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Tapetum_Lucidum

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Primer post: 30 mar 2011Último post: 7 may 2016
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Machismo y literatura: el mercado de la sensibilidad.
Machismo y literatura: el mercado de la sensibilidad.
InfoporAnónimo8/4/2015

Disculpe T! por los daños que pudiera ocasionar el post. Sé que viola de manera flagrante el nuevo espíritu de esta comunidad. Machismo y literatura: el mercado de la sensibilidad. Por Marina Mariasch Desde el campo literario se denuncia al machismo, pero las escritoras no logran escapar de los estereotipos impuestos y autoimpuestos o de las colecciones de mujeres. En los medios, las tataranietas de Shakespeare o de Sarmiento todavía corren el riesgo de que sus temas sean relegados a los suplementos de ellas. Lo doméstico es universal en letra de varón, y en letra de mujer es personal, íntimo: no es político. Hace no mucho tiempo un tuitero activo en los medios culturales quiso saber, en ese foro inmoderado de doxa que es Twitter, si hay mujeres de menos de 30 años dedicadas a la escritura. A nadie le pareció una pregunta obvia, tonta o agresiva. Nadie pensó que fuera una pregunta ridícula, retórica o poética como “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” –algo que bien podríamos no saber- o “¿Hay vida en la Tierra?” –que podría tener intenciones filosóficas o metafísicas. El tweet tuvo algunas respuestas, pocas. Alguien dijo conocer a una escritora perdida por Latinoamérica, una rareza, una perla negra. Como si las mujeres que escriben estuvieran debajo de alguna piedra. Las mujeres escribimos: tenemos nuestras propias colecciones en las grandes editoriales y nuestros propios suplementos, de nosotras para nosotras, y no son todos de costura y cocina. Nosotras también hablamos de cultura y de machismo, denunciamos que nos matan o comentamos nuestros libros. ¿Es suficiente? Karen Christentze Dinesen, que firmó su obra como Isak Dinesen Travestidas con seudónimo, de George Sand o Isak Dinesen a JK Rowling y Paul Preciado, parece que incluso hoy un nombre de varón pesa bastante. María y sus hijas, las tataranietas de Shakespeare o de Sarmiento, todavía corremos el riesgo de ir a parar directo a la columna de moda, maternidad o a la colección de chick lit. Un día de enero desierto entró el mail de un periodista que edita una de mis secciones preferidas del diario argentino más vendido. Me pedía un texto, y además me iba a pagar. Me puse contenta, me acordaba de él en mis primeros días en el periodismo cultural, cuando a los 18 hacía informes para un suplemento que ya no existe. Propuse un par de temas, tenían que ser íntimos. El que más me gustaba era “Cómo fue crecer con padres progres”, las contradicciones de la época, y las bajadas de línea extremas e ingenuas, que incluían una anécdota en la que mi mamá revoleaba un disco de Michael Jackson (“la música disco es frívola”) mientras ponía uno de Gilberto Gil y me decía que escuchara a un negro de verdad. Era gracioso. El otro tema era más oscuro: la muerte asombrante de mi madre. Lo había resuelto bien hablando de los cumpleaños y un viaje rutero por Estados Unidos. Nada truculento. Al editor no le interesaron ni la moral de izquierda ni el solapado suicidio. Quizás no eran temas convocantes. Quizás era que ya tenía pensado un tema para mí, con el que machacó aunque yo decía que no y los mails se cortaron. Quería que escribiera sobre mi vida sexual a los 20 y a los 40. Quizás sea cierto eso que dicen que las mujeres viven su plenitud sexual a los 40 (¿o era a los 30? -me acuerdo de Balzac-), la verdad no sé. Quizás estaría bueno leer el testimonio de un varón sobre su sexualidad a los 20 y a los 40, la tonicidad de la erección, la urgencia por eyacular. No sé. Nunca lo vi. Nunca creí mucho en las máximas totalizantes sobre las mujeres o los varones. Una mujer no es otra cosa que un constructo cultural de alteridad donde también caben l*s pobres, l*s viej*s, l*s migrantes, l*s negr*s, l*s discapacitad*s, l*s lgtbiq. Pero ser mujer tiene sus privilegios, la potestad sobre temas como l*s hij*s, lo doméstico, la belleza y el cuidado del cuerpo, la moda, los sentimientos, las relaciones, la familia, lo disfuncional en ellas. Un varón escribe sobre la melancolía, la degradación de la virilidad, la decadencia del matrimonio y la pesadumbre de la crianza de los hijos y es venerado por el mercado y la crítica. Una mujer escribe sobre la pareja, los hijos, la crianza y es publicada en una colección especial. De mujeres. Para mujeres. Pienso en Franzen, en Knausg"rd. Pienso en Ozick o Atwood en sus tapas blancas de dibujos finos, la medida del flujo luminoso. En la medida de lo justo, para que nos elijamos entre nosotras, porque nos tenemos a nosotras mismas. Lo doméstico es universal en letra de varón, y en letra de mujer es personal, íntimo: no es político. En el mejor de los casos vamos a integrar, en minoría, una colección de literatura donde el azar es controlado y brinda el sello de la legitimación. Esa mujer probablemente no sea un emblema del feminismo de las letras o de lo femenino o la femeneidad literaria. Probablemente sea una escritora que no se define como feminista o que no habla mucho del tema. Igual, no va a salvarse de ser calificada por sus atributos físicos en las críticas o entrevistas. La bella dirán, y no la doctora en filosofía, la impactante, y no la militante. Estos calificativos no aplican cuando se habla de una obra de Jonathan Safran Foer o Alan Pauls, por nombrar a dos autores de la narrativa actual. Las fotos, el enfoque de las notas, las preguntas sobre congeniar la casa o la maternidad con la escritura, qué opina sobre 50 Sombras de Grey o sobre la literatura escrita por mujeres, son puntos ineludibles cuando se trata de una autora. Nadie se imagina hablar de esto con Houellebecq o con Bizzio. Simplemente ellos escriben y alguien se ocupa de esos temas por ellos. Dirán que hay premios Nóbeles de Literatura -¡muchos últimamente!- otorgados a mujeres, como dicen que hay Presidenta mujer cuando se lucha por igualdad de salarios. Pero ni ese galardón les da el pinet a una Szymborska (¡poeta!), Jelinek (qué genia) o una Munro para tener el respeto y la aceptación del varón Coetzee o Modiano. Nadie quiere hacerle compañía a las mujeres, ni en la cartera de la dama ni en la cama como ávido lector. Alfonsina Storni. Los números recogidos por VIDA, organización estadounidense que aboga por el papel de las mujeres en la literatura, dicen después de examinar publicaciones periódicas entre las que se encuentran New Yorker, London Review of Books o Times Literary Supplement, que las mayores consumidoras de libros son mujeres, comprando libros de autores varones y mujeres. Los varones, en cambio, dicen no comprar libros escritos por una mujer. El valor estético se manifiesta en lo único e irrepetible -pienso en el círculo lingüístico de Praga- sin distinción de género. Pero como hecho social, el valor está dado también por la contingencia, determinada por varios factores, entre ellos la legitimación de los medios culturales, la academia y las editoriales. Según un estudio realizado por Eduardo Guzmán en el marco del Posgrado de Especialización en Periodismo Cultural de la Universidad Nacional de La Plata, en un recorte temporal, se obtuvieron los siguientes datos: La cantidad de libros escritos por mujeres que son reseñados en los suplementos culturales es notoriamente menor que la de los escritos por varones. Algo similar pasa con la diferencia entre hombres y mujeres que firman las reseñas y entrevistas. La diferencia es contundente: 80% frente a un 20% de notas firmadas por mujeres. Entre las columnistas se observa la misma proporción. En un recuento realizado por el periodista Julio Petrarca en y sobre el diario Perfil, “en el Día Internacional de la Mujer de 2014, apenas dos de las veinte columnas de opinión publicadas en el cuerpo principal llevaron firmas femeninas; en Espectáculos, ninguna sobre seis; En Home, ninguna sobre dos; en Turismo dos de las tres (es de destacar que aquí se invirtió la proporción). Deportes no publicó columnas de opinión. No fue la excepción este sábado. Yendo hacia atrás, esto es lo que fue posible contabilizar: * Sábado 22/2: de 17 columnas en el cuerpo principal, 16 fueron masculinas. En Espectáculos, tres sobre siete. * Domingo 23/2: Las 17 columnas del cuerpo principal fueron de hombres; también masculina la única de Deportes y sólo una de tres en Espectáculos y la tercera parte de las 12 publicadas en Cultura llevaron firmas de mujeres. * El sábado 1/3, sólo una de 17 en el Cuerpo Principal, ninguna sobre las seis de Espectáculos, ninguna de las dos de Home. * Y el domingo 2, ninguna sobre trece en el cuerpo principal y cuatro sobre doce en Cultura. Un año después, en el mismo medio, publicó que “observaba que el desbalance en perjuicio de las periodistas es notorio: los cuatro cargos superiores son ocupados por hombres y en el staff se aprecia que son dos las editoras jefas (no está mal, la mitad de ese rubro), sólo una mujer sobre seis editores y tres de los ocho subeditores (en esto algo mejoró: en 2014 eran dos). En una revisión de las notas publicadas en este medio durante todo febrero y parte de de marzo, se observa que las notas con firmas femeninas son seis de cada diez, pero cuando se trata de columnas de opinión –que se pueden equiparar, en valor de prestigio e influencia, a los cargos jerárquicos de la redacción– la relación es abrumadora en favor de los autores varones: tres de 35 el 1° de febrero; dos de 18 el sábado 7; seis de 21 el domingo 8; siete sobre veinte el día 14; cinco de 34 el 15; tres de 17 el 21; dos de 22 el domingo 22; cuatro sobre veinte el sábado 28; dos de 25 el domingo 1° y cuatro columnas sobre 17 publicadas ayer.” A partir de un posteo de Josefina Licitra en su muro de FB (7 de julio 2015) donde llama la atención sobre este hecho, la también periodista Cecilia González comenta “hace tiempo vengo armando una estadística. Los domingos, por ejemplo, Clarín y La Nación no tienen columnistas mujeres, y entre semana, de seis columnistas de La Nación, como mucho un día hay dos mujeres y cuatro hombres. Perfil, de 22 columnistas, como mucho llega a tener 2; Página es el más equitativo. Pero mira el portal de Infobae y es lo mismo, las columnas están copadas por hombres. Recuerdo que muchos se rieron de mí cuando avisé en la Feria del Libro que no cubriría mesas en las que sólo hubiera hombres, pero tiene que ver con estas cosas, son serias.” Las columnistas que integran ese magro porcentaje son en general papisas indiscutibles, damas de letras del Olimpo, ninguna disrupción con su presencia, ocupan un espacio de poder simbólico con el que ya contaban. Tampoco son íconos del pensamiento feminista. Las mujeres que llegan a tapa muchas veces lo hacen de mano de otras: “Mujeres que escriben”, titula la nota, como si alguien hubiera levantado aquella piedra y hubiera encontrado bichos raros. Habrá quienes digan que simplemente los varones escriben mejor que las mujeres. Frente a desigualdades tan patentes, es difícil pensar que se trata de capacidades o competencias. Más bien esto responde a decisiones y elecciones, conscientes o naturalizadas, por los dueños y los jefes. Es desalentador ver que el lugar relegado o denigrado de la mujer no está solo en las revistas masculinas y en programas de televisión como el de Tinelli, sino en ámbitos de los que se espera una visión del mundo más igualitaria. Desde la academia se hicieron lecturas -que hoy se repiten en tesis de posgrado- que dividen entre “los chicos que hacen poesía política” y “la poesía ingenua de las chicas”. Me pasó -y perdón por la autorreferencia, hay pocas cosas más patéticas que defenderse de la crítica, cuando encima tenés el honor de ser nombrado. A nadie se le ocurrió leer en XXX (treinta), libro escrito a mis 24 años, la amenaza de la adultez, la palabra trabajo (en más de un poema) problematizada con el “ser mujer”, la tiranía de los hijos o la compleja culpa de ser parte de una generación hija de militantes en una década dolarizada como la del 90, o los reclamos a los padres por haber elegido la orga antes que a los hijos o haberse fugado como muchos en esos años. Me acuerdo la angustia que me dio cuando publicaron mis poemas con una chica sexy en tanga y un peluche en la tapa, cuando un chico con el que salí una noche me dijo que le gustaba más yo que mis poemas. - Paul Preciado, antes Beatriz Preciado En la semana del 5to aniversario de la Ley de Matrimonio Igualitario fui a la presentación de una revista de psicoanálisis en un centro lacaniano. En el brindis, conversando con una mujer, y a raíz de nada, dijo que estaba harta de los temas de género, de lo de “ni una más, ni una menos o como fuera”, que estaba cansada de ver a tipos golpeados por mujeres. Como sigo a Grace Paley y no discuto cuando hay verdadera discrepancia, me di vuelta. Por suerte ahí estaba Laura Klein, autora de Fornicar y matar, uno de los libros sobre aborto más interesantes que leí, además de filósofa y poeta. Hablamos de la rara selección de poemas que hizo para la revista y de escritoras de nuestra tradición que fueron cristalizadas en lágrimas dulces y pesadas, suicidios románticos y morales, adornos del lenguaje o escondites domésticos. Desde el campo crítico de las letras aparecen las marcas de género de un programa ideológico que esculpió el canon consagrando en bronce a un linaje de padres de la literatura nacional. Frente a esa tradición, trascendiendo la condición que relega a los roles de “hijas de”, “madres de”, “esposas de”, se hila una línea de escritoras mujeres reconocidas por María Gabriela Mizraje, por ejemplo, como “madres de la patria”: Alfonsina Storni, Norah Lange, Victoria Ocampo, Beatriz Guido, Alejandra Pizarnik, Griselda Gambaro. Contra la tendencia a legitimar autoridades monopólicas, esta crítica arma una otra idea de nación con retazos de cartas, diarios, novelas, poemas. Con Laura Klein hablamos de la osadía de Alfonsina, de su ironía fina más de espinas que de rosas; de las voces chillonas y disonantes de ella y de Alejandra, más allá de la delicada urgencia del rocío, de las enamoradas del muro y de las niñas que fuimos: pájaras en el ojo ajeno, picoteando al lector, molestando. “Hijas de la cabeza”, me dijo Laura en alusión a Mundo de siete pozos, de Storni, el cráneo -se señaló los huecos- y al trabajo de Amelia Barona que apila poemas de la propia Storni, y de Amelia Biagioni, Delmira Agustini, Laura Klein, Mónica Sifrim como huesos perdidos de mujeres que escribieron con la cabeza la palabra “cabeza”. Josefina Licitra “Ebrias de logos”, cabezas perdidas en lecturas que las alojaron junto a Silvina Ocampo, Susana Thénon y otras tantas en el cuarto de planchado, en el altillo de la loca, en la labor de bordar insensatez y sentimientos. Como si eso, por otra parte, fuera menor, despreciable, poco importante, estuviera mal. ¿Qué nos queda? ¿Los departamentos de género, los suplementos que nos forjamos desde la disidencia mujer y lgtbiq son espacios de resistencia o ghettos donde nos dejan ser, islas de quarracino para que pataleemos tranquil*s? Hace poco el colectivo Máquina de Lavar, que integro, fue invitado a participar de un movimiento artístico que surgió en rebelión a una bienal de arte internacional donde el cupo femenino es mínimo. Orgullo fem, nos llenamos de poder concha -¿O consolador para las mujeres en un espacio de segundo orden de relevancia? ¿Cuánto falta para que la violación de una chica en el Chaco sea nota de interés general, pase a integrar el cuerpo -cuerpo, cuerpo, cuerpo- del diario? Ojo, en este marco de situación considero fundamental que esos suplementos existan y esas voces y temáticas tengan espacio. Para que ojalá tod*s los lean. En el siglo XX las mujeres abrimos puertas de esferas antes reservadas exclusivamente para los hombres. Nos pusimos el pantalón y nos hicimos jefas. En el siglo XXI tenemos que profundizar la lucha por la igualdad de condiciones y del derecho a hacer y hablar de lo que queramos sin reducirnos a los estereotipos impuestos y autoimpuestos, abrir un espacio discursivo transgénero. Si me invitaran, no participaría de una antología donde soy la única mujer en un recorte de década. Si estuviera presente, armaría escándalo cuando en un centro cultural se debate sobre la nueva poesía y de entre todos los autores que nombrados no hay ni una mujer. En muchos sentidos avanzamos hacia una sociedad con más diversidad y derechos. Falta que los avances echen raíz en cosas como estas: espacios literarios de prestigio y mercado post identitarios. Si vas a comentar, que sea con respeto y después de haber leído el post

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Con respecto a los 30.000 Carta de E.L. Duhalde a Meijide
Con respecto a los 30.000 Carta de E.L. Duhalde a Meijide
InfoporAnónimo2/9/2016

No es ninguna novedad que T! sea haya convertido en una mierda, porque, básicamente, existe una mayoría de usuarios ignorantes, racistas, fascistas, etc, etc, etc. como también moderadores de la misma calaña. Así que vaya una carta clarificadora a quienes discuten el número de 30.000 detenidos desaparecidos por la dictadura genocida que comenzó en el ´76 Habrá algunos que van a insultar, otros a joder y sólo la ínfima minoría leerá, en forma comprensiva, la totalidad del texto; a ellos, saludos. Y al resto, que bufen los eunucos. Carta de Eduardo Luis Duhalde a Fernández Meijide SRA. GRACIELA FERNÁNDEZ MEIJIDE: Le escribo esta carta pública a la madre de un detenido–desaparecido y a la integrante por muchos años del Movimiento de Derechos Humanos. Lo hago no como Secretario de Derechos Humanos de la Nación, sino como compañero de las luchas antidictatoriales. Por esta razón rompo mi norma de conducta de no polemizar entorno a un tema tan grave e inconmensurable como son las consecuencias del genocidio sufrido. La opinión pública está acostumbrada a esfuerzos por disminuir la dimensión de la tragedia argentina, normalmente en boca de epígonos del terrorismo de Estado como Mariano Grondona o Cecilia Pando. De igual modo escuchamos cada tanto voces negacionistas del Holocausto que sostienen que no fueron seis millones los judíos inmolados por el nazismo, sino un número inferior como si la aberración criminal fuera una cuestión aritmética. Distinto es su caso porque por historia usted no integra los cuadros de la barbarie. Bastaría ver el regocijo que sus declaraciones han producido en quienes justifican el obrar del terrorismo de Estado para advertir las consecuencias enormemente graves de sus dichos que parten de un error esencial: el creer que existe algún registro fehaciente de la dimensión del crimen masivo de lesa humanidad perpetrado por las Fuerzas Armadas argentinas y sus socios civiles. El único registro fehaciente de la cantidad de víctimas asesinadas, su identidad y destino final solo está en poder de los asesinos. De aquellos que mientras pregonan que su accionar fue “justo y en defensa de la patria” ocultan todo dato, sabiendo que su proceder fue abiertamente criminal. Bien sabe usted que no hay un censo nacional completo sobre el número de víctimas y que éste es irremisiblemente aproximativo. Usted como integrante de la CONADEP conoce el enorme esfuerzo que durante el lapso de los sólo ocho meses de vida de la Comisión se realizó para receptar testimonios de familiares de víctimas que accedieron a convertir en denuncia su dolor. Era el comienzo de la recuperación de la democracia, con los asesinos caminando por las calles y en libertad. Concluido el trabajo de la CONADEP y finalmente depositado el fondo documental en la entonces Subsecretaría de Derechos Humanos, algunos familiares continuaron haciendo sus denuncias aunque ya no estaba la motivación de expresarse ante la Comisión. La euforia que precedió al juicio de los ex Comandantes dio paso a la decepción más absoluta con el dictado de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los posteriores indultos que aseguraron la impunidad de los criminales por más de 20 años. ¿Tenía acaso sentido que los familiares de los detenidos –desaparecidos que no habían hecho su denuncia ante la CONADEP concurrieran a seguir haciéndolo ante un Estado que protegía a los criminales? Cuando 20 años después las leyes de la impunidad fueron derogadas y declaradas inconstitucionales, ya era tarde. Muchos de los padres de las víctimas habían fallecido o la resignación ante lo inevitable había mermado sus fuerzas para hacer su denuncia. A ello se suma que en alguna zona del país, aún en democracia, parte de los peores represores continuaron teniendo poder: como Bussi institucionalmente en Tucumán o Benjamín Menéndez fácticamente en Córdoba, prolongando la cadena de temor. En otras provincias como Chaco, Misiones o Salta donde poblaciones campesinas fueron víctimas del terrorismo de Estado, su condición de marginados sociales no favoreció su acceso a la Justicia. Recién a partir del año 2004 con el fin de la impunidad, al amparo de las políticas públicas de Memoria, Verdad y Justicia, se incrementó el cotidiano goteo de nuevas denuncias que sigue hasta el presente. En consecuencia tomar los registros parciales de la CONADEP y los posteriores a la Secretaría de Derechos Humanos como registros totales, es tan falaz y mentiroso como reducir el número de desaparecidos a la cantidad de restos óseos localizados, que apenas superan el número de 1000. Lo dicho vale para explicar la parcialidad de la identificación lograda hasta el presente a través de las denuncias de los familiares. Tampoco ha servido la cuantificación de los familiares presentados, reclamando el beneficio de las leyes reparatorias, puesto que no todos los desaparecidos dejaron herederos forzosos y que parte de aquellos familiares rechazaron reclamar la indemnización hasta que no se supieran quienes fueron los autores del crímen y fueran condenados y los restos de su familiar fuera hallado. Lo dicho explica porque las cifras que usted utiliza son parciales y que por otra parte jamás fueron ocultados, puesto que usted las halló en la información on line del Estado argentino y obran también en la última edición del Nunca Más. Concluido este aspecto cabe adentrarse en el número de 30.000 detenidos–desaparecidos convertido en consigna permanente no sólo del Movimiento de Derechos Humanos sino de vastos sectores sociales. La cifra no es arbitraria y es el producto de diversas variables: a) La cantidad de sitios clandestinos de detención y exterminio, en todo el país, que superan el número de 500. b) Las estimaciones sobre el número de prisioneros que hubo en los grandes centros de detención y exterminios como la ESMA, Campo de Mayo, La Perla, el Batallón de Tucumán, el Circuito Camps, El Olimpo, El Atlético, etc., ya que ellos solos superan con creces el número actual registrado en la CONADEP y la Secretaría de Derechos Humanos. c) La estimación en torno al número proporcional de Habeas Corpus presentados en el país. d) El número de integrantes de las estructuras militares afectadas a la represión ilegal durante todo el periodo dictatorial que superan los 150 mil hombres, activos a la caza de sus víctimas. e) Los propios dichos de los militares previo al golpe de Estado, de que sus relevamientos efectuados con anterioridad, desde las escuelas hasta las fábricas, que indicaban en más de 30.000 las personas a eliminar (ver por ejemplo los dichos de un militar en la carta del escritor Haroldo Conti desaparecido el 5 de mayo de 1976, escrita previa al golpe y dirigida a Roberto Fernández Retamar de fecha 02 de enero de 1976). f) Los informes de la Embajada Norteamericana al Departamento de Estado, haciendo constar que en el año 1978 los jefes de la dictadura argentina informaron a la DINA chilena que las víctimas alcanzaban ya el número de 22.000. Debe recordarse que la dictadura continuó en su labor represiva ilegal de secuestros y asesinatos por cinco años más con posterioridad a ese informe y que aquella cifra de 22.000 correspondía a solo los dos primeros años de la dictadura. Todo ello hace que la cifra de 30.000 no sea ni arbitraria ni caprichosa. Aunque es lamentable reducir la dimensión de la tragedia argentina a un problema contable. El carácter masivo, criminal y abyecto no se mide por un resultado aritmético, al menos para los que creemos que cuando se asesina un hombre se está asesinando a la humanidad. No puedo dejar de referirme a sus expresiones de que contrariar la teoría de los dos demonios es un problema de “chiquitaje”. Aquella perversa teoría no iguala como pareciera la responsabilidad de la violencia popular al terrorismo estatal, sino que en la medida en que sostiene que la violencia popular fue anterior a los crímenes de Estado, en definitiva se convierte en la teoría de un solo demonio, el de los sectores populares. Así se tergiversa, se miente y se oculta la verdad histórica de que a partir del Bombardeo de la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955 con sus 300 muertos, con los sucesivos asaltos al Estado y la proscripción política, con los fusilamientos de junio de 1956 y la Masacre de José León Suarez, con las cárceles llenas de presos políticos, con la aplicación del Plan CONINTES, con los asesinatos de militantes populares desde Felipe Vallese en adelante hasta llegar a la Masacre de Trelew, se generó una masiva, sistemática y criminal represión al pueblo argentino que se prolongó hasta la propia génesis del asalto al poder el 24 de marzo de 1976. Por último, dice usted que los juicios a los militares no van a ninguna parte. Ello es un verdadero despropósito: la condena de las Juntas, de Camps, Menéndez, Bussi, Etchecolatz y tantos otros, no solo sirven para recuperar a la Justicia como una actividad fundante del Estado: ha servido para que la condena social al terrorismo de Estado sea irreversible y de encarnadura al “Nunca Más”. Felizmente todos los días se avanza en los centenares de causas judiciales en trámite, con aporte de nuevas pruebas. Es triste comprobar que usted pretenda ignorar todas estas circunstancias, aunque seguramente sus afirmaciones le asegurarán un buen éxito editorial para el libro que ha escrito. EDUARDO LUIS DUHALDE

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Las bibliotecas: tesoros al alcance de la mano
InfoporAnónimo12/6/2013

Albergan obras de gran valor cultural, poco conocidas por el público: un territorio por descubrir para lectores e investigadores. En la imagen, una de las salas de la Biblioteca Circe. Un manuscrito de ciencia medieval del siglo XIV amarrado a una cadena de hierro, un incunable de santo Tomás de Aquino de 1476, un ejemplar de la Enciclopedia de las ciencias, las artes y los oficios ( L’Encyclopédie ), de Diderot y D’Alembert, de 1731, y dos del Vocabulario de la lengua guaraní , de la imprenta jesuítica de 1722: éstos son algunos de los valiosísimos libros que integran el fondo antiguo de la Biblioteca Nacional. Todos se conservan en vitrinas en la Sala del Tesoro, donde pueden acceder investigadores acreditados. Allí, sobre un escritorio de madera que forma parte del mobiliario original de la primera sede de la biblioteca, en la calle Moreno, se despliega la colección más importante de ex libris de América Latina. Según contó a adncultura María Etchepareborda, directora de la sala, las más de veinte mil piezas donadas por María Magdalena Otamendi de Olaciregui están en proceso de estudio en la actualidad. “Toda la biblioteca es un tesoro en sí mismo, más allá de los ejemplares que se conservan en el Tesoro -dice la bibliotecaria-. Así como cada libro habla de su época, el acervo refleja la historia del país.” En otras bibliotecas públicas, como la del Congreso de la Nación, la del Maestro (del Ministerio de Educación) y Circe (de la ciudad de Buenos Aires), también existen volúmenes de características únicas, por su antigüedad o valor simbólico: primeras ediciones, libros con anotaciones de personajes célebres o con dedicatorias personales, colecciones completas sobre temáticas específicas y bibliotecas privadas. Lamentablemente, en muchos casos, estos fondos bibliográficos son poco conocidos por la población general. Aunque por estos días la mayoría de las entidades públicas y privadas tiene catálogos que se pueden consultar online , son escasas las páginas web institucionales que ofrecen información detallada. Para encontrar un título es necesario contar con datos puntuales. De lo contrario, la búsqueda puede resultar infructuosa. La mayor colección de ex libris de América Latina. Con el objetivo de promover los estudios bibliográficos de los archivos históricos y difundir estos patrimonios culturales, la Biblioteca Nacional creó en 2009 el Programa de Formación del Libro Antiguo, antecedente de las dos ediciones del Encuentro Nacional de Instituciones con Fondos Antiguos y Raros, que tuvieron lugar en 2011 y 2013. Este año participaron, entre otros, representantes de las bibliotecas públicas mencionadas, de universidades públicas y privadas y de museos. Durante cuatro jornadas, más de doscientas personas (en su mayoría, bibliotecarios, historiadores, conservadores, libreros y profesionales del sector) compartieron información sobre los bienes patrimoniales y analizaron estrategias vinculadas con los procesos de seguridad, conservación y digitalización, entre otras cuestiones. Hubo expositores de Francia, Italia, Portugal, Brasil, México, Chile y Perú. El encuentro, organizado por el Catálogo Nacional Unificado (registro colectivo de libros y facsímiles anteriores a 1800 existentes en el país) del Programa Nacional de Bibliografía Colonial dependiente de la Dirección de Cultura de la BN, fue declarado de interés cultural por la Unesco. Entre los casos nacionales relevantes que se expusieron en las jornadas se destacan los fondos históricos del convento San Francisco de Buenos Aires, los de la Universidad Nacional de Córdoba y los libros guaraníes conservados en el Tesoro de la Biblioteca Nacional.Fechados en 1722, estos volúmenes fueron impresos por la imprenta móvil jesuítica. “Son dos ejemplares pertenecientes a la primera imprenta de la región. Uno fue donado por Bartolomé Mitre -explicó Analía Fernández Rojo, coordinadora del CNU-. Son piezas muy raras y hay pocas en el país: una en la provincia de Misiones y tres en la biblioteca del Colegio del Salvador.” Por su parte, el convento franciscano de Buenos Aires -cuya biblioteca requiere autorización especial para visitas y consultas- posee un importante fondo documental de aproximadamente 18.000 volúmenes entre libros, folletos, periódicos y partituras. “Realizamos un estudio exhaustivo de cada ejemplar, desde la preservación y la conservación hasta el análisis de los manuscritos que se encuentran en las guardas del libro -aclaró la bibliotecaria Patricia Russo-. La biblioteca histórica no lo es sólo por tener volúmenes antiguos y raros, sino también por todos aquellos detalles que hacen a la historia franciscana y del país.” Incunables en Buenos Aires y Córdoba La Biblioteca Nacional y la de la Universidad Nacional de Córdoba poseen alrededor de veinte y treinta incunables, respectivamente. Son libros impresos entre 1455 y el 31 de diciembre de 1500, durante el primer siglo de la imprenta, según explicó el profesor Roberto Casazza, coordinador del Programa Nacional de Bibliografía Colonial de la Biblioteca Nacional, institución que atesora, entre otros, los títulos mencionados al comienzo de la nota. La Sala del Tesoro o de Investigadores, creada en septiembre de 1932, lleva el nombre de Paul Groussac, en homenaje a uno de los directores, que estuvo 44 años al frente de la Biblioteca Nacional. El acervo (más de 21.000 obras monográficas y cerca de 800 publicaciones periódicas) está constituido por el fondo primitivo reunido en la etapa de su fundación en 1810, más importantes donaciones del siglo XIX y XX. Entre ellas, figuran las de Amancio Alcorta, Ezequiel Leguina, Pedro Denegri, Alfredo Santamarina y Mariano Balcarce, además de importantes adquisiciones como la biblioteca de Raymond Foulché-Delbosc, con manuscritos medievales e impresos raros. Su acceso está habilitado para investigadores, pero es posible consultar una selección de mil títulos del Tesoro en el sitio www.bn.gov.ar La Biblioteca Mayor de la UNC es heredera de la Librería Mayor jesuítica. Su historia se remonta al año 1613, cuando sacerdotes de la Compañía de Jesús fundaron el Colegio Máximo. Con sede en el Museo Histórico de la Universidad, es de acceso público desde 1818, por decreto del entonces gobernador de la provincia, Manuel Antonio de Castro. Está dirigida por la licenciada Rosa M. Bestani. Allí pueden apreciarse el incunable Scriptum Sancti Thomae de Aquino super primum sententiarum , de santo Tomás de Aquino, impreso en 1486; y Genealogiae deorum , de Giovanni Boccaccio, de 1495, entre otros libros antiguos. También está El contrato social , de Jean-Jacques Rousseau, traducido al español por Mariano Moreno; un manuscrito de la conferencia en Córdoba del poeta nicaragüense Rubén Darío de 1896, y una edición de L’Encyclopédie , de Diderot y D’Alembert. A pedido de adncultura , Graciela Galli, jefa del departamento de Servicios al Público de la Biblioteca Mayor, seleccionó los siguientes incunables entre los 2600 volúmenes que integran el fondo histórico para citar a modo de ejemplo: Biblia integrata summata: impresa en Basilea el 27 de junio de 1491 por Johann Froben, uno de los más reconocidos impresores de incunables. Es la primera Biblia en formato menor; no está todavía dividida en versículos, como la de los siglos posteriores. Se caracteriza por contar con una de sus letras capitales bellamente decorada, y otras iluminadas en forma más simple, trabajo que realizaban a mano los expertos miniaturistas una vez que el libro estaba impreso. Textus sententiarum , por Pedro Lombardo: impreso en Basilea en 1486 por N. Kesler. Los cuatro libros de las sentencias fueron escritos entre 1152 y 1153. Cuando en la Universidad Nacional de Córdoba se laureaba a un estudioso con el título de doctor en Teología, se acostumbraba regalarle una Biblia y un ejemplar de las Sentencias . Tiene letras capitales iluminadas en azul y rojo y otras sólo en rojo; encuadernación en pergamino claro. Quaestiones quodlibetales , por John Duns Scotus: Venecia, 7 de octubre de 1477. En este incunable se observa la intención del impresor de asemejar el libro lo más posible a un códice medieval. Se utilizaron tipos góticos de trazos gruesos y apretada caligrafía. Armoniosas letras capitales iluminadas en rojo y azul. La encuadernación está hecha en pergamino de color amarillento sin ornamentación de ningún tipo. El texto contiene comentarios a Aristóteles del autor, un teólogo y fraile franciscano que estudió en Oxford y enseñó en París entre 1306 y 1307. Sala Reservada del Congreso nacional Imágenes del laboratorio de recuperación de archivo histórico de la Biblioteca del Congreso de la Nación. La Sala de Colecciones Especiales de la Biblioteca del Congreso de la Nación resguarda libros muy antiguos y raros, además de primeras ediciones, de los siglos XVI al XX; material bibliográfico de la época colonial y publicaciones de los primeros años de la República, desde la declaración de la Independencia. También conocida como Biblioteca Reservada, tiene sede en el edificio del Palacio del Parlamento. Su material está disponible para investigadores y estudiantes de nivel universitario y terciario, pero en la actualidad no atiende al público: según información oficial, hasta el 5 de agosto estará cerrada por reformas estructurales. Entre sus piezas más valiosas sobresale Summa totius theologiae; cum elucidationibus formalibus… per F. Seraphinum Capponi à Porrecta…, commentaria Rever. D. Thomae de Vio Caietani…, de santo Tomás de Aquino, impreso en 1612. Allí también se encuentran las bibliotecas Juan María Gutiérrez, Peronista y Palant. La primera fue comprada a los descendientes del constitucionalista fallecido en 1878 y respeta el orden original de la colección. La mayoría de los libros (de poesía, política, biología, geografía, economía, educación, matemática, arte, historia y pensamiento) tiene anotaciones manuscritas. Por otra parte, en Colección Dr. Juan María Gutiérrez; archivo epistolario , obra en ocho volúmenes editada por la biblioteca parlamentaria que se ofrece para su consulta, se reúnen más de 3000 cartas de personalidades destacadas del siglo XIX como Justo José de Urquiza, Juan Bautista Alberdi, Adolfo Alsina, Martín Miguel de Güemes, Esteban Echeverría, Emilio Mitre y José Mármol. En el libro aparecen ordenadas cronológicamente. Publicaciones oficiales y no oficiales del primer y segundo gobierno de Juan Domingo Perón, además de libros, folletos, láminas, anuarios, almanaques, discursos y fotografías, conforman la Biblioteca Peronista. Este material bibliográfico, que había sido sacado de circulación en 1956 por decreto del almirante Isaac Rojas, fue clasificado y organizado durante la década de 1970, y desde entonces es una de las colecciones especiales de la Biblioteca del Congreso. Diferente es el caso de la biblioteca que lleva el nombre de Miguel Palant, ex director del cuerpo de taquígrafos de la Cámara de Senadores de la Nación. El archivo, donado por sus familiares, conserva obras de variados autores relacionados con la taquigrafía. Según informaron los responsables de la sala, es la única colección de taquigrafía parlamentaria de Hispanoamérica y, junto con la biblioteca especializada de Alemania, es el referente más importante de su rubro. Educación y bibliotecas personales En el Palacio Pizzurno funciona la Biblioteca Nacional de Maestros, del Ministerio de Educación de la Nación, que ofrece acceso libre y gratuito a los interesados en consultar libros, documentos y material multimedia en la Sala de Lectura, Mediateca, Hemeroteca, Sala Americana y Centro Nacional de Información y Documentación Educativa. Especializada en Educación, esta biblioteca tiene ejemplares de 1810 en adelante. Pero en la Sala del Tesoro reside la colección más valiosa, que constituye el fondo antiguo, con obras impresas a partir de 1530. Su consulta es exclusiva para investigadores. Como figura en la página www.bnm.me.gov.ar , en el Tesoro está la primera edición en latín de la Vera historia… , de Ulrico Schmidl, de 1599. También, las obras completas de Platón con traducción y comentarios de Marsilio Ficino publicadas en París en 1522, entre otras obras. En cuanto a las ediciones realizadas en el Virreinato del Río de la Plata, se destacan las piezas de la Imprenta de Niños Expósitos, que también pueden encontrarse en el Tesoro de la Biblioteca Nacional, y una de las colecciones más completas de La Gazeta de Buenos Aires . En el sitio se detallan qué materiales se pueden consultar, según cada categoría de usuario: público general, docentes, investigadores, bibliotecarios, instituciones y personal del ministerio. La Biblioteca de Maestros recibió a lo largo de su historia donaciones de las colecciones privadas de Alejandra Pizarnik, Hortensia Lacau, Cecilia Braslavsky, Ricardo Levene y Leopoldo Lugones. Estos acervos personales están formados por libros, manuscritos, ejemplares dedicados y/o anotados. El fondo de la Biblioteca Braslavsky está dedicado a la educación de los siglos XX y XXI; también hay material inédito de la docente y pedagoga. En el caso del historiador Levene, el archivo incluye, entre sus doce mil títulos, obras de historia latinoamericana, sociología y derecho. La Biblioteca Leopoldo Lugones es una de las perlas: allí se encuentran primeras ediciones de sus obras, recortes de sus artículos y centenares de libros autografiados, con anotaciones al margen hechas por el poeta. Un recorrido por cada una de estas colecciones privadas, que están al alcance del público, permite conocer la formación intelectual, ideológica y política de quienes las crearon así como sus respectivas afinidades literarias, influencias profesionales y opiniones. Tesoros porteños Cartas edificantes y curiosas (1753), tomo recubierto en pergamino; y Doctrina Christiana (1599) de fray Luis de Granada, de la Biblioteca Circe. La Red de Bibliotecas Públicas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está integrada por treinta establecimientos: por sus materiales, algunas de ellas se consideran bibliotecas tesoro. Inaugurada el 4 de junio de 2003, con el objetivo de preservar el patrimonio bibliográfico existente en la red de la Dirección General del Libro y Promoción de la Lectura, la Sala Circe posee alrededor de 5600 volúmenes: libros impresos entre los siglos XVI y XX, ediciones de los Niños Expósitos, ejemplares de la revista Sur y primeros números de Caras y Caretas . Se destaca una versión de la Biblia editada en Ámsterdam en 1602 y la edición en cinco tomos en inglés de Los trabajos de Francis Bacon, de 1778. También, documentos antiguos, como un facsímil del manuscrito del Archivo de Indias: “Memorial de Jayme Rasquin al rey sobre la población del Rio de La Plata y puerto de San Francisco”, de 1553; y varios tomos encuadernados en pergamino de “Cartas edificantes y curiosas”, escritas en las misiones extranjeras de la Compañía de Jesús, entre 1753 y 1757. Entre los ejemplares más consultados se halla una lujosa edición de 1891 de El infierno de Dante, traducido por Bartolomé Mitre. Los aportes de las familias de Mariano de Vedia y Mitre y de Julio Díaz Usandivaras acrecentaron su valioso acervo con obras autografiadas por sus autores, encuadernaciones de lujo, ediciones privadas, cartas, fotografías y facsímiles. Para visita la Sala Circe es necesario concertar previamente una entrevista. Otra biblioteca pública porteña con Salón Tesoro es la Miguel Cané, del barrio de Boedo: allí se encuentra la colección de revistas PBT desde 1902 hasta 1912; obras completas del teatro español y de Miguel de Cervantes Saavedra. Sólo se pueden consultar en la sala de lectura. La Biblioteca Popular Leopoldo Lugones, en Belgrano, cuenta con uno de los patrimonios bibliográficos más importantes de la red, con más de 40.000 volúmenes. El Tesoro contiene primeras ediciones de libros como El hacedor y El idioma de los argentinos , de Jorge Luis Borges; Libro del cielo y del infierno , de Borges y Bioy Casares, y Don Galaz de Buenos Aires , de Manuel Mujica Lainez. Para consultar el material de ese sector se debe solicitar cita previa. En Devoto está la Biblioteca Antonio Devoto, donde es posible leer tanto el libro de lectura para tercer grado Huellitas , de 1933, como el “Reglamento para las milicias disciplinadas de infantería y caballería del Virreinato de Buenos Aires”, de 1801, y una edición polilingüe del Martín Fierro , de José Hernández, con traducciones al inglés, francés e italiano y tapa de madera con ilustraciones. Colecciones privadas La Biblioteca Americana, que dio origen al acervo bibliográfico del Museo Mitre, está constituida por libros y periódicos coleccionados por Bartolomé Mitre a lo largo de su vida. Estudiantes e investigadores pueden consultar esta importante colección que “representa la historia intelectual de un hombre del siglo XIX”, según definen sus responsables. Está especializada en historia argentina y americana e incluye obras en lenguas aborígenes y extintas. En ese museo, que depende de la Secretaría de Cultura de la Nación y está dirigido por María Gowland, también existe un archivo histórico, con cerca de 53 mil documentos (cartas, proclamas, medallas y monedas) que pertenecieron al ex presidente. El fondo general de la biblioteca contiene 60 mil volúmenes entre libros, folletos, revistas, recortes periodísticos y material audiovisual de diferentes épocas. Se destaca, especialmente, la Mapoteca, que originalmente formó parte de la Biblioteca Americana, con 12 mil piezas históricas. Actualmente, el catálogo se está digitalizando para que pueda consultarse online en www.museomitre.gov.ar La ciudad bonaerense de Azul cuenta con una importante biblioteca museo que conserva, entre sus tesoros más valiosos, una colección cervantina (la más grande fuera de España) y otra hernandiana. En esta última se destacan la primera edición del Martín Fierro , de 1872, con correcciones manuscritas del autor, y la primera edición de La vuelta de Martín Fierro , de 1874, con una dedicatoria de José Hernández a Estanislao Zeballos, de 1879. Hay, también, traducciones del poema gaucho a los más variados idiomas, ilustraciones, vocabularios y estudios literarios sobre el texto de Hernández. Declarada en 2007 por la Unesco como Ciudad Cervantina de la Argentina, en Azul se realiza todos los años un festival dedicado a la obra de Cervantes, que incluye conferencias, espectáculos y lecturas públicas. La pasión de Azul por Cervantes comenzó a partir de la iniciativa de Bartolomé Ronco, bibliófilo y coleccionista de diferentes ediciones del Quijote , cuya biblioteca fue legada a la ciudad. Archivos patrimoniales Universidades públicas nacionales, como las de San Martín y Tres de Febrero, comenzaron en el último tiempo a trabajar en la preservación y clasificación de importantes archivos patrimoniales para que puedan ser consultados por estudiantes, docentes y público en general. Actualmente, la Unsam se ocupa del acervo del Cedinci, el mayor centro de documentación de la cultura de izquierdas en América Latina, y de la colección privada de Juan Bautista Alberdi, conservada en la Biblioteca Furt (en la estancia histórica Los Talas, Luján, provincia de Buenos Aires). Según explicó Josefina Giglio, directora de Comunicación Institucional de la Universidad Nacional de San Martin, “la Unsam es curadora del fondo documental Furt (en su mayor parte, inédito o defectuosamente editado), que contiene valiosa información para estudiar la escritura y el pensamiento alberdiano, así como también la vida política y cultural de nuestra región”. Consta de más de un centenar de libretas y hojas sueltas con apuntes, borradores y autógrafos, más de 7000 cartas dirigidas a Alberdi, legajos con textos ensayísticos y documentación jurídica, diplomática, política y personal, y materiales complementarios como escritos de terceros y recortes periodísticos. Está disponible sólo para investigadores. En el caso del Cedinci, que en 2013 cumple quince años, su consulta está abierta a todo público. Dirigida por Horacio Tarcus, atesora 85 mil libros y folletos, 3000 colecciones de revistas culturales nacionales e internacionales, 4000 periódicos y revistas políticas y 60 fondos de archivo de intelectuales argentinos, entre ellos el de José Ingenieros. Además, allí se encuentran bibliotecas personales: por ejemplo, la del filósofo y crítico de arte argentino Héctor Raurich (1903-1963), integrada por casi 5000 volúmenes sobre historia, política, filosofía, arte y literatura. Y una completa biblioteca de filosofía marxista, con variados estudios sobre el pensamiento de Hegel. Una de las curiosidades es una edición de 1827 de los Essai sur les m æ urs, de Voltaire, en cinco volúmenes. Hay también una sección de teoría y crítica del arte y la literatura, donde se encuentra la primera edición de Ficciones , de Borges; una edición en gran formato de Ismos , de Ramón Gómez de la Serna y libros dedicados a Raurich por Jorge Romero Brest. Recientemente, la Unsam firmó un acuerdo con la Fundación Espigas para administrar su acervo cultural. “Es el fondo documental más completo sobre la historia de las artes visuales en la Argentina. La idea es ponerlo a disposición del público lo antes posible”, completó Giglio. La Untref recibió archivos privados a través de donaciones o en comodato. El año pasado, por ejemplo, Nelly Perazzo, de la Academia Nacional de Bellas Artes, donó a la universidad el archivo de la galería Lirolay y del compositor Juan Carlos Guastavino. Este año se sumó la contribución del artista plástico Juan Carlos Romero, con un archivo que incluye publicaciones periódicas, volantes, folletos, recortes de prensa, fotos, libros y catálogos, que abarcan desde finales de la década de 1930 hasta el presente. Estos materiales son recibidos y catalogados por el Instituto de Investigaciones en Arte y Cultura Dr. Norberto Griffa, dirigido por Diana Wechsler, cuyo archivo y centro de documentación estará disponible para todos los estudiantes, docentes e interesados en el tema. “A partir de la donación del valioso Archivo Lirolay, de aquella galería emblemática que marcó durante veinte años una zona de la escena artística argentina, fuimos sumando otros archivos como el de los papeles del crítico Alberto Collazo, el de Guastavino y las colecciones de publicaciones periódicas y otros materiales donados por Edgardo Cozarinsky -contó Wechsler-. Ellos integran distintas secciones de este centro de documentación en formación, que estará integrado por materiales de galerías, de artistas e intelectuales y curatoriales.” Manuscrito y memorias de Juan Carlos Paz. En la sección Audioteca y Mediateca de la Biblioteca Nacional también se preservan y clasifican archivos privados, que llegan por donación. Es el caso del acervo del compositor Juan Carlos Paz, integrado por 65 mil piezas musicales y objetos personales como fotografías, tarjetas, agendas y hasta un fichero con datos de contacto de los integrantes de la Asociación Nueva Música. La jefa del sector, Estela Escalada, mostró a adncultura cómo se resguardan y se conservan las obras más antiguas. En esa sala también está la biblioteca musical de Manuel Porrúa. Un manuscrito de Paz (cuaderno con anotaciones) se guarda en la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional, donde también está el reservorio más importante de Lugones. Este salón especial aloja, además de las piezas mencionadas al inicio de esta nota, los libros personales de Borges, fechados y anotados por el escritor, que se encontraron en el edificio. Del análisis minucioso de alrededor de 500 ejemplares surgió el primer tomo de Borges, libros y lecturas , de Laura Rosato y Germán Álvarez, investigadores que trabajan en la Biblioteca Nacional. En la actualidad está en preparación el segundo volumen, que incluye libros de Borges encontrados en otras bibliotecas. Si se trata de bibliotecas personales importantes hay que mencionar la de Victoria Ocampo, conservada en Villa Ocampo. Los 11.000 títulos que la conforman reflejan su formación intelectual y sus amplias preferencias literarias. Como escribió su curador, Ernesto Montequin, en un texto que puede leerse en la página web www.villaocampo.org , allí conviven “la más vasta recopilación de mitos, como los trece volúmenes de La rama dorada , de James Frazer, con más de noventa novelas policiales de Georges Simenon; los Seminarios de Jacques Lacan dedicados de puño y letra por su autor, con las obras completas de W. H. Hudson; la edición original del Manifiesto del surrealismo de André Breton con una nutrida colección de sherlockiana”. Muchos ejemplares fueron anotados y subrayados por Victoria. El catálogo completo puede consultarse online . Una biblioteca personal abierta al público recientemente es la que perteneció a Tomás Eloy Martínez. Se encuentra en la sede de la Fundación que lleva su nombre y reúne documentos, papeles de trabajo, correspondencia y objetos como una antigua máquina de escribir, además de su colección de libros. Parte de la biblioteca personal de Victoria Ocampo, en Villa Ocampo, con ejemplares dedicados. Foto: Rafael Calviño En la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires se encuentra la Colección Arata, biblioteca particular de Pedro Narciso Arata, que fue el primer rector de esa casa de estudios. Sus herederos la donaron a la institución en 1946. Está formada por cerca de 15.000 volúmenes: manuscritos, libros raros y valiosos, revistas y fotografías. Su dirección está a cargo de la Biblioteca Central de la Facultad de Agronomía, que entre 2005 y 2009 llevó adelante un plan de puesta en valor y conservación de su patrimonio. Desde el 5 de diciembre de ese año está abierta para profesores e investigadores. En el sitio web de la facultad ( www.agro.uba.ar/biblioteca/arata/coleccion ) se describen los ejemplares más valiosos: obras sobre Leonardo Da Vinci, química, botánica, historia, geografía y literatura de los siglos XV al XX. Entre ellos: un manuscrito jesuita y uno del padre Segismundo Asperger; un ejemplar de Galería de ladrones de la capital: 1880 á 1887 , de José S. Álvarez (Fray Mocho), de 1887; la primera edición de los cuatro volúmenes de la crónica de viaje de Philip King, Robert FitzRoy y Charles Darwin, de 1839. Una curiosidad: uno de los primeros ex libris argentinos, dibujado por un artista milanés anónimo, en 1890, representa la química, disciplina en la que se especializó Arata. La lámina exhibe la siguiente frase en latín: ” Alii quidem Equus amant, alii aves alii feras; mihi vero a puerulo mirandum acquirendi et posidendi libros insedit desiderium. ” (Pues algunos aman los caballos y otros los pájaros, otros las fieras, en cambio de mí se posesionó desde chico el deseo ferviente de adquirir y poseer libros). Dónde encontrarlas Biblioteca Nacional El acceso a la Sala del Tesoro es sólo para investigadores acreditados. El horario de atención es de lunes a viernes de 10 a 18. Informes: 4808-6076, tesoro@bn.gov.ar Biblioteca Mayor de Córdoba Funciona en el primer piso del viejo Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba ( Obispo Trejo 242), de lunes a viernes, de 8.45 a 19.45. Informes: www.bmayor.unc.edu.ar , biblio@bmayr.unc.edu.ar Biblioteca del Congreso de la Nación La Sala de Colecciones Especiales está actualmente cerrada por refacciones. Informes: www.bcnbib.gov.ar Biblioteca Nacional de Maestros Dependiente del Ministerio de Educación (Pizzurno 953), atiende al público de lunes a viernes de 8.30 a 21 y los sábados de 9 a 14. Consultas: 4129-1272, bnminfo@me.gov.ar Biblioteca Circe Ubicada en el primer piso de Talcahuano 1261, está abierta de lunes a viernes de 9 a 13. Informes: 4812-3118, interno 119. Biblioteca Miguel Cané Dirección: Carlos Calvo 4319, 1º piso. Teléfono: 4922-0020. Para consultas: 0800-999-2516 (lunes a viernes de 10 a 17). Biblioteca Leopoldo Lugones Dirección: La Pampa 2215. Teléfono: 4783-1567. Para consultas: 0800-999-2516 (lunes a viernes de 10 a 17). Museo Mitre Con sede en San Martín 336, la biblioteca funciona con un horario restringido: miércoles de 14 a 17.30. Informes: 4394-8240/7659. Colección Arata Se encuentra en la Biblioteca Central, de la Facultad de Agronomía (UBA): Av. San Martín 4453, 4524-8020. Contacto: biblioarata@agro.uba.ar Cedinci La biblioteca (Fray Luis Beltrán 125, 4631-8893) atiende de lunes a viernes de 14 a 19. Para consultar el archivo es necesaria una cita previa: archivos@cedinci.org o informes@cedinci.org Villa Ocampo Elortondo 1811, Beccar, 4732-4988. Abierta de miércoles a domingos y feriados de 12.30 a 18. Página web: www.villaocampo.org Biblioteca Antonio Devoto Dirección: Bahía Blanca 4025. Teléfono: 4501-4320. Para consultas: 0800-999-2516 (lunes a viernes de 10 a 17). Universidad Nacional de San Martín Informes : www.bibliotecacentral.unsam.edu.ar Universidad Nacional de Tres de Febrero Informes: www.untrefvirtual.edu.ar Fundación Tomás Eloy Martínez Página web: http:/fundaciontem.org Fuente: Natalia Blanc, La Nación. "Comentar es agradecer, pero no viceversa" Tapetum_Lucidum.

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Los Top 11: Libros de culto
Los Top 11: Libros de culto
InfoporAnónimo4/24/2014

Los Top 11: Libros de culto ¿Qué distingue a un libro de culto y por qué estas obras podrían ser consideradas entre las más estimulantes del siglo XX? La etiqueta “de culto” es algo compleja de definir. En el caso literario, no se refiere a libros clásicos ni a bestsellers –aunque en algunos casos podrían compartir distinciones–, sino a aquellas obras que incluyen un ingrediente extra, que inseminan la mente colectiva con un estímulo particular. Los libros de culto generalmente causan polémica en su entorno inmediato, y sobre todo se caracterizan por motivar la construcción de comunidades emocionales alrededor de ellas. De algún modo el grado de identificación que generan en una porción considerable de sus lectores provoca que literalmente se geste un pulso cultural y que los miembros de dicho grupo se sientan identificados entre sí por el simple hecho de haber compartido experiencias similares, detonadas por la obra. Si bien es un tanto complejo definir el término, en cambio parece que resulta más fácil, al menos en la mayoría de los casos, detectar cuáles son esos libros que han puntualmente estimulado el surgimiento de subculturas o microculturas a partir de ellos. En cuanto a las posibles razones que permiten la “cultificación” de una obra, podríamos aludir a una especie de sincronía emocional entre ella y las circunstancias del momento –aunque en muchos casos se trata de un fenómeno transgeneracional. Por ejemplo, el caso de On the Road, de Kerouac, si bien jugó un relevante papel en el movimiento altercultural de los sesenta y setenta, lo cierto es que aún hasta la fecha su trama, sus personajes, y el espíritu detrás de la narrativa resuenan profundamente con ciertos sentimientos de un adolescente contemporáneo, quien cansado de normas y autoridades, podría encontrar en este libro una fuente de inspiración o al menos un digno interlocutor. A continuación les comparto una lista con algunas de las obras más estimulantes o intrigantes de entre las que cumplen con las cualidades requeridas para considerarse como “de culto”. Por cierto, para acotar un poco el extasiante ejercicio, lo limité a libros publicados durante el siglo XX (con excepción de No Logo, del 2000). Siddharta (1922) / Herman Hesse Una inspiradora alegoría que compartió este gran escritor, y que si bien esta explícitamente influenciado por la filosofía budista, en realidad termina siendo más una especie de ensayo sobre la condición humana, la búsqueda de sentido y el acceso a la paz interior por medio de la experiencia. Dianetics: the Modern Science of Mental Health (1950) / L. Ron Hubbard Este libro terminaría por detonar esa subcultura sectaria que hoy conocemos como Cienciología (Scientology), a la cual se han adherido múltiples celebridades. Hubbard, un personaje oscuro y hábil, construyó una poderosa doctrina a partir de los principios expuestos en esta obra. The Catcher in the Rye (1951) / J.D. Salinger Sin duda una de las obras literarias más intrigantes del siglo XX, su hipnótica prosa ha sido preciada por millones de personas y, extrañamente, dos de los asesinos más famosos de las última décadas, Lee Harvey Oswald y Mark David Chapman, profesaban una peculiar obsesión hacia este libro. The Doors of Perception (1954) / Aldous Huxley Un ícono de la cultura de la psiconaútica y las drogas, este libro marcó la vida de muchos, y tuvo repercusiones políticas, artísticas y religiosas. Del título de esta sensible bitácora ‘enmezcalinada’ se derivaría el nombre de una de las más famosas bandas musicales, The Doors. On the Road (1957) / Jack Kerouac Ícono de libertad y contracultura, es la guía por excelencia de miles de jóvenes viajeros (en el amplio sentido de la palabra) –el nomadismo caótico y emocionante como un recurso para darle dedo medio al sistema. Una inspiradora invitación a sacudirte las ataduras institucionales y normativas, para entregarte a la incomparable magia del Camino. Las enseñanzas de Don Juan (1965) / Carlos Castaneda Este libro abrió un activo portal a la dimensión de las tradiciones místicas de los indios mexicanos. Se trata, literalmente, de un hechizo narrativo mediante el cual su autor nos lleva de paseo a resonantes regiones con sabor a ritual. Do Androids Dream of Electric Sheep? (1968) / Phillip K. Dick Difícil dejar de incluir una obra de este autor, y de hecho creo que hay varias candidatas –algunas de las cuales no he leído–, pero al menos este libro es pieza imprescindible para entender los cimientos de los tiempos actuales: consumo, espiritualidad, guerras y animales electrónicos, convergen en este ícono de la ciencia ficción. Gravity’s Rainbow (1973) / Thomas Pynchon Un complejo cocktail de ingredientes culturales dan vida a esta larga metanovela. Penetrar la gravedad del arco iris no es cosa fácil, pero independientemente de hasta dónde hayas logrado llegar, te deja una sensación tan imborrable como indescriptible. The Illuminatus! Trilogy (1975) / Robert Shea y Robert Anton Wilson Para mi gusto una de las obras más geniales que se hayan escrito. Humor cuántico para abordar las teorías de la conspiración, entretenimiento meta-contracultural, sarcasmo fractal, y un poco de cultura pop. Neuromancer (1984) / William Gibson El brillante William Gibson previó un entorno en el cual, a partir de la convergencia de diversos flujos culturales, se establecería una nueva narrativa generacional, lo que hoy podríamos llamar cibercultura alternativa. Esta novela es una influencia directa para cualquier historia de ciencia ficción que se haya generado en las últimas dos décadas –empezando por The Matrix. No Logo (2000) / Naomi Klein De manera admirable, este libro capta y organiza la información alrededor de un momento coyuntural en la historia reciente –protagonizado por marcas, activistas, corporaciones y nuevas retóricas de resistencia. No Logo facilitó la posterior consolidación de nuevos modelos de contracultura, desde Anonymous hasta Reality Sandwich. Evidentemente hacen falta muchas más obras de las que incluye el listado. Sin mucho esfuerzo podríamos agregar una veintena más, desde Así habló Zarathustra (Nietzsche, 1883) hasta The Secret Teachings of All Ages (Manly Hall, 1928), pasando por 1984 (Orwell, 1949), The Martian Chronicles (Ray Bradbury, 1950) El maestro y Margarita (Bulgakov, 1967), The Electric Kool-Aid Acid Test (Tom Wolfe, 1968), The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy (Douglas Adams, 1979), Gödel, Escher, Bach: an Eternal Golden Braid (Douglas R Hofstadter, 1979), y The Holy Blood and the Holy Grail (Baigent, Leigh y Lincoln, 1982) entre otros. También tenemos aquellos libros que combinados con memorables adaptaciones fílmicas terminan por consolidarse entre las obras de culto, por ejemplo To Kill a Mockingbird (Harper Lee, 1960), One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Ken Kesey, 1962), y Fear and Loathing in Las Vegas (Hunter S Thompson, 1971). Para complementar les comparto algunas de las sugerencias que recibí vía Twitter al solicitar sugerencias para crear esta lista: Les Chants de Maldoror (Lautremont, 1969), The Tao of Physics (Fritjof Capra, 1975), Madame Bovary (Flaubert, 1857), Rayuela (Cortázar, 1963), Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu (Maurice Joly, 1864). En todo caso, e independientemente de cuál sea tu propia selección, es francamente fascinante que estos mundos paralelos construidos a partir de una materia prima que combina talento con imaginación realmente terminan por repercutir en la ‘realidad’ compartida. Creo que cada una de las obras aquí mencionadas ha participado en el guión de la historia del ser humano, comprobando que no sólo, como decía Leary, “estamos diseñados para diseñar realidades”, sino también para luego compartirlas e incrustarlas en la realidad convencional Pijamasurf.com Unite a la comunidad LiberArte "Comentar es agradecer, pero no viceversa" Tapetum_Lucidum

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En Estado de gracia.
En Estado de gracia.
InfoporAnónimo3/4/2015

04 de Marzo de 2015 En estado de gracia Un fantasma recorre las sobremesas del establishment: la sospecha de que, aun si cumplieran con su cometido de eliminar al kirchnerismo de la faz política, lo mejor de su herencia mantendrá vigor. Un trabajo reciente elaborado para la consultora Ipsos Mora y Araujo muestra que el temor de las elites está justificado. El estudio revela que se necesitará mucho glifosato mediático para erradicar, por ejemplo, la revalorización del Estado, una conquista que las mayorías populares sembraron sobre los rastrojos de 2001 y que el gobierno, empujado por la creciente demanda social, hizo germinar con medidas como la reestatización de los ferrocarriles, que el domingo anunció Cristina Fernández. El fantasma que martiriza a los que se ilusionan con una pronta restauración conservadora se corporiza en los candidatos de la oposición. Ni siquiera Mauricio Macri, la última esperanza blanca de la Argentina VIP, se atreve a despotricar contra la presencia estatal. "¿Está de acuerdo con lo que se anunció hoy?", le preguntó el domingo por la noche Luis Majul. "No importa si los trenes son privados o del Estado, lo importante es que no se robe", eludió Macri para disgusto de la porción de su elenco que aún suscribe al postulado neoliberal: Estado chico –y bobo–, mercado grande –tiránico y rapaz–. Por fortuna, la mayoría de los argentinos parece haber elegido otro camino. Un estudio reciente elaborado por el sociólogo Luis Costa para Ipsos Mora y Araujo muestra que buena parte del país dejó atrás la demonización del Estado que alfombró la depredación de los '90. Y ahora pide más. Siete de cada diez consultados dicen que las empresas de servicios públicos "deben ser del Estado". El 57 % quiere lo mismo con las empresas del transporte, rubro en el que la demorada estatización tuvo como peor saldo las 51 muertes evitables de la tragedia de Once. Del mismo modo que aquel episodio trágico convenció al gobierno de retomar para el Estado la gestión de los ferrocarriles, el desmantelamiento de Aerolíneas Argentinas obligó a rescatar de la inanición a una empresa que brinda un servicio clave para un país de generosa extensión territorial: mantenerlo conectado. La depredación de Repsol derivó en crisis energética y empujó a retomar las riendas de YPF, la petrolera de bandera enajenada en los '90 y explotada a destajo por la firma española bajo la falsa premisa de que la gestión privada es más eficiente que la estatal. Lo será para sus accionistas, pero no para el país, que ahora se ilusiona con recuperar el autoabastecimiento y la soberanía energética. Con un dato adicional: nominarla como Sociedad de Estado colabora para que la gestión sea transparente y eficaz, como lo reconoció la cúpula del sector privado que distinguió al presidente designado por el Estado, Miguel Galuccio, como CEO del año. Con menos vocación estatista que la que se le asigna, el gobierno fue recuperando el control de algunos servicios públicos tras comprobar que la ineficaz gestión privada tiene doble costo: financiero y social. Una de las primeras firmas recuperadas fue Aguas Argentinas, hoy AySA, que se transformó en una herramienta crucial para avanzar en tendidos de redes de agua potable y cloacas que sus anteriores dueños habían abandonado en nombre de la rentabilidad. La mejora en la gestión de AySa –a manos del sindicato bajo gestión estatal– hizo que la empresa ya casi no figure en el ranking de quejas que la Secretaría de Defensa del Consumidor elabora en base a los reclamos de los usuarios. Al frente de ese listado, por lejos y desde hace años, están las empresas de telefonía celular, un negocio fabuloso para las telefónicas que el gobierno finalmente se propuso regular a través del programa Argentina Digital. Cuestionada por presentarse con demora, esa regulación va en línea con lo que refleja la encuesta de Ipsos, donde el 55% reclama que las empresas de telefonía vuelvan a manos del Estado. Eso, en principio, no ocurrirá. Pero la declaración de la telefonía celular como servicio público crea herramientas para terminar con los abusos que las telefónicas perpetraron en un mercado que se desarrolló a discreción. La confianza de los argentinos por el sector público llega incluso a lugares que los privados creían inexpugnables: cuatro de cada diez creen que las empresas de consumo masivo deberían estar en manos estatales. El dato se vincula con otro resultado contundente: el 71% de los consultados acusan a los supermercados y a las empresas por los incumplimientos en el programa Precios Cuidados, que el gobierno lanzó como un modo de amortiguar la inflación, pero que terminó siendo un eficaz mecanismo para visibilizar el rol de las empresas en la formación de precios. En la encuesta, más del 50% de los consultados se mostró a favor de que el Estado ejercite el control de precios de los alimentos básicos y los servicios, un resultado que contradice la formidable campaña "anticontroles" que los medios afines al establishment llevaron adelante desde que Precios Cuidados entró en vigor. Según relevó Ipsos, otro país de la región en el que más de la mitad de la población valora que el Estado controle los precios es Brasil, donde sectores de la oposición, estimulados por un implacable oligopolio de prensa, hoy piden expulsar de la presidencia a Dilma Rousseff. No parece casual que en ambos países los medios masivos utilicen argumentos idénticos para fustigar a los gobiernos: las multinacionales que suelen financiar a esos medios no sólo se transfieren productos sobrefacturados. También comparten, parece, los contenidos de las campañas de prensa con las que buscan manipular a la opinión pública en beneficio de sus intereses. A contramano de la valorización del Estado, la reputación del sector privado está por el piso. Seis de cada diez argentinos creen que las empresas mienten cuando se refieren a la situación de sus compañías, y una cifra similar –62%– cree que es mejor un país con más cantidad de empresas públicas que privadas. Para ejemplificar esa caída, el trabajo de Ipsos hace foco en las empresas del sector automotriz, cuya reputación se desmoronó en menos de un semestre. El derrumbe se precipitó luego de que la presidenta acusara a las terminales de "encanutar" vehículos y boicotear el plan Procreauto. Esa pulseada con las automotrices permitió apreciar, además, cómo opera el sector privado para someter al Estado: cuando la rentabilidad se achica, amenazan con despidos. El desempleo es la peor acechanza que un gobierno puede tener. Expertos en extorsionar al sector público para obtener prebendas, los sectores concentrados de la economía suelen amenazar con despidos masivos, fuga de capitales, restricción de divisas y elusión fiscal masiva, entre otras calamidades. Obligado a evitar sobresaltos para retener caudal electoral y garantizar la paz social, el poder político es susceptible a las amenazas y cede hasta lo inconfesable con el objetivo de mantener la "gobernabilidad". Cuánto más débil es el Estado, más frágiles son los gobiernos para afrontar el toma y daca del poder. En la Argentina, el ejemplo más patético de ese sometimiento ocurrió durante el gobierno de la Alianza, cuando las oficinas públicas y hasta el Congreso se convirtieron en escribanías donde se firmaban y sellaban leyes que incluso llegaron a vulnerar conquistas laborales en nombre de la "competitividad". Frente a esas evidencias históricas, parece mentira que en la Argentina todavía hay quienes repiten que la única función del Estado debe ser la de "controlar": un Estado pobre, diminuto y desvalido es incapaz de controlar los abusos de los dueños del dinero y, por lo tanto, del poder real. Por ese motivo, la crisis que estalló en diciembre de 2001 dejó, entre otras lecciones, un menú urgente de tres pasos: restituir la autoridad presidencial, reconciliar a la política con la sociedad y recuperar al Estado como herramienta redistributiva y correctiva de las asimetrías del mercado. Es obvio que la gestión pública debe ser transparente y eficaz, pero la advertencia vale, porque no siempre lo es: la corrupción en cualquiera de sus formas destruye el capital real y simbólico del sector público, y favorece la campaña que los voceros del establishment ya iniciaron para volver a demonizar la gestión estatal. Sólo por eso, los funcionarios corruptos deberían recibir doble castigo. Dicen que el ser humano es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Los argentinos, está claro, no somos una excepción. Pero hay lecciones que, de tan dolorosas, dejaron enseñanzas imborrables. Una de ellas: destruir al Estado fue un suicidio social. Adrián Murano

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¿Por qué leer? Harold Bloom.
¿Por qué leer? Harold Bloom.
InfoporAnónimo3/30/2015

Disculpe T! por los daños que pudiera ocasionar el post. Sé que viola de manera flagrante el nuevo espíritu de esta comunidad. Aclaración bis: A quien le interese el post, tendrá que dedicarle unos minutos para leerlo, pero no perderá su tiempo. A quien no le interese, que pase de largo; para ver dibujitos está la tele y el 90% de Taringa. Las botellas al mar también se agotan. ¿Por qué leer? Harold Bloom Importa, para que los individuos tengan la capacidad de juzgar y opinar por sí mismos, que lean por su cuenta. Lo que lean o que lo hagan bien o mal, no puede depender totalmente de ellos, pero deben hacerlo por propio interés y en interés propio. Se puede leer meramente para pasar el rato o por necesidad, pero, al final, se acabará leyendo contra reloj. Acaso los lectores de la Biblia, los que por sí mismos buscan en ella la verdad, ejemplifiquen la necesidad con mayor claridad que los lectores de Shakespeare, pero la búsqueda es la misma. Entre otras cosas, la lectura sirve para prepararnos para el cambio, y lamentablemente el cambio definitivo es universal. Para mí, la lectura como a una praxis personal, más que una empresa educativa. El modo en que leemos hoy, cuando estamos solos con nosotros mismos, guarda una continuidad considerable con el pasado, aunque se realice en una biblioteca universitaria. Mi lector ideal (y héroe de toda la vida) es Samuel Johnson, que comprendió y expuso tanto los efectos como las limitaciones del hábito de leer. Éste, al igual que todas las actividades de la mente, debía satisfacer la principal preocupación de Johnson, que era la preocupación por "aquello que sentimos próximo a nosotros, aquello que podemos usar". Sir Francis Bacon, que aportó algunas de las ideas que Johnson llevó a la práctica, dio este célebre consejo: "No leáis para contradecir o impugnar, ni para creer o dar por sentado, ni para hallar tema de conversación o de disertación, sino para sopesar y reflexionar." A Bacon y Johnson quisiera añadir otro sabio lector, Emerson, fiero enemigo de la historia y de todo historicismo, quien señaló que los mejores libros "nos impresionan con la convicción de que la naturaleza que los escribió es la misma que los lee". Permítanme fundir a Bacon, Johnson y Emerson en una fórmula de cómo leer: encontrar, en aquello que sintamos próximo a nosotros, aquello que podamos usar para sopesar y reflexionar, y que nos llene de la convicción de compartir una naturaleza única, libre de la tiranía del tiempo. En términos pragmáticos, esto significa: primero encuentra a Shakespeare, y luego deja que él te encuentre. Si te encuentra El rey Lear, sopesa y considera la naturaleza que comparte contigo, lo próximo que lo sientes de ti. No considero esta actitud que propugno idealista, sino pragmática. Utilizar esta tragedia como queja contra el patriarcado es dejar de lado los propios intereses primordiales, sobre todo en el caso de una mujer joven; esto no es tan irónico como parece. Shakespeare, más que Sófocles, es la autoridad ineludible sobre el conflicto entre generaciones y, más que ningún otro, sobre las diferencias entre mujeres y hombres. Ábrete a la lectura plena de El rey Lear y comprenderás mejor los orígenes de lo que conoces como patriarcado. En definitiva leemos –algo en lo que concuerdan Bacon, Johnson y Emerson- para fortalecer nuestra personalidad y averiguar cuáles son sus auténticos intereses. Este proceso de maduración y aprendizaje nos hace sentir placer, y ello es la causa de que los moralistas sociales, de Platón a nuestros actuales puritanos de campus universitario, siempre hayan reprobado los valores estéticos. Sin duda, los placeres de la lectura son más egoístas que sociales. No se puede mejorar de forma directa la vida de nadie leyendo mejor o más profundamente. No puedo por menos que sentirme escéptico ante la tradicional esperanza de la sociedad, que da por sentado que el crecimiento de la imaginación individual ha de conllevar inevitablemente una mayor preocupación por los demás, y pongo en cuarentena toda argumentación que relacione los placeres de la lectura personal con el bien común. Lo triste de la lectura que se realiza por motivos profesionales es que sólo raras veces se revive el placer de leer que se sintió en la juventud, cuando los libros eran un deleite hazlittiano. La manera en que leemos hoy depende en parte de nuestra distancia interior o exterior de las universidades, donde la lectura apenas se enseña como placer, en cualquiera de los sentidos profundos de la estética del placer. Abrirse a una confrontación directa con Shakespeare en sus momentos más contundentes, por ejemplo en El rey Lear, nunca es un placer fácil, ni en la juventud ni en la vejez, y, sin embargo, no leer El rey Lear plenamente (es decir, sin expectativas ideológicas) es ser objeto de fraude cognoscitivo y estético. La niñez pasada en gran medida mirando la televisión se proyecta en una adolescencia frente al ordenador, y la universidad recibe a un estudiante difícilmente capaz de acoger la sugerencia de que debemos soportar tanto el haber nacido como el tener que morir; es decir, de madurar. La lectura resulta incapaz de fortalecer su personalidad, que, por consiguiente, no madura. Esta situación sólo se puede solucionar recurriendo a alguna versión del elitismo y, por buenas o malas razones, en nuestra época esto es inaceptable. Todavía hay en todas partes, aun en las universidades, quienes practican la lectura personal, jóvenes y viejos. Si existe en nuestra época una función de la crítica, será la de dirigirse a esos lectores que leen por sí mismos y no por unos intereses que, supuestamente, trascienden la propia personalidad. En la literatura como en la vida, el mérito está muy relacionado con lo idiosincrásico, con esas superfluidades que hacen que empiece a captarse el sentido de lo escrito. No es casual que los historicistas -críticos que creen que todos estamos inexorablemente condicionados por la historia de la sociedad- consideren que los personajes literarios son meros signos en una página. Si no pensamos por nosotros mismos, Hamlet ni siquiera será un caso clínico. Así pues, voy a enunciar el primer principio, a fin de renovar la manera en que leemos hoy, un principio que me apropio de Samuel Johnson: Límpiate la mente de tópicos. El diccionario nos dice que los tópicos o lugares comunes son fórmulas o clichés convertidos en esquemas formales o conceptuales. Dado que las universidades han potenciado expresiones como "sexo y sexualidad" o "multiculturalismo", la admonición de Johnson se convierte en: Límpiate la mente de tópicos pseudointelectuales. Una cultura universitaria en que la apreciación de la ropa interior de las mujeres victorianas sustituye a la apreciación de Charles Dickens y Robert Browning recuerda las vitriólicas sátiras de Nathanael West, pero no es más que la norma.Una consecuencia involuntaria de esa «poética cultural» es que no puede surgir un nuevo Nathanael West, pues semejante cultura universitaria no podría soportar la parodia. Los poemas de nuestra tradicción cultural han sido reemplazados por la ropa interior que cubre el cuerpo de nuestra cultura. Nuestros nuevos materialistas nos dicen que han cuperado el cuerpo para el historicismo y afirman obrar en nombre del principio de realidad. La vida de la mente será aniquilada por la muerte del cuerpo, pero para esto poco se necesitan los hurras de una secta pseudointelectual. Límpiate la mente de tópicos conduce al segundo principio de renovación de la lectura: No trates de mejorar a tu vecino ni a tu ciudad con lo que lees ni por el modo en que lo lees. El fortalecimiento de la propia personalidad es ya un proyecto considerable para la mente y el espíritu de cada cual: no existe una ética de la lectura. Hasta que haya purgado su ignorancia primordial, la mente no debería salir de casa; las excursiones prematuras al activismo tienen su encanto, pero consumen tiempo, que forzosamente se restará a la lectura. El historicismo, tanto orientado al pasado como al presente, es una especie de idolatría, una devoción obsesiva a lo puramente temporal. Leamos, entonces, iluminados por esa luz interior que celebró John Milton y Emerson adoptó como principio de lectura. Principio que bien puede ser el tercero de los nuestros: El intelectual es una vela que iluminará la voluntad y los anhelos de todos los hombres. Olvidando tal vez la fuente, Wallace Stevens escribió maravillosas variaciones de esta metáfora; pero la frase emersoniana original articula con mayor claridad el tercer principio de la lectura. No hay por qué temer que la libertad que confiere el desarrollo como lector sea egoísta porque, si uno llega a ser un lector como es debido, la respuesta a su labor lo confirmará como iluminación de los demás. Cuando leo las cartas de desconocidos que he recibido en los últimos siete u ocho años, por lo general me conmuevo tanto que no puedo responderlas. Su páthos, para mí, radica en que a menudo dejan traslucir un ansia de estudios literarios canónicos que las universidades desdeñan satisfacer. Emerson dijo que la sociedad no puede prescindir de las mujeres y los hombres cultivados, y proféticamente agregó: «El hogar del escritor no es la universidad sino el pueblo». Se refería a los escritores grandes, a los hombres y mujeres representativos, es decir, que sirven de ejemplo y de modelo. La función -olvidada en gran medida- de una educación universitaria quedó captada para siempre en «El intelectual americano», discurso en el que, acerca de los deberes del intelectual, Emerson dice: «Pueden considerarse parte de la confianza en uno mismo». Tomo de Emerson mi cuarto principio de la lectura: Para leer bien hay que ser un inventor. A la «lectura creativa», en el sentido de Emerson, la llamé en cierta ocasión «mala lectura», expresión que persuadió a mis oponentes de que padecía de dislexia voluntaria. La inanidad o la vaciedad que perciben cuando leen un poema sólo está en sus ojos. La confianza en sí mismo no es un don ni un atributo, sino una especie de segundo nacimiento de la mente, y no sobreviene sin años de lectura profunda. En estética no hay patrones absolutos. Si alguien desea sostener que el ascendiente de Shakespeare fue un producto del colonialismo, ¿quién se molestará en refutarlo? Al cabo de cuatro siglos Shakespeare nos impregna más que nunca; lo representarán en al estratosfera y en otros mundos, si llegamos hasta allí. No se trata de una conspiración de la cultura occidental; contiene todos los principios de la lectura y es mi piedra de toque a lo largo de este libro. Borges atribuyó el carácter universal de Shakespeare a su aparente falta de egoísmo, pero esta cualidad no es más que una metáfora para indicar que aquello que realmente distingue a Shakespeare, que es, en definitiva, una tremenda capacidad de comprensión. Con frecuencia, aunqueno siempre nos demos cuenta, leemos en busca de una mente más original que la nuestra. Como la ideología, sobre todo en sus versiones más superficiales, es especialmente nociva para la capacidad de captar y apreciar la ironía, sugiero que nuestro quinto principio para la renovación de la lectura sea la recuperación de lo irónico. Pensemos en la inagotable ironía de Hamlet, que casi invariablemente cuando dice una cosa quiere decir otra, a menudo diametralmente opuesta. Pero, al enunciar el quinto principio –la postrada esperanza de recuperar la ironía–, me siento próximo a la desesperación, porque enseñar a alguien a ser irónico es tan difícil como instruirlo para que desarrolle plenamente su personalidad. Y, sin embargo, la pérdida de la ironía es la muerte de la lectura y de lo que nuestras naturalezas tienen de civilizado. Anduve de tabla en tabla con paso lento y prudente. Sentía en derredor las estrellas, en torno a mis pies el mar. Sabía que quizá la siguiente fuera la pisada final. Y anduve con ese precario paso que algunos llaman experiencia. Mujeres y hombres pueden caminar de maneras diferentes, pero, a menos que nos disciplinen, todos tenemos un paso en cierto modo individual. Difícilmente puede comprenderse a Dickinson, maestra de lo sublime precario, si no se aprecia su ironía. Va andando por el único sendero disponible, «de tabla en tabla»; irónicamente, no obstante, la lenta cautela se yuxtapone a un titanismo que le hace que siente «en derredor las estrellas», aunque tenga los pies casi en el mar. El hecho de ignorar si el paso siguiente será la «la pisada final» le confiere ese «precario paso» al que no da nombre, aunque «algunos lo llaman experiencia». Dickinson había leído "Experiencia", el ensayo de Emerson -una pieza culminante, muy al modo en que «De la experiencia» lo fuera para Montaigne, su maestro- y su ironía es una respuesta amable al planteamiento inicial de Emerson: «¿Dónde nos encontramos? En una serie de acontecimientos cuyos extremos desconocemos y que, según creemos, no los tiene». Para Dickinson el extremo es ignorar si el paso siguiente será la pisada final. «¡Si alguno de nosotros supiera qué estamos haciendo, o hacia dónde vamos, sería mejor que no nos lo dijera!» La consiguiente imagen poética de Emerson difiere de la de Dickinson en temperamento o, como dice ella, en la manera de asumirla. En el dominio de la experiencia de Emerson «todas las cosas se difimunan y destellan», y su ironía genial es muy diferente de la ironía de la precariedad de Dickinson. Con todo, los dos son sinceros, y en los efectos rivales de sus respectivas ironías ambos perviven. Al final del sendero de la ironía perdida hay una pisada final, más allá de la cual el valor literario será irrecuperable. La ironía es sólo una metáfora, y es difícil que la de una edad literaria lo sea también de otra; no obstante, sin un renacimiento del sentido irónico no sólo se habrá perdido lo que llamamos «literatura de invención» sino bastante más. Ya parece haberse perdido Thomas Mann, el más irónico de los grandes escritores del siglo XX. Se han publicado nuevas biografías suyas preocupadas, sobre todo, por probar su supuesta homosexualidad, como si la única forma de demostrar que aún tiene cierto interés para nosotros fuera certificar su condición de gay y darle así un lugar en los planes de estudios universitarios. De hecho, es lo mismo que estudiar a Shakespeare fundamentalmente por su supuesta bisexualidad; los caprichos del contrapuritanismo vigente se diría que no tienen límite. Aunque las ironías de Shakespeare, como cabe esperar de él, son las más amplias y dialécticas de la literatura occidental, no siempre nos transmiten las pasiones de sus personajes a causa de la vastedad e intensidad de sus registros emocionales. Por consiguiente, sobrevivirá a nuestra época: perderemos sus ironías, pero nos quedará el resto de su obra. Sin embargo, en el caso de Thomas Mann todas las emociones, narrativas o dramáticas, nos son transmitidas mediante un irónico esteticismo; de ahí que dar una clase sobre La muerte en Venecia o Unordnung und frühes Leid a la mayor parte de los estudiantes de nuestras universidades, incluso a los más dotados, sea una tarea casi imposible. Cuando los autores son dejados en el olvido por la historia, decimos acertadamente que sus obras son «propias de su época», pero creo que nos encontramos ante un fenómeno muy diferente cuando la causa de que hayan sido olvidados es la ideología historicista. La ironía exige una amplia dosis de atención y la capacidad de albergar mentalmente en un momento dado doctrinas antitéticas, o que incluso choquen entre sí. Si la lectura es despojada de la ironía, pierde inmediatamente su carácter disciplinar y su capacidad de sorprender. Pregúntate qué es aquello que sientes próximo a ti, aquello que puedes usar para sopesar y meditar, y lo más probable es que te respondas: la ironía, incluso si muchos de tus maestros no saben qué es ni dónde encontrarla. La ironía limpiará tu mente de los tópicos pseudointelectuales de los ideólogos y te ayudará a ser un intelectual que ilumine a los demás como una vela. Cuando uno ronda los setenta, le apetece tan poco leer mal como vivir mal, porque el tiempo transcurre implacable. No sé si Dios o la naturaleza tienen derecho a exigir nuestra muerte, aunque es ley de vida que llegue nuestra hora, pero estoy seguro de que nada ni nadie, cualquiera que sea el colectivo que pretenda representar o intente promocionar, puede exigir de nosotros la mediocridad. Como durante medio siglo mi lector ideal ha sido Samuel Johnson, reproduzco mi pasaje favorito del prefacio con que encabecé su edición de las obras teatrales de Shakespeare: Éste es, pues, el mérito de Shakespeare: que sus dramas son el espejo de la vida; que aquel cuya mente ha quedado enmarañada siguiendo a los fantasmas alzados ante él por otros escritores pueda curarse de sus éxtasis delirantes leyendo sentimientos humanos en lenguaje humano, mediante escenas que permitirían a un ermitaño formarse una opinión de los asuntos del mundo y a un confesor predecir el curso de las pasiones. Para leer sentimientos humanos en lenguaje humano hay que ser capaz de leer humanamente, con todo el ser. Tengamos las convicciones que tengamos, somos algo más que una ideología; y Shakespeare tanto más nos habla cuanto mayor es la parte de nosotros que somos capaces de llevar hasta él. En otras palabras: Shakespeare nos lee mejor de lo que podemos leerlo, aun después de habernos limpiado la mente de tópicos. No ha habido antes ni después de él otro escritor con semejante dominio de la perspectiva, ni que desborde tanto cualquier contextualización que se imponga a sus obras. Johnson, que percibió esto de modo admirable, nos exhorta a permitir que Shakespeare nos cure de nuestros «éxtasis delirantes». Permítaseme ir más allá de Johnson y hacer hincapié en que debemos reconocer los fantasmas que exorcizará la lectura profunda de Shakespeare. Uno de ellos es la muerte del autor; otro es el aserto de que tener personalidad propia es una ficción; otro más, la opinión de que los personajes literarios y dramáticos son signos en una página. Un cuarto fantasma, y el más pernicioso, es que el lenguaje piensa por nosotros. En cualquier caso, al fin el amor por Johnson y por la lectura me aparta de la polémica para llevarme a la alabanza de las muchas personas capaces de leer de forma personal con las que me voy encontrando, tanto en el aula como en los mensajes que recibo. Leemos a Shakespeare, Dante, Chaucer, Cervantes, Dickens y demás escritores de su categoría porque la vida que describen es de tamaño mayor que el natural. En términos pragmáticos, se han convertido en la verdadera bendición, entendida en el más puro sentido judío de «vida más plena en un tiempo sin límites». Leemos de manera personal por razones variadas, la mayoría de ellas familiares: porque no podemos conocer a fondo a toda la gente que quisiéramos; porque necesitamos conocernos mejor; porque sentimos necesidad de conocer cómo somos, cómo son los demás y cómo son las cosas. Sin embargo, el motivo más fuerte y auténtico para la lectura personal del tan maltratado canon es la búsqueda de un placer difícil. Yo no patrocino precisamente una erótica de la lectura, y pienso que «dificultad placentera» es una definición plausible de lo sublime; pero depende de cada lector el que encuentre un placer todavía mayor. Hay una versión de lo sublime para cada lector, la cual es, en mi opinión, la única trascendencia que nos es posible alcanzar en esta vida, si se exceptúa la trascendencia todavía más precaria de lo que llamamos «enamorarse». Hago un llamamiento a que descubramos aquello que nos es realmente cercano y podemos utilizar para sopesar y reflexionar. A leer profundamente, ni para creer, ni para contradecir, sino para aprender a participar de esa naturaleza única que escribe y lee. A limpiarnos la mente de tópicos, no importa qué idealismo afirmen representar. Sólo se puede leer para iluminarse uno mismo: no es posible encender una vela que dé luz a alguien más. "No leíste nada, mirá qué mal que me pongo... Señor pelmazo" ¡Unite a la comunidad LiberArte! Post dedicado a @DWARVEN22 y a las pocas personas que intentan que Taringa no sea sólo mierda.

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Fontanarrosa: humor futbolero, cultural y político
Fontanarrosa: humor futbolero, cultural y político
HumorporAnónimo3/30/2011

¡Hola a Todos! En primer lugar quiero decirles que este es mi primer post (Y lo he ampliado con nuevos chistes de Fútbol, Chistes de Cultura y Política) y, por ese motivo, no pretendo que sea perfecto e impecable. Simplemente quiero compartir con Ustedes el humor de un gran tipo como fué Roberto Fontanarrosa. Si pensamos en "Inteligencia colectiva", no podemos dejar de lado a unos de los más grandes humoristas Argentinos. Para quienes no conocen mucho de "El negro" aquí les dejo una pequeña reseña antes de ver sus ilustraciones. Roberto Fontanarrosa nació en la ciudad de Rosario (Argentina), en 1944. Su carrera comenzó como dibujante humorístico, destacándose rápidamente por su calidad y por la rapidez y seguridad con que ejecutaba sus dibujos. Estas cualidades hicieron que su producción gráfica fuera copiosa. Entre sus personajes más conocidos están el matón Boogie El Aceitoso y el gaucho Inodoro Pereyra (con su perro Mendieta). Su fama trascendió las fronteras de Argentina. Por ejemplo, Boogie, el aceitoso empezó a publicarse en un diario de Colombia, y luego fue publicado muchos años por el semanario mexicano Proceso. Se le conocía su gusto por el fútbol, deporte al cual le dedicó varias de sus obras. El cuento 19 de diciembre de 1971 es un clásico de la literatura futbolística argentina. Como buen «futbolero» siempre mostró su simpatía por el equipo al que seguía desde pequeño, Rosario Central. En los años setenta y ochenta, se lo podía encontrar tomándose un café en sus ratos libres en el bar El Cairo (esquina de calles Santa Fe y Sarmiento), sentado a la metafórica «mesa de los galanes», escenario de muchos de sus mejores cuentos. Desde los años noventa, la mesa se mudó al bar La Sede hasta la reapertura de El Cairo. Fue expositor en el III Congreso de la Lengua Española que se desarrolló en Rosario (Argentina), el 20 de noviembre de 2004. En el mismo dio la charla titulada «Sobre las malas palabras». El 19 de julio de 2007, a la edad de 62 años, decidió seguir viendo su amado fútbol desde un poco más arriba que la platea alta. Ahora sí un poco de su humor: De "Fontanarrosa de Penal": De "El fútbol es sagrado": Y como "Yapa" Algunos chistes sobre Cultura... Y Política “De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro” R. Fontanarrosa Fuente http://www.negrofontanarrosa.com Eso es todo por ahora, espero que lo hayan disfrutado. Abrazo de gol y espero comenten.

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Peronismo y literatura. La prosa plebeya.
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/17/2015

Disculpe T! por los daños que pudiera ocasionar el post. Sé que viola de manera flagrante el nuevo espíritu de esta comunidad. Peronismo y literatura. La prosa plebeya Por Rodolfo Edwards Si el antiperonismo literario manifiesta a las más prestigiosas plumas argentinas del siglo XX, su contracara ofrece la prosa afiebrada de un puñado de ensayistas, poetas populares y la pluma de Marechal. ¿Existe la literatura peronista y antiperonista?, se pregunta en este ensayo Rodolfo Edwards, autor de “Con el bombo y la palabra”. Oigo el bastón de Borges que se acerca y se dirige vacilante hacia el sur. Le perdono a él que sabe tanto lo que ignora con odio de nosotros. Hugo Caamaño - Una vez le preguntaron a Keith Richards, el guitarrista de los Rolling Stones, si tuvo problemas con las drogas, a lo que respondió que él nunca tuvo problemas con las drogas; en todo caso había tenido problemas con la policía. La literatura argentina tiene problemas con el peronismo. Para buena parte del campo literario, el peronismo aparece como la fuente de todos los males y deformidades estéticas y políticas. Cuando se toma el peronismo como tópico, la mayoría de los escritores argentinos no pueden evitar recurrir a la parodia, a la cachada, al grotesco, como única manera posible de contarlo.Esto devela un síntoma: la incomodidad que provoca en cierta parte de la la cultura el movimiento fundado por Juan Domingo Perón. Ese humor que despierta el fenómeno peronista se manifiesta generalmente de manera racista, denigrante y perversa. Abundan los ejemplos. A lo largo de casi 70 años, desde el 17 de octubre de 1945, la cadena de producción de literatura reactiva al peronismo no se ha interrumpido. Basta abrir cualquier suplemento cultural dominguero, para toparse con alguna reseña de un nuevo libro sobre peronismo. Esas novedades respetan y continúan, casi en su totalidad, las líneas antes citadas.Parodistas de toda laya se han ocupado del peronismo, poniendo el foco en la descripción de sus ritos carnavalescos, en su irrefrenable propensión al caos y a la violencia. “Las grandes líneas de representación de ese mundo antagónico han sido tradicionalmente la paranoia o la parodia. El pánico y la burla”(1), afirma Ricardo Piglia refiriéndose al modo en que representan la “otredad” las elites culturales y también algunos plebeyos, seducidos por aquellas, ilusionados con mudarse de clase. La irrupción del peronismo en la vida política argentina representó una intrusión para las conformaciones ideológicas tradicionales, casi un acto de piratería. La figura de Perón se tornó melindrosa e indiscernible, constituyéndose en un epítome de la antipolítica que sumió en un estado de azoramiento tanto al campo político como al cultural. Este desasosiego continúa hasta el presente y se prolonga sobre las más recientes encarnaciones del peronismo. El acta fundacional del antiperonismo literario se firmó el 24 de noviembre de 1947 en Pujato, una localidad situada al sur de la Provincia de Santa Fe, en el Departamento de San Lorenzo, de donde era natural Honorio Bustos Domecq, el heterónimo que inventaron Borges y Bioy cuando eran escritores siameses. El relato de Bustos Domecq se llamó “La fiesta del monstruo” y con el tiempo se constituiría en el molde más añejo para representar al peronismo. El narrador del cuento es un partidario de “El Monstruo” que remite claramente al estereotipo de un “peronista” en el imaginario que Borges y Bioy Casares cincelan como orfebres con todos los lugares comunes de la reacción antiperonista: el personaje es feo, sucio y malo y se expresa en un lunfardo distorsionado donde las palabras se entrechocan entre sí, dejando sentidos incompletos, entre expresiones guturales que develan una personalidad intermedia entre el animal y el hombre. La acción transcurre durante un viaje de una patota desde la ciudad de Tolosa hasta Plaza de Mayo, donde van a ver a “El Monstruo (Perón)”, en el camino comenten todo tipo de pillerías y desmanes. Y para ponerle el moño a “La fiesta del monstruo”, los esbirros de “El Monstruo”, asesinan a un estudiante judío: el formato estaba completo. Mucha agua ha corrido bajo el puente, agua oscurecida por tanta sangre derramada.No hay que olvidar que el peronismo tiene más de tragedia que de comedia; en su rica historia los años felices fueron deshechos por las zarpas del horror, por el imperio de la venganza, el odio y el rencor. La conspiración contra los gobiernos populares ha sido un gesto que se ha repetido cíclicamente en la historia argentina y la literatura no ha sido ajena a este impulso reactivo. De hecho “La fiesta del monstruo” se escribió bajo los parámetros de un texto destituyente. Bajo el aparente tono jocoso y su clima de picaresca porteña, se esconde un panfleto de alta densidad simbólica. Alegatos, maldiciones, descabelladas paranoias, ficciones góticas y las variables más abstrusas del género fantástico, hacen de la escritura antiperonista una galería de iniquidades, un pandemónium que sólo puede ser exorcizado, recurriendo a la farsa, el humor negro y la parodia. El peronismo no tiene problemas con la literatura argentina, en todo caso sus problemas pasan por otro lado: sus feroces internas, sus oscilaciones ideológicas, su estado de ebullición permanente, el minutero del que los peronistas se aferran tratando de detener el tiempo, para vivir suspendidos en un eterno presente. Hedonistas, pantagruélicos, carnales, humanos, demasiado humanos, los peronistas se expanden por el territorio nacional hasta ocuparlo casi todo. Ese vértigo es clave para comprender el ethos peronista.Para sus detractores, el peronismo sigue siendo la causa de todos los males del país, es un cáncer que hay que extirpar del cuerpo enfermo de la Nación para que de una buena vez ingresemos en el concierto de los pueblos civilizados. De esta angustia provocada por la hegemonía y la autosuficiencia peronista, da cuenta ¿Qué es esto?, la demencial catilinaria de Ezequiel Martínez Estrada que se transformó en otra de las naves insignias del antiperonismo literario. El peronismo alteró mentalmente a Martínez Estrada, a tal punto que trasladó esta afección psíquica a su cuerpo: durante esos años, padeció una grave enfermedad cutánea que sólo se curó con la caída del peronismo en 1955. “El pueblo miserable de descamisados y grasitas tendrá por el ídolo el mismo acrecentado fervor que tuvo por Rosas, porque ese desdichado pueblo ha perdido el respeto y, si no lo tuvo nunca, la superstición por los valores de una auténtica cultura y de una auténtica civilización. Cuanto más se le demuestre que Perón ha sido una ponzoña que aún beberán los nietos de nuestros nietos, más se adherirá a él como represalia contra una exigencia de vida superior que le impone no sólo el trabajo honrado sino la conducta correcta. Seguirá amando a quien encubrió la holgazanería con la palabra y la escenografía del trabajo y al que confundió justicia social con bandolorerismo”(2), maldice Martínez Estrada, el profeta desdichado. No caben dudas de que existe una literatura antiperonista pero ¿existe una literatura peronista? Es la pregunta del millón. Mientras que en el antiperonismo literario revistan las plumas argentinas más prestigiosas del siglo XX, el peronismo pone sobre el tapete la prosa afiebrada de un puñado de ensayistas (Arturo Jauretche, John Wiliam Cooke, Raúl Scalabrini Ortiz, Juan José Hernández Arregui), sus inspirados poetas populares (Enrique Santos Discépolo, Cátulo Castillo, Homero Manzi) y la prosa extraordinaria de Leopoldo Marechal. La escritura peronista está hecha de interferencias e intercambios entre la voz y la letra, aparece como un caldo espeso y humeante donde se maceran una sociología plebeya, la poesía épica, los documentos de la resistencia, discursos, entrevistas, chicanas, cintas magnetofónicas, cuadernillos clandestinos, folletines involuntarios. A la hora de escribirse, el peronismo se insubordina a la literatura, se va al pasto, acelera a contramano de los relatos canónicos. Busca una vía de escape, eterno exiliado de la cultura libresca, de los palacios del saber. Pero todo esto resulta poco para contrarrestar y hacer frente a la avalancha de palabras que los “contreras” derramaron como ácido sulfúrico sobre el corpus de la literatura argentina. Basta revisar la lista de libros publicados en estos tiempos para corroborar mi aserto: la cantidad de papel y tinta que se invierte para denostar al peronismo no deja de ser un hecho sorprendente. Esta “inflamación” bibliográfica no hace otra cosa que continuar esa tradición inaugurada por Borges y Martínez Estrada que, con sus ficciones y ensayos, diseñaron una matriz que se replicaría en todas las generaciones literarias hasta el presente.Como si existiese una conjura tácita, en estos textos se revela una voluntad de convertir al peronismo en un artefacto cultural inofensivo, un sainete de sindicalistas calzados, mujeres alteradas ysimpáticos artistas de variedades; se disciplinan así al mandato borgiano enunciado en “El simulacro”, aquel breve relato publicado en El Hacedor, donde Borges implanta la idea del peronismo como un hecho fantástico, un artilugio, un “engaña pichanga” sin catadura real, remitiéndose a la idea barroca del teatro dentro del teatro, de los dobles fondos escénicos y la proliferación imaginaria, marcada por la superposición de distintos planos visuales que involucran al espectador en una ilusión. El trompe-l’œil no es otra cosa que una “trampa”, un engaño. Perón trasladó estos métodos teatrales a la política, en la concepción de Borges. “La historia es increíble pero ocurrió y acaso no una vez sino muchas, con distintos actores y con diferencias locales. En ella está la cifra perfecta de una época irreal y es como el reflejo de un sueño o como aquel drama en el drama, que se ve en Hamlet”(3). El “simulacro” al que alude Borges en su cuento es la puesta en escena del velorio de Evita por parte de un habitante de un pueblo del Chaco “alto, flaco, aindiado, con cara inexpresiva de opa o de máscara; la gente lo trataba con deferencia, no por él sino por lo que representaba o ya era.”(4) Borges había desarrollado esta idea antes, en “L’illusion comique”, uno de los panfletos que se publicaron en el número 237 de noviembre/diciembre de 1955, escrito con el cadáver todavía caliente del peronismo masacrado. En este texto, que no tiene desperdicio, Borges se despacha con una retahíla de frases de antología que ayudaron a cimentar el imaginario gorila. “Fábulas para consumo de patanes”, “litérature pour concierges”, “bandas de partidarios apoyados por la policía empapelaron la ciudad con retratos del dictador y de su mujer”, vocifera un Borges ganado por la hybris, mientras se ponía primero en la fila para tirar la primera palada de tierra sobre el ataúd del peronismo: “Básteme denunciar la ambigüedad de las ficciones del abolido régimen, que no podían ser creídas y eran creídas”. El ataque de Borges no sólo va dirigido hacia Perón y sus secuaces, también se extiende hacia los seguidores de un movimiento al que adhirieron irracionalmente, sin reflexión alguna. En libros de edición reciente podemos encontrar varios ejemplos de una continuidad de la tradición inaugurada por Borges: el texto de réplica al peronismo. En El simulacro. Por qué el kirchnerismo es reaccionario, Alejandro Katz profundiza la idea de Borges, analizando con instrumental quirúrgico los puntos ciegos del kirchnerismo, al que también considera un movimiento construido a partir de la mentira: “El kirchnerismo ha hecho de la mentira un arte: miente las biografías de sus líderes, miente las estadísticas públicas, miente en sus intenciones y en sus hechos, en las obras inexistentes que inaugura dos veces, en las cifras que dan cuenta de la pobreza y en el costo de alimentarse siendo pobre. El kirchnerismo, principalmente miente”.(5) Katz finalmente se pregunta: “¿Por qué, entonces, un gobierno cuyo discurso es puro bullshit persuade a tanta gente para que lo vote? (…) El simulacro sirve al poder como un almacén de coartadas al que sus votantes acuden para elegir los argumentos que justifican su decisión”(6) Quizá Borges se preguntaría lo mismo. Este menosprecio hacia las costumbres y decisiones de las clases populares alcanza niveles de paroxismo en el relato “Las puertas del cielo”, publicado en 1951, donde su autor, Julio Cortázar, expresa en forma explícita, casi pornográfica, la reacción clasista antes los “intrusos” que se desparramaban por cafetines y bailantas, por estadios, cines y teatros, por románticos paseos arbolados y elegantes avenidas. Esos espacios de sociabilidad de las clases medias porteñas se veían corrompidos y vejados por migrantes internos de cabellos renegridos que, en la representación cortazariana, se parecen a una nube de moscas oscureciendo el cielo, una plaga de cuerpos deformes, una invasión zombie: “Asoman con las once de la noche, bajan de regiones vagas de la ciudad, pausados y seguros, de uno o de a dos, las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes, apretados en trajes a cuadros o negros, el pelo duro peinado con fatiga, brillantina en gotitas contra los reflejos azules y rosa, la mujeres con enormes peinados altos que las hace más enanas, peinados duros y difíciles de los que les queda el cansancio y el orgullo” (7) También en su novela El examen (escrita en 1950) publicada post mortem), el narradorinsiste con representaciones despectivas de las clases bajas: “Esto es cosa de la piel y la sangre. Te voy a decir una cosa horrible, cronista. Te voy a decir que cada vez que veo un pelo lacio, unos ojos alargados, una piel oscura, una tonada provinciana, me da asco. Y cada vez que veo un ejemplar de hortera porteño, me da asco. Y las catitas, me dan asco. Y esos empleados inconfundibles, esos productos de ciudad con su jopo y su elegancia de mierda y sus silbidos por la calle, me dan asco”. En su novela Los años despiadados, David Viñas describe a los peronistas como depravados dispuestos a cometer todo tipo de actos violentos; unos adolescentes, hijos de obreros peronistas, violan a un niño de clase mediadespués de juzgarlo culpable de arrancar de una pared un cartel de propaganda peronista: “Era inútil. Había que dejar. Dejarse. Sería mejor. -¿Está listo? -Sí. -¿La sacaste? -¡Viva Perón! -Te pregunté si la sacaste… Colosimo se sonrío apenas: -Sí –jadeó. -¡Dale colorado! ¡Metésela bien!(8) Viñas describe una Buenos Aires, de los años del primer peronismo, sombría y apocalíptica: “Todo estaba liquidado: esas casas destruidas, esa calle. En realidad, toda la ciudad estaba así. Liquidada y achatándose bajo ese sol aceitoso”(9). Compárese este paisaje que pinta Viñas con lo que Alejandro Katz ve hoy: “La mirada aprende entonces a posarse de otro modo, y se topa con el deterioro un poco en todos lados: en las calles, en los edificios públicos, en los juegos infantiles de las plazas y parques, en los canteros y en los semáforos, en las señales de tránsito (…) Infraestructuras y servicios corroídos, dañados, abandonados. Los restos”(10) Katzrecurre al psicólogo Adam Galinsky para explicar ciertas patologías de quienes detentan el poder: “Los poderosos –escribe Galinsky- son más propensos a engañar y a quebrar las reglas, incluso las que ellos mismos han establecido. Quien detenta el poder se siente psicológicamente invisible. Así, liberado de la mirada de los otros, hace lo que le da la gana”. En su relato “Casandra”, J.R. Wilcock representa a Evita como un golem funesto y asesino, una autómata que detenta el poder absoluto en el “Arcontado de Entretenimientos”. “Casandra” se emparienta con “La Compañía” que detentaba la suma del poder público en el cuento “La lotería de Babilonia” de Borges. Casandra dispone a piaceredel destino de los ciudadanos. Manipuladora, caprichosa y demente, es capaz de cambiar de decisión de un instante a otro, sin dar ningún tipo de explicaciones: “Un ejemplo que todos conocen es el de las bufandas: de pronto, Casandra ve a un suplicante de bufanda colorada; exclama: “¡Qué linda bufanda!”, y ordena que entreguen una suma fabulosa de dinero al elegante. Corre la voz, hombres y mujeres se presentan ante ella sofocados de bufandas coloradas, pero sin éxito; el primero pierde las uñas, la segunda las cejas, el tercero un diente; después de un tiempo, se sabe que Casandra ha declarado en una conferencia de prensa que aborrece las bufandas, que odia el colorado; y el furor de las bufandas pasa, como pasan todos los furores que Casandra suscita, hasta que la historia se repite con un zapato o con un anillo”(11). “Las dos muñecas” de César Aira, también muestra la manipulación que el peronismo ejerce sobre sus acólitos que se dejan embaucar por todo tipo de engaños, mostrando su ingenuidad y su escaso o nulo intelecto.Aira inaugura a Evita como bestia pop, la introduce en la dinámica de la producción serial: “En realidad, hecha una también se podían hacer diez, o veinte, o mil; pero se limitó a dos nada más porque con dos sus necesidades quedaban cubiertas, y le resultaba chocante tener un legión de réplicas”(12) La condena El peronismo parece haber condenado a estos escribas a arrastrar una piedra con forma de bombo, una y otra vez, por la ladera de una montaña de populismo.Cierto sector del campo cultural aún hoy no termina de digerir el peronismo. Fue como comerse un lechón de proporciones elefantiásicas durante muchísimos años y por más que se haya recurrido a sales efervescentes, curanderas del empacho o altas dosis de paracetamol, un malestar incómodo persiste en la boca del estómago. Sísifos, mordisquitos, salieris de Perón pueblan las mesas de novedades de las librerías, obstinados en luchar contra un godzilla que, hasta ahora, se mostró invencible e implacable. Las heridas del peronismo, sus muertos y sus catástrofes son tomados “para el churrete”, aprovechando los dispositivos literarios a mano y usándolos como coartada para disimular el objetivo primordial: deshacer el relato peronista. “El peronismo no resiste un chequeo. Basta rascar apenas el relato para que lo que aparece sea bastante distinto a lo que se creía. Allí donde se instaló en el imaginario social al 17 de octubre como una jornada épica, un antes y después definitivo, el pueblo como protagonista de la jornada que logró sacar de la cárcel al coronel de los trabajadores, lo que hubo fue una operación de Inteligencia con respaldo de la Policía Federal y la complicidad de la dictadura Farrell para evitar que la coalición que copó las calles un mes antes, el 19 de septiembre, desplazara al GOU del gobierno”(13), dice Silvia Mercado en un arrojado intento de destruir desde su raíz el relato peronista. En el mismo sentido se pronuncia el poeta Santiago Kovadloff en su manifiesto Las huellas del rencor. Meditaciones de una época autoritaria, refiriéndose a los años kirchneristas: “El desenfreno no se detiene ante nada. No perdona a nadie. Ni siquiera a quienes lo promueven. Son días implacables. El gobierno ya no disimula el efecto, en su propio cuerpo, de las desmesuras que practica. La expectativa social es abrumadora”(14) La Asociación de Desarrolladores de Videojuegos de Argentina (ADVA), organizó en 2012 un concurso para creadores. La temática elegida para ese año fue “Perón”, siendo la consigna la creación de un juego que incluyese algún tipo de referencia a la figura del famoso General. Una de las reglas del concurso rezaba: “puede ser a favor, en contra, neutral, ridículo, etc.” Los ganadores del concurso fueron los video juegos “The Rise and Fall of Mecha-Perón”, “Eva y Perón contra los gorilas” y “El Péndulo Peronauta”. En los tres juegos prevalece “lo rídiculo” y “lo en contra”: Evita y Perón son representados como personajes patéticos y absurdos, venales y corruptos. En uno de los juegos, un Perón gigantesco lucha encarnizadamente contra topo tipo de artillería aérea, disparando fuego por sus ojos y derribando a puñetazos todos los edificios que se cruzan a su paso. En la literatura argentina también se impone “lo ridículo” y “lo en contra”, a la hora de abordar la temática peronista. Con la producción de un nutrido grupo de autores, se podría hilvanar un largo rosario de textos que fueron publicados en distintos contextos históricos pero que configuran un mega relato común, como un profundo pozo donde se arrojan todos los desprecios y rechazos, ya que responden a una misma intencionalidad y se basan en los mismos presupuestos acerca del peronismo. Una hebra infinita recorre y une textos en el tiempo, atravesando estilos, géneros y capillas estéticas, donde el peronismo, salvo excepciones, aparece estigmatizado y humillado por parodias de distinto tenor. Algunos relatos se acoplan y complementan como módulos de un rompecabezas. El cadáver de Evita fue profanado por la Revolución Libertadora, lo que fue continuado simbólicamente en la literatura. El cuerpo de Evita fue trozado en infinidad de partes, hurgado hasta en sus zonas más íntimas. Fue armada y vuelta a desarmar, reducida a fetiche pop, a juguete de porno shop, a videofilia gorey snuff; fue arrojada como una Juana de Arco al fuego de ficciones herejes. “Esa mujer” de Rodolfo Walsh reconstruye el periplo de un cadáver/símbolo hasta llegar al grado cero de la vejación. Profanadores de tumbas, necrófilos literarios, no han dejado descansar a Eva Perón en paz, siguen proliferando como cuervos sobre la carroña y encimalos aplauden. La pieza teatral Eva Perón de Copi, “Evita vive” y “El cadáver de la Nación” de Néstor Perlongher, La carne de Evita de Daniel Guebel y La aventura de los bustos de Eva de Carlos Gamerro arman una serie pavorosa donde se mezclan la veneración y el escarnio, en un pacto literario que atrofia el mito popular hasta convertirlo en una caricatura bizarra. En “La señora muerta” de David Viñas, el protagonista “se levanta una mina” en medio de la fila del velorio de Evita, mientras que en “La cola” de Fogwill, el narrador asiste al velorio de Perón sin ningún tipo de compromiso partidario ni afectivo, tiene una mirada desapasionada sobre el evento: “Trato de comparar esta cola con mi vago recuerdo de la de Eva Perón. Yo entonces tenía diez años y no estuve presente, pero la vi filmada. Las imágenes de aquellos filmes se confunden en mi memoria con las del cuento que publicó David en tiempos de Aramburu”(15). El cuento de Viñas se funde con el de Fogwill, en una sola fila a la que se suman como convidados de piedra. En las últimas generaciones literarias, el peronismo sigue apareciendo como uno de los tópicos preferidos. Aunque la parodia se sigue imponiendo como la dinámica dominante para representar el peronismo, hay algunos autores que recuperan su potencialidad transgresora y vital, su afirmación identitaria de la cultura popular. El campito de Juan Diego Incardona y Choripán Social de Sebastián Pandolfelli van en ese sentido: el peronismo es la alegría de vivir, aunque vengan degollando. (1) Piglia, Ricardo, “Rozenmacher y la casa tomada”, en Revista Fierro, Nº 10, 1985. (2) Martínez Estrada, ¿Qué es esto? Catilinaria, Buenos Aires, Editorial Lautaro, 1956, pp. 55-56 (3) Borges, Jorge Luis, El hacedor, Buenos Aires, Emecé, 1960, p. 21. (4) Ibíd, p. 20. (5) Katz, Alejandro, El simulacro. Por qué el kirchnerismo es reaccionario, Buenos Aires, Planeta, p. 33. (6) Ibíd, p. 35. (7) Cortázar, Julio, Bestiario, Buenos Aires, Punto de Lectura, 2007, p.102. (8) Viñas, David, Los años despiadados, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1967, pp. 181-182. (9) Ibíd, p. 209. (10) Katz, Alejandro, ob. cit., p. 168. (11) Wilcock, Juan Rodolfo, El caos, Buenos Aires, Sudamericana, 1974. (12) Aira, César, La trompeta de mimbre, Rosario, Beatriz Viterbo, 1998. (13) Mercado, Silvia, El relato peronista. Porque la única verdad no siempre es la realidad, Buenos Aires, Planeta, 2015, p. 12. (14)Kovadloff, Santiago, Las huellas del rencor. Meditaciones de una época autoritaria, Buenos Aires, Emecé, 2015, p. 162. (15) Fogwill, Rodolfo, Música japonesa, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1982, p. 138.

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Carlos Páez Vilaró, además, arquitecto.
Carlos Páez Vilaró, además, arquitecto.
ArteporAnónimo10/9/2011

Hola gente de T! En el primer post dedicado a Páez Vilaró, les dije que se interesa por múltiples facetas del arte y les ofrecí sólo algunas de sus cientos de pinturas. En esta segunda entrega, quisiera mostrarles su fantástica obra arquitectónica; "Casapueblo". Se encuentra en Punta Ballena (Uruguay) y funciona como hotel, galería, e incluso, taller para el artista...A ver...Detalles...Algunas pocas de la galeria de arte que habita en sus entrañas...Algo más de información:Carlos Páez Vilaró heredó de su padre la pasión por construir, la obsesión por acercarse a la arquitectura jamás dejó de acompañarlo.Cuando tomó de un catálogo un modelo prefabricado de madera y lo reformó para lograr su primer casa-taller en Carrasco, Uruguay, sintió que comenzaba su amor por el oficio, De inmediato lo aprendido le sirvió para reciclar en la década del 50, una vieja torre de agua ubicada en Punta del Este donde hoy está el Hotel Conrad. Se trataba de un vetusto molino, que lo albergó varios años. Como era un bien municipal, un día lo obligaron a compartirlo con una radio y eso aceleró sus deseos de buscar un lugar frente al mar, donde pudiera realizar su obra lejos del ruido y con total independencia.Al descubrir el paisaje deslumbrante de Punta Ballena, se dio cuenta que allí levantaría su taller definitivo.Corría el año 1958 y la desolación del paisaje, sin árboles ni caminos trazados, sin luz y sin agua, no frenaron su proyecto. La construcción inicial fue una casilla de lata, donde almacenaba puertas, ventanas y materiales para su futura casa. Luego, con la ayuda de amigos, levantó "La Pionera", su primer atelier sobre los acantilados rocosos. Era de madera, que el mar traía los días de tormenta y que él mismo se encargaba de recoger con la ayuda de los pescadores. En 1960 empezó a cubrirla con cemento y así siguió creciendo, sumando habitaciones como vagones a una locomotora. Dejando resbalar su imaginación al ritmo de los movimientos de las diferentes capas de nivel de la montaña, logró una perfecta integración de la construcción con el paisaje, sin afectar su naturaleza. Sin darse cuenta, con su cuchara de albañil llegó hasta el mar.En todo momento se mantuvo en guerra abierta contra la línea y los ángulos rectos, tratando de humanizar su arquitectura, haciéndola más suave, con concepto de horno de pan.Modeló las paredes con sus propias manos. Valiéndose de guantes que creó con restos de cubiertas, logró que la casa impresionara por el vigor de la textura de su cáscara.Espontáneamente, Casapueblo sigue estirándose hacia el cielo y el mar. Sólo el vuelo de los pájaros podrían medir su dimensión. "Pido perdón a la arquitectura por mi libertad de hornero."Comentar es agradecer, pero no viceversa.Tapetum_Lucidum

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Miguel Oscar Menassa, poesía y pinturas.
Miguel Oscar Menassa, poesía y pinturas.
ArteporAnónimo5/6/2013

Hola gente de T! Este post tiene como objetivo compartir obras (tanto poesías como pinturas) de Miguel Oscar Menassa. Las mismas no tendrán ninguna clase de orden, simplemente estarán ahí de forma aleatoria para ser disfrutadas. POEMA CERO Perseguido por todos los universos más que satanás, distinto de dios enfriaré con mi maldad los fuegos sagrados del infierno y encenderé pasiones allí donde la luz del bien refleje en mi mirada. Diferente entre ángeles, superior entre demonios no tendré paz. LA GUERRA La guerra, hoy estuve pensando en los señores y la guerra. Y tengo que decirlo, aunque nadie lo crea, mil litros de sangre coagulada rompieron a llorar. El vientre de mi madre partido en mil pedazos, sus brazos, sus amores, sus nervios congelados. Mi padre, su mirada quebrada por el tiempo, mi padre muerto, podrido, agusanado y mis tristes hermanos y yo mismo, viviendo de silencios . La guerra, hoy estuve pensando en las señoras y la guerra. En mi pueblo nadie dormía bien, el corazón de la ciudad vivía alborotado. Las mujeres tejían por las noches trapos de sangre, los hombres murmuraban, urdían venganzas, se morían. Los más jóvenes vestían de luto permanentemente y los pequeños ángeles futuros morían antes de nacer y mis tristes hermanas y yo mismo, muriendo de silencios La guerra, esta vez, también, será con otros. Hablaré con las voces ocultas de la tierra, con aquellos muertos que fueron, totalmente, privados de su libertad. Hermosos muchachos, llenos de energías, muertos antes de tiempo. Soy esa grandiosa energía liberada, nadie podrá conmigo, soy un millón de muertos, el himno que la muerte reclama para sí, lo negro de lo negro, los brillos de lo negro, las esmeraldas de la muerte. RECUERDO EL AMOR Escribo con el dolor de escribir, envejezco, huyo al azar entre las letras y el tiempo se desploma en tu rostro. Ámbar y pedazos de cielos domesticados detienen en tus ojos la fragancia del ser. Escarbo detenidamente en tu mirada, busco por una antigua manía de buscar -en tu mirada- el solitario patio de mi infancia: el crudo malvón, las rosas al borde del calor extremo y la violencia del sol, sobre mi piel de niño y los narcisos. Magia de los calores en los países del sur. Rojas y locas, bocas sangrantes y perversas, amantes de los jugos y de la tierra resquebrajada por el sol, un amor a la antigua, al aire libre. Huyo en dirección contraria a las letras, detengo el porvenir. Abro de par en par con un tajo preciso -dueño de mi saber- mi cadáver actual: Mi pobre vida cotidiana. Extranjero, enmohecido el corazón, acostumbrándome a un sol a punto de extinguirse, sólo me queda, del tango, un asco contra todo, una violencia. En tu mirada el patio de mi infancia anochece. ELLA NO ES UNA MUJER, ELLA ES MI AMANTE Dueña de mi locura, mis besos, las últimas vergüenzas los últimos escalofríos del asco: mis dientes podridos y, además, el borde preciso de la noche, el silbido más alto Mi odio, celeste, abierto contra ella, mi amor, mi pequeño cuerpo enamorado, mi fiera mansa mi serás otra cada vez, mi cosa humana. Mi dueña, amante de mi pequeña beldad, dueña de mi casa como de mi luz. Ella es un claro desafío, una valiente manera de vivir Una cueva de ratas, una pasión, vientre animal, carne caliente de deseos. Una carne abierta, próxima al cielo, intemporal, sin ritmo, sólo ruido y misterio, silencios de los silencios y miseria. Un temblor sin fin, carne sin medida, muda y abierta, invitación para los ensueños. Carne que sólo canta con mi voz. Carne que sólo alcanza sus límites con mi nombre Carne desmesurada, sanguínea, empolvada de olores una especie de vida permanente. UN IMPOSIBLE LIBERTAD DIVINO TESORO Soy un hombre de ciudad, un hombre, condenado a vivir entre las piedras. Crecí entre el percal de los vestidos y las babas de una señora inalcanzable, la libertad. Crecí sin vida interior, en el pecho llevo un farol, pequeña, simple luz y escribo versos. En mi ciudad cuando mueren algunos, alguien canta, tenue luz, murmura por las noches una tristeza, un vendaval de furias, repetición donde la muerte tiene su palabra. De niño me dijeron que amáramos a Evita y Evita estaba muerta y yo la amé como se aman las sombras de la noche y entre sus brazos y las sombras seríamos millones. Un recuerdo: fue muerto por la espalda, mi primo, Miguel Ángel, como se mata a quien no se puede soportar la mirada. Cuando murió Miguel, mi primo hermano, tuve un dolor, una claridad definitiva y, sin embargo, al otro día amanecí cantando. Me fui quedando ciego, de ver morir, de mirar matar, de ver pasar a tanta gente indiferente. En los ojos tenía gotas de sangre, ardientes manchas de violencia en mis ojos. Un odio, un amor, una lejanía sobre todo. Bramidos ocres, quejidos de la bestia, destrozados por la ilusión de ser, por la ilusión de comerme las flores y tus ojos y las cosquillas en tus pies y mis feroces mordiscos en tu sexo, como si tu sexo fuera el fruto perdido del hombre aquel limón, aquella manzana inolvidable. La libertad se fue poniendo joyas, piedras preciosas entre sus blancas sedas y entre sus carnes, oro. Se fue tornando inaccesible monstruo de la lejanía y, entonces, fui creciendo entre las sombras y entre las sombras amé la libertad: fantasma acuático, alondra muerta para siempre, entre las pieles de vos, señora lejana, perdida libertad CARTA A MI PATRIA Todo está bien y todo está mal y no diré, como se decía antaño: un fuerte viento ha destruido nuestra razón y no diré: fuertes borrascas, se han llevado en su seno nevado el último amor Una tierra se descompone en el rumor alado de mi canto, en el rumor de una tempestad sin fin, un huracán que más que anunciar el porvenir nos recuerda despiadadamente el pasado. Entre las palabras que desollo vivas, están las de tu piel. Fragancia de limón entre los higos, pequeña fragancia de amor entre las enredaderas. Tajo de miel, tu sexo, abierto, verde y natural. Te enfrento en el fondo de tu mirada vacía -obrera sarcástica de los pastos- abro tu piel y sobre alguna herida sangrante de tu rostro una vía rápida y segura, entre tus venas dejo caer mis palabras, veneno mortal, gritos desmedidos sobre tu carne. Soy un hombre que morirá casi seguro en sus andanzas. Amante de los perfumes, la mujer, siempre me sobrecoge. Un día cualquiera como me pasaba de muchacho, escribiré un poema, encenderé la luz. Soles, estrellas fugaces y soles majestuosos, para que tu piel salte en pedazos. Pradera verde y natural, pradera infinita. Ojo descuartizado de américa-latina, pastos helados en plena primavera, bajo el sol, exactamente, bajo el sol, todos muertos. Esfera de cristal, banderita azul y blanca de mi pequeña patria muerta, sobre mi ojos, en pedazos de sol, tu cuerpo resucita. DEL MISMO REVÉS MIENTRAS ME MATAS MUERES Las cadenas que nos atan, nos atan a las mismas palabras. La ceguera es continua, permanente, una manera de decir, el hombre no existe. Vahos y alondras cantoras y pedazos de rubicundas rosas sobre la salobre ruina metabólica, urdiendo en su piel un afilado nido de serpientes. Manzanas y esta vez, naranjas y azahares en flor y plantas acuáticas, mi amor, mi pecado primero, aquella idea fugaz contra mí mismo. En mi pecho los frutos ácidos del otoño y manzanas y rosas y ásperos vinos para las gargantas desgarradas para los gritos: No quiero morir en el desierto, ni en alta mar, ni en las piedras donde el amor, desencajado, sucumbe. No quiero morir por el amor, ni por mi patria, ni por mi amada brutal, la poesía. DESPUÉS DE LA MUERTE En el refugio de la noche la vida se desplaza levemente Tan soberbio tan espectacular era el poema entre las sombras, que no me alcanzará para escribirlo, ni la mañana, ni la noche, ni el resto de mi vida. Navego como navegaron los grandes navegantes, a ciegas, con el pulso detenido por la emoción de cada instante, oliendo tierra firme en todas direcciones y así, otra vez el mar y el profundo cielo permanentemente. Vientos perfumados y peces enloquecidos por el hambre, festejan, la inminencia de un nuevo fracaso. Nadie ha de morir en ese olvido, surgen, fortalecidas, por el odio de seguir buscando, imprecaciones y blasfemias. Capitán del hastío, siempre buscando tierra firme, siempre encontrando abiertos mares y perfumes, cerrados océanos. Con la soberbia de un hombre encadenado y libre, un día terminaré gritando entre tus brazos: yo maté a Dios, quiero la recompensa y, seguramente, alguien me dará 30 dineros y mi locura seguirá avanzando sobre todo. Viene del sur, dirán, es un desaforado. Anguila escurridiza y voraz, eléctrico perfume entre las piedras, palabra desmedida, es el poeta. Vengo para que conmigo muera lo último. Más allá de la nada comienza mi camino. Un hombre es a otro hombre, su poeta y el Otro. Olímpico destino y, a la vez, embalsamada furia detenida. Contraste primordial entre mi ser y el mundo. Un hombre es a otro hombre, su mirada y el cielo. Paloma mensajera y, a la vez, nostálgico asesino entre las sombras. Entrecortado canto poblado de silencios. Un hombre es a otro hombre, la muerte y su milagro. Intento arrancar la venda de mis ojos, doy duros golpes en el propio centro del timón, para desviar el rumbo y no consigo nada. Fumo cigarros y bebo alcoholes fuertes. Dibujo entre los ojos de la mujer que amo, la posibilidad de un nuevo recorrido, y frente a esa mirada maravillada por mi terror rompo el sextante y la pequeña brújula marina, y en el corazón pleno de la niebla -en el comienzo de este nuevo final- arrojo como si fueran desperdicios mis últimos recuerdos al mar y beso tus labios. Tierra firme y nuestro barco se retuerce entre las olas, movimientos desesperados a punto de naufragar, son el movimiento de nuestros cuerpos. Babas y leches se confunden con el torrente de aguas marítimas y algas y brillantes moluscos como perlas, sacrificados a un dios. Mar abierto y nuestro barco encalla en los afiebrados latidos de tu corazón, tambor entre los leves murmullos de la selva. Indómito -salvaje anidando en la maleza-, arranco tu sexo de la tierra, violines de la música, movimientos como puñales clavándose en el cielo. Antes de comenzar mi nuevo camino, trato de señalizar el punto de partida. Arranco desde donde el hombre se debate, en los brazos sangrantes de la nada. Yo soy ese hombre, mordido por la vida humana a traición, enajenado en el entontecido ritmo del reloj, enloquecido por el palpitante ruido de las máquinas, ensombrecido por la lujuria de los dioses asesinos -hombres solitarios y, también, hombres habitados-, y, sin embargo, doy mi primer paso. Pequeño paso, no emprendo veloz carrera hacia las tinieblas, porque soy un hombre atemorizado, que ya no sabe si su próximo paso será marca o nivel de otros pasos humanos o el callejón sin salida de su muerte. En los pasos siguientes me desorienta ver mi nombre en el nombre de las calles, indicando la dirección deseada. Brutal encuentro conmigo mismo y sigo andando, porque seguir andando hacia otro descubrimiento cada vez, después de los primeros pasos se hace costumbre. Y, sin embargo, uno también se dice: aquí me detendré. Detrás de mí, sólo montañas, y sembraré esa tierra, y atraeré con mi canto el agua de la lluvia para que todo florezca y se reproduzca y lo femenino sea ley del amor, manzana delirante sin pecado, y en ese paraíso viviré, tranquilamente, un tiempo. Después algún humano habitante de la nada de Dios intentará colonizarme y tampoco habrá guerra. Cuando se sequen las flores, cuando se pudran definitivamente los frutos, porque ya no hay amor en su cuidado, daré otro paso más, pequeño paso conmovido como aquel primer paso, y así, seguramente, veré distintos horizontes, y así, seguramente, un día, moriré caminando y nada pasará, porque los violentos perfumes de mi cuerpo, cuando camino, son mis propias palabras y así, veo mi nombre volando en ese olor alucinado, más allá de mi muerte, caminando. EL OFICIO DE POETA Envuelto en las brumas del tedioso vivir, sólo la poesía me acompaña. Cuando voy por la vida, Ella, suele asombrarse de mi soledad. Le digo que no importa, en su presencia el mundo se detiene para mí, el oro brilla para mí las mujeres más altas bailan para mí, los pájaros más nocturnos velan mi sueño. Envuelto en los poderosos ruidos de la máquina sólo su voz humana me acompaña. Cuando hacemos el amor, Ella me reprocha, amarla como si fuera única. Le digo que no importa, en su presencia el mundo detenido en mis manos se abre para mí, lo múltiple se abre para mí, añejas pasiones y amores venideros, delirios y mujeres, se abren para mí, diosas enamoradas y diademas, belleza embrutecida, el aire se abre para mí, los espacios abiertos donde nuestro gran sol es una estrella más. Envuelto en las sutiles marañas del poder, toda la vida es Ella. Cuando Ella me encuentra en esa encrucijada, donde yo mismo soy el amante de la muerte, Ella baila desnuda para mí y desnuda, despojada, también, del amor, dispara sobre mí para que no muera, un millón de palabras en libertad. Le digo que no importa, en su presencia danzarina, la muerte deja de brillar, tiemblan los cementerios, se abren los corazones profundos de la tierra, la vida nace por doquier y el frenesí es color, vértigo, duda, danza de la alegría sin escrúpulos, alegría en plena libertad, muerte de la muerte. Y por último les dejo el texto de la poesía "Llegó la poesía y me dijo" y un video del autor leyéndola: LLEGÓ LA POESÍA Y ME DIJO Un sí o, bien, un no, me hicieron abrir nuevos caminos, abandonar caminos. Hasta que topé, una noche, con la Poesía me la pasaba volando de un lado para otro según el capricho de mis tiernas amadas que del amor, sólo sabían hacer el amor. La Poesía me dijo con solvencia: Para vivir, un hombre, no necesita volar menos aún de un lado para otro tras su amada. Un hombre debe tener los pies a la altura de los pies. El alma al alcance de una breve caricia, el sol sobre la tierra a la hora del sol, el cuerpo y la palabra cual ríos disponibles y a la noche algún sueño, una historia de amor. Un hombre tiene todas sus esperanzas en el hombre. Un hombre tiene como bandera la libertad. Le da agua al sediento y lucha por un trozo de pan y ama, hace como que ama pero no sabe amar. Un hombre, dijo la Poesía, con severidad, un hombre sabe que morirá y no le importa. Sabe que muere cuando escribe y, sin embargo, escribe. Sabe que cada amor le mata y, sin embargo, se enamora. Un hombre, le dije, ambiciona volar y aunque no pueda no le importa. Ambiciona volar, ama la ilusión de volar. Sentir en ese instante que algún día... Un hombre, Poesía, es capaz de matar, es capaz de comerse el corazón amado, quitarse de la boca con asco un beso de amor y amar, de sus cautivos amantes, el dinero. También una tarde cualquiera un hombre se deja acariciar por una brisa, un aire, un sentimiento lo golpea en el pecho y el pobre hombre cayendo se enamora. Y hace como si tuviera sangre en las venas y salta y corre y se acaricia con frenesí y quiere entregarse, totalmente, por amor y, ahí, viene la policía y lo encarcelan. ¿Me sigues, Poesía? Del hombre hablamos. Es capaz de morir por ideales falsos capaz de hacer la guerra por casi nada dejar morir su otra mitad, en silencio. Se mete en el centro del volcán y lo desafía. Quiere atravesar los océanos con su cuerpo, tocar la inmensidad, el cielo con sus versos agujerear el vientre de la montaña, la piedra. El hombre quiere llegar con sus latidos al centro desconocido de la tierra, a la vida íntima de todos sus amantes, quiere llegar, al corazón de las cosas. Y se enamora, Poesía, y se pudre como una flor al sol cuando alguien se muere o lo abandona. link: http://www.youtube.com/watch?v=FgAP3Yq9tXk Existen casi una infinidad más de poemas. Espero que les haya gustado. "Comentar es agradecer, pero no viceversa" Tapetum_Lucidum.

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