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Usuario (Argentina)

Morir en Buenos Aires John Steinbeck decía que una persona pudo haber vivido una vida dorada o una vida deslucida, con afectos o desencuentros, pero al morir se convierte en el centro de una de las manifestaciones más complejas de la sociedad: los ritos funerarios, reflejos de los hábitos y costumbres de un pueblo o una época. Nuestra ciudad nació y creció entre muertos que se enterraron y descansaron por siglos en lugares insospechados para nuestras mentes del siglo XXI El 11 de junio de 1580, al fijar don Juan de Garay la cruz de madera donde debía levantarse la iglesia mayor de la nueva ciudad, con la presencia de los dos únicos sacerdotes que lo acompañaron, fray Juan de Rivadeneira y Antonio Díaz Picón, indicaba de alguna forma, dónde dejarían sus huesos los fieles cristianos que tuviesen la peregrina idea de morirse en esta mísera aldea. Allí se enterraron los primeros habitantes de esta Santísima Trinidad y su puerto de Santa María de los Buenos Aires, y luego se enterrarían por casi dos siglos dentro de las iglesias que lentamente poblaron la ciudad. Todavía esos templos albergan a algunos grandes señores honrados con la proximidad al altar que su prosapia y prodigiosas acciones les permitieron merecer. Uno de los más antiguos habitantes porteños que se conserva en la Catedral, fue nuestro primer obispo, fray Pedro de Carranza, fallecido hacia 1630. DESCANSO ETERNO EN LAS IGLESIAS En la iglesia San Juan Bautista descansan los restos de don Pedro Melo de Portugal y Villena, quinto virrey del Plata, muerto en Montevideo hacia 1797 y trasladado a este reposo eterno por expresa voluntad. Además, bajo el coro de esta iglesia existe una cripta que albergó los cuerpos de doscientas setenta monjas clarisas. En la iglesia de San Francisco y su respectiva capilla de San Roque funcionaron hasta 1882 sendos enterratorios. A la entrada del templo están los restos de fray Luis Bolaños, misionero del litoral; también de los frailes Gabriel y Juan Arregui, hermanos y obispos franciscanos, promotores de la construcción de este templo y fray Argañaraz. Bajo el altar funcionó una cripta a la que se accede por el desplazamiento de una placa de mármol. Allí todavía reposa el doctor Mariano Acosta gobernador de Buenos Aires y vicepresidente de Nicolás Avellaneda entre 1874 y 1880junto a su esposa María Remedios de Oromi Escalada, sobrina de la esposa del general San Martín. Una placa recuerda a la esposa del Virrey del Pino la llamada "Virreina vieja", suegra de Bernardino Rivadavia. Se conserva además el hermoso ataúd que albergara a Fray Luis Bolaños, traído de España por el capitán Maldonado. El camposanto que perteneció a esta iglesia se encontraba a sus espaldas, donde estaba el pasaje 5 de Julio, hoy también desaparecido. Todo a escasos metros de la actual Casa Rosada. En Santo Domingo descansa en altar propio don Juan Antonio Lezica y Osamiz, acaudalado comerciante que colaboró con su primo Juan José de Lezica y Torrezuri, en la construcción de este templo (don Juan José tuvo menos suerte, ya que murió y fue enterrado en Luján, donde habría sido confinado por razones políticas: "No me voy, que me lleven", dijo irónicamente al ser conducido a su reclusión). También dentro del templo están los restos de los padres del general Belgrano, por las generosas contribuciones con las que habían favorecido esa iglesia. También debería estar aquí don Martín de Alzaga, por mérito y piadosa caridad, empañada a último momento por su ejecución en la Plaza de Mayo, circunstancia que le impidió ser sepultado en el templo por el que tanto había hecho (sin embargo, paradójicamente, una placa lo recuerda al lado del general Zapiola, de conocida militancia masónica). Los restos de Alzaga fueron hallados en el patio de la iglesia de San Miguel y trasladados a la bóveda familiar en la Recoleta para reencontrarse con su esposa e hijas, que no volvieron a salir de su hogar después del ajusticiamiento de su padre hasta que la muerte las condujo a esa cripta. El general Antonio González Balcarce, vencedor de Suipacha, yace en este templo, al igual que el general Hilarión de la Quintana, tío de Remedios Escalada. El último en ser aquí enterrado fue José Nevares Trespalacios, hijo de Alejo Nevares, ambos celosos defensores de la fe de sus mayores. Es en la iglesia del Pilar, donde Martín Altolaguirre ocupa un lugar de privilegio, custodiado por las reliquias de tantos santos asegurándose un espacio en los cielos, al igual que su hermano, fray Francisco, enterrado bajo el Altar Mayor. Una placa bajo el altar de la virgen del Carmen dice que la "Virreina Vieja" se encuentra aquí enterrada. En realidad su cuerpo momificado se conservó en la cripta de San Francisco, hasta el incendio del templo en 1955; después fue trasladado a su presente emplazamiento. Con menor prosapia, pero más próximos a nuestra historia, están enterrados aquí el doctor Miguel O'Gorman (fundador del Protomedicato y tío abuelo de Camila), el tío de Bernardino Rivadavia y el primero de los Yrigoyen, además de la madre del general Juan Lavalle, casi a la entrada de la Basílica. EN LA CATEDRAL La Catedral alberga no sólo a José de San Martín, Gregorio Las Heras y Tomás Guido, sino al combativo monseñor Federico Aneiros bajo una hermosa escultura de Víctor de Pol y al cardenal Antonio Quarracino, que pidió ser enterrado allí con sus padres. Además se encuentran otros obispos de esta ciudad, como Fermín Lafitte, Mariano Espinosa, José María Bottaro y el cardenal Antonio Caggiano. En su cripta descansa don Domingo Basavilbaso, síndico de la Catedral, distinguido caballero de destacados servicios al frente del primitivo correo colonial, que le valió en vida la consideración del mismísimo Rey de España, y más allá de las mundanas vanidades, el indiscutible honor de merecer un reposo eterno en este lugar de privilegio. Su esposa está enterrada muy cerca de José de San Martín. OTROS LUGARES Pero no todos ostentaban los méritos y blasones de estos señores. La gente moría por los ataques imprevistos de indios y piratas, por hambrunas y pestes. Cuando estas últimas asolaban a la población, se acostumbraba hacer una fosa común lo más lejana posible para ahuyentar los malos aires, arrastrando al occiso envuelto en humilde mortaja, atada a la cola de un caballo. Pronto las iglesias agotaron sus espacios y se hizo necesario enterrar en las vecindades benditas, que se llamaron Campo Santo. Aquí también la cercanía era una condición de honor y los mismos muros se convirtieron en distinguidos sepulcros como aún hoy se ven en la iglesia del Pilar. Una vez cumplido el trámite del velatorio (para descartar inesperados retornos del más allá), el fallecido era amortajado con un sayal de la orden a la que pertenecía. Estos sayales decían tener mayor capacidad redentora en la medida que hubiesen pertenecido por más tiempo a sacerdotes de renombrada santidad. Juan José Paso, Encarnación Ezcurra, Agustina López Osorno de Ortíz de Rosas y hasta don Hipólito Yrigoyen, fueron enterrados siguiendo esta costumbre. Una vez trasladado el ataúd a pulso hasta la iglesia, acompañado por los deudos y el tañido de las campanas, se oficiaba primero una misa de difuntos, para ser conducido finalmente hasta una fosa cavada bajo el piso del templo. Vuelta la baldosa a su lugar, sólo se señalaba ese sitio en circunstancias muy especiales. Pero las familias reconocían el lugar y generalmente allí se ubicaban cuando asistían a los servicios religiosos. Los entierros en campo santo eran menos espectaculares, ya que estos lugares eran reservados para personajes de menor abolengo. Esta costumbre de enterrar en las iglesias tendría sus días contados, cuando llegaron al gobierno de la provincia de Buenos Aires Martín Rodríguez y su ideólogo, Bernardino Rivadavia. Aunque en 1803 ya se había prohibido sepultar en los templos por los peligros que eso implicaba para la salud (más los aromas irrespirables durante el verano), la medida fue resistida por la población que continuó sepultando en las iglesias, a falta de otro lugar más adecuado. Desde 1787, la Real Hermandad de San José y Animas del Campo Santo, se encargaba de ofrecer cristiana sepultura a todos aquellos que no podían afrontar los gastos del entierro, y oficiaban el rito en un terreno vecino a la Parroquia de San Pedro González Telmo (ubicado sobre la actual Humberto 1° y Defensa). ESCLAVOS Y DISIDENTES El asunto de la muerte se complicaba en el caso de los esclavos, que cuando fallecían eran abandonados en algún "hueco" o espacio para ser devorados por los cientos de perros cimarrones que vagaban por la ciudad. O con las guerras, como en tiempos de las Invasiones Inglesas, que obligaron a utilizar el patio del Convento de las Clarisas (Alsina 824), donde fueron enterrados los héroes patricios de esas jornadas. Otro problema eran los impíos protestantes, enterrados precariamente a orillas del río, en los bajos del Retiro. Esta situación se subsanó hacia 1820, cuando la poderosa colectividad inglesa obtuvo el permiso para emplazar un cementerio a espaldas de la Iglesia del Socorro, comprado a la viuda de Benito Zelada, donde estuvieron enterradas la esposa del diplomático Woodbine Parish y la hija de Guillermo Brown, Elizabeth, junto a su prometido, el oficial Francis Drumond, muerto en la batalla de Monte Santiago en brazos del Almirante. Años después, pediría que a su muerte sus restos fuesen sepultados junto a los de su adorada hija (víctima de un suicidio romántico), como se puede ver actualmente en el cementerio de la Recoleta, donde una caja de madera se esconde tras el bronce de los cañones que atesoran los restos de Brown. No pasó lo mismo con su esposa, Elizabeth Chitty de Brown, que actualmente yace en el lugar que ocupara el segundo cementerio de disidentes, en la plaza Primero de Mayo, ubicada en Pasco y Alsina, donde también dicen que quedó el abuelo inglés de Carlos Pellegrini, el ingeniero Bevans. Finalmente, los ingleses, estadounidenses y alemanes intercambiaron estos lotes por tierras vecinas a la Chacarita y aunaron sus fuerzas para honrar a sus muertos, cosa que las guerras mundiales consiguieron nuevamente dividir en los actuales cementerios Británico y Alemán, separados por una ligustrina. EL CEMENTERIO DEL NORTE El 13 de diciembre de 1821, Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia refrendan el decreto 109 que obligaba a "Todos los cadáveres a ser conducidos y sepultados en el cementerio que se llamará de Miserere". Pero como no se disponía del dinero para refaccionar este enterratorio (lugar que hoy ocupa "Nuestra Señora de Balvanera", se optó por decomisar el huerto que poseían los padres recoletos, vecino a la Iglesia del Pilar. Así se creó el cementerio del Norte, por un artículo del 8 de julio de 1822, siendo nombrado capellán el padre Juan Antonio Acevedo, que ya ejercía esa función en el humilde cementerio de los betlemitas. Las primeros habitantes de este nuevo campo santo fueron "el liberto Juan Benito y María de los Dolores Maciel, niña de Uruguay", al decir de Jorge Luis Borges, que le dio un origen oriental, aunque el folio I señale a la joven como natural de esta ciudad (una versión menos poética dice que el primero en ser enterrado fue Gregorio Real y Díaz Vélez, muerto de tisis, según el diario de Juan Manuel Beruti, aunque la gente prefiera siempre un curioso desliz literario a una certera realidad). Mariano Zabaleta otorgó a este huerto su bendición. Esta secularización no fue por todos mansamente recibida y mereció las punzantes críticas de fray Cayetano Rodríguez y de fray Castañeda, que terminaron con el exilio de este belicoso sacerdote al fuerte San Martín, en tierras de don Francisco de Ramos Mejía, donde no cesó con su activa búsqueda de herejías. Pero esa es otra historia . LA RECOLETA El humilde huerto se pobló de cruces y de túmulos, a lo largo de los caminos diseñados por el ingeniero francés Próspero Catelin, asistido por el misterioso Pierre Benoit, el nunca ungido Luis XVII de Francia, según la chismografía local. Ambos diseñaron el frontispicio de nuestra Catedral. Benoit fue por mucho tiempo jefe del Departamento de Topografía, al que no podía asistir por enfermedad. Don Juan Manuel de Rosas jamás lo molestó, "Dejen tranquilo al francés" solía decir. Murió misteriosamente después de la visita de un compatriota. Por años nuestro cementerio creció descuidado y anárquico, como la nación, mereciendo algunas construcciones de más envergadura en las que algunas familias enterraban a sus deudos, como los Bustillo (los primeros en erigir una bóveda), los Anchorena y la de Ignacio Pequeño, que persisten hasta la fecha. Más hacia el fondo (sobre lo que hoy es la calle Azcuénaga), en una fosa común, se enterraban a los muertos apilados de a cuatro, sin más ceremonia que unas paladas de cal y tierra. En 1825 la ciudad fue testigo de un evento muy particular, quizás sólo comparable al traslado del cementerio "Des Innocents" a las catacumbas parisinas ("El imperio de la Muerte", como reza a su entrada). Por orden de las autoridades nativas, deseosas de limpiar la ciudad de dispersos cadáveres, se obligó a trasladar masivamente a los quietos pobladores de iglesias y campos santos hacia el Cementerio del Norte, oportunidad en que los habitantes de Buenos Aires pudieron ofrecer un impensado último adiós a sus seres queridos (así es que el doctor Cosme Argerich llegó al lugar que ocupa hoy en la Recoleta). Periódicamente, existían amenazas de clausura para evitar el desorden en el que crecía la nueva necrópolis, mientras se iba poblando de nuevos ciudadanos meritorios y otros menos plausibles. Aquí, don Juan Manuel de Rosas enterró al coronel Manuel Dorrego un año después de su muerte y reservó un espacio para aquellos habitantes distinguidos a criterio del Restaurador por sus tareas cívicas: Pedriel, Estomba, De la Peña, Deán Funes, Marcos Balcarce y Cornelio Saavedra, accedieron a ese Olimpo patricio casi en el corazón de la Recoleta, en el "Panteón de los Ciudadanos Meritorios". Mientras tanto, a la entrada se erigió el primero de los muchos monumentos funerarios que adornarían estas bóvedas, la que el Antonio Demarchi encargara a su amigo Tartarini en honor a su suegro, el general Quiroga. Así nació "La Dolorosa", que no es una virgen, sino la imagen transida de dolor de María Fernández, esposa de Facundo, imagen reproducida sobre los techos de las tumbas que alternan con arcángeles y cruces los cielos del cementerio. En los primeros tiempos, el arte funerario era más sobrio y ascético que el que impondría la burguesía adinerada de fines del siglo XIX. Sólo copones, túmulos y placas de mármol con laudatorias referencias hacia los allí enterrados como los doctores Fonseca y Medina o en el caso del comerciante Francisco Alvarez, que en su tumba acusa a sus desleales "amigos" asesinos (1). Los excesos de la Mazorca, las guerras civiles, las eternas pestes y el retorno con gloria de los unitarios muertos en el exilio, terminaron por completar los espacios disponibles que vieron desbordada su capacidad durante la epidemia de fiebre amarilla. Atiborrada la Recoleta y el cementerio del Sur, se dispuso la creación del Cementerio del Oeste en la Chacarita de los Colegiales hacia 1871, en las antiguas tierras de los jesuitas, entonces en manos del Colegio Nacional Buenos Aires, que usaba esas dependencias para esparcimiento de sus estudiantes, como relatara Miguel Cané en Juvenilia. Era un bucólico espacio donde pastaban las vacas entre sepulcros y cruces. La primera persona en ser enterrada aquí fue el albañil Manuel Rodríguez, muerto justamente durante la epidemia. TRANSPORTANDO MUERTOS Los adelantos permitieron el traslado hacia esas lejanas comarcas a través de la legendaria "Porteña" (2), que en épocas de crisis servía de "tren fúnebre", como se le dio en llamar, reemplazando al carro fúnebre prestado por la policía, según el famoso decreto 109 de 1822, que establecía gratuidad en caso de pobreza de solemnidad y más adornos y lujos, según crecientes tarifas. El primero en gozar de este privilegio en 1822 fue Augusto Rodney, ministro plenipotenciario estadounidense, sobrino de uno de los firmantes del acta de Independencia americana, sorpresivamente fallecido durante su visita a Buenos Aires y enterrado con pompa en el primer cementerio protestante. Existió a su vez otro carro extraño, pintado de blanco, con cortinas celestes, conducido por un joven vestido de colorado con sombrero coronado por un penacho blanco, reservado para los entierros de niños, que se dio en llamar el "Carro de los Angelitos". Las familias competían en mostrar desmedido dolor y respeto por el difunto, alquilando carros en proporciones exageradas, lo que llevó al gobernador Juan José Viamonte a legislar, en octubre de 1829, un decreto limitando el número de vehículos, ya que este afán de ostentación había llevado a la ruina a más de una familia de pocos recursos, pero con grandes aspiraciones. En 1888 se hizo cargo de este lúgubre transporte la compañía de Tranvías Federico Lacroze, con seis servicios diarios que partían de Corrientes y Medrano. Hacia 1863 surgió un nuevo enfrentamiento entre las masónicas autoridades y la Iglesia, que hasta el momento se había negado a permitir descansar en campo santo a todos aquellos que se opusieron a sus creencias, llegando al punto de desenterrar o negar sepultura al ex presidente Santiago Derqui, excomulgado por el obispo de Córdoba, monseñor Benito Lascano. Ese año murió Blas Agüero, conocido francmasón y ateo (que no son la misma cosa, como simplistamente veían sus opositores), amigo personal del general Bartolomé Mitre. Monseñor Aneiros le negó cristiana sepultura, a lo que Mitre se opuso y ordenó su entierro en la Recoleta. Monseñor Aneiros quitó entonces la bendición al cementerio, circunstancia que persiste a la fecha. Esto permitió un espacio de libre expresión al ideario masónico a través de oscura simbología que pasa inadvertida para el no iniciado, aun desde el mismo pórtico del cementerio. Domingo F. Sarmiento sancionó en octubre de 1868 un reglamento, intentando ordenar un tanto la desorganizada necrópolis. De esta manera, ponía en práctica alguna de las ideas que había estudiado durante su estadía en Europa. Copiando el orden germano de sus "Totenhaus" casas de muertos ordenó que ningún cadáver podía ser enterrado antes de transcurridas treinta horas, permaneciendo con la tapa sin clavar y con un cordel atado a un dedo del difunto con una campanilla, para el caso de que éste decidiese retornar al mundo de los vivos. Igualmente el cementerio crecía en anarquía, hasta que el activo Torcuato de Alvear, el primer intendente de Buenos Aires, decidió reorganizarlo bajo la dirección de su dilecto colaborador, el arquitecto Juan A. Buschiazzo, imprimiendo al lugar el aspecto que hoy conocemos, convertido en Panteón de la Patria, con algo de museo fúnebre como Pére Lachaise en París y Staglieno en Génova. En nuestras tierras se acudía a tributar un último adiós a los que partían, con profusión de trajes negros, luto riguroso (que se mantenía por meses), muchos llantos (aun a expensas de contratadas lloronas), largos y algunos memorables discursos, con más de un orador cuando la importancia del difunto así lo requería. Estas ceremonias estaban reservadas solamente a los hombres. Las mujeres sufrían en su hogar, no en público. Las visitas al cementerio eran obligadas y las familias se paseaban por sus corredores no sólo para rendir respetos al ido, sino con inconfesables vanidades y ostentaciones mundanas. Las vecindades del cementerio se poblaron con marmolerías, broncerías, constructores y floristas en las mismas cuadras que hoy ocupan elegantes restaurantes y lugares para noctámbulos. Esta característica frívola, que tanto asombra a los turistas, tiene su origen en las Romerías del Pilar, festejos en honor a la virgen de Zaragoza, que se llevaban a cabo todos los 12 de octubre en las cercanías del cementerio, hasta bien entrado el siglo XX. EL ARTE EN LA RECOLETA El crecimiento económico permitió a la acomodada burguesía copiar lujosos detalles aprendidos durante sus prolongadas temporadas europeas, materializadas en el magnífico Cristo de Monteverdi (donado por una dama que prefirió el anonimato), las bóvedas de los Ortiz Basualdo réplica de la bóveda Montanari en Staglieno , los monumentos a los generales Campos o el magnífico sepulcro de José C. Paz, obra del escultor francés Jules Félix Coutan. Pero los artistas no fueron solamente europeos. Todos los notables escultores argentinos conocidos y algunos ignotos nos legaron sus obras de bronce y mármol: Lola Mora, Lucio Correa Morales, Luis Perlotti, José Fioravanti, Torcuato Tasso, Tomas¡ Leone, Agustín Riganelli, Pedro Zonza Briano y el desconocido Godin, dejaron su impronta tanto en la Recoleta como en la Chacarita, honrando a ilustres prohombres y personajes que a veces lograron su persistencia en el recuerdo gracias a su última morada. Tal el caso del cuidador Alleno, que siguiendo la usanza de sus mayores genoveses, se hizo retratar de cuerpo entero por el escultor Canepa en Italia , tal como era en su juventud, cuando se paseaba por estos pasillos con sus llaves y un pañuelo al cuello. Otros, no sólo permanecen en la memoria por la estatuaria sino por insólitos requerimientos. Como el señor Gath, de la tienda Gath & Chaves, sosteniendo entre sus manos un dispositivo eléctrico para abrir su féretro en caso de necesidad imperiosa, cosa que afortunadamente hasta la fecha no ha utilizado. O la tenebrosa historia de Rufina Cambaceres, supuestamente enterrada en estado cataléptico, aunque falten evidencias para afirmar esta dolorosa circunstancia. Al menos este penoso episodio nos permitió gozar de la hermosa obra de Richard Aigner, primera trabajo art nouveau de Buenos Aires. Los cementerios son lugar obligado de multitudinarias demostraciones de respeto, como el adiós a Hipólito Yrigoyen o a Carlos Pellegrini. O de actos de repudio, como la dolorosa muerte del joven Abel Ayerza a manos de la mafia siciliana. Escenarios del imborrable dolor por los muertos durante la gesta de 1890 en el panteón del Partido Radical. Testigos de la idolatría popular como el culto a la Madre María en la Chacarita, a Carlos Gardel o al último reposo de Eva Perón, todos ellos con permanentes homenajes florales. Una constante en todas nuestras necrópolis es la profusión de placas de bronce (como una característica muy particular del país, ya que aún en los cementerios de pueblos pequeños, hacen su permanente aparición) con la que no sólo parientes, sino amigos o compañeros de trabajo recuerdan al difunto. Hoy, que pretendemos mantener a la muerte alejada de nuestra vida diaria, esta ha sido desprovista de su connotación religiosa y de su magnificencia renacentista que aunaba los logros terrenales con los méritos trascendentes. Los entierros han perdido su fastuosidad exterior para convertirse en un acto casi íntimo, de último adiós y mínimo luto, que ya no necesita ¡los palcos baignoire de viudas del teatro Colón, un espacio donde ocultarse para escuchar música sin concitar malignos comentarios. Los tiempos han cambiado, y de "los panteones enfilados, cuya vanilocuencia hecha mármol, de rectitud y de sombra interior promete o prefigura la deseada dignidad de estar muerto', que describía Jorge Luis Borges, hemos pasado a elegir bucólicos paisajes de verdes fulgores, con una simple cruz que recuerde el tránsito por esta vida... Al igual que Borges. Nota: La Porteña, conducida por el ingeniero Alban, trasladaba los féretros con las víctimas de la epidemia. El ingeniero murió en ejercicio de sus funciones. EL CEMENTERIO DEL SUR Fue creado por el decreto del 1° de junio de 1832 de don Juan Manuel de Rosas. Diseñado originalmente por Prilidiano Pueyrredón, recién fue inaugurado en 1867. Para 1871 ya estaba saturado, fruto de las sucesivas epidemias de cólera y fiebre amarilla. Fue clausurado definitivamente en 1892, y sus tierras destinadas a la formación del Parque Bernardino Rivadavia, actualmente llamado Florentino Ameghino. En su centro, una estatua de Ferrari recuerda a los caídos en cumplimiento del deber durante la epidemia de fiebre amarilla. Los difuntos fueron trasladados a otros cementerios, entre ellos estaban José Mármol y el doctor Francisco Muñiz, actualmente en la Recoleta. Aunque no todos fueron exhumados y probablemente queden algunas tumbas bajo la superficie del actual parque, como la de la esposa del general Gregorio Aráoz de Lamadrid, Luisa Díaz Vélez esposa, madre y hermana de héroes de la patria a quien el poeta Guido Spano diligentemente asistió en sus últimos momentos. EL MIEDO A SER ENTERRADO VIVO El miedo a ser enterrado vivo quizás sea más viejo que el miedo a la muerte. Los errores de diagnóstico, los mitos populares y la improbable catalepsia inspiraron más de una novela tenebrosa y quizás alguna disposición protectora entre la parafernalia testamentaria. Debemos comprender que recién hace sólo ciento cincuenta años el doctor Bouchout (uno de los discípulos de Laénnec, el inventor del estetoscopio), propuso la auscultación como método de diagnóstico para dictaminar la muerte. Pero todos los médicos saben que diversas circunstancias pueden hacer los latidos inauscultables. En realidad, la discusión científica la comenzó el doctor Jacques Winslow hacia el 1700, afirmando que el único signo indiscutible de muerte era la putrefacción. Sus escritos hubiesen pasado inadvertidos si no fuese por otro colega, el doctor Brushier, que le dio vuelo literario al tema. Esto, junto a relatos poco sustentables científicamente pero de popular predilección hicieron de esta posibilidad un elemento a considerar. El tema fue de trascendental importancia en Alemania, donde el destacado profesor Hufeland diseñó los primeros "Asilos de la vida dudosa", donde se guardaban los cuerpos con exquisitos arreglos florales hasta que los gérmenes saprófitos realizasen su trabajo, confirmando el proceso de defunción. Probablemente Sarmiento (al igual que muchos turistas) haya visitado estas casas, ya que impuso algunas de las normas germanas en su reglamento de 1868. El mismo temor hizo crear toda una serie de ataúdes como el "Karnice", diseñado por el conde ruso del mismo nombre , para asegurar la sobrevida del recién llegado del reino de los muertos, mientras avisaba en la superficie, su retorno al mundo de los vivos. Los ingleses, siempre más prácticos, solían dejar una generosa suma de dinero a su médico personal, para que se asegurase de que no habría un desagradable retorno. El galeno generalmente cortaba la yugular, o para no andar con vueltas, cortaba la cabeza (como a la esposa del capitán Burton, el traductor de Las mil y una noches). A medida que la ciencia aseguraba los métodos de diagnóstico, estos miedos fueron perdiendo fuerza, aunque cada tanto surgía un nuevo relato sensacionalista de la mano de algún fanático de las teorías de Brushier y Hufeland. Hoy, este temor ha sido reemplazado por otro más sofisticado, bajo la sospecha de que nuestras vidas podrían acortarse ex profeso, por inescrupulosos profesionales ávidos por obtener nuestros latientes corazones o jugosos riñones, para transplantes. Temor prolongado por películas y lecturas pasatistas, inspiradas en estos temas truculentos que nuestro morbo nos empuja a leer. LA CREMACION La incineración de los cadáveres fue una costumbre especialmente difundida entre las tribus nómades que no podían trasladar a sus muertos. La Iglesia Católica la prohibió expresamente hasta 1960. Los protestantes no objetaron este método y lo prac tican frecuentemente. El primero en proponer la cremación en la Argentina fue el doctor Pedro Mallo hacia 1879, a través de la Sociedad Científica Argentina, aunque la primera se haya practicado recién el 26 de diciembre de 1884. Justamente, el día anterior había muerto el señor Pedro Doime, afectado por la fiebre amarilla. Así fue como el doctor José María Ramos Mejía, director de la Asistencia Publica y junto con el doctor José Penna, director del hoy llamado Hospital Muñiz, ante la posibilidad de una nueva epidemia como la catastrófica de 1871 (que costó alrededor de 15.000 vidas) decidieron, con la aprobación del intendente Torcuato de Alvear, cremar el cadáver, cosa que se llevó a cabo en el predio central de la casa de aislamiento (Hospital Muñiz). La ordenanza del 7 de abril de 1886 dispuso la obligatoriedad de incinerar sin excepción todos los cadáveres, de los fallecidos a causa de epidemias y todos aquellos que así lo deseasen. A tal fin, existe una dependencia dentro del cementerio de la Chacarita (en el llamado Templo Crematorio en funciones desde 1903) que abunda en detalles técnicos sobre la flora putrefactiva. Su crudo verismo ha convencido a muchísimos de sus visitantes sobre los beneficios de la cremación, como nos contara Roberto Arlt. OTROS CEMENTERIOS PORTEÑOS Además de la Recoleta, la Chacarita y los ya mencionados enterratorios subterráneos y cementerios disidentes, existieron en Buenos Aires otras necrópolis. En Flores se construyó un cementerio que albergó a los fundadores de ese barrio y al legendario payador Gabino Ezeiza. Belgrano no sólo tuvo su cementerio sobre la calle Monroe, sino que existió un primitivo enterratorio sobre las barrancas. Allí fue enterrado Marcos Sastre y posteriormente fue trasladado a la Recoleta. Cercano al Cementerio Sur, existió un pequeño cementerio que albergó a algunos ingleses víctimas de la fiebre amarilla. Estuvo emplazado cerca de Plaza España, actual Instituto Malbrán. (Fuente señor Jorge Alfonsín). Próximos a la iglesia del Socorro, sobre la actual Avenida 9 de Julio, enterraron a algunos soldados del general Hilario Lagos, fallecidos durante el sitio de Buenos Aires. Por último, en Liniers se encuentra el único cementerio israelita de la Capital Federal LA FOTOGRAFIA DE CORTEJO Y SEPULTURA EN BUENOS AIRES Sabemos con certeza que la costumbre de fotografiar al cortejo cesó por completo en la Capital Federal cuando desapareció el coche fúnebre a caballos, treinta años atrás. Las últimas funerarias que utilizaran este servicio todavía contaban con un fotógrafo para cubrir los sepelios hacia 1970, aunque las fotos ya se hacían únicamente a pedido de los deudos. Al parecer, en todos las épocas cada funeraria tenía su fotógrafo y con él trabajaba regularmente, aunque no mediaba relación de dependencia ni contrato alguno. Las funerarias no tenían un servicio especial con fotos incluídas: las fotos formaban parte del servicio de un modo suplementario, agregado, y los deudos las compraban o no según quisieran. Cada servicio fúnebre era publicitado en los diarios hablamos de los años 30/40 y el fotógrafo concurría directamente al velatorio. Tomaba fotos de las coronas y del féretro cerrado (aunque no había restricciones que impidieran su trabajo, tenía especial cuidado en no fotografiar el ataúd descubierto, excepto que los deudos pidieran expresamente una imagen del difunto, algo más que excepcional para entonces). Luego, registraba el momento en que el ataúd era sacado de la casa momento importante, ya que recordaba el abandono definitivo del hogar y, si los deudos querían, hacía una foto a cada grupo de parientes sosteniendo el féretro: hijos, hermanos, nietos. Después se fotografiaba el acompañamiento propiamente dicho por las calles de la ciudad y la entrada al cementerio, En rigor, eran secuencias rutinarias que tendían a la confección de un álbum recordatorio cuya último foto era la lápida sepulcral. El fotógrafo hacía su negocio independientemente de la funeraria y el mecanismo de venta no era diferente al de las fiestas y casamientos, donde cada uno de los concurrentes compraba los fotos que más le interesaban. Los clientes más firmes para los fotos de cortejo y sepultura eran las familias de inmigrantes. Siempre había algún pariente en Europa al que había que enviar el recordatorio. Si su parentesco con el difunto era muy cercano mandaban hacer una corona con su nombre y ordenaban una foto donde se lo viera en lugar destacado, para dar testimonio de que la familia se había ocupado de no dejarlo ausente durante la última despedida. Vale agregar anecdóticamente que esta costumbre originaba situaciones graciosas: competencia entre los parientes por la dimensión y ornato de las coronas, por ejemplo, o discusiones para lograr una bueno ubicación de la propia corona cuando tomaban la foto del conjunto. La fotografía del difunto era un recordatorio de la muerte en sentido estricto, en tanto que la fotografía de cortejo y sepultura era un recordatorio del acontecimiento social que originaba la muerte. Esta diferencia, que a nuestro juicio es muy importante, sugiere la hipótesis de que la fotografía de cortejo y sepultura suplantó a la foto del difunto como última concesión que la cultura otorgaba al recuerdo fotográfico el más 'verdadero' y 'real' de la muerte Hoy la foto de cortejo y sepultura también se abandonó porque cualquier recordatorio fotográfico de la muerte, así sea de sus consecuencias más inocuas, como la reunión familiar, está interdicto. No tenemos más que pensar en la posibilidad de que algún familiar o amigo saque una cámara fotográfica y se apreste a tomar fotos en el velorio de un ser querido próximo nuestra madre, o hijo, o hermano con el sólo propósito de tener un recuerdo, para darnos una idea de lo extraño, disparatado y agresivo que nos resultaría. Ni qué hablar si pretende fotografiar al difunto por la mismo razón. La presencia de una cámara fotográfica en las ceremonias fúnebres nos resulta inadmisible excepto que la justifique y legalice una razón períodística. Si el muerto, o las circunstancias de la muerte. son 'nota', la foto no nos perturba. Sin esa razón o cualquier otra que no sea el recordatorio la fotografía, en cambio, nos resulta simplemente morbosa y aberrante. Fuente: Revista “Todo es Historia” Nº 424

Crónicas del Hotel de Inmigrantes El Hotel de Inmigrantes fue un sitio que gozó, en general, de buena prensa; ya sea desde que se proyectó su construcción en 1890, mientras se llevaban a cabo las obras, o cuando fue parcialmente inaugurado en 1911. Durante los años en que funcionó para la inmigración, el hotel fue un sitio especialmente grato para los periodistas. Allí encontraban material para asombrar a la burguesía porteña con la noticia de que ahí nomás, a pocas cuadras, la Argentina era el país de la abundancia. Es que el Hotel de Inmigrantes fue, tal vez, la última trinchera del paradigma nacional de progreso. Gobernar es poblar El propósito de construir un alojamiento para los inmigrantes data de la llegada misma de la inmigración; pero la urgencia por llevarlo a cabo se hizo evidente en 1873, cuando el cólera asoló Buenos Aires. Declarada la epidemia, le tocó en suerte a Guillermo Wilcken, encargado de inmigración , ocuparse de conseguir un sitio donde ubicar a los inmigrantes que llegaban en cantidad, ya que, como él mismo advirtió en su carta al ministro Frías, "el cólera que, declarándose en el centro del municipio, causó la alarma que tantas y tan peligrosas preocupaciones engendró contra la inmigración, a la cual se pretendía hacer responsable de la epidemia”. (1) En ese contexto, conseguir un lugar para los inmigrantes no era un asunto fácil. Los pocos propietarios que poseían grandes edificios, se negaban a alquilarlos, y los únicos disponibles ya habían sido destinados a lazaretos por la municipalidad. Resuelta la contingencia, Wilcken planteó al ministro la necesidad de llevar a cabo la construcción de un complejo u hotel que contara con desembarcadero, hospital, dormitorios, oficina de trabajo y un sistema según el cual los inmigrantes pasaran sin transición, del hotel al vagón del ferrocarril que los llevaría a su destino. Se trataba "nada menos que de construir el establecimiento destinado a atraer, modelar, preparar y entregar al país, la población que espera para elevarse al nivel de las naciones más florecientes”. (z) Un edificio de inmigración que ordenara y regulara la llegada de inmigrantes, desde el momento del desembarco. El conjunto incluiría un edificio de dirección desde el cual se llevaría adelante la planificación, el análisis estadístico, la ejecución de las políticas migratorias, y un método de propaganda para atraer a la inmigración europea. Como se ve, ya no se trataba sólo de la asistencia social al inmigrante. Para Wilcken, la construcción del hotel era fundamentalmente un asunto político. Pero el edificio pensado por él debía ser, también, conceptualmente construido. Propuso, como primera medida, suplantar la palabra asilo, asimilada al alojamiento de inmigrantes, por "Hotel de Inmigración", "Departamento de Inmigración", o "Centro de Inmigración. El término asilo, afirmaba, "es impropio; bueno para un establecimiento de mendigos, implica una idea depresiva, aplicado al edificio que va a construirse para el servicio de los colosales intereses de la inmigración. Lo que entre nosotros se llama Asilo, en Nueva York es conocido con el nombre de "Castle Garden", jardín del Castillo, nombre que, si nada tiene de significativo, nada tiene tampoco de depresivo". (3) Debía tratarse, en consecuencia, de una construcción capaz de llamar la atención en Europa, debía ser un reflejo de lo que la nación podía ofrecer a los que quisieran emigrar. Por ello, aseguraba Wilcken ,debería ser monumental, "más grandioso, si cabe, que el del Banco Provincial, construido con los adelantos del arte, dotando a sus oficinas de todo lo que contribuya a desarrollar el elevado y político pensamiento que entraña el axioma constitucional "poblar es gobernar". (4) La vergüenza pública Desde 1890, y durante dos décadas, mientras se resolvía el tema de la construcción del hotel, el antiguo panorama de Retiro, un edificio de forma octogonal, recubierto de madera, de aspecto tétrico, sirvió provisoriamente como asilo de inmigrantes. El edificio, decía J. Rusiñol, "visto de afuera, no se sabe lo que es, pero da frío. Redondo como un circo de tablones, de color de barco abandonado, teniendo por fondo las grúas de los muelles... lo mismo parece una inmensa boya que un cinematógrafo arruinado. Adentro del edificio hay un patio cuadrado y otro más chico, uno rodeado de los comedores y otro de los dormitorios. Hemos visto muchos patios de miseria, pero como aquel, tan frío, tan simétrico... no hemos visto otro. Aquí, en este edificio, descargan los barcos todo lo que Europa no puede mantener, lo que arrojan las inundaciones, lo que se salva de los terremotos, lo que abandonan los mares, lo que escupen los gobiernos y lo que huye de las revoluciones, todo lo que cae buscando las aguas del trabajo para salvarse de la miseria". (5) Durante el período en que funcionó la Rotonda, paradójicamente, Buenos Aires se transformaba en un deslumbrante escenario que hablaba de la pujanza y la aspiración de una generación argentina. La ciudad comenzaba a perfilarse como la metrópoli poderosa que se mostraría al mundo. Lo que se construyó en esa época fue sencillamente colosal. Buenos Aires era, sin lugar a dudas, una ciudad majestuosa, aún para los europeos. "Hay que ver aquellas caras que miran con asombro los adelantos edilicios de nuestra ciudad, que en su mayoría, seguramente, ni en sueños la imaginaron como realmente es”. (6) Este paisaje de progreso, naturalmente, no admitía la vecindad de un asilo para inmigrantes. La vergüenza que su presencia provocaba en la sociedad era unánime. La prensa se hizo eco del repudio general. Hubo críticas de todas clases. Algunas, las más moderadas, puntualizaban "la urgente necesidad que hay de buscar un local más apropiado para recibir dignamente a esos millares de obreros y agricultores que acuden a nuestro suelo, atraídos por el trabajo remunerador que aquí encuentran". (7) Otros periodistas se ocuparon del sentir de los inmigrantes, alojados allí "sin comodidades ni higiene, en una confusión lamentable que hacía perder al que llegaba toda esperanza de prosperidad". (8) Pero el recuerdo del cólera asociado a la inmigración había quedado en la memoria colectiva. "Francamente, escribe un periodista , y sin querer hacer crítica rebuscada, aquello no puede continuar por mucho tiempo como hasta ahora, y aún por la misma salud de la población, que el día menos pensado se va a dar cuenta del posible foco de enfermedades que tiene en parte tan central; deben adoptarse medidas en tal sentido". (9) "La mayor parte de la construcción es de madera y sumamente vieja; las sucesivas cepas de pintura con que se ha querido remozar no han cambiado mayormente, resultando que, aunque la limpieza interna se haga con prolijidad, siempre queda en mal estado. Y como si esto no fuera bastante, en las proximidades del edificio hay lagunas de aguas descompuestas que son una amenaza constante”. (10) No faltó, tampoco, el toque de humor. En un extenso artículo sobre inmigración, el epígrafe de una foto del asilo dice "Ya llegará en que esto desaparecerá. Este no es verso: es una vergüenza edilicia”. (11) Casi un siglo más tarde, en su historia del tango, Horacio Ferrer, al encarar la descripción de la ciudad de principios de siglo, no puede eludir el asilo de inmigrantes. El Hotel de Inmigrantes, dice, "esta allá abajo. En el barrancón de Retiro, sobre el río. ¿Hotel? ¿Llamar hotel a esa pajarera feroz? Eso es un hormiguero a donde van a parar con su documento y su atado de ropas los que recién desembarcan y aún no tienen conventillo conseguido”. (12) Manos a la obra Pasaron más de dos décadas hasta que, finalmente, en 1889, el Ejecutivo autorizó la construcción del hotel, cuyas obras comenzaron recién en 1906. El edificio pensado por Wilcken, iba a ser llevado a ca¬bo durante la gestión de otro director de inmigración, Juan A. Alsina. Su larga permanencia en el cargo veinte años , además de permitirle orientar una política de largo alcance, también hizo posible la prosecución de las obras arquitectónicas. El conjunto Hotel de Inmigrantes, concebido como una ciudadela, comprendía una serie de construcciones o pabellones dispuestos alrededor de una plaza central, rodeados por un muro de concreto que cada tanto alternaba con tramos de rejas de hierro pintadas de negro, en contraste con el riguroso blanco general. La superficie abarcaba 27.000 m2. Naturalmente, el hotel se levantaría a orillas del río, en un sitio bastante aislado de la ciudad. A lo largo de la costa el desembarcadero, sobre el frente la dirección y oficinas de trabajo, a continuación el hospital y los lavaderos, y cerrando el perímetro, el edificio de los dormitorios y el comedor. Este último, que se diferenciaba notablemente del resto por su volumen y diseño, adquirió, con el tiempo, el nombre aplicado al conjunto: Hotel de Inmigrantes, que conserva en la actualidad. Perpendicular al desembarcadero, una avenida central unía los distintos pabellones con los jardines, y jerarquizaba la perspectiva entre el río y la estación del ferrocarril, que distribuía a los inmigrantes hacia el interior. Las obras se ejecutaron según la urgencia operativa. Por ello, lo primero en construirse fue el desembarcadero, que era el sitio en el cual se llevaba registro y control de la llegada de inmigrantes. Vale recordar que mientras duró la construcción del nuevo hotel, los inmigrantes, una vez desembarcados, iban caminando hasta el asilo de la Rotonda, donde pernoctaban. En 1907, con la inauguración del desembarcadero, la prensa dio cuenta, una vez más, de la importancia que tiene el hotel en cuanto a la imagen del país, ya que "es como si dijéramos el vestíbulo de la nueva patria que los espera [...] su aspecto no debe rechazar, debe atraer. No debe auspiciar dolores y miserias, debe augurar futuras prosperidades”. Por ello, concluye el cronista, "los diversos cuerpos de este verdadero palacio para pobres, serán construidos todos en cemento armado, estando las instalaciones de luz eléctrica y el sistema de cloacas a la altura de los mejores edificios de su índole”. (13) Para octubre de 1910, el Hotel de Inmigrantes estaba prácticamente concluido. Sólo faltaban los pabellones de dormitorios y comedor. Pero con el triunfo electoral de Roque Sáenz Peña, Alsina deberá alejarse del cargo. El 30 de ese mes, la revista El Hogar publicó un extenso y almibarado artículo destinado a exaltar su figura, "verdadero estadista, libre de prejuicios", pero, concluía, "es lástima que hombres tan útiles al país tengan que abandonar sus puestos, donde su laboriosidad e inteligencia se exteriorizan en tal forma, por los incidentes de la política". No obstante, advertía el cronista, "la obra del doctor Alsina quedará en la historia de nuestra administración como un precioso documento de cuanto puede el esfuerzo perseverante, la inteligencia y la buena voluntad, puestos al servicio de los bien entendidos intereses del país". (14) Una noche inolvidable A Juan Alsina le sucedió José Guerrico. Las primeras medidas que tomó, referidas al hotel fueron: rescindir el contrato con la empresa constructora Udina y Mosca y encomendarle el proyecto al arquitecto Juan Kronfuss, modificándolo de manera de reunir en un solo edificio los pabellones de dormitorios y comedor. Luego, inaugurar oficialmente el Hotel de Inmigrantes. Estos cambios, contaron, naturalmente, con la anuencia de Roque Sáenz Peña, quien visitó el hotel. La revista Caras y Caretas registró el hecho desde una perspectiva bastante mordaz. "Es tan profunda en el doctor Sáenz Peña la afición a los viajes, escribe el cronista , que necesita estar siempre en sitios que le recuerden sus muchas travesías oceánicas. Es así que presta toda su atención al Hotel de Inmigrantes velando, como buen jefe de estado, por el bienestar de todos los viajeros, aunque sean de tercera clase...” (15) Con respecto a Guerrico, el periodista no fue más benévolo. Refirió que "en dicha ocasión los miembros de la comitiva notaron con cuanta dificultad el señor Guerrico seguía los pasos de su huésped. Opinaban la mayor parte de ellos, al comparar las piernas del uno con las del otro, que aquél era un caso clavado de handicap. El señor Guerrico no debía ser puesto en la obligación de llegar a la raya al mismo tiempo que el doctor Sáenz Peña, que es mucho más velero”. (16) Pocos días después de la visita, el 26 de enero de 1911, Guerrico ofreció una gran fiesta, a la que asistieron Sáenz Peña, sus ministros, el clero, diplomáticos, en fin, lo más engalanado de la sociedad. Como cabe imaginar, la fiesta del Hotel de Inmigrantes hizo las delicias de la prensa social. La celebración se llevó a cabo al anochecer. En el edificio de la dirección, adornado con plantas, banderas y escudos, se alojaron los ministros y el cuerpo diplomático, para esperar la llegada del presidente Sáenz Peña. Los jardines y galerías fueron profusamente adornados e iluminados. Sobre las cornisas de los edificios se habían colocado macetas de flores. "El aspecto de toda la casa relata un cronista , era de indescriptible alegría”. (17) En uno de los pabellones estaban alineadas las mesas del comedor de los inmigrantes, dispuestas para el lunch, cuyos mármoles blancos resplandecían a la luz de los focos. Con la llegada del presidente, las bandas de policía y municipal ejecutaron la marcha de Ituzaingó, y a continuación el arzobispo bendijo los edificios. Terminado este acto, la comitiva se dirigió al salón destinado para la fiesta, y allí se cantó el himno nacional y se pronunciaron los discursos. En el suyo, Guerrico aludió a la construcción faltante, la que estaría terminada en seis meses. Luego, la comitiva caminó hacia el desembarcadero, donde se hallaba amarrado el vapor "Arcona", adornado con banderas argentinas e italianas. Una vez el presidente a bordo, la oficialidad hizo los honores y el brindis correspondiente. A continuación, se realizó un paseo por los jardines. Las señoras, vestidas de gala, acompañaban la procesión. A la ida, advertía un periodista, "el presidente de la República daba el brazo a la señora Laura Carlés de Guerrico; el vicepresidente iba con la señora Lola Goñi de Güiraldes y el gobernador de la provincia acompañaba a la esposa del ministro de agricultura, señora Josefa C. Mayer de Lobos". Pero al bajar del barco, ya en los jardines, proseguía el periodista, "el doctor Sáenz Peña iba con la señora Teresa de Urquiza de Sáenz Valiente, el general Arias con la señora de Lobos, el ministro de marina con la señora Laura Carlés de Guernco, el doctor Plaza con la señora de Ortega, y el capitán de fragata Malbrán con la señora de Urquiza de Sáenz Valiente" (18). La ciudadanía también fue invitada. Para atenderla, las empresas de ferrocarriles enviaron tres coches restaurantes con su correspondiente servicio. Los tres vagones, repletos de gente, se habían enganchado a una máquina del ferrocarril del puerto de Buenos Aires, cubierta de banderas y escudos argentinos. A las 11 de la noche comenzaron los fuegos artificiales, y una hora más tarde apareció, entre dos vigas metálicas, un cartel formado con bombillas eléctricas que decía "Buenas Noches", dando por terminada la fiesta. La celebración, naturalmente, tuvo amplia repercusión social y periodística, y algunos párrafos referidos al pabellón por construirse: "Ese edificio, cuyos planos están terminados, será de cuatro pisos, y su estilo será como el de los hoteles de Niza", (19) o "en la gran plaza que aparece en uno de nuestros grabados, se levantará el verdadero hotel, edificio de cinco pisos en el que se establecerán los dormitorios para seis mil camas". (20) Un hotel con estilo La idea de que el hotel era un palacio para pobres, pareciera haber estado generalizada entre la prensa. La casa, escribió un cronista a pocos días de la inauguración, "de lo mejor del mundo en su género, tiene tan excelentes condiciones que muchos de los que en ella se alojan sentirían tenerla que dejar" (21). Una caricatura del mismo año que mostraba la transición del inmigrante, del hotel al conventillo, expresaba la distancia que existía entre la superabundancia nacional, de la cual valía la pena jactarse, y la paupérrima realidad del inmigrante. "Pero llega la hora de abandonar el hotel dice la caricatura , para instalarse en la vivienda costeada con sus modestos recursos. ¡Se acabaron los menús exquisitos y las mesas paquetonas". (22) En 1913, cuando el hotel funcionaba a pleno, la revista Caras y Caretas publicó un curioso artículo, con moraleja. El argumento giraba, naturalmente, en torno al mito de hacer la América. Para ello, el periodista se valía de una visita al hotel, la cual "proporciona siempre al espíritu ocasiones de meditación", aclaraba. "Si bien es verdad que en ese hotel no huele todo a rosas, y si es verdad, asimismo, que ciertas escenas de miseria no son muy gratas a la vista [...] los poderosos de hoy deberían visitar el hotel de inmigrantes, con objeto de abatir el demonio de la soberbia”. En lo que concierne al estado, observaba el periodista que "la providencia funcionaria les provee (a los inmigrantes) de suculenta sopa, de muelles camas", mientras ellos "pasean por los pabellones, por los jardines del vasto establecimiento en una ociosidad de bestias”. A continuación, el cronista advertía que el ocio de los inmigrantes preludiaba el trabajo, "el sudor, el polvo, la fatiga... Pero tambien acaso la fortuna”. (23) Los servicios del hotel comprendían el alojamiento gratuito por cinco días, que eventualmente podía extenderse hasta que el inmigrante encontrara trabajo; la atención médica en el hospital a los que así la requerían, la oficina de trabajo, que se ocupaba de conseguirles empleo y de trasladarlos al interior, cursos y conferencias nocturnas acerca de las bondades del país, aprendizaje de maquinaria agrícola y de uso doméstico para las mujeres, y, por último, una oficina de interpretes. El hotel tuvo, también, su propia agencia de prensa encargada de atraer a la inmigración, y, por supuesto, de promocionar sus actividades. Ya en épocas de Alsina, en las "Memorias" que la dirección confeccionaba anualmente, las ilustraciones contribuían a enriquecer los informes. Durante la gestión del director Manuel Gigorraga, sucesor de José Guerrico, las "Memorias" incluyeron una serie fotográfica de los servicios del hotel. Las mismas fotos, compuestas en álbumes, se obsequiaron a funcionarios del país y del exterior (24). Las fotos muestran cada una de las reparticiones del hotel, incluyendo el transporte de los equipajes en el momento en que los inmigrantes se iban de él. En cuanto a la oficina de intérpretes, la revista P.B.T. ofreció su propia versión del asunto, en un artículo que denominó "el polígloto de la inmigración". Tal vez movidos por la propaganda oficial, los periodistas se trasladaron al hotel a corroborar los servicios que prestaba. Allí resultó que la oficina de intérpretes se resumía en la persona de un muchacho, llamado Martín que, a duras penas, con más voluntad que escuela, lograba descifrar los misterios del ruso, polaco, búlgaro, sirio o rumano, según el caso. Para ello, Martín anotaba las palabras "tal como las escuchaba", en un cuaderno cuya fotografía integra el artículo. Así, por ejemplo, fader=padre, mader=madre, etc. Pero, salvo indiscreciones como esta, la prensa coincidía con la información oficial, cuando no la condimentaba con exageraciones de cosecha propia. En vísperas del declive que la crisis del 30' habría de causar a la inmigración, La Vida Moderna, editaba un extenso artículo "Cómo recibimos y tratamos a los inmigrantes". Comenzaba el cronista afirmando que pocos países podían ser tan cordiales y hospitalarios para con el extranjero como el nuestro. "Desde que pisa el umbral de esta casa confortable y simpática, en el ánimo del inmigrante, por torpe que éste sea, una verdad irrecusable se le prende: nuestra generosidad”. "Desde los comedores espaciosos y ventilados, continuaba la nota , hasta la panadería, todo allí es blanco, de una blancura brillante. Las paredes, las mesas, los bancos, la cocina, los corredores, todo sin excepción. Da la sensación de una clara y luminosa sonrisa este hotel respaldado en el puerto cordial y accesible como un antiguo señor feudal”. Terminaba diciendo: "Visión de patria en el cielo, cordialidad y amparo en la tierra... Francamente, es un orgullo ser argentina”. (25) Tiempos difíciles Durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial el saldo migratorio fue negativo, esto significa que no sólo no llegaban inmigrantes, sino que muchos volvieron a Europa a tomar parte en la lucha. Por su parte, las autoridades de inmigración reforzaron las medidas con respecto al ingreso de refugiados o inmigrantes de la posguerra. Estas previsiones respondían a la consideración de que el fin del conflicto dejaría millones de personas física y mentalmente enfermas, sumidas en la miseria más absoluta, boyando por un continente devastado. Esta gente, por lo tanto, buscaría refugio en otros países donde pudiera subsistir. Uno de ellos sería, sin lugar a dudas, la Argentina. Si bien la ley prohibía el ingreso de dementes, presidiarios y mendigos, no existía, en la práctica, forma de constatar, con total certidumbre, si la gente que entraba al país se hallaba en alguna de estas situaciones, ya que estos datos no se consignaban en ninguna documentación al momento del embarque. Por ello, a criterio del director de inmigración Gigorraga, era indispensable el dictado de un decreto que obligara a los inmigrantes a presentar un certificado de las autoridades judiciales de su país de origen, en el que constara que no habían estado bajo la acción de la justicia por delitos contra el orden social durante los diez años anteriores a su llegada, o por delitos que hubieran dado lugar a penas infamantes, ni padecido enajenación mental ni ejercido mendicidad. Asimismo, el retrato del inmigrante debería estar adherido a su pasaporte, y este sellado por la autoridad que lo expidiera. Mediante el consiguiente decreto, estas medidas entraron en vigor durante el año 1916. Los conflictos sociales que tuvieron lugar entre 1919 y 1921 (Semana Trágica y Huelgas de la Patagonia), y la ola de delincuencia que se extendió por el país desde la década del 20', con bandas como las de Chicho Grande y Chicho Chico, secuestros extorsivos, o la existencia de organizaciones dedicadas al tráfico de mujeres como la Zwi Migdal, obligaron, por otra parte, al recrudecimiento de las medidas restrictivas de ingreso al país. A partir del año 1923, y de acuerdo con lo resuelto en la circular telegráfica 192 del Ministerio de Relaciones Exteriores, los cónsules no pudieron conceder más permisos de embarque para la república. Esto significaba que debían limitarse, únicamente, a visar los documentos de aquellas personas que reunieran todos los requisitos exigidos por dicha circular. Uno sólo que faltaba, y el cónsul no visaba los demás, ya que el pasajero, en esas condiciones, no sería aceptado en el puerto de Buenos Aires. Vale la pena la enumeración de los documentos exigidos: * 1 Libreta de enrolamiento para los argentinos nativos, mayores de 18 años. * 2 Carta de ciudadanía o libreta de enrolamiento de los extranjeros naturalizados argentinos, acompañadas del certificado de buena conducta anterior, en seis meses, a lo menos, del día del embarque. * 3 Cédula de identidad, cuando hubiere sido otorgada a los argentinos nativos. *4 Cédula argentina de identidad de extranjeros residentes en el país, que acreditara una residencia en el país de más de cinco años, y acompañada por un certificado de buena conducta, expedido como máximo seis meses antes del día a ser utilizado. *5 Pasaporte argentino expedido por la policía de Buenos Aires, debidamente legalizado. En el caso de extranjeros residentes, el pasaporte que otorga el consulado de su nación. *6 Partida de nacimiento o la libreta de casamiento argentina, que presentaban las mujeres o los menores de 18 años, acompañadas de una fotografió sellada por la Dirección General de Inmigración. *7 Permisos especiales o credenciales de desembarco expedidos por la Dirección General de Inmigración, a los que los cónsules debían agregar, en el momento de visarlos para el embarque, las fotografías de los interesados, selladas oficialmente. *8 Pasaportes oficiales del país de nacimiento, con fotografía a los extranjeros que se embarquen para un puerto argentino. *9 Certificados de las autoridades judiciales o policiales del país en que se haya expedido el pasaporte, que acrediten que el poseedor de este no ha sufrido condena por delitos comunes que merezcan pena corporal, y que no ha estado bajo la acción de la justicia por delitos contra el orden social en los cinco años anteriores a su embarco. *10 Pasaportes expedidos en un país que no sea el de nacimiento del pasajero, en cuyo caso deberán estar acompañados de un certificado judicial o policial, que acredite que esa persona ha residido desde tal a tal fecha en dicho país. *11 Certificado policial o comunal, que acredite que el pasajero no padece enfermedades físicas o mentales que disminuyan su capacidad para el trabajo. *12 Certificado policial o comunal que acredite que el pasajero no ha ejercido la mendicidad. *13 Ficha consular que acredite los datos personales del pasajero y los documentos. *14 Partida de nacimiento con fotografió para los menores de 15 años, que vengan solos o acompañados. Así, por ejemplo, para los de 2a y 3a. clase, extranjeros con pasaporte del país de nacimiento, es decir, inmigrantes, los documentos necesarios para ingresar al país eran los números 8 y 9 y 11 y 12 y 13. De la época de esta circular son las "Instrucciones a los Cónsules", cuadernillos elaborados por la Dirección de Inmigración, en ese entonces a cargo de Juan Peralta Ramos, en los que se puntualizaban las medidas a que los funcionarios debían sujetarse: "Los cónsules no harán ninguna propaganda en favor de la inmigración; deben disuadir, en lo posible, de venir al país a toda persona que traiga el propósito de radicarse en las ciudades; la entrada al país está completamente cerrada para los que tengan defectos o enfermedades físicas o mentales o no posean la documentación que se exigencia" (27). El cónsul argentino, de acuerdo a estas instrucciones, aún frente a documentos per¬fectos, ante la mínima duda respecto de la situación moral, o la verdadera identidad del viajero, debía, por lo pronto, no sólo no visar sus documen¬tos sino tratar de comprobar por todos los medios la auten¬ticidad de los mismos. "El do¬cumento solo es una presun¬ción de identidad. General¬mente, el elemento nocivo está bien, pero, falsamente docu¬mentado; a veces lo está mejor que el hombre honrado que cree suficiente credencial el papel que acredita sencilla¬mente quiénes". Por ello, concluyen las Instrucciones, "un funcionario consular o de inmigración que escudado en que visa documentos perfectos, deja pasar a su poseedor sabiendo 0 sospechando que es un traficante de mujeres, o una mujer sola que será destinada a la prostitución, o cualquier otra persona que pueda ser sujeto activo o pasivo de un tráfico inmoral o ilícito, es un funcionario que no cumple con su deber". (28) Pasaron los años, y con el declive de la inmigración la prensa olvidó el hotel que desde 1950 ya no recibía inmigrantes, sino soldados, empleados públicos, desamparados, prostitutas, en fin, aquello que las vicisitudes de la historia le acercaba. Sitio emblemático, el Hotel de Inmigrantes resume la memoria tangible de un siglo de historia argentina. Sus paredes guardan el testimonio del sueño de grandeza que dio impulso a su construcción y del devenir de los hechos que signaron nuestra historia contemporánea. Antonio y Giuseppe, crónica de una fuga *29 de diciembre de 191126 de la División Investigaciones de la Policía de Buenos Aires, al Director de Inmigración, Manuel Gigorraga: "Tengo el agrado de dirigirme a Ud. para hacerle saber por lo que pueda interesarle, que se tienen noticias de que en el vapor francés 'Pampa', que llegará mañana a este puerto, viene a su bordo el llamado José Soro o Antonio Amberto sindicado como rufián". *1° de enero de 1912 Acta de visita e inspección marítima: "Quedan detenidos por orden de la junta de visita, por causa de ser sospechosos de inmorales, Amberto Antonio y Soro Giuseppe, el primero francés de 28 años, soltero, y el segundo italiano de 24 años, ambos proceden de Marsella". *2 de enero de 1912 De la junta de visita al jefe de desembarco: "Tengo el agrado de comunicar a Ud. que ayer a las 5.15 p.m. fue practicada la visita de inspección en la dársena norte al vapor francés 'Pampa' , de la matrícula y procedencia de Marsella y escalas en Barcelona, Almería, Dakar, Río de Janeiro y Santos. [...] Quedaron detenidos a bordo hasta resolución superior los pasajeros de 3a. Clase Amberto Antonio y Soro Giuseppe, francés e italiano respectivamente, por estar sindicados como rufianes, según nota de fecha 29 de diciembre pasado, del señor jefe de la División Seguridad Personal del Departamento General de Policía de la Capital". *3 de enero Del jefe de desembarco al director de inmigración: "De acuerdo con la resolución que antecede cúmpleme en informar al Sr. Director que según la presente nota pasada por la policía de la Capital, debía llegar en el vapor 'Pampa' José Soro o Antonio Amberto, sindicado como rufián, y en vez de uno han llegado dos: Giuseppe Soro, italiano de 24 años y Antonio Amberto, francés de 28 años, los cuales han quedado detenidos abordo hasta tanto resuelva el Sr. Director. Dicen estos ser la primera vez que vienen al país, y proceden de Marsella. Es cuanto puedo informar al Sr. Director. (Nota al pie: "agréguese al parte del vapor 'Pampa' y téngase presente para resolver. Cigarreras''). *3 de enero de 1912 Resolución N° 8: "Visto el parte del vapor 'Pampa' en que se da cuenta que han quedado detenidos a bordo los pasajeros de 3a. Clase Antonio G. Amberto y José Soro [...] y considerando que los sujetos Antonio G. Amberto y José Soro se dedican al inmoral tráfico de carne humana, circunstancia que los hace peligrosos e inconvenientes a la sociedad de nuestro país, y al no poder acreditar su moralidad y a levantar el cargo que se les imputa, los comprende la prohibición de entrada al país que prescribe el Art. 32 de la ley, el Director General de Inmigración Resuelve: 1ro. El capitán del vapor 'Pampa' reconducirá, a sus expensas, hasta el puerto de procedencia (Marsella), a los inmigrantes rufianes Antonio G. Amberto y José Soro, quedando pendientes las penalidades [...]". *8 de enero de 1912 del jefe de sección de la oficina de desembarco al director de inmigración: "En esta fecha comparecieron en esta oficina el capitán del vapor 'Pampa' y el apoderado de la agencia del mismo buque, a quienes notifiqué de la resolución No. 8, que precede, manifestando su conformidad con ella y haciendo presente a la vez que los detenidos Antonio Amberto y José Soro, se habían fugado de a bordo, pero que practicarían todas las diligencias posibles para dar cumplimiento a la reconducción de dichos individuos. *8 de enero de 1912 del visitador al jefe de la oficina de desembarco: "Comunico a Ud. Que en el día de la fecha me trasladé a bordo del vapor francés 'Pampa' a objeto de constatar la presencia de los detenidos Amberto Antonio y Soro Giuseppe. Hablé con el segundo capitán, por no encontrarse a bordo el primero, y requerí la presencia de los detenidos, a lo que se me contestó que el día viernes 5 del corrientes estos habían desaparecido de a bordo y que ignoraban su paradero. *8 de enero de 1912 Del jefe de desembarco al director de inmigración: "Tengo el agrado de elevar a Ud. la presente nota, en la que da cuenta el visitador, haberse trasladado a bordo del vapor francés 'Pampa', con objeto de constatar la reconducción de los detenidos Amberto Antonio y Soro Giuseppe, los cuales no se encontraban a bordo. *8 de enero de 1912 Resolución N° 9: De acuerdo con el Art. 7 del Acuerdo de Gobierno de Marzo de 1880, reglamentario de la Ley de Inmigración, el Director General de Inmigración resuelve: lo. El capitán del vapor 'Pampa' reconducirá, a sus expensas hasta el puerto de procedencia (Marsella), a los individuos rufianes Antonio Amberto y José Soro, transportados en contravención al Art. 32 de la ley de inmigración, previa una caución que para el presente caso se fija en la suma de ($1.000) mil pesos moneda nacional por cada uno, o sean ($2.000) Bibliografía y Notas 1- Revista Mundo Argentino, Cómo recibimos y tratamos a los inmigrantes, Año XIX, No. 940, enero de 1929. 2- República Argentina, Ministerio del Interior, Anexo de la Memoria del Ministerio del Interior, Memoria del encargado de la repartición de inmigración 1873, pág. 13, Imprenta, Litografía y Fundición de tipos a vapor, Buenos Aires, 1874. 3- Ibid, p. 15 4- Ibid, p. 16. Es interesante notar que Wilcken invierte los términos de "gobernar es poblar". 5- Citado en "La inmigración en la República Argentina, El período de gran expansión: 19081913, El Hotel de Inmigrantes", mimeo., pág. 91 (trabajo compilado por investigadores de la Dirección Nacional de Migraciones, s/d). 6- Diario La Nación, Suplemento Ilustrado No. 10, Los Inmigrantes, 6 de noviembre de 1902. 7- Diario La Nación, Los inmigrantes, 6 de noviembre de 1902. 8- Revista P.B.T., El Hotel de Inmigrantes, 4 de febrero de 1911. 9- Diario La Nación, Suplemento Ilustrado No. 10, Los Inmigrantes, 6 de noviembre de 1902. 10- Ibid. 11- Revista El Hogar, El inmigrante, 30 de octubre de 1910, Año XII, N° 163. 12- Ferrer, Horacio, El libro del tango, historia e imágenes, p. 73, Ediciones Osorio, Buenos Aires, 1970. 13- La vida moderna, El nuevo Hotel de Inmigrantes Cómo es y cómo será dentro de poco, 28 de noviembre de 1907. 14- Ibid. 15- Revista Caras y Caretas, No. 643, Año XIV, 28 de enero de 1911 16- Ibid. 17- Diario La Prensa, Inaugura¬ción del nuevo Hotel de Inmigrantes, 27 de enero de 1911, p. 12. 18- Ibid. 19- La vida moderna, 1 ° de febrero de 1911, p.23. 20- Revista P B.T., El Hotel de Inmigrantes, Año VIII, No. 323, 4 de febrero de 1911. 21- Ibid. 22- Ibid. 23- Revista Caras y Caretas, Los futuros millonarios, Año XVI, N° 746, 18 de enero de 1913. 24- E1 museo de Casa Rosada conserva uno de ellos. 25- La vida moderna, op. cit. 26- República Argentina, Ministerio de Agricultura, Dirección General de Inmigración, Expediente N° 19, "D", 1912. 27- República Argentina, Ministerio de Agricultura, Dirección General de Inmigración, Instrucciones a los cónsules, Talleres gráficos de la Penintenciaría Nacional, Buenos Aires, 1923 28- Ibid. Fuente: “Historias de la Ciudad – Una Revista de Buenos Aires” (N° 8)

Lanzan tecnología para rastrear los celulares perdidos o robados La aplicación funciona de forma "escondida" en los teléfonos. Envía copias de cualquier número al que el ladrón llamó. Y hasta inutiliza los aparatos haciendo sonar una alarma estridente ¿Tiene miedo de perder su teléfono móvil o de que se lo roben? Maverick Mobile recibió todos los aplausos en un evento reciente al presentar un programa que permite a los dueños legítimos rastrear su aparato y atormentar a quienquiera que lo tenga. La compañía con sede en India presentó su invento en el encuentro DEMO de 72 empresas nuevas en el sur de California. "Después de perder dos teléfonos móviles, uno en un taxi de Londres y el otro en un gran casamiento indio, sufrí mucha acidez y estrés", aseguró el fundador de Maverick, Sujit Jain, al presentar el Secure Mobile en DEMO. "Eso dio nacimiento a un producto que no sólo protegerá su aparato sino también los datos en caso de pérdida o robo", explicó. El programa Maverick Secure Mobile se instala en el soporte físico de los teléfonos móviles, no en las tarjetas SIM que pueden ser cambiadas y que identifican a los usuarios para los proveedores del servicio telefónico. La aplicación funciona de forma "escondida" en los teléfonos, encriptando los números de contacto y otros datos si algún pillo pone una nueva tarjeta SIM en el aparato. El programa de la firma india también recupera la lista de contactos y envía el nuevo número de teléfono de la tarjeta SIM y datos de localización a teléfonos móviles seleccionados por los dueños originales. Además, envía copias de cualquier número telefónico al que haya llamado el ladrón y copia los mensajes de texto que haya enviado. "Y todo lo hace con su plan, así que la mejor parte es que el ladrón es el que lo paga", aseguró Jain. Los dueños de los aparatos robados pueden inutilizar los teléfonos móviles robados o hacer que hagan sonar una alarma estridente que solo se detiene cuando se agota la batería. Reemplazar la batería reinicia el irritante sonido. Secure Mobile recibió un premio "Demogod" como uno de los principales lanzamientos del evento. Por su parte, Yougetitback.com lanzó el lunes un servicio "Mobile SuperHero" que permite a las personas rastrear el paradero de teléfonos inteligentes usando sus capacidades GPS o detectando qué torres de celular están realizando los llamados. La compañía estadounidense se especializa en ayudar a la gente a recuperar teléfonos inteligentes, computadoras portátiles, iPods, cámaras y otros preciados productos electrónicos móviles. "Creemos que permitir que la gente rastree la ubicación precisa de sus móviles, sean perdidos o robados, es darles tranquilidad", dijo el director ejecutivo de Yougetitback.com, Frank Hannigan. "Por ejemplo, a un usuario de Nueva York le puede sorprender que su aparato perdido ha sido transportado a Texas o California de alguna forma. El usuario puede bloquear el teléfono a distancia porque Mobile SuperHero lo ha rastreado", explicó. Mobile Superhero es una aplicación basada en internet que puede rastrear los aparatos aunque se cambien las tarjetas SIM. <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Fake De Wikipedia, la enciclopedia libre Senador Vreenak, al descubrir el engaño de la Federación - Star Trek DS9: "In The Pale Moonlight" http://memory-alpha.org/en/wiki/In_the_Pale_Moonlight Fake (falso en inglés) se refiere a una terminología usada en internet, en especial entre los usuarios de programas de descargas (como los P2P), para referirse generalmente a un archivo o servidor falso, entre otros. El término fake es usado para referirse como falso a un: * Archivo o servidor: Lo más común es que la palabra fake sea usado para referirse a un archivo o servidor falso, generalmente debido a que realmente no corresponde al nombre o la función que tiene, o que realmente es un archivo dañado o corrupto. Debido a ello, este es uno de los principales problemas que se puede presentar al momento de usar los programas de intercambio P2P como el eMule. Así, para evitar esto, se han diseñado diversos sistemas para evitar los fakes. Generalmente el más útil es observar los comentarios que pueden indicar que se trata de un fake; o si no existe dicho comentario, el tener la posibilidad de poder agregar un comentario y denunciarlo como fake. También es muy importante poder realizar un escaneo del archivo y generar un número que intenta identificar sin dudas a cada uno de los archivos en la red, usando un checksum. * Usuarios que suplantan a otros usuarios: La terminología Fake también es usada para referirse a usuarios que se hacen pasar por otros miembros de foros, chats, etc. * Montaje fotográfico: También suele usarse este término para referirse a algún tipo de montaje fotográfico, generalmente con el propósito de ser utilizado para poner en situaciones embarazosas a determinados personajes cuando en realidad la foto original no se parece en nada a la publicada. A estos últimos haremos referencia en esta oportunidad, los montajes fotográficos o de otro soporte, como el video, siendo algunos de pretendida veracidad o solamente para fines de entretenimiento. A continuación vamos a mostrar algunos ejemplos que nos hablan de la capacidad que cualquier persona, con un poco de tiempo y una buena computadora, puede lograr falsificar. Para quienes no esten familiarizados con ello, lo que se muestra a continuacion es un destructor estelar tipo Victoria, aquí ilustrado, proveniente de la franquicia cinematográfica "Star Wars". Ahora, cabe bien la pregunta... WTF?? Que intentaba crear el autor de este evidente fake? Evidentemente debe haber sido algun fana de las pelis (a lo que yo no escapo) con lo que dijimos, tiempo, ganas y compu para hacerlo. Eso si, esta bien hecho... Luego aqui, pasamos a otro fake, este con evidente intencion de realidad, y hasta podemos escuchar a los relatores del programa español(que debe ser "cuarto milenio" o algo asi) que relatan (ahi casi me muero literalmente de risa y orino mis pantalones) que quizas esta sea la evidencia mas clara de vida extraterrestre. Aqui no solo un WTF? era necesario, sino un "dejate de jodeeeerrr"!! Nuestro próximo ejemplo es un video muy conocido en la Net que trata de una supuesta batalla estelar entre fuerzas extraterrestres en orbita sobre la Tierra (y quizas son fuerzas terrestres las que estan defendiendo al planeta, al mejor estilo Stargate SG1 o Star Trek : The Next Generation). Dicen las malas lenguas por ahi que el acercamiento de esta batalla interestelar (Conviene ver el video precedente para entender bien) es este que se muestra a continuacion: Por último, y finalizando el presente informe, (quizas su primera parte...si no es asi, muchas gracias por su tiempo, denle propina a la mesera y nos veremos!) la "Piece de Resistence" (postre, en francés) que relata un gran y evidente Fake sobre que pasaría en el caso de una invasión extraterrestre...(presten atencion a la actuacion de la chica....un claro ejemplo de que si Hitchcock reviviera, se vuelve a morir). Aqui, la ultima pregunta personal, al escuchar la musica del video anterior, no parece mas una invasión de los Ori, de Stargate SG1? http://es.wikipedia.org/wiki/Ori Muchas gracias...y SciFi Rules!!! Fuente: Wikipedia, Youtube, y creacion personal.

El actor Gary Dourdan se quedó dormido en su coche en inmediaciones de una estación de policía y fue detenido. Dentro del vehículo tenía cocaína, heroína, éxtasis y medicamentos de venta bajo receta médica Gary Dourdan, una de las estrellas de la popular serie de televisión "CSI", fue arrestado el lunes por posesión de drogas, tras quedarse dormido en su coche en las afueras de una estación de policía, informaron hoy las autoridades estadounidenses. El actor , de 41 años, interpreta desde 2000 al investigador Warrick Brown en "CSI". Dourdan se quedó dormiso en su coche, que estaba mal estacionado en las afueras de la estación de policía de Palm Springs, con las luces interiores encendidas. Cuando un oficial de policía revisó el vehículo alrededor de las cinco de la mañana, aparentemente Dourdan estaba bajo la influencia del alcohol o drogas. Arrestó al actor tras hallar cocaína, heroína, éxtasis y medicamentos de venta bajo receta médica, informó la policía. Dourdan fue liberado el lunes tras pagar una fianza de 5.000 dólares. Aún no se fijó una fecha para una posible audiencia judicial. Y si...se las vio negras...