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diego1971

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Testimonios de Malvinas (3ª parte)
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Testimonio del entonces Teniente Coronel D Carlos Alberto Quevedo Ex - Jefe del Grupo de Artillería Aerotransportado 4 El 2 de abril me enteré de la recuperación de las Islas Malvinas; sentí una gran alegría porque el acontecimiento era la materialización de algo con lo que siempre habíamos aspirado todos los argentinos. Iniciado el conflicto, recibí la orden de alistar una batería. Resolví que fuera la Batería A al mando del Teniente 1ro Chanampa. Experimenté una lógica satisfacción porque una parte de mi Unidad concurriría a la lucha, pero al mismo tiempo me causó mucha tribulación la realidad de que el destino me negaba la posibilidad de ser actor directo y de tener la satisfacción de poder conducir mi Unidad en el combate. El 22 de abril se hizo realidad mi soñada esperanza: el Grupo de Artillería Aerotransportado 4 (GA Aerot 4), mi Unidad, recibió la orden de marchar completo a Malvinas. ¡Satisfacción por doquier! No podía ser de otra manera: el soldado profesional aspira siempre a probarse en el combate y arriesgar su vida por la Patria en sostén de una causa justa. No pude hacer menos que reunir a mis subordinados y emocionado hacerles notar el privilegio y la responsabilidad que nos asistía. Recibí la presentación de oficiales, suboficiales y soldados que por razones de servicio debían quedar en el cuartel, solicitándome se los incluyera en el rol de combate de la Unidad. Pude comprobar entonces, que no existe mayor satisfacción y estabilidad emocional, que tener, a través de las transparentes paredes de la subordinación, la visión de que lo que se comanda es un cuerpo espiritual armónico y con una firme decisión de lucha. El 23 de abril partió del aeródromo de Pajas Blancas el primero y el segundo escalón. El Capitán D Miguel Perandones, que marchó al mando del primer escalón, había sido destinado a mi Unidad unos días antes y en lo sucesivo fue mi Oficial de Operaciones. El 25 de abril arribó a Comodoro Rivadavia el tercer escalón a ordenes del 2do Jefe Mayor Aguilar Zapata. En Comodoro Rivadavia se recibió la orden de que el GA Aerot 4 ocuparía posiciones en la isla Gran Malvina. El transporte se efectuó por medio aéreo y el 28 de abril se reunió la totalidad de la Unidad en Puerto Argentino, aguardando nuestro traslado. El intenso tráfico y la congestión de elementos que sucesivamente iban arribando al aeropuerto, nos transformó en un blanco apetecible para el enemigo por lo que resolví ocupar una posición transitoria a 1,5 Km. al Oeste del aeropuerto y al Norte de la ruta hacia Puerto Argentino. Mi decisión fue acertada pues a poco recibí la orden de ocupar una posición muy próxima a la ya elegida; desde la cual estaba en condiciones de batir con fuegos los 360 grados, excepto una parte de la zona ocupada por el Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM5). El 1ro de mayo se inició el primer bombardeo a Puerto Argentino distante unos 1.000 mts. de nuestro emplazamiento. Se procuró rescatar el personal y material que allí se encontraba a la espera de ser embarcado hacia el Puerto Howard. El personal a ordenes del Subteniente Tonidandel resultó ileso y un jeep quedó totalmente inutilizado. Fue grande el impacto emocional que recibió el personal que concurrió al aeropuerto; los grandes cráteres de las bombas y los destrozos producidos. En plena tarea, enganchando una pieza, hizo explosión una bomba con retardo que afortunadamente no tuvo consecuencias graves; sí un gran efecto psicológico y "shock" emocional: era la guerra. A las 1100 horas se ordenó un cambio fundamental en la misión del GA Aerot. 4: permanecer en Puerto Argentino y reforzar con sus fuegos el Grupo de Artillería 3 (GA 3),para cuya ejecución dependería del Jefe de esa Unidad, el Teniente Coronel Balza. El 5 de mayo conjuntamente con éste ultimo, reconocimos una nueva posición de fuego hacia el Oeste para contar con mayor alcance, en razón que una de las capacidades que se le asignaba al enemigo era desembarcar por el Norte con efectivos aproximados a una Brigada de Infantería Reforzada. La nueva posición se situó a 2 Km al Este de Moody Brook, al sur de la ruta que une el punto citado con Puerto Argentino. Del 6 al 8 de mayo se preparó y completó la nueva posición, la cual fue ocupada a partir de la primera hora del día 9 de mayo. Al terminar el primer día de ocupación de esta posición de fuego, que fue la definitiva, recibimos el primer cañoneo naval. Se inició alrededor de las 2300 horas. El personal en su totalidad estaba vivaqueando en carpas, porque los refugios para personal aún no se habían terminado. Esto significaba que la protección prácticamente se redujo al refugio entre las piedras de las alturas que bordeaban la posición de fuego por el Sur. La realidad demostró que esas piedras fueron adecuados refugios porque al día siguiente pudimos comprobar que muchas carpas (en vivac de combate), habían sido perforadas por las esquirlas de los proyectiles enemigos. Al Jefe de la Batería C, Teniente 1ro Cerezo, le perforaron la bolsa cama que había quedado en su carpa. Como Jefe de Unidad, recuerdo aquella noche como uno de los momentos críticos vividos. Mis ruegos eran que el enemigo no tirara con espoletas a tiempo, si así hubiera hecho los resultados habrían sido otros. La calma llegó a las 0400 horas del día siguiente. Lo vivido hizo que redobláramos esfuerzos para acelerar la construcción de los refugios para personal y material. Para ello, ese día contamos con el apoyo de una máquina excavadora que simplificó todo. Faltando algunos minutos para que termine el día 10, se inició otro bombardeo naval sobre la posición, esa noche ya fogueados por la anterior, hasta contábamos la cantidad de proyectiles que caían sobre la posición por ráfagas: 10-11-13-17-19, fueron más ráfagas, pero esto sólo para dar una idea, afortunadamente todo sin novedad. El 11 de mayo amaneció lloviendo al estilo Malvinas: muy finito, con viento y penetrante. Se trabajó intensamente para techar y terminar los refugios. A las 2100 horas, se inició el bombardeo naval correspondiente a ese día, pero no nos tocó en suerte sobre nuestra posición, lo cual no significó que durante el desarrollo del mismo, no esperásemos que el próximo caiga sobre nuestras cabezas. Llovió toda la noche, y amaneció bajo una situación caótica. Todos los pozos de refugios de personal y municiones estaban inundados. El agua brotaba de las paredes e inutilizó todo el trabajo. Aquella mañana fue realmente triste. Lluvia, equipos individuales y de dormir mojados, refugios irrecuperables, sólo quedaba hacer fuego para secarse, pero sin un lugar para protegerse de los bombardeos. La gente un poco entregada a la fatalidad. A primera hora ordené iniciar la construcción de refugios con paredes de tepes (turba en trozos de 50x60x0,20 cm) sobre el nivel del terreno. Así aparecieron tambores de 200 litros que rellenos de tepes o tierra empezaron a formar las paredes de los refugios que fueron nuestros verdaderos resguardos. Pero Dios no nos abandonó, tuvimos la suerte que la Agrupación Ingenieros, ante la crítica situación que la lluvia seguía afectando a todos, instaló a sólo 200 metros de nuestra posición, en un galpón de lata, un secadero con tres estufas a gasoil; por la proximidad fuimos los primeros en beneficiarnos. El 12 de mayo amaneció sin lluvias, pero con un gran viento que permitió recuperar el 90% del equipo mojado. Pienso que a esta altura, cabe hacer una reflexión al equipo provisto y al racionamiento. Con respecto al equipo debo reconocer, sin ningún temor a equivocarme, que fue adecuado; en cuanto a su calidad excelente. Durante el día, con la actividad, permitía superar perfectamente el rigor del clima y durante la noche se podía dormir sin el más mínimo frío, aún haciéndolo en pozos donde la humedad predominaba, con la única previsión de cambiarse las medias al acostarse. El racionamiento en ningún momento significó para los integrantes de la Unidad un problema. Siempre se dispuso de medios para racionar en caliente, aún en los momentos más críticos. Sólo se introdujo una variante que fue dar la ración correspondiente al mediodía y la noche en una sola oportunidad juntando ambas raciones a las 1500 horas., con lo cual todos quedaban realmente satisfechos. Esto se complementaba con el desayuno y un mate caliente o una sopa a las 1900 horas. Esta medida se adoptó por las siguientes razones: El escaso lapso que se disponía de la luz solar (amanecía 0800 hs. y oscurecía 1730 hs), lo cual imponía dar de cenar a las 1700 hs. Permitía que el personal quedara realmente satisfecho. Fueron consultados personalmente todos los soldados, siendo total la preferencia por el que se adoptó. Desde el primer día que se ocupó esta posición, la Unidad estuvo en condiciones de apoyar con sus fuegos la posición de defensa de Puerto Argentino en los 360 grados. Sólo faltó completar su perfeccionamiento, que se iba logrando día tras día. Pero podemos decir que a partir del 15 de mayo la posición estuvo totalmente lista con refugios, comunicaciones, defensa, etc., lista para iniciar el combate en las mejores condiciones. Pero siempre quedaba la preocupación de darle mayor protección al personal del servicio de pieza, para cuando llegara la oportunidad de tener que cumplir misiones de fuego simultáneamente con los fuegos de contrabatería enemigos. Esta preocupación quedó de lado cuando alguien tuvo una buena idea. Abriendo tambores de 200 litros por ambos extremos y colocándolos debajo de los parapetos que rodeaban las piezas, le permitiría al personal del servicio de pieza introducirse en los mismos quedando con una gran protección contra el fuego enemigo. A partir del 18 de mayo el Puesto Comando (PC) se instaló en una casilla de madera que estaba ubicada en el extremo Norte. de la Batería C, que la protegimos con tepes en sus 360 grados. Esta permitió mayor comodidad, pero no era un lugar del todo seguro. El espíritu que reinaba en toda la Unidad a esta altura era altamente satisfactorio; ya que si bien el pasar de los días dejaba sus huellas, todos esperábamos con ansias el enfrentamiento que sabíamos que era irremediable. Pienso que algo que contribuyó a mantener un alto espíritu, fue la posibilidad que tuve, por las características de nuestra arma, de estar emplazados en una zona de 300m x 300m, lo cual posibilitó recorrer permanentemente la posición y realizar todas las tardes (que no llovía), la formación de la tarde, donde comentaba los hechos y noticias más importantes manteniendo de esta forma, el estado espiritual de todos. El 21 de mayo, día del desembarco inglés en San Carlos, después del bombardeo durante las primeras horas de la mañana sobre el emplazamiento de los helicópteros de Puerto Argentino, fue calma total. Este mismo día dispusimos de la grúa que nos permitió emplazar un contenedor, el cual, una vez cubierto con tambores de 200 litros. rellenos con tepes, fue nuestro PC hasta el último día de combate. El 22 de mayo el 2do Comandante de la Brigada de Infantería X me impartió la orden que disponía de dos horas. para tener en el Puesto. del Gobernador dos cañones junto a sus respectivos servicios de pieza que serían embarcados en la lancha Río Iguazú de la Prefectura Naval Argentina, con destino a Darwin. A las 0430 horas partió la lancha. La demora se produjo porque hubo que desarmar las piezas para poder ponerlas en la bodega, ya que era la única forma que podían entrar. Los efectivos del GA Aerot 4 iban a las ordenes del Subteniente Navarro. Otra vez se me separaba gente de mi Unidad, cosa que me agradaba muy poco. Cuando los despedí en el muelle del puerto, era una noche muy oscura y fría. Sentí la sensación parecida a cuando un hijo se va un lugar donde hay un grave riesgo. Pero otra vez Dios nos acompaño. Esta gente combatiría en Goose Green con sobresaliente desempeño y sin tener que lamentar pérdidas de hombres. Estos efectivos fueron reforzados el día 26 por dos piezas de la Batería A, quedando todos los efectivos a ordenes de su jefe, el Teniente 1ro Chanampa. El 24 de mayo nos dispusimos para celebrar el 25 con todo lo que es norma en la vida de Guarnición. Pusimos un mástil, izamos la bandera, hubieron palabras recordando la fecha, saludos y una misa de campaña, la cual fue interrumpida por el pasaje rasante de dos aviones Harrier enemigos, que nos obligaron a refugiarnos. Faltó el chocolate, pero se realizó un concurso de la mejor pieza entre las Baterías B y C. Esto tenía una doble finalidad, la primera y fundamental perfeccionar aún más cada posición y la segunda, hacer algo diferente y entregar un premio que consistió en un paquete de caramelos (bañados en chocolate y comprados en el supermercado de la Isla), a cada integrante de la pieza ganadora. La mejor Batería: Batería C La mejor pieza: la del Sargento Mendoza El 28 de mayo, día del ataque a Darwin, nosotros ocupamos en forma definitiva el contenedor. Como PC ofrecía más seguridad pero era sumamente frío. El cañoneo naval nos acompaño siempre, todas las noches, variando siempre la hora de iniciación. El 29 de mayo celebramos el Día del Ejército con una formación. A las 1600 horas nos informaron oficialmente, durante una reunión en Puerto Argentino, de la caída de Darwin. Fue una gran tristeza para todos; pero fue el primer reconocimiento para nuestra Artillería. Nuestros hombres habían combatido con todo valor y tenido el reconocimiento de propia tropa así como también del enemigo. Posteriormente se nos advierte que se espera el ataque sobre Puerto Argentino en el lapso de 48 a 72 horas. Empezó así la vigilia final. El domingo 30 destaqué un Observador Adelantado (OA), con el Regimiento de Infantería 4 (RI 4) en Monte Dos Hermanas. Este sector se transformó en algo difícil de sobrellevar por el continuo cañoneo y bombardeo enemigo, situación que me llevó a establecer relevos cada 48 horas. Esta medida dió muy buen resultado . El 01 de junio estábamos super listos para iniciar el combate, pero los ingleses se hicieron esperar. Esa noche, a las 2200horas., me avisa la Batería que estaba emplazada en Moody Valley, que un pelotón de comunicaciones que había estado reparando la línea con Monte Dos Hermanas, salía para la posición caminando. Ordené que salga un jeep para acercarlo. Fue el Capitán Perandones para poder aprovechar la mayor capacidad del vehículo. Cuando venían de regreso, los sorprendió el cañoneo naval con 4 o 5 proyectiles delante y detrás del vehículo. La manera de evacuar el mismo fue muy violenta, pero sirvió para comentarios jocosos, ya que no hubo que lamentar víctimas. El 04 de junio se inició con el cañoneo naval en todo Puerto Argentino alrededor de las 0200 horas. Estuvieron durante cuarenta minutos sobre nuestra posición; pero sin novedad. A las 0400 horas terminó el ruido y pudimos dormir. A partir del 05 de junio, el cañoneo naval y de la Artillería de Campaña cada día se hizo más intenso pero todo el personal, cuadros y tropa, estaban preparados espiritualmente para sobrellevarlo y con la entereza necesaria para afrontar el combate. La noche del 10 al 11 de junio el cañoneo nocturno se inició sobre la posición del GA Aerot 4, sorprendiendo a dos soldados que se encontraban apostados fuera de sus respectivos refugios ocasionándoles la muerte. Se trataba de los soldados Eduardo Romero y Jorge Eduardo Vallejos. El tercero y último hombre de la Unidad que perdió la vida fue el soldado Pizarro que fuera alcanzado por un proyectil de artillería el 14 de Junio. El 11 de junio a las 0300 horas, el enemigo inició el ataque. Esta fue la noche de mayor fragor de combate de esta Unidad que cumplió misiones de fuego durante diez horas en forma ininterrumpida. Inicialmente se apoyó al RI 4 en el Monte Dos Hermanas. El fuego fue dirigido, hasta el momento del repliegue, por el Subteniente Gavier Tagle. Alrededor de las 0800 horas. del 12 de junio se recibió la misión de apoyar con los fuegos al BIM 5 que estaba siendo atacado por el Batallón de Guardias Galeses. El apoyo de fuego, tanto del GA Aerot 4 como de la Batería Orgánica del BIM 5 fue tan eficaz, que permitió que los infantes de marina rechazaran el ataque inglés, ocasionándoles importantes bajas. Esa misma noche se completaron las acciones con el apoyo de fuego brindado al RI 7, especialmente en la zona de Monte Longdon, donde a media mañana se lo batió en una oportunidad con 15 ráfagas en eficacia. En esta última oportunidad volvió a dirigir el fuego el Subteniente Gavier Tagle con gran eficacia. A partir del mediodía disminuyó sensiblemente el apoyo de fuego, limitándose a fuegos de perturbación que se extendieron hasta el 13 de junio a las 0130 horas. El 13 a las 2145 horas, el enemigo reinició el ataque y con ello nuestro apoyo de fuego en el sector del RI 7. Esa noche se inició el tiro con tres piezas fuera de servicio. El apoyo de fuego ser realizó en forma permanente al RI 7 donde la situación era sumamente crítica, pero esporádicamente también se apoyó al BIM 5. A partir de la medianoche y hasta aproximadamente las 0430 horas, exclusivamente en dirección Norte, en apoyo del RI 7. Aquí merece un párrafo el terreno de la posición de fuego, por cuanto permitió que las piezas de artillería se enterraran de tal forma, que al amanecer, aquellas que aún estaban en servicio, no se las pudiera apuntar haca el Oeste. A partir de las 0500 horas. ya se efectuaba tiro con puntería directa en dirección a Moody Brook, lugar en que el cual se produjo una brecha por donde penetrara el enemigo en dirección a Puerto Argentino. A las 0600 horas, el Comandante. de la Agrupación Ejército de Puerto Argentino puso a disposición de la Unidad los vehículos necesarios para hacer un cambio de posición a retaguardia, pero el cañoneo de la artillería enemiga era tan intenso que llevó al Jefe de Unidad a proponer no ejecutarlo por cuanto en esa situación hubiera ocasionando gran cantidad de bajas. A las 0800 horas, el enemigo estaba a 700 metros de la posición y sólo quedaba una pieza en servicio . En esta oportunidad el Comandante ordenó que se replegara el personal de la Unidad. La pieza que estaba en servicio continuó disparando con puntería directa hasta quedar inutilizada, cuando la infantería enemiga estaba a sólo 400 mts. Concentrado el repliegue sobre el punto de reunión (Cementerio de Puerto Argentino) me presentaron la Unidad. Momentos antes viví el momento de mayor emoción en toda la guerra. Prácticamente para nosotros había terminado todo, ya se escuchaba el "silencio en el campo de combate" y me reuní con el 2do Jefe, el Oficial de Operaciones y los tres Jefes de Batería. Les quise decir todo lo que sentía en ese momento, no se si lo logré. Mi intención era decirles toda la tristeza que sentía por la derrota, pero sí también que sentía, sin lugar a dudas, que como Artilleros habíamos cumplido. Pienso que esas caras, esos ojos de mis hombres, no se borrarán jamas de mi mente. Dios quiera que así sea, porque creo que jamás vi rostros que dijeran tanto, tanto dolor y tanta alegría, había lágrimas en la mayoría. Y si este momento fue el más emocionante, no menos fue cuando hablé a toda la Unidad, cuando en mi afán por hacerles ver todo lo que habían dado, los hacía reflexionar sobre todo lo vivido. El gesto que más recuerdo de esta formación, es que cuando empecé a hablar, todos estaban con los hombros caídos y la espalda encorvada. Cuando concluí era una Unidad de hombres erguidos, con la frente alta. ¡Comprendieron que habíamos luchado por nuestra Patria con todas nuestras fuerzas y con la integridad que adorna a un verdadero Soldado! Al mediodía del 14 de junio, luego de haber sido comunicados oficialmente que habíamos capitulado, obtuve autorización para entrar en la zona que estaba bajo dominio inglés y llegar hasta lo que había sido nuestra última posición de fuego. La finalidad era recuperar equipos, fundamentalmente abrigo para mis hombres. En esta actividad me acompañaron un Oficial y seis Suboficiales por cada Batería. Un Oficial inglés nos hizo de salvoconducto. De esta experiencia vivida quisiera puntualizar tres aspectos: Con gran sorpresa pude comprobar al entrar a un hangar donde se cobijaba gran número de soldados ingleses, que estos lo hacían utilizando equipos nuestros (bolsas camas, colchones de campaña, mantas, etc.) que habían obtenido de nuestra posición. Esto pone en evidencia que no eran tan malos como alguien se atrevió a vociferar por allí. Se cumplió la finalidad de nuestra incursión, cual era la de obtener equipos para nuestra gente. Tuve la posibilidad de recuperar, de lo que había sido nuestro Puesto de Comando, la carta de situación, en la cual me apoyé para conducir todos los fuegos de artillería. Esta carta, con el tiempo, pasó a ser el único trofeo de guerra que pudimos traer y hoy forma parte de los elementos que adornan el Aula Histórica del GA Aerot 4. Su fotografía se ha transformado en algo así como un símbolo para los artilleros. "La Artillería Argentina en Malvinas", Horacio Rodríguez Mottino, Editorial Clío, Buenos Aires, 1984 http://www.alfinal.com/Temas/quevedo.shtml http://es.msnusers.com/MALVINASGUERRAYVALOR

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Testimonios de Malvinas (1ª parte)
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Los cañones de Malvinas Por Alejandro J. Amendolara Las piezas de artillería cordobesas que fueron trasladadas a las islas se convirtieron en un arma clave para las tropas argentinas y se ganaron el respeto de los ingleses; hoy una de ellas ocupa un lugar en el Museo de los Paracaidistas de Aldershot, cerca de Londres. Es la mañana del 1º de mayo de 1982 en Puerto Argentino. Pocas horas atrás habían terminado los ataques aéreos de los Vulcan y Sea Harrier sobre el aeropuerto y otros objetivos estratégicos en las islas. Ahora sería el turno de los buques británicos de acercarse a las costas para continuar el castigo sobre las posiciones argentinas con su artillería naval. La reacción argentina no tardaría en llegar. Varias oleadas de aviones Dagger arrojaron sus bombas sobre las embarcaciones enemigas, las que, tras evaluar los daños recibidos, debieron repensar seriamente sobre la táctica utilizada. A partir de entonces, las incursiones de bombardeo naval se realizarían sólo por la noche, lejos del alcance de la artillería terrestre y sin la molestia de las aeronaves argentinas, imposibilitadas de operar en misiones de ataque naval nocturno. Transcurrían las noches, y la guarnición argentina sufría el constante martilleo de los proyectiles británicos. Cada buque tenía un cañón automático de 115 milímetros, con capacidad para efectuar 80 disparos por minuto. Resultaba indispensable dar una respuesta. Y rápido. Restos de un avión argentino derribado En la tarde del 13 de mayo, aterrizaba en Puerto Argentino un C-130 Hercules de la Fuerza Aérea Argentina, luego de un prolongado vuelo rasante sobre las olas del mar burlando el bloqueo. Al abrirse la compuerta de la bodega de la aeronave, no fue poca la sorpresa. Se asomaba la boca de una mole impresionante: era un cañón remolcado Sofma, calibre 155mm L33 Modelo 1977, del Ejército Argentino. La pieza había sido concebida y desarrollada en Argentina por Citefa durante la década del setenta, y producida en la Fábrica Militar de Río Tercero, en la provincia de Córdoba. Tenía un alcance máximo de 20 kilómetros, con munición convencional de 43 kilos. Suficiente para que los incursores perdieran también su impunidad nocturna. La pieza era considerada de gran avanzada y con características similares a las mejores del mundo. Ahora sería su turno para demostrarlo. Tres días después, y con la pista de aterrizaje totalmente a oscuras, llegó otro Hercules con una segunda pieza. Por su gran tamaño (más de 10 m de largo), estos cañones recibieron en Malvinas apodos afectuosos, tales como "Gran Berta", "Gran Chaparral", "Gran Leopoldo", luciendo inscripciones jocosas alusivas a algún miembro de la corona sobre sus tubos. Se decidió su emplazamiento en los alrededores de Puerto Argentino, sobre el camino que pasaba por Sapper Hill, al abrigo de su ladera nordeste. El peso del cañón (8500 kilos) y la ausencia de caminos adecuados provocaban su hundimiento en la esponjosa turba malvinense. Ello causaba grandes limitaciones en su movilidad, requiriendo un mayor trabajo y la utilización de una retroexcavadora para lograr el emplazamiento de las piezas en su posición, a unos 150 metros una de otra. Estas tareas y el traslado de la pesada y escasa munición culminaron al día siguiente. Como jefe de la Batería "D" del Grupo de Artillería 3 fue designado el teniente primero Luis A. Daffunchio, de quien se decía que a los Sofma "los tiraba al aire y caían parados". Los soldados argentinos, refregándose las manos, comenzaban a sentir que vengarían las molestias nocturnas de las últimas dos semanas. Ahora había que esperar. Pero no por mucho tiempo. Bautismo de fuego Esa misma noche, pasadas las 23:00 hs, el jefe de la pieza recibió la información sobre la aparición en el radar de un eco sobre el mar. Era un buque que navegaba hacia el circuito de tiro cerca de la costa para cumplir con su rutinaria tarea de bombardeo naval contra las posiciones argentinas, confiado en la ausencia de respuesta. Esa noche se equivocaría. Con los datos suministrados por el radar se establecieron la distancia y el ángulo de dirección para el disparo que, sumado a la velocidad del buque y el tiempo estimado en que el proyectil llegaría al blanco, permitiría preparar la pieza para abrir fuego. La munición era escasa, por lo que los artilleros argentinos no podían permitirse fallar. Cuando el incursor se encontraba a unos 18 km de distancia, el silencio de la noche se quebró con el hasta entonces desconocido estampido del disparo del Sofma. Para sorpresa de la desprevenida tripulación, los impactos cayeron cerca del buque. Si bien no causaron daño, lograron el efecto esperado. Abruptamente la nave viró con rumbo opuesto, alejándose a toda velocidad. La guarnición argentina estalló en júbilo. El efecto sobre su moral resultó asombroso. Habían culminado las infernales noches de impotencia contra los buques agresores. En la noche del 17 de mayo se repetiría la acción. A las 22:50 hs, el radar recibió un eco ubicado a unos 30 km de la costa. Pocos minutos después aparecieron en la pantalla dos ecos más, que se aproximaban a gran velocidad en dirección a la costa. Ahora se contaba con un segundo cañón. Los buques comenzaban a realizar el habitual circuito de carrusel para el bombardeo naval. Los artilleros argentinos concentraron el fuego sobre uno de los blancos. Con los primeros impactos sobre el agua, los tres buques repitieron la desesperada maniobra, alejándose velozmente del lugar. Ya no se acercarían más impunemente. Había comenzado un duelo personal entre los buques ingleses y la artillería argentina. Mirando al poniente A principios de junio, con la infantería y artillería británicas aproximándose desde el oeste sobre el perímetro defensivo de Puerto Argentino, los Sofma recibieron una nueva tarea. Durante el día debían apuntar sus bocas de fuego en dirección a los cerros que comenzaban a ser ocupados para el avance final sobre la capital isleña. Así, en varias oportunidades efectuaron disparos sobre los montes Kent y Wall, atacando posiciones de artillería, infantería y puestos de observación enemigos. Los efectivos británicos rápidamente aprendieron a distinguir el zumbido de la munición de 155 mm aproximándose, y a hundir sus cabezas en la turba apenas lo escuchaban. Los intentos para silenciar la molesta artillería argentina fracasaban uno tras otro. Las tropas enemigas recibían su castigo mientras intentaban avanzar sobre Monte Longdon, Dos Hermanas y Monte Harriet. Ahora eran los ingleses los que sentían la impotencia. Y su paciencia estaba llegando al límite. En la mañana del 12 de junio, mientras los cañones eran aprestados para realizar una salva de disparos sobre blancos terrestres, dos aviones Harrier GR3 se lanzaron temerariamente en vuelo rasante hacia las posiciones argentinas ubicadas en las cercanías de Sapper Hill. Buscaban los cañones de 155 mm. Lanzaron sus bombas racimo alcanzando una de las piezas, hiriendo además a varios de sus sirvientes, incluyendo a "Tom", el perro mascota que los soldados habían traído del continente. Uno de los aviones fue alcanzado por el fuego de armas livianas, y dificultosamente aterrizó en el portaaviones HMS Hermes, con un incendio en la zona posterior de su fuselaje. Si bien fue reparado, no volvería a participar en la guerra. El incursor pagó cara su osadía. La localización y ataque a las posiciones de estos cañones serían una de las máximas prioridades para la Royal Artillery y la Royal Air Force durante la campaña. En la costa, disipados el humo y la confusión, las ruedas de una de las piezas quedaron hechas jirones, inmovilizando el cañón. Con la posición convertida en terreno arrasado por las bombas e innumerables proyectiles navales, se decidió su traslado al día siguiente a una nueva. Los ingleses tendrían un respiro, pero breve. Pasarían menos de 24 horas para que otro cañón, junto con más munición, llegara a las islas en la bodega de un avión Hercules. En prevención de otros ataques, la pieza recién llegada fue transportada a una nueva posición más hacia el este de la anterior, adonde llegó luego el cañón sobreviviente del ataque aéreo. El asalto final sobre Puerto Argentino se aproximaba. Los duelos de artillería eran incesantes. A los Sofma se les sumaban los obuses Otto Melara de 105 mm, pero las piezas inglesas quedaban fuera del alcance de los proyectiles argentinos. Ello hacía muy arriesgada la situación de nuestros artilleros, obligándolos a cambiar su posición permanentemente para evitar ser alcanzados. Pero la munición les estaba escaseando. El último vuelo en entrar a Puerto Argentino en la noche del 13 de junio llevaba en su vientre una última pieza de 155 mm. Tal vez, un intento desesperado para prolongar el desenlace final. Sería muy tarde. Las tropas inglesas ya estaban en las afueras de la capital y esa última noche los artilleros argentinos callarían finalmente sus cañones. Dispararon hasta agotar su munición. En la mañana siguiente se produjo el cese del fuego. El último cañón no alcanzó a ser emplazado y quedó estacionado en una de las calles de la ciudad. Los artilleros sacaron de sus piezas los blocks de cierre, enterrándolos en la turba, en un intento para inutilizarlas. No fue poca la sorpresa de los ingleses al constatar la escasa cantidad de cañones Sofma que tantos dolores de cabeza les habían ocasionado. Cualquier inglés que hubiera experimentado la sensación de quedar bajo el fuego de los 155 mm, con sus esquirlas y explosiones, aún los recuerda con respeto. La reputación que por estos cañones nació entre las tropas de elite inglesas los llevó a conservarlos como trofeos. Una de las piezas fue colocada en un lugar de honor en el Museo de los Paracaidistas en Aldershot, a pocos kilómetros de Londres. Con inmensa fortaleza y coraje, contando con cañones fabricados en el país, al igual que los forjados por fray Luis Beltrán más de un siglo y medio antes para el Ejército de los Andes, los artilleros argentinos habían cumplido su misión. Fuente: http://members.fortunecity.com/aokaze/html/notas/nota5.htm

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Megapost - Edad Media 2ª parte
Megapost - Edad Media 2ª parte
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RELIGION El Cristianismo se había convertido en la religión oficial del Imperio Romano en el siglo IV y había empezado a extenderse entre las tribus germánicas antes de la caída de Roma. La división del Imperio Romano en dos, el de Oriente y el de Occidente, resultó también en una partición en el seno de la Iglesia Cristiana. La parte occidental, centrada en Roma, se convirtió en católica; la parte oriental, centrada en Constantinopla, se convirtió en ortodoxa. En el siglo VII surgió en Arabia el Islam, una de las grandes religiones del mundo. El cristianismo La expansión del cristianismo entre los bárbaros constituyó una poderosa fuerza civilizadora y ayudó a asegurar que algunos vestigios de la ley romana y del latín continuaran en Francia, Italia, España y Portugal. Sólo en Inglaterra el cristianismo romano sucumbió ante las creencias paganas. Los francos se convirtieron al catolicismo durante el reinado de Clovis y, a partir de entonces, expandieron el cristianismo entre los germanos del otro lado del Rin. Por su parte, los bizantinos extendieron el cristianismo ortodoxo entre los búlgaros y los eslavos. El cristianismo fue llevado a Irlanda por San Patricio a principios del siglo V, y desde allí se extendió a Escocia, desde donde regresó a Inglaterra por la zona norte. A finales del siglo VI, el Papa Gregorio el Grande envió misioneros a Inglaterra desde el sur. En el transcurso de un siglo, Inglaterra volvió a ser cristiana. [i]Los monasterios Durante los disturbios de la Edad Oscura, unos cuantos cristianos fuertemente comprometidos se retiraron de la sociedad para vivir como ermitaños, normalmente en el salvaje e inhóspito límite de la civilización. Los ermitaños, a su vez, inspiraron a los clérigos más convencionales a realizar votos de pobreza y de servicio como respuesta a las enseñanzas de Jesucristo. Muchos de estos clérigos formaron nuevas comunidades de religiosos afines que recibieron el nombre de monasterios. El Papa Gregorio alentó la construcción de monasterios por toda la Europa cristiana. En algunas zonas de Europa, pronto se convirtieron en los únicos reductos del saber. Hay quien opina, por ejemplo, que los monjes irlandeses preservaron la civilización en sus monasterios. Los monjes irlandeses se desplazaron a otras zonas europeas para enseñar y revivir el interés por el saber. Los monasterios eran la principal fuente de hombres instruidos capaces de ayudar en la administración del gobierno, por lo que muchos adquirieron importancia como asistentes y consejeros reales. Con el tiempo, los monasterios se enriquecieron por las donaciones de tierras, como le había pasado a la iglesia romana. Se fundaron distintas órdenes religiosas con diferentes objetivos. Algunas vivían replegadas en sus propios intereses; otras formaban a misioneros para enviarlos a tierras salvajes; otras aconsejaban a los papas en materia doctrinal; y otras proporcionaban importantes servicios comunitarios como el cuidado de ancianos y enfermos o el socorro a los necesitados. El Islam El Islam fue fundado en Arabia en el siglo VII por el profeta Mahoma. Se propagó rápidamente e inspiró un gran movimiento de conquista. El mapa político de África del Norte, del Medio Oriente y de Asia central cambió casi de la noche a la mañana. La Península Ibérica, el Medio Oriente, Asia Menor, Iraq, Irán, Afganistán, parte de la India, Paquistán y parte de Rusia se convirtieron al islamismo. Durante el breve periodo en que el Imperio Islámico permaneció unido, amenazó con cumplir su objetivo de convertir al mundo entero a sus creencias. La estabilidad y el crecimiento económico del nuevo mundo islámico trajeron una paz y prosperidad a sus territorios que eran desconocidas en la Europa occidental del momento. La cultura musulmana sobrepasó a la bizantina en las artes, las ciencias, la medicina, la geografía, el comercio y la filosofía. Los conflictos entre los musulmanes y los cristianos dieron como resultado las Cruzadas, una serie de intentos por parte de la Cristiandad Occidental para reconquistar Tierra Santa en Palestina. Los peregrinos Los cristianos daban muestras de fe peregrinando a Roma, Santiago de Compostela e incluso Jerusalén. Los que habían visitado Santiago de Compostela, prendían conchas de vieira a sus sayales como símbolo de distinción. Las Catedrales A partir del siglo XII, y debido a la prosperidad de la época, se desarrollaron las artes, especialmente la arquitectura. La catedral se convirtió en el símbolo permanente de la arquitectura de la Edad Media. Se erigieron magníficos templos en agradecimiento a Dios por las bendiciones otorgadas a su pueblo. Las ciudades competían por tener la más bella catedral con las agujas más altas apuntando al cielo. La mayor inversión de capital durante el periodo, toda una fortuna, se destinó a la construcción de catedrales, cuyas obras tardaban más de un siglo en concluir. El material predominante en la construcción de las catedrales era la piedra, que minimizaba el peligro de incendios. Por otra parte, el acero escaseaba y el hierro era demasiado endeble para sujetar los inmensos edificios de altura sin precedentes. Los arquitectos desarrollaron nuevas soluciones a viejos problemas, ideando el arco apuntado y los arbotantes para desplazar el peso de la carga de los techos abovedados hacia los macizos soportes de piedra. Las nuevas tecnologías hicieron posible la construcción de grandes catedrales, grandes vidrieras (con frecuencia bellamente adornadas con vidrios de colores) y altas agujas. Los franceses fueron los pioneros en la construcción de las nuevas catedrales. En el 1163, se inició la construcción de Notre Dame en París, que acabó 72 años más tarde. Las obras de la catedral de Chartres comenzaron en 1120, concluyendo en 1224 tras haberse incendiado dos veces durante su construcción. Las catedrales constituían una gran fuente de prestigio y de orgullo cívico. Por su parte, los devotos y los peregrinos eran un creciente manantial de ingresos para las ciudades con catedral. Entre los años 711 y 725, los musulmanes ocuparon casi toda la Península Ibérica, desapareciendo, de este modo, el reino visigodo como tal. No obstante, en Asturias y en los Pirineos resistieron pequeños núcleos cristianos, con los que no existirá frontera hasta mediados de siglo. Tras unos años de sequías y malas cosechas (751-756), los musulmanes se retiraron al Sur de la zona desértica situada a lo largo de los ríos Duero y Ebro, aunque teniendo avanzadillas en la cuenca media de éste último. Ello favoreció la expansión de los núcleos cristianos que habían sobrevivido al Norte de la citada franja desértica. Asturias se transformó en reino tras la batalla de Covadonga, probablemente en el año 720, cuando Pelayo se erigió rey de su pueblo. Con Alfonso I (739-757) se repobló Asturias y se fortificaron los puntos de contacto con las avanzadas musulmanas (las cuales, no obstante, saquearon Asturias entre los años 794 y 795). En cuanto a Navarra, este territorio se mantuvo independiente de musulmanes, asturianos y francos, apoyándose alternativamente en unos y otros. Por otro lado, los musulmanes fueron expulsados de la Septimania tras la batalla de Poiters (año 732), integrándose este territorio en el reino franco. En tiempos de Carlomagno (768-814) se ocuparon y anexionaron los territorios situados al Norte del Ebro: condados de Aragón, Sobrarbe, Ribagorza, Pallars y condados catalanes. Posteriormente, en el año 793, los musulmanes atacaron Narbona y esto indujo al establecimiento de la Marca Hispánica. Durante el siglo IX, las dificultades internas del Emirato de Córdoba favorecieron las repoblaciones cristianas de las tierras yermas al norte del Duero y del Ebro (además, en el año 1035 quedó abolido el califato cordobés y se fragmentó su territorio en los diferentes reinos taifas). En el ámbito asturiano existieron diferentes repoblaciones, durante los reinados de Alfonso II (791 - 842), Ordoño I (850 - 866) y Alfonso III (866 - 910). Estas tierras repobladas pasaron a ser propiedad de los labriegos y los campesinos que se asentaron en ellas. La vida económica cotidiana se enmarcaba en las labores de la agricultura y del pastoreo, y éstas se desarrollaron en cada pueblo. En cuanto a los intercambios comerciales, eran inexistentes. La arquitectura asturiana experimentó un considerable auge y tuvo influencias bizantinas, árabes y carolingias. Por su parte, el primer rey de Navarra fue Íñigo Arista (820-851), cuyos sucesores mantuvieron la autonomía de este reino respecto de las monarquías vecinas. En el núcleo franco, las repoblaciones comenzaron con la ocupación de Barcelona (año 801), y continuaron hasta llegar al río Llobregat en los últimos años del siglo. La economía de la zona estaba basada en la agricultura. Además, se iniciaron los intercambios comerciales. En relación con la arquitectura, cabe señalar la buena conservación de su patrimonio, así como sus influencias clásicas. Durante el siglo X, el auge del Califato de Córdoba, a raíz de su independencia de Damasco con Abderramán III, frenó la expansión de los reinos cristianos y logró intervenir en sus cuestiones internas, así como establecerles imposiciones y vasallajes. Durante este siglo, Navarra controló la política astur-leonesa, gracias al carácter ofensivo de su ejército. A mediados de esa centuria se anexionó Aragón. No obstante todo ello, su economía se basó en la agricultura y en el pastoreo, y se favorecieron los contactos comerciales con los musulmanes. Además, se realizaron acuñaciones de monedas y se crearon fábricas de armas en Pamplona. Aragón, Sobrarbe, Ribagorza y Pallars se incorporaron a Navarra a lo largo de este siglo, mientras los condados de la Marca Hispánica dependían del de Barcelona, del que se independizaron posteriormente, ya en el siglo XI. Se favoreció una economía agraria y ganadera, así como los intercambios comerciales con los musulmanes. También hay que destacar el auge que experimentaron los mercados en diferentes localidades, que por estos años iniciaron las acuñaciones de monedas. Esta zona sirvió de correa de transmisión de la cultura musulmana a Europa; de este modo, desde el año 888, se realizaron traducciones latinas de tratados árabes en el monasterio de Ripoll. El Reino de León, estaba formado en el siglo X por Galicia, Asturias, León y Castilla. En tiempos de Ordoño II (914-924), se produjo la ocupación temporal de León por Abderramán III en el año 920, fecha en la que también se conquistó La Rioja con ayuda de los navarros. Posteriormente, los pamploneses intervinieron en la sucesión al trono leonés, imponiendo a Alfonso IV (925-931) y Ramiro II (931-951). Tras la batalla de Simancas (año 939), en la que el rey Ramiro II derrotó a los musulmanes, se produjo la repoblación de Sepúlveda y de la cuenca del río Tormes. Los sucesores, Ordoño III (951-956) y Sancho I (956 - 966), fueron monarcas impuestos por la facción navarra, cuya influencia culminó con la subida al trono de Ramiro III (966-984). En este reinado se registraron los ataques dirigidos por Almanzor que supusieron el retroceso de las avanzadillas de los ejércitos cristianos. Las actividades económicas siguieron siendo rudimentarias y no existió acuñación de moneda hasta el reinado de Vermudo II (984-999). En este siglo se produjo un auge de la cultura mozárabe, y como ejemplos podemos citar la realización de la Biblia Hispalense y del Códice Virgiliano. También hay que resaltar las importantes obras en la arquitectura de estilo mozárabe. Respecto al siglo XI, cabe reseñar la desintegración del Califato en torno al año 1030, después de la retirada del apoyo que recibía de la burguesía cordobesa. Por ello, Córdoba dejó de jugar su papel principal y Al-Andalus quedó fragmentado en Estados independientes llamados Reinos Taifas, que se caracterizaban por las discordias internas continuas. Ahora bien, la desintegración del Califato de Córdoba favoreció el renacimiento económico cristiano gracias a las parias, que eran los tributos de los reinos taifas a cambio del respeto a sus fronteras por los reinos cristianos. De esta forma, el oro recibido de las parias era repartido por los reyes cristianos entre los diferentes nobles y personalidades del alto clero, a los que sirvió para comprar las tierras entregadas a los labriegos y pastores en los siglos anteriores. Esta concentración de la propiedad condicionó el desarrollo económico y político a partir de la Baja Edad Media. El Reino de Navarra sufrió varias modificaciones durante este siglo XI. A principios del siglo, comprendió los territorios de Castilla, León, Navarra y Aragón. Durante el reinado de Sancho El Mayor (1000-1035), se produjo el sometimiento de la Iglesia a las normas de Roma con la reforma benedictina, base de la cluniacense. A la muerte del monarca Sancho Garcés IV, en 1076, el reino navarro se dividió entre castellanos y aragoneses. En Castilla se pasó de condado, hereditario desde finales del siglo X, a reino bajo Fernando I (1032-1065), hijo segundo de Sancho el Mayor. Durante este primer reinado se ejerció una fuerte influencia sobre León. No obstante, sus sucesores, Sancho II y Alfonso VI, comenzaron a padecer las imposiciones de la nobleza y de la Iglesia. Asimismo, la enorme riqueza de la institución eclesiástica favoreció el auge de las edificaciones de estilo románico. Por su parte, el Reino de Aragón se constituyó con Ramiro I, hijo bastardo de Sancho el Mayor, en el año 1035. El desarrollo de este reino fue paralelo al castellano, con los monarcas Sancho I y Pedro I. También tenemos que resaltar que durante el siglo XI el condado de Barcelona se independizó de la monarquía franca. Esto tuvo lugar en el año 1018 con Berenguer Ramón I. En conjunto las conquistas cristianas prosiguieron con las incursiones castellanas, aragonesas y navarras, que llevaron la frontera hasta las cuencas del río Tajo en la zona occidental y del río Ebro en la oriental. Ahora bien, tras la batalla de Sagrajas, en 1086, los almorávides pusieron freno a la expansión cristiana con la victoria ante las tropas del rey castellano Alfonso VI. De este modo, los almorávides ocuparon los reinos taifas andaluces, portugueses y extremeños que un año antes habían conquistado los castellanos. Entre el 1103 y el 1115, los almorávides consiguieron restablecer la unidad de Al-Andalus después de acciones de conquista y asedios por parte de aragoneses y castellanos. Éstos últimos contaron con los servicios del Cid Campeador, que logró ocupar Valencia para Pedro I. En el siglo XII, existió un intento de unificar los reinos cristianos como respuesta a la unidad que se gestó en el ámbito musulmán. Este intento se quiso desarrollar mediante el matrimonio de Urraca de Castilla y León (1109-1126) y Alfonso I de Navarra y Aragón (1104-1134). Ahora bien, este intento fracasó debido a las presiones de la nobleza y del alto clero castellanos, que hicieron todo lo posible para desbaratar este matrimonio, no pudiéndose ,por tanto, llevarse a cabo la unidad de los dos reinos. No obstante, sí se hizo efectiva la unificación entre los reinos de Aragón y Cataluña bajo la figura de Ramón Berenguer IV (1131-1162), aunque el primer rey de Aragón y conde de Barcelona fue Alfonso II (1162-1196). El reino de Navarra, por su parte, mantuvo su autonomía hasta el siglo XV, en el que Fernando el Católico lo anexionó a Castilla. Tras la muerte de Alfonso VII (1126-1157), los reinos de Castilla y León sufrieron su desintegración. También tenemos que destacar el auge que tuvieron en estas zonas los cantares de gesta durante toda la centuria (ej: "Cantar de mío Cid". El siglo XII fue para Portugal el inicio de su independencia del reino castellano-leonés. Así, en 1143 Alfonso Henriquez es reconocido soberano por las Cortes de Lamego, y de este modo, declaraba su independencia respecto de su antigua vinculación. La formación de los segundos reinos Taifas supuso el avance de la expansión de los reinos cristianos. Los ejércitos de Castilla y León, con Alfonso I como monarca, ocuparon Zaragoza y realizaron expediciones por tierras valencianas, murcianas y andaluzas; aunque fueron derrotados por los musulmanes en Fraga (1134). Aún así, los castellano-leoneses conquistaron la cuenca del río Tajo y Almería. Por su parte, las tropas portuguesas tomaron Lisboa, Santarem, Almada y Setúbal (1139-1147). Por otra parte, los catalano-aragoneses ocuparon el valle del río Ebro, en el año 1149. En 1157, llegaron los almohades llamados por los reinos Taifas para poner freno a la expansión cristiana. Después de unos primeros años de avances y retrocesos, consiguieron iniciar otro periodo de unidad en los territorios musulmanes. Los almohades tomaron la ciudad de Almería, pero no fueron capaces de detener el avance de los portugueses, que rebasaron la línea del río Tajo y llegaron hasta Badajoz. También fue éste el momento escogido por los catalano-aragoneses para repoblar la zona de Teruel. Mientras tanto, los castellanos llegaron hasta la cuenca alta del río Júcar, conquistaron la ciudad de Cuenca (1158-1177) y se adentraron hasta los ríos Guadiana y Guadalquivir. No obstante, la expansión del ejército de Castilla fue contenida por los almohades tras la batalla de Alarcos, en 1195, que, además, supuso el principio de la unificación de los diferentes reinos Taifas, los cuales opusieron un frente homogéneo a los diversos reinos cristianos, desde Portugal a Cataluña y desde el río Tajo al río Ebro, pasando por el Guadiana. El siglo XIII comenzó con dificultades para los musulmanes, porque aparecieron los terceros reinos Taifas, con lo que los reinos cristianos retomaran con más fuerzas su avance hacia el Sur de la Península Ibérica. Las incursiones de los diferentes ejércitos cristianos abrieron paso a la gran victoria cristiana en la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212. Este triunfo significó la apertura de las puertas de la conquista de Andalucía, aunque ésta fue aplazada como consecuencia de las diversas sequías y epidemias. En este mismo siglo, Fernando III (1217-1252), después de realizar una serie de pactos con los dirigentes almohades, conquistó la Baja Extremadura, Sevilla, Córdoba, Jaén y Murcia. Su sucesor, Alfonso X (1257-1284), se dedicó a consolidar la expansión castellana, tanto territorial como económica. En este último reinado se fomentó bastante la cultura, debiéndose destacar las escuelas de traductores de Toledo y de Sevilla, el desarrollo de las Universidades y el proceso de romanización del Derecho, dirigiendo el propio monarca la redacción de "las Siete Partidas". De igual modo, Sancho IV (1284-1295), se lanzó a la conquista de Tarifa. En tiempos del rey Fernando IV (1295-1312), Castilla tenía la economía más próspera de la Península Ibérica. Ello se debió a la repoblación de las ricas comarcas andaluzas y al desarrollo de la ganadería, que tuvo su auge por el incremento de las exportaciones de lanas hacia Inglaterra. Como consecuencia de esta configuración económica, se agrandaron las diferencias entre los distintos estamentos de la sociedad. De esta forma, se produjo una gran concentración de la riqueza por parte de la nobleza y del alto clero. Por otro lado, la población urbana estaba constituida por hombres libres, mientras que en los núcleos rurales estos hombres libres se fueron transformando en hombres de behetría (acuerdo por el que un individuo o una aldea se acogía libremente a la protección de un señor a cambio de determinados tributos). También en el ámbito castellano es de reseñar la construcción, a partir del 1221, de las primeras catedrales góticas (como las de Burgos, Toledo y León). Estas edificaciones se realizaron a expensas de los cabildos catedralicios, monopolizadores de las riquezas que generaban las explotaciones ganaderas. Además, se crearon las primeras Universidades, que nacieron por el deseo de la Iglesia de mantener bajo su control la enseñanza. De este modo, estos centros culturales estaban sometidos a la disciplina de la Santa Sede y fueron dirigidos por las órdenes mendicantes. Así, en Palencia, Salamanca y Valencia (esta última en la Corona de Aragón), se fundaron las primeras Universidades de la Península Ibérica. El siglo XIII significó para el reino de Portugal la conclusión de la expansión territorial en la península. Desde principios del siglo se rebasó la cuenca del río Tajo y se llegó hasta el Algarve, zona que se conquistó en los últimos años de la centuria. Este último territorio se anexionó a Portugal después de una dura pugna con la corona castellana en tiempos de Alfonso X, que también aspiraba al control de esa zona. En estas fechas, Portugal vivió, con el reinado de Dionis (1278-1325), el comienzo de un periodo de auge económico y comercial, así como el inicio de un gran desarrollo del comercio. El siglo XIV, supuso la entrada de los reinos peninsulares en una profunda crisis económica, que sólo pudo sobrellevar Castilla gracias a su riqueza ganadera, que fue el fundamento de su posterior hegemonía en la zona. La crisis económica que padeció la península se debió a una catastrófica epidemia de peste que tuvo lugar hacia el año 1348. En el apartado cultural, este siglo contó en las letras castellanas con los inmortales Arcipreste de Hita, don Juan Manuel y el canciller López de Ayala. Para la Corona de Aragón, este siglo supuso el inicio de su expansión por el mar Mediterráneo bajo el reinado de Jaime II (1291-1327). De esta forma, por el tratado de Caltabellota se estableció la dinastía reinante en la corona aragonesa en Sicilia. La actividad comercial se realizó en base a las telas, los productos tintóreos, los alimenticios y las especias. En lo referente a la cultura, se puede destacar la construcción de numerosas catedrales góticas (como las de Barcelona, Zaragoza y Palma de Mallorca). Además, se comenzaron a traducir las obras de los clásicos griegos. Dentro de este contexto de expansión por el Mediterráneo, los almogávares catalanes dirigidos por Roger de Flor fundaron los ducados de Neopatria y de Atenas, que pasaron a la Corona de Aragón en 1311. Por otro lado, bajo el reinado de Alfonso IV (1327-1336), se inició la etapa de decadencia económica y la unificación definitiva de la zona catalana con los reinos de Aragón y Valencia. De esta manera, Pedro IV (1336-1387), contribuyó a reforzar la unidad de los territorios de la Corona de Aragón, así como de incrementarla con nuevas zonas, incorporando las islas Baleares y anexionando Sicilia, Neopatria y Atenas. Poco después, su sucesor, Juan I (1387-1396), se vio obligado a sofocar sendas sublevaciones en el Rosellón y en Cataluña. Y seguidamente, con su hermano Martín I en el trono (1396-1410), comenzaron dentro de los círculos de poder las luchas internas por controlar la sucesión de la corona. También fue importante el Compromiso de Caspe en 1412. Para Navarra, el siglo XIV significó su continuidad dentro de su aislamiento particular. Así, desde 1304 a 1425 este reino tuvo como monarcas a los reyes franceses y los de la Casa de Evreux, siendo el último de ellos, Carlos III, el que formulara el Privilegio de la Unión entre las ciudades, los pueblos y la navarrería. Volviendo a Castilla, tenemos que destacar la batalla del Salado, donde los ejércitos del rey Alfonso XI (1312-1350), vencieron a las tropas granadinas y a sus aliados norteafricanos. Asimismo, su sucesor Pedro I, protegió a los burgueses para que le ayudaran en su organización del sistema. En el reino de Portugal, el siglo XIV comenzó con el esplendor económico y comercial del reinado de Dionis (1278-1325), durante el que la alta nobleza y el clero trataron de consolidar sus privilegios. El auge de esos años comenzó a decaer con Alfonso IV (1325-1356). En los reinados de Pedro I y Fernando I, se inició una política de protección de los comerciantes y se libró una serie de luchas con la corona castellana que duraron hasta que en 1385 Juan I de Avis (1383-1433) consolidó la independencia respecto de Castilla tras su victoria en la batalla de Albujarrota. Para finalizar, nos centraremos a continuación en el siglo XV. Esta centuria significó para la Corona de Aragón la continuación de su decadencia comercial, que hundía sus raíces en la crisis económica del siglo anterior. Por otro lado, siguiendo con su línea de expansión, el rey Alfonso V logró incorporar los territorios de Nápoles, en 1442, y del Benevento, en el 1458. Aunque su sucesor, Juan II (1458-1479), no pudo parar la pérdida de los condados del Rosellón y de Cerdeña. Asimismo, este monarca consiguió, tras la Capitulación de Villafranca en 1472, apaciguar las rebeliones de la burguesía y de los payeses de remensa en Cataluña. Por otra parte, su heredero fue Fernando II (1479-1516), llamado el Católico, que consiguió mediante matrimonio con Isabel I de Castilla, la unión dinástica de ambas coronas. Posteriormente, se logró la anexión de Navarra y la conquista de Granada, último enclave musulmán en la Península Ibérica. Además, el reinado de los Reyes Católicos coincidió con un período de desarrollo económico general y con el inicio del ciclo hegemónico de la Corona española tras el descubrimiento y conquista de los territorios americanos. Por su parte, el reino de Navarra vivió disputas internas durante la primera mitad del siglo, debido a que existieron dos facciones enfrentadas que luchaban por el poder. Por un lado, se encontraban los agromonteses, que apoyaban al candidato Juan (II) de Aragón, que luego tomó la corona tras la batalla de Aibar en 1451. Y por otro lado, estaban los beamonteses, que eran partidarios del hijo de Juan de Aragón, Carlos, y de la unión con Francia. En 1479 la casa de Foix devolvió al reino navarro su autonomía respecto del exterior, pero en 1512 Fernando el Católico lo ocupó y anexionó a su corona. En Castilla, el siglo XV supuso la continuación del esplendor de su economía, que seguía basándose en la exportación de lana y en la obtención de oro procedente de Granada por medio de las parias. Además, prosiguió el auge de la nobleza y de la Iglesia. La vida política de la primera mitad del siglo XV se vio dañada por la confrontación del monarca Juan II con la nobleza, que le quiso desposeer de su poder político. Esta pugna continuó durante la segunda mitad del siglo, bajo el reinado de Enrique IV. Tras el uso de la fuerza, se llegó al Tratado de Guisando en 1468, en el que se nombra como sucesora a su hermana Isabel y en 1470 a su hija Juana la Beltraneja. Esta situación dio lugar a una guerra civil que termina en 1476, tras la batalla de Toro, tras la que Isabel se convierte en reina. Hacia 1479 se inició una guerra con Portugal, a la que se puso fin con el Tratado de AlcaÇovas-Toledo. Con Isabel I (1476-1504), se produjo la unión entre Castilla y la corona aragonesa, la conquista de Granada y el Descubrimiento de América. Por su parte, Portugal se recuperó económicamente gracias a la exploración de vías marítimas hacia la India. Las incursiones en el océano Atlántico se iniciaron con el rey Juan de Avis (1383-1433), que puso a disposición de su hijo Enrique todo lo necesario para llevar a cabo dichas empresas. Este infante fundó en Sagres la primera escuela naval del mundo y proyectó la exploración de la costa occidental de África. Los sucesores mantuvieron esta política expansionista, enfrentándose con la nobleza latifundista, que prefería los territorios peninsulares, aún a costa de enfrentamientos con Castilla. Finalmente, el apogeo expansionista tuvo lugar en tiempos de Manuel I (1495-1521), con el que se bordeó toda la costa africana y se llegó, por fin, a la India. TORNEOS 15 Torneos, Justas y Heraldos. “Según el único cronista que menciona la cuestión, los torneos fueron inventados hacia el año 1060 por un caballero francés que luego murió en uno de ellos.” “Los primeros torneos consistían en que un grupo de nobles y sus caballeros formaban dos pequeños ejércitos, acordaban unas cuantas normas básicas y se preparaban para luchar por un terreno determinado durante un día concreto, o parte de un día. Si algún señor había invitado a otros, probablemente demostrara su larguesse otorgando premios a los caballeros que hubieran combatido valientemente.” “Una de las normas de los torneos consistía en que si a uno hacían prisionero, debía entregar su caballo, sus armas y su armadura a su captor y pagar un rescate, como en la guerra real; no resultaba fácil juzgar un ataque a campo abierto en un terreno que podía abarcar muchas millas, pero no cabía duda quien había capturado a quién. Los caballeros aceptaban la casi total certeza de que iban a terminar el día agotados y llenos de magulladuras, con bastantes probabilidades de resultar heridos o lisiados o resultar muertos si la habilidad o la suerte les fallaban.” “Muchos caballeros se convertían en auténticos adictos a los torneos, forma rápida de ganar una fortuna o de perderlo todo. Se cuenta como, después de grandes torneos, decenas de caballeros derrotados salían corriendo hacia los prestamistas. También se narra que muchos caballeros que habían perdido todas sus riquezas en los torneos, eran salvados de la ruina total y del encierro por sus esposas, reuniendo lo suficiente para pagar el precio del rescate. Otros, sin embargo, obtuvieron fama y fortuna gracias a los torneos. Por ejemplo, William Marshal, que terminó su carrera gobernando Inglaterra como regente de Enrique III, se había labrado anteriormente una reputación y fortuna como campeón de torneos.” “Quienes disfrutaban de los torneos aseguraban que eran muy útiles. ¿De qué otra manera podían los caballeros en tiempo de paz, practicar las artes de la guerra? Los torneos eran las mejores escuelas de armas. Además, sin ellos los caballeros habrían estado inquietos y pendencieros y es mucho más fácil que estallaran peleas y desordenes. Si embargo, muchos reyes pensaban de otra manera. Para ellos los torneos eran acontecimientos perniciosos para el espíritu del caballero. Además provocaban peleas y enemistades entre los nobles; los que perdían acusaban a los que ganaban de dar golpes sucios y hacer trampas, y muchas veces, los ganadores se enfurecían de tal modo que golpeaban sin piedad a los perdedores. Los reyes de Inglaterra solían prohibirlos excepto en ocasiones especiales.” “La iglesia los desaprobaba aun más. En 1130, el Papa declaró que cualquier caballero que perdiera la vida en una lucha tan innecesaria contra otros cristianos no podría ser enterrado en terreno consagrada.” “Se cuenta que en Neuss, Alemania, murieron en 1245, al menos 80 caballeros en un solo torneo.” “Con el tiempo, los torneos fueron cayendo en desuso y sustituidos por las justas, duelos uno contra uno. Los caballeros sujetaban la lanza firmemente bajo la axila, dirigían la punta contra su oponente y se lanzaban a la carga, con todo el peso del caballo y del jinete tras la afilada punta. Cada caballero trataba de golpear al contrario con la fuerza y la puntería suficientes para desmontarlo de la silla, lo que exigía una habilidad considerable. Estas competiciones eran más fáciles de observar y juzgar que los torneos y mucho menos más peligrosas. Los distintos tipos de justas terminaron por tener sus propias reglas y sus propias armaduras, se introdujeron yelmos más grandes y resistentes que habrían resultado demasiado incómodos y pesados para utilizarlos en batalla.” “Es probable que las justas comenzaran el Alemania y se extendieran rápidamente por Europa occidental. Todavía se organizaba batallas fingidas, pero con un número de caballeros reducido y se celebraban en recintos cerrados donde todo el mundo los pudiera ver.” “Los torneos y justas se fueron convirtiendo en espectáculos populares y grandes acontecimientos sociales. Por la noche se organizaban festejos y bailes. Con el tiempo aparecieron otro tipo de torneos al incluirse un elemento de ficción o fantasía. Así, el noble que daba el torneo decidía, por ejemplo, hacerlo a la manera de Arturo: él fingía ser el rey Arturo y sus invitados representaba los papeles de Caballeros de la Tabla redonda etc.” [/i]Emblemas, escudos, cotas y cimeras..... [/i] “Por lo que parece, fue a causa de los torneos por lo que los caballeros decidieron adoptar emblemas determinados y llevarlos para poder ser siempre reconocidos. Por otra parte, si la familia de un caballero llegaba a ser bastante conocida, a este le resultaba muy útil emplear el mismo emblema que el de su padre, para que todos se dieran cuenta de la relación.” “Un cambio mucho más importante respecto en la vestimenta militar fue la introducción de largas túnicas sin mangas (llamadas cotas de armas) sobre la armadura. Los cruzados habían aprendido de los sarracenos que esto evitaba que el metal alcanzara una temperatura insoportable al sol, pero también tenía otra aplicación el Europa: podían pintarse o bordarse emblemas encima, tanto en el pecho como en la espalda. Además, en lo alto del yelmo podía colocarse un símbolo o cimera de un material ligero. Así, a finales del s. XII, reyes, nobles y caballeros podían ser reconocidos de lejos gracias a sus cimeras, escudos y cotas de armas. Estos mismos símbolos de sus armas les servían para los sellos con los que los escribanos garantizaban sus documentos.” “Los torneos, estaban dando lugar a una nueva profesión. A medida que se fueron haciendo más espectaculares, los nobles que los organizaban tenían cada vez más preparativos que realizar. Tenían que asegurarse de que cada uno estaba donde debía de estar con respecto a su rango y ser tratado con el debido respeto debido a su rango, y también que los diferentes combates se llevaran a cabo sin confusiones. Para ello hacían falta personas con conocimientos especiales, que conocieran a todos los hombres importantes y pudieran identificar sus emblemas y que conocieran las reglas de comportamiento en todo tipo de torneos y justas. Estos hombres, eran los heraldos.” “Estos expertos se fueron haciendo cada vez más útiles para los grandes señores y reyes que los empleaban. Mantenían registros de lo sucedido en cada torneo, de todos los caballeros y sus emblemas. Fueron ellos quienes empezaron a idear sistemas para disponer esos emblemas en los escudos o las cotas.” “Además, mantenían un registro de todas estas cotas, por lo que al final terminaron convitiéndose, no sólo en acreditados expertos sobre las propias armas, sino en la genealogía y los lazos familiares de todos cuantos tenían derecho de armas. No sólo eran las grandes autoridades sobre el arte y la ciencia de lo que aún hoy llamamos heráldica, sino que eran los mayores expertos en las reglas de comportamiento caballeresco de los torneos y la guerra, y podían rastrear cuántas generaciones atrás procedía el título de un caballero.” “Hay quien ha calificado a los heraldos de sumos sacerdotes de la caballería. Al añadir un toque de misterio a su conocimiento de las reglas de la caballería, la familia y las cotas de armas, la lengua especial de la heráldica contribuyó a crear la sensación de que se trataba de algo que había que honrar y reverenciar.” “Así, en las guerras, los heraldos pasaban sin sufrir daño alguno por entre los ejércitos enemigos para llevar mensajes, y se les reconocía por sus brillantes tabardos. Eran respetados bajo grandes títulos, y el que estaba al frente de los heraldos de un reino recibía el nombre de Rey de Armas.

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Megapost - Edad Media 3ª parte
Megapost - Edad Media 3ª parte
InfoporAnónimo1/21/2008

INQUISICION No se sabe con exactitud dónde, cuándo, cómo y las razones que originaron, durante la Edad Media, el nacimiento de la institución llamada Inquisición. Las única fechas concretas que se encuentran en la enciclopedias y libros de historia son las de 1233, año en el que se asegura que el Papa Inocencio III autorizó a ciertos dominicos para que investigaran el comportamiento de unos herejes conocidos como albigenses. Se atribuye también esta medida al Papa Gregorio IX. Fue en España, sin embargo, donde la Inquisición adquirió mayor preponderancia y así llegó a conocimiento de los países de habla hispana, donde también tuvo activa participación. Los orígenes Muchos antecedentes recogidos hacen suponer que la Inquisición medieval se desarrolló en el sur de Francia, norte de Italia, Alemania y en los llamados Estados Pontificios. Los primeros indicios surgieron, al parecer, en Renania y después se prolongaron a Francia . En estos territorios nacieron grupos religiosos conocidos como albigenses o cátaros. Sus enseñanzas eran cristianas, pero diferían de las orientaciones católicas. Por eso se les llamó herejes y fueron perseguidos hasta su aniquilación. En 1017, en el condado de Orleans, fue descubierto un grupo cátaro entre los canónigos. Un concilio celebrado en presencia del rey Roberto el Piadoso y la reina Constanza los condenó a ser quemados vivos. En 1022 se hace lo mismo en Tolosa. En 1030, en Monteforte, otra comunidad de cátaros es masacrada, y así, en los años siguientes, siempre en los condados del sur de Francia, se descubren otros herejes que corren la misma suerte. Sucesivamente se actúa contra los heréticos en Colonia y después en Bonn, en Alemania. Milán, al norte de Italia, es considerado en núcleo principal de la herejía, y en el centro de Francia surgen los albigenses, en 1181. La lucha contra los herejes cátaros y albigenses sirve de antecedente para establecimiento de la Inquisición . Oficialmente fue el conde Raimundo VII, de Tolosa, quien había sufrido los efectos de continuas guerras entre los señores feudales, quien autorizó, en un tratado firmado en 1233 en la ciudad de Meaux, el establecimiento de la Inquisición. En este tratado, entre otras cosas, se obliga a este noble a permanecer fiel al rey y a la iglesia hasta su muerte y a purgar a su país de la herejía; a pagar dos marcos de plata a quienes, por denuncias o de otra manera, permitieran capturar a un hereje. El Papa Inocencio III, al comenzar el siglo VIII, dio atribuciones especiales a sus representantes en diversas provincias, las que sobrepasan las del clero local, aunque solamente en lo relativo a la lucha contra la herejía Poderes similares se confirió a los hermanos dominicos, y así se funda la institución conocida con el nombre de Inquisición. La Inquisición española se desarrolló indistintamente en diversos períodos. En 1478 fue establecida por los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, y estaba encargada principalmente de espiar a los judíos y moros convertidos que no eran sinceros. El primer Gran Inquisidor fue Tomás de Torquemada. (en la imagen) Bajo su mando, la institución llegó a ser una especie de policía de pensamiento, de la que ningún español estaba libre. Mucho mejor organizada que la Inquisición medieval, era más dura y tenía más libertad para emplear la sentencia de muerte. En 1512, el Papa Julio II asignó al Inquisición a la Congregación de Santo Oficio, la cual decidía cuestiones de fe, moral, herejías y algunos asuntos conyugales. También manejaba el Index, índice de libros prohibidos. TORTURAS La cara oculta de la historia es la tortura. Varios de los elementos utilizados durante la Edad Media para realizar estas salvajadas fueron: EL POTRO: La víctima era atada a los extremos y después se tiraba de las cuerdas hasta que los miembros se descoyuntaban. Fue utilizado sobre todo en Francia y Alemania, durante los tiempos de la Inquisición EL APLASTACABEZAS: Destinado a comprimir y reventar los huesos del cráneo. La barbilla de la víctima se colocaba en barra inferior, y el casquete era empujado hacia abajo por el tornillo. Los efectos de este artilugio son, en primer lugar, la ruptura de los alveólos dentarios, después las mandíbulas y por último el cerebro se escurre por la cavidad de los ojos y entre los fragmentos del cráneo. EL TORMENTO DE LA RATA: Sobresalía por su refinamiento. También fue utilizado por la Inquisición, pero su existencia se conoce desde los tiempos de la antiguo China. Consistía en colocar una rata sobre el abdómen del torturado, encerrada en un jaula abierta por abajo, mientras los verdugos la hacían rabiar con palos ardiendo, de forma que el animal tenía que buscar una salida y a mordiscos abría un túnel en las tripas del condenado, llegando, a veces, a salir por otro lado del cuerpo. LAS JAULAS COLGANTES: Hasta finales del Siglo XVIII, en los paisajes urbanos Europeos, era habitual encontrar jaulas de hierro y madera, adosadas al exterior de los edificios municipales, palacios ducales o de justicia, etc. Los reos, desnudos o semidesnudos, eran encerrados en las mismas. Morían de hambre y sed, por el mal tiempo y el frío en invierno; por el calor y las quemaduras solares en verano. A veces, las víctimas habían sido torturados o mutilados como escarmiento. No solo significaban una incomodidad tal que hacían imposible al preso dormir o relajarse, ya que estaban atados a los barrotes de las mismas. A veces se introducían en ellas gatos salvajes, a los que los verdugos azuzaban con varillas al rojo vivo, o se encendían fogatas debajo para abrasar al condenado. LA DONCELLA DE HIERRO: Aun había otros artilugios como la doncella de hierro, esos ataúdes que eran piezas de exquisita artesanía por fuera y por dentro. Por fuera por la gran cantidad de grabados y relieves que adornaban su superficie; por dentro, por la espectacular colección de pinchos, dirigidos a puntos concretos del cuerpo, que se iban clavando lentamente sobre el inquilino, a medida que se cerraba la puerta. Los clavos eran desmontables, con lo que se podían cambiar de lugar, con el fin de poseer un amplio abanico de posibles mutilaciones y heridas que daban lugar a una muerte más o menos lenta EL METODO DEL AGUA: Consistía en hacer tragar al torturado, un mínimo de 10 litros por sesión, ayudándose de un embudo. Además de producir una insoportable sensación de ahogo, el estómago podía llegar a reventar. LA CABRA: Este sistema se hizo muy popular en las mazmorras de la Edad Media. Una vez que al torturado se le habían fijado los pies a un cepo, se procedía a untar las plantas con sal o sebo. La cabra atraída por el condimento, comenzaba a lamerlas, y la aspereza de su lengua hacía que atravesara la piel y dejara los pies en carne viva, llegando en ocasiones hasta el hueso. LA RUEDA: Era el más común en la Europa germánica. Convertía al preso, completamente inmovilizado, en verdadero material de trabajo, para que el verdugo fuera descoyuntándole o arrancándole miembros a voluntad. Era uno de los suplicios más horrendos de la Edad Media. El condenado, desnudo, era estirado boca arriba en el suelo, o en el patíbulo, con los miembros extendidos al máximo y atados a estacas o anillas de hierro. Bajo las muñecas, codos, rodillas y caderas se colocaban trozos de madera. El verdugo asestaba golpes violentos a la rueda, machacaba todos los huesos y articulaciones, intentando no dar golpes fatales. Despúes era desatado e introducido entre los radios de la gran rueda horizontal al extremo de un poste que después se alzaba. Los cuervos y otros animales arrancaban tiras de carne y vaciaban las cuencas de los ojos de la víctima, hasta que a ésta le llegaba la muerte. EL GARROTE: Método por el cual un punzón de hierro penetra y rompe las vértebras cervicales al mismo tiempo que empuja todo el cuello hacia delante aplastando la tráquea contra el collar fijo, matando así por asfixia o por lenta destrucción de la médula espinal. La presencia de la punta en la parte posterior no sólo no provoca una muerte rápida, sino que aumenta las posibilidades de una agonía prolongada. Fue usado hasta principios del siglo XX en Cataluña y en algunos países latinoamericanos. Se usa todavía en el Nuevo Mundo, sobre todo para la tortura policial, y también para ejecuciones. EL TORO DE FALARIS: En este caso se quemaban a los herejes dentro de la efigie de un toro a Falaris, tirano de Agrakas, que murió en el año 554 a.C. Los alaridos y los gritos de las víctimas salían por la boca del toro, haciendo parecer que la figura mugía. El toro de Falaris estaba presente en numerosas salas de tortura de la Inquisición de los siglos XVI, XVII y XVIII. LA SIERRA: Este instrumento de tortura no necesita muchas explicaciones. Sus mártires son abundantes. A consecuencia de la posición invertida del condenado, se asegura suficiente oxigenación al cerebro y se impide la pérdida general de sangre, con lo que la víctima no pierde el conocimiento hasta que la sierra alcanza el ombligo, e incluso el pecho, según relatos del siglo XIX. La Biblia (II Samuel 12:31) hace mención a este tipo de tortura, en la época del Rey David. Este hecho contribuyo a la aceptación de la sierra, el hacha y la hoguera. La sierra se aplicaba a menudo a homosexuales (gays y lesbianas), aunque principalmente a hombres. En España la sierra era un medio de ejecución militar hasta el siglo XVIII. En Cataluña, durante la Guerra de la Independencia (1808-14), los guerrilleros catalanes sometieron a decenas de oficiales enemigos a la sierra. En la Alemania luterana la sierra esperaba a los cabecillas campesinos rebeldes, y en Francia a las brujas preñadas por Satanás. LA CUNA DE JUDAS: El reo era atado e izado y una vez estaba elevado se le soltaba dejándolo caer sobre una pirámide haciendo que, con su propio peso, se clavara la punta de la misma en el ano, la vagina, el escroto, etc. Esta maniobra se realizaba varias veces. Se utilizaba practicamente para hacer confesar al condenado. LA CIGUEÑA: El sistema de la cigueña, a parte de inmovilizar a la víctima, al poco rato ésta sufre unos fuertes calamabres en los músculos rectales y abdominales, y poco a poco se van extendiendo por el resto del cuerpo. Al cabo de las horas producen un dolor muy intenso sobre todo en el recto. Además el reo era pateado y golpeado, e incluso en ocasiones llegaba a ser quemado y mutilado. EL CEPO: No hacen falta muchas explicaciones para este método. La víctima era inmovilizada de pies y manos, expuesta, generalmente, en la plaza del pueblo, y sometida a todo tipo de vegaciones, como golpeada, escupida, insultada, e incluso en ocasiones la plebe orinaba y defecaba sobre ella. EL PENDULO: Solía ser la antesala de posteriores torturas. Su función consistía básicamente en la dislocación de los hombros doblando los brazos hacía atrás y después hacia arriba. La víctima atada de manos en la espalda era izada por las mismas. Para provocar un mayor sufrimiento se le colocaban en los pies una pesas. LAS GARRAS DE GATO: Consistía en arrancar al prisionero la carne a tiras, llegándola a arrancar de los huesos. Eran utilizadas como un rastrillo. LA PERA: Estos instrumentos se usaban en formatos orales y rectales. Se colocaban en la boca, recto o vagina de la víctima, y allí se desplegaban por medio de un tornillo hasta su máxima apertura. El interior de la cavidad quedaba dañado irremediablemente.Las puntas que sobresalen del extremo de cada segmento servían para desgarrar mejor el fondo de la garganta, del recto o de la cerviz del útero. La pera oral normalmente se aplicaba a los predicadores heréticos, pero también a seglares reos de tendencia antiortodoxas. La pera vaginal, en cambio, estaba destinada a las mujeres culpables de tener relaciones con Satanás o con uno de sus familiares, y la rectal a los homosexuales. Los medios mecánicos tampoco eran de despreciar. Algo tan simple como unas tenazas en las manos de un hábil torturador podía arrancar de cuajo muchos dientes e incluso, si se terciaba, la lengua. Tampoco hay que olvidar las calzas colocadas en las piernas, que a martillazo limpio acababan destrozando los huesos del tobillo. O las astillas metálicas que se introducían bajo las uñas, y se clavaban poco a poco hasta que ya no quedaba uña donde clavar. Fuente: http://www.edadantigua.com

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Testimonios de Malvinas (2ª parte)
Testimonios de Malvinas (2ª parte)
InfoporAnónimo1/21/2008

MALVINAS, RECUERDOS Y SENTIMIENTOS DE UN ARTILLERO Por el Cnl de Artillería JULIO CESAR NAVONE Fuente: http://www.alfinal.com/Temas/navone.shtml Es indudable que el Conflicto de Malvinas y los que le sucedieron en el tiempo en diferentes continentes nos permitieron observar a la humanidad transitando entre el Ideal de la Paz, tan proclamada, y la realidad de la Guerra. Es decir, comprobamos la recurrencia histórica del conflicto armado que descubre, por sus motivaciones profundas, las dificultades objetivas de la diplomacia, hasta en el nivel más alto de la Naciones Unidas. Siempre ha resultado una tentación irresistible "la continuación de la política por otros medios", donde la irracionalidad de la lucha cruenta entre seres humanos es explicada con la lógica oculta en sus propósitos económicos y geográficos. Así las cosas, cuando los intereses desbordan a los principios "la primera víctima de la guerra es la verdad", haciendo difícil discernir a la luz de la información disponible el complejo entramado que lleva a los estados a elegir la opción de la guerra. En mi vida de soldado tuve el privilegio, no sólo de estudiar el Arte de la Guerra, sino la experiencia de haberla vivido. La Guerra, ese fenómeno político y social que desborda la razón, dejó en mí valiosas enseñanzas; pero también profundas heridas en mis sentimientos. Es por ello que ahora pese a que han pasado más de 16 años desde la histórica recuperación de las ISLAS MALVINAS y cuando el juicio racional todavía no puede desprenderse de los apasionamientos, de visiones subjetivas y no pocos intereses, resulta necesario una profunda reflexión, para que, sin suprimir las diferencias de opinión, podamos evaluar correctamente y en su integralidad la grandeza de esta gesta. Intentaré entonces hoy, con algunas canas sobre mis sienes, con las jinetas de coronel sobre mis hombros, habiendo conformado una hermosa familia con mi amada esposa y mis cinco hijos, llevar mi recuerdo, con humildad, con sencillez, pero con una emoción que se mantiene incólumne, pese al paso de los años, a los difíciles días de ese otoño de 1982 que, a no dudarlo, ha marcado profundamente el devenir de mi vida. LA PARTIDA. Los momentos previos a una partida son siempre tristes y difíciles. Atrás se dejan seres queridos, afectos, recuerdos, esperanzas, pero estos sentimientos se magnifican si la partida es quizás para no volver. Cuando se parte para la guerra el soldado experimenta un sentimiento ambiguo, por un lado el dolor de alejarse de sus seres queridos y por el otro una fuerza incontenible le brota del fondo del corazón diciéndole que ha llegado el momento para el cual se preparó toda una vida. En mi caso hacía solo quince días que había nacido mi segundo hijo, toda la familia estaba viviendo esta alegría tan profunda; por eso no quise empañar esos momentos de felicidad y en común acuerdo con mi esposa decidimos que se dirigiera a casa de sus padres en la ciudad de Azul, dejándome liberado para concentrarme plenamente en los preparativos previos a la partida. El 09 de abril de 1982 marchamos a pie hasta la estación Paso de los Libres del Ferrocarril General Urquiza. Todo el pueblo estaba en la calle, nos abrazaban, nos aplaudían, el corazón parecía que me iba a estallar de tanta emoción. En el medio de la multitud me encontré con un viejo camarada junto a quien años atrás habíamos tenido, en inferioridad numérica, un fuerte enfrentamiento con delincuentes terroristas, en el cual corrimos serio peligro de perder la vida, sino fuera porque con decisión nos protegimos mutuamente por el fuego. No esperaba encontrarlo allí. Me abrazó y me dijo: ¡SUERTE, JUGÁTE COMO AQUELLA NOCHE!. Ya no pude evitar que una lágrima rodara por mi mejilla. Allí comprendí cuántas esperanzas e ilusiones tenía el pueblo depositada en nosotros. Perdimos la batalla de Puerto Argentino, pero creo en lo más profundo de mi alma que la mayoría de quienes combatimos no los hemos defraudado. Estaba el pueblo en la calle dándonos el adiós, transmitiéndonos su calor y afecto, sólo faltó que alguien del Comando de Brigada del cual dependíamos hubiera estado junto a nosotros, por lo menos para acercarnos una palabra de aliento. En Martín Coronado hicimos el traslado al Ferrocarril General Roca y al llegar a la Estación de Olavarría pude ver nuevamente a mi mujer y a mis hijos, quienes desde el andén, con una pequeña banderita argentina entre sus manos observaban silenciosamente el paso del convoy. Con ellos, mis seres queridos, con quienes recién pude reencontrarme cuando fuimos liberados, después de permanecer más de un mes como prisionero, al término de la guerra. El tren siguió su marcha y luego de más de sesenta horas de viaje el 12 de abril arribamos a la Estación de INGENIERO WHITE. En esta localidad se reestructuró la organización de nuestra unidad (el Grupo de Artillería 3) designándose para su traslado a la zona de operaciones, en principio, algo menos del 50% de los efectivos que habíamos partido desde PASO DE LOS LIBRES. Esto fue originado por limitaciones en los medios de transporte aéreos que debían llevarnos a las Islas. Estaba previsto que en un segundo oleaje nos completarían los restantes efectivos. El 13 de abril a las dos y media de la madrugada, la Batería de Tiro "B", que se encontraba a mi mando embarcó en un avión Hércules de la Fuerza Aérea, viajando también en este primer vuelo nuestro jefe, el entonces Teniente Coronel Martín Antonio Balza. Al tocar suelo malvinense, una fuerte emoción embriagó mis sentimientos, me arrodillé y besé ese querido suelo que había aprendido a amar en mi lejana infancia a través de los relatos de quienes entonces fueron mis entrañables maestros de la escuela primaria. Al promediar la tarde ya nos encontrábamos en posición, listos para cumplir con nuestra misión. Habían transcurrido menos de cinco días desde el abandono de la guarnición de paz, en suelo correntino. Nuestros camaradas que habían quedado en el continente, nunca pudieron cruzar a MALVINAS, y así fue que tuvimos que duplicar nuestros esfuerzos en especial durante los cuarenta y cuatro días que duraron las operaciones. LA VIGILIA. Los días posteriores a nuestra llegada a MALVINAS, hasta el día del inicio de las operaciones, constituyeron una tensa e interminable vigilia. Fue en ese terreno hostil, frío y desolado donde aguardamos con serena prudencia la hora decisiva. Fue en ese ambiente inhóspito donde llegaba al corazón de nuestros hombres, sin distinción de jerarquías, inagotables recuerdos y evocaciones..., el hogar lejano..., los hijos..., la esposa que aguarda..., la madre..., una mujer querida..., los amigos..., nuestras ilusiones y nuestras esperanzas. Esperar me permitió ver de cerca cuántas fatigas inhabituales, cuántos esfuerzos pausados y silenciosos, fueron aceptados con maduro equilibrio y rostro endurecido en actitud de prevención y prudencia. Esperar nos significó sentir la sublime satisfacción que da el orgullo de poder dar cumplimiento a una deuda de honor con la Nación. Había que tener entereza y paciencia, no había otra alternativa que esperar. El problema radicaba en cómo esperar. Y creo que el Grupo de Artillería 3, supo muy bien cómo aprovechar esta espera, en especial construyendo y perfeccionando los refugios para el personal, los cañones y la munición que llegaron en algunos casos a constituir verdaderas "madrigueras" que a posteriori salvarían muchas vidas. Además se realizó instrucción de todos los subsistemas que conforman el sistema de armas de Artillería de Campaña (servicio de pieza, observación y dirección del tiro, comunicaciones, etc.) llegando a realizar con los cañones tiros de registro para verificar la puntería. Se reconocieron también posiciones de CAMBIO (que son las que deben ser ocupadas cuando la principal se vuelve insostenible por la acción del enemigo) y SUPLEMENTARIAS (que son las que se emplean para batir blancos que no pueden ser atacados desde la posición principal) y se realizaron enlaces y coordinaciones con todas las unidades vecinas. Estas actividades y una correcta acción de mando mantuvo nuestras mentes ocupadas y nuestro espíritu elevado y listo para el combate. Sabíamos que nos esperaba un duro desafío. El enemigo, materialmente superior, nos aguardaba al acecho. Éste no era nuestro problema, teníamos una tradición a nuestras espaldas que no debíamos defraudar. Los varones de esta tierra jamás midieron la magnitud del enemigo cuanto estaba en juego la justicia de la causa. Y esta era una causa justa y legítima de todo el pueblo Argentino. La tensa vigilia se quebró en la madrugada del 1ro de mayo cuando dos aviones VULCAN, atacaron el Aeropuerto de Puerto Argentino, pretendiendo cortar la pista de aterrizaje. Nunca lo lograron. En esa fría y húmeda noche de otoño la guerra había comenzado. EL BAUTISMO DE FUEGO Y LA INCOMPRESION Pese a tener conocimiento de que la TASK FORCE BRITÁNICA se encontraba próxima a las costas de Puerto Argentino, en condiciones de comenzar las hostilidades. El gris atardecer del 27 de abril parecía el preludio de una noche tranquila. Pero eso fue sólo una simple presunción. Aproximadamente a las 20 horas un Radar RASIT del Regimiento de Infantería 3 detectan ecos en el mar al Sur de nuestras posiciones. Parecía ser que desde una nave principal estarían lanzando al mar lanchones de desembarco. Rápidamente se da el alerta al Subteniente CAPANEGRA, que se desempeñaba como observador adelantado con la Compañía "B", quien nos ratifica lo que le habíamos transmitido. Con escasa información, con extremas dificultades para localizar los blancos, comenzamos a cumplir misiones de fuego sobre los "ECOS" que se detectaban en la pantalla del radar. De esta manera, esa noche, los cañones de la Batería de Tiro "B" fueron los primeros que tronaron en la ISLAS MALVINAS, recibiendo de esta manera su bautismo de fuego. Habían pasado más de cien años desde que nuestra artillería no entraba en combate contra un invasor extranjero. Todo el cielo parecía derrumbarse con las explosiones, en toda la isla se oía el hondo retumbar de nuestros cañones y sus relámpagos parecían iluminar el espíritu de quienes, abnegadamente, permanecían espectantes en sus trincheras. A la madrugada, los lanchones se perdieron en la inmensidad del mar luego de haber soportado sobre ellos más de 160 proyectiles de 105 mm. Desde la apertura del fuego se encontraba en mi Puesto de Comando el Jefe de nuestra unidad (Tcnl Balza), quien supervisaba personalmente la ejecución de las actividades. A media noche arribó también a ese lugar el Comandante de la Agrupación de Ejército "Puerto Argentino", quien permaneció junto a nosotros hasta la finalización de la misión. No obstante, por los comentarios que hacía, parecía no entender que la misión de la Artillería es "batir por el fuego una extensa zona tanto en frente como el profundidad", creo que él esperaba encontrar en la costa los lanchones perforados como si se les hubiera tirado desde 150 metros con un fusil y no desde 7 ú 8 kilómetros como realmente lo hicimos. Era realmente preocupante para nosotros llegar a dudar de que, quien nos mandaba, no supiera cómo emplearnos. Posteriormente se ratificó que había sido un intento de desembarco de tropas comando que fue abortado por los fuegos de la Batería de Tiro "B". La misión había sido cumplida pese a que nuestro comandante no lo comprendiera. LA LLEGADA DEL GRAN BERTA Durante los primeros días de mayo el enemigo buscó hostigar, perturbar y desgastar a la defensa Argentina mediante dos tipos de acciones: bombardeo aéreo y cañoneo naval. Contra los aviones británicos, precisa y eficiente fue nuestra Artillería de Defensa Aérea, prueba de ello son los 14 aviones derribados en combate. Quedaba entonces dilucidar cómo afectar a las fragatas, que noche a noche, posicionadas al sur de Puerto Argentino, aproximadamente a 15 kilómetros de la costa, batían impúnemente nuestras posiciones. Nuestro jefe propuso entonces al Comandante de la Agrupación Ejército "Puerto Argentino", pedir al continente la asignación de Cañones Citer de 155 mm de fabricación nacional de 20 kilómetros de alcance, para poder intentar con sus fuegos neutralizar a los navíos británicos. El 14 de mayo de 1982 fue un día frío, ventoso, gris, con copiosas lloviznas, pero fue también un día de regocijo general, al recibir el primer cañón de 155 mm, que a partir de ese momento fue bautizado, humorísticamente, como el "Gran Berta", en evocación de aquel famoso cañón alemán empleado en la Primera Guerra Mundial. De inmediato se iniciaron detalladamente los reconocimientos para su emplazamiento. No fue una tarea sencilla, ya que este cañón por su gran peso (8.500 kilogramos) y la poca consistencia que presentaba el terreno, obligaron a recurrir a una retroexcavadora y a planchas de aluminio para lograr la sustentación y la firmeza del suelo necesaria para el tiro. En días sucesivos se recibieron otros dos cañones más, conformando la Batería "D", que pasó a depender de nuestra unidad. Esas piezas de artillería venían provenientes del Grupo de Artillería 101, que tenía su asiento de paz en la ciudad de Junín (Provincia de Buenos Aires). Inicialmente, a estos cañones se les asignó una misión no común en Artillería: hostigar a los buques enemigos. Su presencia y sus fuegos pusieron término a la impunidad con que las fragatas cañoneaban nuestras posiciones, pero sobre todo cumplieron un importante objetivo psicológico sobre la propia tropa que ya no se sentía tan desamparada. Esos fuegos fueron ejecutados en su totalidad durante la noche, con el frío entumeciendo las manos y el viento cortajeando los rostros de esos estoicos artilleros que cumplieron más de quince misiones de fuego contra los buques, disparando sobre ellos más de ciento cincuenta proyectiles de 45 kilogramos de trotil y acero cada uno. Además de este tipo de misiones, la Batería "D" estableció también verdaderos duelos de contrabatería contra la artillería británica y ejecutó fuegos de neutralización y hostigamiento a las mayores distancias incidiendo en la profundidad del campo de combate del enemigo. Esta batería realizó, durante la campaña, un heroico esfuerzo que fue ampliamente valorado por todos los combatientes que luchamos en las islas. Combatió estoicamente desde el 14 de mayo hasta la noche el 13 al 14 de junio, en que sus piezas se silenciaron por haberse agotado su munición. No sufrió ninguna deserción durante el combate, alcanzando algunos de sus hombres un desempeño superlativo, transmitiendo el ejemplo de su accionar heroico a sus camaradas. Qué decir del soldado WULDRICH, que se arrojó con decisión sobre una estiba de pólvora que se estaba incendiando con peligro de explosión, para preservar la vida de sus camaradas, o del dragoneante LOPEZ, que con decisión y valentía vació el cargador de su fusil sobre un avión SEA HARRIER que, en vuelo rasante, atacó la posición. Qué decir de la entrega y sacrificio del Teniente Primero DAFUNCHIO..., del Subteniente PEREZ..., del Suboficial Principal GARNICA..., y de todos los artilleros que integraron la batería, que fue quizás la que recibió los conceptos más elogiosos de los estudiosos de esta guerra, tanto del país como del extranjero. Podríamos hoy recordar numerosos escritos británicos, que por ser precisamente vertidos por el enemigo de esos días, involucran una gran objetividad, ajena a la natural predisposición de ver las cosas desde nuestro propio punto de vista. Pero me limitaré a mencionar sólo tres de ellas. La primera extraída del libro "Una cara de la moneda" que dice: "Los cañones argentinos de 155 mm que estaban situados alrededor de STANLEY, seguían causando estragos entre las posiciones británicas. Son unos cachorros endemoniadamente malos y desagradables. Te escupen un proyectil y te "estonquea" toda la zona". En segundo lugar los conceptos expresados por el Brigadier Julian Thompson, Comandante de la Brigada 3 de Comandos Británicos, quien en su obra "No Picnic" al respecto dice: "Los proyectiles de los cañones de 155 mm se distinguían de los proyectiles de los Obuses de 105 mm y morteros de 120 mm por su fuerte tronar. Cuando tuviera lugar la siguiente fase, sería mejor, pues menos tiempo deberían mis hombres permanecer bajo el fuego de la artillería argentina". Finalmente rescato la opinión de otro testigo presencial de la guerra, el periodista Charles Laurence, quien a fines del año 1982 escribió al respecto: "Las tropas británicas enfrentaron a una dura artillería de 155 mm, que dejó tirados a heridos y muertos, pertenecientes a las unidades de asalto". Pero quizás, corroborando la vigencia de la cita bíblica que dice: "Nadie es profeta en su tierra", escaso fue el reconocimiento que recibió esta batería al regreso de la guerra. Poco se había escrito de lo actuado. Como la masa de la unidad a la que pertenecía orgánicamente había permanecido en el continente, mínimo fue el interés de recrear para la historia la bravura y el coraje de ese puñado de valientes que dejó las huellas de su accionar heroico en las turbas malvinenses. Por esas paradojas del destino, cuando corría el año 1994, tuve el privilegio de ser nombrado Jefe del Grupo de Artillería 101, que como expresara anteriormente, era la unidad de la que dependía en tiempo de paz esta batería. Sentí entonces que tenía una gran obligación, un compromiso de honor, un gran desafío: rescatar del olvido el accionar en combate de la Batería de Tiro "D". Así, con paciencia y con humildad, recopilando testimonios, investigando en la prolífera literatura que había escrita sobre esta guerra, y buceando en mi memoria para recrear lo que compartimos en los difíciles días de las trincheras, pudimos recomponer este vacío histórico y ponerlo posteriormente a consideración de las autoridades del Ejército. Así fue que el reconocimiento a estos Artilleros no se hizo esperar y fue plasmado el día 25 de febrero de 1995 cuando la Bandera de Guerra, recibió por parte del Ejército Argentino la condecoración que hoy luce en su corbata y en cuyo reverso puede leerse: "COMBATIÓ CON GLORIA POR LA LIBERTAD Y EL HONOR ARGENTINO". Hoy, los herederos de esos valientes compatriotas que tan honrosamente lucharon en esta gesta, tienen el orgullo de lucir en la manga de sus uniformes el escudo "A LOS BRAVOS DE MALVINAS", y en sus corazones, el ejemplo de quienes permanecieron al pie del cañón hasta agotar la munición. El "GRAN BERTA" y los hombres que lo sirvieron tuvieron su justo reconocimiento. ALGUNAS FIGURAS OLVIDADAS Durante el desarrollo de este relámpago que fue la Guerra de Malvinas, he presenciado numerosos actos de valor, de desinterés, de generosidad, de renunciamiento, de integridad, y también, por qué no decirlo, algunos de debilidades. Pero creo que tanto unos como otros servirán como ejemplo y guía mientras viva. Quizás a esta altura de mi relato, podría ahondar en mis recuerdos "Artilleros" de la guerra. Contar, por ejemplo, cuándo y cómo disparamos los 17.000 proyectiles consumidos durante la batalla, o describir el esfuerzo sobrehumano que tuvimos que realizar para acarrear a brazo casi 500 toneladas de munición o profundizar algunos aspectos técnicos o tácticos de las 75 misiones de fuego cumplidas por la unidad, o del sacrificio que significó soportar el frío, el hambre y la incertidumbre del combate, con los efectivos reducidos a poco más de la mitad de lo que determinan los cuadros de organización. Pero creo que sobre esto ya hay abundante literatura, que servirá para que en el futuro se pueda analizar objetivamente y sin prejuicios el desarrollo de esta guerra. Es por ello que hoy, con la perspectiva que proporcionan los años, creo que aun para un soldado, recordar el heroísmo, la valentía, el respeto, la amistad, pueden ser más valiosos que el hecho bélico en sí. Quisiera entonces rescatar en estas líneas algunas virtudes de camaradas quizás olvidados. Algunos ya no están junto a nosotros pero su ejemplo seguirá vivo en mi memoria. En primer lugar al Tte 1ro DARIO FURQUE. Llegó movilizado proveniente del Liceo Militar General Belgrano. Aunque poco recordaba de artillería, fue designado 2do Jefe de la Batería que se encontraba a mi cargo. Mi primera reacción fue negativa, se entrometía en la cadena de mando alguien a quien no conocía. Pero, con el correr de los días, con humildad, con generosidad, con hombría de bien fue ganándose un lugar en la Subunidad. Su ánimo, siempre fue optimista, el respeto al subalterno fue su norma, su subordinación a mis órdenes un ejemplo. Se esforzó en los momentos libres por estudiar y llegó a manejar el Centro de Dirección de Tiro como el mejor, su sensibilidad para detectar los problemas lo llevó a ser como un "Termostato" que permitió que en la Batería todo funcionara armoniosamente. En los descansos hablaba a la primera línea para alentar a los sacrificados infantes, les pedía que no aflojaran, que estábamos junto a ellos para apoyarlos con nuestros fuegos. Quizás nunca exteriorizó todo el dolor y la angustia que llevaba adentro. Al regreso de Malvinas nunca más lo vi. Hoy quiero decirle gracias. Hoy quiero decirle que siento ganas de abrazarlo como aquel 14 de junio cuando juntos lloramos de impotencia ante tanta prepotencia. Gracias, muchas gracias. También quiero recordar a mi Oficial de Batería, el Subteniente MARTIN. Dormía sólo dos horas por noche y durante toda la campaña fue pozo por pozo llevándole la comida a cada uno de nuestros soldados, sin importarle si quedaba algo para él. Su firme carácter y su temperamento hacían pensar que había nacido para la guerra, pero era sólo un joven con un corazón tan grande que el servir a los demás era su felicidad. Era realmente emocionante verlo al término de cada ráfaga de la artillería del enemigo, abandonar su refugio y arrastrarse para llegar a cada uno de nuestros hombres para saber cómo se encontraban y darle su aliento. Jamás durante la campaña exteriorizó el mínimo gesto de debilidad, nunca de su boca partió una queja. Hoy la vida lo ha puesto nuevamente a prueba, debiendo soportar una cruenta e irreversible enfermedad en uno de sus hijos, pero seguramente su tesón y fortaleza lo ayudará a vencer esta adversidad. La intachable conducta de soldado del Subteniente MARTIN, fue un ejemplo de virtudes donde pretendimos reflejarnos quienes compartimos y sufrimos con él las consecuencias del combate. Finalmente llega a mi recuerdo al Capitán JULIO CORDERO. Comando y paracaidista, alegre y optimista, capaz de ser hombre y niño a la vez. Estuvo siempre junto a nosotros, nos alentó, nos aconsejó, nos orientó, su imagen sonriente y generosa era una permanente fuente de motivación. Compartió todo, desde el pedazo de pan que había conseguido hasta las lágrimas de la derrota. Quizás una sencilla anécdota nos sirva para ejemplificar su personalidad. El Capitán CORDERO era el Jefe de una Sección conformada integralmente por oficiales y suboficiales a la que se denominó "PUMA", que tenía la misión de proporcionar seguridad a las posiciones de fuego. Esta sección no tenía un lugar fijo donde dormir. Normalmente lo hacían donde los alcanzaba la noche. En una oportunidad, la sección "PUMA", se preparó para descansar cerca de mi batería, en una especie de galpón precario que se encontraba allí. Ya entrada la noche, se desató una fuerte tormenta con una lluvia torrencial que provocó que un arroyo que pasaba por las proximidades de la "vivienda", se desbordara y comenzara a inundar la misma. Simultáneamente con esto las fragatas británicas iniciaron un intenso bombardeo naval. Yo me encontraba despierto, de turno en la posición y decidí ir a despertarlo para evitar que el agua le mojara el equipo a él y a su personal. Y fue allí que escuché de sus labios dos frases que nunca olvidaré. Con referencia a la inundación me dijo espontáneamente: "Estos ingleses hijos de ...., le pegaron al tapón de la isla", lo que provocó la risa de todos los que estabamos allí, quitándole dramatismo a la difícil situación. Pero aún nos mantenía inquietantes el ruido de las explosiones del fuego naval. En ese momento un oficial le preguntó si debían ir a las trincheras a protegerse, a lo que él le ordenó: "Nadie sale del rancho, continuar durmiendo, que lo que esta gente quiere es justamente que no durmamos". Y dirigiéndose a mí, me dice: "Por favor avísame cuando los proyectiles caigan más cerca". Luego de varias noches en donde esos fuegos se reiteraban sistemáticamente, comprendí el sentido de sus palabras de esa noche, ya que el ruido de las explosiones pasó a ser parte de nosotros sin interrumpir nuestro descanso, excepto cuando era realmente necesario. Así, sencillo, franco, frontal, con gran arrojo y aplomo para la guerra era este soldado ejemplar. Hoy ya no está entre nosotros, que Dios lo tenga en la gloria. ¿Fueron héroes?. Quizás no, pero estos ejemplos de entrega absoluta sin limitaciones o egoísmos, de esfuerzo silencioso, de sacrificio prolongado, de firmeza de espíritu, de generosidad, de camaradería, creo que no debían quedar sólo en el recuerdo de este humilde soldado. LA PREPARACION, EL INGENIO Y EL AZAR Una de las grandes enseñanzas que pude internalizar luego de lo vivido en Malvinas es que la guerra para la cual nos preparamos los ciudadanos de una Nación presenta un espectro de situaciones sumamente intrincadas y complejas, donde la lógica, la iniciativa y el azar se dan en cantidades variables. Como ejemplo, trataré sintéticamente de relatar tres episodios diferentes que pudieron resolverse, uno gracias al entrenamiento previo, otro a la imaginación y el restante fue producto simplemente del azar. Durante 1981, el año previo a la guerra, realizamos en nuestro asiento de paz en Paso de los Libres, un curso de Observadores Adelantados con los Jefes de Compañías de los Regimientos de la Brigada. Estuvo planificado y ejecutado con mucho profesionalismo y los resultados fueron altamente satisfactorios. El 06 mayo de 1982, ya instalado en MALVINAS, me ordenaron desplazarme en helicóptero a MOUNT LOW (al norte de Puerto Argentino) a tomar contacto con el Jefe de Compañía "A", del Regimiento de Infantería 4, el Teniente Primero MOUGHTY que se encontraba solo y aislado, para establecer acuerdos para el caso que necesitara fuego de artillería sobre su sector de responsabilidad. Brevemente le recuerdo los procedimientos que le habíamos enseñado en ese curso realizado en tierras correntinas y le entrego unas instrucciones escritas del Coordinador de Apoyo de Fuego al respecto. Comprobamos las comunicaciones y en pocos minutos más regreso a mi posición. Esta es la muestra de lo importante que fue la instrucción integrada que previamente habíamos realizado en nuestro cuartel. Este Jefe de Compañía estaba en condiciones de conducir los fuegos para apoyar el combate de su subunidad. En otro episodio ocurrido el 08 de mayo de 1982, tuvimos que aplicar el ingenio. Nuestro radar RASIT detectó que dos buques enemigos se aproximaban a la costa a una distancia inusual (8.000 metros). Ante esta amenaza se cambió el frente de la Batería y utilizando HAZ CONVERGENTE (concentrando todas las piezas), y empleando el Radar RASIT como medio de Adquisición de Blancos batimos la zona durante aproximadamente una hora y treinta minutos. Así fue como una Batería de Obuses de 105 milímetros OTTO MELARA, apta para montaña, llanura o para operaciones aerotransportadas fue empleada como artillería de costa. Finalmente, el azar jugó a nuestro favor cuando durante el cumplimiento de una misión de fuego un proyectil impactó en un helicóptero enemigo que transportaba una pieza de artillería. Esta información fue corroborada por el Observador Adelantado y por el operador de radar del sistema ROLAND que se encontraba emplazado en proximidades de la batería. La preparación para el combate, la agudización del ingenio y muchas veces el azar, hacen que tengamos que orientar nuestra educación militar a formar conductores flexibles, idóneos para adoptar rápidas y acertadas resoluciones, aún con un elevado grado de incertidumbre. CAMBIOS DE POSICION DE LA ARTILLERIA DE CAMPAÑA Durante el desarrollo de una guerra, si bien cada día, cada hora, cada minuto, se viven intensamente y dan el marco temporal que puede significar la cruenta transición entre la vida y la muerte, es también cierto que la violencia de la batalla sufre oscilaciones de acuerdo a los planes de los contendientes, en particular de aquel que tiene el patrimonio de la ofensiva. La guerra de MALVINAS no fue una excepción. Trataré de relatar algunos hechos ocurridos entre el 9 y el 11 de Junio de 1982, días durante los cuales las fuerzas inglesas iniciaron el ataque final sobre la posición de PUERTO ARGENTINO, escalando el fragor de la batalla a su mayor intensidad. El día 9 de Junio fui llamado al Puesto Comando del Grupo de Artillería 3, y allí, el Jefe de la unidad, me impartió la orden de relevar, por cuarenta y ocho horas, al Jefe de la Batería de Tiro "C" (Teniente Primero HECTOR TESSEY), como así también a parte del personal de la misma, con hombres de mi batería, para permitir que aquéllos pudieran descansar. Como consecuencia de su misión, y dada su ubicación geográfica en el terreno (2000 m al Oeste de MOODY BROOK), la Batería "C" era, hasta ese momento, la que había recibido los fuegos de contrabatería más intensos y sostenidos. Esta batería estaba organizada con 8 piezas (calibre 105 mm OTTO MELARA, de 10.200 m de alcance). Debido a la escasa capacidad que presentaba el terreno en esa zona, no permitía ubicar efectivos de artillería de mayor magnitud, sin ofrecer al enemigo un blanco rentable. Relevamos, en total, a cuatro servicios de pieza, o sea al cincuenta por ciento de los efectivos de la batería. Durante la tarde del día 10 de junio adelantamos cuatro piezas a una posición suplementaria, previamente reconocida, ubicada aproximadamente, a 3 Km al Oeste de la posición principal. Desde allí resolveríamos, en alguna medida, el problema de no poder batir determinados blancos como consecuencia de nuestra falta de alcance. Los fuegos fueron reglados por los observadores adelantados, ubicados en Monte LONGDON (Teniente ALBERTO RAMOS), DOS HERMANAS (Capitán TOMAS FOX) y Monte HARRIET (Teniente DANIEL TEDESCO), y dirigidos por el Centro de Dirección de Tiro del Grupo de Artillería 3. Recuerdo que los daños causados a los británicos en esa oportunidad fueron importantes, ya que no escatimaron esfuerzos en ejecutar un rápido y eficaz fuego de contrabatería sobre nuestra posición, como así también en atacar la misma con medios aéreos. Aproximadamente a las 1600 horas, y luego de haber terminado de cumplir una misión de fuego, emergieron, desde detrás del Monte DOS HERMANAS, dos imponentes SEA HARRIER, los cuales volando a baja altura, atacaron la posición. Esta acción la repitieron aproximadamente media hora más tarde, pero cambiando la dirección del ataque. Tal hecho es una muestra de la importancia que el enemigo daba a nuestra artillería, ya que no vaciló en arriesgar esas costosas máquinas – valuadas en más de veinte millones de dólares cada una, para atacar cuatro pequeños obuses. Al atardecer, nos replegamos a la posición principal. Recuerdo que la noche del 10 al 11 de Junio fue muy dura. La artillería británica ejecutó, sobre la primera línea y sobre nuestras posiciones, un intenso fuego de hostigamiento que no pudimos contestar por estar fuera de alcance. Es destacable recordar que nuestra artillería tenía un alcance de 10,2 Km y la enemiga de 17 Km. Sólo nos quedaba apretar los dientes y rezar. Era realmente emocionante ver, al término de cada ráfaga del enemigo, a jóvenes oficiales y suboficiales abandonar sus refugios y arrastrarse para llegar a cada uno de los hombres, con el objeto de saber cómo se encontraban y alentarlos. Si todo estaba "sin novedad", un cerrado "sapukay" se elevaba a los cielos malvinenses. La noche fue muy fría y cerrada. Durante esas horas reflexioné sobre la gran responsabilidad que tenía, y pedí a DIOS que nos ayudara para adoptar las medidas más adecuadas, preservar a nuestros hombres y apoyar eficazmente a nuestra infantería. El 11 de Junio fue un día frío, con cielo claro y soleado. Durante la mañana y la tarde, se sucedieron los adelantamientos y combates desde las posiciones suplementarias. Los fuegos de contrabatería del enemigo resultaron más intensos. El Teniente RAMOS dirigió los fuegos y reiteró que la reunión de personal y medios de los británicos en su sector, era cada vez más importante. Allí volcamos todos nuestros esfuerzos. Por la noche, nos replegamos a la posición principal. Me comuniqué con el Teniente Coronel BALZA, quien me ordenó que preparáramos los medios y el espíritu, porque el enemigo, según los indicios que se disponían, incrementaría durante esa noche el ímpetu de su ataque. Siendo aproximadamente las 22 horas, escuché la voz del Teniente RAMOS pidiendo fuego sobre su sector. La misión de fuego fue cumplida. La voz del Teniente RAMOS se silenciaría para siempre a las 4 de la mañana. Aquélla fue la última misión de un soldado ejemplar. Un suboficial del Regimiento de Infantería 7, que se replegaba, me informó que había quedado herido, cubriendo el repliegue de quienes estaban junto a él, mientras hacía fuego con una ametralladora. Nunca lo volvimos a ver. Quizás su cuerpo haya quedado insepulto en el Campo de Batalla o tal vez sea uno más de los que hoy descansan como un jalón de soberanía en el cementerio de DARWIN y en cuyo crucifijo puede leerse: "Aquí yace un soldado Argentino cuyo nombre sólo conoce Dios". Aproximadamente una hora más tarde, los ingleses iniciaron el avance con sus principales fuerzas de asalto. Desde la posición, el espectáculo que pude ver y escuchar, proveniente de los combates que se liberaban en primera línea, era realmente dantesco. Durante el resto de la noche la batalla continuó con creciente intensidad. El personal que se replegaba, algunos gravemente heridos, llegaba hasta nuestra posición. Era conmovedor ver la alegría que exteriorizaban al tomar contacto con propia tropa. Muchos de ellos colaboraron con nosotros en la tarea de transportar munición desde los lugares de almacenamiento (que por seguridad se encontraban a 100/200 m de las piezas) hasta las bocas de fuego. Con las primeras luces del 12 de Junio, el enemigo había consolidado sus posiciones sobre los Montes HARRIET, LONGDON y DOS HERMANAS, y comenzó a batir las posiciones del Batallón de Infantería de Marina 5 y del Regimiento de Infantería 7. La Batería "C", ubicada en medio del Valle del Río Moody, quedó entonces, no sólo dentro del alcance de la artillería británica, sino también de sus morteros pesados. La munición estaba a punto de consumirse, y las piezas se encontraban enterradas hasta los ejes. Informé de esta situación al Jefe del Grupo de Artillería 3, y luego de unos minutos me ordenó que ejecutáramos un desplazamiento hacia una nueva posición, la cual ya había sido previamente establecida y preparada, al sur de Puerto Argentino. Uno a uno los obuses fueron recuperados y llevados a la nueva posición, pero uno de ellos, a cargo del Cabo DURAN, se encontraba encajado en el barro de tal manera que, pese a los reiterados esfuerzos realizados, parecía casi imposible su recuperación. No había forma de sacarlo. La única solución era desarmarlo. Con el barro hasta las rodillas, la persistente nevisca y la acción del fuego enemigo, iniciamos la tarea. La operación duró casi una hora. Lo desarmamos por completo, y así, por fin, fue cargado en un vehículo y transportado al nuevo emplazamiento. A media tarde, y sin novedad, finalizó el cambio de posición. Un duro combate nos esperaba al día siguiente..... EL DESENLACE DE LA BATALLA Pretender atribuir a cada combatiente una actitud heroica en cada uno de los instantes de esos largos setenta días, no sería una valorización sincera. Pero creo que deberíamos exaltar en su justa dimensión la actitud valerosa de aquellos que aún a riesgo de su propia vida ha realizado acciones que muestran una grandeza de espíritu que los eleva sobre sus pares. Quisiera hoy con mi recuerdo rendir tributo a dos jóvenes Suboficiales que en los días finales previos al desenlace de la batalla tuvieron actitudes dignas de los mejores elogios. El día 13 de junio de 1982 fue un día frío, con cielo claro y soleado, durante la noche se habían sucedido intensos fuegos de contrabatería. A la mañana se cumplieron misiones de fuego en forma casi ininterrumpida, estableciendo con el enemigo verdaderos duelos de Artillería. A unos ciento cincuenta metros de nuestra posición teníamos un depósito de armamento y equipos dentro de un pequeño tinglado. En su interior había dejado de custodia a dos soldados con la misión de no abandonarlo por ninguna causa. A las trece horas, la posición recibe intenso fuego de artillería, miro el depósito y veo que comienza a incendiarse, me acerco lentamente y compruebo que está prácticamente destruido. Todo hacía suponer lo peor con respecto a la vida de los soldados. Pero por suerte, en esos momentos, el Cabo RAMON CORREA que había ido a llevarles la comida, ingresó decididamente y arrastró hacia fuera a uno de ellos que estaba herido antes de que el tinglado se quebrara en mil pedazos. El Cabo CORREA fue herido en la acción, pero protegió y salvó la vida de los dos soldados. Durante la noche el Grupo de Artillería 3 apoyó el repliegue del Batallón de Infantería de Marina 5, que al decir del Capitán de Fragata ROBACIO, que era su jefe, estaba efectuando fuegos muy eficaces que contribuían decididamente en la acción que estaban llevando a cabo los bravos infantes de marina. Durante el combate, el retroceso del tubo de un cañón alcanzó al Cabo FERRERO quebrándole sus piernas. El Suboficial cayó herido pero demostrando un gran espíritu militar se negó a abandonar la posición, gritando y con lágrimas en los ojos se resistió, hasta que por la fuerza fue cargado en un camión UNIMOG y trasladado a un hospital. ¡Qué actitudes tan sencillas, pero qué grandeza encierran! Quizás hoy, con la perspectiva que dan los años, podamos valorar aún más estas actitudes en hombres que mantuvieron un gran espíritu de lucha pese a que el frío, el hambre y la dureza del combate habían mermado sus energías. Junto a nosotros, en esos momentos cruciales, como lo hizo durante toda la campaña, se encontraba el periodista y corresponsal de guerra NICOLAS KASANZEW, quien en uno de sus libros recuerda esos momentos de la siguiente manera: "Los hombres afectados al servicio de las piezas parecían embriagados por el aire que apestaba a explosivos, por el ruido que aturdía. Y la excitación de los artilleros se contagiaba. Era un olor grato, olor a cordita, olor a combate". "Las baterías de artillería se comportaban como si fueran velas que una vez encendidas continuaban consumiéndose hasta su total agotamiento. No dejaban de disparar hasta que el enemigo hiriera a los servidores o estropeara las piezas o hasta que estas se fundieran. Pienso que esa embriaguez de la batalla que me invadió debe ser aún mayor en los soldados que combatieron y la conservarán como el único gran recuerdo que los hará olvidar los penosos días de las trincheras". Durante la mañana la intensidad de los combates fueron decreciendo lentamente, ya casi no se recibían misiones de fuego. Hacia el mediodía de ese triste 14 de junio se produjo el silencio en el campo de combate. La defensa había sido quebrada y el cerco táctico se había cerrado totalmente sobre Puerto Argentino, quedando en poder de nuestras fuerzas un reducido espacio de 11 kilómetros de Este a Oeste y de 4 kilómetros de Norte a Sur. Los británicos controlaban las alturas próximas a la localidad. De allí tenían un excelente dominio visual sobre la totalidad del espacio sobre el cual aún se mantenían tropas argentinas. Desde estos magníficos observatorios y con toda comodidad podían dirigir sus fuegos sobre dicho sector, ya fuera para impedir cualquier movimiento o reacción de propia tropa, como para someterlas a un preciso y demoledor fuego, en el caso de que aún continuaran defendiéndose. Quebrada cada una de las líneas defensivas, un número considerable de dispersos se iban replegando sobre el caserío. Algunos sólo estaban equipados con su armamento individual, otros ni siquiera lo conservaban. En general sin munición, carentes de equipos, de abrigo, agotados por el esfuerzo y las tensiones, sin haber recibido alimentos en las últimas cuarenta y ocho horas; muchos de ellos fuera de la conducción de sus jefes naturales, ya sea por el desordenado repliegue de algunas fracciones o por haber caído éstos muertos, heridos o prisioneros y sin embargo pese a la gravedad de la situación general, nuestros hombres seguían estoicos al pie del cañón. Junto a nosotros, sereno, agotado por las largas noches de combate, pero con gran lucidez para seguir conduciendo la unidad, como lo hizo desde el primer día que arribamos a Malvinas, se encontraba nuestro jefe. Agradezco a Dios que en combate fui mandado con firmeza y rigor, pero siempre mediante el ejemplo personal. Eso permitió que ese espíritu llegara hasta el último de los hombres y la unidad haya combatido en forma sobresaliente, pero por sobre todo se haya mantenido monolíticamente la disciplina hasta el último día de combate. Mientras caía sobre Puerto Argentino una fuerte nevisca, ya no se escuchaba el ronco y ensordecedor tronar de los cañones. Densas columnas de humo se podían apreciar desde diferentes sectores del caserío, que eran el mudo testimonio de las consecuencias de la batalla. La suerte sobre Puerto Argentino, ya estaba echada, ya no existía ninguna posibilidad de éxito. La concreción del cerco táctico había planteado crudamente la doble alternativa: Aniquilamiento o Capitulación. Y creo profundamente, que en ese momento, con el profundo dolor del recuerdo de quienes regaron con su sangre generosa las turbas malvinenses, con el rostro endurecido por el frío y el cansancio, sólo existía para mi una única posibilidad, seguir combatiendo hasta las últimas consecuencias. Pero hoy, con una visión más reflexiva de la batalla, puedo llegar a entender que continuar las operaciones sólo hubiera significado un mayor sacrifico de vidas humanas sin una razón valedera. Creo que el Comandante que rindió las tropas haciendo uso de su responsabilidad, prefirió someterse al juicio de la historia antes que llevar a sus hombres al aniquilamiento sin ninguna posibilidad de alcanzar la victoria. LOS PRISIONEROS DE GUERRA En la tarde del 14 de junio, habiéndose ya concretado la capitulación, el cese del fuego se mantuvo según lo acordado. Nos encontrábamos exhaustos, agotados y con una tristeza tan grande que parecía que nuestros corazones podían estallar en mil pedazos. No había ya, nada más por hacer. Las tropas británicas entraban eufóricas a Puerto Argentino y nuestra bandera volvió a ser arriada del mástil ubicado en la residencia del Gobernador. La guerra había terminado, empezaba para mí y para muchos de mis camaradas una nueva y triste experiencia. A media tarde el Teniente Coronel BALZA me ordena reunir al personal, los saluda y los felicita por su comportamiento en combate, pero en el rostro de mis hombres no puede dejar de evidenciarse la gran angustia que sienten por la derrota. Posteriormente se ordena incinerar toda la documentación e inutilizar las partes vitales del material. Horas más tarde, llegan a mi posición Oficiales Británicos que me preguntan: Where are your radars? (¿Dónde están sus radares?), convencido de que en la posición teníamos radares de Adquisición de Blancos de última generación como los que ellos utilizaron durante la batalla, a lo que contesté con mi inglés elemental: Radars are my eyes ("Mis ojos son los radares", describiéndole con estas sencillas palabras la gran diferencia tecnológica que nos separaba. Permanecimos en las posiciones hasta el día 16 de junio, donde nos ordenaron marchar a pie hasta proximidades del aeropuerto. Al llegar a ese lugar, permanecimos en precarias condiciones por un par de días hasta que nos indicaron que debíamos dirigirnos a Puerto Argentino, para embarcar en el buque británico CAMBERRA de regreso al continente. Antes de iniciar la marcha, exhorto a mis hombres a mantener la entereza, a adoptar una actitud digna frente al enemigo y, especialmente, a no ejecutar ninguna acción que pueda ser mal interpretada por nuestros custodios y que pueda dar origen a un incidente que ponga en peligro sus vidas. Durante los desplazamientos, el frío y una tenue llovizna hacía más dramático el momento. Era lamentable ver la desagradable imagen que proporcionaba el equipamiento argentino esparcido a lo largo del camino que nos conducía al muelle, ruta que había sido recorrida previamente por otras unidades. Al arribar al embarcadero, un soldado mercenario latinoamericano, petiso y regordete, al que luego en el campo de prisioneros bautizamos el "Gnomo", me preguntó mi cargo y mi jerarquía. Le expresé que era el Teniente Primero NAVONE, Jefe de una Batería de cañones y que quienes me seguían eran mis subordinados. Rápidamente me separó del grupo, dándome escasos minutos para despedirme de mis hombres y me hizo conducir hasta una casa diciéndome que: "Los altos oficiales van a ser llevados hasta el buque (que se encontraba fuera de la bahía de Puerto Argentino) en un helicóptero". No me escuchó cuando intenté explicarle que no era un "Alto Oficial", sino solamente un Teniente Primero. De nada valían mis explicaciones ya que no quedaban dudas de que su decisión ya estaba tomada. Me separaron del grupo y me introdujeron en una vivienda próxima al puerto. Mis hombres afortunadamente fueron llevados en lanchas hasta el CAMBERRA. La casa que ocupábamos comenzó a llenarse. Pasaron varias horas y me reencuentro en ese lugar con varios amigos que combatieron en otras unidades. Fue una muy grata y reconfortante vivencia verlos y comprobar que seguían con vida. A la madrugada, la sirena del buque británico anunciaba su partida. Era evidente que ese viaje no era para nosotros. Con las primeras luces fuimos embarcados en un helicóptero CHINOOK y trasladados hacia el Oeste. No sabíamos hacia dónde nos llevaban. Volamos sobre el mar con la compuerta del helicóptero abierta, por momentos temí que nuestro futuro fueran las heladas aguas que sobrevolábamos. Quizás hoy este razonamiento parezca exagerado, pero la guerra sensibiliza hasta las fibras más íntimas, y por momentos resulta difícil discernir entre la razón y la irracionalidad. Finalmente llegamos a destino, nevaba, hacía mucho frío y nuestra incertidumbre era cada vez mayor. El lugar al que arribamos era un pequeño caserío, donde lo que sobresalía nítidamente era la cantidad de vehículos y pertrechos militares británicos que allí se encontraban. Después nos enteramos que estábamos en Establecimiento SAN CARLOS. Nos desembarcaron y nos colocaron en un corral, cercado por alambre de púas retorcido, algo así como un campo de concentración. En esa situación permanecimos todo el día. El intenso frío calaba nuestro cuerpo, la nieve nos mojaba y el cansancio parecía doblegarnos. No había duda de que querían quebrar nuestra moral. Nunca lo lograron. Al anochecer nos introdujeron en un frigorífico abandonado donde permanecimos más de 18 días. El lugar era lúgubre, con piso de cemento, sin ventilación, no entraba la luz del sol y la única iluminación era aportada por una lámpara de 50 vatios. El espacio era reducido y si bien en su interior la temperatura era aceptable, la falta de aire hacía que la atmósfera resultara bastante cargada. Las letrinas eran tambores de 200 litros cortados por la mitad, semiocultos sólo por arpilleras, pero ubicados en el mismo local que nos servía de alojamiento y donde también comíamos..., nos turnábamos para realizar la ingrata tarea de sacar los tambores al exterior cuando estos se llenaban. Salíamos fuera de estos locales por turnos, sólo por espacio de 30 minutos a tomar "Fresh air" (aire fresco), como decían los británicos, férreamente vigilados por nuestros custodios. No podíamos comunicarnos con los ubicados en recintos contiguos. Nunca pude saber cuántos hombres estábamos en esta situación. La comida era escasa y se limitaba a algún alimento enlatado. El agua estaba muy restringida, la repartían dos veces al día, por lo que todos tratábamos de almacenarla en alguna lata de conserva vacía que nos hubiera quedado. En este campo de prisioneros me reencontré con una gran amigo, el Teniente Primero GUGLIELMONE, artillero como yo, pero que en la guerra combatió con las Tropas Comando, ya que ésta era una de sus aptitudes especiales. Juntos compartíamos estos días difíciles, normalmente hablábamos del futuro, intentando limitar a lo imprescindible el comentario de los hechos vinculados con la dura experiencia que habíamos vivido. Día a día recordaba a mi familia, pensaba en la ansiedad que tendrían por saber algo sobre mi vida, no llegaba a imaginarme cómo estarían mis hijos, pero creo que estos recuerdos me alentaban a querer seguir viviendo. Un día nos visitó La Cruz Roja Internacional para interiorizarse sobre nuestro estado de salud y nos confeccionó, a cada uno de nosotros, la ficha de Prisionero de Guerra. A partir de ese momento nuestra incertidumbre se redujo. A través de esta organización la comunidad internacional ya tenía conocimiento sobre nuestros destinos. Un día, cuando mi pensamiento vagaba en busca de recuerdos, escuché por la radio que tenía uno de nuestros custodios, que se estaba jugando un partido de fútbol de nuestra Selección por el Campeonato Mundial que se desarrollaba en España. En ningún momento se mencionó la guerra, ni mucho menos algo referido a los prisioneros. Me quedó bien claro que nosotros sólo éramos importantes para nuestros familiares. Ya a esta altura del año las nevadas eran frecuentes y también las neblinas, el espectáculo que podíamos divisar cuando teníamos esos breves recreos, era el de los cerros ya cubiertos con un tenue manto blanco. El tedio y la incertidumbre sobre nuestro futuro, era una de las características del estado anímico de la mayoría de los prisioneros. Creíamos además, que éramos empleados como rehenes para presionar al Gobierno Argentino a declarar formalmente el cese de las hostilidades sin ningún condicionamiento. Si hay algo, en tal sentido, que no se le puede reprochar al Reino Unido, es que precisamente no utilizó nuestro sufrimiento para tal fin. Rumores y comentarios estaban siempre presentes. Permanentemente rondó sobre nosotros la posibilidad de un traslado a la Isla ASCENSION o a GRAN BRETAÑA, sin fecha cierta de regreso. A fines de junio nos trasladaron al Buque SAINT EDMUND, a bordo del cúal ya se encontraban otros prisioneros entre ellos el General MENENDEZ. El ingreso al barco fue precedido por un control general muy detallado, donde nos retiraron todo, hasta los efectos personales, incluído las agendas y apuntes, lo que hace que lo que hoy pretendo narrar sea el resultado de imágenes que se han grabado profundamente en mi memoria. Este barco era del tipo "Ferry", y normalmente realizaba un itinerario a través del Canal de la Mancha uniendo Gran Bretaña con el Continente Europeo. Por ello, los camarotes eran muy pequeños, ya que son para viajes de poca duración. Cada uno era para dos personas, pero nos colocaron de a tres. Lo compartí con los Tenientes Primero GUGLIELMONE y CABALLERO; nos rotábamos y uno de nosotros dormía en el suelo la noche que le tocaba, según los turnos que nosotros mismos habíamos establecido. En este lugar mejoraron las condiciones de higiene y alojamiento, que eran las propias del barco, no así la comida que siguió siendo restringida en razón de la sobrepoblación que se encontraba a bordo del buque. Durante la noche del 30 de junio, el barco navegó de regreso a Puerto Argentino y se fondeó frente a la Bahía de la Anunciación. Era realmente tedioso vivir todo el día encerrado en un camarote de dos metros por dos metros, que además, como ya expresara, debíamos compartir entre tres. Un día nos ordenaron tapar los "Ojos de Buey" porque la flota británica esperaba un eventual ataque aéreo Argentino. Ante esta posibilidad el buque colocó un enorme cartel con la sigla POW, que en inglés significa Prisioneros de Guerra. Así se perdió nuestra única diversión que era mirar el mar desde estas aberturas. Fue también un hecho singular, cuando un día recibimos un pago de ocho libras malvinenses, como sueldo de Prisionero de Guerra, según lo que estipula la Convención de Ginebra. Aún conservo este dinero como recuerdo de aquellos días. Alrededor del 14 de Julio el Saint Edmund, se dirigió hacia Puerto Madryn, donde arribamos unos días después. Bajamos de la planchada del buque, con la esperanza de encontrar algún mínimo reconocimiento a nuestro sacrificio. Pero no, los rostros de quienes nos esperaban parecían transferirnos la responsabilidad de la derrota. Quizás aún la soberbia no les permitía comprender que quienes regresábamos de la guerra, jamás participamos de la irresponsable decisión política que costo tantas vidas. Pero esto también es otra historia... Mi experiencia como Prisionero de Guerra fue difícil y dolorosa, pero creo que esos días sirvieron para poder reflexionar sobre todo lo vivido durante la Batalla y repensar sobre mi futuro. Creo que si hubiera vuelto al Continente con la sangre aún caliente por los combates, con el olor a pólvora en mis manos y con el dolor del camarada herido resonando aún en mis oídos, tal vez otro sería hoy mi destino. El tiempo permite madurar las emociones y los sentimientos, es por ello que esos días fueron para mí fundamentales para reencontrarme con los valores aferrados en lo más profundo de mi ser. No obstante debo reconocer que, cuando volví de MALVINAS, era un hombre diferente... EL REGRESO SIN GLORIA A mediados de julio del 82 regresamos al continente los últimos Prisioneros de Guerra que permanecimos en poder de la Corona Británica. Muy pocos nos esperaban, el pueblo ya no estaba, nuestros superiores, indiferentes ante nuestra angustia, nos miraban como si fuéramos culpables de la derrota. El avión que nos traía hizo escala en El Palomar, donde el Jefe del Grupo de Artillería 3 se reencontró con sus familiares. Los otros Oficiales de la unidad, que permanecieron prisioneros con nosotros, también quedaron en el camino. Creo que fui el único Oficial de la unidad que llegó hasta Paso de los Libres. Los Oficiales que permanecieron en el continente, nos prepararon una recepción de carácter social. Me sentí desubicado en ese lugar, mi familia seguía aún en la casa de los padres de mi esposa en la ciudad de Azul. A los pocos minutos me retiré del lugar, sentí ganas de estar solo y luego un profundo deseo de reencontrarme con mis seres queridos. Parecía que quienes nos recibían no alcanzaban a comprender nuestro estado de ánimo o por lo menos así lo aparentaban. Comenzaría a partir de ese momento un período de expectativas, incomprensiones e ingratitudes como fue el inesperado e indiscriminado relevo de los Jefes de Unidades, que recibían como premio a su esfuerzo tamaña injusticia. Hoy, a la distancia, podríamos preguntarnos qué fue de la vida de aquellos veteranos de ese relámpago que fue la guerra de MALVINAS. Creo que al personal de soldados, lentamente, muy lentamente, en base a esfuerzos individuales, más que institucionales, se les fueron otorgando algunos reconocimientos morales y materiales que aún son insuficientes y no alcanzan a cubrir sus necesidades. En lo que respecta a los cuadros, creo que si se efectuaran estadísticas, éstas permitirían concluir que la mayoría ya no está en la institución. Muchas bajas se produjeron prácticamente al regreso de la guerra, y como dato interesante se desprende que en ese inmigrar de la fuerza no privó el buen o mal desempeño, ya que desde oficiales y suboficiales que tuvieron conductas heroicas hasta pusilánimes que pudieron comprobar que la carrera de las armas no era para ellos, se fueron alejando, llevando en sus mochilas experiencias y recuerdos. Será tarea de sicólogos y sociólogos, algún día, explicarnos el por qué. Entiendo que el conflicto armado con el Reino Unido de Gran Bretaña por la recuperación de las Islas Malvinas, es un capítulo de nuestra historia que aún no ha terminado de escribirse. Posiblemente los resultados adversos del acto de soberanía intentado por nuestro país el 2 de abril de 1982, haya dado lugar a una polémica, que es aún muy activa y vehemente, y que presenta además profundas discrepancias. Creo que nos falta una perspectiva histórica, algo más alejada de las actuales pasiones, para poder evaluar correctamente y en su integralidad la grandeza de esta gesta. Sólo el transcurso del tiempo nos ayudará a lograr esta perspectiva. Deseo finalmente, al culminar este trabajo, expresar mi muy sentido homenaje a nuestros compatriotas que perdieron la vida luchando por nuestros derechos, a sus familiares que sintieron en carne propia el frío de las balas que acabara con la vida de sus seres queridos, a los mutilados y heridos que viven sufriendo las consecuencias del combate y también mi respecto a todos los que lucharon con valor y patriotismo, con quienes compartí los difíciles días de las trincheras. Quienes aún permanecemos en la institución asumimos el compromiso de mantener siempre latente, en las futuras generaciones de oficiales y suboficiales, un sentimiento de gratitud y respeto a los Veteranos de MALVINAS. Siguiendo sabios consejos borroneados entre mis apuntes, doy fe de que "he tenido mucho cuidado de no tomar con liviandad las acciones humanas, de no deplorarlas, ni maldecirlas, sino de comprenderlas"

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Megapost - Edad Media 1ª Parte
Megapost - Edad Media 1ª Parte
InfoporAnónimo1/21/2008

Antes que nada les dejo los titulos de los diferentes temas acerca de la edad media porque son bastantes: 1ª Parte: Edad media - Feudalismo 2ª Parte: Religion - Torneos 3ª Parte: Inquisicion - Torturas LA EDAD MEDIA La expresión "Edad Media" ha sido empleada por la civilización occidental para definir el periodo de 1000 años de historia europea entre el 500 y 1500 d. C. EL inicio de la Edad Media está señalado por la caída del Imperio Romano Occidental, gen eralmente tomado como el fin de la historia clásica antigua. El inicio del Renacimiento (de Europa) marca el final de la Edad Media. Entre los acontecimientos que determinaron el final de este periodo destacan la caída de Constantinopla en 1453; la utilización por primera vez de la imprenta en 1456; el descubrimiento de América en 1492; la Reforma Protestante iniciada por Lutero en 1517, y el florecimiento de las artes en Italia. La Edad Media se sitúa, por lo tanto, entre lo que conocemos como historia antigua e historia moderna. En Asia y Oriente Medio, este periodo histórico no entra fácilmente dentro del concepto europeo de Edad Media. China evolucionó paulatinamente desde los tiempos prehistóricos hasta el comienzo de la historia moderna occidental sin los bruscos cambios que tuvieron lugar en Europa. El poder en China estuvo en manos de diferentes dinastías y también fue víctima de invasiones, pero su cultura fundamental progresó de una manera estable. Japón también se desarrolló a un ritmo estable y sin interferencias. La historia de Oriente Medio se adapta un poco más a la Edad Media europea, al tratarse de zonas más cercanas y entre las que el contacto era continuo. La Alta Edad Media Tras la caída de Roma, Europa occidental entró un periodo conocido como la Alta Edad Media. Una de las razones por las que se le aplicó este nombre es que gran parte de la civilización romana fue aniquilada y reemplazada por una cultura más bárbara. Otro de los motivos es la escasez de documentos escritos que arrojen luz sobre esta etapa de la historia. La Baja Edad Media Esta época fue testigo de un extenso movimiento de ruptura por toda Europa y de la sustitución de la cultura romana, predominante hasta el momento, por la de las tribus germánicas. Durante 500 años, Europa había sufrido continuas guerras e invasiones. Sin embargo, la vida del campesinado no cambió básicamente y se acabó recuperando la estabilidad social y cultural, aunque con carácter diferente. Alrededor del año 1000, los europeos estaban creando una nueva civilización medieval que sobrepasaba a la antigua en casi todos los aspectos. La organización de los ejércitos En comparación con los grandes ejércitos nacionales de épocas más modernas, la organización de los ejércitos feudales era sencilla. Hasta finales de la Edad Media no hubo regimientos, divisiones o cuerpos permanentes. Cuando se convocaba a un ejército feudal, cada vasallo viajaba hasta el lugar de encuentro con los caballeros, arqueros e infantería que le habían solicitado. Una vez en el punto de encuentro, los contingentes eran reagrupados según su papel. Los caballeros y sus escuderos marchaban juntos, al igual que los arqueros y la infantería. Las unidades especiales, como los ingenieros y la artillería de asedio, solían ser profesionales contratados para la campaña. Por ejemplo, la artillería empleada por los turcos contra Constantinopla fue manejada por mercenarios cristianos. A finales de la Edad Media, ser soldado mercenario era una profesión respetable. Los guerreros emprendedores formaban compañías de mercenarios que permitían a un señor rico o a una ciudad la contratación de tropas ya listas y formadas para combatir. Algunas de estas compañías estaban especializadas en un solo tipo de lucha. Por ejemplo, en el año 1346, 2000 ballesteros genoveses lucharon al servicio del ejército francés en la batalla de Crécy. Otras compañías de mercenarios aunaban contingentes de todas las clases. A menudo se les describía en términos del número de lanzas del que disponían. Cada lanza equivalía a un caballero armado más las correspondientes tropas de caballería, infantería y artillería. Una compañía de 100 lanzas representaba varios cientos de hombres armados. Este sistema dio origen al término "freelance". En el ejército medieval, la jerarquía de mando era mínima. Pocas maniobras se planeaban de antemano, por lo que había escasa provisión de personal para apoyar a los mandos y transmitir órdenes. En 1439, Carlos VII de Francia creó las Compañías Reales de Ordenanza. Estas compañías estaban formadas por caballeros o por soldados de infantería, y eran pagadas con el dinero de los impuestos. Cada compañía tenía una dotación establecida de hombres. Normalmente, era el propio rey quien escogía su armadura y las correspondientes armas. Esto fue el inicio de los modernos ejércitos permanentes de Occidente. El suministro Las provisiones de medicinas y alimento eran escasas. Los ejércitos medievales vivían directamente de las tierras que ocupaban o que atravesaban, en detrimento de sus pobladores. La llegada de un ejército aliado no era mejor que la de uno enemigo. Los ejércitos medievales no solían permanecer por demasiado tiempo en una misma zona, al agotarse pronto el suministro local de alimento y forraje. Esto suponía un problema especialmente en los asedios. Si el ejército sitiador no se organizaba para recibir comida y suministros durante el sitio, podía verse obligado a levantar la plaza para no morir de hambruna mucho antes de que los sitiados se vieran impelidos a la rendición. La salubridad también era un problema cuando el ejército permanecía afincado en una misma zona. Un ejército medieval transportaba muchos animales además de las monturas de los caballeros, y los problemas de aguas residuales producían disentería. Los ejércitos feudales tendían a acabar consumidos por la enfermedad y por las deserciones. Durante su campaña en Francia, Enrique V de Inglaterra perdió en el asedio de Harfleur alrededor del 15 por ciento de su ejército debido a enfermedades, y las bajas aumentaron en su marcha hasta Aquisgrán. En la batalla en sí, sólo perdió el 5 por ciento de sus hombres. Enrique V murió de enfermedad en otro asedio a causa de las malas condiciones sanitarias. El despliegue para la batalla La mayoría de las batallas tenían una estructura fija en la que las dos facciones se organizaban en el campo de batalla antes de empezar la lucha. Las campañas de maniobras y los acuerdos para el encuentro eran poco frecuentes. Antes de la batalla, los mandos dividían sus tropas en contingentes con tareas específicas. La primera separación podía ser en infantería, arqueros y caballería. Estos grupos podían subdividirse en otros a los que se encomendaban misiones individuales o que debían permanecer en la reserva. Un comandante podía, por ejemplo, organizar varios "batallones" o "divisiones" de caballería para que cargasen individualmente si lo precisaba o tenerlos de reserva. Los arqueros podían desplegarse a la cabeza del ejército con el apoyo de bloques de infantería. Una vez organizado el ejército, las únicas decisiones importantes a tomar eran cuándo ordenar el ataque a las distintos divisiones. Comenzada la batalla, había pocas previsiones para retirarse, reagruparse o reorganizarse. Por ejemplo, un batallón de caballeros raramente podía usarse en más de una ocasión. Una vez utilizados en determinado cometido, normalmente se los retiraba o se los reforzaba. Una carga de toda la caballería pesada causaba tal confusión, pérdida de equipamiento y de caballerías, que las tropas se quedaba prácticamente sin fuerzas. En la batalla de Hastings, los caballeros normandos fueron reagrupados para nuevas cargas, pero no cargaron simultáneamente porque no fueron capaces de romper el muro de escudos sajones. Los mandos superiores disponían del terreno para su ventaja y realizaban misiones de reconocimiento para evaluar los puntos débiles y fuertes de ejército enemigo. El pago de los rescates La recompensa última al triunfo en la batalla era la concesión de honores y de feudos. La más común consistía en el botín obtenido en el saqueo de los cuerpos, las ciudades y castillos, con la venta de armas y armaduras de los muertos, y mediante el cobro del rescate de prisioneros de rango. Se esperaba que los caballeros pagaran un rescate a cambio de su vida. Uno de los rescates más importantes de los que haya quedado constancia fue el de la suma equivalente a más de 20 millones de dólares modernos pagada a un príncipe alemán a cambio de la libertad de Ricardo I de Inglaterra, capturado durante su regreso de las Cruzadas. En Aquisgrán, los ingleses tenían presos en la retaguardia a un nutrido grupo de caballeros franceses con el fin de pedir su rescate. Durante la batalla, un contingente francés asaltó la retaguardia inglesa provocando brevemente el pánico de Enrique V. Este ordenó la ejecución de los prisioneros para así evitar su liberación, perdiendo de ese modo una fortuna en rescates. La captura de los caballeros era registrada por los heraldos, que apuntaban qué soldados eran responsables de su captura y por lo tanto debían recibir el rescate. Luego lo notificaban a los familiares de los prisioneros, disponiendo el pago del rescate y finalmente su liberación. La popularidad que cobraron los rescates puede parecer una costumbre muy civilizada, pero encubre el aspecto más siniestro de la historia. Los prisioneros de bajo rango podían ser directamente asesinados para evitar las molestias derivadas de su vigilancia y alimentación. La estrategia militar La estrategia militar medieval se centraba en el control de las fuentes de riqueza y, en consecuencia, en su capacidad para la ocupación de tierras. Al principio del periodo, esto equivalía básicamente a destruir o defender los campos, ya que toda la riqueza tenía origen en las tierras de labranza y en los pastos. Con el paso de los años, las ciudades se convirtieron en importantes puntos de control como centros de riqueza derivados del comercio y la manufactura. Conquistar y mantener el control de los castillos era parte esencial de las guerras, ya que éstos defendían las tierras de labranza y pasto. Los ocupantes del castillo controlaban a la población de los alrededores. A medida que iban creciendo, las ciudades también se fortificaron. La defensa y la conquista de ciudades fue adquiriendo gradualmente mayor importancia que el control de los castillos. Los ejércitos de tierra maniobraban para conquistar las fortificaciones clave y devastar los campos, o para evitar que el enemigo llevara a cabo esas mismas acciones. Las batallas campales se producían para poner fin a la destrucción provocada por las invasiones enemigas. Por ejemplo, los anglosajones se batieron en Hastings, en el año 1066, para poner fin a una invasión de los normandos. Los anglosajones fueron derrotados y los normandos, bajo Guillermo el Conquistador, pasaron los siguientes años estableciendo su control sobre Inglaterra mediante una campaña de conquistas. La batalla de Lechfield, librada en el 955, enfrentó a los germanos y a invasores magiares provenientes del Este. La victoria decisiva de los germanos, bajo el mandato de Otón I, puso fin a posteriores invasiones de los magiares. La derrota de los moros en el 732 por parte de Carlos Martel acabó con las invasiones musulmanas y con su expansión fuera de España. Las batallas de Crécy, Poitiers y Aquisgrán, libradas durante la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, fueron tres intentos por parte de los franceses de frenar las incursiones inglesas. Los franceses fueron derrotados en las tres batallas, por lo que las invasiones inglesas siguieron su curso. En este caso, sin embargo, los ingleses no lograron un control permanente de los territorios y, con el tiempo, los franceses acabaron por ganar la guerra. Las Cruzadas fueron intentos de conquistar y controlar puntos estratégicos en Tierra Santa que permitiesen obtener el control de la zona. Las batallas en las Cruzadas tenían lugar para acabar con el control de uno de los bandos. La victoria de los Sarracenos bajo Saladino, en la batalla de Hattin en 1187, permitió a éstos la reconquista de Jerusalén. Las tácticas militares Las batallas medievales fueron evolucionando desde desordenados enfrentamientos entre bandas armadas a batallas en las que se usaban tácticas y maniobras. Parte de esta evolución se debió al desarrollo de distintos tipos de soldados y armas, y al aprendizaje de su manejo. Los primeros ejércitos de la Alta Edad Media consistían en grupos de infantería. Al desarrollarse la caballería pesada, los mejores ejércitos pasaron a ser hordas de caballeros. Los soldados de infantería quedaron destinados a devastar las tierras de labranza y a realizar el trabajo pesado durante los asedios. Sin embargo, en el campo de batalla este tipo de soldado corría riesgos respecto a ambos bandos, al buscar los caballeros el enfrentamiento con sus enemigos en combates individuales. Esto era así principalmente a principios del periodo, cuando la infantería se constituía de siervos y de campesinos sin preparación. Los arqueros eran también útiles en los asedios, pero corrían igualmente el riesgo de ser arrollados en el campo de batalla. A finales del siglo XV, los comandantes estaban haciendo progresos en disciplinar a sus caballeros y en lograr que sus tropas funcionasen en equipo. En el ejército inglés, los caballeros acabaron otorgando a regañadientes su respeto a los arqueros después de que éstos demostraran su valor en numerosos campos de batalla. La disciplina también mejoró al haber más caballeros que luchaban por dinero y menos que lo hicieran por el honor y la gloria. En Italia, los soldados mercenarios adquirieron fama por largas campañas en las que apenas se derramó sangre. Para entonces, los soldados de todos los rangos eran activos de valor que no debían desaprovecharse a la ligera. Los ejércitos feudales en busca de gloria se convirtieron en ejércitos profesionales más interesados en seguir viviendo para disfrutar la paga. Las tácticas de la caballería La caballería normalmente se organizaba en tres grupos, o divisiones, que eran lanzadas al combate una detrás de otra. La primera oleada debía abrirse paso entre el ejército enemigo o desbaratar sus filas para que la segunda o la tercera pudiesen hacerlo. Una vez que el enemigo se ponía a correr, comenzaban la matanza y la captura propiamente dichas. En la práctica, los caballeros actuaban individualmente en detrimento de lo planeado por el comandante. El honor y la gloria eran los principales intereses de los caballeros, por lo que maniobraban para obtener posiciones de primera fila en la primera división. La victoria del ejército en el campo de batalla era un objetivo secundario al de su propia gloria. Batalla tras batalla, los caballeros cargaban tan pronto como veían al enemigo, desbaratando todo plan previsto. En ocasiones, los comandantes desmontaban a sus caballeros para poder controlarlos mejor. Esta opción era bien acogida por las tropas menores, cuyas esperanzas en las luchas de embestida eran realmente pocas, por lo que aumentaba el vigor en el combate y la moral del soldado común. En este caso los caballeros, junto con soldados de infantería, luchaban tras estacas u otras construcciones defensivas que se diseñaban para minimizar el impacto de las cargas de la caballería. Un ejemplo de conducta indisciplinada por parte de los caballeros fue la batalla de Crécy en 1346. El ejército francés superaba en mucho en número al inglés (40.000 contra 10.000), y tenía una cantidad mucho mayor de caballeros. Los ingleses se dividieron en tres grupos de arqueros protegidos por estacas. Entre los tres grupos había dos de caballeros desmontados. Un tercer grupo de caballeros sin montura permanecía en la reserva. El rey francés envió a los ballesteros mercenarios genoveses a contener al ejército enemigo mientras él trataba de organizar en tres grupos a sus propios caballeros. Sin embargo, las ballestas estaban mojadas y resultaron ineficaces. Por su parte, los caballeros franceses ignoraron los esfuerzos de su rey nada más divisar al enemigo, prorrumpiendo en frenéticos gritos de "¡Mueran! ¡Mueran! ¡Mueran!". Impacientándose con los ballesteros genoveses, el rey francés mandó cargar a sus caballeros, que arrollaron a su paso a los genoveses. Aunque la lucha se prolongó durante todo el día, los caballeros y arqueros ingleses, cuyas cuerdas de los arcos permanecían secas, derrotaron a la caballería francesa por la indisciplina con que combatió. A finales de la Edad Media, el valor de la caballería pesada en el campo de batalla había descendido al nivel de los tiradores y la infantería. Para entonces, ya se había aprendido la inutilidad de cargar contra una infantería bien disciplinada y situada. Las reglas habían cambiado. Las estacas, trampas para caballos, y trincheras se empleaban con asiduidad para protegerse de las cargas de caballería. Las cargas contra filas masivas de piqueros y arqueros/artilleros dejaban como único resultado una pila de caballos y hombres destrozados. Los caballeros se vieron obligados a luchar a pie o a esperar una oportunidad propicia para cargar. Las cargas devastadoras eran aún posibles, pero sólo cuando el enemigo estaba en desbandada, desorganizado o fuera de sus temporales construcciones defensivas. Las tácticas de la artillería Durante la mayor parte de la Edad Media, las tropas de artillería estaban integradas por arqueros que manejaban alguno de los distintos tipos de arco. Al principio era el arco corto, después la ballesta y finalmente el arco largo. Los arqueros tenían la ventaja de poder matar y herir a enemigos a distancia sin participar en el combate cuerpo a cuerpo. El valor de este tipo de tropas era bien conocido en la antigüedad, pero las lecciones aprendidas se olvidaron temporalmente durante la Alta Edad Media. Los caballeros guerreros que tenían la tierra bajo su control detentaban el rango más alto, y su código exigía el combate cuerpo a cuerpo contra un enemigo importante. Matar a distancia con flechas era un deshonor para los caballeros, por lo que las clases dominantes se ocuparon poco de desarrollar este arma y de utilizarla eficazmente. Sin embargo, con el tiempo se fue poniendo de manifiesto que los arqueros eran útiles y eficaces tanto para los asedios como para las batallas. Más y más ejércitos, aunque fuera a regañadientes, les hicieron sitio. La victoria decisiva de Guillermo I en Hastings en el año 1066 pudo deberse a sus arqueros, aunque los caballeros, como era tradición, se llevaron la mayor parte del crédito. Los anglosajones ocupaban una ladera, y estaban tan apiñados tras su barrera de escudos, que los caballeros normandos tenían grandes problemas para penetrarla. La lucha transcurrió durante todo el día. Finalmente los anglosajones se aventuraron a dejar su barrera de escudos, en parte para dar alcance a los arqueros normandos. Una vez fuera, los anglosajones abatidos con facilidad. Durante un tiempo, pareció que los normandos iban a perder, pero muchos piensan que los arqueros normandos estaban ganando la batalla. Un flechazo afortunado hirió de muerte a Harold, el rey anglosajón y, a partir de ese momento, la batalla concluyó rápidamente. Los arqueros de infantería combatían en formaciones masivas de cientos e incluso miles de hombres. Dentro de un radio de acción de cien yardas, tanto los disparos con arco como los de las ballestas podían penetrar las armaduras. A esa distancia, los arqueros disparaban a objetivos individuales. Las consecuencias para el enemigo eran devastadoras, especialmente si no podían responder al ataque. En una situación ideal, los arqueros desbarataban la formación enemiga disparando durante algún tiempo. El enemigo podía estar a salvo de la caballería tras las estacas, pero no podía parar todas las flechas o saetas que le disparaban. Si el enemigo abandonaba sus defensas y cargaba contra los arqueros, la caballería pesada entraba en acción, a poder ser a tiempo de salvar a los arqueros. Si la formación enemiga no se movía de su sitio, podía acabar debilitándose hasta el punto de que la caballería pudiese cargar con eficacia. A los arqueros se les animaba y subvencionaba activamente en Inglaterra ya que los ingleses, al librar batallas en el continente, estaban en desventaja en cuanto a número. Cuando los ingleses aprendieron a usar los grandes contingentes de arqueros, empezaron a ganar batallas a pesar de su inferioridad numérica. Los ingleses desarrollaron la táctica del aluvión de flechas aprovechando el arco de largo alcance. En lugar de disparar sobre objetivos individuales, lo hacían sobre el área ocupada por el enemigo. Disparando hasta seis flechas por minuto, tres mil arqueros podían arrojar 18.000 flechas contra una formación enemiga. Los efectos de tamaño aluvión en los hombres y caballos eran devastadores. Los caballeros franceses que luchaban en la guerra de los Cien Años, hablaban de que el cielo se teñía de negro y del ruido de los proyectiles en su trayectoria. Los ballesteros adquirieron importancia en los ejércitos del continente, sobre todo en las milicias y ejércitos profesionales mantenidos por ciudades. Con un mínimo de entrenamiento, un ballestero se convertía un soldado eficaz. En el siglo XIV, las primeras pistolas primitivas hacían su aparición en el campo de batalla. Cuando funcionaban, eran incluso más poderosas que los arcos. El problema de emplear arqueros era protegerlos mientras disparaban. Para ser eficaces, tenían que estar relativamente cerca del frente enemigo. Los arqueros ingleses transportaban estacas que clavaban con mazos en el campo de batalla frente al objetivo de sus proyectiles. Estas estacas les prestaban cierta protección frente a la caballería enemiga. Ellos confiaban en el poder de su arsenal para rechazar a los arqueros enemigos. Si eran atacados por la infantería enemiga, se hallaban sin embargo en desventaja. Los arqueros llevaban un gran escudo apaisado al campo de batalla. Este escudo llevaba soportes y podía instalarse en forma de barrera tras la que parapetarse y poder disparar. A finales del periodo, ballesteros y piqueros luchaban en equipo en formaciones combinadas. Los piqueros mantenían a raya a las tropas enemigas que luchaban cuerpo a cuerpo, mientras que los artilleros disparaban contra la formación enemiga. Estas formaciones mixtas aprendieron a moverse y de hecho a atacar. La caballería enemiga tenía que retirarse ante una fuerza combinada de piqueros y de ballesteros/pistoleros. Si el enemigo no podía responder con sus propias picas y proyectiles, probablemente tenía la batalla perdida. Las tácticas de la infantería En la Edad Media, la táctica de los soldados de infantería consistía sencillamente en acercarse al enemigo y descargar hachazos. Los francos arrojaban sus hachas justo antes de lanzarse sobre el enemigo. Los guerreros contaban con la fuerza y la ferocidad para vencer. El ascenso de los caballeros colocó temporalmente a la infantería en un segundo plano, principalmente porque no existía una infantería bien disciplinada e instruida. En los primeros ejércitos medievales, los soldados que luchaban de infantería eran campesinos mal armados e instruidos en su mayor parte. Los sajones y los vikingos desarrollaron una postura defensiva llamada el muro de escudos. Los hombres se colocaban de forma contigua y juntaban sus largos escudos para así formar una barrera. Esto servía para protegerlos de los arqueros y de la caballería, de los cuales carecía su ejército. La infantería experimentó un resurgimiento en aquellas áreas que carecían de condiciones para formar tropas de caballería pesada, por ejemplo en los países de relieve accidentado como Suiza y Escocia, y en las ciudades en pendiente. Debido a la necesidad, estas dos partes encontraron formas de organizar ejércitos eficaces que incluían muy poca o ninguna caballería. Ambos grupos descubrieron que los caballos no cargarían contra una barrera de estacas afiladas o de puntiagudas lanzas. Una formación disciplinada de lanceros podía detener a la elite de la caballería pesada de los nobles y naciones de mayor poder, y todo ello por una mínima parte del coste que suponía una fuerza de caballería pesada. Una formación schiltron era un círculo de lanceros que los escoceses comenzaron a emplear durante las guerras de independencia que se produjeron hacia finales del siglo XIII (las que se recreaban en la película <i>Bravehear<i>. Ellos descubrieron que el schiltron era una formación defensiva eficaz. Robert Bruce sólo presentaba batalla a los caballeros ingleses en terreno pantanoso, lo que dificultaba notablemente la carga de la caballería pesada. Los suizos adquirieron renombre en la lucha de picas. Básicamente revivieron la falange griega y llegaron a adquirir una gran pericia en el combate con largas armas de palo. Lo que hacían era formar un escuadrón de piqueros. Las cuatro filas exteriores sujetaban las picas a una altura similar, apuntando algo hacia abajo. Esto creaba una barrera eficaz contra la caballería. Las filas de la retaguardia usaban armas de palo acuchillado para hacer frente a los enemigos que se acercaban a la formación. Los suizos estaban entrenados hasta tal punto que eran capaces moverse en formación con relativa rapidez. Ellos convirtieron una formación defensiva en una fuerza de ataque de igual eficacia. La respuesta frente a los compactos grupos de piqueros era la artillería, que rompía las filas de estas densas formaciones. Los españoles parecen haber sido los primeros en lograrlo de forma eficaz. Los españoles combatían también con pericia a los piqueros mediante espadachines con escudos. Se trataba de hombres ligeramente armados que podían penetrar entre las picas y luchar eficazmente con sus cortas armas. Su defensa era un pequeño y manejable escudo. Al final de la Edad Media, los españoles fueron también los primeros en experimentar combinando, en una misma formación, a piqueros, espadachines y pistoleros. El resultado fue una eficaz formación capaz de enfrentarse a las distintas armas en varios terrenos, tanto en la defensa como en el ataque. A finales del periodo medieval, los españoles eran la fuerza militar más eficaz de Europa. Los ejércitos de la Alta Edad Media Las tribus germánicas que invadieron el Imperio Romano a principios de la Edad Media, luchaban por lo general a pie y con hachas y espadas. Las únicas armaduras que solían usar eran cascos y escudos. Se organizaban en bandas armadas bajo el liderazgo de un jefe. Aunque eran feroces guerreros, luchaban como turbas sin coordinación. Las disciplinadas legiones romanas habían obtenido grandes victorias contra las tribus germánicas durante siglos, en parte por la fragilidad que se derivaba de su propio ímpetu. Pero al final del imperio, la calidad de las legiones romanas empezó a decaer, y las tribus germánicas pudieron traspasar sus fronteras. No todas las tribus germánicas luchaban a pie. Una excepción eran los godos, que se habían acostumbrado a la caballería desde su asentamiento al norte del Mar Negro. Los visigodos y ostrogodos aprendieron las artes de la caballería gracias al contacto con el Imperio Romano Oriental al sur del Danubio, así como con los jinetes bárbaros de Asia. El ejército del Imperio Romano Oriental puso gran interés en el desarrollo de la caballería debido a sus conflictos con dos pueblos de jinetes bárbaros: los partos y los persas. Tras la caída de Roma, la mayoría de las guerras que tuvieron lugar en Europa se realizaron con soldados de infantería. Una excepción podría haber sido la lucha de Arturo de Inglaterra contra los invasores sajones, aunque no tenemos pruebas de que su éxito se debiera al uso de la caballería. Puede que Arturo lograra detener el avance sajón en Inglaterra durante 50 años gracias al uso de la caballería o al empleo de tropas disciplinadas. Otra excepción fue el ejército bizantino, que recuperó el norte de África de las manos de los vándalos y estuvo a punto de lograr devolver el control de Italia al Imperio Romano Oriental en el siglo VI. El poderío del ejército bizantino en esta época radicaba en su caballería. También contaba con grandes líderes y con un dominio de las tácticas de guerra desconocido por los bárbaros. En estos primeros siglos, la lucha rara vez implicaba a grupos que pudieran ser descritos como ejércitos. Se trataba de las mismas bandas armadas de épocas anteriores, pequeñas para el estándar bizantino o asiático, y con tácticas y estrategias limitadas. Las principales actividades militares eran las incursiones para obtener alimento, esclavos y armas como botín de guerra. Las agresivas tribus se desplazaban arrasando en su camino las reservas de alimento de sus enemigos, dejándolos morir de hambre y esclavizando a los supervivientes. Las batallas eran casi siempre enfrentamientos entre hordas guerreras que luchaban cuerpo a cuerpo con hachas y espadas. Luchaban como turbas, no como las disciplinadas formaciones que caracterizaban al ejército romano, protegiéndose con cascos, escudos y un tipo ligero de armadura. Las armaduras de cuero eran las más frecuentes; sólo los jefes y la élite llevaban armaduras de cota de malla. A principios del siglo VIII, la España visigoda cayó ante los guerreros del Islam, muchos de los cuales luchaban como caballería ligera. Al mismo tiempo, los nómadas magiares de las planicies húngaras incrementaron sus ataques a caballo en Europa Occidental. En el 732, un ejército de infantería franco derrotó una invasión de la caballería musulmana cerca de Poitiers lo que puso fin a la expansión musulmana hacia el norte. Carlos Martel, líder guerrero de los francos, quedó impresionado por la caballería mora y emprendió la reforma de parte de su ejército. Esta fue continuada en años posteriores por el gran rey de los francos Carlomagno. La caballería pesada franca fue el origen del caballero armado que llegó a representar las luchas medievales. Durante 30 años, Carlomagno llevó a cabo campañas militares que incrementaron el tamaño de su imperio. El ejército franco estaba formado por la infantería y la caballería armada, pero la caballería fue su fuerza principal y más impresionante. Podía moverse con rapidez y dirigir duros ataques a los enemigos, que luchaban en su mayoría a pie. Las campañas de Carlomagno eran invasiones con fines económicos en las que se quemaba, saqueaba y devastaba al enemigo hasta lograr su rendición. Carlomagno se enfrentó en muy pocas ocasiones contra adversarios organizados. Los vikingos luchaban exclusivamente a pie, pero acostumbraban a reunir caballos al desembarcar, utilizándolos para invadir las tierras del interior. Sus invasiones comenzaron a finales del siglo VIII y terminaron en el siglo XI. Los descendientes de los invasores vikingos, los normandos del noroeste de Francia, se acostumbraron rápidamente a utilizar caballos y llegaron a ser unos de los guerreros con mayor éxito de finales de la Edad Media. A principios del siglo X, los alemanes empezaron a desarrollar su caballería bajo el reinado de Otón I. El objetivo era contar con una fuerza de contraataque rápida contra las invasiones vikingas, así como frenar las incursiones a caballo de los bárbaros del este. Hacia finales del siglo X, la caballería pesada fue una parte fundamental del ejército europeo, con la excepción de la Inglaterra anglosajona, las tierras celtas (Irlanda, Gales y Escocia) y Escandinavia. El resurgimiento económico A principios de la Edad Oscura, Europa del Norte estaba densamente arborizada. Hacia el año 1000 d.C., muchos de los bosques habían desaparecido y la mayoría de los que quedaban estaban siendo reemplazados por granjas y pastos. El suelo era generalmente excelente, un légamo de roca finamente molida depositada durante la última etapa de la Era Glacial. Dos invenciones claves aceleraron la deforestación de Europa y llevaron a un incremento de la producción alimentaria. La primera fue la brida para los caballos que se inventó en China y que, gradualmente, llegó hasta Europa. Esta brida mejorada se adapta al pecho del caballo en lugar de a su tráquea, permitiéndole tirar de cargas de mucho mayor peso sin ahogarse. La segunda invención fue el arado pesado con ruedas, necesario para surcar las profundas capas de légamo y el entramado de extensas raíces de los viejos bosques. El significativo aumento de la producción alimentaria fue el detonante del resurgimiento económico de Europa, que se acompañó de un crecimiento de la población. La creciente población, que no era ya necesaria en los feudos, emigró hacia las ciudades que a su vez crecían como respuesta a la necesidad de ampliar el mercado. Los excedentes de alimentos y los productos de las nuevas industrias (como la confección de vestimenta, la construcción de barcos y la fabricación de herramientas) se intercambiaban en mercados y ferias comerciales. Los reyes alentaban el crecimiento de las ciudades porque sus habitantes solían ser aliados de la autoridad central en contra de los señores feudales locales. Los ciudadanos pagaban impuestos, no servicios feudales. Apareció en las ciudades una clase media que se mantenía gracias al comercio, la producción manufacturera y el préstamo monetario. Los mercaderes dominaban la administración de la ciudad, adquiriendo riqueza y poder. Los artesanos y los comerciantes se organizaron en asociaciones conocidas como gremios. Estas asociaciones controlaban los precios y la producción, aseguraban un alto nivel de servicio o de manufactura, y organizaban la formación de los artesanos mediante el sistema del aprendizaje. Este control aseguraba tanto la alta calidad de los productos como el buen nivel de vida de los miembros de los gremios. Era frecuente que los gremios se concentraran en una parte de la ciudad cuyos barrios y calles tomaban el nombre de los distintos oficios, como las londinenses Threadneedle Street (Calle de los Costureros) y Ironmongers Lane (Calle de los Herreros). EL incremento del comercio dio lugar a un nuevo auge en la fabricación. Ambos llevaron al desarrollo de la banca, que en el S. XIII se centraba principalmente en el norte de Italia. Los nuevos negocios necesitaban dinero para comenzar su actividad y funcionar eficazmente. El dinero actuaba como medio de intercambio y referencia de valor, y era imprescindible para dejar atrás la deficiente economía de trueque. Italia tenía excedentes de divisas de su lucrativo comercio en el Mediterráneo, especialmente con Levante. El florín de oro de Florencia se convirtió en la moneda más popular de finales de la Edad Media. La llegada de la pólvora En el siglo XI, los chinos ya conocían la pólvora y la utilizaban con fines militares para propulsar cohetes. Sin embargo estas armas causaban más terror que estragos. Los chinos también experimentaron con los fuegos artificiales. Pero no comprendieron el potencial de la pólvora como explosivo o propulsor de proyectiles. La pólvora avanzó progresivamente hacia occidente, donde los europeos descubrieron usos mucho más destructivos de esta substancia. La obra de arte europea más antigua que conservamos en la que se representa un arma de pólvora, apareció en 1326. Este primitivo cañón se cargaba con una especie de lanza, no con balas de cañón. Los europeos habían experimentado con la pólvora durante el medio siglo precedente. La descripción más antigua de la fórmula que conservamos apareció en 1260, y se le atribuye a un fraile inglés llamado Roger Bacon. Hacia 1340, se utilizaban balas de cañón de plomo, hierro y piedra. Los ingleses usaron cañones en el campo de batalla de Crécy, en 1346, pero no se menciona su utilidad en la crónica de la batalla. Los cañones Tuvieron que pasar varios siglos de experimentación antes de que las armas de pólvora resultaran verdaderamente útiles. Una de las dificultades era el crear una pólvora que ardiera de manera rápida, uniforme y potente. Otra radicaba en diseñar cañones adecuados que no explotaran. Los primeros cañones se caracterizaron por una fabricación deficiente, lo que hacía casi tan peligroso dispararlos como ser su blanco. En 1460, por ejemplo, el rey Jaime II de Escocia murió a causa de la explosión de un cañón. A mediados del siglo XV, las tecnologías de los cañones y de la pólvora habían avanzado suficientemente como para ser considerados armas importantes. Esto quedó claro en 1453, cuando enormes cañones de asedio, disparando macizas balas de cañón, castigaron las murallas de Constantinopla. Aunque la causa principal de la caída de Constantinopla fue una pequeña puerta que quedó abierta, el bombardeo consiguió hacer posible un ataque directo. En la Edad Media, los cañones se utilizaban para derribar murallas durante los asedios y para disparar contra las filas enemigas en el campo de batalla. Su capacidad para derribar paredes verticales dio lugar a modificaciones en la construcción de los castillos. Los altos muros en vertical fueron reemplazados por murallas inclinadas de menor altura. En este periodo, la utilidad de los cañones en el campo de batalla era muy limitada por ser su manejo tan laborioso y tan difícil su traslado a otras posiciones durante la acción. Las armas de mano En 1350, aparecieron ilustraciones de varios tipos de armas de mano. Eran armas primitivas que consistían en un tubo hueco tapado por un extremo y con un agujero en el lateral (cerca del extremo bloqueado). En el agujero se colocaba una mecha (una cuerda corta de material inflamable) para prender la pólvora y disparar la bala cargada previamente en el cañón. No servía de mucho intentar apuntar con estas primeras armas de mano. Sólo resultaban efectivas si eran disparadas en descargas y por varios hombres a un tiempo contra blancos compactos. Hacia 1450, la mayoría de los ejércitos europeos avanzados usaban armas de mano. Aún así los arcos y las ballestas, al ser armas eficaces y poco costosas, siguieron empleándose como armamento de infantería hasta el siglo XVI. El auge de los caballeros En tiempos de Carlomagno, los guerreros a caballo se habían convertido en la élite de las unidades militares francas y esta novedad se extendió por Europa. Luchar desde un caballo reportaba mayor gloria en la batalla porque los jinetes podían moverse velozmente y pisotear al enemigo de menor rango que luchaba a pie. Cuando las caballerías de dos ejércitos se enfrentaban entre sí, la velocidad de la carga y el violento choque que se producía resultaban estimulantes. La caballería gozaba de mayor prestigio por el alto coste de los caballos, las armas y las armaduras. Sólo los individuos adinerados o los siervos de los ricos podían permitirse luchar como jinetes. Los reyes de la Edad Oscura tenían poco dinero para poder pagar grandes contingentes de costosa caballería. Los guerreros eran hechos vasallos a cambio de feudos de tierra. El beneficio obtenido de esas tierras debía usarse para pagar caballos y equipamiento. En la mayoría de los casos, los vasallos mantenían también a grupos de soldados profesionales. En un tiempo en que la autoridad central era débil y las comunicaciones pobres, los vasallos, ayudados por sus siervos, eran los responsables de la ley y el orden dentro de su feudo. A cambio de este feudo, los vasallos accedían a proporcionar apoyo militar a su señor. De esta manera, los nobles y los reyes podían disponer de un ejército cuando lo deseaban. Los vasallos a caballo eran la élite de estos ejércitos. Al avanzar la Edad Media, esta élite de guerreros a caballo de Europa Occidental empezó a ser conocida como caballeros. Se desarrolló un código de conducta, llamado de caballería, que detallaba cómo debían comportarse. Estaban obsesionados con el honor, tanto en tiempos de paz como de guerra, aunque por lo general esto se limitase al trato con sus iguales, no con los plebeyos y campesinos que constituían la mayor parte de la población. Los caballeros se convirtieron en la clase dominante al controlar la tierra, de la que se derivaba toda la riqueza. Al principio, los aristócratas eran nobles debido a su prestigio de guerreros superiores en un mundo de violencia. Más tarde, su situación y prestigio se convirtieron principalmente en hereditarios, en detrimento de su importancia como guerreros. La caballería El término "caballería" empezó a utilizarse refiriéndose a la equitación. Los guerreros de élite de la Edad Media se distinguían del campesinado y el clero, así como entre ellos, por su habilidad para montar y su valor como guerreros. El símbolo de alto nivel de la época era poseer caballos rápidos y fuertes, armas atractivas y eficaces, y una armadura bien confeccionada. Hacia el siglo XII, la caballería se había convertido en una forma de vida. Las reglas básicas del código de caballería eran las siguientes: * La protección a las mujeres y a los débiles. * El triunfo de la justicia frente a la injusticia y el mal. * El amor a la tierra natal. * La defensa de la Iglesia, incluso a riesgo de perder la vida. En la práctica, los caballeros y aristócratas ignoraban este código cuando les convenía. Las disputas entre nobles y los enfrentamientos por la tierra tenían preferencia ante cualquier otro código. La costumbre de las tribus germánicas que establecía que las tierras debían repartirse entre los hijos de un señor, en vez de pasar en su totalidad al primogénito, a menudo daba lugar a guerras entre hermanos por el botín. Un ejemplo de esto fue el conflicto entre los nietos de Carlomagno. La Edad Media está plagada de este tipo de guerras civiles, en las cuales los que más perdían solían ser los campesinos. A finales de la Edad Media, los reyes crearon las órdenes de caballería. Eran organizaciones exclusivas para caballeros de alto rango que juraban obediencia mutua y a su rey. Ser miembro de una orden de caballería era extremadamente prestigioso y distinguía a un hombre como uno de los más importantes del reino. En 1347, durante la Guerra de los Cien Años, Eduardo III de Inglaterra fundó la Orden de Garter, que ha perdurado hasta nuestros días. Esta orden estaba formada por los 25 caballeros de mayor rango de Inglaterra, y se fundó para asegurar su lealtad al rey y su dedicación a lograr la victoria durante la guerra. La Orden del Vellocino de Oro fue creada por Felipe el Bueno de Borgoña en 1430 y se convirtió en la más rica y poderosa de toda Europa. Luis XI de Francia creó la Orden de San Miguel para controlar a sus principales nobles. Las Órdenes de Calatrava, Santiago y Alcántara se crearon para expulsar a los moros de España. Fueron unificadas bajo el reinado de Fernando de Aragón, cuyo matrimonio con Isabel de Castilla sentó las bases de un solo reino español. Se convertiría en gran maestre de las tres órdenes, que mantendrían sin embargo su independencia. La ordenación de los caballeros A la edad de siete u ocho años, los niños de la clase noble eran enviados para servir de pajes en la casa de un gran señor. Las mujeres les enseñaban los conocimientos sociales básicos, y empezaban un entrenamiento elemental del uso de las armas y la equitación. Alrededor de los 14 años, los jóvenes se convertían en escuderos, es decir en aprendices de caballero. Cada escudero se asignaba a un caballero, que debía continuar la educación del joven. Los escuderos eran compañeros habituales y sirvientes de los caballeros. Los deberes de los escuderos incluían limpiar la armadura y las armas (propensas a oxidarse), ayudar al caballero a vestirse y desvestirse, cuidar de sus pertenencias, e incluso dormir a su puerta como guardián. En los torneos y batallas, los escuderos asistían al caballero en todas sus necesidades. Traían armas y caballos de reemplazo, curaban sus heridas, retiraban a los heridos del campo de batalla y, llegado el caso, se encargaban de que recibiera un entierro digno. En muchas ocasiones, los escuderos iban a la guerra con el caballero y luchaban a su lado. Los guerreros evitaban combatir contra los escuderos del bando enemigo y preferían buscar un caballero de su rango, o superior. Los escuderos, por su parte, deseaban enfrentarse a caballeros para obtener prestigio matando o capturando a un enemigo noble. Además del entrenamiento marcial, los escuderos se fortalecían mediante juegos, aprendían a leer y, generalmente, también a escribir, y estudiaban música, baile y canto. A la edad de 21 años, un escudero podía ser designado caballero. Los candidatos que lo merecían, recibían ese honor de manos de un señor o de otro caballero de alto rango. En un principio, la ceremonia de ordenación era simple; consistía normalmente en ser tocado con una espada en el hombro y después ceñirse el cinto de un espada. Posteriormente la ceremonia se complicó, sumándose al rito la Iglesia. Los candidatos se bañaban, se cortaban el pelo y pasaban la noche en vela, orando. Por la mañana recibían su espada y las espuelas de caballero. Normalmente sólo podían llegar a ser caballeros aquellos que poseían tierras o ingresos suficientes para hacer frente a las responsabilidades de su rango. Sin embargo, los señores y obispos importantes podían mantener un contingente de tropas numeroso, y muchos fueron elegidos por estas circunstancias. Los escuderos que se distinguían en la batalla durante la guerra podían ganarse el reconocimiento de un gran señor y ser ordenados caballero en el mismo campo de batalla Los torneos Los torneos, batallas preparadas entre caballeros, surgieron en el siglo X y contaron desde su comienzo con la condena del Papa, en el segundo Concilio de Letrán, bajo el papa Inocencio II, y los reyes de Europa, que no aprobaban las heridas y las muertes producidas entre sus caballeros por lo que ellos consideraban una actividad frívola. Sin embargo los torneos se extendieron, convirtiéndose en parte importante de la vida de un caballero. Los torneos empezaron a realizarse como encuentros individuales entre caballeros, y fueron complicándose con el paso del tiempo. Se convirtieron en acontecimientos sociales importantes, que atraían a patrocinadores y participantes desde lugares lejanos. Se construyeron recintos especialmente destinados a los torneos, con pabellones para los combatientes y gradas para los espectadores. Los caballeros seguían batiéndose individualmente, pero ahora lo hacían también en equipos. Se retaban utilizando diversas armas y llevaban a cabo simulacros de batalla con cuadrillas. Las justas o lizas, un enfrentamiento de dos caballeros con lanza, se convirtieron en el acontecimiento más celebrado. Los caballeros competían como los atletas de nuestros tiempos para obtener premios, prestigio y la mirada de las damas que llenaban las gradas. En el siglo XIII, murieron tantos hombres durante los torneos que los gobernantes de Europa, incluyendo el Papa, comenzaron a alarmarse. En 1240, por ejemplo, murieron sesenta caballeros en un torneo realizado en Colonia. El Papa quería disponer del mayor número posible de caballeros para luchar en Tierra Santa, y no aprobaba que se mataran entre sí en los torneos. Se despuntaron las armas y se dictaron reglas encaminadas a reducir la incidencia de lesiones relevantes, pero seguían produciéndose heridas graves y fatales. Enrique II de Francia, por ejemplo, fue herido de muerte en una justa que se llevó a cabo para celebrar la boda de su hija. Los retos normalmente se planteaban de forma amistosa, pero si existían rencores entre combatientes, estos podían resolverse en un combate a muerte. Los perdedores eran capturados y debían pagar un rescate en caballos, armas y armaduras, a los vencedores para su liberación. Los heraldos llevaban un control de los resultados del torneo, como los marcadores actuales en el béisbol. Un caballero de bajo rango podía amasar una fortuna gracias a los premios obtenidos y atraer a alguna dama adinerada. Las órdenes militares Durante las cruzadas, se crearon órdenes de caballeros para apoyar los objetivos cristianos de esa campaña. Estos caballeros se convirtieron en los cruzados más feroces y los enemigos más odiados por los árabes. Estas órdenes continuaron en activo tras el fracaso de las Cruzadas en Palestina. La primera de estas órdenes fue la de los Caballeros del Templo o Templarios, fundada en 1108 para proteger el Santo Sepulcro en Jerusalén. Los templarios llevaban una capa o vestido blanco con una cruz roja y juraban los mismos votos que los monjes benedictinos: pobreza, castidad y obediencia. Los templarios fueron unos de los más valientes defensores de Tierra Santa. Fueron los últimos cruzados que abandonaron Tierra Santa. En los años posteriores se enriquecieron gracias a las donaciones y a los préstamos, atrayendo así la envidia y la desconfianza de los reyes. En 1307, el rey Felipe IV de Francia los acusó de múltiples crímenes, entre ellos el de herejía, arrestándolos y confiscando sus tierras. Otros líderes europeos siguieron su ejemplo y los templarios fueron aniquilados. La Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, o Caballeros Hospitalarios, se creó para atender a los peregrinos enfermos y necesitados que visitaban el Santo sepulcro. Al poco tiempo se convirtió en una orden militar. Sus miembros vestían una capa roja con una cruz blanca y también tomaban los votos benedictinos. Los Hospitalarios se impusieron normas muy rígidas y no permitían la riqueza ni la indolencia entre sus miembros. Tras la caída de su gran castillo, el Krak de los Caballeros, fueron expulsados de Tierra Santa y se retiraron a la isla de Rodas, defendiéndola durante varios años. Tras su expulsión de Rodas por parte de los turcos, se establecieron en Malta. La tercera gran orden militar era la de los Caballeros de la Orden Teutónica, fundada en 1190 para proteger a los peregrinos alemanes que viajaban a Tierra Santa. Antes del final de las Cruzadas, habían centrado sus esfuerzos en convertir a los paganos de Prusia y los estados bálticos. La heráldica Para poder distinguir a los caballeros en el campo de batalla, se creó un sistema de insignias o blasones llamado heráldica. Se diseñaba un blasón para que cada noble lo estampara en su escudo, abrigo, banderas y sello. El vestido o capa decorado con la insignia de un caballero recibió el nombre de abrigo de armas, y este término pasó a denominar a la insignia en sí. Una organización independiente llamada Colegio de Heraldos diseñaba las insignias individuales, asegurándose de que cada una de ellas fuese única en su especie. Los heraldos grababan las insignias en libros especiales que quedaban bajo su cuidado. Los abrigos de armas se pasaban de generación en generación, modificándose con los enlaces matrimoniales. Algunos diseños se reservaban para la realeza de distintos países. A finales de la Edad Media, las ciudades, los gremios y los ciudadanos importantes, aunque no pertenecieran a la nobleza, tenían sus propias insignias. En el campo de batalla los combatientes utilizaban los abrigos de armas para distinguir a los amigos de los enemigos y para elegir a contrincantes valiosos en una refriega. Los heraldos realizaban listas de los caballeros que iban a entrar en batalla basándose en sus blasones. Los heraldos eran considerados neutrales y actuaban como intermediarios entre dos ejércitos. De ese modo, podían pasar mensajes entre los defensores de un castillo o de una ciudad y sus sitiadores. El nuevo panorama político El gobierno y los tribunales romanos desaparecieron junto con su cultura, conformando el nuevo gobierno bandas de tribus guerreras. Así, un líder poderoso se rodeaba de guerreros leales a los que pagaba con el botín de las invasiones. La ley tribal, fundamentada en el combate o en el juramento, reemplazó a la ley romana. Surgieron gradualmente pequeños reinos basados en pactos tribales. Pero gobernar no resultaba fácil debido a la carencia de funcionarios letrados, a la pobreza de las comunicaciones, al estancamiento del comercio y a la escasez de dinero en circulación. La gente sobrevivía gracias a una agricultura de subsistencia. La vida era dura, breve y brutal. La media de esperanza de vida era de 30 años, sesgada por una alta tasa de mortalidad en la población infantil y femenina, esta última debida a las dificultades de los partos. Al comienzo de la Edad Oscura, la lista de potencias europeas se distribuía del siguiente modo: * Francos: ocupaban la mayor parte de la actual Francia y partes de Alemania a lo largo del Rin * Ostrogodos: el norte de Italia, Suiza y los Balcanes * Visigodos: España y Portugal. * Vándalos: noroeste de África, Sicilia y el sur de Italia * Distintas tribus germanas entre ellas los sajones y lombardos * Anglosajones: Inglaterra. * Celtas: Gales, Irlanda, Escocia y Britania. * Magiares: Hungría. * Eslavos: Polonia y el oeste de Rusia. * Bizantinos: Turquía, Palestina, Egipto, Siria y gran parte de los Balcanes, incluida Grecia Durante los siglos posteriores, la lista sufrió las siguientes modificaciones: * Vándalos: derrotados y sustituidos por los bizantinos. * Visigodos: derrotados y sustituidos por los francos en Francia y por los musulmanes en España y Portugal. * Ostrogodos: atacados y finalmente absorbidos por los lombardos (Italia) y bizantinos (los Balcanes). Se considera que los Años Oscuros cubren el periodo comprendido entre el 500 y el 1000. Tres fueron las principales fuerzas que conformaron este periodo y que hicieron que la relativa oscuridad diera a su fin: la expansión de nuevas religiones, el auge del Imperio Franco, y las depredaciones de los vikingos. La tecnología A finales de la Edad Media, la ciencia en Europa no sólo había alcanzado el nivel de la antigüedad, sino que lo había sobrepasado. Los hombres de esta época se interesaban por una tecnología práctica, no teórica. Buscaban formas distintas de hacer las cosas para facilitar la vida y desarrollar los negocios. Se interesaban por el mundo natural e intentaban entenderlo porque tenían cada vez más tiempo libre para dedicarse a su observación Cuando los cristianos recuperaron las tierras de la Península Ibérica y Sicilia, adquirieron de los musulmanes las bases de las matemáticas y las ciencias. Desde principios de la Edad Media, los musulmanes habían estudiado activamente las ideas antiguas y nuevas provenientes de Asia. Los musulmanes nos dejaron como herencia el sistema numérico arábigo, utilizado hoy en día, y el concepto del cero, inventado en la India. La investigación práctica empezó a retar a la lógica en una búsqueda para entender las leyes de la naturaleza. Se reconoció el valor de la observación, la experimentación y la evidencia empírica (contable) como bases y métodos de prueba de teorías. Esto dio lugar al método científico que sería característico del Renacimiento y del que parte la investigación científica moderna. Los griegos de la antigüedad ya habían sugerido el método científico, pero finalmente éste había sido desechado y olvidado. FEUDALISMO La estructura política y económica predominante en la Edad Media fue el feudalismo. Este sistema se desarrolló como respuesta a la desintegración de la autoridad central y al caos social que surgió tras el fin del mandato romano. Una jerarquía de hombres poderosos, regidos por el nuevo sistema de vasallaje y la división territorial en feudos, sustituyó al antiguo sistema romano de emperador, senado, provincia, ciudad y pueblo. El contrato feudal El feudalismo consistía en un acuerdo entre dos nobles, uno el señor y otro el vasallo. El vasallo prometía obediencia y fidelidad a su señor y se comprometía a cumplir una serie de funciones en su nombre. Los deberes más importantes eran comúnmente: el servicio militar (normalmente limitado a 40 días al año), reclutar soldados para el ejército de su señor y proveerlo de ingresos. Por su parte, el señor se comprometía a dar protección militar a su vasallo y a proporcionarle los medios de subsistencia. Con ese fin, el vasallo recibía el control de un feudo que normalmente consistía en una gran extensión de tierra, aunque también podía tratarse de funciones lucrativas y de responsabilidad, como recaudador de impuestos, acuñador de moneda o agente de aduanas. De ese modo, un señor con muchos vasallos disponía de fuentes seguras de ingresos además de un ejército. El contrato feudal era de por vida. El señor podía arrebatarle el feudo a su vasallo si éste incumplía sus obligaciones. En cambio, para el vasallo, dejar a su señor era tarea más ardua. Al principio los feudos no eran hereditarios, lo que constituía una gran ventaja para el señor. Cuantos más feudos tenía un señor para repartir, más duramente habían de trabajar los vasallos para ganárselos. Con el transcurso de la Edad Media, los vasallos encontraron oportunidades para convertir sus feudos en hereditarios, dejando a sus señores un número menor de los que disponer como recompensa. El juramento de fidelidad u homenaje sólo podía hacerse entre nobles y caballeros. En la práctica, la mayoría de los nobles eran ambas cosas, vasallos y señores, encajando en algún lugar entre el rey y los caballeros de rango más bajo. Sin embargo, el feudalismo nunca estuvo eficazmente organizado. Los vasallos podían ser más poderosos que sus señores. Por ejemplo los duques de Normandía, que controlaban gran parte de Francia y toda Inglaterra, eran más poderosos que sus señores, los reyes de Francia. Los vasallos podían tener varios señores, lo que suponía un problema cuando más de uno requería sus servicios. Normalmente solía darse preferencia al señor de mayor rango o más poder. Los nobles también descubrieron que, de ser lo suficientemente fuertes, podían ignorar las reglas del feudalismo y atacar a sus vecinos para conseguir sus fines. A finales de la Edad Media, este tipo de guerras privadas se había vuelto endémico. La crisis del feudalismo Al principio de la baja Edad Media, Europa Occidental se encontraba dividida en feudos de distintos tamaños. Los reyes, aunque estaban en la cúspide de la jerarquía de poder, no ejercían una autoridad unificadora sólida, y las naciones no existían como entidades políticas sino como grupos culturales. A finales de la baja Edad Media, existía una fuerte autoridad central en Inglaterra, España, Portugal y Francia. Estos países habían despojado a los señores feudales de su poder político. Guillermo el Conquistador instauró la primera gran monarquía europea tras acceder al trono de Inglaterra en el año1066. Con la victoria de Hastings, y tras cinco años más de luchas para sofocar los últimos núcleos rebeldes, tomó medidas para consolidar su poder. Una sexta parte de Inglaterra quedó como territorio de la corona; dividió la mitad del país en feudos otorgándoselos a sus vasallos directos, los barones normandos; cedió un cuarto de Inglaterra a la Iglesia, y los anglosajones se dividieron el territorio restante. Impuso un juramento de fidelidad a todos sus vasallos como máximo representante del dominio feudal; se hizo dueño y señor de todos los castillos; prohibió las guerras y estableció únicamente como legal la moneda real. Estos fueron las primeras medidas importantes que llevaron a la crisis del feudalismo, aunque no siempre lograron ser reforzadas por posteriores reyes con menos habilidades que Guillermo. En el siglo XII, Enrique II, rey de Inglaterra, creó la cancillería y el fisco, que constituirían los comienzos de la administración pública. La cancillería se ocupaba de las leyes y de las transacciones reales; el fisco se encargaba de la distribución del Erario Publico. Ninguno de estos dos cargos públicos era hereditario, facilitando así el recambio de funcionarios no deseados. El personal de la nueva administración pública no recibía feudos sino un salario, dependiendo así directamente del propio rey. La nobleza feudal inglesa impuso al impopular rey Juan sin Tierra la firma de la Carta Magna en 1215. Este documento constituía una limitación del poder real, ya que exigía que el rey estuviera sujeto a las leyes territoriales y otorgaba a los barones la facultad de tomar parte en las decisiones reales a través de un Gran Consejo. La redacción de la Carta Magna dio lugar a importantes interpretaciones siglos más tarde, entre ellas el concepto de "no hay impuestos sin representación". Los barones tomaron el poder en 1264 en respuesta a la pretensión de un rey de ignorar la Carta Magna, gobernando temporalmente mediante el ya consolidado Gran Consejo, que pasó a llamarse Parlamento. El nuevo Parlamento no sólo incluía a los barones y a los altos cargos eclesiásticos, sino también a los representantes de grandes ciudades. Aunque este gobierno parlamentario fue de corta duración (15 meses), ya no se pudo ni callar ni ignorar al Parlamento. Desde entonces, sólo el Parlamento tenía el poder de revocar las leyes que eran aprobadas; no se podían imponer impuestos sin su aprobación, y cuando los reyes necesitaban dinero rápido (por ejemplo, durante la guerra de los Cien Años), el Parlamento les obligaba a menudo a ceder poder a cambio del consentimiento. Independientemente de la habilidad del rey de turno y de algunas revueltas ocasionales de la nobleza, el Parlamento y la administración pública siguieron creciendo en importancia y demostraron su capacidad para gobernar el país. Mientras el rey, la administración pública y el Parlamento reducían desde arriba el poder de los barones, una tendencia en el mismo sentido surgía desde la base de la jerarquía feudal. Diversos factores hicieron que los siervos se liberaran de sus contratos con los señores feudales

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Sale Drogba, entra Messi ?
InfoporAnónimo1/18/2008

¿Se lo llevan? Chelsea sabe que el marfileño tiene todas las intenciones de irse al Barcelona y por eso ya piensan en un reemplazante. La Pulga es la máxima obsesión, mientras que Kaká y Ronaldinho también aparecen en la lista. La noticia copó las portadas de la mayoría de los medios españoles e ingleses. ¿Lionel Messi se va al Chelsea y Didier Drogba al Barcelona? Por ahora, son todas especulaciones. El conjunto británico sabe que el marfileño se quiere ir y sus horas están contadas. Por eso es que ya piensan en un reemplazante y primero figura el argentino. También está el brasileño Kaká entre los más codiciados por el ruso Roman Abramovich, el magnate dueño de los Blues. Y finalmente Ronaldinho es otra posibilidad a la vista. Tanto el Daily Mail como el The Mirror aseguran que "el Chelsea quiere a Messi como el sustituto de Drogba". Desde que se fue a la Copa Africa con su selección, el marfileño se mostró con ganas de cambiar de aire. "Si a cualquier delantero le ofrecen jugar al lado de Eto'o diría que es estimulante. Me encanta su estilo de juego, es increíblemente rápido y tiene un gran instinto goleador", dijo hace unos días y le tiró un guiño al Barça. Por otra parte, es de público conocimiento el interés del conjunto catalán por contar entre sus filas con Drogba. En el diario Marca se hacen eco de la noticia, mientras que Sport afirma "Drogba quiere venir". La cuestión pasa por saber si en este momento es necesario un refuerzo para el ataque del equipo culé. El holandés Rijkaard cuenta con Eto'o, Ronaldinho, Messi, Henry como estrellas y los prometedores proyectos como Bojan Krkic y Giovanni Dos Santos. Fuente: http://www.ole.clarin.com/notas/2008/01/17/um/01587390.html

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