RiFleCarGaDo
Usuario (Argentina)

Taringueros les deseo una feliz navidad. Y ustedes saben bien como es una navidad: 1- Comer, comer, comer y comer ah y me olvidava comer tambien. 2- Tomen pero no mucho. Espero que no termine asi. 3- Tirar fuegos artificiales. Cuidado usarlos con precaucion. 4- Distrufar sus regalos. No se enojen si no les compraron lo que quierian. Sus padres lo hicieron con amor y esmero. A mi me pudieron dar esto el año pasado. Vamos a ver que me dan este año. 5- Brinden y recuenden esos momentos felices del año. Y por supuesto pasenla bien!!! FELIZ NAVIDAD!!!!!!
En días recientes, la controversia de temporada llegó de boca de un argentino. Algunos programas de espectáculos difundieron las declaraciones del periodista Jorge Lafauci, juez en un programa televisivo de baile, quien afirmó que los mexicanos somos las personas más feas del mundo. Si lo dijo o no lo dijo, poco importa. Lo que resulta relevante son las reacciones que se suscitaron. Gran parte de los comentarios posteriores mostraron indignación, coraje, resentimiento, instintos de xenofobia contra la comunidad argentina en México. ¿Tiene esta declaración peso significativo para la vida práctica de nuestro país? La respuesta es sí, porque Lafauci dio sin querer en uno de los problemas más arraigados y dolientes que tenemos los mexicanos: el sentimiento de inferioridad. ¿Los mexicanos somos las personas más feas del mundo? No, pero históricamente hemos sentido que sí. En realidad, nadie quiere ser mexicano. Ni siquiera los mexicanos mismos. En nuestro país carecemos de un símbolo de orgullo. No somos potencias económicas, deportivas o artísticas. Somos un país en vías de desarrollo: un desarrollo estancado a causa de malas y en ocasiones perversas políticas públicas. Hemos sufrido saqueos sistemáticos de manos de presidentes y gobernantes; desde niños hemos sido educados bajo esquemas obsoletos, como “El petróleo es nuestro” y “El Estado paternalista”. Somos individualistas: en deportes de conjunto no logramos sobresalir; nuestros mayores talentos son las artesanías, pero los artistas son escasos y pedantes. En el terreno social, los mexicanos nos quejamos del trato que nos dan los extranjeros. Nos indignamos por la forma en que somos retratados por películas y comedias estadounidenses; no estamos de acuerdo en que los mexicanos seamos morenos y flojos, sólo aptos para ser jardineros y sirvientes. Pero en el ámbito práctico poco hacemos para eliminar los estereotipos. Aquí, se discrimina a los migrantes centroamericanos y nadie parece molestarse por que reciban un trato mucho más severo que el recibido por las autoridades norteamericanas. Aquí, los mexicanos nos discriminamos a nosotros mismos. Hacemos menos a los morenos, a los indígenas, a quienes trabajan en nuestros hogares. A las mujeres que hacen el aseo en nuestras casas se les llama gatas, agarra todo, huele de noche, criaditas, micifuz... y son mujeres que generalmente provienen de comunidades marginales de estados como Oaxaca, Chiapas o Veracruz, de tez morena, estatura baja y educación precaria. Esta actitud nos provoca sentimientos de culpa, por eso continuamente buscamos nombres políticamente correctos para disfrazar la realidad. La evolución de estos términos nos ha llevado a nombres verdaderamente ridículos: primero se les llamó minusválidos, después discapacitados, y finalmente personas con capacidades diferentes; primero viejitos, después personas de la tercera edad, al final terminaron siendo adultos en plenitud. En el fondo, estos nombres buscan esconder nuestra culpa. Por eso, la sirvienta es la trabajadora doméstica con derecho a cuarto con televisión y domingo de paseo en la Alameda. Los mexicanos no estamos de acuerdo con que el mundo nos considere inferiores. Pero en un día normal, nosotros mismos trazamos la diferencia. El blanco es rico y educado. El moreno es pobre, naco y nunca logrará salir de su humilde condición. La publicidad comercial está llena de modelos con rasgos sajones; nuestra idea de la belleza es una concepción rusa, alemana, holandesa... las bellas más bellas son rubias, de tez blanca, ojos de color claro, altas, que visten ropas de marcas que los sueldos promedios no pueden costear. La publicidad, que es la base de los sueños, está llena de extranjeros porque los mexicanos aspiramos a no ser mexicanos. No es que nosotros seamos inferiores, pero sí no sentimos inferiores. Igualmente, no es que seamos feos, mucho menos los más feos del mundo, pero sí nos sentimos así. Por eso discriminamos. En el fondo, el acto de discriminación tiene como finalidad desviar la atención: no quiero ser señalado ni excluido, no quiero ser objeto de burlas, por eso discrimino: para no ser yo el centro de atención; para que otro sea el excluido, el señalado, el objeto de las burlas. Los programas de entretenimiento, el mundo de la farándula y las revistas de sociales, están reservados para los niños bonitos, la gente bien, la gente nice, lo cool de la sociedad. Personas con ascendencia extranjera y apellidos suntuosos que evidencian que son de aquí... pero no son de aquí. Por eso son tan populares los tintes para el pelo; por eso son tan abundantes los nuevos bebés con nombres ridículamente impronunciables y combinados horrendamente. Porque los mexicanos no queremos ser mexicanos. Quizá no es que nos avergoncemos de lo que somos y de quienes somos. Pero tiene más ventajas aparentar ser otra cosa diferente. Tiene la ventaja de no ser discriminados ni señalados. Porque lo mexicano, lo verdaderamente mexicano sin disfraces ni máscaras, es naco. Es naco ser moreno y tener el pelo parado; es naco no saber otro idioma; es naco disfrutar de los espectáculos nacionales... es naco no ser millonario. La declaración de Lafauci caló tan hondo porque pegó donde más nos duele. Ese lugar donde radica el origen de nuestros complejos; esos complejos que nos impiden despegar, que nos mantienen sumidos y sumisos, que hacen que ante los extranjeros agachemos la cabeza en ámbitos tan diversos como el deportivo y el empresarial. Por eso, la declaración dolió. Porque pegó en una verdad velada, oculta, que todos sabemos que está allí, pero ninguno queremos erradicar. Sin querer, Lafauci puso el dedo en uno de los debates más relevantes y urgentes que tenemos los mexicanos: luchar contra los complejos, aceptarnos a nosotros mismos, aceptarnos mutuamente, y construir un país no con igualdad, sino con equidad.
Es un video de dos personajes totalmente distintoslink: http://www.youtube.com/watch?v=dYZLrAi5n1s

Si tienes de armar quilombo por facebook sigue los siguientes paso: 1- Entra a Facebook (debes hacerlo por google chrome sino no se puede) 2- Luego apretamos click derecho sobre el texto que queremos cambiar 3- Ahora nos aparecera una barra abajo con el texto que seleccionamos 4- Borralo y escribe lo que quieras 5- Apreta enter y veras los resultados 6- Esperen que no termina ahi. Realiza una captura de lo que escribiste (en mi caso yo tache los nombres pero si quieren no lo hagan) 7- Carga la foto (ve a tu perfil-foto) y...