diegobelzu
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La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros. Colosenses 3:16 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Lucas 10:26 ¿Cómo lees la Biblia? Cuando estuvo en la tierra, Jesús hizo esta pregunta a un erudito, persona que conocía muy bien los temas religiosos. Jesús lo interrogó sobre la manera como leía los textos del Antiguo Testamento. Todavía hoy existen varias maneras de leer la Biblia. –Podemos leerla como una obra de literatura antigua, para satisfacer nuestra curiosidad. –Podemos leerla como un libro de historia, para obtener información sobre los tiempos pasados de la humanidad. –Podemos leerla intelectualmente, sometiendo a nuestro razonamiento y a nuestra mente crítica lo que dice. –Pero también podemos leerla con fe, aceptándola como el mensaje que hoy Dios dirige a cada uno. Así nuestra lectura no será sólo intelectual, sino que el amor de Dios revelado mediante Jesús penetrará en nuestro corazón. Nuestra conciencia será iluminada por esa luz que irradia la vida de Jesús tanto en sus acciones como en sus palabras. Las Santas Escrituras nos dicen cómo nos hallamos con respecto a Dios: perdidos, lejos de él. Pero también nos proponen la gran salvación, la gran liberación obtenida por Jesús, quien murió en la cruz, resucitó y vive eternamente. Además nos presentan la extraordinaria esperanza que vive en los creyentes y los sostiene. ¿Cómo leemos la Biblia? No descuidemos su mensaje; éste se dirige al corazón, a la conciencia, y también a la inteligencia. “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz… discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).

Porque las cosas invisibles de él (Dios), su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen (los hombres) excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios. Romanos 1:20-21 Ciencia vs Fe Cada nuevo descubrimiento de la ciencia pone en evidencia alguna maravilla escondida en la naturaleza. El que la descubre adquiere una reputación legítima. Pero fácilmente olvidamos que Dios merece una gloria mucho mayor: creó todo lo que la inteligencia humana trata de escrutar, y también dio a los hombres la capacidad para ello. A lo largo de los siglos, muchos hombres inteligentes se han esforzado en explorar todo lo accesible. Sin embargo, ya Salomón vislumbró que “no hay fin de hacer muchos libros” (Eclesiastés 12:12). La inteligencia, esa capacidad dada al hombre para buscar y comprender, debería hacerle discernir la grandeza del Dios creador de quien depende. Esta facultad implica una responsabilidad moral que el animal no posee. Pero si el conocimiento de las cosas creadas no lleva a alguien a honrar a Dios y a reconocer su poder y su autoridad, éste agrava su responsabilidad. ¡Dios lo declara inexcusable! No postrarse humildemente ante su Creador conduce al hombre a vanagloriarse de sus conocimientos –muy limitados–, a levantarse contra Dios, a rebelarse contra su Palabra, e incluso a negar su existencia. “El principio de la sabiduría es el temor del Señor” (Proverbios 1:7). “Bendice, alma mía, al Señor. Señor Dios mío, mucho te has engrandecido; te has vestido de gloria y de magnificencia” (Salmo 104:1).
… afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. 1 Pedro 1:6-7 El diamante mas grande del mundo En el año 1905, en una mina de África del Sur, se halló el mayor diamante descubierto hasta hoy (621 g), el Cullinan, el cual fue regalado al rey de Inglaterra. Como todavía se hallaba en estado bruto, primero fue entregado a un diamantista de Ámsterdam para que lo tallara. Éste tomó la preciosa piedra y perforó un agujero minúsculo en el que dio un vigoroso golpe con el buril. ¡El diamante estalló! Esto podría parecer una locura, una pérdida irreparable. ¡Pero no! El diamantista conocía bien la piedra, había estudiado las vetas y había reflexionado durante mucho tiempo en lo que debía hacer para mostrar todo su valor. Los que le entregaron el diamante confiaron en él, y él, con extremada habilidad y no por casualidad, hizo lo único que era necesario hacer para que el diamante mostrara todo su esplendor. A veces Dios actúa del mismo modo en nuestras vidas. Permite un golpe terriblemente duro, lo cual puede parecer inútil, pero a sus ojos nuestra alma es una valiosa joya. Todo golpe que Dios permite es para nuestro bien. En vez de rebelarnos, inclinémonos bajo su fuerte mano y confiemos en su sabiduría y amor. A veces, sólo mucho tiempo después podemos agradecer y alabar al Señor por las pruebas que permite en nuestra vida (Salmo 50:15). Una de las piedras sacadas del Cullinan adorna la corona imperial de Inglaterra, otra el cetro real. El objetivo de Dios es que cada uno de los suyos, moldeado por su paciente trabajo, contribuya a la gloria de su Hijo Jesucristo, quien un día será reconocido como el Rey de reyes.

El justo por la fe vivirá. Romanos 1:17 Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8-9 El justo por la fe vivirá Este versículo del Antiguo Testamento (Habacuc 2:4) es citado tres veces en el Nuevo Testamento (Romanos 1:17; Gálatas 3:11; Hebreos 10:38). Fue el punto de partida de la Reforma del siglo 16 en Alemania. El monje Martín Lutero (1483-1545), atormentado por el sentimiento de sus pecados, había ido a Roma a pie para tratar de apaciguar su conciencia. Mientras subía de rodillas la Scala Santa («la escalera santa»), este versículo se apoderó de su mente. Comprendió que estaba equivocado. Se dio cuenta de que no servía de nada esforzarse para merecer la salvación, pues Jesús la había adquirido en su lugar desde hacía muchos siglos, por Su sacrificio en el Gólgota, y se la ofrecía gratuitamente. Entonces sintió un inmenso gozo y una profunda paz. Su vida fue transformada. Ya no clamaría más, como lo hacía en otro tiempo en Erfurt: «¡Mis pecados, mis pecados! ¿Quién me librará de mis pecados?». Si, al igual que Lutero, usted se siente aplastado bajo el peso de sus pecados, basta echar una mirada de fe a Jesucristo crucificado, quien tomó sobre sí nuestros pecados. Él sufrió el castigo para que usted fuese perdonado. “… llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). La Biblia nos dice que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Jesús ofrece la vida eterna a todos los que depositan su confianza en él para ser perdonados.

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17 Nosotros le amamos a él (Dios), porque él nos amó primero. 1 Juan 4:19 ¿Qué es la fe? La fe es un principio de vida que toca lo más profundo de nuestra existencia, de nuestros objetivos. A continuación exponemos algunos aspectos de lo que nos dice la Biblia respecto a la fe: La fe es el hecho de creer a Dios. La fe nace cuando me pongo a escuchar la Palabra de Dios, cuando estoy atento a lo que Dios me dice. Para creer hay que escuchar con humildad la buena nueva del mensaje de Dios, estar dispuesto a cambiar, a abandonar mis maneras personales de ver o actuar. El que viene a la fe descansa en las certezas que la Palabra de Dios da, y deja de lado sus antiguos puntos de referencia. La fe es todo lo contrario a la desconfianza. Es una confianza en Dios, en su bondad, en su gracia. Esta confianza va creciendo con el paso de los años, cuando experimento que Dios cumple sus promesas, responde a mi oración, me libra del mal y me conduce por su camino. La fe es obediencia. No una obediencia de formas, exterior, sino una obediencia de corazón (Romanos 6:17), “la fe que obra por el amor” (Gálatas 5:6). Intento honrar y amar a mi Señor, lo que también implica amar a mi prójimo. Una fe viva, real, práctica, siempre comprende estos tres aspectos: recibir la Palabra de Dios, confiar en su bondad y someterse a su voluntad. Quizá mi fe tenga altibajos, momentos sombríos y otros más luminosos, pero no puede apagarse nunca, pues es un don de Dios (Efesios 2:8).

Una mujer llamada Lidia… estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. Hechos 16:14 ¡Abra su corazón a Jesús! Si le cuento mi vida privada a alguien, significa que confío totalmente en esa persona: puedo contarle mis sentimientos íntimos, pero esto también significa que estoy dispuesto a escuchar sus consejos y a aceptar su ayuda. Jesucristo es digno de que le contemos todo sobre nosotros; él no nos defraudará. Si usted todavía no conoce a Jesús como su Salvador, es el momento de abrir su corazón a su gracia. No le oculte nada, vaya a él tal como es. Él le dará la paz con respecto a su pasado y esperanzas para el futuro. Y quienes ya pertenecemos a los que él ha salvado, reservemos momentos para hablar con él. Dediquemos un tiempo cada día para aprender a conocerle mejor mediante la lectura de su Palabra. Contémosle todo mediante la oración. De este modo podremos crecer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Pero quizá después de haber recibido el perdón de nuestros pecados por Jesucristo, poco a poco hemos dejado de contarle todo. Los momentos que pasamos en la intimidad de su presencia se hacen cada vez más escasos; la puerta de nuestro corazón se cierra poco a poco… Él no nos abandona, pues nos ama demasiado para hacerlo. Escuchemos su llamado: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). ¡Qué gozo saber que, a pesar de los altibajos de nuestra vida, nuestro Señor permanece fiel y dispuesto a escucharnos!

No erréis; las malas conversaciones (o compañías) corrompen las buenas costumbres. 1 Corintios 15:33 En sus epístolas el apóstol Pablo emplea varias veces la expresión “No erréis”, con el sentido de “no os engañéis”. Estas advertencias van dirigidas a los creyentes. La primera se halla en el versículo de hoy. No es mezclándonos y asociándonos a personas incrédulas como las llevaremos a la fe. Al contrario, más bien somos nosotros los que seremos arrastrados a deshonrar al Señor. El apóstol Pedro vivió esta amarga experiencia. Estaba seguro de que nunca negaría a su maestro, que sería capaz de ir con él hasta la muerte. Pero de repente se halló en compañía de personas que aparentemente eran indiferentes a Jesús, las cuales mediante sus preguntas lo llevaron a negarle. Así Pedro negó a su maestro tres veces consecutivas, y cada vez con mayor insistencia (Marcos 14:29-31, 66-72). No pensemos que somos más fuertes que el apóstol. Reconozcamos la sabiduría de nuestro Dios; él nos explica que si algo limpio entra en contacto con algo sucio, lo limpio se mancha, y lo que está sucio no se limpia (Hageo 2:10-13). Amigos cristianos, ¡cuidado con nuestras compañías! Dios puede enviarnos a lugares difíciles para hablar de él. Si lo hace debemos obedecer sin temor, pues nos acompañará. Pero en cuanto a nuestras decisiones diarias, recordemos el primer versículo del Salmo 1: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”.

Él hizo la Osa, el Orión y las Pléyades… Él hace cosas grandes e incomprensibles, y maravillosas, sin número. Job 9:9-10 Respondió el Señor a Job desde un torbellino, y dijo: … ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia… ¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? Job 38:1, 4, 33 Hoy en día, para explorar el Universo, los astrónomos disponen de telescopios en órbita. Estas maravillas de la tecnología permiten franquear la ligera opacidad de la atmósfera que deforma la radiación luminosa y ganar un paso más a la «frontera» visible del Universo. A medida que el hombre observa el cosmos con instrumentos cada vez más sofisticados, siente vértigo ante esas fabulosas dimensiones. Cuando sabemos que sólo nuestra galaxia, la Vía Láctea, estaría compuesta por más de 200.000 millones de estrellas, ¿cómo no sentirse asombrado ante la grandeza del Creador? ¿Qué es el hombre en un universo tan grande? En cuanto a sus dimensiones físicas, una criatura insignificante. En cambio, constituye ciertamente el sistema más complejo de la creación, como también su coronamiento. Un científico decía: «En cierto modo el Universo sabía que el hombre iba a venir. Desde su origen es como si estuviese programado para recibir a un ser inteligente». Los que leen la Biblia con humildad saben y comprenden mediante la fe que el Universo fue constituido por la Palabra de Dios (Hebreos 11:3). “Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres” (Isaías 40:26). Pero el Creador también es el Dios que se manifiesta a su criatura (Génesis 16:13), y lo hace para que sea feliz.
Padre nuestro que estás en los cielos… hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Mateo 6:9-10 Para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2 ¿Qué quiere Dios? “Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Hizo todo para conseguirlo: dio a su Hijo unigénito para poder ofrecer gratuitamente la vida eterna a todo el que cree. Rechazar esta oferta sería el peor error y una terrible ofensa a Dios. Para los que creen, Dios también tiene un deseo claramente expresado en su Palabra: “la voluntad de Dios es vuestra santificación” (1 Tesalonicenses 4:3). Dios nos liberó de la culpabilidad de nuestros pecados, y ahora nos invita a tener un comportamiento que le honre: “Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15). Hay, pues, cosas que el cristiano debe evitar. Pero la vida del creyente no se reduce a abstenerse del mal. También hay cosas que debe hacer: “Esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres” (1 Pedro 2:15). Esta búsqueda permanente del bien conviene al cristiano: “Seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos” (1 Tesalonicenses 5:15). La vida cristiana está llena de gozo, oración y agradecimiento: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros” (1 Tesalonicenses 5:16-18). Contemplemos y sigamos a Jesucristo, quien siempre hizo la voluntad de su Padre: “Yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8:29).
Jesús… preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Mateo 16:13-16 ¿Quién es Jesús para usted? La vida de Jesucristo en la tierra nos es descrita en la Palabra de Dios. Los profetas anunciaron la indiferencia, el odio que Jesús encontraría, sus sufrimientos. “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla” (Salmo 126:6). “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3). Los evangelios confirman que fue rechazado desde su nacimiento en Belén hasta su muerte en la cruz del Gólgota. Sin embargo, algunas personas reconocieron en él al Hijo de Dios. Cuando cansado se sentó al borde de un pozo, una mujer se acercó a él (Juan 4:6), escuchó sus palabras y comprendió que él era el Mesías, el Salvador del mundo. Cuando estaba clavado en la cruz, injuriado por la multitud, un malhechor crucificado a su lado reconoció, delante de todos, su carácter de Rey y habló de su futuro triunfo. Jesucristo ya no está visiblemente en la tierra, pero la actitud de los hombres con respecto a él no ha cambiado. Muchos son indiferentes y otros se burlan. Sin embargo, su mensaje de amor y perdón es recibido en muchos lugares. Él sigue haciendo la misma pregunta: Para usted, ¿quién soy? Su respuesta condiciona su vida presente y su futuro. Lea los evangelios, pues fueron escritos “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31).