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Morrinsox

Usuario (Islas ultramarinas de Estados Unidos)

Primer post: 6 dic 2013Último post: 2 abr 2014
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Sindicato de policías ¿Consigna socialista?
Sindicato de policías ¿Consigna socialista?
InfoporAnónimo12/6/2013

Dirigentes gremiales de la CTA y la CGT se han manifestado a favor de la idea; incluso ya hay un embrionario sindicato de la policía, que tiene el apoyo de Pablo Micheli. También algunos partidos de izquierda están reclamando, desde hace años, el derecho a la sindicalización de la policía. [Por Rolando Astarita] Por estos días, en “Comentarios”, me han preguntado qué opino sobre la demanda de formación de un sindicato de policías (también de gendarmes, prefectos, personal del servicio penitenciario). Dirigentes gremiales de la CTA y la CGT se han manifestado a favor de la idea; incluso ya hay un embrionario sindicato de la policía, que tiene el apoyo de Pablo Micheli. También algunos partidos de izquierda están reclamando, desde hace años, el derecho a la sindicalización de la policía. Naturalmente, el tema se ha puesto en primer plano con el conflicto de los gendarmes y prefectos. En esta nota presento algunas reflexiones sobre el asunto, y explico por qué entiendo que los socialistas no deberían apoyar la demanda. “Compañeros trabajadores que enfrentan el ajuste” El argumento central de los dirigentes sindicales que abogan por la formación de sindicatos del personal de las fuerzas de seguridad, es que se trata de trabajadores que deben gozar de los mismos derechos que cualquier otro asalariado. En los partidos de inspiración marxista que defienden la idea, el argumento es un poco más sofisticado. Se sostiene que, si bien los policías y gendarmes forman parte de los cuerpos represivos del estado, provienen del pueblo y venden su fuerza de trabajo. Por eso, habría una contradicción entre el rol represivo del aparato del que forman parte, y el hecho de que son asalariados, con intereses y demandas comunes con el resto de los trabajadores. ¿Por qué no aprovechar esta contradicción y ganarlos para la causa de la clase obrera o del socialismo? Después de todo, dice el argumento pro sindicato, los gendarmes y prefectos están enfrentando el plan de ajuste del gobierno K, igual que otros asalariados. El movimiento tiene la misma progresividad de cualquier otra lucha de los trabajadores. Más en general, y debido a la crisis capitalista, en muchos países los policías han comenzado a rebelarse. Para citar algunos ejemplos: en Portugal, el Sindicato Unido de la Policía planteó que estaría del lado de los manifestantes, porque “somos ciudadanos antes que policías”. En Grecia, a principios de septiembre, se llegó a un enfrentamiento entre policías en huelga y policías anti motines, porque los primeros querían impedir que los anti motines salieran de sus cuarteles para ir a reprimir manifestantes. En Inglaterra, la policía ha participado en manifestaciones y está amenazando con una huelga (que está prohibida) porque el gobierno ha adelantado un programa de recortes de salarios, despidos y aumento de la edad de jubilación de los policías. En Brasil, hubo huelgas en varios estados y en Río de Janeiro, por aumentos de salarios; en Bahía se produjeron choques de la policía con las fuerzas de seguridad enviadas por el gobierno. En Bolivia, hubo acuartelamientos y manifestaciones, por reivindicaciones salariales; en 2003 se produjeron violentos enfrentamientos con la guardia presidencial. En conclusión, sigue el razonamiento, no hay motivo alguno para no estar detrás de estos reclamos: son parte de la lucha general contra las políticas de austeridad y ajuste del capitalismo. Antes que trabajadores, policías El elemento de verdad que tiene el anterior razonamiento es que ubica correctamente la naturaleza de la protesta de los gendarmes, prefectos y policías en Argentina: es un movimiento por salario, y no un golpe de estado, como quieren presentarlo el gobierno, y sus partidarios. Por otra parte, y más importante, es cierto que existe una contradicción entre la necesidad de la clase dominante de tener fuerzas represivas consolidadas, y las condiciones miserables en que mantiene al personal subalterno de esas fuerzas, en Argentina y otros países de América Latina. Sin embargo, y aquí está el nudo de la equivocación de los defensores socialistas del sindicato de policías, hay que decir que esta contradicción no puede resolverse, dentro del sistema capitalista, hacia el lado del pueblo, o del socialismo. Para ver por qué, recordemos que hace poco la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA expresaba muy bien el objetivo que deberían proponerse los gobiernos en materia de fuerzas policiales: “mejorar las condiciones de trabajo y la situación de estos funcionarios” para cumplir con su “servicio social”. Pero este “servicio social” tiene como componente fundamental la defensa de la propiedad del capital. Esta es la función que domina y determina el carácter del policía o del gendarme. Para utilizar una noción de Marx, por encima de su origen y del hecho de que sea asalariado, tienen una “existencia funcional”. Su función, como integrantes del cuerpo represivo, predomina por sobre todo lo demás. Por eso, al acompañar las demandas por mejores condiciones de trabajo y salariales de las fuerzas de seguridad, no se está fortaleciendo al trabajo frente al capital, como pretende el discurso reformista, sino se está contribuyendo al perfeccionamiento del aparato represivo. Dar buenos salarios a los policías, mejorar su equipamiento, levantarles la moral, es un objetivo de la clase dominante. Podrá tener dificultades presupuestarias para lograrlo, pero en la medida en que lo cumpla, mejora y aceita los mecanismos represivos. Y no hay manera de que el policía se acerque al trabajador, o al socialismo, por este camino. Es sencillo de entender: su existencia funcional determinará su actuación y postura en la lucha de clases. Es interesante recordar que a principios de los años 1930, en Alemania, la socialdemocracia confiaba en que la policía detendría, en última instancia, a Hitler, porque los policías eran trabajadores, e incluso muchos eran socialistas. En oposición a esta idea, acertadamente Trotsky alertó que “el obrero, convertido en policía al servicio del estado capitalista, es un policía burgués y no un obrero”. Agregaba que esos policías se habían enfrentado muchas veces con los obreros revolucionarios, que nadie pasa por semejante escuela sin quedar marcado, y que “lo esencial es que todo policía sabe que los gobiernos pasan, pero la policía continúa” (Escritos sobre Alemania, enero de 1932). Pienso que la idea tiene vigencia. Después de todo, la naturaleza del estado capitalista, y de su policía, no han variado, y esto es lo que debería retener todo trabajador o militante. Además del desempeño en “función de la sociedad” (digamos, atrapar al violador serial que anda suelto por el barrio), las fuerzas de seguridad constituyen un pilar del dominio de clase. Los gendarmes que participaron del operativo X (espionaje a manifestantes y activistas); o los policías que balearon a los qom en Formosa, no son compañeros trabajadores confundidos, sino “policías burgueses”, que actúan según la naturaleza del organismo que integran. Por supuesto, podemos suponer que en una coyuntura revolucionaria, una parte importante del personal de las fuerzas armadas pasará del lado de los trabajadores. Pero se trata de un escenario muy especial, -cuando los explotados “toman el cielo por asalto”- caracterizado por la ruptura del estado. En cualquier otra condición, no hay que hacerse ilusiones. La existencia de la policía depende de la existencia del estado capitalista y de las relaciones sociales de producción capitalista. Los policías no van a ser ganados progresivamente para las ideas del socialismo, o la causa de los trabajadores. Por eso, también es ingenua la propuesta -la adelantó un dirigente de izquierda- de que se forme el sindicato de policías o gendarmes, pero con el compromiso de que sus miembros no van a reprimir a los trabajadores. Estas promesas son papel mojado. La lucha de clases no deja lugar a estas ensoñaciones. Lucha de clases y experiencia histórica Seguramente muchos verán mi análisis como poco sutil y sofisticado; pero en estas cuestiones lo que importa es “el trazo grueso”, la divisoria de clases. Si se pierde de vista esta brújula, terminaremos en graves problemas. Y la discusión no es meramente teórica, tiene consecuencias prácticas, inmediatas. Relato una experiencia: en 1975 yo militaba en un partido trotskista, que se dio como orientación hacer trabajo político entre los policías. Como todos sabemos, era la época en que la Tiple A asesinaba a diestra y siniestra. Pues bien, recuerdo que una compañera me contó la siguiente experiencia: se presentó en una comisaría y reclamó su “derecho democrático” a vender la la prensa del partido entre los policías. ¿Por qué no iba a hacerlo, si se trataba de “compañeros trabajadores”? Por suerte, un oficial se apiadó de ella, y le aconsejó, de la mejor manera, que se fuera de allí, antes de que le pasara algo grave. Algunos dirán que es un caso extremo, pero lo importante es que expresa un error de caracterización. La experiencia histórica también demuestra que el estado capitalista no se erosiona paulatinamente, y que los sindicatos policiales son perfectamente asimilables por el sistema. Incluso huelgas y movimientos bastante radicales, han sido absorbidos. Por caso, hubo huelgas de policías en Boston, en 1919, en Montreal, en 1971, en Nueva York, en 1971 o en Baltimore, en 1974. En EEUU, España, Italia y otros países adelantados, los sindicatos de policías funcionan desde hace años. No hay evidencia de que la policía de esos lugares tenga un comportamiento más democrático y considerado hacia los que “cuestionan” o los que considera “enemigos del sistema”. Un caso histórico famoso es el de las huelgas de policías en Inglaterra, de 1918 y 1919, que estallaron en medio de una intensa agitación revolucionaria, cuando los trabajadores llegaron a elegir consejos. Aquellos policías huelguistas fueron llamados los Bolshevik Bobbies. Pero el movimiento revolucionario decayó, y los policías fueron integrados perfectamente al estado. Como resultado, se estableció un sindicato, aunque sin derecho de huelga. A partir de allí, no representó un problema para el capitalismo; incluso, el sindicato se constituyó en un canal más o menos normal de negociación de las condiciones laborales de los policías. Un sindicato puede contribuir al logro de un aparato policíaco más eficiente, consolidado y con alta moral, que no deja de ser un reaseguro para el sistema de explotación. Podemos imaginar incluso un sindicato pidiendo asistencia psicológica, mejores equipos y compensación económica para los “compañeros” que tienen que reprimir manifestaciones obreras o, tarea aún más penosa, picanear a un detenido para obtener información. ¿Por qué no, si se trata de “trabajadores asalariados”? El absurdo al que se llega es revelador de la inconsistencia del planteo, desde un punto de vista socialista. En conclusión, no encuentro nada progresivo en apoyar la demanda de un sindicato de policías o gendarmes. Habría que recordarlo, un trabajador puesto a policía, no es un trabajador, sino un policía.

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Las cárceles según Foucault
InfoporAnónimo12/6/2013

Extracto de una conferencia de Michel Foucault dada en la Facultad de Filosofía de la Universidad del Brasil [1976] Auditorio: -¿Qué tipo de productividad pretende lograr el poder en las prisiones? Foucault: -Esa es una larga historia: el sistema de la prisión, quiero decir, de la prisión represiva, de la prisión como castigo, fue establecido tardíamente, prácticamente al fin del siglo XVIII. Antes de ésa fecha la prisión no era un castigo legal: se aprisionaba a las personas simplemente para retenerlas antes de procesarlas y no para castigarlas, salvo en casos excepcionales. Bien, se crean las prisiones como sistema de represión afirmándose lo siguiente: la prisión va a ser un sistema de reeducación de los criminales. Después de una estadía en la prisión, gracias a una domesticación de tipo militar y escolar, vamos a poder transformar a un delincuente en un individuo obediente a las leyes. Se buscaba la producción de individuos obedientes. Ahora bien, inmediatamente, en los primeros tiempos de los sistemas de las prisiones quedó en claro que ellos no producían aquel resultado, sino, en verdad, su opuesto: mientras más tiempo se pasaba en prisión menos se era reeducado y más delincuente se era. No sólo productividad nula, sino productividad negativa. En consecuencia, el sistema de las prisiones debería haber desaparecido. Pero permaneció y continúa, y cuando preguntamos a las personas qué podríamos colocar en vez de las prisiones, nadie responde. ¿Por qué las prisiones permanecieron a pesar de esta contraproductividad? Yo diré que precisamente porque, de hecho producían delincuentes y la delincuencia tiene una cierta utilidad económico-política enlas sociedades que conocernos: La utilidad mencionada podemos revelarla fácilmente: 1) Cuanto más delincuentes existan, más crímenes existirán; cuanto más crímenes hayan, más miedo tendrá la población y cuanto más miedo en la población, más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial. La existencia de ese pequeño peligro interno permanente es una de las condiciones de aceptabilidad de ese sistema de control, lo que explica por qué en los periódicos, en la radio, en la televisión, en todos los países del mundo sin ninguna excepción, se concede tanto espacio a la criminalidad como si se tratase de una novedad cada nuevo día. Desde 1830 en todos los países del mundo se desarrollaron campañas sobre el tema del crecimiento de la delincuencia, hecho que nunca ha sido probado, pero esta supuesta presencia, esta amenaza, ese crecimiento de la delincuencia es un factor de aceptación de los controles. Pero eso no es todo, la delincuencia posee también una utilidad económica; vean la cantidad de tráficos perfectamente lucrativos e inscriptos en el lucro capitalista que pasan por la delincuencia: la prostitución; todos saben que el control de la prostitución en todos los países de Europa es realizado por personas que tienen el nombre profesional de proxenetas y que son todos ellos ex-delincuentes que tienen por función canalizar, para circuitos económicos tales como la hotelería de personas que tienen cuentas en bancos, los lucros recaudados sobre el placer sexual. La prostitución permitió volver oneroso el placer sexual de las poblaciones y su encuadramiento permitió derivar para determinados circuitos el lucro sobre el placer sexual. El tráfico de armas, el tráfico de drogas, en suma, toda una serie de tráficos que por una u otra razón no pueden ser legal y directamente realizados en la sociedad pueden serlo porla delincuencia, que los asegura. Si agregamos a eso el hecho de que la delincuencia sirve masivamente en el siglo XIX y aún en el siglo XX a toda una serie de alteraciones políticas tales como romper huelgas, infiltrar sindicatos obreros, servir de mano de obra y guardaespaldas de los jefes de partidos políticos, aun de los más o menos dignos. Aquí estoy hablando precisamente de Francia, en donde todos los partidos políticos tienen una mano de obra que varia desde los colocadores de afiches hasta los aporreadores o matones, mano de obra que está constituida por delincuentes. Así tenernos toda una serie de instituciones económicas y políticas que opera sobre la base de la delincuencia y en esta medida la prisión que fabrica un delincuente profesional posee una utilidad y una productividad.

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No culpen a la gente británica
InfoporAnónimo4/2/2014

Morrisey sobre la Dama de Hierro y las Islas Malvinas “No culpen a la gente británica, todos sabemos que las islas Malvinas pertenecen a la Argentina” “Thatcher es recordada como la Dama de Hierro solo porque poseía rasgos completamente negativos tales como una persistente terquedad y un decidido rechazo a escuchar a los demás. Cada movimiento que hizo fue causado por la negatividad; destruyó la industria manufacturera británica, odiaba a los luchadores por la libertad irlandesa y permitió que murieran, odiaba a los pobres ingleses y no hizo nada en absoluto por ayudarlos, odiaba a Greenpeace y a los defensores del medioambiente, fue el único líder político europeo que se opuso a la prohibición del tráfico de marfil, no tenía ni ingenio ni calidez, e incluso su propio gabinete la expulsó. Dio la orden de volar el Belgrano a pesar de que estaba fuera de la zona de exclusión de las Malvinas y ¡navegaba LEJOS de las islas! Cuando los jóvenes argentinos que estaban a bordo del Belgrano habían sufrido la muerte más atroz e injusta, Thatcher levantó los pulgares ante la prensa británica. ¿Hierro? No. ¿Bárbara? Sí. Odiaba a las feministas a pesar de que fue en gran parte debido al avance de los movimientos de mujeres que los británicos aceptaron que un Primer Ministro podía ser una mujer. Pero gracias a Thatcher, nunca volverá a haber otra mujer en el poder en la política británica, y en lugar de abrir esa puerta para otras mujeres, la cerró. Thatcher solo será recordada con cariño por los sentimentalistas que no sufrieron bajo su liderazgo, pero la mayoría de los trabajadores británicos la han olvidado ya, y el pueblo de Argentina estará celebrando su muerte. Es un hecho incuestionable, Thatcher fue un terror sin un átomo de humanidad”

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