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¿Treinta mil desaparecidos?
¿Treinta mil desaparecidos?
InfoporAnónimo9/28/2009

Nota de color: si bien el articulo es un poco largo, expresa con argumentos lo que pensamos muchos. El autor Rogelio Alaniz es columnista y editorialista del diario El Litoral de Santa Fe (Argentina). Es periodista de LT10 Radio Universidad Nacional del Litoral. Actualmente, se desempeña con docente de Historia en la Universidad Nacional del Litoral. ¿Treinta mil desaparecidos? Hace unos años discutí con un alumno la cifra de los 30.000 desaparecidos. Fue una discusión civilizada y respetuosa. Yo dije que la cifra de desaparecidos real, efectiva era la que dio a conocer la CONADEP, algo así como 7954 desaparecidos. El muchacho defendía la cifra de treinta mil. No se trataba de una cuestión de números sino de vidas, pero la verdad también se construye o se ilustra con números. Si la ética incluye la verdad, o la búsqueda de la verdad, discutir sobre ocho mil o treinta mil desaparecidos es discutir la verdad. ¿Esto le hace el juego a los asesinos? Nunca la verdad debería hacerle el juego al mal absoluto. No me sorprende que los asesinos mientan, suele ser lo previsible; me preocupa que mientan las víctimas o aquellos que dicen representarlos. Un muerto es un escándalo moral, un desaparecido es éticamente condenable. Ahora bien, ¿los números tienen algo más que decir? ¿Por qué decimos treinta mil y no ocho mil?. Mi alumno me decía que no se trataba de números. Perfecto, no se trataba de números, pero mientras tanto él sostenía a rajatabla una cifra. Digamos que para expresarse bien en estos casos lo que mi alumno debería decir es que no se trata de números, de números -claro está- que discutan los números oficiales. Se dijo en algún momento que los neonazis en Alemania también niegan los seis millones de muertos en el Holocausto. Comparar lo incomparable es también una manera de hacer trampa. En Yad Vashem, la institución judía comprometida en mantener viva la memoria de la Solución Final, los archivos hablan de algo más de cuatro millones de judíos masacrados en los campos de concentración. Son datos rigurosos con nombres y apellidos, fotos de familiares, testimonios. La cifra de seis millones es tentativa, aproximada y se construye sobre la base de una proyección apuntalada por datos formales e informales. En la Argentina el salto entre las pruebas y lo que se afirma es muy grande, casi abismal. Discutir si son 30.000 o 25.000 carecería de relevancia. Pero de 8.000 a 30.000 la sospecha no es un error o una inevitable falta de datos, la sospecha es que alguien miente, alguien falta a la verdad. La sospecha empieza a corporizarse cuando cualquier intento por poner en duda esas cifras provoca la reacción en cadena de “indignaciones morales” que se lucen adjetivando contra los herejes y renegados, pero no dan un dato certero. Es sospechoso que un funcionario nacional como Duhalde o alguna dirigente de derechos humanos muy bien rentada por el Estado, diga que los números no importan. Es sospechoso y una falta de respeto a la inteligencia de la gente. Si los números no importan, ¿por qué en lugar de decir 30.000 no decimos 300.000 o 3.000.000 millones? Esto de negarles a los números capacidad de expresar un costado de la verdad constituye un verdadero asalto a las matemáticas y a la razón. También a la vergüenza. Los números no son la exclusiva variante para tener en cuenta la dimensión de la tragedia, pero negarlos es renunciar a una de las medidas precisas para evaluar las consecuencias del terrorismo de estado. Repito: para la ética uno, tres mil o treinta mil valen lo mismo, pero para la política y la historia se trata de diferencias cualitativas, diferencias indispensables para construir la verdad Teóricamente la discusión se saldaría sin mayores dificultades presentando las listas de los muertos. Personalmente estoy dispuesto a revisar mi hipótesis si una institución de derechos humanos, estatal o pública, diera a conocer una lista con los treinta mil desaparecidos o una cifra aproximada. A este argumento Duhalde lo refuta diciendo que la única lista posible la tienen los militares. Con todo respeto digo que se trata de un argumentos leguleyo, un argumento tal vez eficaz para hacer callar a la señora Pando, pero no para exponerlo ante la ciudadanía. Los desaparecidos en la Argentina no han sido indocumentados, aborígenes perdidos en la selva virgen. En la inmensa mayoría de los casos se trataba de militantes políticos y sociales insertados en actividades laborales o profesionales. Pertenecían a las clases medias y al mundo del trabajo. Estaban integrados a familias constituidas. Porque fue así es que existió un formidable movimiento de madres, abuelas e hijos reclamando por sus vidas. Que los militares no entreguen una lista no quiere decir que no sepamos quiénes fueron las víctimas. No deja de resultar curioso que en el país donde los familiares lograron movilizarse con más eficacia se diga que no se tiene una lista por lo menos aproximada de los desaparecidos. En realidad listas hay, lo que no existe es una lista que corrobore la cifra oficial. La APDH trabajó a conciencia en el tema y la lista no superaba las cinco mil personas. La OEA y Amnesty tienen números inferiores. La CONADEP elabora el informe más completo y no llega a las ocho mil personas. Allí están incluidos desaparecidos y caídos en combate, una diferencia que también es necesario elaborar. Santucho, por ejemplo, el guerrillero a mi juicio más honesto y más consecuente con sus principios, no aceptaría ser incluido como desaparecido y mucho menos como inocente. Se me ocurre que Rodolfo Walsh y Paco Urondo -por ejemplo- reaccionarían de manera parecida. Todos, y en esto hay que reconocerles autenticidad, admitieron que tomaron las armas para luchar por la patria socialista. Pues bien, en esa lista de ocho mil hay muchos combatientes incorporados, pero no obstante la cifra representa un cuarto de la que se agita como dogma y que, como todo dogma, solo se puede creer en él a través de un acto de fe. Se dice que muchos no se animaron a hacer la denuncia. ¿Treinta años después siguen con miedo? Si cada persona tiene una relación mínima con otras cinco, ¿puede creerse que en la Argentina hay cien mil personas que no se animen a decir que su hijo, su hermano, su marido, su esposa han sido secuestrados y asesinados por la represión? Lo cierto es que por razones “sanctas y non sanctas”, la cifra de 30.0000 desaparecidos se instaló como consigna y como dogma. Discutirla significaba someterse a ser considerado un cómplice del terrorismo de estado. Paradoja o no, la consigna “30.000″ desaparecidos” se transformó en un lugar común, en una suerte de paradigma del pensamiento políticamente correcto. Para cierta izquierda la consigna es hoy un objeto de manipulación política. La desmesura es necesaria para otorgarle a la tragedia pinceladas más gruesas. Con buena o mala intención lo que hacen es transformar una tragedia en una caricatura además de degradarla por le camino de la farsa y al mentira . No nos engañemos. Ocho mil desaparecidos es una tragedia nacional sin antecedentes en la historia argentina. Si hiciéramos un ejercicio de imaginación y nos planteáramos que todos los días el Estado decidiera a secuestrar a una persona, recién en el año 2030 llegaríamos a la cifra de 8.000. ¿Les parece poco? ¿Les parece mezquino convivir durante veinte años con un secuestrado todos los días, de lunes a lunes incluidos los feriados? .¿Es necesario mentir para convocar a la tragedia? Yo no necesito hacerlo. Empecé a militar en la APDH en tiempos difíciles, cuando comprometerse con los derechos humanos no era una actividad rentada o un marketing para ganar votos. Una de las preocupaciones centrales de nuestra militancia era la verdad, la verdad que los militares ocultaban por la vía de los secuestros, las torturas y los vuelos de la muerte. Creí y sigo creyendo que los derechos humanos no son ni de izquierda ni de derecha, son humanos, remiten a la condición humana que va más allá de la izquierda y la derecha. No hay asesinos buenos y asesinos malos; hay asesinos. No hay torturadores buenos o torturadores malos, hay torturadores. El dolor de las madres de los guerrilleros no es diferente al dolor de las madres de Larrabure o Gambandé. Como muy bien dice Oscar del Barco, sobre estos temas todos los comprometidos deben pedir perdón porque todos mataron o avalaron a los matadores. Fuente http://www.rogelioalaniz.com.ar/?p=1080#more-1080

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FemmeporAnónimo1/10/2009

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Murio Videla
InfoporAnónimoFecha desconocida

El 21 de septiembre de 1974 fueron detenidos por agentes de la DINA en Santiago los cónyuges Lumi VIDELA MOYA y Sergio PEREZ MOLINA, ambos militantes del MIR. Numerosos testigos dieron cuenta de su permanencia en el recinto de José Domingo Cañas. El 3 de noviembre Lumi Videla murió en una sesión de tortura a la que era sometida en el recinto de José Domingo Cañas. Según el informe de autopsia, la causa precisa de la muerte fue la asfixia producto de una obstrucción de la boca y la nariz estando el cuerpo de cúbito ventral. Sergio Pérez desapareció desde ese mismo recinto. El 4 de noviembre de 1974 se encontró el cadáver de Lumi Videla en el lado interior de una pared del jardín de la embajada de Italia, en la comuna de Providencia. La prensa de la época informó que habría sido víctima de los asilados que se encontraban en la embajada, en el marco de una orgía. La embajada, por su parte, desmintió que Lumi VIDELA se hubiera encontrado asilada en el recinto. La Comisión llegó a la convicción de que Sergio Pérez desapareció por acción de agentes de la DINA, y que Lumi Videla murió por efecto de la tortura que le infligieron agentes del mismo organismo, en violación de los derechos humanos de ambos. (Informe Rettig) 29 de Marzo de 2004 La NacionRestos de Lumi Videla a memorial de desaparecidosLos restos de la ejecutada política y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Lumi Videla fueron trasladados ayer al Memorial del Detenido Desaparecido, ubicado en el Cementerio General.La ceremonia estuvo precedida por un homenaje, realizado por amigos, familiares de Videla e integrantes del MIR, frente al número 1305 de la calle José Domingo Cañas, en la comuna de Ñuñoa, lugar en que se ubicó uno de los centros de tortura y reclusión clandestina de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).Según el informe Rettig, que consignó las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura, el cuerpo de Videla fue arrojado por desconocidos al interior de la embajada de Italia el 4 de noviembre de 1974, sin embargo, la autopsia reveló que la joven murió un día antes durante una sesión de tortura.Lumi Videla Moya(Por su madre)El 21 y 22 de septiembre de 1974 fueron detenidos por agentes de la DINA en Santiago los cónyuges Lumi VIDELA MOYA y Sergio PEREZ MOLINA, ambos dirigentes del MIR.Lumi Videla Moya, , fue detenida en la calle. Fue conducida al recinto a cargo de la DINA ubicado en José Domingo Cañas, lugar donde fue salvajemente torturada y muerta en noviembre de 1974. El cadáver de esta víctima fue arrojado a la Embajada de Italia, pretendiendo hacer aparecer este crimen como ocurrido en ese lugar, lo que posteriormente fue descartado en la investigación judicial. El informe de autopsia de la víctima señala que la causa precisa de la muerte fue la asfixia producto de una obstrucción de la boca y la nariz estando el cuerpo de cúbito ventral.La detención de Lumi Videla, el día anterior a la de Sergio Pérez, fue conocida por numerosas personas que permanecieron recluidas con ambos en el recinto secreto de la DINA ubicado en Avda. José Domingo Cañas y en especial por doña Rosalía Amparo Martínez Cereceda, amiga del matrimonio y que estuvo detenida en ese lugar. En declaración jurada de fecha 28 de junio de 1990, la testigo relata la forma en que fueron detenidos sus amigos: "...su detención fue el 21 de septiembre de 1974, vivía con Sergio Pérez en una casa de calle Santa Rosa, cerca de Departamental... Lumi y Sergio Pérez tenían un acuerdo previamente establecido para los efectos de dar señales sobre la detención de uno o del otro y en ese plan se incluía que habría un plazo límite para la entrega de la información sobre la casa donde vivían ambos. Ocurre que Lumi es detenida el 21, la llevan a la sala de torturas y ella relata que soportó el plazo, que bien pudo ser de 24 horas. Ello significaba que Lumi durante veinticuatro horas no había concurrido a los puntos o contactos que tenía ese día, por lo que esa inasistencia serviría para que Sergio se enterara que algo había pasado y que ella había sido detenida".Tanto Sergio Pérez Molina como su esposa Lumi Videla Moya fueron llevados al recinto de José Domingo Cañas donde -según testigos- se les torturó brutalmente con el objetivo concreto de que entregaran información sobre el paradero del máximo dirigente del MIR, intensamente buscado en esa época.También se sabe por la declaración de una testigo, que Sergio Pérez Molina fue confrontado con su propia cónyuge, con ella y con el marido de ésta, : "Aproximadamente entre el 24 y el 25 de septiembre, , los jefes del recinto reunieron a la testigo y su marido, Lumi Videla y Sergio Pérez, y dos agentes de la DINA. El objetivo de esa reunión era conocer el nombre del enlace con el Jefe maximo del MIR.. Todo estaba girando en ese momento en la percepción de que se estaba muy cerca de dar con el paradero del Jefe máximo del MIR Miguel Enríquez; y contaban con la certidumbre que habían asestado un golpe inmenso a ese movimiento con la detención de Sergio Pérez Molina. Este último, estando en esa reunión mostraba un estado físico calamitoso producto de las intensas torturas y de los malos tratos que se le habían infligido. Los jefes de la DINA señalaron a los demás concurrentes a esa cita, que el deber de estos detenidos era salvar la vida del Sergio Pérez, quien según sus palabras "se moría". A cambio de la información del nombre del enlace de Enríquez, prometían dispensar una debida atención médica a Pérez y con ello salvarlo de la muerte. Inclusive los agentes de la DINA, señalaron que no era necesario que contestaran de inmediato, que podían reflexionar sobre el punto. Concluida la reunión, los detenidos fueron llevados a la habitación donde originalmente se encontraban. La testigo estaba profundamente conmovida por el estado de salud de Pérez, el que realmente estaba grave, tal cual lo habían señalado los agentes de la DINA y conmovida aún más por la petición de ayuda que le había manifestado el propio Pérez. Fue al día siguiente que a esa pieza fue virtualmente lanzado a su interior Sergio Pérez, quien lo único que hacía era permanecer inmóvil, quejándose de sus múltiples lesiones, tenía un balazo en una pierna, la que no había sido atendida médicamente, tenía una úlcera reventada y vomitaba sangre a cada momento. Sólo fue mantenido en ese lugar junto a los otros detenidos, entre ellos su mujer Lumi Videla, por espacio de una hora. Se trataba indudablemente de un neto acto de presión sobre estos, para que apuraran en alguna forma una decisión sobre lo solicitado, el nombre del enlace con Miguel Enríquez". Agrega más adelante la declarante en este mismo documento, refiriéndose a la situación del afectado: "Sergio Pérez siguió siendo torturado y sus gritos se escuchaban en toda la casa. Allí ocurre un hecho importante, en una tarde se escuchan gritos de Sergio y luego unos carrerones de gente por la casa que expresaban "un médico, un médico", señalando que Pérez se estaba muriendo, que estaba muy mal y que había que llevarlo a un hospital. Lumi Videla pidió permiso para ir a despedirse de él; la sacaron un breve rato, lo suficiente sólo parece para verlo y nuevamente fue ingresada a la pieza de los detenidos. Se escucharon rápidas carreras y una especie de camilla arrastrando a Sergio Pérez. Ese sería el último día que se vio y escuchó a Sergio Pérez".El día 4 de noviembre de 1974, el cadáver de la esposa de Sergio Perez, Lumi Videla, fue arrojado a los jardines de la Embajada de Italia, informándose por la prensa de la época que el homicidio de ésta había ocurrido en el interior de esta legación diplomática y en el curso de "orgías entre asilados". Esta versión quedó totalmente descartada en la investigación judicial realizada por el Ministro señor Juan Araya puesto que en ella se pudo establecer fehacientemente que la fallecida nunca estuvo en ese lugar en calidad de asilada. Esta causa fue sobreseída posteriormente por la imposibilidad de ubicar a los autores del delito.Mi hija LumiDesde niña demostraba su condición de líder y tenía una gran empatía con la gente. Era alegre, llena de vida y muy precoz, tanto, que cuando tenía apenas un año no habló con palabras sueltas sino con frases, lo que me dejó atónita. Cuando ella nació yo todavía era adolescente, tenía 21 años y no sabía nada de guaguas y venía egresando de la Universidad Técnica del Estado.Cuando Lumita estaba más grandecita también me sorprendía con sus expresiones. Como cuando yo le hacía una justa observación ella me replicaba: "déjame vivir mi vida y respirar mi aire". Muy independiente, estudiosa y responsable, siempre estaba preocupada de los demás, sobretodo si eran más desprotegidos.Cursó la Enseñanza Media en el Liceo renovado "Darío Enrique Salas" que, a diferencia de los liceos tradicionales, era más abierto, más permisivo, más tolerante, con una disciplina menos rígida y su influencia en Lumita fue muy decisiva en su formación de adolescente porque le reafirmó las características que le había impreso nuestro hogar, formado por los dos abuelos maternos (maestros ambos y jóvenes aún) y yo. Esto conformó una jovencita solidaria, humana, generosa, veraz, responsable, que alternaba sus estudios con bailes semanales.Postuló a los 16 años a Filosofía y al término de la carrera de 5 años entró nuevamente a la Universidad de Chile a estudiar Sociología. Cursaba el tercer año el 11 de Septiembre de 1973.La relación abuelo-nieta (la primera nieta) fue muy importante en la formación de Lumita tanto en la Enseñanza Media como en la Universidad. Fue él quien le imprimió la disciplina y organización en los estudios. Era como un padre para ella, ya que no vivía con aquél. Se instalaban en el escritorio del abuelo y él atendía sus consultas, aclaraba sus consultas, etc. Lo invitaba para que fueran a comprar y lo único que comparaba eran libros. Entre los 13 y 14 años ya estaba leyendo a Simone de Beauvoir, lo que yo hice a los 30 años.Durante su carrera de Filosofía se fue manifestando en forma más definida su interés por la política, lo que constituiría, con el tiempo, su objetivo más importante: luchar por lograr una sociedad más justa y más humana, sin abusos, discriminaciones o explotaciones. Es decir, llegó a ser una revolucionaria.Paralelamente a sus luchas en pos de la libertad, la igualdad y la justicia, Lumita se realizó como madre a los 22 años y disfrutó a su pequeñito 3 años, hasta el fatídico golpe de estado de 1973.Los psiquiatras han afirmado siempre que la pérdida más dolorosa es la del hijo. Cuando yo le pregunté a la psiquiatra que me estaba tratando una grave depresión por qué no podía superar la pérdida de Lumita me contestó que no se supera, sino que tenía que vivir con mi dolor.fuente:http://www.memoriaviva.com/ejecutados/Ejecutados%20V/videla_moya_lumi.htm

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