d

darkenwood

Usuario (Argentina)

Primer post: 26 sept 2011Último post: 15 may 2012
14
Posts
26
Puntos totales
42
Comentarios
E
Entrevista a Salvador Dalí
Ciencia EducacionporAnónimo10/8/2011

link: http://www.youtube.com/watch?v=L2WJu32WxAwlink: http://www.youtube.com/watch?v=1vZDyWT7kX4link: http://www.youtube.com/watch?v=O9AP5EvKf24link: http://www.youtube.com/watch?v=naYRtVGrAD0link: http://www.youtube.com/watch?v=naYRtVGrAD0link: http://www.youtube.com/watch?v=MypbMFQgPkUlink: http://www.youtube.com/watch?v=v-Tt7_mIo-wlink: http://www.youtube.com/watch?v=9720Zb65ULo

10
2
H
Hallan que el 1% de los genes humanos están inactivos
Ciencia EducacionporAnónimo2/21/2012

Científicos que estudian el genoma humano descubrieron que cada uno de nosotros porta alrededor de 20 genes que han estado completamente inactivos, lo que sugiere que no todos los genes desactivados son dañinos para la salud. Un equipo del Instituto Sanger de Gran Bretaña está desarrollando un nuevo catálogo de lo que denominó variaciones genéticas con "pérdida de la función" (LoF por su sigla en inglés) para ayudar a identificar nuevas mutaciones causantes de enfermedad, y señala que su trabajo ayudará a los científicos a comprender mejor el funcionamiento normal de los genes humanos. Como parte de un estudio más amplio llamado Proyecto 1.000 Genomas, el equipo creó una serie de filtros para identificar errores comunes en el genoma humano, o código genético completo. "Las preguntas clave en que nos concentramos para este estudio fueron cuántas de esas variaciones LoF eran reales y qué rol jugarían en la enfermedad humana", dijo Daniel MacArthur, del Instituto Sanger, que trabajó en el equipo. Los investigadores observaron casi 3.000 posibles variaciones LoF en los genomas de 185 personas de Europa, Asia oriental y África occidental. Sus hallazgos fueron publicados en la revista Science. Las variaciones LoF son cambios genéticos que están previstos para interrumpir severamente la función de los genes. Algunas son conocidas por causar enfermedades humanas como la distrofia macular y la fibrosis quística. Los proyectos previos de secuenciación del genoma han sugerido que hay cientos de estas variantes en el ADN, incluso de los individuos perfectamente saludables, pero los investigadores no habían podido decir exactamente cuántos. En este estudio, los filtros revelaron que en el 56% de las 3.000 posibles LoF analizadas era poco probable que se viera afectada la función genética. Pero de las variantes LoF reales, 100 suelen hallarse en el genoma de cada europeo, indicaron los investigadores, y 20 afectan a ambas copias del gen, lo que implica que provocarán la pérdida completa de su función. "Esto muestra que al menos el 1% de los genes humanos pueden apagarse sin causar enfermedad grave", dijo Mark Gerstein, profesor de informática biomédica de la Yale University en EEUU, quien también trabajó en la investigación. "Pudimos usar la diferencia entre estos genes 'tolerantes a la LoF' y aquellos que sabemos que provocan enfermedad en los humanos para desarrollar una forma de predecir si un nuevo cambio descubierto en un gen es proclive o no a causar enfermedad grave", agregó Gerstein. Chris Tyler-Smith, que dirigió al equipo en el Instituto Sanger, señaló que los hallazgos serían inmediatamente útiles para los actuales estudios de secuenciación del ADN en pacientes con enfermedades específicas. Los resultados generaron una lista de más de 1.000 variaciones LoF, dijo el autor, "y en la mayoría de los casos se sabe poco o nada sobre cómo funcionan esos genes o qué hacen". "Estudiando en detalle a las personas que los portan, deberíamos obtener nuevas perspectivas sobre el funcionamiento de muchos genes humanos poco conocidos", finalizó Tyler-Smith.

10
0
M
Molécula sintética que desactiva la formación de tumores
Ciencia EducacionporAnónimo2/29/2012

Diseñan molécula sintética que desactiva la formación de tumores Investigadores españoles sintetizaron una molécula en laboratorio que activa de forma controlada una respuesta inmunológica contra la proliferación de tumores. La revista de referencia en investigación The Journal of Immunology publica las conclusiones del experimento, que demuestra la efectividad de la nueva partícula en ratones, indicó hoy en un comunicado la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). El equipo de investigadores está formado por científicos de esta universidad y del Consejo Superior español de Investigaciones Científicas (CSIC). Tras la administración de la molécula, los investigadores observaron en los ratones una reducción drástica en la formación de metástasis en los pulmones. Existe un tipo de glóbulos blancos, los linfocitos iNKT (Natural Killer T Cells), que luchan contra las infecciones y contra los tumores liberando unas proteínas, las citocinas, que activan la respuesta inmune, destruyendo las células infectadas o malignas. Para llevar a cabo este proceso protector, estos glóbulos deben recibir una señal de activación, como una especie de interruptor que la ciencia quiere crear de forma artificial para poderlo controlar. Los científicos trabajan desde hace unos años en un glicolípido, el alfa-galactosiceramida, que se acopla a los receptores y desencadena la respuesta inmunológica, pero las pruebas clínicas han revelado últimamente que es poco efectivo porque es demasiado potente. Los investigadores de la UAB, dirigidos por el profesor Raúl Castaño, en colaboración con el experto del CSIC Amadeu Llebaria y con la participación de científicos del Instituto de Salud Carlos III, han diseñado una molécula muy similar a la alfa-galactosiceramida, pero con unos pequeños cambios en su estructura. La nueva partícula, bautizada como HS44, se engancha bien a los receptores de los linfocitos iNKT y se desasocia más rápidamente, lo que reduce su potencia y permite que se active de forma más eficiente y controlada la respuesta inmunológica. En las pruebas de ratones, la HS44 ha inhibido la metástasis en pulmones, unos resultados que abren las puertas a nuevas aplicaciones terapéuticas en el futuro.

5
0
Mi nombre es Maximus Decimus Meridius
Mi nombre es Maximus Decimus Meridius
Ciencia EducacionporAnónimo10/4/2011

link: http://www.youtube.com/watch?v=CHN3tE2qP6M"Mi nombre es Maximus Decimus Meridius, comandante del ejercito del norte, general de las legiones Fenix, leal servidor del real emperador Marcus aurelius, padre de un hijo asesinado, esposo de una esposa asesinada, y tendré mi venganza, en esta vida o en la siguiente..."Gladiador es una película estrenada en el año 2000 y dirigida por Ridley Scott.El personaje interpretado por Russell Crowe está inspirado en varias figuras historicas, Marcus Nonius Macrinus, Narcisus, Spartacusy Maximus di Hispania. Marcus Nonius Macrinus fue en realidad un gobernador de Asia y exponente de una de las familias más importantes de Brescia del siglo II d.C., sirvió como consul general y en efígrafe de su tumba hallada en el 2008 resa "comes legatus", amigo del emperador Marcus Aurelius, sin embargo nunca terminó como gladiador.Narcisus por su parte fue un atleta y luchador romano del siglo II d.C. y conocido por asesinar al emperador Commodus estrangulándolo en la bañera por su alianza con el senado liderado por el prefecto pretoriano Quintus Aemilius Laetus. La historia de Spartacus se centra en la de un esclavo traciano el cual se subleva con otros 77 en el año 73 de la escuela de gladiadores Gnaeus Lentulus Batiatus de Capua.Maximus di Hispania fue un usurpador romano que vivió entre 409 y 411 d.C. en España e hijo Gerontius, quien fue general de Constantino III.Cincinnatus fue un granjero, dictador y cónsul romano entre 460 y 438 a.C. Se ganó la fama de modelo de la virtud romana. Era granjero, pero cuando se necesitaba, sirvió a su pais efectivamente y sin questionar ninguna acción.

0
0
Conoce el nuevo FIAT Palio 2012
Conoce el nuevo FIAT Palio 2012
Autos MotosporAnónimo11/8/2011

En una macro presentación internacional, FIAT Brasil develó al mundo su más reciente creación, el nuevo FIAT Palio 2012, un vehículo subcompacto que ha significado millones de ventas en Sudamérica y que con esta nueva entrega, promete mantenerse como líder indiscutible del segmento en el mercado local.A diferencia de las anteriores entregas del Palio, ésta es una plataforma totalmente nueva, compartida con la del nuevo UNO (el mismo modelo que conocimos el pasado Salón del Automóvil) y específicamente para satisfacer las necesidades de estos mercados.El nuevo Palio 2012 es más grande, más seguro y con mayor equipamiento. El auto creció 31mm de ancho, 60mm en altura, 28mm de largo y 47.3mm de distancia entre ejes para garantizar la comodidad de quienes viajan en la parte trasera.El diseño es completamente nuevo y se elaboró entre los centros de diseño de la marca en Brasil e Italia. Definitivamente encontramos una gran influencia del Grande Punto, sobre todo en la parte frontal donde los faros tienen una forma oval muy parecida a los de éste. Atrás, los faros se extienden hasta la parte más alta, formando una hilera larga hasta la parte media de la tapa de la maletera.Entre las principales mejoras respecto a todos los modelos anteriores, destacan la amplitud del espacio interior, que gracias a un toldo más ancho, aumenta un 8% y la banca trasera que tiene dos posiciones, también está la iluminación externa la cual fue optimizada para alumbrar lo más posible en el camino para seguridad y confort de quien maneja.La maletera mantiene los 290 litros de capacidad, la cual es muy buena para su segmento, pero además puede ampliarse gracias al respaldo trasero abatible hasta los 750 litros. Por dentro, encontramos nuevos asientos más cómodos, pero más importante aún, también más bajos (la generación anterior contaba con unos que daban una posición muy alta) y un buen nivel de equipamiento con detalles como el sistema de audio con Bluetooth, entrada auxiliar y USB, interfaz para conectar el iPod, aire acondicionado manual; espejos, cristales y seguros eléctricos (dependiendo de la versión) y en cuanto a seguridad, cuatro bolsas de aire, barras de protección lateral en las puertas, ABS y EBD.Con todo y todo, el nuevo FIAT Palio 2012 es 15% más liviano que su antecesor, algo que mejora el consumo de combustible y la respuesta del motor.En la parte mecánica podemos encontrar desde un 1.0L de 73 Hp, un 1.4L de 85 Hp y finalmente el más grande 1.6L de 115 Hp (dependiendo de cada mercado), todos de cuatro cilindros y aspiración natural.La transmisión puede ser una manual de cinco relaciones o una manual robotizada (DUALOGIC) también de cinco.Este auto se fabrica actualmente en la planta de la marca en Betim, Belo Horizonte en Brasil, pero en 2012 arrancará su producción en Argentina, algo que eleva las oportunidades de que sí se comercialice en nuestro país.Por ahora no está confirmado para Chile, dado el desfavorable tipo de cambio del peso chileno contra el real de Brasil. En este último, arranca con un precio de 30.000 reales, que es el equivalente a poco más de $6.5 millones chilenos, mientras que la versión más equipada alcanza los 43.000 reales o sea poco más de $12 millones chilenos. Esto lo posicionaría fuera del mercado, así que tendremos que esperar mejores noticias ahora que entre en funcionamiento la planta de Argentina.El Palio es un producto importantísimo para FIAT de Sudamérica, tan sólo en Brasil fue el encargado de entregarle el liderazgo en 2001 y mantenerlo hasta ahora y ha vendido más de 2.5 millones de unidades desde su introducción en 1996. Su desarrollo ha sido titánico, se crearon tres modelos de arcilla (normalmente sólo hacen hasta dos), 125 pruebas extensivas, 536 prototipos y recorrer más de dos millones de kilómetros para asegurarse de entregar un nuevo líder del segmento.

0
33
Muerto en vida (Una tarde con Sergio Schoklender) Parte 1
Muerto en vida (Una tarde con Sergio Schoklender) Parte 1
OfftopicporAnónimo12/16/2011

Por: Martín Caparrós | 16 de diciembre de 2011Esto es, sin duda, un despropósito. Es probable que no haya habido, en este sistema bloguero, muchas entradas/posts de este tamaño. Pero su largo –unas 25 carillas– es una de las razones por las cuales decidí publicar esta entrevista en este lugar. Solemos creer que internet exige textos cortos; no nos paramos a pensar que internet permite, entre tantas otras cosas, textos del tamaño que cada cual decida. Quizás éste sea un exceso, o quizás haya lectores todavía, gente a la que no le asusten unas cuantas páginas si les cuentan algo que les interese.Por otro lado, no quería publicar este relato de una larga tarde con quien es, para muchos argentinos, la encarnación del Mal, en un medio argentino: su sentido habría cambiado mucho. Virtuales, extraterritoriales, estas líneas son un intento de presentar a uno de los personajes más y menos conocidos de mi país: Sergio Schoklender, el parricida, el preso, el extremista, ahora el estafador. Para los argentinos es un modo de profundizar en una historia muy cercana; para españoles y otros latinoamericanos, una buena aproximación al paisaje de la Argentina actual.A lo largo de esa tarde Schoklender me dijo muchas cosas que me sorprendieron. Aquí están sus relatos de cómo roba el Estado argentino, de cómo las Madres de Plaza de Mayo se financiaron con asaltos, de cómo los medios se venden a los políticos, de cómo Cristina Fernández abandonó el proyecto Sueños Compartidos, entre otros. Si alguien –algún medio o persona– quiere reproducirlos es libre de hacerlo; solo le pido que cite la fuente, o sea: que diga de dónde los sacó.Para quienes prefieran bajarlo y leerlo off-line o imprimirlo –que de todo hay en la viña del señor–, hay una versión en pdf aquí mismo. :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Entonces él dijo que quizá no tendría que haber dicho eso, y parecía que estaba diciendo la verdad. Yo lo creía; me sorprendió que él también creyera que no tendría que haber dicho eso. Fue un momento fuerte: como de quien, hablando, entiende algo. No es lo que suele pasar en una entrevista pero, para entonces, ya llevábamos más de dos horas de palabras, de miradas cruzadas, de cafés. –No te preocupes. Yo sé que uno no siempre llega cuando quiere. Me había dicho Sergio Schoklender cuando aceptó, en la puerta de su casa, mis disculpas por la demora. Yo me había perdido: su casa –o su es casa– está detrás del cementerio, en una calle que no conocía. A él tampoco, pero fuimos amables: nos dimos la mano y me invitó a pasar: –Bienvenido a la casa de mi ex mujer. La casa de su ex mujer, que construyeron juntos hace unos años, es, para empezar, un paredón sin historia en una calle legañosa de Chacarita y, detrás, tres pisos de un arquitectura moderna, a la moda, con ese aire brishoso, inquieto de tan quieto, que tienen los lugares más decorados que vividos. –Ahora gracias al juez Oyarbide estoy viviendo otra vez con ella. Dice Schoklender. El juez Oyarbide, el que atiende su causa, es una de sus bestias negras: ya tendrá tiempo de hablar, largamente, de él, de sus excesos, de los videos con que lo chantajean. Mientras tanto me explica que, como tiene todos sus bienes embargados, su ex mujer lo acogió por un tiempo en la casa, y que siempre tuvieron una buena relación y a veces se iban de vacaciones juntos y que tienen a Alejandro, su hijo de 12, que los une y que estaban distanciados porque él viajaba mucho y por esas cosas de la vida pero que ahora esas mismas cosas los reunieron y que por culpa de ese juez no tiene un centavo y corre la coneja y tuvo que vender, en estos días, su saxo y su moto. –Moto y saxo tenor: la juventud, de algún modo. Le digo y él me dice sí, la juventud, sonríe. Sergio Schoklender ya tiene 53 años, y ahora estamos en el tercer piso de la casa, el play room, a punto de sentarnos: las sillas son unos bancos como de bar muy altos; hay que sentarse encima y accionar una palanca para que los bancos bajen a la altura de sillas y nos permitan sentarnos junto a una mesa enorme, muy pulida. Sobre la mesa, solo su laptop y el brillo de una madera poco usada. Schoklender me pregunta si no quiero un café. Yo quiero y le pregunto cómo definiría su situación actual y me dice, con un tono muy suave, muerto en vida. –¿Cómo? –Muerto en vida. Repite, e intenta una risita pero tose. –Que ahora soy un muerto en vida. Digo, en este momento llevo ya seis meses imputado, inhibido, sin poder trabajar, con todos los bienes congelados, las empresas trabadas, las cuentas bancarias bloqueadas en una causa que ya es un disparate interminable que nadie lo puede desarmar. Armaron una hipermegacausa de 120 cuerpos, más 37 equipos informáticos que hay que bajar, 96 imputados, 140 empresas investigadas. Es una cosa que nadie puede sostener. Así que me vine a vivir con mi ex esposa, porque estoy en la calle. Ahora soy, cómo decirlo, un mantenido. Su ex esposa, Viviana Sala es médica psiquiatra y Schoklender la conoció en la cárcel, cuando ella fue a hacerle unas pericias. Después se casaron, tuvieron un hijo, se divorciaron y conviven y él insiste en que ella es muy buena, rebosante de títulos, repleta de pacientes, “especialista en psicooncología, psicofarmacología, con maestrías que no se pueden ni nombrar”, y que ahora viven de lo que ella gana y que ella también está incluida en la causa de Oyarbide y que a ella también la amenazaban. –Cuando empezó toda esta historia me volvieron loco. Era cosa de llamados telefónicos, coches parados en la puerta, en la esquina. De llamarme y decirme sabemos dónde estás, sabemos qué estás haciendo, tu hijo sale a tal hora del colegio y va a tal y tal lugar. Así todo el día. –¿Y quién era? –Gente de la SIDE, de los servicios de inteligencia y todo ese enredo que estaba alrededor de Aníbal Fernández. Dice, y que desde que Fernández, el penúltimo jefe de gabinete, ahora en desgracia, empezó su caída, las amenazas se volvieron más raras: ahora se paró el tema, dice, pero nos hiceron la vida imposible durante un tiempo largo. –¿Y cómo te afectan las amenazas? –Bueno, te podés imaginar que estando con Hebe las amenazas eran lo habitual. Nunca les dimos mucha importancia. Después el hecho de exponerte en primera plana de todos los medios como el tipo que estafó a las Madres… no podía sonarme la nariz que el tipo que pasaba por la vereda me puteaba. –¿Y tomaste alguna medida? –Somos un poco más… mi hijo no va ni viene solo del colegio, estamos atentos ante cualquier cosa rara, pero tampoco nos enloquecemos. No podés vivir sino. Ni tengo plata para poner custodios ni los pondría. Ya de chico me tocó vivir eso, ahora no lo haría.Schoklender habla seguro, como quien sabe qué decir: habla seguro pero fuma. Fuma sin parar, un negro tras otro, y las manos, por momentos, le tiemblan en el encendedor, el cigarrillo, y dice que en las últimas semanas incluso lo borraron de los medios, que durante un tiempo lo tenían todos los días en la tapa, que ni que fuera la guerra de las Malvinas, dice, y de pronto más nada: –¿Y vos dónde pensás que vas a publicar esta entrevista? No va a ser tan fácil… Schoklender trabaja mucho con la prensa. Cuando estalló su conflicto con las Madres eligió los medios con los que habló –empezó por Clarín, gran enemigo del gobierno– y lo que iba diciendo: regulando el tono del enfrentamiento. Y la sigue usando: hace unos días estuvo en un programa de televisión contando viejas historias de su juez, Norberto Oyarbide, con taxi boys, prostíbulos, sobornos: apretándolo, para decirlo amablemente. –La realidad es que Oyarbide es la antítesis de lo que debería ser un juez en una república: un lacayo al servicio del Poder Ejecutivo, que le manda todas las causas que a le interesan. Schoklender trabaja mucho con la prensa: después, durante las horas que dure esta entrevista, más de una vez me voy a preguntar por qué me habla: qué dice, a quién lo dice, por qué yo. Sergio Schoklender no es muy alto ni muy gordo ni muy flaco, ojos chiquitos entornados, labios finos, una de esas barbas de cinco días que ya no son un azar del momento sino una forma laboriosa de detener el tiempo. Sergio Schoklender tiene una remera –de esas que mi tía Pechuche habría llamado chomba– azul con rayitas blancas y amarillas, un bluyín, anteojos de marco negro angosto y un reloj cuadrado, grande, que le ocupa demasiado de muñeca; las uñas, en cambio, están muy bien cuidadas, dedos cortos. –¿Y cómo fue que decidiste escribir este libro? Porque la excusa de todo esto es ésa: un libro. Está por salir un libro suyo, Sueños postergados, que debería contar la otra versión de los escándalos del invierno pasado. Por ese libro, supongo, Schoklender me recibe esta tarde; por ese libro diarios y revistas van a volver a ponerlo en sus portadas. –¿La verdad? ¿La verdad absoluta? –Si se puede elegir… –La verdad es que me pagaban un anticipo que nos venía muy bien porque estábamos sin un peso. Esa es la pura verdad. Una cuestión puramente económica. No es el libro que hubiese querido. A ver, es un libro que responde a una coyuntura política muy particular, a un requerimiento de la editorial. El libro que yo hubiese querido es un libro de más anécdotas, más rico en análisis político, el momento que se está viviendo en el mundo. Pero este fue el libro que me permitieron escribir en muy poquito tiempo y que me permitió decir algunas cosas que creo que había que decirlas. Pero el motivo principal fue la plata. Supongo que es su estilo: el que lo hace particular, interesante. Muy poca gente diría que escribe un libro –donde cuenta cuestiones más que delicadas– por la plata. Aunque muchos lo hacen, aunque muchos pudieran sospecharlo; se supone que nadie dice nada que lo desprestigie mientras pueda evitarlo. Así que dirían que necesitaban sacárselo de adentro, que el pueblo tenía que saberlo, que se lo debían a la memoria de los dinosaurios; no que lo hacen por la plata. Es un estilo: honestidad brutal, digamos. Pero, de algún modo, Sergio Schoklender lleva muchos años dando la impresión de que ya no tiene nada que perder.

0
0
Muerto en vida (Una tarde con Sergio Schoklender) Parte 2
Muerto en vida (Una tarde con Sergio Schoklender) Parte 2
OfftopicporAnónimo12/16/2011

Por: Martín Caparrós El 31 de mayo de 1981, mañana destemplada, el portero de una casa del barrio Norte de Buenos Aires vio que del baúl de un coche grande, nuevo, estacionado, caía sangre. En esos días toda la Argentina chorreaba sangre –pero se mataba por ignorarlo. Ese chorro, en cambio, se convirtió en la noticia del año cuando la policía informó –en esos tiempos, la policía informaba– que los muertos eran Cristina Silva y Mauricio Schoklender, un matrimonio que vivía con lujos y custodios porque él, ingeniero, dirigía una de las empresas más prósperas de aquel país: Pittsburgh & Cardiff, dedicada, entre muchas otras cosas, a la importación y construcción de submarinos, fragatas, tanques y otras armas de guerra. La noticia era cruda; lo fue mucho más al día siguiente, cuando se empezó a oír que sus hijos eran los asesinos. Años después, cuando la justicia se pronunció sobre el asunto, creyó saber que, aquella noche, todo empezó cuando los Schoklender llevaron a sus tres hijos –Sergio, Pablo, Valeria– a comer a un restorán nuevo de la costanera para festejar el cumpleaños 23 de Sergio. Y que comieron y bebieron y, de vuelta en su departamente de Belgrano, la señora Cristina quiso tener –otra vez– algún modo de sexo con su hijo menor y que los dos hermanos le partieron la cabeza con un palo y la estrangularon con una cuerda. Y que después se pasaron un par de horas discutiendo qué harían con el padre –que seguía durmiendo– y que por fin decidieron matarlo también y que le rompieron el cráneo a palazos y que llevaron los dos cuerpos al baúl del coche, salieron, dejaron el coche por ahí, huyeron cada cual por su lado. Y que Sergio Schoklender se fue a Mar del Plata, se registró con nombre falso en un hotel, se contrató una puta y al día siguiente o al otro, cuando sintió que el cerco se cerraba, se compró un caballo e intentó la penúltima fuga. Su cabalgata no llegó muy lejos. Cuatro años después lo condenaron a 21 años de cárcel; en su declaración se hizo cargo de todo y exculpó a su hermano. Los jueces al principio le creyeron; después, un tribunal de apelación condenó también a Pablo –que, para entonces, ya había huído a Bolivia. Sergio Schoklender es, en la Argentina, un personaje con una historia demasiado clara, alguien que, durante tantos años, pareció que no tenía nada que perder. Su historia me interesa, me llena de dudas, pero por ahora no le pregunto sobre eso. No sé cómo hacer para preguntarle sobre eso: uno no llega a una casa y le dice a un señor muy amable que te ofrece un café, que te prepara un café en una máquina muy cara, que te pregunta si querés azúcar o sacarina o leche o crema, cómo fue que se le ocurrió matar a su mamá. Así que, por ahora, trato de hablarle de otras cosas. –¿Y cuáles eran esas cosas que te parecía que había que decir? ¿Qué es lo que te importaba decir en este libro? –Básicamente que hay dos realidades totalmente distintas en cuanto al manejo del estado y la política. Por un lado, lo que te cuentan, lo que suponés que pasa y, por el otro, lo que realmente sucede. Y también quería contar qué era el programa Sueños Compartidos, que para mí es el programa más hermoso que pudo haber creado alguna vez este país. Y quería contar también, en medio de este dolor, lo que eran las Madres, lo bueno y lo malo, lo valioso de esa lucha y los errores cometidos. Eso quería, más o menos. Yo le digo que bueno, que me cuente. Aunque sigo pensando en su libro escrito por la plata: cuando alguien dice algo tan aparentemente franco, los demás tendemos a creer que el resto de lo que diga también será verdad. Y a veces lo es, pero no tiene por qué serlo. –Sí, había un par de cosas que yo quería contar. Para empezar, cómo funciona el tema de las obras públicas. Es todo una ficción, puro relato. Sergio Schoklender debe saberlo: durante varios años dirigió el programa Sueños Compartidos, a través del cual la Fundación Madres de Plaza de Mayo recibió mucho dinero del Estado para construir viviendas populares: entre 740 y 1200 millones, según quién te lo cuente. De ese programa, en última instancia, vino todo el conflicto. –Primero, es una mentira que el Estado haga licitaciones. Toda esta cuestión de las licitaciones, concursos de precios, de calidad y de tiempo es una enorme mentira. Los contratos están asignados antes de que salga el pliego, y el pliego se arma de acuerdo al convenio que se haga con alguna empresa o pool de empresas constructoras amigas, donde entre el 15 y el 25 % de ese valor automáticamente tiene que ir como retorno para financiar la política. Porque la gran ficción es cómo se financia el Estado. Esto no es privativo en la Argentina, esto sucede en el mundo; tal vez acá se puso más en evidencia. A ver: acá antes la política se financiaba básicamente con los fondos reservados de la SIDE que eran incalculables –por eso eran reservados–, porque lo que no se blanquea nunca es que los funcionarios no viven del sueldo que figura en los papeles. No podrían hacerlo. Vos no podrías mantener una planta de profesionales de cierto nivel con el sueldo nominal del Estado. Entonces necesitás financiar ese sobresueldo que necesitás para mantener una planta estable en los ministerios. –¿Y cómo se entregan esos sobresueldos? –En efectivo, en mano a cada funcionario político a fin de mes. –¿Y qué orden de dinero sería? –Hoy ningún funcionario de primer nivel vive con menos de 20 mil dólares mensuales. Y sus sueldos nominales son de 20 mil pesos. Vos no tenés un ingeniero de primera línea para la subsecretaría de Obras Públicas de la Nación con un sueldo de 20 mil pesos. Por más que le pongas coche, chofer, teléfono celular y demás, digamos, ¿cómo los retenés? Si la actividad privada les generaría muchísimo más... El otro tema es que se necesita dinero para financiar actos, campañas políticas. Lo cual es entendible, si no los únicos que podrían hacer política serían los que tienen plata. –Si la política se hace con plata, sí. Pero se podría hacer de maneras donde la plata no importe tanto. Siempre se pudo... –Se necesita plata para hacer un escenario, para llenar la plaza, para cartelería, afiches, micros, gente. Eso se hace con plata. –Hay situaciones en que las plazas se llenan sin micros ni sanguchitos… –Sí, pero en general son situaciones de protesta o de reclamo. Para que te vayan a aplaudir y agiten tu banderita, en general necesitás poner unos mangos. Entonces ya tenés dos cuestiones: la plata para mantener una planta permanente y la necesidad de financiar esta forma de hacer política. Y después tenés las ambiciones personales de un sinnúmero de funcionarios o de gente que cree que además de ganar bien, su paso por el gobierno tiene que salvar a varias generaciones de sus descendientes. Entonces, ¿cuál era la gran discusión que yo tenía con el gobierno? Si vos tenés partidas de megaobra pública –los túneles, las represas, las hidrovías, todas esas obras gigantescas– no te metas con la leche del comedor para los chicos, no me chorees del presupuesto para villas y asentamientos. No la saqués del último escalón, sacala de donde sobra. Porque claro, la Argentina se sigue manejando a través de la Jefatura de Gabinete que te reasigna el presupuesto como quiere. Entonces de la noche a la mañana las partidas que se asignaron para educación o para vivienda o para salud van a parar a otro lado. Pero a su vez en cada ministerio tiene esa misma facultad interna, entonces ellos pueden mover esas partidas libremente. Yo de pronto me encontraba con que una partida que nosotros necesitábamos para seguir construyendo en alguno de los barrios, desaparecía. ¿Cómo que desapareció? Sí, porque Cristina resolvió lanzar el plan netbook. Pero negro, sacá la plata de de otro lado… Hay cosas que me parecen muy bien, y el Estado tiene que hacerlas y hay plata para hacerlas, o por lo menos hubo, en estos años de bonanza ilimitada. Pero no me chorees del último escalón. –¿Lo que vos decís, entonces, es roben pero razonablemente? O sea, saquen de los lugares donde más sobra y no donde más hace falta –Suponer que esto se va a terminar simplemente porque no es ético es… Dice Schoklender y, en medio de la catarata, para a pensar una palabra: me parece que quiere ser amable, pese a todo. –¿Es qué, cuál es el adjetivo? –Una pelotudez o una ingenuidad. Yo no soy ingenuo; ésa era la realidad con la que tenía que convivir. Yo les acepto que paguen una planta permanente con sobresueldo que no figura en ningún lado, les acepto que necesiten plata para hacer política de esta manera, les acepto que haya funcionarios o un entorno que tenga que enriquecerse y garantizarle el bienestar a varias generaciones. Bárbaro. Pero muchachos, hay plata que no se puede tocar, donde la inmoralidad ya es superlativa. Ahí lo que me encontré es que no hay ningún límite. Te doy un ejemplo: nosotros construíamos hospitales en 90 días, en el Chaco, en el Impenetrable, en Santiago. Hospitales de primera línea, totalmente equipados; hospitales de 1800 metros, grandes, hechos con la gente del pueblo, sumándolos al proyecto, capacitándolos, por un tercio de lo que el Estado licitaba los hospitales pelados, sin equipamiento, en cualquier parte del país. Schoklender estuvo ahí: debe saber. Porque en algún momento, a principios de los años noventas, la vida de Sergio Schoklender tuvo otro vuelco bruto. Había entrado en la cárcel en 1981: tiempos muy duros pero, dice, tan formativos. Más tarde, cuando le pregunte quién era él antes de la cárcel, me contará que un chico rico de Belgrano que leía poemas y balances, que un pichón de gerente, que un rebelde, que un insatisfecho, pero que nada de eso importa demasiado: que él empezó a ser alguien en la cárcel. –Yo empecé a ser alguien en la cárcel. Repetirá, la voz suave, educada, pero las manos con temblor y el soplo de tabaco. Entonces le preguntaré cómo fue la llegada de un chico rico de Belgrano a la cárcel más bruta de un país muy bruto; le preguntaré, en realidad, si su miedo principal no era cómo hacer para que no se lo cogieran, y él me dirá que no: que cuando entró lo encerraron en una celda de aislamiento y lo dejaron meses a disposición de unos señores de inteligencia del Ejército que lo interrogaban –que lo mataban a golpes– para que les contara qué negocios tenía la empresa de su padre con la Marina y su ínclito jefe, el almirante Eduardo Emilio Massera. Y que en esos días le pegaron tanto, lo maltrataban tanto, y que él de puro animal se resistía: –Lo más trágico es que me interrogaban por cosas que no tenía ni idea, era la pura desesperación del Ejército por saber los negocios que había hecho la gente de la Armada con mi familia. Los primeros días me venían a buscar y yo lloraba, gritaba, me escondía en un rincón; los tipos me agarraban, me llevaban, y cuando me devolvían me tiraban a la celda de castigo estaba reventado, me despertaba horas después. Pero a los 15 o 10 días ya venían y me peleaba contra los guardias. Alguna mano ponía, porque sabía que me iban a poner. Y para sacarme de la celda tenían que venir en serio, eh… Me acuerdo que lo más doloroso, lo más duro era la espera, cuando pensás cuándo te van a venir a buscar: ésa es aterradora. Pero ahora sabe, dirá, que esas torturas lo salvaron: cuando lo bajaron al pabellón general ya se había ganado una fama de ser un tipo duro. –Con todas esas palizas, a los tres meses yo ya era un perro de pelea. Y cuando me bajan al pabellón me tiran en el peor, pensando que yo tenía que jugar el papel de víctima, lo lógico para uno que venía de ser acusado de parricidio, encima a esa edad y sin experiencia. Y al día siguiente, cuando se abren las rejas y yo pienso acá a pelear, pasa uno y me deja un pulóver, pasa otro y me deja un jabón, me había hecho un nombre. Y fue así. En los años que estuve, nunca puse las manos atrás, ni la cabeza gacha: ni por puta se me hubiese ocurrido. A la mañana sonaba el silbato en el pabellón y tenías que levantarte, armar la cama, ordenar todo y poner la mano afuera de la reja para el recuento. Yo estaba acostado. ¿Qué hace ahí? ¡Andá a la concha de tu madre, estoy durmiendo!, le decía. Entraba la requisa, quilombo, palo, quejas, expedientes. Yo batí el record de días castigado. Hasta que llegó un momento en que uno decía che, Schoklender no se quiere levantar. Y bué, déjalo, le decían. Llegó un momento en que era inmanejable. Y llegué a manejar media cárcel de Caseros y media cárcel de Devoto. Hasta los guardias laburaban para mí. Monté una imprenta enorme en la cárcel, donde hacíamos apuntes para la universidad y los guardias traían los carros llenos de papel, laburaban los presos comunes, los policías, los menores. Y armamos un centro de investigación informática. Y desesamblé el formateo de disquete de Microsoft, el lenguaje binario y lo transformé en lenguaje de computación y publiqué todo el programa, fui uno de los primeros hackers, la Asociación de Programadores Libres. En la cárcel, también, Schoklender se recibió de abogado y de psicólogo, dejó sociología a falta de dos o tres materias, terminó un diploma en teología, y conoció a unos presos chilenos, militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que le hicieron entender algo de lo que le pasaba: –Ahí es donde empiezo hacer un click, en medio de toda esta locura que estaba viviendo, en medio de esa represión. Ahí empecé a entender que todo eso no tenía que ver que el guardia fuera malo sino con un sistema que reproduce este tipo de consecuencia. Que el hecho de que la inmensa mayoría de los que estaban en la cárcel fueran pobres y analfabetos no era porque los pobres y analfabetos fueran malos. Yo siempre leí muchísimo de chico, me apasionaba la lectura; ahí empecé con la lectura política. –¿Qué leías? –Por supuesto todo Marx y Engels, todo Mao, el libro verde de Kadafi, todo material político. Ya era la democracia entre comillas y circulaba todo. Antes, me acuerdo, en el pabellón, si queríamos escribir algo, lo escribíamos en formato de poesía. Si te los guardias te lo veían decías esto es poesía, y ellos ah, poesía, no pasa nada. Dice, y habla de García Lorca, de cómo lo leyó y releyó y sigue releyendo. Y le pregunto qué era lo que más extrañaba cuando estaba en la cárcel y él dice que la soledad: baja la voz, baja los ojos y dice que lo que más extrañaba era la soledad y yo le digo que claro, que debe ser dura la soledad, tanto tiempo en la cárcel y él que no, que la soledad era lo que extrañaba, lo que le faltaba, decidir estar solo y poder estar solo, dice, y yo que pongo cara de que entiendo y le digo que entiendo, sí, claro, te entiendo, pero entiendo sobre todo que hay cosas que uno no entiende si no te las dice alguien que las ha visto desde el otro lado. Y que muy de vez en cuando uno se topa con alguien que ha estado tan del otro lado como él. –La cárcel no es el encierro. La cárcel es la convivencia forzada con gente que vos no elegís. Ése es el verdadero encierro, la verdadera pérdida de la libertad. La pérdida de libertad física, ambulatoria, pesa, duele, pero lo peor es no poder sentarte a escribir o leer tranquilo, pensar, hacer música, tener tu espacio de intimidad, de reflexión. Eso es lo que te parte: no poder estar solo. Y tener que vivir alerta porque siempre hay otros, un entorno muy agresivo, aunque yo ya no necesitaba pelear porque ya los paraba con la mirada. Ésa era la verdadera cárcel.

0
1
M
Muerto en vida (Una tarde con Sergio Schoklender) Parte 3
OfftopicporAnónimo12/16/2011

Por: Martín Caparrós Sergio Schoklender se había acostumbrado a la prisión: era su vida. Le quedaban unos diez años de condena y no pensaba hacer nada para acortarlos: “la posibilidad de la libertad era algo que había guardado en un cajón y cerrado con llave”, dice en su libro, y me dice que lo dice porque no quería cumplir con ninguna de las condiciones que el servicio penitenciario trataba de imponerle para rebajarle la pena: que no quería someterse, y si el precio eran años de cárcel, estaba dispuesto a pagarlo. –La idea era hacerme bajar la cabeza, y yo no quería bajar la cabeza; entonces no te vas a poder ir más, me decían. Bueno, entonces no me voy más. Para mí la pelea era pelear donde estaba. Hasta que, un día, llegó a visitarlo una señora. –Alguna vez dijiste que cuando conociste a Hebe de Bonafini fue una fascinación inmediata…Es difícil exagerar la importancia de las Madres de Plaza de Mayo en el imaginario argentino. Durante muchos años fueron las heroínas intachables, las mujeres perfectas, el símbolo de todo lo que los demás tendríamos que haber hecho pero no, lo que tendríamos que haber sido y nunca fuimos. Eso, las Madres, y Hebe Pastor de Bonafini es la Madre por antonomasia. –Imaginate lo que fue tenerla ahí, que ella me quisiera conocer, me diera bola. Me dice ahora Schoklender, fuma y fuma, y me ofrece otro café. El play room es luminoso, grande, bien dotado: un flipper de verdad, una rockola, el futbolín, los cuadros pop en las paredes. Debe ser para el hijo, pero las máquinas de diversión son fantasmas del padre, de un señor que nació en los cincuentas –y no de un chico del 2000. –¿Y qué le habrá atraído a ella de vos? –Creo que la rebeldía. Encontrarse con un tipo que no se doblegaba ante nada. Todo el tiempo puteando, peleando todo el tiempo. Y en esa época políticamente yo era un cuadro político revolucionario formado, faltaba el fusil y estaba todo. Bonafini lo visitaba dos veces por semana, le llevaba sus platos a la cárcel; hacia 1993 lo convenció de que podía tener una vida afuera –y Sergio Schoklender pidió los beneficios que le correspondían: primero empezó a salir durante el día y por fin, en 1995, tras más de 14 años de cárcel, con dos tercios cumplidos, volvió a la libertad. Entre los informes que lo ayudaron a salir estaba el de la doctora Viviana Sala; tiempo después se casarían. –¿Y en esos primeros encuentros con Hebe alguna vez hablaron del parricidio? Le pregunto, ahora, tono grave: si él, preso por matar a sus padres, habló de su delito con esa mujer que el mundo conoce por su búsqueda de los asesinos de sus hijos. Schoklender baja la voz, baja la cabeza: estoy pasándome algún límite. –No. Dice, y no dice nada más. Hay un silencio. Yo le digo que él sabrá mejor que nadie que resultaba muy extraño ese encuentro entre alguien que peleó por sus hijos con alguien que mató a los padres, y él repite como si no me hubiera oído: –No, nunca. Nunca fue un tema que habláramos. Jamás me lo preguntó. –¿Y vos qué pensás? –Nada, no tenía que ver con eso. Tenía que ver con que se encontraba con alguien en quien podía confiar. Que ponía todo lo que tenía al servicio de ella, que le explicaba las cosas, que trataba de darle coherencia a un discurso muy lleno de baches. Y así ayudé a construir un mito, a sostener un mito. Y bueno, después los mitos se te caen encima. Los ídolos tienen pies de barro y siempre se caen; el problema es cuando se te caen encima. Dice, amargo. Pero, para eso, entonces, todavía le faltaban quince años. Cuando salió de la cárcel, Sergio Schoklender se transformó en el ladero más persistente, más inesperado, más criticado, más fiel de Hebe Pastor de Bonafini. Su actuación con las Madres de Plaza de Mayo produjo ciertos conflictos –discusiones, gente que se fue– pero también, dice, muchos beneficios. –En el libro escribís que el proyecto que llevaban adelante con las Madres “era revolucionario. Nuestro objetivo era la revolución, la única salida lógica era la lucha armada”, decís. “En la universidad guardábamos de todo”. –Ah, de todo. Sí, era impresionante. Teníamos de todo. –¿Qué es de todo? –Armas de todo tipo, pistolas, ametralladoras, granadas, plástico, lo que pidas. Visto ahora es un delirio; visto en plena época del menemismo era la única salida lógica: había que generar una resistencia. Ubicate en pleno menemismo, con toda la impunidad que tenían. Me acuerdo del lugar donde teníamos guardadas las cosas, que era un pozo en el sótano de la universidad: la ubicación precisa la conocíamos dos o tres compañeros y Hebe, y nadie más. –¿Y si alguien le preguntara a Hebe si eso es cierto, ella diría que sí o que no? –Nooo. Ella de eso no se va a hacer cargo ni abajo del agua… Y fue un problema enorme que, cuando se arma esta alianza con el kirchnerismo, hubo que sacar todo. Dice, y recuerda el momento en que Hugo Chávez fue a ver a Bonafini a la sede de las Madres y le dijo que el comandante Fidel le pedía que apoyara a este presidente nuevo, casi desconocido, de quien ella había dicho, poco antes, que era “la misma mierda que todos los demás”. Y cómo ella lo escuchó y le ordenó que pidiera una audiencia en la Rosada y cómo quedó prendada por la acogida de Néstor y Cristina, y cómo todo cambió tanto desde entonces. Todo, tanto. –Y sí, hubo que desarmar una estructura en la que habíamos estado trabajando, en la que muchos compañeros habían puesto muchas expectativas. A partir de ese momento, las Madres de Plaza de Mayo –y, sobre todo, Hebe de Bonafini– empezaron a tener un lugar destacado en la liturgia oficial: no había acto o acontecimiento importante que no la tuviera como invitada de honor. Las Madres fueron una instancia de legitimación que el gobierno nunca desdeñaba. –¿Pero había un plan militar? ¿Cuál era? –La idea era mandar compañeros a formarse con las Farc en Colombia, con los zapatistas en Chiapas, y que después esos compañeros pudieran venir con alguna formación y comenzar un trabajo, digamos, foquista en algún lugar. Ese era el único modelo posible, no veíamos otra salida. Era impensable que el país se iba a recuperar en ocho años, quién se podía imaginar eso. Yo le digo que no lo sabía, que nunca lo habría imaginado. Y que siempre me intrigó –y lo he escrito varias veces– que ningún deudo de las víctimas de la dictadura haya intentado la venganza: que la Argentina estaba llena de asesinos sueltos y que finalmente no habría sido tan difícil atacar a alguno, y que por eso me había sorprendido menos cuando leí que él, Sergio Schoklender, había planeado el secuestro de Massera. –En 1999, 2000, teníamos todo preparado para ir a secuestrarlo: le habíamos hecho inteligencia, sabíamos cómo se movía, por dónde, teníamos todo preparado. Mi fantasía era hacer algo muy parecido a lo que después fue esa película, El secreto de sus ojos, ¿no? Lo agarrábamos y se perdía, nunca más. Yo quería que el enemigo recibiera el mensaje de lo que significaba la desaparición, que supiera cuál era la sensación de estar desaparecido, que nadie sepa si alguien está o no está, si vive, si está muerto. Decirles esto es lo que hicieron. Y encima a Massera, que era tan emblemático. Pero ahí Hebe se opuso, y al final se demostró que tenía razón, la historia le dio la razón. Después las leyes de impunidad se derogaron, un montón de milicos están presos y procesados. Pero en esos años era impensable que eso sucediera en la Argentina. Y ese viraje fue gracias a Néstor. Visto desde ahora me pregunto si, en el caso de que algunos de estos grupos delirantes, incluso el nuestro, que no pasó de ser un embrión, hubieran llegado a hacer algo, si eso no habría debilitado la posibilidad de un cambio institucional tan profundo como el que hubo. Dice, reflexivo, y le digo que más me sorprendió que, en su libro, cuente cómo, en los años noventas, cuando se quedaban sin plata para pagar el funcionamiento de las Madres, “salían a recaudar”: –Sí, cuando teníamos que salir a recaudar, salíamos a recaudar como en los viejos tiempos. Dice, marcando las palabras, con un amago de sonrisa. –¿Qué querés decir? ¿Cómo eran los viejos tiempos? –Y, choreo. En negocios, en supermercados más bien. Tratábamos de que fuesen lugares que representaran más la concentración oligárquica, no la farmacia de la esquina. –Pero nunca firmaron sus acciones. –No, no. No, porque era temprano. –¿Temprano? –Sí, era temprano para que saliera a la luz una organización que no tenía un referente político todavía. –A mí me impresionó leer que habías escrito eso. ¿Te imaginás los títulos de mañana o pasado: “Las Madres de Plaza de Mayo se financiaban con plata de asaltos a mano armada”? –Pero es verdad. Dice Sergio Schoklender, como si eso fuera todo y, por un momento, tiene una rara candidez en la mirada. –Es verdad. Hebe lo dijo una vez en la Plaza, hace unos meses, cuando estaban los trabajadores que le reclamaban los sueldos les dijo vayan a reclamarle a Shocklender que se robó todo. Después a la semana siguiente, cuando volvieron a reclamar, les dijo yo no voy a salir a robar como Shocklender para pagarles el sueldo. –Pero todos entendimos que lo que estaba diciendo era que le habías robado a ella, no que habías robado para ella… –No, no, dijo yo no voy a salir a robar como Schoklender para pagarles el sueldo. Está bastante claro. –¿Vos decís que estaba hablando de esas acciones? –A ver… Con ella era: Hebe conseguimos la plata; bueno, yo no pregunto, no me digas nada. Pero habíamos hablado y acordado explícitamente que si algún día me pasaba algo, ella no tenía que saber nada y se tenía que despegar. –¿Y por qué salís a decirlo ahora? –Porque creo que es justo. Primero porque estoy pagando el haber sostenido un mito y estoy tratando de reparar algunas cosas. Porque creo que hubo muchos compañeros que se jugaron durante años para sostener esta estructura que ahora la hizo mierda, la destruyó, no quedó nada. Nos jugamos muchos por las Madres y por Hebe, pusimos el pecho en serio, no a medias. Sergio Schoklender piensa, busca las razones –que debería haber definido de antemano. Yo le pregunto si, al decir esto, no se está autoinculpando: si no puede aparecer un juez que diga bueno, este señor dice que salió a robar, voy a investigarlo. Él me mira como si no lo hubiera imaginado y me dice que no, apenas displicente, casi cool: –Naaa. Primero tendría que encontrar un hecho concreto… y además ya está prescripto. –Quizá. A mí me pareció raro, como que te ponías en un lugar de mucha exposición, de cierta fragilidad al decir eso. Entonces me mira con curiosidad, como quien ve de pronto algo, arquea las cejas, pita, sopla: –Bueno, hay un montón de cosas que puse en el libro y después a la noche pensando me decía uy, esto mejor no lo hubiese dicho… Pero ya está, está ahí, y forma parte de la verdad y forma parte de mi vida, casi 16 años entregados ahí. Y es entonces cuando me dice que sí, que quizá no tendría que haber dicho eso y se queda pensando y parece que está diciendo la verdad. Todo es posible. Hace dos años, Miguel Russo le preguntó a Hebe Pastor de Bonafini “cuál era la persona más maravillosa que había conocido representando a las Madres por el mundo”. Y ella le contestó que “Evo Morales, impresionante, nadie sabe lo que es capaz de hacer. Y después, al lado de nosotros, Sergio Schoklender, un tipo entregado cien por cien a la tarea. El día, para él, tiene 30 horas, y todas laborables. Alguien que nunca quiere nada para él.” Alguien que nunca quiere nada para él, decía, subrayaba. Y contaba que, después de conocerlo en la cárcel “empecé a quererlo como un hijo, lo traje a vivir acá, a mi casa. Y es una máquina de trabajar, a la que se suma una inteligencia sin igual. Él hizo el proyecto Sueños compartidos que el gobierno tomó como propio. Estamos a punto de firmar el convenio con todas las provincias, porque nosotros no tenemos plata, entonces el gobierno tomó el proyecto pero nosotros lo que le pedimos es que sea como queremos nosotros, con escuelas, con comedores, con jardines maternales pero con gas, luz, agua y cloacas, porque no se puede construir un barrio para que esté como antes. Ya lo estamos haciendo en Tartagal. Y eso es toda una idea de Sergio”, decía, en marzo de 2009, Hebe de Bonafini. Y, en esos días, Jorge Fontevecchia le preguntaba a Schoklender cómo definiría su relación con ella: “Es como una madre para mí: me cocina, me reta si no como, si le desordeno, si no me cuido”, dijo él. “Y además es una relación muy particular porque, junto con todo el afecto, te baja línea política desde que te despertás hasta que te acostás”. Pero en mayo de 2011 la relación se rompió –con el ruido apropiado. Al principio, las dos partes trataron de presentarlo como una separación amistosa, de mutuo acuerdo: Schoklender decía que “renunciaba para tener más tiempo para sus proyectos personales” y Bonafini que él “estaba de viaje”. En pocos días, las acusaciones mutuas fueron escalando, y las denuncias de periodistas y diputados sobre desvíos y corrupciones y lavado de dinero; eran, además, tiempos electorales, y el gobierno empezó a preocuparse. Cierta prensa decía que el programa Sueños Compartidos había sido una estafa, una forma de desviar dineros públicos, y apuntaba a Schoklender pero también a Hebe de Bonafini. Entonces Bonafini dijo que eso era cosa de Meldorek, una empresa que ella no conocía –dijo, hasta que aparecieron fotos y videos de ella inaugurando cosas con carteles que decían Meldorek. Meldorek era, en efecto, la empresa que construía las casas para la Fundación Madres de Plaza de Mayo, y Schoklender era o es uno de sus dueños. Su capital pasó, en 2006, de 12.000 pesos a dos millones. Al principio, Schoklender dijo que la empresa no era suya; después aceptó que era uno de sus dueños. Todo se emporcaba, y se cruzaron acusaciones de dineros sucios: que Schoklender robaba, que las Madres tenían cuentas sin declarar afuera. Ella dijo que “Sergio Schoklender es un traidor y un ladrón y un pobre tipo” y, cuando un periodista le preguntó si se iban a defender en la justicia, lo miró cual busto enfurecido y le dijo que no tenían nada de qué defenderse: “¿De qué nos van a acusar? ¿De haber dado la sangre de nuestros hijos para hacer esta patria maravillosa que tenemos?”, dijo, usando una vez más la historia y la sangre para desviar las discusiones del presente. Él, mientras tanto, dijo que “Hebe dejó de defender principios para pasar a defender a un partido” y rechazó las acusaciones de enriquecimiento y dijo que nunca se llevó ni un peso. Y lo repite ahora: –Yo no me llevé ni un peso. Pero sí hubo plata que se usó para gastos de la Fundación, ordenados por las Madres. Es el sistema que te decía, de cómo funciona la política. Yo, aparte de construir, con esa plata tenía que mantener a las Madres, los actos partidarios, los afiches, los caprichos de Hebe, los caprichos de su hija, las casa de su hija, los centros culturales, la radio, la universidad de las Madres, los viajes, los choferes, la camioneta… Tenía que hacer milagros. Tiempo después, ahora, Schoklender dirá que la pelea vino porque estaban dejando de renovar los contratos y había 6500 familias que se iban quedando sin trabajo. –Y yo lo planteo, insisto, pero veo que no pasa nada, todo se demora. Entonces Hebe me dice que si no se renovaban los contratos era porque Cristina no quería. Dice, entorna los ojitos. Schoklender tiene los ojos achinados, los entorna como si ver fuera un trabajo duro. Y dice que “todo empezó a arruinarse con la muerte de Néstor”. –Acá hubo un antes y un después con Néstor. Néstor era el tipo que siempre tenía una puerta de atrás por dónde entrar en cada ministerio. Es decir, de pronto estaba el ministro, pero él designaba un subsecretario para tal área que le respondía totalmente, que le servía para controlar el asunto. Entonces nosotros le mandábamos a decir mirá, nos están cagando, no nos firman, no nos redeterminan los precios, tenemos que echar gente, y él levantaba un teléfono y al día siguiente aparecían los nuevos contratos firmados. Mi relación no era directamente con él, mi relación era a través de Zanini. Pero cualquier cosa que yo le hacía llegar, él automáticamente la recibía y lo resolvía. No porque me quisiera, sino porque realmente creía en el proyecto. Por eso cuando Cristina comienza a gobernar, se nos corta un interlocutor. Y cuando Néstor muere, Cristina pasó tres meses sin saber dónde mierda estaba parada. Lo único que tenía eran unas breves apariciones públicas para ver cómo le recortaban el paso a Aníbal y a Alicia, que habían hecho una alianza muy fuerte. Y con unas depresiones muy grandes, que no sabían cómo levantarla, días enteros llorando. Curiosamente reaccionaba más por la bronca, cuando le decían mirá que fulano está haciendo tal cosa, ahí juntaba fuerzas y salía adelante. Su pequeño entorno de interlocutores eran Zanini, Parrili, de Vido, Nilda Garré, pero en todos los ministerios las segundas líneas de Néstor no le respondían ni al ministro ni a ella. Y en esa situación se producen los mayores descalabros. No nos pagaban, nos encontramos con todo tipo de obstáculos. Envidias, peleas de poder, gente que sentía que nuestra forma de trabajar los dejaba en descubierto… Dice Schoklender, y que por eso decidieron cargárselo: porque con su trabajo dejaba en evidencia los márgenes enormes que muchos sacan, y la mala calidad de las rutas o las escuelas o las casas que construyen, y que por eso y porque no pagaba los retornos acostumbrados se empezó a poner en contra a mucha gente. –Es que nuestras obras eran de primera calidad y costaban la mitad; con eso les estaba tocando el culo a muchos. Y no pagaba sobreprecios, no pagaba coimas. Ahora me dicen que yo tendría que ser más realista y algo tendría que haber repartido. ¡Pero qué iba a repartir si todo lo que sobraba tenía que sostener todo el resto! Y que, para colmo, dice, organizaban pobres, dice: –Cuando nosotros trabajábamos en los barrios más marginales, veías esa transformación del hombre y esa mujer que venía del sometimiento, de la prostitución, del analfabetismo, de la explotación y el abandono y vos no los extraditabas detrás del paisaje, sino que los ayudabas a seguir creciendo, y transformabas su realidad cotidiana. Y, después hacerlos volver para atrás es muy difícil. Yo no apostaba a esos trabajadores, yo apostaba a los hijos de estos trabajadores que habían podido ver a sus padres con otra realidad y que iban a ser capaces de pensar qué modelo de transformación era necesario para que esto continuara. Y Néstor valoró este proyecto, lo reconoció, entendía el impacto que iba a tener. A Néstor no lo asustaba que fuesen 10 mil, 20 mil trabajadores organizados. A Cristina sí, y ni hablar al entorno de la dirigencia kirchnerista. Y ese crecimiento político y ese nivel de organización asustó a muchos, y yo no tenía miedo de decirle a nadie lo que hubiera que decirle y de pelear por el proyecto con quien fuera. Así que alguna gente se dejó convencer de que sin mí todo iba ser igual pero mejor, y se vino la noche. –¿Y por qué decís que a Cristina la asustaron esos trabajadores organizados? –Porque Cristina se maneja con otros parámetros. Yo creo que la primera vez que Cristina vio un pobre fue con las obras de la Fundación. La primera vez que la abrazaron los trabajadores fue cuando fue a las villas con Hebe a inaugurar una obra. Me acuerdo que el entorno, la seguridad, los secretarios estaban aterrados, y ella se animó, así, tímidamente, y vos la veías que era la primera vez que estaba rodeada de esa intimidad de gente transpirada, con cascos, ropa de trabajo, hombres y mujeres que la abrazaban y le traían un regalito, y vos la veías que no era lo suyo. Y que por todo eso, dice, y las peleas y las envidias y las apetencias de poder, terminaron por cargárselo. Es una historia. Hay otras: cada cual cuenta una.

0
7
G
Gary Oldman - El post que se merece (Pt.1)
OfftopicporAnónimo4/1/2012

Leonard Gary Oldman es un actor, músico, productor, guionista y director británico nacido en la ciudad de Londres el 21 de marzo de 1958. Hijo de Kathleen y Leonard Bertham Oldman, ama de casa y marinero debenido en soldador respectivaemnte, tiene una hermana llamada Laila Morse. Leonard Sr., alcohólico, abandonó a Gary y su familia a la edad de 7 años, librandolos a su suerte. Por su caracter de persona humilde asistió a instituciones donde fue despreciado por sus profesores catalogándolo de estúpido y de que no lograría ser nadie en la vida. A pesar de los vicisitudes como músico (tocaba el piano y cantaba) logra obtener una beca estudiantil en el Britain's Rose Bruford Drama College, lugar en que se gradua en 1979. Gary expresó su inclinación hacia la actuación luego de ver la película The Raging Moon interpretada por Malcom McDowell: "Algo acerca de Malcolm me arrebató, y me conectó, y dije quiero hacer eso" Entrando en los ochenta, comienza su carrera en el teatro interpretando a Puss, en la obra Dick Whrittington y su Gato, en el Teatro Real de York. La obra recorre otras ciudades. Entre 1980 y 1981 actúa en diferentes obras como La masacre de Paris, Chinchilla, Desperado corner y Una Perdida de Tiempo. En 1982 pudo haber debutado en el cine con la película Gossip, pero el film nunca llego a rodarse. Los siguientes años se dedica enteramente al teatro del cual toma notoriedad gracias a su interpretación en la obra Salvado. Durante 1984, y siguiendo su incurción teatral, durante la obra La boda del Papa, es visto por el director cinematográfico Alex Cox, el cual le ofrece el papel protagónico de su nuevo film, Sid & Nancy. El interés de Hollywood en este actor comienza a crecer después de encarnar al bajista de los Sex Pistols y a Joe Orton en Prick Up Your Ears. Para interpretar a Syd Vicius perdió considerablemente peso y tuvo que ser hospitalizado por tal motivo. Para 1991, Oldman se embarca en una no menos controversial film de Oliver Stone "JFK", personificando al más complejo personaje, Lee Harvey Oswald, el asesino de JFK inmerso en una trama donde la política y la mafia conspiran en el asesinato del presidente de los Estados Unidos. Es interesante como es del interés de Oldman por papeles que involucren individuos oscuros y ambiguos, que rosan lo malicioso pero que son irresistibles a la interpretación. Muchos de esos son villanos o anti-heroes, que rosan la marginalidad y la corrupción pero sin dejar ese toque humano que los identifican con el espectador. El año siguiente protagoniza el éxito comercial Bram Stocker´s Drácula, del director Francis Ford Coppola, encarnando a nada menos que el príncipe Vlad Tepes. Interpretar a Drácula fue todo un reto para Gary, debido a las intensas 5 horas de seciones de maquillaje a la que estuvo expuestos, Muchos dicen que la interpretación de Oldman es capaz de asustar y enamorar al mismo tiempo. Se dice que el actor estudió los diálogos de tal manera que, si olvidaba una frase, quería volver a repetir toda la escena para poder plasmar todo el diálogo. Leyó la novela y ensayaba con un tono pavoroso para el Drácula anciano, dándole un toque más terrorífico al personaje. Continuará

0
7
A
Alertan por aumento de casos de conjuntivitis virales
Salud BienestarporAnónimo12/20/2011

El Ministerio de Salud bonaerense recomendó extremar las medidas de higiene para evitar el contagio de la conjuntivitis viral, enfermedad que en las últimas dos semanas constituyó el 40% de las consultas en los servicios de oftalmología de los hospitales públicos.El titular de la cartera sanitaria provincial, Alejandro Collia, instó a las personas que perciban algún signo de esta enfermedad a “consultar cuanto antes” y “evitar la automedicación” porque puede prolongar o empeorar el malestar.En tanto, la jefa de Oftalmología del hospital provincial Rossi de La Plata, Leticia Huarte, explicó que “se trata de un cuadro viral que afecta la conjuntiva y la córnea, sumamente molesto y doloroso que, además, puede dejar secuelas en la visión”.La especialista señaló que en la guardia de ese servicio -de referencia en la provincia de Buenos Aires-, se asistieron un total de 190 consultas diarias en las últimas dos semanas, de las cuales unas 76 por día correspondieron a conjuntivitis virales mayormente por adenovirus.La principal recomendación de los profesionales es evitar tocarse los ojos debido a que si una persona tiene la infección, se frota y luego palpa cualquier superficie como mesas, picaportes, teclados o cualquier otro objeto, transmitirá el virus a la persona que tome contacto con ellos y luego se toque los ojos.“Además, cuando uno vuelve de la calle, del trabajo o de lugares públicos debe lavarse las manos hasta las muñecas con agua y jabón de inmediato”, apuntó Huarte.La especialista advirtió que este tipo de virus persiste durante al menos una semana en las superficies. Huarte dijo, además, que en los lugares donde no sea sencillo lavarse las manos conviene llevar alcohol en gel, tal como se recomendaba en 2009 como medida de prevención de la denominada gripe A H1N1.Por otra parte, para quienes ya están enfermos, la especialista insistió en que mantengan el aislamiento domiciliario, no compartan la toalla, cambien a diario la funda de la almohada y no saluden a nadie con un beso o con la mano.La conjuntivitis viral dura un promedio de 15 días, aunque puede prolongarse por más tiempo y provocar irritación ocular, inflamación de párpados, hemorragias, dolor y severas molestias para ver.La jefa de Oftalmología del hospital Rossi explicó que como la enfermedad no tiene un tratamiento específico, “es clave consultar con el oftalmólogo de cabecera", quien indicará la medicación adecuada para atenuar los síntomas y evitar complicaciones”.

0
5
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.