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Usuario (Argentina)

La empresa financiera Arton Capital, especializada en ayudar a que individuos acaudalados obtengan múltiples ciudadanías, a veces mediante programas para inversionistas inmigrantes, ha realizado una clasificación de los pasaportes más poderosos del mundo. La clasificación revela qué pasaportes le dan a los titulares la mayor movilidad mundial, con base en cuántos países pueden ser visitados sin visa, o al obtener una al momento de llegar. Los pasaportes de países desarrollados con economías avanzadas son los que mejor se posicionan. Los pasaportes de Estados Unidos y el Reino Unido están empatados en primer lugar; estos dan a los titulares acceso a 147 países. El pasaporte del país más poblado del mundo, China, ofrece rápido acceso a 74 países. Los titulares de pasaportes indios no son tan afortunados, con 59 destinos fáciles. Un pasaporte ruso proporciona 98 opciones de países. Estos son los pasaportes mejor clasificados, seguidos por el número de países a los que dan acceso: Estados Unidos, Reino Unido (147 países); Francia, Corea del Sur, Alemania (145); Suecia, Italia (144); Dinamarca, Singapur, Finlandia, Japón, Luxemburgo, Holanda (143); Suiza (142). Estos son los pasaportes en las posiciones más bajas de la clasificación: Congo (República Democrática), Yemen, República Centroafricana, Kosovo (41); Guinea Ecuatorial, Bután, Comores, Burundi (40), Somalia, Eritrea (39); Afganistán, Yibuti, Iraq, Etiopía, Nepal (38); Sudán del Sur, Islas Salomón, Territorios Palestinos, Santo Tomé y Príncipe, Birmania (28).
Por Marcelo Bonelli La misión de Hernán Lorenzino a los Estados Unidos sufrió un duro traspié y, así, el Gobierno fracasó en su intento de abrir un canal mínimo de diálogo con Washington. El Tesoro de EE.UU. volvió a comunicar que no apoyará a la Argentina en los tribunales de Nueva York. La Casa Blanca condicionó el envío de una nota de respaldo a la Corte Suprema a que el país cancele previamente las deudas pendientes en el CIADI, por 460 millones de dólares. También el Banco Mundial transmitió otra sonora negativa: rechazó un sondeo que hizo Lorenzino, quien fue a buscar un crédito para cancelar con esa plata los cinco juicios perdidos en el tribunal internacional. La actitud dura obedece a una convicción que existe en Washington: que Cristina Kirchner quiere ganar tiempo pero no saldar las deudas, y menos aún, solucionar los problemas que existen en la macroeconomía. También, porque sostienen que ningún miembro del equipo económico es interlocutor confiable para la Casa Blanca. Ya se habla del reemplazo de la embajadora Cecilia Naón. Esa es la conclusión –como lo anticipó Clarín– del informe que elaboró un enviado secreto de Washington a Buenos Aires. En mayo, William Lindquist, el delegado del Tesoro norteamericano, redactó un memo negativo y desde entonces la Casa Blanca endureció su posición con la Argentina. La misión que encabezó Lorenzino apuntó a desbloquear la situación, pero el ministro chocó contra un témpano en Washington. Adrián Cosentino –su segundo– buscó disimular el fracaso, difundiendo versiones positivas sobre el viaje. Pero ese relato duró poco y quedó en ridículo. El operativo tuvo el aval de la Presidenta, después de la soledad y ausencia de solidaridad que ella sintió en la reunión del G-20. Sus planteos contra EE.UU. no contaron con el aval real de Brasil ni de México. Los reclamos tampoco fueron escuchados por Barack Obama, quien desestimó su pedido de audiencia. Lorenzino sólo logró una bocanada de oxígeno en el FMI: el directorio volverá a postergar una sanción al país, a la espera del nuevo índice, aunque no cerrara la auditoría por la manipulación estadística. Pero volvió de EE. UU. con otras dos mochilas políticas: La Comisión de Valores de Estados Unidos no aprobaría el “Formulario 18 K”, imprescindible para hacer una reapertura del canje de la deuda con mínimo plafond internacional. La Casa Rosada está condenada a hacer la reapertura en Buenos Aires, porque la política económica argentina no pasaría el filtro de la SEC.

Diez razones para volver a elegir una PC de escritorio antes que una portátil Siguen perdiendo terreno frente a las tabletas y notebooks, pero todavía ganan por precio, tamaño de pantalla y mejor procesamiento. Se están vendiendo cada vez menos y en los últimos años han presentado una evolución tecnológica escasa; cierto. Además, se han visto opacadas por el boom de sus parientes cercanas, las Todo en Uno, las notebooks, las netbooks (ahora en retirada), las tabletas y los smartphones. Sin embargo, las computadoras de escritorio tradicionales no han desaparecido y siguen siendo una opción en muchos casos. Los motivos por los que las PC con el clásico CPU se siguen eligiendo son varios, Next reunió diez. 1. Costo. Aunque la brecha de precios entre las computadoras de escritorio y las portátiles se achicó mucho, Néstor Russaz, del Instituto Cetia, y Gastón Finkelstein, de Gigabyte, coinciden en que a capacidades de procesamiento y tamaños de pantalla comparables, las computadoras de escritorio siguen siendo más baratas. 2. Posibilidad de personalizar. Sobre este punto, Russaz señala que cuando Dell vendía a través de su sitio para la Argentina, la posibilidad de personalizar una notebook era bastante amplia. Sin embargo, ni en ese caso las portátiles igualaban las posibilidades que dan las PC de ser armadas a medida, eligiendo tipo, marca y modelo de gabinete, fuente de alimentación, motherboard, memoria, disco, procesador, pantalla y accesorios. 3. Jugar a alto nivel. Finkelstein lo explica así: “Hay notebooks que otorgan una buena experiencia de juego, pero un verdadero gamer necesita una placa de video de alta gama, lo que requiere a su vez una fuente de alimentación potente, y eso lo encuentra en una PC”. Un reciente estudio de Mindshare Argentina señala que en el país “se destaca la PC como la plataforma escogida para jugar, la siguen los teléfonos celulares y las consolas”. 4. Pantalla de gran tamaño. Los entendidos coinciden en que entre las máquinas portátiles lo habitual son las pantallas de hasta 17” (así lo manda el concepto de equipo portátil) y hay quienes necesitan monitores más grandes. Dice Finkelstein que quienes se toman en serio los juegos usan pantallas de 22” a 26”, imposibles en equipos portátiles (salvo que se les agregue una pantalla externa). 5. Capacidad de procesamiento. Quien edite imágenes o trabaje en diseño, por ejemplo, encontrará que los procesadores de escritorio tienen rendimientos mayores que modelos similares para equipos móviles, dice Finkelstein. 6. Posibilidades de actualizar. “Si no se deja pasar demasiado tiempo, las máquinas de escritorio tradicionales pueden admitir hasta dos instancias de actualización, en las que podrían estar involucrados el disco rígido, la memoria y la placa de video”. Dice Russaz. Las de escritorio también admiten el cambio del gabinete, la pantalla, la fuente de alimentación y, muy rápidamente, el del teclado, el mouse y otros periféricos. 7. Costos de mantenimiento y de services. Las fuentes consultadas por Next coinciden en que las reparaciones de las computadoras de escritorio suelen ser más sencillas, más rápidas y de menor costo que las de equipos móviles. ¿Uno de los motivos? Los repuestos de las PC de escritorio se consiguen más fácilmente. En cambio, componentes cruciales como las baterías de las notebooks –de vida limitada– a veces son difíciles de encontrar. 8. Funcionamiento sin pausa. Afirma Russaz que, aunque depende de la calidad de sus componentes, en general las PC responden mejor al funcionamiento sin pausa o a jornadas de uso muy prolongadas. “Ante esas situaciones a muchas notebooks les suele fallar el chip de video, lo que ocurre menos en los equipos de escritorio”, dice Russaz. 9. Conectarle de todo. Explica Finkelstein que las placas madre de las computadoras de escritorio pueden traer hasta 16 puertos USB, bastante más de lo que ofrecen las portátiles. También dan más alternativas en los casos en que se necesita conectar múltiples pantallas. 10. Comodidad. Quien usará la computadora siempre o casi siempre en su escritorio, seguramente preferirá la mayor ergonomía de un mouse y un teclado grande y una pantalla de dimensiones generosas. “A la notebook nos acostumbramos por todas las ventajas que nos da en cuanto a movilidad, pero los tamaños y la velocidad de una PC siguen siendo irreemplazables”, dice Finkelstein.

Riqa : El "Tomb Raider" de Nintendo 64 que nunca vio luz Nintendo quería su propia Lara Croft para Nintendo 64, aunque las cosas no salieron tan bien como esperaban. Cuando Lara Croft debutó con su primer Tomb Raider en 1996, en consolas lo hizo para dos de las tres plataformas de sobremesa que se repartían el mercado en aquel entonces: PlayStation y Sega Saturn. La fama y las ventas de Lara no hacían más que crecer con cada juego, y aunque por motivos comerciales la consola de Sega se iba quedando atrás y no siguió recibiendo juegos, Nintendo vio cómo el éxito de la voluptuosa heroína no iba a llegar a su Nintendo 64. Así, la compañía japonesa pensó que era necesario poner remedio a esto, y no se sabe muy bien si por iniciativa propia o por iniciativa de Bits Studios –antigua desarrolladora británica responsable de juegos como R-Type DX para Game Boy Color o Die Hard: Vendetta para GameCube, PlayStation 2 y Xbox–, comenzaron a trabajar en la que sería la protagonista de similares aventuras de acción en los 64 bits de Nintendo. En 1998 se descubre que Nintendo había registrado la web "riqa.com", y no tardaría en llegar la confirmación, por parte de algunos medios especializados, de que, en efecto, se trataba del nombre un nuevo proyecto sobre el que todavía no se sabía nada. Pasarían varios meses hasta el E3 de 1999, donde tendríamos, por primera vez, contacto con este prometedor proyecto. En un primer momento, las similitudes con Tomb Raider se hicieron obvias, pero no vamos a negar que si conseguía acercarse a la calidad sus aventuras, RiQa se convertiría en un referente de los juegos de acción en tres dimensiones para Nintendo 64. RiQa, que además del título del juego sería el nombre de nuestra heroína, nos ponía en la piel de esta atractiva fémina, que, desde una perspectiva en tercera persona, debía combatir contra todo tipo de enemigos –humanos, robots, y, en principio, encontraríamos también otras criaturas por concretar–, mientras que resolvía puzles y exploraba ágilmente los escenarios, ayudada de diferentes tipos de armas y otros dispositivos. A pesar de las similitudes con el juego de Core y Eidos que comentamos, RiQa también se inspiraba en otros juegos como Mission: Impossible, aunque quizás esto no eran tan buenas noticias. La obra de ciencia ficción de Bits Studios sorprendió en el E3 por su solidez gráfica, que nos permitía ver a RiQa moviéndose con soltura por escenarios amplios y detallados, haciendo gala de unos efectos de partículas dignos de destacar para la época, y más tratándose de una versión de desarrollo. El juego se mostró para el público general en forma de vídeo, pero la prensa especializada pudo probarlo, y las impresiones fueron bastante positivas. El juego, además, estaba bastante avanzado, ya que el E3 se celebra en verano y el estudio inglés afirmaba que estaría listo para el otoño de ese mismo año, 1999. RiQa, obviamente, no llegó en otoño, pero en enero de 2000 Bits Studios explicó que todo seguía en orden, y que simplemente necesitaban algo más de tiempo para terminar de pulir esta experiencia que, según ellos, llegaría, de manera definitiva, ese mismo año. RiQa sumaba ya dos años de desarrollo, y Nintendo no podía perder más tiempo. Con PlayStation liderando el mercado, con Tomb Raider con cinco juegos y con la amenaza de Dreamcast, La Gran N se puso a trasladar muchos de los juegos para Nintendo 64 a GameCube. No hay nada confirmado, pero se sospecha que RiQa fue víctima de esta transición, ya que no pudo ajustarse ni a las fechas que le daba Nintendo para Nintendo 64, ni al posible salto a su sucesora. Así, RiQa se perdió discretamente en el olvido, sin que la compañía japonesa o el estudio británico volvieren a hacer referencia alguna a él. Parece ser, eso sí, que no todo se perdió tras la cancelación del juego, y parte de él llegó a convertirse en Rogue Ops, título que se lanzó en 2003/2004 para PlayStation 2, Xbox y GameCube. Tampoco hay nada seguro en este aspecto, ya que Nintendo poseería los derechos de RiQa, y Bits Studios tendría que haber hecho los suficientes cambios para poder lanzarlo como una propiedad independiente. De un modo u otro, volvemos a quedarnos con la curiosidad de si, si uno hubiese trabajado más rápido, o si el otro hubiese tenido más paciencia, RiQa podría haberse convertido en la heroína de acción que Nintendo necesitaba. link: http://www.youtube.com/watch?v=5_B-wh4vApw --------------------------------------------------------------------------------------- Top Kids Comunidad Oficial Te esperamos! Unete!! http://www.taringa.net/comunidades/topkids/ -------------------------------------------------------------- Comunidad Retro Gamers!! Unete! http://www.taringa.net/comunidades/rg-retrogamers/

Por Jorge Lanata Si las matemáticas existen, el plan económico no cierra. “Llegaron tarde”, decíamos el sábado pasado, y durante esta semana se pudo asistir a un encuentro de Cristina con su secta donde quedó claro que el Gobierno se dispone a seguir haciendo un ajuste pero sin reconocerlo jamás. “Esto es parte de lo que se llama un ajuste ortodoxo”, me dijo esta semana en Radio Mitre Mario Blejer (¿El próximo ministro de Economía de Scioli con Lavagna como canciller?) Y dio las condiciones que el mundo espera. “Yo creo -dijo Blejer-, que hay cinco puntos que tienen que ser cumplidos: hay que cumplir prácticamente todos; hay que reponer la relación con el Club de París, con el FMI, con los holdouts que quedaron afuera del canje, el tema de Repsol y el tema del CIADI”. Ninguna de estas soluciones es inmediata y todas se resumen en una: recomponer la confianza en los frentes internos y externo. En el caso del CIADI, Argentina encabeza el chart de los países que mayor cantidad de demandas enfrentan. Venezuela ocupa el segundo lugar. El organismo define a Argentina “como una de las zonas más riesgosas para hacer negocios. Se ubica muy por delante de África y los países de la ex Unión Soviética caracterizados por sus muy endebles instituciones”. La gestión en el Club de París puede resumirse en dos frases públicas: Kicillof dijo que había sido “un encuentro muy positivo” y Clotilde L’Angevin, la vocera del Club, aclaró que las negociaciones no comenzaron formalmente y que era “demasiado temprano” para responder a la propuesta argentina. Según publicó el diario oficialista BAE, la propuesta argentina consistió en un monto inicial de 2.000 millones de dólares dentro del año posterior a la firma del acuerdo y luego cuotas anuales durante cinco años. Cristina Kirchner pagaría, llegado el caso, solo la primera cuota. El acuerdo con Repsol se complicó después de la última devaluación. España le pide a Argentina que se le pague con bonos del Estado español que el Gobierno debe salir a comprar al mercado financiero internacional, y rechazó la posibilidad de cobrar en bonos argentinos. En cualquier caso las “famous last words” de Axel cuando se nacionalizó YPF (“Repsol tiene que pagarnos a nosotros”) quedaron en el olvido: Argentina acordó indemnizar a la empresa petrolera con 5.000 millones de dólares. El caso de los fondos buitre ya es por demás conocido. El Fondo Monetario, por su parte, aclaró que el proceso de evaluación del nuevo índice de precios al consumidor “demandará, al menos, un año”. “Hace falta hacer pruebas estacionales y de consumo y eso requerirá por lo menos un año de prueba”, dijo el vocero Alejandro Werner. El Mundo -vendría a ser eso que está alrededor de Argentina- no parece, a la vez, muy dispuesto a prestarnos dinero: “Mientras Argentina atraviesa una crisis cambiaria que ha sacudido los mercados alrededor del mundo, muchos residentes aquí se hacen la misma pregunta “¿Dónde está la Presidente?”, publicó The New York Times. “Una de las diez economías más grandes del mundo en el siglo pasado, con un ingreso per cápita comparable a los de Francia y Alemania, por encima de Japón e Italia intriga a los historiadores por lo inédito de ser un país desarrollado que retrocedió”, dijo O’Globo. “Lo que ocurre en estos días en Argentina podría suscitar una pieza humorística si no fuera porque están en juego las condiciones de vida de millones de personas”, expresó El País, de España. “La improvisación salta a la vista. Una anunciada rebaja impositiva para turistas al exterior prometida el viernes pasado por el ministro de Economía es anulada este domingo por el mismo jefe de Hacienda”, publicó El Mundo, de España. “Una megadevaluación parece inevitable en la Argentina. Algunos países aprenden las lecciones de su historia monetaria, pero Argentina es un caso aparte”, consideró Mary Anastasia O’Grady, que acusó al gobierno de ejercitar “una ignorancia económica aterradora”, dijo en The Wall Street Journal. “Los inversores están preocupados. Los bonos en dólares cayeron casi cuatro centavos el viernes, la mayor caída en los mercados emergentes. Y los votantes parecen estar perdiendo la confianza en Cristina Fernández, antes en todas partes, ahora en silencio”, dijo el Financial Times. “El infierno argentino se enfrenta a los elevados precios”, aseguró Le Monde. “Doce años después de la quiebra amenaza a Argentina la próxima crisis autoinflingida del país”, publicó Die Welt, de Alemania. Ojalá quienes se animen a prestarnos dinero no lean los diarios.
Bonafini: “La basura va junta con Macri, Bergoglio y Bendini" En 2007 los comparó con la dictadura. Y en 2008 llegó a hacer sus necesidades en el altar de la Catedral metropolitana. Sin embargo, cinco años después, la titular de Madres dijo estar “muy satisfecha” con su tarea y le envió un “fuerte abrazo” al papa. “La basura va junta, Macri, Bendini y Bergoglio. Son de la misma raza y de la misma ralea. Son fascismo, son la vuelta de la dictadura. Son la dictadura misma. Los tres representan la dictadura”, señalaba un comunicado de la Asociación Madres de Plaza de Mayo firmado por Hebe de Bonafini y emitido en 2007 en repudió al ahora Papa Francisco. Firme en su guerra contra la Iglesia, en enero de 2008 la propia Hebe condujo una protesta que tomó la Catedral porteña, templo a cargo del entonces arzobispo Jorge Bergoglio. Una vez terminada la marcha, la dirigente de derechos humanos alineada con el kirchnerismo se encargó de revelar que hizo sus necesidades fisiológicas dentro de la Catedral. "Nos clausuraron los baños de la Catedral y tuvimos que improvisar uno, detrás del altar", sostuvo. La versión que trascendió es que los manifestantes habían montado un baño propio con un balde y una lona a metros del altar, lo que produjo la indignación de los sectores eclesiásticos y católicos que hablaron de "profanación". Sin embargo, en poco más de cinco años, la mirada de Hebe hacia el ahora máximo pontífice cambió radicalmente, en sintonía con la “panquequeada K”. “Las Madres le queremos decir, Papa Francisco, que estamos mirando con mucha atención todas sus intenciones de transformar, en parte, el poder del Vaticano”, señala la misiva. Y agrega: “Nos sentimos satisfechas ante muchas de sus actitudes (…) Como le dije antes, peleemos por un mundo en donde no haya pobres. Luchemos por la justicia, por la libertad, por la igualdad, la inclusión, por el amor y la esperanza. Las Madres estamos convencidas que en lugar de luchar contra la pobreza hay que luchar contra la riqueza”. En el texto, Hebe destacó que “siempre nuestra lucha ha sido a través de la esperanza, como ve, no la hemos perdido tampoco con usted”. Y envió un abrazo “a todos aquellos que participen con grandes expectativas en todo los actos que usted conduzca”. “Gracias, por ahora, y permítame que lo abrace”, cierra la carta.
La expropiación a Repsol decretada por Cristina Kirchner ha vuelto a poner sobre la mesa las dudas que Argentina genera como país confiable para las inversiones extranjeras. Ahora, en pleno Bicentenario, es posible afirmar que Brasil se ha convertido en la superpotencia económica, militar y geoestratégica de Sudamérica, mientras que Argentina, rebosante de nacionalismo revanchista, a duras penas mantiene un cierto protagonismo internacional, sobre todo gracias a su pertenencia al G-20. Argentina ha sido sinónimo en los últimos 30 años de nacionalismo exacerbado (de la invasión de las Malvinas en 1982 a la expropiación a Repsol), de repetidas crisis económicas (en 1982, en 1989, en 1994, entre 1998 y 2001), y de bandazos ideológicos (del neoliberalismo de Carlos Menem al intervencionismo proteccionista de los Kirchner). Hace exactamente cien años, cuando los países de América Latina empezaban a conmemorar el Centenario de sus respectivas independencias, Argentina era el modelo a seguir por el resto de naciones de la región. Como recuerda el economista Pablo Gerchunoff, “Argentina alentaba el optimismo sobre lo que se llamaba “la Australia del Atlántico”, venía expandiéndose y progresando, incorporando flujos migratorios. Algunos, incluso, tuvieron buenas razones para pensarla como “los Estados Unidos del Sur”. Su crecimiento económico, su alto nivel de desarrollo, su sociedad de clases medias, la belleza de sus ciudades (Buenos Aires aspirando a ser el París de Sudamérica) iban de la mano de un sistema político liberal oligárquico capaz de autoreformarse y dar paso a una democracia de masas sin que mediaran procesos revolucionarios o rupturistas. La belle epoque argentina Así, entre 1880 y 1930 Argentina vivió su particular “belle epoque”. En palabras del catedrático de Historia, Carlos Malamud a Infolatam, “en torno a la Primera Guerra Mundial Argentina era el sexto país del mundo en renta per capita. Hoy está ubicado mucho más atrás. A esa situación se llegó después de una serie de transformaciones políticas y económicas, que hicieron que el país forjado por la llamada Generación del 80, que era un foco de atracción de millones de personas de distintas partes del globo que pensaron que Argentina era un lugar donde construir su futuro se transformara en un caso especial en la historia global. Y no por los éxitos sino por los fracasos” . Aldo Ferrer, ex ministro de economía, reflexiona sobre este tema: “es difícil explicar cómo con condiciones fundacionales tan propicias no logramos conformar una sociedad y una economía avanzadas. Pienso en Canadá y en Australia, países muy grandes, que tempranamente lograron conformar estructuras sociales y económicas más articuladas, más diversificadas, más complejas que les permitieron ser países industriales avanzados, mientras nosotros no pudimos”. Roque Sáenz Peña presidente entre 1910 y 1914 Argentina era a comienzos del siglo XX un modelo frente a un México que vivía desde 1910 en plena Revolución, una Colombia aún bajo las secuelas de la guerra civil (la de los Mil Días) y la pérdida de Panamá, un Perú florenciente pero con graves desequilibrios internos (étnicos y provinciales), un Chile desmasiado pequeño para alzarse como referente regional y un Brasil que aún buscaba la estabilidad tras pasar de ser una monarquía a una república. Argentina, por el contrario, había demostrado ser un país “moderno” y su elite política capaz de adaptarse a una nueva época marcada por el ascenso de las clases medias y el nacimiento de la clase obrera. Esa elite tuvo la habilidad de reformar el sistema (Ley Sáenz Peña de 1912), dar entrada en 1913 a las nuevas fuerzas políticas (UCR y Partido Socialista) y aceptar democráticamente una no prevista derrota en 1916 (el triunfo de Hipólito Yrigoyen, líder de la Unión Cívica Radical). Todo indicaba que el XX sería un siglo argentino, algo que finalmente no ocurrió: “Argentina pudo haber tenido en algún momento un producto bruto interno mayor que el de España, o pudo haberse parecido a Canadá o Australia, pero si esos países crecieron mucho más que el nuestro fue porque hicieron lo que nosotros no hicimos: transformarse plenamente en sociedades modernas e industrializadas”, asegura el historiador Mario Rapopport. Argentina fue experimentando a los largo de la pasada centuria una progresiva decadencia, mientras al otro lado del Río de la Plata, emergía, con altibajos, eso sí, el Brasil de Getulio Vargas en los 30, el del desarrollismo de Juscelino Kubitschek en los 50, el del milagro económico de los 70 y el actual, hijo de las reformas de Fernando Henrique Cardoso y la habilidad de Lula da Silva para preservar esos cambios. Ahora, en pleno Bicentenario, es posible afirmar que Brasil se ha convertido en la superpotencia económica, militar y geoestratégica de Sudamérica, mientras que Argentina, rebosante de nacionalismo revanchista, a duras penas mantiene un cierto protagonismo internacional, sobre todo gracias a su pertenencia al G-20. Causas políticas del declive argentino Desde un punto de vista político, la decadencia argentina está ligada a la inestabilidad institucional que vivió el país desde 1930. A partir de ese año y hasta 1989 ningún presidente electo democráticamente y sin fraude entregó la banda presidencial a otro electo de la misma forma. Además, los grandes liderazgos nacionales, en especial el de Juan Domingo Perón desde 1945 jugaron con la institucionalidad para adaptarla a sus deseos. Hipólito Yrigoyen (1916-1930) usó y abusó de los poderes presidenciales para saltarse los controles del legislativo y diminuir la autonomía de las provincias. Juan Domingo Perón, presidente entre 1946 y 1955 y entre 1973 y 1974 Tras 13 años de gobiernos surgidos de elecciones fraudulentas (1930-43), el peronismo (1946-55) impuso un régimen autoritario, avasalló la indepedencia de la justicia y de la prensa y consagró su dominio cambiando la constitución de 1853 por la de 1949 con el fin de permitir la reelección presidencial. La estabilidad institucional ya no se recuperó hasta 1983. Como recuerda Carlos Malamud a Infolatam “en 1930, el golpe de estado del general Uriburu inauguró un largo período de alternancia entre dictaduras militares y gobiernos democráticos que afectó seriamente la gobernabilidad del país”. El Catedrático de Historia de la UNED añade que “en 1945 surgió el peronismo, el movimiento populista por excelencia en América Latina, que si bien tuvo el gran acierto de incorporar a la vida política y económica nacional a las clases trabajadoras, provocó una gran desvalorización de la democracia y de las instituciones democráticas. La autarquía, el fuerte nacionalismo, un estatismo crecientemente presente completaron el panorama“. Durante 20 años (1958-1976) se sucedieron presidencias débiles como las de Arturo Frondizi, Arturo Illia o María Estela Martínez que no eran capaces de terminar sus periodos presidenciales pues eran acosadas por el poder sindical e interrumpidas por golpes de Estado militares que degeneraban en dictaduras como las de Juan Carlos Onganía (1966-70) y la del Proceso de Reorganización Nacional (1976-83). El periodo democrático aportó su propia dosis de inseguridad institucional: Raúl Alfonsín abandonó precipitadamente la presidencia, seis meses antes de lo previsto, ante la magnitud de la crisis de 1989. Carlos Menem impulsó en 1994 la reforma de la Constitución de 1953 para introducir la reelección e incluso jugó con la posibilidad en 1999 de forzar una inconstitucional re-reelección. Su sucesor en 1999, Fernando de la Rúa, abandonó el poder en 2001 huyendo en un helicóptero de las protestas masivas en las calles de Buenos Aires. Fernando de la Rúa huyendo en helicóptero de la Casa Rosada en diciembre de 2001 En 2003 asumió Néstor Kirchner la presidencia de un país que había tenido seis presidentes en tres años. El propio Kirchner llegaba a la Casa Rosada no como vencedor, pues acabó segundo en la primera vuelta, sino debido a la retirada de su rival, Carlos Menem, que se negó a disputar el ballotage. Luego de estabilizar su poder, la jugada kirchnerista de 2007 (que Cristina Fernández, la esposa del presidente, le sucediera, renunciando él a la reelección inmediata, con el fin de prolongar el control kirchnerista hasta 2019) atentaba contra los más elementales principios republicanos. Ahora, el kirchnerismo se está planteando muy seriamente reformar la constitución con el objetivo de conseguir que Cristina Kirchner pueda continuar dirigiendo el país después de 2015, no tanto permitiendo la reeleción sino transformando el sistema presidencialista en uno parlamentario, donde ella actuaría como primer ministro. Qué lección se puede sar de todo esto: Malamud concluye que “la vuelta del populismo tras la crisis de 2001 ha vuelto a poner sobre el tapete una serie de anomias que han debilitado a la sociedad argentina. Para muchos resulta incomprensible que una sociedad educada y culta, mucho más que otras de América latina tenga la capacidad cíclica de repetir errores. La expropiación de YPF de alguna manera es el mejor símbolo de todo esto. Para expropiar, y renacionalizar a la empresa petrolera, se agitan las banderas del nacionalismo y se cargan las tintas contra lo español. Paradójicamente, al mismo tiempo, se ha salido a buscar algún inversor extranjero que sea capaz de reemplazar a Repsol”. El declive económico argentino La inseguridad institucional fue unida durante el siglo XX a la inseguridad económica. Argentina fue durante el primer tercio del siglo XX el país que más crecía y el más desarrollado, económica y socialmente, de América latina. Pero el progresivo incremento del intervencionismo desde los años 30, la presencia nunca desterrada, ni siquiera en estos años de kirchenrismo, de la inflación, y las polítias clientelares, y no de Estado, mermaron seriamente las capacidades del país. Carlos Menem, presidente entre 1989 y 1999 Los diferentes gobiernos, peronistas y antiperonistas, mantuvieron el cierre de la economía y el apoyo a la industrialización sustitutiva de importaciones cada vez más ineficiente. Además, “la necesidad de financiar un déficit fiscal creciente condujo a una inflación crónica, y las políticas de estabilización monetaria y equilibrio externo –devaluación, austeridad fiscal- a las que se recurría para controlar la inflación y equilibrar las cuentas externas provocaban severas recesiones (ciclos de stop and go)”. Los economistas Pablo Gerchunoff y Juan Luis Llach creen que 1930 fue un “punto de inflexión” y que la caída debido a la crisis de 1929 fue “estrepitosa”. Si bien los años 50 y 60 trajeron nuevos periodos de bonanza desde 1975 y hasta 2002 el resultado es de “una auténtica debacle”: “nuestra historia de la posguerra, sobre todo desde 1975 en adelante, es una de sucesiones de crisis financieras. De tal manera que la geografía política de la segunda posguerra encuentra a Australia en la región más dinámica del capitalismo mundial —primero por Japón, después por el Sudeste Asiático, y finalmente por China y la India—, brindándoles materias primas”. Además, Argentina se ha convertido en un país poco propicio a la seguridad jurídica de las inversiones extranjeras. El nacionalismo expropiador e intervencionista de Perón en los 40, fue sucedido por un economía acosada por la inflación y la hiperinflación en los 70 y 80: “si alguien dice belle époque para la belle époque oligárquica, alguien tiene que decir también que del 45 al 49 hubo una belle epoque popular. Si eso era sostenible en términos de patrón industrializador, es otra historia”, asegura Gerchunoff. Los Kirchner, el último capítulo de la historia del peronismo La tradición nacionalizadora e intervencionista de Perón pervivió más allá de los años 50. El historiador Luis Alberto Romero lo confirma cuando dice que “YPF, como Malvinas, son temas con muchas facetas, pero los dos coinciden en una cosa: esa especie de ideario nacionalista que está presente en el sentido común de la sociedad argentina y que en determinadas circunstancias aflora. Cuando esto ocurre, el político que lo trae a colación concita el apoyo de todos”. La apuesta aperturista de Carlos Menem rompió con la tradición clásica del peronismo pero sin embargo desembocó en un desastre, el del corralito en 2001 y el del fin de la convertibilidad que provocó que los ahorrros de miles de argentinos se evaporaran. La Argentina kircherista del G-20 sigue por los mismos caminos que ha transitado el país desde 1930: un país poco confiable, que espanta a las inversiones, que enarbola viejas banderas ultranacionalista que le enfrentan con la UE y los Estados Unidos. Se trata, como dice Natalio Botana en el diario La Nación de un viejo problema que arrastra el país ya que “quiérase o no, la Argentina sigue prisionera del pasado. Fabrica lo que pasó como condimento de memorias inventadas, aptas en especial para borrar hechos reciente (véase, por ejemplo, lo que dicen del vaciamiento de YPF, como si a éste no lo hubiesen provocado decisiones del actual Gobierno), y también lo hace con la ilusión de recuperar un paraíso perdido, para poner en marcha políticas anacrónicas, a contrapelo de la formidable captura de inversiones directas que hoy advertimos en los países latinoamericanos más exitosos”.
¿Por qué el kirchnerismo ha fracasado? Si uno conversa con dirigentes kirchneristas bienintencionados y les comenta que su gobierno, lamentablemente, ya no tiene posibilidades de llevar adelante el proyecto nacional que pregonó en su momento, habida cuenta del nivel de rechazo que aquilata en la sociedad -incluyendo los sectores populares- lo que lo inhibe de profundizar cambios, recibe en líneas generales dos respuestas. Una, tal vez la más extendida, es negar la realidad, algo así como hace el Indec con la inflación; todo va bien, con los conflictos normales de un gobierno que sigue avanzando. Con esa postura se hace difícil discutir, no hay peor sordo que el que no quiere oír. La otra, es aceptar que pasan por un mal momento, por lo general interpretado como transitorio, y adjudicarle la culpa a la permanente ofensiva de la derecha sobre el gobierno por las “cosas buenas” que este ha hecho y hace. Enumeran entonces una larga lista de medidas favorables a la nación y a su pueblo. Descreen que el kirchnerismo haya cometido errores, significativos al menos, ni que su proyecto haya tenido limitaciones políticas e ideológicas que lo hayan puesto en la actual situación. Todo es fruto del poder de fuego que tiene la reacción. Con estas posiciones, aunque profundamente erróneas, es posible al menos debatir. Eso haremos en estas líneas. Por lo pronto digamos que, si uno creyera que es en definitiva el poder de la derecha tan fuerte y avasallante que arrincona inevitablemente a cualquier gobierno, aunque no se equivoque este en cosas de fondo, estaría al mismo tiempo diciendo que no hay salida popular, de progreso para nuestras naciones, puesto que siempre sería derrotada por el poder del enemigo. No compartimos esa visión, aunque sabemos, como no, que enfrentamos fuerzas reaccionarias de adentro y afuera sumamente peligrosas y experimentadas. Pero si les diéramos el carácter de invencibles, derrotismo mediante, estaríamos jodidos de antemano. ¿Qué hubiera hecho, por citar solo el ejemplo más destacado, la revolución cubana a solo 60 millas de los EEUU? A eso debemos sumarle que Néstor Kirchner llegó al gobierno probablemente en el mejor momento que le pudo haber tocado a un gobernante argentino, que pretendiera cambiar el país en un sentido de progreso. Una situación económica internacional muy favorable por varios años; con un imperio que iba camino a empantanarse en Irak y a ser repudiado en todo el orbe, lo que le quitaba fuerza política -y económica- para intervenir en Latinoamérica. Sumado a una derecha local que había sufrido una enorme derrota con el derrumbe del neoliberalismo y sus sostenedores el 19 y 20 de diciembre del 2001, puesta bien a la defensiva en todos los terrenos; y un pueblo movilizado, muy crítico de la dirigencia política tradicional. Así comenzó el ex presidente su gobierno. También, es cierto, con una economía que recién estaba saliendo de la crisis a que la habían conducido los gobiernos neoliberales, pero con una sociedad que, tal como se demostró, estaba dispuesta a tener paciencia en los tiempos de la recuperación en tanto y en cuanto esta se verificara. Con solo el 22% de los votos, pero sin nadie que le hiciera sombra. Hizo Kirchner muchas cosas buenas efectivamente, en el terreno de los DDHH, en lo social, en su política internacional, incluso en lo económico. Cosas que sin lugar a dudas encresparon a la derecha local que le juró enemistad eterna, y que actuó en consecuencia hasta donde le era posible (recordemos que aún en las presidenciales del 2007 no le pudo presentar una oposición sería). Y sin embardo el desgaste se fue produciendo inexorable, con un salto en calidad en la derrota con el campo. ¿Y porque sucedió eso, por el vigor de la oposición de la derecha? Discrepamos con esta visión, el estancamiento y posterior retroceso del gobierno kirchnerista, en lo que a su capacidad de transformación del país se refiere, estuvo sustentado en lo fundamental en sus propias limitaciones políticas e ideológicas, y en sus errores motivados por lo general en aquellas. Veamos lo principal. El proyecto de Kirchner contemplaba -erróneamente- como clase más dinámica a la burguesía nacional, un segmento de la cual ya estaba constituida y otra habría que gestarla. A partir de esta visión, una parte importante del excedente de capital fue utilizado para la acumulación de esta clase, como así también para el de las empresas transnacionales que supuestamente lo invertirían en el país, sin producir una profunda redistribución de la riqueza hacia las mayorías menos pudientes (como hizo por ejemplo Perón hacia los trabajadores, en su primer gobierno). Esto no le granjeó demasiada adhesión de dicha burguesía que siempre lo vio como ajeno, tampoco mucha respuesta económica de la misma que en cuanto pudo, en lugar de invertir empezó a aumentar los precios; y paralelamente tampoco le trajo el entusiasta apoyo de los sectores populares que debían darle sustento, apenas simpatías en los primeros años y poco más. El proyecto nacional producto de esa estrategia, nunca fue fuerte donde debía serlo. En segundo lugar, y acorde con esto que decimos más arriba, lejos estuvo del ideario kirchnerista la organización, participación y movilización popular. A lo sumo en los primeros tiempos reconoció que una dinámica fuerte en esa dirección se había gestado en los últimos años de los noventa y los primeros de este siglo, lo que lo llevó a convocar a las organizaciones sociales que habían surgido de esas luchas. Pero distante de sus objetivos consolidar estas fuerzas y la participación del pueblo en el gobierno y en la calle. Más bien su preocupación pasó por cómo desactivarlas en el tiempo para tener las manos más libres. Bien lo graficó con su habitual estilo Aníbal Fernández recientemente: “Este Gobierno al principio recurrió a todas las organizaciones no gubernamentales para hacer llegar la ayuda social, pero ahora el Estado ya se preparó para resolver los temas y lo hace en forma directa sin intermediarios". A confesión de partes relevo de pruebas. En tercer lugar no quiso construir el kirchnerismo nueva fuerza política que apoyara, sustentara y defendiera consecuentemente el proyecto nacional. Conciente del desprestigio que tenían los partidos nacionales, lanzo la idea de renovar la política gestando “transversalmente” una nueva representación. Aunque nunca dio pasos serios en esa dirección, mantuvo presente la idea hasta las elecciones del 2005 en que enfrentó y derrotó a Duhalde y el PJ. Pero a partir de ese momento, cuando mejores eran las condiciones, fue planchando el plan. En realidad siempre tuvo Kirchner el concepto de que se podía llevar adelante un proyecto superador del neoliberalismo sin la necesidad de una potente fuerza política que lo sostuviera, que con una buena gestión alcanzaba y tendría menos problemas. La construcción de un partido como la Unión Cívica Radical de Alem e Yrigoyen, o de un nuevo Movimiento como el Justicialista que creo Juan Perón en los cuarenta, nunca estuvo seriamente entre sus planes. Cuando las elecciones presidenciales del 2007 -a pesar del holgado triunfo- revelaron que hacía agua esa estrategia, decidió por lo más conservador en términos de construcción política: se volvió al PJ, con las falsas argumentaciones de que lo “controlaría” y “renovaría”. Finalmente, como otro elemento destacado que ha contribuido a su fracaso, el kirchnerismo interpretó, en particular a partir del 2007 cuando ya se sintió fuerte, que la calidad institucional y la honestidad política y de vida de los gobernantes eran cuestiones para la galería, manipulables y que se podían vulnerar sin problemas. Tal vez su experiencia en Santa Cruz les indicaba esto. Craso error. Así empezó la cuestión con el apoyo para su reelección a un impresentable gobernador como Rovira, y de allí ya no se detuvo. Pasando por personajes como Jaime y Uberti, por comprarlo a Borocotó, hacer alianzas con Rico o Barrionuevo si supuestamente sumaban votos, hasta lo de las candidaturas testimoniales, por mencionar solo algunas de una larguísima lista de hechos. Esto, en un país como el nuestro que venía de pasar por el menemismo y la corrupción del gobierno delaruísta, y donde hay una fuerte y extendida clase media con opinión muy adversa a la arbitrariedad y la corrupción, no solo no tiene justificación ética y moral, sino que constituye un gravísimo error político. Como dijo Pino Solanas hace poco “robar no es progresista”. Decir una cosa y hacer todo lo contrario tampoco. Allí residen, en lo que arriba referimos, residen en lo fundamental las causas del fracaso del proyecto kirchnerista, y no en la fuerza y las acciones de la derecha. Todo proyecto nacional va a enfrentar en nuestros países, inevitablemente, la oposición de dicha derecha; que pondrá en la cancha todo su potencial para hacerlo fracasar. Eso ya se sabe y no es ninguna novedad, lo viven desde Lula a Daniel Ortega, de Chávez al Frente Amplio en Uruguay, de Correa a Evo Morales. La cuestión es cómo, con qué consecuencia, con qué instrumentos y principios, apoyados en que sectores se lleva adelante dicho proyecto para que tenga posibilidades de transformar en profundidad nuestra patria. Esas son las conclusiones que tenemos que sacar de estos años para reconstruir nuestro proyecto y llevarlo de nuevo al gobierno.
El título de Papa no aparece en la Biblia, sino que procede de la tradición oral. A los primeros obispos se les consideraba padres de la comunidad, y por tanto, el pueblo los nombraba “Pappas”, que en griego es un diminutivo de “Padre”. No sólo el obispo de Roma recibía este título, sino los obispos de otras ciudades como el de Antioquía, Alejandría o Cartago. Con el tiempo este título sólo se reservó para los obispos de Roma. La lista de todos aquellos que han ocupado la silla de San Pedro a lo largo de la historia de la Iglesia. Del año 33 al 155 1. San Pedro 2. San Lino (67-76) 3. San Cleto (76-88) 4. San Clemente (88-97) 5. S. Evaristo (97-105) 6. S. Alejandro I (105-115) 7. S. Sixto I (115-125) 8. S. Telesforo (125-136) 9. S. Higinio (136-140) 10. S. Pio I (140-155) Del año 155 al 250 11. S. Aniceto (155-166) 12. S. Sotero (166-175) 13. S. Eleuterio (175-189) 14. S. Victor I (189-199) 15. S. Ceferino (199-217) 16. S. Calixto I (217-222) 17. S. Urbano I (222-230) 18. S. Ponciano (230-235) 19. S. Antero (235-236) 20. S. Fabián (236-250) Del año 250 al 309 21. S. Cornelio (251-253) 22. S. Lucio I (253-254) 23. S. Esteban I (254-257) 24. S. Sixto II (257-258) 25. S. Dionisio (259-268) 26. S. Felix I (269-274) 27. S. Eutiquiano (275-283) 28. S. Cayo (283-296) 29. S. Marcelino (296-304) 30. S. Marcelo I (308-309) Del año 309 al 417 31. S. Eusebio (309-309) 32. S. Melquiades (311-314) 33. S. Silvestre I (314-335) 34. S. Marcos (336-336) 35. S. Julio I (337-352) 36. Liberio (352-366) 37. S. Damaso I (366-384) 38. S. Siricio (384-399) 39. S. Anastasio I (399-401) 40. S. Inocencio I (401-417) Del año 417 al 498 41. S. Zosimo (417-418) 42. S. Bonifacio I (418-422) 43. S. Celestino I (422-432) 44. S. Sixto III (432-440) 45. S. León Magno (440-461) 46. S. Hilario (461-468) 47. S. Simplicio (468-483) 48. S Felix III (483-492) 49. S. Gelasio I (492-496) 50. Anastasio II (496-498) Del año 498 al 561 51. S. Simaco (498-514) 52. S. Hormisdas (514-523) 53. S. Juan I (523-526) 54. S. Félix IV (526-530) 55. Bonifacio II (530-532) 56. S. Juan II (533-535) 57. S. Agapito I (535-536) 58. S. Silverio (536-537) 59. Vigilio (537-555) 60. Pelagio I (556-561) Del año 561 al 638 61. Juan III (561-574) 62. Benedicto I (575-579) 63. Pelagio II (579-590) 64. S. Grerio I (Magno) (590-604) 65. S. Sabiniano (604-606) 66. Bonifacio III (607-607) 67. S. Bonifacio IV (608-615) 68. S. Adeodato I (615-618) 69. Bonifacio IV (619-625) 70. Honorio I (625-638) Del año 640 al 683 71. Severino (640-640) 72. Juan IV (640-642) 73. Teodoro I (642-649) 74. S. Martin I (649-655) 75. San Eugenio I (654-657) 76. S. Vitaliano (657-672) 77. Adeodato II (672-676) 78. Dono (676-678) 79. S. Agaton (678-681) 80. S. León II (682-683) Del año 684 al 741 81. S. Benedicto II (684-685) 82. Juan V (685-686) 83. Conon (686-687) 84. S. Sergio I (687-701) 85. S. Juan VI (701-705) 86. Juan VII (705-707) 87. Sisinio (708-708) 88. Constantino (708-715) 89. S. Gregorio II (715-731) 90. S. Gregorio III (731-741) Del año 741 al 827 91. S. Zacarías (741-752) 92. S. Esteban II (III) (752-757) 93. S. Paulo I (757-767) 94. Esteban III (IV) (768-772) 95. Adriano (772-795) 96. S. León III (795-816) 97. Esteban IV (V) (816-817) 98. S. Pascual I (817-824) 99. Eugenio II (824-827) 100. Valentín (827) Del año 827 al 891 101. Gregorio IV (827-844) 102. Sergio II (844-847) 103. S. León IV (847-855) 104. Benedicto III (855-858) 105. S. Nicolás I (858-867) 106. Adriano II (867-872) 107. Juan VIII (872-882) 108. Marino I (882-884) 109. S. Adriano III (884-885) 110. Esteban V (VI) (885-891) Del año 891 al 913 111. Formoso (891-896) 112. Bonifacio VI (896-896) 113. Esteban VI (896-897) 114. Romano (897-897) 115. Teodoro II (897-897) 116. Juan IX (898-900) 117. Benedicto IV (900-903) 118. León V (903-903) 119. Sergio III (904-911) 120. Anastasio III (911-913) Del año 913 al 964 121. Landon (913-914) 122. Juan X (914-928) 123. León VI (928-928) 124. Esteban VII (VIII) (928-931) 125. Juan XI (931-935) 126. León VII (936-939) 127. Esteban VIII (IX) (939-942) 128. Marino II (942-946) 129. Agapito II (946-955) 130. Juan XII (955-964) Del año 963 al 1003 131. León VIII (963-965) 132. Benedicto V (964-966) 133. Juan XIII (965-972) 134. Benedicto VI (973-974) 135. Benedicto VII (974-983) 136. Juan XIV (983-984) 137. Juan XV (985-996) 138. Gregorio V (996-999) 139. Silvestre II (999-1003) 140. Juan XVII (1003-1003) Del año 1004 al 1048 141. Juan XVIII (1004-1009) 142. Sergio IV (1009-1012) 143. Benedicto VIII (1012-1024) 144. Juan XIX (1024-1032) 145. Benedicto IX (1032-1044) 146. Silvestre III (1045-1045) 147. Benedicto IX (1045-1045) 148. Gregorio VI (1045-1046) 149. Clemente II (1046-1047) 150. Benedicto IX (1047-1048) Del año 1048 al 1118 151. Damaso II (1048-1048) 152. S. León IX (1049-1054) 153. Víctor II (1055-1057) 154. Esteban IX (X) (1057-1058) 155. Nicolás II (1059-1061) 156. Alejandro II (1061-1073) 157. Gregorio VII (1073-1085) 158. B. Víctor III (1086-1087) 159. B. Urbano II (1088-1099) 160. Pascual II (1099-1118) Del año 1118 al 1181 161. Gelasio II (1118-1119) 162. Calixto II (1119-1124) 163. Honorio II (1124-1130) 164. Inocencio II (1130-1143) 165. Celestino II (1143-1144) 166. Lucio II (1144-1145) 167. B. Eugenio III (1145-1153) 168. Anastasio IV (1153-1154) 169. Adriano IV (1154-1159) 170. Alejandro III (1159-1181) Del año 1181 al 1254 171. Lucio III (1181-1185) 172. Urbano III (1185-1187) 173. Gregorio VIII (1187-1187) 174. Clemente III (1187-1191) 175. Celestino III (1191-1198) 176. Inocencio III (1198-1216) 177. Honorio III (1216-1227) 178. Gregorio IX (1227-1241) 179. Celestino IV (1241-1241) 180. Inocencio IV (1243-1254) Del año 1254 al 1287 181. Alejandro IV (1254-1261) 182. Urbano IV (1261-1264) 183. Clemente IV (1265-1268) 184. B. Gregorio X (1271-1276) 185. B. Inocencio V (1276-1276) 186. Adriano V (1276-1276) 187. Juan XXI (1276-1277) 188. Nicolás III (1277-1280) 189. Martín IV (1281-1285) 190. Honorio IV (1285-1287) Del año 1288 al 1370 191. Nicolás VI (1288-1292) 192. S. Celestino V (1294-1294) 193. Bonifacio VIII (1294-1303) 194. B. Benedicto XI (1303-1304) 195. Clemente V (1305-1314) 196. Juan XXII (1316-1334) 197. Benedicto XII (1334-1342) 198. Clemente VI (1342-1352) 199. Inocencio VI (1352-1362) 200. B. Urbano V (1362-1370) Del año 1370 al 1464 201. Gregorio XI (1370-1378) 202. Urbano VI (1378-1389) 203. Bonifacio IX (1389-1404) 204. Inocencio VII (1404-1406) 205. Gregorio XII (1406-1415) 206. Martín V (1417-1431) 207. Eugenio IV (1431-1447) 208. Nicolás V (1447-1455) 209. Calixto III (1455-1458) 210. Pio II (1458-1464) Del año 1464 al 1471 211. Paulo II (1464-1471) 212. Sixto IV (1471-1484) 213. Inocencio VIII (1484-1492) 214. Alejandro VI (1492-1503) 215. Pio III (1530-1503) 216. Julio II (1503-1513) 217. Leon X (1513-1521) 218. Adriano VI (1522-1523) 219. Clemente VII (1523-1534) 220. Paulo III (1534-1549) Del año 1550 al 1591 221. Julio III (1550-1555) 222. Marcelo II (1555) 223. Paulo IV (1555-1559) 224. Pio IV (1560-1565) 225. S. Pio V (1566-1572) 226. Gregorio XIII (1572-1585) 227. Sixto V (1585-1590) 228. Urbano VII (1590-1590) 229. Gregorio XIV (1590-1591) 230. Inocencio IX (1591) Del año 1592 al 1689 231. Clemente VIII (1592-1605) 232. Leon XI (1605-1605) 233. Paulo V (1605-1621) 234. Gregorio XV (1621-1623) 235. Urbano VIII (1623-1644) 236. Inocencio X (1644-1655) 237. Alejandro VII (1655-1667) 238. Clemente IX (1667-1669) 239. Clemente X (1670-1676) 240. B. Inocencio XI (1676-1689) Del año 1689 al 1799 241. Alejandro VIII (1689-1691) 242. Inocencio XII (1691-1700) 243. Clemente XI (1700-1721) 244. Inocencio XIII (1721-1724) 245. Benedicto XIII (1724-1730) 246. Clemente XII (1730-1740) 247. Benedicto XIV (1740-1758) 248. Clemente XIII (1758-1769) 249. Clemente XIV (1769-1774) 250. Pio VI (1775-1799) Del año 1800 al 1958 251. Pio VII (1800-1823) 252. Leon XII (1823-1829) 253. Pio VIII (1829-1830) 254. Gregorio XVI (1834-1846) 255. Pio IX (1846-1878) 256. Leon XIII (1878-1903) 257. S. Pio X (1903-1914) 258. Benedicto XV 259. Pio XI (1922) 260 Pio XII (1939-1958) Del año 1958 al presente 261. Juan XXIII (1958-1963) 262. Pablo VI (1963-1978) 263. Juan Pablo I (1978) 264. Juan Pablo II (1978-2005) 265. Benedicto XVI (2005- 2013) 266. Francisco I (2013 - )

El .357 S&W Magnum (Smith & Wesson), o simplemente .357 Magnum, conocido como 9×33 mmR por el sistema métrico, es un cartucho para revólver creado por la empresa de armas Smith&Wesson en 1934 y basado en uno anterior, el .38 Special, desde su creación se ha difundido ampliamente su uso. La diferencia entre una bala disparada del .38 y otra de .357 (a pesar del nombre miden lo mismo) es que, mientras la .38 viaja a 250 m/s, la Magnum lo hace a 400, con el drástico aumento de poder de detención y capacidad de perforación que conlleva esto.La bala pesa 8,1 g, tiene el mismo HP, velocidad inicial de 250 m/s y potencia inicial de 790 julios.Pero también existe otra versión de este cartucho cuya bala pesa 10,2 g, también de camisa HP, velocidad inicial de 375 m/s y potencia inicial de 725 julios. Otra ventaja de los revólveres .357 Magnum es la posibilidad de usar cartuchos .38 Special, porque las balas y vainas de ambos calibres son del mismo diámetro. Sin embargo los revólveres diseñados para el cartucho .38 Special no pueden utilizar el .357 Magnum, debido a las menores dimensiones del tambor. Sin embargo, su potencia es inferior al resto de los calibres Magnum, como el .41 Magnum, .44 Magnum y .454 Casull.