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Primer post: 20 sept 2013
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Juan Carlos Abril - Poesía
Juan Carlos Abril - Poesía
ArteporAnónimoFecha desconocida

"...el mundo viaja solo, y tú también en su infinita red de vanidades te dejas arrastrar por símbolos, deseos..." Juan Carlos Abril Reseña biográfica Poeta, traductor y crítico literario español nacido en Los Villares, Jaén, en 1974. Es Licenciado en Filología Hispánica, Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Filología Románica, y Doctor por la Universidad de Granada, donde actualmente es profesor de Literatura Española. Residió dos años en Exeter, Inglaterra, y actualmente complementa su labor catedrática con la dirección de la Revista Paraíso y la colaboración en diferentes publicaciones literarias. En 1996 consiguió el Premio Federico García Lorca con "Un intruso nos somete", Granada 1997; y en el año 2000 un accésit del Premio Adonáis con "El laberinto azul" Madrid, Rialp, 2001. Su tercer poemario se titula "Crisis", Valencia, Pre-Textos, 2007. Ha traducido, junto a Stéphanie Ameri, obras de Pier Paolo Pasolini, Filippo Tommaso Marinetti y Henri Michaux. Forma parte, además, de numerosas antologías, entre las que se destacan: 10 menos 30. La ruptura interior en la «poesía de la experiencia», de Luis Antonio de Villena, y Veinticinco poetas españoles jóvenes, Madrid, Hiperión, 2003. © Diseminación Los poemas que nunca escribiré se han convertido en humo afirmativo y en volutas que no desaparecen, se disuelven. Blanco humo de las chimeneas que contiene poemas de todos los colores. De "Crisis", 2007 Don de la ingenuidad Cuando regreses a la ciudad verás las ilusiones que madrugan con sus acentos incapaces de desprenderse del pasado, que ignoran lo mismo que nosotros. Tú ni siquiera sabes por qué vives, cómo es posible limitar la realidad de varias formas, si es tuyo este deseo en la utopía de los débiles, rebeldes, nunca hermosos. No dormirán las culpas hasta tarde y en su espiral el ruido con su dragón ajuglarado bisbiseará un nuevo día: Horarios imposibles, beata actividad. Contra ti mismo cuántas veces; cuántos modos conoces de hacerte daño. Ya no quedan violines y la melancolía de las fuentes posee menos memoria que sentido común. He de explicarlo casi todo. El tiempo, como un herpes, su sintaxis sin posibilidad. Irás pero no volverás. Este país tiene la pata herida. Yo quise destruirme fregando platos, dije lo que me apetecía. En los desfiladeros de mis eses, con el afán de principios de curso superé mi propia rutina y eliminé lo que no soportaban. Unos dicen que ha muerto, otros que nunca morirá. Aún así te convences con poco. Colono de una lengua que hoy sigues recordando, quiero reírme de esas largas genealogías mientras diseño aquí mi casa: encinas y palmeras, tamarindos, palabras con descuento e insistencia: es tu virtud. Y otro episodio dentro de ese vacío infantiloide que debes aceptar intermitente, la descripción de un personaje con flexibilidad: ser puente o río. Inédito El clavo Todo lo revivido se estremece. Repites las historias muy despacio con los nombres del mundo de los muertos pues lo bello, al final, resulta triste. Las huidas sin carrera son la imagen grotesca de los sueños, el agua que se escapa entre las manos y, por eso, prefieres cambiar aquellos nombres y lugares, dejar sólo los hechos con los sentimientos que arrastran. Puede ser una señal y casi te deslumbra. En el dolor, no obstante, el abrazo es más rápido que un cepo. Ser uno mismo, sí, pero antes ser de otros. De "Un intruso nos somete", 1997 El vigía Veo en el horizonte un humo verde reptando, caprichoso, igual que una culebra entre las rocas. Y cerca, en el camino a mitad de este sendero, la verja vegetal que lo recubre lujosa, decadente, escarchadas y lánguidas clarean unas ramas. Parecen tensas venas que sujetan a punto de partirse este paisaje en la ventana de la fantasía. Protege la muralla. Y cómo cubre cárdena su imagen y oscila en la penumbra, cómo se pierde, y cómo se difunde. Justo ahí donde empieza la escalera, una escalera natural de piedra, justo ahí es donde paro, y me vuelvo otra vez. Y aquí yo, y tú también, ya nosotros. Con miedo incluso, incluso incertidumbre, en triple dirección. Con la mano temblando al escribir esta venérea milicia, noble título, y mucho más real; pues sabemos que no nos pertenece casi nada, que todo es suyo y nuestro, y que yo no soy nadie. ¿Algo es mío? ¿Cómo es posible ahora escuchar su advertencia? ¿Cómo estar en lo cierto y descifrar los símbolos osados que la belleza desinteresada rasga en nuestras imágenes? ¿Preguntas indefinidamente sin respuesta? Daré la voz de alarma ante cualquier extraño movimiento. Tengo explícitas órdenes de tirar a matar. De "El laberinto azul", 2001 Elegía La noche es el escudo que abarca su mirada, la tierra que rodea desde el riesgo a la tumba. Ya amanece en la posada del acantilado donde cuelga un farol y un letrero que gime en las tormentas infernales de invierno. Aquí vibra el dominio de la espada, mano que empuña su destino libre y que atraviesa el territorio de la dignidad. Yo prometo la tierra de los sueños, lejana de las leyes de los hombres que ahora contemplamos. Voz inerte, viento, nostalgia. No te apresarán los perros convocados que persiguen el olor de una muerte fugitiva, ni cederán el hambre, los pies siempre cansados, la persistencia del dolor. Yo sé que este horizonte púrpura consigue, como fuego y presagio, el rastro insoportable de la cólera, la luz de la esperanza. De "Un intruso nos somete", 1997 Emoción breve Por la escalera azul de la mañana el deshollinador. Su piel de escamas y sus cejas serpentinas, felices bailan. Todo podrá cambiarse, dice. Nada me toca. De "Crisis", 2007 Espacio Llegas de cualquier sitio y, elegido al azar, sin mapas, sin señales, el otro lado esconde la sorpresa feliz y azul. Entonces permanece la ruptura intacta. Entonces fuera o dentro impide su difusión. El viaje trae un orden en cadena, un movimiento ansioso que repite su dispersa memoria: ya nadie nos indica que el error desconocido o su secreto sirva robado y oprimido, tiempo arenoso que se va. Todo va a ser abandonado. De "El laberinto azul", 2001 Espacio 2 Llegas a cualquier sitio a través de un poema: el mundo viaja solo, y tú también en su infinita red de vanidades te dejas arrastrar por símbolos, deseos, buscando su sabor con recuerdos gastados. No te canses. Tampoco insistas. Para qué preocuparse. Quien más quiere avanzar más retrocede en este laberinto donde olvidas el único color de los matices, su frágil soledad difuminada, y arrojas sus palabras al vacío y al caos. Nunca el caos, camino equivocado. De "El laberinto azul", 2001 Flor pensativa A Stéphanie Ameri Entonces entender es la fractura, otra omisión que no se justifica. Vas surgiendo desvaída en el punto en que se rompe aquel olor de hojas que la brisa como una nueva explicación del mundo distrae, alegremente. Estás sentada. Tan despeinada y pálida después del esfuerzo infeliz y del trabajo. No hay repetición. Son nombres que ofreces al azar y, sin embargo, impensables sin esa compasión que crece derramada por tu boca, ese licor de la imprudencia. Ahora descansas. Estás sola. Y es un filo brillante que a todo da sentido, siempre ahí desde lo más oscuro, sin ser dicho. De "El laberinto azul", 2001 Galope Lejos la extraña luz que atraviesa la noche, y más extraña la luz de los poemas, este espacio tan breve que ilumina hacia adentro y nos punza. Como si la distancia que apenas calculamos, se desbocara sola arrastrándonos fuera, lejos de todo. Lejos. Se parece al deseo de ser nosotros, sí, nosotros mismos ahora, mas no hay nada, no hay almas. Hay relojes antiguos con delgadas manecillas locas, y lentos medallones de oro prendidos en tu pecho. Como una inmensidad que nos rodea sin sentido, a nada nos reduce y abandona lo suyo. La soledad es ciega y es salvaje. Sujétate a sus crines despeinadas y agárrate bien fuerte. De "El laberinto azul", 2001 Tormentas breves Se avecinan veloces las nubes del oeste. ¡El agua buena comprimida! Este refugio oscuro. Nuestro dolor. De "Crisis", 2007 Traición Este mundo de enfrente se encarama donde puede y es tuyo sin saberlo, a tu vida traiciona sin buscarlo y no tienes la culpa. En el pasado fuiste feliz con la tranquilidad de aquellos sueños, todas las promesas: habitaba en tu mente un bosque inmenso y siempre te asombrabas con el murmullo de las caracolas. Te sentías seguro en sus manos, protegido por la mirada noble y bondadosa del padre. Detrás de su existencia sólo había una debilidad única: tú. Nunca más brillarán los ojos como entonces, víctima de una infancia demasiado perfecta. De "Un intruso nos somete", 1997

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Despedida
Despedida
ArteporAnónimo9/20/2013

Despedida "...es tan corto el amor y es tan largo el olvido... " Pablo Neruda Te fuiste. Como se va la primavera. Como se van todas las cosas. Como se pierden en el mar las velas. Y yo me quedé solo, con las uñas clavadas en la arena, viendo como se alejan las mareas. Te fuiste. Ni tu nombre recuerdo, ni el color de tus ojos. Sólo que por las tardes leíamos a Neruda; aún me llega el timbre de tu voz profunda, y el alarido de tu dicha, suelto, huyendo a medianoche por la playa. Te fuiste. Irremediablemente huiste de mi vida. Fue el océano tu cómplice fortuito: zarpaste al borde de un balandro cualquiera una tarde cualquiera. Yo me quedé sobre la playa dilatada, salpicado de ocaso, solitario en la arena. Te fuiste. Nos habíamos amado con la furia de los 25 años. Todo fue cerca al mar: besos de sal y yodo, mordiscos de medusa enloquecida, saltos de delfines en celo, abrazos hasta brotar la sangre marinera. Te fuiste. Como se fueron también la rada familiar, las velas madrugadoras de los camaroneros, el lecho duro de nuestros combates clandestinos. Hasta el mar cambió de rostro y de fragancia; la codicia del hombre corrompió las aguas. El aire mismo se llenó de venenos y de miasmas. Te fuiste. Como se van todas las cosas. Y yo me quedé solo, con las uñas clavadas en la arena, viendo como se alejaban las mareas. LUIS ZALAMEA BORDA ( Colombia, 1921 )

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