Morrison_vivas
Usuario (Honduras)

Roberto Sosa (1930- ). Nació en Yoro, Honduras, en 1930 . Es conocido internacionalmente como el poeta nacional de Honduras. Su obra poética ha sido favorablemente comentada en España, Colombia, México y Estados Unidos. Pertenece al grupo de intelectuales Hondureños «Vida nueva» y actualmente dirige la Revista mensual Arte y Letras «Presente», publicación de Carácter Centroamericano. Además, colabora en los principales diarios y revistas culturales de Honduras y demás países centroamericanos. Entre sus obras publicadas figuran Calígrafas (Poesía), Tegucigalpa, 1959. Muros (Poesía), Tegucigalpa, 1966. Mar Interior (Poesía) Tegucigalpa, 1967. Es también editor del volumen titulado Antología de la Nueva Poesía Hondureña (Prólogo y selección de Oscar Acosta y Roberto Sosa) Tegucigalpa, 1967. Los pobres Los pobres son muchos y por eso es imposible olvidarlos. Seguramente ven en los amaneceres múltiples edificios donde ellos quisieran habitar con sus hijos. Pueden llevar en hombros el féretro de una estrella. Pueden destruir el aire como aves furiosas, nublar el sol. Pero desconociendo sus tesoros entran y salen por espejos de sangre; caminan y mueren despacio. Por eso es imposible olvidarlos. Bajo un árbol Este hombre sin pan, ese sin luces y aquel sin voz equivalen al cuerpo de la patria, a la herida y su sangre abotonada. Contemplen el despojo: nada nos pertenece y hasta nuestro pasado se llevaron. Pero aquí viviremos. Con la linterna mágica del hijo que no ha vuelto abriremos de par en par la noche. De la nostalgia por lo que perdimos irmeos construyendo un sueño a piedra y lodo. Guardamos, los vencidos, ese sabor del polvo que mordimos. Junto a esto que a veces es algo menos que triste, bajo un árbol, desnudos si es preciso, moriremos. El aire que nos queda Sobre las salas y ventanas sombreadas de abandono. Sobre la huida de la primavera, ayer mismo ahogada en un vaso de agua. Sobre la viejísima melancolía (tejida y destejida largamente) hija de las grandes traiciones hechas a nuestros padres y abuelos: estamos solos. Sobre las sensaciones de vacío bajo los pies. Sobre los pasadizos inclinados que el miedo y la duda edifican. Sobre la tierra de nadie de la Historia: estamos solos sin mundo, desnudo al rojo vivo el barro que nos cubre, estrecho en sus dos lados el aire que nos queda todavía. Malditos bailarines sin cabeza Aquellos de nosotros que siendo hijos y nietos de honestísimos hombres de campo, cien veces negaron sus orígenes antes y después del canto de los gallos. Aquellos de nosotros que aprendieron de los lobos las vueltas sombrías del aullido y el acecho, y que a las crueldades adquiridas agregaron los refinamientos de la perversidad extraídos de las cavidades de los lamentos. Y aquellos de nosotros que compartieron (y comparten) la mesa y el lecho con heladas bestias velludas destructoras de la imagen de la patria, y que mintieron o callaron a la hora de la verdad, vosotros, -solamente vosotros, malignos bailarines sin cabeza- un día valdréis menos que una botella quebrada arrojada al fondo de un cráter de la Luna. Te extrañaremos Viejoo