ZonicMagnum
Usuario (México)

Hola taringueros, hace tiempo hice mi trámite en México para obtener la visa y en la red encontré varias páginas que daban consejos y uno que otro sitio que vendía una guía jajaja lo cual me dio mucha risa. La única recomendación para la visa es mostrar seguridad en las respuestas que des al entrevistador. Por ejemplo, una señora que pasó antes que yo y por lo cual pude escuchar su entrevista, dijo que iba por motivos religiosos, que pertenecía a una comunidad religiosa, y en resumen que iba a una Iglesia, ahí le preguntaron a qué tipo de Iglesia iba, si anglicana, protestante católica, etc. Los entrevistadores al notar duda en la actitud de la señora, le negaron la visa. En la entrevista debes mostrarte seguro y de algún modo anticiparte a esas preguntas, exponiendo rápida y precisamente el objeto de tu visita y los lugares probables a visitar. En mi caso la solicité para asistir a un congreso, además dije que mi universidad me apoyaba con los gastos, porque en eso se fijan mucho, en tu ingreso mensual, a partir de determinada cantidad y si pruebas que vas por una breve temporada y tienes negocios o propiedades en tu país se hace aun más fácil. Yo saqué la visa tipo negocios y turismo pues el asistir a conferencias también se clasifica en negocios y turismo, hay varios tipos de visa, como el de prometidos, estudiantes o de trabajo. Eso es todo espero a alguien le sirva.
Saludos taringueros, me decidí a mostrar algunos acercamientos de mi colección de monedas, la cámara no es réflex, es una Nikon Coolpix L810, espero les agraden.
Este poeta nace en la Ciudad de México en 1965, también es ensayista y narrador, les dejo unos poemas que a mí me agradan. Los poemas están tomados de la Antología personal de Jorge Fernández Granados: Si en otro mundo todavía. editorial Almadía 2012. Los dispersos Y en una equivocada edad donde caminan los dispersos los que no han abierto su verdad al mundo aún al resuello como la quitanza de lo que todos saben pero no han pronunciado perduran o perseveran en lo limpio los dispersos en la desigualdad del orden donde guarda como la sed como la musitante sed su avinagrado día en ese digno afán con una cifra en la orilla de los números del mundo miserables los dispersos reiteradamente juntan cuatro cosas y el alegre respirón de un aire viejo se saludan se sospechan desde la mutante memoria del amor o la palabra (cualquier gesto) los agrupa y los retiene convidados de piedra confundidos en todo casi se pierden casi se dan por omitidos unos a veces y apagan con los dedos una llama escriben en la arena dicen que son niños soplan en el polen transparente y se ríen pasan con su piedra ardiente rotan como púlsares se impacientan se distraen se despiden los dispersos unas veces no los hallaremos más nadie daría petrificados sus jardines su reloj sus herramientas su triste manera de mirar algo tan lejos muy algo tan lejos qué raros son los dispersos a nadie le gusta tenerlos demasiado tiempo cerca parecen ácido o luz queman sorprenden incomodan no sabe uno qué hacer abre la puerta deja que salgan toma gracias adiós y que dios te cuide pero no vuelvas ruido ruido en el corazón de los dispersos eso debe pasar porque enmudecen gritan cantan sufren se despiertan porque se van a pie distancias que nadie quiere caminar y no se cansan sólo se mueren a veces porque en su respiración hay un murmullo que parece canto una razón que no los deja vivir que no los deja quedarse y cómo hacer cómo decirles que ya no hay casi lugar en esta cárcel para ellos (Principio de incertidumbre) Non serviam No tengo intenciones de tener un hijo. De verlo crecer en esas tardes en que nada espero. No tengo frases para amarlo cuando me pregunte a dónde voy o de dónde vengo tan cansado. No tengo una mujer con suficiente alevosía, inocencia o amor para darme ese hijo. Tampoco la he buscado. Por eso no lo tengo. No tengo dinero ni paciencia para su tos, para sus preguntas, vacunas, calificaciones, su primitiva maldad, sus diminutas catástrofes. Pero sobre todo no tengo corazón para heredarle la tristeza que madurará en sus ojos cuando su alma abra las velas. Los farsantes quienes no tienen un alma fingen todas las superficies que venden no la verdad sino la astutísima baratija obsérvalos saludan sonríen bromean siempre parecen simpáticos siempre “están en todo” levantan las cejas con simulado asombro desdeñan entre dientes caminan aprisa (huyen) almas chatarra que ratean peces en el río revuelto y quince minutos engatusan al que se deja obsérvalos revisan sus uñas la punta de sus zapatos el brillo de sus labios el corte de su bigote la marca de su reloj la altura del escote el nudo de la corbata o simplemente el aspecto “casual” de la mezclilla su máscara es mutante y siempre a la medida del momento de su ámbito natural es el plasma de las pantallas el cómodo veneno de la evanescencia o la levedad donde todo se vale obsérvalos nunca faltan invaden sin aviso los vestíbulos otean la tertulia serpeando entre la concurrencia con sus redituables maniobras de encantamiento con su arsenal (ajeno) de frases “ocurrente y erudits” con su ágil quincalla quedabien se puede engañar a todo el mundo algún tiempo se puede engañar a algunos todo el tiempo pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo -dijo quien luego fue asesinado en un teatro obsérvalos hormiguear en el banquete apersonarse con prisa zalamera en la mesa de los notables y no perder oportunidad de añadir su nombre a las listas de preocupados en causas sociales mientras reparten caravanas en los resonantes salones de las cortes escucha cómo se pisan unos a otros por trepar a la tarima cómo se apuñalan por la espalda cómo se arrebatan la carroña del hocico pero los peores son los más finos los que bordan con un hilo delgado un permanente disfraz a la medida de su farsa un simulacro amébido tan perfecto que ya no se distingue de su propia vida SOLEDAD Nada va a salvarnos. Ni el amor, ni la fe, ni la palabra. Nada va a saber que fuimos tantos embarcados en el haz de la ternura, angustiados y desnudos, errantes y remotos. Nadie hablará por nadie. A cada quien se le rompe el alma con sus propios días mal escritos o se le seca la espiga del mundo cuando apenas la roza con sus manos. Nadie va a defendernos de la querella del silencio ni a amarrarnos el nudo de la vida o de los zapatos. Nadie va a lavarnos la sombra del corazón con el agua del sueño o del cariño para aliviarnos del rudo, misterioso animal que carga nuestro nombre por el mundo. Nadie va a mirarnos rodar en la ceniza (somos incompetentes para la eternidad). Nadie buscará los sitios donde trazamos el alma alguna noche con el poseído pulso del amor. No quedará tal lugar. No quedarán los aromas ni los días ni los ecos. No tenemos tiempo de saberlo todo ni de amarlo todo. Nadie fabrica el pan de lo divino. Hemos jurado tantos nombres en vano y hemos caído alguna noche de rodillas cerrando los ojos porque el silencio fue la única oración que guardaron nuestros labios, pero no bastó para decirle a Dios que estamos solos. Solos frente a la primera lluvia de una infancia de aguaceros, solos ante los trenes negros de una interminable madrugada, solos bajo la sombra del oyamel que perfumó las manos de la abuela en una helada montaña donde aprendieron nuestros pies a caminar, solos junto al grito de dolor de los que se aman, y en el instante inconfundible de la gracia o la verdad solos junto al fruto de ese cuerpo que amaneces en nuestros brazos. Nadie va a salvarnos de morir siempre a destiempo prematura o viejamente agradecidos de lo simple, aguerridamente tristes, y juntos, en la muerte. Nadie va a salvarnos, Nadie va a saber que lo sabemos.