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Primer post: 18 ago 2008Último post: 18 ago 2008
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San Martín: Historia poco conocida,Biografia y Más
San Martín: Historia poco conocida,Biografia y Más
OfftopicporAnónimo8/18/2008

"En cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas, como en lo general de las cosas, dividarán su opinión; los hijos de estos darán el verdadero fallo." José de San Martín Libertador de Argentina, Chile y Perú Entrevista a Fermín Chávez "La historia poco conocida de San Martín" Fuente: Revista La Maga, miércoles 16 de agosto de 1995, por Sergio Ranieri / Eduardo Blanco. Desde que el general Bartolomé Mitre escribió su Historia de San Martín la vida del Libertador se convirtió en un compendio de lugares comunes que fue aprendido por generaciones de escolares desde las aulas o desde las páginas de la revista Billiken. Al cumplirse 145 años de la muerte de San Martín muchos aspectos de su vida pública y privada permanecen aún en la zona gris de la leyenda o el mito. En la siguiente entrevista, el historiador Fermín Chávez habla de algunas de esas contradicciones todavía no resueltas por la historia oficial, como por ejemplo su vinculación con la masonería, su relación con el catolicismo, su violenta enemistad con Bernardino Rivadavia y las razones que lo llevaron a exiliarse en Europa. ¿Qué opinión tiene acerca de la relación entre San Martín y la masonería? La masonería en un sentido general es una cosa, pero en el sentido riguroso es otra muy distinta. Quienes participaban realmente en la masonería eran aquellos que estaban al servicio de la Gran Logia de Londres. San Martín, curiosamente, no aparece en ninguna documentación inglesa. La Sociedad de Caballeros Racionales de Cádiz, en la que participan San Martín, se crea para impulsar el regreso de todos los americanos que vivían en Europa, y especialmente en España, para que participen en el proceso emancipador que se había iniciado en América a partir de 1809. El fin de esta logia –que tenía todas las formas de rito y el secreto masónico- era muy concreto y determinado: apoyar a los movimientos emancipadores. En 1811, Carlos María de Alvear, que sí era masón, les propone a los miembros de la Sociedad de Caballeros Racionales que ingresen en la Gran Logia y por mayoría deciden rechazar ese ofrecimiento. El fin de la Logia Lautaro -en la que participaba San Martín- es muy claro: ordenar bien el Gobierno y orientarlo para continuar con la emancipación de la corona. El lema de la Logia Lautaro, escrito de puño y letra por San Martín, es: “Nunca reconocerás como gobierno legítimo de la patria sino a aquel que haya sido elegido por la viva y espontánea voluntad del pueblo”. Esta Logia Lautaro, de la que yo tengo los apuntes originales en los que se transcribe la forma por la cual prestaban juramento sus miembros, seguía todo el ritual secreto típico de la masonería. En 1813, en tiempos del Directorio, el sistema político está en crisis. Se estaba pensando en un príncipe europeo. Después Alvear empieza a pensar en el protectorado inglés. En medio de esa crisis, se crea la Asamblea del año XIII para declarar la independencia, pero la independencia no se declara. Es decir que Alvear y algunos integrantes de la Logia Lautaro como Alvear querían emanciparse para que entrara la influencia del imperio británico en el Río de la Plata. Muchos masones estaban ligados a un proyecto británico. Pero San Martín en su actividad dentro de la Logia Lautaro no participó de esa idea, él sólo se limitó a luchar por la liberación. Existía una tradición de logias masónicas en el Virreinato. La primera que se instaló en el Río de la Plata fue la Estrella del Sur, que llegó desde Inglaterra en la época de las Invasiones. No hay que olvidarse que Buenos Aires estaba ligada a la intermediación y al comercio del puerto. Es probable que la logia de Londres haya tratado de captar a San Martín, pero no hay pruebas fehacientes. La Logia Lautaro por las formas era masónica, pero por el objetivo, no. Porque los objetivos de la masonería consistían en facilitar la influencia británica y San Martín nunca trabajó en forma directa para los ingleses, aunque es obvio que sus planes de emancipación coincidían con los intereses comerciales británicos. Al leer la correspondencia del almirante inglés Bowles y del cónsul Stapples se percibe que existía una relación de gran desconfianza hacia San Martín. La intención evidente era usarlo pero nunca terminaron de confiar en él. No lo consideraban un hombre de ellos. Ese es el motivo por el cual lord Cochrane fue nombrado almirante de la flota libertadora en la campaña contra el Perú. Cochrane debía seguir e informar los movimientos de San Martín. Y con el tiempo se convirtió en uno de sus más duros críticos. En esa época el almirantazgo británico tenía más poder que el propio gobierno inglés. Durante su exilio, San Martín recibió una condecoración en Bruselas con símbolos masones, es evidente que sus servicios fueron muy bien apreciados. Eso es cierto, pero en ese tiempo andaban por Europa muchos amigos de San Martín que sí eran masones declarados. ¿No tenían demasiados amigos masones? Sí, bueno, en esa época eso era común. En una investigación publicada en la revista Todo es historia Rodolfo Terragno demuestra mediante una extensa investigación que el plan continental de San Martín tiene muchas coincidencias con el ideado por el inglés sir Thomas Maitland en 1800. Conozco el texto, pero a San Martín no lo veo en eso. Puede ser que haya conocido ese plan, pero él también era un estratega formado en Europa y estaba acostumbrado a planear las batallas sobre los mapas como los militares europeos, así que su plan es absolutamente lógico para un oficial de su nivel. Otro de los temas poco difundidos es el enfrentamiento de San Martín con Bernardino Rivadavia. Cuando El Libertador está en el Perú, el gobierno de Buenos Aires –encabezado por Martín Rodríguez y cuyo secretario era Rivadavia- le niega todo tipo de apoyo. Claro, San Martín envía a su delegado peruano Gutiérrez de la Fuente, quien recibe el apoyo del general Bustos, de Córdoba, pero el gobierno de Martín Rodríguez lo tiene un mes esperando y no le da apoyo económico indispensable y el proyecto se frustra. San Martín pide reforzar el ejército auxiliar del Perú para poder atacar a los realistas por el Norte y el Sur. En esto incide una vieja historia de enconos con Rivadavia que venía desde la época del Primer Triunvirato, en 1812, que había sido destruido por San Martín y Ortiz de Ocampo. La primera acción militar de San Martín es San Lorenzo, sino la Plaza de la Victoria, cuando echa al Primer Triunvirato con los granaderos que por entonces estaba formando. El factótum de ese gobierno era Rivadavia y, una década después, como secretario de Martín Rodríguez, trabó el pedido que San Martín hacía desde Perú. Con las noticias que le llegan desde Buenos Aires, San Martín va a entrevistar a Bolívar en Guayaquil. A esa reunión va solo, sin el apoyo de su gobierno. ¿Qué sucedió en Guayaquil, en el encuentro con Simón Bolívar que dio lugar a tantas leyendas? No hay misterios. Bolívar no le podía dar los nueve mil hombres que le pedía San Martín. Allí Bolívar le asegura que mientras San Martín esté en el Perú, el ejército de la Gran Colombia no iba a entrar en ese territorio. Pero Bolívar realmente no podía apoyarlo. San Martín, sin la ayuda de Buenos Aires y ante la imposibilidad de la colaboración de Bolívar, se quedó solo. Entonces decidió irse a Cuyo y atender su chacra en Mendoza. Mientras tanto, Bolívar envía el ejército de Sucre que derrota definitivamente a los españoles y más tarde crea la República de Bolivia, y queda así cercenada una parte importante de lo que había sido el Virreinato del Río de la Plata. En una carta al mariscal Castilla enviado cuando ya vivía en Europa, San Martín le cuenta lo que pasó y dice: “Yo debía haber fusilado a unos cuantos de los míos, pero me habían acompañado tanto”. Lo de Sucre es una idea propia, Bolívar no era partidario de la división de Bolivia. Hay correspondencia sobre ese tema entre Sucre y Bolívar. A Sucre lo ayudó mucho la posición de Rivadavia. Y no sólo por no haber prestado la ayuda inicial, sino porque la orden que tenía el general Alvarado, hombre enviado por Rivadavia a la frontera, era entregar el territorio al norte del río Desaguadero. Rivadavia tenía una concepción muy ilustrada del territorio, sólo le importaba la ciudad de Buenos Aires. Él quería un país chico, pero culto e ilustrado. A tal punto llegaba el enfrentamiento que cuando San Martín volvió del Perú y se instaló en Mendoza, Rivadavia intentó arrestarlo e inclusive atentar contra su vida. Es cierto. Primero le pusieron un espía y cuando se enteraron que tenía intenciones de viajar a Buenos Aires para ver a su mujer que estaba muy enferma le pusieron partidas en el camino para liquidarlo. Ahí fue cuando Estanislao López, el caudillo de Santa Fe, le dijo que si quería él lo iba a proteger. En ese momento San Martín decidió dejar el país. Los doctores de Buenos Aries lo acusaban de tener aspiraciones políticas y creían que representaba un verdadero peligro para su futuro. ¿Qué pasó cuando en 1829 San Martín regresó de Europa y llegó hasta Montevideo? San Martín volvió porque lo llamó el entonces gobernador Dorrego. Lo había convocado porque todavía no había terminado la guerra contra el Brasil y ya había caído su enemigo Rivadavia. La idea de Dorrego era que San Martín se hiciese cargo del conflicto militar. Pero cuando llegó, Dorrego había sido asesinado y los autores del crimen habían sido Rivadavia y sus agentes, eso lo dijo el propio San Martín en una carta de la época. Juan Lavalle era sólo la cara del golpe, “la espada sin cabeza”, como diría años después Esteban Echeverría. San Martín no quiso darle amparo con su prestigio a ese gobierno y retornó a Europa para siempre. ¿Qué hay de cierto con respecto a la historia que asegura que cuando fueron repatriados los restos de San Martín la jerarquía de la Iglesia Católica se oponía a que la tumba fuera instalada en la Catedral, debido a su condición de masón? Eso es cierto. La Iglesia argentina –debido a estas imprecisiones que existían en torno de San Martín respecto de su participación en las logias masónicas- creía que San Martín era verdaderamente masón. Entonces decidieron hacer el templete fuera del recinto sagrado de la Catedral, por las dudas. Ahí es donde puede verse hoy. En ese momento la fobia a la masonería era muy fuerte por parte de la Iglesia, hacía poco tiempo que el Pontífice había condenado la masonería. ¿Cómo se llegó a esta concepción tipo Billiken que hoy se tiene de la figura de San Martín? Ha habido una necesidad política de construir un mito por el cual se supone que desde 1810 todo salio bien. La historia argentina es la suma de islotes gloriosos y luminosos, salpicados por islotes negros. Los héroes son aquellos que en alguna medida apoyaron el proyecto, los que no querían el proyecto quedaron de lado. Esta es la historia que cuenta Bartolomé Mitre. Una historia que pretendía negar el San Martín humano. Como no podía evitarlo, era preferible construirlo liviano, rosadito. Es por eso que estas historias son prácticamente desconocidas para el común de la gente. Era mejor hablar de El Gran Capitán de los Andes y nada más. Porque si se empezaba a escarbar y se les decía a los chicos que San Martín era enemigo de Rivadavia; que además se escribía con Rosas o que le donó el sable corvo de Los Andes por su lucha contra el bloqueo anglo-sajón, o que conspiró para derrocar el gobierno del Primer Triunvirato porque no había consultado la voluntad del pueblo, la cosa cambiaba. Ya no podría ser El Santo de la Espada y se tornaría en una figura contradictoria e inmanejable porque estaría vinculada con la política. Sería otro San Martín, estaría demasiado vivo y se tornaría peligroso. Fuente: www.elhistoriador.com.ar http://www.elhistoriador.com.ar/entrevistas/c/chavez_la_historia_poco_conocida_de_san_martin.php Biografia José de San Martín (1778 - 1850) Autor: Felipe Pigna José Francisco de San Martín nació en Yapeyú, hoy provincia de Corrientes, un 25 de febrero de 1778. Yapeyú había sido fundada en febrero de 1627 por los Jesuitas y se transformó con el tiempo en el más importante centro ganadero del Río de la Plata, famoso sus zapaterías cuyos productos eran exportados a Chile y Perú. También se producían ahí diversos instrumentos musicales de gran calidad. Todo esto decayó con la expulsión de los jesuitas en 1768, pero Yapeyú siguió siendo una ciudad importante dentro de la estrategia española para estas tierras. Así fue como el gobernador de Buenos Aires, Bucarelli, encomendó al Capitán don Juan de San Martín el cargo de teniente de gobernador de Yapeyú en 1774. Allí se instaló don Juan con su mujer, Gregoria Matorras, y sus hijos María Elena, Juan Fermín y Manuel Tadeo. Poco después nacerán Justo Rufino y el menor de la familia, José Francisco, quien pronto comenzó a ser cuidado por una niñera india, Juana Cristaldo que según doña Gregoria, lo consentía demasiado. Cuando José tenía apenas tres años, toda la familia debió abandonar Yapeyú y trasladarse a Buenos Aires. El virrey Vértiz le ordenó a Don Juan hacerse cargo de la instrucción de los oficiales del batallón de voluntarios españoles. Los San Martín vivirán en la capital del virreinato hasta 1784 cuando fue aceptado el pedido de Don Juan para regresar a España. Se le encargó la dirección de un regimiento en Málaga y allí se instaló la familia. José, que tenía por entonces ocho años ingresó al Seminario de Nobles de Madrid. Allí aprendió latín, francés, castellano, dibujo, poética, retórica, esgrima, baile, matemáticas, historia y geografía. En 1789, a los once años ingresó como cadete al regimiento de Murcia y en poco tiempo ya tomará parte activa en numerosos combates en España y en el Norte de África. Entre 1793 y 1795 durante la guerra entre España y Francia, el joven San Martín tuvo una actuación destacada en todos los combates en los que participó, y ascendió rápidamente en sus grados militares hasta llegar al de segundo teniente. En la guerra contra las fuerzas napoleónicas y ya con el grado de Teniente Coronel, fue condecorado con la medalla de oro por su heroica actuación en la batalla de Bailén el 19 de julio de 1808 El joven José no olvidaba sus orígenes americanos y estaba muy al tanto de los sucesos del Río de la Plata. Al enterarse de los hechos de mayo de 1810, decidió pedir el retiro del ejército español para poner sus conocimientos y experiencia al servicio de la naciente revolución americana. Había tomado contacto en España con círculos liberales y revolucionarios que veían con simpatía la lucha por la emancipación americana. Salió de Cádiz para Londres el 14 de septiembre de 1811. Londres ya era por entonces la gran capital de la Revolución Industrial a cuya sombra florecían las ideas liberales, ante todo en lo económico, pero también en lo político. Allí prosperaban los grupos revolucionarios como la "Gran Hermandad Americana", una logia fundada por Francisco de Miranda, un patriota venezolano que se proponía liberar América con la ayuda financiera de los ingleses. Durante sus cuatro meses de estadía en Londres, San Martín tomará contacto con los miembros de la "Hermandad", sobre todo con Andrés Bello y con personas vinculadas al gobierno británico, como James Duff y Sir Charles Stuart, quienes le hacen conocer el plan Maitland. El plan, un manuscrito de 47 páginas, había sido elaborado por el general inglés Thomas Maitland en 1800 y aconsejaba tomar Lima a través de Chile por vía marítima. San Martín tendrá muy en cuenta las ideas del militar inglés en su campaña libertadora. Finalmente en enero de 1812 San Martín emprende el regreso a su tierra natal a bordo de la fragata inglesa George Canning. “Yo serví en el ejército español desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos de Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha." José de San Martín A poco de llegar San Martín a Buenos Aires, logró que se le respetara su grado militar de Teniente Coronel y que se le encomendara la creación de un regimiento para custodiar las costas del Paraná asoladas por los ataques de los españoles de Montevideo. Así nació el regimiento de Granaderos a Caballo. El propio San Martín diseñará los uniformes y las insignias del nuevo cuerpo militar que se instala en el Retiro. La situación política en Buenos Aires era complicada. Gobernaba el Primer Triunvirato integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso. Pero el verdadero poder estaba en manos del secretario de gobierno, Bernardino Rivadavia, que venía desarrollando una política muy centralista que desoía todos los reclamos del interior, cada vez más perjudicado por la política económica de Buenos Aires que fomentaba el libre comercio y mantenía un manejo exclusivo del puerto y de la aduana. A poco de llegar, San Martín entró en contacto con los grupos opositores al triunvirato, encabezados por la Sociedad Patriótica fundada por Bernardo de Monteagudo, y creó, junto a su compañero de viaje Carlos de Alvear, la Logia Lautaro, una sociedad secreta cuyos objetivos principales eran la Independencia y la Constitución Republicana. San Martín y sus compañeros se decidieron a actuar y el 8 octubre de 1812 marcharon con sus tropas, incluidos los granaderos, hacia la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) y exigieron la renuncia de los triunviros en un documento redactado por San Martín que concluía diciendo: "...no siempre están las tropas para sostener gobiernos tiránicos". Fue designado un segundo triunvirato afín a la Logia y a la Sociedad Patriótica integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte. Don José se hacía tiempo también para la diversión y poco a poco fue tenido en cuenta en las selectas listas de invitados de las tertulias porteñas. La más famosa y agradable, según cuentan, era la de Don Antonio Escalada y su esposa Tomasa, en la que sus hijas, Remedios y Nieves, no perdían de vista a ningún nuevo visitante. Por allí pasó Don José y surgió el romance con Remedios. Poco después, el 12 de noviembre de 1812 se casaron. Él tenía 34 años y ella 15. El 3 de febrero de 1813 los Granaderos de San Martín entraban por primera vez en combate frente al Convento de San Lorenzo, en Santa Fe. El triunfo fue total y el prestigio del ahora coronel San Martín crecía sin cesar. Fue así que en 1814 se le encomendó el mando del ejército del Norte en reemplazo del General Belgrano. San Martín aceptó el cargo pero hizo saber a las autoridades que sería inútil insistir por la vía del Alto Perú y que se retiraría a Córdoba para reponerse de los dolores causados por su úlcera estomacal y terminar de delinear las bases de su nueva estrategia militar consistente en cruzar la cordillera, liberar a Chile y de allí marchar por barco para tomar el bastión realista de Lima. Repuesto parcialmente de sus males, pero con el plan terminado y aprobado, logró ser nombrado gobernador de Cuyo. En Mendoza comenzó los preparativos para su ambicioso plan sin descuidar las tareas de gobierno. Fomentó la educación, la agricultura y la industria y creó un sistema impositivo igualitario cuidando que pagaran más los que más tenían. Todo el pueblo cuyano colaboró según sus posibilidades para armar y aprovisionar al Ejército de los Andes. El propio gobernador dio el ejemplo reduciendo su propio sueldo a la mitad. San Martín debió enfrentar en Cuyo la oposición la oposición de los hermanos Carreras, exiliados chilenos que habían abandonado su país tras la derrota de Rancagua. Uno de ellos, José Miguel había sido presidente de la Junta de Gobierno de Chile en 1814 y se oponía a la alianza de O'Higgins con San Martín. Los tres hermanos terminaron involucrándose en las guerras civiles argentinas y murieron fusilados. El 24 de marzo se reúne el Congreso en Tucumán. San Martín, preocupado por la demora en sancionar la independencia dirige una carta al diputado por Cuyo, Godoy Cruz. "¿Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra independencia? ¿No es cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y escarapela nacional y, por último, hacer la guerra al soberano de quien se dice dependemos, y permanecer a pupilo de los enemigos?" El 16 de agosto de 1816, nació Mercedes Tomasa de San Martín, la única hija de la pareja. A principios de 1817 comenzó el heroico cruce de los Andes. "Compañeros del Ejército de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje." José de San Martín Durante muchos tramos San Martín debió ser trasladado en camilla debido a los terribles dolores provocados por la úlcera. A poco de cruzar los Andes, el 12 de febrero de 1817, las fuerzas patriotas derrotan a los españoles en la cuesta de Chacabuco, iniciando de esa forma la independencia de Chile. El 19 de marzo del año siguiente las fuerzas patriotas sufrieron una derrota en Cancha Rayada. Afortunadamente el General Las Heras logró salvar a su cuerpo y en base a estos hombres pudo reorganizarse un ejército de 5.000 hombres y vencer definitivamente a los realistas en Maipú el 5 de abril de 1818. Pocos días después de Maipú, San Martín volvió a cruzar la cordillera rumbo a Buenos Aires para solicitar ayuda al gobierno del Directorio para la última etapa de su campaña libertadora: el ataque marítimo contra el bastión realista de Lima. Obtiene la promesa de una ayuda de 500.000 pesos para su plan limeño de los que sólo llegarán efectivamente 300.000. San Martín regresó a Chile, donde obtuvo la ayuda financiera del gobierno y armó una escuadra que quedará al mando del marino escocés Lord Cochrane. Mientras tanto, en Buenos Aires las cosas se complican. Pueyrredón propicia la invasión portuguesa de la Banda Oriental para combatir a Artigas y le ordena a San Martín que baje con su ejército y encabece la represión de los orientales. San Martín se niega y le aclara que "el general San Martín jamás desenvainará su espada para derramar sangre de hermanos". El 20 de agosto de 1820 partió desde el puerto chileno de Valparaíso la expedición libertadora. La escuadra estaba formada por 24 buques y conducía a unos 4.800 soldados. El 12 de septiembre la flota fondeó frente al puerto peruano de Pisco. Una división al mando del General Arenales se dirigió hacia el interior del Perú con el objetivo de sublevar a la población y obtuvo la importante victoria de Pasco el 6 de diciembre de 1820. Por su parte San Martín ordenó bloquear el puerto Lima. Así, el virrey De la Serna se vio acosado por todos los flancos y debió rendirse el 10 de julio de 1821. Ese día entró victorioso el general San Martín a la capital virreinal. El 28 de julio de 1821 San Martín declaró la independencia del Perú. Se formó un gobierno independiente que nombró a San Martín con el título de Protector del Perú, con plena autoridad civil y militar. En un principio el general se había negado a aceptar el cargo, pero el clamor popular y los consejos de su amigo y secretario, Bernardo de Monteagudo, le hicieron recordar que el peligro realista no había desaparecido, que las fuerzas del virrey se estaban reorganizando en los cuatro puntos cardinales del Perú y que por lo tanto su presencia se hacía imprescindible para terminar definitivamente con el dominio español. San Martín abolió la esclavitud y los servicios personales (mita y yanaconazgo), garantizó la libertad de imprenta y de culto, creó escuelas y la biblioteca pública de Lima. Debió enfrentar graves dificultades financieras, lo que creó entre la población un creciente descontento. Pese a las dificultades San Martín pudo controlar la situación y lograr la rendición de los realistas del Sur y del Centro del Perú. Mientras San Martín llevaba adelante su campaña desde el Sur el patriota venezolano Simón Bolívar, lo venía haciendo desde el Norte. El general Sucre, lugarteniente de Bolívar, solicitó ayuda a San Martín para su campaña en Ecuador. El general argentino le envió 1600 soldados que participaron victoriosamente en los combates de Riobamba y Pichincha que garantizaron la rendición de Quito. Finalmente los dos libertadores decidieron reunirse. La famosa entrevista de Guayaquil, en Ecuador, se realizó entre los días 26 y 27 de julio de 1822. Había entre ellos diferencias políticas y militares. Mientras San Martín era partidario de que cada pueblo liberado decidiera con libertad su futuro, Bolívar estaba interesado en controlar personalmente la evolución políticas de las nuevas repúblicas. El otro tema polémico fue quién conduciría el nuevo ejército libertador que resultaría de la unión de las tropas comandadas por ambos. San Martín propuso que lo dirigiera Bolívar pero éste dijo que nunca podría tener a un general de la calidad y capacidad de San Martín como subordinado. El general argentino tomó entonces una drástica decisión: retirarse de todos sus cargos, dejarle sus tropas a Bolívar y regresar a su país. Tras la entrevista de Guayaquil San Martín regresó a Lima y renunció a su cargo de Protector del Perú. "La presencia de un militar afortunado, por más desprendimiento que tenga es temible a los estados que de nuevo se constituyen. Por otra parte ya estoy aburrido de oír decir que quiero hacerme soberano. Sin embargo siempre estaré a hacer el último sacrificio por la libertad del país, pero en clase de simple particular y no más. En cuanto a mi conducta pública mis compatriotas dividirán sus opiniones; los hijos de éstos darán el verdadero fallo." Partió luego rumbo a Chile donde permaneció hasta enero de 1823. Cruzó por última vez los Andes, estuvo unos días en Mendoza y pidió autorización para entrar en Buenos Aires para poder ver a su esposa, que estaba gravemente enferma. Rivadavia, ministro de gobierno del gobernador Martín Rodríguez, le negó el permiso argumentando que no estaban dadas las condiciones de seguridad para que San Martín entrara a la ciudad. En realidad Rivadavia, que siempre le había negado cualquier tipo de ayuda a San Martín, temía que el general entrase en contacto con los federales del Litoral. El gobernador de Santa Fe, Estanislao López, le envió una carta advirtiéndole que el gobierno de Buenos Aires esperaba su llegada para someterlo a un juicio por haber desobedecido las órdenes de reprimir a los federales y le ofreció marchar con sus tropas sobre Buenos Aires si se llegara a producir tan absurdo e injusto juicio. San Martín le agradeció a López su advertencia pero le dijo que no quería más derramamiento de sangre. Ante el agravamiento de la salud de Remedios, pese a las amenazas, San Martín decidió viajar igual a Buenos Aires pero lamentablemente llegó tarde. Su esposa ya había muerto sin que él pudiera compartir al menos sus últimos momentos. Difamado y amenazado por el gobierno unitario, San Martín decidió abandonar el país en compañía de su pequeña hija Mercedes rumbo a Europa. Merceditas tenía siete años y recién ahora conocería de verdad a su padre. San Martín comenta en una carta a su entrañable amigo Tomás Guido: "Cada día me felicito más y más de mí decisión de haberla conducido a Mercedes conmigo a Europa y arrancado del lado de doña Tomasa (su suegra). Esta amable señora con el excesivo cariño que le tenía me la había resabiado, como dicen los paisanos, en términos que era un diablotín...". En 1825 redacta las famosas máximas, una serie de recomendaciones para su educación en caso de que él no estuviera a su lado. Allí les aconseja el amor a la verdad, la tolerancia religiosa, la solidaridad y la dulzura con los pobres, criados y ancianos; amor al aseo y desprecio al lujo. Tras pasar brevemente por Londres, San Martín y su hijita se instalaron en Bruselas. En 1824 pasan a París para que Mercedes complete sus estudios. San Martín atravesaba en Europa una difícil situación económica. Del gobierno argentino no podía esperar nada y ni el Perú ni Chile le pagaban regularmente los sueldos que le correspondían como general retirado. Vivía de la escasa renta que le producía el alquiler de una casa en Buenos Aires y de la ayuda de algunos amigos como el banquero Alejandro Aguado que lo ayudó para poder comprar su casa de Grand Bourg. Pero el general seguía interesado e inquieto por la situación de su país. En febrero de 1829 llega al puerto de Buenos Aires pero no desembarca. Se entera del derrocamiento del gobernador Dorrego y de su trágico fusilamiento a manos de los unitarios de Lavalle. Muchos oficiales le envían cartas a su barco y lo van a visitar con la intención de que se haga cargo del poder. San Martín se niega porque piensa que tome el partido que tome tendrá que derramar sangre argentina y no está dispuesto a eso. Triste y decepcionado decide regresar. Pasa unos meses en Montevideo y finalmente retorna a Francia. En 1832 una epidemia de cólera asoló Francia. San Martín y su hija Mercedes, fueron afectados por esa grave enfermedad. Los trató un médico argentino, Mariano Balcarce, hijo de un viejo amigo y camarada de armas de San Martín, el general Antonio Balcarce, vencedor de Suipacha. Mariano atendió durante meses a los San Martín, aunque podría decirse que sobre todo prestó mucha atención a Mercedes. Pero la cosa fue mutua y el 13 de diciembre de 1832 Mariano Balcarce y Mercedes de San Martín se casaron y se fueron de luna de miel a Buenos Aires. En 1838, durante el gobierno de Rosas, los franceses bloquearon el puerto de Buenos Aires. Inmediatamente José de San Martín le escribió a don Juan Manuel ofreciéndole sus servicios militares. Rosas agradeció el gesto y le contestó que podían ser tan útiles como sus servicios militares las gestiones diplomáticas que pudiera realizar ante los gobiernos de Francia e Inglaterra. Al enterarse del bravo combate de la vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845, cuando los criollos enfrentaron corajudamente a la escuadra anglo-francesa, San Martín volvió a escribir a Rosas y a expresarle sus respetos y felicitaciones: "Ahora los gringos sabrán que los criollos no somos empanadas que se comen así nomás sin ningún trabajo". San Martín para ese entonces estaba muy enfermo. Sufría asma, reuma y úlceras y estaba casi ciego. Su estado de salud se fue agravando hasta que falleció el 17 de agosto de 1850. En su testamento pedía que su sable fuera entregado a Rosas "por la firmeza con que sostuvo el honor de la república contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla" y que su corazón descansara en Buenos Aires. Esta última voluntad se cumplió en 1880, cuando el presidente Avellaneda recibió los restos del libertador. http://www.elhistoriador.com.ar/biografias/s/san_martin.php Escritos de San Martín El 13 de marzo de 1819, San Martín expresa en carta al caudillo oriental José Gervasio de Artigas su preocupación por la guerra civil declarada entre Santa Fe, la Banda Oriental y Buenos Aries: “Me hallaba en Chile acabando de destruir el resto de maturrangos que quedaban como se ha verificado e igualmente aprontando los artículos de guerra necesarios para atacar a Lima, cuando me hallo con noticias de haberse roto las hostilidades por las tropas de usted y de Santa Fe contra las de Buenos Aires. (…) Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón. Paisano mío, hagamos un esfuerzo, transemos todo, y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieran atacar nuestra libertad. No tengo más pretensiones que la felicidad de la patria. En el momento que ésta se vea libre renunciaré el empleo que obtenga para retirarme; mi sable jamás se sacará de la vaina por opiniones políticas…” El mismo día, 13 de marzo de 1819, también se dirige a Estanislao López, gobernador de Santa Fe, intentando conciliar las desavenencias internas: “Unámonos, paisano mío, para batir a los maturrangos que nos amenazan: divididos seremos esclavos: unidos estoy seguro que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra con honor. La sangre americana que se vierte es muy preciosa y debía emplearse contra los enemigos que quieren subyugarnos. El verdadero patriotismo, en mi opinión, consiste en hacer sacrificios: hagámoslos, y la patria, sin duda alguna, es libre, de lo contrario seremos amarrados al carro de la esclavitud. Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas. (…) Transemos nuestras diferencias; unámonos para batir a los maturrangos que nos amenazan y después nos queda tiempo para concluir de cualquier modo nuestros disgustos en los términos que hallemos por convenientes sin que haya un tercero en discordia que nos esclavice”. Un año más tarde, antes de embarcarse en la expedición para dar libertad al Perú, San Martín se dirige a los habitantes de las Provincias Unidas en proclama del 22 de julio de 1820: “Compatriotas: voy a emprender la grande obra de dar libertad al Perú, mas antes de mi partida quiero deciros algunas verdades que sentiría las acabaseis de conocer por experiencia. (…) Vuestra situación no admite disimulo; diez años de constantes sacrificios sirven hoy de trofeo a la anarquía; la gloria de haberlos hecho es mi pesar actual cuando se considera su poco fruto. Habéis trabajado un precipicio con vuestras propias manos y acostumbrados a su vista, ninguna sensación de horror es capaz de deteneros. Compatriotas: yo os hablo con la franqueza de un soldado. Si dóciles a la experiencia de diez años de conflictos no dais a vuestros deseos una dirección más prudente, temo que cansados de la anarquía suspiréis al fin por la opresión y recibáis el yugo del primer aventurero feliz que se presente, quien lejos de fijar vuestros destinos, no hará más que prolongar vuestra incertidumbre. (…) Yo servía en el ejército español en 1811. Veinte años de honrados servicios me habían atraído alguna consideración, sin embargo de ser americano; supe de la revolución de mi país, y al abandonar mi fortuna y mis esperanzas, sólo sentía no tener más que sacrificar al deseo de contribuir a la libertad de mi patria; llegué a Buenos Aires a principios de 1812 y desde entonces me consagré a la causa de América: sus enemigos podrán decir si mis servicios han sido útiles. Compatriotas: yo os dejo con el profundo sentimiento que causa la perspectiva de vuestra desgracia; vosotros me habéis acriminado aun de no haber contribuido a aumentarlas, porque éste habría sido el resultado si yo hubiese tomado parte activa en la guerra contra los federalistas (…) En tal caso era preciso renunciar a la empresa de libertar al Perú, y suponiendo que la suerte de las armas me hubiera sido favorable en la guerra civil, yo habría tenido que llorar la victoria con los mismos vencidos. No, el general San Martín jamás derramará la sangre de sus compatriotas y sólo desenvainará la espada contra los enemigos de la independencia de Sudamérica. (…) ¡Provincias del Río de la Plata! El día más célebre de vuestra revolución está próximo a amanecer. Voy a dar la última respuesta a mis calumniadores: yo no puedo menos que comprometer mi existencia y mi honor por la causa de mi país; y sea cual fuere mi suerte en la campaña del Perú, probaré que desde que volví a mi patria, su independencia ha sido el único pensamiento que me ha ocupado y que no he tenido más ambición que la de merecer el odio de los ingratos y el aprecio de los hombres virtuosos.” Código de Honor del Ejército de los Andes "La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los militares." José de San Martín, Cuartel General de Mendoza, 4 de septiembre de 1816. Parte del combate de San Lorenzo suscrito por el Coronel José de San Martín, al Superior Gobierno San Lorenzo febrero 3 de 1813 Exmo. Señor. Tengo el honor de decir a V.E. que en el día 3 de febrero los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo á las armas de la patria. Los enemigos en numero de 250 hombres desembarcaron a las 5 y media de la mañana en el puerto de S. Lorenzo, y se dirigieron sin oposición al colegio S. Carlos conforme al plan que tenían meditado en dos divisiones de a 60 hombres cada una, los ataques por derecha e izquierda, hicieron no obstante una esforzada resistencia sostenida por lo fuegos de los buques, pero no capaz de contener el intrépido arrojo con que los granaderos cargaron sobre ellos sable en mano: al punto se replegaron en fuga a las bajadas dejando en el campo de batalla 40 muertos, 14 prisioneros de ellos, 12 heridos sin incluir los que se desplomaron, y llevaron consigo, que por los regueros de sangre, que se ven en las barrancas considero mayor numero. Dos cañones, 40 fusiles, 4 bayonetas, y una bandera que pongo en manos de V.E. y la arrancó con la vida al abanderado el valiente oficial D. Hipolito Bouchard. De nuestra parte se han perdido 26 hombres, 6 muertos, y los demás heridos, de este numero son: el capitán D. Justo Bermúdez, y el teniente Manuel Díaz Velez, que avanzándose con energía hasta el borde de la barranca cayó este recomendable oficial en manos del enemigo. El valor e intrepidez que han manifestado la oficialidad y tropa de mi mando los hace acreedores a los respetos de la patria, y atenciones de V.E.; cuento entre estos al esforzado y benemérito párroco Dr. Julián Navarro, que se presentó con valor animando con su voz, y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla: igualmente lo han contraído los oficiales voluntarios D. Vicente Mármol, y D. Julián Corvera, que á la par de los míos permanecieron con denuedo en todos los peligros. Seguramente el valor e intrepidez de mis granaderos hubieran terminado en este día de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del Paraná, si la proximidad de las bajadas no hubiera protegido su fuga, pero me arrojo a pronosticar sin temor que este escarmiento será un principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar a estos pacíficos moradores. Dios guarde a V.E. muchos años. San Lorenzo febrero 3 de 1813. Máximas redactadas por el General San Martín para su hija Mercedes Tomasa en Bruselas, 1825. Máximas, manuscrito 1° Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una Mosca abriendo la ventana para que saliese: Anda, pobre Animal, el Mundo es demasiad grande para nosotros dos. 2° Inspirarla amor a la verdad y odio a 1a mentira. 3° Inspirarla gran Confianza y Amistad pero uniendo el respeto. 4° Estimular en Mercedes la Caridad con los Pobres. 5° Respeto sobre la propiedad ajena. 6° Acostumbrarla a guardar un Secreto. 7° Inspirarla sentimientos de indulgencia hacia todas las Religiones. 8° Dulzura con los Criados, Pobres y Viejos. 9° Que hable poco y lo preciso. 10° Acostumbrarla a estar formal en la Mesa. 11° Amor al Aseo y desprecio al Lujo. 12° Inspirarla amor por la Patria y por la Libertad. SUS GRANDES RENUNCIAMIENTOS Horacio José Timpanaro (1928-1990) La vida de José de San Martín estuvo jalonada por una sucesión de renunciamientos. Renunció a la gloria que los pueblos otorgan a los guerreros victoriosos; al poder que aspiran los hombres públicos y a la riqueza que buscan alcanzar los hombres comunes. AL EJÉRCITO ESPAÑOL San Martín cumplió en España una destacada carrera militar. Fue admitido de cadete en el Regimiento de Infantería Murcia “El Leal” en 1789, cuando apenas contaba doce años. En 1793 obtuvo su primer ascenso al grado de segundo subteniente y, nueve meses más tarde, fue designado primer subteniente. Alcanzó la segunda tenencia en 1795 y, a fines de 1802, fue ascendido como segundo ayudante del Batallón Voluntarios de Campo Mayor “El Incansable”. En noviembre de 1804 fue promovido a capitán segundo y cuatro años después obtuvo el grado de teniente coronel de caballería: tenía entonces treinta años de edad. En 1811, después de 22 años de distinguidos servicios en el ejército español, renunció a continuar su brillante carrera no obstante ser americano, y solicitó su retiro para sumergirse en la apasionante perspectiva de la revolución americana. Se marchó pidiendo, solamente, el uso del uniforme de retirado y el fuero militar, este oficial antiguo y de tan buena opinión como ha acreditado principalmente en la presente guerra (de la independencia española), pues ha servido bien los 22 años que dice y tiene méritos particulares de guerra que le dan crédito y la mejor opinión. Así, con el citado reconocimiento de sus superiores, sin uso de las franquicias que otorgaba el montepío militar, dejó España, a la que no volverá a ver. A LA VIDA FAMILIAR Al abandonar la península también renunció a permanecer cerca de su madre, ya anciana y de su hermana María Elena. El destino lo llama desde lejos y allá va, a América, a cumplir con su misión. Años más tarde, al iniciar la campaña de los Andes en 1817, debió separarse de su joven esposa y de su pequeña infanta mendocina, quienes dejaron las acogedoras tierras Cuyanas cuando él se internó en los pasos cordilleranos para llevar la libertad a Chile. Renunció a permanecer cerca de su familia, a gozar de los momentos gratos con sus seres queridos y, por último, a atender a su esposa durante su fatal enfermedad. AL PODER POLÍTICO Luis de Servi. La visión de San Martín. Óleo “Prometo a nombre de la independencia de mi patria, no admitir jamás mayor graduación que la que tengo, ni obtener empleo público y, el militar que poseo, renunciarlo en el momento en que los americanos no tengan enemigos.” Estas palabras fueron dichas en 1816, mientras preparaba el Ejército de los Andes. Por eso, el 26 de febrero de 1817, rechazó el grado de brigadier que le otorgó el Gobierno de las Provincias Unidas después del triunfo de Chacabuco y tampoco aceptó el mismo grado concedido por el Gobierno de Chile, a quien contesta: “este superior Gobierno ha querido recompensar mis cortos servicios por la libertad del país con el empleo de brigadier. Sin embargo, para que esta resistencia no se interprete a desaire, me honraría el grado de coronel.” En conocimiento de que el Congreso y el Director Supremo de las Provincias Unidas, de las que emanaba su autoridad, fueron disueltos después de la batalla de Cepeda -en la que Rondeau fue vencido por los caudillos del litoral- San Martín creyó que era su deber manifestar esta situación al cuerpo de oficiales del Ejército de los Andes, para que por sí nombren al jefe que debía mandarlos. ¿Pueden considerarse como un renunciamiento los acontecimientos de Rancagua, de abril de 1820? Si nos atenemos al texto de la nota de San Martín a Las Heras, del 26 de marzo, el Libertador dejó librado a los oficiales del ejército la elección del nuevo jefe. Esa oficialidad manifiesta, en el Acta del 2 de abril, que consideraba nulo el fundamento y las razones que se esgrimían, “pues la autoridad del general (San Martín), que la recibió para hacer la guerra, no ha caducado ni puede caducar porque su origen, que es la salud del pueblo, es inmutable.” San Martín estaba convencido que la pasión del mando es, en general, lo que con más empeño domina al hombre. (Bruselas, 2 de junio de 1827). Podemos decir con Mitre que San Martín “mandó, no por ambición, sino por necesidad y por deber, y mientras consideró que el poder era en sus manos un instrumento útil para la tarea que el destino le había impuesto”. Abdicó al mando supremo en el Perú y transfirió el poder al Congreso General Constituyente por él convocado, puesto que “la presencia de un militar afortunado (por más desprendimiento que tenga) es temible a los Estados que de nuevo se constituyen” (Pueblo Libre, 20 de setiembre de 1822). Con este gesto de sublime renunciamiento, San Martín se despojó voluntariamente del mando y entregó al pueblo el ejercicio total de la soberanía y, sellando la actitud consciente de su misión, dijo: “si algún servicio tiene que agradecerme la América, es la de mi retirada de Lima.” Por grandes que fueran sus renunciamientos al poder, es mayor su dejación en Guayaquil y su posterior retirada del Perú. Es de espíritus superiores renunciar a sí mismo y dejar que otro continúe la labor libertaria: “tiempo ha que no pertenezco a mi mismo, sino a la causa del continente americano” (Lima, 19 de enero de 1822). El 17 de julio de 1839, Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, nombró a San Martín ministro plenipotenciario ante el Gobierno de la República del Perú, deseando dar al gobierno de esa república una prueba inequívoca de los ardientes votos que animan a la Confederación de estrechar relaciones de confraternidad sincera, bajo bases honrosas y de justa reciprocidad. Sin embargo, el 30 de octubre de ese año, el Libertador, desde Grand Bourg, renuncia al ofrecimiento y contesta: “si sólo mirase mi interés personal, nada podría lisonjearme tanto como el honroso cargo a que se me destina. El clima es el que más podía convenir para su salud; volvería a un país cuyos habitantes le dieron pruebas de afecto desinteresado y su presencia podía facilitar el cobro de los atrasos de su pensión, ya señalada por el Congreso peruano. Pero faltaría a su deber si no manifestara que enrolado en la carrera militar desde los doce años, ni mi educación e instrucción las creo propias para desempeñar con acierto un encargo de cuyo buen éxito bien puede depender la paz. No obstante si una buena voluntad, un vivo deseo de acierto y una lealtad, la más pura, fuesen sólo necesarias para el desempeño de tan honrosa misión, es todo lo que podría ofrecer para servir a la República. A LOS BIENES MATERIALES ¿A qué riquezas puede aspirar un estoico, como el hombre que dijo a los habitantes de Lima: “los soldados no conocen el lujo, sino la gloria”? San Martín renunció a ocupar la casa que le tenía preparada el Cabildo de Mendoza cuando por primera vez llegó a esa ciudad para desempeñar el cargo de Gobernador-Intendente; al mismo Cuerpo municipal no le aceptó que le abone la diferencia de sueldo que voluntariamente dejaba de percibir, no obstante las necesidades que tenía. En tiempo de dificultades, el prócer vivía con la mitad del sueldo asignado. A VIVIR EN SU PATRIA Tampoco quiso aceptar los 10.000 pesos oro que el Cabildo de Santiago le obsequió después de Chacabuco, suma que destinó para la creación de la Biblioteca Nacional de Chile. Rechazó el sueldo que tenía señalado como general en jefe del Ejército de Chile y devolvió una vajilla de plata que le habían obsequiado. Terminada la campaña emancipadora, vivió durante breve tiempo en Mendoza dedicado a labores campestres en su chacra. Retenido en Cuyo, sufrió con dolor no estar junto al lecho de muerte de su esposa. Llegó a Buenos Aires después de la muerte de Remedios: tomó a su pequeña hija y se embarcó para Europa. Cuando, en 1829, quiso regresar al país, no desembarcó en el puerto de Buenos Aires. Desde la rada siguió viaje a Montevideo y nuevamente a Europa, para no volver con vida a su patria. Regresaron sus restos, treinta años después de su muerte, cuando las pasiones tumultuosas habían acallado. El Libertador nunca olvidó su tierra natal: en el último testamento expresó el deseo de que su corazón fuese depositado en Buenos Aires. Fuentes principales: http://www.sanmartiniano.gov.ar/ http://www.elhistoriador.com.ar/ http://www.pachami.com/SanMartin.html http://www.wikipedia.com/ http://www.google.com/ Los últimos dos principalmente imágenes Si llegaste hasta acá espero tu comentario! Comentar = Agradecer

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