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Usuario (Argentina)
El secretario del Tesoro dice que EE.UU. es insolvente El gobierno de EE.UU. es insolvente. ¿Quién lo dice? Timothy F. Geithner, el secretario del Tesoro de EE.UU. Geithner envió una carta al Congreso el 6 de enero de 2011 pidiendo un aumento del límite de la deuda. Si no se aumenta, advirtió, EE.UU. hará default en su deuda. Según sus palabras: “Nunca en nuestra historia el Congreso ha dejado de aumentar el límite de la deuda cuando ha sido necesario. Si no se aumenta la deuda se precipitará un default de EE.UU.” No dijo que se vaya a incomodar al gobierno. No dijo que el gobierno se vería obligado a arreglárselas a duras penas retardando pagos, aumentando impuestos y reduciendo programas y servicios no obligatorios. Dijo que el gobierno hará default . Esto significa que el gobierno no tiene suficiente dinero para pagar sus obligaciones a las numerosas y heterogéneas personas a las que debe dinero a menos que el Congreso autorice que se aumente aún más la deuda. Después de que el gobierno emita la nueva deuda, su deuda general será aún más elevada que antes. A menos que se reduzcan sus obligaciones que requieren pagos en dinero, que encuentre nuevas fuentes de ingresos o que disminuyan las tasas de interés que paga, es seguro que la misma situación volverá a ocurrir y que lo hará aún más rápido porque su deuda general habrá aumentado. No le alcanzará el dinero para pagar sus obligaciones. Supón que tienes una deuda de 10.000 dólares que requiere un pago de 500 dólares con el fin de evitar que tus acreedores embarguen tus activos. Supón que no tienes los 500 dólares. Una posibilidad sería pedir prestados 500 dólares a un nuevo prestamista y utilizarlos para pagar a las antiguas entidades crediticias. Así ganas tiempo. Sin embargo ahora tendrás deudas de 10.500 dólares. Tienes que encontrar maneras de reducirlas o volverás a verte enfrentado a una situación aún peor. Te acercas a la insolvencia cuando comienzas a carecer de nuevas entidades crediticias que estén dispuestas a sumarse a tu deuda. Las entidades crediticias dispuestas se acaban porque saben que tienen que hacer fila para obtener los pagos prometidos porque buscarás continuamente nuevas entidades crediticias, mientras empeoras cada vez más tu situación. Al conocer tu situación precaria, las nuevas entidades crediticias probablemente exigirán que se aumenten las primas por riesgo de default. Eso significa que pedirán tasas de interés más elevadas. Eso significa que tus obligaciones de pago en efectivo aumentarán. Eso acelera tu llegada a la insolvencia. La insolvencia tiene lugar cuando no se puede encontrar suficiente dinero de ninguna fuente, ni siquiera nuevas entidades crediticias, para hacer los pagos necesarios. EE.UU. se acerca a la insolvencia, según su secretario del Tesoro. No lo dijo precisamente de esa manera, sino que lo describió con palabras que se acercan lo más posible. Dijo que EE.UU. haría default, y que su única salida por el momento es emitir más deuda. Los aumentos en el límite de deuda han acompañado necesariamente el aumento en la deuda general del gobierno. Esos aumentos han sido especialmente sorprendentes en los últimos 10 años. El límite es ahora de 14,29 billones (millones de millones) de dólares. El límite fue de 5,72 billones en septiembre de 2001. Es una tasa de aumento de más de 10% por año. Hace algunos meses, Laurence Kotlikoff escribió que “EE.UU. está en bancarrota”. Utilizando las cifras del gobierno adecuadamente etiquetadas, estableció que la brecha fiscal de EE.UU., que es la diferencia entre el valor actual de los gastos y de los ingresos proyectados, es de 202 billones de dólares. Un estudio de las finanzas de EE.UU. del FMI estableció que tendría que duplicar los impuestos para colmar su brecha fiscal. Es imposible. Destruiría la debilitada economía. La declaración de Geithner confirma las de otros analistas fuera del gobierno de EE.UU. Según Kotlikoff, el “masivo fraude de Ponzi” de sesenta años del gobierno terminará cuando no haya suficientes ingresos para pagar a la Seguridad Social, Medicare y Medicaid. Ve grandes recortes en las prestaciones, grandes aumentos de impuestos y una elevada inflación cuando el gobierno trate de sobrevivir. ¿Cómo saldrá EE.UU. de esta situación? Es objeto de especulación porque hay muchas variables involucradas que interactúan. Hay una cantidad de peros. Cuando un Estado no puede cumplir con sus obligaciones prometidas, no existe un código de bancarrota para guiar una reorganización, como en el caso de una compañía. No hay un tribunal que supervise una reestructuración. No hay un juez o un panel que decida sobre la prioridad de las demandas. El propio gobierno decide cómo manejar su incapacidad de pagar dinero para cumplir sus promesas. En el futuro inmediato, el gobierno de EE.UU. no hará default sobre sus bonos. Tendrán prioridad los pagos. El gobierno lo hará para mantener su capacidad de pedir prestado a tasas razonables de interés a fin de poder mantener su tamaño y sus programas. Si el gobierno hiciera default sobre sus bonos como modo de resolver su problema financiero, tendría que reducir severamente sus gastos de inmediato. El gobierno reduciría radicalmente todo de inmediato. El gobierno sufriría una gran pérdida financiera. El Congreso no querría que sucediera algo semejante. Preferiría prolongar el proceso de default e infligir el dolor con el paso del tiempo y repartirlo entre más grupos que los dueños de bonos. Los congresistas prefieren mantenerse en el poder mientras dirigen un gran gobierno. Otros poderes y burocracias también prefieren conservar sus programas y actividades preferidas. Por ello, como de costumbre, el Congreso volverá a aumentar el límite de la deuda. Eso no soluciona problema financiero. Lo aumenta incluso si posterga y realza una posible insolvencia. Las nuevas entidades crediticias que el gobierno busque para que le presten más dinero probablemente pedirán tasas de interés más elevadas, con la excepción de una importante entidad financiera, que es el Sistema de la Reserva Federal. Los rendimientos de los bonos dependen de numerosas influencias mundiales. Incluyen las primas por el riesgo de default exigidas por entidades financieras extranjeras, incluidos los bancos centrales asiáticos. Es probable que esas primas de riesgo aumenten. En cambio, la Reserva Federal se ha comprometido a comprar 600.000 millones de dólares de nueva deuda gubernamental en los próximos meses. Sus compras tienden a apoyar los precios de los bonos y a mantener bajas las tasas de interés, a mantener la situación igual. Mientras la Reserva Federal sigue comprando más y más deuda del gobierno, sin perspectiva de reducir sus activos a menos que, o hasta que, el gobierno ponga orden en su casa, es probable que los intereses de los bonos aumenten, a pesar de las compras de la Reserva Federal, porque los intereses también reflejan las primas por inflación. La perspectiva de inflación aumentará mientras la Reserva Federal [la Fed] monetiza la deuda. Entonces veríamos un aumento de los intereses acompañados por precios estables de materias primas y metales. La participación inflacionaria de la Reserva Federal, que posterga las inevitables decisiones fiscales del gobierno, daña a todos los poseedores de activos fijos en dólares y a todos cuyos ingresos en dólares son fijos y se quedan detrás de la producción de nuevos dólares por la Fed. Además, y con más importancia, la inflación pone en movimiento otro ciclo de auge-ruina. La continua monetización de la deuda por la Fed es bastante probable por muchos motivos. Uno es que la Fed puede actuar incluso si el Congreso está bloqueado. Otra es la aparente necesidad, desde el punto de vista de la Fed, de evitar el fracaso de emisiones de deuda del gobierno. Un tercer motivo es que la Fed justifica lo que está haciendo con la poca actividad económica y la baja inflación del Índice de Precios al Consumo (IPC). Cuarto, el sistema bancario sigue siendo insolvente y la Fed quiere aumentar los precios de los activos. Quinto, la Fed no conecta su monetización de la deuda con intereses más elevados. Cuando comienza esa conexión, directamente o porque la inflación del CPI aumenta, podría ser más probable que altere su actual política. Si EE.UU. no disminuye la brecha fiscal, el aumento de los intereses lo obligará rápidamente a entrar en acción porque el aumento de los intereses aumenta la probabilidad de insolvencia y aumenta la probabilidad de que suceda cuanto antes mejor. Los efectos de la inflación de la Fed sobre las acciones varían según la compañía. Dependen de las posiciones monetarias netas de las compañías, la naturaleza y ubicación de sus operaciones, sus coberturas contra riesgos, y otros factores. No hay un pronóstico simple para todo el mercado bursátil. Ya que es probable que los intereses aumenten a medida que las entidades financieras piden mayores primas por riesgo de default y demandan mayores primas de inflación (cuando la Fed monetiza la deuda), y la capacidad de la Fed de mantener bajas las tasas es sólo un fenómeno temporal y/o sólo inhibidor, y ya que estos aumentos de intereses aceleran la posibilidad de insolvencia, el gobierno sólo puede evitar el default o reduciendo la toma de préstamos (y sus gastos) o mediante un aumento de los ingresos. No hacer nada significa ir al default. Si la toma de préstamos por el gobierno se desacelera, sus gastos tenderán a ralentizarse. Muchos estadounidenses considerarán desagradable que se reduzcan las prestaciones, actuales y futuras, y se recorten otros programas. Si el gobierno aumenta los impuestos, el impacto de sus inmensos préstamos tendrá efecto sobre los estadounidenses, de nuevo de manera extremadamente desagradable. Sus ingresos disponibles caerán fuertemente. No se ve venir un default total de los bonos de EE.UU. porque eso inmoviliza a todo el gobierno de EE.UU. El gobierno no lo hará. Cuidará primero de sí mismo y de su supervivencia. El público estadounidense ocupa el último lugar. El default de las promesas hechas a los estadounidenses es el camino más probable. Por lo tanto, el gobierno ralentizará los aumentos de presupuesto, los detendrá por completo o reducirá sus gastos en términos absolutos. Como cualquier prestatario, su capacidad de tomar préstamos no es ilimitada. Depende de su poder tributario que, por su parte, depende de la productividad de los que pagan los impuestos. La causalidad va en ambas direcciones. La productividad también depende de las estructuras tributarias y reguladoras. Es inconcebible que el gobierno pueda duplicar los impuestos. Si lo hiciera, la mayor parte de la economía trataría de pasar a la clandestinidad. Lo que quedara en la superficie tendría incentivos muy reducidos para producir. ¿Qué grupos y programas serán objetivos de los recortes del gobierno? De nuevo es un tema de especulación. Depende de qué grupos tienen el control más firme sobre el monedero del gobierno, qué grupo realizan las mayores protestas y qué grupos tienen la mayor influencia en los votos para congresistas cruciales y las contribuciones a las campañas electorales. Estoy de acuerdo con Kotlikoff y Gary North en que los objetivos más probables son los más grandes, y éstos son los programas de asistencia social. Algunos grupos van a sufrir el grueso de las acciones que se emprendan para evitar el default. Otros probablemente pasarán relativamente incólumes. Los burócratas del gobierno tratarán de protegerse. Esto creará conflictos internos, protestas y disensión. La vida va a ser mucho más dura para los estadounidenses en el futuro, a menos que la productividad de algunas fuentes desconocidas de invención o tecnología compense el impacto de las promesas del gobierno que se defrauden. El Congreso tiene otra opción, que es apoderarse de los activos de los estadounidenses. Es una forma de tributación. El Congreso puede obligar a los fondos de pensiones a adquirir sus emisiones de bonos. Eso haría bajar los precios de las acciones y bonos corporativos. Devastaría la economía. Un programa de imposición de bonos es casi equivalente a hacer que la Fed absorba bonos. Presiona a la Fed para que cree más dinero con el fin de mantener altos los precios de los activos. Un programa semejante sería un acto de desesperación del gobierno que simplemente empobrece a la población. Ciertamente no resolvería la insolvencia. ¿Cuándo, si alguna vez lo hace, comenzará el Congreso a actuar como se debe, es decir, con recortes de un tamaño suficiente para evitar un default sobre sus bonos? Mi respuesta es: todavía no. La perspectiva de aumentos de los intereses todavía no entra en las mentes de los que están en el gobierno. La perspectiva de un presupuesto fuera de control debido a una obligación inmensa y creciente de pagos de intereses de los bonos todavía no ha impactado a los funcionarios del gobierno. No pueden ver el maremoto. No creen que tenga lugar. El programa de compras de la Fed oscurece su visión. La lentitud de la economía ayuda a mantener bajos por el momento los intereses de los bonos. Los bancos centrales extranjeros, como grupo, siguen apoyando el mercado de bonos de EE.UU. La gente que teme volver a las acciones sigue apoyando el mercado de la deuda de EE.UU. Además, las dos partes están enamoradas del gran gobierno. Casi todos los políticos son sensibles a las demandas públicas de dádivas. Es un motivo por el cual la brecha fiscal es tan inmensa para comenzar. EE.UU. no mostró exactamente demasiado interés por el intento de detener una prestación de fármacos recetados. En consecuencia, el gobierno posterga acciones para cerrar la brecha fiscal. Llegará el día en el que habrá una discontinuidad. Estallará un terremoto fiscal o un terremoto del mercado o alguna combinación de las dos cosas. No será una experiencia agradable para los estadounidenses, pero los que están en el gobierno tienen pocos motivos para sentir temor. Pueden llamarlo una crisis, como si no tuviéramos ya una crisis. Pueden utilizar una “crisis” semejante como excusa para una acción más radical del gobierno. El gobierno puede exigir aún más poder, o simplemente ejercerlo, incluso si los resultados empeoran las cosas para los estadounidenses. Para los gobiernos las crisis son oportunidades, un hecho bien conocido por los analistas de gobiernos. Este hecho es un motivo por el cual los gobiernos postergan las acciones para remediar lo que al resto de nosotros nos parecen situaciones graves. Por desgracia, el hecho de que los gobiernos prosperan con las crisis y las ven como oportunidades no es bien conocido por la población en general que todavía espera que el gobierno encare las crisis. Ya que la insolvencia de EE.UU. es un hecho y un hecho que implica tiempos duros para todo el que dependa del gobierno, es prudente tomar medidas para independizarse lo más posible del gobierno. Michael S. Rozeff es un profesor de Economía retirado que vive en East Amherst, Nueva York. Es autor del libro-e gratuito Essays on American Empire: Liberty vs. Dominatio, del libro-e gratuito The U.S. Constitution and Money: Corruption and Decline y del libro-e gratuito Essays on American Empire. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=120294
Bajo el volcán (egipcio) La fiesta –y qué fiesta- terminó. Ahora toca la resaca, y ¡menuda resaca! Conozcan al nuevo jefe, o al Faraón reconstruido como Shiva: el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Si esto fuera el Sudeste Asiático, la gente diría “lo mismo, lo mismo, aunque diferente”. En lugar de un Estado-policía, es el momento de los comunicados (se habla de un retorno a la década de los setenta). El Presidente y el Vicepresidente disueltos. El Parlamento disuelto (pero con el Primer Ministro nombrado, el Faraón Ahmed Shafiq, insistiendo en que el actual gabinete-canguro se pondrá en marcha para eso de la “transición ordenada”). La Constitución suspendida. El ejército tratando de imponer la idea de que va a encargarse de dirigir Egipto durante los seis próximos meses. Se esperan siniestras restricciones al derecho a la huelga y “caos y desorden”. ¿Qué puede hacer un Presidente demócrata de EEUU y Premio Nobel de la Paz excepto apoyar un golpe militar? (Otra reminiscencia de las décadas de los sesenta y los setenta). Resumiendo: la Casa Blanca y el Departamento de Estado querían que Hosni Mubarak se fuera. Pero Arabia Saudí, Israel y la Agencia de Central de Inteligencia de EEUU (CIA) estaban empeñados en que siguiera. Aunque Mubarak –como en una mala versión de Luis XVI con el pelo teñido- luchó por su propia supervivencia, el Vicepresidente Omar “Jeque al-Tortura” Suleimán, apoyado por Washington y Bruselas, luchó por la supervivencia del régimen (eso de la “transición ordenada”), y Washington luchó por la supervivencia de uno de los pilares cruciales de la “estabilidad” en el Oriente Medio. La calle luchaba por su vida. Es fácil explicar por qué la CIA no lo vio venir. Puede que la Agencia se haya destacado gestionando las entregas extraordinarias con el Jeque al-Tortura, pero, en conjunto, se había quedado aprisionada en una importante camisa de fuerza ideológica desde los años de Ronald Reagan. Sencillamente, la CIA no se molesta en hablar con nadie que no sea un vasallo, desde Irán a Hamás y a los Hermanos Musulmanes. Por tanto, no pueden recoger inteligencia procesable de calidad sobre el terreno. Egipto llevaba hirviendo por debajo desde al menos 2005. La Embajada de EEUU en El Cairo no tenía siquiera un oficial de enlace con los Hermanos Musulmanes. Y ahora su activo, Suleimán, es una no-entidad (foto de Langley –sede de la CIA- inundada por un diluvio de lágrimas). Al final, la calle egipcia lo comprendió. Reclutas miserablemente pagados dispuestos a armar la de Dios es Cristo si se les ordenaba disparar contra ciudadanos de a pie lo comprendieron. Discretos organizadores sindicales activos desde hacía años lo comprendieron. Jueces manifestándose por las calles lo comprendieron. Y los jóvenes lo comprendieron. Los jóvenes revolucionarios del 25 de enero despertaron pronto a la realidad. Todos ven ya con claridad que Washington decidió finalmente reducir sus pérdidas y dar luz verde a la concepción plagada de onanismo de un golpe militar contra una dictadura militar. OK, si funcionan los buenos pronósticos, conocemos al menos un precedente: la revolución de 1974 en Portugal, que acabó, en el plazo de un año, en una sólida democracia de tendencia socialista. Mi comunicado es más grande que el tuyo ¿Qué hay de todos esos comunicados a los que se ha vuelto tan adicto el Consejo Supremo? La calle sabe que todos ellos son compinches de Mubarak, que la mayoría tiene más de setenta años –empezando por el líder del golpe, el Mariscal de Campo y Ministro de Defensa Mohammed Hussein Tantawi, 75 años- y que están muy próximos a Robert Gates, el del Pentágono (y algo que es crucial: Tantawi llegó a la cumbre después de ser el comandante del ejército privado de Mubarak, los Guardias Republicanos). Todos ellos son accionistas, propiciados por EEUU (mediante los miles de millones de dólares de “ayuda” año tras año), de una inmensa dinastía empresarial de propiedad militar que controla sectores enteros de la economía egipcia. No hay forma de que pueda nacer un nuevo Egipto sin echar abajo todo ese sistema al completo. Ergo, la calle tiene que enfrentarse al ejército. Nos esperan grandes fuegos artificiales. Por el momento, los adversarios potenciales están estudiándose el uno al otro. Salida: “transición ordenada”; entrada –según el General Mohsen al-Fangari-: “una transición pacífica de poder” que permita que “un gobierno civil elegido gobierne y construya un Estado libre y democrático”. Suena todo como el Purple Haze [Neblina Púrpura] de Jimmy Hendrix. Olvídense de eso del ejército transfiriendo rápidamente el poder a un gobierno interino dirigido por civiles. En la batalla de comunicados, al menos los líderes del 25 de enero saben cómo llamar la atención. Entre sus demandas principales –llámenlas la hoja de ruta de los deseos políticos de la calle-, nos encontramos con el fin inmediato del estado de emergencia; la liberación inmediata de todos los prisioneros políticos; la creación de un consejo de gobierno colectivo y transitorio; la formación de un gobierno interino que integre las tendencias nacionalistas independientes que supervisen unas elecciones libres y justas; la formación de un grupo de trabajo que redacte una nueva constitución democrática que se vote en referéndum; la eliminación de cualquier restricción a la libre formación de partidos políticos; libertad de prensa; libertad para formar sindicatos y organizaciones no gubernamentales sin que se necesite permiso del gobierno; y abolición de todos los tribunales militares. Cualquiera que sea capaz de creerse que los generales del Consejo Supremo entregarán en bandeja todo eso al pueblo es que debe de estar vivendo allá por la meseta tibetana. Bombardéame una democracia, nena Ésta no ha sido sólo una revolución dirigida por los jóvenes, también es ahora un movimiento masivo de la clase trabajadora. En la próxima etapa la clase trabajadora –y el campesinado- serán cada vez más importantes. Como el bloguero Hossam El-Hamalawy ha señalado: “Ahora toca a las fábricas tomar Tahrir”. La ofensiva final del régimen se produjo cuando las huelgas se extendieron como un reguero de pólvora. Se ha intensificado la conceptualización de la democracia directa desde abajo que conduce a un estado de revolución permanente. “Occidente” tiembla en sus Ferragamo . Al mismo tiempo, los líderes del 25 de enero son conscientes de que Washington, Tel Aviv y Riad –más las clases compradoras del mubarakismo - harán todo lo que esté en su mano para que la democracia egipcia descarrile. Se echará mano de todo: desde todo un Walhalla de sobornos a la siniestra manipulación de leyes y del proceso electoral. Ya verán como al menos un general se presenta para Presidente; ciertamente, no será el increíblemente evanescente activo de la CIA, el “Jeque al-Tortura” Suleimán, sino muy probablemente el Jefe del Estado Mayor, Sami Anan, de 63 años, que también pasó mucho tiempo en EEUU y está más cercano que Tantawi a muchos de los del Pentágono. Muy pronto, verán como todo el mundo, y hasta su vecino, se dedica a cortejar a los Hermanos Musulmanes como si no hubiera un mañana: Turquía (para avanzar en su papel de faro de la moderación en Oriente Medio); Irán (incluso aunque sean chiíes, para recordar a los Hermanos Musulmanes su lucha por Palestina); EEUU (para que puedan creer que controlan una corriente yihadista , aunque los HM no tengan ninguna); y Arabia Saudí (con toneladas de dinero en efectivo, para colar como sea las maquinaciones estadounidenses). The New York Times ha descrito de forma extraña cómo “la Casa Blanca y el Departamento de Estado estaban ya discutiendo cómo dedicar nuevos fondos para impulsar la aparición de partidos políticos laicos”, en un intento de acorralar hasta el último rincón a la oposición a la agenda estadounidense. Además del hecho de que la revolución egipcia –todavía en pañales- representa el cambio estratégico más estremecedor en el Oriente Medio de las últimas tres décadas (desde que Israel invadió el Líbano en 1982), lo que se destaca es la abyecta falacia de muchas cosas, desde la Islamofobia a la teoría reduccionista del “choque de civilizaciones” y a la quimera neocon del Gran Oriente Medio. Sin embargo, la calle egipcia abrió una autopista hacia la democracia en sólo dos semanas y media. Compárenlo con la democratización de Afganistán por el Pentágono desde hace nueve años y la de Iraq desde hace siete. En el presente estadio, nadie sabe si el mubarakismo va a sobrevivir a base de un estiramiento facial mínimo; si se le invitará a las próximas elecciones mientras el ejército permanece en la sombra; o si una auténtica revolución social y política reorganizará final y radicalmente toda la estructura de la riqueza y el poder en Egipto. Mucho más allá del choque inevitable en Egipto entre la explosión demográfica y la crisis económica, lo que nos hace realmente flipar es que las elites de Occidente saben lo que la inmensa mayoría de los egipcios no quieren. Un gobierno egipcio realmente soberano y democrático no puede seguir siendo un esclavo de la política exterior de EEUU. Como mínimo, todo podría empezar con el levantamiento del bloqueo a Gaza y con la revisión de la exportación de gas natural a Israel a precios subvencionados; después, debería volver a considerarse el paso seguro de la Marina estadounidense por el Canal de Suez y, finalmente, revisar el sanctasanctórum: los Acuerdos de Camp David de 1979 con Israel. De ahora en adelante, cualquier incremento de libertad que Egipto pueda disfrutar será directamente proporcional al aumento del grado de temor que puedan pasar a sentir Washington, Tel Aviv y Riad. Es justo decir que en estos momentos la calle egipcia lleva en su corazón a todos aquellos que la apoyaron: desde Al-Yasira y todo un surtido de nacionalistas árabes a Hizbulá en el Líbano. Y conoce muy bien quiénes son los que la despreciaron: desde la Casa de los Al-Saud, junto a todo tipo de extremistas wahabíes, a Israel. Nadie olvidará que el rey saudí Abdullah acusó a la calle de “injerencia en la seguridad y estabilidad del Egipto árabe y musulmán”. La consigna clave de la revolución ha sido: “El pueblo quiere el derrocamiento del régimen”. Eso ha tenido un resultado-consecuencia: “El pueblo quiere la liberación de Palestina”. Estén pendientes de la información meteorológica; el auténtico volcán ni siquiera ha entrado en erupción. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=122445 ¨ Las ideologías son formas de división y anclaje. Lo que realmente importa es el bien común para TODOS.¨
Egipto: la apuesta al gatopardismo En el día de ayer Hillary Clinton declaró ante la prensa que lo que había que evitar a toda costa en Egipto era un vacío de poder. Que el objetivo de la Casa Blanca era una transición ordenada hacia la democracia, la reforma social, la justicia económica, que Hosni Mubarak era el presidente de Egipto y que lo importante era el proceso, la transición. A diferencia de lo ocurrido en otra ocasión, el Presidente Obama no exigiría la salida del líder caído en desgracia. Como no podría ser de otro modo, las declaraciones de la Secretaria de Estado reflejan la concepción geopolítica que Estados Unidos ha sostenido invariablemente desde la Guerra de los Seis Días, en 1967, y cuya gravitación se acrecentó después del asesinato de Anwar el-Sadat en 1981 y la asunción de su por entonces vicepresidente, Hosni Mubarak. Sadat se había convertido en una pieza clave para Estados Unidos e Israel –y de paso confirió a Egipto la misma categoría- al ser el primer jefe de Estado de un país árabe que reconoció al Estado de Israel al firmar un Tratado de Paz entre Egipto y ese país el 26 de Marzo de 1979. Las dudas y los rencores que aún abrigaban Sadat y el primer ministro israelí Menájem Begin como consecuencia de cinco guerras y que tornaban en interminables las negociaciones de paz fueron rápidamente dejados de lado cuando tanto ellos como el Presidente James Carter se notificaron que el 16 de enero de ese año un estratégico aliado pro estadounidense en la región, el Sha de Irán, había sido derrocado por una revolución popular y buscó refugio en Egipto. La caída del Sha fue seguida por el nacimiento de la república islámica bajo la conducción del Ayatolá Ruhollah Jomeini, para quien Estados Unidos y toda la “civilización estadounidense” no eran otra cosa que el “Gran Satán”, el enemigo jurado del Islam. Si la violenta eyección del Sha sacudía el tablero de Oriente Medio, no eran mejores las noticias que provenían del convulsionado traspatio centroamericano: el 19 de Julio de 1979 el Frente Sandinista entraba a Managua y ponía fin a la dictadura de Anastasio Somoza, complicando aún más el cuadro geopolítico estadounidense. A partir de ese momento, el delicadísimo equilibrio de Oriente Medio tendría en Egipto el ancla estabilizadora que la política exterior estadounidense se encargó de reforzar a cualquier precio, aún a sabiendas de que bajo el reinado de Mubarak la corrupción, el narcotráfico y el lavado de dinero crecían a un ritmo que sólo era superado por el proceso de pauperización y exclusión social que afectaba a sectores crecientes de la población egipcia; y que la feroz represión ante los menores atisbos de disidencia y las torturas eran cosas de todos los días. Por eso suenan insoportablemente hipócritas y oportunistas las exhortaciones del presidente Obama y su Secretaria de Estado para que un régimen corrupto y represivo como pocos en el mundo -y al cual Estados Unidos mantuvo y financió por décadas- se encamine por el sendero de las reformas económicas, sociales y políticas. Un régimen, además, donde Washington podía enviar prisioneros para torturar sin tener que enfrentar molestas restricciones legales y la estación de la CIA en Cairo podía operar sin ninguna clase de obstáculos para llevar adelante su “guerra contra el terrorismo.” Un régimen, además, que pudo bloquear la internet y la telefonía celular y que apenas si despertó una mesurada protesta por parte de Washington. ¿Habría sido igual de tibia la reacción si quien hubiera cometido tales tropelías hubiese sido Hugo Chávez? Dado que Mubarak parecería haber cruzado el punto de no retorno, el problema que se le presenta a Obama es el de construir un “mubarakismo” sin Mubarak; es decir, garantizar mediante un oportuno recambio del autócrata la continuidad de la autocracia pro estadounidense. Como decía el Gatopardo, “algo hay que cambiar para que todo siga como está.” Esa fue la fórmula que sin éxito alguno Washington intentó imponer en los meses anteriores al derrumbe del somocismo en Nicaragua, apelando a la figura de un personaje del régimen, Francisco Urcuyo, presidente del Congreso Nacional cuya primera y prácticamente última iniciativa como fugaz presidente fue la de solicitar al Frente Sandinista, que venía aplastando a la guardia nacional somocista por los cuatro rincones del país, que depusiera las armas. Lo depusieron a él al cabo de pocos días, y en el habla popular nicaragüense el ex presidente pasó a ser recordado como “Urcuyo, el efímero.” Lo que ahora está intentando la Casa Blanca es algo similar: presionó a Mubarak para que designara a un vicepresidente en la esperanza de que no reeditase el fiasco de Urcuyo. La designación no pudo haber sido más inapropiada pues recayó en el jefe de los servicios de inteligencia del ejército, Omar Suleiman, un hombre aún más refractario a la apertura democrática que el propio Mubarak y cuyas credenciales no son precisamente los que anhelan las masas que exigen democracia. Cuando estas ganaron las calles y atacaron numerosos cuarteles de la odiada policía y de los no menos odiados espías, soplones y organismos de la inteligencia estatal, Mubarak designa al jefe de estos servicios nada menos que para liderar las reformas democráticas. Es una broma de mal gusto y así fue recibida por los egipcios, que siguieron tomando las calles convencidos de que el ciclo de Mubarak se había terminado y que había que exigir su renuncia sin más trámite. En la tradición del socialismo marxista se dice que una situación revolucionaria se constituye cuando los de arriba no pueden dominar como antes y los de abajo ya no quieren a ser dominados como antes. Los de arriba no pueden porque la policía fue derrotada en las luchas callejeras y los oficiales y soldados del ejército confraternizan con los manifestantes en lugar de reprimirlos. No sería de extrañar que alguna otra filtración tipo Wikileaks devele las intensas presiones de la Casa Blanca para que el anciano déspota abandone Egipto cuanto antes para evitar una re-edición de la tragedia de Teherán. Las alternativas que se abren para los Estados Unidos son pocas y malas: (a) sostener el régimen actual, pagando un fenomenal costo político no sólo en el mundo árabe para defender sus posiciones y privilegios en esa crucial región del planeta; (b) una toma del poder por una alianza cívico-militar en donde los opositores de Mubarak estarán destinados a ejercer una gravitación cada vez mayor o, (c) la peor de las pesadillas, si se produce el temido vacío del poder que sean los islamistas de la Hermandad Musulmana quienes tomen el gobierno por asalto. Bajo cualquiera de estas hipótesis las cosas ya no serán como antes, pues aún en la variante más moderada la probabilidad de que un nuevo régimen en Egipto continúe siendo un fiel e incondicional peón de Washington es sumamente baja y, en el mejor de los casos, altamente inestable. Y si el desenlace es el radicalismo islamista la situación de Estados Unidos e Israel en la región se tornará en extremo vulnerable, habida cuenta de que el efecto dominó de la crisis que comenzó en Túnez y siguió en Egipto ya se está dejando sentir en otros importantes aliados de Estados Unidos, como Jordania y Yemen, todo lo cual puede profundizar la derrota militar estadounidense en Irak y precipitar una debacle en Afganistán. De cumplirse estos pronósticos, el conflicto palestino-israelí adquiriría inéditas resonancias cuyos ecos llegarían hasta los suntuosos palacios de los emiratos del Golfo y la propia Arabia Saudí, cambiando dramáticamente y para siempre el tablero de la política y la economía mundiales. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=121416
Declina la influencia de Occidente Por Noam Chomsky ¨El mundo árabe está en llamas, informó Al Jazeera el 27 de enero, mientras los aliados de Washington pierden rápidamente influencia en toda la región. La onda de choque fue puesta en movimiento por el dramático levantamiento en Túnez que derrocó a un dictador apoyado por Occidente, con reverberaciones sobre todo en Egipto, donde los manifestantes avasallaron a la policía de un dictador brutal. Algunos observadores compararon los sucesos con el derrumbe de los dominios rusos en 1989, pero hay importantes diferencias. Algo crucial es que no existe un Mijail Gorbachov entre las grandes potencias que apoyan a los dictadores árabes. Más bien, Washington y sus aliados mantienen el principio bien establecido de que la democracia es aceptable sólo en la medida en que se conforme a objetivos estratégicos y económicos: magnífica en territorio enemigo (hasta cierto punto), pero no en nuestro patio trasero, a menos que, por favor, se pueda domesticar de forma apropiada. Una comparación con 1989 tiene cierta validez: Rumania, donde Washington mantuvo su apoyo a Nicolae Ceausescu, el más despiadado de los dictadores europeos, hasta que la alianza se volvió insostenible. Luego Washington encomió su derrocamiento cuando se borró el pasado. Es una pauta típica: Ferdinando Marcos, Jean-Claude Duvalier, Chun Doo Hwan, Suharto y muchos otros gánsteres útiles. Puede estar en marcha en el caso de Hosni Mubarak, junto con esfuerzos de rutina para asegurarse de que el régimen sucesor no se desviará mucho de la senda aprobada. La esperanza actual parece residir en el general Omar Suleiman, leal a Mubarak y recién nombrado vicepresidente de Egipto. Suleiman, quien durante mucho tiempo encabezó los servicios de inteligencia, es despreciado por el pueblo rebelde casi tanto como el propio dictador. Un refrán común entre los eruditos es que el temor al Islam radical requiere una oposición (renuente) a la democracia sobre terrenos pragmáticos. Si bien no carece de méritos, la formulación induce a error. La amenaza general siempre ha sido la independencia. En el mundo árabe, Estados Unidos y sus aliados han apoyado con regularidad a los islamistas radicales, a veces para prevenir la amenaza de un nacionalismo secular. Un ejemplo conocido es Arabia Saudí, centro ideológico del Islam radical (y del terrorismo islámico). Otro en una larga lista es Zia ul-Haq, favorito del ex presidente Ronald Reagan y el más brutal de los dictadores paquistaníes, quien llevó a cabo un programa de islamización radical (con financiamiento saudí). El argumento tradicional que se esgrime dentro y fuera del mundo árabe es que no pasa nada, todo está bajo control, señala Marwan Muasher, ex funcionario jordano y actual director de investigación sobre Medio Oriente de la Fundación Carnegie. Con esa línea de pensamiento, las fuerzas consolidadas arguyen que los opositores y forasteros que demandan reformas exageran las condiciones en el terreno. Por tanto, el pueblo sale sobrando. La doctrina se remonta muy atrás y se generaliza en el mundo entero, incluido el territorio nacional estadounidense. En caso de perturbación pueden ser necesarios cambios de táctica, pero siempre con la vista en recuperar el control. El vibrante movimiento democrático de Túnez se dirigió contra un Estado policial con poca libertad de expresión o asociación y graves problemas de derechos humanos, encabezado por un dictador cuya familia era odiada por su venalidad. Tal fue la evaluación del embajador estadunidense Robert Godec en un cable de julio de 2009, filtrado por Wikileaks. Por tanto, para algunos observadores los “documentos (de Wikileaks) deben crear un cómodo sentimiento entre el público estadunidense de que los funcionarios no están dormidos en el puesto”, es decir, que los cables apuntalan de tal manera las políticas estadunidenses, que es casi como si Obama mismo los estuviera filtrando (o eso escribe Jacob Heilbrunn en The National Interest.) Estados Unidos debe dar una medalla a Assange, señala un encabezado del Financial Times. El jefe de analistas de política exterior, Gideon Rachman, escribe que la política exterior estadunidense se traza de forma ética, inteligente y pragmática y que la postura adoptada en público por Estados Unidos sobre un tema dado es por lo regular también la postura mantenida en privado. Según este punto de vista, Wikileaks socava a los teóricos de la conspiración que cuestionan los nobles motivos que Washington proclama con regularidad. El cable de Godec apoya estos juicios, por lo menos si no miramos más allá. Si lo hacemos, como reporta el analista político Stephen Zunes en Foreign Policy in Focus, descubrimos que, con la información de Godec en mano, Washington proporcionó 12 millones de dólares en ayuda militar a Túnez. En realidad, Túnez fue uno de sólo cinco beneficiarios extranjeros: Israel (de rutina); Egipto y Jordania, dictaduras de Medio Oriente, y Colombia, que desde hace tiempo tiene el peor historial de derechos humanos y recibe la mayor ayuda militar estadunidense en el hemisferio. La prueba A de Heilbrunn es el apoyo árabe a las políticas estadounidenses dirigidas contra Irán, según se revela en los cables filtrados. Rachman también se sirve de este ejemplo, como hicieron los medios en general, para elogiar estas alentadoras revelaciones. Las reacciones ilustran cuán profundo es el desprecio por la democracia entre ciertas mentes cultivadas. Lo que no se menciona es lo que piensa la población… lo cual se descubre con facilidad. Según encuestas dadas a conocer en agosto pasado por la Institución Brookings, algunos árabes están de acuerdo con Washington y con los comentaristas occidentales en que Irán es una amenaza: 10 por ciento. En contraste, consideran que Estados Unidos e Israel son las mayores amenazas (77 y 88 por ciento, respectivamente). La opinión árabe es tan hostil a las políticas de Washington que una mayoría (57 por ciento) piensa que la seguridad regional mejoraría si Irán tuviera armas nucleares. Aun así, no pasa nada, todo está bajo control (como Marwan Muasher describe la fantasía prevaleciente). Los dictadores nos apoyan; podemos olvidarnos de sus súbditos… a menos que rompan sus cadenas, en cuyo caso hay que ajustar la política. Otras filtraciones parecen dar sustento también a los juicios entusiastas sobre la nobleza de Washington. En julio de 2009 Hugo Llorens, embajador de Estados Unidos en Honduras, informó a Washington sobre una investigación de la embajada relativa a “aspectos legales y constitucionales en torno a la remoción forzada del presidente Manuel Mel Zelaya el 28 de junio”. La embajada concluyó que no hay duda de que los militares, la Suprema Corte y el Congreso Nacional conspiraron el 28 de junio en lo que representó un golpe ilegal y anticonstitucional contra el Poder Ejecutivo. Muy admirable, excepto que el presidente Obama procedió a romper con casi toda América Latina y Europa al apoyar al régimen golpista y dispensar las atrocidades posteriores. Quizá las revelaciones más sorprendentes de Wikileaks tienen que ver con Pakistán, revisadas por el analista en política exterior Fred Branfman en Truthdig. Los cables revelan que la embajada estadounidense está bien consciente de que la guerra de Washington en Afganistán y Pakistán no sólo intensifica el rampante sentimiento antiestadounidense, sino que también crea el riesgo de desestabilizar el Estado paquistaní e incluso plantea la amenaza de la pesadilla final: las armas nucleares podrían caer en manos de terroristas islámicos. Una vez más, las revelaciones deben crear un sentimiento tranquilizador de que los funcionarios no están dormidos en el puesto (en palabras de Heilbrun), en tanto Washington marcha inexorablemente hacia el desastre. http://www.jornada.unam.mx/2011/02/05/index.php?section=opinion&article=005a1pol
Argentina tiene gestos hacia Ee,uu , pero el imperio sigue enojado El gobierno argentino tiene interés político en distender la relación, pero Washington sigue poniendo fichas a que el conflicto se mantenga. Es una forma de favorecer a la alicaída oposición La administración Fernández de Kirchner desea mantener en buen nivel el vínculo con la primera (por ahora) potencia del mundo. Eso se nota en el afán por cuestionar a la República Islámica de Irán, demonizada en Washington, Tel Aviv y también en Buenos Aires. El viaje de Héctor Timerman a Israel fue parte del operativo seducción a dos bandas. Estaba destinado a Benjamin Netanyahu pero también a Barack Obama. Otro gesto que puede inscribirse en ese mejoramiento entre las dos partes es el periplo que está culminando el FMI por Argentina, con última escala en Jujuy. Formalmente está recabando datos de la economía, con la colaboración de las autoridades locales, para “ayudar” a elaborar una mejor medición de la inflación. El Indec, ya se sabe, tiene mala prensa. Cristina Fernández no da puntada sin hilo. Su invitación a esa misión fondomonetarista trata de dejar sin argumento a quienes –dentro del buró del Fondo- objetan a Argentina por incumplimiento del artículo 4 de su Carta. Los estados miembros deben permitir una radiografía hasta el hueso de sus economías, desnudas, tal como ocurría hasta 2006, cuando Néstor Kirchner dijo “Chau FMI”. Ese incumplimiento es una de las trabas que encuentran los hombres de Amado Boudou cuando viajan a París a negociar la deuda con el Club del mismo nombre. Además de los números de ese “rojo”, no siempre coincidentes, hay inconvenientes políticos: el Club reclama la auditoría de la entidad de Dominique Strauss-Khan y hasta ahora los K se resisten. La pregunta es si tales concesiones o convergencias con el imperio han tenido una recompensa política o un buen entendimiento, al menos. No parece, a tenor de lo sucedido esta semana. Por un lado el general Douglas Fraser retomó el reclamo que dos semanas atrás formuló su presidente Obama, y pidió la devolución del material estadounidense incautado en el vuelo del Globemaster III demorado en Ezeiza en febrero pasado. “El gobierno argentino sigue reteniendo ese equipo. Un juez declaró que este era un problema aduanero, que no había violación de leyes. Así que esperamos que el gobierno argentino devuelva esos equipos”, expresó el jefe del Comando Sur a la CNN en español. O sea que el avión yanqui con armas y drogas, en vez de generar una disculpa venida del Norte, exige que el Sur devuelva y pida perdón. La otra puñalada fue propinada por Arturo Valenzuela, subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos. En una reunión realizada en La Jolla, previa a la cita semestral de la Sociedad Interamericana de Prensa, condenó al gobierno de Argentina achacándole el bloqueo a los diarios Clarín y La Nación. “Nos genera preocupación cuando se busca amenazar a los diarios. Son prácticas peligrosas porque afectan valores fundamentales, como la libertad de expresión, piedra angular de la democracia”, dijo Valenzuela, quien en sus años mozos fue chileno pero hace décadas mudó a funcionario yanqui. ¿Hillary amiga? Como si esos brulotes del gobierno de Obama fueran poca cosa, también se conoció un informe del Departamento de Estado sobre los derechos humanos en el mundo. Allí también se cuestiona a Argentina, entre los 194 países sobre los que se posó la lupa norteamericana. El pomposo título del paper es "Reporte sobre los Derechos Humanos 2010" y su falla de origen es que entre los investigados falta precisamente Estados Unidos. El imperio se reserva el rol de fiscal del resto del mundo, que absuelve o condena a su antojo, sin defensa ni apelación posible para sus acusados. La omisión del reporte es especialmente grave, porque se sabe que dentro de las fronteras de USA se violan groseramente los derechos humanos. Está documentado lo que sufre la población afroamericana y latina, especialmente los inmigrantes, más los habitantes de sus numerosos complejos carcelarios. Ni qué hablar de los torturados en Guantánamo y Abu Ghraib. ¿Hillary Clinton es paladín de la democracia y los derechos humanos? Esto movería a risa sino fuera porque en este mismo momento las bombas y misiles caen sobre Libia, con su saldo de muertos y mutilados. Sin reparar en su propio prontuario, el documento estadounidense hizo un inventario de las violaciones a los derechos humanos en Argentina. Y no es que todas fueran mentiras. Al contrario, varias son verdaderas, como los abusos y ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía, la brutalidad en las prisiones, etc. Pero el problema es que esas partículas de verdad decoran un pastel bien al estilo norteamericano, donde el american way of life sería el sueño de la humanidad y lo que hacen estos populistas sudamericanos linda con el autoritarismo. El reporte hace suyo el punto de vista de la SIP, según el cual nuestro país “vive uno de sus peores momentos en materia de libertad de expresión como consecuencia de la intolerancia para reflejar opiniones críticas”. Otra de las afirmaciones está redactada a pedir de la oposición de Mauricio Macri, Eduardo Duhalde, Ricardo Alfonsín y Elisa Carrió. Es la que sostiene que no hay calidad sino “debilidad institucional y un sistema judicial a menudo ineficaz y politizado”. En consecuencia, dice, se “vuelve poco menos que imposible eliminar una corrupción sistémica y convertida en problema grave”. Uno de los mencionados por su nombre en el reporte es Ricardo Echegaray, jefe de la AFIP. ¿Habrá tenido que ver con el hecho de que este funcionario fue clave en la denuncia contra las cerealeras evasoras, de las cuales cuatro son norteamericanas? Se trata de Cargill, ADM y su controlada Alfred Toepfer, más Oleaginosa Moreno-Glencore. Cuando Hillary Clinton pasó por Buenos Aires y fue elogiada por Cristina Fernández desde aquí se le advirtió que la canciller no era amiga de Argentina. Deshojando la margarita No se trata de Margarita Stolbizer pues toda la oposición duda sobre el camino a seguir para enfrentar en octubre a Cristina Fernández, ¿a quién sino? La crisis en esas filas no pudo disimularse más de 48 horas, luego de la ilusión que permeó a algunos medios monopólicos empeñados en difundir un documento firmado por seis precandidatos en defensa de Clarín. La ilusión de unidad duró lo que un suspiro o una flor. Es que las diferencias políticas surcan a todo ese espectro, agrietándolo, amén de las apetencias personales que ponen lo suyo para el mismo resultado divisionista. Macri y Duhalde parecen encaminarse hacia una cierta sociedad, aunque ni siquiera esa mini-alianza está asegurada. En uno y otro campamento hay voces que aseguran que ese posible aliado es “piantavoto”. El jefe de gobierno porteño podrá argüir que fue suya la idea de ese documento de seis y de hacer un esfuerzo para congeniar un solo candidato de todo el arco opositor. Esta última propuesta, de máxima, ya tiene la negativa de varios de los políticos que alguna vez fueron parte (furgón de cola) del “Grupo A”: Hermes Binner y Pino Solanas. Otro de los rechazos provino de Alfonsín, quien se muestra predispuesto a una nueva Alianza con otro nombre, pero deja afuera al PRO. De todos modos los radicales son los menos indicados en este momento para hablar de frentes más amplios, porque tienen otra vez partida al medio su agrupación. Al portazo que dio Ernesto Sanz antes de competir en la interna con Alfonsín, se sumó el abandono a toda candidatura por parte de Julio Cobos, que llegó a coquetear con una fórmula con el duhaldismo. Esas deserciones, con los reproches cruzados que originaron, dejaron al hijo del ex presidente en una posición de debilidad. Fue nominado por las autoridades de la UCR pero sus adversarios, al desertar a último momento uno y desconocer la interna el otro, le restaron representatividad. Cobos ha vuelto a la estatura política de un ex gobernador mendocino, desinflado mes a mes desde aquella apoteótica madrugada suya de julio de 2008. De toro campeón de la Sociedad Rural pasó a ser una comadreja. En esto tuvo razón Florencio Randazzo cuando dijo que esa renuncia era “un triunfo de la política sobre el oportunismo”. Ese panorama opositor no hace más que agrandar las chances de CFK de ganar en primera vuelta. La presidenta sigue recorriendo el país, inaugurando obras, hablándole a la población y presentando un balance superavitario de la economía nacional. Sobre este último asunto, siguió aclarando, como lo hizo en Córdoba, que los frutos y mejorías no se deben a un mero “viento de cola”. Esa es la errónea e interesada explicación de los opositores, que tuvieron también esa ventaja en algún momento. La diferencia es que éstos llevaron el barco al garete o al naufragio. El dilema de la presidenta es cómo unir a los sectores kirchneristas más progresistas con el PJ y el aparato sindical tradicional. En el acto de la CGT en Ferro, el taxista Omar Viviani dijo: “el general Perón nos enseñó que quienes nos atacan son de la IV Internacional. Nuestros líderes son José I. Rucci, Saúl Ubaldini y Lorenzo Miguel”. Con ese discurso de tintes maccartistas, el número 2 de Hugo Moyano en la CGT bien podría estar junto al Momo Venegas en el bando de Duhalde. Fuente:
China muestra su influencia en citas con Brasil, España y Grecia La influencia cada vez mayor de China en la economía mundial quedó patente el martes, cuando un ministro griego dijo que Pekín ayudará a su país a superar la crisis de deuda mientras un alto cargo brasileño anunció un importante pedido de aviones por parte de aerolíneas chinas.Esta semana se verá un desfile de líderes extranjeros en Pekín para participar en una cumbre de países BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- y el foro empresarial Boao en la isla de Hainan del sur del país. Pero antes de estas citas, se programaron varios importantes encuentros bilaterales para el martes, como con la presidenta brasileña, Dilma Rousseff; el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y el ministro griego de Inversión, Harris Pambukis, en Pekín. Las visitas revelan las diferentes sendas que han tomado las distintas naciones tras la crisis financiera global y el surgimiento de China como un socio y un competidor. Brasil ha sido un gran beneficiario del voraz apetito chino por las materias primas, pero su industria manufacturera ha alertado con fuerza por la ola de importaciones del gigante asiático. Además, los manufactureros brasileños se han quejado de que el yuan chino está tan depreciado que está dañando su competitividad y dando a los fabricantes chinos una ventaja injusta. Pero pese a las especulaciones, la presidenta Rousseff no discutió sobre el tema del yuan en su reunión del martes con su par chino, Hu Jintao, dijo el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, Fernando Pimentel. Sin embargo, en un acuerdo que apunta a mitigar las preocupaciones de los industriales brasileños, un grupo de aerolíneas chinas ordenó 35 aviones al fabricante brasileño Embraer SA. Pero por el lado negativo de la economía, países como España y Grecia, que cargan una montaña de deuda, se volcaron en China como un potencial comprador de bonos soberanos. Estas esperanzas fueron reseñadas por el ministro griego de Inversión en una entrevista con el diario 21st Century Business Herald de China, publicada el martes. "La compra de bonos griegos (por parte de China) ayudará a que nuestra economía supere la crisis y recupere la confianza del mercado internacional", dijo Pambukis, según una traducción al chino. "También ayudará a la estabilidad de la zona euro. Una zona euro estable también ayudará a la estabilidad de la economía china", agregó. Pambukis aseguró que Grecia abrirá sus sectores de transporte, turismo, telecomunicaciones y bancario a inversores chinos. Pero China no debería ser renuente. Con un cuarto de sus 2,85 billones de dólares en reservas en moneda extranjera invertido en euros, según estimaciones, a China no le interesa ver caer a la zona euro y su moneda. De hecho, China confirmó el martes su compromiso de apoyar a los países en dificultades de la zona euro. El primer ministro Wen Jiabao dijo que China está dispuesta a comprar más deuda pública de España, según la televisión estatal en Pekín, tras un encuentro con el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Además, Wen sostuvo que la Unión Europea puede superar los problemas de deuda que padecen algunos de sus miembros y que las economías de la región se estabilizarán finalmente. Fuente:
Y el Oscar de este año es para… Barack Obama “El presidente que se convirtió en actor” Si Ronald Reagan fue conocido como el actor que llegó a ser presidente, tal vez Barack Obama podría llegar a ser conocido como el presidente que se convirtió en actor. Porque cada movimiento facial que utiliza, cada gesto de la mano, cada palabra pronunciada por el 44º presidente es una farsa total. Es el individuo que se presentó como candidato a la presidencia ante la nación estadounidense, con el corazón en la mano, como el candidato que terminaría las guerras de Iraq y Afganistán; acabaría con la matanza de civiles en esos países; y con el embrutecimiento de los jóvenes estadounidenses. Dos años después, Obama se ha puesto el disfraz de comandante en jefe de EE.UU. con un celo aterrador. Lejos de terminar las guerras, Obama solo ha intensificado las guerras de agresión de EE.UU. en el extranjero, las ha expandido hacia nuevos territorios, incluidos Pakistán, Libia y el Este de África, ha agregado innumerables vidas inocentes a la lista de víctimas globales de Washington. Es el individuo que prometió cerrar el gulag estadounidense de Guantánamo al que han llevado a cientos de hombres mediante secuestros en diversas partes del mundo, los han torturado y retenido sin proceso y ni siquiera uno de ellos ha sido condenado. Dos años después, la promesa se ha roto. Las entregas extraordinarias y la tortura siguen siendo práctica habitual, un hecho que puede ser atestiguado por el soldado estadounidense Bradley Manning, simplemente porque mostró el valor moral de decir la verdad sobre semejantes crímenes de EE.UU. contra la humanidad. Obama es el individuo que prometió con untuosa sinceridad que iniciaría una nueva era en la política exterior de EE.UU., que respetaría los derechos humanos universales. “Los derechos humanos universales comienzan en las vidas de todos y cada uno de los individuos”, entonó con su voz y su cara solemnes, que ya se han convertido en un cliché. En Gaza, el mayor campo de concentración al aire libre del mundo, sitiado por la maquinaria bélica israelí alimentada por EE.UU., la retórica de Obama sobre el respeto a los derechos de los seres humanos parece una burla grotesca. En otros sitios del mundo musulmán, se ve al sujeto como el pacificador genial que dejó caer su máscara para revelar una desagradable cara belicista como la de todos sus predecesores. Es el individuo que pretende ofrecer el mejor trato al público de EE.UU. con respecto al déficit presupuestario rechazando valerosamente a los verdugos republicanos. “No os voy a recortar 6.000 millones de dólares, sólo os recortaré 4.000 millones”, parafraseando su lógica engañosa. Como si fuera una alternativa benigna que el pueblo estadounidense simplemente no puede rechazar. De modo que el sujeto al que supuestamente se le rompió el corazón por los pobres del centro de Chicago ahora desencadenará una masiva austeridad sobre muchos de los pobres y la clase trabajadora arruinada de EE.UU., reduciendo 4.000 millones de dólares de Medicaid y Medicare, de la educación pública, de la asistencia social y de los puestos de trabajo. Nuestro supuesto caballeroso e intelectual héroe Obama no parece capaz o estar dispuesto en ningún momento a pensar fuera del marco en el que la aristocracia corporativa ha sepultado a sus vampiros políticos en el Congreso. ¿Qué pasó con el fin de las guerras por billones [millones de millones] de dólares que supuestamente iba a terminar? ¿O con la recuperación de los billones de dólares que prodigó a los gángsteres de los bancos? ¿O la reversión de los regalos tributarios para los que ya poseen una riqueza obscena? Esas alternativas tendrían mucho más sentido económico, justicia y paz que el ataque de Obama contra aquellos que precisamente lo eligieron para que produjera un cambio. Sobre todo es el sujeto que ha mostrado que puede mentir con una cara piadosa, sonreír dulcemente mientras se refiere al asesinato de gente inocente con drones aéreos, y que casi puede hacer que una lágrima asome a sus ojos cuando habla de “no poder ignorar los valores humanitarios en Libia” (mientras procede a supervisar el bombardeo de civiles en ese país y a renglón seguido no detener el asesinato de civiles por un aliado de EE.UU. en Bahréin). Por lo tanto, en la próxima ceremonia del Óscar, deberían inaugurar una categoría especial para Barack Obama, el actual presidente de EE.UU, Podrá colgar el premio junto al Nobel de la Paz, que, se me ocurre, también podría ser candidato al “guión cinematográfico más divertido de todos los tiempos”. Fuente: