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desimari

Usuario (Irlanda)

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David Bowie está trabajando en un nuevo disco
InfoporAnónimo7/18/2014

16.07.2014 El cantante confirmó que el sucesor de The Next Day será lanzado "pronto" Después de sorprender a todos tras diez años de desaparición casi total con el lanzamiento de The Next Day en marzo de 2013, las preguntas sobre el devenir de la carrera de David Bowie se multiplicaron. Con las posibilidades de una gira de presentación de su vigésimo cuarto disco de estudio anuladas por su mentado ostracismo, el cantante realizó muy pocas apariciones públicas durante este año y medio. Sin embargo, en un evento londinense en el que se celebraron sus 50 años de carrera y se recaudaron fondos para una fundación, se leyó un comunicado a través del que Bowie prometió más. El texto decía: "Esta ciudad es mejor que en la que estaban durante el año pasado, así que recuerden bailar, bailar, bailar. Y después, sentarse por un minuto, tejer algo, levantarse y correr por todo el lugar. Háganlo. Los amo. Más música pronto. David." Más música por favor. En abril de este año, durante la ceremonia de entrega de los Music Week Awards, se leyó otro texto de su parte en el homenaje al presidente de Columbia Records, Rob Stringer, en el que también -y a pesar del tono irónico- se dejaba en claro que estaba grabando nuevo material. "Cuando me preguntó si me importaría que se tomara algunos sábados libres en sus obligaciones como percusionista en mi nuevo álbum de este año con el fin de asistir a los próximos partidos del club de fútbol Luton Town, ¿cómo podía negarme? Es lo menos que podía ofrecer al hombre que con sus propias manos llevó mi álbum al número uno en todo el mundo", decía. Si te desprendés de tu ostracismo y te pegás una vueltita por aquí, no nos enojamos, David, eh. ♫♪

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"Why so serious?" - Historias de la sonrisa de Gla
InfoporAnónimo4/2/2014

---------- -------------------- Fragmento de Los Cantos de Maldoror, 1869. He visto, durante toda mi vida, a los hombres de estrechos hombros, sin exceptuar uno solo, cometer innumerables actos de estupidez, embrutecer a sus semejantes y pervertir sus almas por todos los medios. Llamen "gloria" a los motivos de sus acciones. Viendo tales espectáculos, quise reír como los demás, pero esto, extraña imitación, me era imposible. Tomé una navaja cuya hoja tenía un filo acerado, y me abrí las carnes en los sitios donde se unen los labios. Por un instante creí alcanzado mi objetivo. Miré en un espejo esa boca lacerada por mi propia voluntad. ¡Era un error! La sangre que corría en abundancia de ambas heridas impedía, además, distinguir si aquélla era, en efecto, la risa de los demás. Pero, tras unos momentos de comparación, vi que mi risa no se parecía a la de los humanos, es decir, que no me reía. Isidore Lucien Ducasse, Conde de Lautréamont (1846-1870). Libro completo online en PDF ---------- -------------------- La Sonrisa de Glasgow "Glasgow smile" es una expresión del slang o jerga británica para referirse a una herida que se le inflige a alguien desde las comisura de los labios hasta la orejas, y que deja una cicatriz semejante a una sonrisa... Una gran sonrisa. En Londres se la conoce como Chelsea smile (sonrisa de Chelsea) o Chelsea grin (amplia sonrisa de Chelsea). Se cree que esta práctica es originaria de la ciudad escocesa de Glasgow, y que se volvió popular entre las pandillas rebeldes inglesas, especialmente los "Chelsea Headhunters", vándalos estudiantes fanáticos del equipo de fútbol Chelsea. Usualmente el agresor inmoviliza a su víctima y realiza los cortes alrededor de su boca utilizando un cuchillo o un trozo de vidrio roto. La macabra técnica supone luego continuar con golpes o puñaladas sobre el cuerpo del sujeto, sin provocarle la muerte. La víctima, entonces, tensa los músculos de la cara, y al gritar o intentar hacerlo, su rostro queda desfigurado. ---------- -------------------- El hombre que ríe. En 1869, mismo año en que Isidore Ducasse publicara Los Cantos de Maldoror, Victor Hugo, exponente del romanticismo francés, hacía lo propio con un drama escrito en prosa, llamado L´homme qui rit. La historia se desarrolla a finales del XVII en Inglaterra y simboliza las injusticias e infortunios monstruosos que forman parte de la vida, desde la niñez. En la obra, un niño heredero de dos años, hijo de un noble, es secuestrado por orden de un rey. El pequeño se encuentra entonces en manos de una banda de infames apodados "compraniños", quienes se dedican al comercio mediante la creación de atracciones circenses en las que se exponen a los menores como rarezas humanas, ya que les deformaban el rostro dibujándoles cicatrices. Así es como el protagonista, Gwynplaine, posee una cicatriz que le cruza enteramente la cara, haciendo parecer que lleva una sonrisa constantemente. Citando a wiki: Gwynplaine ríe con una risa forzada; Gwynplaine es un miserable, pero en su desgracia es el ser más feliz, su risa es la imprecación de los oprimidos a los opulentos. Y así es como esta historia llega a mi posteo. Luego, al cumplir los diez años es abandonado en una playa, donde encuentra y rescata del río a una beba ciega, de nombre Dea, junto al cadáver de su madre. A su vez, ambos son recogidos y adoptados por Ursus, un buen hombre, poco sociable pero de buen corazón, y con un lobo amaestrado de nombre Homo. Ursus utiliza a los niños para montar shows cómicos ambulantes, y con el tiempo y las vivencias surge un amor puro y honesto entre los tres. Etcétera. Hasta acá llega mi resumen, y les dejo el primero tomo en Scribd. A partir de esta historia, en 1928 se estrena la adaptación fílmica muda, The Man Who Laughs, dirigida por Paul Leni y protagonizada por Conrad Veidt. Citando a wiki nuevamente: El éxito de la cinta fue tal, que las fotografías del personaje de Gwynplaine (entregadas por el guionista Bill Finger al equipo creativo de Batman en 1940) inspiraron a los dibujantes de cómics Jerry Robinson y Bob Kane para crear la apariencia física del Joker (supervillano de Batman). Acá pueden ver la película online de Paul Leni, The Man Who Laughs: http://www.cultmoviez.info/19169/man-laughs.html Y acá también en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=QsLQcOV2YeU http://www.youtube.com/watch?v=CD6j8TS86b0 http://www.youtube.com/watch?v=La2wjN0Fps8 http://www.youtube.com/watch?v=ZeTs4MMwAOc http://www.youtube.com/watch?v=jcEbFEH9d_I http://www.youtube.com/watch?v=tqpvwhbOAsM http://www.youtube.com/watch?v=YWJFitJ03FM http://www.youtube.com/watch?v=YWJFitJ03FM http://www.youtube.com/watch?v=DXeZ6rsJjtE http://www.youtube.com/watch?v=QvpCNejL5fM http://www.youtube.com/watch?v=PmJChRXSdqI También existe una película franco-italiana que adapta la novela de Victor Hugo, L'uomo che ride, estrenada en 1966, dirigida por Sergio Corbucci y protagonizada por el actor francés Jean Sorel. Y a su vez, Fernando de Felipe, guionista de cine español nacido en Zaragoza, profesor de cine y un gran historietista de finales de los años 80 y principios de los 90, hizo su adaptación a cómic, llamado tal cual "El hombre que ríe". Cómic de Fernando de Felipe - El hombre que ríe Por supuesto, siguiendo la cronología, el Cómic más célebre en torno a esa simbólica sonrisa, e inspirado en la popular imagen de Conrad Veidt, es el del propio Joker. Publicado en el 2005 por DC Comics, se llamó Batman: The Man Who Laughs, y fue escrito por Ed Brubaker y dibujado por Doug Mahnke. La historia narra la primera aparición del Joker en Ciudad Gótica, y su primer enfrentamiento con Batman. Batman: The Man Who Laughs ---------- -------------------- Otra historia nada sonriente: El asesinato de Elizabeth Short Elizabeth Short fue una joven víctima de un brutal asesinato en enero de 1947, a sus 22 años de edad. Nació en un pequeño pueblo de Massachussets el 29 de Julio de 1924. Y bla bla bla... En esta nota pueden leer sobre su historia, su asesinato y los detalles de la investigación. Yo pasaré solamente a la escena del crimen. El 15 de enero a las 10:40, mediante el llamado anónimo de una mujer, la policía es notificada sobre una persona en un terreno abandonado de Leimert Park, un barrio del sur de Los Ángeles, que podría necesitar ayuda. Cuando la policía llegó al lugar, encontró el cadáver de la joven... horriblemente mutilado. Personas sensibles, abstenerse de leer la siguiente descripción. Su cuerpo había sido cortado en dos partes a la altura de su cintura, y ambas partes se encontraban a medio metro de distancia. Sus brazos estaban colocados hacia arriba, en ángulos de noventa grados, y sus piernas abiertas. Su bazo y su corazón habían sido arrancados, al igual que sus intestinos, distribuidos nuevamente dentro de su pelvis. Su estómago estaba lleno de heces, lo que significó que fue obligada a comer excremento. Sus muñecas y tobillos tenían marcas de haber estado atados. Tenía múltiples laceraciones, golpes y quemaduras por todo su cuerpo. Su cabeza presentaba moretones y había restos de sangre en el espacio subaracnoideo, que es por donde circula el líquido cefalorraquídeo. Su pecho derecho había sido extirpado, al igual que un trozo de su rodilla. Sus piernas y su pelvis tenían cortes en forma de X. La autopsia reveló que algunas de las partes faltantes de su cuerpo habían sido cortados aún estando con vida, con la precisión de una mano profesional. Además los forenses descubrieron que luego de su muerte había sido violada y drenada de sangre, y le habían introducido hierba y el trozo de rodilla que le faltaba, dentro de su vagina. La causa del deceso fue la pérdida de sangre debido a las laceraciones en su rostro, combinado con el shock de una conmoción cerebral. Fin de la parte heavy. Genial... para investigaciones forenses y periodísticas, y para alimentar el morbo nuestro de cada día. Pero la razón de situarla en este posteo, es el corte desde la comisura de sus labios hasta sus orejas, que su asesino le ejecutó sobre su primoroso rostro. Si, la práctica de la Sonrisa de Glasgow. La más famosa entre las historias verídicas. Y como frutilla de postre, el asesino nunca se descubrió. Un periodista inventó luego el apodo con el que Beth pasaría a la historia: la Dalia Negra, en honor al film de moda en esos momentos: La Dalia Azul, y a la pasión de Beth por la ropa de color azabache. Inspirado en esta trágica muerte, el escritor estadounidense James Ellroy publica en 1987 "The Black Dahlia", una novela negra sobre el crudo homicidio de una joven, que el director Brian De Palma, a su vez, utilizaría para adaptar al cine en el 2006. El filme fue protagonizado por Josh Hartnett, Scarlett Johansson, Aaron Eckhart y Hilary Swank, y fue nominada a un Óscar por su dirección de fotografía. Acá pueden leer La Dalia Negra, de James Ellroy, en PDF. Póster de la película de Brian De Palma: ---------- -------------------- So...

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El Turco - Autómata ajedrecista
El Turco - Autómata ajedrecista
InfoporAnónimo6/8/2014

Viena, 1783. En el palacio de Schönbrunn tiene lugar la presentación de un insólito invento: un autómata que juega al ajedrez. Una máquina 'pensante' con apariencia de turco, que puso en jaque a la nobleza del sigo XVIII, y constituyó una de las grandes estafas en la historia. ------- Fragmento de "La Máquina de Ajedrez", de Robert Löhr (Título original: Der Schachautomat.) 2005. Presburgo, 1769 La mesa de ajedrez, o mejor dicho, la cómoda sobre la que se sentaba el androide, tenía apenas dos varas de ancho y una y cuarto de hondo y de alto. Las cuatro patas llevaban ruedas incorporadas. En la cara delantera se distinguían tres puertas: en el lado izquierdo una sola, y a la derecha las dos hojas de la otra. Bajo las puertas, ocupando toda la anchura de la mesa, había un largo cajón. Tanto el cajón como las puertas estaban equipados con cerraduras. En la cara posterior de la mesa había igualmente dos puertas que podían cerrarse a la derecha y a la izquierda del ajedrecista; ambas eran claramente más pequeñas que las de la parte delantera. El taburete en el que se sentaba el androide estaba fijado a la mesa de ajedrez por la parte delantera. La madera era de nogal, y estaba revestida en las puertas con un chapado de madera de raíz. La placa superior se había deslizado sobre la mesa de modo que solo podía volver a sacarse tirando hacia delante, en dirección opuesta al androide. En el centro de la placa superior había un hueco cuadrado; allí se colocaría pronto el tablero de ajedrez, que en ese momento todavía se encontraba sobre una de las mesas de trabajo. Cuando Jakob y Kempelen sacaron, tirando con cuidado, la placa superior y abrieron las cinco puertas, Tibor pudo ver el interior de la máquina. El suelo estaba totalmente forrado con fieltro verde. Como las puertas de la parte delantera, el espacio interior estaba dividido también en dos secciones, de las que la izquierda ocupaba un tercio, y la derecha los restantes dos tercios. Las dos partes estaban separadas por un tabique de madera. La sección derecha estaba vacía, con excepción de dos arcos de latón que parecían partes de un sextante. El mecanismo de relojería del autómata se encontraba en la sección más pequeña de la izquierda: abajo de todo había un cilindro del que a intervalos irregulares sobresalían unas puntas. Sobre el cilindro se había montado un peine con once varillas de metal, que, según supuso Tibor, debían ser golpeadas o pellizcadas por las puntas, como las cuerdas de un clavicordio o de un címbalo. (...) Tibor volvió a mirar la máquina. Él era pequeño, pero no tanto como para poder meterse en aquella mesa de ajedrez, y menos si además tenía que moverse. La sección mayor de la derecha tal vez hubiera bastado, si no estuvieran allí los arcos de latón. Kempelen se anticipó a la pregunta de Tibor. — Y ahora empieza la magia. Jakob introdujo las manos en el interior de la mesa y desplazó lateralmente el tabique entre los dos compartimientos —pues no se trataba de un tabique sino de dos mitades—, y así los dos espacios quedaron de repente unidos. Ahí no acabó todo, porque Jakob abatió a continuación hacia un lado una trampilla de madera revestida de fieltro que cubría el suelo de la sección derecha. Finalmente, el último truco estaba en el cajón bajo las tres puertas, que tenía solo la mitad de la profundidad de la mesa, de manera que, después de apartar el doble suelo, podían ganarse todavía unos veinticinco centímetros de espacio adicionales. Jakob trajo un taburete para Tibor, y mientras los dos le sostenían, el enano se introdujo en la máquina, se sentó a la izquierda, detrás del mecanismo de relojería, y estiró las piernas en el espacio libre que quedaba por detrás del medio cajón. Había espacio suficiente. Tibor no chocaba con nada, ni siquiera con el mecanismo que quedaba junto a su hombro derecho. Era como si Wolfgang von Kempelen hubiera construido el autómata a su medida. El inventor no podía ocultar su orgullo. — Pero ¿cómo voy a jugar al ajedrez? —preguntó Tibor—. Apenas puedo moverme. A la izquierda de Tibor, en el lugar donde se sentaba el androide, había una tabla en la pared. Kempelen soltó una fijación, y la tabla cayó hacia abajo sobre la falda de Tibor. A través de la abertura que había dejado al descubierto, Tibor podía ver el interior del hombre de madera. Kempelen desplazó una vara de latón hacia el exterior del vientre del androide hasta situarla sobre la tabla que Tibor tenía en la falda y la movió varias veces. Al mismo tiempo se movió la mano izquierda del turco. — Esto es un pantógrafo —explicó—. Cada movimiento que haces aquí abajo, lo realiza arriba el turco en proporción aumentada. De momento solo puede mover el brazo, pero pronto tendrá una mano, y entonces también podrá sujetar las piezas. — ¿Y cómo podré ver el tablero? (...) En cuanto el nuevo año empezó y Jakob estuvo de vuelta, Kempelen expuso su idea: no hacía falta ver el tablero. Bastaba con saber qué pieza se había movido. Por eso tenía intención de insertar un potente imán debajo de cada pieza y colocar en la cara inferior del tablero algo que ese imán atrajera o dejara caer cuando se moviera. (...) Colocaron sesenta y cuatro clavos de latón en la cara inferior de las casillas. En cada clavo descansaba una plaquita de hierro en cuyo centro se había taladrado un agujero. Cuando se colocara el imán en una casilla, este atraería la plaquita hacia sí; cuando se retirara, la plaquita caería sobre la cabeza del clavo. A la izquierda: Las piezas imantadas y el tablero secundario con sus resortes para seguir la partida. A la derecha: Las articulaciones que permitían al Turco tomar y mover las piezas del tablero principal. Aquí el libro completo: La Máquina de Ajedrez - Robert Löhr Antes de cada partida, Kempelen retiraba el lienzo que cubría al Turco, y procedía a exhibir el interior de la máquina, de manera que los presentes observaran que sólo se trataba de un montón de simples piezas de relojería, y nada más que ello era lo que hacía mover y 'pensar' al autómata. Dichas piezas estaban colocadas con el único propósito de persuadir. El mecanismo se iniciaba mediante una manivela que le daba cuerda, y sólo servían para producir ruido y confirmar que sencillamente y sin más trucos, se trataba de una construcción mecánica. Kempelen abría las puertas de la mesa, y con una vela procedía a alumbrar las diferentes secciones, mostrando que nada, o mejor dicho nadie, se encontraba dentro. Con esa misma vela, al terminar la exhibición, encendía desde una de las puertas traseras, la vela del individuo ajedrecista oculto, ya que dentro de la caja sólo había oscuridad. El humo de la vela se elevaba por el interior del cuerpo del Turco, llegaba hasta el cráneo, y luego atravesaba el fez o turbante, que tenía una serie de filtros para deshacerse de la característica emanación grisácea. Por si eso fuese poco, también estaba pensado cómo disimular el aroma característico de la vela: colocando otra vela sobre la mesa, así los individuos no tenían motivos para sospechar. El Turco además, o más bien el hombre oculto dentro de la máquina, podía mover los ojos de madera tirando de unas cuerdas que bajaban por el interior del cuerpo del autómata. De la misma manera, mediante cables podía mover la cabeza hacia adelante y luego de nuevo hacia atrás. Se dispuso que un movimiento de inclinación de la cabeza hacia adelante significaría "jaque"; dos inclinaciones, "jaque a la dama", y tres inclinaciones "jaque mate". Si acaso surgía el infortunio de que al operario oculto se le apagase la vela, sólo debía dar vuelta completamente los ojos del Turco, de manera que quedaran totalmente blancos a la vista de su oponente y el resto de invitados, y claro, a la vista de Kempelen. Lo que se trataba de un movimiento más para los presentes, extraño pero divertido, era una señal clave para Kempelen, que interrumpía el juego con la excusa de ajustar tornillos, y encendía nuevamente la vela del oculto. Cada tanto durante el juego, el mecanismo de relojería también se detenía. Por lo que Kempelen o su ayudante volvían a darle cuerda. En su interior, el jugador había practicado cómo detener los movimientos del Turco al mismo tiempo que se detenía el traqueteo, de modo que los presentes corroboraban una vez más estar frente a un conjunto de engranajes crujientes. El Turco era zurdo y usualmente realizaba el primer movimiento (es decir, jugaba con blancas). Video que muestra su funcionamiento: Otro video que recrea el momento de su presentación ante la nobleza en Varsovia, extraído de la película Le joueur d’echecs, de 1926: El Turco fue construido para la emperatriz María Teresa de Austria, y presentado en el palacio de Schónbrunn, en Viena en 17770. Wolfgang von Kempelen empleó seis meses en su construcción, aunque las sucesivas presentaciones le inspiraban o casi obligaban el modificado de mínimos detalles. Sinceramente no encuentro material fuerte, al menos en español o de última inglés, pero según relata Robert Löhr en su novela, el primer oponente del Turco fue Friedrich von Knauss. La novela introduce tanto anécdotas como personajes ficticios, claro, pero de esta manera relata la realidad y expone a hombres de la historia. Knauss era el mecánico de la corte, relojero e inventor, y formaba parte del gabinete físico-matemático-astronómico de la realeza. También era un gran jugador de ajedrez y un conocido y respetado fabricante de autómatas, entre los cuales se encontraba la "Máquina Prodigiosa Que Todo Lo Escribe", presentada en 1760. Tal como se puede imaginar, surgió una rivalidad diplomática entre von Kempelen y von Knauss, pero de eso tal vez me encargue en otro post. Como era debido, el autómata ganaba todas o casi todas las partidas, empatando sólo algunas. Algo increíble si se considera que muchos sus oponentes eran jugadores fuertes en el juego, como algunos personajes famosos de la época. Contrincantes Algunos de esos personajes fueron, a lo largo de las décadas, en presentaciones en diversas ciudades, y mientras El Turco cambió de dueño y de operario: los ya nombrados Friedrich von Knauss y María Teresa I de Austria, el Emperador José II de Habsburgo, el Duque ruso Pavel, Federico II el Grande, la Zarina Catalina II de Rusia y el Zar Pablo I de Rusia; los maestros ajedrecistas profesionales Johann Allgaier, Hyacinthe Henri Boncourt, Peter Williams, Jacques F. Mouret (sobrino nieto del gran ajedrecista Phillidor), Aaron Alexandre, y William Schlumberger. También William Lewis, Benjamín Franklin, Charles Babbage (matemático británico y científico de la computación), Edgar Allan Poe y muchos otros fueron derrotados. Napoleon Bonaparte, por su parte (cuack) también se enfrentó al Turco y perdió, pero su partida fue una de las más destacadas porque osó hacer trampa, a lo cual el autómata respondió tirando las piezas del tablero. El propio Philidor fue uno de los pocos que ganó contra El Turco, y en sus propias palabras fue “la partida más dura que había jugado nunca”. Pero, ¿contra quién perdían estos grandes ajedrecistas? ¿Quién o quiénes eran tan habilidosos como para derrotar a estos célebres personajes de la historia desde el interior de un muñeco? Ajedrecistas ocultos en El Turco Robert Löhr nos presenta en la novela a un enano, de nombre Tibor. Pero él mismo aclara que es un personaje ficticio introducido en la novela. Joseph Friedrich Freiherr von Racknitz, un funcionario público de Dresde, construyó una réplica del Turco en 1789, a fin de explicar su funcionamiento. Von Racknitz afirmaba que dentro de la máquina se ocultaba una persona. Prácticamente descifró la maquinaria que le permitía mover el brazo, los ojos, la cabeza, en fin, jugar. Pero sus medidas eran inexactas, y su exposición sólo permitía que la persona oculta, un imbatible jugador, fuese un enano, algo bastante extraño, o más extraño aún, un niño. Publicó un ensayo llamado "Über den Schachspieler des Herrn von Kempelen und dessen Nachbildung" ("Acerca de los jugadores de ajedrez del Señor von Kempelen y su réplica") Otro célebre que publicó un ensayo sobre el engaño del que tantos crédulos se fascinaban, fue el mismo Edar Allan Poe. Acá se los dejo en PDF: Malzel´s Chess Player La realidad es que el primer operario del Turco es un misterio. Tampoco se sabe a ciencia cierta cuántos fueron los maquinistas durante la época en que Kempelen aún era su dueño. Luego de la muerte de Johann Wolfgang Ritter von Kempelen de Pázmánd, o sea, Kempelen, el autómata pasó por varias manos. Cuando llegó a manos de Johann Nepomuk Mäzel, un mecánico e inventor de la corte de Viena, el primer ajedrecista que se ocultó en la máquina fue el mismo Johann Allgaier, quien le ganó al tramposo Bonaparte. La lista continua con los ya nombrados ajedrecistas Boncourt, Aaron Alexandre, William Lewis, Jacques Mouret y William Schlumberger. Mäzel en ocasiones hizo que dentro de la máquina se ocultara un niño, y que mediante señas desde un maestro oculto entre el público, el niño dominara al muñeco y jugara la partida. Se dice que una particularidad de William Schlumberger es que era un hombre gordo. Esto resultó que naturalmente le fuera complicado movilizarse, y cuenta la historia que cierta ocasión quedó atrapado dentro de la máquina hasta que, en un grito de auxilio en una presentación, dejó el secreto descubierto. Sin embargo, Poe no lo describe de la misma manera: "Hay un hombre, Schlumberger, que asiste a él (Maelzel o al autómata) dondequiera que vaya, pero que no tiene otra ocupación aparente que la de ayudar en el embalaje y desembalaje del autómata. Este hombre es de mediano tamaño, y tiene una notable inclinación a encorvarse en los hombros. Si sabe jugar ajedrez o no, no estamos informados. Es indudable, sin embargo, que nunca se lo vé durante las exhibiciones del autómata, aunque con frecuencia es visible justo antes y justo después de la exposición. Schlumberger se pone enfermo de repente, y durante su enfermedad no se efectúan exhibiciones. Estos hechos son bien conocidos por muchos de nuestros ciudadanos. La razón por la asignada para la suspensión de los jugadores de ajedrez de actuaciones, no era la enfermedad de Schlumberger..." Cuenta la leyenda, posiblemente realidad, que en una exhibición, un espectador gritó de forma deliberada "¡Fuego!", y el ajedrecista oculto en El Turco salió alarmado de la máquina, también dejando en evidencia que el autómata no era más que una pieza manejada por un humano. Estos supuestos o verídicos incidentes, o detalles cualesquiera que pudieran ser revelados por los cada vez menos crédulos espectadores, junto a los ensayos de Racknitz y Poe que explicaban los mecanismos del autómata y afirmaban que dentro se ocultaba un hombre, hicieron que El Turco perdiera su máscara definitivamente. La verdad es que durante 85 años e innumerables presentaciones victoriosas, El Turco pasó por varias manos dueñas y al menos unos 15 ajedrecistas ocultos, y fue trasladado por casi toda Europa y hasta por el continente americano. En 1838 la máquina se exhibió en el museo chino de Philadelphia. Unos años más tarde, en 1854, un incendio acabó con la máquina y su entrañable historia. En 1857 finalmente se publica oficialmente el secreto de El Turco en una revista de ajedrez. Como curiosidad, un siglo y medio después, en la misma ciudad de Filadelfia donde las llamas destruyeron al Turco, Garry Kaspárov sufriría la primera derrota del hombre contra una verdadera máquina de ajedrez, la Deep Blue. Pero esa es otra historia... Retrato de Wolfgang von Kempelen.

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Una cara: varias maneras de definir la belleza
Una cara: varias maneras de definir la belleza
InfoporAnónimoFecha desconocida

Vagando por la red encontré esta nota sobre un experimento que realizó una joven periodista. Me pareció interesante y acá lo comparto Esther Honig, una periodista de 24 años de Kansas, Estados Unidos, llevó a cabo un experimento pata determinar cómo la gente alrededor del mundo define la belleza. Para hacer esto envío una foto de ella a un diseñador en Sri Lanka pidiéndole que la haga "verse hermosa". El resultado fue la imagen photoshopeada donde se la veía con los labios más rosas y una sombra verde aplicada en los párpados. Después de esto empezó a mandarle la misma imagen a diseñadores de diferentes países. El pedido era que retocaran la imagen según los estándares de belleza de las revistas de moda de ese país, y el costo de las imágenes varío entre 5 y 30 dólares. Los cambios más repetidos fueron modificar el color de los ojos a azules o verdes y aclarar el tono de la piel, demostrando el predominio de los ideales de belleza occidentales en casi todo el mundo. Algunos de los cambios más curiosos fueron agregarle una burka a la imagen, y lo realizó el diseñador de Marruecos. Hasta el momento la periodista recolectó imágenes de 27 países diferentes, pero planea seguir avanzando con el proyecto. "Hay mucho para decir con este experimento. Es como que soy yo, pero al mismo tiempo no los soy. Somos todos", dijo Honig. La periodista agregó que "en los Estados Unidos el Photoshop se convirtió en un símbolo de los estándares de belleza inalcanzables. Por eso, el proyecto Antes y Después, examina cómo esos estándares varían alrededor del mundo", explicó. "Photoshop nos permite conseguir nuestros inalcanzables estándares de belleza, pero cuando los comparamos a escala global, vemos que alcanzar el objetivo es todavía más ilusorio", concluyó la mujer. Fuente Su foto sin photoshop: Sus fotos photoshopeadas: Antes de que empiecen (o sigan) criticando la calidad del photoshop, les alcanzo las palabras de ella misma al respecto: "Some are experts in their field, others are purely amateur." (Algunos son expertos en su campo, otros son puramente amateurs). Letra chica • Tengo la sensación de que el photoshopero argentino es fan de Violetta Su sitio web: Y a vos, ¿qué photoshop te gustó más?

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¿Te cobran adicional por la recarga de tarjetas? - Denuncia
¿Te cobran adicional por la recarga de tarjetas? - Denuncia
InfoporAnónimo6/11/2013

- Hola, ¿tendrá tarjeta de teléfono de 20 pesos? - No, pero tengo carga virtual. - Ok, cargue 20. - (Cargando)... Listo, son $ 21. - ¿Por qué? Son 20. - No, la carga virtual tiene costo de un peso. - No, no tiene costo alguna la carga virtual. Le voy a pagar 20. - Son 21, andá al telecentro de la otra cuadra y te cobran 2 pesos, en el kiosco de acá a la vuelta hasta te cobran las tarjetas. En todos lados tenés que pagar el plus. - Bueno, eso es ilegal. No se lo voy a pagar. - ¿Y por qué no preguntás antes, flaca, si sabés que en todos lados cobran? - ¿Y por qué no me lo dijo antes de recargar? Yo no adivino que usted también estafa. - Yo no te estafo, al peso lo pagaré yo, a mí me lo cobran. Pero pagame los 20 que ya te los cargué. - Claro que sí, le voy a pagar la recarga de 20. Y claro que no, nadie le cobra dicha recarga a usted, así que no tiene que pagar nada, es totalmente gratuito. Y si se lo cobra al cliente, lo está estafando. Y cometiendo una ilegalidad. - Bueno, no, fijate, porque en todos lados cobran (bla bla... repite cosas). - Bueno, fíjese usted. Chau. ---------- Seguro te pasó. Caminando por la ciudad, me resulta difícil encontrar un kiosco o telecentro donde no cobren adicionales de 1 o 2 pesos por las tarjetas telefónicas, cargas virtuales, o tarjetas de transporte (la SUBE en Capital Federal, por ejemplo). Incluso en algunos la recarga es gratuita pero no podés realizarla si no comprás algún producto del local. Y todavía más, te cobran 1 peso por cada diez que cargues (ni se te ocurra cargar la SUBE con 50 o 100 pesos)... Hasta he visto en telecentros que venden la SUBE a 18 y 19 pesos, cuando sale 15. Recuerdo que en Carlos Paz, como sucede en muchas cuidades del interior de las provincias, también cobran plus adicionales de los mismos montos por comprar un diario o un paquete de cigarrillos, porque "ellos tienen que pagar el transporte desde Córdoba" o cualquier otro cuento. Recuerdo hace ya unos años, comprar diarios y tarjetas de teléfono en Carlos Paz, unos pesos más caros que el precio oficial, y ponerme en lugar del vendedor y sentir que quizás uno o dos pesos no es nada para mí, pero que a él le ayudan, o que "seguro que a él también lo estafan", o que es totalmente válido si tiene que pagar el transporte desde la ciudad, etc... Comprar tarjetas de teléfono uno o dos pesos más caras, y sentir reparo ante el deseo de preguntar el porqué del plus... Cargar saldo virtual y reclamar el costo adicional, y luego sentirme avergonzada... O tonta y tacaña por seguir recorriendo la ciudad hasta encontrar un kiosco donde no lo cobren... O enojada y sumisa si acepto y lo pago... etc. Pero ya no. Me harté. Ahora me peleo con los quiosqueros Y pago el precio oficial de lo que consumo, no el adicional. Porque eso es ILEGAL. Y hay muchas maneras de denunciar la práctica. Lo mejor es informarse en Defensa del Consumidor, y conocer dónde y cómo se denuncia en cada Provincia, Ciudad o Municipio. Acá les dejo algunas maneras: Para denunciar el plus adicional de cualquier tipo de producto que tenga fijado un precio exacto por el fabricante, como ser las tarjetas telefónicas (o cargas virtuales), las tarjetas de colectivos, los cigarrilos, los diarios o revistas, etc...: - Por mail, si es en Capital Federal, a defensa@buenosaires.gob.ar - Al 147 en Capital Federal, línea gratuita. - Por carta: Modelo de Denuncia: Organismo Gubernamental "X"(*) de Defensa del Consumidor: S________/________D: Fulanito de Tal, DNI Nº ……, con domicilio en xxxx, localidad: xxx , Provincia de xxx, Teléfono Nº xxx, Email xxx@xxxxx, se presenta ante Uds., a fin de denunciar lo siguiente: Denunciada: xxxx (RAZON SOCIAL ), con domicilio en xxx, localidad xxx; Provincia de xxx. Hechos: Que en fecha xx/xx/xxxx, al comprar xxxxx, la denunciada me ha cobrado un plus o recargo de $ xxx, en el precio publicitado por el fabricante y/o productor del servicio xxx. Que la denunciada no informa mediante cartel o aviso de este recargo. Petición: Por lo expuesto solicito: 1. Solicito que se declare la infracción al artículo 4, 7, 8, y concordantes de la Ley de Defensa al Consumidor 24.240(**), en conjunto con las infracciones al artículo 5° y 9º de la Ley de Lealtad Comercial (22.802)(***), el artículo 2° de la Ley de Defensa de la Competencia (****). 25.156 y el artículo 2 de la Resolución 7/2002, al fijar un recargo al precio publicitado. 2. Sanciones: por la conducta asumida por la denunciada, solicito que a la misma le sea aplicada la multa prevista en el art. 47 inc. B), Ley 24.240 y/o cualquier otra sanción que correspondiere, en su máxima graduación, por el el carácter de reincidente, la cuantía de los beneficios indebidamente obtenidos, su proyección económica, el peligro de su generalización para todos los usuarios, y la repercusión de estas infracciones atento la posición en el mercado (conf. art. 49 de la ley 24.240). Firma: xxxxxxx ---------- (*)En la siguiente página podrás buscar las direcciones de Defensa del Consumidor en todo el país: http://www.consumidor.gov.ar/donde-estamos/ (**) http://www.protectora.org.ar/legislacion/ley°-24240-defensa-del-consumidor/36/ (***) http://www.protectora.org.ar/legislacion/ley-de-lealtad-comercial/40/ (****) http://www.protectora.org.ar/legislacion/ley-de-defensa-de-la-competencia/38/ ---------- Para denunciar el plus en la recarga de la tarjeta SUBE: - Llenando el formulario por internet: https://gestiones.sube.gob.ar/FormularioDenunciaCarga.aspx - Por teléfono: 0810 - 777 - SUBE (7823) - A la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, CNRT: 0800 - 333 - 0300 ---------- Algunas fuentes consultadas, donde pueden informarse más: http://www.consumidor.gov.ar/informacion-legal/ http://www.buenosaires.gob.ar/areas/produccion/def_consumidor/noticias/?modulo=ver&idioma=es&item_id=174&contenido_id=62857 http://www.protectora.org.ar/publicidad/formulario-de-reclamo-por-plus-en-recargas-de-tarjetas-de-celular-cigarrillos-y-cualquier-producto-con-precio-publicitado/13899/ http://www.escobarnews.com/Noticias/20130326-donde-denunciar-la-recarga-de-la-tarjeta-sube.html http://www.ignacioonline.com.ar/2012/01/donde-denunciar-el-cobro-por-la-recarga.html http://www.26noticias.com.ar/kiosqueros-cobran-un-plus-por-vender-cigarrillo-y-carga-virtual-131525.html http://www.clarin.com/sociedad/quioscos-cobran-adicional-venta-cigarrillos_0_910109126.html Espero les sea de utilidad. Cada denuncia suma para combatir esta estafa. Si alguien quiere aportar con más datos para denunciar, será bienvenido. Saludos ---------- Aporte de @rodrigoperezdj para agregar al post: si te recargan adicional cargando movistar, personal o claro, podes llamar al numero de atención al cliente de cada empresa, explicar lo sucedido, dar la dirección del local donde te pasó y te van a devolver el peso que te cobro el kiosquero... (a mi me pasó con movistar) Gracias por el dato, Rodrigo!

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El Lobo Hombre - Boris Vian
El Lobo Hombre - Boris Vian
ArteporAnónimo6/28/2014

El Lobo-Hombre. Le Loup-garou, Boris Vian (1920-1959) En el Bois des Fausses-Reposes, al pie de la costa de Picardía, vivía un muy agraciado lobo adulto de negro pelaje y grandes ojos rojos. Se llamaba Denis, y su distracción favorita consistía en contemplar cómo se ponían a todo gas los coches procedentes de Ville-d'Avray, para acometer la lustrosa pendiente sobre la que un aguacero extiende, de vez en cuando, el oliváceo reflejo de los árboles majestuosos. También le gustaba, en las tardes de estío, merodear por las espesuras para sorprender a los impacientes enamorados en su lucha con el enredo de las cintas elásticas que, desgraciadamente, complican en la actualidad lo esencial de la lencería. Consideraba con filosofía el resultado de tales afanes, en ocasiones coronados por el éxito, y, meneando la cabeza, se alejaba púdicamente cuando ocurría que una víctima complaciente era pasada, como suele decirse, por la piedra. Descendiente de un antiguo linaje de lobos civilizados, Denis se alimentaba de hierba y de jacintos azules, dieta que reforzaba en otoño con algunos champiñones escogidos y, en invierno, muy a su pesar, con botellas de leche birladas al gran camión amarillo de la Central. La leche le producía náuseas, a causa de su sabor animal y, de noviembre a febrero, maldecía la inclemencia de una estación que le obligaba a estragarse de tal manera el estómago. Denis vivía en buenas relaciones con sus vecinos, pues éstos, dada su discreción, ignoraban incluso que existiese. Moraba en una pequeña caverna excavada, muchos años atrás, por un desesperado buscador de oro, quien, castigado por la mala fortuna durante toda su vida, y convencido de no llegar a encontrar jamás el «cesto de las naranjas» (cito a Louis Boussenard), había decidido acabar sus días en clima templado sin dejar de practicar, empero, excavaciones tan infructuosas como maníacas. En dicha cueva Denis se acondicionó una confortable guarida que, con el paso del tiempo, adornó con ruedas, tuercas y otros recambios de automóvil recogidos por él mismo en la carretera, donde los accidentes eran el pan nuestro de cada día. Apasionado de la mecánica, disfrutaba contemplando sus trofeos, y soñaba con el taller de reparaciones que, sin lugar a dudas, habría de poner algún día. Cuatro bielas de aleación ligera sostenían la cubierta de maletero utilizada a manera de mesa; la cama la conformaban los asientos de cuero de un antiguo Amilcar que se enamoró, al pasar, de un opulento y robusto plátano; y sendos neumáticos constituían marcos lujosos para los retratos de unos progenitores siempre bien queridos. El conjunto armonizaba exquisitamente con los elementos más triviales reunidos, en otros tiempos, por el buscador. Cierta apacible velada de agosto, Denis se daba con parsimonia su cotidiano paseo digestivo. La luna llena recortaba las hojas como encaje de sombras. Al quedar expuestos a la luz, los ojos de Denis cobraban los tenues reflejos rubíes del vino de Arbois. Aproximábase ya al roble que constituía el término ordinario de su andadura, cuando la fatalidad hizo cruzarse en su camino al Mago del Siam, cuyo verdadero nombre se escribía Etienne Pample, y a la diminuta Lisette Cachou, morena camarera del restaurante Groneil arrastrada por el mago con algún pretexto ingenioso a las Fausses-Reposes. Lisette estrenaba un corsé Obsesión último diseño, cuya destrucción acababa de costar seis horas al Mago del Siam, y era a tal circunstancia, a la que Denis debía agradecer tan tardío encuentro. Por desgracia para este último, la situación era en extremo desfavorable. Medianoche en punto; el Mago del Siam con los nervios de punta; y, dándose en abundancia por los alrededores, la consuelda, el licopodio y el conejo albo que, desde hace poco, acompañan inevitablemente los fenómenos de licantropía o, mejor dicho, de antropolicandria, como tendremos ocasión de leer en las páginas que siguen. Enfurecido por la aparición de Denis que, sin embargo, se alejaba ya tan discreto como siempre barbotando una excusa, y desencantado también de Lisette, por cuya culpa conservaba un exceso de energía que pedía a gritos ser descargada de una u otra manera, el Mago del Siam se abalanzó sobre la inocente bestia, mordiéndole cruelmente el codillo. Con un gañido de angustia, Denis escapó a galope. De regreso a su guarida, se sintió vencido por una fatiga fuera de lo común, y quedó sumido en un sueño muy pesado, entrecortado por turbulentas pesadillas. No obstante, poco a poco fue olvidando el incidente, y los días volvieron a pasar tan idénticos como diversos. El otoño se acercaba y, con él, las mareas de septiembre, que producen el curioso efecto de arrebolar las hojas de los árboles. Denis se atracaba de níscalos y de setas, llegando a atrapar a veces alguna peziza casi invisible sobre su plinto de cortezas, mas huía como de la peste del indigesto lengua de buey. Los bosques, a la sazón, se vaciaban a muy temprana hora de paseantes y Denis se acostaba más temprano. Sin embargo, no por eso descansaba mejor, y en la agonía de noches entreveradas de pesadillas, se despertaba con la boca pastosa y los miembros agarrotados. Incluso sentía menguar paulatinamente su pasión por la mecánica, y el mediodía le sorprendía cada vez con más frecuencia amodorrado y sujetando con una zarpa inerte el trapo con el que debía haber lustrado una pieza de latón cardenillo. Su reposo se hacía cada vez más desasosegado, y a Denis le preocupaba no descubrir las razones. Tiritando de fiebre y sobrecogido por una intensa sensación de frío, en mitad de la noche de luna llena despertó brutalmente de su sueño. Se frotó los ojos, quedó sorprendido del extraño efecto que sintió y, a tientas, buscó una luz. Tan pronto como hubo conectado el soberbio faro que le legase algunos meses atrás un enloquecido Mercedes, el deslumbrante resplandor del aparato iluminó los recovecos de la caverna. Titubeante, avanzó hacia el retrovisor que tenía instalado justo encima de la coqueta. Y si ya le había asombrado darse cuenta de que estaba de pie sobre las patas traseras, aún quedó más maravillado cuando sus ojos se posaron sobre la imagen reflejada en el espejo. En la pequeña y circular superficie le hacía frente, en efecto, un extravagante y blancuzco rostro por completo desprovisto de pelaje, y en el que sólo dos llamativos ojos rufos recordaban su anterior apariencia. Dejando escapar un breve grito inarticulado se miró el cuerpo y al instante comprendió la causa de aquel frío sobrecogedor que le atenazaba por todas partes. Su abundante pelambrera negra había desaparecido. Bajo sus ojos se alargaba el malformado cuerpo de uno de estos humanos de cuya impericia amatoria solía con tanta frecuencia burlarse. Resultaba forzoso moverse con presteza. Denis se abalanzó hacia el baúl atiborrado de las más diferentes ropas, reunidas según el caprichoso azar de la sucesión de los accidentes. El instinto le hizo escoger un traje gris con rayitas blancas, de aspecto bastante distinguido, con el cual combinó una camisa lisa de tono tallo de rosa, y una corbata burdeos. Cuando estuvo cubierto con tal indumentaria, admirado todavía de poder conservar un equilibrio que en absoluto comprendía, empezó a sentirse mejor, y los dientes cesaron de castañetearle. Fue entonces cuando su extraviada mirada vino a fijarse en el irregular y espeso montoncillo de negra pelambrera esparcido alrededor de su lecho, y no pudo impedir llorar su perdida apariencia. Hizo empero, un violento esfuerzo de voluntad para serenarse, e intentó explicarse el fenómeno. Sus lecturas le habían enseñado muchas cosas, y el asunto acabó por parecerle diáfano. El Mago del Siam debía ser un hombre-lobo y él, Denis, mordido por la alimaña, acababa de convertirse, recíprocamente, en ser humano. Ante la idea de que debía disponerse a vivir en un mundo desconocido, en un primer momento se sintió presa de pánico. ¡Qué peligros no habría de correr como hombre entre los humanos! La evocación de las estériles competiciones a que se entregaban día y noche los conductores en tránsito de la Côte de Picardie le anticipaba simbólicamente la atroz existencia a la que, de buena o mala gana, sería preciso adaptarse. Pero luego reflexionó. Según todas las apariencias, y si los libros no mentían, la transformación habría de ser de duración limitada. Y en tal caso, ¿por qué no aprovecharla para hacer una incursión a la ciudad...? Llegados a este punto, preciso es reconocer que determinadas escenas entrevistas en el bosque se reprodujeron en la imaginación del lobo sin provocar en él las mismas reacciones que antes. Al contrario: se sorprendió incluso pasándose la lengua por los labios, cosa que le permitió constatar de paso que, a pesar de la metamorfosis, seguía siendo tan puntiaguda como siempre. Volvió al retrovisor para contemplarse más de cerca. Sus rasgos no le disgustaron tanto como había temido. Al abrir la boca pudo constatar que su paladar seguía siendo de un negro llamativo, y, por otro lado, que también conservaba incólume el control de sus orejas, tal vez una pizca sospechosas por ser en exceso alargadas y pilosas. Mas consideró que el rostro que se reflejaba en el pequeño y esférico espejo, con su forma oval un algo prolongada, su pigmentación mate y sus blancos dientes, haría un papel aceptable entre los que conocía. Así que, después de todo, lo mejor sería sacar partido de lo inevitable y aprender algo de provecho para el porvenir. Consideración no obstante la cual un ramalazo de prudencia le obligó antes de salir a hacerse con unas gafas oscuras que, en caso de necesidad, atemperarían la rojiza brillantez de sus cristalinos. Proveyóse asimismo de un impermeable que se echó al brazo, y ganó la puerta con paso decidido. Pocos instantes después, cargado con una maleta ligera, y olfateando una brisa matinal que parecía singularmente desprovista de fragancia, se encontraba en la cuneta de la carretera, alargando el pulgar sin complejo alguno al primer automóvil que divisó en lontananza. Había decidido ir en dirección a París aconsejado por la experiencia cotidiana de que los coches rara vez se detienen al empezar la cuesta arriba y sí, en cambio, cuesta abajo, cuando la gravedad les permite volver a arrancar con facilidad. Su elegante aspecto le reportó ser rápidamente aceptado como acompañante por una persona con no demasiada prisa. Y confortablemente acomodado a la derecha del conductor, se dispuso a abrir sus ardientes ojos a todo lo desconocido del vasto mundo. Veinte minutos más tarde se apeaba en la Plaza de la Ópera. El tiempo estaba despejado y fresco, y la circulación se mantenía dentro de los límites de lo decente. Denis se lanzó osadamente entre los tachones del asfalto y, tomando el bulevar, caminó en dirección al Hotel Scribe, en el que alquiló una habitación con cuarto de baño y salón. Dejó su maleta al cuidado de la servidumbre y salió acto seguido a comprar una bicicleta. La mañana se le fue en un abrir y cerrar de ojos. Fascinado, no sabía bien hacia dónde pedalear. En el fondo de su yo experimentaba, sin lugar a dudas, el íntimo y oculto deseo de buscar un lobo para morderle, pero pensaba que no le resultaría demasiado fácil encontrar una víctima y, por otro lado, quería evitar dejarse influenciar en demasía por el contenido de los tratados. No ignoraba en absoluto que, con un poco de suerte, no le sería imposible acercarse a los animales del Jardín des Plantes, pero prefirió reservar tal posibilidad para un momento de mayor apremio. La flamante bicicleta absorbía en aquel momento toda su atención. Aquel artilugio niquelado le encandilaba, y, por otra parte, no dejaría de serle útil a la hora de regresar a su guarida. A mediodía estacionó la máquina delante del hotel, ante la mirada un tanto reticente del portero. Pero su elegancia, y sobre todo aquellos ojos que semejaban carbúnculos, parecían privar a la gente de la capacidad de hacerle el mas mínimo reproche. Con el corazón exultante de alegría, se entretuvo en la búsqueda de un restaurante. Finalmente eligió uno tan discreto como de buena pinta. Las aglomeraciones le impresionaban todavía y, a pesar de la amplitud de su cultura general, temía que sus maneras pudiesen evidenciar un ligero provincianismo. Por eso pidió un sitio apartado y diligencia en el servicio. Pero lo que Denis ignoraba era que precisamente en ese lugar de tan sosegado aspecto se celebraba, justo aquel día, la reunión mensual de los Aficionados al Pez de Agua Dulce Rambouilletiano. Cuando estaba a medio comer vio irrumpir de repente una comitiva de caballeros de resplandeciente tez y joviales maneras que, en un abrir y cerrar de ojos, ocuparon siete mesas de cuatro cubiertos cada una. Ante tan súbita invasión, Denis frunció el ceño. Mas, como se temía, el maître acabó por acercarse cortésmente a la suya. -Lo siento mucho, señor -dijo aquel hombre lampiño y cabezón-, ¿pero podría hacernos el favor de compartir su mesa con la señorita? Denis echó una ojeada a la zagala, desfrunciendo el ceño al mismo tiempo. -Encantado -dijo incorporándose a medias. -Gracias, caballero -gorjeó la criatura con voz musical. Voz de sierra musical, para ser más exactos. -Si usted me lo agradece a mí -prosiguió Denis- ¿a quién deberé yo? Agradecérselo, se sobreentiende. -A la clásica providencia, sin duda -opinó la monada. Y a continuación dejó caer su bolso, que Denis recogió al vuelo. -¡Oh! -exclamó ella-. ¡Tiene usted unos reflejos extraordinarios! -Sí... -confirmó Denis. -Sus ojos son también bastante extraños -añadió la joven al cabo de cinco minutos-. Los veo parecidos a... a... -¡Ah! -comentó Denis. -A granates -concluyó ella. -Es la guerra... -musitó Denis. -No le entiendo... -Quería decir -explicó Denis-, que esperaba que le recordasen a rubíes. Pero al oír que sólo ha dicho granates, no he podido por menos que pensar en restricciones. Concepto que, por una relación de causa efecto, me ha llevado acto seguido al de guerra. -¿Estudió usted Ciencias Políticas? -preguntó la morenita. -Le juro que no volveré a hacerlo. -Le encuentro bastante fascinante -aseguró llanamente la señorita, que, entre nosotros, lo había dejado de ser muchas ya más veces de las que pudiera contar. -De buena gana le devolvería el piropo, pero pasándolo al género femenino -expresóse Denis, madrigalesco. Salieron juntos del restaurante. La lagarta confió al lobo convertido en hombre que, no lejos de allí, ocupaba una encantadora habitación en el Hotel del Pasapurés de Plata. -¿Por qué no viene a ver mi colección de grabados japoneses? -acabó susurrando al oído de Denis. -¿Sería prudente? -inquirió éste-. ¿Su marido, su hermano o algún otro de sus parientes no lo vería con inquietud? -Digamos que soy un poco huérfana -gimió la pequeña, haciéndole cosquillas a una lágrima con la punta de su ahusado índice. -Una verdadera lástima -comentó cortésmente su distinguido acompañante. Al llegar al hotel creyó darse cuenta de que el recepcionista parecía llamativamente distraído. También constató que tanta felpa roja amortiguante hacía diferir notablemente ese establecimiento de aquel otro en el que él se había alojado. Pero en la escalera se distrajo contemplando primero las medias y luego las pantorrillas, inmediatamente adyacentes, de la señorita. En el afán de instruirse, la dejó tomar hasta seis escalones de ventaja. Y una vez que se creyó bastante instruido, apretó nuevamente el paso. Por lo que tenía de cómica, la idea de fornicar con una mujer no dejaba de chocarle. Pero la evocación de Fausses-Reposes hizo desaparecer finalmente aquel elemento retardatario y, muy pronto se encontró en condiciones de poner en práctica con el tacto, los conocimientos que en el añorado bosque le entraran por la vista. Llegados a determinado punto plugo a la hermosa reconocerse, a gritos, satisfecha; y el artificio de tales afirmaciones, mediante las cuales aseguraba haber llegado a la cúspide, pasó inadvertido al entendimiento poco experimentado en ese terreno del bueno de Denis. Apenas si comenzaba éste a salir de una especie de coma bastante distinto de todo cuanto hubiese conocido hasta entonces, cuando oyó sonar el despertador. Sofocado y pálido, se incorporó a medias en el lecho y quedó boquiabierto viendo cómo su compañera, con el culo al aire, dicho sea con todo respeto, registraba con diligencia el bolsillo interior de su americana. -¿Desea una foto mía? -dijo sin pensarlo dos veces, creyendo haber comprendido. Se sintió halagado pero, por el sobresalto que empinó la bipartita semiesfera que ante sus narices tenía, al instante se dio cuenta del inmenso error de tan aventurada suposición. -Esto... eh... sí, querido mío -acabó por decir la dulce ninfa, sin saber muy bien si se le estaba o no tomando la cabellera. Denis volvió a fruncir el ceño. Se levantó, y fue a comprobar el contenido de su cartera. -¡Así que es usted una de esas hembras cuyas indecencias pueden leerse en la literatura del señor Mauriac! -explotó finalmente-. ¡Una prostituta, por decirlo de algún modo! Se disponía ella a replicar, y en qué tono, que se cagaba en tal y en cual, que se lo montaba con su cuerpo serrano, y que no acostumbraba a tirarse a los pasmados por el gusto de hacerlo, cuando un cegador destello procedente de los ojos del lobo antropomorfizado le hizo tragarse todos y cada uno de los proyectados exabruptos. De las órbitas de Denis emanaban, en efecto, dos incesantes centellas rojas que, cebándose en los globos oculares de la morenita, la sumieron en muy curiosa confusión. -¡Haga el favor de cubrirse y de largarse en el acto! -sugirió Denis. Y para aumentar el efecto, tuvo la inesperada idea de lanzar un aullido. Hasta entonces, nunca semejante inspiración se le había pasado por las mientes. Mas, a pesar de tal falta de experiencia, la cosa resonó de manera sobrecogedora. Aterrorizada, la damisela se vistió sin decir ni pío, en menos tiempo del que necesita un reloj de péndulo para dar las doce campanadas. Una vez solo, Denis se echó a reír. Se sentía asaltado por una viciosa sensación bastante excitante. -Debe ser el sabor de la venganza -aventuró en voz alta. Volvió a poner donde correspondía cada uno de sus avíos, se lavó donde más lo necesitaba y salió a la calle. Había caído la noche, el bulevar resplandecía de manera maravillosa. No había caminado ni dos metros, cuando tres individuos se le acercaron. Vestidos un poco llamativamente, con ternos demasiado claros, sombreros demasiado nuevos y zapatos demasiado lustrados, lo cercaron. -¿Podemos hablar con usted? -dijo el más delgado de todos, un aceitunado de recortado bigotillo. -¿De qué? -se asombró Denis. -No te hagas el tonto -profirió uno de los otros dos, coloradote y grueso. -Entremos ahí.. -propuso el aceitunado según pasaban por delante de un bar. Lleno de curiosidad, Denis entró. Hasta aquel momento, la aventura le parecía interesante. -¿Saben jugar al bridge? -pregunto a sus acompañantes. -Pronto vas a necesitar uno -sentenció el grueso coloradote sombríamente. Parecía irritado. -Querido amigo -dijo el aceitunado una vez que hubieron tomado asiento-, acaba usted de comportarse de una manera muy poco correcta con una jovencita. Denis comenzó a reír a mandíbula batiente. -¡Le hace gracia al muy rufián! -observó el colorado-. Ya veréis como dentro de poco le hace menos. -Da la casualidad -prosiguió el flaco- de que los intereses de esa muchacha son también los nuestros. Denis comprendió de repente. -Ahora entiendo -dijo-. Ustedes son sus chulos. Los tres se levantaron como movidos por un resorte. -¡No nos busques las vueltas! -amenazó el más grueso. Denis los contemplaba. -Noto que voy a encolerizarme -dijo finalmente con mucha calma-. Será la primera vez en mi vida, pero reconozco la sensación. Tal como ocurre en los libros. Los tres individuos parecían desorientados. -¡Arreglado vas si piensas que nos asustas, gilipollas! -tronó el grueso. Al tercero no le gustaba hablar. Cerrando el puño, tomó impulso. Cuando estaba a punto de alcanzar el mentón de Denis, éste se zafó, atrapó de una dentellada la muñeca del agresor y apretó. La cosa debió doler. Una botella vino a aterrizar sobre la cabeza de Denis, que parpadeó y reculó. -Te vamos a escabechar -dijo el aceitunado. El bar se había quedado vacío. Denis saltó por encima de la mesa y del adversario gordo. Sorprendido, se quedó un instante aturdido, pero llegó a tener el reflejo de agarrar uno de los pies calzados de ante del solitario de Fausses-Reposes. Siguió una breve refriega al final de la cual, Denis, con el cuello de la camisa desgarrado, se contempló en el espejo. Una cuchillada le adornaba la mejilla, y uno de sus ojos tendía al índigo. Prestamente, acomodó los tres cuerpos inertes bajo las banquetas. El corazón le latía con furia. Y, de repente, sus ojos fueron a fijarse en un reloj de pared. Las once. «¡Por mis barbas», pensó, «es hora de marcharse!» Se puso apresuradamente las gafas oscuras y corrió hacia su hotel. Sentía el alma pletórica de odio, pero la proximidad de su partida le apaciguó. Pagó la cuenta, recogió el equipaje, montó en su bicicleta, y se puso a pedalear incansablemente como un verdadero Coppi. Estaba llegando al puente de Saint-Cloud, cuando un agente le dio el alto. -¿O sea que va usted sin luces? -preguntó aquel hombre semejante a tantos otros. -¿Cómo? -se extrañó Denis-. ¿Y por qué no? Veo de sobra. -No se llevan para ver -explicó el agente- sino para que le vean a uno. ¿Y si le ocurre un accidente? Entonces, ¿qué? -¡Ah! -exclamó Denis-. Sí; tiene usted razón. ¿Pero puede explicarme cómo funcionan las luces de este armatoste? -¿Se está burlando de mí? -indagó el alguacil. -Escuche -se puso serio Denis-. Llevo tanta prisa que ni siquiera tengo tiempo de reírme de nadie. -¿Quiere usted que le ponga una multa? -dijo el infecto municipal. -Es usted pelmazo de más -replicó el lobo ciclista. -¡De acuerdo! -sentenció el innoble bellaco-. Pues ahí va... Y sacando la libreta y un bolígrafo, bajó la nariz un instante. -¿Su nombre, por favor? -preguntó volviendo a levantarla. Después, sopló con todas sus fuerzas en el interior de su tubito sonoro, pues, muy lejos ya, alcanzó a ver la bicicleta de Denis lanzada, con él encima, al asalto del repecho. En el mencionado asalto, Denis echó el resto. Al asfalto, pasmado, no le quedaba más que ceder ante su furioso avance. La costana de Saint-Cloud quedó atrás en un abrir y cerrar de ojos. Atravesó a continuación la parte de la ciudad que costea Montretout -fina alusión a los sátiros que vagan por el parque dedicado al antes nombrado santo- y giró después a la izquierda, en dirección hacia el Pont Noir y Ville-d'Avray. Al salir de tan noble ciudad y pasar frente al Restaurante Cabassud, advirtió cierta agitación a sus espaldas. Forzó la marcha y, sin previo aviso, se internó por un camino forestal. El tiempo apremiaba. A lo lejos, de repente, algún carillón comenzaba a anunciar la llegada de la medianoche. Desde la primera campanada, Denis notó que la cosa no marchaba. Cada vez le costaba más trabajo llegar a los pedales; sus piernas parecían irse acortando paulatinamente. A la luz del claro de luna seguía sin embargo escalando, montado sobre su rayo mecánico, por entre la gravilla del camino de tierra. Pero en cierto momento se fijó en su sombra: hocico alargado, orejas erguidas. Y al instante dio de morros en el suelo, pues un lobo en bicicleta carece de estabilidad. Felizmente para él. Pues apenas tocó tierra se perdió de un salto en la espesura. La moto del policía, entretanto, colisionó ruidosamente contra la recién caída bicicleta. El motorista perdió un testículo en la acción a la vez que el treinta y nueve por ciento de su capacidad auditiva. Apenas recobrada la apariencia de lobo y sin dejar de trotar hacia su guarida, Denis consideró el extraño frenesí que lo había asaltado bajo las humanas vestiduras de segunda mano. Él, tan apacible y tranquilo de ordinario, había visto evaporarse en el aire tanto sus buenos principios como su mansedumbre. La ira vengadora, cuyos efectos se habían manifestado sobre los tres chulos de la Madeleine -uno de los cuales, apresurémonos a decirlo en descargo de los verdaderos chulos, cobraba sueldo de la Prefectura, Brigada Mundana-, le parecía a la vez inimaginable y fascinante. Meneó la cabeza. ¡Qué mala suerte la mordedura del Mago del Siam! Felizmente, pensó no obstante, la penosa transformación habría de limitarse a los días de plenilunio. Pero no dejaba de sentir sus secuelas, y esa cólera latente, ese deseo de venganza no dejaban de inquietarlo. Boris Vian Francia, 10 de marzo de 1920 - 23 de junio de 1959 Novelista, dramaturgo, poeta, actor, músico de jazz, ingeniero, periodista y traductor.

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La Nariz - Nicolai Gogol
La Nariz - Nicolai Gogol
ArteporAnónimo5/27/2015

En marzo, el día 25, sucedió en San Petersburgo un hecho de lo más insólito. El barbero Iván Yákovlevich, domiciliado en la Avenida Voznesenski (su apellido no ha llegado hasta nosotros y ni siquiera figura en el rótulo de la barbería, donde sólo aparece un caballero con la cara enjabonada y el aviso de «También se hacen sangrías»), el barbero Iván Yákovlevich se despertó bastante temprano y notó que olía a pan caliente. Al incorporarse un poco en el lecho vio que su esposa, señora muy respetable y gran amante del café, estaba sacando del horno unos panecillos recién cocidos. -Hoy no tomaré café, Praskovia Osipovna -anunció Iván Yákovlevich-. Lo que sí me apetece es un panecillo caliente con cebolla. (La verdad es que a Iván Yákovlevich le apetecían ambas cosas, pero sabía que era totalmente imposible pedir las dos a la vez, pues a Praskovia Osipovna no le gustaban nada tales caprichos.) «Que coma pan, el muy estúpido. Mejor para mí: así sobrará una taza de café», pensó la esposa. Y arrojó un panecillo sobre la mesa. Por aquello del decoro, Iván Yákovlevich endosó su frac encima del camisón de dormir, se sentó a la mesa provisto de sal y dos cebollas, empuñó un cuchillo y se puso a cortar el panecillo con aire solemne. Cuando lo hubo cortado en dos se fijó en una de las mitades y, muy sorprendido, descubrió un cuerpo blanquecino entre la miga. Iván Yákovlevich lo tanteó con cuidado, valiéndose del cuchillo, y lo palpó. «¡Está duro! -se dijo para sus adentros-. ¿Qué podrá ser?» Metió dos dedos y sacó... ¡una nariz! Iván Yákovlevich estaba pasmado. Se restregó los ojos, volvió a palpar aquel objeto: nada, que era una nariz. ¡Una nariz! Y, además, parecía ser la de algún conocido. El horror se pintó en el rostro de Iván Yákovlevich. Sin embargo, aquel horror no era nada, comparado con la indignación que se adueñó de su esposa. -¿Dónde has cortado esa nariz, so fiera? -gritó con ira-. ¡Bribón! ¡Borracho! Yo misma daré parte de ti a la policía. ¡Habrase visto, el bribón! Claro, así he oído yo quejarse ya a tres parroquianos. Dicen que, cuando los afeitas, les pegas tales tirones de narices que ni saben cómo no te quedas con ellas entre los dedos. Mientras tanto, Iván Yákovlevich parecía más muerto que vivo. Acababa de darse cuenta de que aquella nariz era nada menos que la del asesor colegiado Kovaliov, a quien afeitaba los miércoles y los domingos. -¡Espera, Praskovia Osipovna! Voy a dejarla de momento en un rincón, envuelta en un trapo, y luego me la llevaré. -¡Ni hablar! ¡Enseguida voy a consentir yo una nariz cortada en mi habitación!... ¡Esperpento! Como no sabe más que darle correa a la navaja para suavizarla, pronto será incapaz de cumplir con su cometido. ¡Estúpido! ¿Crees que voy a cargar yo con la responsabilidad cuando venga la policía? ¡Fuera esa nariz! ¡Fuera! ¡Llévatela adonde quieras! ¡Que no vuelva yo a saber nada de ella! Iván Yákovlevich seguía allí como petrificado, pensando y venga a pensar, sin que se le ocurriera nada. -El demonio sabrá cómo ha podido suceder esto -dijo finalmente, rascándose detrás de una oreja-. ¿Volví yo borracho anoche, o volví fresco? No podría decirlo a ciencia cierta. Ahora bien, según todos los indicios, éste debe ser un asunto enrevesado, ya que el pan es una cosa y otra cosa muy distinta es una nariz. ¡Nada, que no lo entiendo! Iván Yákovlevich enmudeció, a punto de desmayarse ante la idea de que la policía llegase a encontrar la nariz en su poder y lo empapelara. Le parecía estar viendo ya el cuello rojo del uniforme, todo bordado en plata, la espada... y temblaba de pies a cabeza. Finalmente, agarró la ropa y las botas, se puso todos aquellos pingos y, acompañado por las desabridas reconvenciones de Praskovia Osipovna, se echó a la calle llevando la nariz envuelta en un trapo. Tenía la intención de deshacerse del envoltorio en cualquier parte, tirándolo tras el guardacantón de una puerta cochera o dejándolo caer como inadvertidamente y torcer luego por la primera bocacalle. Lo malo era que, en el preciso momento, se cruzaba con algún conocido, que enseguida empezaba a preguntarle: «¿A dónde vas?, o ¿a quién vas a afeitar tan temprano?», de manera que a Iván Yákovlevich se le escapaba la ocasión propicia. Una vez consiguió dejarlo caer, pero un guardia urbano le hizo señas desde lejos con su alabarda al tiempo que le advertía: «¡Eh! Algo se te ha caído. Recógelo». De modo que Iván Yákovlevich tuvo que recoger la nariz y guardársela en el bolsillo. Lo embargaba la desesperación, sobre todo porque el número de transeúntes se multiplicaba sin cesar, a medida que se abrían los comercios y los puestos. Tomó la decisión de llegarse al puente Isákievski, por si conseguía arrojar la nariz al río Neva... Pero, a todo esto, he de pedir disculpas por no haber dicho hasta ahora nada acerca de Iván Yákovlevich, persona honorable bajo muchos conceptos. Como todo menestral ruso que se respete, Iván Yákovlevich era un borracho empedernido. Y aunque a diario afeitaba mentones ajenos, el suyo estaba eternamente sin rapar. El frac de Iván Yákovlevich (porque Iván Yákovlevich jamás usaba levita) ostentaba tantos lamparones parduzcos y grises que, a pesar de ser negro, parecía hecho de tela estampada; además tenía el cuello lustroso de mugre y unas hilachas en el lugar de tres botones. Iván Yákovlevich era un gran cínico. El asesor colegiado Kovaliov solía decirle mientras lo afeitaba: «Siempre te apestan las manos, Iván Yákovlevich.» A lo que Iván Yákovlevich contestaba preguntando a su vez: «¿Y por qué han de apestarme?» El asesor colegiado insistía: «No lo sé, hombre; pero te apestan.» Por lo cual, y después de aspirar una toma de rapé, Iván Yákovlevich le aplicaba el jabón a grandes brochazos en las mejillas, debajo de la nariz, detrás de las orejas, en el cuello... Donde se le antojaba, vamos. Nuestro respetable ciudadano se encontraba ya en el puente de Isákievski. Empezó por mirar a su alrededor, luego se asomó por encima del pretil como para ver si había muchos peces debajo del puente y arrojó disimuladamente el trapo con la nariz. Notó como si le hubieran quitado de golpe diez puds de encima: incluso esbozó una sonrisita socarrona. Y entonces, cuando en vez de marcharse a rapar mentones oficinescos se dirigía a tomar un vaso de ponche en cierto establecimiento cuyo rótulo decía «Comidas y té», divisó de pronto al final del puente a un guardia de gallarda apostura y frondosas patillas con su tricornio y su espada. Se quedó frío: el guardia lo llamaba con un dedo y decía: -Ven para acá, hombre. Conocedor de las ordenanzas, Iván Yákovlevich se quitó el gorro desde lejos y obedeció a toda prisa con estas palabras: -¡Salud tenga usía! -Deja, hombre, déjate de usías y explícame lo que estabas haciendo ahí en el puente. -Por Dios le juro, señor, que iba a afeitar a un parroquiano y sólo me detuve a mirar si llevaba mucha agua el río. -¡Mentira! Estás mintiendo. Pero, no te ha de valer. Haz el favor de contestar. -Estoy dispuesto a afeitar a vuestra merced dos veces por semana, o incluso tres, sin rechistar -contestó Iván Yákovlevich. -¡Quiá! Déjate de bobadas, amigo. A mí me afeitan ya tres barberos, y lo tienen a mucha honra. Conque haz el favor de contarme lo que estabas haciendo allí. Iván Yákovlevich se puso lívido... Pero el suceso queda a partir de aquí totalmente envuelto en brumas y no se sabe nada en absoluto de lo ocurrido después. II El asesor colegiado Kovaliov se despertó bastante temprano y resopló -«brrr...»-, cosa que hacía siempre al despertarse, aunque ni él mismo habría podido explicar por qué razón. Kovaliov se desperezó y pidió un espejo pequeño que había encima de la mesa. Quería verse un granito que le había salido la noche anterior en la nariz. Y entonces, para gran asombro suyo, en el lugar de su nariz descubrió una superficie totalmente lisa. Mandó que le trajeran agua y se frotó los ojos con una toalla húmeda: ¡nada, que no estaba la nariz! Comenzó a palparse, preguntándose si estaría dormido. Pero, no; no era una figuración. El asesor colegiado Kovaliov se tiró precipitadamente de la cama, sacudiendo la cabeza con preocupación: ¡no tenía nariz! Pidió su ropa al instante y partió como una flecha a ver al jefe de policía. A todo esto, bueno sería decir unas palabras acerca de Kovaliov para poner al lector en antecedentes del rango de nuestro asesor colegiado. Los asesores colegiados que han obtenido su título mediante estudios respaldados por certificaciones científicas no pueden ser comparados en modo alguno con aquellos que se han firmado en el Cáucaso. Son dos categorías enteramente distintas. Los asesores colegiados... Pero, Rusia es un país tan peregrino que basta decir algo acerca de un asesor colegiado para que, desde Riga hasta Kamchatka, se den por aludidos todos cuantos poseen igual título... Y lo mismo sucede con todos los demás títulos o grados. Kovaliov era asesor colegiado del Cáucaso. Sólo hacía dos años que ostentaba el título, hecho que no se permitía olvidar ni por un instante. De manera que, para darse más prestancia y fuste, nunca se presentaba como asesor colegiado sino como mayor. «Oye, guapa, pásate por mi casa -solía decir al cruzarse en la calle con alguna vendedora de pecheras almidonadas-. Está en la calle Sadóvaya. Con que preguntes dónde vive el mayor Kovaliov, cualquiera te lo dirá.» Y si se encontraba con una de buen palmito, precisaba confidencialmente: «Pregunta por el piso del mayor Kovaliov, ¿eh, preciosa?» Por eso mismo, también nosotros llamaremos mayor a este asesor colegiado. El mayor Kovaliov tenía el hábito de pasear todos los días por la Avenida Nevski. Llevaba siempre el cuello de la pechera muy limpio y almidonado. Sus patillas eran como las que todavía usan los agrimensores provinciales y comarcales, los arquitectos y los médicos de regimiento, igual que los funcionarios de policía y, en general, todos esos caballeros de mejillas rubicundas y sonrosadas que suelen jugar muy bien al boston: son unas patillas que bajan hasta media cara y llegan en línea recta a la misma nariz. El mayor Kovaliov lucía multitud de dijes, unos de cornalina, otros con escudos labrados y también de los que llevan grabadas las palabras miércoles, jueves, lunes, etc. El mayor Kovaliov había viajado a San Petersburgo para ciertos menesteres consistentes en buscar un acomodo a tenor con su rango: un nombramiento de vicegobernador, si lo conseguía, o, en todo caso, el de ejecutor en algún Departamento de fuste. El mayor Kovaliov tampoco estaba en contra de casarse, pero sólo en el caso de que acompañara a la novia un capital de doscientos mil rublos. Por todo lo cual podrá comprender ahora el lector el estado de ánimo de este mayor al descubrir un estúpido espacio plano y liso en lugar de su nariz, que no era nada fea ni desproporcionada. Para colmo de males, no aparecía ni un solo coche de punto por la calle, y el mayor tuvo que caminar a pie, embozado en su capa y cubriéndose la cara con un pañuelo como si fuera sangrando. «Pero, bueno, ¿no será esto una figuración mía? Es imposible que una nariz se extravíe así, estúpidamente», pensó, y entró en una pastelería, con el solo fin de mirarse al espejo. Por fortuna, no había parroquianos en el establecimiento. Unos chicuelos barrían el local y ordenaban los asientos mientras otros, con ojos de sueño, sacaban bandejas de pastelillos recién hechos; sobre las mesas y las sillas andaban tirados periódicos de la víspera manchados de café. «¡Menos mal que no hay nadie! -se dijo Kovaliov-. Ahora podré mirarme.» Se acercó tímidamente al espejo y miró. «Pero, ¿qué demonios de porquería es ésta? -profirió soltando un salivazo-. ¡Si por lo menos hubiera algo en lugar de la nariz!... ¡Pero, es que no hay nada!» Salió de la pastelería mordiéndose los labios de rabia y, en contra de sus hábitos, decidió no mirar ni sonreír a nadie. De pronto, se detuvo atónito a la entrada de una casa. Ante sus ojos se produjo un fenómeno inexplicable: un carruaje paró al pie de la puerta principal y, cuando se abrió la portezuela, saltó a tierra, ligeramente encorvado, un caballero de uniforme que subió con presteza la escalinata. Cuál no sería el sobresalto, y al mismo tiempo la estupefacción de Kovaliov al reconocer a su propia nariz. A la vista de semejante portento, le pareció que todo daba vueltas a su alrededor. Notó que apenas podía tenerse en pie y, sin embargo, decidió, aunque tiritando como si tuviera fiebre, aguardar a toda costa a que volviera a subir al coche. Efectivamente, a los dos minutos salió la nariz. Vestía uniforme bordado en oro, de cuello alto, y pantalón de gamuza y llevaba la espada al costado. El penacho del tricornio indicaba que poseía el rango de consejero de Estado. Según todas las apariencias, estaba haciendo visitas. Miró a un lado y a otro, llamó de un grito al cochero, subió al carruaje y partió. El pobre Kovaliov estuvo a punto de volverse loco. No sabía ni qué pensar de tan extraño suceso. En efecto, ¿cómo podía vestir uniforme una nariz que, la víspera sin ir más lejos, se encontraba en mitad de su cara y no era capaz de desplazarse, ni en carruaje ni a pie, por sí sola? Corrió en pos del vehículo que, felizmente, pronto se detuvo ante la iglesia de Nuestra Señora de Kazán. Kovaliov corrió hacia el templo, abriéndose paso entre las filas de viejas mendigas -entrapajadas hasta el extremo de que sólo quedaban dos orificios para los ojos- de las que tanto se burlaba antes, y penetró en la iglesia. Había pocos fieles y casi todos se habían quedado cerca de la puerta. Kovaliov se hallaba en tal estado de consternación que ni siquiera tenía ánimos para rezar, y buscaba con los ojos a aquel caballero por todos los rincones. Al fin lo descubrió, un poco apartado. La nariz tenía el rostro totalmente oculto por el gran cuello alto y oraba con extraordinaria devoción. «¿Cómo lo abordaría? -se preguntó Kovaliov-. A la vista está, por el uniforme, por el tricornio, que se trata de un consejero de Estado. El demonio sabrá...» Carraspeó varias veces cerca de la nariz, que no abandonaba ni por un instante su devota actitud ni cesaba en sus genuflexiones. -Caballero... -dijo Kovaliov, haciendo un esfuerzo para darse ánimos-. Caballero... -¿Qué se le ofrece? -preguntó la nariz volviendo la cara. -Estoy extrañado, caballero... Me parece... Debería usted saber cuál es su sitio. De repente lo encuentro a usted... ¿Y dónde le encuentro? En una iglesia. Habrá de convenir que... -Perdone usted, pero no logro entender lo que tiene usted a bien decirme. Explíquese. «¿Cómo voy a explicarme?» -pensó Kovaliov-, y luego, sacando fuerzas de flaqueza, comenzó: -Claro que yo... Por cierto, he de decirle que soy mayor y eso de andar por ahí sin nariz, como usted comprenderá, es indecoroso. Sin nariz podría pasar cualquiera de esas vendedoras de naranjas peladas del puente de Voskresenski; pero yo, que aspiro a obtener..., habiendo sido presentado en muchas casas donde hay damas como la señora Chejtariova, esposa de un consejero de Estado, y otras muchas... Hágase usted cargo... Yo no sé, caballero... -al llegar aquí, el mayor Kovaliov se encogió de hombros-. Usted perdone, pero considerando todo esto desde el punto de vista de las normas del deber y del honor..., usted mismo comprenderá... -Pues no. No comprendo absolutamente nada -contestó la nariz-. Hable de modo más explícito. -Caballero... -replicó Kovaliov con aire muy digno-, no acierto a interpretar sus palabras... Me parece que el asunto está bien claro. ¡O pretende usted... ¡Pero si usted es mi propia nariz! La nariz consideró al mayor y frunció un poco el ceño. -Está usted en un error, caballero. Yo soy yo, además, que entre nosotros no puede haber la menor relación directa, pues a juzgar por los botones de su uniforme, usted pertenece a otro departamento que yo. Dicho esto, la nariz volvió la cabeza y prosiguió sus oraciones. Totalmente confuso, Kovaliov se quedó sin saber qué hacer y ni siquiera qué pensar. En esto se escuchó el encantador rumor de unas vestiduras femeninas. Llegaba una señora de cierta edad, toda encajes, y con ella otra, muy esbelta, con un vestido blanco que dibujaba a la perfección su fina silueta y un sombrero de paja ligero como un pastel. Un lacayo alto, con frondosas patillas y una buena docena de esclavinas en la librea, se situó detrás de ellas y abrió una tabaquera. Kovaliov se acercó un poco, estiró el cuello de batista de su pechera, retocó los dijes colgantes de la cadena de oro y, sonriendo a un lado y a otro, fijó su atención en la etérea dama que se inclinaba levemente, parecida a una florecilla de primavera, y elevaba hacia la frente su breve mano blanca de dedos traslúcidos. La sonrisa de Kovaliov se acentuó cuando divisó, bajo el sombrero, su mentón redondo, deslumbrante de blancura, y parte de la mejilla teñida por el color de la primera rosa primaveral. Pero de pronto pegó un respingo como si se hubiera quemado con algo. Recordó que no tenía absolutamente nada en lugar de nariz y se le saltaron las lágrimas. Dio media vuelta con objeto de tildar sin rodeos de farsante y miserable al señor del uniforme, para decirle que no era ni por asomo consejero de Estado, sino única y exclusivamente su propia nariz... Pero ya no estaba allí la nariz. Se conoce que, entre tanto, había salido disparada para continuar sus visitas. Esta circunstancia sumió a Kovaliov en la desesperación. Salió de la iglesia y se detuvo un instante bajo el pórtico, escudriñando hacia todas partes por si divisaba en algún sitio a su nariz. Recordaba muy bien que llevaba tricornio con penacho y uniforme bordado en oro, pero no se había fijado en el capote, ni en el color del carruaje, ni en los caballos y ni siquiera en si llevaba lacayo detrás y cómo era su librea. Con la particularidad de que habría sido difícil identificar aquel carruaje entre tantos, como circulaban en uno y otro sentido a toda velocidad. Además, aunque lo hubiese identificado, no tenía a su alcance ningún medio para hacerlo detenerse. Hacía un día espléndido y soleado. La Avenida Nevski era un hormiguero de gente. Desde el puente de Politséiski hasta el de Anichkin cubría las aceras una policroma cascada femenina. Kovaliov divisó también a un consejero de la Corte conocido suyo a quien siempre daba el tratamiento de teniente coronel, especialmente si se hallaban ante extraños. Luego vio a Yariguin, jefe de negociado en el Senado, gran amigo suyo, que siempre era pillado en renuncio al boston cuando jugaba el ocho. Y otro mayor, con asesoría del Cáucaso, que agitaba una mano llamándolo... -¡Maldita sea! -masculló Kovaliov-. ¡Eh, cochero! ¡A la prefectura de policía! Kovaliov subió al vehículo y se pasó todo el trayecto gritándole al cochero: «¡arrea, hombre, arrea!» -¿Está en su despacho el señor prefecto? -preguntó a voz en cuello al penetrar en el vestíbulo. -No, señor -contestó el conserje-. Acaba de salir. -¡Ésta sí que es buena! -Y no hace mucho que salió, por cierto -añadió el conserje-. Con haber llegado un momento antes, quizá lo hubiera encontrado. Sin apartar el pañuelo de su rostro, Kovaliov regresó al coche de alquiler y ordenó con acento desesperado: -¡Tira! -¿Hacia dónde? -inquirió el cochero. -Derecho. -¡Derecho! ¡Pero, si estamos en un cruce! A la derecha o a la izquierda? Esta pregunta dejó cortado a Kovaliov y lo obligó a reflexionar de nuevo. En su situación, lo lógico era acudir, antes que nada, a la Dirección de Seguridad, y no por su relación directa con la policía, sino porque sus disposiciones podían ser mucho más expeditas que las de otras instancias. En cuanto a buscar justicia recurriendo a las autoridades superiores del Departamento al que dijo pertenecer la nariz, no tenía sentido, pues de las propias respuestas de la nariz se podía colegir que no había nada sagrado para aquel sujeto y era muy capaz de mentir en esa circunstancia, lo mismo que había mentido al afirmar que nunca se habían visto. De modo que Kovaliov iba a ordenar ya al cochero que lo condujera a la Dirección de Seguridad, cuando de nuevo lo asaltó la idea de que aquel redomado bribón, que con tanta desfachatez se había comportado durante la primera entrevista, podía muy bien aprovechar el tiempo para escabullirse de la ciudad y todas las pesquisas serían entonces inútiles o podían durar un mes entero si Dios no ponía remedio. Finalmente, como si el cielo lo iluminara, decidió personarse en la oficina de publicidad para que apareciera en los periódicos, sin pérdida de tiempo, un anuncio con la descripción detallada de todas las señas, de manera que cuantos se encontraran con él pudieran conducirlo, acto seguido, a su presencia o, por lo menos, darle a conocer su paradero. Nada más tomar esta decisión, ordenó al cochero que lo llevara a la oficina de publicidad, y fue todo el trayecto aporreándole la espalda con el puño, repitiendo: «¡Date prisa, miserable! ¡Date prisa, bribón!» A lo que el cochero sólo contestaba: «¡Ay, señorito!...», sacudiendo la cabeza y arreando con las riendas a su caballo, tan peludo como un perro de lanas. El carruaje se detuvo al fin, y Kovaliov irrumpió todo jadeante en una oficina de reducidas dimensiones. Detrás de una mesa, un empleado canoso y con gafas, que vestía un viejo frac, recontaba las monedas que había cobrado, manteniendo la pluma entre los dientes. -¿Quién recibe aquí los anuncios? -preguntó Kovaliov en un grito-. ¡Ah! Buenos días. -Muy buenos los tenga usted -contestó el empleado canoso alzando un momento los ojos y volviendo a posarlos en el dinero que contaba. -Desearía insertar... -Perdone. Le ruego que aguarde un instante -profirió el empleado anotando un número en un papel al tiempo que pasaba dos bolas de ábaco con la mano izquierda. Un lacayo de casa grande, a juzgar por su empaque y por su librea galonada, esperaba junto a la mesa con una nota en la mano y consideró oportuno patentizar su urbanidad: -Le aseguro, caballero, que el perrillo no vale ochenta kopecs. Es más: yo no daría ni cuatro por él. Pero la Condesa le tiene cariño; sí, le tiene cariño, y ya ve usted: ¡cien rublos a quien lo encuentre! Si hemos de hablar con propiedad, así, como estamos aquí usted y yo, hay personas que tienen gustos disparatados. Puestos a tener un perro, que sea uno de muestra, o un maltés. Y entonces, no hay que reparar en quinientos rublos; ni siquiera en mil, con tal de que sea lo que se dice todo un perro. El respetable empleado escuchaba todo aquello con aire entendido, aunque sin dejar por eso de calcular las letras del anuncio que le habían entregado. Alrededor se apretujaban viejucas, dependientes de comercio y porteros; todos con alguna nota en la mano. Una era ofreciendo los servicios de un cochero de conducta sobria; otra un carruaje en buen uso, traído de París el año 1814, y otra más una moza de diecinueve años, sabiendo lavar y planchar, así como otras faenas... Se vendía una calesa resistente, aunque le faltaba una ballesta, un joven y brioso caballo rodado de diecisiete años, simientes de nabo y rábano recién recibidas de Londres, una casa de campo con todas sus dependencias, dos cuadras para caballos y un terreno donde se podía plantar un magnífico soto de abedules o abetos... También había un aviso para quienes desearan adquirir suelas usadas, invitándolos a la reventa que se efectuaba diariamente de ocho a tres. El cuarto donde se hacinaba toda aquella gente era pequeño y la atmósfera estaba sumamente cargada; pero el asesor colegiado no podía percibir el olor porque se cubría la cara con el pañuelo y porque su nariz se encontraba Dios sabía dónde. -Permítame preguntarle, señor mío... Es muy urgente, -pronunció al fin con impaciencia. -Ahora mismo, ahora mismo... Son dos rublos con cuarenta y tres kopecs. Enseguida lo atiendo. Un rublo con sesenta y cuatro kopecs -decía el empleado canoso arrojándoles a viejucas y porteros sus respectivos recibos a la cara-. ¿Deseaba usted? -preguntó al fin dirigiéndose a Kovaliov. -Pues, quisiera... -contestó Kovaliov-. He sido víctima de una extorsión o de una superchería..., no podría decirlo a ciencia cierta hasta este momento... Sólo quisiera anunciar que quien me traiga a ese canalla será cumplidamente recompensado. -¿Su apellido, por favor? -¿Mi apellido? ¡No! ¿Para qué? No puedo decirlo. ¡Con tantas amistades como tengo! La señora Chejtariova, esposa de un consejero de Estado... Palagueia Grigórievna Podtóchina, casada con un oficial superior... ¿Y si se enteraran de pronto? ¡Dios me libre! Puede usted poner, sencillamente, un asesor colegiado o, mejor todavía, un caballero con el grado de mayor. -Y el que se le ha escapado, ¿era siervo suyo? -¿Quién habla de un siervo? Eso no sería una granujada muy grande. Lo que se me ha escapado es... la nariz... -¡Jum! ¡Qué apellido tan raro! ¿Y le ha estafado mucho ese señor? -No me ha entendido usted. Cuando digo nariz, no me refiero a un apellido, sino a mi propia nariz, que ha desaparecido sin dejar rastro. ¡Alguna jugarreta del demonio! -Pero, ¿de qué modo ha desaparecido? No acabo de hacerme cargo. -Tampoco podría decir yo de qué modo ha desaparecido; pero lo esencial es que ahora anda de un lado para otro por la ciudad y se hace pasar por consejero de Estado. Por eso le ruego poner el anuncio: para que quien le eche mano me la traiga inmediatamente, sin dilación alguna. Hágase usted cargo: ¿cómo me las voy a arreglar sin un apéndice tan visible? Porque no se trata de un simple meñique del pie, por ejemplo, que va metido dentro de la bota y nadie advierte su falta. Yo suelo ir los jueves a casa de la señora Chejtariova, esposa de un consejero de Estado. También me distinguen con su amistad Palagueia Grigórievna Podtóchina, casada con un oficial de Estado Mayor, y su hija, que es un encanto. Conque, dígame usted qué hago yo ahora. No puedo presentarme a ellas de ninguna manera. El empleado se puso a cavilar, lo que podía colegirse por el modo de apretar los labios. -Pues, no. No puedo insertar ese anuncio -dictaminó al fin, después de un largo silencio. -¿Cómo? ¿Por qué no? -Porque podría desprestigiar a un periódico. Si ahora se pone a escribir la gente que se le ha escapado la nariz, pues... Demasiado se murmura ya de que publicamos muchos disparates y bulos. -¿Y por qué es esto un disparate? Me parece que no tiene nada de particular. -Eso se lo parece a usted. Bueno, pues mire: la semana pasada ocurrió algo por el estilo. Se presentó un funcionario, de la misma manera que se ha presentado usted ahora, con una nota que le salió por dos rublos y setenta y tres kopecs, anunciando en todo y por todo que se había escapado un perro de aguas de pelo negro. Al parecer, nada de particular, ¿verdad? Pues resultó un embrollo: se trata del cajero de no recuerdo qué establecimiento. -Pero el anuncio que yo le traigo no se refiere a ningún perro, sino a mi propia nariz, cosa que equivale casi a mi propia persona. -No. Yo no puedo insertar en modo alguno un anuncio así. -Pero, ¡si es verdad que se ha extraviado mi nariz! -Entonces, eso es cosa de los médicos. Los hay, según cuentan, que son capaces de ponerle a la gente la nariz que quiera. Pero, estoy viendo que es usted un hombre de buen humor y amigo de gastar bromas. -¡Por Dios santo, le juro que es verdad! En fin, si hasta aquí hemos llegado, ahora verá usted mismo... -¿Para qué se va a molestar? -protestó el empleado tomando un poco de rapé-. Aunque, si no le hace extorsión -añadió, picado ya por la curiosidad-, me gustaría verlo. El asesor colegiado retiró el pañuelo de su rostro. -Es rarísimo, efectivamente -opinó el empleado-. Tiene el sitio de la nariz tan liso como la palma de la mano. Sí, sí, increíblemente liso... -¿Seguirá discutiendo ahora? Ya lo está viendo: no hay más remedio que publicarlo. Le quedaré especialmente agradecido, y celebro que este suceso me haya proporcionado el placer de conocerle... Como puede verse, el mayor llegó incluso a rebajarse un poco en esta ocasión. -Claro que publicarlo no cuesta ningún trabajo -dijo el empleado-, aunque no veo que saque provecho alguno de ello. Si tanto interés tiene, cuéntele el caso a alguien que tenga la pluma fácil para que lo describa como un fenómeno de la naturaleza y lo publique en La abeja del Norte -aquí sorbió otro poco de tabaco- para instrucción de la juventud -aquí se limpió la nariz- o simplemente como un hecho curioso. El asesor colegiado estaba totalmente apabullado. Bajó los ojos, que tropezaron con la cartelera de espectáculos al pie de un periódico. Iba a sonreír al leer el nombre de una encantadora actriz y echaba ya mano al bolsillo para comprobar si llevaba algún billete de cinco rublos, pues los oficiales superiores, en opinión de Kovaliov, debían sentarse en el patio de butacas, cuando el recuerdo de la nariz echó por tierra toda su alegría. Al propio empleado pareció afectarle la situación peliaguda de Kovaliov. Y creyó oportuno mitigar un poco su pesar con algunas palabras de simpatía. -En verdad lamento mucho el percance que le ha sucedido. ¿No quiere usted tomar un poco de rapé? Disipa los dolores de cabeza y los disgustos. Incluso va bien para las hemorroides. Con estas palabras, el empleado presentó a Kovaliov su tabaquera escamoteando con bastante agilidad la tapa que representaba a una señora con sombrero. Esta acción impremeditada sacó de sus casillas a Kovaliov. -No comprendo cómo se le ocurren esas bromas -dijo irritado-. ¿No está viendo que me falta, precisamente, lo necesario para aspirar el rapé? ¡Al diablo con su tabaco! Ahora no puedo ni verlo, aunque me lo ofreciera de la mejor marca y no esa porquería que fabrica Berezin. Dicho lo cual, salió profundamente contrariado de la oficina de publicidad para dirigirse a casa del comisario de policía; hombre muy aficionado al azúcar. En el recibimiento, que hacía las veces de comedor, había gran cantidad de pilones de azúcar, amistosa ofrenda de los comerciantes. La sirvienta estaba quitándole al comisario las botas altas de reglamento; la espada y demás atributos guerreros pendían ya pacíficamente en sus rincones; el imponente tricornio había pasado a manos del hijo del comisario, un niño de tres años, y el propio comisario se disponía, después del batallar cotidiano, a gozar de una calma deliciosa. Kovaliov se presentó cuando el comisario decía, entre un desperezo y un resoplido: «¡Vaya dos horitas de siesta que me voy a echar!» De lo cual podía colegirse que la llegada del mayor era totalmente intempestiva. Y no creo que le hubiera recibido con excesiva afabilidad aun trayéndole en ese momento unas libras de té o una pieza de paño. El comisario era gran amante de todas las artes y los productos manufacturados, aunque por encima de todo prefería los billetes de banco. «Esto sí que es bueno -solía decir-. No hay nada mejor. No piden de comer, ocupan tan poco sitio que siempre caben en el bolsillo y si se caen, no se rompen.» El comisario dispensó a Kovaliov una acogida bastante fría y dijo que después de comer no era el momento de realizar investigaciones, que era mandato de la propia naturaleza descansar un poco después de alimentarse suficientemente (de lo cual pudo deducir el asesor colegiado que el comisario no ignoraba las sentencias de los sabios de la Antigüedad), que a ninguna persona de orden le arrancan la nariz y que anda por el mundo buen número de mayores de toda calaña que ni siquiera tienen ropa interior decente y frecuentan lugares poco recomendables. Lo que se llama un buen revolcón. Preciso es señalar que Kovaliov era un hombre sumamente susceptible. Podía perdonar cuanto dijeran de su persona, pero de ningún modo lo que se refiriese a su categoría o a su título. Incluso opinaba que en las obras de teatro se podía pasar por alto todo lo relativo a los oficiales subalternos, pero que de ahí para arriba era inadmisible cualquier ataque. El recibimiento dispensado por el comisario lo ofuscó tanto que sacudió la cabeza y dijo muy digno, abriendo un poco los brazos: «Confieso que, después de observaciones tan afrentosas por su parte, yo no puedo añadir nada...», y se retiró. Llegó a su casa tan cansado que casi no podía tenerse. Había caído la tarde. Después de tantas gestiones infructuosas, su domicilio le pareció tristón y de lo más repugnante. Cuando entró en el recibimiento descubrió a Iván, su criado, tumbado de espaldas en un mugriento sofá de cuero y dedicado a escupir al techo con tanta puntería que muchas veces acertaba en el mismo sitio. Indignado ante tal indiferencia, Kovaliov le pegó un sombrerazo en la frente rezongando: «Tú siempre haciendo estupideces, ¡cerdo!». Iván se levantó de un brinco y corrió a quitarle la capa. Al entrar en su cuarto, el mayor se dejó caer cansado y abatido en un sillón y al fin dijo, después de unos cuantos suspiros: -¡Dios mío! ¡Dios mío!, ¿qué habré hecho yo para merecer este castigo? Si me hubiera quedado sin un brazo, o sin una pierna, habría sido preferible; incluso sin orejas, aunque estaría mal, aún podría pasar. Pero, ¿qué diablos es un hombre sin nariz? No es un pajarraco ni es un ciudadano honrado. Nada; una cosa que se puede tirar sencillamente por la ventana. Y bueno que el percance hubiera ocurrido en la guerra o en un duelo o por culpa mía. Pero, ¡es que mi nariz ha desaparecido sin más ni más, tontamente!... Aunque, no; no puede ser -añadió después de pensarlo un poco-. Es inconcebible que desaparezca una nariz: de todo punto inconcebible. O estoy soñando, o es una figuración; seguro. O quizá me haya bebido por equivocación, en vez de agua, el vodka de friccionarme la cara después del afeitado. El estúpido de Iván no lo volvería a su sitio, y yo me lo bebí. Para convencerse de que, efectivamente, no estaba borracho, el mayor se pegó tal pellizco que no pudo reprimir un grito. Aquel dolor lo persuadió de que era realidad todo lo que hacía y lo que le pasaba. Se acercó sigilosamente al espejo, y primero cerró los ojos con la esperanza de que quizá apareciera la nariz en su sitio cuando los abriera, pero al instante pegó un respingo y retrocedió exclamando: -¡Qué asco de cara! En efecto, aquello era incomprensible. Si se hubiera perdido un botón, una cuchara de plata, un reloj o cosa por el estilo... Pero, ¡perderse aquello! Y dentro de casa, además... Sopesando todas las circunstancias, el mayor consideró como más probable la hipótesis de que el culpable sólo podía ser la señora Podtóchina, esposa de un oficial de Estado Mayor, que pretendía casar a su hija con Kovaliov. Y él, aunque le agradaba cortejarla, eludió un compromiso definitivo. De manera que cuando la señora Podtóchina le declaró sin ambages que deseaba dársela en matrimonio, él recogió velas poco a poco en sus asiduidades, alegando que todavía era joven y que aún necesitaba hacer méritos en su carrera unos cinco años para cumplir los cuarenta y dos. Y entonces, seguramente por venganza, la señora Podtóchina urdió aquello de desfigurarle, pagando a cualquier bruja agorera, pues no podía admitirse en modo alguno que la nariz hubiera sido cercenada: nadie había entrado en su habitación. Iván Yákovlevich, el barbero, lo afeitó el miércoles, y Kovaliov conservó su nariz íntegra durante todo el miércoles e incluso el jueves a lo largo de todo el día. Eso lo recordaba y lo sabía muy bien. Además, hubiera notado dolor y, desde luego, la herida no habría podido cicatrizarse tan pronto y quedar lisa como la palma de la mano. Se puso a cavilar en si debía denunciar en toda regla a la señora Podtóchina ante los tribunales o personarse él en su casa y echarle en cara su acción. Vino a interrumpir sus reflexiones un destello de luz que penetró por todas las rendijas de la puerta y era indicio de que Iván había encendido ya una vela en el recibimiento. Enseguida apareció el propio Iván con ella, iluminando la estancia. El primer movimiento de Kovaliov fue echar mano de un pañuelo y cubrirse el lugar que su nariz ocupaba todavía la víspera para que aquel estúpido no se quedara con la boca abierta ante un hecho tan insólito en su señor. Apenas se había retirado Iván a su cuchitril cuando una voz desconocida se dejó oír en el recibimiento: -¿Vive aquí el asesor colegiado Kovaliov? -Adelante. Aquí está el mayor Kovaliov -contestó él mismo, levantándose precipitadamente para abrir la puerta. Entró un guardia de buena prestancia, con patillas no muy claras ni tampoco oscuras y mejillas bastante llenas: el mismo que al comienzo de nuestro relato vimos en un extremo del puente Isákievski. -¿Es usted el caballero que ha perdido la nariz? -En efecto. -Pues ha aparecido. -¿Qué me dice usted? -lanzó un grito el mayor Kovaliov, y se quedó sin habla de la alegría, mirando fijamente al guardia plantado delante de él, en cuyos mofletes y labios abultados se reflejaba la trémula luz de la vela-. ¿Cómo ha sucedido? -Por pura casualidad. Le echamos mano cuando casi estaba en camino: iba a tomar ya la diligencia para marcharse a Riga. Y el pasaporte había sido extendido hace ya tiempo a nombre de cierto funcionario. Lo extraño es que, al principio, yo mismo lo tomé por un caballero. Afortunadamente llevaba las gafas, y enseguida me di cuenta de que se trataba de una nariz. Porque le diré que yo soy miope y, si se coloca usted delante de mí, yo sólo veo su cara, pero sin distinguir la nariz, la barba ni nada. Mi suegra, es decir, la madre de mi esposa, tampoco ve nada. Kovaliov estaba como loco. -¿Dónde está? ¿Dónde? Voy corriendo... -No tiene usía por qué molestarse. Suponiendo que le haría a usted falta, la traigo yo. Y, ya ve usted qué raro: el autor principal del hecho es un pícaro barbero de la calle Voznesénskaia que ahora está detenido en el cuartelillo. Hace ya tiempo que yo andaba tras él por borracho y ratero. Anteayer, sin ir más lejos, robó una docena de botones en una tienda. En cuanto a la nariz de usía, está exactamente igual que estaba. Con estas palabras, el guardia metió la mano en un bolsillo, de donde extrajo la nariz envuelta en un papel. -¡Ésa es! ¡Sí, sí! -gritó Kovaliov-. Hoy tiene usted que quedarse a tomar una taza de té conmigo. -Aceptaría con sumo gusto, pero no puedo de ninguna manera: desde aquí tengo que acercarme al manicomio. Han subido mucho los precios de todas las subsistencias... Yo debo mantener a mi suegra, la madre de mi esposa, que vive con nosotros, y a mis hijos. El mayor, sobre todo, es un chico listo, que promete mucho, pero carezco totalmente de posibilidades para darle estudios... Kovaliov se dio por enterado y, tomando de encima de la mesa un billete de diez rublos, lo puso en manos del guardia que abandonó la estancia después de pegar un taconazo y cuya voz oyó Kovaliov casi al instante en la calle aleccionando, con acompañamiento de puñetazos, a un estúpido mujik que se había metido en la acera con su carreta. Después de marcharse el guardia, permaneció el asesor colegiado unos minutos como aturdido y sólo al cabo de ese tiempo, tal era el desconcierto que le produjo la inesperada alegría, recobró la capacidad de ver y sentir. Tomó con precaución la nariz en el cuenco formado por las dos manos y volvió a observarla atentamente. -Es ella, claro que sí -decía el mayor Kovaliov-. Aquí está, en el lado izquierdo, el granito que le salió ayer. El mayor estuvo a punto de soltar la risa de alegría. Pero no hay nada eterno en el mundo. Por eso, la alegría del primer instante no es ya tan viva a los dos minutos, al tercero se debilita más aún y al fin se diluye inadvertidamente con el estado de ánimo habitual, lo mismo que el círculo formado en el agua por la caída de una piedra acaba diluyéndose en la superficie lisa. Kovaliov se puso a cavilar y sacó en claro que todavía no estaba todo terminado: la nariz había aparecido, sí; pero faltaba ponerla y ajustarla en su sitio. -¿Y si no se pega? El mayor se quedó lívido al hacerse esta pregunta. Presa de un miedo indescriptible corrió a la mesa y acercó el espejo, no fuera a colocarse la nariz torcida. Le temblaban las manos. Con cuidado y mucho tiento aplicó la nariz en el lugar de antes. ¡Qué espanto! La nariz no se pegaba... La acercó a su boca, le echó el aliento para calentarla y de nuevo la aplicó a la superficie lisa que se extendía entre sus mejillas; la nariz no se sujetaba de ninguna manera. -¡Vamos! Pero, ¡vamos! ¡Quédate ahí! -le decía. Pero la nariz parecía de madera y caía sobre la mesa con un ruido extraño, como si fuera un corcho. Una mueca contrajo el rostro del mayor. «¿Será posible que no se pegue?», se preguntaba asustado. Pero, por muchas veces que colocó la nariz en el lugar adecuado, todos sus esfuerzos continuaron siendo estériles. Llamó a Iván y lo mandó en busca del médico que vivía en el entresuelo de la misma casa, ocupando el mejor piso. Aquel médico era hombre de gran prestancia, que poseía unas magníficas patillas negras, y una esposa lozana; rebosante de salud, se desayunaba con manzanas y cuidaba esmeradamente el aseo de su boca, enjuagándose cada mañana durante casi tres cuartos de hora y puliéndose los dientes con cinco cepillos distintos. El doctor acudió al instante. Después de inquirir el tiempo transcurrido desde el percance, levantó la cara de Kovaliov agarrándolo por la barbilla y le pegó tal papirotazo en el lugar antes ocupado por la nariz que el mayor echó violentamente la cabeza hacia atrás hasta pegar con la nuca en la pared. El médico dijo que aquello no era nada, lo invitó a apartarse un poco de la pared, le hizo volver la cabeza hacia la derecha y, después de palpar el sitio donde antes se encontraba la nariz, dijo «ummm». Luego le mandó volver la cabeza hacia el lado izquierdo, profirió otra vez «ummm» y, finalmente, le pegó con el pulgar otro papirotazo que hizo respingar al mayor Kovaliov lo mismo que un caballo cuando le miran los dientes. Después de esta prueba, el médico sacudió la cabeza diciendo: -No. No puede ser. Preferible es dejarlo así, porque podría quedar peor. Arreglo tiene, desde luego, y yo mismo se la pondría quizá ahora mismo. Pero le aseguro que sería peor para usted. -¡Ésta sí que es buena! ¿Cómo voy a quedarme sin nariz? -protestó Kovaliov-. Peor que ahora, imposible. ¿Qué demonios es esto? ¿Dónde me presento yo con esta facha? Yo tengo muy buenas relaciones. Hoy mismo debo asistir a dos veladas. Conozco a mucha gente: la señora Chejtariova, esposa de un consejero de Estado, la señora Podtóchina, casada con un oficial del Estado Mayor... Aunque, después de su actual comportamiento, mi único trato con ella puede ser a través de la policía. Por favor se lo ruego -prosiguió Kovaliov suplicante-. ¿No hay ningún remedio? Póngamela como sea, aunque no quede bien, con tal de que se sostenga. Incluso podría sujetarla un poco con la mano en los casos de apuro. Además, como no bailo, tampoco es de temer ningún movimiento brusco que la perjudique. Y en lo referente a agradecerle su visita, tenga por seguro que, en la medida de mis posibilidades... -Crea usted -intervino el doctor en un tono que no era ni alto ni bajo, pero sí sumamente persuasivo y magnético- que yo nunca ejerzo por el dinero. Eso sería contrario a mis normas y a mi arte. Cierto que cobro mis visitas, pero con el único fin de no agraviar a nadie al negarme. Desde luego, yo podría ajustar su nariz. Sin embargo, y lo afirmo por mi honor, si mi palabra no le basta, quedaría mucho peor. Deje actuar a la naturaleza. Las frecuentes abluciones frías lo mantendrán a usted, aun sin nariz, tan sano como si la tuviera, se lo aseguro. En cuanto a la nariz, le aconsejo que la meta en un frasco de alcohol o, mejor todavía, añadiendo una solución de dos cucharadas de vodka fuerte y vinagre caliente. Entonces podrá sacar por ella una cantidad respetable. Yo mismo se la compraría si no se excede en el precio. -¡No, no! No la vendería por nada del mundo -protestó el mayor desesperado-. ¡Prefiero que desaparezca! -Perdone usted, pero yo quería hacerle un favor -replicó el médico saludando-. ¡En fin! Por lo menos, habrá usted visto mi buena intención. Con estas palabras, el médico abandonó muy dignamente la estancia. Kovaliov no se había fijado siquiera en su rostro, ya que, en su profundo abatimiento, sólo acertó a ver los puños de la camisa pulcra y blanca como la nieve asomando por las mangas del frac negro. Al día siguiente, y antes de presentar querella, se decidió a escribir a la señora del oficial de Estado Mayor para ver si accedía a devolverle de buen grado lo que era suyo. La carta decía lo siguiente: «Muy señora mía, Alexandra Grigórievna: »No alcanzo a comprender tan extraño proceder por parte suya. Tenga la seguridad de que, obrando de este modo, no ganará usted nada ni me obligará en modo alguno a casarme con su hija. Crea usted que me hallo perfectamente enterado de la historia de mi nariz como también de que usted y nadie más que usted ha sido la principal causante de ella. El súbito desprendimiento, la fuga y el disfraz de mi apéndice nasal, apareciendo primero bajo el aspecto de un funcionario y luego con el suyo propio, no son ni más ni menos que consecuencia de las hechicerías practicadas por usted o por quienes se ejercitan en menesteres tan nobles como los suyos. Por mi parte, considero deber mío advertirle que si el susodicho apéndice no se reintegra hoy mismo a su sitio, me veré en la obligación de apelar a la defensa y la protección de las leyes. »Por lo demás, con todos mis respetos, tengo el honor de quedar de usted, seguro servidor Platón Kovaliov.» «Muy señor mío, Platón Kuzmich: «Su carta me ha dejado sumamente sorprendida. Le confieso a usted con toda sinceridad que nunca esperé nada parecido y menos aún lo referente a los injustos reproches de usted. Pongo en su conocimiento que jamás he recibido en mi casa, ni con disfraz ni bajo su aspecto propio, al funcionario a quien usted alude. No niego que me ha visitado Filipp Ivánovich Potánchikov. Pero, aunque él aspiraba, es cierto, a la mano de mi hija -y tratándose de una persona de conducta buena y sobria, así como de muchos estudios-, yo nunca le he dado la menor esperanza. También menciona usted la nariz. Si con ello quiere dar a entender que yo me proponía dejarle con tres cuartas de narices, o sea, darle una negativa rotunda, me sorprende que sea usted quien lo diga, sabiendo como sabe que mi intención es muy otra y que si usted se compromete ahora mismo y en debida forma con mi hija, yo estoy dispuesta a acceder sin dilación, pues tal ha sido siempre el objeto de mis más fervientes deseos, en espera de lo cual quedo siempre al servicio de usted Alexandra Podtóchina.» «No, seguro que no ha sido ella -se dijo Kovaliov después de leer la misiva-. ¡Imposible! En la forma que está escrita la carta, no puede ser obra de quien haya cometido un delito. -El asesor colegiado era hombre entendido en la materia; pues, hallándose todavía en la región del Cáucaso, había sido encargado varias veces de instruir sumario-. ¿Cómo ha podido suceder esto? ¿De qué manera? Sólo el demonio lo entendería», concluyó desalentado. Entretanto, corrían ya por toda la capital los rumores acerca de tan extraordinario suceso, adornado con toda clase de exageraciones, como suele ocurrir. Precisamente por entonces se hallaban las mentes orientadas hacia lo sobrenatural, pues hacía poco tiempo que a todos intrigaban los experimentos sobre los efectos del magnetismo. Además, como la historia de las sillas danzantes de la calle Koniúshennaia era todavía reciente, nada tiene de particular que al poco tiempo se empezara a comentar que la nariz del asesor colegiado solía pasearse a las tres en punto de la tarde por la Avenida Nevski. Y a diario acudía allí una multitud de curiosos. Alguien anunció que la nariz se encontraba en la tienda de Junker, y frente al establecimiento se formó tal aglomeración que hubo de intervenir la policía. Un especulador con aspecto respetable, que usaba patillas y solía vender pastas variadas a la puerta del teatro, fabricó especialmente unos magníficos y sólidos bancos de madera que alquilaba, a razón de ochenta kopecs por persona, a cuantos curiosos deseaban subirse en ellos para ver mejor. Un benemérito coronel salió de su casa con ese único fin antes que de costumbre y a duras penas logró abrirse paso entre el gentío; pero, cuál no sería su indignación al ver en el escaparate de la tienda, en lugar de la nariz, una simple camiseta de lana y una litografía representando a una jovencita que se subía una media mientras un petimetre con chaleco de solapas y barbita la espiaba desde detrás de un árbol. Dicha litografía llevaba ya más de diez años colgada en el mismo sitio. Al retirarse, el coronel dijo contrariado: «¿Cómo se puede soliviantar a la gente con bulos tan estúpidos e inverosímiles?» Luego cundió la especie de que no era por la Avenida Nevski sino por el jardín de Taurida por donde se paseaba la nariz del mayor Kovaliov y eso, desde hacía ya mucho tiempo. Tanto, que cuando Jozrev-Mirza se alojó allí, le sorprendió sobremanera aquel extraño capricho de la naturaleza. Allá fueron algunos estudiantes de la Academia de Cirugía. Una ilustre y noble dama rogó al vigilante del jardín, por carta especial, que mostrara a sus hijos el raro fenómeno y, a ser posible, se lo explicara de modo instructivo y a la vez edificante para ellos. Todos estos hechos fueron acogidos con gran regocijo por los caballeros asiduos de las veladas de sociedad y aficionados a distraer a las señoras con curiosas historias, cuyo repertorio se encontraba por entonces agotado. Una minoría de respetables personas de orden estaba sumamente descontenta. Un señor decía, muy sulfurado, que no comprendía cómo era posible que se propalaran absurdos infundios en nuestro siglo ilustrado y que le sorprendía que el gobierno no prestara atención al hecho. Al parecer, ese señor era de los que quisieran complicar al gobierno en todo; incluso en las trifulcas cotidianas que tiene con su esposa. Luego... Pero, a partir de aquí, de nuevo queda el suceso totalmente envuelto en brumas y no se sabe nada en absoluto de lo acaecido después. III En el mundo ocurren verdaderos disparates. A veces, sin la menor verosimilitud; súbitamente, la misma nariz que andaba de un lado para otro con uniforme de consejero de Estado y que tanto alboroto había armado en la ciudad volvió a encontrarse como si tal cosa en su sitio, es decir, exactamente entre las dos mejillas del mayor Kovaliov. Esto sucedió ya en el mes de abril, el día 7. Al despertarse y lanzar una mirada fortuita al espejo, descubrió el mayor que allí estaba la nariz. Echó mano de ella, y allí estaba, sí! «¡Al fin!», exclamó Kovaliov y, de la alegría, estuvo a punto de ponerse a bailar, tal y como estaba, descalzo, por toda la habitación; pero la entrada de Iván se lo impidió. Enseguida pidió agua para lavarse y, mientras se aseaba, lanzó otra mirada al espejo. ¡Allí estaba la nariz! Cuando se secaba con la toalla, miró una vez más: ¡allí estaba la nariz! -Mira a ver, Iván: parece como si tuviera un granito en la nariz -dijo al tiempo que pensaba-: «Menudo disgusto si Iván me dice ahora: Pues no, señor; no veo ningún grano ni tampoco veo la nariz.» Pero Iván contestó: -No; no hay ningún grano. No tiene nada en la nariz. «Esto ya está bien, ¡qué demonios!», se dijo el mayor chascando los dedos. En ese momento asomó por la puerta el barbero Iván Yákovlevich, pero con tanto temor como un gato al que acaban de atizar por robar tocino. -Lo primero que debes decirme es si traes las manos limpias -lo interpeló ya desde lejos Kovaliov. -Sí. Claro que están limpias. -¡Mentira! -Le juro que están limpias, señor. -Bueno. Ya veremos. Kovaliov se sentó. Iván Yákovlevich le puso el paño y, con la brocha, convirtió su barba y parte de las mejillas en algo parecido a la crema que se suele servir en los convites onomásticos de los comerciantes. «¡Bueno!... -exclamó Iván Yákovlevich para sus adentros contemplando la nariz, y luego torció la cabeza hacia el lado opuesto para verla de perfil-. ¡Mírenla ustedes!... ¡Ahí está! Aunque la verdad es que, si se para uno a pensar...», agregó, y estuvo mirando todavía un buen rato la nariz. Finalmente, con toda la delicadeza y todo el esmero que se puede uno imaginar, levantó dos dedos para sujetarla por la punta, pues tal era el sistema de Iván Yákovlevich. -¡Eh, eh, tú! ¡Cuidado! -gritó Kovaliov. Más aturdido y confuso todavía, Iván Yákovlevich retiró la mano. Al fin comenzó a pasar la navaja por debajo del mentón y, aunque le resultaba muy incómodo y difícil rapar sin tener sujeto el órgano del olfato, logró vencer todos los obstáculos y terminar de afeitar ingeniándoselas para atirantar la piel con su áspero dedo pulgar apoyado unas veces en la mejilla y otras veces en la mandíbula inferior del mayor. Cuando todo estuvo listo, Kovaliov se apresuró a vestirse inmediatamente, tomó un coche de punto y se fue derechito a una pastelería. Nada más entrar, gritó desde lejos: «¡Un chocolate, muchacho!» y al instante se dirigió hacia un espejo. ¡Tenía la nariz! Dio media vuelta lleno de alegría y contempló con aire sarcástico, entornando un poco los párpados, a dos militares: la nariz de uno de ellos tenía apenas el tamaño de un botón de chaleco. Luego se dirigió a las oficinas del Departamento donde estaba gestionando un puesto de vicegobernador o de ejecutor, en su defecto. Al cruzar la antesala, se miró a un espejo: ¡allá estaba la nariz! Más tarde fue a visitar a otro asesor colegiado -o mayor, si se quiere-, gran amigo de chanzas, a cuyas mordaces observaciones solía contestar Kovaliov: «¡Demasiado te conozco a ti. Eres un criticón!» Durante el trayecto, iba pensando: «Si el mayor no revienta de risa al verme, seguro es que cada cosa está en su sitio.» Pero el asesor colegiado se quedó tan campante. «Perfecto, perfecto, ¡qué demonios!», se dijo Kovaliov. Después se encontró con la señora Podtóchina, esposa de un oficial de Estado Mayor, y su hija. Las saludó y fue acogido con exclamaciones de júbilo: por tanto, no se advertía en él ningún defecto. Conversó con ellas un buen rato y, sacando adrede la tabaquera, se complació largamente delante de ellas en atascar su nariz de rapé por ambos conductos, mascullando para sus adentros: «Así, para que se enteren, cabezas de chorlitos. Y con la hija no me caso, desde luego. Así por las buenas, par amour, ¡ni pensarlo!» A partir de entonces, el mayor Kovaliov volvió a pasearse como si tal cosa por la Avenida Nevski, a frecuentar los teatros y acudir a todas partes. Y también su nariz campaba en medio de su rostro como si tal cosa, sin aparentar siquiera que hubiera faltado nunca de allí. Después de todo esto pudo verse al mayor Kovaliov siempre de buen humor, sonriente, rondando absolutamente a todas las mujeres bonitas e incluso detenido una vez delante de una tienda de Gostínni Dvor para comprar el pasador de una condecoración, si bien por motivos desconocidos, ya que él no era caballero de ninguna orden. ¡Ahí tienen ustedes lo sucedido en la capital norteña de nuestro vasto imperio! Y únicamente ahora, atando cabos, vemos que la historia tiene mucho de inverosímil. Sin hablar ya de que resulta verdaderamente extraña la separación sobrenatural de la nariz y su aparición en distintos lugares bajo el aspecto de consejero de Estado. ¿Cómo no se le ocurrió pensar a Kovaliov que no se podía anunciar el caso de su nariz en los periódicos a través de la Oficina de Publicidad? Y no lo digo en el sentido de que me parezca excesivo el precio del anuncio: es una nadería y yo estoy lejos de ser una persona roñosa. ¡Pero, es que resulta desplazado, violento, feo! Y otra cosa: ¿cómo fue a parar la nariz al interior de un panecillo y cómo es que Iván Yákovlevich...? Nada, nada, que no lo entiendo. ¡No lo entiendo de ninguna manera! Pero lo más chocante, lo más incomprensible de todo es que los autores sean capaces de elegir semejantes temas. Confieso que esto es totalmente inconcebible, es como si... ¡Nada, nada, que no lo entiendo! En primer lugar, que no le da ningún provecho a la patria; en segundo lugar... Bueno, pues, en segundo lugar, tampoco le da provecho. No sé lo que es esto, sencillamente... Aunque, sin embargo, con todo y con ello, si bien, naturalmente, se puede admitir esto y lo otro y lo de más allá, es posible incluso... Porque, claro ¿dónde no suceden cosas absurdas? Y es que, no obstante, si nos paramos a pensar, seguro que hay algo en todo esto. Se diga lo que se diga, sucesos por el estilo ocurren en el mundo. Pocas veces, pero ocurren.

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Elsa - Felisberto Hernández
ArteporAnónimo6/8/2016

I Yo no quiero decir cómo es ella. Si digo que es rubia se imaginarán una mujer rubia, pero no será ella. Ocurrirá como con el nombre: si digo que se llama Elsa se imaginarán cómo es el nombre Elsa; pero el nombre Elsa de ella es otro nombre Elsa. Ni siquiera podrían imaginarse cómo es una peinilla que ella se olvidó en mi casa; aunque yo dijera que tiene 26 dientes, el color, más aun, aunque hubieran visto otra igual, no podrían imaginarse cómo es precisamente, la peinilla que ella se olvidó en mi casa. II Yo quiero decir lo que me pasa a mí. ¿Y saben para qué?, pues, para ver si diciendo lo que me pasa, deja de pasarme. Pero entiéndase bien; me pasa una cosa mala, horrible: ya lo verán. Sé que por más bien que yo llegara a decirla, ocurrirá como con la peinilla y lo demás; no se imaginarán exactamente cómo es lo malo que me pasa; pero el interés que yo tengo es ver si deja de pasarme tanto lo malo que se imaginarán, lo malo que en realidad me pasa. III Elsa no es precisamente una de las tantas muchachas que no me aman: ella no me amará dentro de poco tiempo, porque ahora ella me ama. Nos hemos visto muy pocas veces; ella está muy lejos; nuestro amor se mantiene por correspondencia; pero yo tengo la convicción, yo afirmo categóricamente, yo creo absolutamente -ya explicaré ampliamente por qué tengo esta fiebre de afirmar- yo vuelvo a afirmar que dada la manera de ser de ella, dejará muy pronto de amarme, porque ella no podrá resistir el amor por correspondencia. Yo sí, pero ella no. IV De lo que ya no existe, se habla con indiferencia o con frialdad; pero yo hablo con dolor, porque hablo antes de que deje de existir y sabiendo que dejará de existir: recuérdese cómo lo afirmé. Cuando espero algo, siento como si alguien -llámese Dios, destino o como quiera- tratara de demostrarme que la cosa que espero no llega o no ocurre como yo esperaba. Entonces, cuando yo tengo interés en que una cosa no ocurra, empiezo a pensar que ocurrirá, para burlarme de ese alguien si la cosa llega u ocurre, para hacerle ver que yo la preveía; y él por no dar su brazo a torcer no me da ese gusto y la cosa ocurre; pero he aquí que al final triunfo yo, porque precisamente lo que más deseaba era que no ocurriera. También debo decir que ese alguien suele sorprenderme dejándose burlar, y que yo triunfe aparentemente y quede derrotado íntimamente: pero esto ocurre las menos de las veces. Para ser franco, diré que yo no creo en ese alguien, que a ese alguien lo creamos, y para crearlo lo suponemos al revés y al derecho. Pero cuando nos encontramos frente a un gran dolor, volvemos a pensar al revés y al derecho por si llega a ser cierto que existe. Ahora yo pienso que a lo mejor existe, y que a lo mejor no da su brazo a torcer, y por llevarme la contra hace que no ocurra lo de que ella deje de amarme, puesto que yo afirmo que ocurrirá. Así mismo tengo temor de que ese alguien se deje vencer y la cosa ocurra como en las menos veces: pero yo tengo más esperanza del otro modo: al revés que al derecho. Tendría esperanza aun cuando viera que estoy a punto de que ella no me ame; pues con más razón tengo esperanza ahora que ella me ama normalmente. Bueno, en total quiero dejar constancia de que tengo la convicción, de que afirmo categóricamente, y que creo absolutamente, que Elsa se diferencia de las demás muchachas, en que ninguna de las otras me ama, y que ella dejará muy pronto de amarme. FIN

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Violencia...¿Cuánto tiempo más?
Violencia...¿Cuánto tiempo más?
Salud BienestarporAnónimo5/11/2009

Sé que hay posts relacionados con el tema, pero no es repost, este es mio. Me tomó bastante hacerlo. Y es largo, pero es importante también. Espero resulte para tomar conciencia, porque por más cantidad que haya de lo mismo, el problema aún no se resuelve. Ojalá comenten, sugieran, aporten, corrijan... pero sin bardear. Es un tema serio, sean inteligentes y responsables. Gracias. ................................................................................................................................................................................... OMS: "La sexualidad es un aspecto central del ser humano presente a lo largo de la vida y abarca el sexo, las identidades y los roles de género, la orientación sexual, el erotismo, el placer, el vínculo afectivo y la reproducción. Se experimenta y se expresa en forma de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, roles y relaciones. Si bien la sexualidad puede abarcar todas estas dimensiones, no siempre se experimentan o se expresan todas. La sexualidad es influenciada por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales." Se propone que la sexualidad es un sistema de la vida humana que se compone de cuatro características, que significan sistemas dentro de un sistema. Éstas características interactúan entre sí y con otros sistemas en todos los niveles del conocimiento, en particular en los niveles biológico, psicológico y social. Las cuatro características son: el erotismo, la vinculación afectiva, la reproductividad y el sexo genetico (Genotipo) y físico (Fenotipo). *El erotismo es la capacidad de sentir placer a través de la respuesta sexual, es decir a través del deseo sexual, la excitación sexual y el orgasmo. *La vinculación afectiva es la capacidad de desarrollar y establecer relaciones interpersonales significativas. *La reproductividad es más que la capacidad de tener hijos y criarlos, incluye efectivamente los sentimientos de maternidad y paternidad, las actitudes de paternaje y maternaje, además de las actitudes favorecedoras del desarrollo y educación de otros seres. *La característica del sexo desarrollado, comprende el grado en que se vivencia la pertenencia a una de las categorías dimórficas (femenino o masculino). Es de suma importancia en la construcción de la identidad, parte de la estructura sexual, basado en el sexo, incluye todas las construcciones mentales y conductuales de ser hombre o mujer. DERECHOS SEXUALES La definición de trabajo propuesta por la OMS(2006) orienta también la necesidad de atender y educar la sexualidad humana. Para esto es de suma importancia, reconocer los derechos sexuales (WAS,OPS, 2000): - El derecho a la libertad sexual. - El derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexuales del cuerpo. - El derecho a la privacidad sexual. - El derecho a la equidad sexual. - El derecho al placer sexual. - El derecho a la expresión sexual emocional. - El derecho a la libre asociación sexual. - El derecho a la toma de decisiones reproductivas, libres y responsables. - El derecho a información basada en el conocimiento científico. - El derecho a la educación sexual integral. - El derecho al atención de la salud sexual. En la medida que estos Derechos sean reconocidos, ejercidos y respetados, tendremos sociedades más sanas sexualmente. POEMA: RECIBÍ FLORES HOY No es mi cumpleaños o ningún otro día especial; Tuvimos nuestro primer disgusto anoche, y el dijo muchas cosas crueles, que en verdad me ofendieron. Pero sé que está arrepentido y no las dijo en serio, porque él me mando flores hoy. Recibí flores hoy! No es nuestro aniversario o ningún otro día especial; Anoche me lanzo contra la pared y comenzó a ahorcarme. Parecía una pesadilla, pero de las pesadillas despiertas y sabes que no es real; me levante esta mañana adolorida y con golpes en todos lados, pero yo se que está arrepentido, porque él me mando flores hoy. Recibí flores hoy! Y no es día de San Valentín o ningún otro día especial; Anoche me golpeo y amenazo con matarme; ni el maquillaje o las mangas largas podían esconder las cortadas y golpes que me ocasiono esta vez. No pude ir al trabajo hoy, porque no quería que se dieran cuenta. Pero yo se que está arrepentido, porque él me mando flores hoy. Recibí flores hoy! Y no era el día de las madres o ningún otro día especial; Anoche el me volvió a golpear, pero esta vez fue mucho peor. Si logro dejarlo, ¿qué voy a hacer? , ¿cómo podría yo sola sacar adelante a los niños?, ¿qué pasará si nos falta el dinero? Le tengo tanto miedo, pero dependo tanto de él, que temo dejarlo. Pero yo se que está arrepentido, porque él me mando flores hoy. Recibí flores hoy! Hoy es un día muy especial: Es el día de mi funeral. Anoche por fin logro matarme. Me golpeó hasta morir. Si por lo menos hubiera tenido el valor y la fortaleza de dejarlo; si hubiera aceptado la ayuda profesional... Hoy no hubiera recibido flores! Anónimo LOS FEMICIDIOS Femicidio es el asesinato de mujeres por razones asociadas a su género. Se distinguen dos modalidades: Femicidio íntimo: asesinatos cometidos por varones con quienes las víctimas tenían una relación íntima, familiar, de convivencia. Femicidio no íntimo: asesinatos cometidos por varones con quienes las víctimas no tenían relaciones íntimas, ni familiares, ni de convivencia. Frecuentemente este femicidio involucra un ataque sexual previo. Tipos de femicidios Se han diferenciado cuatro tipos de femicidios: Femicidio solo Femicidio + robo Femicidio + suicidio Femicidio + violación El 65,11 % aparece como femicidios sin otros delitos o situaciones que lo acompañen. Mientras que en casi un 35 % de los otros casos, se produce asociado a otros delitos u otras circunstancias. Es significativo el hecho de que el 16 % de los femicidas se suicide luego del hecho. Este dato resulta llamativo y va a cobrar sentido cuando se analicen las relaciones del victimario con la víctima. Del total de homicidios de mujeres (1.284) el 83 % (1.072) son femicidios. Tomando el total de homicidios de mujeres, se constata que una mujer es asesinada cada dos días en la provincia de Buenos Aires. Tomando los que claramente están identificados como femicidios, se comete un femicidio cada dos días y medio. Fuente http://www.isis.cl/Feminicidio/doc/doc/FemicidioseImpunidad%5B1%5D.pdf Poema "NO", de Hugo Finkelstein No es No, y hay una sola manera de decirlo. No. Sin admiración, ni interrogantes, ni puntos suspensivos. No, se dice de una sola manera. Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto. No. Se dice una sola vez. Con la misma entonación. Como un disco rayado: No. Un No que necesita de una larga caminata o de una reflexión en el jardín, no es No. Un No que necesita de explicaciones y justificaciones, no es No. No: tiene la brevedad de un segundo. Es un No para el otro porque ya lo fue para uno mismo. No es No, aquí y muy lejos de aquí. No: es el último acto de dignidad. No: es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes. No: no se dice por carta, ni se dice con silencios, ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos, ni con pena y menos aún con satisfacción. No es No. Cuando el No es No, se mirará a los ojos y el No se descolgará naturalmente de los labios. La voz del No, no es trémula, ni vacilante, ni agresiva, y no deja duda alguna. Ese No, no es una negación del pasado, sino una corrección del futuro. Y sólo quien sabe decir No, puede decir Si. 25 NOVIEMBRE: DÍA DE LA NO VIOLENCIA HACIA LA MUJER Un 25 de noviembre de 1960, Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron brutalmente torturadas y asesinadas por la dictadura de Trujillo en República Dominicana. Cada 25 de noviembre las feministas y el movimiento de mujeres hace pública la lucha cotidiana contra las violencias que nos degradan. Situadas en un punto diminuto y candente del sur del continente sabemos que nuestros padecimientos y rebeldías trascienden las fronteras nacionales. • En Latinoamérica, el aborto clandestino sigue siendo la primera causa de muerte materna, son 6000 las mujeres que mueren anualmente por complicaciones relacionadas con abortos inseguros. • El homicidio representa para las mujeres y travestis, en nuestro continente, la quinta causa de muerte, • 70% de las mujeres padece violencia doméstica y • el 30% denunció que su primera relación sexual fue forzada. • Se calcula que el 80% de las agresiones permanecen en el silencio ya que no son denunciadas por temor o por la certeza de que la denuncia no será tomada en cuenta. • Según las estadísticas, cada 8 segundos una mujer es víctima de violencia física. • En el mundo, una mujer es violada cada 5 segundos. • El 70% de la población analfabeta y pobre en el mundo son mujeres. • Sólo en Latinoamérica, son 154 millones de mujeres las más pobres entre los pobres. • En Argentina, más de 600 mujeres, jóvenes y niñas son desaparecidas por redes trata para ser explotadas sexualmente. Fuente http://www.gacetillasargentinas.blogspot.com/2008/11/actividades-del-24-al-261108.html EN RELACIÓN A LA DESIGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y ACCESOS: 10 DATOS SOBRE LA SALUD DE LA MUJER Febrero de 2009 Aunque las mujeres tienen mayor esperanza de vida que los hombres en la mayoría de los países, hay una serie de factores sanitarios y sociales que se combinan para hacer que la calidad de vida de las mujeres sea inferior. Las desigualdades en el acceso a la información, la atención y las prácticas sanitarias básicas aumentan aún más los riesgos para la salud de las mujeres. La discriminación sexual genera muchos peligros para la salud de las mujeres, tales como la violencia física y sexual, las infecciones de transmisión sexual, el VIH/SIDA, el paludismo o la neumopatía obstructiva crónica. El consumo de tabaco representa una amenaza cada vez más importante para la salud de la mujer, y las tasas de mortalidad durante el embarazo y el parto siguen siendo elevadas en los países en desarrollo. Destacamos 10 áreas fundamentales que tienen graves consecuencias para la salud de la mujer: Cita :Las tasas de tabaquismo tienden a ser 10 veces mayores en los hombres que en las mujeres. Sin embargo, el consumo de tabaco entre las mujeres jóvenes de los países en desarrollo está aumentando rápidamente debido a enérgicas campañas comerciales recientes dirigidas a las mujeres. En general, las tasas de éxito del abandono del hábito son menores en las mujeres, el tratamiento sustitutivo con nicotina puede ser menos eficaz, y las recaídas son más frecuentes que en los hombres. Fuente http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/index.html Cita :El 61% de los adultos infectados por el VIH en el África subsahariana son mujeres. En el Caribe, la proporción de mujeres infectadas es del 43%. Aunque menor, el número de mujeres infectadas también está en aumento en América Latina, Asia y Europa Oriental. Fuente http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/index1.html Cita :Entre un 15% y un 71% de las mujeres han sufrido violencia física o sexual infligida por su pareja en algún momento de sus vidas. Estos abusos, que se dan en todas las clases sociales y en todos los niveles económicos, tienen graves consecuencias para la salud de la mujer, ya sea en forma de embarazos no deseados o de infecciones de transmisión sexual, depresión o enfermedades crónicas. Fuente http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/index2.html Cita :Algunos estudios revelan que hasta un quinto de las mujeres refieren haber sufrido abusos sexuales antes de los 15 años. Fuente http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/index3.html Cita :Aunque los casamientos a edades tempranas están disminuyendo, se calcula que 100 millones de niñas se casarán antes de los 18 años a lo largo de los próximos 10 años. Esto representa un tercio de las adolescentes de los países en desarrollo (excluida China). Las niñas que se casan jóvenes a menudo carecen de conocimientos sobre el sexo y el riesgo contraer el VIH/SIDA y otras infecciones de transmisión sexual. Fuente http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/index4.html Cita :Cada año 14 millones de adolescentes se convierten en madres. Más del 90% de estas madres muy jóvenes viven en países en desarrollo. Fuente http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/index5.html Cita :Diariamente, 1600 mujeres y más de 10.000 recién nacidos mueren de complicaciones prevenibles del embarazo y del parto. Cerca del 99% de la mortalidad materna y del 90% de la mortalidad neonatal se produce en el mundo en desarrollo. Fuente http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/index6.html Cita :Los mosquiteros tratados con insecticida reducen los casos de paludismo en las embarazadas y sus hijos. Cuando las mujeres tienen sus propios ingresos, son más propensas que los hombres a comprar estos mosquiteros para sus casas. Sin embargo, el uso de los mosquiteros está a menudo relacionado con pautas de sueño que a veces impiden su uso a las mujeres. Fuente http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/index7.html Cita :En la mayoría de los países la cocina suele ser una ocupación femenina. Cuando cocinan en fuegos o cocinas tradicionales, respiran diariamente una mezcla de cientos de contaminantes. Este humo presente dentro de las casas es causa de 500 000 del 1 300 000 muertes anuales de mujeres debidas a neumopatías obstructivas crónicas. En cambio, sólo aproximadamente un 12% de las muertes masculinas por neumopatía obstructiva crónica están relacionadas con el humo de interiores. Durante el embarazo, la exposición del embrión en desarrollo a esos contaminantes dañinos puede ser causa de bajo peso al nacer o incluso de muerte intrauterina. Fuente http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/index8.html Cita :El riesgo de discapacidad visual es significativamente mayor en la mujer que en el hombre a todas las edades y en todo el mundo. A pesar de ello, las mujeres no tienen el mismo acceso al tratamiento de las enfermedades oculares, a menudo por la imposibilidad de viajar sin compañía hasta los servicios de salud y por las diferencias culturales con respecto a la percepción del valor de la cirugía o de otros tratamientos para las mujeres. Fuente http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/index9.html POEMA: "MUJER…" Nunca llores por un extraño que como vino, sabes que se irá. Y si temes llegar a quererlo, no te acerques, aléjate más. No te ilusiones de dulces palabras que cualquiera sabe decir. Y no creas que porque lo quieres tiene derecho a hacerte sufrir. No lo perdones por ninguna falta, que como ésta, vendrán muchas más. Y no le reproche si en algún momento pide el derecho a su libertad. No llores por mucho que lo quieras, que el hombre no es digno de amor tan fatal. Y debes saber que el hombre llega, te ama, te mira orgulloso, y se va. Pero no te humilles ni pidas que vuelva. No desesperes, sé fuerte un instante. Déjalo que te deje, déjalo partir, si es por su causa que hoy puedes sufrir. Y no lo recuerdes, no vale la pena, No te lamentes por no verlo más, que al irse, tal vez para siempre, sus labios ya nunca te van a nombrar. Piensa que se ha ido, piensa que lo amaste, pero también piensa que por él no lloraste. (Autor desconocido) ¿QUÉ PASA CON LOS NIÑOS? Definimos el maltrato infantil (Centro Internacional de la Infancia de París) como cualquier acto por acción, omisión o trato negligente, de carácter no accidental, realizado por individuos, por instituciones o por la sociedad en su conjunto, y todos los efectos derivados de estos actos o de su ausencia que priven a los niños de su libertad o de sus derechos correspondientes y/o que dificulten su óptimo desarrollo. Quiero incidir y resaltar que además de ser altamente probable que los niños sean también víctimas directas de violencia, física o psicológica en situaciones de maltrato doméstico, los hijos de las mujeres maltratadas son receptores directos de la violencia contra sus madres, aunque ellos directamente, no hayan recibido ni un solo golpe. Vivenciar la angustia de la madre maltratada, su temor, inseguridad, tristeza, les produce una elevada inseguridad y confusión. Esa angustia se traduce en numerosos trastornos físicos, terrores nocturnos, enuresis, alteraciones del sueño, cansancio, problemas alimentarios, ansiedad, estrés, depresión... La UNICEF señala que aunque no se les ponga la mano encima, presenciar o escuchar situaciones violentas tiene efectos psicológicos negativos en los hijos. Aunque no sean el objeto directo de las agresiones, padecen violencia psicológica, que es una forma de maltrato infantil y que la Convención Internacional de los Derechos del Niño -ratificada por España- considera una forma de maltrato infantil y la recoge en el artículo 19 como "violencia mental". Los niños no son víctimas sólo porque sean testigos de la violencia entre sus padres, sino porque "viven en la violencia". Son víctimas de la violencia psicológica, a veces también física, y que crecen creyendo que la violencia es una pauta de relación normal entre adultos. Pero lo peor, al estar en fase de crecimiento y desarrollo madurativo, conforman su personalidad en función de la violencia y la toman como modelo, interiorizando los roles de maltratador o maltratada. Interiorizan patrones de comportamiento violentos y no discriminan lo que es adecuado o está bien, de lo que es injustificable. En la mayoría de los casos la violencia se produce en etapas donde los niños maduran su desarrollo psicológico. Las agresiones de una figura primordial de referencia en su desarrollo, el padre, sobre el agente de socialización por excelencia, la madre. Los hijos de un maltratador crecen inmersos en el miedo. Ellos y ellas son candidatos al diagnóstico de toda la variedad de trastornos por estrés traumáticos, depresiones por desesperanza o de posibles trastornos de personalidad. Todo ello sin un solo golpe, sin un maltrato “directo”. El ejercicio de la Violencia Doméstica siempre afecta a los niños, siempre, bien como receptores, bien como testigos. Efectos en los niños, víctimas o testigos, de la violencia de género • Problemas físicos: 􀂾 Retraso en el crecimiento 􀂾 Dificultad o problemas en el sueño y en la alimentación 􀂾 Regresiones 􀂾 Menos habilidades motoras 􀂾 Síntomas psicosomáticos (ezcemas, asma...) 􀂾 Inapetencia, anorexia • Problemas emocionales: 􀂾 Ansiedad 􀂾 Ira 􀂾 Depresión 􀂾 Aislamiento 􀂾 Baja autoestima 􀂾 Estrés post-traumático • Problemas cognitivos: 􀂾 Retraso en el lenguaje 􀂾 Retraso del desarrollo 􀂾 Retraso escolar (rendimiento) • Problemas de conducta: 􀂾 Agresión 􀂾 Crueldad con animales 􀂾 Rabietas 􀂾 Desinhibiciones 􀂾 Inmadurez 􀂾 Novillos 􀂾 Delincuencia 􀂾 Déficit de atención-hiperactividad 􀂾 Toxodependencias • Problemas sociales: 􀂾 Escasas habilidades sociales 􀂾 Introspección o retraimiento 􀂾 Rechazo 􀂾 Falta de empatía/Agresividad/Carácter Desafiante 􀂾 Daños psíquicomalos. POEMA: MI NOMBRE ES SARAH Mi nombre es Sarah Tres años de edad Mis ojos hinchados No puedo mirar Debo ser estúpida Debo ser mala Porque otro motivo Mamá está enojada Quisiera ser mejor Quisiera fea no estar Entonces tal vez mami Me quiera abrazar No debo hablar No debo hacer mal De lo contrario Todo el día me van a encerrar Cuando despierto Siempre estoy sola La casa está oscura Por horas y horas Cuando mami regrese Trataré de ser Buena Si ella me golpea Que sea sólo una sea No hagas ni un ruido La puerta acabo de escuchar Mi papi ha llegado Borracho de un bar Lo escucho enojado Mi nombre gritar Y contra una pared Me trato de resguardar Trato de esconderme De su horrible mirada No aguanto el llanto Me siento espantada Me encuentra llorando Me grita, me insulta Me dice que sus problemas Son por mi culpa Me empieza a golpear Me sigue gritando Me logro soltar Y corro tropezando Caigo al suelo Mis huesos doliendo Papá me dice palabras Que ya no le entiendo "Perdóname" le grito Pero ya es muy tarde Su rostro desencajado Parece que arde Los golpes y las palabras Me duelen de verdad Le pido a Dios Misericordia y piedad Por fin él termina Y camina a la puerta Mientras yo en el suelo Quedo casi muerta Mi nombre es Sarah Tres años de edad Esta noche mi padre Me mató sin piedad (Autor desconocido) EN ESTE LINK, HISTORIAS Y DIBUJOS HECHOS POR NIÑOS VÍCTIMAS DE MALTRATOS http://www.elpais.com/fotogaleria/dibujos/ninos/maltratados/5455-9/elpgal/ "PERFIL DEL AGRESOR: HOMBRE, VARÓN, DE SEXO MASCULINO" (Por Miguel Lorente Acosta) Todavía se sigue pensando que el maltrato es algo propio de hombres violentos, marginales y con problemas de diferente tipo, desde el consumo de sustancias tóxicas hasta situaciones relacionadas con el trabajo (desempleo, contratos basura, exceso de trabajo,...). La realidad es otra y bien distinta. Si hay algo que define al agresor es su normalidad, hasta el punto de que su perfil podría quedar resumido de forma gráfica en los siguientes tres elementos: hombre, varón, de sexo masculino. Una normalidad social y conductual que sólo se modifica cuando el caso es denunciado, pero hasta ese momento todos lo consideran como una persona dentro de la normalidad por dos circunstancias fundamentales: - porque se acepta que el hombre pueda utilizar la violencia sobre la mujer para corregirla y establecer su criterio en la relación, y - porque dicha agresión se produce en el hogar, es decir, en el ámbito privado, quedando como un tema de pareja en el que nadie puede ni debe entrometerse. La agresión a la mujer no es obra de enfermos ni de hombres con trastornos de personalidad ni de individuos que llevan a cabo sus agresiones bajo los efectos del alcohol o de otras sustancias tóxicas. Se trata de personas normales que deciden recurrir a la agresión para conseguir el objetivo pretendido (controlar y someter a la mujer), haciéndolo cuando perciben que dicha conducta no les va a suponer ningún perjuicio (inician y aumentan de intensidad la agresión cuando la relación se refuerza, de modo que la dependencia afectiva de la mujer es mayor), y mostrando un elevado control durante la agresión, lo cual les permite dirigir los golpes hacia determinadas zonas donde las lesiones no van a ser visibles cuando la mujer salga a la calle, controlando la intensidad y utilizando toda una argumentación verbal paralela que responsabiliza a la propia víctima de la agresión y justifica sus conductas violentas. El agresor no muestra arrepentimiento en la mayoría de las ocasiones, pues no se siente responsable; él no quiere agredir a la mujer, pero ella “le obliga a hacerlo” o “lo hace por su propio bien”. En la práctica nos encontramos con tres grupos de razones que inciden para que instauren programas destinados al tratamiento del agresor. El primero toma como referencia a la mujer, el segundo al agresor y el tercero hace hincapié en los planteamientos políticos. Hasta ahora, todavía para muchos, la mujer ha sido considerada como un objeto. Ahora corremos el riesgo de que se convierta en un instrumento por el cual obtener beneficios y rentabilidad de muy diversas formas. De no ser considerada se puede pasar a considerarla como un medio para buscar intereses particulares, lo cual puede ser tan peligroso como la situación que vivíamos en el presente del ayer. Dejas de ser un hombre cuando golpeas a una mujer. Dejas de ser un hombre cuando le insultas y le maltratas psicológicamente. Dejas de ser un hombre cuando abusas de ella sexualmente. Dejas de ser un hombre cuando no quieres ver que una mujer no es una propiedad. Dejas de ser un hombre cuando no aceptas que es tu igual. Dejas de ser un hombre cuando no permites a una mujer ser ella misma. Con todo ello, dejas de ser un hombre para convertirte en un COBARDE. ¡NO HAY EXCUSAS PARA LA VIOLENCIA! INDICADORES DE VIOLENCIA: UNA MUJER ESTÁ SIENDO MALTRATADA CUANDO SU PAREJA: - ignora sus sentimientos con frecuencia. - la ridiculiza o la insulta en público o en privado. - utiliza su visto bueno como aprecio, afecto, premio o castigo. - la humilla en público o en privado con insultos, críticas, gritos, etc. - rechaza mantener relaciones sociales en su compañía. - le controla el dinero y toma todas las decisiones. - no le permite trabajar o la obliga a cargar con el peso económico del hogar. - no trabaja o no comparte el dinero. - la amenaza, con frecuencia, con abandonarla a con hacerle daño a ella, a sus hijos/as o a su familia. - la acosa con asuntos que él imagina que ella está haciendo. - la manipula con mentiras y contradicciones. - no le permite tener amigos/as. - la obliga a mantener relaciones sexuales contra su voluntad SI ERES VÍCTIMA, DEBES SABER: * que el maltratador no sólo no va a cambiar, sino que cada vez se hará mas violento. * que quien dice que te quiere no se atrevería nunca a maltratarte ni a tí ni a tus/sus hijos/as. * que tú no eres la culpable de lo que te está pasando, sólo hay un culpable y ese es tu agresor. * que no hay ningún motivo que justifique la violencia hacia tí. * que los malos tratos que recibes son un delito y que, por lo tanto, puedes interponer una denuncia. * que el que te pega sólo lo hace por que quiere controlarte, dominarte y someterte. * que, aunque te sea difícil comenzar una nueva vida, es posible y tú te mereces vivir sin miedo, sin controles, sin sometimientos ni engaños. * que tú y tus hijos/as tenéis derecho a vivir en libertad y lejos de la violencia. * que se puede vivir sin violencia y que no todos los hombres maltratan. Sólo hace el cobarde y el que ,debido a su inseguridad y su miedo, se cree "mas hombre" utilizando contigo la violencia. * que existen profesionales preparados y preparadas para atenderte y escucharte sin juzgarte, para comprender tus indecisiones, tus miedos y angustias y que están ahí para cuando decidas acudir a ellos/as. * que no incumples el deber de convivencia y, por tanto, no es abandono de hogar, si, por motivos de seguridad u otra causa justificada, tienes que abandonar tu domicilio, siempre que dejes constancia de lo sucedido en la policía y en el plazo de 30 días realices cualquier actuación legal para solicitar la separación. La violencia contra la mujer constituye un problema social; problema que, para su prevención y erradicación, necesita de la intervención, colaboración y actuación de todos los agentes sociales. EDUCACIÓN --> RESPETO Y TOLERANCIA --> --> MENOS VIOLENCIA --> MÁS VIDA DEPENDE DE TODOS AQUÍ DEJO UN LINK SOBRE: "Estudio multipaís de la OMS sobre salud de la mujer y violencia doméstica contra la mujer" http://www.who.int/gender/violence/who_multicountry_study/summary_report/summaryreportSpanishlow.pdf OTROS LINKS DE INTERÉS - http://www.mujeresenred.net/ - http://servicios.elcorreodigital.com/auladecultura/aula261001a.htm - http://html.rincondelvago.com/mi-marido-me-pega-lo-normal_miguel-lorente-acosta.html - http://www.blogmujeres.com/ - http://www.fcmujeres.org/es/archivos/publicaciones/3728_a_Genero_y_sexualidad.htm - http://www.lacasadelencuentro.com.ar/ FUENTES *Propias *http://es.wikipedia.org/wiki/Sexualidad *http://www.bridge.ids.ac.uk/reports/Sexuality_OR_SP_Final.doc *http://www.who.int/research/es/ *http://www.who.int/features/factfiles/women/es/index.html *http://blogs.diariosur.es/mercedes-lopez/tags/josette *http://www.isis.cl/Feminicidio/festadistica.htm *http://www.granada.org/internet/mujer.nsf/129e6062dd2a6a1dc1256974002b2c08/e16d681a117a7d90c1256d3d003d5e24!OpenDocument *http://miazuldemar.blogspot.com/2008_11_01_archive.html *http://webs.ono.com/laura-asensi/pdf/jornadasviolenciaAPA.pdf *http://www.hombresigualdad.com/mlorente.htm *http://www.mundopoesia.com/foros/poemas-generales/45228-no-al-maltrato-25-11-dia-internacional-contra-la-violencia-hacia-la-mujer.html

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Odisea: Nacer
Salud BienestarporAnónimo7/23/2009

ESTE POST CONTIENE DE MANERA RESUMIDA LOS REFLEJOS Y LA VALORACIÓN MÉDICA DEL RECIÉN NACIDO, Y PARA HACERLO ENTRETENIDO, EL NACIMIENTO CONTADO POR UN BEBÉ: Reflejo: es toda acción o movimiento involuntarios. Algunos movimientos son espontáneos y forman parte de las actividades habituales del bebé. Otros responden a ciertas acciones. Los reflejos permiten identificar la actividad normal del sistema nervioso y el cerebro. Algunos reflejos son característicos únicamente de períodos específicos del desarrollo. REFLEJOS ARCAICOS: Los Reflejos Arcaicos son responsables de nuestra supervivencia en los primeros meses de la vida. El Sistema Nervioso Central es el centro de control de todo el desarrollo (movimiento, aprendizaje y pensamiento). Los Reflejos Arcaicos inician su desarrollo en el momento de la concepción y siguen una secuencia regular y común para todos los seres humanos, a pesar de las diferencias culturales. Esta secuencia regular de los distintos estadios del desarrollo se identifica por patrones de movimiento que acontecen en cada etapa del crecimiento. Estos patrones se conocen como Reflejos Arcaicos. Cada uno de ellos juega un papel necesario en el crecimiento del feto o del niño, y prepara el camino para el nuevo estadio. Los Reflejos Arcaicos son:  Reflejos de supervivencia que ocurren de forma secuenciada en las primeras semanas del desarrollo fetal.  Movimientos automáticos, estereotipados dirigidos por una parte muy primitiva del cerebro.  Ejecutados sin la implicación de los niveles superiores del cerebro.  Idealmente tienen una vida corta y cuando su función se ha cumplido, son reemplazados por estructuras más sofisticadas (Reflejos Posturales) los cuales se controlan por el córtex.  Son retenidos si no han cumplido sus funciones.  Se consideran aberrantes y evidencian una inmadurez del sistema nervioso central si se presentan más allá de la edad correspondiente. Fuente: http://www.kinemocions.com/contenidos.asp?contenido_id=30 Cita El nacimiento contado por un bebé:Después de unas horas de preparativos maternos, por fin llega el héroe o la heroína. Tras una intensa aventura de esfuerzo, de riesgo, de paso por un túnel oscuro y estrecho, llega con todo su carácter protestando por las incomodidades. Así son los primeros minutos de vida para un bebé. Al fin solos, mis padres y yo. Estamos en la habitación del hospital y es acogedora; cuando empiecen a llegar todos mis fans, se quedará pequeña. ¡Parece mentira que a éstas alturas de la humanidad no se pueda llegar al mundo de una forma más cómoda! Cómoda para mí y para mi madre, se entiende. Hace nueve meses que vivo en la tripa de mi madre y, desde entonces, nos ha pasado de todo. A ella le han dado mareos, vómitos, dolores de espalda, tristeza, alegría, un día me quería y al otro no tanto...¡Qué extraña estaba mi madre! De vez en cuando nos veía un médico y decía que todo marchaba bien. Nos han hecho ecografías para confirmarlo y muchos análisis. Me chocaba una cosa de mi padre, el empeño en saber si yo era nena o nene. ¡Vaya! Sea lo que sea tendrá que darme "asilo político". El día clave. Cuando ha llegado el día clave, nos hemos ido los tres al hospital maternal. Dicen que es más seguro que cuando nacío mi abuela, que lo hizo en su misma casa. ¡Qué lío! Al llegar al hospital nos ha recibido una enfermera que asegura que saldré pronto. No me explico cómo puede adivinar mis planes, pero tiene razón. Ya me estoy situando en parrilla de salida y me gustaría salir cuanto antes, porque ya me fastidian un poco los "achuchones" cada tres minutos que me está dando el útero. ¡Es un pesado! Al principio me ha confundido, pensé que era mi madre quien me apretujaba. Pero ahora sé que no es así. Mi madre me quiere más suavecito. Una carrera de obstáculos. Estoy pasando por un túnel que, dicen, es el canal de parto. Y digo yo, que es una carrera de obstáculos, porque tengo que hacer contínuos movimientos de cabeza para poder pasar, y ya me canso. Estoy viendo el exterior. ¡Ahi voy, ahi voy! Ya estoy aquí. Menos mal que me esperaban y me han atajado, porque si no ¡Ay, que dolor! Lo que más me ha impresionado es el frío que hace en la sala de parto, y dicen los mayores que tienen calor...Pues yo, estoy tiritando. Menos mal que mi madre me ha tomado en brazos, porque me han cortado el cordón y ahora no sé qué será de mí, porque mi madre me daba todo por esas venitas. ¡Tengo que buscarme la vida! Para qué habré salido...dentro era todo muy fácil. El chequeo. Ahora, por si no tenía ya bastante, me van a chequear. Voy de mano en mano y me hacen cosas. Unas me gustan menos que otras. Por ejemplo, me están poniendo una sonda en la garganta y en la naríz que me da un asco... El test de Apgar: Al parecer ahora me están haciendo mi primer test. Se llama "Test de Apgar" y me dan entre uno y dos puntos por: lo fuerte que lloro, el color de mi piel, mi latido cardíaco, mi tono muscular y cómo respiro. Imagina, ¿cómo voy a llorar?...¡enfadado naturalmente!...¿El color de mi piel? Y eso qué importa...¿Mi latido cardíaco?...muy rápido, estoy nerviso!...¿Mi tono muscular? En forma. Llevo meses de entrenamiento para superar esta prueba. Me han puntuado nueve, pero sé que merecía un diez...¡No me valoran! TEST DE APGAR: La Dra. Virginia Apgar (1909-1974) introdujo el test de Apgar en 1952. Esta prueba es una herramienta de análisis para que los médicos determinen qué cuidados inmediatos necesita el recién nacido para ayudarlo a estabilizarse. En la actualidad, el test de Apgar es utilizado a nivel mundial para evaluar la salud de un bebé al primer minuto y luego a los cinco minutos de su nacimiento. El test de Apgar del primer minuto mide qué tan bien toleró el recién nacido el proceso del nacimiento. El test de Apgar que se realiza a los 5 minutos evalúa qué tan bien se está adaptando el recién nacido al ambiente. ¿Qué sucederá?: Al primer y quinto minuto de su nacimiento, el médico tratante evaluará cinco áreas vitales de la salud del recién nacido. El test de Apgar utiliza las medidas de 0, 1, ó 2 para cada categoría, con 10 como el mejor puntaje total posible. Ritmo cardíaco: a. Ausencia de ritmo cardíaco = 0. b. Ritmo cardíaco lento (menos de 100 latidos por minuto) = 1. c. Ritmo cardíaco adecuado (más de 100 latidos por minuto) = 2. Respiración: a. No respira = 0. b. Llanto débil, respiración irregular = 1. c. Llanto fuerte = 2. Tono muscular: a. Flojo, flácido = 0. b. Algo de flexibilidad o doblez = 1. c. Movimiento activo = 2. Respuesta ante estímulos (también llamada irritabilidad refleja): a. Ninguna respuesta = 0. b. Mueca = 1. c. Llanto o retraimiento vigoroso = 2. Color: a. Pálido o azul = 0. b. Color del cuerpo normal, pero extremidades azules = 1. c. Color normal = 2. Resultados: Una puntuación de 7 a 10 es normal e indica que el recién nacido está en buenas condiciones. Es muy raro obtener un puntaje de 10. Casi todos los recién nacidos pierden un punto si sus pies y manos están de color azul. Cualquier puntaje menor de siete puntos indica que su bebé necesita ayuda para hacer la transición a la vida fuera del vientre materno. El personal médico debe tomar las medidas adecuadas, por ejemplo, ayudar al bebé a respirar. El test de Apgar se puede repetir a los 10 minutos y posteriormente para evaluar la efectividad de la intervención o tratamiento. Fuente:http://www.umm.edu/pregnancy_spanish/000129.htm Cita :Continúa el exámen. Ahora pretenden ver mi reflejo de Moro...¡Pero, que no soy racista! La prueba consiste en que un cristiano da un golpe a un lado de la colchoneta donde estoy tumbado, y yo tengo que alargar los brazos para abrazar al moro. Me han dado positivo, como es natural, he abrazado al moro. REFLEJO DE MORO: Es un tipo de respuesta involuntaria que está presente al nacer y normalmente desaparece después de 3 ó 4 meses. El reflejo de Moro se puede comprobar colocando al bebé boca arriba sobre una superficie suave y acolchada. Luego, se levanta la cabeza del bebé suavemente con suficiente soporte para simplemente comenzar a quitar el peso corporal del cojín (Nota: El cuerpo del niño no debe levantarse del cojín; solamente se quita el peso). Luego, se suelta la cabeza en forma súbita, se deja caer hacia atrás momentáneamente, pero se sostiene de nuevo con rapidez (no se permite que golpee en la superficie acolchada). El bebé puede presentar una mirada de "sobresalto" y echar los brazos a los lados con las palmas hacia arriba y los pulgares flexionados. A medida que el reflejo termina, vel bebé retrae los brazos hacia el cuerpo con los codos flexionados y luego se relaja (como si diera un abrazo/ además el bebé produce un llanto, no porque sienta dolor, sino por el susto o sorpresa que le produce el movimiento rápido). Este es un reflejo normal presente en bebés recién nacidos y su ausencia en un bebé es anormal. También es anormal su presencia en un bebé mayor, en un niño o en un adulto. La ausencia del reflejo de Moro en ambos lados sugiere un daño en el cerebro o en la médula espinal. La ausencia de este reflejo en un solo lado sugiere la posibilidad de una clavícula fracturada o daño del grupo de nervios que corre desde la parte inferior del cuello y el área superior del hombro. Las afecciones asociadas con dicha lesión a los nervios abarcan la parálisis de Erb y la parálisis de Erb-Duchenne. La pérdida de la función muscular en un lado del cuerpo también puede producir un reflejo de Moro asimétrico. Fuente: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/003293.htm Cita :La marcha automática: otra prueba es la de marcha automática. Me ponen de pié y esperan que salga andando como si nada! Para que me dejen en paz, he dado unos pasitos, que es lo normal. REFLEJO DE MARCHA AUTOMÁTICA: Se coloca al bebé en posición vertical sobre una mesa o sobre una superficie firme y plana, se lo sostiene por las axilas, se hace que sus pies tomen contacto con la mesa y se lo inclina ligeramente hacia adelante. El bebé levanta primero una pierna y luego la otra como si quisiera dar unos pasos. Este reflejo se observa mejor después del cuarto día de vida. La duración del reflejo es variable, generalmente desaparece entre los dos o tres meses de vida. Cita :Lo siguiente, se llama "reflejo de prensión palmar": consiste en saber si soy un chico sociable y sé dar la mano como es debido, agarrando con fuerza, colgándome de ella, y no como hacen algunos que te dan la mano blanda como para que te la quedes. Una variante de la anterior es el "reflejo de prensión plantar": consiste en hacerme una pequeña presión sobre el dedo gordo del pié y esperar a que movilice los otros dedos, cerrándolos como para sujetarme de la rama de un árbol. Esto me recuerda a alguien que, según Darwin, son mis primos. No vamos a polemizar, porque esto se me pasa a los siete meses. REFLEJO DE PRENSIÓN PALMAR: Consiste en colocar o rozar cualquier objeto con la mano del bebé, prvocando que ésta se cierre o flexione agarrando ese objeto. Con esta prensión se puede elevar al niño y la articulación del codo persiste levemente flexionada. Si este reflejo perdura durante mucho tiempo impide el apoyo sobre la mano abierta (no hay reacción de equilibrio). Por causas fisiológicas esta reacción es mayor durante la succión. Desaparece entre los dos y los cuatro meses de vida. REFLEJO DE PRENSIÓN PLANTAR: Es similar al anterior. Consiste en rozar un objeto con el pie del bebé, en la planta o la parte posterior del dedo pulgar, provocando que los dedos se flexionen, como si quisiese agarrar ese objeto. Luego al separalo los dedos se extienden y separan. Cuando este reflejo persiste es imposible el apoyo plano del pie y caminar levantando normalmente los pies. Este reflejo desaparece un poco más tardde que el anterior, aproximadamente a los nueve meses de vida. Cita :El último reflejo que quieren comprobar es el de succión, para ver si lo tengo bien o no: me rozan la mejilla o el labio superior y abro la boca, buscando el pecho de mi madre. ¡En esto soy un profesional! Llevo más de cuatro meses practicando con mi dedito. REFLEJO DE SUCCIÓN: También se llama reflejo de búsqueda. Se roza un ojbeto por la mejilla o alrededor de los labios del bebé, y éste volteará la cabeza en dirección a ese objeto, intentando buscar y succionar como si fuera el pecho materno. Si se coloca un objeto en su boca, por ejemplo el seno materno, una madera o un chupete, el bebé succionará. Este reflejo le permite al bebé alimentarse. Además la succión estimula el pezón de la mamá, lo cual participa en la producción de leche. La succión comienza dentro del útero materno y dura aproximadamente hasta el primer año de edad. Cita :Poca vitamina K: llega el momento de la primera "faenita"...¡Una inyección! Dicen que es imprescindible para prevenir hemorragias, porque tengo poca vitamina K. La segunda faenita es más llevadera. Se trata de ponerme unas gotas o pomada en los ojos para prevenir infecciones. PROFILAXIS OCULAR E INYECCIÓN DE VITAMINA K ¿Qué es la profilaxis ocular? La profilaxis ocular es la administración de gotas oftálmicas, o colirio, que contienen antibióticos y que se colocan en los ojos del recién nacido. Una disposición legal exige la realización de este procedimiento para proteger al bebé contra una posible infección de gonorrea no diagnosticada en el cuerpo de la madre. En la mayoría de los hospitales se utilizan antibióticos. En ocasiones se utiliza otra preparación, denominada nitrato de plata. El colirio, o gotas oftálmicas, puede producir visión nubosa y, en algunos casos, es posible que provoque el enrojecimiento o la hinchazón de los ojos del recién nacido. Este es un trastorno transitorio. No se deben lavar ni limpiar los ojos para eliminar el medicamento. ¿Qué son las inyecciones de vitamina K? La vitamina K es un componente esencial de la coagulación de la sangre producida por una bacteria intestinal. En general, los bebés tienen bajos niveles de esta vitamina. Para prevenir la enfermedad hemorrágica del recién nacido (su sigla en inglés es HDN), se aplica una inyección de vitamina K a la mayoría de los bebés, en la parte superior del muslo. Es posible que el bebé experimente dolor cuando se le aplique esta inyección, pero el dolor suele desaparecer luego de la aplicación. Fuente: http://www.healthsystem.virginia.edu/uvahealth/peds_newborn_sp/prodeye.cfm No voy a desarrollar aquí la Enfermedad Hemorrágica del Recién Nacido, pero les dejo un link con información bastante completa. Temas: Definición - Causas, incidencia y factores de riesgo - Síntomas - Signos y exámenes - Tratamiento - Expectativas (pronóstico) - Complicaciones - Situaciones que requieren asistencia médica - Prevención http://www.umm.edu/esp_ency/article/007320all.htm Además se verifican los siguientes reflejos: REFLEJO TÓNICO ASIMÉTRICO: Por la rotación de la cabeza hacia un lado se extiende las extremidades del “lado de la cara” y las del ”lado de la nuca” se flexionan (posición del esgrimista). Si este reflejo persiste impide la coordinación ojo-mano. Se este reflejo persiste impide la coordinación ojo-mano. Se detecta en niños con trastornos motrices cerebrales. Por su postura tónica imposibilita todo movimiento en contra de la fuerza de la gravedad. REFLEJO TÓNICO LABERÍNTICO: Boca Abajo, apoyando nariz, flexión de brazos y piernas, puños cerrados. Existe con un grado muy bajo de desarrollo en el lactante normal, mientras que en niños con trastornos motrices cerebrales es un reflejo apreciable con gran frecuencia. Su presencia impide levantarse desde la posición de cubito dorsal, ya que no permite el control de la cabeza. Dado que tampoco se puede flexionar la cadera, es imposible permanecer sentado con equilibrio. REACCIÓN DE ENDEREZAMIENTO DEL CUELLO: Se gira la cabeza del niño hacia un lado, todo el cuerpo sigue a la rotación y el niño se da vuelta en bloque. Cuando este reflejo persiste no permite la rotación entre la cabeza y el tronco y por lo tanto impide elevarse desde la posición de echado boca arriba (cubito dorsal para sentarse). REFLEJO POSTURAL LABERÍNTICO: Si el bebé se encuentra boca abajo, o en cualquier posición, la cabeza se adapta a la nueva posición y la eleva, lo mismo si está suspendido. Los niños con trastornos motrices cerebrales no logran hacerlo por causa de control insuficiente de la cabeza. REFLEJO DE PARACAÍDAS: Si suspendemos al niño del tronco y lo inclinamos hacia delante, como si se fuera a caer, éste extiende los brazos, para protegerse. Aparece entre el 6º y el 9º mes y se mantiene toda la vida. La desaparición de los reflejos comentados permite mayor libertad de movimientos al bebé: puede coger y manipular objetos situados justo enfrente de él (gracias a que ya no presenta el reflejo tónico del cuello), es capaz de sostener objetos con las manos y soltarlos a voluntad (no existe ya el reflejo de prensión palmar). Los movimientos espontáneos pasan de ser amplios y desorganizados, a ser circulares y más pequeños. Fuentes: - http://www.cosasdelainfancia.com/biblioteca-esti-t-05.htm - http://www.mapfre.com/mcsa/es/revistas/teCuidamos4/pag11.html También les dejo un link sobre La Evaluación Sensoriomotriz, es un trabajo muy completo hecho por tres profesionales de la salud. Abarca desde el desarrollo gestacional, el desarrollo psicomotriz, incluye una descripción bastante detallada de éstos y más reflejos en los recién nacidos, contiene más fotos, e incluso detalla el desarrollo psicomotor en niños hasta el primer año de vida, y el desarrollo de las manos. LINK: http://www.eccpn.aibarra.org/temario/seccion7/capitulo129/capitulo129.htm Y otro link muy bueno también sobre "La evolución del Desarrollo de la Presión Durante el Primer Año de Vida": http://www.umce.cl/~cipumce/educacion/preescolar/dad/dad_primeros12meses_11.html Cita :El remate de todo ha sido que me han tratado como un delincuente y como un jamón. Me han tomado las huellas dactilares y me han puesto un código de barras. Dicen que es para que no me cambien por otro más gordo o más flaco que yo. Pero mi madre, mi padre y la doctora me reconocerían aunque me disfrace de superman. A propósito de disfraces, me han vestido con un modelazo que debe ser del siglo pasado. Un faldón que es el mismo que le pusieron a mi padre cuando nació. ¡Al fin con papis! Por fin acabó todo y me han llevado con mi madre. Estaba deseando volver a escuchar su voz, olerla y recibir su calorcito. ¡Es que como mi madre, nada! Mi primer día. Al fin solos mis padres y yo. Estamos en la habitación del hospital y es acogedora; cuando empiecen a llegar todos mis fans, se quedará pequeña. La primera en llegar ha sido mi abuela materna. Me ha revisado de arriba a abajo tres veces por si acaso me falta algo. ¡Tengo de todo y cada cosa en su sitio! Mi abuela paterna ha sido más comedida en la revisión, ella es más fisonomista y me ha sacado muchos parecidos con parientes. Luego han llegado muchas amigas de mi madre y me han traído regalos. Ya tengo varias horas de vida y muchas experiencias, pero las que más me han impactado han sido tres: mi madre, con esa especie de derrame de amor que tiene conmigo, que se le sale por las manos, por los ojos, por la voz...Mi tío que no me pierde de vista para ver si cometo algún error y chivarse a mi padre. Pero yo quieto, callado y discreto por el momento....Y mi padre, que apenas susurra lo poquito que habla, y no deja de mirarme con esos ojos como diciendo "¿es en serio?"...Se ha quedado idotizado desde que llegué. ¿Reaccionará?

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