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Primer post: 31 may 2011Último post: 6 may 2013
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Descubren una fosa con cinco mil cadáveres de la Segunda Gu
InfoporAnónimo3/20/2012

Descubren una fosa con cinco mil cadáveres de la Segunda Guerra Mundial El hallazgo se produjo en Eslovenia, dentro de una mina abandonada. Los cuerpos corresponden a soldados pro nazis y sus familiares, muertos a manos de partisanos yugoslavos que lucharon contra Hitler Desnudados, asesinados a golpes y cubiertos de cal: el reciente hallazgo de miles de cadáveres en una mina abandonada de Eslovenia ha desvelado la matanza de soldados pro nazis y de sus familiares a manos de los partisanos yugoslavos que lucharon contra Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Poco a poco se van conociendo más detalles de aquel horror de las postrimerías del conflicto y que acaba de dar la cara con la apertura de una fosa en la localidad de Huda Jama (Cueva Mala) que se cree que alberga hasta unos 5.000 cadáveres, muchos de ellos momificados. "Lo que por ahora hemos visto con seguridad, son unos 300 cadáveres momificados, pero debajo de ellos hay dos pozos con una capacidad total de 500 metros cúbicos, en los que se encuentran como mínimo 5.000 restos mortales adicionales", declaró Marko Strovs, uno de los responsables del hallazgo. Strovs, investigador oficial de fosas militares, explicó que la mina abandonada estaba siendo explorado desde agosto ante las sospechas de que escondía una fosa de víctimas de la Segunda Guerra Mundial. Las primeras investigaciones han desvelado que las víctimas fueron llevadas vivas a la mina y que allí adentro fueron asesinadas con armas blancas, aparentemente con picos de minero. Luego fueron recubiertas con cal y el recinto fue sellado con una espesa capa de hormigón para ocultar la matanza. "Debido a la gran cantidad de víctimas y a la falta de oxígeno, muchos de los cadáveres están momificados, no se han descompuesto por completo", explicó Strovs. "He visto piernas enteras, partes de cuerpos", relató el investigador sobre el espeluznante descubrimiento. La dimensión de la matanza es tal que Joze Dezman, jefe de la Comisión estatal para víctimas de guerra, considera que esta fosa testimonia uno de los peores crímenes de la Segunda Guerra Mundial. "Las víctimas fueron forzadas a entrar, desnudos, unos 400 metros dentro de la montaña en la mina, y allí fueron asesinados con diferentes armas blancas", declaró a la agencia española EFE. Añadió que "por los restos que hemos visto, parece que se trata de croatas y eslovenos. A juzgar por las botas de soldados, en su mayoría fueron militares, pero también hay civiles", concretó. Según ciertos testimonios históricos, los cadáveres podrían pertenecer a militares eslovenos y croatas que combatieron junto a los nazis, así como familiares y soldados alemanes que fueron arrojados en 1945 a la mina. Ya en el año 1990, el historiador Roman Leljak reveló los crímenes cometidos en Huda Jama en su libro "Las heridas vivas de Tehar". Ahora, en declaraciones a los medios locales, acusó a las autoridades de desinterés en revelar los crímenes cometidos. "Sabemos todos exactamente quienes cometieron los crímenes. La unidad fue encabezada por el comandante Toni Anton Ricek. De la matanza es responsable la 1 división eslovena de Defensa popular, el segundo batallón de la 3 brigada", aseguró. La fiscal jefe eslovena, Barbara Brezigar, prometió ayer al visitar la fosa que los responsables serán llevados ante la Justicia si todavía están con vida. Esta es una de las 600 fosas comunes con víctimas de la Segunda Guerra Mundial en Eslovenia. La mayor fue descubierta en 2007 en Tezno, en el norte de Eslovenia, con los restos de más de 15.000 víctimas del conflicto, en su mayoría soldados croatas fascistas (ustashi) y sus familiares. Se trata de soldados de formaciones filo nazis que al final de la Segunda Guerra Mundial trataron de huir de la victoriosa guerrilla antifascista, encabezada por Josip Broz "Tito", para entregarse a las fuerzas aliadas estacionadas en la vecina Austria, de las que esperaban un mejor trato. Sin embargo, las unidades aliadas les obligaron a regresar a la entonces Yugoslavia y allí cayeron prisioneros de guerra de las fuerzas partisanas comunistas.

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"Hay que agarrarse a un clavo ardiendo"
InfoporAnónimo1/27/2012

"Hay que agarrarse a un clavo ardiendo" (extracto de un diario español sobre la crísis del desempleo actual) Un joven, una mujer de 47 años y un empleado del sector de la publicidad que ha perdido su trabajo tras 24 años empleado describen la difícil tarea de buscar un empleo ante una oferta cada vez más reducida Busca en el INEM, a través de portales de ofertas de empleo en Internet e incluso fuera de España. Eduardo Carranza tiene 24 años, el título de Magisterio en el bolsillo y no encuentra ninguna salida laboral. "Es muy difícil, hay que esperar y, por ahora, agarrarse a un clavo ardiendo", asegura. Entró a formar parte de la larga lista de parados que hay en España el pasado mes de septiembre y desde entonces no ha dejado de buscar trabajo. "De lo que sea". Vive con sus padres ("me encantaría irme, pero no puedo", dice) y consigue pequeñas cantidades de dinero gracias a que imparte clases particulares. Agotó las prestaciones que ofrece el INEM y ahora quiere continuar formándose para ser profesor de educación especial, dando clase a niños discapacitados. En su intento por cobrar una nómina a fin de mes, probó suerte en Londres, de donde se tuvo que volver con las manos vacías. David Cuadrillero tampoco cierra las puertas a marcharse de España. Este madrileño de 27 años, sin embargo, no está dispuesto a trabajar de lo que sea. Estudió un módulo de montaje para cine y televisión con el que solo consiguió realizar unas prácticas. Desde entonces, hace año y medio, piensa en irse al extranjero. Por eso estudia japonés y tiene previsto empezar clases de portugués en febrero con la esperanza de conseguir un empleo en su sector en Brasil. "Puedo permitirme seguir con mi formación y buscar trabajo solo en mi especialidad gracias a que mis padres me ayudan económicamente", explica. No todo el mundo puede esperar a que llegue la oferta ideal, acorde con su preparación. Dona Vargas tiene 30 años y llegó hace dos desde Venezuela. Pese a tener un título de auxiliar de jardín de infancia, trabajó durante más de año y medio cuidando a personas mayores. Desde entonces, tan solo ha tenido trabajos puntuales como limpiadora o camarera. "Me gustaría hacer un curso de cocina; todo se puede hacer con dinero, pero sin él...", señala. Busca trabajo a través de conocidos, pero no percibe ninguna ayuda estatal ni acude a cursos de formación porque desconoce los trámites necesarios: "Nadie me ha orientado". Cada mes, envía una pequeña cantidad de dinero a sus tres hijos, que actualmente viven en Perú. "Si tuviera trabajo, me quedaría y los traería a vivir conmigo, pero la cosa está muy difícil", indica. Se ha puesto una fecha límite y en agosto regresará a Venezuela en caso de que no consiga un empleo estable. Los más jóvenes no son los únicos perjudicados por la coyuntura actual. Con 47 años, Silvia Abril lleva en el paro desde el pasado mes de mayo. Después de trabajar diez años en la hostelería en Málaga, decidió volver a Madrid, ciudad en la que vivió desde los cinco años tras llegar de Melilla. Busca una oportunidad laboral que todavía no ha aparecido. Tan solo ha cobrado un día por un encargo puntual en Navidades: "Me llamaron para servir una comida de 400 personas en un restaurante". Abril ha sabido adaptarse a las necesidades del momento y trabajó también en un laboratorio fotográfico y en la secretaría de un bufet de abogados. Ahora busca un empleo en cualquier ámbito, preferentemente como camarera de piso. Durante los últimos meses, participó en el Plan Prepara, un programa de formación propuesto por el anterior Gobierno que ha sido prorrogado a finales de diciembre por el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Los parados que se beneficiaron de él cobraban 400 euros al mes a cambio de comprometerse a acudir a los cursos. "Fui durante seis meses, pero ya acabé", apunta. Miguel Aponte trabajó de forma continua durante los últimos 24 años. Estudió Publicidad y siempre ha encontrado un puesto en este sector. Desde hace un año, su situación ha cambiado radicalmente. "Llevaba diez años en una agencia publicitaria que entró en suspensión de pagos y me echaron", dice. A partir de ese momento, empezó a buscar trabajo aunque todavía no ha encontrado. "No hay posibilidades", indica dando

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Historia increíble de un soldado Japonés de la 2da G.M..
InfoporAnónimo3/23/2012

El síndrome Kachigani se dío a conocer en Japón y sobretodo entre los soldados japoneses. Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos japoneses se quedaron aislados en diferentes puntos del mundo. Y un caso famoso es el de Hiroo Onoda. Este japonés que combatió en la Segunda Guerra Mundial, siendo llevado a la isla filipina de Lubang. A pesar de que los aliados tomaron la isla, Onoda y tres de sus compañeros pudieron sobrevivir, quedando como única resistencia. Estos se refugiaron en la selva durante años. Incluso después de acabar la guerra. Sin embargo, creían que el conflicto no había terminado y no había manera de convencerlos debido a que consideraban a todos el mundo como enemigos. De los tres soldados, uno de ellos se rindió, y otros dos murieron. En 1974, un turista japonés que hacía camping en la región, lo descubrió en medio de la selva. El visitante, extrañado ante su vestuario, se dio cuenta que se encontraba frente a un antiguo oficial militar y trató de decirle que la guerra había concluido. Onoda se negó a creerle y no quiso deponer las armas. Para ello, le dijo al campista, debería recibir una orden directa de su superior jerárquico. El desconcertado turista regresó al Japón y puso en conocimiento del país su extraño descubrimiento. El que fuera jefe del soldado “perdido” (ahora un librero de viejo), tuvo que tomar un avión hacia Filipinas y encontrarse con su antiguo subordinado. Le ordeno entonces que desistiese de su bélica actitud y que se incorporarse de nuevo a la vida civil. Sólo en ese instante Hiroo Onoda, obedeció la orden, regresando al Japón.

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Arrestaron en Nápoles a 16 jueces acusados de trabajar con.
InfoporAnónimo3/20/2012

Arrestaron en Nápoles a 16 jueces acusados de trabajar con la Camorra Son del fuero económico. Se los vincula con el lavado de dinero de la mafia. ROMA. EFE Y ANSA - 20/03/12 Al menos 60 personas, entre ellas 16 jueces tributarios , fueron arrestadas ayer por la Policía financiera italiana acusadas de cooperar con la Camorra, la mafia napolitana, y se les confiscaron bienes por 1.000 millones de euros , según informaron autoridades judiciales. El documento policial señaló también que los detenidos f ormaban una red delictiva en colaboración con empresarios del sector del hierro , hoteleros e inmobiliarios, que lavaba dinero destinado a bancos de Bélgica, Liechtenstein, Luxemburgo y Suiza. Entre los arrestados también hay ocho funcionarios de las comisiones tributarias provincial y regional de Nápoles; y hombres de la familia Fabbrocino, perteneciente a la Camorra; además de un miembro del tribunal de Garantías al Contribuyente de Campania, un funcionario de la Agencia de Ingresos de Nápoles, un reconocido docente universitario y un comerciante. El operativo se realizó en las regiones de Campania y Lombardía. De los arrestados, a quienes se les confiscó cuentas corrientes, acciones, instrumentos financieros, tierras, construcciones y vehículos, 22 fueron trasladados a prisiones, 25 sometidos a arresto domiciliario y a los 13 restantes se les indicó no salir de la provincia de Nápoles. La causa está caratulada como “asociación mafiosa, lavado de dinero procedente de actividades ilegales, corrupción en actos judiciales y fraude”. La línea de investigación estuvo focalizada en actividades ilícitas de los empresarios siderúrgicos de la familia Ragosta, propietarios de la acerera Sud y de hoteles ubicados en Taormina y Vietri sul Mare, edificio histórico de Roma. Según la Justicia, las pericias que los Ragosta utilizaron dinero del clan mafioso Fabbrocino. La causa comenzó con un recurso judicial a la Comisión Tributaria local contra los Ragosta, quienes debían 146 millones de euros al fisco, pero luego se descubrió que en ese organismo existía un sistema de “intercambio de favores” que corrompía a funcionarios públicos. Alessandro Pennasilico, procurador regente de Nápoles, comentó a la prensa local que “la corrupción es un fenómeno más difundido de lo que se imagina”, por lo que se requiere de acciones para “permitir funcionar a la Justicia”. La Camorra viene recibiendo fuertes golpes en los últimos tiempos. En diciembre fue detenido Michele Zagaría (53), el jefe de los Casaleses, el clan más poderoso de los que integran la peligrosa organización napolitana. El mafioso, que se encontraba con paradero desconocido desde 1995 y c ondenado a varias cadenas perpetuas por asociación mafiosa , extorsión y varios homicidios, fue capturado en un refugio subterráneo en la provincia de Caserta. Esa detención sumada a la de varios cuadros medios golpeó fuertemente a una organización, que estaba en plena transformación hacia los delitos económicos. Zagaría, de 53 años, último gran jefe, tras la detención en noviembre de 2010 de Antonio Iovine y de los anteriores capos Nicola Schiavone, arrestado en junio de 2010, y el padre de este último, Francesco Schiavone, apodado “Sandokán”, encarcelado desde 1998. La Camorra cambió sus métodos en los últimos tiempos y su alcance se ha globalizado. Ahora a través de un extendido sistema de empresas y de su participación accionaria de sociedades e institutos de crédito consiguió una increíble capacidad financiera de un rincón a otro del mundo. Las organizaciones mafiosas italianas facturan al año 140.000 millones de euros y tiene ganancias por 100.000 millones.

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Historia de un casco que volvió de Malvinas
InfoporAnónimo3/29/2012

Historia de un casco que volvió de Malvinas “La Patria es un dolor que aún no sabe su nombre”. Leopoldo Marechal, Heptamerón, poema Descubrimiento de la Patria, año 1966. 2 de Febrero del 2006, 06.10 hs., aeropuerto de Santiago de Chile. Allí comenzaba el viaje que había soñado toda mi vida, después de varios trámites burocráticos finalmente la Embajada de Gran Bretaña aprobó mi visa para viajar a Malvinas. Yo no tenía motivo aparente para realizar ese viaje, según las autoridades británicas, pero tampoco había motivo justificable para negarme la visa. Pero eso no fue todo, no conformes con ponerme mil trabas para darme la visa, luego me tocaría pasar por la discriminación más descarada que habría podido imaginar en mi vida. LAN CHILE, la única compañía aérea por la cual se puede llegar a Malvinas, me cobraba 4 veces más el valor del pasaje, sólo por el hecho de ser argentina. Era más que evidente que todo se complotaba para que desistiera de la idea de viajar, pero no lo iba a hacer de ninguna manera; yo tenía que viajar sí o sí. Así que pagué lo que me pidieron y no tuvieron más que darme mis pasajes. Esa noche dormí en el aeropuerto de Santiago hasta que se hiciera la hora de abordar el avión. Una vez a bordo y ya pasadas un par de horas, aterrizamos en Río Gallegos. Paradójicamente Argentina tiene el puente aéreo prohibido hacia las Islas, pero los Boeing de LAN no tienen un tanque de combustible lo suficientemente grande como para abastecer a la nave en todo el trayecto, por lo que obligatoriamente paran en Río Gallegos a cargar lo que les falta para poder seguir hacia Puerto Argentino, o Puerto Stanley, como actualmente lo llaman, aunque todos sepamos que su nombre siempre va a ser Puerto Argentino. Cuando estábamos en Gallegos, la azafata se me acercó y me preguntó si era la pasajera argentina; le contesté afirmativamente, presintiendo que tal vez me pusieran alguna traba más para llegar al lugar, pero no, la asistente sólo se limitó a informarme que, por cuestiones de seguridad, la Embajada de Gran Bretaña dictaminó que no podría hospedarme en una hostería común sino que estaría bajo custodia británica y que la misma me estaría esperando en la zona de arribos del aeropuerto. Tal como me lo habían notificado, había dos oficiales aguardando mi arribo, el Tte. de Paracaidistas Justin Libstone, oriundo de Berkshire (Inglaterra) y recién llegado a su puesto desde Afganistán, y el Tte. de los Royal Marines Mark Boghart. De inmediato cargaron mi equipaje en una van verde que utilizan en sus unidades y me llevaron al que sería mi gran hotel spa 5 estrellas… La base de los Royal Marines en Moody Brook, nada más y nada menos que la emblemática base que tomáramos aquel 2 de abril de 1982… Las coincidencias empezaban a aparecer asombrosamente en mi historia. EL PLAN DE VIAJE Mi principal motivo para estar allí era rendir homenaje a mi gente, aquella gente que nunca conocí y que tampoco me conoció ni supo de mi existencia y con la cual nada nos unía a simple vista, pero sí nos hermanaban los colores de una misma bandera, el amor a una misma patria, la esperanza por un ideal, el dolor de una derrota y la paz del deber cumplido sin importar los resultados. Yo quería recorrer todos y cada uno de esos lugares donde los hombres de mi patria, tal como lo hicieran durante la gesta libertadora, combatieron con alma y vida por su tierra y por sus derechos, tal como en aquel entonces, en total desigualdad de condiciones, contra un enemigo mayor en número, en experiencia, en adiestramiento, en tecnología y en armamento. Y ahí estuvieron ellos, con lo poquito que tuvieran, con lo poco o mucho que supieran, dando todo de sí por todos los que en ese momento estábamos de este lado del continente, la mayoría indiferentes a la causa, y por todos aquellos que estuvieran por venir, para que les sirviera de ejemplo, para que el pueblo aprendiera a valorar su patria sin importar si se ganaba o se perdía, lo importante de ese ejemplo era que, aun sabiendo que se peleaba contra un gigante, Argentina se ponía de pie para defender lo que le correspondía, pero claro, hoy eso no se tiene en cuenta, es preferible hablar de Malvinas como una masacre, el genocidio final de la terrorífica dictadura militar, esa historia contada a medias y sobrepasada de mentiras que todo un pueblo prefiere creer. El primer día de mi viaje sería destinado a recorrer los montes Kent, Dos Hermanas, Tableton, Longdon y Tumbledown. Sin lugar a dudas, los lugares más ensangrentados por la gesta. En el monte Longdon yo debía cumplir una promesa que había hecho a los veteranos de guerra de mi ciudad, iba a llevar un par de rosarios a la cruz que estaba en la cima, pero en las mismas condiciones en las que hubieran estado ellos en el ‘82. Después de una larga discusión con los oficiales británicos por no querer ponerme el equipo de Gore-tex provisto, finalmente pude empezar a subir. Eran12 Km, cuesta arriba; el viento superaba los 80 Km p/h; la temperatura, -2°C, y lloviznaba. La ropa mojada y el viento helado eran insoportables, era un dolor inimaginable. Llegó un momento en que ya no podía moverme, tenía entumecido el cuerpo y ya no sentía las extremidades, pero aun así llegué a la cima y cumplí con lo prometido. Al bajar no puede hacer más que unos cuantos metros; la hipotermia me superó y la fiebre había llegado a los 40°C; empecé a sentirme mareada y por ultimo me desmayé, por lo que el oficial Libstone tuvo que cargarme hasta la van para posteriormente trasladarme a la base. Una vez allí me hospitalizaron ahí mismo y me pusieron vaya Dios a saber qué fármaco mágico en ese suero, pero lo cierto es que a la hora estaba como nueva. Al otro día, salimos hacia los campos minados de Fitz Roy; sólo hay algunas zonas señalizadas, pero la mayoría no lo está, por lo que es una zona extremadamente peligrosa. Después de haber estado allí, seguimos nuestro viaje hacia Goose Green. De más está decir que todo el lugar parece una escena en pausa a la cual sólo le falta la gente, nada en la islas se movió de su lugar, todo quedó intacto y si se movió, sólo lo hizo el viento. Las imágenes son desgarradoras: cañones, esquirlas, hasta cartas y estampitas; todo esta ahí como en un sueño latente. Pasando Goose Green, nos encontramos con el camino que nos llevaba directo al cementerio de Darwin, a pocos metros, un cartel blanco indica ARGENTINE CEMETERY. No puedo expresar con palabras la tristeza que causa el sólo ver ese cartel. Cuando llegamos al cementerio, me encontré con la desagradable sorpresa de que un contingente de turistas chilenos estaba allí, sacándose fotos en las tumbas, como si fueran un personaje de Disney; se me revolvió el estómago de sólo verlos; inmediatamente le pedí a Libstone que por favor los hiciera retirarse del lugar cuando yo estuviera allí. El marine, como siempre, se opuso, alegando que sólo eran turistas y que tenían tanto derecho como yo de estar allí, a lo que me limité a contestar: “¡Esto no es un shopping! ¡Esos son MIS muertos!” Listone interrumpió la discusión entre el marine y yo y aceptó mi pedido, procediendo a retirar al contingente del lugar, quienes se quedaron detrás del cerco observando todo. Volví a la van, busqué mi mochila y de allí saqué una bolsa llena de pins idénticos al de los veteranos de guerra, 649 pins, uno por cada cruz, uno por cada uno de ellos, los cuales no tuvieron la oportunidad de volver para que se los condecorara, aquellos que habían dado su vida para que esa condecoración hoy tuviera sentido. Nuevamente el marine irrumpió, oponiéndose, me quitó la bolsa de las manos, me dijo que el reglamento prohibía los colores celeste y blanco sobre suelo isleño, a lo que sutilmente le respondí “intente cambiarle los colores al cielo Tte., y dígale a Dios que el reglamento no lo permite”. Se enfureció de tal manera, me insultó con todos los agravios de su pobre vocabulario, pero otra vez, como siempre, salió Libstone en mi defensa, preguntó qué sucedía; él le contó su versión de los hechos, yo sólo me limité a apelar a su lógica, pero por sobre todo a su corazón: “Tte., sepa Ud. que conozco perfectamente el reglamento y que no es mi intención ponerlo en compromisos, pero con una mano en el corazón, dígame: ¿a quién ofendo colocando estos pins en las cruces? Ud. es un hombre de armas, lleva años peleando, y seguramente ha visto morir a muchos de sus camaradas. ¿No es acaso mayor falta de respeto el no permitirle a un caído en combate, a alguien que ha dejado su alma peleando por su patria, tener consigo la bandera por la cual murió?” Se hizo un gran silencio. Libstone dudaba entre lo que debía hacer y lo que la realidad que yo cruelmente le había mostrado; finalmente asintió, y no sólo eso, sino que fue él quien me ayudó a poner los pins en las cruces, una por una y ante la vista de todos. Cuando terminamos, volví a la van y bajé un grabador chico que tenían ellos en la base; había llevado un CD de la fanfarria alto Perú, con el himno grabado. Fui directo hacia la cruz que preside el cementerio y puse a sus pies el grabador, y ahí comenzó a sonar esa introducción majestuosa y hasta omnipotente de nuestro Himno Nacional, haciéndose oír con las más hermosa supremacía, frente a todos, chilenos, británicos y cubriendo de gloria todas esas cruces blancas que hasta ese día sólo habían sido acompañadas por la voz del viento y los acordes del silencio de la más absoluta soledad del lugar. Ahí, solo ahí, presté verdadera atención a lo que nuestro Himno decía; cada una de sus palabras parecía justa para cada momento. La emoción me embargó por completo, el llanto casi ni me dejaba cantar, llegada la última estrofa, comprendí que justamente eso fue lo que nunca hicimos, comprender; si por un segundo nos detuviéramos a analizar esas palabras que tantas veces cantamos por inercia, tendríamos la respuesta más noble a la eterna y absurda pregunta popular: ¿Por qué tuvimos que pelear en Malvinas? ¿Intereses políticos? Tal vez. ¿Demagogia militar? Tal vez. Pero la verdadera respuesta estaba ahí: “Sean eternos los laureles que supimos conseguir! Coronados de gloria vivamos… O juremos con gloria morir”, y claro que así fue, murieron con la mayor de las glorias, murieron por su Patria, por su gente, por su bandera, pelearon y murieron en Malvinas por la sencilla razón de ser ARGENTINOS. Libstone no podía creer lo que veía. De hecho, no lo podía entender, en su mentalidad estricta y su corazón cegado no cabía la idea de que alguien sin relación alguna con esas cruces pudiera llorar hasta el ahogo por esa causa. Se me acercó y con total frialdad intentó consolarme diciéndome: “Don’t cry, it’s just war” (no llores, es sólo una guerra). Lo miré anonadada, y le respondí: “No es sólo una guerra, son personas, como Ud. como yo, con un padre, una madre, una esposa y hasta tal vez hijos, hijos sin la oportunidad de tener a su padre, padres sin la oportunidad de volver a ver a sus hijos y ni siquiera poder tener una tumba donde llevar una flor… ¡Eso es!” Automáticamente bajó la vista, como avergonzado, y no volvió a hablar. Ya de vuelta en Puerto Argentino, le pedí que me llevara a una capillita a la cual asistían los veteranos durante la guerra para recibir la misa, la única capilla católica del lugar, ya que en su mayoría son todos anglicanos. Libstone me llevó hasta allí. Una vez dentro, vino a recibirnos el Padre William O’Connelly, un sacerdote católico de Irlanda del Sur, de unos 80 años, el mismo que había estado ofreciendo el santo sacramento en aquella oportunidad durante el ‘82. Nos hizo pasar a la sacristía y nos ofreció el típico té inglés earl grey, pero Libstone no aceptó y sólo se limitó a quedarse parado en la puerta observando y escuchando la conversación. Advertí al Padre que conocía los reglamentos y que no era mi intención causarle problemas, pero que, aun conociendo las prohibiciones, había llevado conmigo una bandera de ceremonia argentina y que mi intención era ofrecer una misa por las almas de los caídos en combate argentinos y que la misma fuera bendecida durante la ceremonia, de este modo sería la única bandera nacional bendecida en suelo malvinense. El Padre aceptó sin vacilar; por el contrario, manifestó estar orgulloso de poder hacerlo y que la bendición de Dios no se le niega a nadie, fuera cual fuera su nacionalidad. Durante la charla empezó a contar todo lo que había vivido en aquel entonces: la capilla era víctima del continuo bombardeo británico, fue prácticamente destruida y se la utilizaba como hospital de campaña improvisado. “Vi a hombres llorar como chicos y a chicos pelear como hombres, pero por sobre todas las cosas, fui testigo de un valor admirable”, comentó. Libstone, ajeno a la conversación, escuchaba con gran atención. Cuando salimos del lugar, me sugirió la idea de invitar a la población de Puerto Argentino y lo único que atiné a hacer fue a reírme; le dije que, en la mentalidad del isleño, los argentinos eran locos invasores y que nadie iba a querer ir, que era ridículo. Sin embargo insistió, por lo que terminé aceptando su idea y lo dejé a cargo pero sin ninguna esperanza de que eso funcionara. Al otro día, después de haber recorrido la Gran Malvina y de haberme enterado de que estaba bajo bandera chilena como premio por su gran apoyo a Inglaterra en la guerra, salimos de la base hacia Pto. Argentino para oficiar la misa. Para mi total sorpresa, la capilla estaba llena de gente y en su mayoría habían llevado ofrendas florales. No podía salir de mi asombro ni tampoco podía contener las lágrimas. Libstone se acercó y, orgulloso de su logro, me preguntó: “¿No estás contenta? vino mucha gente”, a lo que le respondí que obviamente estaba feliz por lo que veía, que nunca había pensado que los isleños pudieran algún día llegar a asistir a un homenaje a caídos argentinos, pero que lo que me entristecía era que si eso mismo lo hubiera hecho en cualquier parte del país, la respuesta hubiera sido muy distinta”. Ahí él que no entendió nada, fue él, pero bueno, eso era algo muy difícil de explicar. La misa se llevó a cabo; la bandera fue bendecida, mientras en el órgano se entonaba el “Salve Argentina” con las partituras que yo misma había llevado. Terminada la ceremonia, recibí las ofrendas florales y nos dispusimos a retirarnos a la base. Puse las flores en los brazos de Libstone y le dije que las guardara, que al día siguiente las llevaríamos a San Carlos. Entonces me preguntó por qué habríamos de llevarlas allá. Le dije que quería llevarlas al cementerio inglés. Se quedó mirándome sin saber qué decir y sólo preguntó: “¿por qué vas a llevarles flores a ellos?, mataron a tu gente”. “Y mi gente los mató a ellos”, le contesté. En una guerra se pierden vidas de ambos bandos, pero todos son personas comunes y corrientes, a veces sin saber siquiera la causa por la que se pelea, pero lo más importante es que más allá de cualquier bandera, creencia, religión, ideología política, todos se merecen una flor o un Padre Nuestro”. No me dijo nada; se le llenaron los ojos de lágrimas y, disimulando, me dio un beso en la mano, como quien da las gracias. Efectivamente, al otro día fuimos a San Carlos a llevar las flores. Cuando terminé de colocarlas, lo tomé de la mano y le sonreí. Él estaba como consternado; cuando lo iba a soltar, me volvió a sujetar la mano, me miró a los ojos y me dijo: “En los 4 meses que llevo aquí, nunca se me ocurrió siquiera pisar este lugar, y vos les trajiste flores. Desde que llegaste, todo lo que creí que sabía a la perfección se me desmoronó; me di cuenta de que no sabia nada… de la vida… no sabía nada. Hice de la guerra mi modo de vida, peleo desde que tenía 12 años, no conozco otra forma de vida que no sea ésta, pero nunca vi el lado humano de la guerra; para mí sólo era un trabajo y para mi pueblo, un nombre más en una placa, si algún día me llego a morir, pero nada más que eso. Nunca supe lo que es pelear por defender mi bandera; yo siempre fui el que atacó, recién con vos aprendí eso. Lo verdaderamente triste es que yo soy consciente de que nunca voy a tener a nadie que llore por mí de la forma en la que vos lo hiciste, ni mucho menos que haga todo lo que vos hiciste aun sin siquiera conocerme; ése es un privilegio que al parecer sólo tienen ustedes. También me di cuenta de lo solitaria que es y va a seguir siendo mi vida, porque yo sé que de acá voy a ir directo a algún otro lugar a pelear y qué clase de vida podría ofrecerle a una mujer o a mis futuros hijos, un padre ausente o en el peor de los casos un padre muerto; no, sería muy egoísta de mi parte tener una familia, yo elegí esto y debo afrontarlo solo”. ¡Me dio tanta pena oír todo eso! Lo vi tan triste, a ese que creía tan profesional e insensible; pero si había algo bien claro, era que ese viaje nos había servido a los dos para ver la vida de una forma muy distinta. Al día siguiente, Libstone me llevó el desayuno a la habitación; nos habíamos hecho muy buenos amigos. Ahí fue cuando me comunicó que había pronóstico de temporal para el otro día y que, por la probabilidad de que se cerrara el aeropuerto y se me venciera la visa, debía volver un día antes. Esa tarde fuimos a un lugar cercano al camino que unía el antiguo aeropuerto de Mount Pleasant con Puerto Argentino; allí estaban apostadas la mayoría de las unidades argentinas de infantería y artillería de defensa aérea. Los pozos, al igual que todo el resto del lugar, estaban intactos. Frente a esa imagen se encontraba el mar, con esas playas de arenas blancas, esas aguas transparentes y turquesas, paradisíacas, y pingüinos por doquier. Al lado de uno de ellos, sobre un puentecito roto, me senté a mirar el mar. Era mi despedida del lugar. Libstone me observó algo triste, me pidió permiso para sentarse a mi lado y, como queriendo levantarme el ánimo, me comentó: “Cuando no estoy del todo bien, trato de recordar cosas bonitas o de aferrarme a algo muy mío, de esa manera se me pasa”. Le sonreí, agradecida por su intento de alegrarme un poco, y le respondí que por más que el lugar fuera hermosísimo, a mí se me hacía muy difícil pensar en algo lindo en ese lugar y que no tenía nada mío para aferrarme allí”, a lo que él tomó un puñado de turba con su mano, abrió la mía, puso la turba en mi mano y me hizo cerrarla, diciéndome: “Eso es tuyo, ¿o no es la razón por la que estas acá?” No hicieron falta más palabras; por fin estábamos hablando el mismo idioma. Se hacía tarde, ya era hora de volver a armar el equipaje para regresar a Buenos Aires, así que emprendimos la vuelta a la base, pero de pronto, algo me detuvo, nunca supe bien qué, pero algo me decía que debía hacer algo antes de irme. De los centenares de pozos que había en el camino, sólo me detuve frente a uno, era ese, no otro. Después de discutir con Libstone, logré que me dejara entrar; buscaba entre el barro no sabía qué, pero buscaba sin parar. Y lo encontré, encontré un casco todo embarrado y, tras un trato con Libstone y su incondicional amabilidad, aun jugándose su carrera, me permitió llevármelo a la base, por supuesto, sin que nadie lo supiera. Nos encerramos en el baño, lavamos el casco y, en su interior, en el endocasco, tenía grabado a cuchillo o vaya Dios a saber con qué elemento punzante, el nombre del soldado al cual había pertenecido y durante 24 años había estado ahí abajo esperando a su dueño inútilmente. Llamé a Buenos Aires. En el casco también figuraba el nombre de su unidad, me dijeron que figuraba en la lista de caídos en combate. El casco llegó a Buenos Aires en abril del 2006, gracias a Libstone. Ricardo Mario Gurrieri murió a los 19 años de edad, un 25 de mayo al medio día, el día de la Patria, al ser alcanzado por una esquirla de una mina de 500 libras con espoleta a retardo. En sus cartas manifestaba estar orgulloso y feliz de estar allá, defendiendo su tierra, su bandera. La última carta la escribió una hora antes de morir, su post data decía: “Mami, no te preocupes por mí; yo voy a estar bien y te prometo que pase lo que pase, algún día, de algún modo, voy a volver”. El casco hoy está sobre su cama, en su casa, con su mamá. Ricardo Gurrieri padre fue veterano de la segunda guerra mundial bajo las órdenes de Rommel. Estuvo como prisionero de guerra en manos británicas, soportó todo tipo de torturas y 5 simulacros de fusilamiento. Cuando la guerra culminó, vino a la Argentina, como tantos otros inmigrantes, en busca de un hogar en paz para poder formar su familia y nunca más tener que pasar por el horror de la guerra. Paradójicamente, el destino quiso que la guerra se llevara a su hijo menor, a manos del mismo enemigo que él burlara 43 años atrás. Escribió un libro contando su historia, llamado “Del África a las Malvinas”. Construyó de su bolsillo el monumento a los caídos en Malvinas de la ciudad de Mar del Plata y una vez inaugurado, falleció. Tras tres años de burocracia y perseverancia desde el día de mi vuelta de las islas, logré que el gobierno volviera a subvencionar los viajes a Malvinas para los familiares de nuestros héroes, y que el gobierno autónomo de las islas otorgara un permiso especial para que en el año 2007 el rompehielos ARA Almirante Irizar pudiera ingresar al territorio marítimo isleño para poder retirar de Puerto Argentino muchos de los resabios de guerra que allí se encuentran, con el objeto de repatriarlos y que fueran expuestos en Buenos Aires, pero tal logro fue tomado con total y absoluta indiferencia por el Almirante Godoy, Jefe de Estado Mayor de la Armada, quien se negó a dar la orden al rompehielos para que se desviara a las islas Malvinas durante su vuelta de la campaña Antártica. Hoy, ya cumplida mi misión de poder ayudar a los familiares de los caídos en la gesta para que pudieran viajar a visitar sus tumbas, sólo me resta seguir difundiendo la verdad sobre nuestra historia, y que esta parte tan importante de nuestra historia contemporánea no siga siendo pisoteada por ideologías erradas, que no sólo no son constructivas para la Nación sino que hacen de un acto netamente heroico y necesario un hecho aberrante, el cual, en vez de inspirar orgullo, sólo inspira lástima y siembra rencores. Malvinas no fue una locura que se le ocurrió una noche a un loco borracho. Malvinas fue, es y será siempre una causa justa, la cual fue defendida de la manera más extraordinaria y admirable; decir lo contrario es faltarle el respeto a las 649 almas que quedaron allí en pos de esa causa justa. Un pueblo sin memoria está condenado a repetir su misma historia, y si esa memoria no está completa o está tergiversada; entonces ese pueblo sólo va a generar herederos del odio, generación tras generación. Verónica Sheehan Compartir

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Denuncian que se discrimina a las víctimas de Montoneros y.
InfoporAnónimo5/31/2011

Victoria Villarruel, presidenta del Celtyv, reiteró que "el Estado indemnizó a las víctimas de atentados de la Triple A, a víctimas de fuerzas militares y policiales, pero nunca se reparó a las víctimas" de estos grupos terroristas. Aseguró que "hay muchas causas" pero "los jueces no quieren investigar" Denuncian que "se discrimina" a las víctimas de Montoneros y el ERP "Reclamamos que se haga Justicia", aseguró Victoria Villarruel, presidenta del Centro de Estudios Legales de Terrorismo y Violencia (Celtyv), y recordó que "las leyes del Estado argentino llegaron a indemnizar a las víctimas de atentados de la Triple A, a víctimas de fuerzas militares y policiales, etcétera, pero nunca se reparó a las víctimas de Montoneros y del ERP". "El Gobierno discrimina", enfatizó. Villarruel, que disertó hace unos en el días en el Freedom Forum de Oslo, Noruega, invitada por la Human Rights Foundation, señaló en una entrevista con un diario porteño que "la violencia de los setenta no sólo dejó desaparecidos, sino que los montoneros y el ERP también dejaron 19.000 víctimas, el 70% de las cuales eran civiles". "Sin embargo, la Argentina discrimina a las víctimas y sólo repara a un sector", dice Villarruel, que durante su estadía en Oslo sufrió un escrache –según ella– producto de la denuncia contra el gobierno argentino. Además, Villaruel denunció que muchos jueces "no quieren investigar, o bien congelan las investigaciones o declaran que esos crímenes no fueron de lesa humanidad, sino crímenes comunes que ya prescribieron". En tal sentido, la titular del Celtyv recordó que "depende cada familia" muchos "no quieren que aquellos montoneros o guerrilleros vayan a prisión más de treinta años después, sino que se conformarían con conocer la verdad, saber cómo murieron nuestras víctimas". Para finalizar, Villaruel realizó un reclamo a las autoridades: "Le exigimos que respete los derechos humanos para todos, sin discriminar. Toda víctima, sin importar su ideología, debe recibir el mismo trato". "En la Argentina, que se llena la boca con la defensa de los derechos humanos, se repara a los montoneros, muchos de los cuales fueron autores de agresiones, pero no se repara al otro sector", concluyó. Fuente, Diario Infobae 31/05/2010.

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Bonafini reflota "la lucha de clases" condena a Sc
InfoporAnónimo6/7/2011

La presidente de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe Pastor de Bonafini, dio un extenso reportaje al diario Página 12, en el que dio más explicaciones frente al escándalo que se originó tras la salida de Sergio y Pablo Schoklender de la administración de la fundación. Se suma así a las entrevistas que la dirigente de los derechos humanos dio desde el fin de semana, luego de que se activara en la Justicia una investigación contra los hermanos por lavado de dinero y administración fraudulenta. En la entrevista, Bonafini tomó distancia de los Schoklender, a quienes acusó de "armar una banda" dentro de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y reconoció que la entidad afrontar "deudas" que demandarán para ser saldadas incluso la venta de patrimonio. En la entrevista, al ser Bonafini "¿qué aprendió con todo esto?", luego de quedar Madres envuelta en una complicada polémica por acusaciones sobre el uso de fondos del Estado. Su respuesta fue la siguiente: "Uy... que uno tiene que ser mucho más desconfiada y un poquito más egoísta a veces. También mirar bien la clase. Cada vez creo más en la lucha de clases. Ellos (por los hermanos Schoklender) se criaron en una clase que no tiene nada que ver con la nuestra y a la larga les volvió a agarrar la de ser empresarios". Hebe de Bonafini, en el misma respuesta, afirmó que a Sergio y Pablo Schoklender "no les importó a costa de qué. Nosotras somos de otra clase social, no pensamos igual. No pensamos en ser una empresa". La presidente de Madres de Plaza de Mayo, antes, había puesto como ejemplo de la diferencia entre ellas y el, ahora, ex apoderado el modo en el que elegían los hoteles: "Él no iba a San Clemente a una piecita como voy yo con mi hija, él iba al hotel más caro. Siempre le protestaba por eso, le decía ¿por qué? Nosotros tenemos que ser muy discretos en lo que hacemos, estamos en la cresta de la ol, tenemos que cuidarnos. Él decía 'pero yo trabajo para esto y mi mujer trabaja'". Fuente INFOBAE 07/06/2010: http://www.infobae.com/notas/586141-Bonafini-reflota-la-lucha-de-clases-y-condena-a-Schoklender-por-empresario.html

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Si!!, llegó ¡Debian 7 "Wheezy"! (Repositorios)
Si!!, llegó ¡Debian 7 "Wheezy"! (Repositorios)
LinuxporAnónimo5/6/2013

Gente, Como sabrán, el 04 de mayo salió la nueva distribución Debian7 denominada "Wheezy".(Estable). En las últimas dos oportunidades, Debian ha presentado sus versiones mayores en el mes de febrero. Lenny llegó a mediados de ese mes en 2009, mientras que Squeeze hizo su parte en los primeros días de febrero de 2011. Con eso en mente, se podría decir que Wheezy llega apenas tarde, pero el patrón de dos años para las versiones mayores se mantiene relativamente intacto desde Sarge en 2005. Debian 7 Wheezy fue declarado estable durante el fin de semana, y ya está suelto en la Web. Una antigua frase dice que todos los caminos conducen a Roma. Y en el caso de las distros Linux, una gran parte de esos caminos nos llevan a las puertas de Debian (lo mismo se aplica a Slackware y Red Hat/Fedora). Han pasado más de dos años desde el lanzamiento de Squeeze, y la madurez de esa versión comenzaba a hacerse muy evidente, en especial a través las versiones de sus aplicaciones principales. Por supuesto, eso no quiere decir que se trate de algo malo. La prioridad de Debian siempre ha sido la estabilidad, otorgándole una reputación de hierro con cada instalación en sistemas avanzados, y cada uso como base para una enorme cantidad de distros. El 4 de mayo pasado, Debian 7 Wheezy fue declarado estable. Los usuarios de Debian 6 no deberían tener mayores problemas en su actualización, pero no deja de ser una excelente oportunidad para descargar una imagen y dar una vuelta. Nuestro portal bajo Debian 7 usando Iceweasel. Existe una opción en el login para cambiar la apariencia de GNOME a su modo clásico. - Debian 7 Nuestro portal bajo Debian 7 usando Iceweasel. Existe una opción en el login para cambiar la apariencia de GNOME a su modo clásico. La primera novedad que ha estado circulando sobre Wheezy es “multiarch”. Su descripción oficial habla de instalar paquetes de diferentes arquitecturas sobre un mismo ordenador, resolviendo cualquier dependencia y requerimiento adicional en forma automática, cuyo ejemplo más resonante apunta es la instalación de software de 32 y 64 bits al mismo tiempo sin que nada vuele por los aires. Aunque el soporte de 32 bits en plataformas de 64 bits no es algo nuevo, multiarch debería mejorar drásticamente la situación para los usuarios de Debian, y por extensión, de otras distros. Otra introducción importante es la del soporte para instalación e inicio de Debian en sistemas de 64 bits que utilicen UEFI, aunque todavía no hay soporte disponible para el "Secure Boot". También hay un amplio rango de actualizaciones de software, incluyendo a Iceweasel (10.0.12), GIMP (2.8.2), LibreOffice (3.5.4.2, en reemplazo de OpenOffice), GNOME (3.4.2, con modo clásico disponible en el login) y por supuesto otros entornos como KDE y XFCE. Debian 7 también ofrece soporte integrado para XCP y OpenStack, en caso de que sea necesaria una nube privada. Varias actualizaciones de software a través de todo el espectro. No son las últimas versiones, pero es algo ya establecido en Debian. - Debian 7 Varias actualizaciones de software a través de todo el espectro. No son las últimas versiones, pero es algo ya establecido en Debian. Todo aquel que desee instalar Debian 7 Wheezy probablemente deba descargar la imagen ISO directamente desde los servidores, debido a la poca cantidad de “seeds” disponibles en BitTorrent por ahora. También hay que tener en cuenta que las imágenes “live” no han sido actualizadas aún, en caso de que se quiera probar a Debian antes de instalarlo. El concepto de una distro Linux para mantener activo a un ordenador al que se considera obsoleto siempre es atractivo, y más allá de las variantes disponibles, Debian debería ser una de las primeras opciones, aún si tienes algo como una vieja Mac con arquitectura PowerPC. ISO: http://cdimage.debian.org/debian-cd/7.0.0/i386/iso-cd/debian-7.0.0-i386-CD-1.iso ### REPOSITORIOS OFICIALES # Repositorio Oficial deb http://ftp.us.debian.org/debian/ wheezy main non-free contrib deb-src http://ftp.us.debian.org/debian/ wheezy main non-free contrib # Repositorio de Seguridad deb http://security.debian.org/ wheezy/updates main contrib non-free deb-src http://security.debian.org/ wheezy/updates main contrib non-free # Wheezy-updates, previos conocidos como "Volatile" deb http://ftp.us.debian.org/debian/ wheezy-updates main contrib non-free deb-src http://ftp.us.debian.org/debian/ wheezy-updates main contrib non-free Suerte!!

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