Valentinf_not_dead
Usuario (Argentina)

Vas a formatear? pero te joden perder cosas como: 1) Firefox: Perder las Extenciones La Configuracion de la Extenciones Los Marcadores Tu Perzonalizacion de la Interfaz El Historial 2) MSN Messenger: Los Iconos Gestuales Los Fondos El Skin La Config del Plus! 3) Windows: Los Gadgets de la Sidebar La Config del Office y muchas mas... ----o---- Los unico que tenes que hacer es: antes de Formatear ir a Ejecutar (Win+R) > (SP)APPDATA(SP) <-- (SP) = SIGNO DE PORCENTAJE!!!! y van a ir a una carpeta que se llama: UNIDAD:\Users\USUARIO\AppData\Roaming lo q tiene que hacer es ir una carpeta mas atras osea a: C:\Users\USUARIO\AppData y copiar TODO su contenido cuando terminen de formatear e instalar todos sus programas pegen esa carpeta en la MISMA direccion reemplazando TODO esto lo descubri yo, creo , pero el tema es que solo lo probe en win vista la verdad es que no se si en XP tal cual como dije recien a mi me funciono de diez no perdi nada de mi amado firefox y ni siquiera perdi un iconito del msn... e incluso cuando volvi a poner el torrent me continuo las descargas que tenian qantes de formatear como si nada hubieses pasado para XP la carpeta equivalente es: unidad:\Documents and Settings\USUARIO\Local Settings\Application Data segun creo es el mismo proceso pero no les aseguro nada si alguno lo hace y le funciona por favor avisenme!! un amigo trato de hacerlo pero segun me dijo no le funciono : pruebenlo y me dicen no pierden nada y capaz ganan mucho tiempo con esto PD: para el que tuvo el assassins creed el juego grabado esta dentro de la carpeta ubisoft
“A la vida, no la vivo. Me la cojo”. Lo dijo Moria Casán en “Tiene la palabra” (TN) en la emisión de anoche, que se repite hoy, a las 22. La frase vino como corolario de su devoción por el presente. “No guardo fotos ni miro las películas en las que actué. No me gusta revisar mi pasado, porque sería como estar muerta. Aunque mi pasado me sostiene, para mí, el mejor momento es ahora. Ni siquiera pienso mucho en el futuro”, explicó la vedette en el ciclo que conducen Lorena Maciel y Luis Otero. Estar centrada en el aquí y ahora: ésa es su forma de no perder energía en la esterilidad de la nostalgia ni en la agitación de la ansiedad. Que no pase sus días anclada en el pasado no significa que haya olvidado las vivencias pretéritas. De hecho, las evocó, gustosa, cuando los periodistas del programa —Silvia Fesquet, Cecilia Absatz y Fernando Cerolini— la llevaron a remontarse en el tiempo. Y resultó que era bien cierta su afirmación de que el pasado la sostiene y que ya no precisa nada de él. En su infancia, solita con su conciencia, Moria tomó tres decisiones que reconoce como los pilares sobre los que ha construido su manera de encarar la vida. Fueron tres decisiones liberadoras. “El destete”, las llama ella. Vale la pena conocerlas. A los 8 o 9 años, la devoraba el fantasma de los celos. Hija única, no podía tolerar que su madre acariciara o peinara a su prima. Y hasta le incomodaba el cariño entre sus padres. “No soportaba que durmieran juntos”, dijo. El cambio de hábito lo orquestó en la casa de campo donde disfrutaba de unos días en familia, con su madre, sus tías y sus primos. Allí, una mañana, la niña Moria se despertó antes que los demás, a las seis. Fue derechito hasta una hamaca. Pasó tres horas columpiándose y pensando. Sí, pensando en esos celos que la tenían a mal traer. “De pronto, mientras me hamacaba, decidí que no iba a tener más celos”, recordó en TN. Y así fue: ese día, en esa hamaca, dominó los celos de una vez y para siempre. A las nueve, la llamaron a desayunar. La niña Moria se sorprendió al ver lo bien que se sentía compartiendo la mesa con su prima sin tener que medir si esa chiquilla era más o menos querida que ella. La segunda decisión clave la tomó al egresar de la escuela primaria. No fue fácil: vino con fiebre y llanto. Tal era su desasosiego por tener que dejar atrás la escuela de la niñez que se pasó dos días encerrada en su casa, a puro llanto. El ataque de angustia se le trasladó al cuerpo. “De grande me di cuenta que había somatizado por primera vez”, evaluó. Moria volaba de fiebre y sabía bien por qué, aunque no conociera entonces el término “somatizar”. Autosuficiente desde pequeña, encontró el modo de socorrerse. “Me prometí que a partir de ese momento, no iba a sufrir por nada. Y que nunca más me iba a acordar del colegio”. Era muy niña aún para saber que es imposible condenar los sufrimientos al destierro. Quién pudiera… Pero a juzgar por lo que conocemos de su vida adulta, parece que algo consiguió. Basta pensar en el latiguillo instalado en su discurso: “Yo desdramatizo”. No tengo dudas de que atraviesa situaciones dolorosas cada tanto, como ustedes y yo, como todos. Pero intuyo que Moria evita la maldita costumbre de considerar “situación dolorosa” a lo que no merece más que el título de “inconveniente”, “revés” o “dificultad”. Y eso no es poco. En cuanto al colegio que tanto añoraba, la pequeña Moria se impuso una prohibición para dejar de acongojarse por el paraíso perdido. “Me propuse no volver a pasar por la puerta de esa escuela”, contó anoche. Y respetó su propia regla a rajatabla. Los años fueron transcurriendo sin que ella regresara a ese edificio. “El día de la muerte de mi papá fue la única vez que pasé por la puerta del colegio —relató—. Mi padre estaba muy enfermo. Del hospital militar lo habían llevado a su casa para que viviera sus últimos días allí. Cuando mi mamá me llamó para decirme que mi papá se estaba muriendo, no sé por qué, antes de ir a verlo pasé un minuto por mi colegio. Supongo que fue una forma de cerrar para siempre mi infancia”. La tercera gran decisión de Moria tuvo que ver con el dinero. “Fue a los 12 años, cuando conseguí mi independencia económica”, afirmó. ¿Independencia económica a los 12 años?, se asombraron los periodistas de “Tiene la palabra”. “Sí, a esa edad, después de haber estudiado danza, le dije a mi papá que quería dar clases. Empecé a tener alumnos y terminé formando una academia. A los 14 años, la academia me provocaba insomnio, porque pasaba las noches pensando cómo organizar las inscripciones y las clases”. Moria hoy conjuga su vida en presente. Un presente tan absoluto que ni siquiera amigos guarda del pasado. “Mis amigos son circunstanciales, van mutando. Los amigos son los que uno se va haciendo, y son pocos”, sostuvo. Según sus dichos, vive más relajada sin el peso de la nostalgia. No lo logró de la noche a la mañana. “Trabajé mucho conmigo misma de chiquita para aprender a priorizarme”, explicó. ¿Mucho? Muchísimo debe haber trabajado esa nena que a los 12 años ya había tomado las tres decisiones que hicieron de ella la persona que es hoy.