SadicoMercenario
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Máquinas Radicales: Contra el Tecno-Imperio Escrito por Matteo Pasquinelli (2004) En esta ocasión es de mi interés compartir con ustedes una de mis lecturas favoritas: Fuente: Si es de vuestro placer les dejo el link del documento original en Italiano http://multitudes.samizdat.net/Macchine-radicali-contro-il-tecno dijo:Cada uno de nosotros es una máquina del real, cada uno de nosotros es una máquina constructiva. – Toni Negri dijo:Las máquinas técnicas no funcionan, evidentemente, más que con la condición de no estar estropeadas. Las máquinas deseantes, por el contrario, al funcionar no cesan de estropearse, no funcionan más que estropeadas.El arte a menudo utiliza esta propiedad creando verdaderos fantasmas de grupo que cortocircuitan la producción social con una producción deseante, e introducen una función de desarreglo en la reproducción de máquinas técnicas. – Gilles Deleuze, Félix Guattari, El Anti-Edipo ¿Qué es la cooperación de los saberes? ¿Cómo funciona la economía del conocimiento? ¿Dónde está el general intellect trabajando? Acérquense a un distribuidor de cigarrillos. La maquinita que ven es la encarnación de un saber científico en dispositivos hardware y software, generaciones de ingeniería estratificadas al uso del comerciante: gestiona automáticamente los flujos de dinero y mercancías, sustituye al ser humano con una interfaz user-friendly, defiende la propiedad privada, funciona gracias a una mínima rutina de control y abastecimiento. ¿Dónde ha terminado el tabaquero? A veces disfruta de su tiempo libre. Otras veces es suplantado por la sociedad que posee la cadena de distribuidores. En su lugar es entendible encontrar a un técnico. Lejos de querer imitar el Fragmento sobre las máquinas de Marx con un Fragmento sobre los distribuidores de cigarrillos, este ejemplo anti-saludable muestra que las teorías del postfordismo cobraron vida en torno a nosotros. Y que las máquinas materiales o abstractas constituidas por la inteligencia colectiva están concatenadas orgánicamente a los flujos de la economía y de nuestras necesidades. Se habla de general intellect, pero deberíamos hablar en plural. Las formas de la inteligencia colectiva son múltiples, algunas pueden devenir formas totalitarias de control, como la ideología militar-administrativa de los neocons de Bush o del imperio Microsoft. Otras todavía se encarnan en las burocracias socialdemócratas, en los aparatos de control policiales, en la matemática de los especuladores de bolsa, en la arquitectura de la ciudad (paseamos cada día entre concreciones de inteligencia colectiva). En las disutopías de 2001 Odisea en el espacio y Matrix, el cerebro de las máquinas evoluciona en autoconciencia hasta desembarazarse de los seres humanos. Las inteligencias colectivas “buenas”, sin embargo, producen redes internacionales de cooperación como las redes del movimiento global, de los trabajadores precarios, de los desarrolladores de free software, del mediactivismo, producen la cooperación de los saberes en las universidades, las licencias abiertas Creative Commons y hasta proyectos urbanísticos participativos, narraciones e imaginarios de liberación. Desde una perspectiva geopolítica, podríamos figurarnos en una de las paranoias de ciencia ficción de Philip Dick: el mundo está dominado por una sola Inteligencia, pero a su interior se asiste a la guerra entre dos Organizaciones de general intellect contrapuestas y entrelazadas. Habituados a las tradicionales formas representativas del movimiento global no aprehendemos los nuevos conflictos productivos, preocupados mucho más por la guerra no nos damos cuenta de la centralidad del combate. Siguiendo a Manuel Castells, definimos el movimiento como una subjetividad resistencial que no termina de devenir proyectual. No nos damos cuenta de la lejanía del movimiento global del centro de la producción capitalista, del centro de la producción de lo real. Y parafraseando a Paolo Virno, decimos que hay ya demasiada política en las nuevas formas productivas para que la política de movimiento pueda gozar todavía de una autónoma dignidad. El ’77 (no sólo italiano, pensamos también en la temporada punk) ha sancionado el fin del paradigma “revolución” y su cambio por el del movimiento, abriendo los nuevos planos de conflicto de la comunicación, de los medios, de la producción de imaginario. En estos días estamos descubriendo que también el formato “movimiento” es posible de ser superado. A favor, probablemente, del de red . Tres tipos de acción que en el siglo XIX eran bien distintas -trabajo, política, arte- ahora están integradas en una misma actitud y son centrales en todo proceso productivo. Para trabajar, hacer política, producir imaginario hoy se necesitan competencias híbridas. Esto no significa sólo que todos seamos trabajadores-artistas-activistas, sino además que las figuras del militante y del artista están superadas y que tales competencias se forman en un espacio común que es la esfera del intelecto colectivo. El general intellect es el patriarca de una familia de conceptos cada vez más numerosos y discutidos: economía del conocimiento, capitalismo cognitivo, inteligencia colectiva, intelectualidad de masa, trabajo inmaterial, cognitariado, sociedad de la información, clase creativa, cooperación de los saberes, postfordismo. En los últimos años el léxico político se ha enriquecido con instrumentos emparentados entre sí a los cuales les damos vueltas preguntándonos para qué sirven exactamente. Por simplicidad damos razón sólo a los términos herederos de un acercamiento iluminador, angélico, casi neognóstico. La realidad es mucho más compleja y esperamos que nuevas formas reivindiquen el rol que al interior de la misma arena le pertenece al deseo, al cuerpo, a la estética, a lo biopolítico. Y recordamos además la disputa trabajadores cognitivos vs. precarios, dos caras de la misma moneda que los precogs de Chainworkers sintetizan diciendo que “los primeros son networkers, los segundos networked; los primeros brainworkers, los segundos chainworkers; los primeros seducidos y abandonados por las empresas y mercados financieros, los segundos atropellados y flexibilizados por los flujos apátridas del capital global”. El punto es que estaríamos a la búsqueda de un nuevo actor colectivo y de un nuevo punto de aplicación de la oxidada clase revolucionaria. El suceso del concepto de multitud repercute también en la actual desorientación. El pensamiento crítico busca continuamente forjar el actor colectivo que encarnaría el espíritu de los tiempos y la historia se recorre nuevamente reconstruyendo las formas subterráneas a cada paradigma de acción política: el actor social más o menos colectivo, la organización más o menos vertical, el fin más o menos utópico. Proletariado y multitud, partido y movimiento, revolución y autoorganización. Hoy se imagina que el actor colectivo sería el general intellect (o como quieran llamarlo), su forma: la red, su objetivo: la constitución de un plano de autonomía y autopoiesis, su campo de acción: el capitalismo cognitivo espectacular biopolítico… Aquí no hablamos de multitud, porque el concepto es al mismo tiempo demasiado noble e inflacionado, heredero de siglos de filosofía y esquivado demasiado frecuentemente por los megáfonos de las cortes. El concepto de multitud ha sido más útil como exorcismo de las pretensiones identitarias del movimiento global que como instrumento constructivo. La pars costruens le tocará al general intellect: cuando filósofos como Paolo Virno deben reencontrar el terreno común, el actor colectivo perdido, reconstruyen la Inteligencia Colectiva o la Cooperación como propiedad emergente y constitutiva de la multitud. En otra fábula paranoica, imaginemos que la tecnología fuese la última heredera de una saga de actores colectivos generados por la historia como una muñeca matryoshka: religión – teología- filosofía – ciencia -tecnología. Para decir que en las tecnologías de la información y de la inteligencia se estratifica la historia del pensamiento, incluso si de la saga recordamos sólo el último episodio, o sea la red que encarna los sueños de la generación política precedente. ¿Cómo se ha llegado a todo esto? Estaríamos en el punto de convergencia de diferentes planos históricos. La herencia de las vanguardias históricas de la síntesis entre estética y política. Las luchas del ’68 y del ’77 que abren nuevos planos de conflicto fuera de las fábricas y dentro del imaginario y la comunicación. La hipertrofia de la sociedad del espectáculo y de la economía del logo. La transformación del trabajo asalariado fordista en trabajo autónomo precario postfordista. La revolución informática y el advenimiento de Internet, de la net economy y de la network society. La utopía secularizada en tecnología. El más alto ejercicio de representación que deviene producción molecular. Hay quien percibe el momento actual como una vivaz red mundial, otros como una nebulosa indistintas, otros como una nueva forma de la explotación, otros como oportunidad. Hoy la densidad alcanza la masa crítica, forma una clase radical global en la intersección de los planos del activismo, la comunicación, el arte, las tecnologías de red, la investigación independiente. ¿Qué cosa significa ser productivos y proyectuales, abandonar la mera representación del conflicto y las formas representativas de la política? Hay una metáfora hegemónica difundida en el debate político, en el mundo del arte, en la filosofía, en la crítica de los medios, en la cultura de red: el free software. Lo vemos citado al final de toda intervención que formule el problema de qué hacer (pero también en artículos de marketing estratégico…), mientras la metáfora gemela open source contamina cada disciplina: arquitectura open source, literatura open source, democracia open source, ciudad open source… Los software son máquinas inmateriales. La metáfora free software es incluso demasiado fácil por su inmaterialidad, que frecuentemente no consigue tener roce con el mundo real. Aunque sepamos que es una cosa buena y justa, polémicamente nos preguntamos: ¿Qué cambiará cuando todas las computadoras del mundo corran con free software? El aspecto más interesante del modelo free software es la inmensa red de cooperación que se ha creado entre programadores a escala mundial, ¿pero qué otros ejemplos concretos podríamos tomar para proponer nuevas formas de acción en el mundo real y no tan sólo en el reino de lo digital? En los años ’70 Deleuze y Guattari tenían la intuición de lo maquínico, introyección/imitación de la forma productiva industrial. Finalmente un materialismo hidráulico que hablaba de máquinas deseantes, revolucionarias, célibes, de guerra y no de representaciones e ideologías. Deleuze y Guattari sacaron la máquina de la fábrica, ahora nos toca a nosotros sacarla fuera de la red e imaginar la generación post-Internet. El trabajo cognitivo produce máquinas, máquinas de todo tipo, no sólo software: máquinas electrónicas, máquinas narrativas, máquinas publicitarias, máquinas mediáticas, máquinas actorales, máquinas psíquicas, máquinas sociales, máquinas libidinales. En el siglo XIX la definición de máquina indicaba un dispositivo para la transformación de energía. En el XX la máquina de Turing -en la base de cada computadora- comienza a interpretar la información en forma de secuencias, de 0 y 1. Para Deleuze y Guattari en cambio la máquina deseante produce cortes, compone flujos y sin duda produce lo real. Hoy por máquina entendemos la forma elemental del general intellect, cada nodo de la red de la inteligencia colectiva, cada dispositivo material o inmaterial que concatena orgánicamente los flujos de la economía y de nuestros deseos. A un nivel superior, la red misma se puede considerar una mega-máquina ensamblada en otras máquinas, e incluso la multitud deviene maquínica, como escriben Hardt y Negri en Imperio: “La multitud no usa sólo las máquinas para producir, sino ella misma deviene, contemporáneamente, cada vez más maquínica. Del mismo modo, los medios de producción están cada vez más integrados en las mentes y en los cuerpos de la multitud. En tal contexto, reapropiación significa libre acceso y control del conocimiento, de la información, de la comunicación y de los afectos, en cuanto medios primarios de la producción biopolítica. El simple hecho de que estas máquinas productivas hayan sido integradas en la multitud no significa que esta última esté en condiciones de controlarlas; al contrario, todo esto vuelve a la alienación mucho más odiosa y viciada. El derecho a la reapropiación es el derecho de la multitud al autocontrol y a una autónoma autoproducción”. Con otras palabras se ha dicho que en el postfordismo la fábrica ha salido de la fábrica, que la sociedad toda ha devenido fábrica. Una multitud ya maquínica sugiere que la caída del actual sistema de producción en un plano de autonomía sería posible gracias a un golpe en los riñones, desconectando la multitud del comando del capital. Pero la operación no es del todo fácil en los términos del tradicional lema “reapropiémonos de los medios de producción”. ¿Por qué? Si bien es verdad que hoy el principal instrumento de trabajo es el cerebro y que por consiguiente los trabajadores podrían inmediatamente reapropiarse del medio de producción, es también verdad que también el control y la explotación de la sociedad han devenido inmateriales, cognitivos, reticulares. No sólo se ha acrecentado el general intellect de las multitudes, sino también el del imperio. Los trabajadores armados con sus computadoras podrían reapropiarse de los medios de producción, pero puesta la nariz fuera de la desktop se encontrarían frente a un Godzilla que no habían previsto, el Godzilla del general intellect enemigo. Las meta-máquinas sociales/ estatales/ económicas a las cuales nosotros, seres humanos, estamos conectados como prótesis, están dominadas por automatismos conscientes e inconscientes. Las meta-máquinas están gestionadas por un particular tipo de trabajo cognitivo que es el trabajo político/ administrativo/ gerencial, que proyecta/ organiza/ controla sobre una vasta escala, una forma de general intellect que no habíamos nunca considerado, cuyo príncipe es una figura que pisa la escena en la segunda mitad del siglo XX: el gerente. Como recuerda Bifo citando a Orwell en su ensayo Il totalitarismo tecno-manageriale da Burnham a Bush, en el mundo post-democrático (o si se prefiere, en el imperio) son los gerentes los que han asumido el comando: “El capitalismo está desapareciendo pero el socialismo no lo sustituye. Lo que están naciendo es un nuevo tipo de sociedad planificada y centralizada que no será ni capitalista ni democrática. Los gobernantes serán aquellos que controlan efectivamente los medios de producción, esto es los ejecutivos, los técnicos, los burócratas y los militares, unidos bajo la categoría de “gerentes” "managers". Ellos eliminarán a la vieja clase propietaria, aplastarán a la clase obrera, y organizarán la sociedad de modo de mantener en sus manos el privilegio económico. Los derechos de propiedad privada serán abolidos pero no será por esto establecida la propiedad común. No tendremos más pequeños estados independientes, sino grandes super-estados concentrados en torno a los centros industriales en Europa, Asia y América, y estos super-estados combatirán entre sí. Estas sociedades serán fuertemente jerárquicas con una aristocracia del talento en el vértice y una masa de semi-esclavos en la base”. (George Orwell, Second Thoughts on James Burnham, 1946). 6 Hemos citado al inicio las dos inteligencias que se enfrentarán en el mundo y las formas en las que se manifiestan. La multitud funciona como una máquina porque está disminuida en un esquema, en un software social, pensado para la explotación de sus energías y de sus ideas. Esto es, los tecnogerentes (públicos/ privados/ militares) son aquellos que, inconscientemente o no, proyectan y controlan máquinas hechas de seres humanos ensamblados unos con otros. El general intellect genera monstruos. Comparada con la penetrabilidad del tecnomanagement neoliberal, la inteligencia del movimiento global es poquísima cosa. ¿Qué hacer? Es necesario tanto inventar máquinas virtuosas revolucionarias radicales para colocar en los puntos nodales de la red , como enfrentarse al general intellect que administra las meta-máquinas imperiales. Y antes de comenzar, tomar conciencia de la densidad de “inteligencia” que se condensa en cada mercancía, organización, mensaje, medio, en cada máquina de la sociedad postmoderna. Don’t hate the machine, be the machine. ¿Cómo transformar la cooperación de los saberes y de los conocimientos, de los instrumentos y de los espacios en nuevas máquinas productivas radicales revolucionarias, más allá del superescuchado free software? Es el mismo desafío que en un tiempo se pronunciaba: reapropiarse de los medios de producción. ¿La clase radical global conseguirá inventar máquinas sociales que sepan desafiar al capital y funcionar como planos de autonomía y autopoiesis? ¿Máquinas radicales que sepan afrontar la inteligencia tecnogerencial y las meta-máquinas imperiales dispuestas en torno nuestro? El match multitudes contra el imperio deviene el match máquinas radicales contra tecnomonstruos imperiales. ¿Desde dónde comenzar a construir estas máquinas? ¿Desde dónde comenzar a construir estas máquinas? dijo: Multitud, Imperio, Biopoder, Singularidad, Cognitariado, Socialización de la producción, Producción inmaterial, 1968, Poder, Afectos, Militancia, Hibridación, Dispositivo, Ética, Corrupción ontológica, Dominio, Resistencia, Posfordismo, Tribus, Fordismo, Obrerismo, Obrero masa, Obrero social, Éxodo, Exit, Defección, Aufhebung, Feedback, General Intellect, Dominio Público, Meme, Ciberturbas, Modelo Bazar, Modelo Catedral, Autoorganización, Red descentralizada, Red distribuida, Incentivos, Propiedad intelectual, Topología, Nodo, Reconocimiento, Remuneración, Ética del tiempo, Poder descentralizado, Poder distribuido, Organización de la representación, Organización de la acción colectiva, Pluriarquía, Democracia, Netócratas, Interpretación, Análisis, Autonomía, Swarming, Efecto red, Subóptimo paretiano, Tipping Point, Netwar, Empowering People, Discurso, Herramientas, Visibilidad, Invisibilidad, Marketing Viral, Redes de influencia, Contextopedia, Producción, Distribución, Prosumidor, Mugshot, Avatar, Copyleft, Blook, Colaboratorio, CMS, Early Adapters, Folksonomía, Geeks, Mushups, The Long Tail, m-learning, Nanomedios, Podcasts, Preferential Attachment, Smart Mobs, Social Networking, Software Libre, Splogs, VoIP, Serendipia, Bullshiters, Teoría Queer, Feminismo, Liberalismo, Comunitarismo, Antagonismo, De-democratización, Proceso de subjetivación, Producción de conocimiento-acción-conocimiento, Poder Constituyente, Poder Soberano, Homo sacer, Soberanía, Acto, Potencia, Simbionte, Potestas, Potentia, Modernidad, Progreso, Retorno, Catch-all Party, Cartel Party, Estado de Excepción, Contingencia, Sociedad del Riesgo, Rorty, Pragmatismo, Semiocapital, Recombinante, Confianza, Protesta, Co-político, Politécnico, Multitransversal, Comunidad-red, Proliferación, Overflow, Multifrenia, Realidad, Verdad, Lenguaje, Metáfora, Mito, Narración, Universo de Discurso, Vocabulario, Juego de lenguaje… Matteo Pasquinelli mat AT rekombinant.org Berlin – Bologna, Febrero 2004

¿Democracia sin gobierno, sin partidos y sin ciudadanos? Por: Adolfo Sánchez Rebolledo Resumen: ● Se discuten al más puro estilo de la pluma abstracta de Adolfo Sánchez los graves problemas de ingobernabilidad que imperan en el México contemporáneo. ● Se plantea la ineficiencia del modelo económico liberal, de los partidos políticos (como medios para la culturización de la democracia) y se cuestiona el presidencialismo entendido como el ejercicio del poder sin tener en cuenta los demás poderes de la unión. ● De esta situación retrógrada en la incipiente democracia mexicana se concluye que los beneficiados son los poderes factuales (aquellos cuyos intereses económicos se pueden ver afectados). ● Se advierte de los riesgos que implican la militarización y su intervención de ilegalidad en asuntos de la sociedad civil. Una de las consecuencias más negativas de la crisis de credibilidad en la que se halla sumergida la llamada clase política es el desprestigio del gobierno como tal, casi con independencia de sus acciones concretas, de sus objetivos o su filiación ideológica. Se ha conseguido lo que hace algunos años parecía imposible: poner en el mismo nivel a los políticos provenientes de la izquierda o la derecha, sin que, ciertamente, entre ellos se perciba un esfuerzo mayor, sistemático, pedagógico, para negar que todos son iguales y, más importante aún, para justificar ante la sociedad la necesidad de contar con partidos e instituciones especializadas” en el arte de gobernar y no sólo en la conquista y el usufructo de las cuotas de poder. Las razones de este creciente deterioro del ideal democrático en la vida pública nacional han sido objeto de numerosas investigaciones cuyo valor no siempre se ha justipreciado, pero lo cierto es que estamos en un punto muy bajo en aquello que se da en llamar “la calidad de la democracia”. En cierta forma, por canales inesperados, ganó audiencia la contrautopía según la cual la sociedad más feliz es aquélla donde privan los impulsos concurrentes de unos ciudadanos cuyos actos están regidos por el interés egoísta ante el mercado, pero modulados por las virtudes éticas que la religión provee. Como si fuera un castigo por los años de predominio monocolor de un partido apéndice del Estado, hoy se revive, casi como una caricatura, el ideal antidespótico que ve en el gobierno a la encarnación del Mal, salvo, claro, cuando ciertos intereses se sienten amenazados y pasan sin mediación de negar a la autoridad a exigir la “mano dura” en todos los asuntos conflictivos. Es en ese clima de pura negatividad donde se afirman los poderes “fácticos”, cuyo ascenso marca esta primera década de alternancia. Son ellos los que marcan el ritmo e imponen la tonada que los partidos cantan. De su fuerza, sobre todo hablando de los medios, depende en mucho la valoración colectiva sobre las urgencias nacionales y, dada la crisis constitucional de la escuela como reproductora de valores, pretende afincar un catecismo “ideológico” que reduce y simplifica cierta visión del mundo. De la escena nacional han desaparecido, o sólo se ven de forma intermitente, los debates de mayor aliento que podrían servir como columna vertebral para una recuperación de la esperanza, entendida como esa forma de confianza en el futuro que hoy parece haberse extinguido. La inmediatez de la mecánica electoral, tan importante para el diseño de un Estado democrático, se ha yuxtapuesto al reconocimiento esencial de que en una sociedad plural lo determinante es saber conjugar la deliberación más amplia y profunda con el respeto al principio de mayoría. Esa es la mejor garantía para mantener viva y despierta a una ciudadanía que quiere ser tratada como un sujeto adulto y responsable, y no como un “cliente” ignorante y manipulable. El intento de reducir la pluralidad por la vía de los recortes a la representación mediante candados u otros subterfugios que garanticen mayorías automáticas, no sólo contraviene la regla democrática, sino que, al final, termina por afirmar las visiones más autoritarias sobre el gobierno. El intento de impedir que el pluralismo se exprese en los órganos de representación –el Congreso y las cámaras locales– en virtud de la más estricta proporcionalidad, como correspondería a un desarrollo lógico del régimen político que viene de formas presidencialistas autoritarias, responde a la pretensión, esa si restauradora, de darle al Presidente un poder que niega la pluralidad existente, la traduce a un bipartidismo obligado e impide la maduración de la división de poderes, cuya afirmación, lejos de ser una traba, es una de las conquistas reales, verificables de nuestra accidentada transición. En vez de buscar cómo reformar el gobierno y hacer más eficiente la relación entre el Ejecutivo y el Congreso, los jefes políticos sólo piensan en cómo darle más poder al Presidente en turno (cada cual pensando en su turno), pues no han aprendido a conducir un país que es diverso y pluralista sin servirse de los viejos instrumentos que antaño resultaban funcionales. Al mismo tiempo, en vez de que los partidos se transformen en escuelas de democracia, lo que vemos es cómo se instrumentalizan para servir como correas de transmisión de los grupos de poder que en verdad definen las agendas, con lo cual la vida pública se empobrece y la ciudadanía se degrada. Se nos quiere convencer de que no hay otro camino para el progreso que el inscrito en el programa reformista de corte liberal (con aditamentos compensatorios) cuya larga historia revela la miseria política e intelectual de una “clase gobernante” incapaz de asumir los desafíos de la globalización y la problemática derivada de la creciente demografía y la desigualdad. El afán imitador, la sumisión incondicional a la idea fatalista de que “no hay otra alternativa”, se impuso en la mentalidad de los grupos de poder arrasando con toda suerte de resistencia. Cualquier otra tesis se tiró a la basura calificándola como anacrónica, conservadora, no moderna. México se graduó pronto con altos honores ante el tribunal del poder trasnacional como un país cumplidor de las recetas elaboradas en Washington, pero el sueño duró muy poco antes de convertirse en pesadilla. El presidencialismo apuró las últimas gotas con Carlos Salinas de Gortari y, luego, vino la crisis, el derrumbe de la economía, la ruptura de los equilibrios del pasado, la soledad de la “integración” a un Norte que repele la vinculación laboral, humana, la violencia desatada en todas sus expresiones, los gobiernos divididos, la alternancia presidencial y, finalmente, el impulso al cambio en 2006, sostenido –que no reconocido ni aquilatado en su significado más profundo– por millones de ciudadanos que ya no querían más de lo mismo. De esta cadena de sinrazones, los únicos que han salido vencedores han sido los poderes fácticos, en particular los grandes medios electrónicos, cuyo poder no cesa de crecer mientras muchos políticos, atrapados en sus redes, esconden la cabeza. Esta es la situación actual, agravada por la guerra contra el crimen organizado que amenaza con las descomposición total de las instituciones, incluyendo a la última salvaguarda del Estado, que es el Ejército, por no hablar ya del aparato de justicia que para ciertos efectos hace mucho es inexistente. Pese a todo, los partidos prefieren el gradualismo al paso rápido que la situación exige y se dejan hablar al oído por quienes de alguna manera se creen intocables. Las dudas planteadas en cuanto a la conveniencia de aprobar la ley de medios presentada por Javier Corral demuestran hasta qué punto existen políticos al servicio directo de las empresas, o muchos que temen desaparecer de la escena-pantalla electoral, lo cual es una completa aberración democrática. Pero también hay dudas muy serias en cuanto a la necesidad de sujetar a los militares que ilegalmente actúan como policías a los tribunales civiles. Y esto, a estas alturas, es muy preocupante. Si los políticos no son capaces de hacer aquí y ahora las reformas necesarias dictadas por la realidad, no por un fantasioso manual de buena conducta universal, México seguirá en riesgo. PD: A Pepe Woldenberg y a los suyos a la hora de la dolorosa travesía. Fuente: http://gobiernolegitimobj.blogspot.com/2010/04/democracia-sin-gobierno-sin-partidos-y.html

Felipe Calderón: Un fracaso másMÉXICO, D.F., 30 de abril (apro).- ¿Dónde están los operadores de Felipe Calderón, del encargado del Ejecutivo federal?, es la pregunta. La verdad, es que parece no tenerlos, por lo menos eso se demostró cuando fracasó la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional.Desde que inició su sexenio, Calderón sacó al Ejército a las calles para combatir al narcotráfico y, tres años después, ahí lo mantiene; intensificó los operativos y dio golpes mediáticos con la detención de grandes capos, pero con un costo muy alto: más 22 mil muertos, según la cifra oficial. Sin embargo, las calles sigues circulando las drogas y se ha intensificado la violencia.En abril de 2009 Calderón envió al Congreso la iniciativa de reforma para darle un marco jurídico al trabajo de las fuerzas armadas en su combate al crimen organizado, o mejor dicho, brindarles impunidad a las fuerzas armadas para hacer un trabajo que corresponde a otras instancias y seguir justificando los “daños colaterales”, como le gusta llamar a las muertes de inocentes.Frecuentes y hasta habituales, las violaciones del Ejército a Derechos Humanos en México: Las denuncias sobre desapariciones, ejecuciones, tortura y detenciones arbitrarias constantemente no son investigadas por las autoridades civiles ni miliaresEs cierto que la presencia del Ejército en las calles es un reclamo de la sociedad, pero no para que se justifiquen atropellos de la milicia, sino como medida última para acabar con la preocupación de los ciudadanos que sus hijos no regresen a sus casas y sean alcanzados por balas pedidas o que mueran en fuego cruzado, como ha ocurrido en las últimas semanas en diversas partes del país.Sin embargo, el encargado del Ejecutivo federal, porque no se le puede llamar presidente de la República a quien llegó en forma tan dudosa a esa posición, erró la vía política para lograr la aprobación de la reforma.Las fuerzas armadas que le abrieron la puerta de atrás del Congreso de la Unión a Felipe Calderón Hinojosa para que aquel 1 de diciembre de 2006, rindiera protesta como titular del Ejecutivo federal, le exigieron seguridad jurídica en las acciones de combate contra el crimen organizado que han venido realizado en los últimos tres años. Los salvadores, es decir, las fuerzas armadas, a quienes el Ejecutivo federal les debe en gran parte estar en la silla presidencial, quieren seguridad jurídica, pero Calderón no les ha podido cumplir.Calderón envió al Senado su iniciativa de reforma --quizá por los acuerdos que ya tenía con el líder de los priistas, Manlio Fabio Beltrones, para sacar adelante la ley--, pero cometió un grave error: ● Primero: el Senado nunca trabajó en conferencia, es decir, en acuerdo con la Cámara de Diputados, por lo tanto, tampoco con los diputados priistas para sacar adelante la reforma.● Segundo: los votos reales que aseguraban el transito de las reformas estaban entre los legisladores de la Cámara baja.Efectivamente, el pasado 27 de abril salió del Senado la iniciativa con tan sólo dos votos en contra: los de Rosario Ibarra de Piedra y de Ricardo Monreal. Sin embargo, el problema es que la reforma fue aprobada con innumerables cambios que a las fuerzas armadas no gustaron; pretendían que la ley fuera aprobada según la había enviado el Ejecutivo federal.Piensa ahora el Ejército que los senadores, en su negociación entre los diferentes partidos políticos, les quietaron los “dientes” que ellos habían presentando con la iniciativa calderonista, que más bien pareció haberla elaborado el propio Ejército.Al llegar a la Cámara de Diputados la minuta se “atoró” porque el Ejército, molesto, pidió el apoyo de los priistas para que la frenaran y le hicieran nuevas modificaciones. Es decir, regresar la iniciativa a los términos en que fue presentada la propuesta.El error político de Calderón consistió en haberla enviado al Senado y no a la Cámara, digo lo anterior porque entre los diputados, ---237 del PRI— hay más priistas que tienen un gran respeto por las fuerzas armadas; era mucho más factible que saliera adelante.CALDERÓN: SUS PROPUESTAS INSUFICIENTES TARDÍAS Y OMISASLa operación política le falló a Calderón, pues no sólo equivocó la vía, sino que a pesar de saber del descontento del Ejército por los cambios, todavía ordenó a su secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, que empujara entre los diputados para que saliera adelante la minuta.Todavía el 28 de abril --día en que llegó la minuta a la Cámara de Diputados-- y el mismo 29, último día en que sesionaron los legisladores, Gómez Mont seguía presionando para que incluyeran la minuta en el orden del día y fuera aprobada.Una minuta que rechazan los militares, una minuta que no tiene el consenso de todos los partidos pero que, si hubiera llegado primero a la Cámara y no al Senado, con los 237 votos del PRI más los 143 del PAN, hubiera salido adelante sin ningún problema, incluso, como lo pedía el Ejército.A pesar de tener todo el rechazo de las fuerzas militares, Calderón insistió y ordenó a Gómez Mont operar hasta el último momento.“¡Pero qué le pasa al presidente!”, es el comentario que en los pasillos de la Cámara de Diputados se escuchó los días 28 y 29 de abril. “¡Ya se equivocó enviando al Senado la minuta y ahora que el Ejército está molesto por la forma en que quedó, todavía insiste en que se apruebe!”, decían los legisladores priistas.El PAN en la Cámara de Diputados solo no puede hacer absolutamente nada, no sólo porque la coordinadora de los panistas, Josefina Vázquez Mota, nunca ha servido como operadora, sino también porque en estos momentos el tema ya se empalmó con los procesos electorales.Hay que recordar que el 4 de julio habrá elecciones para elegir gobernador en 10 estados, los cuales, muy seguramente ganará el PRI --aunque Sinaloa aún mantiene preocupados a los priistas--, así es que en los meses de mayo y junio, los partidos estarán más preocupados por la operación política en cada una de esas entidades que lo que pueda ocurrir en el Congreso de la Unión.Es cierto que se puede convocar a un periodo extraordinario para aprobar la Ley de Seguridad Nacional, pero los principales operadores del PRI estarán en los procesos locales y no tendrán tiempo para negociar los cambios que el Ejército quiere que se hagan a la minuta aprobada en el Senado. El PAN, tendrá que hacer lo propio, sobre todo, ahora que, como lo indican los sondeos de opinión, está a punto de perder todas las elecciones.Calderón ya fracasó con cumplirle al Ejército sus exigencias; y como parte de sus errores políticos envió su iniciativa de cambios al fuero militar de nueva cuenta al Senado.Pareciera que los operadores del calderonismo no saben hacer cuentas y desconocen la gran cercanía que hay entre los priistas y el Ejército. Pero parece que también ignora que al interior del priismo hay una lucha por la candidatura presidencial, una lucha que se enmarca en las cámaras.Por ejemplo, dos de los principales competidores por la candidatura, Manlio Fabio Beltrones y Enrique Peña Nieto, mueven sus piezas y empujan acuerdos para sacar adelante sus aspiraciones.En el Senado manda Beltrones pero en la Cámara, que por el momento es la importante, manda Peña Nieto.Calderón escuchó a Beltrones y ahora la posibilidad de brindarles seguridad jurídica a los militares está en manos de Peña Nieto, está en la Cámara de Diputados.Los errores de Calderón no hacen sino regresar el poder de decisión al PRI, que puede vender caro su amor a los militares y lo hará en función de la candidatura presidencial.Quien obtenga lo que los militares quieren, es decir, Beltrones o Peña Nieto, tendrá también a un fuerte sector de su lado, lo cual lo hará un candidato más viable para la Presidencia de la República por el PRI.Parece que todo esto no lo calcularon los operadores de Calderón o más bien, esto es una muestra de que Felipe Calderón no tiene ni ha tenido verdaderos operadores políticos, de ahí que halla decidido iniciar una “guerra” en contra del narcotráfico y haya provocado la ira de las fuerzas armadas, un bastión con el que el presidente de la República debe saber negociar siempre y tenerlo de su lado, en todo momento.Ahora, con este descalabro legislativo, la pregunta es si los militares seguirán confiando en Calderón y seguirán dando la cara por él en la lucha contra el narcotráfico?; esa confianza implica seguir cargando con los muertos, el descredito y el repudió generalizado de la ciudadanía por los errores que ha cometido en la lucha contra el narcotráfico y que han dado como resultado la muerte de civiles inocentes.Y es que como están las cosas y los tiempos electorales, será difícil que una ley de seguridad, a modo de los militares, salga durante mayo o junio; pasados los procesos electores --y más si se presentan conflictos poselectorales--, será muy complicado que se convoque a un periodo extraordinario para el mes de agosto.Siendo así, lo más probable es que la minuta del senado se discuta al inicio del siguiente periodo ordinario que arrancará en septiembre, aunque el otro problema es que se empantanaría con la discusión del paquete económico para el 2011 que, por ley, debe estar en la Cámara de Diputados a más tardar el 8 de septiembre.Siendo así los tiempos, se antoja complicado que la ley pueda salir, y si esto llega a ocurrir será por la operación política del PRI, el cual, de nueva cuenta, podrá condicionar al gobierno de Felipe Calderón, quien desde su llegada no ha podido rebasar a su principal opositor, el PRI.FUENTE:http://www.proceso.com.mx/?p=105721
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