SofiCobain
Usuario (Argentina)

Entre los usuarios de las redes sociales se ha hecho muy popular una fotografía de la superficie de Marte en la que muchos afirman haber detectado un gigantesco cangrejo alienígena entrando en una cueva. "Una araña", "un extraterrestre", "John Carter", "un impresionante cangrejo marciano"... estas son algunas de las suposiciones de los internautas que estudiaron una imagen reciente de la superficie de Marte obtenida por la NASA en la que aparece un objeto extraño. "¡Esto es impresionante!", escribió en Facebook un grupo escéptico de aficionados al planeta rojo cuyo lema es "No te dirán la verdad sobre Marte". Esta no es la primera imagen de la superficie marciana que hace dudar a los internautas, e incluso a los científicos, de que Marte sea un planeta inhabitable. A principios de julio, el Curiosity, la misión espacial de la NASA que estudia Marte, encontró una roca que podría contener material orgánico. Anteriormente, la agencia espacial divulgó una foto de una roca en forma de pirámide tomada por una de las cámaras del Curiosity en el planeta rojo. Un equipo de científicos que estudian las marcas de la superficie de un joven cráter marciano conocido como 'Istok', por su parte, encontraron indicios de la presencia de agua "sorprendentemente recientes".
UN ARTICULO ESCRITO POR RODOLFO WALSH EN 1974. RESUME LA HISTORIA DEL NACIMIENTO DEL ESTADO DE ISRAEL Y EL DESPOJO DE LOS PALESTINOS. IMPRESCINDIBLE PARA ENTENDER EL PROBLEMA QUE AUN CONTINÚA EN ESTOS DÍAS. La revolución Palestina 1. Tres millones de palestinos despojados de su patria cuestionan todo arreglo de paz en Medio Oriente El periodista Rodolfo Walsh estaba en Beirut el 15 de mayo cuando un comando palestino golpeó en Maalot. Caminó al día siguiente entre las ruinas de las aldeas libanesas bombardeadas por la aviación israelí. Entrevistó a los principales dirigentes de la Resistencia Palestina; antes había pulsado el sentimiento dominante en El Cairo, Damasco, Argel. En su opinión, los acuerdos tramitados por Kissinger no sellarán la paz en Medio Oriente. La explicación está en el pueblo palestino expulsado de su tierra y en la marea revolucionaria que sacude a ese pueblo. Así entró en materia: –¿Cómo te llamas? –Zaki. –¿Qué edad tenés?. –Siete. –¿Vive tu padre?. –Murió. –¿Qué era tu padre?. –Fedaí. –¿Qué vas a ser cuando seas grande?. –Fedaí. El chico rubio de cabeza rapada y uniforme a rayas que da estas respuestas en una escuela de huérfanos al sur de Beirut, Líbano, resume la mejor alternativa, que tras 26 años de frustración resta a tres millones de palestinos despojados de su patria: convertirse en fedayines, combatientes de la Revolución Palestina. “¿Palestinos? No sé lo que es eso”, declaró en una oportunidad la ex primer ministro de Israel Golda Meir. Se conoce la eficacia ilusoria del argumento, utilizado en Argelia, Vietnam, colonias portuguesas, para negar la existencia de sus movimientos de liberación. Muyaidín? Connait pas. Liberation Front? Never heard ofit. FRELIMO? Nao conhece. El enemigo no existe y todo está en orden. Cada una de estas negativas ha hecho correr un río de sangre pero no ha detenido la historia. Desde hace un cuarto de siglo la política oficial del Estado de Israel consiste en simular que los palestinos son jordanos, egipcios, sirios o libaneses que se han vuelto locos y dicen que son palestinos, pero además pretenden volver a las tierras de las que se fueron “voluntariamente” en 1948, o que les fueron quitadas no tan voluntariamente en las guerras de 1956 y 1967. Como no pueden, se vuelcan al terrorismo. Son en definitiva, “terroristas árabes”. Es inútil que en el Medio Oriente estos argumentos hayan sido desmantelados, reducidos a su última inconsecuencia. Israel es Occidente y en Occidente la mentira circula como verdad hasta el día en que se vuelve militarmente insostenible. La hoja 1974 de esta historia no ha sido todavía doblada y ya tiene varios renglones sangrientos: Keriat Shmonet, Kfair, Maalot, Nabatyé. Es difícil entenderla si se ignoran las hojas 1967, 1948, 1917, y aun las anteriores, incluso las que se salen de la historia y se hunden en la literatura religiosa. En el principio fue… Primero –dicen– fueron los canaanitas y después fueron los hebreos. Faltaban mil años para que naciera Cristo cuando Saúl fundó su reino, que después se partió en dos. Hace casi 2700 años el reino de Israel fue abatido por los asirios. Hace 2560 años el reino de Judá fue liquidado por los babilonios, y en el año 70 de nuestra era los romanos arrasaron Jerusalén. Estos son los precedentes históricos del Estado de Israel, sus títulos de propiedad sobre Palestina. El Sha de Irán podría alegar títulos análogos fundado en la invasión persa del siglo VI antes de Cristo, la Junta Militar griega podría recordar que Alejandro ocupó Palestina el año 331, Paulo VI acordarse de que en el año 1099 los cruzados católicos fundaron el Reino de Jerusalén. Los propios historiadores han señalado burlonamente que los canaanitas que ocuparon Palestina antes que los hebreos venían de la península arábiga y eran, en consecuencia, “árabes”. Con la destrucción de Jerusalén -dicen- empezó la diáspora judía, la dispersión. Desde entonces, según la leyenda moderna, el judío anduvo errante por el mundo esperando el momento de volver a Palestina. ¿Cuántos volvieron realmente? Historiadores ingleses afirman que en el siglo XVI vivían en Palestina menos de 4.000 judíos, en el siglo XVIII, 5.000, y a mediados del siglo pasado, 10.000. Es recién a fines de ese siglo cuando algunos judíos comienzan a plantearse el retorno masivo, y cuando ese retorno asume una forma política y una ideología: el sionismo. ¿Por qué? Un fruto tardío del capitalismo Una respuesta posible a esa pregunta surgió del campo de concentración nazi de Auschwitz. La escribió en 1944, su último año de vida, un judío marxista de 26 años, Abraham León: “El sionismo, que pretende extraer su origen de un pasado dos veces milenario es en realidad el producto de la última fase del capitalismo”. En esa fase todos los nacionalismos europeos han construido sus estados y no necesitan ya de la burguesía judía que ayudó a construirlos, pero que ahora es un competidor molesto para el capitalismo nativo. “Repentinamente” surge en esos países el chovinismo antisemita, y se convierten en extranjeros indeseables judíos integrados durante siglos a la vida de los mismos, que, como dice León, “tenían tan poco interés en volver a Palestina como el millonario norteamericano de hoy”. Las persecuciones del siglo XIX afectan más a la clase media judía que a la clase alta, cuyos representantes notorios iban a lograr una nueva integración a nivel del capital financiero internacional. Aquellos judíos europeos perseguidos que descubrieron en el capitalismo la verdadera causa de sus males se integraron en los movimientos revolucionarios de sus países reales. El sionismo evidentemente no lo hizo y se configuró como ideología de la pequeña burguesía, alentada sin embargo por aquellos banqueros que -como los Rotschild- veían venir la ola y querían que sus “hermanos” se fueran lo más lejos posible. A fines del siglo pasado esa ideología encontró su profeta en un periodista de Budapest, Teodoro Herzl, su programa en las resoluciones del Congreso de Basilea de 1897 y su herramienta en la Organización Mundial Sionista. En el Congreso de Basilea el sionismo abandonó sus primeras fantasías consistentes en un refugio para los perseguidos en cualquier lugar del mundo -se habló de Uganda, se establecieron colonias judías en Entre Ríos- para designar a Palestina como la patria natural del judaísmo. El retorno a Palestina tropezaba sin embargo con el inconveniente de que el país estaba ocupado por una población -700.000 habitantes- que desde la conquista islámica del siglo VII era árabe. Los fundadores del sionismo negaron el problema. En 1898 Herzl hizo un viaje a Palestina y preparó un informe donde la palabra árabe no figuraba. Palestina era una tierra sin pueblo adonde debía ir el pueblo sin tierra. El palestino se convirtió en “el hombre invisible” del Medio Oriente. Algunos alcanzaron sin embargo a descubrirlo. El escritor francés Max Nordau vio un día a Herzl y le dijo asombrado: “Pero en Palestina hay árabes” y agregó: “Vamos a cometer una injusticia”. 2. En medio siglo el sionismo reemplazó la población árabe de Palestina por inmigrantes europeos “Palestina es mi país” dice Ihsan. “Nunca estuve en Palestina “, dice, “pero algún día volveré porque nuestros comandos están peleando para que volvamos “. “Mi padre murió en Abar el Djelili” dice Naifa. “La muerte de mi padre no me duele porque murió por nosotros. ” “Mi padre se llamaba Salah ” dice Randa. “Estaba peleando y murió.” Ninguno de los cuatrocientos ochenta huérfanos de la escuela de Suq el Garb, al sur de Beirut, había visto Palestina si no era a través de los ojos del padre muerto. En el aula las muchachas se levantaron para saludar al visitante que venía de tan lejos. En el pizarrón había una inscripción en árabe. Pregunté qué decía. Decía: “Historia Palestina “. La idea del Estado Judío surgió a fines del siglo pasado, como el último proyecto de un estado europeo cuando ya no existía en Europa lugar para un nuevo estado. Ese estado debía en consecuencia instalarse fuera de Europa y el lugar elegido resultó Oriente. La contradicción fue “resuelta” a partir de la ideología -el sionismo- y la ideología se alimentó en el mito bíblico y en la simulación de que Palestina estaba deshabitada. Históricamente, estas construcciones mentales producen víctimas. En 1900 había en Palestina 700.000 árabes y 30.000 judíos. Si en 1974 hay tres millones de israelíes y 350.000 árabes, no hace falta preguntarse dónde están las víctimas: están afuera de Palestina, expulsadas de su patria. Conviene recordar -porque es la cuestión de fondo- cómo se produce ese trasvasamiento sin precedentes en que la población de un país es reemplazada por otra. Los primeros inmigrantes no provocaron la desconfianza de los árabes. En 1883 los habitantes de Sarafand recibieron a los colonos que llegaban con estas palabras: “Desde tiempo inmemorial somos hermanos de nuestros vecinos, los hijos de Israel, y viviremos con ellos como hermanos”. Ocho años después, sin embargo, los notables de Jerusalén pidieron al imperio otomano, que gobernaba Palestina, que prohibiera la inmigración judía, y en 1898 los árabes de Trasjordania expulsaron violentamente una colonia judía. A pesar de prohibiciones oficiales la inmigración continuó, aprovechando la corrupción de funcionarios turcos y de terratenientes árabes ausentistas que vendían sus tierras. En 1907 se estableció el primer kibutz, granja colectiva que desde el principio excluyó al trabajador árabe. Cuando en 1914 los turcos hicieron su primer y último censo, resultó que había en Palestina 690.000 habitantes, de los que 60.000 eran judíos. Ese año la guerra mundial dio al sionismo su gran oportunidad. Inglaterra regala Palestina Foreign Office, Noviembre 2, 1917. Querido Lord Rotschild: Tengo mucho placer en transmitirle, de parte del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía con las aspiraciones Judías Sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él “El Gobierno de Su Majestad contempla con simpatía el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el cumplimiento de ese objetivo, quedando claramente entendido que nada se hará que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de comunidades no-judías existentes en Palestina, o los derechos y el status político de que disfrutan los Judíos en cualquier otro país”. Le agradeceré ponga esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista. Este trozo de papel, en apariencia inofensivo, es el fundamento moderno del Estado de Israel. Se lo conoce como Declaración Balfour, y lleva la firma del canciller inglés. Dos años después Balfour aclaró lo que quería decir: “El sionismo, bueno o malo, es mucho más trascendente que los deseos y prejuicios de los 700.000 árabes que ahora habitan esa antigua tierra… En Palestina no pensamos llenar siquiera la formalidad de consultar los deseos de los actuales habitantes del país”. Dos años antes de la Declaración, Gran Bretaña había prometido al Shariff Hussein, la independencia de los países árabes, a cambio de su ayuda en la guerra contra Turquía, aliada de Alemania. Y en efecto fueron soldados árabes los que liquidaron el dominio otomano en Medio Oriente. La declaración Balfour se conoció después y, finalizada la guerra, sirvió de base para la resolución de la Liga de las Naciones que convirtió a Palestina en mandato británico. En redacción de ese documento participó la Organización Mundial Sionista. A partir de ese momento la inmigración creció inconteniblemente, organizada por la Agencia Judía, que formaba parte de la administración británica. Cuando los ingleses hicieron su primer censo en 1922 había en Palestina 760.000 habitantes, de los que algo más de 80.000 eran judíos: o sea el 11 por ciento. Esa proporción había subido en 1931 al 16 y en 1936 al 28 por ciento. Ese año se produciría la primera rebelión palestina contra los ingleses, que duró tres años y costó millares de muertos. Manual del colonialismo Todavía en 1917 David Ben Gurion afirmó que “en un sentido histórico y moral” Palestina era un país “sin habitantes”. Ben Gurion no ignoraba que el 90 por ciento de los habitantes eran árabes; decía simplemente que no existían como seres históricos o morales. Por la misma época, según relata Fanón, los profesores franceses de la Universidad de Argel enseñaban seriamente que los argelinos eran más parecidos a los monos que a los hombres. Este tren de pensamiento, llevado a sus conclusiones prácticas, puede encontrarse en el propio fundador del sionismo, Teodoro Herzl, “La edificación del Estado Judío” escribió “no puede hacerse por métodos arcaicos. Supongamos que queremos exterminar los animales salvajes de una región. Es evidente que no iremos con arco y flecha a seguir la pista de las fieras, como se hacía en el siglo XV. Organizaremos una gran cacería colectiva, bien preparada, y mataremos las fieras lanzando entre ellas bombas de alto poder explosivo”. Algunos colonizadores admitían que los palestinos eran hombres, aunque más parecidos a los pieles rojas. “¿Quién ha dicho”, preguntaba en 1921 la Organización Sionista de Gran Bretaña, “que la colonización de un territorio subdesarrollado debe hacerse con el consentimiento de sus habitantes? Si así fuera… un puñado de pieles rojas reinarían en el espacio ilimitado de América”. Un guetto más grande La mentalidad colonial marcó profundamente el establecimiento de la inmigración judía en Palestina. Se formaron comunidades cerradas, exclusivas, donde el árabe era un intruso. La reventa de tierras a los árabes se convirtió en pecado que las organizaciones terroristas judías castigaron sangrientamente. Aun a nivel de la clase obrera se instala una perversión de la conciencia que convierte al trabajador árabe primero en competidor del inmigrante, después en enemigo, finalmente en víctima. La Histadrut, central sindical judía, no los admite en su seno, los boicotea, prohíbe a las empresas judías que compren materiales trabajados por los árabes. David Hacohen, miembro de la Histadrut y años después parlamentario israelí, ha recordado las dificultades que tuvo para explicar a otros “socialistas” ingleses que “en nuestro país uno adoctrina a las amas de casa para que no compren nada a los árabes, se piquetean las plantaciones de citrus para que ningún árabe pueda trabajar en ellas, se vuelca petróleo sobre los tomates árabes, se ataca en el mercado a la mujer judía que ha comprado huevos a un árabe, y se los rompe en la canasta…”. La soberbia racial va moldeando esa sociedad en el más absoluto aislamiento, como si todos los ghettos del mundo se juntaran en un ghetto más grande, pero esta vez deliberadamente encerrado en sí mismo. Simón Luvich, israelí exiliado en Londres, recuerda con asombro aquella época de su infancia: “Para nosotros, los árabes eran una especie de exótica minoría étnica, que a veces bajaba de las montañas con sus kufeyas… Nunca entendimos de qué se trataba, porque no los veíamos”. Galili, ministro de información de Israel, seguía sin verlos en 1969: “No consideramos a los árabes del país un grupo étnico ni un pueblo con un carácter nacional definido”. Si es ceguera no ver lo que existe, a esa ceguera debe atribuirse la sangre que ha corrido y seguirá corriendo en Palestina. 3. En 1947, una resolución de las Naciones Unidas quitó a los palestinos el derecho a tener una Patria “El israelí se jacta ante el mundo de ser el máximo representante en la historia de la Diáspora… Pero quien posee en tal grado el sentimiento del destierro, llega a ser completamente incapaz de comprender que otros puedan tener ese mismo sentimiento. No es cruel que digamos que el comportamiento de los israelíes sionistas con el pueblo original de Palestina es similar a la persecución nazi contra los propios judíos.” (Mahmud Darwis, poeta palestino.) El mandato británico sobre Palestina después de la Primera Guerra Mundial permitió cumplir con la promesa contenida en la Declaración Balfour de 1917, de establecer un “hogar nacional” judío en un territorio poblado por los árabes. Para el sionismo el Mandato era una etapa intermedia, necesaria antes de establecer una población propia en Palestina como base del Estado Judío, objetivo permanente detrás de la fachada del “hogar nacional”. Gran Bretaña favoreció ese proyecto hasta que la inminencia de la Segunda Guerra Mundial le hizo ver el riesgo de que los pueblos árabes se alinearan junto a Alemania. Las falsas promesas de 1915 se renovaron en 1939. En mayo de ese año el gobierno británico publicó un Libro Blanco donde reafirmaba que no tenía el propósito de imponer la nacionalidad judía a los árabes palestinos, prometía limitar a 75.000 el número de inmigrantes en los próximos cinco años y, a partir de 1944, no admitir nueva inmigración sin el consentimiento explícito de los árabes. El Libro Blanco fue un producto tardío e ineficaz del colonialismo inglés. En los primeros veinte años de Mandato la proporción de habitantes judíos en Palestina pasó del 10 a 30 por ciento. Solamente en 1935 habían entrado más de 60.000 colonos: en 1940 la población judía se acercaba al medio millón. Aceitando el fusil Los jefes de la Agencia Judía concibieron desde el principio la inmigración como una “colonización armada”, y construyeron una organización semiclandestina, el Haganah, de la que en 1935 se separó un brote terrorista de ultraderecha, el Irgun, cuyo lema era un mapa de Palestina y Transjordania atravesado por un brazo armado y un fusil con el lema hebreo Rak Kach (”Sólo así’). Inicialmente estas organizaciones se limitaron a asegurar mediante el terror la vigencia del boicot antiárabe, pero a partir de 1939 empezaron a prepararse para combatir, también a los ingleses. Curiosamente uno de esos preparativos consistió en el ingreso masivo de judíos en el ejército británico: al final de la Segunda Guerra su número llegaría a 27.000 hombres, que serían el núcleo del ejército judío para la confrontación final en dos tiempos: contra los ingleses y contra los árabes. El empujón nazi El estallido de la guerra llevó a su paroxismo la persecución de los judíos en Alemania y brindó un nuevo argumento para la inmigración en Palestina. Ben Gurion resumió en estos términos el sentido y los límites de la alianza entre el sionismo y Gran Bretaña: “Lucharemos junto a Gran Bretaña en esta guerra como si el Libro Blanco no existiera, y lucharemos contra el Libro Blanco como si no existiera la guerra”. En la práctica esto significó desconocer las cláusulas restrictivas del Libro Blanco e intensificar la inmigración clandestina, aun desafiando el bloqueo inglés. Buques cargados de inmigrantes europeos fugitivos del nazismo empezaron a llegar a las playas palestinas. Cuando en 1940 los ingleses pretendieron devolver el cargamento de dos de esos barcos, el buque Patria que debía transportarlos confinados a la isla Mauricio, saltó en pedazos en el puerto de Haifa. Allí murieron doscientos cincuenta personas en su mayoría mujeres y niños. Aunque el sionismo alegó que los propios refugiados volaron el Patria, la opinión mundial se indignó ante la insensibilidad británica. Recién dieciocho años después un miembro del Comité de Acción Sionista, Rosenblum, reveló que el Patria había sido volado por la Haganah, sin consultar las víctimas. “Con nuestras propias manos asesinamos a nuestros hijos”, escribió Rosenblum. Llegan los americanos En 1942 el centro de gravedad del sionismo se había desplazado de Gran Bretaña a los Estados Unidos. El 11 de mayo de ese año la Organización Sionista Americana publicó un manifiesto que luego fue conocido como el Programa de Baltimore. Planteaba cuatro exigencias: el fin del Mandato; el reconocimiento de Palestina como Estado soberano judío; la creación de un ejército judío; la formación de un gobierno judío. En Jerusalén, la Academia Judía adoptó el Programa de Baltimore como política oficial del sionismo y se desligó del Mandato. Gran Bretaña había cumplido su ciclo. Iba a librar aún acciones de retaguardia, condenadas de antemano, pero dejaría en Medio Oriente –como en la India, como en Irlanda– la semilla de un conflicto inagotable. Los norteamericanos tomaron el relevo de los ingleses y no lo abandonaron hasta hoy. Cuando en 1945 se desmoronó el nazismo y se abrieron las puertas de los campos de concentración –las cámaras de gas, los patéticos restos de una infinita carnicería–, un sentimiento de horror sacudió a Europa. Los europeos tienen una singular capacidad para proyectar los propios demonios a lejanos escenarios. Muchos franceses creen que las atrocidades de Hitler son distintas de sus propios crímenes en Indochina y Argelia: ingleses que no han oído de Kenya se asustan de las persecuciones de Stalin, y algunos italianos están convencidos de que el fascismo nació en la Argentina. De acuerdo con este esquema, el exterminio de los judíos iba a ser purgado no en el lugar donde ocurrió, sino en Medio Oriente: no por quienes lo ejecutaron o lo permitieron sino por gente que no tenía nada que ver. El proyecto de un Estado Judío en Palestina se convirtió así en clamor mundial y los dirigentes sionistas lo explotaron serenamente. Los 225.000 sobrevivientes de los campos de concentración fueron canalizados a Palestina aumentando una población que ya al fin de la guerra ascendía al 32 por ciento. Entretanto se preparaba la guerra. No se había disipado el humo sobre las ruinas de Berlín ni se había desenterrado el espanto total de Auschwitz cuando David Ben Gurion, futura cabeza del Estado de Israel, negociaba en Estados Unidos la compra de armamento pesado y la reorganización de la Haganah por militares norteamericanos. La partición Una fulgurante campaña de terror contra los ingleses precipitó el epílogo. En febrero de 1947 Gran Bretaña anunció que, en esas condiciones, no estaba dispuesta a seguir gobernando Palestina, y devolvió a las Naciones Unidas el Mandato que le había entregado la Liga de las Naciones. La Asamblea de la UN discutió siete meses el tema y finalmente elaboró una solución “salomónica”, Palestina sería divida en dos Estados: uno judío, otro árabe. En ese momento había en Palestina 1.200.000 árabes y 600.000 judíos. Los palestinos poseían el 94 por ciento de la tierra y los judíos el 6 por ciento. El Plan de Partición de las Naciones Unidas dividió el país en dos. En uno, que se convertiría en Estado de Israel, y que abarcaba el 60 por ciento de las mejores tierras cultivables, había 500.000 judíos y 400.000 palestinos. En el 40 por ciento restante, que nunca llegó a convertirse en Estado, y que hoy forma parte de Israel, había 800.000 palestinos y 100.000 judíos. El mapa resultante es un notable ejercicio de topología en que ambos países aparecen superpuestos, con pasadizos y corredores para comunicar regiones separadas. Lo que no dice el mapa es que la mitad de las tierras de propiedad palestina caían bajo jurisdicción israelí, y que en millares de casos la aldea árabe quedaba separada de las tierras que cultivaban sus habitantes. El 29 de noviembre de 1947, por una mayoría de dos tercios que encabezaban los Estados Unidos y la Unión Soviética, la Asamblea de la UN aprobó el Plan de Partición y desencadenó la desgracia del pueblo palestino, el genocidio, el éxodo y la guerra. En la votación los norteamericanos presionaron hasta el límite a dóciles gobiernos asiáticos y latinoamericanos. Una empresa yanqui compró a la vista de todo el mundo el voto de un país africano. El secretario de Defensa norteamericano James Forrestal, que no era propenso a escandalizarse, pudo escribir: “Los métodos que se han usado en la Asamblea General para presionar y coercionar a otras naciones, bordean el escándalo”. Así nació Israel. Pero la historia no terminaba. Al día siguiente de la votación, el sionismo lanzó todo el peso del terror para despojar a los árabes del territorio que le había dejado el Plan de Partición. 4. El terror sionista y el éxodo palestino; la masacre de Deir Yassin sentó un modelo de escarmiento “Durante tres días, del 11 al 13 de diciembre, atacamos en Haifa y en Jaffa; en Tireh y Yazur. Atacamos y volvimos a atacar en Jerusalén… Las bajas enemigas en muertos y heridos fueron muy altas.” De este modo describe Menajem Begin, el jefe del Irgun, el comienzo de la guerra que durante siete meses sacudió a Palestina en 1947-48. El objetivo de esos ataques no eran ya los ingleses. El 29 de noviembre las Naciones Unidas habían votado la partición de Palestina y Gran Bretaña anunció que el 14 de mayo de 1948 retiraba sus últimas tropas. El blanco de la ofensiva en que participaron la Haganah, el Irgun y la Banda Stern era la población palestina, desarmada y desorganizada. En setiembre de 1946 la Haganah había caracterizado al Irgun y la Banda Stern como “organizaciones que se ganan la vida mediante el gangsterismo, el contrabando, el tráfico de drogas en gran escala, el robo a mano armada, el mercado negro”. Esta suma de dicterios expresaba en realidad diferencias políticas y de método. Mientras la Haganah, brazo armado de la Agencia Judía, se definía como “socialista” y buscaba una imagen de respetabilidad, el Irgun evolucionaba hacia las posiciones fascistas que hoy sostienen el partido Herut, encabezado por el mismo Begin, y la Banda Stern era un grupo de desesperados de ultraderecha. A pesar de las acciones espectaculares del Irgun, Haganah fue siempre la organización de mayor peso y de ella surgieron los líderes, hasta hoy, del Estado de Israel. Como jefe militar aparecía Moshe Sneh. La cabeza real era Ben Gurion –luego primer ministro– y entre sus dirigentes figuraban Moshe Dayan, hasta hace poco ministro de Defensa, y el actual primer ministro Itshak Rabin. Un comité anglonorteamericano de investigación sobre la violencia en Palestina describió en 1946 los efectivos de la Haganah: una fuerza territorial de reserva de 40.000 colonos, un ejército de campaña de 16.000, y una fuerza de choque, el Palmach, que oscilaba entre 2.000 y 6.000. El Irgun tenía de 3.000 a 5.000 combatientes: la Banda Stern alrededor de 300. Separadas por ácidas disputas, estas tres fuerzas confluyeron rápidamente ante el anuncio de la retirada inglesa, aceptaron la hegemonía de la Haganah y pusieron en práctica el llamado Plan D, que consistía en aterrorizar a la población árabe en el período de vacío político comprendido entre el voto de la UN y la retirada inglesa y limpiar de árabes el Estado Judío, y ocupar todo el territorio posible del Estado Árabe previsto por el Plan de Partición. Deir Yassin Las primeras operaciones combinadas de las organizaciones sionistas se desataron en diciembre de 1947 sobre la carretera que unía los dos principales baluartes judíos: la ciudad costera de Tel-Aviv y el barrio judío de Jerusalén. La carretera estaba flanqueada por aldeas árabes, lo que equivalía al bloqueo de Jerusalén. La primera etapa consistió en operaciones de hostigamiento contra esas aldeas, duró hasta marzo de 1948 y dejó 1.700 muertos. La ofensiva en gran escala comenzó el 3 de abril cuando el Palmach tomó por asalto la aldea de Qastall, situada sobre un cerro que dominaba la carretera. Seis días después el Irgun, con el conocimiento de la Haganah, desarrolló una operación que hasta el día de hoy aparece ante cien millones de árabes como el símbolo del horror: el asalto y la masacre de Deir Yassin. Deir Yassin era una pequeña aldea árabe situada cinco kilómetros al oeste de Jerusalén. No tenía importancia estratégica alguna y sus habitantes permanecían al margen de la conflagración. En la mañana del 9 de abril, 200 efectivos del Irgun y la Banda Stern entraron a sangre y fuego casa por casa, masacraron a 254 hombres, mujeres niños, saquearon, violaron, mutilaron cadáveres y los arrojaron a una fosa común. “El baño de sangre de Deir Yassin”, admitió después el escritor judío Arthur Koestler, “fue la peor atrocidad cometida por los terroristas en toda su carrera”. Discurso del método En su libro La rebelión, el autor de la masacre, Menajem Begin, aclaró sus motivos. Después de Deir Yassin, dice, “un pánico sin límites asaltó a los árabes, que empezaron a huir en salvaguarda de sus vidas. Esta fuga en masa se convierte en un éxodo enloquecido e incontrolable. De los 800.000 árabes que vivían en el actual Estado de Israel, sólo quedaron 165.000″. La opinión de Begin es confirmada por Koestler: “La población árabe fue presa del pánico y escapó de sus pueblos y aldeas lanzando el lastimero grito: Deir Yassin. Huyeron de sus casas dejando a medio beber el último café en el pocillo de porcelana”. Si los detalles de la masacre de Deir Yassin merecen un tratamiento aparte cuando se discuta el rol del terrorismo en las luchas palestinas, sus efectos políticos y militares se hicieron evidentes enseguida. Tres días después el Palmah tomó Kolonia sin lucha y dinamitó una por una las casas árabes. Cinco aldeas más fueron destruidas por la fuerza de choque del Haganah antes de 17 de abril con un saldo de 350 muertos. El 21 de abril, dice Begin, “todas las fuerzas judías penetraron en Haifa como un cuchillo entra en la manteca. Los árabes escapaban aterrados gritando Deir Yassin”. Haifa era la segunda ciudad de Palestina. En una semana su población se redujo de 60.000 a 9.000. El 25 de abril el Irgun atacó Jaffa, la ciudad árabe contigua a Tel Aviv. Al principio hubo resistencia, pero después se repitió el fenómeno: los árabes escapaban por decenas de millares. Aquí no fue necesario el ejemplo de Deir Yassin: los últimos defensores de Jaffa fueron fusilados sobre el terreno, los sobrevivientes expulsados con lo puesto, y las casas dinamitadas una tras otra. El mismo día la Haganah tomó Acre. Bastó un megáfono y el anuncio de represalias, para que el éxodo se repitiera. Mientras estos episodios se repetían en centenares de aldeas y decenas de millares de familias palestinas ambulaban por los caminos que conducían a Líbano, Siria, Jordania, las tropas británicas observaron una singular indiferencia, limitándose a impedir que los incipientes ejércitos de los países árabes violaran las fronteras del nuevo Estado de Israel. El 14 de mayo las últimas columnas del ejército inglés desfilaron al son de las gaitas por las calles de Jerusalén. El primer minuto del 15, una exclamación de júbilo brotó de las posiciones conquistadas por los israelíes: era el Día de la Independencia. Natham Chowsi, un judío que emigró a Palestina en 1908, ha calificado ese júbilo: “Los viejos colonos de Palestina podríamos relatar de qué manera nosotros, los judíos, expulsamos a los árabes de sus ciudades y sus aldeas… Aquí había un pueblo que vivió 1300 años en su propia tierra. Vinimos nosotros y convertimos a los árabes en trágicos refugiados. Y todavía nos atrevemos a calumniarlos y difamarlos, a ensuciar su nombre. En vez de sentirnos profundamente avergonzados por lo que hicimos, y tratar de enmendar todo el mal que hemos cometido, ayudando a esos infelices refugiados, justificamos nuestros actos terribles, y tratamos inclusive de glorificarlos”. 5. Producto de tres guerras y de innumerables persecuciones el Pueblo de las Tiendas aguarda su hora –¿Usted de dónde es? –Soy de Jaffa. –¿Y dónde vive? –Yo vivo en una carpa. Y usted, ¿de dónde es? –Soy de Bulgaria. –¿Y dónde vive? –Vivo en Jaffa. (Arlette Tessier, “Diálogo en Gaza”) “Esta es una transmisión de la Haganah, intimando a los árabes a que abandonen este distrito antes de las 5.15 de la madrugada. Tengan piedad de sus mujeres y de sus hijos y salgan de este baño de sangre. Váyanse por el camino de Jericó, que todavía está abierto. Si se quedan, vendrá el desastre”. Aún no había amanecido el 15 de mayo de 1948 cuando decenas de camiones equipados con altoparlantes transmitían este mensaje a las poblaciones árabes. El desastre que se invocaba no era una amenaza hueca. El recuerdo de la masacre de Deir Yassin se unía en la mente de los palestinos al de decenas de pueblos y ciudades ocupados a sangre y fuego. El plan Dalat o Plan D, puesto en ejecución por el Alto Mando de la Haganah, al que se plegaron las otras dos organizaciones terroristas –Irgun y Stern– incluyó trece campañas militares en regla entre el 1° de abril (Operación Nachshon) y el 14 de mayo (Operación Ben Ami, Pitchfork y Schfilon). Ocho de ellas se desarrollaron fuera de Israel. El resultado de estas operaciones fue la ocupación de Haifa, Jaffa, Beisan, Acre, barrio residencial árabe de Jerusalén y otras poblaciones menores, así como la “purificación” de Galilea. Antes que Ben Gurion proclamara el Estado de Israel en un museo de Tel Aviv, bajo el retrato de Teodoro Herzl, fundador del sionismo, había ya 400.000 palestinos fugitivos. Pero en la madrugada del 15 las fuerzas israelíes cruzaron arrolladoramente las fronteras del Estado Árabe consagrado por el Plan de Partición de la UN que, de ese modo, no llegó a existir. Es entonces cuando se produce, según la historia oficial israelí, pródiga en mitos, “la invasión de cinco poderosos ejércitos árabes” contra el indefenso Estado de Israel. El cowboy y el piel roja Después de la guerra del ’48, cada bando hizo su balance militar. Solamente la Haganah, que en 1946 tenía 65.000 hombres (fuente británica) y en 1948, 90.000 (fuente israelí), contaba un año antes de la guerra con 10.000 fusiles, 1.900 metralletas, 600 ametralladoras y 768 morteros: en este caso la fuente es Ben Gurion. En los meses anteriores a la Partición ese armamento se multiplicó merced a la introducción “clandestina” de una fábrica capaz de producir 100 metralletas y 50.000 balas por día. Y en vísperas de la guerra agentes israelíes contrabandearon por barco y por avión millares de fusiles y ametralladoras checas. Fuentes árabes estiman el total de sus fuerzas en 21.000 hombres mal equipados, con largas líneas de comunicaciones. En Egipto reinaba el corrompido rey Faruk, cuyo primer ministro Nokrashy no tenía el menor interés en mandar hombres a Palestina, desafiando a los ingleses que aún ocupaban el Canal de Suez. En Irak gobernaba un títere de los ingleses, Nuri as Said. Siria acababa de independizarse de los franceses y su ejército no superaba los 3.000 hombres. El “ejército” libanés tenía apenas 1.000 reclutas. La única fuerza militarmente atendible, la Legión Árabe, reunía 4.000 hombres adiestrados y conducidos por oficiales ingleses. El Foreign Office llegó a un acuerdo con el rey Abdullah, por el que se impidió a la Legión violar la frontera israelí. (Abdullah pagó después su traición a manos de un refugiado palestino.) En estas condiciones la invasión de los “poderosos ejércitos árabes” en apoyo de sus hermanos palestinos resultó apenas un gesto desesperado. A pesar de todo, esas fuerzas consiguieron algunos éxitos iniciales, cuyo eje era el bloqueo de Jerusalén, pero el 11 de junio aceptaron una tregua que les hizo perder todas las ventajas conseguidas. En menos de un mes la Haganah terminó de convertirse en un ejército regular, y cuando el 7 de julio se reanudó la lucha, duró apenas diez días. Ahora sí, los árabes estaban vencidos. El masacrador de Lydda En el contexto de la derrota, cabe el estilo de la victoria. El 11 de julio de 1948, la población árabe de Lydda, que se había rendido a los israelíes, se sublevó al advertir la presencia de unos tanques jordanos. El tercer regimiento del Palmach liquidó en horas la insurrección entrando casa por casa y disparando sobre todo lo que se movía. Según fuente israelí, hubo 250 muertos. Según fuente árabe, entre 500 y 1.700, de los cuales 150 fueron fusilados en la Gran Mezquita convertida en prisión. El escritor inglés Erskine Childers dice que una columna israelí entró en el pueblo disparando en todas direcciones: “Los cadáveres de hombres, mujeres y niños quedaron desparramados en las calles, tras esta carga implacablemente brillante”. Y dice quién iba al frente de la columna: Moshe Dayan, un nombre que haría historia. Tras la firma del armisticio, Israel se quedó con 3.500 kilómetros cuadrados más de tierra palestina, Faruk se apropió la franja de Gaza y la monarquía hachemita anexó la Cisjordania. Palestina había dejado de existir. Casi 900.000 palestinos se amontonaban en los campamentos de refugiados de Jordania, Siria, Líbano, Gaza, alimentándose con las raciones de socorro de la UN. Una generación entera nació y creció bajo las carpas. En 1954 eran más de un millón, en 1966, 1.300.000. Otros 500.000 habían emigrado al Canadá, al Brasil, a otros países. En 1956 esos desterrados vieron pasar entre columnas de polvo los tanques israelíes que se lanzaban sobre el Sinaí, mientras los ingleses y los franceses ocupaban el Canal. Meses después los vieron regresar. En 1967 el dios de la guerra volvió a tronar en los escuálidos campamentos del Pueblo de las Tiendas. La paz israelí “Fue con repugnancia que vi por televisión las escenas de Israel en aquellos días; la ostentación del orgullo y la brutalidad del conquistador; los estallidos de chauvinismo; y las salvajes celebraciones del inglorioso triunfo, contrastando con las imágenes del sufrimiento y desolación árabe, las caravanas de refugiados jordanos y los cadáveres de los soldados egipcios muertos de sed en el desierto. Contemplé las figuras medievales de los rabís y los khassidhn saltando de alegría en el Muro de los Lamentos; y sentí cómo los fantasmas del oscurantismo talmúdico –que bien conozco– se amontonaban sobre el país, y cómo la atmósfera reaccionaria de Israel se volvía densa y sofocante”. Este es el comentario de un escritor judío, Isaac Deutscher, a la fulgurante campaña de los Seis Días que, en junio de 1967, arrojó el ejército egipcio del otro lado del Canal de Suez. Sus glorias han sido suficientemente cantadas. Entre ellas no figura probablemente la expulsión de los 250.000 palestinos que aún quedaban en Cisjordania y Gaza. En el vacío que dejó el largo éxodo palestino, se estableció la Paz Israelí. El profesor de matemáticas italiano le sacó la casa al tendero árabe. El lingüista inglés construyó la suya sobre un espacio demolido. El pintor apátrida del Quartier Latín se rodeó de un ambiente “oriental”. El ingeniero agrónomo argentino se fue al kibutz donde ya no quedaban ni memoria del fellah que durante trece siglos le preparó la tierra: como si no hubiera tierra en la Argentina. 6. En la resistencia armada el pueblo palestino encontró al fin su identidad negada por la ocupación “Yo soy de Djebelia, en la franja de Gaza. Allí éramos 16.000 concentrados. Nos quitaron las casas, destruyeron los campos y se repartieron todo. Quieren que todo cambie de aspecto, que nada sea árabe. A la gente más vieja, la que se fue en 1948, no la dejan volver para que no puedan reconocer los lugares. Nos incitan a irnos, nos ofrecen dinero para que nos vayamos a países más ricos. «Vayan a Canadá, a Argentina, allá van a estar bien». Tal vez ellos han venido de allá, ¿no? “Djebelia tenía fama de brava. A los que éramos de Djebelia no nos daban trabajo, decían que éramos peligrosos. Un día, en 1969, nos bombardearon. Empezaron a las 10 de la mañana y nos cañonearon hasta las 5 de la tarde. Hubo 500 muertos. ¿Por qué? Porque somos palestinos. De noche rodean el campamento con tanques, no nos dejan salir. Y sin embargo tienen miedo: yo aprendí el israelí y los oigo conversar. Cuando pasan en un jeep, van sentados alrededor del Jeep, apuntando en distintas direcciones.” El muchacho se ríe. Estamos en el campamento de Borje Barashne, al sur de Beirut, capital de Líbano, a cuya Universidad ha venido a estudiar. Hay 20.000 refugiados en este campamento que es en realidad un pueblo, una villa cuya copia casi exacta son algunas manzanas de la villa de Retiro: pequeñas casas de bloques con techos de chapa, pasillos de material con la canaleta por donde circula el agua, canillas colectivas. E igual que nuestro villero, el palestino pone una planta, aunque sea una maceta, en el mínimo espacio libre: recuerdo del campo al que uno y otro pertenecen. Después las diferencias. No hay calles, solamente pasillos, porque en Medio Oriente el espacio es distinto que en la Argentina: Líbano cabe dos veces en la provincia de Tucumán. Pero otra diferencia, que al principio casi no se nota, va penetrando como la verdad esencial del campamento. Son los hombres vestidos de caqui que sentados en alturas estratégicas vigilan con el fusil AK cruzado sobre las rodillas, es el jefe de la milicia local que sale a recibirnos, es la puerta de madera de una casa donde el refugiado que la habita ha pintado todo a lo alto la bandera roja, verde, blanca y negra de la Resistencia palestina, y adentro de la bandera su nombre en árabe. Administrativamente, el campamento depende de la UN. Políticamente, la palabra es Fatah. La luz de la esperanza En una oficina de Beirut, Abu Hatem, miembro del Comité Central de Fatah (sigla de Movimiento Nacional de Liberación Palestina) enumeró ante el enviado especial las etapas de la Resistencia. “La primera etapa, antes de 1965, fue de preparación y organización. Llegamos a la conclusión de que la lucha armada era la única salida para el pueblo palestino, y desde ese año empezamos a ponerla en práctica. Fue una época llena de dificultades: teníamos tantos enemigos… No eran sólo los israelíes, sino también el imperialismo y los elementos reaccionarios en los países árabes. Nuestro primer mártir, Ahmed Muza, fue abatido por el ejército jordano al cruzar la frontera con Israel. “Nuestras operaciones militares fueron una de las razones que alegaron los israelíes para desencadenar la guerra de 1967. Pero allí los países árabes fueron derrotados y se instaló un clima de derrota. Era importante acabar con ese clima, y por eso, apenas terminada la guerra, nosotros reanudamos las hostilidades. Eso fue el 28 de agosto de 1967. “En cuatro meses, lanzamos setenta y nueve operaciones en el interior de Palestina, pusimos fuera de combate a más de trescientos sionistas, volamos dos trenes militares, derribamos tres helicópteros, destruimos medio centenar de vehículos, hicimos estallar el depósito de explosivos de Acre y bombardeamos con bazukas los suburbios de Jerusalén y Tel Aviv. “El precio fue duro: perdimos cuarenta y seis hombres, de los cuales la mitad eran cuadros de conducción. “Pero en todo el mundo árabe esa actividad de Fatah fue percibida como una luz de esperanza, que se agrandó el 21 de marzo de 1968, cuando dimos la batalla de Al Karameh”. El signo de Karameh Si Deir Yassin es para los palestinos el recuerdo que sobrecoge y enfurece, Al Karameh simboliza la recuperación de la propia identidad negada tras la derrota, la confiscación, la persecución, el exilio. Dice un combatiente. “En esa época, nuestro problema era obtener bases permanentes. En la guerra de junio habíamos perdido las bases de Gaza y Cisjordania. Entonces empezamos a filtrarnos en Jordania, por separado, de a uno o de a dos. Así se formó la base de Al Karameh, en el campamento de ese nombre que existía desde 1948. Juntamos quinientos combatientes en la zona. De allí lanzamos una escalada operativa. “Los israelíes empezaron a fastidiarse. Al fin planearon una operación de represalia en gran escala, para aplastarnos. Concentraron 15.000 soldados, con tanques. Pero estaban tan orgullosos de la victoria de junio, tan seguros de que nadie podía ofrecerles resistencia, que no tomaron medidas de seguridad. Nosotros nos enteramos cuarenta y ocho horas antes de la operación. “Llamamos a todas las organizaciones palestinas para que discutiéramos si debíamos enfrentar el ataque o retirarnos. Algunos dijeron que los principios de la guerrilla prohibían el choque frontal, que si el enemigo ataca en fuerza, nosotros nos retiramos, todas esas cosas. “Fatah sostuvo que todo eso era cierto, pero que aquí lo fundamental era el marco político: la derrota árabe, el pueblo desesperado. Fatah decidió dar la batalla, a todo o nada. Sólo nos acompañó una pequeña organización, el Ejército de Liberación Palestino. “Con ellos distribuimos los quinientos puestos de combate. No era una emboscada, Al Karameh era terreno llano, con una población, una villa de emergencia. Había que pelear como se pudiera. Durante toda la noche cavamos pozos, nos enterramos, y esperamos el amanecer.” La picadura y el burro “A las 5 de la mañana empezaron la preparación de artillería, después avanzaron los tanques. Venían como para un desfile. Traían periodistas y Dayan les dijo que iban a almorzar en Aman, la capital de Jordania. Cuando les paramos un tanque con un bazukazo, y después otro, se quedaron como sorprendidos. No esperaban eso. Retrocedieron, después volvieron a avanzar. Ahora venían con aviones y helicópteros además de los tanques. Les resistimos trinchera por trinchera, les resistimos hasta mediodía. “A las ocho de la noche la división israelí empezó a retirarse. No podíamos creerlo, era la primera vez en la historia. Y cuando avanzamos vimos el daño que les habíamos hecho: los tanques destruidos, los equipos abandonados. “A Dayan le preguntaron para cuándo era el almuerzo en Aman, y él contestó que solo el burro no cambia de opinión. A Levy Eshkol le preguntaron qué había sucedido, y él dijo que el que busca miel, debe esperar algunas picaduras. “Aquella picadura la hicimos nosotros, y nos costó. Nos costó noventa muertos, que son muchos cuando sólo teníamos quinientos hombres. Pero Al Karameh cambió todo, fue un viraje decisivo. Les demostró a todos los árabes que ellos podían derrotar al ejército israelí. “Para nosotros, el resultado fue tremendo. Hasta entonces Al Fatah era una organización estrictamente secreta, un puñado de hombres. La batalla de Al Karameh demostró a las masas que éramos sinceros, que ’podíamos convertirnos en el cuchillo y en la víctima’ como dice uno de nuestros documentos, ’entrar en la batalla para crearlo todo de la nada’, que los palestinos podíamos cerrar el puño sobre la brasa ardiente, como dice nuestro hermano Abu Ammar (Arafat).” Después de la batalla de Al Karameh millares de palestinos acudieron a incorporarse a Al Fatah, que aún no estaba preparado para recibirlos, aunque tuvo que abrir las puertas. Otras organizaciones se enriquecieron en ese flujo. Un año después la Resistencia palestina se paseaba libremente por Siria, tenía una estación de radio en El Cairo, dominaba prácticamente en Líbano y Jordania. La esperanza palestina ardería en las calles de Aman, en las montañas de Jordania, antes de renacer poco a poco como una llama que no está destinada a apagarse. 7. “El sionismo no es sólo el enemigo de los árabes, es el enemigo de toda la humanidad” (Fatah) En la oficina de Fatah en Beirut, Abu Hatem, miembro del Comité Central de la Organización, refirió las etapas posteriores a la batalla de Karameh, que en 1968 demostró por primera vez que una fuerza árabe podía enfrentar al ejército israelí. “En Karameh, la Revolución Palestina creó las circunstancias de su propio crecimiento. Todo el mundo árabe se acercó a nosotros. Inversamente nuestros enemigos redoblaron sus esfuerzos por destruirnos. Los israelíes atacaron nuestras bases y nuestros campamentos. “Con la pérdida de nuestras bases jordanas, empieza la cuarta etapa de nuestras luchas. Al principio nuestra actividad disminuyó. Tuvimos que adoptar una nueva política, concentrar la fuerza de Fatah en los propios territorios ocupados. El resultado se vio recién después de un año, con el aumento de las operaciones. “También aumentamos la acción política, la duplicamos. El resultado es que actualmente la opinión pública mundial empieza a comprender que no hay acuerdo estable en Medio Oriente sin el pueblo palestino, que no hay paz sin Revolución Palestina. “Actualmente la totalidad de los países africanos, con excepción por supuesto de los residuos coloniales, reconocen a la OLP como el único representante legítimo del pueblo palestino. En la Conferencia de Países no Alineados de Argel, el año pasado, setenta y dos estados reconocieron a la OLP. O sea que las relaciones de la Revolución Palestina con el resto del mundo crecen día a día, y particularmente con el bloque socialista encabezado por la Unión Soviética. “Por supuesto que no nos quedamos en eso. En la última guerra, la de Octubre, todo el mundo sabe -y principalmente los israelíes- que no hubo dos frentes, sino tres: el egipcio, el sirio y el palestino.”

Un profesor, un discurso, una idea: experimentar con sus alumnos la autocracia. Este es el caso de la película “La ola” que se analizará a continuación. El concepto político “autocracia” significa que la autoridad recae en una sola persona, aquel que gobierna por sí mismo. Un grupo de adolescentes en una clase estudian este modelo político totalmente descreídos de que alguna vez pueda volver a suceder algo tan atroz como la Alemania nazi. Creen y confían en la democracia. En muchas ocasiones la gente se asombra y no entiende como alguien tan cruel y perverso pudo haber asumido al poder a través de elecciones. Lo cierto es que toda la población alemana estaba de acuerdo con Hitler, y apoyaban sus ideas para mejorar la raza, culpando a los judíos de todos sus males. ¿Cómo fue posible tanta hostilidad colectiva y organizada de parte del pueblo alemán? ¿Cómo hacer para que todo un grupo acepte de manera consensuada que una sola persona los domine? La respuesta es meterse en sus cabezas, hasta los rincones más inconscientes de la misma, para que ni siquiera el propio sujeto sepa que está siendo manipulado por alguien más. La realidad es que todas las personas persuadimos todo el tiempo. Cada palabra que de nuestras bocas salga va a tener una intención, y va a esperar un mínimo cambio de actitud o de conducta. Y no pensemos en extremos, un sencillo “¿Me alcanzás la azúcar?” va a pretender un cambio de acción en la otra persona. El problema está cuando los fines de la persuasión son mayores, cuando se pretende un proyecto de dominación a través de la adhesión de las masas. A lo largo de la película se verán múltiples paralelismos entre la propuesta de Rainer Wenger (el profesor) a sus alumnos y la propaganda política ejercida durante el régimen de Hitler en Alemania. La película La película “La ola” ( Die Welle en alemán) está basada en el experimento La tercera ola de un profesor del instituto Palo Alto (California) que intentó demostrar que en sociedades democráticas y libres también existe la tendencia y la atracción hacia las ideologías totalitarias y absolutistas. La ola se desarrolla alrededor de un profesor que comienza a enseñar autocracia a sus alumnos de una manera bastante particular. Se ubica como líder, y cada vez que se dirigían a él tenían que hacerlo de pie llamándolo “señor”. Cuando dieron nombre al grupo como “La ola” comenzaron a crear símbolos, y hasta uniforme para estar igualados y al mismo nivel. Con todas estás significaciones de integración e identidad el grupo va creciendo cada vez más, incluso con jóvenes ajenos a la clase primitiva, que provienen de otros cursos. El colegio se inundaba cada vez más de camisas blancas (uniforme que eligieron). Los actos de vandalismo eran frecuentes en el grupo que cada día se comprometía más y desafiaba las demás autoridades que perdían valor frente a la legitimidad otorgada al profesor. Consenso, poder y legitimidad Para lograr el consenso es necesario que un líder sea legítimo y esto no es fácil de conseguir ya que depende de la credibilidad y confianza que tenga la gente hacia el líder. La comunicación gubernamental tiene como fines lograr la legitimidad, el consenso y la reputación. Todos estos conceptos son de carácter simbólico, pretenden garantizar el orden social y el bien común. Es por eso que las personas dejan su participación directa en la política para cederle el lugar a un representante, supuestamente más idóneo. El fin noble de la política, garantizar el bien de todos, es lo que le da el origen sagrado. Este respeto profundo hacia la política, formado en nuestras representaciones internas hace que también se genere un temor a la autoridad, acrecentando la internalización de normas, lo que fomenta el sacrificio hacia nuestra libertad y hacia nuestros impulsos. ¿Cómo logra el profesor Wenger que sus alumnos lo obedezcan y hasta lo admiren? ¿Cómo se gana la confianza y el respeto? Elizalde destaca dentro de la obra “La construcción del consenso” que “la credibilidad es la percepción de que una persona u organización es competente en cierta actividad y fidedigna en lo que dice. Ser creíble, entonces, depende de que uno sea percibido con reputación, es decir, con capacidad de resolver cuestiones técnicas, pero también con una imagen coherente en el nivel moral y ético, puesta de manifiesta al actuar y al hablar” Calcagno afirma en su obra “Propaganda, la comunicación política en el siglo XX” que los 3 fundamentos de autoridad presentes en Hitler fueron: Popularidad, fuerza y tradición. Estos tres pilares de su propaganda política hicieron que la masa respondiera positivamente hacia él y aceptaran su autoridad como legítima. Si tuviéramos que trazar 3 fundamentos de autoridad en cuanto al profesor Wenger podríamos decir que presenta popularidad porque ya era conocido en la escuela por ser el entrenador del equipo de natación, y también presenta una actitud jovial y moderna frente a los jóvenes lo que aporta confiabilidad como si fueran pares. También se muestra estable y seguro frente a sus convicciones, convencido en su discurso de que la unión es la fuerza y que los jóvenes pueden cambiar la realidad establecida. También se puede notar en el profesor una postura paternalista, de consejero y guía de los chicos. Los objetivos principales, presentados por Riorda dentro de la obra ya mencionada “La construcción del consenso”, que tiene la comunicación gubernamental son: -Mantener la legitimidad -Lograr el consenso -Buscar conformidad política -Sostenimiento de ideales -Cultivar cultura política En la ola se puede observar como a través de confianza y credibilidad el profesor se acerca a sus alumnos, hace que ellos dependan de él y lo tengan en cuenta para sus vidas incluso fuera de la escuela. Apunta a que todos estén conformes, a un nivel de igualdad, a que todos estén de acuerdo con las ideas de la ola. Si bien en este grupo no se ven ideas políticas, Wenger al final de la película los incita a cambiar las cosas, a hacer la ola nacional y luego global, para que los jóvenes reconstruyan la realidad a través de sus ideales. Propaganda política La propaganda política ha sido mencionada en varias ocasiones como un arma. Si, un arma capaz de obligar mediante las sutiles técnicas de la persuasión a realizar acciones surgidas de la cabeza de alguien más. Un arma que amenaza con disparar para lograr lo que quiere. Impone temor, impone subordinación y respeto a quien la sostiene. Hitler afirmaba que la propaganda política es un arma terrible en manos de quien sepa usarla. Goebbels también considera a la propaganda como un instrumento que une al gobierno con el pueblo. Ahora bien, para que exista este tipo de propagada es necesario que antes haya una ideología política. La fusión de la ideología con la política da otro tipo de propaganda de tendencia totalitaria, afirma Domenach en su obra “La propaganda política”. No se trata ya de una actividad parcial y pasajera, sino de la expresión misma de la política en movimiento. El objetivo es crear la cohesión y el entusiasmo en el bando propio, y el desorden y el miedo en el enemigo. “La propaganda alimenta el conglomerado de creencias que, como expusimos anteriormente, es uno de los componentes del mundo político. Se entiende por creencia aquella idea u opinión que se da por supuesta, por descontada, aquello sobre lo que se está y sobre lo cual no se piensa” (Calcagno, “Propaganda, la comunicación política en el siglo XX”) En la ola se puede observar como los jóvenes se unen para agredir jóvenes que no apoyan las ideas del grupo. Una escena que deja en claro este concepto es cuando el retraído y aislado de la clase: Tim quien solía sufrir lo que hoy se conoce como “Bullying”. Al formar parte de La ola los que solían agredirlo ahora lo defendían de los demás. Esto hace que Tim aprecie más que nadie a la agrupación, porque ya no se sentía tan perdedor como antes, ahora se había integrado y gozaba de identidad de grupo. De esta manera se delimitaban dos bandos: con La ola o contra ella. El quehacer propagandístico consiste principalmente en la adaptación intelectual del destinatario, la concentración temática del mensaje y apelar a la sensibilidad anímica del pueblo o grupo. En general todas estas características se pueden observar en la película. Wenger ofrece un discurso sencillo y fácil de comprender por el nivel intelectual de adolescentes, abordando pocos temas tales como la igualdad y la fuerza de la unión, conceptos amplios y casi sin una base racional. “Toda acción de propaganda tiene que ser necesariamente popular y adaptar su nivel intelectual a la capacidad receptiva del más limitado de aquellos a los cuales está destinada. De ahí que su grado netamente intelectual deberá regularse tanto más hacia abajo, cuanto más grande sea el conjunto de la masa humana que ha de abarcarse”. Afirma Hitler en su reconocida obra “Mi lucha” donde destaca la importancia de un mensaje abarcativo y simple. Domenach ofrece una enumeración de reglas y técnicas llevadas a cabo por la propaganda política. Se destacan algunas que se ven en la película: Simplificación del mensaje Se trata de dividir la doctrina y argumentos en algunos puntos que serán definidos tan claramente como sea posible. Dos grandes ejemplos de esto son el “Credo” de la fe católica y “La declaración de los derechos del hombre y de ciudadano” de la Revolución Francesa. Ambas doctrinas son amplias y extensas, pero fueron reducidas en una densidad y claridad admirables. No existe ni una palabra de más ni una de menos. Esta técnica se caracteriza por encerrar ideas en frases cortas y rítmicas, que sean fácilmente recordadas. La tendencia a la simplificación hace que se presenten también slogans y símbolos. Los slogans hacen un llamado más directo a las pasiones políticas, al entusiasmo y al odio. Esto se remonta hacia el final de la película donde Wegner entona un discurso simple, con frases hasta predecibles hablando de traiciones y lealtad hacia la ola, evocando a la agresividad, dejando a Marco como el traidor, citando a sus compañeros a golpearlo y vengarse de él por descreer en la organización. Según Domenach: “Los símbolos evocan de por sí todo un conjunto de ideas y sentimientos, recordemos, en todo caso que la reducción a fórmulas claras, a hechos y cifras, causa siempre mejor efecto que una larga demostración“. Además este tipo de mecanismo provoca una fácil memorización. En “La ola” se observa un dibujo que es propagado por toda la ciudad. Compitiendo y cubriendo los símbolos de anarquía que eran pintados por el grupo “punk” de lugar, con quienes también pelearon por sus diferencias de ideas y organización . Enemigo único Calcagno menciona que “una buena propaganda no se asigna más que un objetivo principal por vez. Se trata de concentrar el tiro en un solo blanco durante un periodo dado. Los hitlerianos practicaron perfectamente este método de concentración que fue el ABC de su táctica politica” Se debe marcar un enemigo único. Será siempre el causante de todos los males. Es la individualización del enemigo. En la película no se marca un enemigo único de manera fuerte, pero se podría citar al grupo de anarquistas con quienes los chicos se enfrentan en la calle. El mismo profesor de autocracia despierta en los jóvenes un antagonismo hacia la clase de anarquía que se desarrolla en el salón de abajo. También una escena presenta una riña entre ambos grupos, todo era golpes hasta que Tim (el más comprometido con la ola) saca un arma y apunta a los anarquistas. Regla de unanimidad Existe una gran presión que sufren todos los individuos que viven en sociedad y es la que generan los grupos de interés en la opinión individual. “Es sabido por todos aquellos que practican los sondeos de opinión, que un individuo puede tener sobre un mismo asunto y muy sinceramente, dos opiniones muy distintas y a veces hasta contradictorias” afirma Domenach. También destaca que dos opiniones contradictorias subsisten en un mismo sujeto solo por la presión ejercida por los diversos grupos sociales a los que pertenece. Puede ser la iglesia, la familia, un partido político entre otros. La mayoría de los hombres desean armonizar con sus semejantes. La tarea de la propaganda es reforzar unanimidad, lograr que el conformismo alcance a la opinión pública y hacer que todos piensen y adhieran a la ideología propuesta. El autor de “La propaganda política” también mantiene que crear la impresión de unanimidad y utilizarla como medio de entusiasmo con los adeptos y de terror al mismo tiempo con los adversarios es un mecanismo básico de las propagandas totalitarias. En la ola no se dejaba lugar para que alumnos expresaran sus diferencias, la unanimidad se hacía notar en la cantidad de camisas blancas que inundaban la escuela. Karo decidió no usar el uniforme impuesto y no fue bien recibida. Ella no pensaba como todos y se vio aislada, casi expulsada por pensar de manera opuesta. Hasta su propio novio la excluye por no adherirse a la ola. Las ideas impuestas y fomentadas por Wenger llegan a sitios oscuros que ni el propio Marko conocía. Se puede afirmar que la propaganda política despierta los instintos más agresivos y pasionales del inconsciente colectivo. Hitler, por ejemplo, ha hecho de la propaganda un arma en sí. La unión que destaca el profesor fue previamente utilizada por Hitler para generar apoyo: “El sentimiento de comunidad que inspira la manifestación colectiva no solo alecciona al individuo sino que cohesiona y contribuye también a crear el espíritu de cuerpo. La voluntad y el ansia y también la anarquía de miles se acumulan en cada uno. El hombre que, lleno de dudas y vacilaciones, entra en una tal asamblea, sale de ella íntimamente reconfortado; se convirtió en miembro de la comunidad. Jamás debe olvidar esto el movimiento nacionalsocialista” (Mi lucha, pág.200) Regla de contagio A partir de un estudio realizado en una colmena de abejas se permitió formular una “ley de contagio psíquico”. Esta ley afirma que el animal que forma parte de un grupo o rebaño es más propenso y sensible a la reacción de otros individuos que a los estímulos exteriores. Es el conocido “dejarse llevar”. En las manifestaciones y los desfiles de masas hitlerianas se destaca que era muy difícil para un espectador indiferente o un hostil no ser arrastrado por la masa a pesar de su voluntad de no adherirse. “el proceso de las grandes creencias políticas se debe mucho al contagio del ejemplo, al contacto y a la influencia personal, y no de otra manera progresó el cristianismo. En todo caso, es así como logran arraigarse profundamente. La masa moderna, deprimida y sin confianza en sí misma, es atraída espontáneamente por aquellos que parecen poseer el secreto de una dicha que les es esquiva y que sacian su sed de heroísmo, por los modelos, los iniciados, los poseedores del porvenir” (Domenach) La relación entre conductor y muchedumbre se puede explicar a través de lo que se llama “hipnosis”. La masa busca y encuentra en aquel que admira las cualidades que ellos esperan. Logran resumir sus deseos y sueños en él. Los alumnos encontraron en Wegner apoyo emocional, y hasta comprensión en un momento de la adolescencia donde todos los jóvenes se sienten incomprendidos. Encontraron igualdad y respaldo, no se sentían solos, sino que todos eran uno. La contrapropaganda En la película se puede observar como Karo se siente relegada y aislada de su grupo de compañeros. Al principio por no querer usar su camisa blanca, se siente despreciada y observada como si fuera la oveja negra del grupo. La ola comienza a expandirse, invade la escuela, y hasta el equipo deportivo de wáter polo. Ve como a un extraño hasta su propio novio que comienza a tener actitudes agresivas. Hasta su amiga Lisa comienza a mirarla diferente por no estar de acuerdo con la ola. Karo decide tomar cartas en el asunto y diseña unos folletos que dicen “Paren la ola” y los reparte por el colegio. Aquí comienza la contrapropaganda, en cuanto combatir la tesis del adversario e intentar debilitar sus ideas. Karo fue embestida cuando quiso entrar de noche a la escuela, y la ola la estaba esperando. Cortaron las luces, la asustaron y ella se fue. Pero Karo estaba esperando una mejor oportunidad para encontrar a todos los miembros de la ola reunidos. El enfrentamiento del equipo de wáter polo con otra escuela. Allí se desplegló todo el entusiasmo e instinto irracional que contienen las masas. Karo y Mona (la otra alumna que nunca coincidió con las ideas propuestas por Wenger) reparten los folletos y todo se descontrola. Pierden el partido. Marco culpa a su novia por estropear todo y la golpea. Fue en ese momento donde él se da cuenta que la ola y Wenger han llegado muy lejos hasta el punto que no se conoce a si mismo, que está fuera de sí, totalmente alienado. Algunas de las técnicas que utiliza la contrapropaganda son: -Reconocer los temas del adversario para ser fácilmente combatidos - Atacar los puntos débiles - Si la propaganda es poderosa no atacar de frente - Ridiculizar al adversario - Hacer que predomine el propio clima de fuerza Si bien Karo no logra desestabilizar a los adeptos de la ola, si logra que Marco tome conciencia y hable con el profesor. Wenger se da cuenta que ha llegado demasiado lejos, decide contarle al grupo la decisión de finalizar la ola en el auditorio de la escuela pero la conformación y la fuerza del grupo llegó a tal grado que Tim veía a la ola como su vida, si la ola terminaba, también lo haría su vida. Conclusión No siempre las significaciones que tenemos como propias lo son. Es necesario replantearse si realmente somos dueños de nuestras propias ideas. ¿Por qué pienso como pienso? ¿Por qué creo que el gobierno hace lo correcto o incorrecto? ¿Por qué no me cae bien este candidato pero si confío en aquel otro? ¿Debería creer en las palabras que me dice la presidenta cuando habla en los medios de comunicación? ¿Debería creer en los medios oficialistas o en los opositores? Y ¿quién me dice la verdad? ¿Dónde está la verdad? La propaganda es la herramienta que permite llegar a las cabezas de la opinión pública para llevar a cabo un proyecto de gobierno y desplegar su ideología. La película y lo sucedido en la Alemania nazi demuestra que la propaganda permite realizar hasta lo inimaginable. Todos pensamos que somos libres en nuestras cabezas pero la realidad es que la propaganda entra en el inconsciente colectivo siendo apenas percibida y genera subordinación a la idea de alguien más. Nunca propia.
Para comprobar este test Danai Dima, de la Hannover Medical School y Jonathan Roiser, del University College de Londres, llevaron a cabo un estudio que consistió en el reclutamiento de 13 pacientes enfermos de esquizofrenia y 16 voluntarios de control sin ningún tipo de padecimiento mental con el fin de medir su flujo cerebral mientras visualizaban imágenes en tres dimensiones de rostros cóncavos y convexos. La ilusión de la cara hueca explota una de las propiedades más conocidas de nuestro cerebro: completar lo que ve en función de lo que está habituado a ver. Tenemos una máscara que tiene pintada una cara por su lado convexo (el que sobresale) y otra por el cóncavo (el interior). Según cómo la veas, puedes saber si sufres de esquizofrenia. Cuando vemos la imagen, y aunque sepamos dónde está el truco, no podemos evitar que la parte hueca de la máscara nos parezca una cara que sobresale. Es un truco muy potente. Al ver el video lo podrás apreciar: Si por cualquier motivo no eres capaz de ver la ilusión óptica, por favor no te asustes, no es una referencia concreta para saber realmente si padeces una enfermedad por un simple video. Ante cualquier duda consultá un médico.

De la redacción de Diario Registrado La Defensoría de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes de la provincia de Córdoba solicitó a la delegación de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), que arbitre los medios para que se suprima la difusión del spot publicitario en el que Mauricio Macri aparece con una niña sentada en sus rodillas a la que le compra una rosa por considerar que "naturaliza el trabajo infantil". Según confirmaron desde Afsca Córdoba, el defensor adjunto del organismo provincial, Reynaldo Rittatore, realizó una presentación para que se arbitren todas las acciones y medios al alcance del ente nacional, a los fines de "suprimir" la difusión del spot publicitario "Vendo rosas para comprarme una bici”, del candidato a presidente del PRO, Mauricio Macri. En el spot de campaña el candidato del Pro aparece con una niña de la Matanza de unos diez años aproximadamente, sentada sobre sus rodillas. La nena cuenta que cultiva rosas para venderlas y comprarse una bici; y Macri se ofrece a comprarle una flor para contribuir al “negocio” y felicita a la niña por su producción de rosas. En su presentación, Rittatore destacó que "en trabajo infantil en cualquiera de sus formas, representa una vulneración a los derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, y un gran perjuicio en su desarrollo”, y consideró que con ese mensaje, “naturalizar el trabajo infantil en la sociedad conspira contra su erradicación”. “En el spot se naturaliza el trabajo de la niña, aunque más no sea por omisión. Lamentamos que esta oportunidad no haya sido utilizada para promover y difundir otros derechos de la infancia; como aquellos que el trabajo infantil conculca por antonomasia, como el juego, esparcimiento, deporte, salud, educación (entre otros)”, asegura el texto. Desde Afsca Córdoba, indicaron a Télam que la presentación fue recibida y derivada a la central del organismo en Buenos Aires para que sea analizada y decidir en consecuencia. link: https://www.youtube.com/watch?t=48&v=Qhk2rHeP54s Al mismo tiempo, se difundió por Facebook un gran repudio al acercamiento físico que Macri tiene con la menor de edad, cuando intenta alejarse y el la sigue sujetando diciendole que "ya se va a aflojar" El texto difundido fue escrito por una usuaria de la red social, donde sostenía que la niña rechaza con el cuerpo el contacto físico no deseado. Macri la obliga a hacer y decir cosas que no quiere, agarrándola del cuello, pellizcándole las piernas y abrazándola a la fuerza con evidente signo de alejamiento por parte de la nena. Según Página 12, en el artículo "A dos manos" publicado el 26 de julio, son precisamente,las manos del ex director del Grupo Económico Socma las protagonistas de varios spots de su campaña. Durante un corto se puede oir en el jingle: “tengo una canción y dos manos para abrazarte”, mientras palmea, abraza y muestra sus dos manos a quien se le ponga delante. Pareciera que Mauricio considera y valora en demasía el contacto corporal político, tanto que en su polémico spot "vendo rosas para comprarme la bici" no deja de tocar, manipular y abrazar a la fuerza a la niña en cuestión. "Es la pieza más bizarra de propaganda política en el siglo XXI, a 45 días de la marcha NI una menos contra la violencia de género", acusa la nota, y apunta a que tal recurso propagandístico es pensado, no casual ni por error.

El hospital Garrahan fue escenario de una histórica operación: por primera vez se llevó adelante un trasplante simultáneo de pulmones y corazón de un mismo donante que terminó salvándole la vida a una nena y a un varón. La niña padecía fibrosis quística y el chico miocardiopatía restrictiva. Las intervenciones fueron realizadas por los equipos de trasplante cardíaco y trasplante pulmonar del Garrahan el 16 de julio pasado. El procedimiento fue inédito porque se compartió equipo y se hizo en el mismo momento en quirófanos vecinos. Los menores ya fueron dados de alta. Durante 12 horas, los médicos se movieron de un quirófano al otro para permitir que Julián de 14 y Lucía de 10 -ambos estaban en la lista de emergencia nacional del Incucai- pudieran seguir viviendo. La intervención comenzó a gestarse el jueves 16 de julio con un llamado del Instituto a las 16:30: los pulmones y el corazón de un mismo donante correspondían, según la lista de emergencia nacional, a dos pacientes del Garrahan. "Podíamos optar por un sólo caso pero elegimos darle la oportunidad a los dos chicos y esforzarnos al máximo para lograrlo", aseguró el jefe del servicio de Trasplante Cardíaco, Horacio Vogelfang. Hubo una reunión entre los equipos y se definió aceptar los órganos. "Es importante destacar que como hospital público tenemos la capacidad de poder realizar dos trasplantes de mucha complejidad integrando equipos, optimizando los recursos tanto económicos como humanos", afirmó. Esta fue la primera vez en los 28 años de historia del Garrahan que se realiza en el mismo momento, y con parte de equipo compartido En tanto el jefe de Trasplante Pulmonar, Mario Boglione, destacó que "nunca habían hecho un trasplante cardíaco pulmonar en el mismo momento porque el equipo es compartido en buena parte y fue todo un desafío de logística". "Técnicamente sabíamos que podíamos y lo logramos", agregó. En el doble trasplante se contó con 12 cirujanos especializados que trabajan en el hospital; seis en cada equipo. Además, estuvieron presentes anestesiólogos, instrumentadores, técnicos y enfermeros. El trasplante cardíaco realizado a Julián fue el número 48 en el Hospital, mientras en tanto que el bipulmonar hecho a Lucía fue el número 14. "Estamos hablando de un equipo de más de 30 personas, entre médicos, técnicos, enfermeros, etc., todos profesionales de primer nivel, que lograron llevar a cabo en conjunto dos intervenciones complejísimas y eso habla de la política del Garrahan y de la posibilidad de acceso a salud de primerísimo nivel para todos los niños del país", aseguró Vogelfang. Por su lado, Boglione explicó que lograron el objetivo del trasplante simultáneo "ayudándonos en distintos momentos de la cirugía, y antes en momentos clave como la ablación, donde conformamos un equipo que viajó a realizarla con profesionales de los dos servicios". Las historias de Julián y Lucía El nene vive en San Pedro, provincia de Buenos Aires, tenía su corazón afectado por una enfermedad poco común que endurece la musculatura cardíaca. El padecimiento de Julián empezó con una caída en el colegio y un dolor fuerte en las costillas. Sus padres, Mónica -ama de casa- y Mariano -trabajador de Papel Prensa-, lo llevaron a una clínica pensando en una fractura, pero se encontraron con que su corazón era demasiado grande para la edad que tenía. Desde ese momento a que llegaran al Hospital y fuera diagnosticado con Miocardiopatía Restrictiva -una enfermedad poco común que endurece la musculatura del corazón- apenas pasó una semana. Era mayo de 2010. "Julián estaba muy mal y se encontraba en lista de emergencia nacional desde febrero, tiene 14 años pero una contextura muy chica y bajo peso", contó Vogelfang. Actualmente Julián ya fue dado de alta y se encuentra junto a su familia en Casa Garrahan durante los primeros días. Luego volverá a San Pedro. El hospital Garrahan fue escenario de una histórica operación: por primera vez se llevó adelante un trasplante simultáneo de pulmones y corazón de un mismo donante que terminó salvándole la vida a una nena y a un varón. La niña padecía fibrosis quística y el chico miocardiopatía restrictiva. Las intervenciones fueron realizadas por los equipos de trasplante cardíaco y trasplante pulmonar del Garrahan el 16 de julio pasado. El procedimiento fue inédito porque se compartió equipo y se hizo en el mismo momento en quirófanos vecinos. Los menores ya fueron dados de alta. Durante 12 horas, los médicos se movieron de un quirófano al otro para permitir que Julián de 14 y Lucía de 10 -ambos estaban en la lista de emergencia nacional del Incucai- pudieran seguir viviendo. La intervención comenzó a gestarse el jueves 16 de julio con un llamado del Instituto a las 16:30: los pulmones y el corazón de un mismo donante correspondían, según la lista de emergencia nacional, a dos pacientes del Garrahan. "Podíamos optar por un sólo caso pero elegimos darle la oportunidad a los dos chicos y esforzarnos al máximo para lograrlo", aseguró el jefe del servicio de Trasplante Cardíaco, Horacio Vogelfang. Hubo una reunión entre los equipos y se definió aceptar los órganos. "Es importante destacar que como hospital público tenemos la capacidad de poder realizar dos trasplantes de mucha complejidad integrando equipos, optimizando los recursos tanto económicos como humanos", afirmó. Esta fue la primera vez en los 28 años de historia del Garrahan que se realiza en el mismo momento, y con parte de equipo compartido En tanto el jefe de Trasplante Pulmonar, Mario Boglione, destacó que "nunca habían hecho un trasplante cardíaco pulmonar en el mismo momento porque el equipo es compartido en buena parte y fue todo un desafío de logística". "Técnicamente sabíamos que podíamos y lo logramos", agregó. En el doble trasplante se contó con 12 cirujanos especializados que trabajan en el hospital; seis en cada equipo. Además, estuvieron presentes anestesiólogos, instrumentadores, técnicos y enfermeros. El trasplante cardíaco realizado a Julián fue el número 48 en el Hospital, mientras en tanto que el bipulmonar hecho a Lucía fue el número 14. "Estamos hablando de un equipo de más de 30 personas, entre médicos, técnicos, enfermeros, etc., todos profesionales de primer nivel, que lograron llevar a cabo en conjunto dos intervenciones complejísimas y eso habla de la política del Garrahan y de la posibilidad de acceso a salud de primerísimo nivel para todos los niños del país", aseguró Vogelfang. Por su lado, Boglione explicó que lograron el objetivo del trasplante simultáneo "ayudándonos en distintos momentos de la cirugía, y antes en momentos clave como la ablación, donde conformamos un equipo que viajó a realizarla con profesionales de los dos servicios".