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Usuario (Argentina)

Si sabes Física puedes ser un buen asesino..... El extraño caso del asesino que leía libros de física nuclear Pronunciar palabras como radiación o radiactividad infunde terror en la mayoría de las personas con una escasa preparación científica. El miedo cerval ante lo desconocido, ante la amenaza invisible que nos puede llegar a afectar sin que seamos plenamente conscientes de ella, se encuentra arraigado en lo más profundo de nuestras emociones humanas. Imágenes como las de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial o las de accidentes en centrales nucleares como Three Mile Island o Chernóbil forman parte de la iconografía asociada para siempre a la energía nuclear. De hecho, en los últimos 15 años, la International Atomic Energy Agency ha confirmado más de 1100 incidentes relacionados con el tráfico ilícito de materiales radiactivos. De ellos, casi 300 tenían que ver con la posesión no autorizada y/o estaban dedicados a actividades criminales, de una u otra forma. Se cumple estos días el cuarto aniversario de la muerte de Alexandr Litvinenko, el ex-agente ruso que saltó a las páginas de todos los grandes diarios en noviembre de 2006. Litvinenko había nacido en la ciudad rusa de Voronezh 43 años atrás. Su trabajo estaba relacionado con la investigación del crimen organizado, con la mafia rusa. No cabe duda, a la vista de lo que posteriormente le sucedería, que se granjeó a buen seguro no pocos enemigos. Se piensa que Litvinenko estaba relacionado con la muerte de la periodista Anna Politkóvskaya, asesinada en octubre de 2006. Politkóvskaya era conocida por sus críticas con la postura del Kremlin en relación con la guerra en Chechnya. Perseguido en su país de origen por sus opiniones y declaraciones contra agentes del FSB (Federal Security Service) en relación con su presunta implicación en el entrenamiento del número 2 de Al-Qaeda, Ayman Al-Zawahiri durante los años previos a los ataques del 11-S y también por la publicación de un polémico libro, acabaría solicitando asilo político en el reino Unido en el año 2000. El 1 de noviembre de 2006, Alexandr Litvinenko se reunió en el Pine Bar del hotel Millennium, en Londres, con varias personas. Pidió un té, acercó la taza a sus labios y sorbió un trago, solamente uno. Acababa de firmar su sentencia de muerte. A partir de aquel mismo momento, experimentaría una agonía que se prolongaría durante tres interminables semanas. Falleció en un hospital londinense el 23 de noviembre de 2006. A los 14 días de su ingreso, los médicos que le atendían aún estaban convencidos de que sufría los efectos de un extraño virus estomacal. Se barajaron varias hipótesis. Entre ellas, la de que se trataba de un envenenamiento con talio. El isótopo 201 del talio, administrado en grandes cantidades, resulta tóxico, incluso en su estado no radiactivo (es empleado en medicina como trazador radiactivo en el estudio del miocardio). Unas pocas horas previas al fallecimiento de Litvinenko, una radiografía reveló la presencia de tres objetos con forma circular en su estómago. Probablemente se trataba de cápsulas de “azul de Prusia“, el tratamiento que se le había administrado contra el envenenamiento por talio. Los médicos le habían dado un 50% de posibilidades de sobrevivir al cabo de 3-4 semanas después del envenenamiento. Tras su muerte y posterior autopsia se reveló que la sustancia asesina era casi con total probabilidad el isótopo 210 del polonio, uno de los elementos radiactivos descubiertos por Pierre y Marie Curie. La investigación policial halló rastros de polonio-210 en la casa de Litvinenko, en Muswell Hill; también en el hotel Millennium de Grosvenor Square donde había ingerido el veneno en la taza de té y en un restaurante de sushi en el que se había reunido con el controvertido abogado italiano Mario Scaramella. Derek Conlon, el pianista del bar donde fue envenenado Litvinenko, bebió de la misma taza tan sólo una hora más tarde. Incluso después de pasar por el lavavajillas, la taza contenía restos suficientes de polonio-210 como para que Conlon recibiera la tercera dosis más importante de todas los individuos que fueron expuestos, hasta 1500, y de los cuales 17 resultaron contaminados. Fueron necesarias más de 400 personas para seguir el rastro dejado por la sustancia radiactiva que terminaría acabando con la vida de Alexandr Litvinenko. La radiactividad es el fenómeno por el que los núcleos atómicos se desintegran, emitiendo otras partículas o simplemente radiación. Si estas emisiones tienen la energía suficiente como para extraer los electrones de los átomos con los que se encuentren en su camino, entonces reciben el nombre de radiaciones ionizantes. Aunque existen varias clases diferentes de radiaciones ionizantes, las tres más comunes reciben el nombre de partículas alfa, rayos beta y radiación gamma. La primera consiste en núcleos atómicos del elemento helio (formados por dos protones y dos neutrones), la segunda corresponde a electrones ( o sus antipartículas, los positrones) propiamente dichos y la tercera son fotones de alta frecuencia (mayor que la correspondiente a los rayos X). Distintos núcleos de elementos radiactivos emiten distintas clases de radiaciones ionizantes. En concreto, el polonio-210 (el 210 hace alusión al número total de protones y neutrones presentes en el núcleo atómico) es un emisor de partículas alfa (aunque también puede emitir débilmente radiación gamma). Se puede encontrar polonio-210 en el humo de los cigarrillos, en el agua potable y en los alimentos (tranquilos, únicamente en cantidades ínfimas), así como subproducto de la desintegración del radón gaseoso. Todas las radiaciones ionizantes pueden caracterizarse por su poder característico de penetración. Así, las partículas alfa son tan pesadas que tan sólo son capaces de atravesar a duras penas una hoja de papel antes de ser detenidas. Los electrones de los rayos beta, al ser mucho más ligeros, pueden atravesar el papel, pero son detenidos por una fina lámina de metal. En cambio, la radiación gamma no tiene muchas dificultades para atravesar varios centímetros de hormigón. ¿Qué consecuencias tienen las afirmaciones del párrafo anterior con respecto al veneno que le fue suministrado a Litvinenko? Pues sencillamente que, al igual que todos los demás emisores de partículas alfa, el polonio-210 se muestra prácticamente inofensivo para un cuerpo humano cuando éste es expuesto a una fuente radiactiva externa, siendo la propia piel la que hace de barrera infranqueable. Por el contrario, los efectos resultan aterradores cuando el polonio es ingerido o inhalado y opera desde el interior del cuerpo humano, donde puede afectar de forma indiscriminada a las células de órganos vitales como los pulmones, hígado o riñones y también a la sangre o la médula ósea. No menos decisivo, en lo que respecta a los potenciales daños provocados por la ingestión o inhalación, resulta el estado químico (en forma de nitrato, por ejemplo) o físico (el tamaño concreto de las partículas), ya que dependiendo del mismo la sustancia puede ser exhalada (en caso de que dichas partículas sean relativamente grandes) o puede terminar en los pulmones, incorporándose así al torrente sanguíneo (cuando, por contra, el tamaño es suficientemente pequeño). En el caso de Alexandr Litvinenko, nunca llegó a averiguarse la cantidad exacta de polonio-210 que le fue administrada, aunque como veremos dentro de un momento este factor no se torna decisivo en absoluto. Lo que sí hay que tener en cuenta es que las partículas alfa tienen la capacidad de poder resultar, cuando se trata de pequeñas dosis, hasta 20 veces más dañinas que otras radiaciones ionizantes, como los rayos beta, los X o los gamma. En cambio, a dosis elevadas, el daño es similar. Una forma de evaluar el perjuicio o daño causado al cuerpo de una persona por la radiactividad de un núclido consiste en cuantificar la dosis recibida y expresarla en una unidad denominada “rem“. Una dosis de 100 rem (también llamada 1 Gy, de la palabra inglesa Gray) no tiene prácticamente efectos sobre el organismo y suele pasar desapercibida. A partir de 200 rem (2 Gy) la persona caerá enferma casi con total seguridad. Esta dolencia recibe el nombre de radiotoxemia o envenenamiento por radiación. Suele ir acompañada de náuseas, vómitos, diarreas, caída del pelo, etc. Cuando la dosis supera los 300-400 rem (3-4 Gy) la probabilidad de que acabe en muerte del sujeto alcanza el 50% (esta cantidad recibe el nombre de LD50). Aunque todo esto parece sencillo, la verdad es que no resulta tan evidente. En efecto, las dosis anteriores dependen de la forma en que sean adquiridas. Así, únicamente son válidos los valores proporcionados cuando se reciben en una única dosis. Sin embargo, un individuo puede soportar dosis de hasta 80 Gy (8000 rem) siempre que se administren éstas de forma gradual, a lo largo de varios días. Por ejemplo, en radioterapia pueden llegar a exponerse a los enfermos a dosis diarias de 1-2 Gy durante semanas. Algunos parámetros básicos útiles a la hora de caracterizar la naturaleza radiactiva de una sustancia son la actividad, que representa el número de desintegraciones por unidad de tiempo (la velocidad a la que se desintegran los núcleos) y cuyo valor se expresa en una unidad denominada “becquerel” (en honor de Henri Becquerel, el descubridor de la radiactividad). Un becquerel (abreviado Bq) equivale a una desintegración por segundo. La actividad específica es la actividad por unidad de masa y mide lo activa que es una determinada cantidad de sustancia radiactiva. Finalmente, la semivida de la sustancia es el tiempo que tarda ésta en desintegrarse hasta reducir el número de sus átomos a la mitad. En cada desintegración de un átomo de polonio-210 se produce una partícula alfa, al mismo tiempo que el núcleo transmuta en otro de plomo-206. Un solo gramo de polonio-210 emite 167 billones de partículas alfa cada segundo. Su semivida es de 138 días (algo menos de 5 meses). Como todo proceso estadístico, la radiactividad se verá reducida a la mitad al cabo de este tiempo (una semivida); al cabo de dos semividas se habrá reducido a la cuarta parte y así, sucesivamente. Después de cinco semividas tan sólo restará algo más del 3% de la cantidad original. En unos dos años la muestra será prácticamente inactiva e inocua. Cada partícula alfa que sale despedida de un núcleo de polonio-210 lleva consigo una energía de 5,4 MeV (unas 0,86 billonésimas de joule, la unidad de energía en el SI de unidades). Como una dosis radiactiva de tan sólo 1 Gy equivale a la absorción de 1 joule por cada kilogramo de peso de la persona, esto quiere decir que un hombre de 70 kg expuesto a 10 Gy, una dosis suficiente para que dicha persona comience a experimentar efectos gastrointestinales y trastornos en su médula ósea del todo similares a los experimentados por Alexandr Litvinenko, estará sufriendo el impacto de nada menos que 810 billones de partículas alfa. Teniendo en cuenta que Litvinenko permaneció vivo tres semanas con el polonio-210 activo en el interior de su cuerpo, debió de estar sometido a una actividad de casi 470 millones de becquerels. Esta cantidad puede verse reducida si se tiene en consideración lo afirmado anteriormente y es que las partículas alfa pueden mostrarse entre 1 y 20 veces más dañinas que el resto de las radiaciones ionizantes. Tomando un factor 4 como estimación sensata, la actividad de la muestra ingerida por el exagente del FSB ruso pudo haber sido de unos 118 millones de becquerels (118 MBq). Considerando la masa del núcleo del polonio-210, semejante actividad equivale a unos escasísimos 0,7 microgramos. En un solo grano de azúcar cabrían casi un millar de dosis como la anterior. Ahora se comprende perfectamente por qué el asesino de Litvinenko escogió una sustancia como el polonio-210. Resultaba muy fácil de camuflar, ya que con un simple envoltorio de papel bastaría para que la radiación alfa no alcanzase a la persona que lo transportara. Posee una semivida intermedia, ni demasiado larga como para que la actividad no fuese suficientemente alta como para causar una muerte relativamente rápida, ni demasiado corta como para que el sicario hubiese podido verse apurado ante el posible agotamiento de la fuente radiactiva. Los 138 días de la semivida del polonio-210 resultan más que suficientes para que, una vez adquirido el veneno, aún se mantuviese con una actividad elevada en el momento de ser administrado a la víctima. Hasta los asesinos demuestran, en ocasiones, conocimientos de física nuclear. Piénsalo dos veces antes de tomarte una taza de tu infusión favorita..... Fuente Los sobrevientes de la batalla de Termópilas Dudar o no dudar? He aquí la duda La Maquina del Juicio Final Esta es tu Dirección.....en el Universo El neurólogo que se cortó los nervios El HAARP y la "bomba del Arco Iris" A Tesla le Robaron! Así ataca un Misil Balístico Intercontinental Nunca juegues con Mercurio Historia de la nave Soyuz

Imaginemos la escena: una familia apenas despierta un domingo en la mañana cuando un resplandor artificial ilumina con mayor intensidad el interior de la habitación. En milésimas de segundo, un temblor termina resquebrajando los cristales de las ventanas. Los dueños de casa, continúan con el desayuno como si todo fuera “extrañamente normal”. La historia podría resultar irreal en el presente y hasta inconcebible en la mayoría de nosotros. Pero no lo era a mediados del siglo XX en la remota población de Semipalatinsk, al noreste de Kazajistán. Los habitantes del área, fueron forzados a acostumbrarse a las pruebas nucleares en tiempos de la Unión Soviética sin demasiadas explicaciones, y por defecto, a padecer sus consecuencias por décadas. Semipalatinsk y toda la región estuvo mal valorada, quizás por su aislamiento, su poca población, ambas cosas al mismo tiempo, o simplemente, porque se consideró a la región irrelevante económicamente. El impulso de Lavrenti Beria, el jefe político del proyecto de la bomba atómica soviética, terminó designando la zona de Semipalatinsk como un área de experimentación nuclear. El falso argumento determinaba que era un área “deshabitada”, muy a pesar de sus 700.000 pobladores. El complejo se construyó en dos años a partir de 1947, y ya en 1949 se realizó la primera prueba sin desalojar ninguna de las ciudades cercanas. En total, los habitantes de Semipalatinsk y la estepa que se extiende al noreste de Kazajstán, soportaron unas 456 bombas detonadas en cuatro décadas. Fueron las involuntarias “ratas de laboratorio” de la experimentación nuclear soviética. Los pobladores de toda la región, quedaron a merced de una contaminación radiactiva difícil de estimar, pero capaz de empequeñecer los alcances nefastos del desastre de Chernóbil. Tras las primeras pruebas nucleares atmosféricas, se siguió con las pruebas subterráneas, dejando una buena colección de cráteres a lo largo de cuatro décadas. La instalación militar, a 150 kilómetros al oeste de Semipalatinsk fue clausurada en el año 1991, y sus instalaciones desmanteladas por completo en el año 2000. Lo que queda de todo el experimento es un enemigo invisible que aún hoy deja sus trágicas huellas: los efectos de la contaminación y la actividad del movimiento anti-nuclear en Kazajstán. Se estima (según la UNESCO) que más de un millón de personas terminaron expuestas a la radiación. Aún 20 años después de la última explosión, en los pueblos de la región, se reportan enfermedades en niveles anormales y nacimientos con malformaciones congénitas relacionadas con la contaminación. Los activistas de la actual Kazajstán se organizan en un movimiento anti-nuclear a partir de 1989, siendo uno de los primeros grupos en su tipo dentro del territorio que integraba la Unión Soviética. Fueron sus campañas las que consiguieron el desmantelamiento del sitio de pruebas nucleares en el polígono de Semipalatinsk. El grupo de activistas ganó fama a nivel mundial en su campaña en contra de las amenazas nucleares. Los reclamos, se orientaron también a impulsar la búsqueda de soluciones ante la contaminación en las zonas afectadas. Vale aclarar que los activistas o downwinders (individuos expuestos a la contaminación y lluvia radiactiva atmosférica o subterránea a causa de armas y ensayos nucleares) no son exclusivos de la extinta Unión Soviética. Los llamados downwinders están dispersos en zonas distantes del mundo. En Estados Unidos, escenario de 330 pruebas nucleares atmosféricas (las más contaminantes) los downwinders se organizan sobre todo demandando al Estado Federal por las secuelas de la contaminación. De un total estimado de 2.000 ensayos nucleares en todo el mundo, más de la mitad fueron realizados por los Estados Unidos, muchos de ellos dentro del territorio continental en varios estados, y otros en las islas Marshall. El resto de los ensayos se reparten entre la Unión Soviética, Reino Unido, Francia China, India, Pakistán y Corea del Norte. Los Downwinders son en realidad una denominación con un concepto difuso: las personas expuestas por las cercanías a los ensayos nucleares con secuelas que muchas veces son difíciles de probar. Resulta difícil determinar los alcances precisos de la contaminación y los efectos en la población más expuesta a algún tipo de radiación. Por ejemplo, en el área cercana al centro de producción de armas nucleares en el estado de Washington (Hanford Site), se estima que más de dos millones de personas fueron expuestas de un modo directo o indirecto a la contaminación radiactiva por la contaminación del río Columbia. Para finalizar, retornamos a Semipalatinsk. Hoy es un poblado rebautizado como Semey tras la independencia de Kazajstán. Gracias al fin de las pruebas nucleares hace dos décadas, se estima que la región más afectada retornará a la agricultura dentro de dos años. Sin embargo, las consecuencias nefastas de las pruebas nucleares, deberían enseñarnos para siempre que es mejor tenerlas como un mal recuerdo. Sobre todo como una experiencia nefasta, que jamás debería hacer sucedido. Fuente
¿Los cuatro reyes magos? El zigurat de Borsippa, con sus altos muros y siete pisos, era el punto de encuentro de los cuatro reyes e inicio de la travesía conjunta. Hacia allí acudía Artabán, con un diamante protector de la isla de Méroe, un pedazo de jaspe de Chipre, y un fulgurante rubí de las Sirtes como triple ofrenda al Niño Dios, cuando topó en su camino un viejo moribundo y desahuciado por bandidos: interrumpió el rey su viaje, curó sus heridas y le ofreció el diamante al viejo como capital para proseguir el camino. Llegado a Borsippa, sus compañeros de viaje habían partido. Continuó en soledad en pos de su destino, pero arribado a Judea, no encontró ni a los Reyes ni al Redentor, sino hordas de soldados de Herodes degollando a recién nacidos: a uno de ellos, que con una mano sostenía a un niño y en la otra blandía afilada espada, ofrece el rubí destinado al Hijo de Dios a cambio de la vida del niño. En esta actitud es sorprendido: es apresado y encerrado bajo llave en el palacio de Jerusalén. Treinta años duró el cautiverio, y fueron llegando ecos de los prodigios, consejos y promesas de un Mesías que no era sino el Rey de Reyes al que fue a adorar. Con la absolución y errando por las calles de Jerusalén, se anunció la crucifixión de Jesucristo; encamina sus pasos al Gólgota para ofrecer la adoración largamente postergada, cuando repara en un mercado en el que una hija es subastada para liquidar las deudas su padre. Artabán se apiada de ella, compra su libertad con el pedazo de jaspe, la última ofrenda que le quedaba es ofrecida y Jesucristo muere en la Cruz: tiembla la tierra, se abren los sepulcros, los muertos resucitan, se rasga el velo del templo y caen los muros. Una piedra golpea a Artabán y entre la inconsciencia y la ensoñación, se presenta una figura que le dice: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”. Desorientado y exhausto pregunta: “¿Cuándo hice yo esas cosas?”, y con la misma expiración recibe la respuesta: “Lo que hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí”. Con él se elevó a los mismos cielos que en su juventud le guiaron en pos del Destino finalmente alcanzado. En realidad, pese a que en algunos lugares se atribuye esta leyenda a antiguos textos, su origen es mucho más cercano y no tiene ninguna base bíblica. Artabán es un personaje ficticio protagonista del cuento navideño The Other Wise Man (El otro rey mago), escrito en 1896 por Henry van Dyke (1852 – 1933), teólogo presbiteriano estadounidense. Henry van Dyke Cuenta el relato que Artabán era el cuarto Rey Mago que encaminó sus pasos hacia Occidente, siempre guiado por el fulgurante mapa celestial, en busca del niño Jesús. El nombre “Artabán” proviene del persa y corresponde a cuatro reyes partos, así como a un hermano de Darío I y un general de Jerjes.
El HAARP y la bomba del arco iris: cómo acabar con la civilización moderna en menos de un segundo Existe al menos una manera de terminar con la sociedad que conocemos y enviarnos de vuelta al siglo XIX. Sí, el HAARP tiene algo que ver, pero no como muchos creen. El 9 de julio de 1962, los Estados Unidos realizaban una prueba nuclear en el espacio exterior con el nombre en clave Starfish Prime: hicieron estallar una carga termonuclear de 1,44 megatones propulsada mediante un cohete Thor a 400 km sobre el Océano Pacífico. Por aquellos tiempos ya se sabía que las explosiones atómicas a gran altitud no pueden causar daños directos en tierra, pero presentan unas propiedades especiales que fueron un secreto absoluto durante más de treinta años, hasta el extremo de convertirse en un arma clave para la guerra nuclear sin que el público tuviera ningún conocimiento de ello. dijo: “Eran los daños causados por el EMP, tanto como los debidos a la explosión, el fuego y la radiactividad, lo que ensombrecía todos los estudios detallados sobre la posibilidad de recuperarse después de una guerra nuclear. Sin disponer de esencialmente nada eléctrico o electrónico, incluso en remotas áreas rurales, parecía sorprendentemente difícil que América pudiese recuperarse. La América posterior al ataque, en todos estos estudios, quedaba anclada a principios del siglo XX hasta que pudieran adquirirse en el extranjero equipos eléctricos y componentes electrónicos. Por razones obvias, todo el tema EMP era alto secreto y los seguimientos del Congreso se efectuaban a puerta cerrada. De hecho, esta es la primera sesión de seguimiento a puertas abiertas que recuerdo” Dr. Lowell Wood, director de proyectos avanzados en los Laboratorios Nacionales Lawrence Livermore, en audiencia ante el Congreso de los Estados Unidos, el 7 de octubre de 1999. No se lo dijeron a nadie, pero Starfish Prime modificó el campo magnético de la Tierra –específicamente, el cinturón interior de Van Allen– y creó un cinturón de radiación a su alrededor que dañó tres satélites. Durante muchos años, hubo que construir los satélites artificales con mayor blindaje debido a este hecho. De manera más notoria, ocurrieron cosas extrañas en las Islas Hawaii, situadas a casi mil quinientos kilómetros de distancia: se fundieron misteriosamente trescientas farolas del alumbrado urbano, se dispararon cientos de alarmas contra robo e incendio aunque no hubiera llegado ni la más mínima vibración, y el enlace interinsular de microondas de una compañía telefónica se quemó. Estas averías fueron reparadas rápidamente, sin dar ninguna explicación. La Unión Soviética protestó, como era de esperar, aunque sólo uno de sus satélites había resultado afectado marginalmente. Lo que no dijeron los rusos es que ellos tenían ya preparada sus propias pruebas para apenas tres meses después, relacionadas con el estudio de la Defensa Antibalística de Moscú: la serie K, que se hizo estallar en Kazajistán entre octubre y noviembre de 1962, con cinco cargas de hasta 300 kilotones. La tercera prueba de la serie, denominada poco imaginativamente K-3, detonó el 22 de octubre a 290 kilómetros de altitud, no muy lejos de la vertical de Jezkazgan, mientras el resto del mundo andaba ocupado con la Crisis de los Misiles de Cuba. Los científicos soviéticos monitorizaban muy discretamente una línea telefónica aérea de 570 km para medir los efectos de aquella energía secreta que parecía hacer cosas a los sistemas eléctricos a distancias enormes; para ello, la habían dividido en varios sectores de 70 u 80 km., instrumentados independientemente. Se puede imaginar su estupor cuando los 570 km quedaron fritos con corrientes de 1.500 a 3.400 amperios, con todos sus fusibles y disyuntores a gas, y con ellos toda la red de líneas secundarias. No sólo eso: también se incendió violentamente la central eléctrica de Karaganda, mientras 1.500 km de cables eléctricos subterráneos entre Astana y Almaty quedaban fuera de servicio, además de una cantidad incontable de daños menores. De nuevo, aquella energía secreta invisible e imperceptible había demostrado su capacidad de dañar gravemente la infraestructura civil y militar a distancias enormes mediante la sobrecarga masiva de los sistemas eléctricos y electrónicos radicalmente indispensables para cualquier forma de sociedad tecnificada. Al año siguiente, los Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron el Tratado de Limitación Parcial de las Pruebas Nucleares, prohibiendo todos los ensayos excepto los subterráneos, que después suscribiríamos hasta 123 países. La razón fundamental de este tratado fue reducir la cantidad de lluvia radiactiva que estaba ya contaminando toda la Tierra debido a las 331 pruebas atmosféricas norteamericanas, las 200 soviéticas y las decenas de Francia, el Reino Unido y China. El pulso electromagnético de gran altitud (HEMP). Cuando se produce un pico súbito de energía electromagnética, durante un periodo muy corto de tiempo, decimos que se trata de un pulso electromagnético. Podríamos afirmar que, por ejemplo, un rayo o un relámpago causan pulsos electromagnéticos naturales. Ya en 1945, durante las primeras pruebas nucleares en Nevada, se blindaron por partida doble los equipos electrónicos porque Enrico Fermi se esperaba alguna clase de pulso de estas características generado por aquellas bombas atómicas primitivas. A pesar de este blindaje, numerosos registros resultaron dañados o destruidos. Lo mismo les ocurrió a los soviéticos y los británicos, que llamaban a este efecto radioflash. Lo que ocurre es que, en una bomba atómica que estalla cerca del suelo, el pulso electromagnético es pequeño, tiene poco alcance y en general queda dentro del área de destrucción térmica y cinética ocasionada por el arma, con lo que no se detecta a primera vista. Pero en un explosivo atómico que detona fuera de la atmósfera terrestre, en el espacio exterior, este efecto es muy distinto y resulta amplificado a gran escala por el propio campo magnético natural terrestre. ¿Cómo es esto posible? Dentro de la atmósfera terrestre, los rayos gamma resultan absorbidos rápidamente por los átomos del aire, produciendo calor; parte de la devastadora energía termocinética que caracteriza a las armas atómicas se debe precisamente a esta razón. Pero fuera de la atmósfera terrestre, esta absorción no se produce, porque no hay aire ni nada digno de mención que se cruce en su camino: a efectos macroscópicos, viajan por el vacío. Y siguen haciéndolo a la velocidad de la luz, hasta volverse imperceptibles en la radiación de fondo. Algunos de los objetos más lejanos que conocemos son los brotes de rayos gamma, en el espacio profundo, precisamente porque esta radiación puede desplazarse sin muchas molestias a lo largo y ancho de todo el universo. Sin embargo, en una detonación próxima a la Tierra, la parte de esta radiación gamma que enfoca hacia el planeta viaja a la velocidad de la luz hasta alcanzar las capas exteriores de la atmósfera. Si se ha producido lo bastante cerca (típicamente, entre cien y mil kilómetros), esta esfera de radiación gamma en expansión no habrá llegado a disiparse mucho y billones de estos fotones de alta frecuencia chocan con los átomos del aire, a entre 20 y 40 km de altitud, cubriendo la extensión de un continente e incluso más. Entonces, se producen dos efectos curiosos. El primero es que los átomos de la atmósfera resultan excitados y se ponen a liberar gran cantidad de electrones libres de alta energía, por efecto Compton. A continuación, estos electrones resultan atrapados por las líneas magnéticas del campo terrestre y se ponen a girar en espiral en torno a las mismas. El resultado es una especie de "dinamo" gigantesca, del tamaño del planeta, con un "bobinado" (los electrones libres capturados) que gira a la velocidad de la luz. No giran mucho tiempo, pero da igual. Como consecuencia, se produce un inmenso pulso electromagnético que carga de grandes cantidades de electricidad el aire circundante y la tierra que está a sus pies. Estas cargas eléctricas ionizan intensamente la atmósfera, causando las bellísimas auroras boreales que dan nombre a la bomba del arco iris, y a continuación se abalanzan sobre todo lo que esté a su alcance con un potencial de decenas e incluso cientos de miles de voltios/metro. Especialmente, sobre los sistemas eléctricos y electrónicos. Típicamente, el pulso así generado tiene tres componentes, denominados –de manera igualmente poco creativa– E1, E2 y E3. Ninguno de ellos tiene la capacidad de dañar de manera significativa a la materia corriente o a las personas. El E3 es un pulso muy lento, con decenas a cientos de segundos de duración, ocasionando un efecto parecido al de una tormentas geomagnética muy severa; tiende a deteriorar o dañar las grandes líneas eléctricas y sus transformadores. El E2 es muy parecido al ocasionado por el relámpago, y resulta fácilmente neutralizado por los pararrayos y otras protecciones similares contra embalamientos energéticos. El E1, en cambio, es brutalmente rápido, casi instantáneo, y transporta grandes cantidades de energía electromagnética; por ello, es capaz de superar las protecciones corrientes contra rayos y otras sobrecargas, induciendo corrientes enormes, miles de amperios, en los circuitos eléctricos y electrónicos que quedan a su alcance: miles de kilómetros de alcance. El resultado es sencillo: los circuitos, simplemente, se fríen de modo instantáneo por todo el continente. Esto sucede sobre todo en aquellos que están conectados a antenas (pues una antena capta tanta energía electromagnética del aire como puede) y a líneas que actúen de antena (por ejemplo, los propios cables de la red eléctrica). Pero se ha documentado también muchas veces en circuitos apagados y desconectados, pues el pulso es lo bastante intenso para inducir corriente en su interior. Los microchips de alta integración en los que se basa toda nuestra tecnología presente, desde las grandes instalaciones industriales y energéticas hasta los aparatejos que nos compramos continuamente, son especialmente frágiles ante el componente E1 del pulso electromagnético, que quema con facilidad las uniones P-N por embalamiento térmico, tanto más cuanto más pequeños sean sus componentes. La subsiguiente dislocación de los sistemas SCADA, los controladores PLC y otros elementos clave de los sistemas que garantizan los servicios de la civilización actual puede poner fácilmente a una sociedad contemporánea de rodillas durante las primeras fracciones de segundo de un ataque así, incluso mucho antes de que empiece la guerra de verdad... en caso de que haga falta después de algo así. Se ha documentado que esta clase de circuitos pueden quedar dislocados con pulsos de 1.000 voltios/metro y la mayoría de ellos resultan destruidos por debajo de 4.000 voltios/metro. Un arma nuclear detonando en el espacio para generar pulsos electromagnéticos puede barrer fácilmente un continente entero con un potencial de entre 6.000 y 50.000 voltios/metro, incluso con potencias explosivas muy bajas, por debajo de 10 kilotones, menos que la primitiva bomba de Hiroshima. Aunque la documentación pública al respecto es ciertamente críptica, parece como si el componente E1 fuese en gran medida independiente de la energía total liberada por el arma (a diferencia del E3, que es directamente proporcional). Debido a la distribución característica de las lineas del campo magnético terrestre, y dado que la generación del pulso es totalmente dependiente de las mismas, su intensidad está relacionada con la latitud. El pulso tiende a ser débil cerca del ecuador e intenso en las latitudes intermedias donde se hallan Europa, Estados Unidos, China, Japón y las áreas más habitables de Canadá y Rusia. Su impacto sería mucho más notorio en sociedades altamente urbanas e industrializadas y menor en las zonas agrícolas subdesarrolladas o en vías de desarrollo. Las ciudades, que dependen de una infinidad de servicios garantizados por estas tecnologías y son prácticamente inhabitables en ausencia de los mismos, sufrirían de manera particular. Toda gran urbe depende de sus suministros y su pujanza económica; la capacidad del pulso electromagnético inducido para desarticular los suministros y suprimir la actividad económica les resultaría letal. Esto último nos hace observar un hecho singular: las armas de pulso electromagnético podrían ser una opción extraordinariamente interesante para países que se sientan en condiciones de inferioridad tecnológica o industrial respecto a un adversario. En un intercambio de bombas del arco iris, el bando más tecnificado e industrializado sufriría daños y dislocaciones de sus infraestructuras esenciales mucho mayor que el bando menos dependiente de la tecnología avanzada. Si las armas nucleares tienen en general una capacidad igualadora importante, las de pulso electromagnético llevan esta capacidad al extremo. Hipotéticamente, una nación agrícola atrasada y anclada a principios del siglo XIX no sufriría ningún daño por un ataque de estas características, mientras que una nación sofisticada, urbanita y avanzada sufriría pérdidas inmensas y correría grave riesgo de aniquilación. Efectos del HEMP dijo:“Los automóviles modernos dependen de los semiconductores y los microprocesadores; la posibilidad de que sufran daños catastróficos es, por tanto, extrema. Ninguno de los sistemas militares desprotegidos que hemos sometido a pruebas soportaba más de 10.000 voltios por metro [...] Las tormentas solares, de potencia muy inferior a esta distancia, han provocado cortes de electricidad muy severos. Existen múltiples razones para creer que las partes de nuestros sistemas de comunicaciones basadas en semiconductores, es decir su práctica totalidad, serían extremadamente vulnerables a un ataque EMP. Es razonable afirmar que muchos, si no todos los sistemas informáticos modernos expuestos a campos EMP de 50.000 voltios por metro, desde los portátiles hasta los grandes sistemas, dejarían de funcionar como mínimo. Y la mayoría de ellos se quemarían. Cualquier arma nuclear de cualquier tipo [generará EMP si se detona a la altitud adecuada]” Dr. Lowell Wood, op.cit. Durante un intenso ataque de pulso electromagnético de gran altitud (HEMP) un ciudadano corriente sólo notaría al principio que se ha ido la luz. Su sorpresa aumentaría al mirar su reloj (digital) de pulsera, querer usar el teléfono, encender su portátil o descubrir que al menos una parte de los coches y camiones han dejado de funcionar repentinamente y están formando grandes atascos: nada parece estar operativo. En muchas ciudades, que dependen de bombas para el correcto funcionamiento de la red de aguas potables, la presión de los grifos comenzaría a descender (y en otros puntos aumentar, hasta el extremo de reventar las tuberías). El personal de mantenimiento o emergencias que acudiera a reparar las averías e incendios descubriría que sus propios instrumentos están dañados y al menos una parte de sus vehículos inutilizados. Así reducido ya al estado de un campesino del siglo XIX sin saberlo, es posible que nuestro amigo o amiga pasara sus primeras horas esperando a ver si vuelve la corriente, leyendo a la luz de las velas, jugando con los niños o bajando al bar (donde no funciona ni la cafetera, ni la cocina) para echar la partida sin luz. En este momento, su vida sería aún parecida a quienes experimentaron algún gran apagón como este, este o este otro. Quienes trabajen o estudien lejos de sus casas tendrían muchos problemas para regresar, y es probable que debieran hacerlo a pie. Cuando pasa por delante de un hospital, se encuentra con largas colas en las puertas de urgencias. Aparentemente, tienen problemas para atender a los enfermos, y no digamos ya cuando se precisa una intervención quirúrgica. Oye decir que se les están agotando los medicamentos más utilizados. Un poco asustado, busca una farmacia abierta para adquirir los fármacos que usa la familia. No se los quieren vender sin receta, y de todas formas algunos ya no quedan. Por todas partes hay vehículos inútiles empujados malamente sobre las aceras y arcenes. Gracias a eso pueden circular ahora unos pocos trastos viejos, anteriores a la era de las centralitas digitales y el encendido electrónico. Nuestro ciudadano se asusta y decide regresar al hogar. Cuando pasa por cerca de la estación del tren, observa que allí tienen luz eléctrica. Al asomarse, descubre que han conectado una locomotora diésel-eléctrica del año del toor, a modo de generador. Las modernas máquinas computerizadas de alta velocidad, en cambio, parecen estar inutilizadas. En unos pocos días, a nuestro ciudadano ya no le queda comida, ni medicamentos, y el agua potable es de dudosa salubridad. La electricidad sigue sin regresar, pues las fábricas que debían construir los repuestos para hacer millones de reparaciones a gran escala también están destruidas. Se habla de que van a evacuar a la gente al campo. Pero, ¿en qué campos van a meter a los millones de habitantes de las ciudades? Desde la terraza, ve cómo se van formando las primeras colas de refugiados. Sólo entonces comprende que su vida y la de los suyos ha cambiado para siempre, propulsados a un mundo antiguo donde, realmente, ya no sabe cómo sobrevivir. dijo:Esto no son hipótesis. Este es el tipo de daño que vemos en los transformadores durante las tormentas geomagnéticas. Una tormenta geomagnética es una variante muy suave, muy sutil, del llamado componente lento del EMP . Así que cuando estos transformadores quedan sometidos al , básicamente se queman, no debido al propio EMP sino a la interación del EMP con la operación normal del sistema eléctrico. Los transformadores se queman y cuando se queman así, señor, ahí se quedan y no se pueden reparar. Deben reemplazarse, como usted apuntó, desde fuentes extranjeras. Los Estados Unidos, como parte de su ventaja competitiva, ya no producen grandes transformadores eléctricos en ningún lugar. Toda la producción está deslocalizada en el exterior. Y cuando quiere usted uno nuevo, lo pide, y entonces hay que fabricarlo y entregarlo. No se almacenan. No hay inventario. Se fabrica, se embarca y se entrega por medios muy lentos y complejos porque son objetos muy grandes y masivos. Vienen despacio. El retraso típico desde que ordena usted uno hasta que lo tiene en servicio es de uno a dos años, y eso es si todo sale estupendamente [y tiene usted dinero para pagarlo.] Dr. Lowell Wood, en otra comparecencia ante el Senado de los EEUU, 2005. Uso militar del HEMP: destruyendo la civilización a continentes dijo:“Los soviéticos planificaron un ataque EMP muy extenso contra los Estados Unidos y otros objetivos [...] Un ataque así causaría billones de dólares en daños infraestructurales [...] A finales de la Guerra Fría [...] sólo la Unión Soviética tenía la capacidad de montar ataques EMP contra los Estados Unidos, y muy probablemente lo haría como el primer golpe de una lucha a muerte realizada con medios técnicos protegidos contra EMP. Las respuestas indicadas a cualquier ataque EMP eran bien claras. La capacidad soviética máxima para imponer esos ataques existe todavía en las fuerzas estratégicas de la Federación Rusa, y predigo sin duda ninguna que seguirá existiendo durante muchas décadas [...] Cualquier país que disponga de un arma nuclear del tipo de las utilizadas en la II Guerra Mundial [y un cohete capaz de transportarla al espacio] puede realizar un ataque EMP.” Dr. Lowell Wood, op.cit. (1999) Se ha postulado insistentemente que las armas de pulso electromagnético y otras aún más esotéricas como las de oscurecimiento constituirían el compás de apertura de la guerra nuclear. Un país así atacado a escala continental sufriría grave desarticulación de sus sistemas defensivos, y muy especialmente en sus radares y telecomunicaciones radioeléctricas. Pero, si bien todos los medios militares que se pueden proteger suelen estar protegidos, su efecto sobre la infraestructura civil resultaría tan devastador que un atacante podría optar por utilizar únicamente esta técnica para asestar un golpe terrible sin iniciar una guerra nuclear a gran escala. Un solo cohete con una sola cabeza detonando en el espacio exterior, lejos de cualquier sistema antimisil del presente o del futuro próximo, puede provocar con facilidad esta clase de efectos a mayor o menor nivel. Hace tiempo que los científicos rusos y chinos publican abiertamente artículos sobre las posibilidades de construir armas de "súper-EMP", diseñadas específicamente con objeto de llevar esta clase diferente de destrucción a sus límites teóricos máximos. Para potencias que disponen desde hace décadas de tecnología de armas nucleares avanzadas, misiles balísticos y cohetes espaciales, el coste de tales opciones es ridículamente bajo. Incluso países mucho más atrasados como Corea del Norte podrían llevar a cabo un ataque de este tipo con éxito, lo que seguramente explica algunas realidades presentes de la política internacional. Curiosamente, un ataque de pulso electromagnético sólo se puede realizar una vez, y luego hay que esperar a que la atmósfera se descargue para repetirlo: cuando el aire está altamente ionizado por la detonación precedente, los siguientes pulsos "se ponen a tierra" y no hacen gran cosa. Por este mismo motivo se prefieren armas de fisión de una sola etapa en vez de armas de fusión multietápicas, o se corre el riesgo de que el pulso generado por la pequeña carga iniciadora debilite los efectos de las siguientes etapas. Por su capacidad para causar grandes daños en un área inmensa a un coste ridículo, de manera difícilmente evitable y con la hipotética posibilidad de desarticular por completo la sociedad atacada durante un periodo de tiempo indeterminado, es muy probable que este tipo de armas se utilizaran en cualquier conflicto que escalara al nivel nuclear.] Armas de pulso electromagnético no nucleares Se han postulado diversas armas electromagnéticas de alcance reducido, con el propósito de realizar ataques selectivos contra una instalación o vehículo determinados. Ya en 1951, Andrei Sajárov y su equipo propusieron en la URSS un cierto generador por compresión de flujo mediante bombeo explosivo, que fue reproducido poco después en el Laboratorio Nacional Los Álamos estadoundense. Los generadores Marx usados en la investigación de los efectos del pulso electromagnético constituyen otra posibilidad, aunque son caros y voluminosos para una aplicación militar en el campo de batalla. Un dispositivo llamado vircator puede convertir con facilidad la energía producida por estos generadores en fuertes pulsos locales, con un alcance de decenas o cientos de metros. No se ha documentado con claridad el uso de este tipo de armas en guerras reales, probablemente porque están envueltas en un velo de secreto, los sistemas militares suelen estar protegidos contra pulsos y las redes eléctricas civiles se suprimen con más facilidad y de manera más selectiva mediante el uso de bombas de grafito. Defensa contra pulsos electromagnéticos Es conceptualmente sencillo proteger una instalación o equipo contra pulsos electromagnéticos, y en ocasiones hasta barato: si la defensa se implementa en la fase de diseño, puede llegar a encarecer el producto final en cantidades tan bajas como un 5% (aunque en otros casos llegue a superar el 100%). Sin embargo, esto sólo es aplicable a determinadas instalaciones y dispositivos, y una protección fuerte contra pulsos electromagnéticos militares presenta numerosos problemas de índole práctica (y económica). Uno de estos problemas sustanciales radica en que, para proteger una instalación o equipo contra esta clase de ataque, la única aproximación verdaderamente eficaz consiste en encerrarlo en una caja o jaula de Faraday. Sin embargo, una jaula de Faraday perfecta resulta más fácil de decir que de hacer, sobre todo cuando hablamos de instalaciones voluminosas como una central eléctrica o telefónica, una estación de transformación, una refinería o una planta industrial. Entre otras cosas, requiere un costoso mantenimiento constante, para evitar que la humedad, la oxidación o incluso cosas como pequeños corrimientos de tierra que generen grietas en el subsuelo dejen un "paso libre" al pulso. Otro problema importante radica en que las propias redes (eléctrica, telefónica, incluso la de aguas y alcantarillado...) pueden transportar el pulso con facilidad al interior de la instalación o dispositivo. Todo contacto con el exterior debe estar defendido con componentes dieléctricos, fusibles o disyuntores ultrarrápidos –raros y caros, pues como ya hemos mencionado las protecciones contra el rayo no sirven contra el componente E1 del pulso– o, incluso, mediante el uso de equipos totalmente autónomos situados dentro de la jaula. Resulta especialmente complicado proteger los dispositivos provistos –externa o internamente– de antenas o de cableados o circuitos que actúen como una antena, dado que la naturaleza de las mismas es precisamente captar tanta energía electromagnética de la atmósfera como sea posible. Esta clase de aparatos quedarán destruidos con facilidad durante un ataque de esta naturaleza, e incluso pueden llegar a incendiarse o estallar. Prácticamente todos los equipos electrónicos que utilizamos cotidianamente y las redes que los alimentan son susceptibles de actuar como una antena. Investigación de los pulsos electromagnéticos Los procesos y efectos de los pulsos electromagnéticos de gran altitud se estudian fundamentalmente por dos vías. Una de ellas son los generadores Marx, capaces de inducirlos localmente sobre los equipos que se desea poner a prueba. De esta forma, se pueden descubrir sus efectos sobre cada aparato específico y sobre las protecciones que se les puedan haber implementado. Pese a que estos equipos son costosos y muy voluminosos, son numerosos los países que han trabajado con los mismos: Estados Unidos, la URSS y luego Rusia, China, el Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, Suiza e Italia. Para comprender la manera como se generan estos pulsos y otros fenómenos similares de utilidad tanto civil como militar se utilizan las instalaciones del tipo del HAARP, tan del gusto de los conspiranoicos (aunque nunca sean capaces de acertar a qué se dedican realmente, y desde luego no tiene nada que ver con los terremotos). Tanto el HAARP norteamericano (con su potencia de 3,6 MW... hay cadenas de radio que emiten más energía) como la instalación rusa de Sura (190 MW, 53 veces más) o el EISCAT europeo (cerca de un gigavatio total) y algunos otros de menor potencia son equipos de calentamiento ionosférico por radiación electromagnética. Estas instalaciones permiten simular de manera limitada el bombeo de rayos gamma y X en las capas exteriores de la atmósfera característicos de una carga nuclear EMP (y también de un montón de fenómenos naturales, como la radiación solar). Sin que el mundo lo supiera, las principales potencias han dispuesto durante más de cuarenta años de un arma capaz de acabar con la civilización tecnológica moderna en apenas una fracción de segundo. En vez de corregir discretamente esta debilidad, la evolución de las sociedades y los mercados hacia unas tecnologías cada vez más delicadas y una economía donde se tienden a presionar todos los costes a la baja han magnificado el riesgo de que un ataque así suprima radicalmente los medios técnicos de una nación moderna y la envíe de vuelta al siglo XIX... en un tiempo donde ya nadie recuerda cómo se sobrevivía en el siglo XIX. Al igual que ocurre con las armas nucleares, no hay manera de desinventar el pulso electromagnético; sólo queda protegerse contra él. La pregunta es si queremos. Si queremos pagarlo, claro. Fuente
Atrapado en la "Mammoth Cave" Cuando en 1925 Floyd Collins entró en la Mammoth Cave, la cueva más larga del mundo, poco se dio cuenta de que muy pronto se convertiría en un héroe popular nacional. Su atrapamiento y los posteriores esfuerzos para liberarlo atrajo la atención mundial, convirtiéndose en uno de los eventos noticiosos más sensacionalistas del siglo XX. Durante dos angustiosas semanas se prolongó la lucha por salvar a Floyd Collins de una muerte segura. William Burke Miller fue protagonista en este dramático suceso, un reportaje que describe en primera persona su participación en el drama, un trabajo que le reportó el Premio Pulitzer.] El 2 de febrero de 1925, un pelirrojo, delgaducho y novato reportero del Courier Journal de Louisville, había ido a comprobar el rumor de que un hombre llamado Floyd Collins se hallaba atrapado en una caverna subterránea. Las grutas habían ejercido siempre extraña fascinación sobre Floyd. Años atrás, yendo en persecución de una marmota había descubierto la caverna conocida con el nombre de Gruta de Cristal, que más tarde se convirtió en una lucrativa atracción turística. Cuando William Burke Miller llegó al borde del profundo barranco en el cual, bajo un rocoso resalto, se abría la entrada de una gran cueva de arena,.. se encontró con un gran número de hombres agrupados en torno a una fogata, entre ellos Homer Collins, cubierto de lodo y tiritando de frío. Momentos antes había vuelto de la cueva, en la que penetró para tratar nuevamente de salvar a su hermano…Con mirada interrogativa y sacudiendo la cabeza, lamentaba el suceso de su hermano que contaba con 37 años de edad. El primero en internarse en la cueva en busca de Floyd fue su hermano, reptando por el estrecho, tortuoso, húmedo y oscuro socavón llegó hasta Floyd, quien tenía el pie cogido en una grieta de la cual le impedía escapar, estaba embutido en aquella angosta galería subterránea como el corcho en el cuello de una botella. Dos días con sus noches llevaba Homer de hacer repetidos viajes al interior de la cueva, a fin de proporcionar alimentos a Floyd, así como sacos para resguardarse de la humedad. Fue entonces cuando el novato reportero del Courier Journal decidió descender para ofrecer una noticia de primera mano. Avanzando a rastras quedó poco a poco envuelto en la oscuridad más completa. A pesar de ser delgaducho, tenía que contener la respiración al deslizarse por los sitios más estrechos del pasadizo, tras un buen rato de descenso y presa de espantosa soledad, gritó “Floyd, hola, esta ahí?“…la única respuesta fue su propia voz devuelta por el eco. Llego al fin hasta una pendiente muy inclinada,..tras resbalar en la oscuridad dio de cabeza contra una masa húmeda que se movía,.. era Floyd Collins, yacía de lado, con el brazo izquierdo debajo del cuerpo y el derecho oprimido contra el costado por una piedra saliente. Sus primeras palabras fueron “tapeme, tapeme….el agua“…dijo con voz quebrada…El agua había estado goteando de continuo sobre su cara, un verdadero suplicio y tortura. Como ningún auxilio podía prestarle en esas circustancias, le dirigió unas palabras de consuelo y tomó el penoso camino de vuelta hacia la salida de la cueva. Aunque la distancia desde la superficie, en linea recta, era sólo de 18 metros, las vueltas y revueltas del pasadizo lo alargaban mucho metros más, y si todo esto va acompañado de mucha agua y fango, resultaba una labor de rescate casi imposible. Pero la esperanza es lo último que se perdió, y de nuevo el joven Burke decidió emprender otro descenso a la cueva. Esta vez acompañado de Homer y el bombero Robert Bardon, llevaban alimentos y un aparejo con el cual prometían librar a Floyd…Pero lo angosto del pasadizo y lo resbaloso del suelo privaba de un buen punto de apoyo,..lamentablemente fue imposible mover a Floyd Collins. Para más inri, a poco de haber salido, una parte de la cueva se derrumbó obstruyendo el pasadizo que llevaba al lugar donde yacía Floyd. Al día siguiente el 3 de febrero, su aflictiva situación había conmovido al mundo entero. Docenas de periodistas acudían a lo que acabó por conocerse con el nombre de La Caverna de Arena. La Cruz Roja mandó enfermeras, material de urgencia, tiendas y catres de campaña para quienes se prestasen en ayuda del salvamento. De todas partes recibían telegramas con recomendaciones y frases alentadoras, además de donativos que sumaron miles de dólares. Un centenar de peones del ferrocarril de Louisville y Nashville llegaron a fin de ayudar en los trabajos de excavación, incluso una señora de Chicago ofreció un avión privado con dos cirujanos, para que, en caso necesario amputasen a Collins el pie que le tenía aprisionado….El mundo vivía en ansiosa expectativa las noticias sobre aquella lucha mortal. Los informes y la entrevista del joven Burke realizada sobre el pobre Collins fueron ampliamente distribuidos a través del telégrafo e impreso por multitud de periódicos de todo el país, y los intentos de rescate fueron seguidos por boletines de noticias difundidas a través de la radio.. En una de las entrevistas se notó a Floyd tremendamente agotado, dijo que había visto en sueños ángeles que montados a lomos de caballos blancos, le traían emparedados de pollo…Su mente comenzaba a deteriorarse. La incertidumbre creo un gran circo mediático, las autoridades tuvieron que despachar tropas de la Guardia Nacional para contener a la hormigueante muchedumbre que se agolpaba a la puerta de la cueva. Según suele acontecer durante sucesos que conmueven hondamente, al lado de la emoción generosa asomaba el interés egoísta….Mientras los voluntarios trabajaban sin darse reposo y en condiciones penosas, los vendedores pregonaban bocadillos y buenas vistas de la Gruta de Cristal. No había otra solución, remover la entrada podría ocasionar otro derrumbe, así que con sombría y tenacidad los voluntarios se precipitaron a excavar un túnel alternativo. Como el empleo de dinamita o maquinaria pesada podría exponerse a un nuevo derrumbe se utilizó únicamente el pico y la pala. En el teatro del drama, al lado de obreros diestros en tales faenas, escolares inexpertos cavaban afanosamente el pozo que iba penetrando con desesperante lentitud…Muchos fueron los problemas que encontraron, arenas movedizas que cegaban la excavación, grandes capas de roca viva que les era preciso romper a golpe de acotillo y como no la climatología que no fue del todo benevola con el equipo de salvamento. En tanto continuaban excavando día y noche, disminuían más y más las esperanzas, éste llevaba 7 días sin probar alimento alguno. Una vez alcanzada la profundidad de 17 metros, se comenzó a cavar un túnel en linea lateral hacia el lugar donde yacía Floyd. El 16 de febrero al mediodía el túnel desembocó unos metros arriba, súbito silencio reino entre los allí presentes, Ed Brennan, minero que había trabajado sin cesar en la excavación, se deslizó en la gruta,..instantes después, al volver de allí dijo tristemente esta sola palabra…“Muerto“. El médico forense reunió un jurado en el cenagoso fondo del túnel. Uno a uno se deslizaron los miembros del jurado para identificar a Floyd Collins y atestiguar su fallecimiento. Se acordó darle sepultura en el mismo lugar que yacía, su hermano se introdujo a rastras para acercarse al cadáver y asearle suavemente la desfigurada faz…Después cerraron por completo la entrada de la cueva. El reverendo Roy Biser pronunció la oración fúnebre,…“Grutas y cavernas estuvieron siempre en la mente de Floyd Collins, duerme ahora en paz en su sepulcro de piedra“. Pasaron muchos años hasta que se volvió abrir la entrada, el cadáver de Floyd Collins fue trasladado a la Gruta de Cristal, la hermosa caverna descubierta por él cuando perseguía una marmota. Allí reposa en un ataúd de plata. Pese a haber fracasado, no fueron en vano los esfuerzos hechos para salvarle. Padeció indecibles torturas cuya sola idea de pensarlo causa escalofríos, una historia que hiela el corazón al más valeroso, comentó William Burke Miller concluyendo su artículo para el Courier Journal que le valió por su seguimiento un premio Pulitzer. La vida y la muerte de Floyd Collins ha sido inspiración de documentales, libros e incluso musicales, así como adaptación de cuentos y canciones a menudo contadas por espeleólogos. Uno de los libros más significativos fue “Atrapado“, documentado por Roger W. Brucker y Robert K. Murray, publicado en 1983. Pequeño resumen con imágenes de la triste y mediática historia que produjo en su momento… FUENTE

Pocos lugares más seguros, y llenos de actividad, podían encontrarse en el mundo que fueran comparables al Laboratorio Nacional de Los Álamos en Nuevo México en el verano de 1945. Dos bombas atómicas habían hecho caer al Imperio del Japón, con lo que la Segunda Guerra Mundial había encontrado un brusco y trágico final. Pero la carrera para desarrollar armas nucleares no había hecho más que nacer. Entre el ejército de científicos y técnicos que trabajaban en el laboratorio donde se crearon esas primeras armas nucleares se hallaba Harry K. Daghlian, un físico de apenas veinticuatro años al que le quedaban pocos días de vida, aunque el incauto chaval no tenía ni idea del destino que le esperaba. Al término de la guerra, cuando la mayor parte del material fisible del laboratorio había sido destinado a las bombas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki, era necesario realizar algo parecido a un inventario. Sí, entre manos tenían todavía material como para fabricar otra bomba. Ese material, concretamente plutonio, fue inicialmente reunido para dar vida a una tercera bomba destinada también a Japón. El fin de la contienda mundial cambió el destino de la siniestra partida de plutonio: a partir de entonces serviría para ensayar diversas técnicas de mejora en el procedimiento de creación de armas nucleares y, finalmente, formaría parte de las explosiones de prueba del experimento Crossroads. Allí estaba, aparentemente inofensivo, confinado en instalaciones blindadas, incapaz de alcanzar masa crítica pues nadie iba a ser tan inconsciente de jugar con la esfera de plutonio o, al menos, nadie pensaba en la posibilidad de tal error. Una noche, en soledad y saltándose varias normas de seguridad y de sentido común, Daghlian decidió continuar con uno de los experimentos previstos. La verdad, no me imagino qué se le pudo pasar por la cabeza porque, ¡estamos hablando de plutonio no de plastilina! Modelo de esfera de plutonio rodeada de piezas de carburo de tungsteno. El núcleo de plutonio se encontraba reposando frente a Daghlian, incapaz de alcanzar la condición crítica gracias a que a su alrededor se hallaba dispuesta toda una selva incompleta de ladrillos de carburo de tungsteno reflectores de neutrones. El rompecabezas era intrincado y muy delicado, todo se hallaba dispuesto para que los ladrillos de carburo actuaran de tal forma que el núcleo de plutonio pudiera alcanzar una reacción de fisión controlada en el momento previsto. En ese punto Daghlian decidió continuar con el experimento en medio de la noche y, además, completamente solo. Nada parecía poder salir mal, pero así fue. Cuando procedía a cambiar la configuración de los bloques de carburo, uno de ellos se le escurrió de las manos y cayó. Podría haber terminado en el suelo, o haber golpeado el armazón de metal pero fue a caer donde no debía. Si alguna vez se preguntó qué sucedería si uno de los bloques golpeaba el núcleo de plutonio y cerraba la “pantalla” de neutrones, estaba a punto de averiguarlo. Ni siquiera pudo parpadear, un destello azulado invadió la sala y Daghlian comprendió que nada bueno estaba sucediendo. Apresuradamente, como si tuviera entre manos una sartén candente, manipuló torpemente el laberinto de ladrillos de carburo para atrapar la pieza que había caído en el núcleo. Ya era demasiado tarde porque, aunque pudo volver a colocar el conjunto en el lugar preciso y detener la reacción, para entonces había recibido una dosis de radiación ionizante de neutrones cercana de los 510 rems procedente de una reacción que implicó unas 1016 fisiones, tal y como estableció más tarde la comisión encargada de investigar el accidente. Apenas cuatro semanas más tarde, el 15 de septiembre de 1945, con graves quemaduras y daños causados por radiación, Daghlian falleció. Por desgracia, el núcleo de plutonio permaneció en las instalaciones, sometido a muchos otros experimentos, pero no había terminado su cosecha de accidentes con la vida del joven físico. El incidente sucedido el 21 de agosto de 1945 fue seguido de incluso más grave. Fue el 21 de mayo de 1946 cuando Louis Slotin, un físico mucho más experimentado que Daghlian y, esta vez sí, acompañado de un equipo de colaboradores y siguiendo, al menos inicialmente, todos los protocolos de seguridad establecidos por entonces para manipular plutonio, se enfrentó a un error mortal. Slotin y sus siete compañeros se encontraban colocando dos hemisferios de berilio capaces de reflejar neutrones alrededor del núcleo de plutonio. Desde entonces toda manipulación de este tipo se efectúa a distancia, gracias a sistemas de control remoto y robots porque, lamentablemente, Slotin pudo comprobar que trabajar con uno de los elementos más peligrosos no era cosa de broma, por mucha precaución que se tomara siempre podía cometerse un error. Una recreación del incidente del año 1946. La media esfera se observa pero el núcleo al interior no. Obsérvese el hemisferio de berilio levantado por un destornillador. Todo marchaba bien, las dos piezas de berilio se iban aproximando, a mano, hasta encajar y rodear por completo al núcleo. Pero, ay, algo que parece tan sencillo como unir dos piezas perfectamente diseñadas para que casen una con la otra se convirtió en algo complicado. Slotin improvisó y, pensando que sería buena idea, manipuló los hemisferios de tal forma que un destornillador hizo las veces de cuña separadora entre ellos de forma temporal. El protocolo del experimento no contemplaba el uso del destornillador pero, ¿acaso podía causar algún daño? Lo hizo, las dos piezas liberadas de sus soportes y apenas separadas por la punta del destonillador se movieron entre las manos de Slotin. El destonillador cayó, junto con una de las piezas de berilio y, libre de apantallamiento de forma súbita, el núcleo de plutonio entró en reacción crítica de la que emanó tal cantidad de radiación ionizante que el aire en la sala empezó a brillar con siniestro tono azulado. Apenas fueron unos segundos, lo suficiente como para que Slotin sintiera cómo le comenzaba a arder el interior de su cuerpo y la boca se le llenaba de un desagradable sabor. Soltó instintivamente la otra pieza de berilio y la reacción se detuvo, ya no había vuelta atrás, pero al menos el resto de los presentes no estuvo tan expuesto a la radiación como Slotin. Se estima que recibió cerca de 2100 rems de radiación de forma súbita o, lo que es lo mismo, tanta radiación como la que hubiera recibido de haberse encontrado cerca de una explosión nuclear. El 30 de mayo de 1946 falleció irremediablemente a causa de los daños provocados por la radiación surgida del pedazo de plutonio que, a partir de entonces, fue conocido en Los Álamos como "El Corazón del Demonio". El corazón del demonio fue considerado para ser usado en otra arma nuclear en contra de Japón. Sin embargo fue destinado a ser utilizado en los ensayos de la Operación Crossroads, demostrando que los experimentos críticos de Daghlian y Slotin incrementaban la eficiencia del arma. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=yhh8Y_sNx6s Fuente Fuente 2

Su nombre autentico era William Frederick Cody y era el prototipo del vaquero del lejano oeste, la máxima expresión de la lucha por el sueño americano de la época. Perteneció al Séptimo de Caballería, donde hizo carrera luchando primero junto a la Unión durante la guerra civil estadounidense y contra los indios después. A su salida del ejercito, donde llegó a recibir la medalla de honor, William saltó de un trabajo a otro constantemente, siempre subiendo en la escala social; trabajó como trampero, como correo en el famoso pony express, de encargado de caravanas, de conductor de diligencias, como propietario de un hotel, y finalmente acabó en el mundo del espectáculo. Por aquella época se llevaban los grandes espectáculos, los grandes circos, los rodeos y los actores viajeros. Y otro de esos vaqueros legendarios, Pawnee Bill, era el propietario de un espectáculo llamado, "El lejano Este del gran Pawanee Bill". El socio capitalista en el espectáculo de Pawnee fallece y es entonces cuando Pawnee convence a Bufallo de que compre la parte del negocio de su fallecido socio, negocio que por cierto, era un desastre financiero. Bufallo accede, vende su hotel y compra la mitad del espectáculo, que pasaría a llamarse "El salvaje Oeste de Buffalo Bill y el Lejano Este de Pawnee Bill". El nuevo espectáculo sería todo un éxito, pero desafortunadamente la alianza duró poco, Pawnee perdió su parte del negocio a manos de un prestamista y Buffalo Bill se quedó solo. El circo vuelve a cambiar de nombre. Es ahora cuando el espectáculo adquiere su mayor fama convirtiéndose en algo grandioso, casi extravagante, llegando a estar formado por cerca de 1.200 personas de las nacionalidades más variadas (turcos, gauchos, árabes, mongoles, cosacos...) y un sinfín de animales. Cody demostró tener un afinado instinto para los negocios y un gran don de gentes; consiguió atraer bajo su sombra a grandes celebridades como son "Calamity Jane", "Wild Bill" Hickock, y su mayor logro, Toro Sentado. Toro Sentado y Bufallo Bill. 1885 Y es que a pesar de haber luchado contra los indios en el pasado, se las ingenió para que el jefe Siux y veinte de sus guerreros le acompañaran de gira por todo los Estados Unidos, parte de Centro América y Europa. En 1887, su gran circo, probablemente el más grande del mundo en aquellas fechas, salta el charco y comienza su gira europea en Inglaterra donde llega a actuar para la reina Victoria. Posteriormente pasaría por Bélgica, Francia, y por fin, España. El 21 de Diciembre de 1890, Buffalo Bill y su circo llegan a Barcelona con sus legendarios indios y sus asombrosos e imponentes búfalos, y se convierte inmediatamente en el acontecimiento del año a pesar de que el circo ya no cuenta entre sus filas con una de sus principales estrellas. Toro Sentado, ya retirado del show, había fallecido en el transcurso de ese mismo año en tierras estadounidenses a manos de unos policías indios pagados por el gobierno de los EEUU. El mes y medio que duró la estancia del circo en Cataluña tampoco esta exento de anécdotas y desgracias. Al poco de llegar, gran parte del personal del espectáculo enferma, probablemente contagiados de gripe o cólera, y son muchos los que mueren, entre ellos, diez indios de Dakota, que continúan enterrados en Barcelona. Poco después, el propio Buffalo acude a las autoridades catalanas pidiendo ayuda. El circo estaba instalado en el barrio de Gracia y, fuera casualidad o no, dos niñas de dicho barrio desaparecieron, lo que hizo que los vecinos enseguida desconfiaran de los salvajes indios a pesar de que ellos aseguraban ser inocentes. A partir de ese momento se hizo necesaria la presencia de la policía para evitar que los vecinos se atrevieran a linchar a alguno de los indios. No se sabe si el estrés provocado por estos contratiempos fueron la causa del tremendo dolor de muelas que sufrió después Buffalo Bill, pero lo que si se sabe es que fue atendido en el aun existente hospital Sant Pau i de la Santa Creu, donde le extrajeron la muela. Evidentemente no todos los días se le extrae una muela a todo una leyenda, así que en el hospital colocaron orgullosos la famosa muela en una vitrina, donde permaneció expuesta durante años hasta que fue robada por algún fan fetichista. Fuente

Así era la animación generada por computadora en 1990 En 1990 la animación generada por computadora era una práctica desconocida para el público en general. Para paliar en parte esta circunstancia y dar a conocer las posibilidades que ofrecía, la empresa Odyssey Productions reunió ese año los cortos y demos de cientos de especialistas en este campo, que por aquél entonces se encontraba todavía en ciernes, y creó una compilación llamada The Mind's Eye. Uno de los capítulos de esta serie, cuyos derechos compró la cadena de televisión por cable YTV, se tituló Heart of the Machine. link: http://www.youtube.com/watch?v=M2NyostewAQ Como ves, el apartado técnico es muy correcto teniendo en cuenta que han pasado 20 años desde entonces. Más aún si lo comparamos, por ejemplo, con este corto de terror creado con un Amiga 500: link: http://www.youtube.com/watch?v=rXUb4gdgpbI Y ya que estamos metidos en el tema: ¿sabés cuál fue el primer corto de animación, en qué año salió y quién lo hizo? Para contestar a estas preguntas, debemos remontarnos a 1984, cuando haciendo uso de un supercomputadora Cray X-MP/48, que utilizaba 4 procesadores y poseía una memoria RAM de 64 MB, The Lucasfilm Computer Graphics creó una pieza de sólo 2 minutos de duración llamada The Adventures of André and Wally B. Más de un cuarto de siglo después de su concepción, sigue llamando la atención sobremanera su excelente apartado técnico: link: http://www.youtube.com/watch?v=2doT5t51HGs Un par de años más tarde, los integrantes de esta división de Lucasfilm tomaron su propio camino y crearon una compañía que revolucionó Hollywood: Píxar. El resto es historia. Fuente

La Tierra sufre la mayor Tormenta Solar en 3 años La más poderosa Tormenta Geomagnética desde diciembre de 2006 golpeó a la Tierra el pasado lunes, un día antes de lo esperado. Afortunadamente, la tormenta no fue lo suficientemente intensa como para interferir en la redes eléctricas o en los satélites, pero desencadeno deslumbrantes e increíbles auroras en lugares como Islandia. Una aurora boreal es el telón de fondo para el volcán sobre el glaciar Eyjafjallajökull . Foto Albert Jakobsson . El 3 de abril, la sonda espacial SOHO avistó una nube de partículas cargadas, una Eyección de Masa Coronal (CME) disparada desde el sol a 500 kilómetros por segundo. Esta gran velocidad hizo pensar que el frente impactaría en nuestro planeta en aproximadamente tres días. dijo:"Esta onda es muy peligrosa ya que, si llega a la Tierra y su campo magnético está orientado al sur, puede dañar los circuitos eléctricos, los transformadores y los sistemas de comunicación, además de reducir el campo magnético de la Tierra por un período. Cuando esto ocurre, se dice que hay una tormenta solar. Sin embargo, si está orientado al norte, rebotará inofensivamente en la magnetosfera" Wiki. Foto Lance Parrish, a 20 millas al Noreste de la ciudad de Fairbanks en Alaska. Una fulguración solar, es una onda de radiación y viento solar que se desprende del Sol. Tiene un periodo llamado 'Actividad Máxima Solar', que ocurre cada 11 años. En 1859 se produjo la tormenta solar más potente registrada en la historia. En agosto de ese año se observaron auroras hasta en el sur del Caribe. Su pico de intensidad causó el fracaso de los sistemas de telégrafo en toda Europa y América del Norte. La próxima tormenta solar se espera para el 2012. FUENTE
X-20A Dyna-Soar: un transbordador en 1957 Aunque prácticamente desconocido en la actualidad, el X-20A Dyna-Soar desarrollado hace más de 50 años puede considerarse con toda justicia el “abuelo” del transbordador espacial. La historia comienza en 1957, poco después del éxito del Sputnik, cuando la Fuerza Aérea estadounidense se propuso construir un vehículo apropiado para reparar satélites, espiar el territorio enemigo, destruir misiles en vuelo y -naturalmente- realizar ataques nucleares “sorpresa” a la hoy desmembrada URSS. Esta es la historia del Dyna-Soar, el primer avión espacial con capacidad de ser reutilizado como un avión convencional. En los comienzos de la Guerra Fría, y prácticamente en el mismo momento en que los rusos enviaban el primer satélite al espacio, los estadounidenses reunidos en la conferencia sobre vuelo hipersónico celebrada por el Centro Ames en octubre de 1957, se plantearon la a la posibilidad de construir un avión muy especial: uno reutilizable, que pudiese salir al espacio, realizar diferentes tareas relacionadas con la incipiente industria aeroespacial y de defensa, y volver a tierra listo para encarar una nueva misión. El futuro vehículo fue llamado X-20A Dyna-Soar (por DYNAmic SOARing), que pronunciado en ingles suena casi igual que "dinosaurio". El diseño de este avión espacial con la capacidad de ser utilizado como una aeronave convencional se basó en diversos proyectos anteriores, como el bombardero intercontinental Silbervogel que el austriaco Eugen Sänger concibió en 1934. Esquema del X-20A Dyna-Soar El nuevo aparato debía ser capaz de efectuar reconocimientos fotográficos sobre el territorio enemigo, desde una altura que lo mantuviese a salvo de los misiles hostiles. La posibilidad de reparar satélites propios (o destruir los del enemigo) en órbita junto a la ventaja que proporcionaría un vehículo capaz de arrojar bombas nucleares sobre la URSS con solo tres minutos de preaviso (contra los más de 20 minutos “de ventaja” que otorgaban los ICBM) generaba sueños húmedos en los generales de la época. Por extraño que parezca, esta gran versatilidad -que finalmente fue vista como la ausencia total de un objetivo claro- fue lo que terminó cancelando años más tarde el proyecto Dyna-Soar. Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=1spbZ9o4N8k Los ingenieros comenzaron a trabajar en el diseño, y el 21 de diciembre de 1957 la USAF tuvo lista la directiva N464L, que describía al detalle los pasos necesarios para desarrollar el X-20A. Según este documento, antes de alcanzar el espacio habría que hacer varias pruebas con prototipos a escala efectuando vuelos suborbitales no tripulados. Recién cuando todos estos ensayos estuviesen listos, se intentarían los primeros lanzamientos de modelos orbitales tripulados. La falta de antecedentes en la materia engañó a los ingenieros, quienes en principio creyeron que se trataba de un desafío relativamente simple, y que en pocos años el enorme presupuesto que manejaba la Fuerza Aérea estadounidense les permitiría disponer de una flota formada por varios Dyna-Soar. El tiempo se encargaría de demostrarles qué tan equivocados estaban. La directiva N464L describía los pasos necesarios para desarrollar el X-20A Uno de los primeros problemas que enfrentaron fue el diseño de una forma aerodinámica capaz de resistir una zambullida en la atmósfera terrestre a más 28 mil kilómetros por hora. Dejando de lado los ICBM, jamás habían pensado en nada parecido. El diseño debía permitir además que el X-20A fuese capaz de efectuar maniobras a esa velocidad en la parte alta de la atmósfera, y resistir las altísimas temperaturas que se producirían fruto del roce atmosférico. Cuando el proyecto fue oficialmente aprobado, a principios de 1958, las empresas que normalmente construían estos juguetes para el gobierno (North-American, Convair, General Electric, Lockheed, Martin Marietta, Boeing, Northrop, etcétera) comenzaron a trabajar en sus propuestas, buscando quedarse con un contrato que prometía ser multimillonario. A pesar de que todas diseñaron aviones muy parecidos, las finalistas en esta carrera por obtener la responsabilidad de construir los prototipos recayó sobre Bell-Martin y Boeing-Vought. Curiosamente, el diseño de la Bell era muy parecido al transbordador espacial que se construiría unos 25 años más tarde, pero en noviembre de 1959 y una vez analizadas las dos propuestas, el gobierno eligió el diseño de la Boeing. El 11 de diciembre se firmaron los contratos y Dyna-Soar se convirtió oficialmente en el Programa 620A de la USAF. Entre otras cosas, se acordaba que la recientemente creada Nacional Aeronautics and Space Administration (NASA) participaría en el programa, ya que el X-20A sería capaz de efectuar misiones orbitales. Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=IpO5q86Bqys Las características del Dyna-Soar, si las comparamos con las del transbordador espacial, eran muy modestas. Sería una nave monoplaza, de poco más de 10 metros de largo y 5 mil kilogramos de peso. Sus alas, de algo más de 6 metros de envergadura, tendrían forma de “delta” con un ángulo de unos 72 grados. Volaría a más de 28 mil kilómetros por hora y sería capaz de aterrizar en cualquier pista militar de los EEUU. La inclusión de un juego de “esquíes” en el tren de aterrizaje permitiría incluso aterrizajes de emergencia en cualquier terreno llano. La carga útil que podría transportar no llegaba a los 500 kilogramos, y se ubicaba en un compartimiento situado detrás del habitáculo del piloto. El lanzamiento se haría con un cohete Titán IIIC, cuya tercer etapa cargada con unos 5700 kilogramos de combustible utilizable durante las maniobras orbitales permanecería unida al X-20A mientras se encontrase en el espacio. Pequeños propulsores de peróxido de hidrógeno, similares a los utilizados para reorientar satélites, permitiría maniobrar durante la reentrada. Todo estaba listo para comenzar a trabajar. Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=q_GcjJ71Tc4 Los primeros ensayos demostraron que no sería fácil construir el Dyna-Soar. Los diseños extremadamente estilizados que resultaban adecuados para las altas velocidades eran poco eficientes para disminuir la generación de calor en las reentradas. El “escudo térmico” con el que habría que dotar al avión resultó ser un verdadero desafío, y finalmente el X-20A tuvo formas relativamente redondeadas, siendo capaz de soportar unos 2400º C, bastante más de los 1650º C que resiste el transbordador. Aleaciones de acero y molibdeno aseguraban que las vibraciones no destruyeran el aparato, y el piloto y la carga nunca estarían a temperaturas superiores a los 45º C. Durante la reentrada, el escudo térmico de grafito y zirconio que cubría parte de las ventanas delanteras se desprendería en el momento en que la nave alcanzase una velocidad de 7000 kilómetros por hora, para facilitar el aterrizaje. A principios de 1960, con bastante retraso respecto de los plazos fijados, comenzaron las pruebas de los materiales que conformarían el escudo térmico. La carga se ubicaba en un compartimiento situado detrás del piloto Se realizaron vuelos de prueba lanzando los prototipos desde un B-52, que sirvieron para comprobar las características aerodinámicas subsónicas del aparato. Sin embargo, y cuando estaban a punto de comenzar las pruebas con prototipos tripulados y luego de haber gastado unos 550 millones de dólares en el proyecto, el secretario de defensa Robert McNamara canceló oficialmente el desarrollo del Dyna-Soar. Era diciembre de 1963, y solo algunos de los componentes del X-20A sobrevivieron a la cancelación, como parte del avión cohete X-15. ¿Fue un error cancelar el programa? Las opiniones están muy divididas. Si bien es cierto que el Dyna-Soar podría haber proporcionado a la NASA un vehículo orbital reutilizable 15 años antes del “nacimiento” del transbordador espacial, los constantes retrasos del proyecto sumado al incremento de los costes estimados muy posiblemente hubiesen obligado de todos modos a cancelarlo más adelante. Seguramente, la historia no hubiese sido muy diferente. Fuente