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cuervoedo

Usuario (Argentina)

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Eduardo De Robertis
InfoporAnónimoFecha desconocida

Edité algunas entradas fascistas con las que el autor de esta biografía nos "deleita". A pesar de los abismos ideológicos que me separan del Dr. Eduardo De Robertis, no puedo dejar de reconocer su inmensa importancia en la medicina, y he aquí un merecidísimo homenaje a este excepcional científico Argentino al cual, el "premio" Nobel le fué negado.Doctor Eduardo De Robertis: Un esbozo biográficoPor: Ariel Barrios Medina.Eduardo De RobertisUn niño y la familiaLa vida de un hombre es la de sí mismo y la de su sociedad.Este es el caso de Eduardo De Robertis quien, guiado y apoyado por sus padres y maestros, los honró con el fruto del trabajo.Siendo niño ayudaba a la madre a forrar tacos de zapato que, de esa manera, colaboraba con el esposo al sostenimiento del hogar. Ya un poco mayor acompañaba al padre a la fábrica de zapatos en la que armaba los zapatos y cosía las suelas: "Me gustaba de chico ir a la fábrica donde mi padre iba los sábados de tarde, a veces los domingos, para limpiar las máquinas, aceitarlas y tenerlas en condiciones para el trabajo durante la semana. Y entonces a mí me gustaba meterme ahí con un banquito y tratar de ayudar yo también a limpiarlas".Ese niño era Eduardo De Robertis, nacido en Buenos Aires, el 11 de diciembre de 1913, de dos inmigrantes italianos que habían formado familia, en esa misma ciudad, en 1912.Cuando Eduardo comenzó la escuela primaria, los maestros advirtieron su calidad intelectual. El padre y la madre que debían mantener a la familia postergando los proyectos personales, cuando supieron de la capacidad del hijo, lo impulsaron con sus propias voluntades de triunfo: "La preocupación de mis padres ha sido siempre que yo pudiera seguir estudiando".Concluido el primario, y puesto que el bachillerato abría el camino a la universidad, Eduardo De Robertis inició los estudios secundarios en el Colegio Nacional "Mariano Moreno" de la avenida Rivadavia.Aunque la situación económica de la familia no había mejorado mucho, Eduardo pudo concentrarse en los estudios pues, como siempre recordaría: "Mis hermanas trabajaron para que yo estudiara".Desde el tercer año, Eduardo preparó, concienzudamente, el examen de ingreso a la facultad haciendo sus propios resúmenes de textos universitarios: "Yo siempre me adelanté un poquito a la época de mis estudios".De esa manera, tras graduarse brillantemente como bachiller, el examen de ingreso, que tanto temía, le resultó muy fácil y, en febrero de 1932, Eduardo ingresó a la Escuela de Medicina de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires."Un padre espiritual"En el primer año de la facultad, De Robertis siguió con mucho interés las clases del profesor de histología Pedro Rojas (1887-1941).Luego de aprobar la materia con sobresaliente, Eduardo solicitó al profesor un puesto de ayudante. Rojas respondió: "Yo iba a proponerle lo mismo". Y tuteándolo filialmente, añadió: "Bueno, a partir de hoy vas a ser mi ayudante personal en la cátedra".Este encuentro selló la carrera científica de De Robertis quien, en abril de 1933, se inició como Ayudante de Investigación ad honorem: "Ser ayudante personal de Pedro Rojas significaba que tuve que ponerme a estudiar muchísimo porque leía todos los libros que me indicaba y tenía que hacerle los resúmenes y además los diapositivos que correspondían a cada clase. Prácticamente tenía que estudiar a la par de él para dar las clases".En cierta oportunidad, Eduardo resintió la dura servidumbre de este aprendizaje y dejó caer el microscopio de investigación de Rojas quien había pedido que lo transportara de una mesa a otra: "Pero él no dijo nada muy hiriente. Y al finalizar el día me dijo si quería ir al Teatro Colón porque tenía una entrada. Fue una forma de paliar todo lo que estaba sufriendo en ese momento. Creo que fue un ejemplo de cómo hay que tratar a los jóvenes cuando cometen a veces algunos errores que no son voluntarios".Rojas, quien solía recordar a los alumnos que sus antepasados habían llegado a estas tierras con el conquistador español Juan de Garay, era Director y Profesor con dedicación exclusiva del Instituto de Anatomía General Comparada y Embriológica ubicado junto al Instituto de Fisiología, dirigido por Bernardo A. Houssay de quien era muy amigo.En 1934, la iniciación científica de Eduardo se complicó un poco cuando, por indicación y con ayuda de Rojas, redactó una dura crítica a un artículo sobre el desarrollo del embrión publicado en La Semana Médica. Tras publicarse la crítica, se presentaron dos personas en el Instituto representando al indignado autor para retarlo a duelo. Intervino entonces el profesor Rojas cuya autoridad evitó que, en esa sociedad aún bárbara, un mejor tirador eliminara a este naciente científico "hijo de su espíritu".Durante esos años, De Robertis trabajó intensamente. Al mismo tiempo que hacía un trabajo casi con dedicación exclusiva en el laboratorio, rendía los exámenes de alumno de medicina: "Durante todo el año me la pasaba en el laboratorio y leía un poquito. Después desaparecía durante un mes para dar exámenes y atiborrarme con las materias".Desde el inicio, De Robertis se apartó de la tradición histológica que estudiaba la forma de la célula: "Estudiar los preparados en sí era una cosa estática y, entonces, la única manera de poder sacar datos dinámicos era haciendo experimentos para poder extraer nociones de la fisiología. Creo que la histofisiología en ese momento era una novedad".Aún estudiante, Eduardo recibió, en 1937, los primeros premios: el Premio J. M. Estrada de la Institución Mitre para el trabajo "Estudios de Histofisiología Hepática en los Anfibios" y el Tercer Premio Nacional de Ciencias Naturales y Biológicas por la investigación sobre los sapos, en colaboración con Francisco A. Sáez y Pedro Rojas, "Las células sexuales de los anfibios anuros".Ese año también fue el del matrimonio con Antonia Semelis, para disgusto de la madre pues deshizo el compromiso de nueve años con la novia de la primera juventud: "Entre todos mis compañeros, creo que fuí el único que me casé antes de recibirme".Eduardo continuó quemando etapas. Al graduarse, en marzo de 1939, ya tenía lista la tesis "Estudios de Histofisiología Hepática, y, además, lograría la Medalla de Oro de su promoción.La tesis doctoralPara la tesis, Eduardo había investigado las modificaciones que sufría la estructura de la célula hepática, especialmente del sapo y del perro, en diversas condiciones fisiológicas. Uno de los capítulos era la investigación de las modificaciones histofisiológicas del hígado en la diabetes experimental por pancreatectomía o por inyección del extracto de la parte anterior de la glándula hipófisis.Este aspecto de la investigación lo vinculó directamente a Houssay quien preparaba los animales: "Siempre me recibía. Generalmente estaba haciendo algo, como ser sacando la hipófisis de los sapos que lo hacía con una velocidad increíble. Podía operar, yo diría, cincuenta, cien sapos prácticamente mientras uno charlaba"Años de PeregrinajeEse mismo año de 1939, la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, cuyo presidente era Houssay, le otorgó la beca externa subvencionada por la empresa Millet y Roux para estudiar en la Facultad de Medicina de Lyon con el renombrado histofisiólogo Albert Policard.Pero, ya aprestado el viaje, se desencadenó en Europa, el 1° de setiembre, la Segunda Guerra Mundial.Una de sus consecuencias en Buenos Aires fue que De Robertis debió abandonar esos planes.Pero la Academia Nacional de Medicina, mediante la gestión de Houssay, le otorgó la beca Bartolomé Devoto para estudiar en el Departamento de Anatomía de la Universidad de Chicago. Y hacia allá partió en octubre de 1939.Esta experiencia en un centro de investigación del exterior motivó el entusiasta agradecimiento de De Robertis a Houssay quien, apaciguándolo, replicó: "No olvide que su beca tiene por objeto preparar a usted mejor para que en el futuro desarrolle tareas de enseñanza e investigación en nuestro país. Estoy convencido de que usted será útil al país y formará discípulos. Para ello deberá ser muy generoso, lo que es signo de alta calidad y elevación de propósitos y confianza en sí mismo, y les dará ejemplo de exactitud, rectitud y generosidad".De Robertis investigó, en unos pocos meses, la existencia de un ciclo secretor en la paratiroides y logró resultados que le permitieron ganar una beca de la Fundación Rockefeller.Aconsejado por William Bloom. quien lo dirigía en Chicago, De Robertis se trasladó, en 1940, al Departamento de Anatomía de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore a investigar con Isidore Gersch quien: "Tenía una visión muy dinámica y muy bioquímica de la citología".[i]Uno de los problemas no resueltos de la histofisiología de las glándulas de secreción interna era el ciclo de la secreción de la glándula tiroides.Se sabía que la tiroides almacenaba la hormona en la tiroglobulina que se encuentra en los folículos pero: ¿cómo se reabsorbía la enorme molécula (la tiroglobulina) y llegaba la hormona a la sangre?Se suponía que había un posible mecanismo enzimático pero nadie lo había demostrado: [i]"Mostrar si había una enzima proteolítica en la glándula fue el problema que yo tuve que enfocar".Para ello, De Robertis aplicó a la glándula tiroides el método de congelación en aire líquido a -195° y desecación a -30°, inventado por Altmann a fines del siglo pasado y redescubierto por Gersch, que le permitió demostrar la formación de gotas de coloide y su secreción intracelular.El problema era ahora la reabsorción de la enorme molécula depositada en el folículo, la tiroglobulina: ¿cómo se producía la secreción intracelular de la tiroglobulina almacenada en el coloide?De Robertis estableció, mediante la micromanipulación de los folículos individuales, que el coloide extraído de los folículos digería la capa de gelatina sobre la cual era depositado.Al demostrar que las células del folículo tiroideo poseían una enzima proteolítica, De Robertis explicó cómo la enorme molécula depositada en el folículo, la tiroglobulina, pasaba a la sangre descompuesta en moléculas más pequeñas: tiroxina y triyodotironina.De ese modo, probó la existencia del mecanismo enzimático en la producción de la hormona tiroidea y su reabsorción. Muchos años después recordaría: "Ahora se reconoce muy bien que esa enzima forma parte de los liposomas de las células, que es una enzima que ataca la tiroglobulina y la digiere para poder ser secretada como hormona circulante"[/b].Retorno a Buenos AiresDe Robertis retornó a Buenos Aires en marzo de 1941. Pocos meses después del regreso, murió el profesor Pedro Rojas.Houssay había previsto el desenlace de la enfermedad del amigo y no dudaba que la cátedra de Rojas requería la capacidad de De Robertis, de la que estaba informado por los investigadores que lo habían dirigido.Pero los esfuerzos de Houssay para propulsar a De Robertis a la titularidad de la cátedra fueron inútiles. De Robertis no podía siquiera concursar pues no había aprobado las normas de la carrera docente, esto es, la aprobación de cursos y dictado de clases.La cátedra fue, finalmente, ganada por Manuel Varela. Apoyado por el nuevo profesor titular quien reconocía su estatura científica, De Robertis continuó, como Jefe de Trabajos Prácticos full-time y Jefe de la Sección de Citología e Histofisiologia del Instituto de Anatomía General y Embriología, las investigaciones sobre la tiroides.La llegada y estadía, en 1942, de un eminente histólogo español confrontó a De Robertis con su propia madurez científica: [i]"Me acuerdo que di una conferencia tratando de mostrar los métodos modernos de congelación y desecación que había aprendido en Estados Unidos. Y Pío del Río Hortega estaba en el auditorio. Y él lo único que atinó a decirme era que con el formol podía conseguir algunas imágenes mejores que las que yo mostraba. Yo me di cuenta que no había entendido absolutamente nada de la importancia del método que no era para mostrar figuras bonitas".En 1942, De Robertis determinó que la hormona segregada por la parte anterior de la hipófisis que provoca la maduración de las gonadas (testículos y ovarios), la hormona gonadotrófica o gonadotrofina, actúa sobre las células de Sertoli y provoca, en el sapo, la expulsión de los espermatozoides.La utilidad clínica de este trabajo fue aprovechada por su condiscípulo Carlos Galli Mainini (1914-1961) quien concluyó, inteligentemente, que, si la mujer embarazada eliminaba la gonadotrofina en la orina, entonces la inyección de esta orina en el sapo macho causaría la maduración y expulsión de sus espermatozoides.Este eficaz y seguro diagnóstico precoz del embarazo fue un análisis clínico que alcanzó difusión internacional bajo el nombre de la Reacción Galli Mainini.Esos años fueron, además, de intenso esfuerzo y renovación docente en la cátedra de histología para cuyos alumnos De Robertis tradujo el libro de su maestro William Bloom.Pero, siguiendo la sugerencia de Varela, De Robertis redactó, en colaboración con el genetista Francisco Alberto Sáez y el bioquímico Wiktor Nowinski el libro de texto Citología General: "Un libro de avanzada en relación a los otros textos que había en ese momento que eran puramente morfológicos".Este libro de texto, que desarrollaba los aspectos genéticos y bioquímicos de la moderna citología, fue contemporáneo de La Fisiología Humana que Houssay, con los discípulos Juan T. Lewis, Oscar Orías, Eduardo Braun Menéndez, Enrique Hug y Virgilio G. Foglia, publicó en la misma editorial.Hacia una nueva fronteraEn 1947, De Robertis inició el dominio de la microscopía electrónica, en el Departamento de Biología del Massachusetts Institute of Technology guiado por Francis O. Schmitt, que, en 1940, lo había impresionado profundamente en una conferencia sobre la ultraestructura de la célula.Schmitt acentúo esta impresión cuando, en esos primeros pasos de la microscopía electrónica, demostró la existencia de estrías periódicas en la fibra colágena: "Entonces yo me entusiasmé con la idea de comenzar a estudiar la microscopía electrónica. Porque así como antes había estado interesado en los aspectos bioquímicos, en ese momento me interesaban los aspectos biofísicos, es decir, la aplicación de los métodos biofisicos al estudio de la célula".El interés por estos aspectos, movieron a De Robertis a solicitar una beca a la Fundación Guggenheim que, a mediados de 1945, le fue concedida.Esta nueva beca en el exterior suscitó recelo en Houssay quien, como la mayoría universitaria argentina, estaba en acerba pugna con el gobierno militar al que consideraban pronazi, y que escribía a Orías: "Muchos jóvenes creen que huyen del país para beneficiarse, pero yo no estoy de acuerdo con esa idea".Eduardo De Robertis junto al doctor HoussayPese a esta opinión contraria, De Robertis, que participaba muy activamente en la campaña contra el ascenso del Partido Laborista que proponía la candidatura presidencial de Juan Domingo Perón, viajó a los Estados Unidos: "La verdad es que ese período del peronismo fue muy difícil para todos. Y menos mal que había pedido esa beca Guggenheim para irme a los Estados Unidos. De manera que pude, en cierta forma, escapar un poco a las dificultades que hubo aquí, que hicieron que se paralizara prácticamente toda la investigación que se hacía en nuestro instituto".La paralización se produjo cuando el profesor Varela, acusado de efectuar actividad política en la cátedra, fue separado de ella por el interventor de la Facultad de Ciencias Médicas.En diciembre de 1946, al saber la noticia, De Robertis renunció, desde el Massachusetts Institute of Technology (MIT), al puesto docente y científico en el Instituto de Anatomía General y Embriología.Eduardo De Robertis en el microscopio electrónicoEn aquel instituto de investigación, De Robertis inició, mediante el microscopio electrónico, una nueva etapa de su vida científica en la investigación de la ultraestructura de la fibra nerviosa: "Me alejé de la endocrinología y de la tiroides y entré, ya de lleno, al estudio de los tejidos nerviosos. A partir de entonces toda mi investigación ha sido en el campo de la neurobiología".De Robertis, tras más de un año de intenso esfuerzo comunicó, en las reuniones de la Sociedad Americana de Microscopía Electrónica, de septiembre en Toronto y de diciembre de 1947 en Filadelfia, sus observaciones de uno de los elementos del citoesqueleto de la fibra nerviosa: los neurotúbulos.El axón, la parte interna del nervio, aparecía homogéneo al microscopio óptico. Mediante el microscopio electrónico, De Robertis y Schmitt observaron que la ultraestructura del axón estaba constituida por fibras de longitud indefinida, más densas en los bordes, que llamaron neurotúbulos, lo cual comprobaron, ulteriormente, mediante la contaminación con virus.El periodista de la noticia de divulgación científica, publicada en el diario La Prensa, fue Houssay que entregó a De Robertis, muy puntualmente, el honorario que había percibido pues entendió que era el verdadero autor.Algunos años después, el mismo científico con el que había colaborado, cuestionó la existencia de los neurotúbulos que, ulteriormente, fueron llamados neuroprotofibrillas, una designación que omitía interpretaciones sobre la geometría.Eduardo De Robertis en un grupo de trabajo en el MITRetorno a América del SurA fines de 1948, tras completar tres años de beca postdoctoral en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), De Robertis declinó el puesto de Full Professor (Profesor Titular Plenario) que le ofrecía su amigo Bennett, recién designado Director del Departmento de Anatomía en la Universidad de Washington en Seattle: "En cambio de eso, y ya que no era posible volver al país habiendo fracasado todas las tentativas que se hicieron, que fueron varias, preferí ir a Montevideo donde la Rockefeller estaba apoyando muy directamente a un instituto de investigaciones de ciencias biológicas que dirigía el profesor Clemente Estable".El Instituto de Investigaciones Biológicas creó el Departamento de Ultraestructura Celular que, con el apoyo de la Fundación Rockefeller y bancos del Uruguay, compró un microscopio electrónico: "Trabajamos mucho en un medio difícil por el hecho del aislamiento, la falta de repuestos del microscopio, la falta de apoyo técnico, donde los dificultades eran grandes pero pudimos vencerlas".En este instituto, De Robertis investigó las plaquetas sanguíneas, ciertas parasitosis como el anaplasma y confirmó la estructura de los neurotúbulos o neuroprotofibrillas.En noviembre de 1953, durante la estadía como Profesor Visitante en la Universidad de Washington en Seattle, De Robertis propuso a su amigo Bennett estudiar la estructura de las fibras nerviosas gigantes en las lombrices de tierra: "Disequé el sistema nervioso de la lombriz y pude estudiar, no solamente la estructura de las fibras nerviosas gigantes sino también, con gran asombro, que en las zonas sinápticas había una cantidad enorme de vesículas. Desde el primer día que descubrimos las vesículas nos dimos cuenta de la importancia teórica y de los posibles mecanismos de su acción. Y ya mismo en Seattle hicimos algunos experimentos fisiológicos que, lamentablemente, fracasaron. Realmente fue una de las temporadas más productivas de mi vida donde trabajaba hasta dieciséis horas por día".De regreso en Montevideo, De Robertis investigó la retina donde demostró un tema de su maestro Rojas llevado a la ultraestructura, la embriogénesis del segmento externo de los fotorreceptores y su unión mediante un cilio al segmento interno: "Un trabajo que ha quedado clásico".En esta etapa de intenso trabajo científico, se deshizo el matrimonio con Antonia quien lo dejó con los hijos, aún niños, María Cristina y Eduardo.Fue la poetisa Juana de Ibarborou (1892-1979) quien restauró la alegría de vivir de De Robertis: "Amor secreto, gracia esclarecida, palor de luna en la apretada sombra, dulce se hace el labio que te nombra y albea de nuevo la agrisada vida". Y quien, al cabo de un año, y advirtiendo las diferentes edades e intereses, le indicó la necesidad de otra relación.Fue en la puerta del laboratorio, saliendo él a buscar los hijos al colegio y entrando ella a trabajar, que De Robertis conoció a Nelly Ana Mirta Armand Ugon Indart a quien, un día, invitó a escuchar música.A los seis meses, el 14 de septiembre de 1956, se casaron.El retorno definitivo a Buenos AiresEn setiembre de 1955, luego del golpe de estado de la “Revolución Libertadora”, se produjo la recomposición de las universidades argentinas.De Robertis retornó a la Argentina para completar el proyecto de 1941. En 1957, ganó el concurso de Profesor de Histología y Embriología y Director del Instituto de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.Cuando De Robertis llegó al instituto, encontró, solamente, las paredes. Pero, también, estaban quienes aguardaban al que los pudiera guiar en el camino de la investigación: Amanda Pellegrino de Iraldi, Hersch Gerschenfeld, Arnaldo Lazanski, Flora Wald, y Roberto Manzini, quien tenía entidad propia: "Y eso hizo que el instituto rápidamente pudiera tomar vuelo".A ese fin, obtuvo, en el país y el exterior, los equipos y los fondos necesarios y, en agosto de 1957, inauguró la instalación del microscopio electrónico adquirido por la Universidad de Buenos Aires.De Robertis, recuerdan los colaboradores técnicos: "Conocía su instrumento y sabía explicarlo a sus alumnos". De ese modo, superó las dificultades de instalación y mantenimiento y los formó en una escuela que sería sudamericana.Posteriormente, en el que ahora se llamaba Instituto de Biología Celular, De Robertis desarrolló las técnicas para el aislamiento de las vesículas sinápticas que "un día memorable", "aparecieron de golpe", recuerda una de las colaboradoras, "agarrotados en la cámara fría".Desde 1967 a 1971, mediante el choque osmótico y la centrifugación diferencial (por gradientes), De Robertis logró el fraccionamiento celular que haría conocer la neuroquímica de los receptores sinápticos: "Se rompía la membrana de la terminación nerviosa puesta en un medio hipotónico y liberaba las vesículas. Y entonces pudimos aislar las vesículas. Y de esa manera, con métodos bioquímicos, farmacológicos y con una cantidad de colaboradores, pudimos demostrar que esas vesículas contenían los neurotransmisores y que, por lo tanto, eran los elementos fundamentales de la neurotransmisión".El descubrimiento de la ultraestructura y papel fisiológico de las vesículas sinápticas, y el aislamiento de los terminales sinápticos, fue la demostración inequívoca de que la individualidad de la célula nerviosa se mantenía hasta en las más fínas expansiones submicroscópicas pues, como señaló una discípula: "Su trabajo puede considerarse un desarrollo a nivel subcelular de la doctrina de la neurona de Ramón y Cajal, a la cual dió la confirmación final de la independencia morfológica de las neuronas y el marco estructural para el estudio de la polarización dinámica de las neuronas".En febrero de 1958, De Robertis fue llamado a integrar el primer directorio del refundado Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET): "No sé realmente cómo es que fuí seleccionado. Me imagino que el doctor Houssay habrá tenido que ver con eso".De Robertis recordaba esa ocasión: "El general Aramburu nos recibió en una entrevista cordial. Realmente impresionaba como un hombre de bien e interesado en las actividades científicas del país. Era al final de su gobierno, prácticamente, cuando se creó el CONICET. De manera que ya terminaba el mandato de la Revolución Libertadora, mandato que muchos creemos que, en realidad, duró poco".En 1960, el Comité Ejecutivo de ese primer directorio del CONICET, encomendó a De Robertis, en colaboración con el geólogo Félix González Bonorino, la organización de la Carrera del Investigador: "Creo que la Carrera del Investigador ha sido motivo para que la ciencia progresara, realmente, en la Argentina y que no fuera la labor de individuos completamente aislados".En esos años de la Revolución Cubana, el otorgamiento de subsidios al Instituto de Biología Celular por instituciones de los Estados Unidos y, especialmente, de la Oficina de Investigaciones Científicas de la Fuerza Aérea, provocó tumultuosos rechazos estudiantiles en enfrentamientos que De Robertis soslayó: "Creo que los alumnos propios son los que están alrededor de uno".Cuando, en julio de 1966, la Facultad de Ciencias, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires fue violentamente agraviada por la intrusión policial, De Robertis no se plegó al repudio contra el poder político que había consentido ese hecho.Esa actitud no fue admitida por alguno de los discípulos quienes llegaron a rechazar al maestro.En esta coyuntura, como el mismo Houssay, De Robertis creyó que el servicio a la patria mediante la ciencia era lo mejor que podía ofrecer: "Yo creo que las ideologías han sido terribles en nuestro país. Son las que han causado la mayor parte de los desastres y habría, alguna vez, que terminar con eso".Ese mismo año de 1966, De Robertis introdujo un punto de vista inmunoquímico en la neurobiología que le condujo a la producción de anticuerpos contra los sinaptosomas y las vesículas sinápticas.Mediante la inyección de vesículas sinápticas en ratas generó anticuerpos con los que logró bloquear el efecto de las sustancias químicas que transmitían el impulso nervioso a través de los terminales nerviosos. De esa manera, De Robertis provocó una acción farmacológica mediante un anticuerpo. En 1970, la Academia Real de Ciencias de Suecia otorgó el Premio Nobel de Química a Leloir por el descubrimiento de los nucleótidos azúcares y su función en la biosíntesis de los hidratos de carbono. Por su parte, el Real Instituto Carolino de Medicina y Cirugía otorgó el Premio Nobel de Medicina y Fisiología a Julius Axelrod, Ulf von Euler y Bernard Katz por el descubrimiento de las sustancias almacenadas en los órganos de contacto de las células nerviosas y los mecanismos de liberación y desactivación.Los discípulos de De Robertis sintieron que ese premio pertenecía, también, a su maestro.En septiembre de 1973, en medio de las tribulaciones que padecía la Argentina, De Robertis escuchó las palabras de quien había combatido, veinticinco años atrás, como un llamado a la reconciliación: "Si ustedes no lo hacen bien, ya vendrán otros que lo harán mal. Pero todos pagaremos de una manera u otra, las tristes consecuencias por haberse desentendido egoístas del deber y del derecho que nos fije esta hora".De Robertis enfrentó su responsabilidad ciudadana y apoyó públicamente el esfuerzo: "Para integrar los equipos necesarios para contribuir con todos los recursos de la ciencia y la técnica a la determinación de las políticas que hacen a la Reconstrucción y Liberación Nacional, inspirado por el Teniente General Juan Domingo Perón".Pero ni su generosidad ni su capacidad, ni la de quienes lo acompañaron en esa circunstancia, alcanzó a superar la dureza de la hora.Y aun sufrió, en los años de cruenta dictadura, la desaparición de uno de sus jóvenes colaboradores y la angustia de la inutilidad de los esfuerzos para conocer su destino.De Robertis no interrumpió, sin embargo, la tarea científica y docente en el instituto e identificó distintos receptores post y presinápticos, esto es, zonas de fijación de los transmisores químicos en los terminales nerviosos.La obra docente de De Robertis culminó, en 1980, con la publicación de Citología General y Molecular. A esta nueva edición, traducida a nueve lenguas, del libro cuya publicación había iniciado treinta y cinco años atrás, asoció al hijo Eduardo como coautor. [Nota de “cuervoedo”: las reediciones de este libro se utilizan aun hoy en la Facultad de Ciencias Médicas de la U.B.A.]En 1983, De Robertis inició la identificación y caracterización. de los receptores cerebrales específicos de las moléculas que desencadenan el proceso bioquímico de la trasmisión de los mensajes nerviosos que controlan la ansiedad y el estrés.En 1985, De Robertis asoció su nombre al de quien había reconocido su excelencia científica desde los comienzos cuando, la Organización de Estados Americanos (OEA), le confirió el Premio Bernardo A. Houssay con el que anualmente distingue a los investigadores del continente.Un domingo, cuando estaba descansando en su quinta de las afueras de Buenos Aires, De Robertis debió ser trasladado, urgentemente, para una intervención quirúrgica.Superado ese trance, postrado por la enfermedad de la que no esperaba convalecencia, reclamaba a los colaboradores sus borradores de los trabajos científicos para corregirlos.Eduardo De Robertis murió de cáncer a las 8 de la mañana del 31 de mayo de 1988.FUENTE:

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Luis Federico Leloir
Luis Federico Leloir
InfoporAnónimoFecha desconocida

Homenaje a otro de los enormes médicos y científicos que dio el país. A lo largo de esta autobiografía, descubrimos como los gobiernos Argentinos lograron, con un esfuerzo denodado a lo largo de los años, destruir la investigación científica. Imaginemos nomas, si en aquellas no tan lejanas épocas, era difícil acercarse a la tecnología que requería un laboratorio, hoy esto es imposible.Allá lejos y hace tiempoAutobiografía Luis Federico LeloirLuis Federico LeloirLa bioquímica y yo nacimos y crecimos casi al mismo tiempo. Antes del comienzo del siglo, algunos químicos orgánicos y fisiólogos habían establecido las bases de la bioquímica.En 1906 aparecieron dos revistas que trataban el tema, la Biochemische Zeitschrift y la Biochemical Journal. La revista Journal of Biological Chemistry había comenzado a publicarse sólo un año antes. En 1906, Arthur Harden y W. J. Young lograron separar "zumo de levadura en residuo y liquido filtrado, cada uno de los cuales era incapaz por si solo de producir la fermentación alcohólica de la glucosa, sin embargo cuando se los unía, la mezcla producía una fermentación tan activa como el zumo original". Este hallazgo ocurrió sólo nueve años después que Edward Buchner preparara un zumo de levadura libre de células, capaz de fermentar. Esta línea de trabajo condujo eventualmente al descubrimiento de una multitud de enzimas, coenzimas e intermediarios del metabolismo celular. En 1906 Tswett publicó la primera descripción de cromatografía.Otro hecho importante (desde mi punto de vista) ocurrió en 1906. Fue mi nacimiento en París, Avenida Victor Hugo 81, a pocas cuadras del Arco de Triunfo.El crecimiento de la bioquímica fue rápido; en unas pocas décadas se descubrió la mayoría de las vitaminas, hormonas, enzimas y coenzimas, pero en el momento de escribir este ensayo la bioquímica está mostrando signos de desmembración. La biología molecular, la biología celular, la genética química etc. han nacido de ella y seguramente habrá otras. En cuanto a mí alcancé la edad de 77 años gracias a un hábil trabajo de reparación arterial llevado a cabo por Michael Debakey en Houston.He tomado prestado el título de este ensayo, de un libro encantador de W. H. Hudson que describe la vida silvestre del campo en las cercanías de Buenos Aires. Hudson describe el mismo escenario y los mismos animales -flamencos, armadillos, caranchos, vizcachas, etc.-que yo vi en mi infancia. Parece ser que ambos estábamos interesados en la vida animal y en entender la naturaleza, pero mientras yo me convencí que el conocimiento científico y la tecnología serían buenos para la humanidad, Hudson tenía algunas dudas y las expresó de la siguiente manera: ''Ah sí, todos nosotros estamos buscando la felicidad por el camino equivocado. Estuvo con nosotros una vez y fue nuestra, pero la despreciamos porque era sólo la común y antigua felicidad que la naturaleza da a todos sus hijos y nos alejamos de ella en busca de otra clase de felicidad, más grande, que algún soñador-Bacon u otro-nos aseguró que encontraríamos. Tentamos que conquistar solamente la naturaleza, pero ¡cuán cansados y tristes nos volvemos! La antigua felicidad de vivir y la alegría del corazón se han desvanecido''. Los comienzos con Houssay Cuando tenía dos años, mis padres argentinos me trajeron a Buenos Aires, donde luego de haber realizado los estudios y aprobado los exámenes correspondientes para graduarme de médico en la Universidad de Buenos Aires (1932) , trabajé en el hospital de la universidad (Hospital de Clínicas) durante aproximadamente dos años. Nunca estuve satisfecho con lo que hacía por los pacientes. Volviendo la mirada sobre aquellos tiempos, me doy cuenta cuán profundamente ha cambiado la medicina desde entonces. El tratamiento médico en esos días sólo era un poco mejor que aquel ejemplificado en el cuento francés en el cual el doctor ordenaba: "Hoy vamos a sangrar a todos los que se encuentran del lado izquierdo de la sala y vamos a dar un purgante a todos los que se encuentran del lado derecho''. Cuando practicaba la medicina, podíamos hacer muy poco por nuestros pacientes, a excepción de la cirugía, digital (Nota Cuervoedo: droga que se usaba en hipertensión y hoy sólo se aplica, o debería, en un tipo de arritmia que a veces aparece post infarto) y otros pocos remedios activos. Los antibióticos, drogas psicoactivas y todos los agentes terapéuticos nuevos, eran desconocidos. No era por lo tanto extraño que, en 1932, un joven médico como yo, tratara de unir esfuerzos con aquellos que querían adelantar el conocimiento médico. El laboratorio de investigaciones más activo en la ciudad era el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, dirigido por el doctor Bernardo A. Houssay, profesor de fisiología. En su trabajo sobre el rol de la glándula pituitaria (Nota Cuervoedo: Hipófisis) en el metabolismo de los hidratos de carbono, hizo descubrimientos muy novedosos por los cuales le fue otorgado, junto a Carl y Gerty Cori, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1947. Houssay sugirió que hiciera mi tesis bajo su dirección y me propuso varios tópicos. Mi elección recayó sobre el rol de las suprarrenales en el metabolismo de los hidratos de carbono. La primera tarea era aprender a medir el azúcar en la sangre con el método de Hagedorn & Jensen. Fue mi primera experiencia en un laboratorio de investigaciones. Mi ignorancia en química era insondable, por esa razón decidí seguir algunos cursos en la Facultad de Ciencias. Houssay me ayudó mucho. No sólo hacía el trabajo mental sino que también llevaba a cabo la mayoría de las adrenalectomías en perros. Houssay realizaba diariamente sus rondas en el Instituto y a menudo dejaba mensajes en trozos de papel. Fue aparentemente a través de él que aprendí a ser económico. Aún ahora usualmente escribo manuscritos sobre hojas ya usadas de un lado. La gente joven es actualmente derrochadora y escandalizaría tanto a Houssay como a mí. La tesis fue distinguida con el Premio Anual de la Facultad a la mejor tesis, pero fue sin duda mérito de Houssay y no mío.Tesis que le valió el Premio Anual de la FacultadNuestra estrecha asociación duró hasta su muerte en 1970. Durante todos esos años nos veíamos diariamente y pude apreciar su ciclópea labor en favor de la ciencia Argentina. Mi entusiasmo por la investigación aumentó gradualmente y, sin notar el cambio, comencé a pasar más horas en el laboratorio y menos en el hospital. Podía hacerlo porque no necesitaba ganarme la vida con la medicina. Mis abuelos vinieron a la Argentina, algunos de Francia, otros de España, y compraron tierras cuando eran baratas pero aún inseguras, debido a las incursiones de los indios. Mas tarde estas tierras produjeron los cereales granos y ganado que trajeron riqueza al país y a los pioneros que las trabajaron. Estas circunstancias me permitieron dedicarme a la investigación, cuando era muy difícil o imposible encontrar una posición de tiempo completo para ella. Fue un gran privilegio estar asociado con Houssay. Él era extraordinariamente excepcional y trabajó muy duro durante su vida tratando de modernizar la enseñanza de la medicina y dirigiendo a numerosos estudiantes. Su interés por la investigación fue muy amplio, en especial por la endocrinología, pero también incursionó en muchos otros aspectos de la fisiología y la bioquímica. Realizó intensos esfuerzos para promocionar la ciencia. Fue durante muchos años presidente de la Asociación Argentina para el Progreso de la Ciencia y más tarde presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). A veces sus esfuerzos tenían gran éxito, pero otras el gobierno estaba en su contra debido a la forma abierta de expresarse y a sus ideas liberales. Houssay surgió como por generación espontánea en un ambiente completamente árido desde el punto de vista de la ciencia. Gracias a su tenacidad, laboriosidad, memoria e inteligencia logró formarse a si mismo y también a muchos jóvenes. Bajo su dirección el Instituto de Fisiología llegó a ser un centro donde trabajaron la mayoría de aquellos que construyeron las bases de la investigación médica Argentina. Se estudiaban allí las tres materias básicas -fisiología, bioquímica y física biológica- y se enseñaba a estudiantes de medicina, bioquímica y odontología. Mi iniciación en la bioquímicaDespués de haber terminado mi tesis, Houssay me aconsejó que trabajara un tiempo en el exterior. Habiendo consultado con Venancio Deulofeu, profesor de bioquímica, y el doctor Romano de Meio, decidí que un buen lugar sería el Laboratorio de Bioquímica de la Universidad de Cambridge, dirigido por Sir Frederick Gowland Hopkins, quien había recibido el Premio Nobel en 1929, junto con Eijkman por el "descubrimiento de las vitaminas, estimulantes del crecimiento". Cambridge se encontraba entonces en la cumbre de su gloria, con Rutherford, Dirac y otros gigantes científicos en el departamento de física. La bioquímica también era excelente con Hopkins, padre de la bioquímica inglesa, al frente del laboratorio de bioquímica. y David Keilin, descubridor de los citocromos, en el departamento de parasitología. Llegué a Cambridge sediento de saber y comencé a trabajar inmediatamente bajo la dirección de Malcolm Dixon en el efecto del cianuro y pirofosfato sobre la succínico dehidrogenasa. Después trabajé con Norman L. Edson en cetogénesis usando trozos de hígado. Edson había estado trabajando con Hans Krebs, a quien admiraba mucho. Cuando Edson regresó a su país natal, Nueva Zelandia, trabajé con David E. Green en la purificación y propiedades del Beta-hidroxibutirato dehidrogenasa. La atmósfera en el laboratorio bioquímico era muy estimulante debido a la cantidad de personas con talento, tales como Marjorie Stephenson, una de las pioneras en la bioquímica bacteriana; Norman Pirie, que cristalizó el virus del mosaico del tabaco; Robin Hill, bien conocido por su trabajo en fotosíntesis (el efecto Hill); Joseph Needham, que comenzó la embriología química y terminó como un orientalista; Dorothy Moyle Needham, una experta en química muscular, y muchos otros. Fue durante mi estadía en Cambridge cuando empecé seriamente con la investigación bioquímica. L.F.Leloir junto a B.HoussayCalidad de mis primeros compañeros de equipoDespués de mi año en Cambridge, regresé al Instituto de Fisiología en Buenos Aires donde me asocié con el doctor Juan M. Muñoz. Nunca disfruté trabajando solo por eso me agradó poder investigar con él. Tenía una personalidad original y era graduado en medicina y en química. No satisfecho con estos títulos, obtuvo también el de odontólogo. En realidad no hizo esto sólo para aumentar sus conocimientos, sino, lo que era más importante, para ser profesor de fisiología en la Facultad de Odontología. Muñoz había estado midiendo etanol y tenía un método confiable utilizando un hermoso y pequeño aparato de destilación. Por lo tanto decidimos trabajar en el metabolismo del etanol, lo que nos llevó a obtener interesantes resultados que fueron publicados en el Biochemical Journal.Luego de nuestra aventura alcohólica, empleamos el mismo aparato de destilación para la medida de los ácidos grasos volátiles, y en este campo también tuvimos un pequeño éxito. Mientras estábamos trabajando con Muñoz en la oxidación de los ácidos grasos, Juan Carlos Fasciolo estaba experimentando sobre el mecanismo de la hipertensión renal. Bajo la dirección de Houssay, Fasciolo continuó con los experimentos de Harry Golblatt, quien descubrió que la obstrucción de la arteria renal de los perros producia una hipertensión permanente. Esto había marcado un hito, ya que proporcionó un método experimental para producir alta presión arterial. La contribución de Fasciolo consistió en injertar uno de esos riñones a un perro normal y observar los cambios en la presión sanguínea. El resultado fue un aumento de la presión arterial, lo cual probó que el efecto se debía a alguna sustancia que el riñón con constricción arterial vertía en la sangre. En esta etapa entré yo. Con Fasciolo, Eduardo Braun Menéndez y Muñoz formamos un equipo que aclaró el problema exitosamente. El doctor Alberto Taquini también colaboró en muchos experimentos.Mientras trabajábamos arduamente en Buenos Aires, se realizaban experimentos similares en otros lugares. En los laboratorios de Eli Lilly en Indianápolis, por ejemplo, Irwin Page y sus colaboradores obtenían resultados parecidos. A pesar de que nuestro trabajo había sido ya publicado (1939), nos deprimimos considerablemente cuando supimos del trabajo del otro grupo, debido a que no podíamos reclamar un descubrimiento sino solo un co-descubrimiento. Mirando hacia atrás después de muchos años, veo esas desilusiones como bastante infantiles. Sin embargo, tales hechos afectan a menudo a investigadores mucho más experimentados de lo que nosotros éramos en ese tiempo.Durante muchos años ambos grupos trataron de imponer los nombres que habían propuesto. Nosotros empleábamos los términos hipertensina, hipertensinógeno e hipertensinasa, mientras que el grupo de Indianápolis hablaba de angiotonina y activador de renina. Finalmente Braun Menéndez y Page acordaron una solución salomónica y propusieron los nombres de angiotensina y angiotensinógeno. Estos son los nombres hoy comúnmente usadosMi incursión en la investigación de la hipertensión duró sólo un año aproximadamente, pero fue uno de los años más productivos en mi carrera. Dos factores importantes del éxito fueron la atmósfera simpática y la calidad personal de mis compañeros de equipo. Poseían personalidades diferentes pero trabajaban juntos en forma exitosa. Braun Menéndez estaba lleno de energía, entusiasmo y habilidad empresaria; Muñoz tenía una personalidad original y muchas ideas únicas; Fasciolo siempre de buen humor, contaba bromas e historias graciosas, pero también realizaba su trabajo sería y eficientemente. Todos eran muy inteligentes y diligentes. Nos divertíamos mucho con nuestro trabajo. Después de experimentos exitosos, yo solía decir: "Ven, nada puede resistir la investigación sistemática''. Pero después de experimentos fracasados, me veía cansado y deprimido y Fasciolo se burlaba de mí diciendo: "Ves, nadie puede resistir la investigación sistemática". Sin embargo trabajamos duro; la velocidad de la investigación sólo estaba limitada por la disponibilidad de perros para medir las sustancias vasopresoras. También empleábamos sapos para medir las sustancias vasoconstrictoras, pero con muy poco éxito. Siempre daban resultados desorientadores.Días de confusión y preocupación; viaje a Estados UnidosNuestro trabajo en el Instituto de Fisiología fue interrumpido en 1943 debido a hechos inesperados y desagradables. Houssay nunca se mezclaba en política, pero había firmado una carta, aparentemente inocente, que apareció en los periódicos con la firma de muchas de las personas más importantes del país. La carta pedía "normalización constitucional, democracia efectiva y solidaridad americana". El gobierno reaccionó en forma inesperada y desproporcionada y decretó el despido de todos los firmantes que ocuparan posiciones en instituciones estatales. Muchos de los mejores profesores perdieron sus puestos. Houssay quedó cesante. La mayoría de los miembros del Instituto de Fisiología renunciaron en protesta y se dispersaron. Siguieron días de confusión y preocupación. Finalmente se decidió continuar trabajando, no en la universidad sino en una institución privada -el Instituto de Biología y Medicina Experimental-la cual debía ser organizada de la nada.Como no me gustaba la perspectiva de pasar años sin poder investigar, pensé que sería un buen momento para trabajar en el exterior durante una temporada. Esta decisión coincidió con un evento importante y afortunado en mi vida, el comienzo de un matrimonio feliz. Mi esposa y yo decidimos viajar a los Estados Unidos. Los vuelos comerciales se hacían en aviones bimotores y sólo durante el día, por lo que, después de haber realizado varias escalas en el continente, llegamos finalmente a Nueva York. Como no tenía compromisos previos, debí buscar un lugar en el cual trabajar. Un centro altamente reconocido era el laboratorio de los Cori en St. Louis, quienes acababan de publicar un estudio profundo y cuidadoso sobre la cristalización y preparación de la fosforilasa.Luego de permanecer unos días en Nueva York, viajamos a St. Louis, donde Carl Cori me aceptó cordialmente en su laboratorio. Cori fue quien años después compartió el Premio Nobel con Houssay. Él arregló que colaborara con Ed Hunter en la formación del ácido cítrico. De este modo tuve el privilegio de trabajar 6 meses en un lugar repleto de tradiciones, donde todos los dias me encontraba con Carl y Gerty Cori, Sidney Colowick, Arda Green y otros científicos relevantes. Para ampliar mi perspectiva, pasé 8 meses en Nueva York, donde me apresté a investigar nuevamente con David E. Green. Él tenía dos habitaciones en el College of Physicians and Surgeons de la Universidad de Columbia, y un pequeño grupo de colaboradores incluyendo a Sarah Ratner, Eugene Knox y Paul Stumpf.Una de las cosas importantes que aprendí de Green fue que si uno puede encontrar un lugar de trabajo, debería poder formar un grupo de investigación, obteniendo los salarios, equipo y los productos químicos necesarios. En realidad, eso fue justamente lo que hice cuando regresé a la Argentina, donde formé un pequeño grupo de investigación que creció lentamente y dio lugar a la Fundación Campomar.Fundación CampomarAv. Patricias Argentinas 435 (Cap. Fed.)Mi actividad al frente de la Fundación CampomarDespués de mi estadía en Estados Unidos regresé al Instituto de Fisiología, Houssay había sido restablecido en su puesto y trataba de armar nuevamente el Instituto. Durante algún tiempo trabajé por mi cuenta e intenté iniciar un pequeño equipo de investigación. En 1946 me enteré que Jaime Campomar, uno de los dueños de una importante industria textil, había consultado con Houssay sobre la posibilidad de financiar un instituto de investigación bioquímica. Sospecho que había pocos candidatos para ocupar el cargo de director del nuevo instituto y por eso Houssay propuso mi nombre, aunque creo que no estaba muy convencido de que yo pudiera tener éxito en la empresa.Nos instalamos en el sótano de la Facultad de Medicina. La primera persona que vino a trabajar fue el doctor Ranwel Caputto de la Universidad de Córdoba, que recién volvía del laboratorio de Bioquímica de Cambridge. Había trabajado allí, igual que yo, con Dixon, y tuvo éxito cristalizando una enzima: la gliceraldehido dehidrogenasa. El segundo en unirse al grupo fue el microbiólogo Raúl Trucco. La idea era continuar con él los estudios sobre la oxidación de los ácidos grasos, pero con enzimas bacterianas.Mientras las cosas se organizaban continuamos trabajando en el sótano de la Facultad de Medicina, pero esto sólo duró hasta que Houssay fue nuevamente removido de su cargo de profesor y director del Instituto de Fisiología, esta vez con el pretexto de que tenía más edad de la aceptable. Este nuevo abuso produjo una gran conmoción en la facultad y la mayoría de nosotros decidimos irnos. Si las instalaciones y el equipo eran pobres en la facultad, las del laboratorio al cual nos mudamos eran desastrosas. Este laboratorio era el Instituto de Biología y Medicina Experimental, que funcionaba en la calle Costa Rica como institución privada, creada cuando Houssay fue removido de su cargo por primera vez. Allí teníamos un cuarto, una heladera y unas pocas pipetas. Las facilidades de trabajo eran realmente malas pero éramos jóvenes, entusiastas y teníamos esperanza en el futuro.Poco tiempo después alquilamos una pequeña casa vecina, con cuatro habitaciones, en la calle Julián Alvarez, y la adaptamos para laboratorio.Luis Federico Leloir en su laboratorio de la calle Julián Alvarez al 1700, donde tuvo su sede original el Instituto Campomar.Otros se unieron allí al grupo: Carlos Cardini, durante varios años profesor en la Universidad de Tucumán; Naum Mittelman, experto en proteínas, y Alejandro C. Paladini, el más joven de todos y el primer becario de la Fundación Campomar. La contribución anual de Campomar de 100.000 pesos era equivalente a 25.000 dólares, una donación muy generosa. Con ella instalamos el laboratorio, adquirimos equipo y pagamos algunos sueldos.El doctor Enrico Cabib, un brillante joven, se unió luego a nuestro equipo en reemplazo de Paladini que se había ido a trabajar con Lyman Craig a la Fundación Rockefeller de Nueva York. Tenía buen sentido del humor y era un arduo trabajador. La atmósfera en el laboratorio era muy agradable, excepto por minúsculos episodios que ocurren en todos los grupos humanos. Todo nuestro tiempo lo dedicábamos a la investigación; no había conferencias, ni juntas, ni fuerzas que nos apartaran del laboratorio; no éramos miembros de ninguna comisión, nadie nos consultaba ni conocía. En pocos años logramos el aislamiento e identificación de glucosa-1-ó-difosfato y del uridina difosfatoglucosa. Luego aislamos el uridina-difosfatoacetilglucosamina y el guanosina-difosfato-manosa. Estos hallazgos tuvieron cierta repercusión en su época y sirvieron para aclarar el mecanismo de la biosíntesis de polisacáridos, especialmente del glucógeno y del almidón. (N. de la R.: el conjunto de estas investigaciones le valió al autor el Premio Nobel de Química 1970).El doctor Leloir y colaboradores, celebrando la obtención del Premio NobelEn 1957, la muerte de Campomar dejó al Instituto sin recursos. Antes de dispersarnos, jugamos nuestra última carta y pedimos un subsidio al Instituto Nacional de la Salud de los Estados Unidos. Teníamos pocas esperanzas pero, para nuestro asombro, la subvención fue aprobada y continuamos la labor. No faltó quien nos criticara por aceptar un subsidio extranjero. Creíamos importante seguir con la investigación en el país y en esos tiempos el gobierno no se interesaba en lo más mínimo. Ni siquiera llegamos a discutir la posibilidad de conseguir un subsidio nacional. Por otra parte, no se trataba de recibir dinero de un gobierno extranjero por razones políticas sino por razones estrictamente científicas, y la decisión correspondía a una comisión de investigadores, lo que suele llamarse el "juicio de los pares". Con el mencionado subsidio pudimos seguir investigando durante varios años, obteniendo resultados interesantes en la síntesis del glucógeno y almidón. Recién en 1958 el gobierno nos ofreció una casa grande, en la calle Obligado en Belgrano, que había sido un colegio de señoritas. Como se unieron al laboratorio nuevos investigadores, se perdió el espíritu romántico que solía tener. Comienza la ayuda localNo tuvimos ayuda local hasta la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), durante el gobierno de Aramburu. Intervinieron en los trámites iniciales y en la redacción del estatuto Braun Menéndez, Deulofeu, Houssay y Abel Sánchez Diaz, presidente de la Academia de Ciencias Exactas. El primer directorio incluía a algunos de los mejores investigadores del país y también me incluía a mí. Cuando el presidente Aramburu nos puso en posesión del cargo, dijo que creía que todos los gobiernos apoyarían al Consejo. Esto resultó cierto con algunas limitaciones.En la primera reunión tuvimos que elegir presidente. Deulofeu propuso a Houssay que tenía larga experiencia. El doctor González Bonorino propuso a Rolando García. La mayoría votó a Houssay que fue 12 años presidente del Consejo. Durante este periodo se realizó un obra muy importante que hubiera sido aún más trascendente si la hubiera acompañado un correspondiente desarrollo agrícola-industrial. Gracias a la obra del Consejo se formaron muchos nuevos investigadores, los laboratorios pudieron funcionar adecuadamente y se crearon centros en el interior. A la par que crecía el Consejo las universidades tenían un acentuado progreso. En la Universidad de Buenos Aires, mientras era rector Risieri Frondizi, se crearon numerosos cargos de profesores con dedicación exclusiva y los recursos fueron mayores que en otras épocas. Lo cierto es que fue un buen momento para la investigación en la Argentina. Desde entonces las cosas ya no anduvieron tan bien; el Consejo estuvo muchos años intervenido y la universidad también. Gracias, en gran parte, a la obra del Consejo y al empuje de muchos jóvenes, la investigación bioquímica ha tenido considerable progreso en el país; sin embargo es pequeño si se lo compara con el ocurrido en los países más avanzados. Porqué me dediqué a la investigaciónHan pasado unos 50 años desde que me dediqué a la investigación. He presenciado el maravilloso desarrollo de la bioquímica y el haber contribuido a él, aunque en forma modesta, es para mi un motivo de placer. No sé cómo ocurrió que seguí una carrera científica. No era una tradición familiar ya que mis padres y hermanos estaban principalmente interesados en las actividades rurales. Mi padre se graduó como abogado pero no ejerció la profesión. En nuestra casa siempre hubo muchos libros de los más variados temas y tuve la oportunidad de adquirir información sobre los fenómenos naturales. Supongo que el factor más importante en la determinación de mi futuro fue el recibir un grupo de genes que dieron las habilidades negativas y positivas requeridas. Entre las habilidades negativas podría mencionar que mi oído musical era muy pobre y por lo tanto no podía ser un compositor ni un músico. En la mayoría de los deportes era mediocre, por lo tanto esa actividad no me atraía demasiado. Mi falta de habilidad para la oratoria me cerró las puertas a la política y al derecho. Creo que no podía ser buen médico porque nunca estaba seguro del diagnóstico o del tratamiento. Estas condiciones negativas estaban acompañadas presumiblemente de otras no tan negativas: gran curiosidad por entender los fenómenos naturales, capacidad de trabajo normal o ligeramente subnormal, una inteligencia corriente y una excelente capacidad para trabajar en equipo. Lo más importante probablemente fue la oportunidad de pasar mis días en el laboratorio y efectuar muchos experimentos. La mayoría fracasaron, pero algunos tuvieron éxito, debido sólo a la buena suerte o al hecho de haber cometido el error adecuado.Casi han transcurrido 50 años desde que comencé a investigar. Fueron años de trabajo bastante duro pero con momentos agradables. La investigación posee muchos aspectos que la transforman en una aventura atractiva. Hay también aspectos humanos dignos de mencionar. Algunos de los períodos más placenteros de mi carrera fueron aquellos en los cuales trabajé con personas inteligentes y entusiastas, con buen sentido del humor. La discusión de los problemas de investigación con ellas, fue siempre una experiencia muy estimulante.La parte menos agradable de la investigación, el trabajo de rutina que acompaña a la mayoría de los experimentos, está compensada por los aspectos interesantes, que incluyen conocer y a veces ganar la amistad de personas intelectualmente superiores, provenientes de diferentes partes del mundo. El balance es claramente positivo.Perspectivas futurasLa investigación en bioquímica ha sido para mi una experiencia fascinante. Tuve la suerte de trabajar en la época en que esta especialidad científica tuvo un desarrollo espectacular. Poco a poco se fue conociendo cada vez mejor la composición química de los seres vivos. Luego se fue averiguando como se van transformando las substancias químicas que forman las células. Se pudo conocer el mecanismo químico de formación de las proteínas, de las grasas y de los hidratos de carbono. Los trabajos de nuestro laboratorio ayudaron a aclarar el mecanismo de biosíntesis de los oligo y polisacáridos. Esto fue gracias al descubrimiento de los nucleótidos-azúcares que actúan como dadores de las unidades de monosacárido. Ahora los progresos superaron todo lo que podíamos imaginar en los momentos de mayor optimismo. Con el nombre de bioquímica o con el de bioingeniería o tal vez con otro nombre, se seguirá investigando para resolver algunos de los grandes problemas que enfrente la humanidad. La investigación científica en la Argentina ha progresado considerablemente pero no tanto como creíamos y deseábamos. Siempre recuerdo lo expresado por Houssay en el Instituto Popular de Conferencias de La Prensa: ''Señores, debemos tener fe en el porvenir de nuestro país en un futuro más o menos próximo. Si nos inspiramos en buenos ejemplos, con una labor intensa y bien orientada, en dos o tres décadas podremos tener una posición de primera fila entre los países más adelantados. Toda la sociedad estará influenciada, ennoblecida y favorecida por esta situación. Nuestra nación será entonces grande por obra de sus pensadores y sabios. Nuestros hombres serán dignos de su patria y útiles a la humanidad".El 2 de diciembre de 1987 se produce el fallecimiento de Luis Federico Leloir. Con su muerte, el Instituto perdió a su miembro más importante, pero, a pesar de ello, el trabajo continuó, alentado por el excepcional ejemplo que dejó quien lo dirigiera durante 40 años.FUENTE:

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Bernardo Alberto Houssay
Bernardo Alberto Houssay
InfoporAnónimo8/22/2007

Este es un ultra merecidísimo homenaje a uno de los mas maravillosos científicos que ha dado esta nación.Al igual que en mi post sobre Eduardo De Robertis, edité algunas entradas fascistas con las que el autor de estas biografías nos "deleita".Dr. Bernardo Alberto HoussayHace poco más de 120 años, un 10 de abril de 1887, nació Bernardo Alberto Houssay en Buenos Aires.En su honor, el 10 de abril es el Día del Investigador Científico en la Argentina. Su padre y su madre, como muchos otros millones en América y en la República Argentina, habían emigrado desde Europa. Por ello, como la mayoría de los habitantes de aquella ciudad en esos años, su lengua materna no fue la castellana sino, en su caso, la francesa.Tampoco en la ciudad-puerto, exportadora de productos naturales e importadora de artículos industriales, se hablaba demasiado de ciencia.Apenas unos pocos de sus habitantes estaban informados de la ciencia médica que en esos momentos surgía en Francia y Alemania. Las otras ciencias eran tan extrañas como los alemanes que componían la Academia de Ciencias de Córdoba, fundada por voluntad de Sarmiento en 1869.En esas ciudades mercantiles y leguleyas sólo unos pocos creían que americanizar la inteligencia europea era una empresa tan importante y urgente como lo había sido la independencia política de sus pueblos o lo era el desarrollo económico de los recursos naturales de sus territorios.Bernardo Alberto Houssay, al sentir vivamente aquella exigencia y realizarla, confirió a la sociedad argentina ese nuevo carácter.Niño aún, sorprendía a los padres manifestándoles que, cuando fuera grande, sería misionero y, a los pocos días, advertido de los riesgos que correría, que sería ingeniero. Con el tiempo sería, ciertamente, un misionero de la ciencia, un "misionero entre gentiles" (Houssay, 1940).Fotografía del grupo de bachilleres egresados del Colegio Británico en 1900. Bernardo Alberto Houssay, de pié entre ambos adultos sentados a la izquierda, ingresó el año siguiente a la Escuela de Farmacia de la Facultad de Ciencias Médicas de la Univerdidad de Buenos Aires.Cuando Bernardo estuvo en condiciones de elegir una profesión, luego de concluir precozmente los estudios primarios y secundarios, el padre sugirió que se dedicase al comercio, pues los reveses de la fortuna lo habían dejado sin recursos para solventarle una carrera universitaria.El joven respondió que trabajaría para hacerlo por sí mismo y, en marzo de 1901, aún no cumplidos los 14 años, ingresó a la Escuela de Farmacia de la Facultad de Ciencias Médicas.Con la recomendación del padre, el Hospital Francés lo empleó como aprendiz de farmacia -casa, comida y 10 pesos de sueldo- y con un préstamo de su madrina de Francia pagó los derechos universitarios.A fines de 1901, rindió brillantemente los exámenes del primer año de Farmacia y, con esos antecedentes, ganó un puesto de practicante de farmacia en el Hospital de Clínicas con 50 pesos de sueldo.Laboratorio de la época. Nota Cuervoedo-> A los que estudian medicina en la U.B.A. y ya cursaron Microbiología ¿No les resulta familiar este “laboratorio de la época”? JajajaEn 1904, se graduó de Farmacéutico, el mejor de su curso, e inició la carrera de medicina.Cierto día de 1908, practicante menor de medicina en ese mismo Hospital de Clínicas, asistió a un paciente que padecía acromegalia (hipertrofia no congénita de las extremidades inferiores y superiores). Se sabía también que la glándula hipófisis estaba afectada por un tumor.Fue entonces que, ya inclinada su vocación por la fisiología tras la lectura de la obra del fisiólogo francés Claude Bernard, dejó de lado otro tema cuidadosamente anotado y decidió investigar la función de esa glándula.A ese fin se adiestró, en esforzado y solitario aprendizaje por medio de la bibliografía, en las técnicas disponibles: la quirúrgica (extirpación o injerto de la glándula) y la biológica (acción in vivo de extractos de la glándula) para luego, utilizando técnicas químicas, aislar el principio activo producido por la glándula.Houssay retomaba el camino que había conducido al aislamiento de la secreción de las glándulas suprarrenales: la adrenalina.Sala de investigación de la Cátedra de Fisiología de la Facultad de Agronomía y Veterinaria.Obtuvo los primeros resultados extirpando la hipófisis en la rana y, tras inicios inciertos, logró dominar esta técnica: las ranas sobrevivían a la operación. A continuación, Houssay investigó la acción de los extractos del lóbulo posterior de la hipófisis preparados por él mismo y comprobó los resultados de los fisiólogos ingleses George Oliver y Edward Albert Schafer: el principio activo de esos extractos era afín, pero no idéntico, a la adrenalina. En marzo de 1911, Houssay logró aislar lo que creyó el principio activo del lóbulo posterior de la hipófisis de lo que debió, posteriormente, desengañarse.Houssay desarrolló estas investigaciones paralelamente a los estudios de medicina que concluyó, en 1911, con la tesis "Estudios sobre la acción de los extractos hipofisiarios. Ensayos sobre la fisiología del lóbulo posterior de la hipófisis" a la que se otorgó el Premio Facultad de Ciencias Médicas.Luego de graduado, Houssay ejerció la profesión con singular éxito pues, muy solicitado por los colegas, aplicó los extractos hipofisarios a diversas patologías.Desde 1910, era, además, profesor universitario, encargado del Curso de Fisiología en la Facultad de Agronomía y Veterinaria, al cual había sido llamado por el decano Pedro Narciso Arata (1849-1922), quien lo estimaba mucho desde los exámenes en la Escuela de Farmacia.Resistido en un comienzo por los alumnos, quienes desconfiaban del precoz profesor que apenas los superaba en edad, los ganó con la didáctica basada en la práctica experimental y en la observación cuidadosa.En 1912, Houssay obtuvo la cátedra tras un concurso al que se habían inscripto treinta y dos candidatos entre argentinos y extranjeros.En la Facultad de Agronomía y Veterinaria, nuevamente en solitario aprendizaje, procuró comprobar los resultados de la extirpación de la hipófisis en animales superiores. Tras fracasar con la inyección de sueros citotóxicos y la irradiación con rayos X, retomó las técnicas quirúrgicas del cirujano William Harvey Cushing (1869-1939) con las cuales, hacia 1916, comprobó los trastornos causados por la extirpación de la hipófisis en el crecimiento de los cachorros.En esa facultad formó los primeros discípulos. Uno de ellos, Enrique Hug (1896-1987), recordó estos intentos: "Lo veía actuar, más que con obstinación, con empecinamiento frente a las dificultades. Había planeado un experimento para demostrar la acción de la hipófisis sobre el crecimiento. Consiguió para ello una linda camada de cachorros de raza, galgos, todos igualitos para poder comparar los resultados. Me imagino que debía haberlos pagado de su propio pecunio, pues la subvención de que se disponía no era nada cuantiosa. Les extirpó la hipófisis a algunos de ellos y yo oficiaba de ayudante. A pesar de la destreza del cirujano en lo cual sobresalía, y del cuidado postoperatorio, la mortalidad era elevada, pues se ignoraba entonces que ésta se debía a la supresión brusca de la corticotrofina, hormona de la cual ni se tenía idea de que existiera. Sin embargo, varios operados sobrevivieron lo suficiente para infectarse luego con el virus de la enfermedad de los cachorros y terminaron por morir. Nunca le oí una queja ni señal de amargura. Tampoco se conocía entonces vacuna contra esa infección. Nueva tentativa y segundo fracaso. No recuerdo si fue a la tercera o cuarta tentativa, después de desinfectar bien las jaulas y aislar los animales, en que consiguió el fin buscado".En 1915, Houssay ingresó como Jefe de Sección en el Instituto Bacteriológico del Departamento Nacional de Higiene. Este organismo, había sido fundado, en 1911, para la investigación, producción y control de sueros, vacunas y medicamentos de origen bacteriano y opoterápico (se dice así de la terapia que se basa en hormonas).Fachada del Instituto Bacteriológico.Para dirigir el flamante instituto, había sido contratado el eminente científico austríaco Rudolf Kraus (1868-1932) quien comprobó, inmediatamente, la capacidad de Houssay. Designado al frente de la Sección Sueros, Houssay organizó la producción de sueros antiofídicos, editó de su bolsillo un folleto sobre serpientes venenosas, ideó y dispuso el envío de recipientes al interior del país para que, al devolverlos con serpientes, se entregasen a cambio ampollas de suero antiofidico, gestionó y obtuvo el flete gratuito por ferrocarril de estos envíos y la difusión por la prensa del proyecto. Además, investigó provechosamente otros problemas genuinamente nacionales: plantas venenosas y bocio endémico. También, desde 1915, Houssay era Profesor Suplente de Fisiología en la Facultad de Ciencias Médicas. En 1917, Houssay sintió que la investigación y la producción en el Instituto Bacteriológico, la investigación y la docencia en las facultades de Agronomía y Veterinaria y de Ciencias Médicas, y el ejercicio de la clínica en el Hospital Alvear y privadamente, eran incompatibles. Renunció, entonces, al ejercicio de la profesión: "Me entusiasmaban la clínica y la fisiología pero como quise concentrarme a una sola actividad, elegí la fisiología porque creí que así sería más útil a mi país y cumpliría mejor mi vocación en el campo de las Ciencias Naturales".Luego del fallecimiento del profesor Horacio Gregorio Piñero (1870-1919), en 1919, ganó el concurso de la cátedra de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas.El Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas visto desde la Maternidad Pardo en la calle Viamonte.El Consejo Directivo de la Facultad aprobó, entonces, el proyecto del consejero y decano Alfredo Lanari (1869-1930), de creación del Instituto de Fisiología que integraba las cátedras de Química Biológica y Física Biológica bajo la dirección del profesor de Fisiología para quien estableció la dedicación exclusiva.Muy pocas personas advirtieron la importancia de este suceso. Sólo una de ellas, el científico Rudolf Kraus, lo manifestó claramente, calificándolo de "acontecimiento memorable en la evolución de la medicina teórica argentina".El año de 1920 fue también memorable para Houssay pues, en diciembre, contrajo matrimonio con la química María Angélica Catán (1896-1962) a quien había conocido en el Instituto Bacteriológico donde ella hacía su tesis doctoral sobre ponzoñas de serpientes y Houssay, como jefe de esa sección, se las proveía. Bernardo A. Houssay y María Angélica Catán durante su casamiento el 22 de diciembre de 1920.Así comenzó la relación con quien, luego de casada, dejó la profesión para convertirse dentro del hogar en la primera y más fiel colaboradora científica y la madre de los tres hijos: "Al dedicarme a la ciencia debía elegir entre una probable situación pecuniaria holgada y una labor científica. Elegí lo mejor, lo que vale más que el dinero, con lo que salí ganando. Cierto es que conocí momentos de estrechez económica, pero en todo caso quien se sacrificó fue mi esposa, pues yo hallaba recompensas con creces en la posibilidad de trabajar. Ella no sólo aceptó la modestia económica sino que me ha ayudado constantemente en mis trabajos, con competencia y sin exteriorización alguna".Una de las dificultades inmediatas que Houssay debió encarar al dirigir el flamante Instituto de Fisiología fue la formación del personal. Resolvió esta dificultad seleccionando y formando rigurosamente a los ayudantes y jefes de trabajos prácticos entre quienes, comprobada la vocación y capacidad científica, surgirían los colaboradores permanentes."Dictando su cátedra de Fisiología en la Facultad de Ciencias Médicas. Abril de 1928" (la fotografía y el epígrafe reproducen el original del archivo de Caras y Caretas en el Archivo General de la Nación). Ya formados algunos de estos colaboradores, Houssay constituyó una comisión de alumnos, la "Comisión Especial", a quienes enseñó como hubiera querido hacer con todos los alumnos: "Houssay tenía capacidad para investigar y para enseñar. La docencia le llevaba una buena parte de su tiempo y todos recordamos la minuciosidad de sus clases con los resúmenes escritos con tiza en los distintos pizarrones del aula presidida por la "Méditation sur la Mort de Le Roy". Aparte de cumplir con todos los requisitos de la docencia a los alumnos, la vigilancia de los docentes auxiliares, la dirección de las tesis, Houssay, acompañado de Lewis, tomaba a su cargo la enseñanza de la fisiología a un pequeño número de alumnos -15- que deseaban hacer un estudio más intenso. Esto a ambos les llevaba un buen tiempo, pero nunca los vimos apurados o impacientes ante las preguntas, a veces muy inteligentes, de los alumnos que aprendían fisiología haciendo experimentos y adiestrando sus manos" (Lanari, 1981,154-155).Otra dificultad que Houssay enfrentó y resolvió, fue la discusión y difusión internacional de las investigaciones realizadas en el Instituto. A ese fin, en 1919, Houssay fundó la Sociedad Argentina de Biología, filial de la Société de Biologie de París, de la que fue el primer presidente. Su inclaudicable presidencia y la publicación de las investigaciones del Instituto de Fisiología en los Comptes Rendus de esa Sociedad, publicados en Francia, aseguraron ambos aspectos.Años después, el estrecho colaborador y amigo, el químico Alfredo Sordelli (1891-1967) recordó esos inicios: "Podemos imaginar que si temió por su nueva hija espiritual nadie lo supo. Su optimismo glacial es siempre más fuerte".Cuando Houssay, en 1923, ganó el Premio Nacional de Ciencias expuso la moral de trabajo que era la base de ese optimismo glacial: "Un grave enemigo de la ciencia y de la verdad es el patrioterismo, que quiere hacernos creer que hemos llegado al summum y nada más nos falta alcanzar, que lo hecho aquí es y debe aceptarse sin crítica como lo mejor del mundo, por ser del país. Es igualmente antipatriótico el rehusar méritos a todo lo que aquí se haga y creer que un hombre de ciencia sólo vale si se lo trae de allende el mar o el Ecuador. El verdadero patriotismo está en trabajar correctamente y someter su resultado a la discusión mundial, lo que mostrará la importancia real de nuestros estudios; está también en enseñar el método y estimular el amor a la ciencia a los que nos rodean; en no temer el sacrificar las horas y posponer sus estudios para que se formen los discípulos; en estimular la crítica, en exigir el respeto y la ayuda para los que valen; en luchar por corregir lo malo o deficiente. Lo patriótico es crear un buen ambiente científico local, serio, donde se estudien los problemas objetivos que son de todos los continentes y con mucha atención los propios de nuestro país".Ese mismo año de 1923 Sordelli, encarecido por Houssay, produjo insulina en el Instituto Bacteriológico, retomando las técnicas publicadas, apenas un año antes, por Banting, Best, Collip y otros investigadores.Inmediatamente, Houssay constituyó un equipo de trabajo para investigar la acción de esa hormona. Entre otros resultados, halló que los perros a los que se había extirpado la hipófisis (hipofisoprivos) tenían reacciones hipoglucémicas muy acentuadas luego de la inyección de pequeñas cantidades de insulina. Este hecho inesperado lo decidió a intentar en el perro la doble extirpación de la hipófisis y el páncreas y comprobó, con profunda sorpresa, que los perros que carecían de páncreas y de hipófisis no se tornaban diabéticos. El descubrimiento de este sorprendente hecho acaeció en 1929.Houssay había descubierto que la diabetes pancreática no se producía en los perros hipofisoprivos (Houssay's dogs). Tampoco se producía en los sapos en los cuales, dada la conformación histológica de la glándula, era posible extirpar por separado el lóbulo glandular, equivalente a la parte anterior de la hipófisis de los mamíferos. La diabetes reaparecía, sin embargo, con el injerto de lóbulos glandulares. Finalmente, Houssay realizó con éxito otra contraprueba: la inyección de extractos de la parte anterior de la hipófisis provocaba hiperglucemia.De este modo, con Houssay culminó la línea de investigación iniciada casi un siglo antes -la acción glucogénica del hígado (Bernard, 1848), la pancreatectomía provoca diabetes (Minkowski, 1887), la lesión de los islotes de Langerhans está asociada a la diabetes (Opie, 1901), el aislamiento de la secreción de los islotes de Langerhans en el páncreas, la insulina (Banting y Best, 1922)- cuando demostró que la extirpación de la hipófisis en los animales de experimentación desprovistos de páncreas, y por tanto diabéticos, disminuía la glucosa en la sangre y que la inyección prolongada del extracto del lóbulo anterior de la hipófisis provocaba hiperglucemia en animales normales (diabetes hipofisaria) o diabetes permanente (diabetes metahipofisaria) por el daño de las células beta en los islotes de Langerhans (Barrios Medina y Paladini, 158-169).Houssay suscitó además, y dirigió, muchas otras investigaciones.Una de las más importantes está asociada al temprano discípulo Juan Guglielmetti (1891-1922) , fallecido de hipertensión maligna cuando iniciaba una brillante carrera científica.Congreso Internacional de Biología, en Montevideo, octubre de 1930. Hacia fines de la década de 1920 y principios de la de 1930, Houssay había intentado con algunos de sus discípulos provocar hipertensión permanente en perros. Pero todos esos intentos habían fracasado.En 1938, constituyó un equipo de trabajo con Eduardo Braun Menéndez (1903-1959), Luis Federico Leloir (1902-1987), Juan Mauricio Muñoz, Alberto Carlos Taquini y Juan Carlos Fasciolo, para investigar la hipertensión arterial permanente causada por el riñón (nefrógena). El último de estos colaboradores recuerda: "La primera labor que me encomendó, fue que desarrollara una técnica para provocar hipertensión arterial renal. Aunque entonces no me pareció una exigencia excesiva, creo que fue mucho pedir a un principiante. Muchos investigadores experimentados habían anteriormente fracasado en sus tentativas de producir hipertensión arterial persistente en diversas especies. Estas exigencias formaban parte de la técnica que el doctor Houssay empleaba para seleccionar a sus colaboradores. Inicialmente solía asignarles una labor de difícil realización y los dejaba librados a su propio esfuerzo. Muchos se cansaban y abandonaban su proyecto, ante dificultades que parecían difíciles de superar. Otros, en cambio, persistían a pesar de todo. Si esto ocurría, el doctor Houssay sacaba la conclusión de que estaban realmente interesados, que tenían constancia y merecían su apoyo. Su experiencia le había enseñado que se pierde mucho tiempo en orientar y ayudar a personas que sólo tienen un entusiasmo pasajero y que abandonaban sus proyectos al poco de iniciarlos".En 1939, utilizando la técnica de Goldblatt (pinzamiento de las arterias renales) el equipo formado por Houssay probó que la secreción del riñón (renina) actuaba sobre el plasma sanguíneo produciendo la sustancia (hipertensina, luego llamada angiotensina) que provocaba esa patología.Durante esos años, algunos de los discípulos fueron llamados a ocupar cátedras en el interior del país: de Fisiología, en Rosario, Juan Treharne Lewis (1898-1976); en Córdoba, Oscar Orías (1905-1955), de Farmacología, en Rosario, Enrique Hug (1896-1987).Pero Houssay, del mismo modo que para la Argentina, ansiaba y promovía el desarrollo científico de la patria latinoamericana: "Una de mis preocupaciones intensas fue siempre la cooperación con los hombres de ciencia sudamericanos. Nuestro contacto estrecho es indispensable porque el progreso de un país es un estímulo para los otros. La reputación y el porvenir de cada uno depende en mucho del esfuerzo solidario de todos. Debemos mirar los adelantos y las glorias de cada nación hermana como si fueran propios, desear su progreso y ayudarlo como si fuera el nuestro".Por eso fueron aceptados con el mismo interés, y recibieron enseñanza con el mismo celo, los brasileños, colombianos, chilenos, bolivianos, uruguayos, ecuatorianos, paraguayos y peruanos que arribaron al Instituto. También con ese espíritu fueron aceptados norteamericanos y europeos.Esa circunstancia cumplió ampliamente lo que había afirmado uno de sus discípulos: "Me doy el lujo de hacer un pronóstico. Que llegará a ser un Centro muy importante de producción científica hasta constituir no sólo una escuela para nosotros, sino para todos los sudamericanos, que se economizarán el viaje a Europa, e irán a Buenos Aires a aprender Fisiología" (Rubio).En 1940, veinte años después de la fundación, el Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires era un centro, mundialmente prestigioso, de investigación y formación de excelencia. El reconocimiento de este hecho fue claramente expresado por el fisiólogo norteamericano Anton Julius Carlson (1875-1956): "Houssay puso a la Argentina en el mapa de la fisiología".Los esfuerzos de Houssay, con todo, no se limitaron al propio Instituto y a la propia ciencia.En agosto de 1933, el senador nacional Carlos Serrey expresó en la Cámara que en el país no había gente dedicada a la ciencia y desoyó la desmentida de Houssay. Ante ese hecho, el periodista y cronista parlamentario Carlos Alberto Silva (1895-1958) reunió a un destacado grupo de científicos, entre ellos al mismo Houssay, para constituir una Asociación para "el mejoramiento de la investigación científica en la República Argentina, acrecentamiento y expansión de los centros existentes y la creación de ambiente propicio para tan altas disciplinas" (Archivo de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, 1933).En diciembre de 1933, esos científicos fundaron la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias y eligieron presidente a Houssay, quien lideró un grupo dinámico e inteligente que difundió por la prensa los objetivos de la Asociación, hizo una encuesta del estado en que se hallaban las ciencias y los institutos científicos del país, promovió la coordinación de las bibliotecas y obtuvo que las empresas farmacéuticas donasen becas. En 1936, la Asociación consiguió que el Congreso de la Nación sancionase la Ley N° 12.338 que le asignó el fondo permanente de un millón de pesos en títulos de la deuda pública. La renta de estos títulos financió el otorgamiento de subsidios y becas internas y externas para la formación de investigadores de todas las disciplinas científicas.Puesto que el desenvolvimiento de los becarios externos debía controlarse, Houssay tomó, con celo misionero, la tarea de mantener correspondencia con ellos. Una y otra vez escribirá: "Sé por experiencia que el que llega a tierra extraña tiene ansias de recibir noticias de su país, por eso me apresuro a anticiparle esta carta pues espero que le agradaría recibirla. Cuando un becario llega a un país extranjero, experimenta sensaciones opuestas: por una parte queda algo anonadado por las cosas nuevas y grandiosas que se le presentan y esto puede despertar un sentimiento de inferioridad que le es desfavorable, por otro lado, sólo advierte al principio todo lo defectuoso o malo que hay, o inferior a lo que se esperaba, siendo frecuente que se exageren los defectos. Lo habitual es que el becario comience con demasiado pesimismo y acabe con demasiado optimismo, no faltando casos en que comete el error de despreciar a su país y a su ambiente al término de su estada. El becario debe recordar que es el fruto de su tierra, que forma parte de ella y que está obligado a retribuirle toda la ayuda y formación que recibió. Por ello debe trabajar con ahínco y sin jactancia, pues lo apreciarán por lo que haga y no por lo que se alabe. Debe tratar de aprender bien algunas cosas y pensar siempre cómo hará para aplicarlas a su vuelta. Las instituciones mandan a los becarios no sólo para el adelanto personal sino para que contribuyan al adelanto de su país, de su Facultad y de la docencia e investigación. Espero que medite y se compenetre bien de estos consejos, fruto de larga experiencia, pues en ellos encontrará orientación y confortación".Houssay fue, además, distinguido con el personal aprecio del presidente Agustín Pedro Justo (1876-1943) quien allanó las dificultades surgidas de la vida universitaria: un serio intento de demolición del edificio del Instituto de Fisiología por el decano José Arce (1881-1968); un fallo desdichado del jurado para cubrir la cátedra de Farmacología de Rosario, que afectaba a su discípulo Hug. La misma Ley N° 12.338 fue propulsada con personal interés por ese presidente en homenaje a Houssay.La década del ´30 fue de pleno reconocimiento internacional: miembro correspondiente de la Association Endocrinologique Russe en 1930, miembro honorario de la Physiological Society y Doctor Honoris Causa de la Universidad de París en 1935.En 1936, fue electo académico de la reorganizada Academia Pontificia de Ciencias junto a Emil Abderhalden, Niels Bohr, Guglielmo Marconi, Robert Millikan, Thomas H. Morgan y Max Planck.Bernardo A. Houssay en el momento de incorporación a la Academia Pontificia de Ciencias.Ese mismo año, la Universidad de Harvard, conmemorando el tercer centenario, le otorgó el doctorado Honoris Causa junto a otros muchos científicos, entre ellos, Edgard Douglas Adrian, Arthur Compton, Arthur Stanley Eddington, Hans Kelsen, Karl Landsteiner, Bronislaw Malinowski, Jean Piaget y Rudolf Carnap.Houssay en su casa, al regreso de la ceremonia del Tricentenario de la Universidad de Harvard, con la toga de Harvard y la epitoga de París.Este acontecimiento asoció la figura de Houssay al ascenso de la ciencia anglosajona, pues, como Houssay mismo advirtió, en 1938, en el Congreso Internacional de Fisiología reunido en Ginebra, se requería saber inglés para conocer y hacer conocer los resultados científicos.En 1939, la década cerró con su designación como miembro honorario de la Société d'Endocrinologie cuyo presidente honorario era Pierre Marie.También las universidades y academias iberoamericanas reconocieron a Houssay pues tanto las de Uruguay y Colombia como las de Brasil y Chile lo honraron como doctor y miembro honorario.Pero ninguno de estos honores lo libró de la envidia y, al recibirlos, solía decir: "Ahora aumentará el número de mis enemigos".El 4 de junio de 1943 las fuerzas armadas derrocaron a Ramón Castillo, vicepresidente de Roberto Ortiz, a quién sucedió tras su dimisión por enfermedad.La aparente unidad del gobierno militar dejó pronto traslucir las tensiones que provocaban en las fuerzas armadas los alineamientos ideológicos o los compromisos materiales con unas u otras de las potencias que combatían en la llamada Segunda Guerra Mundial.Houssay disfrutó, en un primer momento, de cordial interés: el militar ministro de Educación asistió a la conferencia que dio sobre la crisis universitaria y le prometió una entrevista para organizar un Consejo de Educación. Pero la renuncia de este ministro, en octubre, mostró la intensa pugna por el gobierno entre quienes se consideraban aliadófilos y germanófilos. .La intelectualidad universitaria que apoyaba francamente a los aliados, que deseaba un gobierno civil y que se había desencantado prontamente de los interventores universitarios, se sumó a esta situación.En octubre de 1943, un numeroso grupo de ciudadanos reclamó la adhesión de la opinión pública a los principios de "democracia efectiva por medio de la fiel aplicación de todas las prescripciones de la Constitución Nacional y solidaridad americana por el leal cumplimiento de los compromisos internacionales firmados por los representantes del país. La Argentina no puede ni debe vivir al margen de su Constitución y aislada o alejada de los pueblos hermanos de América y de los que en el mundo luchan por la democracia".El gobierno respondió dejando cesantes en los cargos oficiales a quienes habían firmado esa declaración. Muchos docentes universitarios corrieron esa suerte y, entre ellos, Houssay y sus discípulos Oscar Orías y Juan Lewis, titulares de las cátedras de Fisiología en Córdoba y Rosario.Decreto de cesantía de los profesores universitarios, entre ellos Houssay, de septiembre de 1943. Preservado en el Archivo General de la Nación.La reacción del gobierno militar causó profundo desconcierto en la sociedad y, especialmente, en el Instituto de Fisiología y convirtió a Houssay, sin que éste se lo propusiera, y quizás a su pesar, en una figura política partidaria: "Estuve presente cuando el doctor Houssay dictó su última clase magistral. El anfiteatro de la vieja escuela de Medicina estaba repleto de estudiantes, profesores y amigos que deseaban testimoniarle su adhesión. Había también grupos adictos al gobierno militar y policías sin uniforme. En un ambiente tenso, algo pálido y nervioso, el doctor dictó su clase magistral, como lo hacía habitualmente. No pudo sin embargo dejar de hacer una clara alusión política cuando al mencionar la regulación nerviosa dijo que: “Cuando la cabeza anda mal, todo anda mal”, lo que fue recibido con una sostenida salva de aplausos" (Fasciolo).No había perdido pues la entereza. Así lo manifestaban las palabras que hizo circular y que, como su credo personal, presidieron desde ese momento su mesa de trabajo:Y, asimismo, en la carta que envió a Walter Bradford Cannon (1871-1945), el colega y amigo de Harvard: "It is my intention to go on work in physiology here. Only in case this were imposible I would go to foreign countries, from where I have received a lot of invitations. The plan of my whole life has been to work hard in scientific investigation, to create a scientiflc circle of the highest scientific and moral qualities in our country, and do not think to modify this line of conduct unless my situation were such that I could not find resources to survive and to work" (Es mi intención proseguir aquí mi trabajo en fisiología. Sólo en el caso de que esto resultara imposible iría a países extranjeros, de los que he recibido gran cantidad de invitaciones. El plan de toda mi vida ha sido trabajar duro en la investigación científica para crear un círculo científico de la más alta calidad científica y moral en nuestro país, y no pienso modificar esta linea de conducta a menos que mi situación fuera tal que no pudiera encontrar recursos para sobrevivir y trabajar). (Houssay, 1943).A ese fin escribió al discípulo Orías: "Pienso que convendría orientar las actividades en dos caminos: por una parte pienso redactar rápidamente un libro de texto para ayudar a los jóvenes. Por otra parte, pienso buscar recursos para trabajar en la investigación científica" (Houssay, 1943).Houssay cumplió, puntualmente, ambos propósitos.En marzo de 1944, reanudó las investigaciones en el Instituto de Biología y Medicina Experimental, una residencia sumariamente reacondicionada y equipada del barrio de Palermo: "Estamos trabajando en un pequeño laboratorio privado, en investigación científica y sin provechos materiales de ninguna clase. Los recursos son escasos de aparatos, drogas, animales y bibliografía. Había donado mi biblioteca al Instituto de Fisiología y el muy meloso discípulo mío que quedó a cargo de la cátedra me opone dificultades para su uso. Apenas necesito decirle que no es fisiólogo sino gastroenterólogo de tipo común. Mis colaboradores son E. Braun Menéndez, V. Foglia, J. T. Lewis y O. Orías, es decir los mejores fisiólogos que hay en la Argentina" (Houssay, 1944).Grupo fundador del Instituto de Biología y Medicina Experimental. Primera fila, de izquierda a derecha: Eduardo Braun Menéndez, Oscar Orías, Houssay, Juan Treharme Lewis; segunda fila, de izquierda a derecha: Carlos Martínez, R. M. Pinto, Virgilio Gerardo.En esta emergencia lo sostuvieron, además, los colegas norteamericanos, quienes constituyeron un fondo para la compra de revistas y libros y donaron aparatos y drogas.Al año siguiente de la apertura del Instituto de Biología y Medicina Experimental, en junio de 1945, cumplió el segundo propósito al publicar "Fisiología Humana" redactada en colaboración con Lewis, Orías, Braun Menéndez, Hug, Leloir y Foglia.En ese momento, Houssay dirigía, nuevamente, el Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas al que había retornado luego de que fuese declarada ilegal la cesantía de octubre de 1943. En la tensa circunstancia de 1945, Houssay militó en la Junta de Coordinación Democrática oponiéndose, infructuosarnente, a la ascendente estrella de Juan Domingo Perón (1895-1974): "Entre los militares hubo un movimiento para suprimir a Perón. Consideraban que el gobierno no debía emplear todos sus recursos para imponer su candidatura. Ese nuevo gobierno me invitó a ser Ministro de Justicia e Instrucción Pública, diciendo que buscaban elecciones libres y sin presión del Gobierno. Me negué mientras siguiera la dictadura militar, es decir Farrell y otros. En los días siguientes, las reparticiones públicas, Secretaría de Trabajo y Previsión y la Policía y matones pagos interrumpieron el trabajo y provocaron una huelga de trabajadores, 60.000 personas de lo más rotoso y vagabundo que existe, las cuales cometieron excesos en todas las ciudades, protegidos por la Policía. Se volvió al gobierno anterior y sigue la dictadura y la máquina de Perón" (Houssay, 1945).En febrero de 1946, Perón ganó las elecciones nacionales. En agosto, el Poder Ejecutivo Nacional promulgó el Decreto N° 7.966, que dejaba sin efecto la disposición de los estatutos de las universidades nacionales que fijaban un límite de edad a los profesores titulares para continuar en el ejercicio de la cátedra. En septiembre, el Delegado Interventor de la Facultad de Medicina dispuso, de oficio, la jubilación de Houssay.Houssay retornó al Instituto de Biología y Medicina Experimental.Nuevamente su ejemplo había fructificado. En la casa vecina fue instalado por la Fundación Campomar, en las mismas precarias condiciones y dirigido por Leloir, el Instituto de Investigaciones Bioquímicas y, en Córdoba, dirigido por Orías, el Instituto de Investigaciones Médicas "Mercedes y Martín Ferreyra". A fines de 1948, se fundó en Rosario, dirigido por Lewis, el Instituto de Investigaciones Médicas. Durante ese lapso, Houssay recibió numerosos reconocimientos: la Banting Medal y el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Oxford. Recibió esta distinción en 1947, poco meses antes que el Instituto Carolino Médico Quirúrgico de Estocolmo comunicase que le había otorgado el Premio Nobel de Medicina y Fisiología por el descubrimiento que demostraba que la anterohipófisis regulaba no sólo el crecimiento sino también el metabolismo de los hidratos de carbono. El premio fue compartido con los esposos Carl Ferdinand Cori (1896-1984) y Gerty Theresa Radnitz (1896-1957) por los descubrimientos acerca del metabolismo de la glucosa. La noticia provocó gran júbilo entre los colaboradores y amigos: "Pero Houssay se mantenía sereno, creo recordar que comentó que esa distinción le había tomado ya demasiado viejo y que de lo contrario podía haber realizado más obra" (Leloir, 1981).Interior del diploma Nobel. Preservado en el "Museo Bernardo A. Houssay".La noticia fue recibida con cuidadoso silencio por el gobierno del país. Pero el desdén nunca afectó la voluntad de trabajo de Houssay: ,"El trabajo no sólo era su pasión sino su diversión. Solía repetir: 'El trabajo es la diversión más barata'. Recuerdo que en oportunidad de una visita suya a Mendoza encontró a un ex colaborador suyo a quien preguntó, como lo hacía habitualmente, en qué tema estaba trabajando. La respuesta fue, que mientras estuviera Perón no trabajaba, a lo que replicó el doctor Houssay: 'Con Perón, sin Perón y a pesar de Perón hay que trabajar siempre'. Ese era su credo al que hizo honor toda su vida" (Fasciolo, 1981).Houssay en su casa junto al mueble donde exhibia sus condecoraciones y medallas, en el año 1969.Sólo después del derrocamiento militar del gobierno de Perón, en setiembre de 1955, Houssay pudo regresar a la universidad para enseñar e investigar: "Debí hacerme cargo del Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires. Lo encontré en un estado de inactividad, desorganización y corrupción imposibles de imaginar. Por ahora y por cierto tiempo sólo es posible realizar investigaciones científicas en el Instituto de Biología y Medicina Experimental aunque es pequeño. Tenemos una tarea gigantesca que cumplir, pero nuestro deber es emprenderla con el máximo de nuestras fuerzas" (Houssay, 1955).En abril de 1958, al retirarse de la docencia universitaria, Houssay cedió esas tareas a los discípulos Braun Menéndez y Foglia. Ese mismo año, inició la obra que coronaría sus esfuerzos por la institucionalización de la ciencia en la Argentina, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) que, creado en febrero de 1958 y bajo su presidencia, había concedido, en marzo, las primeras becas internas.Esos años fueron de explosión científica: se crearon el Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), y se reorganizó la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). De izquierda a derecha: Rolando García, Raimundo L. Parodi, Félix Gonzáles Bonorino, Venancio Deulofeu, Alberto José Zanetta, Pedro E. Aramburu, Bernardo A. Houssay, Ignacio Pirosky, Eduardo Braun Menéndez, Humberto Ciancaglini, Fidel A. Alsina Fuertes, Luis F. Leloir, Eduardo De Robertis; semioculto Julio César Gancedo.Estos años plantearon, también, nuevas exigencias sociales para los investigadores y los profesores a las que Houssay respondió, solamente, con su vocación por la ciencia.En la apertura de los cursos de la Universidad de Buenos Aires, en abril de 1961, el consejero estudiantil Bernardo Kleiner propuso como modelo de egresado al médico Ernesto Guevara (1928-1967), el Che Guevara, por unir la ciencia del médico a la acción social.A esa propuesta, Houssay respondió: "Eliminar la intromisión política (partidos nacionales o internacionales) en la Universidad. Como ciudadanos los profesores o alumnos tienen el derecho de intervenir en política, pero fuera del recinto universitario. Las orientaciones y el gobierno universitario son responsabilidades que corresponden a los profesores".En junio de 1966, fue depuesto el presidente constitucional Arturo Illia y asumió la presidencia de facto el militar J.C.Oganía.Las universidades fueron intervenidas y, en julio de 1966, la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales fue agraviada por la brutal intrusión de la policía.La comunidad universitaria exigió a Houssay que enfrentase, manifiestamente, esta política. No lo hizo y continuó ejerciendo la presidencia del CONICET. Pero, en tanto funcionario, expresó, al presidente militar, la reprobación por esos sucesos, y el directorio del CONICET, del cual era el presidente, declaró, con firme moderación, que debían repudiarse. También procuró reubicar a los científicos renunciantes y preservarlos de otras agresiones.El gobierno militar, por su parte, procuró limitar la preeminencia institucional de Houssay, y creó el Consejo Nacional de Ciencia y Técnica (CONACYT) y la Comisión Nacional de Estudios Geoheliofísicos.Llegaron, finalmente, los años de declinación física que no quebraron su voluntad de trabajo para una tarea que consideraba inacabada: "Tal vez se quedó demasiado".Porque, quizás, se había quedado solo pues los discípulos que sentía como los sucesores –Orías, Braun Menéndez- habían fallecido prematuramente. En 1970, ya semipostrado, recibió, con gran alegría, la noticia de que habían conferido el premio Nobel a su discípulo Luis Federico Leloir (1906-1987).Houssay con Leloir, a mediados de 1971, en la biblioteca del Instituto de Biología y Medicina Experimental.Fue la última, pues falleció el 21 de setiembre de 1971.(Nota Cuervoedo: curiosamente Houssay, quién fuera un estudiante ejemplar, falleció el día en que se celebra el “Día del estudiante” en Argentina)"Con una laboriosidad, disciplina y generosidad ejemplares, aún en los períodos más amargos de su vida, Houssay sembró Argentina y América de discípulos a los que les enseñó a respetar los hechos, a buscar la verdad y a sentir el contenido humano de esa aparente fría disciplina que es la investigación científica. Los que les seguimos durante años, en las buenas y en las malas, en el acuerdo y en el desacuerdo, quisiéramos que se le recordara siempre como fue; que quedase viviente su personalidad con sus grandezas y, también, con sus pequeñas y humanas debilidades; que no pasase a ser una figura de bronce, un nombre de plaza, una cita en el diccionario. Tampoco un prócer argentino más" (Taquini, 1981).FUENTE:

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Grabar 6 películas en dvd para ver en reproductor de mesa.
InfoporAnónimo8/14/2007

Probablemente digan que ya hay un post similar, pero acá lo explico y lo "traduzco" para que se entienda bien. Aparte agregué algunas explicaciones mías (en marrón y negritas) que pueden servir. Esto sirve para que, con el Nero, puedan grabar 6 películas (suponiendo que cada una es de 700 Mg) en 1 DvD y se puedan ver en un Reproductor de DvD de mesa. La explicación no la armé yo, por eso al final doy la fuente. Si tenemos un DVD de 4.7 Gb virgen y deseamos grabar en el 6 archivos de extensión "avi" de capacidad 700 Mg c/u (Es lo que generalmente ocupa una película), esto es lo que debemos hacer. Para esto debemos tener: 1.- Una grabadora de DVD en la computadora. 2.- El programa Nero Burning ROM en la misma computadora, claro está. Paso 1: Abrir "Nero Burning Rom". Ahí veremos la siguiente ventana. Paso 2: En el menú de la izquierda elegimos DVD y marcamos "sin multisesión",OJO, siempre y cuando tengamos en el Disco Rígido todas las películas que deseamos agregar al DvD y estemos seguros que no vamos a agregar nada mas al mismo. En el caso que tengamos menos archivos, elegimos DVD y marcamos "Iniciar disco Multisesión", entonces grabará los archivos que tenemos y después podremos grabar mas archivos hasta completar 6 (o 5 o 4 o 3, dependiendo de cuanto ocupe cada película). Siempre se recomienda que, una vez que hayamos decidido no agregar mas cosas al CD o DvD, se cierre el mismo, o sea, cuando no se va a agregar nada mas entonces, en esa sesión, ponemos "sin multisesión". Paso 3: En la misma ventana en el menú izquierdo marcamos DVD-ROM (UDF/ISO) y hacemos click en "Nuevo". Paso 4: En esta ventana, en la parte "Explorador de Archivos" tenés que buscar en el disco rígido la carpeta en la que están los ".avi" que querés grabar, hace click sobre la carpeta y en la parte "Nombres" aparecerán. (Yo recomiendo que la carpeta no tenga espacios (reemplazarlos por un guión bajo) ni letras que no existan en inglés, como la "ñ". Lo mismo para el "avi" y el "srt" que es el subtítulo. Traten de conseguir siempre un subtítulo "srt" que son los menos problemáticos y pónganle el mismo nombre que tiene le den al "avi", y por supuesto "avi" y "srt" en la misma carpeta) Paso 5: En la parte "Nombre" buscamos los archivos que queremos grabar, pulsamos sobre el archivo con el botón izquierdo del ratón sin soltar y trasladar a la parte Nombre que esta en la izquierda. Esto se repite 6 veces por cada archivo. (Yo, particularmente, prefiero tener abierto el "explorador de windows" e ir arrastrando las cosas que quiero grabar desde el "Explorador" hasta la ventana del Nero, pero eso va en gusto y comodidad de cada uno). La línea azul ubicada en la parte inferior, indica lo que estamos usando del DVD y no podemos pasarnos de 4.7 GB. Paso 6: Colocamos el DVD virgen en la grabadora de DVD y presionamos "Grabar la compilación actual". Paso 7: En la nueva ventana debe estar marcado Grabar y en la parte Velocidad de Grabación debes elegir la del DVD virgen. Se recomienda SIEMPRE a la mínima velocidad ("8x" por lo general). A continuación haces click en Grabar. Ahora empieza "Nero" a grabar los 6 archivos "avi" y podrás verlos uno a uno en tu DVD de mesa. Esta manera es la mas barata, ahorras guita, ya que cada archivo de 700 MB cabe en un CD y para grabar 6 archivos "avi" necesitas 6 CD. Si tenés un DVD de 8 GB (OJO, no compren estos DvD si no tienen una grabadora "DUAL LAYER" porque no se los va a reconocer como de 8Gb), podés grabar en el 11 archivos ".avi" de 700 MB y ahorrás mas. Si los archivos son de extensión "mpg", para grabarlos en un DVD, sigan los siete paso anteriores, no hay diferencia. Lo único diferente es lo que ocupa cada archivo "mpg", estos por lo general duplican el espacio de los "avi", es decir una película "avi" de 700 Mb se convierte en una película 1.4 Gb. Por lo tanto, en un DVD de 4.7 GB se pueden grabar 3 archivos "mpg". Espero que a alguien le haya servido, un abrazo. FUENTE:http://www.matematicastyt.cl/Manuales/Grabar_Archivos_avi_o_mpg_en_un_dvd.htm

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Países de Latinoamérica. Origen de sus nombres
InfoporAnónimo1/4/2008

Primera entrega Arrancamos por el origen del nombre del continente, aunque, si bien se que es recontra conocida la razón, pero no se si todos sabían cómo y cuándo comenzó a llamársela así. Luego puse todos los países latinoamericanos de habla hispana y Brasil América ¿Por qué América no recibió el nombre de Colombia en honor a su descubridor? ¿Por qué no se le siguió llamando Indias Occidentales? ¿Por qué hablamos de Latinoamérica o Hispanoamérica, mientras a Norteamérica no la llamamos Francoamérica o Angloamérica? El nombre de América fue tomado del nombre del navegangte italiano Américo Vespucio (1451-1512) que escribió un gran número de relatos de sus múltiples viajes por el continente. Estos relatos fueron traducidos por el cartógrafo alemán Martin Waldseemüller (1470-1522), quien diseñó en el 1507 un mapamundi con el continente americano y publicó el tratado Cosmographia introductio, en el que por primera vez le da el nombre de América a estas nuevas tierras en honor a Américo Vespucio. Cuando hoy hablamos de Hispanoamérica nos referimos a todos los países americanos de habla española. Bajo Iberoamérica comprendemos los países de habla española y portuguesa (Brasil). Latinoamérica comprendería a todos los países en los que se habla una lengua latina: español, portugués, francés, italiano. Veamos el origen histórico de los nombres de cada país Latinoamericano: Argentina Viene de argentum (lat. plata), de ahí el nombre de Río de la Plata que fue el camino natural de los españoles para llegar a los yacimientos de plata de la región de Potosí en Bolivia. (Aún decimos hoy en español: “esto vale un Potosí“) Brasil Su nombre proviene del palo Brasil, árbol tropical abundante en esa región. Utilizado por los indígenas, este árbol al ser hervido desprendía un color rojizo, parecido al rojo incandescente de las brasas. De ahí su nombre en portugués. Bolivia Lleva el nombre en honor al caudillo de la Independencia americana Simón Bolívar, que era propiamente venezolano. Chile El nombre viene del aymara tili que significa algo así como Finis Terrae o confín del mundo. Colombia Lleva el nombre en honor a Cristóbal Colón, que nunca ha estado en Colombia. El nombre de la capital, Bogotá, viene del inca bacatá que significa 'centro de recreo o de distracción'. Costa Rica Así llamaron los españoles a este país impresionados por la riqueza y los yacimientos auríferos del mismo. Cuba Fue bautizada primero por los españoles como Fernandina (en honor al rey Fernando el Católico). Este nombre no se conservó, sino el de Cuba, que en lengua de los indios siboney significa 'montaña'. Ecuador Lleva un nombre que no es difícil de adivinar por su posición geográfica. El Salvador Lleva el nombre cristiano de Jesús, el Salvador. Guatemala «Quiché, ‘tierra de muchos árboles’, ‘tierra poblada de bosques’, era el nombre de la nación más poderosa del interior de Guatemala en el siglo XVI. El mismo significado tiene la palabra náhuatl Quauhtlemallan, que es probablemente una traducción del nombre Quiché y que, lo mismo que éste, describe con acierto el país montuoso y fértil que se extiende al sur de México. Es indudable que el nombre azteca Quauhtlemallan, del cual se derivó el moderno de Guatemala, se aplicaba a todo el país y no solamente a la capital de los cakchiqueles.» Fue conquistada por P. de Alvarado en 1524. Independencia: 1821. Honduras Viene del adjetivo castellano “hondo”. Nombre que le pusieron los españoles a esta región por las dificultades que encontraron para desembarcar en sus costas, es decir, por las dificultades que tuvieron los barcos de Colón para fondear en sus costas por la gran profundidad del agua. México Lleva el nombre que los aztecas se habían dado a sí mismos – mexicas –, en honor a su dios de la guerra Mexitli. El nombre lo lleva, además de todo el país, la capital federal, México Ciudad. Nicaragua En opinión de muchos, el nombre es el de un cacique, famoso en aquella región, llamado Nicarao. Paraguay Lleva el nombre del río que lo atraviesa, el río Paraná. Perú Lleva el nombre de un cacique de los tiempos de Pizarro, llamado Berú. Puerto Rico Esta isla fue bautizada por los españoles con el nombre de San Juan Bautista en honor al príncipe Juan. Más tarde se la llamó Puerto Rico. Los cronistas y los aborígenes siempre la llamaron Borinquén. República Dominicana Forma con Haití una sola isla que los españoles bautizaron con el nombre de La Española (o Espaniola) y en la que construyeron un fuerte. Hoy la isla está dividida en dos naciones naciones. Haití es de lengua francesa o criolla. La ciudad de Santa Domingo dio el nombre al estado actual. Uruguay Es una voz indígena y significa 'río de los pájaros'. Venezuela Es el diminutivo de Venecia y significa 'la pequeña Venecia' por el aspecto de las cabañas construidas sobre aguas pantanosas que encontraron los españoles a su llegada a esta región. Fuentes: http://culturitalia.uibk.ac.at/hispanoteca/Landeskunde-LA/Pa%C3%ADses%20hispanoamericanos%20y%20su%20nombre.htm http://www.skyscraperlife.com/archive/index.php/t-9244.html

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Alberto Pedro Calderón
Alberto Pedro Calderón
InfoporAnónimo1/30/2008

Con este breve repaso de su vida, quiero homenajear a este hombre, quién fuera, a mi entender, el matemático mas importante de la historia Argentina, y, quizá, de Latinoamérica. Tal vez ninguno de los pocos que van a entrar a este post haya oído hablar de él, su muerte pasó desapercibida, como así también lo hará el 10mo aniversario de su muerte, que se cumple el próximo 16 de abril. Desde ya aclaro que no me interesa que me den puntos, me sobran, repito, no quiero puntos, pero sería gratificante leer al menos 10 comentarios diciendo "leí el post". Alberto P. Calderón Discurso del Dr. Eduardo Zarantonello. UMA- Rosario, 22 de setiembre de 2000. Alberto Pedro Calderón Alberto Pedro Calderón muere el 16 de abril de 1998, y con él desaparece uno de los más distinguidos matemáticos del siglo XX, y ciertamente el más notable matemático argentino de todos los tiempos. Deja una impronta imborrable en el área del análisis, del análisis duro, al que ofrece nuevas herramientas de amplia utilidad y suprema eficacia, ya sea en el terreno puramente teórico como en el de las aplicaciones. Tal es el caso, por ejemplo, de la teoría de las Integrales Singulares que desarrolla conjuntamente con Zygmund y que se muestra como el instrumento adecuado para el estudio de ecuaciones diferenciales elípticas o hiperbólicas, muy especialmente para la solución del problema de Cauchy cuando el contorno satisface una condición de Lipchitz. Muchos otros son los campos que toca esta teoría – grupos de Lie, operadores integrales, variables complejas múltiples, teoría ergódica, interpolación compleja, análisis multiparamétrico, ondeletas – hoy en día tan de moda, a las cuales parece ofrecer un fundamento adecuado – y tanta otra cosa que escapa mi conocimiento y comprensión. Hoy sin embargo, puesto que poco es el tiempo y escasos mis conocimientos, prefiero hablar de la persona más que de la obra, usando para ello en la medida de lo posible su propio testimonio. Alberto Pedro Calderón Calderón nació en Mendoza el 14 de septiembre de 1920 en el seno de una familia tradicional del medio. Según él mismo cuenta, su padre, que era médico, pronto lleva a sus hijos, el Nenón y la Nenacha, por el camino de la aritmética y la música – no tendrían más de siete años – haciéndoles hacer operaciones mentales durante las comidas, que alternaba con la audición de música clásica. Así – recuerda Calderón – "con esa experiencia mi padre creó en mi mente un vínculo entre la aritmética y la música cuya belleza me emocionaba". Agreguemos que Alberto aprendió a tocar el piano y que nunca dejó de tocarlo, aunque nunca lo hizo para los demás, la música para él era una suerte de meditación interior. Tempranamente interesado en las cosas mecánicas decía que quería ser ingeniero, pues -¿qué niño quiere ser matemático?- y así su padre que ve en ello una verdadera vocación, le prepara el camino para el ingreso a la mejor escuela de ingeniería del momento, la Eidgenossische Hochschule de Zurich, y a los doce años, a punto de iniciar sus estudios secundarios lo hace estudiar alemán (muy contra su gusto) y lo instala en un internado en Suiza. Alberto Pedro Calderón Es allí donde, a causa de una travesura infantil, su profesor de matemáticas, el Dr. Save Bercovici, lo castiga con un problema de geometría, problema que resuelto le revela su verdadera vocación: la de ser matemático. Al cabo de dos años Alberto vuelve a Mendoza y completa sus estudios secundarios en el colegio Agustín Alvarez, verdadero semillero del talento mendocino, y de allí parte a Buenos Aires para iniciar sus estudios de ingeniería. Permítanme aquí una breve digresión: hasta poco antes de la mitad del siglo pasado la idea de hacer de las matemáticas una profesión casi no existía en la sociedad argentina, y la actitud general era aquella de "¿... así que te gustan las matemáticas? – pues entonces serás ingeniero". Tampoco existían centros donde se hicieran estudios formales en esta disciplina como no fueran las minúsculas escuelas en las Universidades de Buenos Aires y La Plata iniciadas directa o indirectamente por sugerencia de Don Julio Rey Pastor, escuelas de cuya existencia el público en general no tenía idea alguna, y menos aún los jovencitos a la terminación de su bachillerato. Y así fue que Alberto estudia en la Universidad de Buenos Aires y se hace ingeniero. Algo más quiero decir: al hablar de la educación de Alberto y exaltar su calidad se pone un cierto énfasis en el par de años pasados en Suiza, como dando a entender que la educación en casa no hubiera sido suficientemente buena. Craso error, en esos años la escuela secundaria argentina, enciclopédica y memoriosa, como la califican los psicólogos y pedagogos del momento, era de excelentísima calidad, y , como bien sabemos aquellos de nosotros que hemos vivido y educado a nuestros hijos en países otros que el nuestro, en modo alguno inferior a la de ellos. En aquellos tiempos Argentina era uno de los países del mundo que más importancia daba a la educación. Como dije, Alberto inicia estudios de ingeniería en la Universidad de Buenos Aires, aunque en realidad al advertir que podía hacerlos en matemáticas hubiera preferido estudiar en este campo. Según él fueron "las precarias posibilidades de ganarse la vida como matemático imperantes entonces" las que aconsejaron el cambio. Así pues se inscribe en ingeniería y al cabo de siete años egresa como ingeniero civil sin haber perdido por eso su interés en las matemáticas. Muy por el contrario, busca el contacto de los matemáticos del lugar y empieza por establecer una estrecha amistad con Bernardo Baidaff, director del "Boletín Matemático Argentino". Su asistencia al tercer curso de Análisis dictado por Rey Pastor, y participación en las clases especiales que Don Julio daba para profundizar los temas tratados lo pone en contacto con él y, a través de él, con Balanzat y Santaló, y así llega a quien sería su amigo, mentor y protector: Alberto González Domínguez. En este punto puede decirse que Alberto Calderón está ya instalado en las matemáticas. Pero, con un diploma de ingeniero bajo el brazo y cumplidos sus veintisiete años entiende que es momento de dejar de ser carga para su padre y establecerse por cuenta propia, y así es que busca y obtiene un empleo en el Laboratorio de Investigaciones Geofísicas de YPF. Los problemas técnicos susceptibles de un tratamiento matemático que se le asignan le fascinan, no así su relación con sus superiores que, según él mismo dice lo "trataron mal", razón por la cual pronto renuncia al cargo. Y aquí agrega "esto fue para mi bien, pues, si me hubiesen tratado de otro modo, casi seguramente me hubiera quedado allí por el resto de mi vida". En este circunstancial desamparo Calderón busca y encuentra apoyo en su amigo González Domínguez, quien prontamente obtiene para Alberto un nombramiento de Ayudante en su cátedra de la Facultad de Ciencias. En este punto Calderón entra definitivamente en el mundo de las matemáticas, en el que permanecerá hasta el fin de sus días, no sólo como simple ciudadano sino como soberano ilustre de un amplio territorio de esta ciencia. "Harmonic analysis and partial differential equations" de A.P.Calderón Durante la década de los años cuarenta, por razones que no sabría explicar, Argentina recibe frecuentes visitas de matemáticos estadounidenses: George D. Birkhoff, profesor de la Universidad de Harvard, decano de los matemáticos de los Estados Unidos, Adrían A. Albert, destacado algebrista de la Universidad de Chicago, Marshall H. Stone, profesor entonces de la Universidad de Harvard y autor del recientemente aparecido y famoso libro: "Linear Transformations in Hilbert Spaces" (con quien me ha tocado hacer un curioso paso de baile académico), y Antoni Zygmund, matemático polaco establecido en los EEUU y autor de un grueso volumen sobre series trigonométricas, y otros que muy probablemente estoy olvidando. Es allá por el 1948, o acaso más tarde, que Stone en su segunda visita a Argentina sugiere que se invite a Zygmund a dictar un curso, sugerencia que es prontamente aceptada y para cuyo cumplimiento González Domínguez pone su cátedra a disposición del invitado, con lo cual Calderón automáticamente pasa a ser ayudante de Zygmund, dando así origen a uno de los casos de colaboración entre matemáticos más fructíferos de la historia. Cumplidas sus funciones Zygmund regresa a Chicago llevando consigo a Calderón como becario de la fundación Rockefeller, quien bajo su dirección se doctora en el término de un año (1950) con una tesis que rápidamente compone abrochando conjuntamente tres trabajos independientes. Su carrera docente en ésta su nueva tierra se inicia en la Ohio State University, donde pasa tres años, lo lleva al [/b]Institute for Advanced Studies en Princenton,[/b] luego al Massachusetts Institute of Technology (MIT), y finalmente de regreso a la Universidad de Chicago, donde en alternancia con cargos en MIT escala todas las jerarquías académicas. Visita Argentina con frecuencia en calidad de Profesor Visitante e Investigador Superior del CONICET, y otros países en América y Europa. De paso permítaseme notar que la "Chicago School of Analysis", de cuya creación Calderón y Zygmund son protagonistas, y que agrupa nombres del prestigio de Marshall H. Stone, Shing S. Chern, Saunders Mc Lane, André Weil, Paul Halmos, Irving Kaplansky, Irving Segal, Edwin Spanier, es cumbre del Análisis Matemático del mundo. Las Universidades de Buenos Aires, Autónoma de Madrid, Ohio State en los Estados Unidos y de Technion en Israel, lo distinguen como "Doctor Honoris Causa", y recibe numerosos premios que culminan con la "Medalla Nacional de Ciencia", máximo galardón científico de los EE.UU. Sin negar la belleza intrínseca de las matemáticas, que Calderón reconoce y contempla una y otra vez, son sus desafíos lo que realmente le atrae, e incapaz de mantenerse quieto en la tribuna, se lanza osadamente al campo de juego. "Conocer está bien, pero inmensamente más apasionante es hacer, hacer matemáticas". De esta inclinación habla claramente aquella anécdota de su temprana vida de matemático, tantas veces repetida. En su seminario en la Universidad de Buenos Aires, Zygmund presenta a un auditorio que incluye a Calderón un conocido teorema sobre series de Fourier contenido en su libro. Terminada la demostración Calderón confuso pregunta "¿porqué la demostración ofrecida es más larga que la del libro? No es así – responde Zygmund – es la misma". Hay un momento de perplejidad, algo extraño ha ocurrido. ¿Qué?. Simplemente que, oído el enunciado, Calderón que oye pero no escucha, se ha echado andar por un atajo de su invención y ha llegado antes que su maestro. Esta actitud de tomar las matemáticas por cuenta propia, de crear más que aprender, es la característica singular de su talento, y así, cuando Calderón enseña, no enseña matemáticas, enseña a matematizar. De esto dan testimonio sus alumnos. Como ejemplo me permito reproducir aquí lo que a este respecto dice Michael Christ, hoy profesor en la Universidad de California, Berkeley (traduzco): "Sus clases eran claras pero poco pulidas, con ocasionales regresos y enmiendas ... y finalmente comprendí que esas clases eran apenas bosquejadas de antemano, y que en esos momentos Calderón estaba repensando los teoremas en el pizarrón, invitándonos a hacerlo juntamente con él". Este testimonio también habla de una amplia generosidad que le hacía compartir sin reticencias ideas e intuiciones con sus interlocutores. Veintisiete estudiantes, entre ellos trece argentinos, se han doctorado bajo su dirección. Calderón y yo hemos sido contemporáneos, hemos vivido los mismos ámbitos y marchado por rutas que se han cruzado y entrecruzado una y otra vez, pero rara vez nos hemos encontrado en el camino. De él me queda la imagen del hombre que reposa con la mirada puesta en la lejanía, sus ojos vueltos hacia adentro en busca de Dios sabe qué quimeras, mientras sus dedos recorren un teclado imaginario. Por eso, para una evocación más real, echo mano del testimonio de aquellos que han tenido el privilegio de tratarlo más de cerca y largamente: "Calderón era hombre elegante, de porte distinguido y reservado, excelente conversador, con gracia natural, modesto y generoso con su tiempo y sus ideas, seguro de sí mismo e indiferente a la competencia." (Christ, Sadosky y Kenig). Su muerte, muy sentida en el mundo entero, dió origen a un sinnúmero de artículos recordatorios en revistas especializadas y periódicos de prestigio internacional. Sí, en todas partes, menos en su provincia natal donde pasó desapercibida. Tal vez por aquello de que "Nadie es profeta en su tierra".

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