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Primer post: 18 ene 2010Último post: 18 ene 2010
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Historia del juego warcraft parte 2
Historia del juego warcraft parte 2
InfoporAnónimo1/18/2010

bueno aca esta la parte 2 del post........ HISTORIA DE LOS MUERTOS VIVIENTES Los Muertos Vivientes: El Azote (La Historia de los Muertes Vivientes) El chamán Ner'zhul: los orígenes del Rey Lich Los clanes orcos, unidos al mundo de Draenor por una noble cultura chamánica durante miles de años, no sabían nada sobre corrupción o decadencia espiritual. Sin embargo, los siniestros agentes de la Legión de Fuego quisieron utilizarlos para forjar un ejército voraz e imparable. El astuto demonio Kil'jaeden, el número dos de la Legión, vio en los salvajes guerreros un gran potencial para el asesinato y el derramamiento de sangre y decidió corromper su tranquila sociedad desde dentro. Kil'jaeden se presentó al líder más respetado de los orcos, el chamán anciano Ner'zhul, y le prometió que otorgaría a los orcos un gran poder y los convertiría en los indiscutibles dueños del mundo. Incluso ofreció al viejo chamán un conocimiento místico ilimitado si aceptaba vincular su persona y su gente a la voluntad de la Legión. Ner'zhul era calculador y ambicioso por naturaleza y aceptó la oferta de Kil'jaeden: hizo un Pacto de Sangre con el demonio. Con ese pacto Ner'zhul había sellado el destino de los orcos y los había condenado a convertirse, sin quererlo, en esclavos de la Legión de Fuego. Pasado un tiempo, Kil'jaeden vio que Ner'zhul no tenía la voluntad o la audacia necesarias para llevar hasta el final su plan de convertir a los orcos en la Horda sedienta de sangre. Ner'zhul, que se había dado cuenta de que su pacto con Kil'jaeden significaría la aniquilación de su raza, se negó a seguir ayudando al demonio. Enfurecido por la rebeldía del chamán, Kil'jaeden juró vengarse de Ner'zhul y aseguró que corrompería a los orcos incluso contra su voluntad. Kil'jaeden encontró un nuevo aprendiz deseoso de llevar a los orcos hacia el camino de la alineación: ese aprendiz era Gul'dan, el perverso protegido de Ner'zhul. Con la ayuda de Kil'jaeden, Gul'dan completó con éxito aquello en lo que su maestro había flaqueado. El malvado y ambicioso orco abolió la antigua práctica del chamanismo (que sustituyó con el estudio de las demoníacas magias de brujo) y unió los clanes orcos en la voluble Horda que Kil'jaeden había imaginado. Ner'zhul, impotente e incapaz de detener al que había sido su aprendiz, sólo podía mirar el dominio con que Gul'dan transformaba a los orcos en agentes de destrucción despojados de toda voluntad propia. Pasaron los años mientras Ner'zhul reflexionaba en silencio en el rojo mundo de Draenor: observó a su gente perpetrar la primera invasión de Azeroth, oyó los relatos de la Segunda Guerra de los orcos contra la Alianza de Lordaeron y fue testigo de la traición y corrupción que parecía estar destruyendo a su pueblo desde dentro. A pesar de que Gul'dan era quien dominaba el oscuro destino de la Horda, Ner'zhul sabía que era él el único responsable puesto que había puesto todo el mecanismo en marcha. Poco después del final de la Segunda Guerra, la noticia de la derrota de la Horda llegó hasta los orcos que habían permanecido en Draenor. Cuando supo que la Horda había fracasado en el cumplimiento de la misión de conquistar Azeroth, Ner'zhul temió que Kil'jaeden y la Legión tomaran represalias contra los orcos que quedaban. Para escapar de la inminente cólera de Kil'jaeden, Ner'zhul abrió varios portales místicos que llevaban a mundos nuevos e incontaminados. El viejo chamán reunió a los clanes orcos que quedaban y planeó dirigirlos a través de uno de los portales hacia un nuevo destino. Antes de que pudiera poner su plan en práctica, Ner'zhul se vio obligado a vérselas con una expedición que la Alianza había enviado a Draenor para destruir a los orcos para siempre. Los leales clanes de Ner'zhul lograron mantener a raya a las fuerzas de la Alianza mientras el viejo chamán abría los terribles portales mágicos. Horrorizado, Ner'zhul se dio cuenta de que las tremendas energías de los portales desgarraban el mismísimo centro de Draenor. Mientras las fuerzas de la Alianza empujaban a los orcos a las profundidades de ese mundo infernal, Draenor empezó a plegarse sobre sí mismo. Viendo que los clanes combatientes no llegarían jamás a tiempo a los portales, Ner'zhul los abandonó egoístamente a su suerte y escapó con sus más fervientes seguidores a la zaga. El malvado grupo de orcos atravesó el portal que habían elegido justo en el momento en el que Draenor saltaba en pedazos en una explosión apocalíptica. El viejo chamán se creyó afortunado por haber escapado a la muerte "¦ Irónicamente, viviría lo suficiente para arrepentirse de su ingenuidad. Kil'Jaeden y el Nuevo Pacto Justo cuando Ner'zhul y sus seguidores entraban en el Averno Astral, el plano etéreo que conecta todos los mundos dispersos en la Gran Oscuridad del Mas Allá, cayeron en una emboscada de Kil'jaeden y sus demoníacos secuaces. Kil'jaeden, que había jurado vengarse del orgulloso desafío de Ner'zhul, torturó sin piedad al viejo chamán descuartizando lentamente su cuerpo. Kil'jaeden mantuvo el espíritu del chamán vivo e intacto para que Ner'zhul fuera dolorosamente consciente del desmembramiento de su cuerpo. Aunque Ner'zhul rogó al demonio que liberara su espíritu y le concediera la muerte, el demonio replicó en tono oscuro que el Pacto de Sangre que habían sellado tiempo atrás aún era vinculante y que volvería a servirse de su caprichoso títere una vez más. El fracaso de los orcos en la conquista de Azeroth, tal y como esperaba la Legión, forzó a Kil'jaeden a crear un nuevo ejército para sembrar el caos en todos los reinos de la Alianza. No se permitiría a este nuevo ejército ser presa de las mismas luchas internas y rivalidades insignificantes que habían envenenado a la Horda. Tendría que ser obstinado, despiadado e inquebrantable en su misión. Esta vez Kil'jaeden no podía fallar. Mientras mantenía el torturado e indefenso espíritu de Ner'zhul en éxtasis, Kil'jaeden le dio una última oportunidad: servir a la Legión o sufrir un tormento eterno. Una vez más, Ner'zhul pactó temerariamente con el demonio. Es espíritu de Ner'zhul fue colocado en un bloque especial de hielo duro como el diamante recogido en los confines del Averno Astral. Encerrado en el casco helado, Ner'zhul notó que su conciencia se centuplicaba. Envuelto por los caóticos poderes del demonio, Ner'zhul se convirtió en un ser espectral de inconmensurable poder. En ese momento, el orco conocido como Ner'zhul desapareció para siempre... y nació el Rey Lich. También los leales caballeros de la muerte de Ner'zhul y sus seguidores brujos fueron transformados por las caóticas energías del demonio. Los malvados lanzadores de conjuros fueron despedazados y reconstruidos como liches esqueléticos. Los demonios se habían asegurado de que los seguidores de Ner'zhul lo sirvieran incondicionalmente incluso en la muerte. Cuando llegó el momento adecuado, Kil'jaeden explicó pacientemente la misión para la que había creado al Rey Lich: Ner'zhul tenía que extender una plaga de muerte y terror por todo Azeroth, una plaga que acabaría con la civilización humana para siempre. Todos aquellos que murieran a causa de la temida plaga se alzarían como muertos vivientes y sus espíritus estarían ligados a la férrea voluntad de Ner'zhul para siempre. Kil'jaeden prometió que si Ner'zhul cumplía su oscura misión y eliminaba a la humanidad del mundo, lo liberaría de su maldición y le procuraría un nuevo cuerpo sano en el que vivir. Aunque Ner'zhul parecía dispuesto e incluso ansioso por interpretar su papel, Kil'jaeden dudaba de la lealtad de su títere. Al mantener al Rey Lich sin cuerpo y atrapado en el arca de cristal, se aseguraba su buena conducta a corto plazo, pero el demonio sabía que tendría que vigilarlo constantemente. Con este fin, Kil'jaeden convocó a su elite de guardias demoníacos, los vampíricos Señores del terror y les ordenó que vigilaran a Ner'zhul y se aseguraran de que cumplía su terrible tarea. Tichondrius, el más poderoso y astuto de los Señores del terror, aceptó el reto fascinado por el rigor de la plaga y por el desenfrenado potencial para el genocidio del Rey Lich. La Corona de Hielo y el Trono de Hielo Kil'jaeden lanzó el arca de hielo de Ner'zhul al mundo de Azeroth. El cristal endurecido atravesó como un rayo el cielo de la noche y se estrelló en el desolado continente ártico de Northrend. Quedó enterrado en las profundas y sombrías galerías del glaciar Corona de Hielo. El cristal congelado, deformado y marcado por su violento descenso, parecía ahora un trono... y el espíritu vengativo de Ner'zhul se agitaba en su interior. Desde los confines del Trono de Hielo, Ner'zhul empezó a expandir su vasta conciencia y a tocar las mentes de los habitantes de Northrend. Esclavizó con sorprendente facilidad las mentes de muchas criaturas indígenas, como trolls de hielo y fieros wendigos, y arrastró a sus malvados hermanos hasta su creciente sombra. Descubrió que sus poderes psíquicos eran casi ilimitados y los utilizó para crear un pequeño ejército al que albergó en los retorcidos laberintos de la Corona de Hielo. Mientras el Rey Lich dominaba sus crecientes poderes bajo la persistente vigilancia de los Señores del terror, descubrió un remoto asentamiento humano en la periferia de la Tierra de los Dragones. Ner'zhul decidió poner a prueba sus poderes y también a la terrible plaga utilizando a los desprevenidos humanos como objetivo. Ner'zhul envió la plaga de los muertos vivientes que había tenido origen en la profundidad del Trono de Hielo hacia los páramos árticos. Controlando la plaga tan solo con su voluntad, la condujo directamente hacia la aldea humana: en tres días todas las almas humanas del lugar estaban muertas, y en un periodo de tiempo sorprendentemente breve los aldeanos muertos empezaron a alzarse como cuerpos zombificados. Ner'zhul podía sentir cada uno de sus espíritus y pensamientos como si fueran los suyos propios. La agitación cacofónica de su mente hizo a Ner'zhul todavía más poderoso, como si los espíritus le proporcionaran un alimento largamente ansiado. Se dio cuenta de que controlar las acciones de los zombis y dirigirlos hacia donde él quisiera era un juego de niños. En los meses siguientes, Ner'zhul continuó experimentando con su plaga de muertos vivientes al subyugar a todos los habitantes humanos de Northrend. Con un ejército de muertos vivientes que crecía cada día, sabía que el momento de su prueba definitiva estaba cerca. La guerra de las arañasDurante diez largos años, Ner'zhul construyó su base de poder en Northrend. Se erigió una gran ciudadela sobre la Corona de Hielo atendida por legiones de muertos vivientes cada vez más numerosas. Sin embargo, mientras el Rey Lich extendía su influencia por la tierra, un solitario y sombrío imperio se oponía a su poder. El antiguo y subterráneo reino de Azjol-Nerub, que había sido fundado por una raza de siniestras arañas humanoides, envió a su elite guerrera a atacar la Corona de Hielo y acabar con el loco intento de dominio del Rey Lich. Ante su frustración, Ner'zhul se dio cuenta de que los malvados Nerubians eran inmunes tanto a la plaga como a su dominación telepática. Los señores-araña Nerubian contaban con enormes fuerzas y con una red subterránea que se extendía hasta casi la mitad de la amplitud de Northrend. Sus ataques relámpago sobre las fortalezas del Rey Lich frustraban uno tras otro todos sus intentos de acabar con ellas. Al final, Ner'zhul ganó su guerra contra los Nerubians por desgaste. Con la ayuda de los furiosos Señores del terror y sus innumerables guerreros muertos vivientes, el Rey Lich invadió Azjol-Nerub e hizo caer sus templos subterráneos sobre las cabezas de los señores-araña. Aunque los Nerubians eran inmunes a su plaga, los crecientes poderes nigrománticos de Ner'zhul le permitieron animar los cadáveres de los guerreros araña y doblegarlos a su voluntad. Como homenaje a su tenacidad y audacia, Ner'zhul adoptó el distintivo estilo arquitectónico de los Nerubians para sus propias fortalezas y estructuras. Había llegado el momento de gobernar su reino sin oposiciones: el Rey Lich empezó a prepararse para su verdadera misión en el mundo. Extendiendo su vasta conciencia hasta las tierras humanas, el Rey Lich llamaba a todas las almas oscuras que quisieran escucharle... Kel'Thuzad y el Culto de los Malditos Un puñado de poderosas personas, diseminadas a lo largo y ancho del mundo, oyó las invocaciones mentales del Rey Lich. La más notable de todas ellas fue el Archimago Kel'Thuzad de la mágica nación de Dalaran. Kel'Thuzad, uno de los miembros ancianos del Kirin Tor, el concilio dirigente de Dalaran, había sido considerado un inconformista durante años, porque insistía en estudiar las artes prohibidas de la nigromancia. Tuvo de aprender solo todo lo que pudo sobre el mundo mágico y sus maravillas oscuras y se sentía frustrado por lo que él veía como los preceptos obsoletos y faltos de imaginación de sus semejantes. Cuando oyó la poderosa llamada de Northrend, el Archimago concentró toda su considerable voluntad en la comunión con la misteriosa voz. Convencido de que el Kirin Tor era demasiado remilgado para comprender el poder y el conocimiento propios de las artes oscuras, prometió aprender lo que pudiera del inmensamente poderoso Rey Lich. Renunciando a su fortuna y a su prestigiosa posición política, Kel'Thuzadabandonó las directrices del Kirin Tor y dejó Dalaran para siempre. Empujado por la persistente voz del Rey Lich en su mente, vendió sus amplias propiedades y guardó su fortuna. Viajó solo y atravesó muchas leguas de tierra y mar hasta que finalmente llegó a las costas heladas de Northrend. Con la determinación de llegar a la Corona de Hielo y ofrecer sus servicios al Rey Lich, el Archimago atravesó las ruinas devastadas de Azjol-Nerub. Kel'Thuzad vio el alcance y ferocidad del poder de Ner'zhulr con sus propios ojos y empezó a pensar que aliarse con el misterioso Rey Lich no sólo sería inteligente, sino que además podía resultar muy provechoso. Al cabo de largos meses caminando por las inhóspitas llanuras árticas, Kel'Thuzad llegó por fin al oscuro glaciar de la Corona de Hielo. Entró con audacia en la oscura ciudadela de Ner'zhul y se sorprendió mucho de que los silenciosos guardias le permitieran pasar como si se le esperara. Kel'Thuzad descendió a las profundidades de la fría tierra y encontró el camino que llevaba al fondo del glaciar. Allí, en la interminable caverna de hielo y sombras, se postró ante el Trono de Hielo y ofreció su alma al oscuro señor de los muertos. El Rey Lich estaba satisfecho con su último conscripto. Prometió a Kel'Thuzad inmortalidad y enorme poder a cambio de su lealtad y obediencia. Kel'Thuzad, ansioso por recibir oscuros conocimientos y poder, aceptó su primera gran misión: ir al mundo de los hombres y fundar una nueva religión que adoraría al Rey Lich como a un dios. Para ayudar al Archimago en el cumplimiento de su misión, Ner'zhul dejó la humanidad de Kel'Thuzad intacta. El anciano pero carismático mago tendría que utilizar sus poderes de ilusión y persuasión para atraer la confianza de las masas privadas de derechos y desencantadas de Lordaeron. Y una vez tuviera su atención, les ofrecería una nueva visión de sociedad... y otra figura a la que llamar rey... Kel'Thuzad volvió a Lordaeron disfrazado y por espacio de tres años utilizó su fortuna e intelecto para crear una hermandad clandestina de hombres y mujeres de ideas afines. La hermandad, que bautizó con el nombre de Culto de los Malditos, prometió a sus acólitos igualdad social y vida eterna en Azeroth a cambio de su servicio y obediencia a Ner'zhul. Los meses pasaban y Kel'Thuzad encontraba muchos voluntarios convencidos entre los cansados y explotados trabajadores de Lordaeron. Sorprendentemente, el objetivo de Kel'Thuzad de distorsionar la fe de los ciudadanos en la Luz Sagrada y dirigirla hacia la oscura sombra de Ner'zhul fue fácil de alcanzar. Mientras el Culto de los Malditos crecía en número e influencia, Kel'Thuzad se aseguraba de mantener sus maquinaciones ocultas en todo momento a los ojos de las autoridades de Lordaeron. La formación del Azote Después del éxito de Kel'Thuzad en Lordaeron, el Rey Lich empezó los preparativos finales para su ataque a la civilización humana. Colocó sus energías de plaga en unos artefactos portátiles llamados calderos de la plaga y ordenó a Kel'Thuzad que transportara los calderos hasta Lordaeron, donde deberían esconderse entre las diferentes aldeas controladas por el culto. Los calderos, protegidos por los leales seguidores del culto, actuarían como generadores de plaga y la filtrarían a través de las confiadas tierras de labranza y ciudades del norte de Lordaeron. El plan del Rey Lich funcionó a la perfección: muchas de las aldeas del norte de Lordaeron se contaminaron de manera casi inmediata. Como había ocurrido en Northrend, los ciudadanos que contrajeron la plaga murieron y se alzaron como esclavos serviciales del Rey Lich. Los seguidores del culto que dominaba Kel'Thuzad estaban deseosos de morir y ser alzados de nuevo al servicio de su señor oscuro: estaban exultantes ante la perspectiva de la inmortalidad. A medida que la plaga se extendía, los zombis que se alzaban en las tierras del norte eran cada vez más numerosos. Kel'Thuzad admiró ese ejército del Rey Lich mientras crecía y lo bautizó con el nombre de Azote, porque pronto marcharía sobre las verjas de Lordaeron y asolaría la humanidad borrándola de la faz del mundo... Un heredero forzoso"¦Aunque los Señores del terror estaban satisfechos de que por fin hubiera comenzado la verdadera misión de Ner'zhul, el Rey Lich se agitaba en los estrechos y sombríos límites del Trono de Hielo. A pesar de sus vastos poderes psíquicos y de su total dominio sobre los muertos vivientes, deseaba ser liberado de su prisión de hielo. Sabía que Kil'jaeden nunca le liberaría de su maldición y, gracias a su enorme poder, sabía que los demonios le destruirían en cuanto hubiera completado su misión. Pero tenía una posibilidad de alcanzar la libertad, una posibilidad de escapar a su terrible destino. Si lograba encontrar un anfitrión adecuado, algún desventurado inocentón que estuviera dividido entre la oscuridad y la luz, podría poseer su cuerpo y escapar para siempre de los confines del Trono de Hielo. Así, el Rey Lich extendió una vez más su vasta conciencia y encontró al perfecto anfitrión "¦ HISTORIA DE LOS ELFOS NOCTURNOS Elfos nocturnos: Centinelas (Historia de los Elfos nocturnos) Los Kaldorei y el Pozo de la Eternidad Cien años antes de que los orcos y los humanos se enzarzasen en su Primera Guerra, el mundo de Azeroth estaba formado sólo por un continente... rodeado por los infinitos mares embravecidos. Esa masa de tierra, conocida con el nombre de Kalimdor, era el hogar de muchas razas y criaturas dispares y en ella todos luchaban por sobrevivir entre los elementos salvajes del nuevo mundo. En el oscuro centro del continente se hallaba un lago misterioso de energía incandescente. El lago, al que más tarde se llamaría Pozo de la Eternidad, era el verdadero corazón de la magia y del poder de la naturaleza del mundo. El pozo extraía su energía de la infinita Gran Oscuridad del Más Allá y actuaba como una fuente mística: enviaba su potente energía alrededor del mundo para alimentar la vida en todas sus formas maravillosas. Al poco tiempo, una raza primitiva de humanoides consiguió llegar hasta las orillas del fascinante lago encantado. Los salvajes humanoides nómadas, llevados por la extraña energía del pozo, construyeron sus rudimentarias casas en las tranquilas orillas. Con el paso del tiempo, los poderes cósmicos del pozo afectaron a la tribu e hicieron a sus integrantes fuertes, sabios y virtualmente inmortales. La tribu adoptó el nombre de Kaldorei, que en su lengua nativa significa "˜hijos de las estrellas'. Para celebrar su sociedad recién nacida construyeron grandes estructuras y templos alrededor de la periferia del lago. Los Kaldorei o elfos nocturnos, como más tarde se llamarían, adoraban a la Diosa de la Luna, Elune, y creían que durante el día dormía en las relucientes profundidades del pozo. Los primeros sacerdotes y profetas élficos estudiaban el pozo con una curiosidad insaciable en un intento de dilucidar sus secretos ancestrales y su poder. Mientras la sociedad crecía, los elfos nocturnos exploraban todo el territorio de Kalimdor y descubrían a sus millares de moradores. Las únicas criaturas que les dieron descanso fueron los ancianos y poderosos dragones. Aunque las grandiosas bestias serpenteantes generalmente estaban recluidas, se esforzaban mucho por salvaguardar las tierras de potenciales amenazas. Los elfos nocturnos creían que los dragones se habían erigido a sí mismos como protectores del mundo y estaban de acuerdo en que debían dejarlos tranquilos junto con sus secretos. Con el tiempo, la curiosidad de los elfos nocturnos les llevó a conocer y entablar amistad con varias entidades poderosas. Una de ellas fue Cenarius, un poderoso semidiós de los primigenios bosques. El bondadoso Cenarius se encariñó mucho con los elfos nocturnos y pasó mucho tiempo con ellos enseñándoles los misterios del mundo natural. Los tranquilos Kaldorei desarrollaron una gran empatía con los bosques vivientes de Kalimdor y se deleitaron con el armonioso equilibrio de la naturaleza. Mientras los años transcurrían lentamente, la civilización de los elfos nocturnos se expandió tanto territorial como culturalmente. Sus templos, carreteras y moradas se extendieron por el oscuro continente. Azshara, la hermosa y talentosa reina de los elfos nocturnos, construyó un increíble e inmenso palacio a la orilla del pozo en cuyas enjoyadas salas vivían sus siervos favoritos. Sus siervos, a quien ella llamaba los Quel'dorei o nobles, cumplían sus más mínimos deseos y creían que eran mejores que el resto de sus hermanos de casta más baja. Si bien la reina era amada del mismo modo por el resto de su pueblo, los nobles eran odiados en secreto por las celosas masas. Azshara, que compartía la curiosidad de los sacerdotes por el Pozo de la Eternidad, ordenó a los sabios nobles que intentasen dilucidar sus secretos y revelar el por qué de su existencia. Los nobles se enfrascaron en su trabajo y estudiaron el pozo incesantemente. Con el tiempo, desarrollaron la actividad de manipular y controlar la energía cósmica del pozo. Mientras sus insensatos experimentos progresaban, los nobles descubrieron que podían utilizar sus recién adquiridos poderes para crear o para destruir a su antojo. Los desafortunados nobles habían tropezado con la magia primitiva y estaban resueltos a dedicarse en cuerpo y alma a su dominio. Aunque estaban de acuerdo en que la magia era intrínsecamente peligrosa si se manejaba irresponsablemente, Azshara y sus nobles empezaron a practicar sus conjuros con imprudente abandono. Cenarius y muchos de los elfos nocturnos ancianos y eruditos sabían que jugar con las volátiles artes mágicas sólo podía acarrear calamidades. Sin embargo, Azshara y sus seguidores se obstinaron en aumentar sus crecientes poderes. Mientras sus poderes crecían, un nítido cambio se cernió sobre Azshara y los nobles. La altiva y distante clase alta se volvió cada vez más insensible y cruel hacia sus compañeros los elfos nocturnos. Un paño mortuorio cubrió la antaño fascinante hermosura de Azshara. Empezó a apartarse de sus bondadosos súbditos y rehusaba relacionarse con nadie que no fueran sus leales sacerdotes nobles. Un joven sabio erudito llamado Furion Stormrage, que había estado estudiando los efectos del pozo durante mucho tiempo, empezó a sospechar que un terrible poder estaba corrompiendo a los nobles y a su amada reina. Aunque no podía comprender el alcance del mal que se acercaba, sabía que la vida de los elfos nocturnos pronto cambiaría para siempre "¦ La Guerra de los Ancestros El uso imprudente de la magia por parte de los nobles provocó ondas de energía que surgían en espiral del Pozo de la Eternidad y de la infinita Oscuridad del Más Allá. Las ondas de energía salían del Averno Astral y las terribles mentes alienígenas, las sintieron. Sargeras, el Gran Enemigo de toda la vida, el Saqueador de los Mundos, sintió las potentes ondas y fue llevado al distante punto de origen. Un hambre insaciable consumía a Sargeras mientras espiaba el mundo primigenio de Azeroth y sentía las energías sin límite del Pozo de la Eternidad. El gran dios oscuro del Vacío innombrable decidió destruir el recién nacido mundo y reclamó las energías como suyas. Sargeras reunió a su inmenso ejército demoníaco, conocido como la Legión de Fuego, y comenzó su camino hacia el desprevenido mundo de Azeroth. La Legión, compuesta por un millón de demonios vociferantes procedentes de los distantes confines del universo, luchaba y quemaba en el nombre de la conquista. Los tenientes de Sargeras, Archimonde el Corruptor y Mannoroth el Destructor, prepararon a sus infernales subalternos para el ataque. La reina Azshara, abrumada por el terrible éxtasis de su magia, fue víctima del innegable poder de Sargeras y accedió a concederle la entrada a su mundo. Incluso sus nobles se dejaron llevar por la inevitable corrupción de la magia y empezaron a adorar a Sargeras como a su dios. Para demostrar su lealtad a la Legión, los nobles ayudaron a su reina a abrir un gran portal en espiral en las profundidades del Pozo de la Eternidad. Cuando todos los preliminares se hubieron terminado, Sargeras comenzó su catastrófica Invasión de Azeroth. Los guerreros-demonios de la Legión de Fuego irrumpieron en el mundo a través del Pozo de la Eternidad y sitiaron las ciudades dormidas de los elfos nocturnos. Liderada por Archimonde y Mannoroth, la Legión cayó sobre las tierras de Kalimdor y dejó a su paso cenizas y desolación. Los brujos demoníacos llamaron a los virulentos infernales que se precipitaron, como meteoritos del infierno, contra las gráciles torres de los templos de Kalimdor. Los guardias del Apocalipsis, una banda de asesinos ávidos de sangre, marcharon sobre los campos de Kalimdor masacrando a todo aquel que se interponía en su camino. Incluso las manadas de salvajes y demoníacos felhounds saquearon la campiña sin encontrar resistencia. Aunque los valientes guerreros Kaldorei se apresuraron a defender su tierra, se vieron forzados a retroceder paso a paso ante la furia del ataque de la Legión. La Caída del Mundo El joven erudito Furion Stormrage se dispuso a encontrar ayuda para su gente. Stormrage, cuyo propio hermano, Illidan, practicaba la magia de los nobles, estaba indignado por la creciente corrupción entre la clase alta. Convenció a Illidan para que renunciase a su peligrosa obsesión y partió para encontrar a Cenarius y lograr formar una fuerza de resistencia. La joven y hermosa sacerdotisa, Tyrande, accedió a acompañar a los hermanos en el nombre de Elune. Aunque ambos hermanos compartían su amor secreto por la idealista sacerdotisa, el corazón de Tyrande pertenecía a Furion. Illidan estaba dolido por el creciente romance de su hermano con Tyrande, pero sabía que el dolor de su corazón no era nada comparado con el dolor de su mágica adición"¦ Illidan, que dependía de las energías otorgadas por la magia, luchó para controlarse a sí mismo y para controlar su incontenible necesidad de utilizar las energías del pozo una vez más. Sin embargo, gracias al apoyo de Tyrande fue capaz de contenerse y ayudar a su hermano a encontrar al esquivo semidiós Cenarius. Cenarius, que moraba en los sagrados Claros de luna del lejano Monte Hyjal, accedió a prestar su ayuda a los elfos nocturnos e intentó encontrar a los dragones ancestrales para que les ayudaran. Los dragones, liderados por la imponente Alexstrasza, accedieron a mandar a sus poderosas unidades voladoras para enfrentarse a los demonios y a sus infernales líderes. Cenarius, convocando a los espíritus de los bosques encantados, formó un ejército de ancianos hombres árbol y los lideró contra la Legión en un temerario asalto. Mientras los aliados de los elfos se reunían en el templo de Azshara y en el Pozo de la Eternidad, la gran guerra estalló. A pesar de la fuerza de sus nuevos aliados, Furion y sus compañeros se dieron cuenta de que la Legión no podría ser vencida simplemente con la fuerza marcial. Mientras la titánica batalla rugía sobre la capital de Azshara, la delirante reina esperaba con expectación la llegada de Sargeras. El señor de la Legión se estaba preparando para pasar a través del Pozo de la Eternidad y entrar en el mundo que estaba siendo saqueado. Mientras su sombra increíblemente enorme se cernía cada vez más sobre la oscura superficie del pozo, Azshara reunió a sus seguidores nobles más poderosos. Sólo uniendo todas sus fuerzas en un único conjuro serían capaces de crear una puerta lo suficientemente grande como para que Sargeras entrase. Furion, convencido de que el Pozo de la Eternidad era el cordón umbilical que unía al demonio con el mundo físico, insistió en que debían destruirlo. Sus compañeros, sabedores de que el pozo era la fuente de su inmortalidad y de sus poderes, se asombraron al escuchar su plan. Tyrande, al comprender la lógica de la teoría de Furion, convenció a Cenarius y a sus camaradas los dragones, para marchar sobre el templo de Azshara y encontrar el modo de cerrar el pozo para siempre. Illidan, sabiendo que la destrucción del pozo le impediría volver a ejercer la magia, abandonó mezquinamente el grupo y partió para avisar a los nobles del plan de Furion. Debido a la locura que le provocó su adición y a su resentimiento hacia su hermano por el romance que mantenía con Tyrande, Illidan no sintió remordimientos por traicionar a Furion y ponerse de parte de Azshara y su corte. Illidan juró proteger el poder del pozo por encima de todas las cosas. Con el corazón roto por la partida de su hermano, Furion llevó a sus compañeros hasta el corazón del templo de Azshara. Sin embargo, al irrumpir en la sala de la audiencia principal encontraron a los nobles en mitad del supremo encantamiento oscuro. El descomunal conjuro creó un vórtice inestable de poder dentro de las profundidades coléricas del pozo. Mientras la sombra demoníaca de Sargeras se acercaba cada vez más a la superficie, Furion y sus aliados se preparaban para atacar. Azshara, que había recibido la advertencia de Illidan, estaba más que preparada para hacerles frente. La mayoría de los seguidores de Furion cayó ante los inmensos poderes de la reina. Tyrande, que intentaba atacar a Azshara desde la retaguardia, fue sorprendida por los guardias de la reina. Aunque logró vencer a los guardias, las heridas que le causaron fueron terribles. Al ver caer a su amor, Furion enloqueció y decidió terminar con la vida de Azshara. Mientras la batalla se libraba dentro y fuera del templo, Illidan apareció entre las sombras cerca de las orillas del gran pozo. Creó unos frascos especiales y los llenó con las aguas resplandecientes del pozo. Convencido de que los demonios terminarían con la civilización de los elfos nocturnos, planeó robar las aguas sagradas y quedarse con sus energías. La batalla que tuvo lugar entre Furion y Azshara llevó el poderoso conjuro de los nobles al caos. El inestable vórtice de las profundidades del pozo explotó e inició una catastrófica cadena de eventos que acabaría con el mundo para siempre. La masiva explosión sacudió los cimientos del templo y envió temblores por toda la torturada tierra. Mientras la horrible batalla entre la Legión y los elfos nocturnos se libraba en la capital en ruinas, el embravecido Pozo de la Eternidad se cerró sobre sí mismo y desapareció para siempre. La catastrófica explosión resultante hizo añicos la tierra y ocultó los cielos... El monte Hyjal y el regalo de Illidan Mientras los temblores de la implosión del pozo hacían vibrar los pilares del mundo, los mares se apresuraron a llenar el vacío que había quedado en la tierra. Casi un ochenta por ciento de la tierra de Kalimdor había sido desintegrado: lo único que quedó fue un puñado de continentes dispersos que rodeaban el nuevo mar rugiente. En el centro del nuevo mar, donde antiguamente se encontraba el Pozo de la Eternidad, se erigía una tumultuosa tempestad de caótica energía mareomotriz. La gran cicatriz conocida como Maelstrom nunca estaría en calma. Se convirtió en el recordatorio constante de la terrible catástrofe y de la era utópica que se había perdido para siempre"¦ Los pocos elfos nocturnos que sobrevivieron a la horrible explosión, se agruparon de forma rudimentaria y consiguieron llegar a la única masa de tierra a la vista. De alguna manera, por la gracia de Elune, Furion, Tyrande y Cenarius habían sobrevivido a la Gran Caída. Los cansados héroes accedieron a liderar a los pocos sobrevivientes que habían quedado y establecieron un nuevo hogar para su gente. Mientras viajaban en silencio, observaron las ruinas de su mundo y pensaron que sus pasiones habían sido la causa de su destrucción. Aunque Sargeras y su Legión habían desaparecido del mundo con la destrucción del pozo, Furion y sus compañeros se dieron cuenta del elevado coste de la victoria. Azshara y sus nobles seguidores estaban muertos en el fondo del colérico mar. Sin embargo, entre los supervivientes había muchos nobles que consiguieron llegar a la nueva tierra. Si bien Furion no confiaba en el motivo de los nobles, estaba convencido de estos que no podrían causar daño alguno sin las energías del pozo. Los cansados elfos nocturnos llegaron a la nueva tierra y descubrieron que el monte sagrado, Hyjal, había sobrevivido a la catástrofe. Buscando un lugar para establecer su hogar, Furion y los elfos nocturnos escalaron las paredes del Hyjal y llegaron hasta su cumbre azotada por el viento. Mientras descendían hacia la boscosa hondonada, enclavada entre los enormes picos de la montaña, descubrieron un peque-ño y tranquilo lago. Para su consternación, descubrieron que las aguas del lago habían sido contaminadas... por la magia. Illidan, que también había sobrevivido a la Caída, había llegado a la cumbre del Hyjal mucho antes que Furion y los elfos nocturnos. En su loco intento por mantener las corrientes de la magia en el mundo, Illidan había vertido los frascos que contenían las aguas del pozo de la Eternidad en el lago del monte. Rápidamente las potentes energías del pozo se inflamaron y se fusionaron en un nuevo Pozo de la Eternidad. Illidan, exultante, creía que el nuevo pozo era un regalo para las futuras generaciones y se asombró cuando Furion fue a por él. Furion le explicó a su hermano que la naturaleza de la magia era caótica y que su uso traería inevitablemente corrupción y conflictos. Sin embargo, Illidan no quería renunciar a sus poderes mágicos. Como sabía perfectamente qué traerían los traicioneros poderes de Illidan, Furion decidió enfrentarse a su enloquecido hermano de una vez por todas. Con la ayuda de Cenarius, Furion encerró a Illidan en una gran sala bajo la tierra, para dejarle encadenado y sin poderes durante toda la eternidad. Temiendo que la destrucción del nuevo pozo trajese consigo una catástrofe mayor aún, los elfos nocturnos decidieron dejarlo como estaba. Sin embargo, Furion declaró la orden de que nunca se volvería a practicar magia. Bajo la vigilancia de Cenarius, comenzaron a estudiar las antiguas artes druídicas que les permitirían curar a la torturada tierra y hacer renacer sus amados bosques en la base del monte Hyjal. FUENTE 1 :http://grupowar.ief.st/ FUENTE 2 :http://www.angelfire.com/games5/wc_3/2.htm Bueno espero que les halla gustado ....chau

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Historia del juego warcraft parte 1
InfoporAnónimo1/18/2010

Bueno aqui he recopilado las cuatro historias que han sido posteadas, propiamente dicho sobre la historia de Warcraft HISTORIA ORDA Orcos: La Horda :orc (Desde el fin de la Segunda Guerra) Gul'dan y la traición En los últimos días de la Segunda Guerra, cuando la victoria de la Horda sobre la Alianza parecía casi asegurada, estalló una terrible enemistad entre los dos orcos más poderosos de Azeroth. El nefario brujo, Gul'dan, maestro del clandestino Consejo de las Sombras, dirigió a algunos clanes renegados contra el poderoso Orgrim Doomhammer, el Jefe de la Horda. Mientras Doomhammer preparaba su ataque final contra la Capital de Lordaeron, un ataque que habría aplastado los últimos restos de la Alianza, Gul'dan y sus clanes renegados abandonaron sus puestos y se hicieron a la mar. Doomhammer quedó perplejo: había perdido casi la mitad de lo que quedaba de sus fuerzas a causa de la traición de Gul'dan y se vio forzado a retroceder y renunciar a la mejor oportunidad que se le presentaría de lograr la victoria sobre la Alianza. Gul'dan, hambriento de poder, se obsesionó con la idea de alcanzar la divinidad y partió en una búsqueda desesperada de la Tumba de Sargeras, un tesoro sumergido que creía que contenía los secretos del poder definitivo. Ya había condenado a sus compañeros orcos a convertirse en esclavos de la Legión de Fuego y su supuesto deber para con Doomhammer había perdido toda relevancia. Respaldado por los clanes de Stormreaver y Twilight, Gul'dan logró alzar la Tumba de Sargeras del fondo del mar. Sin embargo, cuando por fin abrió la inundada y antigua sepultura, encontró sólo unos demenciales demonios que lo estaban esperando. Doomhammer quería castigar a los caprichosos orcos por la traición que tan cara había pagado: envió a sus fuerzas a asesinar a Gul'dan y a traer a los renegados de vuelta al redil. Gul'dan había sido destrozado por los demonios enloquecidos que él mismo, en su imprudencia, había liberado. Con su líder muerto, los clanes renegados no tardaron en caer ante las enfurecidas legiones de Doomhammer. Aunque la rebelión había sido sofocada, la Horda no era capaz de rehacerse de las terribles pérdidas que había sufrido. La traición de Gul'dan había dado a la Alianza algo más que esperanza... Le había dado tiempo. Tiempo para reagruparse y contraatacar. Lord Lothar, al ver que la Horda estaba fragmentándose en su interior, reunió a sus restantes fuerzas y empujó a la Horda hacia el sur, de regreso hacia el desolado interior de su propia patria: Azeroth. Una vez allí, las fuerzas de la Alianza acorralaron a la Horda, que se batía en retirada, dentro de la fortaleza volcánica de la Torre de Rocanegra. Aunque Lord Lothar cayó en combate a la base de la Torre, su teniente Turalyon reunió a las fuerzas de la Alianza en la undécima hora y empujó a la Horda hasta la abismal Ciénaga de los Lamentos. Las fuerzas de Turalyon lograron destruir el Portal Oscuro, la puerta mística que conectaba a los orcos al oscuro y rojo mundo del que provenían: Draenor. Privada de sus refuerzos de Draenor y fracturada por la incesante lucha, la Horda finalmente cayó de rodillas ante las potentes fuerzas de la Alianza. Los dispersos clanes orcos fueron rápidamente reunidos y llevados a vigilados campos de internamiento. Aunque parecía que la Horda había sido derrotada para siempre, había quien, con gran escepticismo, albergaba serias dudas de que la paz fuera a durar. Khadgar, el anterior aprendiz de Medivh, convenció al alto mando de la Alianza para que construyese la fortaleza de Nethergarde, que vigilaría las ruinas del Portal Oscuro y se aseguraría de que no llegasen más invasiones desde Draenor. Ner'zhul y los clanes de las sombras A medida que se extinguían los fuegos de la Segunda Guerra, la Alianza tomó tajantes medidas para contener la amenaza orca. En el sur de Lordaeron se construyeron unos enormes campos de internamiento pensados para albergar a los orcos prisioneros. Custodiados tanto por los paladines como por los soldados veteranos de la Alianza, los campos demostraronser un gran éxito. Aunque los orcos prisioneros se mostraban tensos y ansiosos de volver a la lucha, los guardianes de los campos, que habían establecido su base en la antigua prisión fortaleza de Durnholde, mantenían la paz y una sólida apariencia de orden. Sin embargo, en el mundo infernal de Draenor un nuevo ejército orco se preparaba para atacar a la confiada Alianza. El Chamán Anciano Ner'zhul, antiguo mentor de Gul'dan, había reunido bajo su oscuro estandarte al puñado de clanes que aún quedaban en Draenor. Ner'zhul planeaba abrir sobre Draenor varios portales que llevarían a la Horda a nuevos mundos. Para dar energía a sus nuevos portales, Ner'zhul necesitaba varios artefactos encantados de Azeroth. Y para procurárselos, Ner'zhul volvió a abrir el Portal Oscuro y envió a sus voraces clanes a través de él. La nueva Horda, comandada por veteranos jefes como Grom Hellscream del clan Warsong y Kilrogg Deadeye del clan Bleeding Hollow, sorprendió a las fuerzas de defensa de la Alianza y se abrió un camino de destrucción a través del campo. Bajo el comando de Ner'zhul, los orcos reunieron rápidamente los artefactos que necesitaban y volvieron a la seguridad de Draenor. El Rey Terenas de Lordaeron, convencido de que los orcos estaban preparando una nueva invasión de Azeroth, congregó a sus tenientes más leales. Ordenó al General Turalyon y al mago Khadgar que dirigieran una expedición a través del Portal Oscuro y pusieran fin a la amenaza orca de una vez para siempre. Las fuerzas de Turalyon y Khadgar marcharon hacia Draenor y se enfrentaron repetidamente con los clanes de Ner'zhul en la asolada Península de Fuego del Infierno. Aunque ninguna de las dos partes ganaba terreno, era evidente que nada podría impedir que Ner'zhul completara sus abominables planes. Ner'zhul logró abrir sus portales hacia otros mundos, pero no imaginó el terrible precio que tendría que pagar. Las tremendas energías de los portales empezaron a desgarrar la misma esencia de Draenor. Mientras las fuerzas de Turalyon luchaban desesperadamente para volver a casa en Azeroth, el mundo de Draenor empezó a retorcerse. Grom Hellscream y Kilrogg Deadeye, dándose cuenta de que los locos planes de Ner'zhul condenarían a toda su raza, reunieron a los orcos restantes y escaparon de regreso hacia la relativa seguridad de Azeroth. Cuando Hellscream y Deadeye se abrían camino a través de las filas humanas en una desesperada tentativa de alcanzar la libertad, de repente el Portal Oscuro explotó a sus espaldas. No habría vuelta atrás para ellos y para todos los demás orcos que quedaban en Azeroth.. Ner'zhul y su clan Shadowmoon pasaron a través de los portales recién abiertos mientras los continentes de Draenor eran destruidos por unas ingentes erupciones volcánicas. Los hirvientes mares se alzaron y cubrieron el desolado paisaje. Después, el torturado mundo se consumió finalmente en una explosión apocalíptica. El día del Dragón Aunque Grom Hellscream y el clan Warsong lograron evitar ser capturados, Deadeye y el clan Bleeding Hollow fueron hechos prisioneros y conducidos a los campos de internamiento de Lordaeron. A pesar de los costosos levantamientos, los guardianes de esos campos no tardaron en restablecer el control de sus brutales cargos. Sin embargo, sin que lo supieran los agentes de la Alianza, una enorme fuerza de orcos aún deambulaba, libre, por las inmensidades del norte de Khaz Modan. El clan Dragonmaw, dirigido por el infame brujo Nekros, había mantenido el control de la Reina de los Dragones, Alexstrasza, y su ejército de dragones voladores, sirviéndose de un antiguo artefacto conocido como Alma de Demonio. Con la Reina de los Dragones como rehén, Nekros construyó un ejército secreto en Grim Batol, un bastión enano abandonado. Nekros planeaba desatar a sus fuerzas y a los poderosos dragones rojos sobre la Alianza y esperaba reunir a la Horda y continuar su conquista de Azeroth. Sin embargo, un pequeño grupo de guerreros de la resistencia comandados por el mago humano Rhonin logró destruir el Alma de Demonio y liberar a la Reina de los Dragones del poder de Nekros. En su furia, los dragones de Alexstrasza destruyeron Grim Batol e incineraron a la mayor parte del clan Dragonmaw. Los grandes planes de reunificación de Nekros se iban derrumbando mientras las tropas de la Alianza capturaban a los supervivientes orcos y los arrojaban a los campos de internamiento que les estaban esperando. La derrota del clan Dragonmaw marcó el final de la Horda y el final de la furiosa sed de sangre de los orcos. Letargo e internamiento Los meses pasaban y cada vez eran más los prisioneros orcos capturados y hechos prisioneros en los campos de internamiento. Cuando los campos empezaron a desbordarse, la Alianza se vio obligada a construir nuevos campos en las planicies del sur de las Montañas Alterac. Para poder mantener adecuadamente el creciente número de campos, el Rey Terenas estableció un nuevo impuesto a las naciones de la Alianza. Este impuesto alimentó las disensiones entre los líderes de la Alianza, que ya se mostraban descontentos a causa de las crecientes tensiones políticas que derivaban de las discusiones fronterizas. Parecía que ese frágil pacto que las naciones humanas habían fraguado en su hora más oscura podía romperse en cualquiermomento. En medio de esa confusión política, muchos de los guardianes de los campos empezaron a notar un inquietante cambio en sus prisioneros orcos. Sus esfuerzos por escapar de los campos habían ido disminuyendo con el tiempo. Ni siquiera peleaban entre ellos con la misma frecuencia que antes. Los orcos estaban volviéndose más letárgicos y distantes. Aunque era difícil de creer, los orcos, que una vez habían sido la raza más agresiva que jamás se hubiera visto en Azeroth, habían perdido por completo su voluntad de luchar. Ese extraño letargo confundió a los líderes de la Alianza y fue extendiéndose entre los orcos que se iban debilitando rápidamente. Había quien conjeturaba que la causa del desconcertante letargo de los orcos podía ser alguna enfermedad extraña que sólo les afectaba a ellos. Sin embargo, el Archimago Antonidas de Dalaran expuso una hipótesis diferente. Investigando entre lo poco que pudo encontrar sobre la historia orca, Antonidas averiguó que durante muchas generaciones los orcos habían estado bajo la atroz influencia de un poder demoníaco (o de magias de brujo). Pensó que esos poderes demoníacos habían corrompido a los orcos por incluso antes de su primera invasión de Azeroth. Era evidente que los demonios habían cortado la sangre de los orcos, cosa que aseguraba a esas bestias una fuerza, una resistencia y una agresividad sobrenaturales. Antonidas explicó su teoría de que el letargo comunitario de los orcos no era una enfermedad real sino una abstinencia racial a largo plazo: la extinción de las volátiles brujerías que los habían convertido en unos aterradores guerreros sedientos de sangre. Aunque los síntomas estaban claros, Antonidas no fue capaz de encontrar una cura para los orcos. Muchos de sus compañeros magos, así como algunos notables líderes de la Alianza, argumentaron que encontrar una cura para los orcos sería una empresa imprudente. Antonidas, después de reflexionar sobre la misteriosa condición de los orcos, concluyó que la única cura para su mal tenía que ser una cura espiritual"¦ El relato de Thrall Durante los días oscuros de la Primera Guerra, un astuto oficial humano de nombre Aedelas Blackmoore encontró un infante orco abandonado en los bosques. El niño orco, a quien Blackmoore bautizó acertadamente con un nombre de esclavo, Thrall, fue llevado a la prisión fortaleza de Durnholde. Allí Blackmoore educó al joven orco para que fuera un esclavo y un gladiador.Quería hacer del joven orco no sólo un guerrero sin igual sino también un líder culto. Blackmoore esperaba que Thrall tomara las riendas de la Horda para poder dominar a los hombres por medio de él. Pasaron diecinueve años y Thrall se convirtió en un orco fuerte e ingenioso. Pero su joven corazón sabía que la vida de esclavo no era para él. Mientras crecía, habían ocurrido muchas cosas en el mundo que se encontraba fuera de la fortaleza. Aprendió que su pueblo, los orcos (a quienes jamás había encontrado) habían sido derrotados y encerrados en campos de internamiento en las tierras humanas, y que Doomhammer, el líder de su gente, había escapado de Lordaeron y se había escondido. Sabía que sólo quedaba un clan solitario que aún operaba en secreto, intentando no atraer la mirada vigilante de la Alianza. Thrall, un joven lleno de recursos aunque con poca experiencia, decidió escapar de la fortaleza de Blackmoore e ir en busca de sus semejantes. Así lo hizo. En sus viajes, Thrall visitó los campos de internamiento y encontró a su raza, antaño poderosa, tímida y aletargada. No habiendo encontrado a los orgullosos guerreros que esperaba conocer, Thrall partió en busca del último jefe orco, el invencible Grom Hellscream. A pesar de que era perseguido constantemente por los humanos, Hellscream aún se aferraba a la insaciable voluntad guerrera de la Horda. Ayudado sólo por los devotos miembros del clan Warsong, Hellscream seguía librando una guerra clandestina para liberar de la opresión a su pueblo prisionero. Por desgracia, Hellscream no logró jamás encontrar una forma de despertar de su aletargamiento a los orcos cautivos. El impresionable Thrall, inspirado por el idealismo de Hellscream, desarrolló una fuerte simpatía por la Horda y sus tradiciones guerreras. Buscando sus verdaderos orígenes, Thrall viajó hacia el norte para encontrar al legendario clan Frostwolf. Thrall averiguó que Gul'dan había exiliado a los Frostwolves durante los lejanos días de la Primera Guerra. También descubrió que era el hijo y heredero del héroe orco Durotan, el legítimo jefe de los Frostwolves, que había sido asesinado en los bosques veinte años antes"¦ Bajo la tutela del venerable chamán Drek'Thar, Thrall estudió la antigua cultura chamánica de su pueblo que había sido olvidada bajo el malvado mandato de Gul'dan. Con el tiempo, Thrall se convirtió en un poderoso chamán y ocupó su legítimo puesto como jefe de los exiliados Frostwolves. Habilitado con la energía de los mismísimos elementos y decidido a encontrar su destino, Thrall partió para liberar a los clanes cautivos y curar a su raza de la corrupción demoníaca. En sus viajes, Thrall encontró al anciano Jefe Orgrim Doomhammer, que había vivido como un ermitaño durante años. Doomhammer, que había sido un buen amigo del padre de Thrall, decidió seguir al joven orco visionario y ayudarle a liberar a los clanes prisioneros. Apoyado por muchos de los jefes veteranos, Thrall logró por fin revitalizar la Horda y dar a su gente una nueva identidad espiritual. Para simbolizar el renacimiento de su gente, Thrall regresó a la fortaleza de Blackmoore de Durnholde y puso fin a los planes de su antiguo señor asediando los campos de internamiento. Pero Doomhammer cayó en combate durante la liberación de uno de los campos. Thrall recogió el legendario martillo de guerra de Doomhammer y se puso su armadura negra y plata para convertirse en el nuevo Jefe de la Horda. En los meses que siguieron, la pequeña pero incendiaria Horda de Thrall arrasó los campos de internamiento y frustró los mejores intentos de la Alianza para contrarrestar sus inteligentes estrategias. Alentado por su mejor amigo y mentor, Grom Hellscream, Thrall trabajó para asegurarse de que ningún orco volviera a ser hecho esclavo jamás. Ni por humanos ni por demonios. HISTORIA DE LOS ELFOS NOCTURNOS Elfos nocturnos: Centinelas (Historia de los Elfos nocturnos) Los Kaldorei y el Pozo de la Eternidad Cien años antes de que los orcos y los humanos se enzarzasen en su Primera Guerra, el mundo de Azeroth estaba formado sólo por un continente... rodeado por los infinitos mares embravecidos. Esa masa de tierra, conocida con el nombre de Kalimdor, era el hogar de muchas razas y criaturas dispares y en ella todos luchaban por sobrevivir entre los elementos salvajes del nuevo mundo. En el oscuro centro del continente se hallaba un lago misterioso de energía incandescente. El lago, al que más tarde se llamaría Pozo de la Eternidad, era el verdadero corazón de la magia y del poder de la naturaleza del mundo. El pozo extraía su energía de la infinita Gran Oscuridad del Más Allá y actuaba como una fuente mística: enviaba su potente energía alrededor del mundo para alimentar la vida en todas sus formas maravillosas. Al poco tiempo, una raza primitiva de humanoides consiguió llegar hasta las orillas del fascinante lago encantado. Los salvajes humanoides nómadas, llevados por la extraña energía del pozo, construyeron sus rudimentarias casas en las tranquilas orillas. Con el paso del tiempo, los poderes cósmicos del pozo afectaron a la tribu e hicieron a sus integrantes fuertes, sabios y virtualmente inmortales. La tribu adoptó el nombre de Kaldorei, que en su lengua nativa significa "˜hijos de las estrellas'. Para celebrar su sociedad recién nacida construyeron grandes estructuras y templos alrededor de la periferia del lago. Los Kaldorei o elfos nocturnos, como más tarde se llamarían, adoraban a la Diosa de la Luna, Elune, y creían que durante el día dormía en las relucientes profundidades del pozo. Los primeros sacerdotes y profetas élficos estudiaban el pozo con una curiosidad insaciable en un intento de dilucidar sus secretos ancestrales y su poder. Mientras la sociedad crecía, los elfos nocturnos exploraban todo el territorio de Kalimdor y descubrían a sus millares de moradores. Las únicas criaturas que les dieron descanso fueron los ancianos y poderosos dragones. Aunque las grandiosas bestias serpenteantes generalmente estaban recluidas, se esforzaban mucho por salvaguardar las tierras de potenciales amenazas. Los elfos nocturnos creían que los dragones se habían erigido a sí mismos como protectores del mundo y estaban de acuerdo en que debían dejarlos tranquilos junto con sus secretos. Con el tiempo, la curiosidad de los elfos nocturnos les llevó a conocer y entablar amistad con varias entidades poderosas. Una de ellas fue Cenarius, un poderoso semidiós de los primigenios bosques. El bondadoso Cenarius se encariñó mucho con los elfos nocturnos y pasó mucho tiempo con ellos enseñándoles los misterios del mundo natural. Los tranquilos Kaldorei desarrollaron una gran empatía con los bosques vivientes de Kalimdor y se deleitaron con el armonioso equilibrio de la naturaleza. Mientras los años transcurrían lentamente, la civilización de los elfos nocturnos se expandió tanto territorial como culturalmente. Sus templos, carreteras y moradas se extendieron por el oscuro continente. Azshara, la hermosa y talentosa reina de los elfos nocturnos, construyó un increíble e inmenso palacio a la orilla del pozo en cuyas enjoyadas salas vivían sus siervos favoritos. Sus siervos, a quien ella llamaba los Quel'dorei o nobles, cumplían sus más mínimos deseos y creían que eran mejores que el resto de sus hermanos de casta más baja. Si bien la reina era amada del mismo modo por el resto de su pueblo, los nobles eran odiados en secreto por las celosas masas. Azshara, que compartía la curiosidad de los sacerdotes por el Pozo de la Eternidad, ordenó a los sabios nobles que intentasen dilucidar sus secretos y revelar el por qué de su existencia. Los nobles se enfrascaron en su trabajo y estudiaron el pozo incesantemente. Con el tiempo, desarrollaron la actividad de manipular y controlar la energía cósmica del pozo. Mientras sus insensatos experimentos progresaban, los nobles descubrieron que podían utilizar sus recién adquiridos poderes para crear o para destruir a su antojo. Los desafortunados nobles habían tropezado con la magia primitiva y estaban resueltos a dedicarse en cuerpo y alma a su dominio. Aunque estaban de acuerdo en que la magia era intrínsecamente peligrosa si se manejaba irresponsablemente, Azshara y sus nobles empezaron a practicar sus conjuros con imprudente abandono. Cenarius y muchos de los elfos nocturnos ancianos y eruditos sabían que jugar con las volátiles artes mágicas sólo podía acarrear calamidades. Sin embargo, Azshara y sus seguidores se obstinaron en aumentar sus crecientes poderes. Mientras sus poderes crecían, un nítido cambio se cernió sobre Azshara y los nobles. La altiva y distante clase alta se volvió cada vez más insensible y cruel hacia sus compañeros los elfos nocturnos. Un paño mortuorio cubrió la antaño fascinante hermosura de Azshara. Empezó a apartarse de sus bondadosos súbditos y rehusaba relacionarse con nadie que no fueran sus leales sacerdotes nobles. Un joven sabio erudito llamado Furion Stormrage, que había estado estudiando los efectos del pozo durante mucho tiempo, empezó a sospechar que un terrible poder estaba corrompiendo a los nobles y a su amada reina. Aunque no podía comprender el alcance del mal que se acercaba, sabía que la vida de los elfos nocturnos pronto cambiaría para siempre "¦ La Guerra de los Ancestros El uso imprudente de la magia por parte de los nobles provocó ondas de energía que surgían en espiral del Pozo de la Eternidad y de la infinita Oscuridad del Más Allá. Las ondas de energía salían del Averno Astral y las terribles mentes alienígenas, las sintieron. Sargeras, el Gran Enemigo de toda la vida, el Saqueador de los Mundos, sintió las potentes ondas y fue llevado al distante punto de origen. Un hambre insaciable consumía a Sargeras mientras espiaba el mundo primigenio de Azeroth y sentía las energías sin límite del Pozo de la Eternidad. El gran dios oscuro del Vacío innombrable decidió destruir el recién nacido mundo y reclamó las energías como suyas. Sargeras reunió a su inmenso ejército demoníaco, conocido como la Legión de Fuego, y comenzó su camino hacia el desprevenido mundo de Azeroth. La Legión, compuesta por un millón de demonios vociferantes procedentes de los distantes confines del universo, luchaba y quemaba en el nombre de la conquista. Los tenientes de Sargeras, Archimonde el Corruptor y Mannoroth el Destructor, prepararon a sus infernales subalternos para el ataque. La reina Azshara, abrumada por el terrible éxtasis de su magia, fue víctima del innegable poder de Sargeras y accedió a concederle la entrada a su mundo. Incluso sus nobles se dejaron llevar por la inevitable corrupción de la magia y empezaron a adorar a Sargeras como a su dios. Para demostrar su lealtad a la Legión, los nobles ayudaron a su reina a abrir un gran portal en espiral en las profundidades del Pozo de la Eternidad. Cuando todos los preliminares se hubieron terminado, Sargeras comenzó su catastrófica Invasión de Azeroth. Los guerreros-demonios de la Legión de Fuego irrumpieron en el mundo a través del Pozo de la Eternidad y sitiaron las ciudades dormidas de los elfos nocturnos. Liderada por Archimonde y Mannoroth, la Legión cayó sobre las tierras de Kalimdor y dejó a su paso cenizas y desolación. Los brujos demoníacos llamaron a los virulentos infernales que se precipitaron, como meteoritos del infierno, contra las gráciles torres de los templos de Kalimdor. Los guardias del Apocalipsis, una banda de asesinos ávidos de sangre, marcharon sobre los campos de Kalimdor masacrando a todo aquel que se interponía en su camino. Incluso las manadas de salvajes y demoníacos felhounds saquearon la campiña sin encontrar resistencia. Aunque los valientes guerreros Kaldorei se apresuraron a defender su tierra, se vieron forzados a retroceder paso a paso ante la furia del ataque de la Legión. La Caída del Mundo El joven erudito Furion Stormrage se dispuso a encontrar ayuda para su gente. Stormrage, cuyo propio hermano, Illidan, practicaba la magia de los nobles, estaba indignado por la creciente corrupción entre la clase alta. Convenció a Illidan para que renunciase a su peligrosa obsesión y partió para encontrar a Cenarius y lograr formar una fuerza de resistencia. La joven y hermosa sacerdotisa, Tyrande, accedió a acompañar a los hermanos en el nombre de Elune. Aunque ambos hermanos compartían su amor secreto por la idealista sacerdotisa, el corazón de Tyrande pertenecía a Furion. Illidan estaba dolido por el creciente romance de su hermano con Tyrande, pero sabía que el dolor de su corazón no era nada comparado con el dolor de su mágica adición"¦ Illidan, que dependía de las energías otorgadas por la magia, luchó para controlarse a sí mismo y para controlar su incontenible necesidad de utilizar las energías del pozo una vez más. Sin embargo, gracias al apoyo de Tyrande fue capaz de contenerse y ayudar a su hermano a encontrar al esquivo semidiós Cenarius. Cenarius, que moraba en los sagrados Claros de luna del lejano Monte Hyjal, accedió a prestar su ayuda a los elfos nocturnos e intentó encontrar a los dragones ancestrales para que les ayudaran. Los dragones, liderados por la imponente Alexstrasza, accedieron a mandar a sus poderosas unidades voladoras para enfrentarse a los demonios y a sus infernales líderes. Cenarius, convocando a los espíritus de los bosques encantados, formó un ejército de ancianos hombres árbol y los lideró contra la Legión en un temerario asalto. Mientras los aliados de los elfos se reunían en el templo de Azshara y en el Pozo de la Eternidad, la gran guerra estalló. A pesar de la fuerza de sus nuevos aliados, Furion y sus compañeros se dieron cuenta de que la Legión no podría ser vencida simplemente con la fuerza marcial. Mientras la titánica batalla rugía sobre la capital de Azshara, la delirante reina esperaba con expectación la llegada de Sargeras. El señor de la Legión se estaba preparando para pasar a través del Pozo de la Eternidad y entrar en el mundo que estaba siendo saqueado. Mientras su sombra increíblemente enorme se cernía cada vez más sobre la oscura superficie del pozo, Azshara reunió a sus seguidores nobles más poderosos. Sólo uniendo todas sus fuerzas en un único conjuro serían capaces de crear una puerta lo suficientemente grande como para que Sargeras entrase. Furion, convencido de que el Pozo de la Eternidad era el cordón umbilical que unía al demonio con el mundo físico, insistió en que debían destruirlo. Sus compañeros, sabedores de que el pozo era la fuente de su inmortalidad y de sus poderes, se asombraron al escuchar su plan. Tyrande, al comprender la lógica de la teoría de Furion, convenció a Cenarius y a sus camaradas los dragones, para marchar sobre el templo de Azshara y encontrar el modo de cerrar el pozo para siempre. Illidan, sabiendo que la destrucción del pozo le impediría volver a ejercer la magia, abandonó mezquinamente el grupo y partió para avisar a los nobles del plan de Furion. Debido a la locura que le provocó su adición y a su resentimiento hacia su hermano por el romance que mantenía con Tyrande, Illidan no sintió remordimientos por traicionar a Furion y ponerse de parte de Azshara y su corte. Illidan juró proteger el poder del pozo por encima de todas las cosas. Con el corazón roto por la partida de su hermano, Furion llevó a sus compañeros hasta el corazón del templo de Azshara. Sin embargo, al irrumpir en la sala de la audiencia principal encontraron a los nobles en mitad del supremo encantamiento oscuro. El descomunal conjuro creó un vórtice inestable de poder dentro de las profundidades coléricas del pozo. Mientras la sombra demoníaca de Sargeras se acercaba cada vez más a la superficie, Furion y sus aliados se preparaban para atacar. Azshara, que había recibido la advertencia de Illidan, estaba más que preparada para hacerles frente. La mayoría de los seguidores de Furion cayó ante los inmensos poderes de la reina. Tyrande, que intentaba atacar a Azshara desde la retaguardia, fue sorprendida por los guardias de la reina. Aunque logró vencer a los guardias, las heridas que le causaron fueron terribles. Al ver caer a su amor, Furion enloqueció y decidió terminar con la vida de Azshara. Mientras la batalla se libraba dentro y fuera del templo, Illidan apareció entre las sombras cerca de las orillas del gran pozo. Creó unos frascos especiales y los llenó con las aguas resplandecientes del pozo. Convencido de que los demonios terminarían con la civilización de los elfos nocturnos, planeó robar las aguas sagradas y quedarse con sus energías. La batalla que tuvo lugar entre Furion y Azshara llevó el poderoso conjuro de los nobles al caos. El inestable vórtice de las profundidades del pozo explotó e inició una catastrófica cadena de eventos que acabaría con el mundo para siempre. La masiva explosión sacudió los cimientos del templo y envió temblores por toda la torturada tierra. Mientras la horrible batalla entre la Legión y los elfos nocturnos se libraba en la capital en ruinas, el embravecido Pozo de la Eternidad se cerró sobre sí mismo y desapareció para siempre. La catastrófica explosión resultante hizo añicos la tierra y ocultó los cielos... El monte Hyjal y el regalo de Illidan Mientras los temblores de la implosión del pozo hacían vibrar los pilares del mundo, los mares se apresuraron a llenar el vacío que había quedado en la tierra. Casi un ochenta por ciento de la tierra de Kalimdor había sido desintegrado: lo único que quedó fue un puñado de continentes dispersos que rodeaban el nuevo mar rugiente. En el centro del nuevo mar, donde antiguamente se encontraba el Pozo de la Eternidad, se erigía una tumultuosa tempestad de caótica energía mareomotriz. La gran cicatriz conocida como Maelstrom nunca estaría en calma. Se convirtió en el recordatorio constante de la terrible catástrofe y de la era utópica que se había perdido para siempre"¦ Los pocos elfos nocturnos que sobrevivieron a la horrible explosión, se agruparon de forma rudimentaria y consiguieron llegar a la única masa de tierra a la vista. De alguna manera, por la gracia de Elune, Furion, Tyrande y Cenarius habían sobrevivido a la Gran Caída. Los cansados héroes accedieron a liderar a los pocos sobrevivientes que habían quedado y establecieron un nuevo hogar para su gente. Mientras viajaban en silencio, observaron las ruinas de su mundo y pensaron que sus pasiones habían sido la causa de su destrucción. Aunque Sargeras y su Legión habían desaparecido del mundo con la destrucción del pozo, Furion y sus compañeros se dieron cuenta del elevado coste de la victoria. Azshara y sus nobles seguidores estaban muertos en el fondo del colérico mar. Sin embargo, entre los supervivientes había muchos nobles que consiguieron llegar a la nueva tierra. Si bien Furion no confiaba en el motivo de los nobles, estaba convencido de estos que no podrían causar daño alguno sin las energías del pozo. Los cansados elfos nocturnos llegaron a la nueva tierra y descubrieron que el monte sagrado, Hyjal, había sobrevivido a la catástrofe. Buscando un lugar para establecer su hogar, Furion y los elfos nocturnos escalaron las paredes del Hyjal y llegaron hasta su cumbre azotada por el viento. Mientras descendían hacia la boscosa hondonada, enclavada entre los enormes picos de la montaña, descubrieron un peque-ño y tranquilo lago. Para su consternación, descubrieron que las aguas del lago habían sido contaminadas... por la magia. Illidan, que también había sobrevivido a la Caída, había llegado a la cumbre del Hyjal mucho antes que Furion y los elfos nocturnos. En su loco intento por mantener las corrientes de la magia en el mundo, Illidan había vertido los frascos que contenían las aguas del pozo de la Eternidad en el lago del monte. Rápidamente las potentes energías del pozo se inflamaron y se fusionaron en un nuevo Pozo de la Eternidad. Illidan, exultante, creía que el nuevo pozo era un regalo para las futuras generaciones y se asombró cuando Furion fue a por él. Furion le explicó a su hermano que la naturaleza de la magia era caótica y que su uso traería inevitablemente corrupción y conflictos. Sin embargo, Illidan no quería renunciar a sus poderes mágicos. Como sabía perfectamente qué traerían los traicioneros poderes de Illidan, Furion decidió enfrentarse a su enloquecido hermano de una vez por todas. Con la ayuda de Cenarius, Furion encerró a Illidan en una gran sala bajo la tierra, para dejarle encadenado y sin poderes durante toda la eternidad. Temiendo que la destrucción del nuevo pozo trajese consigo una catástrofe mayor aún, los elfos nocturnos decidieron dejarlo como estaba. Sin embargo, Furion declaró la orden de que nunca se volvería a practicar magia. Bajo la vigilancia de Cenarius, comenzaron a estudiar las antiguas artes druídicas que les permitirían curar a la torturada tierra y hacer renacer sus amados bosques en la base del monte Hyjal. FUENTE 1 :http://grupowar.ief.st/ FUENTE 2 :http://www.angelfire.com/games5/wc_3/2.htm lo ise en 2 partes al post por que era demasiado largo ....aca esta la parte 2 del post http://taringa.net/posts /info/4415940/Historia-del-juego-warcraft-parte-2.html

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