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Usuario (Argentina)

De cómo Kirchner frustró la "situación ideal para un gobernante" "Los límites de la voluntad", de Marcos Novaro, Alejandro Bonvecchi y Nicolás Cherny, analiza la década que va de un default al otro, exponiendo los motivos por los que las voluntades de la clase dirigente llegaron a resultados distintos de los buscados. En el tramo del libro que reproducimos aquí, los autores (*) analizan el año 2006, según su enfoque, un momento lleno de promesas y condiciones ideales para la reformulación del sistema político y de la organización económica, y los motivos por los cuales ello no fue posible. La voluntad ante sus límites A comienzos de 2006 un nuevo país parecía posible. La economía crecía de manera sostenida y el crecimiento, a diferencia de lo ocurrido en la segunda mitad de los años noventa, generaba empleo y reducía la pobreza al mismo tiempo que ampliaba las oportunidades de consumo. La Argentina acababa de librarse de la tutela financiera de sus tradicionales acreedores a través de la reestructuración de la mayor parte de la deuda pública y del pago de la remanente con el Fondo Monetario Internacional. Y la región en su conjunto, mientras tanto, se alejaba de la tutela política de Estados Unidos con el rechazo al ALCA en la Cumbre de las Américas. En otro plano, los militares que habían evitado su juzgamiento por los crímenes cometidos durante la última dictadura gracias a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y de los indultos estaban rindiendo cuentas ante los tribunales, sin la menor sombra de indisciplina en los cuarteles. Y la democracia argentina, con ello, parecía poder alcanzar finalmente su madurez. El país se ponía en nuevas manos, y parecía dispuesto a dejar atrás los conflictos que lo habían acosado y habían obturado su progreso durante décadas Titular del diario Clarín posterior a las elecciones legislativas del año 2005 Las elecciones de 2005 habían enviado a retiro a buena parte de la dirigencia que hasta entonces venía comandando los partidos políticos, consagrando no solo el liderazgo del presidente Kirchner sobre el peronismo y la fragmentación del campo no peronista, sino también el relegamiento del radicalismo por las emergentes figuras de Carrió desde la centroizquierda y Macri desde la centroderecha. El país se ponía en nuevas manos, y parecía dispuesto a dejar atrás los conflictos y tensiones que lo habían acosado y habían obturado su progreso durante décadas, reconciliando por fin al peronismo con la izquierda, al nacionalismo con el desarrollismo, a la democracia con un crecimiento inclusivo. En el nuevo país que se insinuaba parecían abrazarse solidarios una nueva organización económica y un nuevo sistema político. La nueva organización económica consistía en una combinación inédita para la historia argentina: una economía abierta con tipo de cambio real competitivo y superávit fiscal y comercial. Esta combinación prometía superar los obstáculos que en el pasado habían impedido consolidar procesos de crecimiento económico con ampliación del bienestar social. El mantenimiento de la apertura económica y el superávit fiscal removían dos causas principales de la inflación que había sido crónica durante la segunda mitad del siglo XX: la protección arancelaria que permitía a empresarios y sindicalistas aumentar precios y salarios sin temer la competencia de productos importados, y el déficit fiscal que, recurrentemente, inducía a las autoridades a emitir más dinero para financiarlo del que la economía estaba dispuesta a aceptar. Por otra parte, el tipo de cambio real competitivo y el superávit comercial permitían impulsar a la vez que aprovechar el crecimiento de las exportaciones y de las cadenas de valor asociadas a los sectores exportadores, contribuyendo simultáneamente al ingreso de divisas y a sostener el superávit fiscal, a través de los impuestos al comercio exterior, así como a la generación de empleo y la reducción de la pobreza que impulsaban el consumo y la demanda agregada en el mercado interno. Apuntalada por los altos precios de los productos exportables y las bajas tasas de interés internacionales, esta nueva organización económica prometía dejar atrás no solo los males de la depresión que había acompañado el colapso de la convertibilidad, sino más en general las décadas de volatilidad y oscilación entre ciclos cortos y marcados de crecimiento y de crisis (Gerchunoff y Aguirre, 2006). Prometía, en definitiva, que nunca más habría Rodrigazo, hiperinflación, ni un colapso como el de 2001. Cristina y Nestor Kirchner se abrazan durante un acto realizado en 2008 El nuevo sistema político en ciernes era, en cambio, más impreciso en sus contornos. Emergían con claridad tres elementos: la dominancia electoral del peronismo; el liderazgo de Kirchner sobre su aparato, y la declinación del radicalismo como segunda fuerza. Estos rasgos prometían estabilidad política: no había chances de alternancia en el gobierno y había certeza acerca del control del Presidente sobre su propia maquinaria política y su sucesión. Desde la Organización Nacional el país había experimentado tal contexto de estabilidad en apenas cinco ocasiones: los gobiernos de Roca, Yrigoyen, Alvear, Perón y Menem, y solo ahora se combinaban la estabilidad de las reglas de juego democrático con la escasa competitividad de las fuerzas opositoras, configurando algo así como la situación ideal para el gobernante, en la cual nadie podía impugnar su legitimidad de origen ni tenía recursos suficientes para amenazar su legitimidad de ejercicio. Sin embargo, el resto era pura incógnita: ¿persistiría la fragmentación en el campo no peronista o el radicalismo sería reemplazado por otra fuerza política en el rol de principal oposición? ¿Cuáles serían las orientaciones ideológicas o programáticas de los partidos al cabo de la reconfiguración en curso? ¿Cuáles sus bases electorales? ¿Qué posibilidades tendrían otros partidos de acceder al gobierno nacional o a las gobernaciones provinciales mayoritariamente controladas por el peronismo? En el vértice del gobierno kirchnerista se pergeñaba una respuesta a estas incógnitas: el liderazgo de Kirchner construiría una nueva fuerza política de centroizquierda basada en –pero mayor que– el peronismo, con asiento electoral en los sectores populares y las capas medias; e inducidos por la potencia electoral de esta nueva coalición, los sectores de derecha y centroderecha del peronismo y del radicalismo confluirían a su vez en una nueva fuerza opositora que, escasa de inserción popular, sería una eterna segundona del kirchnerismo, como el radicalismo de Balbín lo había sido del peronismo de Perón. Con la diferencia de que esta vez sí el sistema de poder sería estable, tanto económica como políticamente adecuado a las necesidades del país. Militantes kirchneristas en un acto en Plaza de Mayo Para avanzar en esa reconfiguración del sistema político, Kirchner decidió utilizar como herramientas centrales aquellas que le habían permitido ascender a la jefatura del peronismo: la ya mencionada maximización del crecimiento económico basado en el consumo, y la cooptación de dirigentes de distintos partidos bajo su liderazgo. Su apuesta supuso que, como hasta entonces, el éxito de una herramienta alimentaría el de la otra: cuanto más vigorosos fueran el crecimiento y el consumo, más sencillo sería para Kirchner cooptar dirigentes y reestructurar el campo político a su voluntad. Pero sería precisamente esta voluntad la que encontraría sus límites en el curso de 2006. Por el lado de la economía, por las inconsistencias entre instrumentos y objetivos de política económica, la resistencia de sectores empresarios al uso de algunos de esos instrumentos, los costos impuestos por los sindicatos a cambio de su cooperación, el agotamiento de la capacidad instalada en la industria y la infraestructura, y el crujido en uno de los eslabones débiles de la cadena: los precios del sector externo. Por el lado de la política, por la activación de la competencia sucesoria peronista en los niveles provinciales y municipales, y por el rechazo de la opinión pública al reeleccionismo y a la reforma de la Constitución, componentes centrales de la fórmula política con que el nuevo líder quiso proyectar su dominio tanto más allá del peronismo como de su tiempo en el cargo. El Presidente lograría, al cabo, lidiar exitosamente con estos límites, aunque no podría superarlos y generaría, con las decisiones tomadas para intentarlo, costos y restricciones que a la larga acotarían todavía más el poder de su voluntad.

El relato de Aerolíneas Airbus A330-200 de Aerolíneas Argentinas aterrizando Ojalá gozara de la prosperidad que celebran su gerente general y la Presidenta A la Presidenta siguen contándole datos falsos sobre Aerolíneas Argentinas, que ella repite acríticamente y que tienen un solo objetivo: construir la idea de una empresa próspera y, eventualmente, si cabe el término, recuperada. Para llegar a esta narrativa se falsean datos no sólo del presente, sino también de la situación en la que se encontraba la línea aérea de bandera al momento de ser expropiada. En primer lugar, basta con ver los "balances rectificativos" que la propia Aerolíneas Argentinas publicó durante la actual gestión pública para saber que la línea aérea de bandera argentina tenía en 2008 más de 40 aviones disponibles en su flota y no sólo 26, como dijo Cristina el martes pasado, al presentar un nuevo avión de la empresa. Luego, Aerolíneas jamás tuvo "siete familias de aviones", básicamente porque no hay tantos fabricantes en todo el mundo, y menos aún que hayan provisto a nuestra línea aérea de bandera. Los grandes fabricantes son cuatro: Boeing (USA), Airbus (UE), Embraer (Brasil) y Bombardier (Canadá). Es un dato sencillo y alcanzable en Internet, si se sabe buscar. El historial de flota de Aerolíneas Argentinas también es muy fácil de chequear. Cuando Aerolíneas fue expropiada, en septiembre de 2008, tenía aviones de tres fabricantes diferentes. Igual que ahora. La Presidenta mencionó no sólo que Aerolíneas tenía una veintena de aviones, sino que eran malos. Eso también es falso. No hay aviones malos. Y menos en la actualidad. Hay aviones más o menos acordes para las necesidades de una aerolínea de acuerdo con el territorio que necesita cubrir y de su modelo de negocios o sus aspiraciones de transporte. De hecho, Aerolíneas Argentinas decidió dejar de volar el Boeing 747, avión que sigue en producción y de probado éxito aerocomercial, para quedarse sólo con Airbus A340. El A340 se dejó de fabricar en 2011, por antieconómico y falta de demanda. Un ejemplo que lo grafica: Delta Airlines tiene en su flota Boeing 747 y MD 80, dos modelos de avión que Aerolíneas desprogramó. Sin embargo, Delta está entre las aerolíneas con más ganancias de los Estados Unidos. Tampoco es cierto, como señalaron el martes en Ezeiza la Presidenta y Mariano Recalde, gerente general de la empresa, que se haya duplicado la cantidad de pasajeros.Aerolíneas Argentinas aumentó, si tomamos por ciertos los números actuales de la propia empresa, un poco menos del 50%. Pasó de vender más de 6 millones de tickets por año en 2008 a los 9 millones que, sostiene, vendió en 2014 la actual conducción, pero el diagnóstico empeora si observamos cómo aumentaron la cantidad de aviones y empleados disponibles en relación con el aumento de pasajeros transportados. Respecto del Airbus A330-202 incorporado directamente de su fabricante europeo, no sorprende que la empresa encubra que el avión viene en un formato de leasing financiero. Esto significa que hasta que no se complete su pago, algo que no podemos estar seguros de si va a suceder, el avión es propiedad de Airbus y no de Aerolíneas. Por eso, precisamente, podrá volar a Nueva York y Miami sin temor a ser embargado. Es importante precisar también que Aerolíneas recibió aviones flamantes Jumbo, con los que nuestra línea de bandera supo alcanzar los destinos de Hong Kong, Zurich, Londres, París y Fráncfort, entre otros, en 1979 y 1980. Fueron dos Boeing 747-200 que hoy están tristemente tirados en el aeropuerto internacional de Ezeiza. Por último, la Presidenta mencionó con orgullo la renovación de flota y expuso que su antigüedad actual es de siete años. Los datos reales, valga la redundancia, nuevamente desmienten a Cristina Kirchner: la antigüedad promedio es de casi 11 años. La flota Airbus A340 que alquila Aerolíneas y que hoy usa para volar a Miami, Madrid, Barcelona y Roma es de casi 18 años promedio. Algunos de esos A340 que prestan servicio para nuestra línea de bandera cumplirán 20 años en los próximos días. Los otros Airbus A330, como el que paseó vacío hace unas semanas por la costa atlántica, tienen en promedio 15 años. El promedio de la flota baja en los aviones rentados para vuelos domésticos y regionales. En síntesis: el martes pasado una vez más se utilizó una conquista menor, el leasing de un avión nuevo, para reforzar una idea falsa que, como no puede ser de otra manera, está sostenida con datos igualmente falsos. Ojalá Aerolíneas gozara de la prosperidad que celebran su gerente general y la Presidenta. Estaría, al menos, más y mejor justificada la transferencia de recursos por más de 21.000 millones de pesos desde la expropiación hasta nuestros días.

La visión de una economía que se expande sólo en base al aumento del consumo es cortoplacista Un comercio adherido al plan "Ahora 12", una de las tantas medidas que ha lanzado el Gobierno Argentina con el fin de expandir el consumo Por ELIANA SCIALABBA No es posible explicar el crecimiento económico sin analizar su relación con el ahorro y la inversión. El aumento del nivel de actividad depende de la formación de capital, y esta a su vez, necesita del ahorro – el cual puede provenir de la economía doméstica (ahorro interno) o del resto del mundo (ahorro externo o cuenta corriente) – para ser financiada. Por este motivo, la visión de una economía que se expande sólo en base al aumento del consumo es cortoplacista. Un país que pretenda crecer de manera sostenible debe esforzarse en ampliar la oferta productiva y mejorar la productividad a través de la inversión, lo cual requiere un esfuerzo financiero, ya que el aumento de la inversión financiada con ahorro externo puede ser una rápida salida con altos costos en el largo plazo debido a la carga que genera el endeudamiento externo. Es por ello que es necesario que generar una tasa de ahorro interno que sea suficiente para financiar la inversión y evitar el desequilibrio del sector externo. No obstante, el proceso no es tan sencillo, debido a que las fallas de coordinación, la incertidumbre generalizada y la irreversibilidad de la inversión hacen del crecimiento económico un proceso complejo. Ahorro e inversión: panorama mundial Según datos del FMI, tanto la inversión total del mundo como el ahorro como % del PBI han tenido un incremento en torno a 2 – 2,5 puntos porcentuales durante los últimos años. Sin embargo, cuando se analiza por grupos de países y países se observa un cambio en el patrón de ahorro e inversión. Las economías avanzadas han declinado su inversión en casi 2 puntos, pasando de 22% del PBI en el período 1991-1998 a 20,3% en 2014. Como correlato, la misma tendencia se verificó para el ahorro, el cual pasó de 21,7% a 20,4% del PBI. Hacia el interior del grupo, analizando las economías seleccionadas, se observa que Estados Unidos incrementó su inversión del 18,5% a 19,7% del PBI, mientras que su ahorro interno creció de 16,4 a 17,3 puntos del PBI, una tasa insuficiente para financiar su gasto interno, explicando esto su fuerte déficit de cuenta corriente. En tanto, en la Eurozona, la inversión declinó dos puntos del PBI (de 21,7% a 19,7%), mientras que el ahorro se mantuvo casi sin cambios (de 21,4% a 21,6%). Alemania, la principal economía del bloque, descendió su inversión de 22,4% a 17,2% e incrementó su ahorro de 21,4% a 24,2%, generándose de esta forma una notable expansión en el superávit del sector externo. Comparando las cifras de Estados Unidos y Alemania es posible extraer una primera conclusión: mientras la primera economía del mundo basa su crecimiento en el consumo y, consecuentemente, en el incremento de importaciones; Alemania ha generado una política orientada a las exportaciones de bienes de alta tecnología, lo que le ha reportado grandes excedentes de cuenta corriente y sostenibilidad de largo plazo. En el grupo de las economías emergentes la dinámica es diferente. Estas aumentaron su tasa de inversión de 26% a 31,9% del PBI y su tasa de ahorro interno de 23,6 a 32,6 puntos del producto, convirtiéndose en exportadores netos de capital. Asimismo, la tasa de crecimiento superó a la de los países avanzados (4,4% vs. 1,8% en 2014). No obstante, al interior del grupo los diferentes bloques presentan comportamientos muy disímiles. El grupo comprendido por los países de Asia en Desarrollo (que incluye a China e India) ha tenido un fuerte incremento, tanto en su tasa de inversión como de ahorro interno, y consecuentemente, del crecimiento económico (+6,5%). Para este grupo de países, en el período 1991 – 1998 la inversión alcanzó el 33,9% del PBI, mientras que para 2014 la misma se incrementó en más de 8 puntos, alcanzando el 42,3%, explicado principalmente por la inversión de la economía China, que se encuentra en torno al 48% del producto. En el caso del ahorro, la evolución es similar: pasó de 32,7% a 43,4% durante 2014. En este caso, además de la pujanza de la economía China, que ahorra casi 50 puntos de su PBI, también se suma Singapur, que tiene un excedente de ahorro de más de 18% de su producto. En América Latina y el Caribe la situación de la inversión ha empeorado con el transcurso del tiempo, ya que pasó de 21,3% en 1991-1998 a 20% en 2014 y ubicándose casi 5 puntos por debajo del promedio mundial con una tasa de crecimiento del 1,3%, 2 puntos por debajo de la expansión global. La tasa de ahorro interno ha verificado el mismo comportamiento: en los 90 era del 18,5% del PBI y en 2014 alcanzó los 17,3 puntos. Esto indica que la región es una importadora neta de capital, ya que sus requerimientos de formación de capital no pueden ser cubiertos por recursos excedentes internos y deben recurrir a la financiación del resto del mundo. Inversión y crecimiento económico Sin lugar a dudas, las economías que más invierten y ahorran son las de Asia en Desarrollo, las cuales, en línea con la teoría del crecimiento, son las que mayores expansiones del nivel de actividad presentan. La noción que altas tasas de inversión generan crecimiento económico se encuentra presente desde los días de David Ricardo hasta la actualidad, y la evidencia empírica no hace más que confirmarla. Tal como se observa en el Gráfico N°1, existe una (fuerte) relación positiva entre la tasa de inversión como % del PBI y el crecimiento del mismo. En el extremo superior derecho se encuentran las economías de Asia en Desarrollo y en el inferior izquierdo la zona Euro, América Latina y el Caribe y los Estados Unidos: las economías que más invierten crecen más que las que destinan menos recursos a la expansión de su capacidad productiva. Existen numerosas teorías que explican el crecimiento económico a través de otras fuentes diferentes a las altas tasas de inversión y ahorro. Sin embargo, debe destacarse que aunque estos no constituyen el único "motor" del crecimiento, son su pieza principal. Asimismo, por lo general es difícil encontrar países que hayan crecido a altas tasas y sostenidas durante largos períodos sin un importante esfuerzo de formación de capital. ¿Y Argentina? Las cifras expuestas sirven como referencia para ver en qué lugar se encuentra la economía argentina, la cual durante 2014 destinó a formación de capital sólo el 17,9% de su producción, una tasa muy baja respecto de los guarismos del resto del mundo. Para tener una idea más aproximada, la participación de la inversión en el PBI de Argentina es similar a la de Sudán, y es superada por Burkina Faso (18,0%), Jamaica y República Eslovaca (18,5%). La inversión no sólo es un componente de la demanda agregada que aumenta el PBI en el corto plazo, sino que en el largo plazo expande la oferta global, ya que con la aplicación de la capacidad productiva es posible producir mayor cantidad de bienes y servicios para hacer frente a una demanda creciente, evitando la fuerte suba del nivel general de precios. Asimismo, la incorporación capital aumentan la productividad de la economía, y por lo tanto los salarios de los trabajadores, lo que se traduce en un mayor bienestar social. De esta forma, la anémica tasa de inversión de la economía argentina, la cual disminuye año a año, estanca el crecimiento de largo plazo, y los beneficios derivados de ella. Nos encontramos muy lejos de los países emergentes más pujantes. Es por eso que para recuperar el dinamismo de la variable clave de la economía es necesario llevar adelante políticas económicas que restauren la confianza de los empresarios, como así mismo implementar medidas que estimulen la ampliación de capital productivo. Sólo de esta manera la economía podrá retomar su senda de crecimiento económico sostenido.

Savater: "La gente no quiere reformas, quiere revancha; ése es el discurso de Podemos" Fernando Savater, filosofo español Humanista a contrarreloj –se reparte entre las columnas de prensa, el ensayo y la docencia- , Fernando Savater publica un nuevo libro en el que intenta rescatar el sentido original de la palabra ciudadanía y lo poco que tiene que ver, en su opinión, con pertenecer a un territorio, a una etnia o a hablar un mismo lenguaje. “En democracia cualquier crítica a los gobernantes es en realidad una autocrítica de los ciudadanos” asegura Fernando Savater en No te prives. Defensa de la ciudadanía, el libro más reciente del filósofo y escritor vasco quien vuelve una vez más, menesteroso, a su batalla divulgativa sobre las responsabilidades del quehacer moral. Publicado por Ariel, el volumen reúne sus artículos de los últimos cuatro años más un epílogo escrito después de las elecciones europeas, comicios en donde nuevas fuerzas políticas emergieron con fuerza, debilitando a los partidos tradicionales. “La gente no quiere reformas, quiere revanchas, y ese es el discurso del votante de Podemos. El asunto es que con eso no se resuelve nada”, asegura Savater en un encuentro con periodistas celebrado este martes. "La gente no quiere reformas, quiere revanchas, y ese es el discurso del votante de Podemos" Humanista a contrarreloj –se reparte entre las columnas de prensa, el ensayo y la docencia- , Fernando Savater intenta rescatar el sentido original de la palabra ciudadanía y lo poco que tiene que ver, en su opinión, con pertenecer a un territorio, a una etnia o a hablar un mismo lenguaje. Despojándola del malentendido y el reproche, y devolviéndola a su lugar de origen, Savater equipara la política con la ciudadanía y hace un diagnóstico de los temas más urgentes: las intenciones de independencia en Cataluña, el discurso revanchista en algunas zonas de Europa, el auge de los populismos y, por supuesto, la crisis económica de estos años no como una lección para cambiar las formas de vivir, sino para acostumbrarse a vivir peor. -En No te prives parte del hecho de que toda crítica hacia el sistema político es una autocrítica a una nuestra capacidad de elegir a quienes forman parte de él. En ese aspecto, la casta –al menos política- seríamos todos. -En una democracia tenemos que recordar que la política y la gestión de la sociedad no es un asunto de especialistas. No se trata de que estemos en un patio de butacas observando a los que están haciendo las cosas en el escenario. Una de las formas de compromiso es justamente el voto. Si queremos criticar y protestar, tenemos que habernos comprometido con nuestra elección. En muchas ocasiones escuchamos la estupidez aquella de ‘no nos representan’. Los políticos no representan, lo que nos representa es el sistema democrático y los políticos que forman parte de él (y que efectivamente pueden ser malos). Sin embargo, hay que partir del hecho de que quizá no elegimos bien. -Habla usted de la obligatoriedad del voto. Hay una cierta paradoja en esto de estar obligados a elegir. -Lo mismo que los impuestos no son optativos, aunque este país parezca que sí, el voto debería ser obligatorio. Es parte de nuestro compromiso con la sociedad. De hecho, se ha visto en Europa: los malos votan siempre. Los fanáticos, los populistas, los nacionalistas, todos ellos votan siempre, nunca se quedan en casa. Mientras que la gente moderada, con sentido común, se queda en casa. Es significativo que Italia, donde el voto es obligatorio, sea el país en el que ha ha salido mejor librado el pensamiento socialdemócrata y moderno, mientras que el populismo se ha estrellado. -Culpa a la izquierda de “los nacionalismos disgregadores”. ¿Y a los más conservadores no les reprocha nada en este asunto? -Yo soy un hombre de izquierdas y me parece que el nacionalismo, la tradición, la leyenda, la tierra, la bandera son conceptos tradicionales de la derecha. Así que no me extraña que la derecha no se desligue del todo de esas cosas. Lo que me asombra es que la izquierda, que es internacionalista y que no debería tener una visión del ciudadano ligada al terruño, sino todo lo contrario, ha entrado al trapo convirtiéndose en una especie de populismo nacionalista. - En un momento en el que el ropero ideológico saca prendas en desuso, parece que la socialdemocracia está peor vista que nunca. -Sí, decir socialdemócrata es como si dijeras pederasta. Claro, una cosa es que los gestores de la socialdemocracia lo hayan hecho mal, y otra que la socialdemocracia sea un dogma. Es una visión basada en la idea de que la forma de redistribución social se sostiene en unos buenos servicios públicos, así como unos valores y unos derechos asociados a la noción de lo público que solo puede financiarse con el pago de los impuestos. La democracia cuesta mucho dinero, especialmente cuando las grandes multinacionales no pagan sus impuestos en Europa o las grandes fortunas evaden impuestos. Si el dinero no se manifiesta en forma de impuestos, es imposible que exista socialdemocracia ni nada. -Es justamente la fractura de ese bienestar el que precipita el malestar. “La gente se dio cuenta de que el Estado del Bienestar no tenía el piloto automático puesto”, dice usted. -Ninguna cosa buena es automática, por todo hay que luchar. La idea de que ya habíamos conseguido una sociedad del bienestar es falsa. En España todos pensamos que éramos millonarios o, en el mejor de los cosas, que podíamos pedir un crédito para parecer que lo éramos. Eso evidentemente falla. Y para mantener la socialdemocracia hay que plantearse reformas, como las que está haciendo Renzi en Italia, y que muchas veces van en contra de ciertos dogmas pero que probablemente están posibilitando en que esta se mantenga. Cosas como la seguridad social o la educación pública obligatoria no son ni de izquierdas ni de derechas son logros de la civilización, hay que defenderlos como tales. Así que esto de la ‘educación para el que se la pague’ o ‘la sanidad para el que se la pague’, es volver a cosas prácticamente prehistóricas, igual que los nacionalismos. Eso de que cada quien piense en su tierra, es el mismo principio. Todos estos planteamientos son retrocesos en la democracia. "La seguridad social o la educación pública y obligatoria no son ni de izquierdas ni de derechas, son logros" - España ha tenido un recorrido político que debería vacunarla contra ciertos entusiasmos, entre ellos el que generan discursos como el de Podemos. Pero las encuestas y los votos demuestran lo contrario. ¿Qué piensa al respecto? -Al poco de terminar la Revolución de los Claveles, Otelo Saraiva de Carvalho recorrió Europa reuniendo fondos para apoyar a Portugal en ese paso de la dictadura a la democracia. Entre los países que visitó estuvo Suecia, donde conversó con Palme, un hombre abierto y progresista que no dudó en recibirlo. Otelo, entusiasmado, le dijo que en Portugal acabarían con todos los ricos. Palme le respondió: ah fíjese, nosotros estamos haciendo todo lo contrario, intentamos acabar con los pobres. El discurso de Podemos busca acabar con los ricos, pero no explica cómo acabar con los pobres. La gente no quiere reformas, quiere revanchas, y ese es el discurso del votante de Podemos. Y ahí está el peligro. Es difícil contener la indignación y uno entiende que la gente quiera castigar a quienes lo han hecho mal. El asunto es que eso sirve para desahogarnos, pero no resuelve para nada el asunto.

Cristina, entre Menem y Bachelet Cristina Fernandéz de Kirchner junto al ex-presidente Carlos Menem La Presidenta sufre un goteo judicial como sufrió el riojano que amenaza su legado. El modelo Bachelet. Cristina Kirchner termina el año con un balance agridulce. Recuperó imagen positiva y sorteó un estallido de la economía, a costa de mandar al país a una, por ahora, moderada recesión. Logró además posponer la discusión del nuevo liderazgo del peronismo a fuerza de licuar la idea del unicato de la candidatura de Daniel Scioli, en una guerra fría que todavía tiene mucho para dar. Son buenas noticias para el kirchnerismo, entendiendo que viven en el mundo muy angosto de los seis meses de poder real que le queda hasta el día del cierre de listas, cuando la nueva cartografía del peronismo empezará a cristalizarse. Es sobre estos módicos logros políticos, que regresó a la Casa Rosada una idea inconfesable: Cristina es Bachelet. Se irá de la Casa Rosada con una de las imágenes positivas más altas que se recuerden para un ex presidente argentino y luego de un interinato mediocre de la derecha –Mauricio Macri sería Sebastián Piñera-, regresará por la puerta grande. Plan que es inconfesable porque Cristina sabe que nadie en el peronismo con poder territorial o la expectativa de conquistarlo, compartirá la vocación por la derrota. Por eso, juega al equilibrio de señales cruzadas sobre dos supuestas estrategias en pugna: Apostar fuerte al candidato propio (Florencio Randazzo) o ir a una negociación final con un Scioli muy condicionado. Ese es el cuadro chico de los muchos cuadros que maneja Cristina. Randazzo para ganarle a Scioli o para condicionarlo fuerte. Cuadro chico que tiene una obvia conclusión, cualquiera de los dos que se siente en el sillón de Rivadavia, es el nuevo líder del peronismo. Por eso, el plano general, revela una idea más consistente: Gana Macri, ella queda como jefa de la oposición y regresa con gloria, cuatro años después. El problema de este plan no es solamente su condición de forzosa clandestinidad. El inconveniente central es que aún en una actividad tan egoísta como la política, se requiere un mínimo de solidaridad: La necesaria para evitar el llano, el peor de los infiernos como bien dijo Rulfo. Bachelet no sólo se fue con una imagen altísima, sino que en el tramo final de la campaña del candidato de su fuerza Eduardo Frei, que venía en caída libre y corría el riesgo de salir tercero, le puso el cuerpo a la elección y mandó a todo su gabinete a reforzar sus chances. Jugó todo su prestigio y le salió bien: Frei logró entrar en el ballotage y el oficialismo perdió la segunda vuelta apenas por poco más de un punto. Cuando tuvo que volver a disputar el poder, la coalición de centroizquierda de Chile tenía una deuda de gratitud real con la ex presidenta. Los jueces El otro problema que enfrenta Cristina, acaso más grave, es su pelea con los jueces, corporizada en el intrépido Claudio Bonadío que hurga demasiado cerca de sus intereses y los de su familia. El Gobierno, como tantas veces, tuvo un fenomenal error de cálculo con Bonadío. Cuando el juez procesó a Guillermo Moreno decidieron que había llegado la hora de liquidarlo y siguiendo un guión muy poco original, empezaron a publicar notas negativas en los medios kirchneristas. El juez entendió lo que se venía. “Esto es el prologo del Jury que me van a pedir, empezaron a construirme el caso, pero se olvidan que yo llegue acá de la mano de Corach. A mí no me van a destituir por una causa cualquiera de hace diez años de los Yoma, yo de acá si salgo, salgo por la política”, fue el análisis que compartió el juez con sus íntimos. Y apuntó directo al corazón: Hotesur. La estrategia de Bonadío tuvo una efectividad del cien por ciento. Hasta las corporaciones más conservadoras de la Justicia, para los que era poco menos que un infiltrado, lo convirtieron en un ícono de la lucha contra las ansias hegemónicas del kirchnerismo. Con la Presidenta y todo el bloque de poder del oficialismo atacándolo, Bonadío pudo decir: Misión cumplida. Su caso está irremediablemente politizado. El problema que acaso no terminan de dimensionar en la Casa Rosada es que los jueces no tienen que someterse a las urnas. Como los medios, su poder se legitima en la acción ¿Y qué puede caer mejor en la sociedad, un juez que protege a los poderosos o aquel que intenta desnudar sus privilegios? Carlos Menem sufrió en el último tramo de su mandato, la lluvia ácida de denuncias de corrupción y su posterior amplificación mediática. Un repiqueteo que terminó arruinándole su futuro político, aún cuando como Cristina, conservaba una porción importante de votos. Paradoja que quedó clarísima en el 2003, cuando en el mismo momento que ganó la primera vuelta, se dio por finalizado su ciclo como actor importante del poder. Subestimar el efecto que las denuncias de corrupción tienen sobre la humanidad de los líderes políticos, es una tentación tan vieja como creerse eterno.

Verbitsky: "De la Rúa tiene razón, lo del 2001 fue un golpe de Duhalde, Alfonsín y el FMI" El periodista y presidente del CELS expresó que está de acuerdo con la hipótesis de que había una intencionalidad detrás de los desbordes del 19 y 20 de diciembre. El periodista Horacio Verbitsky, presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), aseguró hoy que la caída del ex presidente Fernando de la Rúa se debió a "un golpe de Estado" que a su criterio gestó su sucesor, Eduardo Duhalde, asociado con el fallecido ex presidente Raúl Alfonsín y el Fondo Monetario Internacional (FMI). En este sentido, se manifestó de acuerdo a la versión del ex presidente de la Alianza que en televisión dijo esta semana que el peronismo había liderado un "golpe civil". Verbitsky hizo esta concluyente aseveración ante una consulta de la agencia DyN, al dar una conferencia de prensa en el CELS a diez años de los incidentes ocurridos el 19 y el 20 de diciembre de 2001, que dejaron 39 muertos. Cuando esta agencia le preguntó su opinión sobre las declaraciones de De la Rúa de los últimos días hablando de un golpe de Estado, Verbitsky afirmó: "Yo creo que tiene razón, fue un golpe de Estado que partió del ex presidente Duhalde, el ex presidente Alfonsín y el FMI". "Eso no da para asociación ilícita, pero no quita que haya habido una intencionalidad detrás de esa situación. No obstante, eso no releva a De la Rúa de la absoluta torpeza" a la hora de permitir la represión que llevaron adelante las fuerzas de seguridadcuando la gente salió a las calles, afirmó. Es que uno de los puntos centrales del reclamo del CELS es que llegue a tribunales al ex presidente De la Rúa, hoy sobreseído de los cinco homicidios ocurridos en los alrededores de la Plaza de Mayo aquel 20 de diciembre.

¿Se arriesga el sur de Europa a sufrir una crisis como la de Argentina? Gente haciendo fila en una oficina de empleo en Madrid. Por THOMAS CATAN y MARCUS WALKER El desempleo en España es de 27%. Los jóvenes se están yendo de Portugal e Irlanda. Uno de cada cuatro griegos dice que no tiene suficiente para comer. Sin embargo, a pesar de las condiciones típicas de una depresión, Europa no cuenta con un plan de emergencia para reanimar el empleo. Bajo la receta alemana para salir de la crisis del euro, los miembros de los alicaídos países del sur de Europa deben continuar reduciendo su gasto público y rebajando sus sueldos hasta que vuelvan a ser competitivos. A la velocidad actual, podrían demorarse más de una década en completar el proceso, según estudios de Goldman Sachs. Las penurias que padecen plantean una pregunta: ¿Existe un punto de quiebre en que los europeos digan "¡basta!"? Sin lugar a dudas, los europeos han protestado por las medidas de austeridad. Pero a pesar de algunos sustos, ningún país ha abandonado el bloque económico. El apoyo a permanecer dentro de la zona euro sigue siendo alto. Más de 60% de los españoles, griegos, italianos y franceses quieren conservar el euro, según una encuesta publicada este mes por el Pew Research Center. Los detractores del euro que preveían que Grecia saliera arrastrada del bloque parecen haber subestimado la voluntad de los europeos para soportar años de adversidad en lugar de jugársela con una salida. Pero las autoridades europeas que subrayan la estabilidad del sentimiento a favor del euro podrían estar cometiendo el error opuesto. La paciencia de los europeos es grande, pero definitivamente tiene un límite. Cuando la gente sienta que no hay luz al final del túnel, "probablemente se empezará a ver un debate más abierto sobre los costos y beneficios de permanecer dentro de la moneda única", dijo Simon Tilford, economista jefe del Centro para la Reforma Europea, un centro de investigación en Londres. Eso ya ha pasado antes. Al igual que los países que se incorporaron a la zona euro, Argentina renunció en los años 90 al control sobre su propia moneda, fijándola 1-a-1 con el dólar. Eso frenó la hiperinflación, pero también dio lugar a un exceso de deuda en dólares que hizo subir los salarios y los costos para las empresas. Igual que el sur de Europa hoy, Argentina perdió notablemente su competitividad y el peso no podía caer para incrementar el atractivo de sus bienes en el extranjero. En aquel entonces, se pensaba que los argentinos aguantarían cualquier cosa con tal de poder seguir utilizando el dólar, debido a lo golpeados que estaban tras décadas de caos político y económico, que incluyeron períodos de inflación de cuatro dígitos. "La devaluación no es una opción en Argentina", dijo un economista del Banco Mundial en aquel entonces. "Con un nivel tan alto de dolarización, una devaluación sería demasiado costosa". Técnicamente, Argentina contaba con su propia moneda a la que volver, pero abandonar la paridad con el dólar era visto como un proyecto imposible debido a que la mayoría de las deudas y contratos empresariales estaban en dólares. Después de tres años de recesión, parece que los argentinos decidieron en masa que lo siguiente que se les viniera encima no podría ser peor que la depresión interminable necesaria para que sus pesos pudieran seguir siendo intercambiables por dólares. Una húmeda noche en diciembre de 2001, la clase media tomó las calles de Buenos Aires en una explosión de furia. Los disturbios arrasaron el país y expulsaron al gobierno del poder. Argentina se declaró en cesación de pagos poco después y abandonó la paridad del peso y el dólar. ¿Cuán similar es la situación del sur de Europa hoy en día? La economía argentina se había contraído en torno a 8% en los tres años previos al levantamiento. Para fines de este año, Italia y Portugal se habrán encogido aproximadamente 8% desde su máximo; España alrededor de 6% y Grecia más de 23%, según el Fondo Monetario Internacional. Las autoridades que se consuelan con la aparente popularidad del euro deberían tener en cuenta que los argentinos también apoyaron ampliamente la paridad del peso y el dólar. En una encuesta publicada en diciembre de 2001, el mismo mes en que los argentinos se alzaron en protesta, apenas 14% dijo que el régimen de divisas tendría que eliminarse; 62% quería conservarlo. Es prácticamente la misma proporción de españoles y griegos que quieren seguir con el euro.

La revolución de la clase media El 22 de junio, los manifestantes salen a las calles de las grandes ciudades de Brasil para quejarse de la corrupción y los escasos servicios públicos. Por FRANCIS FUKUYAMA Durante los últimos diez años, Turquía y Brasil fueron ampliamente celebrados como países con desempeños económicos estelares; mercados emergentes con una creciente influencia en el escenario internacional. Sin embargo, en los últimos tres meses, ambos países se han visto paralizados por enormes protestas que expresan un profundo descontento con el desempeño de sus gobiernos. ¿Qué es lo que está pasando y habrá más países que experimenten convulsiones similares? El tema que conecta estos episodios recientes en Turquía y Brasil, así como con la Primavera Árabe de 2011 y las continuas protestas en China, es el ascenso de una nueva clase media global. Dondequiera que ha surgido, esta clase media moderna causa agitación política, pero rara vez ha podido, por sí misma, provocar un cambio político duradero. Nada de lo que hemos visto últimamente en las calles de Estambul o Rio de Janeiro sugiere que estos casos vayan a ser una excepción. En Turquía y Brasil, así como en Túnez y Egipto antes, las protestas políticas no fueron lideradas por los pobres, sino por los jóvenes con niveles de educación e ingresos mayores al promedio. Dominan la tecnología y usan medios sociales como Facebook y Twitter para difundir información y organizar protestas. Incluso aquellos que viven en países con sistemas democráticos funcionales, no se sienten representados por la élite política gobernante. En Turquía, se manifiestan en contra de las políticas de desarrollo a cualquier costo y el estilo autoritario del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan. En Brasil, se oponen a una élite política muy afianzada y corrupta que se jacta de proyectos glamorosos como el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos de Rio pero que no es capaz de brindar servicios básicos de salud y educación. Para ellos, no basta con que la presidenta, Dilma Rousseff, haya sido una activista de izquierda encarcelada por los militares en los años 70 y líder del Partido de los Trabajadores. Desde su punto de vista, el partido se ha visto arrastrado a la maraña del "sistema" corrupto, tal como quedó en evidencia con el reciente escándalo de compra de votos. El mundo de los negocios habla del ascenso de la "clase media global" desde hace al menos una década. Un informe de Goldman Sachs de 2008 definió este grupo como aquellos con ingresos de entre US$6.000 y US$30.000 al año y predijo que crecería hasta sumar 2.000 millones de personas para 2030. Partiendo de una definición más amplia de clase media, un informe del Instituto de la Unión Europea para Estudios de Seguridad de 2012 pronosticó que la cantidad de personas en esa categoría crecería de 1.800 millones en 2009 a 3.200 millones en 2020 y a 4.900 millones en 2030 (sobre una población mundial proyectada de 8.300 millones). La mayor parte de este crecimiento se verá en Asia, especialmente en China e India. Pero todas las regiones del mundo participarán en la tendencia, incluida África, que según el Banco de Desarrollo de África ya tiene una clase media de más de 300 millones de personas. A las empresas se les hace la boca agua ante la promesa de esta clase media emergente porque representa una amplia base de consumidores nuevos. Economistas y analistas tienden a definir el estatus de clase media sólo en términos monetarios. Pero se define mejor por la educación, la ocupación y la propiedad de activos, que son mucho más consecuentes a la hora de predecir el comportamiento político. Varios estudios transnacionales, incluyendo recientes encuestas del centro de estudios Pew y datos de la Universidad de Michigan, muestran que los niveles de educación más altos se correlacionan con que las personas adjudiquen mayor importancia a conceptos como la democracia, la libertad individual y la tolerancia a formas de vida alternativas. La clase media ya no quiere solo tener seguridad sino también opciones y oportunidades. Es más probable que opten por la acción si la sociedad no logra cumplir con sus expectativas de mejoras económicas y sociales, que crecen con rapidez. Divisiones internas Mientras las protestas, los levantamientos y, ocasionalmente, las revoluciones suelen ser encabezadas por los miembros recién llegados de la clase media, no suelen lograr por sí solos cambios políticos a largo plazo. Esto se debe a que la clase media rara vez representa más que una minoría de la sociedad en los países en desarrollo y está dividida internamente. Si no pueden formar una coalición con otras partes de la sociedad, sus movimientos no suelen producir cambios políticos duraderos. Por eso, los jóvenes manifestantes en Túnez y en la Plaza Tahrir, en El Cairo, a pesar de haber derrocado a sus respectivos dictadores, no lograron organizarse para formar partidos políticos capaces de participar en las elecciones nacionales. Especialmente los estudiantes no tienen ni idea de cómo llevar su mensaje a la clase trabajadora y los pobres para crear una amplia coalición política. El 22 de junio, un manifestante ondea una bandera en la Plaza Taksim, en Estambul. En Turquía, el primer ministro Erdoğan sigue siendo popular fuera de las zonas urbanas. La clase media turca, en cambio, está dividida. El notable crecimiento económico del país en la última década ha sido impulsado en gran parte por una nueva clase media religiosa y muy emprendedora que ha apoyado con énfasis el partido de Erdoğan. Este grupo social trabaja duro y ahorra su dinero. Exhiben muchas de las virtudes que el sociólogo Max Weber asociaba con la ética del Cristianismo Puritano de la era moderna de Europa, que según él, fue la base para el desarrollo capitalista. En cambio, los manifestantes urbanos en Turquía son más laicos y están conectados con los valores modernistas de sus pares en Europa y Estados Unidos. Este grupo no sólo enfrenta la represión de los instintos autoritarios del primer ministro, sino también las dificultades para establecer lazos con otras clases sociales. Brasil es diferente La situación en Brasil es bastante distinta. Allí los manifestantes no enfrentarán una dura represión del gobierno. Más bien, el desafío será evitar ser cooptados a largo plazo por el sistema. El estatus de clase media no significa que un individuo apoya automáticamente la democracia o un gobierno transparente. De hecho, una gran parte de la clase media de edad más avanzada era empleada por el sector público, donde dependía de las políticas clientelistas y el control estatal de la economía. Estas clases medias, así como las de países asiáticos como Tailandia y China, han respaldado gobiernos autoritarios cuando parecía que era la mejor manera de asegurar su futuro económico. El reciente crecimiento económico de Brasil produjo una clase media distinta y más emprendedora, afianzada en el sector privado. Pero este grupo podría seguir su propio interés económico en dos direcciones. Por un lado, podría ser la base de una coalición de clase media que busca una reforma integral del sistema político brasileño, presionando para que los políticos corruptos rindan cuentas y para que se cambien las normas para dar lugar a mejores políticas. Por otro lado, los miembros de la clase media urbana podrían disipar sus energías en distracciones como políticas de identidad o ser cooptados individualmente por un sistema que ofrece grandes recompensas a quienes aprenden a jugar dentro del sistema. No hay garantías de que Brasil siga el camino reformista tras las protestas. Mucho dependerá del liderazgo. Rousseff dispone de una enorme oportunidad para usar las manifestaciones como una plataforma para lanzar una reforma sistémica mucho más ambiciosa. Hasta ahora ha sido muy cuidadosa en su intento de desafiar el sistema establecido, frenada por las limitaciones de su propio partido y la coalición política. El crecimiento económico global que se ha producido desde los años 70 alteró los estratos sociales en todo el mundo. Las clases medias en los llamados "mercados emergentes" son más grandes, ricas, mejor educadas y están más conectadas tecnológicamente que nunca. Esto tiene grandes implicaciones para China, cuya clase media ahora asciende a cientos de millones y constituye quizás un tercio del total de su población. Quieren una sociedad más libre, aunque no está claro que necesariamente deseen una democracia con voto individual a corto plazo. Este grupo se encontrará bajo una mayor presión en la próxima década, a medida que China pasa apuros para pasar del estatus de ingreso medio a alto. El crecimiento económico ya ha dado muestras de debilitarse en los últimos dos años y es inevitable que sea más modesto conforme madura su economía. La potencia industrial que el régimen ha creado desde 1978 ya no servirá para satisfacer las aspiraciones de su población. China ya produce unos seis a siete millones de graduados universitarios al año, cuyas perspectivas laborales son más sombrías que las de sus padres de la clase trabajadora. La brecha entre las expectativas que crecen con rapidez y la realidad decepcionante nunca fue tan amenazante como ahora y podría tener amplias consecuencias para la estabilidad del país. Allí, como en otras partes del mundo en desarrollo, el ascenso de una nueva clase media pone de manifiesto el fenómeno descrito por el venezolano Moises Naím del Carnegie Endowment como el "fin del poder". Las clases medias estuvieron en la primera línea de la oposición a los abusos de poder, independientemente de que fueran cometidos por regímenes autoritarios o democráticos. El desafío para ellos es convertir sus movimientos de protesta en cambios políticos duraderos, expresados en la forma de nuevas instituciones y políticas. En América Latina, Chile ha tenido un excelente desempeño económico y democrático, pero en los últimos años hubo una explosión de manifestaciones estudiantiles que señalaron las fallas de su sistema de educación pública. La nueva clase media no representa sólo un reto para los regímenes autoritarios o las democracias nuevas. Ninguna democracia establecida debería creer que se puede dormir en los laureles, simplemente porque lleva a cabo elecciones y cuenta con líderes populares en las encuestas. La clase media impulsada por la tecnología exigirá mucho de sus políticos en todos lados. EE.UU. y Europa atraviesan un crecimiento débil y un desempleo alto, que en países como España alcanza el 50%. En el mundo desarrollado, la generación mayor le ha fallado a la más joven al cargarla con pesadas deudas. Ningún político de EE.UU. o Europa debería pensar que está a salvo de lo que está sucediendo en las calles de Estambul o São Paulo. —Fukuyama es investigador sénior del Instituto de Estudios Internacionales Freeman Spogli, de la Universidad de Stanford. También es autor de "Los orígenes del orden político: Desde tiempos pre-humanos hasta la Revolución Francesa".

Human Rights Watch: Argentina debe rechazar injerencias en la independencia judicial Propuestas para limitar las medidas cautelares y reformar el Consejo de la Magistratura obstaculizan el acceso a la justicia. El Congreso argentino debería rechazar los proyectos de reforma del sistema de justicia presentados por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner porque limitarían la independencia judicial en el país, indicó hoy Human Rights Watch. La Presidenta Fernández de Kirchner presentó al Congreso el 8 de abril de 2013 una serie de proyectos legislativos para reformar el sistema judicial argentino. El paquete incluyó un proyecto que limitaría la posibilidad de los individuos de solicitar medidas cautelares contra actos gubernamentales, y otro que modifica la composición y el proceso de selección de miembros del Consejo de la Magistratura, un organismo que se ocupa de seleccionar a magistrados y decidir la apertura de los procedimientos para su remoción. La semana pasada, el Senado aprobó ambos proyectos, que el 24 de abril serán tratados en la Cámara de Diputados. “Esta reforma le daría al partido gobernante en Argentina una mayoría automática en el Consejo que supervisa al poder judicial, lo cual compromete gravemente la independencia de la justicia”, señaló José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch. “Si se realizan elecciones para designar a los miembros del Consejo, deben celebrarse de un modo que garantice que no sean politizadas”. Uno de los proyectos ampliaría de 13 a 19 la cantidad de miembros del Consejo de la Magistratura, al añadir un abogado y cinco representantes de los “ámbitos académico o científico” a la composición actual. Hoy, el Consejo está conformado por tres representantes de jueces, dos de abogados, uno del ámbito académico o científico, uno del ejecutivo y seis legisladores. Las decisiones relativas a la designación y remoción de jueces se adoptarían por mayoría absoluta de los votos (10 del total de 19 miembros). Asimismo, el proyecto exige que jueces, abogados y representantes del ámbito académico o científico sean postulados por partidos políticos y elegidos por voto popular durante las elecciones presidenciales, a partir de 2015. Si la ley se sanciona a tiempo, la primera elección se produciría en 2013 durante los comicios legislativos programados para octubre (en el sistema actual, los jueces son designados por jueces, los abogados son votados por otros abogados, y el representante del “ámbito académico o científico” es nombrado por un consejo que agrupa a distintas universidades). El proyecto presentado permitiría que quien gane la presidencia de Argentina obtenga automáticamente mayoría de miembros en el Consejo. El presidente nombraría al representante del poder ejecutivo, mientras que ocho miembros del Consejo —dos jueces, dos abogados y cuatro miembros del ámbito académico o científico— surgirían de la lista partidaria que reciba mayoría de votos en la elección. Asimismo, el partido con mayoría de escaños en el Congreso elegiría a dos senadores y dos diputados que integrarán el Consejo, mientras que la primera minoría designaría a un senador y un diputado. Otro proyecto en el paquete legislativo restringe la posibilidad de las personas de solicitar a la justicia que se dicten medidas cautelares para suspender actos gubernamentales que podrían cercenar derechos fundamentales. Dispone que en los procesos ordinarios estas medidas se otorgarían únicamente por un plazo de seis meses, que podría extenderse por otros seis meses cuando sea necesario, y solamente por tres meses en los procesos sumarios. La propuesta original señalaba que estos límites no se aplicarían a casos en que se encuentre comprometido el derecho a la vida, la salud o un derecho de naturaleza alimentaria. Esta redacción fue mejorada en el Senado luego de que el Centro de Estudios Legales y Sociales, una organización no gubernamental local, impulsara una serie de cambios para incorporar nuevas excepciones al texto propuesto. Actualmente, el proyecto también excluye casos que afecten a “sectores socialmente vulnerables” acreditados en el proceso, “la vida digna” o un “derecho de naturaleza ambiental”. En ningún caso los jueces podrán dictar una medida cautelar que “afecte, obstaculice, comprometa, distraiga de su destino o de cualquier forma perturbe los bienes o recursos propios del Estado, ni imponer a los funcionarios cargas personales pecuniarias”. Este lenguaje demasiado amplio no concede a los jueces la posibilidad de ponderar la incidencia de una medida cautelar en los recursos del Estado, con relación al perjuicio irreparable que sufriría el individuo que solicita la medida si esta no se adopta, indicó Human Rights Watch. “Para asegurar que las medidas cautelares sean efectivas, los jueces necesitan tener flexibilidad para determinar su duración y características”, señaló Vivanco. “La adopción de prohibiciones vagas y plazos rigurosos en un país en el cual los juicios demoran varios años cercena el acceso a la justicia y a procesos imparciales de los argentinos”. El paquete de reformas judiciales también incluye algunas medidas positivas, como la propuesta de designar al personal administrativo y los abogados que trabajan en el sistema judicial a través de concursos públicos, reforzar la transparencia de la labor de los tribunales y publicar en línea las declaraciones juradas del patrimonio de los jueces. Esta reforma le daría al partido gobernante en Argentina una mayoría automática en el Consejo que supervisa al poder judicial, lo cual compromete gravemente la independencia de la justicia. Si se realizan elecciones para designar a los miembros del Consejo, deben celebrarse de un modo que garantice que no sean politizadas. José Miguel Vivanco, Director para las Américas
Para la ONU, el embarazo adolescente es una alerta temprana de la desigualdad Este será tema relevante de la 1º Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe el lunes en Montevideo. El embarazo adolescente, como alerta temprana de la desigualdad, será tema relevante de la Primera Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe, que se llevará a cabo desde el lunes próximo en Montevideo. "Decimos que el embarazo adolescente es una alerta temprana de la desigualdad porque la reproducción de nuestra sociedad está ocurriendo en hogares pobres y sin inversión en bienes públicos, lo que plantea un desafío futuro", afirmó Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL. Aunque se observa una tendencia decreciente en los últimos años, el porcentaje de adolescentes que son madres aumentó entre 1990 y 2010 en la mayoría de países con datos disponibles, 12 de 18 en la región; y si bien la maternidad se concentra en el grupo de 18 a 19 años, el incremento fue mayor en el de 15 a 17 años, informa la agencia Télam. Las encuestas indican que el porcentaje de madres adolescentes que viven en hogares ubicados en el quintil (quinta parte) más pobre es cinco veces superior al de las de hogares del quintil más rico. "Aunque cada vez hay más información sobre el embarazo temprano, las miles de adolescentes que se convierten en madres cuando apenas están creciendo necesitan acciones concretas de los gobiernos", con políticas públicas contundentes que incidan en los determinantes sociales y estructurales del fenómeno, dijo Bárcena. Entre los temas de la Reunión se contará además el acceso universal a la educación primaria, con especial atención a las niñas; la atención médica y el acceso a servicios generales de salud reproductiva; la reducción de la tasa de mortalidad en lactantes, niños y madres, y el aumento de la esperanza de vida. La Reunión será inaugurada por el presidente de Uruguay, José "Pepe" Mujica; Bárcena, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe-Cepal, y Babatunde Osotimehin, director de Población de las Naciones Unidas-Unfpa, con la presencia prevista del presidente de Ecuador, Rafael Correa, informó a Télam la entidad de Población de las Naciones Unidas-Unfpa. La presencia argentina en el encuentro incluirá al viceministro de Salud, Máximo Diosque; a la coordinadora del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, Adriana Alvarez; y a los diputados Mara Brawer, María Luisa Storani y Mario Oporto. Osotimehin visitó Argentina en junio pasado para distinguir al país por la atención universal hospitalaria del parto. El acceso a la atención del parto en hospitales es "excelente en Argentina" aunque "hay que resolver disparidades regionales así como evitar el embarazo adolescente, que produce muertes maternas", dijo Osotimehin en una entrevista con Télam. Venimos “para felicitar a Argentina por las tareas y el trabajo realizado en la reducción de mortalidad materna, según lo establecido por los países en la reunión de Población y Desarrollo en El Cairo, en 1994, y la ley igualitaria para mujeres y niñas”, reivindicó Osotimehin, exministro de Salud en Nigeria. “El embarazo adolescente no es aceptable porque la niña no está lista física, emocional, psicológica y materialmente para tener un hijo, y lo que demuestran los estudios es que cuando las niñas tienen bebés, esos chicos vuelven a ser padres jóvenes y tienden a perpetuar la falta de educación que necesitan para proveer lo adecuado para sus hijos”, dijo el director de Unfpa. El objetivo de la Reunión, que se desarrollará entre el 12 y el 15 próximos en la capital uruguaya, es identificar las medidas clave para reforzar la implementación del Programa sobre Población y Desarrollo surgido en la reunión en El Cairo en 1994. Entre los fenómenos regionales se analizará el incremento de la migración interregional, la relación entre desigualdad territorial y vulnerabilidad ambiental, y la situación social de los pueblos indígenas y el colectivo de afrodescendientes. El documento "A 20 años de la Conferencia de El Cairo, logros y retos de la agenda de población y desarrollo en América Latina y el Caribe" afirma que "la migración dentro de la región también ha alcanzado una magnitud muy significativa". La información censal de 2010, disponible para diez países, revela que el número de migrantes de la propia región pasó a superar los cuatro millones, y que la Argentina registra el valor más alto, con 1,5 millones de migrantes de otros países latinoamericanos, seguida de Venezuela, con 850 mil personas, y Costa Rica, con 350.000.