cornelius
Usuario (Argentina)
A L0S 30 VIVEN CON LA MAMÁ Los "mammoni", un producto "made in Italy" La crisis económica explica el fenómeno de los hombres que continúan viviendo en casa de sus padres, con una mamá que cocina, plancha y lava. Los llamados "mammoni", o jóvenes de unos 30 años íntimamente ligados a su "mamá" de por vida, son una característica intrínsecamente italiana que puede palparse en calles, plazas y autobuses cuando un hombre, teléfono en mano, avisa a su madre que llega a casa con un: "Mamá, andá cocinando la pasta". La crisis económica que azota a Italia es, desde luego, una explicación al fenómeno de la cantidad de jóvenes que, hasta los 30 años y más, continúan viviendo en casa de sus padres muy apegados a su madre que les cocina, plancha y lava su ropa, arregla su habitación y se desvive por el amadísimo hijo. Sin embargo, el fenómeno viene de lejos en una Italia en que, como país mediterráneo, católico y tradicional, la familia juega un papel social superior al de los países anglosajones y en el que la relación madre-hijo superó los límites soportables para las novias o esposas que tienen que sufrir de por vida a una "mamma", virtuosa en todos los quehaceres hogareños. Según un reciente estudio, para las que osan casarse con un "mammone" (el singular de "mammoni" ) la figura de la suegra es la más odiada del entorno familiar y, muchas veces, causa de divorcio. Una aversión que luego sufrirán ellas al convertirse a su vez en "mammas" de sus hijos, en una sociedad machista por antonomasia. Y es que incluso cuando el hijo ha formado una familia, procura en un alto porcentaje vivir cerca de la madre, a la que visita con asiduidad y a la que llama por teléfono al menos una vez a la semana, con la cita sagrada de comer juntos el domingo. Ya en 2003 casi la mitad de los jóvenes entre los 20 y 32 años vivían con sus padres en Italia y no querían ninguna autonomía antes del matrimonio por cuestiones económicas -dificultades para alquilar una casa y los bajos sueldos-, y también por la reconocida comodidad y vinculación con la familia. Ahora, mientras sólo una de cada diez mujeres de 29 a 35 años viven con sus padres y apostaron por una carrera profesional y sin hijos (el índice de natalidad en Italia es de un niño por mujer), los hombres que se quedan con sus progenitores suman el doble. "Prefiero que esté en casa, pero reconozco que lo he enviciado, criado en una campana de cristal y es mucho más caprichoso que su hermana", dice Rita Ubertini, de 50 años de su hijo, Manuele, de 25, que vive bajo su techo. Manuele es el vivo ejemplo del "mammone": no gana lo suficiente, pero tampoco tiene la responsabilidad de vivir solo, se pasea en moto por Roma con su novia y Rita prefiere que coma, cene y duerma con ella en casa "antes de que anden por ahí". Las tentaciones de la cocina casera y los precios astronómicos de los alquileres hacen el resto. "Estoy segura de que si Manuele encuentra un piso tendré que ir yo a limpiarlo, aunque él sabe hacerlo perfectamente", refiere la mujer. ¿Y si el chico se decide por el matrimonio?: "En Italia decimos que cuando se casa un hijo, sale uno y vuelven cuatro", dice Rita, en referencia a las separaciones o pérdidas de trabajo que, en mucho casos, obliga a los hijos a regresar al nido materno con sus vástagos. La estrecha relación madre-hijo a la italiana ha quedado plasmada en películas como "Rocco y sus hermanos", de Luchino Visconti, o "Los inútiles", de Federico Fellini. El contrato social italiano que antaño establecía vivir con los padres hasta iniciar la carrera profesional y crear una familia para, tras dos años de luna de miel, acoger a los padres que se hacen cargo de sus nietos antes de ser cuidados ellos, se ha ido al traste. El aumento de los "mammoni" ha invertido el esquema social, gracias al argumento de la crisis económica y, por ende, al miedo al paso de la independencia: el matrimonio. FUENTE
En la pagina del Canal Encuentro, el público puede decidir la programación para el verano que viene.... no es nada del otro mundo pero me parecio que está buena la idea... Programá vos Encuentro te invita a participar de la programación del canal. Elegí las series que querés volver a ver durante el verano de 2009. ¡Votá y participá! Ahora la programación de Encuentro la elegís vos. Votando desde la web por tus series preferidas participás programando una franja especial que podrás ver en la pantalla de Canal Encuentro durante los primeros meses de 2009. Sentidos humanos, Planeta azul, Geografías, No mueras joven, Mujeres, son algunos de los ciclos que podrás volver a ver en la pantalla de Encuentro. ¡Todo depende de tu voto! Sólo tenés que elegir qué series nacionales o internacionales te gustaría volver a ver y votar. Podrás seleccionar un único programa por cada una de las cuatro categorías. Con esta iniciativa, se invita por primera vez a la audiencia a participar en la programación de Canal Encuentro, creando un canal dinámico de participación constante a partir de la convergencia de televisión e Internet. Programá vos es un paso más hacia un proyecto de convergencia que busca potenciar el lugar de los televidentes y usuarios como productores a través del quiebre de la unidireccionalidad televisiva, de la democratización de los contenidos y de la búsqueda de nuevos modelos de interactividad. Hace click en la imagen para ir a la página donde se puede elegir la programación....
Registrate y eliminá la publicidad! Bueno no se si todos vieron la final de hoy... pero cuando termino el partido una periodista se le acerca a Del Potro y le pregunta que piensa de que en la final va a venir Nadal... a lo que Del Potro responde: "Que venga, vamos a estar preparados para sacarle los calzones del orto" Del Potro y Nadal son bastante amigos y tienen mucha confianza... y se ve que Del Potro no midio que estaba en vivo para todo el mundo Aca esta la noticia en los medios españoles.... EL ARGENTINO ES UN GRAN AMIGO DEL TENISTA ESPAÑOL Del Potro bromea: "Vamos a tratar de sacarle los calzones a Nadal" Juan Martín del Potro era el hombre más buscado apenas le dio a Argentina el quinto punto de la semifinal con Rusia. Se abrazó efusivamente con David Nalbandian y recibió las felicitaciones del resto del equipo. Un minuto más tarde, todavía en la pista, le preguntaron acerca de la final que se viene con España. Y él respondió, para todo el estadio: "Sí, vamos a tratar de estar lo mejor posible para sacarle los calzones del orto (cola) a Nadal", dijo en broma y se marchó riéndose. En realidad, no se trata más que de una broma por ese gesto habitual de Nadal en su juego. Del Potro se tomó la libertad de hacer ese chiste por la excelente relación que hay entre ambos. Comparten muchas horas en el circuito, entrenamientos y una pasión en común: la PlayStation. Se pasan horas jugando, y por eso sabe que el de Manacor no lo tomará mal. En todo caso, su broma refleja su corta edad, ya que el martes recién cumplirá 20 años. Y aunque en la pista parece muy grande (por juego y por estatura), fuera de ella no es más que un adolescente. FUENTE Ahi agrego el video... a pedido del publico jajaja
Registrate y eliminá la publicidad! Tuve de profesor a Casullo en la facu y creo que lo primero que pensaba cualquier alumno despues de ecuchar una clase suya era : "cómo sabe este tipo!!!".... Era impresionate lo que sabía y cómo lo enseñaba... Mas alla de las posturas politicas que haya adoptado en los ultimos tiempos (las cuales yo personalmente no comparto) hay que destacar la honestidad que tenia. En estos tiempos en que todoes por conveniencia estoy seguro de que si el apoyaba a un gobierno es porque de verdad creia que era lo mejor. Dejo algunas notas sobre él.... Casullo, por Martín Caparrós. Era un polemista inmejorable, alguien que manejaba como pocos el placer de encarar un problema y ensayarle todas las miradas. Últimamente no estábamos de acuerdo –Nicolás Casullo era uno de los animadores de Carta Abierta– pero no era grave: una buena razón para seguir las discusiones. Igual, prefiero recordarlo hace diez años, en ese estudio chiquitito y ahumado donde hacíamos Las Pelotas de la Patria. No recuerdo a quién se le ocurrió la idea, pero a los cuatro nos entusiasmó: transmitiríamos por FM La Isla las eliminatorias para el Mundial 98. Lo hacíamos a los ponchazos, mirando los partidos en una tele chiquitita, pero intentando un tono y una forma distintos de lo que suele ser el fútbol en la radio. Martín Zubieta llevaba el peso del relato; Nicolás y Elvio Vitali comentaban, cada uno en su estilo; yo hacía como que conducía, y todos discutíamos. Se nos habían ocurrido cosas que entonces nos parecían audaces y ahora, quizás, un poco tontas: el grito de gol del relator, por ejemplo, se fundía con los aullidos de un orgasmo. Nos habíamos conocido años antes: Nicolás recién volvía de México y paraba en el barcito de la librería Gandhi, Montevideo y Corrientes, que acababa de abrir su gran amigo Elvio con el Negro Tula. A todos nosotros, exiliados de vuelta, nos fascinaba recuperar esa idea tan porteña de “parar”, de tener un lugar donde poder ir –o no ir– a encontrarse con amigos y no tanto para beber, fumar y hablar de lo humano y lo divino y el culo de esa rubia. Nicolás era un polemista inmejorable; alguien que manejaba como pocos el placer de encarar un problema –político, social, literario, futbolístico– y darle todas las vueltas, ensayarle todas las miradas. Así fue cómo se hizo cargo de una cátedra en Comunicación –Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo, nada menos– donde Horacio González, Christian Ferrer, Ricardo Ibarlucía, Ricardo Forster, Miguel Wiñazki y yo lo acompañamos: los seminarios internos eran la excusa para seguir las discusiones. Que podían ser interminables: en esos días el país estaba, como siempre, al borde del abismo, y nos pasábamos las tardes tratando de pensar cómo sería un futuro sin futuro. Poco después le propuse que me contara su historia para La voluntad. Fueron horas y horas de más charlas y rememoraciones. Hoy, desde Bogotá, donde acabo de enterarme de su muerte –un puto cáncer–, quiero recordarlo con los primeros párrafos de su presencia en esa historia: “–¿Te parece que vale la pena seguir acá? –¿Acá? ¿En esta mesa? –No, acá, en esta inmensidad pampeana. Los milicos te bañan todos los días en agua bendita para que vayas a misa limpito y de uno en fondo, y parece como si nadie se opusiera en serio. El país está hecho una mierda, ¿no? Ya hacía tiempo que Nicolás estaba decepcionado y buscaba una respuesta imposible. Eran las dos de la mañana; el salón estaba repleto de barbudos, poetisas y escepticismo. Cafés y cigarrillos humeaban en medio de charlas, ironías y ginebras: el clima de La Comedia, en Corrientes y Paraná, pretendía parecerse al de antes del golpe de Onganía pero no era el mismo. Manolo, el mozo, que seguramente se llamaba Rubén, le preguntó si quería otra. Nicolás volvió a mirar embelesado a la morocha de la segunda mesa a la derecha, sus labios, su pelo lacio. Se aflojó el nudo de la corbata e insistió en que nada era lo mismo. –Esto que le pasa al país debe ser culpa de alguno de nosotros cuatro, además de las tendencias del capitalismo mundial. Reconozco: como intelectuales desgarrados no somos perfectos. Seguir sacando la revista no tiene sentido, quizás sí hacer el amor un par de veces más antes de irnos de la patria. Pero da un poco de vergüenza seguir así como andamos, ¿no? Esto sofoca, corroe, provoca caries: si parece que nos fuéramos a aguantar cualquier cosa... Hacía unos días que Nicolás Casullo había cumplido veintitrés años y, por primera vez, tenía la sensación de que el tiempo se le iba sin remedio. Nicolás había nacido en el barrio de Almagro el 10 de septiembre de 1944, en la casa de tres plantas y treinta habitaciones de su abuelo Nicolás, un extraño inmigrante italiano intelectual que prosperó como puestero de frutas y verduras en el mercado del Abasto y llegó a tener una empresa con media docena de barcos que remontaban el Paraná transportando naranjas. (…) Nicolás tenía once años cuando el barrio se puso de fiesta para celebrar la caída del tirano. En la calle, almaceneros y carniceros bailaban alrededor de una fogata donde quemaban las fotos de Perón y Evita que, por años, habían exhibido en sus negocios. En la casa, su padre y sus tíos y tías brindaban con champán y se felicitaban a las carcajadas; sólo faltaba su madre, Mercedes, encerrada en su pieza, ausente, dolorida. Casi de golpe, Nicolás se encontró con algo que llamaban política: esos gritos y silencios, los nombres prohibidos, el recuerdo de unos bombardeos, los insultos y la alegría despiadada. Meses después, Mercedes volvió con dos obreros que traían un busto de Evita envuelto en cartón y escondido en una chata gasolera. Su marido, que solía tolerarle casi todo, pensó que hasta ahí se podía llegar: –¿Qué hacés con eso? –Era el busto que teníamos en la fábrica. Si no me lo llevaba lo iban a romper en pedacitos. –Vos no vas a guardar en esta casa la estatua de ésa. –¿No? Durante un tiempo el busto de Eva Perón estuvo escondido en un rincón del altillo. (…) En la casa grande había una buena biblioteca del finado abuelo. Cuando tenía catorce o quince años, Nicolás volvía del Nacional Sarmiento y, muchas tardes, se ponía a leer los libros que encontraba, o los que le daba su hermana que ya estudiaba Psicología. Así desfilaron Hesse, Thomas Mann, Kafka, Sartre, Maupassant, Homero, Poe, Milton, el Dante, Leopardi y los primeros cuentos de Cortázar o los segundos de Borges. A veces, se pasaba tardes enteras escribiendo historias que después rompía o no rompía: por el momento, le importaba menos el resultado que el raro éxtasis de hacerlo. Después, cuando se cansaba, Nicolás salía a la vereda: Almagro todavía era un barrio bravo y las barras solían agarrarse en la esquina de la lechería o en la canchita, detrás de la Algodonera de Córdoba. Ahí se daban como en bolsa, se fumaban los primeros cigarrillos, se acababan las tres cuartos de Quilmes y se contaban historias de mujeres perfectamente falsas. Ahí se respiraba un peronismo natural, sin teoría, silvestre, trasmitido a veces por los padres de aquellos once adolescentes que los domingos se ponían la misma camiseta. Nicolás era flaco pero fuerte, se defendía bastante bien con la redonda según el modelo de su ídolo Corbatta y no le molestaba una buena pelea de tanto en tanto. Por eso armó con algún otro el equipo del barrio, donde también hacía de director técnico para aplicar el 4-2-4 de Vicente Feola en los entrenamientos de Parque Centenario. Aunque también sabía que la barra era otro mundo y que no podía hablarles de Leopardi o de esa frase que se le había ocurrido un rato antes y le parecía tan enigmáticamente bella. No había que mezclar los tantos: Nicolás sabía que si los muchachos llegaban a enterarse de sus aficiones literarias lo menos que le iban a decir sería que era puto. En 1964, los Casullo dejaron la casa grande. La familia se había ido disgregando y ya no tenía sentido seguir ahí. Se la vendieron a un grupo que planeaba instalar un colegio, y le pusieron una sola condición: que el instituto se llamara William Morris, un educador y utopista inglés de fin de siglo que había sido el gran héroe del abuelo. Poco antes, cuando Nicolás tuvo que empezar la universidad, aceptó cursar Derecho. No era lo suyo; lo dejó al cabo de un par de materias y al año siguiente se fue a anotar en Letras.” Ahí, en realidad, empezaba el relato: sus búsquedas, sus días en el mayo de París, sus amores, sus trabajos como periodista, su primera novela, su militancia, las decepciones, la partida. Y después la vuelta y este cuarto de siglo de más libros, cátedras, Racing, la familia, más militancias y el esfuerzo largo, sostenido, por entender la patria: sus pelos, sus pelotas, sus pelotazos al vacío. Ayer se terminó una parte de esa historia; quedan las novelas, los ensayos, las revistas. Un abrazo, Casullo. Desde lejos, con esa rara presencia de la ausencia, sé que vamos a seguir discutiendo tantas cosas. FUENTE Un intelectual sin miedo a la política Estudiantes y activistas se asomaron gracias a él por primera vez al pensamieto crítico. Tuvo que exiliarse durante la dictadura y en 2004 ganó el Konex al Ensayo Filosófico. Fue uno de los impulsores del espacio Carta Abierta. Nicolás Casullo falleció ayer a los sesenta y cuatro años, víctima de un cáncer. Los libros van a recordar al intelectual comprometido que se centró en temas como la memoria, el peronismo, la escritura y la crítica cultural. Pero hay otra dimensión igualmente intensa por la que el investigador, docente y escritor merece quedar para la posteridad: la lucidez con la que encaraba sus intervenciones políticas, y la calidad de sus clases en la universidad pública –donde aunaba erudición y giros callejeros– permanecerán en el recuerdo de los miles de estudiantes y activistas que gracias a él se asomaron por primera vez al pensamiento crítico. El maestro, nacido en Buenos Aires en 1944, era de los que se cuentan con los dedos de la mano. Pocos saben que su abuelo había sido pastor metodista, por lo que la frecuentación de la Biblia era casi obligatoria en su casa de infancia. “Cosa que agradezco –decía él– porque quizá lo que le falta en un noventa y cinco por ciento al pensamiento científico social, al pensamiento de las humanidades, es una lectura de lo bíblico, una lectura en cuanto a darse cuenta de que todo proviene de ahí.” Junto a una inteligencia vivaz, Casullo era capaz dar sentido a las emociones, al plano mítico y las fiestas del cuerpo. Confesaba que en Almagro había aprendido desde temprano los rudimentos del peronismo. Y no asimilando frías concepciones, sino pateando veredas y relojeando las cantinas. Su familia, de origen vasco-italiano, era un polvorín cuando se hablaba del asunto. Su madre era partidaria de Evita y su papá, un antiperonista recalcitrante. Avanzando en ese terreno minado, el hijo supo ver en el movimiento de los descamisados una senda posible para el cambio social. La juventud confirmó el amor por las letras y las reivindicaciones populares. A los veinticuatro años Nicolás está en París, con el entusiasmo inflamándole la sangre. Corre Mayo del ’68 y el muchacho presencia, emocionado, una rebelión que intuye histórica. Las anotaciones en su diario íntimo llegarán a las librerías tres décadas después, en París 68. Las escrituras, el recuerdo y el olvido. Mao, Sartre, el Che, Lumumba, todos están en esas hojitas que ya muestran la pasión de quien quiere fundar un vivir-razonando a partir de las herramientas que daban las grandes figuras, pero también con trozos de política argentina concreta e impresiones personales. Su primera novela carga un título de oro. Para hacer el amor en los parques se publicó en 1970 y casi inmediatamente fue prohibida y requisada. También en este caso hubo que esperar más de treinta años para conseguir el texto en las librerías; y a medida que las nuevas generaciones descubren ese relato salpicado de irreverencias, se remueve una porción del velo histórico que se impuso sobre el ambiente universitario de principios de los setenta. “Sentíamos que la revolución estaba a la vuelta de la esquina”, solía sincerarse el autor. En noviembre del ’74 la onda estaba tan pesada que Casullo debió exiliarse. Venezuela, Cuba y finalmente México fueron las sedes de una nostalgia que se haría más fuerte a medida que se conocían los desmadres de la dictadura. Como fundador de la revista Controversia (1979-1981), el investigador fue protagonista de un proceso de análisis sobre el sentido de la progresía, que se dividía entre apoyar al peronismo o construir un proyecto más cercano a la ortodoxia marxista. El retorno de la democracia fue una luz que en su reverso trajo ciertas decepciones. El peronismo, con su flamante ala de caudillos neoliberales, estaba justo en las antípodas de lo soñado por Casullo en el ostracismo. De esa etapa es El frutero de los ojos radiantes, una historia de inmigración y exilio en clave de novela familiar. Siguió una serie ilustre. Obras como Pensar entre épocas –donde Casullo se preguntó acerca del porqué de la hecatombe progresista– o Sobre la marcha –que recupera las entrevistas que le hicieron en su carrera– quedarán como referencia obligada para los que se atrevan a observar el país por fuera de las torres de marfil que ofrecen las teorías cerradas. Y hubo más. Casullo desarrolló una reconocida labor docente en las universidades de Buenos Aires, Quilmes, Entre Ríos y Córdoba, al tiempo que editaba la revista Pensamiento de los Confines. Asimismo, pasó por la Universidad de México (UNAM) y fue consultor de la Universidad de París. Publicó Comunicación, la democracia difícil en 1985; El debate modernidad–posmodernidad en 1989; Viena del 900, la remoción de lo moderno, en 1990, Itinerarios de la modernidad en 1994; París 68, las escrituras y el olvido en 1998 y Modernidad y cultura crítica, en ese mismo año. A esto hay que sumarle una catarata de trabajos periodísticos, muchos de los cuales aparecieron en PáginaI12. Con La cátedra (2000), el querido cultor del bigote y el jopo aflequillado se despachó con una narración que alcanzaba proporciones alquímicas de calle y erudición. Más tarde, en vísperas del 19 de diciembre del 2001, Casullo ofreció una clase extraordinaria, fuera de horario y abierta a quien quisiera pasarse por la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Los que estuvieron ahí guardan esas dos horas como un tesoro para todo el viaje. El orador destiló romanticismo y conciencia social, y los que lo escucharon salieron convencidos de que había que integrarse, de una u otra forma, en los conflictos que se avecinaban. Esa efervescencia provocaba Casullo. Salir de una de sus charlas era sentir que se abría un universo de capítulos, discusiones trasnochadas, cambios colectivos y señoritas que habían empezado a leer a Sade y deseaban romper la rutina burguesa. Su talento se fue perfeccionando, y no es casualidad que los últimos años hayan sido consagratorios. Ganó el premio Konex 2004 al Ensayo Filosófico, y en obras como Las cuestiones o Peronismo. Militancia y Crítica (1973-2008) apostó por los vientos de cambio que recorren la región. “Lo que no se le perdona al populismo –denunciaba– es que restituya el terreno de la política a un primer plano.” La enfermedad no lo alejó del compromiso. Recientemente seguía difundiendo sus aportes en este diario; y se había ligado al grupo Carta Abierta, que defendió los postulados del Gobierno frente al lockout rural y se perfila como un polo de apoyo crítico a Cristina Kirchner. “Los medios, que evidentemente forman parte del establishment, se han convertido en los reales partidos de derecha”, se quejaba. Los restos de Casullo –que según trascendió padecía cáncer de pulmón– fueron velados en la Biblioteca Nacional y recibirán sepultura hoy en el Cementerio Británico. Su ausencia será un desafío, no sólo para su esposa y sus dos hijas. Los que lo leen añorarán sus consideraciones siempre reactualizadas. Los que disfrutaron sus clases echarán de menos al docente que convocaba a “los fantasmas de Nietzsche, de Baudelaire o de Sartre” como si fueran sus amigos de Racing. Y si el dolor permanece es porque el que se fue era un tipo generoso. Un tramo elegido al azar, en este caso de París 68. Las escrituras, el recuerdo y el olvido, sirve para demostrarlo. Semiocultas, las líneas tienen ya diez años y hablan de cómo el hombre registraba minuciosamente su propio crecimiento: “Cambió mi manera de marcar los párrafos. Ahora es con un lápiz suave y atildado, por si alguna vez les doy cualquiera de esas páginas a mis alumnos. Antes era con birome fuerte, definitiva, para ninguna otra cosa, calculo, que para esa gran historia que no habría de saber nunca de tal gesto”. FUENTE Nicolás, por Horacio González No podemos saber qué cultura, qué subsuelo, en qué mercado de frutos se produce alguien como Nicolás Casullo. Cómo viene a ser, de qué manera especial viene a formarse un puesto, un encargo en el que se habla con un sentido tal que no podemos dejar de verlo como algo elaborado por toda clase de elementos o matices de la sociedad argentina, del mundo real de la existencia del que habla, del que escribe en un país. No otro país. Este. Casullo fue antes que nada un novelista, y de las varias novelas que escribió, El frutero de los ojos radiantes tiene un aire extenso, toma el tiempo largo de una familia de inmigrantes, en lo que puede ser entendido como una crónica aluvional de la espera de un lenguaje, mientras como un largo espectáculo se expone la política y la cultura del país durante más de un siglo. En La cátedra, escrita en los últimos años, un grupo de profesores, como si fuera también una familia de exilados, se desdobla en una conspiración que ocurre en el tiempo, donde desfilan asimismo fantasmas salidos de nuestra propia conciencia insatisfecha. En las novelas de Casullo siempre hay personajes a ser liberados de un lenguaje irrisorio. Los instrumentos del novelista para invitar a esa liberación son el sarcasmo, la melancolía, los poderes del absurdo que no nos permiten comprender nunca en qué realidad última estamos envueltos. Casullo dio mil vueltas, con artilugios de extrema fineza, a una lengua que expuso con sabia elevación. Así investigó el otro polo de las culturas, a los hombres y mujeres que no se deciden a abordar su oscura rusticidad, el problema de sus pasiones más groseras o ridículas, su lenguaje más animal. Por eso, Casullo podía descender a los últimos confines del idioma y encontrar allí la base del ludibrio, de la carnavalada, la fábrica oprobiosa de nuestras relaciones diarias. La descubría y la mostraba en él y en los demás. Y con asombro, podíamos percibir en una inesperada vuelta de sentido que todo podía transformarse en una narración viva sobre un mundo desencantado y con sus fisuras filosóficas a la espera de su cronista. Casullo fue uno de esos cronistas con una secreta piedad sobre las cosas y las personas, sentimiento guardado íntimamente en su inconfesable suma teológica –la teología del Abasto, de Racing, de la política, las cenas amistosas, Musil o Breton, los populismos latinoamericanos o el cine de Tarkowsky–, conjunto entreverado en la ciudad argentina y expresado en grandes panoramas imaginativos y amargos sobre la civilización contemporánea, hasta la exasperación de un camino sin salida. Pero todo era un juego amoroso apenas entrevisto y en su forma extrema de pudor. Todos los ensayos de Nicolás –y hubiera sido inútil buscar si el ensayista estaba al acecho en el novelista o del otro modo, el inverso, en que muchos prefirieron verlo– tienen la elegancia de un montaje en que finalmente, luego de que el filósofo autodidacta hace su gran trabajo, se expone un descripcionismo radical, chispeante, jocoso, como el que pudiésemos encontrar en la mejor exposición de las existencias cómicas. Como los grandes optimistas encubiertos, Nicolás hacía reír para pensar. Así lo recomiendan los sabios entre sabios. Como estilo intelectual, recordaba las atmósferas románticas del siglo XIX, en medio de grandes salones de debate, entre añoradas humaredas de cigarros y poetas de estilizadas enfermedades. Pero a la distancia, se escucharía el gol de las canchas argentinas. Casullo estaba en la feria abigarrada y en la forma exquisita del espíritu, si es que ambas cosas no son la misma. Ausentes en nuestro medio los grandes atrevimientos de lenguaje y la gran filosofía hecha con medios intelectuales propios, Casullo –que provenía de los elocuentes fervores del país convulsionado y que había trabajado con Alicia Eguren, para poner un nombre posible, ahora, al lado del suyo– repartió esos frutos con toda clase de estilos, el llano, el áspero, el erudito, el sensitivo, el conceptual, y muchos ni se habían dado cuenta. FUENTE <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Registrate y eliminá la publicidad! COMO VINCULAR CINE Y FILOSOFIA La ética que Hollywood nos dejó Con un original y atractivo enfoque, el filósofo estadonidense Stanley Cavell sostiene que en las películas norteamericanas suele darse una percepción de la conducta humana como algo impredecible, y en este sentido, contienen una enseñanza. En una entrevista exclusiva con Ñ, Cavell dice: "Encuentro verdaderas transformaciones metafísicas en los personajes" Dicho de manera frívola Stanley Cavell es el filósofo que se atrevió a poner el nombre de Kant junto al de Frank Capra; menos banal es el hecho que escribió varios libros para despejar las dudas que él mismo albergaba. Ante lo sospechoso de un filósofo que ha dedicado su tiempo al cine popular, Cavell mismo invierte la pregunta: 'cómo es posible que una persona cuya educación ha sido moldeada tanto por la frecuentación de los cines como por la lectura llegue a ejercer un oficio que consiste en reflexionar sobre filosofía? Filosofía del lenguaje común, filosofía de la vida cotidiana, los desafíos del escepticismo constituyen la familia de intereses filosóficos de este hombre hijo de emigrados judíos. Embarcado en la tarea, tan atípica en su medio, de una recomposición histórica del pensamiento norteamericano, las figuras de Ralph W. Emerson y Henry David Thoreau le dan a la escritura de Cavell un color característico. La expresión de Emerson "el coraje de ser lo que uno es" explica acaso la dedicación de Cavell a los problemas del cine, como él mismo dice "por lealtad a ciertas versiones más jóvenes de mí mismo". Los libros de Cavell sobre cine, a la par que libros teóricos, son libros que hablan particularmente de un conjunto de películas que aparecen así bajo una maravillosa nueva luz; porque, como él mismo dice, la crítica no debe manejarse con significaciones a priori, sino encontrarlas en cada caso y articularlas en una explicación coherente. Así la crítica se convierte en algo más que una operación técnica especializada: se vuelve un modo de hacer filosofía. -'Cómo se relacionan las sobrias declaraciones sobre la muerte del cine y su propia idea sobre la desaparición del cine como su condición ontológica? -No estoy seguro de haber escuchado declaraciones particularmente sobrias sobre la muerte del cine. Declaraciones ebrias, sin duda, y tal vez declaraciones tristes. Todo lo que recuerdo haber dicho de lo que podría llamarse la desaparición del cine es que fue después de descubrir que mi experiencia del cine contemporáneo estadounidense había sufrido una ruptura, que estaba en cuestión, que empecé a escribir sobre cine y que lo hice desde un primer momento con un fervor inequívoco. Eso fue a fines de los 60, en parte, debido a que durante diez años llegaron a estas orillas de forma bastante regular las películas de Rossellini, Antonioni, Fellini, Godard, Resnais y Truffaut. A eso se sumó el descubrimiento de la historia del cine estadounidense en distintos grupos cinematográficos que encontraron seguidores en las universidades. No es raro que en ese medio haya empezado a pensar seriamente que existían cosas como las películas estadounidenses como tales, no sólo películas que habían constituido un registro indispensable y persistente de mi vida, y la de mis amigos y mis padres, desde que tenía ocho años. En cuanto a la sensación de una muerte del cine por los cambios de sus medios físicos –o sea, porque ya no se hacen películas, obras cinematográficas que se hacen con película–, me conformo con esperar (no sé si eso me resulta más fácil o más difícil, dados mis ochenta años) y ver en qué se transforman los hechos de nuestra experiencia, de nuestro goce, de las nuevas tecnologías del cine narrativo en relación con la historia del cine. Creo que por primera vez desde el cine mudo, ahora el cine sonoro tiene una historia, algo tan perdurable y valioso como la historia de la música, la literatura o la pintura. De todos modos, nunca produjo una vanguardia significativa. Lo que pudo parecer que ocupaba ese lugar fue el "cine experimental", que se destacó cuando Hollywood estaba en su peor momento y el cine europeo hacía sentir su presencia. En mi primer libro sobre cine dije que éste era el arte que había evitado el tema del modernismo, o que lo había postergado. -'El cine puede dar a los estadounidenses ese "pasado cultural común" cuya ausencia usted menciona como una tendencia de su cultura? -Durante las primeras décadas del cine sonoro podría decirse que el cine contribuyó a brindar un presente cultural común a los estadounidenses. Si eso se va a convertir en un pasado cultural común es algo que va a depender de si las películas sonoras llegan a adquirir una historia, algo que se comparta en el plano cultural en el mismo sentido en que se comparte la novela estadounidense. Pienso que eso sólo sucedería si el cine pasara a formar parte de los programas de estudios de los colegios secundarios. Eso puede ser tan improbable como mi deseo de que la filosofía se enseñe de forma habitual en los colegios. -'Empezó a interesarle el cine como la expresión artística que mejor representaba a EE.UU.? -No sé si "mejor", pero me interesaba aclarar que el cine popular estadounidense tenía instancias de auténtica expresión artística. -'En esas comedias hay un arquetipo de hombre y de mujer? -Las comedias estadounidenses que más me interesan parecen desafiar, o parodiar, esos arquetipos, a menudo mediante el recurso de hacer al hombre más femenino que la mujer y viceversa. En Luna Nueva, es el hombre, Cary Grant, el que tiene conciencia de su aspecto y del efecto que causa. En La costilla de Adán, Spencer Tracy llora y le enseña a la mujer a llorar. Sin embargo es en el diálogo agresivo y enérgico que comparten a lo largo de una película donde se sostiene la igualdad de inteligencia y percepción entre géneros. -'Por qué le parece importante complementar, rectificar a Freud con Austin en relación con la idea del "fehlleistungs" o lapsus? -Me resulta fascinante que dos pensadores que ejercieron una influencia tan decisiva y permanente en mis intereses y trabajos tengan temperamentos tan diferentes como y que, a pesar de ello, coincidan tanto en la percepción de la conducta humana como algo que siempre escapa al control de formas impredecibles mediante lo que solíamos llamar Razón. Los grandes payasos del cine: Chaplin, Keaton, los hermanos Marx, descubrieron y demostraron que la conducta animal podía sobrevivir a sus desórdenes con cierta felicidad en un mundo de circunstancias fortuitas. -Usted sostiene que el cine popular puede ayudarnos a entender filosofía, 'qué puede enseñar un filósofo como Wittgenstein sobre la vida cotidiana? A prestarnos atención. -'Por qué pueden gustarnos las películas malas, pero no tanto los libros malos y casi nada la mala filosofía? -En algún momento dije algo sobre eso. Ahora, sin embargo, antes de contestar tendría que saber qué se considera una mala película ('aburrida? 'improvisada? 'con buena fotografía pero mal guión o una actuación pobre?), un mal libro ('irreflexivo? 'que se basa en falsedades? 'Que tiene un lenguaje banal?) o mala filosofía ('ejemplos trillados? 'Argumentos débiles? 'Una visión limitada del mundo?). Me imagino que puede hablarse de algo interesante hasta en una mala película, ya que la posibilidad de que aparezcan accidentes afortunados o regalos del cielo es mayor en el cine que en otros medios en los cuales cada sílaba es producto de la elección de una sola persona. Hay figuras que la cámara adora. Si una de esas figuras hace apariciones breves pero recurrentes en una película mala, puede brindarnos instancias de verdadero placer. -'Es posible hoy hacer una filosofía que no sea un comentario o mera "literatura"? -No estoy muy seguro de a qué se refiere con "hacer una filosofía". Sin duda pienso que es posible pensar y escribir de forma filosófica. Heidegger hace filosofía a partir del comentario sobre, por ejemplo, textos de Hölderlin. Wittgenstein, en cambio, menciona algunos nombres de filósofos casi al pasar. Los dos tienen una escritura característica, y los filósofos a quienes no les gusta uno de ellos, o ambos, pueden calificar lo que hacen de "literatura". Los filósofos analíticos discuten permanentemente entre sí y en ocasiones con momentos del pasado de la filosofía. Por lo que parece, eso contaría como comentario sólo si su interlocutor estuviera muerto. Otra cosa que Heidegger y Wittgenstein tienen en común es su negativa a pensar su trabajo dividido en campos, como por ejemplo la epistemología, la estética, la ética, etc. Se trata de una negativa muy difícil de sostener en la filosofía seria actual, donde lo que se llama filosofía es (en el mejor de los casos) una materia universitaria que se enseña y se ubica en una jerarquía entre otras. -Usted habla de la existencia de formas degradadas del "perfeccionismo" de Emerson, esa voluntad de cambiar uno, de volverse mejor. Muchas comedias traicionan ese espíritu, volviendo el cambio cosmético. -Estoy de acuerdo. Sin embargo, no hay ninguna idea valiosa que no pueda degradarse. Lo que quiero decir cuando llamo la atención sobre la degradación es que casi nadie encuentra instancias de logros genuinos (no degradados) en, por ejemplo, el género de las comedias de segundos matrimonios. Por supuesto que mi tesis es la contraria; encuentro verdaderas transformaciones metafísicas en los personajes; un darse una segunda oportunidad que no es en absoluto banal. El propio Emerson fue ('es?) víctima de la falta de atención de los filósofos. -'El desprecio de los intelectuales por el cine popular obedece a esa idea de "perfeccionismo al alcance de todos", con esa revaloración de la vida cotidiana? -Espero que no sea verdad en el caso de los intelectuales estadounidenses, de los que cabría esperar que tuvieran conciencia de la traición a las aspiraciones democráticas. Me parece que, si ese "desprecio" es algo que comparten los intelectuales estadounidenses, se debe a cierto temor a que su credibilidad como intelectuales quede en tela de juicio si declaran su gusto por el cine. El intelectual no constituye aquí una jerarquía social reconocible más allá del "intelectual público", una persona que observa y hace comentarios sobre acontecimientos públicos actuales. Sin embargo, hay algo más y tiene que ver con la edad del arte cinematográfico, con el tiempo individual y social en el que se llega a adoptar una posición intelectual en relación con la más nueva de las artes. Dada mi avanzada edad, pude crecer con padres que veían dos películas de Hollywood por semana a partir de fines de los años 30, en la primera década del cine sonoro. Veinte años después, esas películas aún no se habían renovado con una generación más joven de directores, pero ya tenían que compartir su público, cuya atención también abarcaba la televisión y el cine contemporáneo francés, alemán, sueco y japonés. Cuando sentí que perdía mi viejo interés y mi convicción en el desarrollo del cine estadounidense, así como la fascinación por la inteligencia más explícita de las películas "extranjeras" y de la escritura sobre cine (James Agee, Pauline Kael, André Bazin, las reflexiones de cineastas como Godard y Truffaut) empecé a poner a prueba mi experiencia escribiendo un libro sobre películas y sobre cine. No tenía idea de cómo iba a ser semejante libro. Cuando empecé sólo sabía que iba a escribir sobre todo a partir de la memoria (sin Internet ni máquinas para volver a ver secuencias). Esas motivaciones y esos procesos de composición son algo que ya no está a nuestra disposición. La motivación que supongo permanece intacta es la de entender cómo un arte que aspira a la popularidad puede seguir teniendo instancias tan espléndidas de intensidad intelectual y artística. En EE.UU.hubo en un tiempo cierta posibilidad de intersección del jazz con el teatro de Broadway, asociado a los nombres de George e Ira Gershwin, Irving Berlin, Cole Porter, Rodgers y Hart. Kurt Weill dio un salto exitoso con su Opera de tres centavos. El jazz luego se volvió difícil de tocar y de entender; excedió los límites de lo popular. -'Puede hablar sobre su eterna fascinación por Jane Austen? -La fascinación puede ser eterna, pero no empezó muy temprano. Como en el caso de las comedias de enredo matrimonial que me llamaron tanto la atención, se debe a que ponen de manifiesto la igualdad de inteligencia e ingenio entre hombres y mujeres. Ambos expresan u ocultan su pasión de manera inteligente e ingeniosa, por lo cual reciben una educación moral recíproca, lo que nos hace alentar esperanzas. Eso se logra en un mundo que a menudo desconoce esas posibilidades, un mundo de injusticia, como suele pasar. En Mansfield Park esta idea de injusticia se sostiene explícita mente en la esclavitud extranjera. -Pero si hay formas degradadas de filosofía, 'puede existir lo opuesto, como la creación de prácticas legítimas de refinamiento en literaturas que se consideran degradadas, como la literatura de autoayuda por ejemplo? 'Podría surgir una transformación del yo verdadera, un hacernos mejores, cada cual según sus posibilidades? -Es posible que quienes desaprueban algunos de mis intereses, por ejemplo, en lo que yo llamo (y no sólo yo) perfeccionismo moral, consideren que algunos de sus principales representantes, a los que admiro (como Emerson, Thoreau, Matthew Arnold, John Ruskin, por no hablar de Nietzsche), son escritores de algo así como formas degradadas de filosofía. A veces me parece importante insistir en que lo que esos escritores producen en ocasiones es filosofía o en todo caso no tiene sentido diferenciarlo de la filosofía. Otras veces no me interesan esas discusiones. Como sostengo que lo que hago se basa en lo que entiendo que la filosofía hace o permite hacer, y como esos escritores forman parte de mi formación, no estoy dispuesto a negarles el título de verdaderos pensadores filosóficos. -'Hay una esencia trágica del cine oculta aun en su forma más básica de entretenimiento? -Si la hay, y creo que en ocasiones sugerí que la había, debe depender del hecho de que las figuras que lo habitan son mortales, o proyecciones de mortales, no destinados sólo a la muerte, sino–quién sabe– que es posible que pasado su momento, el momento de la filmación, nunca vuelvan a ser los mismos, como observa Henry James. Esa, supongo, es la razón fundamental por la que no puedo pensar la animación como parte del cine. No sé qué diferencia puede suponer eso a medida que nos habituemos a experimentar la digitalización y podamos discriminar. -Dice que el descubrimiento intelectual y el logro artístico no se implican mutuamente. 'Podríamos estar ante una de las causas del divorcio entre cierta crítica y el público masivo? -Un lugar importante en el que no hay tal divorcio entre la crítica (o lo que podría llamarse crítica) y el público es en la escritura estadounidense sobre deportes. Los que escriben sobre béisbol, basquetbol, etc. saben que escriben para un público que, en buena parte sabe por lo menos tanto sobre esos deportes como los propios críticos. La exactitud, incluso el aspecto técnico, y la pasión de esa escritura pueden hacerla muy placentera, por más que uno lo haga sólo ocasionalmente, como yo. -'Cuáles son las obligaciones del crítico? Hacer que su trabajo sea digno del mejor público que pueda imaginar. -'Sigue pensando que el cine no creó un discurso digno de sí mismo? Ahora soy muy selectivo en lo que leo y no me atrevería a generalizar. Confieso que siento cierta tentación de preocuparme cuando, al ver el valioso canal de películas clásicas de la TV norteamericana que programa verdaderos tesoros de la historia del cine, escucho que el conductor le da la bienvenida al público y cita un hecho aislado que suele no tener relevancia alguna para la película (por ejemplo, que en esa película un actor famoso hizo su primer papel, o que en un primer momento se había elegido a otro actor para el papel protagónico, o que otro estudio u otro director habían rechazado el guión, etc.). No niego que eso puede ser una forma de permitir que un público anónimo y disperso experimente un primer interés por lo que va a ver, pero si no se intenta "un discurso digno del cine" en esas ocasiones en que se presenta una buena copia de una película sin cortes ni interrupciones, 'entonces cuándo podemos esperar que eso ocurra? FUENTE <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

Registrate y eliminá la publicidad! Hobsbawm equipara la crisis financiera con el derrumbe de la Unión Soviética El historiador británico, considerado uno de los académicos más influyentes, abordó la crisis financiera mundial en una entrevista con la BBC. En ella, afirma que el mundo volvió al lenguaje del marxismo. El historia británico Eric Hobsbawm (de 91 años de edad), considerado uno de los historiadores más influyentes, abordó la crisis financiera internacional en una entrevista con la BBC. En ella, analiza su efecto sobre el capitalismo y la economía mundial. Asegura que el mundo entero volvió al lenguaje del marxismo. -P: Mucha gente considera que este retorno al rol del Estado es un retorno al socialismo. ¿Cómo lo describiría usted? -H: Esta es ciertamente la peor crisis del capitalismo desde los años 30. Recuerdo un titular que leí hace unos días atrás en el Financial Times que decía "El capitalismo está convulsionado". Hacía mucho tiempo que no tenían esa clase de titulares en el FT. Esta es la crisis mas dramática de los últimos años. Lo es en la ideología de mercado libre aplicada por el oeste. Como afirmaban Marx, Engels y Schumpeter la globalización es increíblemente inestable, opera a través de una serie de crisis. Esto está ocurriendo y creo que debe reconocerse como el fin de una era en particular. Habrá menos debates sobre movimientos y subas, y muchos más sobre el rol por parte del Estado, de un modo u otro. Ya tuvimos un Estado como el generador de los últimos resultados, debemos regresar a la idea del Estado como gestionador de esos resultados. Va a haber una economía mixta incluso en el área privada, con mucho más intervención que antes. -P: Las acciones adoptadas hasta ahora podrían definirse como pragmaticas, ¿Qué piensa del Estado como redistribuidor? -H: Creo que será pragmático del modo en que venía siéndolo. Lo que sucede es que por 30 años o más el capitalismo global ha operado de un modo increíblemente inestable, a excepción de algunos países en desarrollo que desestimaron este hecho. En Brasil en 1980, en Méjico en 1990, en Asia y Rusia en 2000, en Argentina... todo el mundo sabía que esto traería catástrofes a corto plazo. Ahora tenemos los mismos incentivos que había en los ‘30, de saber que nada está hecho. Los peligros políticos y sociales son efectistas, y esto es después de todo el modo en que el capitalismo se reforma a sí mismo durante y después de la guerra, bajo los principios del “nunca más”, “nunca más correr riesgos otra vez”. Así ocurrió en los ‘30. -P: Usted vio esos riesgos hacerse realidad: estuvo en Alemania cuando Adolf Hitler llegó al poder. ¿Usted cree que podría darse algo remotamente parecido a eso, como una consecuencia de lo que está pasando ahora? -H: En 1930 los efectos políticos netos en la Gran Depresión fueron el fortalecimiento de la derecha, esta creció enormemente. Hubo dos excepciones, una en Escandinavia que pudo moverse a la izquierda y sobrevivir hacia el socialismo y la democracia, y -curiosamente- en Estados Unidos, donde reaccionaron a quien sería el equivalente de Bush. A la izquierda no le fue bien, nada bien, en los ´30. Y no les fue bien hasta la guerra. Es el principal peligro, hubo movimientos de izquierda en Europa incluyendo Inglaterra con el Labour Party, pero hoy no lo hay. La izquierda se va a ausentar y me parece que los grandes beneficiarios de ese descontento serán los EEUU, excepcionalmente los EEUU... (se ríe) estaremos a la derecha. -P: ¿Lo que vemos ahora es el equivalente de la caída de la Unión Soviética para la derecha? ¿Los desafíos intelectuales que esto implica para el capitalismo y el libre mercado son tan profundos como los desafíos que enfrentó la izquierda en 1989? -H: Me parece que lo que esta ocurriendo hoy es un equivalente dramático del colapso de la Unión Soviética. Hoy sabemos que una era se terminó pero no sabemos lo que vendrá. Yo pienso que tenemos dos problemas aquí. Uno es el intelectual, porque solíamos pensar que había dos alternativas, o mercado libre o socialismo. Pero a luz de los hechos creo que ya no se puede pensar en esos términos, que es uno o es otro. Más bien hay que pensar en la naturaleza de la mezcla, y particularmente pienso que la mezcla es motivada por los países sociales o de consecuencias sociales de lo que esta ocurriendo hoy. -P: ¿Cree que regresaremos al lenguaje del marxismo? -H: Hasta un cierto punto, lo hemos hecho. Encuentro bastante extraño que el redescubrimiento de Marx lo han generado los hombres de negocios, ya que no hay izquierda. Desde la crisis de los ’90 son los empresarios los que empezaron a hablar de que Marx predijo esta globalización y ahora nuevamente encontramos a la gente pensando que el capitalismo opera como una serie de crisis. Yo creo que intelectualmente la naturaleza del análisis de Marx de cómo opera el capitalismo es ciertamente relevante, pero entonces recordemos que aunque fue un gran análisis no predijo realmente lo que iba a ocurrir. Predijo lo que no queríamos que ocurriese y esa es la lección que debemos aprender. Siempre he dicho que el capitalismo enfrentaría sus propias dificultades. No me siento petulante al decirlo. Creo que finalmente la gente va a descubrir que lo que ha estado ocurriendo no ha reproducido los buenos resultados, o anticipado los mismos. Por 30 años todas las ideologías han dicho que todo andaría bien, que el mercado libre es lógico, que produce máximo crecimiento. Y aunque produce algo de desigualdad aquí y allá, poco importa mientras que hasta los más pobres están mejor. Funciona, funciona mejor que ninguna otra cosa. Pero ahora sabemos que crea condiciones de desigualdad no sólo en los más pobres pero también afecta a una gran parte de la clase media. Sobre todo en los últimos 30 años los beneficiarios de este gran crecimiento han mantenido una condición de vida inmejorablemente alta como en ninguna parte, enorme hasta para los más ricos. Las economías tan dinámicas y activas han mantenido el ritmo de las economías mundiales hasta hace poco. Esperamos que a partir de lo que ocurrió hoy exista ahora una nueva clase de globalización controlada, orientada, que beneficie a los que realmente lo necesitan. A la mayoría de los pobres, de los discriminados, los que no tienen ventajas. Y que la diferencia, la enorme diferencia entre los que vivimos como príncipes y el resto del mundo, disminuya. FUENTE <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
DestaPando El jurista Rodolfo Mattarollo es uno de los expertos en derechos humanos más reconocidos que tiene la Argentina. En los últimos 20 años Naciones Unidas lo mandó a El Salvador, Etiopía, Haití y Sierra Leona y él no fue una semana o un mes, sino que pasó años en cada destino. Ahora encara otra misión, tan importante como las anteriores o quizá más, porque esta vez el encargo no llega desde Naciones Unidas sino de un organismo supranacional nuevo, de la región, una institución que prácticamente estará debutando con esta misión que le está encomendando. Y de alguna manera todo esto representa la culminación de un sueño compartido que empezó en los ’70 con el escritor Haroldo Conti y los compañeros del Partido Revolucionario de los Trabajadores. “Quisimos cambiar el mundo y conseguimos la democracia”, dice en el escritorio con vista al jardín de su casa, en Boedo, a las ocho y media de la mañana. Saborea un rico café preparado por Beatriz Grosso, madre de sus tres hijos, abuela de sus cuatro nietos y compañera de la vida, justo antes de hacer las valijas para viajar a Pando, Bolivia, donde ocurrió la masacre que le han encomendado investigar. Será su tercera visita a la escena del crimen en los últimos 40 días. La masacre ocurrió del 11 de septiembre. Ese día, un escuadrón de paramilitares abrió fuego con armas automáticas contra una caravana de indígenas que marchaba a la vera de un río en la localidad de Porvenir, camino a un consejo tribal. La emboscada causó al menos doce muertos, decenas de heridos y más de cien desaparecidos. Las víctimas provienen de distintas comunidades de Pando y Beni. Marchaban a lo que ellos llaman una “ampliada”, o cumbre regional, convocada de urgencia para apoyar al gobierno de Evo Morales. En esas horas el presidente enfrentaba un intento de golpe de los prefectos y comités cívicos de la Media Luna que había llevado al país al borde de una guerra civil. La primera visita la hizo el 16 de septiembre, cuatro días después de la masacre y 48 horas después de la reunión de urgencia que los presidentes sudamericanos sostuvieron en Santiago para analizar la crisis boliviana y apuntalar al gobierno de Morales. En esa reunión se nombró al ex canciller chileno Juan Gabriel Valdez como delegado del bloque para mediar en la crisis y, a instancias de Cristina Kirchner, a Mattarollo para investigar la masacre. Diez días más tarde los presidentes de la región formalizaron el mandato de Mattarollo en otra reunión de Unasur, esta vez en Nueva York, durante la Asamblea General de Naciones Unidas. Le encargaron tres cosas: que investigue con celeridad, que lo haga con imparcialidad y que elabore conclusiones y recomendaciones para combatir la impunidad. La comisión que preside el jurista argentino cuenta con un equipo de apoyo de antropólogos forenses, peritos criminalistas, investigadores legales, equipos para grabar testimonios y especialistas en informática. Salvo un par de expertos legales chilenos, los demás colaboradores los aporta la Argentina y los costean el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y la Cancillería. La Unión Europea prometió financiamiento pero todavía no se ha materializado. Hasta el gobierno de Bush, enfrentado con el de Morales, hizo público su apoyo al trabajo de la comisión. “Esto refuerza el papel de liderazgo de la Argentina en materia de derechos humanos en la región y en el mundo, porque demuestra que el país no sólo tiene iniciativas doctrinarias, sino que las lleva a cabo en el terreno práctico, desplegando sus recursos”, dice con orgullo Mattarollo, que hasta hace pocos días fue subsecretario de Derechos Humanos. Hasta ahora la comisión se ha limitado a entrevistar a los sobrevivientes y recoger información sobre las víctimas. Pero Mattarollo asegura que su trabajo no estará terminado hasta que haya escuchado a todas la voces. “Escuchar a todas las voces no significa hablar con las distintas partes porque acá no hay partes –aclara–. Hay un gobierno constitucional y las personas que han violado la ley a través de muertes, torturas y desapariciones.” Las distintas voces que escuchará la comisión incluyen la del ahora ex prefecto Leopoldo Fernández, acusado de ser el autor intelectual de la masacre. Fernández está preso en La Paz por orden de una comisión de la Cámara de Diputados bajo la ley de estado de sitio que impera en Pando desde el día de la masacre, después de que grupos cívicos tomaran el aeropuerto y los edificios federales de Cobija, la capital. Las voces que serán escuchadas también incluyen las de cientos de simpatizantes de Fernández que cruzaron la frontera después de la emboscada escapando a Brasil, donde reclaman status de refugiados políticos que hasta ahora les ha sido negado. Mattarollo quiere entrevistarlos en ese país. “Hay dos tesis. O fue un enfrentamiento espontáneo entre facciones opuestas o fue una masacre –dice el jurista y no hace falta ser adivino para saber cuál le resulta más convincente–. Si fue una masacre, hay que investigar si fue una agresión dirigida desde el Estado, de grupos organizados de sicarios contra civiles desarmados o armados con armas primitivas.” Las evidencias parecen apuntar en esa dirección. Todos los muertos en el supuesto combate pertenecen al mismo bando. Y todos los que se escaparon a Brasil pertenecen al otro. “Somos una comisión orientada a las víctimas, a victims-oriented comission”, explica Ma-ttarollo, usando la expresión en inglés. “No hacemos calificaciones jurídicas de figuras delictivas, no tenemos que demostrar culpa más allá de la presunción de inocencia ni de toda duda razonable. Nuestro standard es estadístico: medimos si hay más información a favor de una versión que en contra.” El informe de la comisión constará de una narración de casos paradigmáticos, y se evaluará la conducta de los sicarios y de la policía. “Es importante saber si cada atacante actuaba por su cuenta o recibía órdenes dentro de una estructura jerárquica. Los testigos que entrevistamos hasta ahora dicen que los atacantes actuaban como una fuerza organizada –señala el experto–. Además hay que investigar por qué la policía (de la prefectura de Pando) habría tenido una actitud pasiva y no hizo nada para detener a los sicarios.” La comisión también analizará el asesinato del ingeniero Pedro Oshiro, empleado de la prefectura de Pando, que fue baleado en un corte de ruta de Porvenir poco antes de la masacre. Algunos indígenas declararon ante la comisión que el ingeniero murió en un accidente automovilístico, pero la autopsia no avala esos testimonios. “Si hubo una respuesta desproporcionada de parte del sector cívico se habría violado el Protocolo para el Uso de Armas de Fuego de Naciones Unidas, que habla de ‘necesidad y proporcionalidad’”, advierte Mattarollo. El delegado de Unasur dijo que hasta ahora no encontró pruebas de la supuesta presencia de militares venezolanos o cubanos acompañando a los indígenas atacados, ni de cadáveres enviados a Caracas, como dice una versión que suena fuerte en Santa Cruz de la Sierra. “Sí hubo médicos cubanos que atendieron a los heridos de bala”, aclara, en referencia a la ayuda que prestaron en el hospital de Cobija los enviados de Operación Dignidad. La comisión nombrará a las personas involucradas en los hechos y describirá sus comportamientos, pero no hará valoraciones al respecto. “Vamos a citar nombres y describir conductas sin atribuir responsabilidad penal. Por ejemplo, podemos hablar de un ‘autor mediato de tal cosa’, pero no decimos que ‘tal cosa’ constituye un crimen, mucho menos cuál crimen”, ejemplifica. En el informe final habrá también un capítulo dedicado a las reparaciones para las víctimas, aspecto que el jurista considera fundamental. El trabajo será presentado a fines de diciembre a las autoridades de Unasur y a la comisión de diputados que investiga los hechos de Pando desde el Congreso boliviano. “El seguimiento del tema va a ser fundamental. Por eso es muy probable que incluyamos una recomendación para que se cree una estructura permanente de derechos humanos dentro de Unasur.” El viernes pasado Mattarollo y la comisión se habían reunido con Morales en el Palacio Quemado. “Dijo que el trabajo de la comisión es importantísimo para Bolivia y nos pidió que investiguemos con total imparcialidad. Dijo que si teníamos que criticar al gobierno, que lo hiciéramos. Y yo le dije que había que estar atento a la bandera de la amnistía que están levantando ciertos sectores, que pretenden que la reconciliación pueda realizarse a través de la amnistía, el perdón y el olvido. Pero si no hay memoria, verdad y justicia no se puede construir nada sólido.” Mattarollo no lo puede decir todavía, pero sabe que la masacre de Pando fue un crimen de lesa humanidad. Su misión es documentarlo. Destapar el manto de impunidad que oculta la verdad. El experto en derechos humanos es también autor y traductor de poesía. Durante dos décadas hurgó en los rincones más oscuros de la condición humana por encargo y convicción propia. Pensó que ya tenía la piel curtida. Pero no. Confiesa que los relatos que escuchó en estos días le desgarraron el corazón. Mira el reloj y apura el final de la entrevista. Es tiempo de hacer la valija. Otra vez la valija. Parece cansado. No pudo cambiar el mundo. Para recordárselo, Pando lo espera con sus muertos y sus fantasmas. FUENTE <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

Esto lo dice nada menos que la vice-rectora... en esta entrevista que les dejo...“La UBA necesita más presupuesto”La mayor universidad del país necesita casi 2.500 millones de pesos en 2009 para mejorar su infraestructura. Afirma que es fundamental mejorar los vínculos con la sociedad; también la articulación del CBC con los contenidos del secundario.Guglielmotti en su ámbito. En 1979 cambió los consultorios por los laboratorios. Le apasionan la investigación y la docencia.“Chicos, si necesitan un arreglo, vengan al consultorio de la Facultad”, invita María Beatriz Guglielmotti a la cronista y al fotógrafo. Nos mira los dientes, los examina, da su veredicto: “Los dos tienen muy buena dentadura”. Su pasión por la odontología atraviesa la gestión académica. La actual decana de la Facultad de Odontología, que fue elegida por la mayoría de sus colegas como vicerrectora de la UBA –en reemplazo del decano de Arquitectura, Jaime Sorín, que renunció el mes pasado– se ríe en su despacho pero no se contiene. “Fui votada en forma unánime pero realmente no me había propuesto llegar a este lugar en la vida, accedí sin tener que buscarlo, se dio solo”, asegura.Guglielmotti se recibió de odontóloga en 1972. Con el título bajo el brazo, trabajó en hospitales públicos y clínicas privadas mirando bocas ajenas hasta 1979, cuando decidió dedicarse a la docencia y la investigación de la anatomía patológica. Mientras cuenta que no tiene hijos pero sí un puñado de sobrinos, se detiene en un laboratorio del primer piso de la Facultad para charlar con Crítica de la Argentina sobre la necesidad de revisar el presupuesto de la mayor universidad de la Argentina, articular la escuela secundaria con el Ciclo Básico Común (CBC) y vincular la universidad con la sociedad de un manera plena.–¿Cuáles son sus expectativas para 2009 en relación con el presupuesto de la UBA?–La UBA necesita un mayor presupuesto para mejorar su infraestructura y su equipamiento. Lo que se está pidiendo es lo que se necesita: de 1.051 millones de pesos que recibimos en 2008, necesitamos 2.454 millones para funcionar en 2009. Esperamos que se tenga en cuenta ese pedido y que después hagan los controles pertinentes sobre cómo se entrega el dinero.–Después de la reforma del estatuto de la UBA, quedaron en el tintero dos temas: el CBC y el cogobierno. ¿Qué balance hace sobre eso?–Se trabajó muchísimo en comisiones para llegar a la asamblea universitaria y por eso todos los puntos se aprobaron por consenso. Hay que destacar que se realizó en un ambiente donde nos pudimos escuchar, pese a que estuvimos en desacuerdo con la presencia de la policía. Los temas pendientes van a requerir de muchísimo análisis y se verá hasta dónde se puede llegar a un acuerdo: el cogobierno es un tema complejo. Es claro que tiene que haber una adaptación y se tiene que reformar, pero cómo y hasta dónde no sabemos.“No pertenezco a ningún partido político, de hecho trabajé en casi todas las gestiones de los últimos treinta años en mi Facultad. Soy muy respetuosa de todo el mundo. Me hubiera gustado, pero no tuve el tiempo para dedicarme a la militancia”, confiesa Guglielmotti. Y no se olvida la sonrisa. Es que con tres años de gestión como decana, reconoce que la academia le apasiona pero que lo suyo es la docencia. “Yo nací para ser docente, me encanta. La investigación la descubrí por la práctica. Tuve mucha suerte porque conocí maestros excelentes”.–¿De qué manera se puede mejorar la vinculación entre la secundaria y el CBC?–La reforma del CBC aún no está consolidada. Sin embargo, creo que los contenidos deberían ser comunes y transformarse en el soporte para las asignaturas que vienen después. Hay que ajustar qué CBC queremos y articularlo con la secundaria, porque a veces lo que se encuentran los docentes es que los alumnos no tienen los conocimientos necesarios para el cursado y la comprensión de los contenidos que les están dando.–¿Qué objetivos persigue en su nuevo rol?–Hay muchos temas pendientes: el CBC y la enseñanza en los preuniversitarios son los principales. También la conexión entre la comunidad y la sociedad, que es algo que hay que lograr con una buena participación. Nos falta presupuesto e infraestructura, pero nos olvidamos –independiente de las falencias– de lo que tenemos y que sí funciona. Yo soy optimista y, por sobre todas las cosas, tengo empeño.FUENTE
Naturalizaciones que impiden ver El sistema masivo de comunicación está plagado de naturalizaciones, de cuestiones que se dan como obvias y que, en realidad, imposibilitan ver la complejidad del escenario. Impiden también conformar una masa crítica que profundice en el debate de asuntos fundamentales para la vida social. Se trata de aquellos argumentos –en este caso referidos a la comunicación y a los medios– instalados como supuestas verdades y que, por esa misma razón, resultan poco menos que indiscutibles. Sin la pretensión de agotar la lista, he aquí algunas de ellos con el único interés de ayudar a situar una agenda crítica sobre la comunicación. - Lo vi en la tele. Construido como categoría última de verdad. Podría ser también: lo escuché en la radio o lo leí en el diario. Lo que importa es el efecto de verosimilitud que generan los medios de comunicación, como validación de lo real. Hasta el punto de que alguien que participó de un determinado suceso como protagonista o testigo puede llegar a dudar de su propia versión cuando se contradice con aquella que se transmite a través de los medios. A todo lo anterior podría agregarse que “nada es real hasta que no aparece por la televisión”. Hay una mediatización de la vida social y éste es un triunfo de la cultura tecnológica, que se refuerza en su fase digital. - Internet contribuye a la democratización. Tan cierto como parcial y equívoco. Porque desconoce la existencia de enormes inequidades que siguen existiendo en el acceso a la red de redes. No sólo por cuestiones de conectividad, sino porque la cultura digital es, a la vez, un sistema de inclusión y exclusión, que “alfabetiza” a algunos y deja a otros por fuera, porque no acceden al lenguaje propio del sistema, o por otras razones, entre las que se cuenta el hecho ser ciudadanos que no califican como consumidores potenciales. - La objetividad periodística. Un mito que no guarda ninguna conexión con la realidad. En principio porque tal objetividad no existe en la práctica del conocimiento. Es imposible el extrañamiento que pretende la objetividad como lugar equidistante, aséptico y no comprometido. Cada uno conoce desde un lugar de interpretación que está necesariamente cruzado por las marcas de su propio proceso de constitución como actor social, pero también por sus posiciones políticas, ideológicas, por sus intereses y emociones. Distinto es defender la veracidad en el ejercicio de la profesión periodística, a partir de una ética que busca garantizar el derecho de las audiencias a tener todos los elementos para arribar a sus propias conclusiones. - El periodismo independiente. ¿Independiente de qué y de quién? ¿De compromisos? ¿De su propia mirada? Es una pretensión similar a la anterior. Todos los periodistas y los profesionales de la comunicación trabajan (trabajamos) en contextos establecidos por la economía de las empresas, por las presiones, por las condiciones en las que se ejerce la tarea, por la realidad de asalariados (y, hoy por hoy... trabajando al mismo tiempo para distintos medios de un mismo patrón y por un mismo sueldo). ¿Quienes se dicen a sí mismo independientes no tienen ninguna limitación de este tipo? Y así sean sus propios empresarios: ¿nunca se sintieron coartados por los intereses de sus anunciantes? Quizá lo más grave en este campo es la afirmación de aquellos que sostienen que “en la empresa para la que trabajo nadie me dice lo que tengo que decir”. Aunque formalmente cierto, es una exteriorización más de la mimetización con los intereses editoriales o de los anunciantes, de facilismo dócil o de autocensura, antes que de independencia o autonomía. - No todos pueden acceder a los medios. ¿Por qué? Es una afirmación equivalente a aquella que, cual destino manifiesto, asegura que “siempre hubo pobres”, para justificar que los siga habiendo y que se haga poco o nada para modificar esa situación. Es casi igual a establecer una suerte de calificación para aquellos ciudadanos que pueden y aquellos que no pueden (o no deberían) acceder al derecho a la comunicación. Seguramente ésa es la mirada de quienes se alarman ante la sola posibilidad de que los sindicatos o los movimientos sociales queden habilitados para acceder a la propiedad y el uso de medios de comunicación masiva. Estos señalamientos muestran apenas una parte de una realidad compleja y con otros aspectos a considerar. Nada de lo escrito agota tampoco la agenda de los temas que, sembrados como obviedades, adornan el jardín de nuestra vida cotidiana, instalándose como supuestas verdades que en lugar de ayudar a desentrañar suman opacidad, quitan transparencia e impiden comprender. Sin desconocer tampoco actitudes, prácticas y experiencias de profesionales, empresas y grupos que, aun en medio de dificultades, hacen hasta lo imposible para construir todos los días una comunicación más democrática. Eso sí: normalmente sin la pretensión de ser objetivos. FUENTE: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-125634-2009-05-27.html
Lei esta nota en Página/12 y me pareció interesante el analisis que plantea... aunque creo que se queda un poco en intenciones y al final no termina de desarrollar una conclusion... MI ANALISIS Las palabras y los signos no tienen un significado inmanente, sino que "significan" en un contexto discursivo y social, formando "cadenas significantes" con otros signos. En determinados momentos historicos, los significantes "anclan" su sentido en una cadena y a partir de un significante que pone en "suspension" esa cadena (es decir, interrumpe momentaneamente ese proceso por el que los signos van adquiriendo distintas significaciones)se "resignifican" todos esos conceptos "hacia atras". UN EJEMPLO En la cadena LIBERTAD-IGUALDAD-LIBERALISMO.... el significante LIBERALISMO resignifica "hacia atras" a los otros dos. Estos mismos conceptos significan cosas muy distintas cuando forman parte, por ejemplo, de la cadena LIBERTAD-IGUALDAD-SOCIALISMO De esta manera se puede explicar que los mismos signos sean suceptibles de muy diversas interpretaciones, en distintos momentos historicos y sociales. Por lo tanto, yo creo que el analisis discursivo es una estrategia muy valiosa para intentar explicar el conflicto politico actual en el que: El GOBIERNO que mantiene e impulsa las mismas politicas economicas de los ultimos 30 años es percibido como "MONTONERO" o de "IZQUIERDA" El CAMPO, el más beneficiado por las politicas de tipo de cambio alto y CONCENTRACION DE LA RIQUEZA, se presenta como "EL PUEBLO" El GOBIERNO de los DERECHOS HUMANOS manda a la GENDARMERÍA a reprimir la protesta social... Las CLASES ALTAS URBANAS apoyan los CORTES DE RUTA y repudian la intervencion de las FUERZAS DE SEGURIDAD... Las CLASES ALTAS Y EL CAMPO estan en contra de un GOBIERNO de clase alta, que DEJO INTACTOS SUS INTERESES... BUENO LES DEJO LA NOTA QUE MOTIVO TOOOOOODA ESTA REFLEXION DE LUNES FERIADO..... Sobre el lenguaje y las instituciones Los sentidos que encarnan las palabras de un personaje humorístico y su contraste con los lenguajes de la protesta agraria. “Bombita Rodríguez” y la historia. ¿Por qué nos gusta Bombita Rodríguez? Este sutil monigote creado por Capusotto y Saborido, que en estos últimos tiempos está siendo comentado por gran número de personas, produce un sentimiento sorprendente, una feliz intranquilidad. Definido como “el Palito Ortega montonero”, despliega un alegre batiburrillo de palabras que no combinan entre sí, pero que al aparecer en conjunción introducen en el espíritu una severa incógnita sobre el funcionamiento del lenguaje. Si nos reímos de ese procedimiento que vulnera el sentido de las palabras desviándolas bruscamente de su lugar habitual, no por ello dejamos de preguntarnos si estaríamos así desbaratando la historia. Palabras que fueron el desconsuelo y la tragedia de miles y miles de personas, de repente son tomadas para un ejercicio paródico o convertidas en la fácil burla a una jerga maniática que pudo ser el subproducto cuestionable de una época, pero que muchos hablaron como talismán y apostura. El fijador “La Orga”, con el que se peina Bombita, podría dar lugar a que las partes de una tragedia sean vistas ahora como un sarcasmo pasajero y módico. Pero hace décadas que las innovaciones en el periodismo escrito provienen de la capacidad de apelar a públicos que poseen sobreentendidos culturales diversos, de tal modo que uno de los tantos regresos agónicos de Maradona, pudo alguna vez ser titulado como “El mito del eterno retorno”, acudiendo un acervo cultural disponible que produce cómodos signos de distinción así como ciertos procedimientos aprobados de saqueo cultural. De ello viven los grandes mitos del lenguaje. Sin duda, con el humor que acompaña necesariamente todo nuestro decir literal, queremos mostrarnos como seres sensibles, que no van por la vida creyendo necesariamente que cada frase pronunciada es una lápida en nuestra conciencia. Por eso “tomamos las cosas con humor”, lo que quiere decir que siempre sopesamos lo dicho y lo retrabajamos para usarlo en otros módulos y contextos. Aliviamos así la vida con el recurso a la ironía y otras armas plausibles del dislocamiento de las creencias. Hacer del lenguaje un collage permanente y aludir a sus estereotipos, hayan sido o no trágicos, es una forma de salvarnos para otras conversaciones que imaginamos únicas, fuera de toda repetición. Ese retorno de las frases hechas, que un día fueron graves, pero ahora son parte de un humor piadoso que las reproduce con autoindulgencia y ternura, es tan necesario que no suponemos que sean profanaciones, formas de despreciar los valores más queridos. Bombita Rodríguez tiene una genealogía familiar basada en la fresca insolencia del pastiche, pues remonta a su madre Evelyn Tacuara. Con estos trucos, ha reencontrado el humor basado en una combinatoria disparatada. Pero se trata de un comentario sutil sobre la escurridiza genealogía de la política argentina. Dichos o expresiones enterrados en el derrotado secreto de nuestra lengua política aparecen así bajo una forma dichosa, irresponsable e ingenuamente blasfema. ¿Por qué nos sonreímos en vez de pedir orden y respeto para apreciar los recodos de la historia? Sabemos que el humor suelta gatillos escondidos y apacigua nuestra conciencia haciéndonos ver nuevas relaciones. El disparate ilumina el hecho de que el mundo tenía más conexiones que las que habíamos supuesto. El trabajo del poeta Néstor Perlongher con las siglas partidarias de los años ’70 también revela que, si bien pueden criticarse esas construcciones que petrifican el lenguaje, siempre son un atractivo punto de reflexión sobre la creencia de los hombres y el modo de perseguir sus deseos, lo que también incluye el de perfeccionar la lengua operativa, al precio de hacerla sumaria y cristalizada. Nuevamente me pregunto: ¿por qué nos gusta Bombita Rodríguez? El ars poetica de Capusotto consiste en agrupar súbita e infantilmente, sin mediaciones, dos términos provenientes de universos incompatibles. El mundo de las culturas mediáticas con las jergas políticas más tipificadas, el recurso de lo grave con su mención en tono de farsa, las palabras sigilosas de los insurgentes con objetos cotidianos que las hacen irrisorias. Pues bien, son los procedimientos de la risa, ritos inmemoriales que obligan a ampliar la visión del mundo conectándolo con el caos previo a la inspiración. Se trata quizá de reiniciar todo otra vez, poniendo el lenguaje transcurrido en mano de los comediantes, los juglares díscolos, los payasos tiernos. Basta recordar el juego de transmutaciones chaplinescas en El gran dictador para percibir cómo este tipo de humor, que con su red captura todo lo hablado en momentos de peligro, puede ofrecer un punto de vista generoso sobre la historia, con personajes salidos del arte que hace contorsionar los caracteres, discursos y vestimentas. Bombita Rodríguez descansa en una interpretación de audacia plástica e ingenio paródico. Como pantomimo contorsionista, Capusotto es igual a la forma en que tritura y recompone absurdamente el lenguaje. Su histrionismo acude a incesantes travestismos y entrega personajes que parten del clisé y lo hacen estallar en un punto del lenguaje graciosamente insensato, como en el nombre del cantante “Luis Almirante Brown”. Son candorosos fantoches que llaman a la indulgencia y a la conmiseración reflexiva, y por eso podemos considerar que el método de la irreverencia con las genealogías políticas argentinas desentumece el pensamiento. Más en este momento. La lucha política a la que asistimos, donde se intenta desestabilizar a un gobierno que lanzó su mirada hacia los mismos años de los que Capusotto extrae su galería de polichinelas del lenguaje, revela también el intento de reutilizar vicariamente, en forma truculenta, los pedazos sueltos de una historia devastada. Cuando el Sr. De Angeli lanza desde la ruta, “con su rostro curtido de hombre laborioso”, un pensamiento que parece candoroso –“las retenciones son un producto de la Revolución Libertadora”– está acudiendo también a un desparpajo contorsionista, que junta conceptos opuestos, confiscando los sentidos clásicos y las interpretaciones verdaderas. Son también los mecanismos de la inversión y reapropiación poderosa de los restos de la historia nacional, a los efectos de su vaciamiento. Desmonta sentidos para seguir con las mismas palabras. Bombita Rodríguez, en cambio, desmonta palabras para encontrar nuevos sentidos. Por Horacio González, Sociólogo, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), director de la Biblioteca Nacional. FUENTE DE LA NOTA