Rockerargento
Usuario (Argentina)

Hace algunos años circulaba un chiste que decía que la única diferencia entre Elvis Presley y Peter Frampton era que Elvis sí estaba vivo. Más allá de que los creadores y difusores del chascarrillo no eran precisamente fans del autor de “I can’t stand it no more”, la especie quedó desvirtuada totalmente cuando el rubio -y ya casi calvo- guitarrista de Beckenham relanzó su carrera musical y demostró que ambos viven. A esta altura muchos estarán pensando que el autor de estas líneas sufre algún severo trastorno neurológico, porque todo el mundo sabe que Elvis Presley -lo dice Wikipedia y el Rincón del Vago- la palmó en 1977 luego de colarse un contenedor de pastillitas de colores. Ok. Eso es lo que dicen los papeles y la “historia oficial”. Pero lo cierto es que luego de aquel fatídico 16 de agosto, el muchacho del jopo y las camisas con solapas gigantes se convirtió en uno de los muertos que más veces ha sido visto con vida en la historia. Buceando en Internet, leyendo viejos diarios y revistas y mirando documentales en canales de cable, se puede encontrar miles de testimonios, indicios, pruebas y sospechas (todo mezclado y sancochado) de que el deceso de uno de los probables progenitores del rock and roll haya sido simulado, por razones que van desde el deseo de vivir una vida tranquila lejos de la fama hasta el cambio de identidad por ingresar al “Programa de protección de testigos”. Algunas de las razones que esgrimen estos delirantes para afirmar sin ponerse colorados que Elvis no murió, son las siguientes: En su tumba, aparece su segundo nombre como "Aron", con una sola A; en vez de "Aaron", con dos A, que era lo correcto. Como cualquiera sabe, que falte una letra de tu segundo nombre en tu lápida es indicio inequívoco de que estás vivo. No obstante esta indiscutible prueba, puede verse en diversas fotografías que dice “Aaron”. Tal vez sea una maniobra de la CIA para confundir a los investigadores. Otra prueba en apariencia irrefutable de que Elvis no murió es que el tipo habría pedido ser enterrado junto a su madre, y finalmente el ataúd fue depositado entre su padre y su abuela (que ya estaban muertos, claro). El peso parece ser un dato irrefutable. Según algunos, antes de morir, el cantante pesaba 250 libras (casi 115 kg), pero en su certificado de defunción figuran “solamente” 170 libras (o sea, poco más de 77 kg). De esto podemos concluir que, o bien el alma pesa más de 21 gr. (como erróneamente propone una famosa película) o que el tipo la haya palmado después de ir de cuerpo. O que el médico puso el peso que se le ocurrió en ese momento. O que está vivo. Al morir, Elvis estaba hecho un lechón. Después habría adelgazado. El certificado de defunción original habría desaparecido. Lo mismo pasó con el certificado de defunción de mi nono, razón por la cual sospecho que está vivo y que es Elvis Presley. Para algunos investigadores, el día de su funeral el ataúd donde iban sus restos habría estado más frío de lo normal, lo abonaría tesis de que en su interior iba una reproducción en cera del artista y no el cadáver. Es claro que la diferencia de temperatura entre una estatua de cera y un cadáver es abismal y se puede percibir con facilidad a través de un ataúd de la mejor calidad. Un tal John Burrows compró un pasaje a Buenos Aires pocos días después del deceso de Presley. "John Burrows" era un nombre artístico que habría usado Elvis. Y también el nombre real de varios millones de norteamericanos. Basta darse una vuelta por Google para darse cuenta. El dato de que este tal Burrows viajó a Buenos Aires no es casual, toda vez que existe una teoría que sostiene que Elvis vive -o vivió hasta hace poco- en Argentina, según afirma un inclasificable video que agrego al final. ¡Elvis en Argentina! Capaz que telonea a los Doors. En ese mismo sentido se orienta el pensamiento de Kananga, que jura que el chabón está obeso y sufriendo de alopecia, en su residencia de Carlos Paz. También hay video, como si esto sirviera de algo. Gordo y pelado (pero con peluquín) También, y en un razonamiento digno de un trabajo conjunto entre Axel Kuchevasky y Adrián Paenza, hay quienes han dado forma a una teoría que podríamos definir como “filmico/numérica, que pasamos a explicar con la mayor brevedad posible: Su película favorita era “2001: Una odisea del espacio”, donde hay una escena donde aparece un hombre pensando en un baño. Elvis fue encontrado sin vida justamente en un baño. No pudo determinarse si estaba pensando o cagando. O ambas cosas a la vez. Además, la suma del día, mes y año de la muerte (16-8-1977) da por resultado el número 2001. Y como todo el mundo sabe, en el 2001 lo rajaron a De La Rúa, Y en esa época, Elvis estaba más vivo que nuestro ex presidente. Explicado así parece muy estúpido. Y en realidad lo es. Nadie habría cobrado su seguro de vida. Se conforman con seguir cobrando los derechos de autor, que convierten en una propina el monto de la póliza. Pero además de estas razones (sí, estoy de acuerdo, son todas muy boludas), millones de personas afirman haberlo visto con vida con sus propios ojos –los de esos millones de personas, no los de Elvis. A continuación, mostramos (perdón, nombramos) algunos lugares donde el astro fue visto con vida mucho después de ser enterrado: Una gasolinera en Montana. Un supermercado en Cambridge. Saliendo de un local de "Pizza Hut" en Southampton, Inglaterra. Es raro que no lo vieran comiendo pizza en ese local, o entrando, o estando adentro sin comer nada. ¿La pizza favorita del Rey? Yo prefiero las de Don Luis En una oficina en Oslo. A pesar de buscar en Google, no hemos podido saber qué tipo de oficina era. Leyendo poesía en la Penn State University (o sea, la Universidad de Pennsilvania). O tal vez estaba leyendo una novela, o los chistes del diario. El portal de la Penn State. No hay ningún link relacionado con Elvis. El Rector guarda un sospechoso silencio al respecto. Haciendo dedo en Texas. Lo cual no deja de tener en sentido si tenemos en cuenta que todavía no cobró su seguro de vida. Es muy probable que ande sin un mango. Manejando un camión en Tasmania, lo cual es muy posible porque en Tasmania es un lugar chico y todos conocen a los camioneros del lugar. Elvis es el que maneja el camión. O el que hace dedo. O ambos. Comiendo Tacos de carnitas en Mexico, en las Carnitas Uruapan, para más datos. Ni puñetera idea de qué son las carnitas, pero parecen ricas. Las carnitas preferidas del cadáver de Presley Haciéndose planchar la escarapela de cuero en un baño de la cancha de Excursionistas. Pero la fuente no es muy confiable (ninguna lo es en realidad, pero me parece que esta estaba un poco merqueada). Como puede observarse, delirantes y mitómanos no nos faltan. Pero más allá de todo esto, no es Elvis el único tipo que no se murió pese a lo que dicen los médicos. Otros músicos que pasaron por ese mismo trance –el de creer y hacernos creer que se murieron- son Luca Prodan, Paul McCartney, Jim Morrison y Paulina Rubio, entre otros. Bueno, Paulina Rubio no se murió, pero a casi nadie le importa. Un delirio digno de mejores causas. El “documental” que “prueba” que Elvis vive en Argentina. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=KCfaRZdes-g Lo más serio que se ha dicho y hecho respecto a esta cuestión link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=hI8hRHGev8A link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=bo4F7Rwbb2M No cito fuente porque es un texto propio
ESTE ES UN TEXTO ORIGINAL ESCRITO POR MÍ. EL PROTOCOLO NADA DICE AL RESPECTO, POR ENDE NO CORRESPONDE QUE SEA ELIMINADO POR FALTA DE FUENTES EL TIPO QUE SE PARA DETRÁS DEL ENTREVISTADO Probablemente mi cara le resulte vagamente conocida. Pero no soy un ex compañero de la primaria, o el tipo que esta mañana le cobró la factura del celular. Sin embargo, mientras más me mira, más se convence de haberme visto antes. Y es verdad. Usted me ha visto antes, muchas veces. Usted me ve prácticamente todos los días. Pero no, no trabajo por la zona, ni soy el playero de la estación de servicio donde carga todas las semanas. Tampoco soy actor ni periodista, pero mi actividad está íntimamente relacionada con ambas profesiones, porque usted, mi estimado, me conoce de la televisión. Yo soy esa persona que aparece detrás del entrevistado. Soy ese que mira constantemente a cámara y pone la cara adecuada a la temática que aborda en ese momento la persona que está siendo reporteada para la tele. Soy consciente de que en más de una oportunidad usted ha pensado: “Mirá al pelotudo ese… ¿no tendrá que laburar, digo yo?”, pero en la mayoría de los casos no repara en mí, abstraído en lo que dice el personaje que figura en primer plano. Para la mayoría de las personas, mi actividad puede ser superficial, estúpida, innecesaria, idiota, molesta, enferma, antiestética, imbécil, baladí, boluda… Pero en realidad no logran captar la verdadera razón de ser de una afición que –con el crecimiento cualitativo y cuantitativo de los medios electrónicos- se fue convirtiendo en una de las profesiones más difundidas del mundo, aunque casi nadie lo sepa. Recuerdo que tenía unos cinco años cuando sentí que mi vida cambiaba para siempre. Estábamos almorzando y –como de costumbre- veíamos “Noticiero 12”, haciendo un silencio casi religioso cuando Tito Bosch comentaba las noticias del día. Entonces, la televisión era en blanco y negro, había sólo tres canales (y todos de aire) y “control remoto” era una expresión que nadie si quiera imaginaba. Con su habitual gesto adusto, Tito (era uno más de la familia, por eso la confianza) dio paso a una entrevista grabada en exteriores. Acto seguido, apareció en pantalla la imagen de un hombre semi calvo, de frondoso bigote, pronunciada barriga y anteojos oscuros con grueso marco de carey. No recuerdo quién era ni de qué hablaba, no me importaba. Mi atención, toda mi atención, en ese momento, se concentró en una desenfocada imagen que se instaló detrás del entrevistado. Se trataba de un hombre de unos 40 años, de cabello lacio, grueso y oscuro, que con un casi imperceptible gesto de afirmación acompañaba las palabras del pelado barrigón. Estaba solo. Creo que la nota estaba filmada en la Plaza San Martín y el morocho estaba solo, a pesar de la gente que iba y venía en el fondo de la imagen. Estaba solo en su afán por completar un cuadro que sin él sería absurdo. Fue en ese momento que todo se hizo claro para mí. Fue entonces cuando entendí la importancia de El Tipo Que Se Para Detrás Del Entrevistado. “Es un cholulo” podrán decir los indolentes, los que creen que solidaridad es donar un paquete de arroz cuando se produce un maremoto en algún país asiático. Pero estarán equivocados. El Tipo Que Se Para Detrás Del Entrevistado (ETQSPDDE, en adelante) es la gran apoyatura moral para quien es reporteado para la televisión sin el acompañamiento de las masas. Obviamente que su presencia es innecesaria cuando el personaje es un campeón mundial de boxeo, un cantante romántico o un candidato a diputado con alguna posibilidad. Allí los personajes secundarios sobran, y hasta molestan, porque muchos quieren ganar protagonismo parándose inclusive delante del entrevistado, lo que resulta inaceptable. No cualquiera puede aspirar a ser ETQSPDDE. Es necesario ser mayor de 25 años, ser más flaco que el entrevistado y, de ser posible, tener la misma altura. Las cejas no deberán ser muy tupidas y hace falta estar afeitado. No podrá llevar anteojos, ni siquiera recetados. Se podrán usar lentes de contacto, pero no de esos que cambian el color de los ojos. Si se es mayor de 60 años, deberá tener canas. No es aceptable la calvicie ni la tintura de pelo. Si es mujer, tendrá que tener más de 40, cabello enrulado (en este caso puede estar teñido de un color parecido al amarillo), busto prominente (aunque no deseable), contextura gruesa, vestido bordó con pequeñas flores blancas y algo de cara de culo. El buen ETQSPDDE debe realizar una aparición adecuada ante las cámaras. Lo ideal es que ya esté cuando comienza a desarrollarse la nota. En ese caso su cara deberá aparecer por encima del hombro izquierdo del entrevistado. De no ser posible esto, ETQSPDDE deberá aparecer de un modo imperceptible, deberá situarse ante la cámara sutilmente, de forma tal que el televidente no note su aparición. Existe un elemento que resulta indispensable para ser un buen ETQSPDDE, y es la mirada. No deberá expresar duda alguna, estamos ahí por propia decisión y con total convencimiento. Además, deberá dirigirse directamente a la cámara, sin importar la posición en que ésta se encuentre. En la actualidad, las cámaras de video son más livianas y dúctiles que antaño –entonces permanecían generalmente fijas- lo cual agrega algunas dificultades y varios beneficios. Las dificultades tienen su origen en la oculta guerra que existe entre el camarógrafo y ETQSPDDE. Generalmente, el operador de cámara es un depredador de ETQSPDDE, intenta hacerlo desaparecer de la imagen, cambia de posición, acorta los planos, dificulta nuestro trabajo. Pero esto es un gran aliciente para un ETQSPDDE con iniciativa, lográndose algunos planos memorables, como el que pudo componer uno de mis ídolos, Ricardo Almejeras, en 1993, para un canal regional de España, asistiendo a un ignoto candidato para unas elecciones comunales de un pueblo que pocos años después desapareció por falta de habitantes. Sintéticamente se puede decir que la actitud de un ETQSPDDE profesional puede visualizarse casi a la perfección en algunas películas de Gardel. Quienes puedan ver los filmes en los que el “Zorzal” canta canciones como “Mi Buenos Aires querido”, “Sus ojos se cerraron” o “Volver”, entre otras, tendrán la oportunidad de apreciar el trabajo de los actores secundarios, que acompañan en silencio el discurso del protagonista. La única diferencia es que nosotros miramos a cámara. Noto que está apurado, así que no lo distraigo más. Ha sido un gusto conocerlo y poder contarle todo esto. Tal vez, la próxima vez que mire en la televisión una entrevista realizada en exteriores, pueda volver a verme, haciendo mi trabajo, colaborando con el reporteado, y entonces comente “Yo lo conozco a ese tipo. Es un plomo insoportable que un día me hizo perder el ómnibus”. Fuente: mi imaginación Consultar también: www.perroconcadenalarga.blogspot.com
Cuando a Fernando Fader se le preguntaba dónde había nacido, éste respondía que en Mendoza, y cuando se casa en 1906, declara haber nacido en Buenos Aires. Así es que si existen confusiones o dudas en cuanto a su origen, es el propio Fader el primero en sembrarlas. Lo cierto es que Fernando Fader nació en Burdeos, Francia, un 11 de abril de 1882. ¿A qué se debe este engaño establecido en torno al lugar de su nacimiento?. Bien, esa primigenia mentira tiene un sentido final de construcción : la de representar un arte nacional, un arte argentino. Mucho antes del reconocimiento, todavía anterior a la encarnación del pintor argentino y al ocultamiento del pintor francés, existe un jugoso itinerario que contiene a esta historia. Recorrámoslo. La familia Fader se traslada a Mendoza en 1886, cuatro años después del nacimiento de Fernando. Su padre, Carlos Fader, era un reconocido ingeniero naval de ideas muy progresistas para la época, buscador de petróleo, que instala en Mendoza el primer gasoducto y el primer oleoducto. Fernando, es el hijo francés que va a iniciar los estudios primarios en Francia, donde residía su familia materna, los Bonneval, de cierta estirpe aristocrática. Dice él: "con esto comienza una niñez solitaria, triste y errática", ya que se trasladará luego a Alemania, a la casa de los familiares paternos, para cursar sus estudios secundarios. Es así que cuando regresa de Europa a Mendoza, el joven estudiante le comunica a su padre que quiere ser pintor. Ante tal anuncio, Carlos Fader, aquel ingeniero adelantado de avanzada, decide regalarle un pasaje a Europa por un año, sugiriéndole que mientras dure el viaje, repiense su decisión. Fernando parte hacia el antiguo continente, y a medida que va recorriendo las diferentes pinacotecas y museos, anticipa mediante periódicas cartas la decisión final que se avecina. Al cumplirse el plazo del año, Fader le envía a su padre un telegrama con una única palabra: "Persisto". Ante la firmeza del mensaje recibido, su padre contesta: "Lo sabía". Es el momento de prepararse para iniciar sus estudios de pintura en Alemania. Ya en Alemania, Fernando Fader tiene la opción de elegir entre dos prestigiosos maestros de la época: uno era Frank Von Ziuk, pintor de estilo simbolista, quién realizaba desnudos femeninos y masculinos vinculados a temas mitológicos y literarios un tanto perversos; el otro maestro era Heinrich Von Zugel, un partidario de la pintura al aire libre, cuyos ejes temáticos eran el paisaje y los animales. Fader decide por éste último. Decide, porque es conocida la anécdota - que narran diversas crónicas y con diferentes matices - del encuentro entre Von Zugel y Fader en el estudio del pintor alemán, donde el aspirante a pintor muestra algunos de sus dibujos al maestro y éste los descalifica, rechazando a su vez la petición de Fader para ingresar al curso de pintura. Finalmente, es tal la convicción de Fader por estudiar que le responde: " no importa, sobran maestros". A von Zugel debe haberle atrapado la audacia del aspirante, ya que le respondió: " Pase por administración". Von Zugel tenía dos semestres de talleres libres; un primer semestre de verano, donde se trabajaba pintura de paisajes ( en la obra de Fader se pueden observar paisajes de Alemania y Holanda que corresponden a este período), y un semestre de invierno dedicado a la pintura de animales. Durante este semestre, el trabajo consistía en encerrar a los animales en un establo y pintar en interiores. Al finalizar los semestres, se organizaba un concurso en el que participaban todos los alumnos, otorgándose una medalla al mejor. Su período de estudios en Alemania se extendió desde 1900 a 1904. De regreso a Buenos Aires, recibe una carta en la cual se le comunica que ha ganado el primer premio del semestre de invierno con el cuadro" La comida de los cerdos". Todavía tendrá que transcurrir algún tiempo para que Fader abandone la fuerte influencia de su maestro Von Zugel, quien se caracterizaba por realizar un cuadro en la menor cantidad de tiempo posible y con escasas pinceladas. Durante la época mendocina de Fader, sus cuadros descansarán, todavía, sobre lo aprendido en Alemania. Una vez instalado en Mendoza, Fader da clases de pintura y expone en el living de su casa. Todavía el éxito le es ajeno. La notoriedad llegará en 1905, tras una exposición en el Salón Costas de Buenos Aires, donde presentó una serie de cuadros, entre ellos uno llamado "La chula", cuadro que va a vibrar en la retina y la mente de un conocido crítico de arte de la época, Cupertino Del campo, quién publica un artículo en el diario "La Nación" diciendo: "No existe en la Argentina un pintor capaz de pintar de esa manera, Fernando Fader es un pródigo que desborda talento, y que el día de mañana nos asombrará con su obra total". Este artículo se constituye en un poderoso impulso ejercido sobre un joven, que en ese momento tenía nada más que veintitrés años, y que lo va a vincular a la esfera que alberga a los pintores de ese tiempo. Mendoza: El prestigio y los colores tierra Los ecos del prestigio obtenido en Buenos Aires resuenan en Mendoza. Emilio Guiñazú, un conocido terrateniente mendocino, le encarga la realización de unos murales en su estancia veraniega de Luján de Cuyo, y además , que inicie a una de sus hijas, Adela, en el arte. Adela Guiñazú será por un tiempo estudiante, luego modelo y finalmente, tras una temporada imaginaria de tórridas tardes mendocinas, se convertirá, el 28 de agosto de 1906, en su esposa, con quién tendrá tres hijos, Raúl, César y Adelita. La etapa mendocina de Fader se va a caracterizar por una paleta neutra, de colores tierra, opacos. Durante este período realiza. un cuadro titulado " Cacería de guanacos en la precordillera". Da una conferencia, en ese momento, donde señala que cuando se enfrentó a la inmensidad de las montañas, toda su ciencia pictórica quedó en la nada. Se dio cuenta que tenía que dejar el andador de los maestros para empezar a pintar esta tierra argentina que no fue pintada en ningún lugar de Europa ni en ninguna parte del mundo. Sostiene que ser artista nacional no es reproducir hechos nacionales, sino dar testimonio de la propia tierra. Fader se va a conectar verdaderamente con el color cuando llegue a Córdoba. Posiblemente un cuadro transicional entre estas dos épocas sea " Flores de primavera", que si bien pertenece a su estancia mendocina, presenta unas retamas con colores muy vivos. La tendencia europea de ese momento era representar a la gente escindida del paisaje. Por el contrario, en los cuadros de Fader de Mendoza y Córdoba, lo preponderante es el paisaje; el hombre es escaso y cuando aparece lo hace como fusionado. Eso va a ser una característica de su pintura. Cuando en 1905 muere en forma repentina su padre - precisamente el año en que Fader pintara "La chula" -, éste deja en pie un proyecto que era el de realizar una usina hidroeléctrica en Cacheuta-Mendoza. Es entonces cuando Fernando va a hacerse cargo de los negocios familiares, lo cual va a implicar el alejamiento de la paleta y los pinceles desde 1909 hasta 1913, año en que la ira de la naturaleza se manifiesta en un terrible aluvión que desciende de la precordillera arrasando con toda la edificación, llevando a la quiebra a la familia Fader y a la familia Guiñazú. A causa del desastre financiero, Fader retorna a Buenos Aires a una modesta casa de la calle Olleros, en el barrio de Belgrano. Allí comienza un nuevo período de su producción. Un amigo realiza las gestiones necesarias para conseguirle el taller de un escultor, ubicado en la Av. Rivadavia al 5000, donde Fader trabajará. Una de las obras emblemáticas de esta época es "Amarillos", cuadro que presenta en Galerías Müller, la exposición colectiva de artistas argentinos que marcará el inicio de la relación entre el comerciante y el artista. Para ganarse la vida sin claudicar a su amor por la pintura, realiza un cuadro para competir en el Salón Nacional, y así obtener prestigio. El óleo se llamó "Los mantones de Manila". Esta obra fue elegida para recibir la mayor distinción, con el voto unánime del jurado. El premio era de 3.000 pesos moneda nacional, y consistía en la adquisición del cuadro. Siempre quedó la duda de si lo retira por soberbia o si lo hace en realidad porque estaba en convocatoria y todo el dinero que recibiera oficialmente por los cuadros, iría a cuenta de los acreedores. Esta última hipótesis se consolida al observar que algunos de sus cuadros no tienen firma, o están firmados agregando una n a su nombre o con el apellido materno, Bonneval. En el Salón Nacional de 1915 presenta "La Liga Azul", obra que según la opinión generalizada del circuito artístico, debió haber merecido el primer premio. Pero, un jurado quizás enfadado por la decisión de Fader de rechazar el premio del año anterior, decide declarar desiertos los dos primeros premios. Se sabe, siempre el poder decide cobrarse la cuentas pendientes con los díscolos. Córdoba y el destino: Irse para quedarse El destino, implacable en su laberinto de acontecimientos, se manifiesta con una fiereza casi fatal. En 1915, Fernando Fader es operado de una apendicitis y sorpresivamente le descubren un tumor pulmonar. El diagnóstico: seis meses de vida. Sin embargo, la aparición de un médico amigo es prodigiosa. Francisco Llobet decide reoperar y aconseja a Fader el traslado a las sierras cordobesas, donde el aire es muy beneficioso para los que padecen el mal que aqueja al pintor. Es así como se aleja para siempre de la ciudad capital. Fader se instala, en 1916, con su esposa e hijos varones en la ciudad cordobesa de Deán Funes. A los seis meses se traslada a 30 kilómetros de allí, al pasaje Ojo de Agua de San Clemente donde vive durante dos años. Cuando adquiere un terreno de dos hectáreas en loza Corral, donde decide construir su morada definitiva, surge el primer conflicto con el vendedor quien sostiene que un estupendo nogal que había en la propiedad, no estaba incluido en el precio. Fader debe pagar una suma igual a la del terreno tan sólo por dicho árbol. En 1922, Adela con sus hijos se trasladan a Buenos Aires para evitar que su hija recién nacida, Adelita, se vea expuesta la contagio. Fader realiza visitas periódicas para verlos, pero de aquí en adelante, ya nada será igual. La soledad, la enfermedad y la tristeza, van minando el espíritu del pintor que intenta encarnar el arte argentino. Allí nace el período cordobés, donde aparece como modelo favorita de muchos de sus cuadros, la hija de los anteriores dueños de esas tierras, Laurencia Ochoa. Entre los cuadros más importantes de esta etapa podemos mencionar " Chichocas" (1916), "Bajo la higuera" (1918) y "Las mazorcas" (1920). Estas tres obras constituyen uno de los mejores ejemplos de integración entre la figura y el paisaje que Fader lograba magistralmente. Este período representa la etapa más prolífica de su carrera, llegando a firmar hasta 50 óleos por año. Fader no era un artista de inspiración sino de componer y de mentar mucho sus cuadros antes de realizarlos. Nada es casual en él. Existe una primacía de la composición intelectual. Además de la serie en donde aparece Laurencia Ochoa, existen otros óleos en los cuales el modelo es el árbol. El mismo motivo es abordado por Fader a lo largo del tiempo. El primer trabajo es "Primer acercamiento al mimbre", y data de 1926, reproducido luego en "Días de otoño" y "Días de invierno". El otoño era la estación preferida para trabajar y en sus cartas, Fernando se quejaba cuando la estación venía tardía. Son los árboles los que expresan el estado de ánimo de Fader. La profunda tristeza y la soledad que lo embargaban se manifiesta de manera poética en la mayoría de sus obras. El artista antes de pintar solía arar la tierra para producir la emanación de vapor que finalmente volcaba en sus obras como vibraciones de color. Fader tenía una excelente relación con la naturaleza y sostenía que le daba más placer contemplarla que hacer un cuadro. Le llevaba mucho más tiempo estar contemplando la naturaleza, para lograr que vibrara en la misma frecuencia que la suya, que pintarla. Tal es así que, el acto de pintar lo consideraba casi como un trabajo mecánico. Fader mismo sostenía: "yo no miro sino como pintor. Mis ojos no disponen de otro procedimiento como si fatalmente tuvieran ante ellos un prisma que todo lo rinde en tonos, valores, pinceladas, medias tintas, expresiones. A veces me ha sorprendido la noche en medio de mi labor interminada, entonces me he quedado a dormir dentro del auto, a veces hasta una semana, hasta sorprender la hora o el minuto propicio en que el estado de ánimo de la naturaleza estuviera a mi tono". En pocas pinturas realizadas durante la primavera como "Mañana primaveral", de 1920, Fader pinta los alrededores de su casa . Siguiendo la tradición de su maestro Von Zugel, realiza en Córdoba numerosas obras donde el protagonista son los animales fusionados con el paisaje. "La reja" es el óleo considerado por el artista como el más representativo del envío a Müller para su exposición en 1926. La crítica coincidió con el pintor. Escribió José León Pagano, ese mismo año, para el diario La Nación: "Es una obra de plenitud pero lo colmado en ella se define en lo emotivo, en lo sutil y fluido de la trama sensible. Obra capital de la vida del artista, que tantas y tan nobles afirmaciones enumera ya en su vida fecunda". Ya en los albores de su ocaso, Fader realiza pinturas panorámicas. A medida que la enfermedad va volviéndose cada vez más torva, él debe salir en verano para pintar y así eludir los arrestos del frío. Se nota aquí una actitud muy diferente en relación a lo que pinta. El protagonista principal es la arquitectura, y sus pinturas casi predisponen al reposo y hablan de un momento calmo, del principio del fin. Durante sus últimos tres años ya no puede pintar. El tormento mayor es sentir en sí mismo, hechos estéticos que ya no pueden expresarse por sus medios físicos. El 28 de febrero de 1935, a los 53 años, un último resuello es exhalado por su boca. El gran Quinquela Martín, quien admiró siempre a Fader, fue el encargado de realizar un monumento en su homenaje a la entrada de su casa en Loza Corral. Por Goldi Callisti Fuente: http://www.icarodigital.com.ar/diciembre2001/el%20ojo%20plastico/fader.htm Abrevando Atardecer Autorretrato Bajo la higuera Blancos Burritos de San Javier Caballo Caballo Blanco Caballo a contraluz Camiseta colorada Capilla de Ischilín Carretón de circo Cerrazón China de Cunan Desmonte Desnudo Después de la lluvia De tarde Día gris Dos buenos amigos El establo El mimbre El peral y mi rancho En la loma Interior de mi casa Las colchas Los algarrobitos Los nogales y la nube Paisaje tormentoso Rancho en la sierra
El que sigue es un ejercicio que hice respecto de una noticia posteada en Taringa! (http://www.taringa.net/posts/noticias/1231991/Gracias-al-robo.html) En este ejemplo, queda evidenciado claramente la tendencia de un buen número de periodistas y redactores de la prensa escrita a aturdirnos con una catarata de palabras que, en la mayoría de los casos, no hace más que obstaculizar la comprensión de la noticia. La noticia es de la Agencia EFE y comienza con estos tres párrafos: Un equipo de restauración descubrió que "El grito" de Edvard Munch no fue pintado en 1893. La revelación llegó gracias a las tareas que realizan los técnicos para recuperar la obra, seriamente dañada durante un hurto en 2004 Los trabajos de restauración de "El grito", que junto con "La Madonna" resultó gravemente dañado durante su robo en agosto de 2004, han revelado una nueva datación de la famosa obra del pintor noruego Edvard Munch. Hasta ahora se creía que Munch pintó el cuadro en 1893, un año después de sufrir una angustiosa experiencia, pero el proceso de restauración del cuadro iniciado en 2007 ha revelado que esa datación es incorrecta, informó este jueves el diario noruego "Dagbladet". La herramienta “contar palabras” me indica que se utilizaron 117 palabras. Si prestás atención, en cada uno de los párrafos se dice más o menos lo mismo. La información objetiva es: El equipo que desde 2007 trabaja en la restauración de “El grito” –seriamente dañado luego de ser robado en – descubrió que Edgard Munich no lo pintó en 1893, tal como se creía; informó el diario noruego “Dagbladet”. 37 palabras. O sea, 80 palabras al pedo. Lo peor de todo es que no logra advertirse un objetivo literario en tanta profusión verbal (o textual), lo cual le brindaría un valor agregado al texto. Y si el periodista tuvo esa intención artística, fracasó rotundamente. Difícilmente se la incluya en una antología (salvo que se una sobre como no redactar una noticia) Posteriormente, el artículo recuerda algunos detalles del robo de la obra y comenta la próxima apertura de una muestra, oportunidad en que se informará la verdadera fecha en que fue realizada. Casi sobre el final, indica algunas características de los daños sufridos por el cuadro “La Madonna” (del mismo autor y que también fue robada en la oportunidad), expresando que: “Ambos cuadros sufrieron daños graves, como rasgones, agujeros o manchas causadas por la humedad, pero fue "La Madonna" la peor parada, con dos agujeros en la parte inferior izquierda del lienzo y con un tamaño comparable al de una moneda de 2,6 centímetros de diámetro". Primero, la expresión “pero fue ‘La Madonna’ la peor parada” es una sutil burrada, en todo caso fue la que peor salió parada (aunque me suena horrible), pero más claro es que fue la más perjudicada. Finalmente,indica que el cuadro "presenta dos agujeros en la parte inferior izquierda del lienzo y con un tamaño comparable al de una moneda de 2,6 centímetros de diámetro". O sea, de 2,6 cm. de diámetro, ya sea una moneda o el culo de un vaso de tequila. En todo caso se debería haber indicado que el diámetro de los agujeros es similar al de una moneda de 50 centavos (en plata argentina, no se cuál es el diámetro de una mondeda de € 0,50). Tal vez sea este uno de los motivos que la gente lee cada vez menos.
Registrate y eliminá la publicidad! La guerra de Vietnam dio un fuerte empuje a diversos sectores de la vida norteamericana. Los fabricantes de ataúdes estuvieron de parbienes por la gran cantidad de soldados muertos. Los productores de napalm descorchaban champagne cada vez que la aviación yanqui achicharraba aldeas de amarillos. La industria armamentista creció de manera impresionante. Y los hippies se hicieron conocidos mundialmente. Este movimiento, más allá de toda la iconografía posterior, fue uno de los principales activistas en contra de esa guerra. Manifestaciones, quema pública de las cédulas y convocatorias al servicio militar, recitales, vida en comunidad, sexo libre y otros desplantes, pusieron al hippismo en boca de todos. Poco a poco comenzaron a ser vistos como algo más que un grupo de vagos, sucios y drogadictos. Sus intervenciones eran cada vez más importantes y esa importancia también se medía en la cantidad de policías que iban a cagarlos a palos en las manifestaciones -cada vez más multitudinarias- que realizaban especialmente en las principales ciudades de Estados Unidos. Uno de los más destacados y activos militantes del pacifismo hippie por aquellos años fue Abbot Howard Hoffman, “Abbie” para los amigos (y también los enemigos). Nacido en Worcester, Massachussets, Abbie Hoffman introdujo nuevas tácticas de protesta, que incluían acciones con gran contenido teatral y humorístico que provocaron una gran repercusión en los medios de prensa de la época. Asimismo, estas formas de protesta pacífica pero con un gran contenido crítico a la situación sociopolítica de los Estados Unidos, provocó reacciones cada vez más violentas por parte de la policía, del FBI y de la CIA, que convirtieron a Hoffman en uno de los principales enemigos públicos. Abbie Hoffman fue militante desde la secundaria. Participó en diversos movimientos pacifistas hasta fundar el partido internacional de la juventud (conocidos como yippies por sus siglas en inglés). De unos pocos melenudos, pasaron a ser muchos melenudos y después un montón de melenudos, para convertirse en muchos más melenudos de lo que se podía soportar por aquellos tiempos. Pero a pesar de su militancia pacifista, su foja de servicios está salpicada de hechos violentos, los que no propició, pero en los que se vio envuelto. Las acciones de Hoffman y sus amiguetes provocaron gran repercusión en los medios de prensa y enorme preocupación en los círculos de poder. No era para menos. El muchacho convocaba multitudes con propuestas desopilantes. Como por ejemplo la masiva manifestación en la que más de 50 mil personas intentaron hacer levitar el edificio del Pentágono usando energía psíquica hasta el punto que se pusiera naranja y comenzara a vibrar; momento en que terminaría la guerra. No, no lo consiguieron. Era una joda. Pero la broma convocó a mucha gente y eso hizo que se le frunciera el culito a más de un habitué de los círculos de poder que mandaban chicos a morir en una selva lejana y desconocida. En otra oportunidad, Abbie y sus chicos fueron a la Bolsa de Valores de Nueva York y arrojaron billetes falsos, logrando que los corredores de bolsa literalmente se cagaran a trompadas por esos dólares. También anunció que la mejor forma de ponerse de la cabeza era mandándose un plátano por vía rectal, recomendando a los científicos de la CIA que lo probaran. Un ámbito que Abbie Hoffman recorrió en muchas ocasiones fue el de los tribunales, porque llegó un momento que lo procesaban cada vez que iba a comprar bizcochos de grasa. En el 68, durante la Convención Demócrata de Chicago, Hoffman propuso a un cerdo para la presidencia. Las manifestaciones en apoyo al chochán fueron multitudinarias y prolijamente reprimidas por la policía. En esa oportunidad Abbie terminó -una vez más- en tribunales fueron Hoffman, esta vez acompañado por seis camaradas con los que conformaron un combo que fue conocido como “Los Siete de Chicago”. Porque eran siete y estaban en Chicago. El juicio alcanzó características de desopilante. El juez se llamaba Julios Hoffman (aunque no tenía ningún parentesco con nuestro héroe) y Abbie lo agarró para la joda todo el proceso, además de lanzarle durísimos ataques y acusaciones cada vez que tenía la posibilidad de hacer uso de la palabra. Llegó a decirle que (el Juez) era “una vergüenza para la raza judía”. En aquella oportunidad, Hoffman y cuatro de sus compañeros fueron sentenciados a cinco años de prisión, pero en la apelación la condena fue revocada. Durante el festival de Woodstock –el del 69, o sea el único que hubo- se mandó al escenario cuando tocaban los Who. Cuando iba a decir unas consignas, vino Pete Towshend y lo hechó de mala manera del escenario. No recuerdo si eso se ve en la película. Según Hoffman, en su autobiografía, el incidente aconteció como sigue: "Si alguna vez escuchas algo sobre mí en conexión con el festival, no fue por tocar Florence Nightingale para los hippies. Lo que escuchaste fue lo siguiente: 'Oh, ése, sí, ¿el que cogió el micrófono, intentó dar un discurso cuando Peter Townshend le partió la cabeza con su guitarra? He encontrado un sinnúmero de referencias al incidente, incluso un colosal mural de la escena. Lo que no he podido encontrar es una sola foto del incidente. ¿Por qué? porque en realidad no ocurrió. Yo tomé el micrófono, y di una corta charla acerca de John Sinclair, que acababa de ser sentenciado a 10 años en la Penitenciaría del Estado de Michigan por dar dos porros de hierba a dos policías secretos, y cómo deberíamos tener la entereza que mantuvimos en la casa Woodstock para liberar a nuestros hermanos y hermanas de la cárcel. Algo así. Townshend, que había estado afinando, se dió la vuelta y chocó conmigo. No fue un incidente en realidad. Cientos de fotos y miles de películas existen representando ese escenario, pero no hay ninguna foto de la tan comentada escena." Por su parte, Townshend ha dicho no recordar claramente el incidente, pero que de haber ocurrido seguramente le hubiera roto la cabeza con su guitarra. Poco después, la policía irrumpió en su oficina y casualmente encontró un paquetazo de merca. Hoffman dijo que todo había sido montado por los servicios de inteligencia para sacarlo del medio. Todos dicen lo mismo: ¡Me la pusieron, me la pusieron! A raíz de ese “malentendido”, Abbie estuvo prófugo hasta el 80, cuando se entregó y purgó un año adentro y nada más. Luego continuó siendo un influyente periodista radical, pero los 60 habían pasado y como él mismo dijo “Los años '60 han terminado, la droga nunca será tan barata, el sexo nunca será tan libre, y el rock and roll nunca tan bueno” Tal vez le haya pifiado en todo, pero la frase está buena. Pero toda buena historia merece también un triste final. Y Habbot Howard Hoffman lo consiguió gracias a 150 pastillitas de colores en el 89. Hoffman sufría desorden bipolar, y fue encontrado muerto el 12 de abril, en 1989 a la edad de 52 años. Su muerte fue causada por la ingestión de 150 píldoras de Fenobarbital. Su nota de suicidio decía, "Es demasiado tarde. No podemos ganar. Se han hecho demasiado poderosos". Se sabe que se había angustiado por el diagnostico de cáncer de su anciana madre. La película se llama “Roba este filme” y si te la bajás tratá de conseguir una que no esté doblada en España. Es horrible ver a un hippie diciendo “sois todos unos pringaos”. Edición de la Revista People en ocasión del fallecimiento de Abbie Hoffman Bibliografía Artículo de Abbie Hoffman publicado en la prensa under de la década del ‘60 No ficción Fuck the System (1967) {A guidebook to accessing free food, activities, legal aid, etc., in New York City} Revolution For the Hell of It (1968) {Escrito bajo el seudónimo "Free"} Woodstock Nation (1969) The Conspiracy: the Chicago Eight Speak Out (with Noam Chomsky, John Froines, David Dellinger, Tom Hayden, Rennie Davis, Lee Weiner, Bobby Seale and Jerry Rubin) (1969) Steal This Book (1971) Vote! - A Record, A Dialogue, A Manifesto - Miami Beach, 1972 And Beyond (with Jerry Rubin and Ed Sanders) (1972) To america With Love: Letters From the Underground with Anita Hoffman (1976) Soon to Be a Major Motion Picture (1980) Square Dancing in the Ice Age (1982) Steal This Urine Test (1987) More Than You Ever Wanted To Know About Nuclear Waste Transports (pamphlet, unknown year) No ficción póstuma The Best of Abbie Hoffman (1990) Steal This Book: 25th Anniversary Edition (1996) Preserving Disorder: The Faking of the President 1988 (with Jonathan Silvers) (1999) Autobiography of Abbie Hoffman: Second Edition (2000) To america With Love: Letters From the Underground with Anita Hoffman (second edition) (2000) Steal This Book (Four Walls Eight Windows edition) (2002) Aparentemente no existen ediciones en castellano Palabra Hablada Wake Up, America! Big Toe Records (1970) http://www.ubu.com/sound/hoffman.html (el link funciona, está -obviamente- en inglés. Parece ser un programa de radio, con algunos toques bastante delirados) Roba este libro En los años 70, uno de los libros más vendidos fue, paradójicamente, por su título, Steal this book (Roba este libro). La obra donde Abbie Hoffman ,explicaba ormenorizádamente, distintas maneras de sobrevivir 'de gratis' en el sistema (y fuera de él). Se nos relataba, por ejemplo, distintas maneras de conseguir comida, identificaciones de todo tipo, libros, viajes, ropa, etc. gratuitamente o a muy bajo coste. El libro no se paraba ahí, era todo un manifiesto sobre la sociedad libre que imaginaba el autor. Por ello, había partes del libro dedicadas a las guerrillas urbanas, las armas o la difusión de idas (con ejemplos prácticos de cómo montar una emisora pirata o publicar panfletos). La fecha de publicación del libro, 1971, nos indica que muchos de los temas tratados en el mismo están anticuados. Aunque la ideología subyacente aún pervive de muchas maneras. En la red, hay un proyecto llamado Steal this Wiki. En él se pretende seguir con el espíritu del ibro original, adaptándola a las herramientas de colaboración actuales. Algunas referencas se mantienen y aparecen de nuevas. Por ejemplo, se habla de internet, ordenadores, incluso del 'Parkour'.. Desgraciadamente no hay versión en castellano, aunque abundan en la red las guías de supervivencia para el mundo moderno, como, por ejemplo, sindinero.org, web que recopila recursos gratuitos dentro y fuera de la red y de la que ya hemos hablado antes en este blog o el rincondelvago.com, la web clásica de búsqueda de apuntes, exámenes y trabajos de clase por excelencia -ahora en manos del portal de Orange, por lo visto- Steal this movie! Dirección: Robert Greenwald. País: USA. Año: 2000. Duración: 107 min. Interpretación: Vincent D'Onofrio (Abbie Hoffman), Janeane Garofalo (Anita Hoffman), Jeanne Tripplehorn (Johanna Lawrenson), Kevin Pollak (Gerry Lefcourt), Donald Logue (Stew Albert), Kevin Corrigan (Jerry Rubin), Alan Van Sprang (David Glenn), Troy Garity (Tom Hayden), Ingrid Veninger (Judy Albert), Stephen Marshall (Louis Wertzel), Joyce Gordon (Florence Hoffman), Bernard Kay (John Hoffman). Guión: Bruce Graham; basado en los libros 'To America with love: letters from the undergroun' de Abbie Hoffman y Anita Hoffman, y 'Abbie Hoffman American rebel' de Marty Jezer. Producción: Robert Greenwald y Jacobus Rose. Producción ejecutiva: Jon Avnet, Ken Christmash y Vincent D'Onofrio. Música: Mader. Fotografía: Denis Lenoir. Montaje: Kimberly Ray. Diseño de producción: Linda del Rosario y Richard Paris. Vestuario: Sherry McMorran. SINOPSIS Nueva York, 1968. Abbie Hoffman, su esposa Anita y un pequeño círculo de amigos fundan Yippie!, una banda de revolucionarios organizados para protestar contra la guerra de Vietnam durante la celebración de la Convención Nacional Democrática. Las manifestaciones, duramente reprimidas por la policía, ocuparon los titulares de todo el mundo y dejaron al descubierto la represión llevada a cabo en pleno corazón de los Estados Unidos. Abbie fue procesado junto a otras siete personas por incitar los disturbios y se convirtió en el bromista de los tribunales y en la conciencia del proceso. El grupo, conocido como los Siete de Chicago, se convirtió en un verdadero símbolo de la batalla jurídica por la libertad de expresión política en el país. La condición de héroe contracultural que Abbie se había ganado le condujo a la puesta en libertad por apelación, pero pocos supieron el precio que finalmente tuvo que pagar. Abbie y Anita vivían bajo la vigilancia constante del FBI y soportaron un campaña de calumnias promovida por Hoover que les costó el trabajo, los amigos y finalmente su matrimonio. Hoffman pasó a la clandestinidad en 1974, abandonando a Anita y a su hijo pequeño. Tras cinco años escondido, Hoffman decide ponerse en contacto con un periodista para explicar toda la verdad sobre su historia... Fuentes http://es.wikipedia.org/wiki/Abbie_Hoffman http://sinunduro.blogspot.com/ http://www.labutaca.net/films/9/stealthismovie.htm
Registrate y eliminá la publicidad! En 1966, durante un reportaje, John Lennon dijo que Los Beatles, en ese momento, eran más famosos que Jesús. Esa afirmación -salida de la boca de un muchacho de 26 años, que por ese entonces integraba la banda musical más famosa y popular del mundo, que vendía millones de discos por hora desde Nueva York a Tokio y desde Londres a Buenos Aires, que era multimillonario cuando apenas 10 años atrás vagabundeaba por las calles de Liverpool, sin grandes expectativas de futuro, gambeteándole a la miseria y al delito- genero una violenta reacción de parte de lo más rancio y conservador de la sociedad, que inmediatamente se puso en marcha para purificar mediante el fuego la gran afrenta. Claro que los buenos tiempos de la inquisición habían pasado y debieron conformarse con quemar los discos del cuarteto inglés. Lo tragicómico del asunto es que Lennon tenía razón. Este año, el Vaticano decidió perdonar al autor de “Give peace a chance”. La dispensa -como en el caso de Galileo- llega tarde, porque tanto el científico como el músico yacen varios metros bajo tierra. Pero no pretendo poner en el tapete aquí la ventaja de velocidad que a veces tiene la condena por encima del perdón. Tampoco voy a hacer cuestiones sobre si correspondía perdonar a John o bien darle la razón (que es distinto y es lo que hubiera correspondido). No, esto se trata de otra cosa. Se trata de Maradona. ¿Y este que tomó? se preguntará más de uno. A ellos les digo que miren las fotos del Diego en la India. Que lo vean rodeado de unas 100 mil personas en un estadio, vestido de civil, saludando solamente; recibiendo el homenaje fervoroso de tantos fans que haría que las máximas estrellas del Pop se sientan unos ilustres desconocidos. Maradona es más famoso que Jesús. Que lo sepan bien aquellos que nunca le van a perdonar nada. Ni su pobreza original ni su riqueza acumulada jugando a la pelota; ni la mano de Dios ni la apilada que lo convirtió en “barrilete cósmico”; ni la merca, ni la joda, ni el positivo en Estados Unidos, ni el pase a Caniggia contra Brasil en Italia, con el tobillo del tamaño de una sandía. Conviene aclararlo ya mismo. No soy un incondicional del 10. No es para mí ni Dios, ni un revolucionario ni nada por el estilo. Fue el mejor jugador de fútbol que tuve la suerte de ver y punto. Con él disfruté el fútbol en su máxima expresión y sufrí cuando cayó en desgracia, pero no lo considero ni un líder ni un referente de nada que no se circunscriba a una cancha. Sus excesos corresponden a su vida privada y su recuperación también. Yo quería que el DT de la Selección fuera Bianchi. Me atrevo a decir que Maradona no puede ser ejemplo ni siquiera de buen futbolista. Porque un ejemplo es algo para imitar. Y con la pelota, el Diego era, es y será inimitable. Un entrenador no puede decirle a un futbolista “mirá sus videos y aprendé”, porque ese arte no se aprende. Maradona se nace. Fue único. Es único. Será único. 100 mil indios lo confirmaron hace algunas horas allá, del otro lado del mundo. En un país del que sabemos muy pocas cosas. Por ejemplo, como el 10, no teníamos ni idea que les gustara el fútbol, y que podían expresar tanto fervor popular aún cuando días antes habían sufrido una tragedia espantosa. Esos 100 mil indios se suman a cientos de millones que en todo el planeta lo conocen, lo admiran, lo aman. Ok, fama no es prestigio. Fama no es -en definitiva- una virtud. Todo lo que quieran. Maradona es más famoso que Jesús. Y que los Beatles. Por favor, no quemen nada.
Registrate y eliminá la publicidad! El gobierno cubano prohíbe reunión de bloggers Yoani Sánchez, premiada bloguera cubana, fue citada por el Ministerio del Interior. Por qué quieren evitar el encuentro que está organizando. Conectarse a internet en Cuba no es fácil. Los pocos cibercafés existentes están en las oficinas de correo, y para acceder a una lenta conexión telefónica de 56 kb por segundo, hay que mostrar la cédula de identidad. Una hora de navegación cuesta entre 5 y 10 pesos cubanos, lo que equivale a 7 ó 13 dólares, mientras que el salario promedio es de 20 dólares mensuales. Las únicas páginas a las que puede acceder un cubano son tuisla.cu (el portal oficial) y el e-mail estatal, vigilado por el gobierno. En los hoteles para extranjeros se puede navegar casi sin restricciones, aunque son más caros. El peor problema que puede traer conectarse a internet en Cuba, no obstante, es ser citado, vigilado y amenazado por las autoridades. Es lo que le acaba de ocurrir a Yoani Sánchez, una blogger cubana premiada mundialmente, a quien le prohibieron organizar una reunión con otros autores de blogs, según denunció en su página. Sánchez nació en La Habana en 1975 y se recibió de filóloga en la Facultad de Artes y Letras. En 2000, tuvo que dedicarse a dar cursos de español a extranjeros en forma clandestina, para sostener a su familia, ya que el salario oficial era -y sigue siendo- muy bajo. Dos años después, emigró a Suiza y volvió en 2004 por motivos familiares, explicó en su perfil online. Junto a su pareja, el periodista Reinaldo Escobar, fundó en 2007 el portal Desde Cuba . Allí, en abril de ese año, abrió su blog. personal, "Generación Y". Sus escritos, críticos del gobierno castrista y a favor de la libertad de expresión, son leídos por 1,2 millones de personas por mes y reciben hasta tres mil comentarios cada uno. Pero los mismos cubanos deben distribuir sus textos de mano en mano, ya que la página fue bloqueada de los servidores locales. Si bien hay unos 600 exiliados cubanos que escriben blogs, dentro de la isla son apenas diez, según el diario La Nación . Muchos escritores de bitácoras se esconden en el anonimato, por temor a represalias. Por eso Yoani, que se considera a sí misma una "balsera virtual", quiere organizar una reunión con ellos. "Estamos cerca de la fecha para el encuentro de bloggers que, sin secretismo ni publicidad, hemos estado organizando desde medio año y ellos me anuncian que tenemos que suspenderlo", contó Yoani en Generación Y. "Ellos" se refiere a los dos agentes del Ministerio del Interior que ayer la citaron para advertirle que "la actividad prevista para los próximos días no puede ser realizada". "Queremos advertirle que usted ha transgredido todos los límites de tolerancia con su acercamiento y contacto con elementos de la contrarrevolución. Eso la descalifica totalmente para dialogar con las autoridades cubanas", le dijeron. "Nosotros, por nuestra parte, tomaremos todas las medidas y haremos las denuncias pertinentes y las acciones necesarias. Esta actividad, en los momentos que vive la Nación, de recuperación de dos huracanes, no será permitida", concluyeron, tras lo cual se negaron a darle la declaración por escrito, según el blog de Yoani. Sánchez ya había sufrido un choque con el gobierno en mayo, cuando el diario español El País le otorgó el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, pero le negaron el permiso de salida de su país. "Generación Y" también fue reconocido hace una semana como el mejor blog de 2008 en los premios The Bobs, otorgados por la cadena de televisión alemana Deutsche Welle. "El gobierno cubano le teme a cualquier reunión de personas que, por propia iniciativa, decidan encontrarse para discutir un tema que escape al control oficial, sea cual sea", declaró Yoani a la agencia de noticias AFP. "Es una maniobra innecesaria y excesiva, desgastante para ellos. Lo único que hacen con esto es aumentar los hits de Generación Y", completó, en referencia a la advertencia policial. Así lo cuenta ella en su blog Primer round Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Diciembre,2,2008 Juro que no me he llevado la luz verde, que no compro queso en el mercado negro desde hace más de dos meses y no me he ido de ninguna tienda sin pagar. No recuerdo haber violado las leyes –demasiado– por estos días, ni siquiera me he hecho pasar por extranjera para usar el Internet de algún hotel. Tengo, no obstante, una citación junto a Reinaldo para mañana en la estación de policía de 21 y C en el Vedado. Me pregunto si debo llevar el cepillo de dientes o será un breve halón de orejas lo que recibiré. Les dejo el documento oficial que recibí hoy de un sudoroso oficial, que subió los catorce pisos por la escalera –no tengo ascensor desde hace un mes–. A las nueve de la mañana sabré de qué se trata, esperen noticias mías después de las dos. Las reprimendas del miércoles Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Diciembre,3,2008 Nueve de la mañana y un oficial mira con aburrimiento la citación que hemos mostrado en la puerta de la estación de 21 y C. Nos deja esperando en unos bancos, alrededor de cuarenta minutos, mientras Reinaldo y yo aprovechamos para hablar de esos temas que el vértigo de la vida cotidiana siempre nos impide tocar. Diez menos cuarto y se llevan a mi marido, preguntándole antes si tiene un teléfono celular. Diez minutos después lo regresan y me suben a mí hasta el segundo piso. El encuentro es breve y el tono enérgico. Somos tres en la oficina y el que lleva la voz cantante se ha presentado como el agente Roque. A mi lado, otro más joven, me observa y dice que se llama Camilo. Ambos me anuncian que pertenecen al Ministerio del Interior. No están interesados en escuchar, hay un guión escrito sobre la mesa y nada que yo haga los distraerá. Son profesionales de la intimidación. El tema me lo esperaba: estamos cerca de la fecha para el encuentro de blogger que, sin secretismo ni publicidad, hemos estado organizando desde medio año y ellos me anuncian que tenemos que suspenderlo. Media hora después, cuando ya estábamos lejos de los uniformes y de las fotos de líderes en las paredes, reconstruimos aproximadamente sus palabras: Queremos advertirle que usted ha transgredido todos los límites de tolerancia con su acercamiento y contacto con elementos de la contrarrevolución.Eso la descalifica totalmente para dialogar con las autoridades cubanas. La actividad prevista para los próximos días no puede ser realizada. Nosotros, por nuestra parte, tomaremos todas las medidas y haremos las denuncias pertinentes y las acciones necesarias. Esta actividad, en los momentos que vive la Nación, de recuperación de dos huracanes, no será permitida. Roque termina de hablarme –casi a gritos- y yo aprovecho para preguntarle si me puede dar todo eso por escrito. Esto de ser una blogger que pone su nombre y su rostro me ha hecho creer que todos están dispuestos a colocar su identidad acompañando lo que dicen. El hombre pierde el ritmo del guión –no se esperaba esas manías mías de bibliotecaria que guarda papeles–. Deja de leer lo que estaba escrito y me grita más fuerte que “ellos no están obligados a darme nada”. Antes de que me saquen de lugar con un “retírese ciudadana” alcanzo a decirle que no pueden firmar lo que me han dicho, porque no tienen el valor para hacerlo. La palabra “Cobardes” se las suelto casi en una carcajada. Bajo la escalera y oigo el ruido de las sillas que se acomodan en su lugar. El miércoles ha terminado temprano. Fuentes http://www.perfil.com/contenidos/2008/12/05/noticia_0021.html http://www.desdecuba.com/generaciony
Sus personajes eran siempre perdedores. Pero de los mejores. Esos tipos a los que nada les sale bien por ser en el fondo buenos, nobles. Personas que tienen un sueño, un ideal, un compromiso, una lealtad, por más absurda que parezca. Asistentes ilustres de bares de mala muerte, peregrinos irredentos de solitarias carreteras, perseguidores eternos de respuestas esquivas. En una de esas, cada una de sus novelas contenga su biografía, su diario íntimo. Cada una de sus obras quizás fue una confesión descarnada de sus ilusiones destrozadas, de su empecinada fe, de sus cíclicos desencantos. Tal vez podría decir que Osvaldo Soriano nació en Mar del Plata en 1943 y dejó de escribir para siempre en 1997. Que su padre era empleado de Obras Sanitarias y por ello pasó su infancia y adolescencia recorriendo el país, empezando de cero en cada destino laboral de su viejo. Por eso en sus cuentos las rutas, los traslados, los viajes sin destino son casi una constante. Dos potencias se saludan. El Negro y el Gordo. Pero es que en realidad, toda su vida estuvo borroneada de rutas, aeropuertos, partidas, despedidas, nuevos paisajes. “Vendo, cambio casa por un motor, esa solución es la mejor” decía Piero en “Otra vez cambio casa”. Pues bien, Osvaldo tenía ese motor. Probablemente lo consiguiera allá en su niñez, siguiendo el derrotero de su viejo, que después hizo suyo, aunque por cuestiones distintas. Las novelas “Triste, solitario y final”, “No habrá más penas ni olvido”, “Cuarteles de invierno” y “A sus plantas rendido un león” han sido publicadas en veinte países y traducidas a los idiomas inglés, francés, italiano, alemán, portugués, sueco, noruego, holandés, griego, polaco, húngaro, checo, hebreo, danés y ruso. Sin embargo, el “establishment” literario vernáculo sólo reparó en él cuando estaba tres metros bajo tierra. Entonces sí, haciendo gala de una suerte de necrofilia intelectual (que -convengamos- no es exclusividad de los sectores más “cultos”) salieron a cantarle las loas que anteriormente le habían mezquinado porque no era “académico” y le gustaba el fóbal. Y es que a Soriano le gustaba con fiereza el fútbol. Lo jugó toda su vida, soñó -como tantos de nosotros- con ser un renombrado goleador internacional. En varios de sus cuentos puede vérselo de pantalones cortos, con la nueve en la espalda, enredado en épicos partidos de ligas regionales, engañando a traicioneros zagueros centrales, y venciendo la resistencia de experimentados arqueros. Si, le apasionaba el fútbol y no hacía nada para disimularlo. Caricatura de Rep Periodista mientras tanto. Periodista antes que escritor. Periodista siempre. Comenzó a peregrinar por las redacciones en el 69, cuando se instaló en Buenos Aires y empezó a ponerle un poco de onda a las crónicas deportivas. Porque arrancó -no podía ser de otra manera- en la sección deportes. Solía ufanarse de que la condición de periodista deportivo le permitía dar rienda suelta a otra de sus grandes aficiones: no laburar. Al menos eso decía. Ok. No habrá conseguido muchas primicias del mercado de pases del fútbol argentino. Pero las crónicas de la sección deportes comenzaron a ser más interesantes gracias a tipos como él. Tal vez se sentía uno de sus personajes. O todos, que es casi lo mismo. Sus libros son una comisión de homenaje permanente de esos “perdedores hermosos” a quienes cantó Luca Prodan. ¿Cómo no aliarse con ese falso cónsul argentino en un perdido país africano, que siente la obligación de defender el prestigio de su patria que lo ha olvidado? ¿Cómo no hacerle un guiño al espía argentino que en medio del tsunami provocado por la caída del muro deber regresar el cuerpo de uno de nuestros máximos héroes esquivando intereses, balazos y traiciones? ¡Amaríamos estar en el rincón de ese boxeador que en Colonia Vela siente como su carrera, sus ilusiones, su dignidad, son demolidas por los puños de un rival mucho más joven, más fuerte y más preparado que él, que ya está de vuelta de todo! Caricatura de Andrés Cascioli Lo bueno que tiene de descubrir un escritor que nos gusta es que tenemos toda su obra a disposición. Durante un tiempo (más largo o más corto, según el autor) nos intoxicamos con él. Una vez saciado el pasado, nos queda la expectativa de lo que vendrá. Esperamos su próximo libro de la misma manera que esperábamos el día del niño. Y secretamente damos un alarido de alegría cuando se anuncia la próxima aparición de su nueva producción. Pero cuando se muere… nos tenemos que consolar releyendo una y otra vez los viejos volúmenes. Es un consuelo. Pero nada más que eso. Novelas Triste, solitario y final No habrá más penas ni olvido (1978) Cuarteles de invierno (novela) (1980) A sus plantas rendido un león (1986) Una sombra ya pronto serás (1990) El ojo de la Patria (1992) La Hora sin sombra (1995) Cuentos Artistas, locos y criminales (1984) Rebeldes, soñadores y fugitivos (1988) Cuentos de los años felices (1993) Piratas, fantasmas y dinosaurios (1996) (1998) Arqueros, ilusionistas y goleadores De yapa, una entrevista que Osvaldo Soriano se realizó en el año 1983 a Julio Cortazar, cuando ambos residían en París. -En el último relato "Diario para un cuento", de tu último libro, Deshoras, hay un conmovedor homenaje a Adolfo Bioy Casares. ¿Cuál ha sido tu relación con él? -Yo me había encontrado fugazmente con él en Buenos Aires, pero en aquella época, en 1947, yo no había publicado todavía Bestiario. Años más tarde él vino a París, y como era amigo de Aurora Bernárdez, la llamó y le dijo que tenía ganas de vernos. En ese momento ya me había leído, claro. Entonces vino a casa y me hizo unas fotos, porque Bioy es muy buen fotógrafo. Después, cuando yo fui a Buenos Aires, Marcelo Pichón Rivière, que es amigo suyo, me dijo que Bioy quería verme. Fuimos a su casa y pasamos una hermosa noche en la que hablamos de vampiros todo el tiempo. -Curiosamente Bioy es un escritor del que no se habla mucho en la Argentina. -Sí, y eso es lo que yo admiro en él. Se ha negado a toda promoción de tipo publicitario. Incluso cuando aquí en Francia se elogia mucho La invención de Morel porque lo ven como una especie de modelo de relato fantástico, sé que Bioy no se entusiasma, no le gusta que hablen de él. Es un hombre muy secreto. -"Diario para un cuento", es, me parece, absolutamente autobiográfico. ¿Cuál es la parte de ficción en ese texto? -Yo diría que lo autobiográfico se injerta en un texto que luego es pura invención. -Pero, ¿vos no fuiste traductor público? -Sí, yo fui traductor público nacional y lo más interesante del cuento es la parte autobiográfica porque tal como lo cuento en el Diario, entre la clientela que me dejó mi socio cuando se marchó de la oficina que teníamos en San Martín y Corrientes, me encontré con cuatro o cinco clientas que eran prostitutas del puerto a quienes él les traducía y escribía cartas en inglés y en francés. Entonces yo me encontré con ese problema. Recuerdo que él les cobraba cinco pesos, más por la forma que por el trabajo. Entonces, cuando yo heredé eso, me pareció cruel decirles que porque yo era el nuevo traductor no iba a hacer ese trabajo. Por otra parte era una experiencia psicológica interesante y durante un año les traduje cartas de los marineros que les escribían desde otros puertos. Fue entonces cuando me enteré de un crimen. Por supuesto que no sucedió como yo lo cuento en Diario, pero en un cambio de cartas había referencias a un veneno y a la eliminación de una mujer que molestaba a alguien. -Pero el cuento tardó más de treinta años en tomar cuerpo, y eso me llama la atención, porque parece un tema cantado para vos. ¿Por qué tardaste tanto en escribirlo? -Tal vez la explicación está en el mismo cuento. Habría que analizarlo más profundamente, porque vos ves que mi problema ahí es que yo no logro nunca atrapar al personaje de Anabel como hubiera querido y a lo largo del cuento es ella la que me va atrapando a mí. Se me ve más a mí y con una visión muy negativa... Yo pensé mucho en aquel episodio: en esas dos noches en las que uno hace el recuento de su vida y surge la asociación de ideas, he pensado mucho en eso; sin embargo nunca fue una incitación a escribir un cuento. Creo que yo estaba bloqueado desde el comienzo con ese tema. -Es decir que cuando comenzaste a escribir no tenías todavía el cuento armado. -No. Allí no hay ningún montaje, la primera palabra fue escrita antes de la última, sin ningún tipo de artificio. Reflexionando me decía: "Me gustaría contar esto, ¿pero cómo hacerlo?" y tenía un problema técnico de ésos que a veces se plantean y entonces, de golpe, me dije "a lo mejor lo que conviene hacer es empezar escribiendo sobre cómo no puedo escribir el cuento... un tipo me lleva un diario". De allí la apelación a Bioy y todas las referencias marginales que van saliendo. En esos días yo estaba leyendo un libro en Derrida que iluminaba mi estado de ánimo en el momento de hablar de mi relación con Anabel. Pero cuando llegué a la mitad del Diario más o menos, ahí me di cuenta -y ésa es la pequeña trampa del escritor-, que ya estaba escribiendo el cuento, que éste estaba contenido en el diario. Saltaba, iba y venía, me salía del cuento y volvía a hablar de mí en París, del tipo que escribe su diario, que ya está viejo. Entonces el cuento siguió sin problemas hasta el final. -La historia ocurre el último año de tu estadía en Buenos Aires. -No, un poquito antes. Esperá: yo me fui en el 51 y empecé a trabajar desde el 48 en la oficina ésa... Sí, debe haber sucedido en el 49 o 50 y ya pensaba en irme. Vos sabés que yo hice un primer viaje exploratorio a Europa en el 49; me vine por tres meses como turista: Estuve en París, en Italia y en Londres y volví a Buenos Aires con una decisión prácticamente tomada, es decir quemar las naves, ver si el gobierno francés me daba una beca, que en ese tiempo se podían conseguir en la Argentina, y venirme para aquí. Gané una beca de literatura que daba la Soborna, o el Ministerio de Educación, que era muy pobre y no alcanzaba para vivir, pero me permitía instalarme en la ciudad universitaria. Así estuve viviendo cinco meses en el pabellón argentino hasta que no pude más de estar rodeado de compatriotas que no hacía ningún esfuerzo por aprender una palabra de francés y se pasaban el día llorando y tomando mate. Yo no sabía si me iba a quedar del todo o no, pero decidí que esa no era una manera de vivir en París y con la poca plata que tenía me conseguí una piecita en la rue d´Alessia y me instalé ahí. -Lo que me emocionó mucho en ese cuento es la visión crítica, feroz a veces, para con el Cortázar de aquella época, incapaz de entender lo que sucedía en la Argentina , sobre todo el fenómeno peronista. -Tenés mucha razón. Por eso estoy contento de haber escrito este cuento, ya tan tarde en mi vida, porque eso me ha dado un espacio de autocrítica con la lucidez con que creo verme en ese cuento, digamos como me ve Anabel, y yo era incapaz de verme en esa época, ni yo ni mi clase todo el medio que yo frecuentaba y allí hay muchas referencias a eso. Aparece, por ejemplo, ese amigo mío, ese abogado, el doctor Hardy, que es el mismo de "Las puertas del cielo"; un tipo al que le gusta acercarse a los bajos fondos, a las milongas y los bailes pero como un antropólogo, un burgués que después vuelve a su casa a pegarse un baño y vivir su vida del otro lado. Bueno, éramos todos un poco así, y lo éramos en el plano político también. Es decir, mi incapacidad de captar a Anabel en ese cuento, yo la extrapolaría ahora y te diría que era mi incapacidad para captar el panorama político argentino. Esa es la conclusión final que hay que sacar del cuento. Dicho esto, hay que agregar una cosa importante: mientras yo escribía este cuento jamás se me cruzó por la cabeza el asunto, es decir, nunca traté de simbolizar una cosa con la otra. -Tampoco es una reivindicación de lo que estaba pasando en el país, del peronismo, con el que vos seguís siendo muy crítico. -En absoluto. Además, buena parte de las críticas que yo hacía al peronismo de ese momento las sigo haciendo hoy en 1983. Pero en cambio hay muchas otras cosas sobre las que he cambiado de opinión. -Vos me dijiste una vez que ibas al Luna Park a ver boxeo con un libro de Victor Hugo en el brazo. -No sé si sería Víctor Hugo, porque en ese entonces Hugo ya se me había quedado un poco atrás, pero habré estado llevando en la mano uno de los autores que leíamos en la época, que podía ser por ejemplo Rilke o Hölderlin, porque leíamos mucho a los poetas alemanes, es decir, era el joven esteta y estetizante que termina de leer Rilke y va a ver boxeo como otro espectáculo estético. -Recuerdo que en "Casa tomada" lo que más lamenta el personaje es que "del otro lado" se hayan quedado sus libros franceses. Eso le importa más que los 15 mil pesos que perdió. -Tenés razón, son esas frases que uno escribe y son hasta proféticas. Después, retrospectivamente te das cuenta de lo que contenían esas frasecitas. Y es verdad; alguien me preguntó una vez cómo era mi biblioteca de joven, la que yo dejé en Buenos Aires cuando me vine a París. Esa biblioteca se componía, creo, de un sesenta por ciento de literatura francesa en lengua original, un veinte o treinta por ciento de literatura anglosajona, autores ingleses más que norteamericanos y el resto España y Argentina, algo de Italia... pero no lo lamento: creo que esa especie de cosmopolitismo cultural que tuve desde el comienzo ha sido infinitamente útil. Una parte de aquel famoso diálogo con José María Arguedas (y que no era una polémica entre él y yo ni mucho menos) venía de eso, de que yo no podía aceptar el punto de vista exclusivamente telúrico y localista que valía para Arguedas, pero no para Julio Cortázar. -Voy a hacer una digresión porque tengo ganas de saber, si no te molesta, quién era Paco, "que gustaba de mis cuentos". A él le dedicaste "Bestiario" y luego aparece en uno de tus relatos posteriores. -Está bien que me hagas esa pregunta porque puede haber una confusión; hay dos Pacos. Uno, a quien yo le dediqué Las armas secretas, es Paco Porrúa; el otro murió en el año 42 y fue mi compañero de estudios. Hicimos los tres años de profesorado juntos. Era un muchacho al que yo quise profundamente y con el que me entendía muy bien. Formábamos un grupo de amigos muy pequeño y entre ellos había uno que sigue siendo muy conocido en Argentina, que es Jorge De'Urbano. Paco fue mi mejor amigo y murió de manera muy cruel, de una enfermedad renal. Hay un cuento mío que se llama "Ahí, pero dónde, cómo" y en él está Paco. Porque yo tengo eso, que a veces sueño con Paco, que está en un plano dado en el que lo veo como en esa época... Es lo que trato de decir en ese cuento, que es un balbuceo porque eso no se puede decir con palabras. Es una experiencia demasiado vertiginosa. -¿Qué fue de esos cuentos que le gustaban a Paco? ¿Publicaste alguno? -Hubo un cuento de toda la serie que sobrevivió, los demás los destruí. Porque yo fui muy crítico en ese sentido, y me negué a publicar hasta muy tarde. Mi primer libro sale en el año 51, cuando me vengo a Europa y yo tenía en ese momento 36 años. Pero un cuento quedó, que se llama "Bruja". Sobrevivió porque le había gustado mucho a Arturo Cuadrado, que era un español exilado en la Argentina, muy simpático, que tenía una editorial que se llamaba Nova y dirigía la revista Cabalgata, donde yo hacía críticas de libros. Arturo vio ese cuento y me lo pidió. Yo lo releí y pensé que podría salvarse. Es un cuentito que está afuera de mis libros, pero yo lo reivindico de todas esa serie que le gustaba a Paco. Y ahora sé por qué le gustaban a Paco: tal vez fui un poco injusto en destruirlo, aunque no hubiera podido salvarse, pero yo ya estaba en pleno terreno fantástico y algunos -todavía me acuerdo del tema de los cuentos- eran muy fuertes en materia fantástica y eso lo fascinaba a él. -Tus primeros cuentos ya eran fantásticos? -Sí, desde el comienzo. Hubo una novela, que también destruí, y que no tenía nada de fantástica. Eran como seiscientas páginas y la escribí para hacerme la mano. Unos años más tardes decidí que no me gustaba y fue al fuego. Ahora me gustaría saber cómo escribía en esa época... -De dónde viene ese horror de "La escuela de noche"? -Es que, como te decía, no es solamente que la educación fuera mala sino que también había una tentativa, sistemática o no -al menos yo lo sentí así- de ir deformando las mentalidades de los alumnos para encaminarlos a un terreno de conservadorismo, de nacionalismo, de defensa de los valores patrios, en una palabra, fabricación de pequeños fascistas, que es lo que cuenta "La escuela de noche". -¿Eso fue durante el gobierno de Uriburu? -Yo estuve en la escuela entre 1.929 y 1.935, así que estaba en primer año de magisterio cuando el golpe de Uriburu y salimos todos a la calle a aplaudir la revolución; ¡la festejamos como la liberación del país! Imaginate, en mi familia eran todos conservadores y para nosotros Yrigoyen era una especie de crápula, así que Uriburu aparecía como un libertador. Después vino el gobierno de Justo y en la escuela normal se hacían tentativas a cargo de algunos profesores para meternos en asociaciones y brigadas que acompañaran a Justo. De modo que esa escuela fue para mi una tremenda estafa que me hizo mucho daño. -Podrías contarme algo de tus sueños, porque por lo que sé son recurrentes y han abierto el camino a no pocos relatos. Además tenés la suerte de poder retenerlos, atrapar las imágenes que luego te van a servir. -Los sueños son capitales en mi vida. Si hago la cuenta de los que dieron origen a mis cuentos deben ser muchos. Empezando por "Casa tomada", que fue una pesadilla vivida y escribí el cuento la misma mañana después de haberla tenido. Hay algunos sueños que puedo recordar nítidamente al despertar, otros trato de atraparlos y se me van como una nube. Pero los más terribles me marcan de tal manera que aun en este momento en que te estoy hablando veo esa imagen que luego será Ciclón Molina en "Segundo Viaje"; estoy viendo mi pesadilla como si hubiera estado ayer en la morgue viendo un cadáver. También tengo sueños alegres, por supuesto, pero nunca he escrito un cuento con ellos. O sueños anodinos o divertidos. Fijate, yo tengo sueños en los que hago juegos de palabras, pero eso es deformación profesional del escritor y cuando me despierto y me acuerdo del sueño me río mucho porque descubro la clave. Algunos son muy tontos. Por ejemplo, en una época en que yo sufría un problema afectivo, de separación, tenía un osito de felpa que era un símbolo entre nosotros, y lo perdí; se fue con ella, y yo me acordaba de ese juguete con cariño. Una noche soñé con ese osito y alguien me decía que se llamaba Lemío, nombre que jamás yo ni la mujer en cuestión, le habíamos dado. Cuando me desperté, como ya sé analizar mis juegos de palabras, me di cuenta de manera completamente estúpida, pues se trataba de la canción napolitana, "O solo mio", "Oso-lemio"... -¿La curiosidad no te llevó nunca a analizarte? -No, nunca fui a un psicoanalista. Siempre me rehusé, incluso en la Argentina en esa época en la que el país se dividía -como creo que está hoy- en cincuenta por ciento de analistas y cincuenta por cierto de analizados. No, era una especie de análisis barato que yo hacía por mi cuenta. Además me leí todas las obras de Freud y las técnicas que él cuenta para analizar los sueños me ayudaron a descifrar no sólo los míos, sino también mis actos fallidos. Por ejemplo, cuando me olvido de una palabra, o un nombre. Eso no es gratuito y es muy interesante hacer el trabajo con uno mismo. Yo he descubierto así cosas muy curiosas. Si la entrevista no se te hace muy larga te lo cuento. Yo de muchacho, tenía una memoria extraordinaria, que he perdido. Por ejemplo, cuando iba al cine, durante muchos años me acordaba de los nombres de los actores y las actrices, pero también me acordaba de los nombres que tenían los personajes. Entonces, cuando se me bloqueaba un nombre, yo me daba cuenta de que ahí algo no andaba. Un día veo una película con una actriz que tenía cierta fama en la época, que se llamaba Wendy Barrie. Bueno, vuelvo a casa y a la noche me doy cuenta de que no me acuerdo del nombre de la actriz. Me dormí sin recordarlo y a la mañana siguiente empecé a buscar, a repasar el nombre de los otros actores, me empecinaba, me dejaba llevar, hasta que al fin salió: Wendy Barrie. Pero ésa era sólo la primera etapa. La segunda es por qué lo olvidé. ¿Por qué? Mirá si no son sutiles los sueños: lo olvidé porque yo me acababa de pelear con una muchacha que me había dicho "lo que pasa es que vos no querés llegar a ser adulto, vos querés ser Peter Pan. ¿Te acordás de Peter Pan, el niño que no quería crecer? Ella lo usó como símbolo. Y ahí está la explicación: en la segunda parte: en la segunda parte, Peter Pan se llama Wendy y el autor de Peter Pan es Sir James Barrie; ya ves, Wendy Barrie. ¡Estaba todo ahí! -¿Qué te parece si pasamos a la política? Todos conocen tu compromiso con las revoluciones latinoamericanas, con Cuba y especialmente con Nicaragua. Más que un observador vos has querido ser protagonista de esas revoluciones. -Sí, en la medida que puedo soy un partícipe intelectual con la única arma que tengo, que es mi capacidad de escritura, para darle a la revolución esos elementos de información por un lado y de comunicación hacia el exterior por el otro, que tanta falta hace frente a las distorsiones, mentiras y calumnias. En este momento me interesa de manera especial la revolución nicaragüense porque la cubana ya es mayor de edad, ya es grandecita y sigue su camino, aunque en la medida de mis posibilidades sigo colaborando. En el caso de Nicaragua se trata de una revolución niña y que está muy amenazada. Como sabés, mi participación es apasionada y yo te diría incluso dramática, porque tengo plena conciencia del peligro y la fragilidad que hay en esa tentativa tan rodeada de enemigos. -Pero en estos años supongo que habrás sufrido quizá algunas decepciones, que habrás mirado de manera crítica lo que pasó en Cuba por ejemplo. ¿Creés que Nicaragua está al amparo de los errores cubanos? -Claro que tuve muchas decepciones. Y los errores son tan repetibles como los aciertos en este campo, de manera que hay que estar muy vigilante. Yo cuento con una gran experiencia en lo que toca a la revolución cubana y eso me permite muchas veces en Nicaragua, cuando me parece observar detalles criticables, adelantarme a señalarlos. En eso tengo la ventaja, con respecto a Cuba, de estar muy cerca de la mayoría de los dirigentes de Nicaragua, que me tienen confianza y afecto porque saben que mi solidaridad es total. Una solidaridad crítica, claro, de manera que cuando yo tengo una charla con Ernesto Cardenal, o con Miguel De'Escoto o con Tomás Borge, o Daniel Ortega o Sergio Ramírez, con mucha frecuencia surgen temas y cuestiones en los que tengo que decir las cosas que no me parecen bien y a ellos les toca escuchar o no esas palabras. Hasta ahora sé que las escuchan porque son sensibles y se dan cuenta de que están luchando con una enorme desventaja en muchos planos y que sólo a fuerza de intensidad mental se va a poder salir adelante. El problema en Nicaragua es que no hay un minuto que perder. Por ejemplo, me dio una gran alegría leer hace pocos días que Tomás Borge, que es ministro del Interior, reconoce que cometieron errores considerables con los indios miskitos por no haber hecho un trabajo preparatorio de conocimiento étnico de su mentalidad. La ingenuidad revolucionaria, que es tan frecuente es nuestros países -y es bueno que sea así-, le da al hombre una hermosa seguridad. Siente que tiene la verdad en la mano y la quiere comunicar. Lo que pasa es que la comunicación no siempre es fácil cuando se hace en contextos azarosos y difíciles. Entonces los nicaragüenses saben ahora que fue una tontería que al otro día de la revolución se fueran a buscar a los miskitos diciéndoles: "hermanos, ahora ustedes son libres y esto es el sandinismo", y no intentaron previamente documentarse sobre la mentalidad de los miskitos que les siguen llamando "españoles" a los nicaragüenses del Pacífico. Eso yo lo observé y siempre que pude hice las críticas, como lo he hecho en el plano de la educación y de las artes, por ejemplo. Además, llevo adelante un combate en Cuba y en Nicaragua contra el machismo latinoamericano que le hace un mal tremendo a cualquier revolución en América latina . Y como sucede en esa clase de actitudes, los machistas no se dan cuenta de que son machistas y cuentan muchas veces con la decidida colaboración de las mujeres. Bueno, aprovechando la infancia de la revolución nicaragüense, y la experiencia previa de Cuba, que cometió tantos errores (aunque ahora está trabajando en el buen sentido), a mí me parece que es mi deber, y el de todos los que vean las cosas así, llevarlos a reflexionar sobre el problema de ese machismo tradicional, que es conservador y no tiene nada de revolucionario. -En cuanto a las cuestiones de las libertades, ¿cuál es tu opinión? Porque el problema es serio en Cuba y ahora empieza a criticarse en Nicaragua en el sentido de que habría una restricción de las libertades públicas. -Doy un paso atrás y te diré que el problema viene en este momento en Nicaragua del hecho, que a mí me conmueve, de que el sandinismo triunfante manifestó de entrada su voluntad de mantener un pluralismo político y una economía mixta donde la actividad privada pudiera seguir desarrollándose, ya sea por razones de vocación, de temperamento o de conveniencia. La gente elige una manera u otra de participar en la economía del país. Hubiera sido fácil, cuando tomaron el poder, eliminar para siempre la noción de pluralismo político; sin embargo los sandinistas dijeron y siguen proclamándolo, que respetarán la economía mixta y el pluralismo político. Aprovechando esas garantías, una gran cantidad de gente está hoy favoreciendo la ofensiva exterior contra la revolución. Porque no son sandinistas o porque no están identificados con la revolución, utilizan todos los procedimientos para ponerle trabas al proceso partiendo del principio de que, según ellos, el sandinismo desemboca inevitablemente en el marxismo. Eso está lejos de estar probado, pero es un campo de reflexión que ellos defiende y automáticamente se colocan en una posición liberal que los alía sistemáticamente con los intereses norteamericanos. -¿Vos creés que el sandinismo es, en realidad, una revolución? -Yo me he planteado la cuestión muchas veces en Nicaragua. Una revolución es la situación total, dentro de la historia, del capitalismo por el socialismo, sin grados intermedios. Lo que yo veo en el sandinismo, en cambio, es un movimiento de liberación. El país fue liberado de Somoza, pero de allí a pasar a la noción de revolución total hay un paso que el sandinismo no quiso dar, y yo creo que hizo muy bien porque si lo hubiera hecho el primer día tal vez ya no hubiera Nicaragua. Ahora bien, la noción de revolución, no es estática ni responde a un molde. Los procesos tienen que ser completamente distintos según la constitución social de cada país. El proceso boliviano, por ejemplo, no puede ser como el cubano, ni éste como el nicaragüense. Eso es lo que la gente se obstina en no querer ver: en nuestros países no se pueden quemar etapas, no se pueden modificar las estructuras a fondo si las estructuras no están dadas. -¿Tenés información sobre ayuda de la dictadura militar argentina después de la guerra de Malvinas, a los contrarrevolucionarios que operan desde Honduras? -Mis fuentes son nicaragüenses. Allí se supo, antes de la guerra de las Malvinas , que había unos cincuenta militares argentinos adiestrando a los contrarrevolucionarios somocistas. Cuando la guerra de las Malvinas, se dijo allí que los argentinos habían retirado a los asesores, pero en Nicaragua se dice ahora que los asesores, si no los mismos, quizá otros, están de vuelta. Además está el caso de ese barco, el Río Calingasta , que ha llevado armas a Honduras pocos meses después de la definición de Nicaragua en favor de la Argentina por las Malvinas. -Cuando en Deshoras te hice la observación de que de los ocho cuentos, seis ocurren en la Argentina, uno no tiene un lugar físico identificable y no hay ninguno que pase en Francia. ¿No te sugiere nada eso? -No, pero ahora que me lo decís y que el libro se ha publicado, supongo que eso responde a impulsos inconscientes muy fuertes, porque no puede ser gratuito que yo haya escrito en estos últimos dos años esta serie de cuentos de los cuales hay tantos que están centrados en la Argentina. Vos sabés que a mí nadie me saca de la Argentina: mi cuerpo se habrá ido de allá por razones equis que se podrían discutir y analizar, pero yo no me fui nunca de la Argentina. Ese es un detalle que a veces la gente no ve lo suficiente. Treinta y tres años en Europa, en un país con el que estoy identificado y en el que me siento muy bien, y sin embargo he seguido escribiendo en español, en español latinoamericano, y en un español muy argentino cada vez que el tema lo permite. Si eso no es una prueba de que yo no me he ido de la Argentina, quisiera que me den una prueba mejor. Ahora bien, yo siempre dije que soy continentalista, y me siento bien en cualquier país latinoamericano donde me permitan estar, porque no tengo esa noción, tan criticable, de nacionalismo, de argentinismo, de cubanismo, o lo que sea, que a mí me parece detestable porque es la fuente de nuestras peores desgracias, de nuestra balcanización, de nuestra colonización económica y en gran medida cultural por los Estados Unidos. Nos han dividido para reinar. América latina tiene una fuerza en la que no siempre se piensa, que es la lengua común, esa cosa maravillosa de que más de veinte países hablen el español. -Está por aparecer en España y Francia tu último libro escrito en colaboración con tu mujer, Carol Dunlop, poco antes de su muerte. ¿Querés hablarme de ese libro? -Es un libro que hicimos en el curso de un viaje por la autopista del sur, entre París y Marsella. Una loca aventura que consistió en que Carol y yo, utilizando un camioncito que era como una casa, hiciéramos un viaje en el que no podíamos abandonar nunca la autopista. Establecimos una regla de juego que no nos permitía detenernos en más de dos descansos por día. En los primeros capítulos del libro se explica lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer y eso lo cumplimos rigurosamente. Por ejemplo, podíamos utilizar todo lo que nos diera la autopista: un hotel, si lo había, nos serviría para ducharnos y dormir en una verdadera cama. Si no lo había, nos lavábamos en la canilla o dentro de la camioneta. No podíamos avanzar más de dos descansos por jornada, así que si en el primero no había sombra o no nos gustaba, seguíamos al otro, pero si éste no era mejor estábamos obligados a quedarnos allí. Nos llevamos para el viaje los víveres, las máquinas de escribir, libros, cassettes de música, y una radio. Era la época de la guerra de las Malvinas y en el libro se habla mucho de eso. Pero cada uno elegía su tema, muchas veces inspirado en lo que veíamos en la autopista. Así se fue compilando un libro al cual se agregaron una enorme cantidad de fotos que tomó Carol y dibujos imaginarios que luego hizo su hijo. El libro fue escrito en francés por Carol y en español por mí y nuestro plan era traducirnos mutuamente. Yo pude hacer la traducción de ella pero ella no pudo hacer la mía. El viaje empezó el 23 de mayo del año pasado, hasta julio. Luego volvimos a París y nos fuimos a Nicaragua. Allí fue cuando Carol se enfermó. -¿Todos los textos hacen referencia al viaje? -No, muchos tienen que ver con nuestra relación personal, con ese estado de enorme felicidad que tuvimos viviendo de manera totalmente anónima durante más de un mes. Yo soy un gran lector de libros de viajes, de Julio Verne a los exploradores polares y africanos, y quisimos hacer un libro que fuera no una parodia pero un poco como una imitación de esas grandes exploraciones científicas. Hasta llevamos una brújula para orientarnos en los paradores... Es un libro de amor, de contacto de una pareja que es feliz en esa aventura y la goza en su plenitud. Fuentes consultadas: http://es.wikipedia.org/wiki/Osvaldo_Soriano http://www.literatura.org/Soriano/despedida/Osvaldo.html http://www.geocities.com/juliocortazar_arg/soriano.htm

Registrate y eliminá la publicidad! LA TUMBA DE LA FERTILIDAD La imagen de la tumba de Victor Noir es mucho más conocida que su habitante. En muchísimas oportunidades hemos visto la foto y –los más afortunados- han podido apreciarla en vivo y en directo, en el cementerio de Père-Lachaise, el más famoso del mundo. Victor Noir (cuyo verdadero nombre era Yvan Salmon) fue un periodista del períodico republicano La Marseillaise, que en 1870 fue asesinado por Pierre Bonaparte, sobrino de Napoleón III, quien por entonces gobernaba Francia con mano de hierro. La Marseillaise era dirigido por Pascal Grousset, su orientación era de extrema izquierda y atacaba sin piedad el gobierno de Napoleón III. Pierre Bonaparte, no obstante ser un diputado de izquierda y –por ende- opositor a su propio tío, se consideró ofendido por un artículo del períodico y retó a duelo a su director. En calidad de padrino, Victor Noir se entrevistó con Pierre y al parecer, la conversación tornó en discusión y de allí pasó a la agresión física. En determinado momento, Noir levantó su bastón y Bonaparte desenfundó y lo liquidó de un tiro. Cuentan las crónicas que Noir iba a contraer matrimonio al día siguiente. Si bien las autoridades quisieron mantener este hecho con la mayor reserva posible, se calcula que unas 100.000 personas fueron a las exequias del malogrado periodista. Funeral de Victor Noir - Grabado de la época Sobre su tumba fue depositada una escultura de Jules Dalou, quien representó al occiso (¡que palabra!) como habría quedado al caer fulminado: con las ropas y el cabello desarreglado, la galera a un costado del cuerpo y… una inocultable erección en su entrepierna. En algún momento de la historia comenzó a correr el rumor de que las mujeres que tenían problemas para concebir, debían frotar el miembro de Victor Noir (el de bronce, obviamente) para poder quedar embarazadas (obviamente después debían hacer algunas cosas más). A partir de entonces, una interminable sujeción de manos, labios, lenguas y vaya a saber que otros sectores de la anatomía femenina, fueron desfilando no solo por la entrepierna del periodista, sino también por su boca y su nariz (servicio completo, que le dicen), hasta lograr una decoloración que más de uno quisiera. Una demostración práctica Durante varios años, el monumento mortuorio estuvo cercado para evitar actos reñidos con la moral y las buenas costumbres, pero con el tiempo las autoridades se dieron cuenta de era inútil e incluso peligroso, ya que algunas personas sufrieron heridas al intentar sortear la valla para cumplir con el rito que les daría fertilidad. Nunca faltan exagerados En la actualidad, la tumba de Victor Noir es una de las más visitadas del cementerio Père-Lachaise, y no solamente mujeres en busca de la maternidad se animan a sobar el bulto (perdón por crudo de mi lenguaje), sino que todo turista bien nacido se saca una foto haciendo la caricia de rigor. A continuación, reproduzco una nota aparecida en Página 12, en la que el relato de la cronista alcanza momentos verdaderamente calientes El muerto caliente Por María Moreno Con la melena ensortijada como si hubiera sido revuelta por alguna mano, la galera volcada, los labios y bragueta entreabiertos, la estatua de Victor Noir (née Ivan Salmon) descansa y no descansa. Una erección palpable a la altura del pantalón ha provocado la calentura de algunos paseantes y Victor Noir, periodista de La Marseillese, asesinado a los 22 años por Pedro Bonaparte, es hoy sistemáticamente sobado a través de su monumento donde el bronce se ha oscurecido en la entrepierna, adquiriendo al aspecto de un derramado seminal producto de la polución nocturna o de una fellatio de apuro. El escultor Jules Dalou, sin duda, ha sido un transgresor: primero por hacer un monumento funerario que representa al muerto acostado en una pose forense que pretende hacer una réplica demasiado viva. Yo sabía de las erecciones de los ahorcados, pero no de los heridos de bala. O bien el bueno de Dalou, como el joven Salmón fue muerto un día antes de su boda, quiso dar a la que no llegó a ser su viuda la imagen libidinosa que ella no pudo gozar como casada. Las buenas conciencias han hecho de Victor Noir un mito femenino. Lamerlo “ahí” o montarlo con la audacia que exige eludir a los guardianes, garantizaría la fertilidad. De vez en cuando, sobre la bragueta abultada y corroída, aparece, paradojal y sorpresivo, un escarpín celeste o rosa. Pero la insistente mención de Victor en las páginas gay de Internet, muestra que el mito ha sido expropiado y adaptado: tocar íntimamente la estatua de Victor Noir responde a una superstición más gratuita y placentera que la de garantizar la fecundidad: hacer feliz el sexo bucal con amigo o desconocido, ya sea en el cementerio mismo, como en el yire. “Toda degradación, por medio de grafittis, tocamientos indecentes u otros medios puede ser perseguida”, dice un cartelito. Pero yo no sé francés. Mi amigo Karl me toma una fotografía mientras practico cívicamente el ritual y, si en ella mi mano aparece ligeramente corrida, es porque la estatua de Victor Noir calza largamente hacia la izquierda. Jamás contacto similar, pero en vivo me dejó la mano tan fría. La guardo en el bolsillo, ligeramente avergonzada por mi falta de imaginación. Arriba las nubes parecen venir hacia nosotros. Fuentes: www.pagina12.com.ar www.jornada.unam.mx www.lavozdegalicia.es <a href="http://ads.us.e-planning.net/ei/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?it=i&rnd=$RANDOM" target="_blank"><img width="728" height="90" alt="e-planning.net ad" src="http://ads.us.e-planning.net/eb/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?o=i&rnd=$RANDOM" border=0></a>
El 15 de abril de 1920, a eso de las tres de la tarde, Frederick Parmenter y Alexandro Berardelli desandaban los 500 metros que separaban las oficinas administrativas de la fábrica de calzados “Slater & Morrill” de los talleres de esa empresa. Llevaban, en dos cajas, la paga semanal para los empleados. No alcanzaron a realizar la mitad del trayecto por la South Braitntree Av. de Boston. Unas cuantas balas se interpusieron en su camino, dejándolos fríos en el acto. Los autores de los disparos subieron a un coche en el los esperaban otros cómplices y huyeron del lugar. A pesar de que a esa hora y en ese lugar eran muchos los transeúntes, los testimonios no coincidían. Que cinco disparos, que ocho, que más de diez. Que eran dos los autos que aguardaban a los asesinos. Que era uno solo. Que uno de los matadores gritó algo en italiano, aunque bien podría haber sido en inglés, pero tal vez nadie gritó nada, o no se entendió porque llevaban las caras cubiertas por bufandas, o quizás no. Cincuenta personas se presentaron a atestiguar y sucesivamente se fueron desmintiendo y contradiciendo Casi un mes después, dos personas con aspecto de extranjeros viajaban en tranvía. Un agente de policía de apellido Connolly observó que uno de ellos llevaba una de sus manos en el bolsillo de modo sospechoso, razón por la cual los invitó a acompañarlos hasta la comisaría más cercana. Allí comprobaron que ambos sujetos estaban armados. Uno llevaba una Colt y el otro una Hamington & Richardson, las dos de calibre 38. No obstante, esto no era un hecho extraordinario porque esas armas eran de libre acceso y portación y cualquiera podía comprarlas y andar con ellas (de hecho, los pasajeros no opusieron ninguna resistencia y en todo momento colaboraron con la autoridad policial). En esa ocasión también fueron identificados: Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, italianos. No fueron detenidos por portación de armas, sino por “actividades subversivas”. Para la policía de la conservadora Boston de 1920, nada más subversivo que dos italianos en tranvía. Bartolomeo Vanzetti y Nicola Sacco son llevados a declarar En ocasiones, la historia se parece mucho a las películas. Nos hemos cansado de ver en el cine (tanto en la pantalla como en las butacas) a funcionarios desalmados que son capaces de cualquier cosa para ascender. Y este es un caso paradigmático. La causa de Sacco y Vanzetti cayó en el juzgado de Webster Thayer, un hombre que en ese momento aspiraba a ser elegido Gobernador de Massachussets bajo la bandera de limpiar el Estado de gangsters, comunistas y anarquistas, palabras que para muchos eran sinónimos. Thayer vio en los dos italianos el pasaporte a la casa de gobierno. Es del caso consignar que los acusados militaban en una organización anarquista. “Mejor para mí” habrá pensado Su Señoría. El proceso contra Sacco y Vanzetti fue un verdadero manual de la injusticia de la Justicia. No existió ninguna prueba, ningún testimonio, ningún testigo, que incriminara claramente a los acusados. Todas fueron aproximaciones y vaguedades. Por su parte, la defensa demostró fehacientemente que los reos estaban en otros lugares a la hora del crimen. Pero ellos ya estaban condenados desde el principio. Y es que en muchos sectores de la sociedad norteamericana existía (y existe) un gran recelo en contra de los extranjeros, especialmente si estos no se conforman con ser mano de obra barata y aspiran a algo mejor militando en organizaciones sindicales o políticas que no cuentan con el visto bueno del establishment (cualquier similitud con Argentina no necesariamente es pura coincidencia). El caso Sacco y Vanzetti se convirtió en un escándalo nacional y mundial. Las manifestaciones en apoyo a los acusados fueron cada vez más multitudinarias, tanto en los Estados Unidos como en Europa. Nada de eso conmovió al ambicioso Juez Thayer, que el 14 de septiembre de 1920 los declaró culpables y los condenó a la silla eléctrica. Si bien la sentencia se cumplió recién siete años después (antes de matarlos, a los condenados a muerte en Estados Unidos los torturan psicológicamente un buen tiempo), nada ni nadie pudo torcer el destino de los dos inmigrantes. Una de las multitudinarias manifestaciones realizadas en los Estados Unidos pidiendo la absolución de Sacco y Vanzetti Nicola y Bartolomeo, en su desgracia, fueron elementos para que todos quisieran llevar agua paras su molino. “Debemos impedir que mueran dos italianos. Espero que el Gobernador Fuller de Massachussets quiera dar un ejemplo de humanidad, ya que tal ejemplo demostrará la diferencia entre los métodos del bolchevismo y los de la gran república americana. Al mismo tiempo, su gesto humanitario quitará de manos de los subversivos un instrumento de agitación” dijo Benito Mussolini. Por su parte, Stalin expresó que “El mundo está al borde de grandes cambios. Las movilizaciones de las masas a favor de Sacco y Vanzetti demuestran que estamos en vísperas de grandes acontecimientos populares”. Pero nada detuvo lo que siete años se había decidido, incluso antes de dictarse sentencia. A Sacco y a Vanzetti los frieron en la silla eléctrica en la madrugada del 23 de agosto de 1927, en medio de una gran agitación popular. Como epílogo de esta historia, quedan las palabras de Albert Einstein: “Es preciso hacer cualquier cosa para que el trágico caso de Sacco y Vanzetti se mantenga siempre vivo en la conciencia de la humanidad. Los dos anarquistas italianos demuestran que, en última instancia, las instituciones democráticas mas minuciosamente estudiadas no son mejores que los individuos que las usan como instrumento”. Una vez más, Albert tenía razón.