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Usuario (Argentina)

Primer post: 25 abr 2013Último post: 25 nov 2017
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Argentina también participa de la 3GM en partes?
Argentina también participa de la 3GM en partes?
InfoporAnónimo11/25/2017

¿Argentina también participa de la Tercera Guerra mundial en partes? El Airbus A330 Voyager de la Royal Air Force proveniente directamente de la Base Brizon Norton en el Reino Unido aterriza en Comodoro Rivadavia, marcando un suceso inédito desde la Guerra de Malvinas La búsqueda del ARA San Juan puso al país en agenda internacional y generó interrogantes sobre sus debilidades en materia de defensa del Mar Argentino. Los intereses globales en juego. La noticia en desarrollo de que probablemente hubo una explosión dentro del submarino el día 1 de su desaparición y las responsabilidades de las autoridades de la Armada y del Gobierno por el episodio no permite -lógicamente, por el dramatismo de la situación- apreciar con claridad la compleja trama geopolítica detrás la desaparición y búsqueda del ARA San Juan. Es altamente probable que la explosión se explique más por la extendida corrupción y consecuente desidia que ocupó y ocupa muchos niveles del Estado argentino que por conspiraciones internacionales, pero la política de reducción presupuestaria de las Fuerzas Armadas instrumentada desde 1983 tiene mucho que ver y no fue ni es una decisión azarosa. Tuvo, en cambio, razones políticas valederas, al menos en su momento. La primera de ellas, obviamente, la derrota en Malvinas y la consecuente caída de la Junta Militar que gobernaba la Argentina. La democracia y los juicios pusieron luz sobre los horrores de la represión ilegal instrumentada desde el Estado por las FF.AA. y facilitó las políticas de achicamiento presupuestario del gobierno de Raúl Alfonsín, que tenían como objetivo principal excluir a los militares en el rol de actores principales del escenario político nacional que venían ocupando desde 1930. En ese sentido, el gobierno de Carlos Menem les dio el golpe de gracia tras el fracaso de la rebelión del ala nacionalista del Ejército liderada por el coronel Mohamed Alí Seineldin en 1990 y el caso del soldado Carrasco que puso fin al Servicio Militar Obligatorio en 1994. La corrupción, estrella de los titulares de los diarios en los 90, tuvo también su presencia en el ámbito militar y ayudó, aunque, paradójicamente, la condena que Menem evita cumplir por el combo de fueros + falta de sentencia firme en última instancia es justamente por la venta ilegal de armas y su derivado de la explosión en Río Tercero. Pero hubo otro episodio que pasó más desapercibido, que fue la firma del Tratado de Madrid en 1990, que significó la reanudación de relaciones entre Argentina y el Reino Unido. Ese pacto incluía cláusulas fundamentales de limitación para el equipamiento de la Armada, consolidando el triunfo inglés en Malvinas y su principal consecuencia, que no es el simbolismo de las islas ocupadas por un pabellón extranjero sino el control militar del atlántico sur en virtud de su importancia geopolítica y sus riquezas naturales. Ese tratado nunca fue denunciado por Argentina y, más allá de las ofensivas diplomáticas en la ONU de los gobiernos de los Kirchner, las políticas de achicamiento presupuestario en la Fuerzas Armadas en general y en la Armada en particular continuaron, combinando el discurso progresista de derechos humanos que señala los resabios de la dictadura que sobreviven en las FF.AA. con las necesidades de las potencias, no solo Inglaterra y Estados Unidos sino también China, cuyos pesqueros suelen ingresar al Mar Argentino con o sin los permisos correspondientes, como quedó en evidencia en el episodio del hundimiento del pesquero chino en marzo de 2016. Es importante recordar que China es el principal comprador del principal producto argentino de exportación. La bendita soja. El oro verde. Aparece entonces con fuerza la tragedia argentina. Todo país que busque desarrollarse necesita proteger sus recursos, sus fronteras, su seguridad exterior. ¿Cómo hacerlo con fuerzas armadas como las actuales, que cargan todavía con el oprobio de haber sido las instrumentadoras de un plan sistemático de exterminio de sus connacionales? Salvando las distancias, es el mismo interrogante que emerge con el remanido tema de la inseguridad. ¿Cómo combatir el delito con fuerzas policiales que casi aparecen más en las noticias por episodios de corrupción que por detener delincuentes, sin contar su participación en la represión de los 70?. La tragedia del ARA San Juan muestra al país en su peor faceta. No solo el Estado corrupto e ineficaz, sino la vulnerabilidad en el ámbito internacional. Atendiendo ese plano, surgen muchos interrogantes sin respuesta clara: ¿Qué hacía el submarino en esa zona, a 300 kilómetros de Punta Mogotes? ¿Por qué la jueza a cargo de la investigación afirmó que era una embarcación de guerra y que la misión que tenía es un secreto de Estado? ¿Fue una maniobra distractiva porque se sabía en las altas esferas del poder de la explosión el día 1 o realmente tenía una misión secreta en una zona sensible? ¿Se hizo a espaldas del Gobierno? ¿Mauricio Macri les juega mal a los ingleses? Por otra parte, los aportes internacionales no son ni un intento de invasión ni una muestra de apoyo al gobierno de turno sino consecuencia de tratados de reciprocidad que tienen la Armada y el país. ¿Pero la oferta de colaboración del presidente ruso en persona, Vladimir Putin no tuvo nada que ver con que pocas horas después el presidente norteamericano Donald Trump, a través de su vía predilecta de comunicación que es Twitter, dijera que él en persona había ordenado la ayuda? ¿Porque la competencia? ¿Solo cuestión de egos y vanidades de cara a la opinión pública? ¿Solo ayuda desinteresada en un caso de alcance global? Otra duda: ¿La decisión de los británicos de comprar en estos días un escudo antimisiles de tecnología israelí de más de 100 millones de dólares es, como dijo el períodico Daily Mail, consecuencia de los cinco aviones que Argentina le compró a Francia con el objetivo de proteger la Cumbre del G20? ¿O tiene que ver con razones de Estado que se desconocen pese a que se desarrollan en territorio nacional? ¿Inglaterra cree seriamente que con esos cinco aviones hay en Argentina hipótesis de guerra nuevamente? Si no lo cree, ¿de quién quiere defender a las Malvinas? ¿Será la tragedia del ARA San Juan el caso “tren de Once” para las políticas de defensa del Mar Argentino? ¿Puede Argentina tener políticas de defensa con estas FF.AA. que cargan con un pasado oscuro? ¿Con que otras? ¿Hay margen global para hacerlo o el país debe someterse a las voluntades de los “grandes”? En un mundo envuelto en lo que el papa Francisco llama la Tercera Guerra mundial en partes, lo difícil parece ser quedar afuera.

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Buenos Aires y el conurbano, la vecindad imposible
InfoporAnónimo10/19/2015

Buenos Aires y el conurbano, la vecindad imposible Imágen satelital nocturna del Gran Buenos Aires, circa 2003 La incapacidad de coordinación política y técnica de un área metropolitana refleja rasgos de la cultura institucional argentina Por ADRIAN GORELIK* Casi todas las grandes metrópolis del mundo se han formado, como Buenos Aires, mediante la yuxtaposición de jurisdicciones: un fenómeno para el cual el biólogo escocés Patrick Geddes acuñó, a comienzos del siglo XX, el neologismo conurbation. También en esa época comenzaba a utilizarse el término "Gran" antepuesto al nombre de la ciudad como reconocimiento de que se trataba de una única realidad socio-urbana que debía ser, sino gobernada, al menos pensada en su totalidad, de modo de favorecer desarrollos más racionales y equitativos. Esa fue la intención de los técnicos e intelectuales que hacia 1930 comenzaron a hablar de Gran Buenos Aires para dar cuenta de una ciudad que crecía más allá de sus límites (ya había casi 800.000 habitantes extramuros, frente a los 2 millones de la Capital). Intentaban mostrar que en términos socio-urbanos (transporte, infraestructuras, suelo y vivienda) la realidad metropolitana era una sola y necesitaba políticas conjuntas -en verdad, seguían el ejemplo de Obras Sanitarias de la Nación, que había decidido pragmáticamente avanzar con la red de agua y cloacas en los suburbios extra-capitalinos, consciente de que los males generados por la falta de agua no acatan límites jurisdiccionales. Algunos proponían una nueva ampliación de la Capital que, como en 1887 con la anexión de Flores y Belgrano, incorporara en un único distrito toda la realidad urbana que se había producido desde entonces; otros proponían con mayor modestia la creación de instituciones comunes que favorecieran una gestión coordinada; en todos los casos, Gran Buenos Aires era la cifra de esa realidad metropolitana de la que la técnica y la política debían dar cuenta. Y en los años 40 pareció que iba a conseguir su forma institucional: en 1947 el censo de población designaba Gran Buenos Aires a una unidad demográfica que incluía la Capital y los distritos provinciales (práctica que continuó el Indec), y en 1948 un decreto provincial integró el Gran Buenos Aires, si bien exclusivamente con los municipios provinciales, dejando claro que se estaba ante un único territorio metropolitano compartido con la Capital, que debía abordarse mediante un Plan Regulador común. Sin embargo, la ausencia de voluntad pública volvió impracticable cualquier tipo de coordinación a lo largo del tiempo: no se pudieron crear instituciones estables de gestión o implementar programas unificados de acción duraderos ni entre gobiernos del mismo signo en ambos distritos -ni siquiera durante dictaduras militares que se representaban como tecnocráticas. Así, la idea de Gran Buenos Aires que se impuso fijó la decisión del decreto de 1948: designando, por la negativa, las partes de la metrópoli que quedan afuera de la General Paz. Es decir que Buenos Aires es la única metrópoli del mundo en que la palabra "Gran" no designa la voluntad de coordinación, sino su más completa imposibilidad. Tema ausente Como se ve, la distorsión local del nombre es muy expresiva, no sólo de una historia de conflictos entre técnica y política, sino de un rasgo característico de nuestra cultura institucional. Sólo hace falta mirar los trazados para la prolongación del subte A y del enterramiento del ferrocarril Sarmiento, ambos entre Primera Junta y Liniers, a 100 metros de distancia uno del otro: es más sencillo duplicar obras de infraestructura caras y complejas (o arriesgarse a que no se terminen nunca), que acordar planes entre Ciudad y Nación para compartir su uso, como hacen las principales redes subterráneas del mundo. ¿Y por qué sólo hasta Liniers, si el continuo metropolitano exigiría (como en San Pablo o Santiago de Chile) un subterráneo transdistrital? ¿La población metropolitana no tiene más que resignarse a sistemas de transporte parcelados y desarticulados? No extraña que en el proceso electoral que condujo a los comicios de hoy el tema haya estado completamente ausente, a pesar de que debería ser claro que es muy difícil cualquier mejora efectiva de la calidad de vida en la Ciudad Autónoma si no se trabaja en serio para una coordinación metropolitana de sus grandes problemáticas. Solamente cuando surgen conflictos acerca de dónde eliminar la basura de la región, o sobre los "costos" que implica para la Ciudad Autónoma la llegada a sus hospitales de pacientes del conurbano, solo en esas discusiones, o mejor, detrás de su aspecto de pullas de consorcio, asoma al debate político algo de esa verdad de Perogrullo: vivimos en un territorio metropolitano. Cuando se discutió la autonomía de la ciudad de Buenos Aires (hace ya 20 años) muchos alertaron sobre el riesgo de un mayor repliegue de la capital sobre sí misma. Habían sido descartadas, con razón, las viejas ideas del distrito metropolitano único (la última propuesta de formar una provincia con toda la conurbación había sido durante la dictadura, retomada, curiosamente, en la época del debate sobre la mudanza de la Capital a Viedma), ya que en términos tanto económicos como político-electorales, una entidad conjunta del área metropolitana habría supuesto un agravamiento descomunal de los desequilibrios nacionales. La alternativa era confiar en que una autonomía alimentada por la nueva fuente democrática pudiera darle al gobierno local más, y no menos, capacidad para pensar, en pie de igualdad con los otros, el común destino metropolitano. Eso ciertamente no ocurrió, y cabe sumarlo en el debe de la autonomía. Si se piensa que la Ciudad Autónoma mantiene fija su población en 3 millones desde los años 40, pero ha multiplicado incontables veces su superficie habitable (llegando hoy a porcentajes de capacidad ociosa difíciles de estimar), mientras toda la dinámica poblacional, hasta llegar a los casi 13 millones actuales, se desplegó con sus modos heterogéneos y discontinuos en los distritos provinciales (siendo la migración desde la Capital un factor no menor), ¿cómo no advertir que cualquier política actual de tierra y vivienda debería ser pensada en su dimensión metropolitana? Para eso habría que cambiar, en primer lugar, las representaciones de una ciudad que se sigue considerando la parte virtuosa de la ecuación, cuyos problemas le vienen "de afuera": pobreza, inseguridad, contaminación, congestión vial y degradación del espacio público, productos importados de esa cintura amenazante, como se percibe el Gran Buenos Aires. Sin embargo, las transformaciones socio-urbanas de las últimas décadas obligan hoy más que nunca a una consideración conjunta, ya que las nuevas líneas de fractura que atraviesan la realidad metropolitana han dejado de respetar las viejas fronteras. Las más diversas formas de la precariedad que se multiplican en la Ciudad Autónoma, tanto como las nuevas expresiones de riqueza que extienden los confines del conurbano, nos hablan de una figura metropolitana que ya no reconoce el ordenamiento jerárquico centro-periferia al que nos había habituado la ciudad en su expansión. Una figura que parece haber llegado al límite en su tendencia a la improvisación y la desarticulación de políticas, como se expresa en las inundaciones provocadas por los barrios cerrados en la última corona tanto como en la intoxicación de los barrios capitalinos aledaños al Riachuelo, por citar sólo dos ejemplos. Hoy, más que nunca, el Gran Buenos Aires es el espejo imprescindible en que la Ciudad Autónoma debe reconocerse. Hoy el Gran Buenos Aires está en todas partes. El autor es historiador cultural urbano. Participó del volumen 6 de la Historia de la Provincia de Buenos Aires (Edhasa/Unipe), dedicado al conurbano

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¿Otro 1983?
InfoporAnónimo12/6/2015

¿Otro 1983? Alfonsín y Macri, dos presidencias que alentaron expectativas. Parte de la sociedad exhibe un optimismo similar al que produjo la recuperación de la democracia la llegada de Macri al poder. El entusiasmo atraviesa a una parte significativa de la sociedad. Lo produce el sacarse de encima a quienes la vinieron conduciendo de manera violenta y autoritaria, en mucha mayor proporción que la esperanza que le genera quien viene a conducir el país. Esa parte de la sociedad exhibe un optimismo similar al que produjo la recuperación de la democracia en 1983. Es tan injusto dar la misma jerarquía positiva a Macri que a Alfonsín como dar al kirchnerismo la misma jerarquía negativa de los militares. Pero guardando las proporciones es una comparación válida en nuestra historia reciente porque la llegada de Alfonsín terminó para siempre con el “partido” militar y a quienes están muy animados con la llegada de Macri –más que a Macri mismo– los alienta la posibilidad de que el peronismo después de sus dos frustradas experiencias transfiguradas en menemismo y kirchnerismo se parta definitivamente comenzando un proceso de ocaso que, aunque durase décadas, haya perdido para siempre y desde ahora el halo de invencibilidad que vino teniendo a lo largo de setenta años de vida política. También es injusto comparar el ejercicio autoritario del gobierno que hicieron las dictaduras militares que se fueron intercalando en las casi siete décadas entre 1930 y 1983 con las distintas formas de autoritarismo que caracterizaron a los diferentes gobiernos peronistas que también se fueron intercalando en las siete décadas que van desde 1945 hasta 2015. Pero el “partido” militar y el peronismo tienen puntos de contacto en la confusión entre Estado y gobierno, y un uso de lo público (el espacio, los recursos económicos, los símbolos nacionales) como propiedad del sector que representaban. El efecto espejo invertido de retroalimentación entre “partido” militar y peronismo alternándose mutuamente se rompió cuando el “partido” militar quedó definitivamente enterrado, primero por Alfonsín y rematado en forma de segunda y definitiva muerte por Néstor Kirchner. Quizás la aplastante erradicación del “partido” militar también contribuyó al vaciamiento simbólico del peronismo. El peronismo del que eventualmente se podría estar despidiendo el país no es el de un partido como el que aspiran a reorganizar De la Sota, Urtubey, Massa o Randazzo, sobre el modelo europeo socialdemócrata, porque ese peronismo que muy probablemente surgirá ya no sería el movimiento peronista hegemónico, sino otra cosa, como de hecho las Fuerzas Armadas siguen existiendo hoy, pero ya no son más “la reserva moral de la Nación” como quisieron hacer creer mientras sostenían su máscara. Ese partido peronista institucionalista, y eventualmente otro partido peronista más radicalizado u otro tipo de fragmentación, ya no tendría el monopolio de la lucha contra la pobreza encarnada por Perón en los sindicatos. La discusión acerca de si el PRO es de derecha, de centroderecha, de centro, si esas categorías ya no son más aplicables a la política del siglo XXI ,esconde una cuestión que sí es verdaderamente de fondo, existencial y ontológica. Había en el imaginario argentino una entidad que podría responder a distintos significantes: izquierda, progresismo, peronismo, que se definía a sí misma por la defensa de los más pobres, contraponiéndose a otra entidad imaginaria a la que se denominaba derecha casualmente por atacar a los pobres. Esta primitivización de los conceptos derecha e izquierda llevó a que el PRO haya siempre rechazado representar siquiera la centroderecha cuando los principales diarios de todo el mundo sí califican a Macri como derecha sin que eso signifique ninguna intención peyorativa. Porque si los partidos de derecha ganan elecciones tanto en Europa como en Estados Unidos de manera recurrente y se alternan con los denominados partidos de izquierda, no podría ser posible si agrandaran la pobreza de sus países. En países desarrollados nadie tiene el monopolio de la lucha contra la pobreza; ésa es una cuestión de Estado. Lo que discuten la izquierda y la derecha son los medios con los cuales mejor se combate la pobreza. La frase con que Mario Pergolini despide a Macri en uno de sus últimos reportajes antes del ballottage es una especie de palabra plena de la psicología social. Pergolini le dice a Macri: “No nos cagues”. Lo que podría deconstruirse en: “Vos, que sos rico, no nos cagues a nosotros, que no somos ricos”, en una clásica y paradójica identificación de una parte de la clase media (y en el caso de Pergolini, más que media alta) con la clase baja. Es evidente que quien precisa ganar elecciones no podrá hacerlo yendo en contra de los deseos de la mayoría, y el “no nos cagues” es un residuo del “partido” militar que gobernaba sin tener necesidad de ganar elecciones y de identificación de la derecha con el “partido” militar. Un comentario recurrente tras el ballottage se dio entre personas de clase media sorprendidas porque la mucama de su casa había votado por Macri. Ya ningún sector político tiene el monopolio de la lucha contra la pobreza, como lo prueba el ejemplo del Jujuy de hoy simplificadamente anti Milagro Sala. Queda como la cara oscura de un déjà vu de diciembre de 1983 el temor a que nuestro año próximo sea turbulento, como 1984. Que en 2016 haya huelgas generales y presiones que, esta vez, en lugar de ser militares sean de grupos sociales radicalizados. El gran desafío de Macri es diferenciarse de Alfonsín teniendo éxito económico, haciendo que la mayoría –los más pobres y la clase media– mejoren su calidad de vida y lo vuelvan a votar. El cambio no sería que haya un presidente no peronista que termine su mandato, sino que un presidente no peronista sea reelecto.

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¿El PRO es de centro izquierda?
¿El PRO es de centro izquierda?
InfoporAnónimo11/14/2015

¿El PRO es de centro izquierda? Mauricio Macri y dirigentes del PRO recorriendo Villa La Cava, San Isidro, Argentina. Por CARLOS R. GALANTE Cuando Mauricio Macri y los dirigentes del Pro nos cuentan que el crecimiento de su fuerza política en las encuestas no se debe a su figura sino que, por el contrario, lo que crece es una idea... ¿cuál es esa idea? Lo simplifican en una frase: "Somos la tercera vía". Avanzando algo más, nos cuentan que ellos no son peronistas ni radicales: son una expresión política y democrática que se instala entre ambos partidos populares; dicen que uno y otro han gobernado el país durante los últimos años y no supieron dar repuesta a las demandas de la sociedad y las sucesivas crisis políticas y económicas sufridas son responsabilidades de ellos mismos. "Somos la tercera vía –nos repiten–, ésa es la idea que crece". A finales del siglo XIX, Eduard Bernstein produjo la ruptura del Partido Socialista de ese momento dando origen a lo que hoy se conoce como la socialdemocracia, aduciendo que la acumulación del capitalismo no fue tal como lo preveía Marx; por el contrario, se había democratizado y "concedió" derechos a los trabajadores para su sindicalización, de manera que se pudieran discutir las ganancias producidas por ambos. La caracterización de la socialdemocracia en su posicionamiento como expresión de la centroizquierda tiene la capacidad de reformularse y reformarse, según los tiempos que transcurren en la historia de la humanidad; es por ello que, finalizada la Segunda Guerra, volvió a reformarse con su manifiesto del Estado de bienestar, entendiendo que la propuesta de Bernstein debía ser revisada ya que había concluido con la proliferación de autoritarismos democráticos y la gran depresión de 1929. El Estado de bienestar se pensó en la base de profundizar y proteger la democracia y el bienestar social, con participación ciudadana, y el capitalismo. Ese Estado comenzó a regular el mercado y a distribuir más equitativamente la renta entre todos los ciudadanos, no solamente entre los trabajadores, dando lugar por varias décadas al crecimiento más extraordinario del capitalismo y desarrollo social del siglo XX, hasta Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Luego del auge del neoliberalismo, sociólogos y pensadores como el británico Antonhy Giddens propusieron que la socialdemocracia entrara en un estado de reforma; teniendo como base el Estado de bienestar, debía realizar cambios. Para ello pusieron especial énfasis en el Estado como un Estado eficiente y eficaz, un Estado inversor en infraestructura social, educación, salud, justicia y seguridad, regulando lo necesario al mercado para la construcción de un liberalismo social. A esta teoría, que es la tercera vía, adhieren varios líderes mundiales que son amigos de Mauricio Macri, entre ellos, Enrique Cardoso de Brasil, el presidente Santos de Colombia –quien manifestó: "Tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario"–, Tony Blair, Gerard Schröder, Felipe González, Bill Clinton y el expresidente de Chile Ricardo Lagos –que hace una salvedad; ver su opinión "Hacia una tercera vía en Latinoamérica"–. Dirigentes del establishment del Partido Demócrata de Estados Unidos declaran que Mauricio Macri es socialista porque defiende la escuela y la salud públicas. ¿Será así? Mauricio Macri y el Pro, al declararse integrantes de la tercera vía, ¿son de centroizquierda? ¿O sólo lo manifiestan para diferenciarse de los peronistas y radicales? A todo esto, el partido radical y el Partido Socialista, que son integrantes de la Internacional Socialista, ¿en qué estadio de la socialdemocracia están? Da la impresión de que desde las ideas, con matices, todos piensan lo mismo; honestamente, pienso que las diferencias más notorias están en las personas. ¿Los peronistas? Como dijo el general, son la tercera posición, que es otra cosa.

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Monotributo: régimen obsoleto convertido en paraiso fiscal
InfoporAnónimo4/21/2016

Monotributo: régimen obsoleto convertido en paraiso fiscal Monotributo: un régimen obsoleto que se convirtió en el "paraíso fiscal" del sistema tributario La falta de ajuste en los parámetros no sólo perjudica a los pequeños contribuyentes sino también al Estado nacional a la hora de recaudar impuestos. Cuáles son los dos principales motivos que generan distorsiones. Qué cambios podrían implementarse en el corto plazo /size] El Monotributo es un verdadero problema. La inflación golpeó fuerte el régimen simplificado, al punto que algunas de sus categorías se volvieron obsoletas ya que, para permanecer en ellas, hay que perder plata. Lo que fue pensado como un sistema para que las personas comenzaran a conectarse con la obligación de cumplir con el pago de los impuestos de manera simple, comenzó a mutar con el paso de los años. Así, a la tarea de pagar sólo una cuota se le incorporaron varias cargas administrativas (como la de presentar declaraciones juradas informativas) y el deber de revisar cada cuatro meses los ingresos y consumos para chequear la categoría en la que debía estar encuadrado cada contribuyente. La inflación pegó de lleno en los valores de facturación. El inevitable ajuste en los productos o servicios ofrecidos por los monotributistas y la falta de ajuste de los parámetros generaron que muchos tuvieran que pasar a ser responsables inscriptos (que implica un costo impositivo mayor). Pero el problema no sólo afecta el bolsillo de los pequeños contribuyentes. También es un inconveniente para la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), que termina perdiendo recaudación. Según explicaron especialistas impositivos a iProfesional, la merma en los ingresos al erario público se genera por dos fuentes: la deducción que pueden computar quienes contratan a monotributistas y el atraso en el valor de la cuota (en la porción estrictamente impositiva). Al respecto, Iván Sasovsky, titular de Sasovsky & Asociados, aseguró que la problemática es tan grande que el régimen simplificado "se ha convertido virtualmente en un 'paraíso fiscal' interno propio en el sistema tributario argentino". Una deducción excesiva Uno de efectos distorsivos que genera el régimen simplificado a la hora de recaudar, tiene que ver con los montos que puede deducir aquellas personas que contratan servicios o adquieren productos de un monotributista en comparación con los fondos que éstos ingresan al fisco. Al respecto, Sasovsky explicó que por estar inscripto en el Monotributo un sujeto aporta al fisco en las categorías máximas: a) Por locaciones y/o prestaciones de servicios: $24.960 anuales. b) Por venta de cosas muebles: $38.160 al año. Ahora bien, si una empresa se deduce de Ganancias el 35% de los gastos facturados por una persona adherida al régimen simplificado, deja de tributar al fisco: a) Por servicios: $140.000 anuales. b) Por adquisición productos: $210.000 anuales. Dicho de otra manera, el fisco nacional pierde poco más de 5 veces la recaudación de las operaciones de servicios como las descriptas y por las transacciones que involucren cosas muebles. "Por lo tanto, se produce una disparidad muy evidente y desleal entre aquellos que tengan como proveedores a monotributistas y aquellos que no, dado que el Estado se está haciendo cargo de un costo que neutraliza toda progresividad lógica del equilibrio tributario", resaltó Sasovsky. Esto, según explicó el especialista, "ha llevado a la utilización nociva de maniobras de planificación fiscal, que corrompen todo el sistema tributario, e impiden un control de las variables que hacen a la tributación en su conjunto". El titular de Sasovsky & Asociados indicó que una posible solución a este problema sería fijar topes en la deducción. Por ejemplo: a) Por contratación de locaciones y/o prestaciones de servicios: $71.314,30. b) Por adquisición venta de cosas muebles: $109.028,60. "De esta manera se igualará la calidad de contribuyentes para las empresas y se permitiría ser más equitativo con los responsables inscriptos que se encuadren en el régimen general", concluyó Sasovsky. Una cuota atrasada El valor de la cuota que abonan todos los meses los inscriptos en el Monotributo contiene dos porciones. Por un lado, está la parte previsional (que incluye jubilación y obra social) y, por el otro, la impositiva. Hay que recordar que el concepto tributario del Monotributo equivale al pago del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y del Impuesto a las Ganancias en el régimen general. La parte previsional es la única que se fue ajustando en los últimos años. Por el contrario, tal como explicó a iProfesional el consultor Juan Manuel Locatelli, "el factor impositivo no se modifica desde el 2010, año en el que ajustaron también los parámetros de facturación". "Desde aquel momento, pese a que la inflación fue en franco aumento y que la porción previsional recibió algunos ajustes, el importe impositivo se mantuvo inalterable", aclaró el titular de JL Consultoría y Negocios. De esta manera, si bien la cuota total se actualizó cuatro veces (la última fue la semana pasada, cuando los aportes jubilatorios y a la obra social pasaron de $390 a $480), la parte tributaria mantiene los valores fijados en 2010. Tal como figura en la página de la AFIP, la carga fiscal de la categoría más baja (B) es de $39 mensuales, mientras en las más altas son de $1.600 (para el caso de prestación de servicios) y de $2.700 (venta de productos). "Esto genera una distorsión enorme entre las personas que están en el régimen simplificado y en el general, ya que mientras un monotributista con ingresos de $400.000 paga $19.200 anuales, quien está inscripto en Ganancias puede llegar a abonar hasta 5 veces más", explicó Locatelli. No hay que perder de vista que del 2010 a la fecha se incrementaron los montos de los parámetros de facturación y el de los alquileres devengados (en el año 2013). Dicho de otra manera: hubo un reconocimiento parcial del efecto de la inflación. Por ende, si la porción tributaria de la cuota hubiese seguido el mismo camino, hoy deberían ser un 100% más altos. Incluso, si la intención del Gobierno no era implementar un cambio tan abrupto, se podría haber subido al mismo ritmo que la parte previsional, que acumula una suba del 23 por ciento. ¿Cambios a la vista? En vista de los desajustes que tiene el régimen simplificado, queda claro que requiere de un rápido ajuste. Lo cierto es que hay cada vez más rumores que aseguran que habrá cambios importantes en el corto plazo. Al respecto, Esteban Aguirre Saravia, titular del estudio Aguirre Saravia & Gebhardt Abogados, sostuvo a este medio que "la AFIP está analizando modificar -y no solo actualizar- el Monotributo". Según explicó el especialista, la idea del organismo de recaudación es la de tener dos tipos de sistemas: uno que siga los lineamientos del esquema actual y otro que sea un intermedio entre el pequeño contribuyente y el responsable inscrito. Respecto de la nueva categoría que se crearía, Aguirre Saravia destacó que "además de poder factura montos mayores a los topes actuales, tendrá más deberes de información al fisco nacional". Más allá del proyecto que se analiza, lo cierto es que el régimen simplificado requiere una revisión de manera urgente, ya que colabora con la distorsión del sistema tributario y, adicionalmente, le genera una pérdida de ingresos al erario público. Los números hablan por sí solos. En 2014, el total obtenido por la parte impositiva de la cuota representó apenas un 0,88% de lo obtenido por la porción tributaria (es decir, excluyendo lo obtenido en Aduana) de Ganancias más IVA. Un año después, el porcentaje bajó a 0,83% y este año perfila aún peor: en el primer trimestre, lo recaudado apenas supera el 0,8% de los dos gravámenes más importantes del sistema impositivo. Algo que no luce coherente. Si se tiene en cuenta -como se explicó más arriba- que la cuota impositiva reemplaza el pago del IVA y de Ganancias, lo más lógico es que los ingresos de estos conceptos crezcan en proporciones, cuanto menos, parecidas. Las pruebas de que el Monotributo tiene serios problemas están a la vista. Ahora, llegó el momento de que el Gobierno realice un análisis íntegro del régimen y termine de definir qué tipo de sistema tributario desea tener.

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La UBA está en crisis hace años
La UBA está en crisis hace años
InfoporAnónimo5/15/2016

La UBA está en crisis hace años Gremios docentes de la UBA se manifestaron en defensa de la Educación Pública en el Obelisco Por YAMIL SANTORO Soy uno de los cientos de miles que hoy tienen un título universitario gracias al sacrificio de millones de argentinos que, con sus impuestos, permitieron que pudiera estudiar. También hoy estoy recibido gracias al esfuerzo de miles de profesores que donaron (y donan) sus horas de clase. A pesar del sacrificio de tantos, veo que actualmente unos pocos oportunistas se quieren colgar de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para criticar al Gobierno de Mauricio Macri, al opacar con su miseria política un debate mucho más profundo y concreto: la UBA está en crisis hace años. La UBA sufrió un serio proceso de desfinanciamiento durante la gestión kirchnerista. Si bien aumentó a nivel nacional el porcentaje del PBI que se invierte en educación superior, dicha distribución no fue uniforme, ni se rigió por criterios de eficiencia ni de necesidades reales. En la repartición, la UBA salió perdiendo. Así las cosas, en el 2008, la UBA recibió el equivalente a aproximadamente 50 pesos diarios por alumno: unas ocho veces menos que la Universidad de Avellaneda (455 pesos diarios) y unas seis veces menos que las universidades que se fueron creando desde el 2009 (301 pesos diarios). Esto surge de las partidas asignadas según la ley de presupuesto nacional nº 27.008, cruzándolo con la cantidad de alumnos por casa de estudios. La universidad más grande del país, bajo la gestión kirchnerista, recibió uno de los menores presupuestos por alumno. De hecho, en términos reales, la UBA tuvo un achicamiento presupuestario entre el 2014 y el 2015. El aumento presupuestario fue del 29,6%, una disminución en torno al 10% si se tiene en cuenta que la inflación 2014 estuvo cerca del 40% anual. Nos vienen ajustando hace rato para beneficiar, en cambio, a universidades con pocos alumnos o recientemente estatizadas. A eso debe sumársele que ha pasado de representar un 31% del total del presupuesto universitario a estar en torno al 28 por ciento. La UBA perdió terreno frente a universidades más chicas bajo la gestión kirchnerista. Para coronar el desfinanciamiento kirchnerista, antes de irse, aprobaron el presupuesto 2016, que tenía previsto un aumento real del 0% (30% en términos nominales, similar a la inflación 2015). Más del 53% de los docentes de la UBA trabajamos ad-honorem hace años. En parte esto se debe a fallas organizativas, dado que hay gente que cobra sin ir a dar clases y nos bloquea el acceso a quienes efectivamente trabajamos. De hecho, muchos buenos docentes se terminan yendo de la UBA porque no reciben un pago por su trabajo y si lo reciben, es una miseria. La docencia en la UBA es un sacerdocio y muchos lo hacemos por apostar genuinamente a la educación pública. Pero lejos está de ser una organización sostenida con fondos públicos. Esa es una mentira que tenemos que dejar de repetir, es una entidad de economía mixta que se sostiene en buena parte por el sacrificio de docentes que donan sus horas y alumnos que sufren las consecuencias de una mala administración o una insuficiencia de fondos, según el caso. El problema fundamental en torno a la educación pública en Argentina es que los fondos no se distribuyen con criterios técnicos ni estratégicos. De hecho, el Congreso Nacional tuvo la deshonrosa irresponsabilidad de estatizar la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo sin que existiera ninguna razón técnica ni educativa para hacerlo. Son fondos que nos robaron a los docentes que trabajamos para sostener estructuras políticas. Un insulto para todos los que integramos la comunidad educativa. Varias universidades más fueron creadas sin el aval del Consejo Interuniversitario Nacional. Gastaron la plata sin pensar en la calidad educativa, no hubo planificación estratégica y a nadie le importó corregir injusticias: el clientelismo movió la mano de los funcionarios durante años y perdió la educación. Hace años que la comunidad educativa advierte sobre los riesgos de este crecimiento irresponsable. Julieta Claverie, doctora en Educación e investigadora del Centro de Estudios de Estado y Sociedad, advirtió: “El tema es cómo se sostendrá ese financiamiento a largo plazo. No se está pensando la articulación del sistema en su conjunto; en el Conurbano algunas universidades se están ‘pisando’ entre sí”. A nivel regional, la UBA tampoco sale favorecida. A valores de 2015, estaba recibiendo un aproximado de 5-6 dólares, muy por debajo de los 73 dólares diarios que maneja la Católica de Chile (que es privada), los 68 dólares diarios que tiene la de San Pablo o la Autónoma de México, que posee aproximadamente 15 dólares diarios, con la misma cantidad de alumnos. Y aun así mantenemos un muy buen nivel. ¿Por qué? Por los miles de héroes que donan sus horas y trabajan a pesar de todo, no por el vendaval de oportunistas que ahora salen a decir que la UBA tiene problemas porque aumentó la factura de luz. Hay varias partidas presupuestarias que pueden optimizarse o deberían auditarse. Por ejemplo, tomando algunos números del presupuesto 2015, ¿son necesarios los 672 mil pesos de “subsidios de viajes a decanos”? ¿Y los 3.843.000 pesos de la gestión de relaciones internacionales? Sólo por poner un par de casos. ¿Saben cuánto representa la factura de luz en el presupuesto de la UBA? Se encuentra en torno al 1% del total. La Constitución Nacional consagra la autonomía universitaria, es decir, la UBA elige cómo administrar sus recursos. Con base en todo lo anterior tenemos dos discusiones que dar: primero, dónde estamos invirtiendo; indudablemente la UBA ha perdido terreno en términos presupuestarios por una administración clientelar de la inversión educativa y se han desviado fondos para financiar universidades sin respaldo técnico, cuando existen muchas necesidades en algunas de las universidades existentes. Segundo, la UBA se maneja con escasa transparencia y sin un debido control. Sin ir más lejos, las páginas de esta universidad sobre datos presupuestarios no poseen información actualizada (la última resolución sobre presupuesto subida es del 2013 y la última auditoría publicada es del 2012). La UBA está en crisis hace años. Funciona gracias al sacrificio de muchos y muy por debajo de todo su potencial. Quizás sea un buen momento para dar un debate serio sobre el papel de la UBA. Hay muchas injusticias por corregir, pero para empezar a cambiarlas debemos sacarnos las anteojeras del chiquitaje político-partidario y comprometernos con el tema de fondo: la educación pública.

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“Al Papa le interesa más reconciliar a los peronistas que...
InfoporAnónimo5/29/2016

“Al Papa le interesa más reconciliar a los peronistas que a los argentinos” Loris Zanatta El académico italiano Loris Zanatta es un estudioso de la relación entre política y religión en la Argentina. Cree que la invitación a Bonafini es “un cachetazo al gobierno” y que con ella el ex cardenal Bergoglio parece avalar la idea de que Macri “no es plenamente legítimo” y representa sólo a una minoría. La invitación del Papa a Hebe de Bonafini es ecuménica, en nombre de una reconciliación. Pero no creo que sea para reconciliar a los argentinos sino al peronismo -afirma el historiador italiano Loris Zanatta, académico de la Universidad de Bolonia y estudioso de la relación entre la política y la religión en la Argentina-. Se puede interpretar también como una viveza por parte de Bergoglio”. -¿En qué sentido el viaje de Bonafini sería una viveza del Papa? -Es un poco fuerte decir esto pero para la opinión pública europea, que no conoce las cuestiones argentinas en profundidad, Hebe de Bonafini es una tierna viejita con un pasado heroico que nadie le puede discutir. Ha enfrentado a una feroz dictadura, ha padecido sufrimientos injustos. Además, es una persona que trató muy mal al Papa. Se sabe aquí, en Europa, que lo insultó. Entonces, por un lado, el Papa tendrá la imagen del buen cristiano que ofrece la otra mejilla y abraza a quien lo insulta. Y por otro lado, va a gozar del reflejo de la popularidad de una mujer que en la opinión pública mundial es una heroica combatiente por los derechos humanos. -Si ésta es la lectura edulcorada para quienes la realidad argentina es algo lejano, ¿cómo lo interpretan aquéllos que sí la conocen en profundidad? -Quien conoce un poco más la Argentina sabe que se trata de un personaje un poco más discutido y discutible. Hebe de Bonafini ha transformado, con la colaboración de muchos, los derechos humanos en un instrumento de una parte política de un gobierno. Ha transformado los derechos humanos en un imperio, hasta en un business. Porque en nombre de los derechos humanos ha creado una universidad, ha hecho circular mucho dinero, ha edificado casas populares. Hizo muchas cosas en nombre de los derechos humanos y, al final, los derechos humanos se perdieron porque su utilización ha sido instrumental desde un punto de vista político. La opinión pública europea puede no conocer estas cosas o tal vez hasta no le interesen porque le resulta más importante lo que Hebe de Bonafini hizo hace 40 años. Pero el Papa sí las sabe. -¿Cuál sería entonces el mensaje político de la presencia de Bonafini en el Vaticano? -Es un cachetazo al gobierno actual. En la Argentina, dentro del campo popular y nacional ha habido una profunda división en los últimos años. La polémica de Bergoglio con el gobierno de los Kirchner fue una división del peronismo y no nos olvidemos de que la división del peronismo fue la que llevó a la victoria electoral de aquellas fuerzas políticas que, desde la perspectiva del Papa, no pertenecen al campo popular y nacional. El mensaje, entonces, es: el campo popular y nacional se reconcilia; olvidemos el pasado que nos hizo perder las elecciones, que nos hizo pelear tanto y que permitió que llegara al poder la oligarquía. Reunámonos entre nosotros en el campo nacional y popular y mandemos este mensaje a la opinión pública argentina. La visita de Hebe al Papa es un cachetazo al gobierno actual porque Hebe no sólo está en contra del gobierno, algo que es legítimo, sino que lo insultó y lo trató como si no fuera un gobierno legítimo. Al abrazarla e invitarla, el mensaje del Papa al gobierno es que él tampoco le reconoce plena legitimidad. ¿Cuáles son las consecuencias de este gesto? -Desde la visión populista del Papa, es cierto que este gobierno ganó las elecciones democráticas pero no es plenamente legítimo. Es como decir que sí, que ganó pero que en realidad no representa al pueblo. Representa a una minoría, porque el verdadero pueblo, el que conserva la identidad de la Nación, como sostiene el populismo, está del otro lado. Esto crea problemas en el discurso populista porque mientras el populismo pueda unir al pueblo mítico y la victoria electoral, no hay inconvenientes. El problema nace cuando la idea de pueblo no corresponde a la mayoría electoral. En este caso se abre una grieta. De querer reconciliar a los argentinos, ayudaría mucho afirmar la necesidad de reconocer la plena legitimidad al gobierno actual, lo cual no implica apoyar lo que el gobierno está haciendo sino reconocer lo que eligieron los argentinos. Pero sospecho que al Papa le interesa más reconciliar a los peronistas que reconciliar a los argentinos. De este modo hostiliza al gobierno y eso resulta desestabilizador.

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Contra la patria industrial
Contra la patria industrial
InfoporAnónimo9/7/2015

Contra la patria industrial Ensambladora en Tierra del Fuego, icono de la patria industrial Entre los logros culturales del populismo, la imposición del paradigma industrialista es el mayor, el más destructivo y el más difícil de desmentir. Por FERNANDO IGLESIAS La idea de que la industria es el motor del desarrollo nacional y la principal proveedora de puestos de trabajo forma ya parte del sentido común argento a pesar de que la realidad la desmiente cada día. El esquema de sustitución de importaciones y el consecuente modelo proteccionista, mercado-internista y mano-de-obra intensivo que lo ha encarnado van, además, a contramano de un mundo que avanza velozmente hacia la globalización, y es exactamente opuesto a las experiencias exitosas de desarrollo industrial del último medio siglo (Alemania y Corea, digamos), que se basan exactamente en lo contrario: integración regional e internacional de las cadenas productivas, producción para el mercado global, mercado común con los países vecinos y creación de valor cerebro-intensiva, no basada en el trabajo físico repetitivo sino en la incorporación de conocimiento, información, diversidad, comunicación, diversidad y subjetividad a la producción. Casi nada de eso se ha hecho en Argentina en el último siglo. Mucho menos, en los últimos años. El resultado ha sido que, lejos de convertirse en la gran ahorradora de recursos, la industria nac&pop requiere anualmente $30.000 millones de dólares más de los que exporta para poder seguir funcionando. No lo digo yo sino el creador del hit “Vivir con lo nuestro”, Aldo Ferrer. Si vivimos atrapados en un cepo cambiario y si el peso de la recaudación fiscal recae hoy sobre los más pobres a través del IVA, sobre los asalariados por el impuesto a las ganancias y sobre el sector agropecuario, mediante retenciones, la responsabilidad es del populismo y de la industria que supo conseguir. La industria de sustitución de importaciones alentada originalmente por el peronismo con la excusa de ahorrar dólares es hoy la principal dilapidadora de dólares del país, y el sector agropecuario, su principal proveedor. ¿Dónde están la proclamada liberación nacional y el desarrollo, y dónde el atraso y la dependencia? Por otra parte, seguir hablando de reindustrialización como futuro deseable del país es ignorar los dos fenómenos centrales de estos años: el pasaje de un mundo políticamente centrado en las naciones-estado y económicamente basado en la producción mediante el trabajo físico a un universo global cuya fuente de creación de valor es el trabajo intelectual. ¿Fantasía? Si se compara la situación argentina con la mundial se observa que la participación de la industria en el PBI argentino no es baja sino igual a la media mundial; que en la lista de las diez mayores economías del mundo las únicas con participaciones industriales más altas son Rusia y China (dos países en los cuales los niveles de vida, democracia y vigencia de los derechos humanos son aún peores que en la Argentina, y los últimos del top-ten); y que la economía de los Estados Unidos es la menos industrial de las mayores diez, a pesar de lo cual los EEUU registran un nivel de desempleo considerablemente menor que sus competidores, desmintiendo la ecuación populista que equipara la industria a la existencia de puestos de trabajo. En cuanto a los beneficios del industrialismo para los trabajadores, la relación entre participación de la industria en el PBI y nivel salarial es inversa: mayor es una, menor es el otro. El auge industrial de China se basa en un salario diecisiete veces menor que en los EEUU. Motivo por el cual el salvajemente explotador imperialismo yanqui se desgañita hoy solicitando que el heroico gobierno popular de la revolución maoísta suba los salarios de sus trabajadores y los deje acceder a lo que producen, reequilibrando las balanzas comerciales de todo el mundo. Más importante para nosotros es que el salario industrial por hora chino sea seis veces menor que el argentino. Si los chicos de La Cámpora quieren ampliar el modelo basado en la mano de obra intensiva van a tener que convencer al compañero Moyano y sus muchachos de ganar u$s1.6 (menos de veinte pesos) por hora. Pero finjamos que se puede pensar un país exitoso en el siglo XXI apelando a las ideas y modelos de mediados del siglo XX, y demos por sentado que la industrialización es un bien per se. La pregunta es: ¿han sido exitosos estos trece años de supeditación de la economía nacional a los intereses de la Patria Industrial? Mirando la realidad se comprueba que la famosa Reindustrialización K no es más que otra densa humareda. Por debajo del discurso del desmantelamiento de la industria en los Noventa y el de la reindustrialización triunfante de la Década Saqueada discurre la realidad, coincidente entre ambos peronismos. La diferencia entre la “desindustrialización noventista” y la “reindustrialización nac&pop” es una variación irrisoria y negativa que va del 18% de 1994, al 15% durante la crisis de 2001/2002, hasta el 16%-17% actual. La única recuperación de la participación de la industria en el PBI, muy pequeña, se produjo entre 2002 y 2004 “gracias” al ajuste populista: baja de salarios y costos laborales; un elemento más que demuestra el carácter reaccionario y antipopular del industrialismo nac&pop. La realidad es simple: si queremos una alta participación de la industria en el PBI hay que licuar los salarios como hizo Duhalde en 2002: 75% de devaluación salarial en dólares y 40% de inflación en pesos con salarios congelados. La otra posibilidad es aplicar el modelo alemán de incorporación de trabajo intelectual al sector industrial en forma de ciencia y tecnología, en cuyo caso se debe abandonar el jurásico modelo proteccionista de la Patria Industrial y situarnos en el ámbito de la sociedad del conocimiento y la información, que produce riqueza en base a la inteligencia humana. Pero para seguir el modelo alemán se necesita una educación de primer nivel orientada a las carreras técnicas y nada de eso se hizo aquí durante la Década Saqueada sino ese Italpark peronista que es Tecnópolis. ¿Ha logrado el modelo kirchnerista que la industria creciera más que el resto de los sectores? Tampoco. Basta comparar la composición del PBI que ofrece el INDEC para 2003 y 2013 y comprobar que el sector de mayor crecimiento de la economía nac&pop fue Intermediación Financiera, con un crecimiento de +271% en diez años contra un +89% del conjunto de la economía. El triple. Gran performance, la de los malvados buitres locales. La industria manufacturera (+79%) mejoró menos que el conjunto de la economía (+89%) y fue superada ampliamente por todos los productores de servicios excepto por Salud, Educación y Servicios Sociales (es decir: los servicios más ligados al bienestar general de la población), que crecieron sólo el 48%. Todo eso, a pesar del 6% del PBI en Educación, el plan de escuelas y hospitales y otros cuentos de la colección “Vengo a proponerles un sueño”. Notable, también, es la pobre performance energética y de los servicios básicos -electricidad, gas y agua- (+56%), otro sector donde el Estado metió la mano, regulando tarifas y subsidiándolo todo. ¿Se justifica, de todas maneras, que toda la economía argentina subsidie a la industria, por ser la mayor proveedora de puestos de trabajo? Aun menos. Según el INDEC, solo 2.046.299 de los empleos argentinos (11%) corresponden al sector industrial, y el porcentaje es aún menor en los países desarrollados. El sector manufacturero no es tampoco el principal empleador del país, sino el comercio (2.914.275 puestos), mientras que “Administración pública” y “Enseñanza” suman 3.282.609 empleos. ¿Representa el fracaso de la economía K un cambio respecto al primer peronismo, supuestamente industrializador? La Leyenda Peronista, de la cual el Relato Kirchnerista es el último capítulo, sostiene que el país le debe al peronismo no sólo los derechos sociales sino su industrialización, pero no hay datos que confirmen la hipótesis. La participación de la industria manufacturera en el PBI registró un ascenso veloz y relativamente estable desde el 10% de 1900 y hasta el 20% de la primera mitad de los Cuarenta, cuando se frenó. Se recuperó en el segundo período peronista, con el cambio del plan de fiesta de Miranda por el programa de ahorro e inversiones de Gómez Morales. Allí recomenzó su tendencia ascendente, que se agotó en los Sesenta. A partir del 30% de entonces, la declinación fue permanente. De ella formaron parte el segundo período peronista (1973-1976) y el tercero; el de la Convertibilidad. No hay pues un solo rasgo de aumento diferenciado de la participación de la industria manufacturera en el PBI que pueda asociarse a alguno de los cuatro períodos peronistas. De manera que la parte de la Leyenda Peronista que propone al justicialismo como el gran industrializador tiene el problemático inconveniente de ser falsa. Para ser justos, no es un problema del peronismo sino del industrialismo proteccionista jurásico que viene parasitando al resto del país desde los tiempos del primer Perón. Al final del largo camino por el cual ha desbarrancado a la Argentina se encuentra el modelo productivo nac&pop, cuyo paradigma es La Salada, orgullosamente incorporada por el kirchnerismo a las delegaciones oficiales. No es casual. La idea de hacer la vista gorda al trabajo en negro, la evasión impositiva y la contaminación ambiental con la excusa de preservar las fuentes de trabajo termina necesariamente en el modelo La Salada: talleres clandestinos, esclavitud laboral, ríos contaminados, mafias e ilegalidad. Que la Patria Industrial no nos siga mintiendo, además, con que escasea el trabajo en un país en el que falta todo: ferrocarriles, autopistas, puertos, desagües, cloacas, viviendas, energía, redes de gas y electricidad. Si la industria quiere contribuir al futuro nacional deberá dedicarse a construir la infraestructura que el país requiere y emplear en ese terreno a los millones de trabajadores argentinos que lo necesitan, en vez de seguir condenándolos a ensamblar y embalar productos peores, más caros y repletos de componentes made in China que los argentinos pobres y los pobres argentinos nos vemos obligados, después, a comprar. Quien proclama ser la vanguardia productiva del país no puede vivir a costa de los demás. La Argentina no necesita industrializarse sino modernizarse. Ser eficiente y productiva en todos sus sectores económicos, incluyendo al industrial, sin muletas eternas ni vale-todos para nadie. Integración regional e internacional de las cadenas productivas, producción para el mercado global, apertura al mundo y los países vecinos, creación de valor cerebro-intensiva. Son los paradigmas necesarios para la industria y para todos los sectores. Sin privilegios ni discriminaciones para nadie ni contra nadie. A favor de la industria y en contra de la Patria Industrial.

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El arte de la omisión y el riesgo de escupir para arriba
El arte de la omisión y el riesgo de escupir para arriba
InfoporAnónimo6/20/2016

El arte de la omisión y el riesgo de escupir para arriba Sergio Massa junto con el ex Secretario de Obras Públicas de Argentina, José Lopez Massa cargó contra López. Pero también contra De Vido porque “uno es responsable de todos los funcionarios que tiene bajo su dependencia”. Como jefe de Gabinete, fue jefe de los dos. “Ejercer la administración general del país.” Ésa es, según lo establece el artículo 100 (segunda parte, capítulo cuarto) de la Constitución Nacional, la primera de las funciones del jefe de Gabinete. El texto de la Carta Magna no deja espacio para dudas: el ministro coordinador es, en la estructura institucional de la Nación, dicho en la jerga de la política, el dueño de la lapicera y, como tal, testigo privilegiado y protagonista del movimiento de los recursos del Estado en la dinámica cotidiana de la gestión. Por eso sorprende que el diputado nacional y líder del Frente Renovador, Sergio Massa, haya reclamado ahora que caiga “todo el peso de la ley” sobre el ex secretario de Obras Púbicas José López y no haya notado nada extraño en su paso por la jefatura de Gabinete, cuando tuvo bajo su tutela al personaje del escándalo de corrupción más bizarro que se recuerde. Frente a la detención del ex funcionario K mientras arrojaba valijas con nueve millones de dólares hacia adentro de un convento en General Rodríguez, Massa pidió que la Justicia actúe con "todo el peso de la ley" porque consideró necesario "construir una Argentina sin coronita". TIERRA ENCIMA. El ex intendente de Tigre no sólo cargó contra López. También apuntó contra el ex jefe directo de “Josecito”, el ahora también diputado nacional y ex titular de la cartera de Planificación Federal, Julio De Vido. "Cualquier ministro sabe lo que hacen los secretarios", dijo Massa, y se embarró: "Uno es responsable de todos los funcionarios que tiene bajo su dependencia". En el barrio, a eso se le llama escupir para arriba. Que Massa haya gobernado Tigre no es un dato para desestimar. En ese distrito que los massistas llaman –por la alta concentración de nuevas riquezas- la Miami argentina, Lopecito era un vecino caracterizado. Allí levantó, el ex súper secretario, la mansión en la que atesoraba la plata verde –pero negra- que este martes intentó guarecer tras los muros cristianos de General Rodríguez. Se sabe: en los pueblos, todos se conocen. Massa habló de López en un contacto con la prensa que cubre el Congreso. En ese diálogo, no tuvo la prudencia de la síntesis. Se explayó: "Da bronca, genera indignación. Te genera tristeza también porque en definitiva es una mancha muy grave a la democracia. Ojalá que la Justicia haga caer todo el peso de las leyes que tenemos hoy vigentes en la Argentina". Y, con opulencia propositiva, fue por más: llamó a "poner en marcha un Nunca Más a la corrupción". Lo que no dijo el ex candidato a presidente es que, pese a su convicción de que “uno es responsable de todos los funcionarios que tiene bajo su dependencia”, en su paso por la jefatura de Gabinete, entre el 23 de julio de 2008 y el 7 de julio de 2009, no denunció a José López. Un viejo zorro de la política le dijo un día al autor de este artículo: “No es mentir no decir toda la verdad”. Acaso se lo haya dicho también a Massa, que, se nota, se ha hecho bueno en omisiones.

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Marcos Peña salió a dar explicaciones por las críticas
Marcos Peña salió a dar explicaciones por las críticas
InfoporAnónimo4/25/2016

Marcos Peña salió a dar explicaciones por las críticas Marcos Peña y Macri en el salón Eva Perón de la Casa Rosada. Un durísimo editorial de La Nación obligó al jefe de Gabinete a descargarse en Facebook. Marcos Peña viene soportando hace semanas crecientes críticas por lo que aliados e incluso miembros del Gobierno consideran fallas de comunicación. La que más se atrevió a blanquear esa postura –la mayoría critica en cobarde off- fue Lilita Carrió, que como reveló LPO, incluso tuvo un duro cruce telefónico con el jefe de Gabinete. Las fallas en la política de comunicación de Peña, ya había sido advertida por este medio y terminó de quedar en evidencia en el pésimo manejo de la crisis de los Panamá Paper, que causaron al presidente Macri un daño todavía difícil de mensurar en toda su amplitud. Sin embargo, hoy un durísimo editorial del diario La Nación que habría escrito el periodista Jorge Fernández Díaz, lo terminó de desequilibrar. No fue el único cuestionamiento del domingo. También objetó la política de comunicación oficial la periodista Silvia Mercado de Infobae, en una columna que el dueño del medio, Daniel Hadad, consideró pertinente tuitear. La Nación no se quedó en la crítica global como hacen la mayoría de los columnistas de los grandes diarios, que eluden mencionar al jefe de Gabinete. El diario de los Saguier puso el dedo en la llaga: Existe la presunción que Marcos Peña y sus colaboradores más cercanos –como reveló el funcionario de la jefatura Hernán Iglesias Illa en su libro Cambiamos-, están convencidos que se ganó las elecciones por su brillante estrategia de comunicación. “Aun en el supuesto de que la proximidad con gurús de la comunicación fuera absolutamente necesaria para un presidente de la Nación, nada reemplazará nunca el valor del instinto natural, de la sabiduría que debe encarnarse en un jefe de Estado para granjearse y preservar la confianza de los sectores más amplios de la sociedad. Sería un error del Presidente y de la coalición gobernante, y un infortunio por el cual todos pagaríamos el precio caro de la frustración, que acreditaran el éxito electoral que los llevó al poder en diciembre sólo a las bondades de sus estilos de comunicación”, sostiene la pluma de Fernández Díaz. Para agregar: “El mejor Macri de estos cuatro meses de gestión presidencial, en cuanto a su comunicación con la sociedad, ha sido el que el 1° de marzo pronunció el mensaje de apertura de las sesiones del Congreso. Allí hizo una interesante descripción de la herencia recibida. Pero prometió brindar más adelante un preciso estado general de situación, que nunca fue presentado hasta hoy”. Es curioso que quienes más ferreamente se opusieron a que Macri hablara de la herencia recibida fueron Marcos Peña y el asesor mencionado sin nombre por La Nación, Jaime Durán Barba. Como sea, luego La Nación apunta sin contemplaciones al jefe de Gabinete: “Después de 130 días de haber asumido el presidente Macri, cabe preguntarse dónde se sistematiza la opinión de sus más de veinte ministros, y en particular los del área económica, parcelada en segmentos específicos. Corresponde preguntarse también dónde se halla el portavoz oficial del gobierno, a menos que el jefe de Gabinete, Marcos Peña, de quien en la Casa Rosada se dice que cumple esas funciones, no consiga potenciar su identidad por carencia de aptitudes para aquella tarea, a pesar de contarlas para otras exigencias institucionales”. Para luego remachar: “Gobernar una gran ciudad con recursos no es lo mismo que gobernar a una nación con llagas vivas por curar”. La respuesta de Peña Tocado, el jefe de Gabinete apeló a su instrumento de comunicación preferido, para responder las críticas. Publicó en Facebook un largo comunicado, en el que reiteró viejas generalidades al estilo PRO: “Creemos que la comunicación del siglo XXI cambió en muchos sentidos. El más importante es que dejó de ser una comunicación vertical entre quien emite el mensaje y quien lo recibe, para transformarse en una relación horizontal. Por eso buscamos conversar, no gritar ni imponer”. Para luego caer en ese atajo que a esta altura ya suena un poco sobreactuado, de hablarle “directamente” a un interlocutor individual idealizado, como le hicieron hacer a Macri en medio de la conferencia de prensa sobre los Panamá Papers, en la que pese a todas las invocaciones al diálogo, no se permitieron preguntas. “Creemos centralmente en las personas, en los argentinos. En vos. No te subestimamos. No subestimamos a la gente. No creemos que sea tan fácil engañarlos o mentirles. Sabemos que la mayor parte de los argentinos entiende que recibimos un país con enormes problemas. Y que confían que todas las decisiones que estamos tomando son para que los argentinos vivan mejor”, sostuvo Peña en su respuesta, sin timidez para repetir la palabra argentinos las veces que hagan falta. Pero luego agrega una de los párrafos más complejo: “Creemos también que las redes sociales, las herramientas de comunicación directa como el teléfono, el email, el contacto mano a mano, son excelentes para poder abrir otras instancias de vínculo directo con los ciudadanos, para poder llegarle con un mensaje más específico y también para escucharlos y así generar una verdadera conversación”. Es en ese párrafo donde se puede encontrar el nudo de la polémica sobre la política de comunicación del marcospeñismo. Sencillamente no cree en los medios tradicionales. No es un secreto que el diagnóstico que el jefe de Gabinete le acerca al Presidente es que en cinco años los diarios van a desaparecer; pronóstico que sin contradecirlo, algunos pícaros matizan en el oído presidencial: “Mira Mauricio que tu mandato es de cuatro años”.

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