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Jesse Harding Pomeroy - El Niño Psicópata Uno de los primeros casos conocidos acerca de niños asesinos es el del norteamericano Jesse Harding Pomeroy, nacido el 29 de Noviembre de 1859 en el pueblo de Charleston, Massachusetts. Fue el segundo hijo de Thomas y Ruthann Pomeroy, personas que vivían en la medianía económica de ese entonces. Se dice que el padre de familia era un sujeto abusivo y alcohólico, no muy diferente de la gran mayoría de hombres de su condición. Por cualquier motivo que lo enfureciera, llevaba a sus hijos a una cabaña donde los desnudaba y aporreaba hasta aplacarse. De estas palizas Jesse no asimiló la idea de la buena conducta, sino una forma pervertida del placer y la diversión. De acuerdo a los relatos de la época la apariencia de Pomeroy inspiraba miedo. El mismo estaba conciente de que era un sujeto diferente. Su cuerpo era muy grande para su edad, así como su cabeza, orejas y rasgos faciales poco favorecedores. Su ojo derecho carecía de iris y pupila, confiriéndole un aspecto aterrador. Ni su propio padre podía mirarlo sin experimentar un escalofrío. Como siempre ocurre, en consecuencia o a causa de ser diferente, Pomeroy era un sujeto retraído y solitario. Nadie lo recordaba sonriendo pero si por sus extraños ataques nerviosos que de vez en cuando lo atacaban. Por lo tanto durante su tierna niñez seguramente fue pasto de los niños abusadores de su barrio. En casa de la familia Pomeroy no podía haber mascotas. De forma inesperada, aparecían muertos. Una vez, los canarios de la señora Pomeroy aparecieron con las cabezas arrancadas y después de que descubriera a Jesse torturando al gato de los vecinos, se decidió que no entrarían más animales al domicilio. Esta conducta violenta contra los animales forma parte de la clásica triada fatídica observada en la mayoría de los asesinos seriales del mundo. Los animales constituyen la experimentación del sadismo y la violencia que en un futuro el psicópata ha de aplicar a sus semejantes. En una suerte de lenta pero trágica evolución, Pomeroy decidió descargar sus locuras contra nuevas presas, eligiéndolas de acuerdo a su edad, niños más pequeños que él. El primero fue el niño William Paine que fue hallado un día de diciembre de 1871 por dos hombres que caminaban por una calle solitaria. Habían escuchado un lloro quedo y apagado y al acercarse a una pequeña cabaña pudieron escucharlo con mayor claridad y al entrar quedaron sorprendidos al ver al pequeño niño de 4 años colgar de las manos, que estaban atadas con una cuerda suspendida del techo del lugar. Apenas consciente lloraba Paine, cubierta su espalda de laceraciones y fuertes moretones. No pudo denunciar a su atacante. El siguiente fue Tracy Hayden de 7 años quien en Febrero de 1872 fue engañado por Pomeroy para llevarlo a un lugar apartado con la promesa de ir a ver a los soldados. Una vez apartados de cualquier distracción, procedió a amarrarlo y a torturarlo con la misma furia que había aplicado al pequeño Paine. Del ataque Hayden resultó con los ojos morados, los dientes frontales partidos, la nariz rota y el torso cubierto de heridas y verdugones. Tras este episodio la policía solo pudo enterarse que el atacante era un muchachito de cabello castaño, escasa información como para que las autoridades pudieran hacer algo al respecto. Luego a mediados de Abril de 1872 Pomeroy prometió llevar al circo al jovencito de 8 años Robert Maier y después de caminar hasta sus apartados dominios lo sometió como acostumbraba con sus víctimas. Lo desnudó casi por completo y mientras lo golpeaba con una vara lo obligaba a maldecir. Ruthann Pomeroy, madre del sádico. Maier reportó que mientras Pomeroy lo vapuleaba se masturbaba disfrutando el sufrimiento que le provocaba. Al terminar lo soltó y le juró que lo mataría si lo delataba con alguien. Después huyó del lugar. La policía comenzó a actuar interrogando numerosos adolescentes de cabello castaño. Los medios comenzaron a mostrarse nerviosos y los padres advertían fervientemente a sus hijos no juntarse ni hablar con extraños en la calle. Por alguna razón la descripción del sádico bribón derivó en la de un adolescente de barba y pelirrojo. Mientras tanto el lampiño y castaño Jesse Pomeroy escapaba con comodidad de la búsqueda policial. El siguiente golpe, a mediados de Julio, fue contra un niño desconocido de 7 años a quien le fue propinado el mismo tratamiento que a los demás, es decir una feroz paliza hasta que Pomeroy alcanzó el orgasmo. Esta vez la policía ofreció una recompensa de $500 dólares a quien ayudara en la captura del "sádico bribón" como era llamado el adolescente que atormentaba los niños de Boston. Jesse Pomeray a edad avanzada. Poco tiempo después Ruth Pomeroy decidió que su familia se mudara al sur de Boston. Se especula que la señora sospechaba acerca de la posible responsabilidad de su hijo en los recientes ataques a infantes. Aunque es posible que se hayan movido por cualquier motivo. Sin embargo cuando los ataques también se escenificaron de Chelsea a su nuevo rumbo seguramente algo debió haber pensado, pero no se sabe realmente. La madre de Jesse siempre permaneció fiel a su hijo, y negaría las imputaciones formuladas contra su hijo. George Pratt andaba en las calles cuando fue abordado por Pomeroy y con al promesa de recompensarlo con un dinero por traer un mandado lo condujo a un lugar solitario donde comenzó su inhumano ataque. Después de atarlo y desnudarlo lo aporreó sin misericordia con un cinturón. Esta vez elevó el nivel de sus atrocidades, mordiéndole un cachete y arañándolo profundamente en la piel. Varias veces le enterró una larga aguja en diversas partes del cuerpo. Intentó inclusive clavársela en un ojo, pero Pratt logró colocarse en posición fetal antes que Pomeroy lograra su objetivo. Por fortuna, el sádico bribón había saciado su sed de violencia y huyó del lugar no sin antes morderle un glúteo al desafortunado niño. Una vez visto el caso por las autoridades concluyeron que no podía ser obra más que de un sujeto demente, entonces temieron lo peor, que continuara la racha de ataques. El siguiente desventurado fue el niño de 6 años Harry Austin con quien Pomeroy evidenció que su depravación aumentaba en espiral, aparte de la usual paliza, esta vez empleó su navaja de bolsillo para apuñalar en brazos y hombros a su víctima. Se disponía a rebanarle el pene cuando fue interrumpido ante la cercanía de unas personas. Pocos días después atacó al niño Joseph Kennedy a quien a la vez que aporreaba lo obligaba a recitar oraciones religiosas plagadas de obscenidades. A Kennedy le provocó una fuerte cortada en la cara con su cuchillo y luego lo llevó a la orilla del mar para echarle agua salada en las heridas. El chiquillo de 5 años Robert Gould fue el siguiente en caer engañado por Pomeroy quien le había prometido llevarlo a ver soldados, para luego someterlo cerca de una estación de trenes. Cuando amenazaba al chico con la punta de su navaja en el cuello, Pomeroy se dio cuenta que era observado por unos ferrocarrileros y tuvo que huir. Para fortuna de la policía Gould aportó pistas más concretas, como que su atacante era un joven adolescente de cabellos castaños y un ojo totalmente blanco. A fines de 1872 la policía efectuaba visitas a las escuelas del sistema público de Boston con la esperanza de encontrar al sádico bribón a quien creían, pronto se convertiría en un temible homicida. Un día de Septiembre visitaron la escuela de Pomeroy, pero el joven Kennedy no podía identificar entre los alumnos a su atacante. Ese mismo día que la policía había visitado su salón, Pomeroy al regresar a su casa, decidió darse una vuelta por la estación policial y al pasar tan cerca, fue súbitamente identificado por Kennedy quien continuaba con sus declaraciones. No esta muy claro el porque de esta conducta pero es muy posible que Pomeroy haya estado involucrado en una suerte de juego del gato y el ratón con la policía. Eso ha ocurrido muchas veces con psicópatas de ese estilo. Cuando Pomeroy pasaba, Kennedy lo alcanzó a ver en la estación y logró hacer que la policía persiguiera al sádico bribón que inmediatamente fue puesto bajo arresto. A pesar del intenso y severo interrogatorio, Pomeroy se mantuvo tranquilo clamando su inocencia en todo momento. Lo despertaron a media noche en la celda donde había sido confinado y con la amenaza de ser encarcelado por 100 años, finalmente Jesse Pomeroy se dio por vencido. Al día siguiente fue llevado para que todas sus víctimas lo identificaran lo cual parece ser ocurrió sin mayor problema. Entonces lo que faltaba era que un magistrado le dictara sentencia. Como se esperaba, su madre testificó a favor de Pomeroy, porque no podía ser de otro modo. Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, solo atino a decir "no pude evitarlo..." a la vez que agachaba su cabeza en señal de vergüenza. La sentencia fue el ingreso a un reformatorio juvenil hasta que cumpliera 18 años, es decir la mayoría de edad. Madre e hijo psicópata abandonaron en lágrimas la corte según las crónicas de la época. El reformatorio juvenil Westborough se convirtió en el siguiente hogar de Jesse Pomeroy. Aquel lugar albergaba a jóvenes infractores y a muchachos malcriados o difíciles de tratar a quienes sus padres enviaban ahí para quitarse un gran peso de encima. Instituciones de este tipo difícilmente reformaban a alguien en esa época. Simplemente el hecho de encerrar bribones peligrosos provocaba en ellos la aparición de una mentalidad salvaje y oportunista en que los más fuertes sometían al resto. En 1917 se le permitió juntarse con el resto de presos tras casi 40 años de aislamiento carcelario. En un lugar así podría florecer un chico listo y sádico como Pomeroy quien desde un principio entendió que si deseaba salir antes de cumplir los 18 años debía demostrar una conducta intachable. Según se cuenta, vivió la mayor parte del tiempo en soledad pues los chicos mayores lo molestaban y los menores le trataban de hacer saltar, conscientes del porque estaba ahí recluido. La dura rutina de Westborough consistía en trabajos forzados y clases obligatorias diarias. Como un interno modelo Pomeroy evadió eficientemente los castigos y las reprimendas, pero siempre estaba al tanto de todo detalle e incidentes cuando alguien era castigado. Tras quince meses de encierro el comité de libertad condicional aprobó su salida. Mientras Jesse purgaba condena, su madre hacía campaña por la liberación y exoneración de su hijo enviando cartas a las autoridades y a quien estuviera dispuesto a escuchar su punto de vista, sin embargo fue la buena conducta de Pomeroy que movió a los magistrados juveniles a liberarlo. Los Pomeroy prometieron esmerarse en la vigilancia de su hijo a quien habían dejado vagar más de la cuenta. La señora tenía una tienda de ropa y su hijo mayor un puesto de periódico, negocios en los cuales emplearían al joven Jesse para que no perdiera el tiempo. A pesar de los horribles crímenes de que se había acusado a Pomeroy, la policía consideraba que no se debía ser muy duro y por mucho tiempo contra el chico y que se le debía dar una oportunidad de redimirse asimismo. A ninguna autoridad se le ocurrió informar a nadie en la comunidad donde vivía Pomeroy, que éste había sido liberado. La gente vivía bajo la creencia de que el sádico bribón del ojo blanco estaría bien guardado por varios años. En 1929 fue removido de Charlestown para llevarlo a un hospicio de la policía donde pasó los dos últimos años de su vida enfermo y en agonía. No pasaron ni los dos meses en libertad cuando Pomeroy atacó cuando la oportunidad se presento a la puerta de la tienda de su mama. El 18 de Marzo de 1874 muy temprano Jesse efectuaba la limpieza y platicaba con un empleado de apellido Kohr, de la misma edad que Pomeroy cuando llegó la niña Katie Curran a preguntar por un cuaderno de notas. La chica explicó que tenía un nuevo profesor y deseaba un cuaderno nuevo. Para su desgracia la primera tienda que había visitado no tenía ya la mercancía solicitada. Inmediatamente Pomeroy urdió una treta para tener a la jovencita. Dijo que quedaba un cuaderno pero manchado de tinta y que había que buscarlo dentro de la tienda, entonces mandó al ayudante Kohr con el carnicero a conseguir comida para las mascotas dejando libre el camino para sus obscuros deseos. La inocente chica siguió a Pomeroy a unas escaleras que daban a un especie de sótano en el edificio, confiada en la explicación de que abajo también tenían una tienda. Solo al final pudo darse cuenta que había sido engañada, pero era demasiado tarde. Fue sometida velozmente por Pomeroy quien con su navaja de bolsillo la degolló brutalmente. Cuando el cuerpo fue descubierto su avanzado estado de descomposición hizo muy difícil conocer el grado de daños que había recibido. Después de asesinar a la pequeña Katie, Pomeroy se lavó la sangre y regresó al puesto a seguir trabajando como si nada hubiera ocurrido. El cadáver permaneció donde lo había dejado sin que nadie notara nada extraño hasta que la policía fue a rescatarlo. La madre de Curran comenzó a buscarla a la hora de que la niña había salido de su casa. Su búsqueda resultó infructuosa y con escasa cooperación de la policía quienes en todo momento evitaron incriminar a Jesse Pomeroy en la desaparición de Katie, a pesar de la declaración del ayudante Kohr y del turbio pasado reciente del sádico bribón. Luego apareció un testigo que aseguró haber visto como Katie Curran había sido introducida a un vagón de tren, entonces la policía determinó que se trataba de un secuestro y el caso quedó congelado. La sed de sangre de Pomeroy estaba lejos de terminarse tras el crimen contra Katie Curran, poco después seguía en lo mismo, en busca de algún ingenuo chico a quien engañar con la promesa de dinero, dulces o lo que fuera para llevarlo a un sitio apartado donde asaltarlo. Y tal iba a ser el destino del chico Harry Field a quien le prometió unos centavos por llevarlo a una calle que dijo no saber como llegar a ella. Una vez que dieron con el lugar, Pomeroy se tornó violento y amenazó al chico con matarlo si gritaba. Para la enorme fortuna de Harry ocurrió que cuando iban por la calle, un rapazuelo vecino de Pomeroy apareció en el camino y comenzaron a gritarse de un lado de la calle a otro, ese momento fue aprovechado por Harry para huir corriendo y no paró hasta llegar a su casa. Trágicamente el siguiente niño en caer en las garras de Pomeroy no tuvo la misma buena suerte que Harry Field. El niño Horace Millen se encontró con el sádico bribón en la calle y fácilmente cayó envuelto en las tretas que siempre aplicaba para llevar lejos a sus víctimas. Antes de eso, entraron a una pastelería por un bocadito que felizmente iban comiendo ambos durante el camino a las partes pantanosas y solitarias del sur de Boston. Esta vez numerosos testigos vieron a la inusual pareja de "hermanos" caminar por las calles y fuera de la ciudad. Una señora testificó acerca de lo extraño que lucía el chico mayor, quien irradiaba una rara felicidad y excitación mientras caminaba de la mano del niño pequeño quien a su vez provocó extrañeza por sus buenas ropas que portaba. De acuerdo a Pomeroy, cuando llevaba a Millen de la mano hacia un lugar apartado casi no podía controlar sus impulsos y supo desde el primer momento que quería asesinar al niño de 4 años. Esta vez quería estar seguro que nadie lo interrumpiera y por eso caminaron largo rato hasta llegar a un paraje arenoso donde se sentaron a descansar. Horace Millen aún no se daba cuenta que la promesa de ir a ver un barco de vapor no era mas que una excusa del sádico bribón para asesinarlo. Con su cuchillo de bolsillo Pomeroy descargó un furioso ataque a la garganta del inocente chico, a pesar del sangriento ataque, Millen no había muerto y peleaba por su vida. De acuerdo al reporte del forense había numerosas heridas de las llamadas defensivas en brazos y manos. Pero un niño de 4 años gravemente herido no era remotamente rival de un joven psicópata. Se contaron hasta 18 heridas en el tórax y lo más impactante fue ver como las uñas de las manos estaban firmemente incrustadas en las palmas como evidencia de la agonía y atroz muerte experimentada por el niño Horace Millen. Cuando su cadáver fue lavado apareció su ojo apuñalado también, así como heridas profundas en el escroto lo cual indicaba el intento de castrar al niño. Unos niños que jugaban en la playa descubrieron el cuerpo e inmediatamente avisaron a unos señores que cazaban patos en las cercanías. Para ese entonces la familia de Horace ya lo buscaba por todos lados y el padre de familia ya había reportado la desaparición a la policía. Para la noche a las 9, la familia era informada de la muerte de su hijo. Inmediatamente vino a la mente de las autoridades el sospechoso número uno, aquel chico despiadado que gustaba de torturar niños pero no podía ser posible que fuera el, dado que purgaba condena en un reformatorio juvenil. Tardo poco en que se confirmara la aterradora realidad, aquel sádico bribón había sido puesto en libertad condicional no hacía mucho tiempo. Se despachó una patrulla a su casa y a pesar de las airadas protestas de Ruthann Pomeroy el chico fue conducido a la policía. Libro autobiográfico del asesino, contando la historia de su vida. Mostrando la mayor de las tranquilidades, Pomeroy resistió el primer interrogatorio negando conocer acerca del crimen que se le imputaba. Sin embargo no pudo ofrecer una buena coartada, pues no tenía una explicación convincente sobre su paradero desde las 11 de la mañana hasta las 3 de la tarde. Luego con su habitual frialdad fue dejado durmiendo en la celda de la comisaría. Mientras tanto los oficiales tomaron su calzado que tenía adheridos pastos del pantano y lodillo. Con los zapatos de Horace Millen y los de Pomeroy reconstruyeron los pasos de los chicos que los ubicaban a ambos en la escena del crimen. Mediante yeso compararon las huellas más grandes coincidiendo a la perfección con las suelas del sádico bribón. Aquel procedimiento era normalmente aceptado en los procesos judiciales de la época. Temprano al día siguiente despertaron a Jesse y lo confrontaron con el hecho de que ahora lo podían ubicar sin lugar a dudas en la escena del crimen y le sugirieron ir a ver el cuerpo de Millen a la morgue. Obviamente el chico se negó rotundamente diciendo que él nada tenía que ver con el asunto. Sin embargo una vez puesto de frente al mutilado cadáver Pomeroy no pudo resistir la presión y terminó por admitir su culpa. Entre sozollos admitió "Lo siento, yo lo hice... por favor no le digan a mi mama!..." Los detectives le preguntaron si sabía que iba a ocurrirle a continuación a lo que respondió que no sabía pero que por favor lo pusieran en lugar donde no pudiera hacerle daño a nadie. La acusación y la convicción del crimen ocurrieron de manera expedita. Sin mayores trámites tanto la policía como los medios habían encontrado al culpable a quienes no bajaban de ser un monstruo de la sociedad y es que visto en retrospectiva, en realidad lo era. El comité de libertad condicional juvenil fue severamente cuestionado por haber liberado al sádico bribón. Tras la detención de Pomeroy y la consecuente lapidación pública de su familia, la señora Ruthann vio caer al suelo su tienda de ropa y sin embargo insistía en la inocencia de su joven hijo. Ya nadie se acercaba a su comercio a no ser para ver donde trabajaba el sádico bribón. Mientras ella caía en desgracia económica sus rivales de enfrente ampliaban sus negocios de modo que le ofrecieron comprar sus locales. Cuando los trabajadores fueron a hacer las remodelaciones y adecuaciones encontraron en el sótano el cadáver putrefacto de Katie Curran. No hubo una sola duda acerca de la culpabilidad de Pomeroy en la muerte de la chiquilla. Pero si resultó entretenido saber si la familia estaba enterada al respecto. Cuando le informaron a Jesse sobre el nuevo muertito que le cargarían encima negó toda relación con el suceso, pero confrontado con el hecho de que su madre y hermano serían cargados con el crimen terminó por doblarse y confesar. Paso a paso el sádico bribón recordó los acontecimientos de esa mañana cuando la niña Curran fue a comprar una libreta de apuntes a su tienda y de como la había conducido abajo para poderla asesinar. No sabía porque lo había hecho, solo quería observar su reacción. La pena impuesta a los asesinos de este tipo en el estado de Massachusetts era la horca. La defensa de Pomeroy se concentró en el crucial debate acerca de la locura de su cliente o que simplemente estuviera mentalmente enfermo. Pero quedó definitivamente establecido que su defendido conocía y admitía que sus actos estaban mal, por lo que la batalla legal fue perdida sin remedio. Jesse Pomeroy fue sentenciado a la horca, sin embargo no hubo gobernador alguno que se atreviera a firmar la sentencia. Ya fuera por convicción personal o por cálculo político en tiempos electorales la decisión respecto al sádico bribón tomó mucho tiempo y continuos aplazamientos. Y es que era muy difícil para la autoridad ejecutar a un chico de 14 años ¡Jamás había ocurrido la necesidad de ejecutar a un hombre tan joven en la historia penal de la nación! Todos se iban pasando la patata caliente de mano en mano. Finalmente el gobernador Alexander Rice tomó una decisión, tras escuchar el veredicto de un panel de asesores quienes recomendaban la ejecución como solución final a este molesto asunto público. Rice entonces aceptó que el castigo debía ser ejemplar pero no la pena capital y sin publicitar su decisión, impuso la cadena perpetua para Pomeroy, no solo eso, esta debía ser cumplida en solitario. Era algo así como enterrar vivo al sádico bribón. Durante su encarcelamiento la única persona en visitar a Jesse Pomeroy fue su madre mes tras mes, hasta que ella murió y nadie más fue a visitarlo de nuevo. Comía solo y se ejercitaba en un patio sin que lo acompañara nadie. Le era permitido bañarse unas cuantas veces y le era abastecida su celda con abundante material de lectura. Pronto su mundo fue un cuarto de acero y concreto condición en el cual permaneció por 40 años. Durante este tiempo estudio varias lenguas pero jamás tuvo la oportunidad de practicar ninguna realmente. Mucho tiempo trató de planear un escape. Inclusive escarbó la pared hasta llegar a la tubería del gas tratando de volar la puerta de su celda. Hay quienes aseguran que no trataba de huir, sino de terminar con su propia vida. En 1917 su castigo fue disminuido y se le permitió integrarse a la población general de la prisión. A veces resurgía su nombre en periódicos y de vez en cuando algún reportero preguntaba sobre su actual condición. Cuando fue puesto con los demás disfrutaba como nadie saberse aún celebre por las atrocidades cometidas hacía cuatro décadas. Pero luego pasó el tiempo y los nuevos internos nada sabían acerca del viejo Pomeroy. En 1929 fue removido de Charlestown para llevarlo a un hospicio de la policía donde pasó los dos últimos años de su vida plagado de enfermedades y en franca agonía. Su deseo final fue ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas a los cuatro vientos. Jamás mostró remordimiento alguno por sus víctimas. Fuente http://www.asesinatoserial.net/pomeroy.htm

La leyenda del 666 Estaba escrito que el fin del mundo, el Apocalipsis, llegaría por obra del hijo de Satán, el Anticristo. Satán, como ya había hecho en anteriores ocasiones a lo largo de la historia, viajó al mundo terrenal con apariencia humana. Como las otras veces, buscó una mujer joven y fuerte para que fuera la madre de su hijo. Tenía que ser una mujer casada, y que mantuviera relaciones con su marido periódicamente para no despertar sospechas. Se encaprichó de una joven rubia y atlética, muy atractiva. Entró en su casa y la poseyó practicando el sexo más salvaje y depravado que se pueda imaginar. Satán con su malvado poder hizo que su mente lo olvidara, y nueve meses después nació su hijo. Su nombre era Sofare. Este niño empezó a prepararse para su misión estudiando a sus hermanos de tiempos pasados: Atila, Gengis Khan, Hitler… Todos ellos fueron hijos de Satán que fallaron en su misión. Al igual que ellos se preparó para ser un gran líder y formar un poderoso imperio. Creció observando a los humanos para conocer sus debilidades, haciéndose pasar por uno de ellos, ganándose su confianza. Viendo que todos sus hermanos fallaron a pesar de haber construido grandes imperios, decidió cambiar de táctica. Su imperio no debía ser militar. Se fijó en el posible potencial de la industria informática, y vio en ella su medio para dominar a los humanos. Utilizando su poder sobrenatural, empezó a apoderarse de diversos sectores de esta industria, y logró formar un poderoso imperio informático. Ya formado, el Imperio extendió sus malévolos tentáculos introduciéndose en todos los campos empresariales e industriales. En poco tiempo toda la economía mundial estaba bajo su poder. Ninguna empresa, ningún banco, nada podía funcionar sin los programas informáticos del Imperio. Incluso estaban bajo su dominio usuarios particulares en sus casas. El Imperio llegó a tener más adeptos que cualquier religión del mundo. Como una secta destructiva, obligó a sus súbditos a pagar un tributo cada poco tiempo. Había que comprar actualizaciones de los programas continuamente, pues estos se quedaban obsoletos en cuestión de semanas. Todos los programas del Imperio fueron la droga más usada del mundo. Prácticamente todo el planeta estaba enganchado. Sofare en su trono se reía viendo como los pobres humanos intentaban inútilmente manejar sus productos. Pero estos fallaban inteligentemente, arruinando proyectos, trabajos, vidas. Todo el planeta sufría pero no podía hacer nada, eran adictos a las drogas informáticas del Imperio. Pero esto no era suficiente, el broche final para llevar a cabo su plan fue el "Efecto 2000". Algunos profetas lo predijeron, y los humanos aterrados intentaron prepararse para ello durante meses, pero fue inútil. El 31 de diciembre de 1999 a las 00:00 h, cuando comenzó el año 2000, empezó también el Armaguedón. Todos los ordenadores fallaron, la industria y la economía se colapsó, la electricidad dejó de funcionar, los trenes descarrilaron, los aviones se estrellaron… Los misiles de todos los países se dispararon controlados por los ordenadores, destruyendo todas las fuerzas militares y policiales del mundo. El caos y la destrucción reinaron en la Tierra. La ley había sido eliminada, los humanos empezaron a pelearse por comida y ropa. Pero había desaparecido todo vestigio de humanidad en ellos. Ya no eran humanos, se comportaban como alimañas egoístas y enloquecidas, peleándose y matando por un trozo de pan. Sofare había triunfado. Por fin un hijo de Satán se había apoderado del mundo. La risa de Satán resonaba ensordecedora en los confines del infierno. Dios observaba apenado como su creación se había destruido. Pero aquello no fue el fin del mundo, fue un nuevo origen. Satán mandaba ahora y Dios era el que debía actuar en las sombras. Se había producido un cambio de Dirección General, y aquello era solo el principio… -------------------------------------------------------------------------- BAJO LA CAMA Ignoro que es lo que me permite escribir sobre este papel que se encuentra encima de mi mesa.Creo que quien sea quiere que cuente a mis hijos o al mundo lo que me ocurrió. Empezaré a contar mi historia,una historia que a algunos sorprenderá porque lo que me ocurrió es algo inimaginable...aunque,desgraciadamente hizo que yo muriera de un infarto cardiaco. Soy una mujer viuda de 67 años,desde que murió mi marido hace 3 solo he contado con la compañia de mi perro,nadie viene a verme excepto mis hijos y mis nietos los fines de semana pero aun asi paso el resto de la semana sin nadie con quien hablar ya que vivo en una zona de la ciudad con pocas viviendas y menos vecinos. Siempre he tenido la mania de cuando voy a acostarme mirar bajo la cama,no se porque lo hago pero es una costumbre que tengo desde hace muchos años.Mi marido me veia hacerlo cada noche y se quedaba extrañado aunque no le culpo por eso ya que ni siquiera yo sabia porque lo hacia.Desde que el murio mi vida se vino abajo,no solo por lo mucho que le queria sino porque desde el dia en que vivo sola todos los dias que pasan me parecen iguales,siempre hago lo mismo:me despierto de madrugada,saco a pasear al perro por las aburridas calles de mi barrio,hago los trabajos de casa,llamo a mis familiares de vez en cuando y viendo la tele se termina mi dia. Pero a la noche,despues de un dia cansado y al terminar de cenar me fui a dormir un poco tarde.Al entrar en la habitación me puse el pijama,encendí la luz de la mesita y como siempre me puse de rodillas delante de la cama,levanté el edredón y vi a un hombre frente a frente! Me quedé paralizada pero el se fué acercando poco a poco,arrastrandose,yo intenté gritar con todas mis fuerzas pero no lo conseguí,al momento sentí un fuerte dolor en el pecho,como un pinchazo tremendo,de repente se me fueron las fuerzas y me desplomé al suelo viendo como aquel hombre se acercaba poco a poco a mi... Ya no recuerdo nada mas.Ahora estoy aqui,escribiendo estas ultimas palabras en esta carta de despedida y viendo caer mi ultima lagrima sobre el blanco papel.Si me doy la vuelta aun puedo ver mi cuerpo tirado en el suelo pero...hasta cuando?Espero no tardar en irme de este mundo porque escuchar las pisadas de ese hombre paseandose por la casa son insoportables. .------------------------------------------------------------------------- Estas solo? Dicen que cuando las personas cumplen quince años, son muy vulnerables a sufrir ciertos efectos psíquicos, yo no creía, hasta que un día... La primera vez que esto me sucedió, yo no tenía la más mínima idea de estas cosas. Estaba durmiendo en mi habitación y entre medio de la noche desperté para girarme de posición, pero cuando lo intenté, me di cuenta de que no podía moverme y de que algo venía caminando por el pasillo hacia mi habitación (de tan solo recordarlo me da terror), mientras que yo no podía abrir los ojos, no podía moverme y tampoco podía respirar. Cualquiera diría que era una pesadilla, pero yo estaba totalmente consciente. Así esa "cosa" llegó junto a mi cama y yo "muerta de miedo" solo tenía ganas de gritar. Intentaba moverme, pero no podía. Así estaba, cuando de repente sentí una especia de boca en mi cuello, entonces el terror me inundó y fue eso lo que me inspiró a llenarme de fuerzas y moverme para finalmente dar todo por desaparecido. Cuando adquirí movimiento, lo primero que hice fue gritar y llorar y mis padres vinieron a verme a mi habitación. Ya no dormiría en el resto de la noche. Así pasó el tiempo y yo trataba de olvidar lo ocurrido, cuando un fin de semana mi padre viajó y yo decidí acostarme con mi mamá (soy muy regalona ). En medio de la noche desperté y sentí unos ruidos en el comedor, a los cuales no les di importancia, pero luego comencé a sentirme en la más grande soledad y cuando abrí los ojos estaba sola, mi madre había desaparecido y yo escuchaba una voz, algo así como la del la niña poseída en "El Exorcista". El terror volvió a inundarme, estaba en la más grande oscuridad y lo único que pudo sacarme de allí fueron los gemidos que emití, a los cuales mi madre respondió con unos codazos, y con ellos retorno la luz de la luna y la presencia de mi madre ( que salvadora fue...uf). Es así como seguí sintiendo cosas, roces, voces, presencias y recuerdo que una vez pude divisar una de ellas. Estábamos en plena reunión familiar, sentados todos en la mesa de comedor, cuando yo comencé a marearme y a sentir calor. Entonces cuando miré a mi madre para pedirle ayuda, vi sobre ella una especie de demonio volador, algo así como una gárgola pequeña de color verde botella que estaba sobre sus hombros y mientras me miraba se reía, y pasaba su lengua sobre el rostro de mi madre. Creo que ver eso me impacto a tal punto que caí desmayada. Hoy en día, sigo sintiendo cosas, y no me extraña, debe ser que estoy acostumbrada a ver sombras en mi habitación antes de despertarme de un sueño, las veo ahí, haciendo cosas o simplemente recostadas a mi lado o mirando desde la puerta de mi habitación. Es así como la vida me dio una lección, jamás estaría sola, pero lo que aún no he podido entender es el porqué o el para qué, nunca entenderé el porqué tuve que pasar todo esto para aprender que no estamos solos en el mundo y que tal vez, ahora mismo, Tu, que lees este relato real, puedes estar acompañado (da) y aún no te has dado cuenta. ----------------------------------------------------------------------------- Las caras de Bélmez (1º parte) Mi madre se llamaba María. Ella siempre me cuidó como lo único que tenía en el mundo y quizás por eso, yo la ayudé tanto en esos momentos tan difíciles. No quiero engañaros, vaya, el que se sienta engañado por lo que os voy a contar, tiene todo el derecho... sin embargo la mayor parte del mundo cree q no hay nada más que eso, es decir, mundo... pero yo he descubierto que hay muchas cosas más, y quizás las primeras que descubras pueden aparecer en los rincones más inesperados... el suelo de tu cocina... Era el año 1972. Concretamente el 23 de Agosto y, como todos los días, mi madre bajó al primer piso de nuestra casa para preparar el desayuno. Ese día era mi primer día de trabajo como albañil y necesitaba llegar bien despierto. Me duché ese día muy rápido, como si la vida se me fuese en ello y bajé, todavía mojado, al primer piso. En el pasillo y en la cocina cree unas manchas de huellas de pies que a María no le gustaron y me dijo que me secara bien. -¡Mira como me estás poniendo el suelo! ¡Anda, sécate! -Lo siento mamá.-respondí. El olor de las tostadas hechas con el pan y el aceite de Bélmez en ese mes tan caluroso hacía levantarte con la alegría propia del pueblo. Y el zumo exprimido de las naranjas del patio interior de mi casa era dulce como la miel. Mi madre comenzó a fregar todo el agua que había esparcido por la cocina. Mientras, yo, escuchaba la radio y mi padre bajaba con el mono de trabajo a medio poner. -Buenos días hijo.- dijo. -Buenos días padre.-contesté mientras me tomaba un trago de café. Mi padre besó a mi madre. -Buenos días cariño. -Venga, rápido, tomate las tostadas que vais a llegar tarde.-decía mi madre apresuradamente mientras intentaba quitar una mancha del suelo. -Hijo, que tal tu primera mañana para trabajar, ¿tienes ganas?-me preguntó. Mientras mi madre por detrás decía: -Ya empezamos con la humedad, si es que este suelo... -Sí, padre, tengo ganas de poner ladrillos.-dije riendo. -Pues más te vale hijo, a ver si pegas golpe este año porque desde luego, esto no puede ser. -Cariño, ¿esta mancha de que es?- preguntó mi madre. -Eso es de la humedad. ¿De qué va a ser mujer? -En fin, ya se irá con el invierno, anda. Ahora idos a trabajar. Mi padre y yo nos fuimos a la obra. Estábamos construyendo un dique en el río que pasa alrededor de Bélmez. El trabajo era duro y la hora de la comida fue bien recibida, sobretodo por mí, que era el más joven y estaba muy cansado. Por la tarde, era tal el cansancio que se me cayeron los ladrillos de una carretilla. Eso ya fue motivo de castigo para mi padre y nada más llegar a casa me dijo que limpiara el piso de abajo. Con desgana y cansancio, limpié la salita y el cuarto de baño. Llegué a la cocina y la limpié a fondo. Una vez llegó el momento de fregar era muy tarde y el Sol se había puesto, o se estaba poniendo en ese momento. Vi la mancha de humedad que tanto le costaba a mi madre limpiar y pensé en darle una mano de pintura al suelo. Pensando en eso, llegó. Uno de esos momentos en la vida en el que crees ver algo y no sabes lo que es... en esos momentos que no tienes miedo y que al darte cuenta de lo que está pasando, crees que te vas a morir nada más verlo... uno de esos momentos en la vida en el que entornas los ojos, ladeas la cabeza y ocurre. Asombrado al principio, torné la cabeza mirando hacia la mancha del suelo, me agaché y entonces sentí un escalofrío en la pierna.... Era una cara. Me caí hacia atrás y maravillado me acerqué a aquella forma tan curiosa que se había mostrado en el suelo de mi cocina. Gracioso, pues no parecía una cara del todo y la imagen no era nítida, pero al fin y al cabo, una cara. A la mañana siguiente me tenía que ir de nuevo a trabajar. Me duche, bajé mojado y mi madre hacía el desayuno. No me acordaba en ese momento, pero al ver a mi madre de nuevo con la fregona miré de nuevo a la mancha. Pero eso ya no me gustó... la mancha había tomado más forma y ahora se veía casi perfectamente una cara. Las facciones, el pelo, los mofletes, la nariz, todo era perfecto y parecía una verdadera pintura... una terrorífica y perfecta pintura. Mi madre me miró y me llamó preocupada. Yo le contesté con una mirada temblorosa y quizás un poco miedosa. No pronuncié palabra y volví a mirar la cara, ella la mira y lanzó un pequeño grito y nada más ocurrió aquel día. A la mañana siguiente casi todo el pueblo conocía el hecho y querían entrar en la casa. Mi padre hizo negocio ya que a él no le preocupaba lo ocurrido, es más, se sentía feliz. -Un golpe de suerte,-decía.- Dios nos ha querido dar esto, sabía que teníamos poco dinero. El pueblo entero pagó por ver las manchas y algunos, convencidos, creían que era un milagro, otros pretendían creer que era un milagro y otros pocos, parecían creer que no era más que un engaño. Así vivimos unos días, e incluso vinieron de fuera para observar la cara. Cada mañana yo me levantaba con prisa y bajaba para asegurarme de que ella seguía allí: inmóvil, perfecta. No se distinguía mucho, pero yo sabía que esa cara cada vez parecía más sonriente... Pero esperaba lo peor... Ese día me desperté sobresaltado y muy deprisa. Un chillido de mi madre hizo que, medio desnudo y con los ojos llorosos y bostezando bajase las escaleras tropezándome. Las bajé, giré para llegar al pasillo corrí hasta la cocina y allí estaba mi madre. Mirando hacia abajo con cara de espanto. No puedo reflejar el dolor que reflejaban sus ojos que lanzaban lagrimas a ese suelo. Seguí con la mirada la caída de una de sus lágrimas y entonces comprendí el grito, la expresión de su cara y aquellas lágrimas. El suelo estaba invadido. Por lo menos una docena de caras con expresiones de angustia habían surgido aquella noche y no habían salido manchas previas. Aterrorizado entré en la cocina, cogí a mi madre del brazo y la saqué de allí. Cerré la puerta y no s sentamos en el suelo medio llorando. En ese momento bajaba mi padre. -¿Qué hacéis en el suelo?-preguntó. -Papá, no entres en la cocina.-dije ignorando la pregunta. Mi padre no hizo caso de mi advertencia y una vez hubo abierto la puerta, la cerró aceleradamente y se sentó con nosotros. -Esto ya no es normal.-pensé. -Muy bien,-dijo mi padre.- no habráis la cocina. Voy a llamar a la policía. Mi madre y yo nos quedamos sentados en el pasillo mirando de frente a la puerta de la cocina. En ese momento un susurro jadeante nos envolvió, como el de una mujer susurrando al oido. Cada vez era más fuerte. Finalmente se acabó. Siento no poder la historia, pero os prometo la segunda parte en un par de días. OK? Espero que os esté gustando. Debo remarcar que esto es un hecho real, que se dio en Bélmez (Jaén, España) -------------- Las caras de Bélmez (2ªparte) Mi madre y yo nos levantamos intranquilos, con un nudo en el estómago, apoyándonos sobre la pared del pasillo. ¿Qué había pasado? ¿Y ese jadeo? ¿Qué estaba ocurriendo en mi casa? ¿Habría más caras esparcidas por las demás habitaciones? ¿Qué significarían esas caras? ¿Sería un mal presagio? Y lo más importante... ¿En qué acabaría todo esto? Muchas preguntas de ese tipo volaban por mi mente impulsadas por un viento de miedo, angustia e impotencia que hacía que mis piernas se tambaleasen e intentaran, por todos los medios, no caer al suelo, que en ese preciso momento, encontraba endiablado. Mi padre estaba llamando a la policía. -Por favor... si, gracias. Tienes que verlo con tus propios ojos... si, ha sido mi mujer. Muy bien. Cuanto antes podáis, ¿de acuerdo? -¿Van a venir?-dije. -Si, tardarán veinte minutos. Mientras tanto no quiero que nadie se acerque a esa cocina. A partir de ahí se sucedieron una serie de investigaciones por parte de muchos equipos, especialistas, periodistas, policía e incluso la Iglesia que no terminaría más que en estrechas e inverosímiles explicaciones. Nada nos parecía convincente ni a mi ni a mi familia. Nunca se hallaron fotografías debajo de aquel suelo. Sólo unos huesos centenarios que determinaban la existencia de un cementerio situado en el subsuelo, debajo de nuestra casa. Nada parecía explicable, ni si quiera que el agua humedeciera el suelo de esa manera tan... perfecta, tan... maligna. Aún así el foso cavado en la cocina fue rellenado por hormigón armado y no volvieron a verse más caras en el suelo. El verano pasó, y comenzaba el otoño. La brisa de aquel día era especialmente fresca por la mañana y yo me levantaba en aquel momento. Como de costumbre en esa época del año me duchaba con la ventana abierta y contemplaba las nubes tempranas pintadas de naranja por el Sol, todavía oculto. Terminé de ducharme y, aún mojado y sin camiseta, bajé la escalera a oscuras. Entre en la cocina, completamente oscura, y encendí la hornilla. Ahora la cocina quedaba iluminada por la dulce luz naranja del gas. ¡Maldita sea esa mañana! -¡Dios mío, no, otra vez no! Las caras volvieron. Estaban iluminadas por el fuego naranja y esta vez adoptaban múltiples formas. Desnudos y tapados con ropa, sonrientes y tristes, todos los cuerpos mirando hacia una única cara, más nítida en el centro. -¡Esto es imposible!¡Imposible! Cogí un pico y comencé a destrozar el suelo de la cocina, como poseído. Nunca me había sentido tan invadido como entonces. Una a una, las fui convirtiendo en polvo. Polvo que se iría con el viento. Otra vez se cavó un foso y otra vez cambiamos el hormigón armado. Esa casa no merecía ser habitada. ***** Esa noche me levanté intranquilo. No sabía por qué sudaba tanto, pero sé que un calor repentino hizo despertarme. Se escuchaban pasos, pasos tranquilos, como de un hombre yendo de un extremo de la habitación a otro, como pensando. Me levante, despacio, pensando bien a donde me dirigiría una vez desvelado. Una extraña luz despertó mi curiosidad y en seguida anduve por el pasillo hasta el comedor. Encima de la mesa, encontré un folio de papel reciclado y doblado. Lo abrí y leí lo que con tinta roja ponía: “Peligro en la cocina”. Mi mirada se echó hacia atrás, dejé caer el folio al suelo y anduve hacia la cocina mientras no le quitaba ojo a la puerta de la misma. Quería salir de allí. No podía. No había llave. Quería gritar, pero no podía. Estaba mudo, mis padres, yo. Todos estábamos mudos en aquel comedor. En la cocina había ruido, salía fuego. Salía humo. Salían hombres desnudos y tapados, sonrientes y tristes, salían las caras. Oh no, las caras otra vez. Y el foso en el suelo. Todos caímos por el, y justo antes de morir... desperté. Esa mañana nos encontramos todos en la cocina. Y todos habíamos tenido el mismo sueño. Las caras en el suelo, habían vuelto a aparecer -Yo no puedo más.-pensé. -Debemos mantener la calma,-decía mi padre.-esto debe ser una broma. No pueden salir tan de repente. -Sí, si que pueden.-decía mi madre.- Si están aquí es porque pueden hacerlo. Debemos aceptarlo. Esta casa está maldita. -O bendita.-pensé, quién sabe...- -No se hable más, nos tenemos que ir. Es algo que nos supera. Todos los días bajamos esa escalera con miedo de encontrarnos con nuevas caras. Ahora es solo en la cocina, pero... que pasa si llega a los cuartos. ¿Quién podría dormir con esas caras mirando?, observando, siempre ahí, inmóviles... pero vivas... siempre quietas... pero que cambian constantemente. Admitámoslo, tenemos que irnos. Una alarido interrumpió la discusión y todos salimos a la calle para comprobar lo que pasaba... CONCLUIRÁ -------------- Las Caras de Bélmez (Última parte) Como en mi anterior trilogía, no leais esta parte si no leísteis las dos primeras antes, pues no entendereis la historia y seguramente no os guste. Un abrazo, este final se lo dedico a Juanfran. ************************* ¿Qué había pasado? ¿Qué había ocurrido? Ese grito desde la calle, ¿quién había sido? Mi madre, mi padre y yo salimos corriendo de la casa y llegamos a la calle. No se veía nada, a nadie. Quien hubiese gritado ya no estaba allí. Nos dirigimos de nuevo hacia a dentro. De repente lo oímos de nuevo. Era un grito de la vecina de al lado. -No es posible...-pensé.- Le está ocurriendo a ella también. No puede ser. Malditas caras. ¡Malditas caras! Salí corriendo hacia la puerta azul de la casa contigua e intenté abrir la puerta. Era muy de mañana y todavía no se veía completamente bien, pero se podía ver suficiente. No conseguía abrir la puerta de mi vecina. Mi padre me ayudó sin éxito. Mi vecina comenzó a gritar de forma más continuada y yo no podía hacer nada. Poco a poco los demás vecinos comenzaron a salir de sus casas. -¡Ayudadnos, por el amor de Dios! ¡Tenemos que sacarla de ahí! Muchos intentaron abrir la puerta azul mientras se oían unos oidos sordos del interior. Golpes, platos cayendo, portazos y sobre todo gritos de mi vecina. Nada paraba, dentro debía haber por lo menos 5 personas destruyendo todo. No podíamos abrir la puerta y sólo escuchábamos los gritos desesperados de mi vecina. -¡Dios mío, qué está pasando! ¡Quiero salir de aquí! ¡Haz que se abra la puerta! ¡Quiero salir! - gritaba y por mucho que intentábamos comunicarnos con ella no se podía. No escuchaba. Mi padre y yó cogimos un tronco gordo y pesado y con la ayuda de los demás vecinos empezamos a golpear la puerta intentado derribarla. No cedía a penas. El sudor de los que golpeábamos la puerta empezó a humedecer el tronco y parecía que el tronco se desgastaba antes que la puerta. De repente Concha, que así se llamaba mi vecina, dejó de gritar. Paramos unos instantes y todo quedó en silencio. Nos miramos unos a otros sin saber que hacer. Que haríamos una vez que entraramos. ¿Nos enfrentaríamos a aquellos que habían entrado en casa de Concha? Todos miramos a mi padre. Nos miró a todos confuso, se lamió el labio y asintió con la cabeza y en ese momento golpeamos la puerta con todas nuestras fuerzas. -¡Aaaaaaah! - gritamos todos antes de colisionar. La puerta se derrumbó y entramos todos estrepitósamente en posición de defensa... todo estaba destrozado. En silencio cogieron a Concha y se la llevaron a rastras pues estaba inconsciente y tenía varias heridas. Los demás continuamos registrando la casa con un miedo terrible, no sabíamos que hacer. Extrañamente, las ventanas estaban tapiadas por dentro y apenas había luz en la casa. Subimos la escalera hasta el segundo piso. Allí no había nadie. Absolutamente nadie... En la enfermería del pueblo la única herida era Concha y lo demás eran disputas. ¿Qué estaba sucediendo en las casas? ¿Cuál sería la siguiente? ¿Por qué de repente alguien agrede a Concha en su casa y después no hay nadie estando las ventanas tapiadas por dentro? Todo el mundo hablaba alto y agresivamente, el pueblo entero estaba enfrentado. Concha seguía inconsciente. Esa noche nadie durmió. No sabían qué pasaría por la mañana, todo el mundo estaba asustado. A la mañana siguiente Concha despertó. No tenía ganas de desayunar y siempre mantenía la vista en el infinito. Su pelo estaba totalmente enredado y su boca un poco abierta, como embobada. Cuando se le preguntaba por lo que había pasado, se echaba a llorar y a penas nadie pudo saber qué pasó realmente. La policía fue a tomar declaración de lo ocurrido y este fue el informe. "Doña Concepción Morales Robledo, hija de ROMÁN y ALICIA, a 17/10/76 y de número del Documento Nacional de Identidad (DNI) 1376982-O y ante el presente agente: Ramírez Mendoza, Gustavo. COMPARECE: que entre las 6:00 y las 6:30 de ese mismo día se despertó tras una pesadilla en la que dice encontrar una nota cuyas palabras formaban la frase: "peligro en la cocina". Una vez producida ese sueño afirma despertarse frente a esa nota y acto seguido observar levitar varias pertenencias de la casa durante varios instantes. Tras intentar salir de su casa sin éxito, afirma haber sido golpeada por una de sus sillas y de no acordarse de nada más. Basándose en los hechos y en la declaración se solicitará una plaza en algún hospital psiquiátrico donde la víctima pueda ser tratada debidamente." Nadie sabía nada, o Concha se había vuelto loca y destrozó su casa o aquí pasaba algo raro de verdad. Aún así, muchos de los habitantes siguieron vieviendo en Bélmez de la Moraleda. De Concha no se supo más, ya debe haber fallecido... mi madre ya lo hizo y mi padre le acompaño ya no hace mucho. Yo les cuento esta historia, porque es cierta y verdadera. Aunque no puedan creerla y aunque no sepan apreciarla. Miguel Pereira. Obviamente esta es una historia basada en hechos reales y no una historia real. Desde el principio sentí ilusión por redactar esta historia de esta peculiar casa y me he centrado en Miguel para ello, muchas veces creo que sin éxito. Espero que la hallais disfrutado y de no haber sido así, mis disculpas. Un abrazo a todos.
A veces queda un rayo de luz, a veces queda la esperanza, no sabes lo que me haces sentir cuando me abrazas, se que nos quedan infinitos momentos por compartir, verte feliz es una razón mas para sonreír. La vida no siempre da de lo que recibe, mi corazón se siente libre cuando esta contigo y cuando escribe, me persigue una razón para seguir el camino y esa es porque tu corazón camina conmigo. Si tengo que esperar yo te espero quiero que tu y yo volemos juntos hasta el cielo, quiero ir a un lugar donde nunca nadie ha pisado. Eres mi presente, serás mi futuro y eres lo mejor que me ha pasado. Brindo por este solo, contigo todo es perfecto, porque haces que desaparezcan todos mis defectos, nuca lo dudes me haces sentir como un niño cuando te tengo cerca y me regalas todo tu cariño. Hay cosas que se van pero cosas que vienen, cosas que encuentras y otras cosas que se pierden, recuerdos que deseas encerrar en el olvido, la tristeza que vive en tu interior nunca se ha ido y no paras de llorar todo es sufrimiento porque todo pasa siempre en el peor momento, tus lagrimas se quedan disecadas en un cuento de rosas de las que ya no queda nada. Y sientes como el corazón se rompe en trozos, la oscuridad te acompaña y es como sentirse solo, vacío por dentro y sin fuerzas pa sonreír. Estas triste pero intentas fingir que eres feliz, triste por un adiós, por un adiós que no quiere irse. Dentro de mí la tristeza no desea extinguirse, a veces queda la esperanza queda aquél quizás, te preguntas el porque de lo que jamás comprenderás. Estoy enamorado del odio, de la rabia puta, has cambiado demasiado te escribo esta carta disfruta, he llorado tanto por ti que incluso ya lo hago por costumbre. Veo tu nombre en mi mente escrito con sangre y no hay luz que me alumbre, del amor al odio hay un paso, te odio pero te quise. De mil veces que sufrí yo tu como mucho una sufriste, me la has jugado tantas veces que ya ni siento, ya no te deseo lo mejor tan solo quiero ver tu sufrimiento, quiero tenerte lejos pero a la vez cerca, cada vez que pienso que estuve contigo me doy vergüenza. Quiero verte muerta, estoy enfermando, la rabia alivia, el odio crece. Una persona como tú jamás me merecería, tus palabras eran vacías, te perdoné que me mintieras, si fuiste alguien es porque yo quise que lo fueras, me ibas a joder, y así es como me lo pagas tú. No era relación de amor, era relación de esclavitud. Estoy enfermo me he vuelto loco por una obsesión, estoy nervioso y ya no me noto la presión, mi corazón no late, me abre vuelto insensible y esque la conciencia buena ahora para mi es inservible, se que se nota mi enfado, odio y rabia siento, por no hallar suerte en los dados, te maltrataría, te ataría con cuerdas de alambre, sangre en forma de gotas caerán sobre el parket, la maldición te sigue a cada hora, el miedo no se extingue gime finge grita, ahora es hora de que tu propia paranoia te coma, no juego a ser dios jugar es de niños, siempre se tiene miedo a lo desconocido, me gustan las marionetas, me gusta manipular, se que me he vuelto loco por culpa del odio, consumido por fuera pero muerto por dentro, la rabia será mi dolor pero mi dolor será mi féretro, por mi obsesión tu vida ahora depende del medico.