas separadas y mucho menos antagónicas, sino que tienen elementos vinculantes una con las otras, que las hacen orgánicas y complementarias. Cualquier país del Tercer Mundo que infrinja el acuerdo tácito con el Imperio de ser económicamente dependiente, políticamente alineado a los intereses de Washington y desarrolle una política interna en beneficio de una más equitativa distribución de su renta, se convierte en enemigo potencial de la libertad y la democracia entendidas por la Casa Blanca. Pero cuando este país del Tercer Mundo va más allá y proclama la necesidad de la unidad de intereses de los países del Sur, el enemigo potencial se convierte en real a la seguridad nacional usamericana. Por eso el reflotamiento de la OPEC, en gran medida un trabajo a pulso de Chávez, los acuerdos de transferencia científica y tecnológica de Venezuela con China, Rusia, Irán, India, Brasil, Cuba y las alianzas estratégicas como ALBA, PETROCARIBE, UNASUR y una potencial reformulada MERCOSUR, no pueden ser vistas de otra forma que como proyectos antagónicos y enemigos de la agenda del imperialismo. En la base de toda ésta discusión se encuentra la formulación de una sociedad alternativa basada en dos vectores fundamentales para la sobrevivencia de la especie: la compasión y la solidaridad. La resultante es la justicia, que conlleva irremediablemente una lógica de consumo coherente, de crecimiento armónico y sustentable y de crear espacios de participación protagónica a los sectores excluidos por el modelo capitalista-neoliberal. Lo que no puede ser opción es una sociedad basada en la concepción Spenceriana de la sobrevivencia del más fuerte, una sociedad caníbal, aniquiladora de los empobrecidos por medio de sus dos soluciones finales, la guerra y/o el mercado. Richard Nixon lo dijo con su inestimable racionalidad instrumental, “Nosotros usamos el 30% de toda la energía del planeta. Eso no es malo, es bueno. Eso significa que nosotros somos los más ricos, y el pueblo más poderoso del planeta y que nosotros tenemos el más alto nivel de vida del mundo. Es por eso que nosotros necesitamos tanta energía, y podría ser así por siempre.” La guerra y el mercado son las dos fundamentales herramientas del imperialismo para el control social y el apropiamiento de los recursos mundiales que bajo la lógica del capitalismo deben estar concentrados en un reducido grupo de transnacionales. El petróleo juega un papel estratégico fundamental en la reproducción del mercado como en la reproducción de la guerra. De esto se dieron cuenta el imperio británico durante la Primera Guerra Mundial y la Casa Blanca durante la Segunda. Según palabras del economista e historiador usamericano Daniel Yergin, para 1942 Washington comenzó a desarrollar una nueva y estratégica visión acerca de este recurso energético, “el petróleo fue reconocido como un valor crítico estratégico para la guerra…Si hubo un recurso que desfiguró la estrategia de los países del Eje, ese fue el petróleo. Si hubo un recurso que pudo vencerlos, ese también fue el petróleo”. La guerra, las políticas neoliberales y el petróleo como instrumento de dominación y empobrecimiento de la mitad del planeta llevan a la alarmante desigualdad en el consumo de energía, como lo dice la McQuaig, “un bangladí promedio consume 70 veces menos energía que un estadounidense promedio, con otra desventaja que el bangladí no sufrirá 70 veces menos los efectos del calentamiento global, producido por el consumo de energías fósiles, posiblemente sufrirá mucho más ese impacto”.

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El prejuicioso
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/19/2011

Frases que normalmente grita la gente, al verse con algo que no les gusta. El prejuicioso 1- Los que estudian filosofía quieren encontrarle el sentido a la vida, ignorando que ésta vida, por más vueltas que le demos, no tiene sentido. Por lo tanto, esas personas sólo pierden su tiempo, haciéndose pasar por intelectuales. 2- Los que estudian historia quieren conocer el pasado, porque no tienen presente ni futuro. 3- Los que estudian economía son unos materialistas intragables, carentes de toda ética. 4- Los que estudian psicología quieren entender a los demás, pasando por alto que ni ellos mismos se entienden. 5- Los que estudian arte son unos vagos que quieren pasarse la vida "aliviada" y fuera del esfuerzo. 6- Los abogados, al igual que los psicólogos, se encargan de sacarle el dinero a la gente con discursos persuasivos, o sea, chamuyo. 7- Los que viven trabajando no tienen nada en qué pensar, ni hacer. 8- Los que viven leyendo sólo acumulan palabras complicadas para gente mediocre que, a la larga, desprecia tal esfuerzo. 9- Los que se drogan escapan de la realidad por unas horas para luego reencontrarse con sus miserables vidas. 10- Los que miran películas compulsivamente, están pidiendo a gritos otra vida. 11- La limpieza y brillo de un auto son equivalentes al materialismo de su dueño. 12- Los que juegan y miran fútbol, tienen un fetiche con las pelotas y todo lo que tenga forma circular, o de última, con los cueros rodantes. 13- Los que miman excesivamente a sus mascotas nunca tuvieron buenos juguetes en la infancia. 14- Todos los negros, aunque laburen, son de mierda. 15- Todos los blancos, aunque se comporten, son mierda. 16- Todo internauta es un friki en potencia. 17- Toda mujer es una yegua a través del tiempo, incluída tu vieja. 18- Los que se sacan fotos, te las muestran y lo que es mucho peor, que las suben al Facebook, no tienen un gramo de autoestima. 19- Los que leen la revista Viva, particularmente las notas de Coelho y del Dr. Abdala, son fácilmente manipulables. 20- La mina que va al almacén de la esquina vestida con una pollerita corta, y se agacha para ver si quedó algo de ensalada debajo del mostrador, a sabiendas de que es una despensa mayorista, es gato. 21- Si la mina que solía llevar 20 anillos en cada mano, estar maquillada y vistiendo ropa seductora a cualquier hora del día, hoy la ves discreta, sobria y con poca energía, es un gato compungido. 22- Si un tipo que solía sabérselas a todas, incluído lo que vos ya sabías pero él no, aparece serio y con poca charla, consiguió trabajo. Probablemente algo de baja categoría. 23- Los que te juzgan por tu estilo de vida, darían hasta el perro para encontrarle uno a la suya. 24- Si sos profesor de gimnasia, te gustan los pibes. 25- Aquellos que escuchan la radio a la mañana y luego te repiten palabra por palabra lo que oyeron, son de desconfiar. 26- Los que ahora te dicen que a los 18 tenés la vida por delante, son los mismos que a los 40 ya no tienen por qué vivir.

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La orgía de la comida - 2do Relato Propio
ArteporAnónimo5/27/2010

Hola gente de T!. Este es mi segundo post; un relato metafórico que habla sobre los excesos, la hipocresía social, las locuras que pueden aparecer en una simple cena navideña. Me inspiré mucho en las conversaciones de mucha gente y también mi mala costumbre; a veces me digo: "me morfe todo, estoy a punto de reventar, ¿Por que comi tanto?" ¿No les suele pasar a veces? Digo, ¿despues del asadito del domingo o los ravioles de la abuela? Que lo disfruten y acepto OPINIONES y SUGERENCIAS, no criticas 0 constructivas. La orgía de la comida Nieve afuera, regocijante calor adentro. Visitas, comida y felicidad. Se acerca navidad –sólo un par de horas- para revivir el espíritu de flamante alegría del nacimiento de Jesús y por qué no, de pasada, reunirnos todos en familia y celebrar. ¡Qué alegría! ¡Qué emoción! La noche nos acompaña y el manjar de mamá empieza a tomar forma en esa olla plateada, su humo bailarín asciende hasta el techo. Aunque sigo deleitándome con su aroma, recuerdo que navidades pasadas la comida no era tan abundante como ahora; más vegetales, restos de carne, masas se acomodan torpemente en el mesón. ¿Por qué mamá no advierte este cambio? Mejor no le pregunto, no quiero arruinar su momento. En la cocina, papá acomoda los platos, servilletas, cubiertos para la gran velada a venir. Un momento… ¿En realidad hay 8 platos? Debí contar mal. …6, 7, ¡8! ¿Habrá más gente aquí? Voy a preguntar. “Papá ha trabajado muy duro estos días, hijo, y por ello, la gente da un reconocimiento. No te asustes, son buenas personas, dignos de sentarse con nosotros” Papá intenta convencerme, pero no soy ingenuo. Sé que hay algo más. “Son buenas personas…” ¿Sería posible? El año pasado-en realidad todos los años- siempre hemos sido 3: mamá, papá y yo. Supongo que más gente no molestará, es un buen año para variar. “Cuanto más, mejor” “Dignos de sentarse con nosotros…” ¡Riiing! El timbre con su estridente chillido nos sobresalta. Yo permanezco en un rincón, como escondido, en la oscuridad. Sea quien sea tendrá que verme más tarde, aún no estoy preparado. “¡Voy!” avisó papá. Mamá sigue absorta en su labor, sin consentir; cuando cocina, entrega su vida. Ese aroma… La puerta se abre lentamente y la entrada se está oscureciendo, ese maldito foco nunca alumbró muy bien… ¡Dios mío! ¡¿Qué es eso?! ¡Papá, aléjate, es enorme! -Señor González, qué bueno verlo, adelante…está helando, ¿no? -Gracias, Winston. Por fin conozco tu casa… ¡Eh! ¿Quién es el pequeñín de ahí? ¡Demonios! Me ha visto. Debo moverme antes que… -¿Por qué no saludas al señor, amor? Mamá me atrapó con sus delicados brazos antes de poder escapar. ¿Por qué, mamá? ¿No ves que no quiero que esa cosa se me acerque? El ogro entró como si fuera su casa. Colgó su abrigo de piel en la silla cercana, le dio una palmada en el hombro a papá y con falsa delicadeza, también a mamá. Era enorme, usaba anteojos de raras medidas y una cadena de oro (lo conozco por la abuela; “Si algo brilla, se puede tocar y quizás cuelgue de un hombre gordo, seguro es oro. No lo olvides.”) Pero la escena recién empezaba. Mamá extendió mi brazo hacia la mano de ese tipo, como si yo fuera un juguete. Detrás de él, una señora de facciones amargas y saco ridículamente elegante se sonreía mientras entraba a casa. “Nuestra casa” -¡Señora Clive! Un placer conocerla, mi marido me ha dicho que su casa estaba lejos, pero…-Clavó su mirada en el humo que revoloteaba en la cocina-seguro que valió la pena. Al fin nos conocemos. Me han dicho que es buena cocinera… Hablaba como dando un discurso. No le creí una sola palabra. Y su saco no acompañaba a su rostro; era rosado, ondulante, lleno de vitalidad, el segundo, carecía de ello. Se dirigieron a la mesa, y mientras parloteaban, se sentaron. Papá los seguía en su conversación pero lo noté incómodo, sólo un poquito. ¿Bajo presión, quizás? Al manjar le faltaban unos minutos, incesante humo bailarín, y mamá ahí, controlando. ¡Riiing! ¿Otra vez? ¿Acaso hay más gente? Pensé que era buena idea estar acompañados, pero se está yendo de los límites. Sería un caos; “Pásame eso; como les iba diciendo… ¡Hey, tú! ¿Qué estás mirando?; Déjame hablar… Esta vez mamá será la receptora; dejó su delantal de flores y entre saltitos presurosos abre la puerta de nogal. -¡María! ¡Tanto tiempo! Mamá esboza una enorme sonrisa, de oreja a oreja. Me gusta verla así…y esa voz me resulta familiar ¿dónde la habré escuchado? -Adelante Jud, ¡qué alegría verte! ¿Jud? Jud es…Mi tío. ¡Qué bueno! Iré a saludarlo; él si merece mi tiempo. Corrí unos metros y ahí estaba, envuelto en su chalet azul. Su pelo se había tornado grisáceo y adelgazó notablemente, apenas pudo sostenerme en sus débiles brazos. Aunque envejeció, su buena costumbre y su humor no cambiaron para nada. Qué alivio comprobarlo. Se adentró hacia el círculo de gente y se mezcló en la habladuría de los poderosos. Papá de por medio, trataba de esforzarse para crear un ambiente ameno; lo lograba pero parecía que no estaba – o no lo dejaban- involucrarse en él. “Desperdicias tu tiempo, pá. Vinieron a tu casa y parece que tú estás en la de ellos; incómodo, inseguro, vacilante. Y no es común verte así” Los minutos pasan y el reloj parece hacerme una mueca divertida. En la sala se originó un conjunto de voces que reían, se entremezclaban entre ellas y volvían a silenciarse. Y no se había acabado aún… Faltaba más. Un tercer timbrazo. Ahora sí que estoy intrigado. Ya no sé qué esperar detrás de esa puerta. Un señor y una señora se asoman por el umbral de la puerta, sombrío. No reconozco sus rostros pero debo ir a saludar, obligado menos con Jud, como hice con las demás visitas. ¿O extraños? El hombre llevaba una corbata, camisa elegante y sus movimientos vivaces lo dotaban de una jovialidad reluciente. La mujer le hacía competencia, era bonita y sus ojos relampagueantes parecían despreciar a ese foco en su intento de iluminar. Quedé estupefacto ante tal pareja. Y no me molesté en disimularlo, quería que lo sepan. Pero parecía que mamá no estaba de acuerdo. -¿En qué piensas, querido? ¿Qué observas? Mejor me ayudas con la mesa –hizo un ademán para que la siga hacia la reunión- ¿Podrías colocar los vasos restantes, amor? Yo debo terminar esta salsa. La que te gusta. Me dio un beso en la mejilla. Termine la tarea de los vasos (ahora vacíos, espero que no se llenen) y este círculo chillón de cabezas y cuerpos deformes no parece advertir mi presencia. ¿En qué se concentran tanto? ¿Qué es tan importante para hablar en una noche como hoy? “Noche de paz, noche de amor…todos aquí” “Navidad, dulce, dulce navidad” ¿Por esto estuve esperando? Pero no quiero precipitarme y mucho menos, enojarme. Disgustaría a mamá. Seguro que mejorará. Tiene que mejorar… ¡Lo sabía! Siempre supe que me divertiría hoy. Se está sirviendo la cena; ¡Por fin! La espera realmente valió la pena, má. Una suculenta salsa roja baña los spaghettis que se vuelcan en cada plato de porcelana. El humo que se eleva está más danzante que antes y se esparce por todo el salón. La mesa es para el elogio; 3 botellas de vino tinto de buen pasar están bien apostadas en cada rincón de la mesa, 4 velas envueltas en rojo y blanco se posicionaron para contemplarse, y alguien ha puesto los mejores utensilios que tiene la casa; cuchillos y tenedores de plata; vasos de vidrio artesanales y servilletas con hilillos de oro. Si bien recuerdo es lo que la abuela había dejado antes de partir… Después de servir hasta el último plato, mamá se dispone a acompañarnos sentándose al lado del hombre gordo, desagradable presencia. Papá destapa las botellas sucesivamente e invita a beber con tímida sonrisa. Yo estoy centrado en la esquina de la mesa, observando tales personajes. Todo va bien. Por ahora. Mientras conversan, una suave neblina (apetecible) se entromete entre sus ojos mientras se dirigen la palabra, miradas, guiños, sugerencias. Me pregunto si alguno se acuerda que hoy es Navidad, el nacimiento de Jesús…al fin y al cabo ése es el motivo de esta reunión, ¿no? ¿No? Inadvertidamente, el reloj burló mi vigilancia y sus agujas se acercaron a medianoche. Puedo decir que el clima ya no es el mismo. Y tengo miedo… Papá se durmió con los brazos cruzados, es cómico, se parece a mí cuando estoy enojado, salvo que esta vez no reacciona. El ogro tiene los ojos rojos y de sus labios rosados cuelga un cigarro un tanto extraño; no se parece a los que consume papá. Se asemeja a un habano pero no es… ¿Qué será? La mujer de esta bestia ríe histéricamente, su risa es un chirrido molesto y agudo. Mamá lava los platos con ojos tristes y su piel empalideció. La pareja reluciente extrañamente perdió su brillo y el tío Jud se vulgarizó junto a ellos, con un juego en el que gritaban balbuceando. Todo esto después de medianoche ¡es Navidad! ¿Acaso nadie se acuerda? ¿Están locos? ¿Por qué ese trío se ríe de cualquier cosa? Dicen fatalidades y aún se descosen de risa. Y a mí no me produce ni una sonrisa. Se fue de las manos pero no a la manera en que temía en un principio… Las 3 botellas perdieron su esplendor que emanaban, al igual que los cubiertos. Se encuentran dispersos en la mesa, algunos en el suelo, otros sucios y mal repartidos. Una de las botellas rueda en el suelo. Los platos en completo desorden se ubican rodeando a la visita. Ellos eructan y se consumen en su propia lujuria. El mantel está manchado desagradablemente, dividido; una parte yace en el suelo y otra sobre el codo de papá. El inocente humo que se desprendía de la delicia de mamá ahora se tornó negro azulado, de un aroma nada agradable que daba náuseas. Al gordo le agrada pues también ríe con un sonido; ahora llevaba su barriga al descubierto, su cinturón de cuero desabrochado mirando hacia ningún lado… Esa cara desagradable llevaba maldad también... Parece la habitación de uno de los drogadictos que pasa el noticiero; oscuro, hostil, frío, dejado de todo rastro de emoción. ¿En qué se ha convertido esto? Después de terminar su cigarro, el poderoso intentó levantarse de su silla, torpemente, tambaleante. Se dirigió con pasos sin gracia hacia el mesón, donde mamá se hallaba, secando los últimos trastes. Lo seguí. No podía verlo bien y sabía que algo tramaba…algo malo. Podía saberlo por sus ojos. Se acercó a mamá, por atrás y la sujetó, como dando un abrazo invertido. Extraño. Mamá reaccionó y masculló algo que no se oyó con claridad. El gordo empezó a recuperar sus energías. ¿Qué estaba haciendo? Quería dar amor, lo cual me sorprendió, pero lo que siguió a continuación fue un show atroz, cruel, incomprensible. Empezó a desabrocharse los pantalones, y se aferró a mamá como un cazador que no quiere dejar huir a su presa. Ella lanzaba unos alaridos terribles, a mi me daban escalofríos y entre sollozos y gemidos pedía a gritos ayuda. ¿Por qué, mamá? ¿Por qué él está haciéndote daño? No logro entender… Fui corriendo a mi cuarto y me encerré. Me oculté bajo las frías sábanas de la cama. Ya no quería presenciar esa “fiesta”. Ahora era espantoso. Sentí una leve molestia en mi vientre… Debe ser la comida. Ahora que lo pienso, también puede que los haya afectado a ellos también…

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Poemas de Edgar Allan Poe - Parte I
ArteporAnónimo8/28/2011

A ... Las enramadas donde veo en sueños, las más variadas aves cantoras, son labios y son tus musicales palabras susurradas. Tus ojos, entronizados en el cielo, caen al fin desesperadamente ¡oh Dios!, en mi funérea mente como luz de estrellas sobre un velo. Oh, tu corazón... suspiro al despertar y duermo para soñar hasta que raya el día en la verdad que el oro jamás podrá comprar y en las bagatelas que sí podría. Versión de Andrés Ehrenhaus A Elena Te vi a punto. Era una noche de julio, noche tibia y perfumada, noche diáfana... De la luna plena límpida, límpida como tu alma, descendían sobre el parque adormecido gráciles velos de plata. Ni una ráfaga el infinito silencio y la quietud perturbaban en el parque... Evaporaban las rosas los perfumes de sus almas para que los recogieras en aquella noche mágica; para que tú los gozases su último aliento exhalaban como en una muerte dulce, como en una muerte lánguida, y era una selva encantada, y era una noche divina llena de místicos sueños y claridades fantásticas. Toda de blanco vestida, toda blanca, sobre un ramo de violetas reclinada te veía y a las rosas moribundas y a ti, una luz tenue y diáfana muy suavemente alumbraba, luz de perla diluida en un éter de suspiros y de evaporadas lágrimas. ¿Qué hado extraño (¿fue ventura? ¿fue desgracia?) me condujo aquella noche hasta el parque de las rosas que exhalaban los suspiros perfumados de sus almas? Ni una hoja susurraba; no se oía una pisada; todo mudo, todo en sueños, menos tú y yo -¡cuál me agito al unir las dos palabras! -- menos tú y yo...De repente todo cambia. ¡Oh, el parque de los misterios! ¡Oh, la región encantada! Todo, todo, todo cambia. De la luna la luz límpida la luz de perla se apaga. El perfume de las rosas muere en las dormidas auras. Los senderos se oscurecen. Expiran las violas castas. Menos tú y yo, todo huye, todo muere, todo pasa... Todo se apaga y extingue menos tus hondas miradas. ¡Tus dos ojos donde arde tu alma! Y sólo veo entre sombras aquellos ojos brillantes, ¡oh mi amada! Todo, todo, todo cambia. De la luna la luz límpida la luz de perla se apaga. El perfume de las rosas muere en las dormidas auras. Los senderos se oscurecen. Expiran las violas castas. Menos tú y yo, todo huye, todo muere, todo pasa... Todo se apaga y extingue menos tus hondas miradas. ¡Tus dos ojos donde arde tu alma! Y sólo veo entre sombras aquellos ojos brillantes, ¡oh mi amada! ¿Qué tristezas irreales, qué tristezas extrahumanas! La luz tibia de esos ojos leyendas de amor relata. ¡Qué misteriosos dolores, qué sublimes esperanzas, qué mudas renunciaciones expresan aquellos ojos que en la sombra fijan en mí su mirada! Noche oscura. Ya Diana entre turbios nubarrones, lentamente, hundió la faz plateada, y tú sola en medio de la avenida, te deslizas irreal, mística y blanca, te deslizas y te alejas incorpórea cual fantasma... Sólo flotan tus miradas. ¡Sólo tus ojos perennes, tus ojos de honda mirada fijos quedan en mi alma! A través de los espacios y los tiempos, marcan, marcan mi sendero y no me dejan cual me dejó la esperanza... Van siguiéndome, siguiéndome como dos estrellas cándidas; cual fijas estrellas dobles en los cielos apareadas en la noche solitaria. Ellos solos purifican mi alma toda con sus rayos y mi corazón abrasan, y me prosterno ante ellos con adoración extática, y en el día no se ocultan cual se ocultó mi esperanza. De todas partes me siguen mirándome fijamente con sus místicas miradas.... Misteriosas, divinales me persiguen sus miradas como dos estrellas fijas... como dos estrellas tristes, ¡como dos estrellas blancas! Versión de Carlos A. Torres Amigos que por siempre nos dejaron... Amigos que por siempre nos dejaron, caros amigos para siempre idos, fuera del Tiempo y fuera del Espacio! Para el alma nutrida de pesares, para el transido corazón, acaso". Edgar Allan Poe Annabel Lee Hace de esto ya muchos, muchos años, cuando en un reino junto al mar viví, vivía allí una virgen que os evoco por el nombre de Annabel Lee; y era su único sueño verse siempre por mí adorada y adorarme a mí. Niños éramos ambos, en el reino junto al mar; nos quisimos allí con amor que era amor de los amores, yo con mi Annabel Lee; con amor que los ángeles del cielo envidiaban a ella cuanto a mí. Y por eso, hace mucho, en aquel reino, en el reino ante el mar, ¡triste de mí!, desde una nube sopló un viento, helando para siempre a mi hermosa Annabel Lee Y parientes ilustres la llevaron lejos, lejos de mí; en el reino ante el mar se la llevaron hasta una tumba a sepultarla allí. ¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-, llegaron a envidiarnos, a ella, a mí. Y no más que por eso -todos, todos en el reino, ante el mar, sábenlo así-, sopló viento nocturno, de una nube, robándome por siempre a Annabel Lee. Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos, más grandes que ella fue, que nunca fui; y ni próceres ángeles del cielo ni demonios que el mar prospere en sí, separarán jamás mi alma del alma de la radiante Annabel Lee. Pues la luna ascendente, dulcemente, tráeme sueños de Annabel Lee; como estrellas tranquilas las pupilas me sonríen de Annabel Lee; y reposo, en la noche embellecida, con mi siempre querida, con mi vida; con mi esposa radiante Annabel Lee en la tumba, ante el mar, Annabel Lee. Versión de Carlos Obligado Balada nupcial En mi dedo el anillo, la guirnalda nupcial mi sien decora; de sedas y diamantes busco el brillo, y soy feliz ahora. Y mi señor me brinda amor seguro; pero al decirme ayer cuánto me adora, tembló mi corazón, como al conjuro, de "quien cayó en la guerra", al pie del muro, y que es feliz ahora. Pero él tranquilizóme, y en mi frente besó la palidez que le enamora. Y he aquí que en un ensueño, vi presente, al muerto D'Elormy: -suyo, en mi frente, fue el beso; y suspiré ( ¡cuán dulcemente! ): "-¡Ah, soy feliz ahora!" Y si pude otorgar palabra nueva, así el voto juré, y aunque traidora, y aunque un luto de amor el alma lleva, ved brillar ese anillo que "me prueba" que soy feliz ahora. ¡Ah! ilumíneme Dios aquel pasado, pues si sueña o no sueña el alma ignora, y el corazón se oprime, y conturbado pregúntase, oh Señor, si el "Olvidado" será feliz ahora! Versión de Carlos Obligado

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Poemas de Edgar Allan Poe - Parte II
Poemas de Edgar Allan Poe - Parte II
ArteporAnónimo8/28/2011

El valle de la inquietud Hubo aquí un valle antaño, callado y sonriente, donde nadie habitaba: partiéronse las gentes a la guerra, dejando a los luceros, de ojos dulces, que velaran, de noche, desde azuladas torres, las flores, y en el centro del valle, cada día, la roja luz del sol se posaba, indolente. Mas ya quien lo visite advertiría la inquietud de ese valle melancólico. No hay en él nada quieto, sino el aire, que ampara aquella soledad de maravilla. ¡Ah! Ningún viento mece aquellos árboles, que palpitan al modo de los helados mares en torno de las Hébridas brumosas. ¡Ah! Ningún viento arrastra aquellas nubes, que crujen levemente por el cielo intranquilo, turbadas desde el alba hasta la noche, sobre las violetas que allí yacen, como ojos humanos de mil suertes, sobre ondulantes lirios, que lloran en las tumbas ignoradas. Ondulan, y de sus fragantes cimas cae eterno rocío, gota a gota. Lloran, y por sus tallos delicados, como aljófar, van lágrimas perennes. Versión de Màrie Montand El valle intranquilo Hubo un tiempo en que el valle sonreía, silencioso, aunque nadie allí vivía; su gente había marchado hacia la guerra confiando el cuidado de esa sierra, por la noche, a la mirada fiel de las estrellas desde su azul cuartel y de día, a los rojos resplandores del sol que dormitaba entre las flores. Mas ahora para todo visitante el valle triste es inquieto e inquietante. Nada allí se detiene un solo instante... nada salvo el aire que se cierne sobre la soledad mágica y perenne. ¡Ah, ningún viento agita los ramajes que palpitan como el glacial oleaje en torno a las Hébridas salvajes! ¡Ah, ningún viento empuja el furtivo manto de nubes que, sin respiro, surcan durante el día el cielo esquivo sobre las violetas allí esparcidas como ojos humanos de mil medidas...! sobre las ondeantes azucenas que lloran junto a las tumbas ajenas! Ondean: y en sus pétalos más tiernos se juntan gotas de rocío sempiterno. Lloran: y por sus tallos claudicantes bajan perennes lágrimas como diamantes. Versión de Andrés Ehrenhaus La durmiente Era la medianoche, en junio, tibia, bruna. Yo estaba bajo un rayo de la mística luna, Que de su blanco disco como un encantamiento Vertía sobre el valle un vapor soñoliento. Dormitaba en las tumbas el romero fragante, Y al lago se inclinaba el lirio agonizante, Y envueltas en la niebla en el ropaje acuoso, Las ruinas descansaban en vetusto reposo. ¡Mirad! También el lago semejante al Leteo, Dormita entre las sombras con lento cabeceo, Y del sopor consciente despertarse no quiere Para el mundo que en torno lánguidamente muere Duerme toda belleza y ved dónde reposa Irene, dulcemente, en calma deleitosa. Con la ventana abierta a los cielos serenos, De claros luminares y de misterios llenos. ¡Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto? ¿Por qué está tu ventana, así, en la noche abierta? Los aires juguetones desde el bosque frondoso, Risueños y lascivos en tropel rumoroso Inundan tu aposento y agitan la cortina Del lecho en que tu hermosa cabeza se reclina, Sobre los bellos ojos de copiosas pestañas, Tras los que el alma duerme en regiones extrañas, Como fantasmas tétricos, por el sueño y los muros Se deslizan las sombras de perfiles oscuros. Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto? ¿Cuál es, di, de tu ensueño el poderoso encanto? Debes de haber venido de los lejanos mares A este jardín hermoso de troncos seculares. Extraños son, mujer, tu palidez, tu traje, Y de tus largas trenzas el flotante homenaje; Pero aún es más extraño el silencio solemne En que envuelves tu sueño misterioso y perenne. La dama gentil duerme. ¡Que duerman para el mundo! Todo lo que es eterno tiene que ser profundo. El cielo lo ha amparado bajo su dulce manto, Trocando este aposento por otro que es más santo, Y por otro más triste, el lecho en que reposa. Yo le ruego al Señor, que con mano piadosa, La deje descansar con sueño no turbado, Mientras que los difuntos desfilan por su lado. Ella duerme, amor mío. ¡Oh!, mi alma le desea Que así como es eterno, profundo el sueño sea; Que los viles gusanos se arrastren suavemente En torno de sus manos y en torno de su frente; Que en la lejana selva, sombría y centenaria, Le alcen una alta tumba tranquila y solitaria Donde flotan al viento, altivos y triunfales, De su ilustre familia los paños funerales; Una lejana tumba, a cuya puerta fuerte Piedras tiró, de niña, sin temor a la muerte, Y a cuyo duro bronce no arrancará más sones, Ni los fúnebres ecos de tan tristes mansiones ¡Qué triste imaginarse pobre hija del pecado. Que el sonido fatídico a la puerta arrancado, Y que quizá con gozo resonara en tu oído, de la muerte terrífica era el triste gemido! Las campanas I ¡Escuchad el tintineo! !La sonata Del trineo Con cascabeles de plata! ¡Qué alegría tan jocunda nos inunda al escuchar la errabunda melodía de su agudo tintinear! ¡Es como una epifanía, En la ruda racha fría, la ligera melodía! ¡Cómo fulgen los luceros! -¡Verdaderos Reverberos !- Con idéntica armonía A la clara melodía Cintilando, cintilando, cintilando, ¡Cómo los cascabeles van sonando! Y en un mismo son, son único, Que igualiza un ritmo rúnico, Los luceros siguen fieles Cascabeles, cascabeles, cascabeles El son de los cascabeles, Cascabeles, cascabeles, cascabeles Cascabeles, ¡El son grato, que a rebato, surge en los cascabeles! II Escuchar el almo coro Sonoro Que hacen las campanas todas: ¡Son las campanadas de oro De las bodas! ¡Oh, qué dicha tan profunda nos inunda al escuchar La errabunda melodía de su claro repicar! ¡Cómo revuela al desgaire Esta música en el aire! ¡Cómo a su feliz murmullo Sonoro, Con sus claras notas de oro, Se aúna la tórtola con su arrullo, Bajo la luz de la luna! ¡Qué armonía Se vacía De la alegre sinfonía De este día! ¡Cómo brota Cada nota!: Fervorosamente, dice la felicidad remota Que predice. Y a la voz de una campana, siguen las de sus hermanas Las campanas, Las campanas, las campanas, las campanas, las campanas, las campanas, las campanas, las campanas, En sonoro ritmo de oro, de almo coro, ¡las campanas! III ¡Oíd cual suena el bordón!: el bordón De son bronco Que pone en el corazón El espanto con su son, Con su son de bronce, ronco. ¡que tristeza tan profunda nos apresa al escuchar Cómo reza, gemebunda, la fiereza del llamar! Cómo su son taciturno, En el silencio nocturno Es grito desesperado Que no es casi pronunciado ¡De aterrado! Grito de espanto ante el fuego Y agudo alarido luego, Es un clamor que se extiende, Que el espacio ronco, hiende Y que llama; Que defiende. Y que clama, clama, clama, Que clama pidiendo auxilio En tanto que ve el exilio De aquellos que el fuego, ciego y arrollador, empobrece Y el fuego que ataca y crece, Mientras se oye el ronco son, El somatén del bordón, Del bordón, bordón, bordón ¡Del bordón! ¡Cómo el alma se desgarra Cuando el son del bordón narra La aflicción ¡De aquellos que arruina el fuego! Y, cómo nos dice luego Los progresos que hace el fuego -Que va a tientas como ciego- El somatén del bordón, ¡Que es toda una narración! ¡Oh, la tempestad de ira En la que el bordón delira Y en que convulso, delira! El alma escucha anhelante la queja que da el bordón Con su son; El bordón que da su son, El bordón, bordón, bordón, ¡El bordón! Que es toda una narración el somatén del bordón Del bordón, del bordón, del bordón Del bordón, del bordón, del bordón ¡Del bordón! El grito ante el infinito, cual proscrito, ¡del bordón! IV ¡Escuchad cómo la esquila, Cómo el esquilón de hierro, Llama con voz que vacila, Al entierro! Qué meditación profunda nos inunda al escuchar la errabunda y gemebunda melodía del sonar ¡Cómo llena de pavura Su son en la noche obscura! ¡Cómo un estremecimiento Nos recorre el pensamiento que provoca su lamento! Cuando sueña La grave esquila de hierro, con su lúgubre toquido, Con su lúgubre toquido que la medianoche llena. ¡Es que las almas en pena Se han reunido! ¡Oh, la danza Al son que toda la esquila, En una noche intranquila, Su tijera de luz lila, Tocando en visión del Juicio la noche sin esperanza! Entonces, ya no vacila La grave voz de la esquila, De la esquila, de la esquila, de la esquila, de la esquila, de la esquila, Sino que suena furiosa, Con su voz cavernosa, Y, en un mismo son, son único, Que igualiza un ritmo rúnico, Algún ronco rayo truena Y se alumbra con relámpagos la noche sin esperanza, Mientras las almas en pena Giran, giran su danza Bajo la triste luz lila. Y en tanto se oye la grave, la grave voz de la esquila, De la esquila, de la esquila, De la esquila, de la esquila, de la esquila, de la esquila, Y en el mismo son, son único, Que igualiza un ritmo rúnico, Mientras se oye, la triste, la triste voz De la esquila, De la esquila, Furibundo rayo truena, El relámpago cintila. Y los espectros en pena Danzan al son de la esquila, De la esquila, de la esquila, de la esquila, de la esquila, de la esquila, Y en un mismo son, son único, Que igualiza un ritmo rúnico, Danzan al son de la esquila, De la esquila, de la esquila, de la esquila, de la esquila, de la esquila, ¡De la esquila! Y mientras que el rayo truena, Que el relámpago cintila Y que con furor terrible, danzan las almas en pena, Se oye la voz de la esquila, De la esquila, de la esquila, de la esquila, De la esquila, de la esquila, la voz de cuento lamento ¡de la esquila!

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