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extrechinato80

Usuario (Uruguay)

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Le robo los calzones a la reina Victoria.
Le robo los calzones a la reina Victoria.
InfoporAnónimo2/3/2011

El hombre que robó los calzones de la reina Victoria Aunque pareciera que el acoso a las celebridades es una práctica moderna, un joven intruso en el siglo XIX siglo irrumpió tres veces en el Palacio de Buckingham, se sentó en el trono de la Reina Victoria, durmió en una de las camas de su servidumbre y hasta le robó un par de voluminosos calzones de seda. Edward Jones tenía 14 años en 1838 cuando se escabulló primera vez en el palacio, donde residen oficialmente los monarcas británicos. Logró acceder a las recámaras de la reina y se hizo conocido por la policía del Londres victoriano como "Boy Jones". "Si hubiera entrado en mi dormitorio, qué susto me habría dado", escribió la Reina Victoria en su diario después de que el niño fuera sacado de debajo de un sofá de su camerino. Jones fue capturado con la ropa íntima de la monarca bajo los pantalones. La historia del que probablemente haya sido el primer acosador de celebridades es narrada por primera vez en el libro "La Reina Victoria y el acosador". Sus andanzas fueron reconstruidas a través de los periódicos de la época por Jan Bondeson, profesor de la Universidad de Cardiff, que durante cinco años investigó la historia de este muchacho fascinado con la familia real. Bondeson, que vive en Newport (Gales), dijo que "Edward Jones era un personaje muy extraño y, excepto la Reina Victoria, nunca estuvo interesado en las mujeres. "Era un personaje muy solitario, pero no era esquizofrénico o clasificable de loco, sino sólo extraño. "Era muy feo, de boca ancha y frente pequeña, y nunca se lavaba", relató el profesor. A Australia "Boy Jones" era muy feo, según el autor. "Fue condenado a tres meses de cárcel por pícaro y vagabundo pero siguió acechando a la Reina, por lo que el gobierno decidió deshacerse de él", añade Bondeson. "Por eso lo secuestraron y lo enviaron en un barco a Brasil, pero regresó, por lo que fue secuestrado de nuevo y encarcelado en un barco durante seis años". Jones se volvió alcohólico después de su liberación y luego se hizo ladrón. Fue deportado a Australia, donde vendió pasteles, pero regresó a Gran Bretaña. Según descubrió Bondeson, su hermano lo convenció para regresar a Australia, donde se convirtió en el pregonero de la ciudad de Perth. "Estaba muy molesto de que siempre se lo reconociera como el acosador de la Reina y se sentía agobiado por los chistes, incluso en Australia", dijo. fuente:http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/02/110202_acosador_reina_victoria_calzones_rg.shtml

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Comics uruguayo para el mundo. Barreto.
Comics uruguayo para el mundo. Barreto.
InfoporAnónimo1/30/2011

El post que se merece Eduardo Barreto historietista uruguayo mas conocido en Europa y Estados Unidos por haber realizado comics sobre Batman, Superman, La Mujer Maravilla y otros tantos muy conocidos. El post que se merece. De oficio, artesano; de fama, mundial En la Costa de Oro vive uno de los grandes nombres del comic. Los trazos de los personajes más afamados salieron del puño de este uruguayo que se siente molesto con el término "artista". Sin embargo, su trabajo, que incluye versiones rupturistas de Batman y Superman, está a un paso de llegar al cine. Y eso sin saber lo que es el tan mentado miedo a la temida página en blanco. MAGDALENA HERRERA El dibujante de superhéroes predice un camino de extinción del género: "Para entender una historieta hay que leer 300 anteriores. Se la está matando". Batman, Superman, Spiderman y tantos otros grandes íconos de la cultura popular norteamericana (y también del mundo, hay que reconocerlo) pasaron por el tablero de dibujo de Eduardo Barreto. Hoy, con 56 años, el ilustrador de historietas uruguayo sigue declarándose un artesano -le rechina hasta el enojo la patente de artista- y continúa viviendo en la Costa de Oro pero en contacto directo con las editoriales más importantes del mundo. Con sus lápices y pinceles dio vida a más de 1.500 títulos entre tapas, comics y novelas gráficas, en cuarenta años de trayectoria. Y por su estudio pasaron personajes de La Guerra de las Galaxias, Indiana Jones, Alien vs. Depredador, entre tantos otros protagonistas de historietas y films. Además de trabajar por décadas para las más prestigiosas editoriales del planeta, Marvel y DC Comics, desde hace varios años ilustra la tira Judge Parker que se publica en 175 diarios estadounidenses. Por acá ha ganado algún premio, pero en el norte se lleva todas las credenciales y logros. Incluso, obtuvo en 1993 el Wizard Fan Award, uno de los galardones más importantes que se otorga en Estados Unidos en su género. Barreto sigue aclarando, a lo largo de la entrevista, que no es más que su trabajo, del que se enamoró hace "mil años" y que disfruta hasta el día de hoy "porque le permite continuar siendo y divirtiéndose como un niño de diez años" en plena adultez. Para sorpresa de muchos, asegura que todas las personas podrían dibujar si desarrollaran esa capacidad. Él decidió hacerlo, otros no, dice. Claro que la diferencia con otros es que si hubiera un Oscar en su género, el uruguayo seguro desfilaría por la alfombra roja, tomando en cuenta apenas algunas críticas en diarios norteamericanos como, por ejemplo, las del Washington Post sobre su novela de gánsters Union Station, que ilustró hace unos años y alcanzó gran popularidad. Al respecto, el dibujante sólo da una noticia: se está en tratativas para llevarla a la pantalla grande. Hoy, cocina a cuatro hornallas -son sus palabras-. Por su tabla de trabajo se superponen páginas de cuatro novelas de autoría suya (también los textos), que mantuvo en secreto hasta ahora. Una es para DC Comics, otra para Europa, y las otras dos -de temática nacional- buscarán ampliar su mercado. Mientras tanto, no afloja en otros trabajos gráficos que llegan de acá y de allá, siempre de clientes de primera línea. El nombre Eduardo Barreto ya es una grifa de calidad, más allá que él se niegue a autodefinirse artista (¡cómo se enoja cuando se le insinúa!). Y pese a su extremada timidez, que la confiesa, habla duro y fuerte de quienes utilizan el "rótulo de artista" como "patente de corso para hacer cualquier chantada". Tampoco es políticamente correcto cuando asegura que en Uruguay se "copia con mucha alevosía del extranjero" y que la "historieta se está volviendo demasiado autorreferencial" lo que habla de "una gran pobreza conceptual". "Si para entender algo tan banal como la muerte de Superman (que seguramente lo van a resucitar al mes siguiente), se deben leer 300 números para atrás, tanto el comic como la novela gráfica van camino a la extinción. La historieta se está volviendo barroca, encerrada en sí misma y se está matando a la gallina de los huevos de oro -el género- porque se mata al lector casual", señala con firmeza. Pero rescata que "ya no es más la hermanita pobre del cine" como se la definió por años, y que el "agotamiento de ideas" en las historietas se observa también en el séptimo arte. -¿Por qué es tan reticente a catalogar lo que hace como arte? -Puede sonar duro, pero a esta altura de mi vida elijo lo que digo. El noventa por ciento de los que se autodefinen artistas difícilmente saben de qué lado está el pelo de un pincel. Con la palabra artista se intenta justificar eso de la `libertad conceptual`. Con la misma seriedad te digo que me considero un artesano, que está unos escalones más abajo. -¿Habla de su disciplina o del arte en general? -Del arte en general, que en mi opinión está en decadencia. Antes de manejar conceptos -o libertad conceptual- hay que conocer las bases. Es como intentar desarrollar conceptos filosóficos terribles con la educación de primer año de escuela. Pero bueno, no me molesta que los demás se llamen artistas, me molesta que me lo adjudiquen a mí. Miguel Ángel se pasó la mitad de su vida esculpiendo y pintando, y la otra mitad escribiéndole cartas al Papa para que le pagaran todo lo que le debían. ¿Sabés como firmaba? `Ofici: escultore`. DESPEGUE. Eduardo Barreto recuerda con claridad la historieta que estaba leyendo cuando decidió que en un futuro sería dibujante del género. La anécdota no llamaría la atención si no hubiera tenido, entonces, siete años. Por supuesto que su madre, con igual precocidad, comenzó a decirle que en este país debería pensar más en la publicidad, ya que no había mercado en lo otro. Pero para entonces Barreto ya se conocía el nombre de todos los ilustradores de los comics que devoraba a diario. Esa simbiosis de la imagen con la escritura se transformó rápidamente en su propio lenguaje. "La historieta es una mixtura de mis dos grandes pasiones, el dibujo y la lectura", corrobora. No siguió una educación formal en cuanto a lo académico, porque entiende que ésta no existe en su género. "La formación en artes debería ser completamente humanística. Asistí a algunas clases y cursos pero perdí rápidamente el interés porque todos tienen una fórmula. Y para esto no hay una sola, a menos que se quiera crear siempre lo mismo. En ciertos talleres aprendí determinadas técnicas y, luego, el resto de mi educación ha sido a través de mis colegas, preguntando muchísimo en forma constante. En este país hay dos de los más grandes historietistas de las últimas décadas: José Rivera y Carlos Federici. Tengo la suerte de ser amigo de ambos y es impresionante lo que me enseñaron; dos monstruos, y sin embargo nunca se consideraron artistas. Y lo son". Pero, en los primeros tiempos, la mamá de Barreto tenía algo de razón. El ilustrador debió trabajar freelance para varias empresas de publicidad, también dibujaba y escribía textos para la norteamericana United Press e ilustraba una tira para el diario El Día. De todas maneras, los billetes no alcanzaban hasta fin de mes, lo que lo empujó a cruzar el charco con 21 años, aceptando el ofrecimiento de Columba (El Tony, Dartagnan, entre otros), la editorial argentina más importante del momento. Le fue muy bien, pero apenas pudo se volvió con varios guiones bajo el brazo para ilustrar desde Uruguay. Aún sin el horizonte que abriría Internet, una vez por mes viajaba a Buenos Aires a entregar su trabajo. Varios años después le llegó la hora del desafío estadounidense, que realizó en dos etapas, la primera de unos meses y la segunda con familia e hijos por tres años. Pero ya en la primera logró estampar su nombre en comics de Marvel y DC. Luego de la primera entrevista en ambas editoriales se fue para un hotel de escasa categoría con guiones de Los cuatro fantásticos y Spiderman bajo el brazo. "Parece una fanfarronada, pero lo cuento porque creo que antes era más fácil que ahora. Actualmente, los editores tiene acceso a todos los dibujantes del mundo, a través de Internet. En cambio, antes llegabas de la nada, mostrabas tu trabajo y lo lograbas", recuerda Barreto. DEL COMIC A LA NOVELA. Luego de tres años en Estados Unidos, con un hijo en edad liceal y una bebé recién nacida, decidió retornar. "Ahora, estoy más cerca de Manhattan que cuando vivía en Phoenix", ríe Barreto mirando la computadora. Es cierto, en las últimas décadas dibujó comics primero, y novelas gráficas después, para las mismas firmas editoriales. En DC, por ejemplo, inauguraron el formato prestige de novela con La biografía no autorizada de Lex Luthor, ilustrada por el uruguayo. Allí, innovó con un Superman que nunca aparece vestido con capa. El gran protagonista es Clark Kent. También inició la reconocidísima serie Otros Mundos con El maestro del Futuro. En ésta, por primera vez la tapa no tiene el logo de Batman. "Planteé que era un ícono tan conocido que no necesitaba logo, ni siquiera dibujarlo de cuerpo entero. Es la primera tapa que sólo muestra los ojos y el corte de pico de la máscara", cuenta el ilustrador. Si bien la historieta de aventuras siempre fue el gran amor de Barreto, desde hace años incursiona en la novela para un público femenino, en la tira Judge Parker. "Es un desafío completamente diferente porque el público de diario es otro, además de que se trata mayoritariamente de mujeres. Los personajes deben tener líneas bastante menos duras, más humanas", explica. -¿Le pesó que lo identificaran como el dibujante uruguayo de Batman o Superman, y no tanto con otros trabajos suyos? -No, para nada. No es culpa mía haber trabajado con personajes de perfil tan alto. De ninguna manera reniego de íconos de la cultura popular. Me molesta si eso llega de algunas personas del ambiente de la historieta, en el que todos sabemos todo, y conocen otras cosas mías. -En su trabajo no puede darse el lujo de sólo dibujar cuando está inspirado. ¿Cómo se enfrenta todos los días a una hoja en blanco? -No creo en el pánico de la hoja en blanco, no joroben con eso. Si está en blanco y no vas a comer a fin de mes, ni tenés para pagar las cuentas, la hoja se llena como los dioses. Si además te van a pagar bien y eso traerá más laburo, la vas a llenar en forma magnífica. Hace muy poco terminé un trabajo para Jaime Roos. A las semanas, lo único que restaba era el dibujo de unos instrumentos. Me los pidió como cuatro o cinco días, ya que los primeros no habían quedado bien. Le daba vuelta pero no veía bien por dónde sacarlos. Por otro lado, me sentía muy mal de salud. Una noche me llamó y me dijo que los necesitaba. No me quedaban más excusas. La única era que lo atendiera otra persona y le dijera que yo estaba en coma. Le dije: `No te preocupes, en diez minutos los tenés`. Me senté con una hoja, y en diez minutos los mandé. Y quedaron muy, pero muy bien. "Es doloroso ver cómo aquí se copia todo" Con especial pasión Eduardo Barreto habla sobre esos cuadros estáticos que se van sucediendo con determinado ritmo, creando suspenso, y conformando la historieta. "Siempre genera fascinación en el lector y es porque ante dos imágenes fijas, se tiene libertad para imaginar la tercera, la que iría entre ambas", explica. "Tan es así -agrega- que el cine está buscando desesperadamente sacar movimiento para lograr el efecto de la historieta. Antes, ésta era la hermanita pobre, hoy son dos lenguajes que si no son gemelos, andan ahí". El dibujante de Batman y Superman adjudica la actual falta de popularidad del género en que se ha movido toda su vida a un agotamiento tremendo de ideas. "En Uruguay ya no existen, directamente copian con mucha alevosía y se acabó la historia. Pero, como siempre, es una mala copia del exterior. En el resto del mundo, se busca un agujerito argumental en una trama del año pasado y de ahí enganchan todo un guión: `aquellos 40 segundos que quedaron en la vida del hombre cucaracha desde que se puso el traje hasta que apareció la novia`. Todo es de una pobreza conceptual brutal, y hay algo de patología con los superhéroes y figuras arquetípicas. Me da mucha pena porque realmente amo esta profesión. Para mí es muy doloroso ir a las convenciones aquí y ver cómo se imita absolutamente toda esa extraña relación que tiene el estadounidense con el comic, con el agravante enorme que en Uruguay ni siquiera existen las condiciones económicas. Puedo entender que un norteamericano de 30 años gaste cientos de dólares en historietas, se vista con trajes y viva una vida virtual como vía de escape al tipo de sociedad que le tocó en suerte. Pero acá no es así. Además, los dibujantes no salen de las convenciones, ni ninguna editorial los va a ir a buscar allí. Mejor que se queden en sus casas. Si uno quiere dibujar para compañías como Marvel o DC debe poner buena música, y trabajar muchísimo, disfrutándolo. No se logra haciendo dibujitos de Batman para un gurí que está recorriendo Montevideo Comics. Y además pagar para estar ahí, o en cualquier otra convención del mundo. Hay que trabajar mucho", dice enfáticamente. Varias novelas entre manos y pinceles Hace ya más de un año que Eduardo Barreto viene trabajando en novelas gráficas de su autoría, tanto en la ilustración como también en los guiones. En Estados Unidos, conjuntamente con la editorial DC, está ideando una historia que tiene como protagonista a un viejo personaje de la compañía, que nada tiene que ver con superhéroes. "Se trata de un explorador de la revolución norteamericana, llamado Toma Hawck. Retomo la novela treinta años después que la original, cuando los ingleses realizan su segunda invasión en Estados Unidos". Otro proyecto que lo tiene muy entusiasmado es la realización de una nueva adaptación de Ismael de Eduardo Acevedo Díaz, que en su momento fue realizada en el diario El Día por José Rivera. "No sólo es el placer de readaptar una de las mejores historietas que se hicieron jamás en Uruguay, sino que además el propio Rivera es quien me impulsa a ello. Es una oferta que no puedo rechazar. Por supuesto que nunca me hubiera atrevido a hacerlo por mi cuenta. Es él quien quiere y me apoya", explica el ilustrador. Asimismo, bajo el título de trabajo Sacramento, Barreto viene elaborando su propia novela histórica ambientada en Colonia en el período del virrey Pedro de Cevallos. Por otro lado, ya para el mercado europeo, el dibujante uruguayo se encuentra abocado a la novela Esquizo (título tentativo que se relaciona a la palabra esquizofrenia), que entremezcla en imágenes y textos la ciencia ficción con el realismo mágico histórico.

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"El arte de ignorar a los pobres"
"El arte de ignorar a los pobres"
InfoporAnónimo9/30/2010

El arte de ignorar a los pobres Autor/es John Kenneth Galbraith Publicado en Edición Cono Sur Número de edición Número 76 - Octubre 2005 Páginas: 17,18 Traducción Lucía Vera Cada catástrofe “natural” pone en evidencia la extrema fragilidad de las clases populares, cuya vida y supervivencia se encuentran devaluadas. Lo que es peor, la compasión por los pobres ostentada en casos puntuales encubre apenas el hecho de que en todos los tiempos se ha tratado de justificar la miseria y de atacar toda política seria dirigida a erradicarla, culpabilizando incluso a las víctimas. Quisiera reflexionar acerca de uno de los ejercicios humanos más antiguos: el proceso por el cual, al correr de los años, e incluso de los siglos, hemos intentado eliminar a los pobres de nuestra conciencia. Desde siempre, pobres y ricos han vivido unos al lado de los otros, siempre incómodos, a veces peligrosamente. Plutarco afirmaba que "el desequilibrio entre los ricos y los pobres es la más antigua y la más fatal de las enfermedades de las repúblicas". Los problemas resultantes de esa permanente coexistencia entre opulencia y pobreza, y particularmente el de la justificación de la buena fortuna de algunos frente a la mala fortuna de otros, han sido una preocupación intelectual de todos los tiempos. Y siguen siéndolo en nuestra época. Empecemos por la solución que propone la Biblia: los pobres sufren en este mundo, pero serán magníficamente recompensados en el otro. La pobreza es un contratiempo pasajero; si son pobres y además sumisos, heredarán la Tierra. Es una solución en muchos sentidos admirable: permite a los ricos gozar de su riqueza al mismo tiempo que envidian a los pobres su buena fortuna en el más allá. Mucho más tarde, en los veinte o treinta años que siguieron a la publicación, en 1776, de las Investigaciones sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones (tardío amanecer de la Revolución Industrial en Gran Bretaña, pues el autor, Adam Smith, murió en 1759), el problema y su solución comenzaron a adquirir su forma moderna. Un casi contemporáneo de Smith, Jeremy Bentham (1748-1832), inventó una fórmula que ejerció durante cincuenta años una influencia extraordinaria en el pensamiento británico y también, en cierta medida, en el pensamiento estadounidense: el utilitarismo. "Por principio de utilidad -escribió Bentham en 1789- es preciso entender el principio que aprueba o desaprueba cualquier acción según su tendencia a aumentar o disminuir la felicidad de la parte cuyo interés está en juego". La virtud es, e incluso debe ser, autocentrada. El problema social de la coexistencia de una reducida cantidad de ricos y de una gran cantidad de pobres se soluciona desde el momento en que se logra "el mayor bien para la mayor cantidad". La sociedad hacía las cosas lo mejor posible para la mayor cantidad de personas y había que aceptar que, desgraciadamente, el resultado fuese muy desagradable para aquellos, muy numerosos, a quienes no les tocaba la felicidad. En 1830 se propuso una nueva fórmula, que conserva parte de su vigencia, para eliminar la pobreza de la conciencia pública. Está asociada a los nombres del financista David Ricardo (1722-1823) y del pastor anglicano Thomas Robert Malthus (1766-1834): si los pobres son pobres, es culpa suya, se debe a su excesiva fecundidad. Su lujuria descontrolada los lleva a multiplicarse hasta el límite de los recursos disponibles. Para el malthusianismo, puesto que la pobreza tiene su causa en la cama, los ricos no son responsables de su creación o disminución. Sin embargo, Malthus no carecía de cierto sentido de la responsabilidad: instó a que la ceremonia matrimonial contuviera una advertencia contra las relaciones sexuales indebidas e irresponsables. Una advertencia que, justo es decirlo, no funcionó como un método de control de natalidad muy efectivo. Darwinismo social A mediados del siglo XIX gozó de gran éxito, particularmente en Estados Unidos, una nueva forma de negación: el "darwinismo social", asociado al nombre de Herbert Spencer (1820-1903). Para Spencer, tanto en la vida económica como en el desarrollo biológico, la regla suprema era la supervivencia de los más aptos, expresión que se atribuye equivocadamente a Charles Darwin (1822-1882). La eliminación de los pobres es el medio utilizado por la naturaleza para mejorar la raza. La calidad de la especie humana sale reforzada con la desaparición de los débiles y los desheredados. Uno de los más notables portavoces estadounidenses del darwinismo social fue John D. Rockefeller, el primero de la dinastía, quien declaró en un discurso célebre: "Con el esplendor y el perfume que entusiasman a los que la contemplan, la variedad de rosas ‘American Beauty' sólo puede obtenerse sacrificando los primeros brotes que nacen a su alrededor. Lo mismo ocurre en la vida económica. No es más que la aplicación de una ley de la naturaleza y de una ley de Dios". Durante el siglo XX, el darwinismo social llegó a ser considerado como demasiado cruel: su popularidad declinó y cuando se lo mencionaba generalmente era para condenarlo. Le siguió una negación más amorfa de la pobreza, asociada a los presidentes Calvin Coolidge (1923-1929) y Herbert Hoover (1929-1933). Para ellos, toda ayuda pública a los pobres era un obstáculo para el funcionamiento eficaz de la economía. Era incluso incompatible con el proyecto económico que había sido tan útil para la mayoría de la gente. Esta idea de que es económicamente perjudicial ayudar a los pobres conserva su vigencia como uno de los modos de mantenerlos fuera de la conciencia. Con la revolución de Franklin D. Roosevelt (lo mismo que anteriormente con la de Lloyd George en Gran Bretaña), el gobierno asumió una responsbailidad específica hacia los menos afortunados en la República. Roosevelt y los presidentes que lo siguieron asumieron una sustancial medida de responsabilidad hacia los ancianos por medio de la Seguridad Social; hacia los desocupados mediante el seguro de desempleo; hacia los discapacitados a través de la ayuda directa y hacia los enfermos a través de Medicare y Medicaid. Esto significó un gran cambio y, por una vez, la tradicional tendencia a evitar pensar en los pobres cedió lugar al sentimiento de que no había que intentar, sino hacer efectivamente algo por ellos. Achicar el gobierno De los cuatro o tal vez cinco métodos vigentes para mantener a los pobres fuera de la conciencia, el primero es producto de un hecho ineludible: la mayoría de las iniciativas a tomar a favor de los pobres dependen de un modo u otro del gobierno. Entonces se hace valer el supuesto de que el gobierno es por naturaleza incompetente, salvo en materia de concepción de armamentos -y de su otorgamiento en las licitaciones públicas- y de gestión del Pentágono. Ya que el gobierno es al mismo tiempo incompetente e ineficaz, resultaría difícil pedirle que acuda al rescate de los pobres, ya que no haría más que introducir más desorden, agravando todavía más su suerte. Vivimos una época en que los alegatos sobre la incompetencia gubernamental corren parejos con la condena general de los burócratas, con excepción, nunca se lo repetirá bastante, de los que trabajan para la defensa nacional. La única forma de discriminación todavía permitida -para ser más precisos, todavía alentada- en Estados Unidos es la discriminación hacia las personas que trabajan para el gobierno federal, en particular en las actividades de protección social. Tenemos grandes burocracias empresariales, que desbordan de burócratas, pero esa gente es buena. Sólo la burocracia pública y sus funcionarios son malos. En realidad, Estados Unidos dispone de unos servicios públicos de calidad excepcional, atendidos por agentes talentosos y dedicados, honestos en su casi totalidad y poco inclinados a permitir que los proveedores sobrefacturen llaves inglesas, lamparillas eléctricas, máquinas de café y asientos para inodoros. Curiosamente, cuando tales bajezas existieron, fue en el Pentágono. Casi hemos logrado eliminar la pobreza entre las personas de edad, hemos democratizado considerablemente el acceso a la salud y a la atención médica, hemos garantizado a las minorías el ejercicio de sus derechos cívicos y hemos alcanzado grandes logros en la igualdad de oportunidades en la educación. Todo lo cual parecería un balance particularmente notable para personas tan incompetentes e ineficaces. Es forzoso constatar que la condena actual de toda acción y administración gubernamentales es, en realidad, uno de los elementos de un designio más amplio: negar toda responsabilidad en el destino de los pobres. El segundo método, que se inscribe en esta gran tradición secular, consiste en explicar que toda forma de ayuda pública a los pobres es para ellos un pésimo servicio. Porque destruye su moral. Los desvía de un empleo bien remunerado. Destruye a las parejas, ya que las esposas pueden solicitar ayudas sociales para ellas mismas y sus hijos una vez que se encuentran sin marido. Pero no existe absolutamente ninguna prueba de que esos daños sean superiores a los que entrañaría la supresión de las ayudas públicas. Sin embargo, el argumento según el cual dañan gravemente a los desheredados es constantemente machacado y, lo más grave, creído. Tal vez sea una de las más influyentes de nuestras fantasmagorías. El tercer método para lavarnos las manos respecto de la situación de los pobres, estrechamente vinculado al anterior, es afirmar que las ayudas públicas tienen un efecto negativo sobre el incentivo a trabajar. Producen una transferencia de ingresos de las personas activas hacia los ociosos y los que no sirven para nada, desalentando de esa manera los esfuerzos de los activos y alentando la pereza de los ociosos. La economía llamada de oferta es la manifestación moderna de esta tesis: sostiene que en Estados Unidos los ricos no trabajan porque su ingreso disponible es demasiado escaso. Por lo tanto, tomando dinero de los pobres y dándoselo a los ricos, estimulamos el esfuerzo y, por consiguiente, la economía. Pero, ¿quién puede creer que la gran masa de pobres prefiere la asistencia pública a un buen empleo? ¿O que los altos ejecutivos de las grandes empresas -personajes emblemáticos de hoy- pasan su tiempo papando moscas porque no están suficientemente remunerados? Se trata de una acusación escandalosa contra el dirigente de empresa estadounidense que, como es público y notorio, trabaja duro. La libertad de los pobres El cuarto método para evitar cualquier mala conciencia es poner en evidencia los presuntos efectos negativos que tendría una confiscación de sus responsabilidades sobre la libertad de los pobres. La libertad es el derecho de gastar el máximo de dinero a su gusto, y de ver un mínimo sonsacado y gastado por el gobierno. Nuevamente, claro, con excepción del presupuesto de la defensa nacional. Para retomar las definitivas declaraciones del profesor Milton Friedman 1, la gente debe ser "libre de elegir". Ésta es, sin duda, la más transparente de todas las argucias, porque generalmente no se establece ninguna relación entre los ingresos y la libertad de los pobres (el profesor Friedman constituye, una vez más, una excepción, porque mediante el impuesto negativo sobre el ingreso, garantizaría un ingreso universal mínimo). Cualquiera convendrá que no existe una forma de opresión más grande, ni una movilización del pensamiento y el esfuerzo más sostenido, que las que experimentan quienes no tienen un centavo en el bolsillo. Mucho se oye hablar de los daños a la libertad de los más ricos cuando sus ingresos disminuyen por los impuestos, pero nunca se oye hablar del extraordinario aumento en la libertad de los pobres cuando tienen un poco de dinero personal para gastar. Y, sin embargo, las limitaciones que impone el sistema fiscal a la libertad de los ricos son poca cosa comparadas con el incremento de libertad que se aporta a los pobres cuando se les brinda un ingreso. Tenemos razones para codiciar la libertad. No deberíamos usarla como excusa para negarles la libertad a los necesitados. Finalmente, cuando todo lo demás fracasa, podemos recurrir a la negación psicológica. Se trata de una tendencia psíquica que, por variados caminos, es común a todos nosotros. Nos conduce a evitar pensar en la muerte. Lleva a muchos a evitar pensar en la carrera armamentista y, por lo tanto, en el rápido movimiento hacia una muy probable extinción de la humanidad. El mismo mecanismo de negación psicológica se pone en práctica para abstraerse de pensar en los pobres, ya estén en Etiopía, en el Bronx Sud o en Los Ángeles. Piensen en algo agradable, nos aconsejan muchas veces. Estos son los métodos modernos para evitar preocuparse por la suerte de los pobres. Todos, salvo tal vez el último, son prueba de una gran inventiva, en la línea de Bentham, Malthus y Spencer. Ronald Reagan y sus colegas continúan una notable tradición, culminan una larga historia de esfuerzos por eludir la responsabilidad hacia los semejantes. Así son los filósofos hoy celebrados en Washington: George Gilder, quien dice entre aplausos que los pobres tienen que tener el cruel estímulo de su propio sufrimiento como garantía de sus esfuerzos; Charles Murray, quien considera la posibilidad de desmantelar toda la estructura federal de bienestar y subsidios para los ancianos y trabajadores. "Hay que cortar el nudo, porque no hay modo de desatarlo", dice. Los que valen la pena son seleccionados para sobrevivir; la pérdida del resto es la penalidad a pagar. Murray es el Spencer de nuestro tiempo y goza de una popularidad sin precedentes en los altos círculos de Washington. La compasión, combinada con un esfuerzo del poder público, es en nuestra época la menos confortable y conveniente de las reglas de comportamiento y de acción. Pero sigue siendo la única compatible con una vida verdaderamente civilizada. Es también, a fin de cuentas, la más auténticamente conservadora. No hay ninguna paradoja en esto. El descontento social y las consecuencias que puede traer consigo no vendrán de las personas satisfechas. En la medida en que podamos generar una satisfacción tan universal como sea posible, preservaremos y reforzaremos la tranquilidad social y política. ¿No es acaso eso a lo que deberían aspirar en primer lugar los conservadores? 1.El economista Milton Friedman, junto con Friedrich von Hayek, es uno de los pilares de la escuela de Chicago. A partir de la década de 1960 los "Chicago Boys" difundieron las ideas neoliberales en el mundo, desde el Estados Unidos de Ronald Reagan al Reino Unido de Margaret Thatcher, pasando por el Chile de Augusto Pinochet. Su libro de referencia es Capitalismo y libertad, Madrid, Rialp, 1966 (N. de la R.). fuente: http://www.insumisos.com/diplo/NODE/719.HTM

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10 profecias apocalipticas que no se cumplieron.
10 profecias apocalipticas que no se cumplieron.
InfoporAnónimo11/16/2010

Las 10 profecías apocalipticas que nunca ocurrieron Muchas personas tienen el 2012 marcado en el calendario como el año del fin del mundo. Eso está apoyado por diferentes profecías. Sin embargo un repaso a la historia nos muestra como la humanidad ha generado diversas profecías apocalípticas con diferentes motivaciones: poder, control, negocio, fe, afán de protagonismo… En este artículo revisamos 10 de esas profecías que obviamente sabemos que nunca ocurrieron 1. Los primeros avisos desde Asiria Una tablilla asiria de arcilla que data de alrededor de 2800 a. C. lleva la siguiente inscripción: “Nuestra Tierra está degenerando en estos últimos tiempos, hay claras señales de que el mundo se está acercando rápidamente a su final; el soborno y la corrupción son comunes, los niños ya no obedecen a sus padres, cada hombre quiere escribir un libro. El fin del mundo se acerca” El mundo no terminó (basta con tan sólo mirar alrededor), y a pesar de la plaga de la corrupción y de adolescentes petulantes, cuatro siglos más tarde los asirios establecieron un imperio que terminó por abarcar la mayor parte de Oriente Medio. El imperio asirio terminó repentinamente en el año 612 a.C., cuando su capital fue atacada por el ejército babilónico. Sin embargo, por las normas de los antiguos imperios, 18 siglos no es un mal periplo. 2. Las preocupaciones de los Cruzados El Papa Inocencio III se basó en la teología apocalíptica en sus esfuerzos por reunir a Europa para lanzar la quinta cruzada, que tenía como objetivo la captura de Jerusalén y la recuperación del resto de Tierra Santa que estaba en manos del Imperio Ayyubí. Él identificó el surgimiento del Islam como el reinado del Anticristo, cuya derrota se plasmaría en la Segunda Venida. En 1213, Inocencio III escribió: “Un hijo de perdición ha surgido, el falso profeta Mahoma, que ha seducido a muchos hombres de la verdad por las tentaciones mundanas y los placeres de la carne … debemos de poner nuestra confianza en el Señor, que ya nos ha dado una buena señal de su retorno, que el final de la bestia se acerca, cuyo número, según el Apocalipsis de San Juan, terminará en 666 años, de los cuales ya han pasado cerca de 600″. Por tanto la fecha prevista debía de ser el 1284. Siete años más tarde, el reino de los cruzados cayó por última vez, cuando el sultán Jalil conquistó la ciudad de Acre, en el actual Israel. El resto del mundo, sin embargo, se mantuvo intacto. 3. Botticelli pinta sus temores El Renacimiento es recordado como una edad de oro del arte y del conocimiento, pero esta era también marcó un resurgimiento en las profecías apocalípticas. ¿La razón? “Los avances en la medición del tiempo y en la astronomía alentó la normalización del calendario”, escribe David Nirenberg, profesor de historia medieval de la Universidad de Chicago, “mientras que una serie de calamidades (desde el punto de vista cristiano), como por ejemplo la conquista turca de Constantinopla fomenta un nuevo interés en la numerológica apocalíptica.” Estas expectativas del apocalipsis encontraron su máximo nivel de expresión en el arte de la época. Quizás la obra más famosa fue “La Natividad Mística”, pintado por pintor renacentista italiano Sandro Botticelli. La parte inferior de la pintura muestra a varios pequeños demonios agazapados debajo de piedras o clavados en el suelo, mientras que una inscripción griega ofrece esta predicción sombría que coloca el Apocalipsis en torno al año 1504. Los historiadores del arte creen que Botticelli fue influenciado por los sermones de Girolamo Savonarola, un monje dominico que instó tanto a los ricos como a los pobres por igual a arrepentirse de sus pecados y renunciar a los placeres mundanos. En la seguridad de que el apocalipsis estaba cerca, Savonarola predijo: “la espada del Señor vendrá sobre la Tierra fulminantemente y pronto” en forma de guerra, la peste y la hambruna. 4. El diluvio germánico que nunca llegó En 1499, el matemático y astrónomo alemán Johannes Stöeffler predijo que una gran inundación se tragaría el mundo el 20 de febrero de 1524. Sus cálculos predijeron nada menos que 20 conjunciones planetarias durante este año, 16 de las cuales tendría lugar en un signo “acuoso”, también conocido como Piscis. En Europa se publicaron más de 100 folletos publicitando la profecía del fin del mundo de Stöffler. El negocio floreció para muchos constructores de embarcaciones, aunque no para el conde alemán Von Iggleheim, quien construyó un arca de tres pisos en el Rhin. Aunque 1524 fue un año de sequía en Europa, una ligera lluvia cayó en el día designado. Multitud de personas, con la esperanza de ganar un asiento en el arca de Iggleheim iniciaron una revuelta. Cientos de personas murieron en la misma. Stöffler más tarde volvió recalculó la fecha y predijo que sería en 1528, pero para entonces su reputación como adivino se había arruinado. 5. Negro cielos de Nueva Inglaterra A las 9 de la mañana del 19 de mayo de 1780, los cielos de Nueva Inglaterra estaban envueltos en una casi total oscuridad. Un artículo de 1881 en la revista Harper’s lo describió de tal forma “las aves se posaron, los gallos cantaron tanto al mediodía como a medianoche, y los animales se asustaron ante la falta de claridad.” La oscuridad se cree que procedía del humo causado por algún incendio forestal, posiblemente unido a una densa niebla. Pero a la vez, algunos temieron lo peor. “La gente estaba fuera de sí y gritaba, “el día del juicio ha llegado”, recordó un veterano de la guerra de la independencia. El Día “Oscuro”, finalizó a la medianoche, cuando las estrellas se hicieron visibles en el cielo nocturno. Pero las preocupaciones persistentes sobre el apocalipsis hicieron que algunas personas acudieran a buscar a una oscura secta cristiana, los llamados The Shakers, que se habían instalado recientemente cerca de la ciudad de Albany, en el estado de Nueva York. Esta secta protestante es una escisión del movimiento cuáquero. Los “Shakers” predican el celibato completo como el verdadero camino a la redención. Los Shakers sabían que estaban ante una oportunidad de crecimiento y se embarcaron en una misión de 26 meses a través de Nueva Inglaterra, obteniendo a cientos de conversos. Podéis leer más acerca de esta secta aquí. A pesar de los negros nubarrones y de las profecías de los Shakers, Nueva Inglaterra sigue contando con días claros y luminosos. 6. Encontrando presagios en las Pirámides de Giza El año 1881 a.C. fue un año excepcional para las predicciones apocalípticas. Para empezar, tenemos la profecía de la “Madre Shipton”, una adivina británica del siglo XVI cuyas profecías fueron publicadas por primera vez en 1641. Una edición posterior, publicada en 1862, incluye la predicción: “El mundo acabará; en 1881″. Sin embargo, el autor del libro, Charles Hindley, admitió que esta y otras profecías (incluyendo la invención del telégrafo y la máquina de vapor) fueron incorporados a modo de “broma” en un aparente intento de impulsar las ventas del libro. A pesar de ello la profecía del fin del mundo en 1881 final fue “la causa de alarma más conmovedoras en las zonas rurales de Inglaterra en ese año: la gente abandonó sus casas para pasar la noche en oración en el campo, las iglesias y capillas”. Una “evidencia” en apoyo de un apocalipsis en 1881 provino de una fuente inesperada: la Gran Pirámide de Giza. Charles Piazzi Smyth, el astrónomo real de Escocia, se convenció de que la pirámide no se había construido por los egipcios, sino por un patriarca del Antiguo Testamento (tal vez Noé) con una ayuda divina. Smyth vio implicaciones teológicas en casi todas las mediciones de la Gran Pirámide, incluido un cálculo para el Fin de los Días. Las investigaciones de Smyth fueron satirizado en una columna del New York Times del día 5 de enero 1881. 7. ¡Cuidado que viene el cometa Halley! Los cometas han sido vistos como presagios de la fatalidad por lo que la reaparición del cometa Halley en 1910 no fue una excepción. A comienzos de ese año, los escritores británicos e irlandeses opinaron que el cometa era un augurio de una inminente invasión por parte de Alemania. Algunos parisinos culparon al cometa por una inundación de Paris, por parte del río Sena, que devastó su ciudad. Pero el pánico en toda regla entraría en erupción cuando el Observatorio Yerkes de Chicago anunció en febrero de 1910 que había detectado un gas venenoso llamado cianógeno en la cola del Halley. El New York Times informó de que el astrónomo francés, Camille Flammarion creía que ese gas “podría impregnan toda la atmósfera y, posiblemente, acabaría con toda la vida en el planeta”. La mayoría de científicos trataron de tranquilizar a la población. El famoso astrónomo Percival Lowell, explicó que los gases que forman la cola del Halley eran “tan enrarecidos como para ser más delgado que cualquier vacío.” Pero el daño ya estaba hecho. La gente corrió a comprar máscaras de gas y “píldoras del cometa” (buen negocio, si señor). Diferentes medios informaron del “terror ocasionado por la proximidad del cometa Halley en gran parte de la población de Chicago”. En Georgia incluso se preparaban habitaciones seguras donde se cubrieron hasta los orificios con papel. Después de que Halley pasó por la Tierra en mayo, se publicó un anuncio que informaba (innecesariamente) “Todavía estamos aquí.” No todo el mundo, sin embargo, se vio envuelto en el frenesí apocalíptico. Se pusieron de modas las “fiestas del cometa” en varias ciudades de los Estados Unidos. 8. Los planetas se alinean y no pasa nada

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La ejecucion del zar nicolas y su familia.
InfoporAnónimo7/17/2010

La ejecucion del zar nicolas y su familia. La Ejecución del Zar y su familia Cuando los Bolcheviques tomaron el poder en Rusia mediante el golpe de Estado conocido como Revolución de Octubre, aunque tuvo lugar en noviembre según el calendario gregoriano. Eso ocurría en 1917, luego de que los descalabros que acompañaron la caída del Zarismo y en medio de las catástrofes militares de una guerra contra Alemania, Austria y Turquía que acelero la descomposición política, económica, moral y social de Rusia. Luego de los Motines y Huelgas, el Zar Nicolás II abdico en marzo, Lenin llego a Petrogrado en abril, se constituyo un gobierno provisional encabezado por el moderado Kerensky pero el equilibrio de fuerzas se rompió a favor de una arremetida bolchevique que creo milicias revolucionarias y propuso medidas radicales. Después de siglos de absolutismo imperial, Nicolás II había accedido a flexibilizar el régimen y a introducir reformas en la introducción y las fuerzas armadas, pero todas sus medidas fueron insuficientes y tardías. El desprestigio de la monarquía se había agudizado por culpa de la inoperancia del zar, de la rigidez autoritaria de la Zarina Alexandra y de la influencia que llego a tener en la corte el monje Rasputín . La Ejecución de los Romanov Los Romanov permanecieron varios meses en su aislamiento siberiano, gran parte del cual transcurrió en Ekaterimburgo. En el verano boreal de 1918 las tropas contrarrevolucionarias estaban cerca de esa ciudad y Lenìn emitió desde Moscú la orden de ejecutar a toda la familia del zar para impedir que fueran rescatados por el enemigo y utilizados desde el exterior como poderosa arma antisoviètica con vistas a una eventual restauración monárquica. La orden de Lenìn se cumplió en la madrugada del 17 de junio, se pidió a la familia imperial que abandonara la cama, se vistiera y bajara al sótano de la casa con el pretexto de que se le tomarían fotografías. Un pelotón de guardias bolcheviques esperó a que se reuniera en una habitación todas la familia Nicolás, Alexandra, cuatro hijas , un hijo junto al medico y a tres sirvientes, y entonces disparó sobre ellos. La carnicería no resultó una tarea fácil, porque las balas rebotaban en los chalecos rellenos de piedras preciosas que las princesas llevaban ocultos debajo de su ropa, lo cual asustó a varios bolcheviques como si se tratara de un hecho sobrenatural. Eso obligó a que varios sobrevivientes fueran rematados a bayonetazos, luego de lo cual los once cadáveres fueron cargados en camiones hacia un bosque de los alrededores de la ciudad elegido para enterrarlos. Antes de eso se procedió a desnudarlos y a rociarlos con ácido para dificultar la identificación. La sepultura era poco profunda, lo cual facilitó la localización de los huesos 61 años después, cuando los ubicó un joven historiador aficionado que cumplía trabajos de geología en la zona. Habitación del sótano que fuerón asesinados la Familia Romanov Claro que en 1979 la severidad del régimen soviético no era propicia a una exhumación de los Romanov, tarea que debió postergarse hasta 1991 y que se realizó con un equipo de arqueólogos médicos y policías.. Fuente: http://www.1y2gm.com/guerra-civil-rusa-f54/la-ejecucion-del-zar-y-su-familia-t1211.htm link: http://www.youtube.com/watch?v=Lbhg6Kwbsmg&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=6CoqeCBugWY&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=ORwbyr3uqCM&feature=related

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La inmigracion. Mundo sin fronteras?
La inmigracion. Mundo sin fronteras?
InfoporAnónimo7/16/2010

La inmigracion. Mundo sin fronteras? La inmigración en la UE Las puertas se cierran en Europa El número de nacionalizaciones cae en Alemania tras el endurecimiento de las pruebas de idioma - Italia y Reino Unido optan por el carné por puntos EL PAÍS - Madrid - 09/02/2010 Galeano y los otros muros. link: http://www.youtube.com/watch?v=16mQ-jHdEqo MURO DE BERLÍN: 223 MUERTOS; MURO QUE SEPARA A ESTADOS UNIDOS DE MÉXICO: 5,6 MIL MUERTOS Los muros que no han caído Dos décadas después de la caída del muro de Berlín, el mundo sigue plagado de barreras que dividen a países, pueblos y familias de Brasil a Uzbekistán, de Cisjordania a México. Las razones son múltiples: combatir la violencia, la inmigración ilegal o incluso la aftosa, pero el resultado es siempre el mismo: separar y atemorizar. BBC Mundo le presenta una panorámica de 14 muros que aún siguen en pie, cuando muchos celebran que el 9 de noviembre de 1989 el más simbólico de todos fue derribado en la capital alemana. Estados Unidos-México. Cisjordania. Irlanda del norte. Corea del Norte y Corea del Sur. España y su frontera con Africa. Y la lista continúa lamentablemente y los muros se levantan. Pero el discurso de la libertad sigue como si fuese un sueño. España y su captura. link: http://www.youtube.com/watch?v=NTdpFLt2VSc&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=Qn6ajv1LiHg link: http://www.youtube.com/watch?v=TWh1y3QEZlo

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Breve historia de la barba y el bigote.
InfoporAnónimo12/6/2009

Breve historia de la barba y el bigote Fuente: Revista Crítica Nº 38, 20 de julio de 1935. “Del lado de la barba está el poder”, dice en una de sus obras el gran cómico Moliére, que, por otra parte, no la tenía. Esto lo comprendieron tal vez nuestros antepasados de las cavernas, en los tiempos en que acariciándose la barba con una mano y enarbolando un garrote con la otra, mandaban a sus mujeres que los obedecían solícitas. Pero desde entonces las cosas han cambiado, las barbas fueron desapareciendo poco a poco, y hoy día… ¿Hay algún marido que se haga obedecer por su mujer? Digamos más bien que…, en fin, no insistamos sobre este punto tan doloroso. Ya en la antigüedad, la suegra de Thotmes III, que ejercía el poder efectivo en nombre de su débil yerno, se había hecho hacer un busto con barba, pues era ella la que llevaba la barba en la vida conyugal; hoy día diríamos que llevaba los pantalones. Examinemos pues los pasos que ha dado esa prueba del poder del hombre antes de que desapareciera completamente. Antes que Moliére, los egipcios opinaron que la barba era el signo de la autoridad. La mayoría de los faraones están representados con una barba postiza. Los asirios exhibían hermosas y ensortijadas barbas, y obligaban a sus esclavos a afeitarse. En cambio los griegos y los romanos estaban afeitados: sus esclavos a menudo lucían barba y bigote. Todo es cuestión de entenderse. En las crónicas, Carlomagno es el emperador de “la barba florida”. Francisco I se dejó crecer la barba para ocultar una cicatriz. Por otras razones, el Papa hizo lo mismo. Inmediatamente todos los mentones se adornaron; los eclesiásticos siguiendo el ejemplo del Papa imitaron a los laicos que copiaban al rey. Estas veleidades del clero no dejaron de provocar dificultades. Cuando Guillermo Duprat, que se enorgullecía de ser poseedor de una de las más hermosas barbas de Francia, fue nombrado obispo de Clermont y quiso tomar posesión de su catedral, los canónigos le prohibieron la entrada a causa de su mentón barbudo. Puesto entre el obispado y la barba, optó por el primero y no tuvo más remedio que afeitarse. Este incidente trajo grandes discusiones; la Sorbona estudió largamente tan grave y pilosa cuestión, y el rey intervino a favor de la barba. En Francia la barba estuvo de moda bajo el reinado de los Valois, pero luego empezó a caer en descrédito. Bajo Luis XII la barba se redujo a un puñado de pelo bajo el labio inferior, llamado “mosca”. No todos los magistrados se resignaron a esta triste reducción de su sistema piloso. Mathieu Molé, que dio tanto que hablar durante la Fronda tenía el sobrenombre de “la gran barba”; no tenemos necesidad de describirlo más. La “mosca” persistió en los primeros tiempos del reino de Luis XIV, y poco a poco fue disminuyendo hasta desaparecer. El final del siglo XVII, todo el XVIII, y el principio del siglo XIX, vieron mentones imberbes y mejillas afeitadas. El bigote reapareció con los húsares. Estos cuerpo de caballería de origen húngaro, tenían la cabeza completamente afeitada a excepción de un jopo de cabello en la punta de la cabeza, y de unos grandes bigotes caídos. Los otros cuerpos de caballería, emocionados por estos hermosos ejemplares, reclamaron también el derecho de usar bigote. Tiempo después la barba fue casi relegada al olvido. Lo único que persistió fue el bigote, último vestigio del poderío masculino. Después de 1830, el bigote se generalizó. Sin embargo los marinos, los cómicos, los magistrados y los sirvientes continuaron afeitándose, y ciertos tribunales prohibieron a los abogados que actuasen delante de ellos con bigotes. Bajo el segundo imperio, el bigote se usó fino y engomado; una pequeña barba los acompañaba. Desde entonces la moda ha variado muchas veces. ¿Quién diría que en Paris estuvieron a punto de batirse por el bigote? Pocos años antes de la guerra, estalló una huelga homérica: la de los mozos de café, que exigían el derecho de usar bigote, que hasta entonces se les había negado. Se volcó mucha tinta y mucho vermouth a causa de esta reivindicación, hasta que los mozos salieron con la suya. El derecho de tener pelo en la cara les fue otorgado. Fuente: www.elhistoriador.com.ar

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Zizek "Un lenin ciberespacial"
InfoporAnónimo5/29/2010

Lenin ciberespacial: ¿por qué no? Slavoj Žižek Traductor: Guillermo Crux, especial para PI. Fuente: International Socialism N° 95, 2002. Versión trasladada. Si hay un acuerdo general entre (lo que queda de) la izquierda radical de hoy, es que, para resucitar el proyecto político radical, uno debe dejar atrás el legado leninista: el énfasis despiadado sobre la lucha de clases, el partido como la forma privilegiada de organización, la toma revolucionaria del poder por medios violentos, la subsiguiente 'dictadura del proletariado' ...¿acaso todos estos no son 'conceptos zombie' que la izquierda tiene que abandonar si quiere tener algún tipo de oportunidad en las condiciones del capitalismo tardío 'posindustrial'? El problema con este argumento aparentemente convincente es que se compra muy fácilmente la imagen heredada de Lenin como el sabio líder revolucionario que, después de formular las coordenadas básicas de su pensamiento y práctica en el '¿Qué Hacer?', simplemente se dedicó, de forma consistente y despiadada, a llevarlos a cabo. ¿Qué pasa si hay para contar otra historia sobre Lenin? Es verdad que la izquierda de hoy está sufriendo una experiencia fulminante del fin de toda una época del movimiento progresista, cuya experiencia la empuja a reinventar incluso las coordenadas básicas de su proyecto --no obstante que fue precisamente una experiencia homóloga la que alumbró al leninismo. Recordemos cómo se conmocionó Lenin cuando, en el otoño de 1914, todos los partidos socialdemócratas europeos (con la honrosa excepción de los bolcheviques rusos y los socialdemócratas serbios) adoptaron la 'línea patriótica' --Lenin incluso llegó a pensar que el número del Vorwärts, el diario de la socialdemocracia alemana que informaba cómo los socialdemócratas en el Reichstag habían votado por los créditos de guerra, era una falsificación de la policía secreta rusa pensada para engañar a los obreros rusos. En esa era de conflicto militar que cortó al continente europeo por la mitad, ¡cuán difícil era rechazar la noción de que uno debía tomar partido en este conflicto, y luchar contra el 'fervor patriótico' en el propio país donde uno habitaba! ¡Cuántas grandes mentes (incluso Freud) sucumbieron a la tentación nacionalista, aunque más no fuera por un par de semanas! Esta conmoción de 1914 fue --para ponerla en los términos de Alain Badiou-- un 'désastre', una catástrofe en la que todo un mundo desapareció: no sólo la idílica fe burguesa en el progreso, sino también el movimiento socialista que lo acompañó. El propio Lenin (el Lenin del '¿Qué Hacer?') sintió que cedía la tierra bajo sus pies --no hay, en su reacción desesperada, ninguna satisfacción, ningún '¡se los dije!' Este momento de Verzweiflung, esta catástrofe, abrió el sitio para el evento leninista, por romper el historicismo evolutivo de la Segunda Internacional --y sólo Lenin estaba a la altura de esta apertura, fue el único en articular la verdad de la catástrofe. Este es el Lenin del que todavía tenemos algo que aprender. La grandeza de Lenin fue que, en esta situación catastrófica, no tuvo miedo de tener éxito --en contraste con el pathos negativo discernible desde Rosa Luxemburg hasta Adorno, para quienes el acto auténtico en última instancia es la admisión de la derrota que alumbra la verdad. En 1917, en lugar de esperar el momento correcto de madurez, Lenin organizó una huelga preventiva. En 1920, como líder del partido de la clase obrera sin clase obrera (la mayoría de ella había perecido en la guerra civil), prosiguió la organización de un estado, aceptando en su totalidad la paradoja del partido que tiene que organizar, incluso recrear, su propia base, su clase obrera. En ninguna parte se palpa más esta grandeza que en los escritos de Lenin que cubren el lapso de tiempo entre febrero de 1917, cuando la primera revolución abolió el zarismo e instaló un régimen democrático, hasta la segunda revolución en octubre. En febrero, Lenin era un emigrado político semi-anónimo, perdido en Zurich, sin contactos confiables en Rusia, enterándose de los eventos principalmente a través de la prensa suiza. En octubre dirigió la primera revolución socialista victoriosa --¿pero qué fue lo que ocurrió entre medio? En febrero, Lenin percibió inmediatamente la oportunidad revolucionaria, el resultado de circunstancias contingentes únicas --si no se echaba mano del momento, la oportunidad para la revolución se desperdiciaría, quizás por décadas. En su terca insistencia de que uno debe aceptar el riesgo y pasar a la próxima fase, es decir, repetir la revolución, Lenin estaba solo, ridiculizado por la mayoría de los miembros del comité central de su propia partido, y la lectura de los textos de Lenin de 1917 proporciona un pantallazo único sobre el obstinado, paciente, y a menudo frustrante trabajo revolucionario a través del cual Lenin impuso su visión. Sin embargo, por más indispensable que haya sido la intervención personal de Lenin, uno no debe modificar la historia de la Revolución de Octubre haciéndola pasar por la del genio solitario confrontado con las masas desorientadas que impone su visión gradualmente. Lenin tuvo éxito porque su apelación, mientras pasaba por alto a la nomenklatura del partido, encontró un eco en lo que uno tiene la tentación de llamar la micropolítica revolucionaria: la explosión increíble de la democracia de base, de los comités locales que crecen alrededor de todas las grandes ciudades de Rusia y, mientras ignoran la autoridad del gobierno 'legítimo', toman las cosas en sus manos. Esta es la historia acallada de la Revolución de Octubre. Lo primero que conmueve al lector de hoy es cuán directamente legibles eran los textos de Lenin de 1917. No hay necesidad de largas notas explicativas --aun cuando los nombres que suenan extraño nos sean desconocidos, inmediatamente nos damos cuenta de lo que estaba sucediendo. Desde la distancia de hoy los textos despliegan una claridad casi clásica de los contornos de la lucha en la que participan. Lenin es totalmente consciente de la paradoja de la situación: en la primavera de 1917, después de la Revolución de febrero que derrocó al régimen zarista, Rusia era el país más democrático de toda Europa, con un grado inaudito de movilización de masas, de libertad de organización y de libertad de prensa --y aún así esta libertad daba a la situación un carácter no-transparente, completamente ambiguo. Si hay un hilo común que recorre todos los textos de Lenin escritos 'entre las dos revoluciones' (la de febrero y la de octubre), es su insistencia en la distancia que separa los contornos formales 'explícitos' de la lucha política entre la multitud de partidos y otros sujetos políticos de sus tareas sociales reales (paz inmediata, distribución de la tierra, y, por supuesto, ' todo el poder a los soviets', es decir, el desmantelamiento del aparato estatal existente y su reemplazo por las nuevas formas de dirección social del tipo de la Comuna). Esta distancia --la repetición de la distancia entre 1789 y 1793 en la Revolución Francesa --es el espacio preciso de la original intervención de Lenin: la lección fundamental del materialismo revolucionario es que la revolución debe golpear dos veces, y por razones esenciales. La distancia no es simplemente la separación entre forma y contenido. Lo que le falta a la 'primera revolución' no es el contenido, sino la forma misma --permanece atrapada en la forma vieja, y piensa que la libertad y la justicia pueden lograrse sencillamente si utilizamos el aparato estatal ya existente y sus mecanismos democráticos. ¿Qué pasa si el 'buen' partido gana las elecciones libres e implementa 'legalmente' la transformación socialista? (La expresión más clara de esta ilusión, orillando el ridículo, es la tesis de Karl Kautsky, formulada en los años veinte, de que la forma política lógica de la primera fase del socialismo, del pasaje del capitalismo al socialismo, es la coalición parlamentaria de los partidos burgueses y proletarios.) El paralelo aquí es perfecto con la era de la temprana modernidad en la que la oposición a la hegemonía ideológica de la iglesia se articuló primero en la forma de otra ideología religiosa, como una herejía. Siguiendo las mismas líneas, los partidarios de la 'primera revolución' quieren subvertir la dominación capitalista dentro de la misma forma política de la democracia capitalista. Esta es la 'negación de la negación' hegeliana: primero el antiguo orden es negado dentro de su propia forma ideológico-política; luego esta misma forma tiene que ser negada. Aquellos que oscilan, aquellos que tienen miedo de dar el segundo paso de superar la forma misma, son aquellos que (repitiendo a Robespierre) quieren una 'revolución sin revolución' --y Lenin despliega toda la fuerza de su 'hermenéutica de la sospecha' para discernir las distintas formas de esta retirada. En sus escritos de 1917 Lenin se reserva su agria ironía para quienes se dedican a la búsqueda interminable de algún tipo de 'garantía' para la revolución. Esta garantía asume dos formas principales: ya sea la noción reificada de la necesidad social (uno no debe arriesgar la revolución demasiado temprano; uno tiene que esperar el momento correcto, cuando la situación está 'madura' con respecto a las leyes del desarrollo histórico: 'es demasiado temprano para la revolución socialista --la clase obrera no está madura aún') o la legitimidad normativa -'democrática'('la mayoría de la población no está de nuestro lado, entonces la revolución no sería realmente democrática') --como dice en repetidas oportunidades Lenin, es como si antes de que el agente revolucionario tome el poder estatal tuviera que recibir permiso de alguna figura del gran Otro (organizar un referéndum que determinará que la mayoría apoya la revolución). Con Lenin, como con Lacan, el punto está en que la revolución sólo puede ser autorizada por ella misma: uno debe asumir que el acto revolucionario no está cubierto por el gran Otro --el miedo de tomar el poder 'prematuramente', la búsqueda de una garantía, es el miedo del abismo del acto. En ello reside la última dimensión de lo que Lenin denuncia continuamente como 'oportunismo', y su apuesta es que el 'oportunismo' es una posición que es inherentemente falsa en sí misma y que enmascara el temor a acometer la tarea con la pantalla protectora de los hechos, leyes o normas 'objetivos'. La respuesta de Lenin no es la referencia a un conjunto diferente de 'hechos objetivos', sino la repetición del argumento formulado una década antes por Rosa Luxemburg contra Kautsky: los que esperan que lleguen las condiciones objetivas de la revolución esperarán por siempre --esa posición del observador objetivo (y no de un agente comprometido) es en sí misma el obstáculo principal para la revolución. El contra-argumento de Lenin contra los críticos formal-democráticos del segundo paso es que esta misma opción 'puramente democrática' es utópica: en las circunstancias concretas de Rusia, el estado democrático-burgués no tiene ninguna oportunidad de sobrevivir --la única 'manera realista' de proteger las verdaderas conquistas de la Revolución de febrero (libertad de organización y de prensa, etc) es avanzar hacia la revolución socialista --de no ser así, la reacción zarista será la que gane. Tenemos aquí dos modelos, dos lógicas incompatibles de la revolución: aquellos que esperan el momento teleológico maduro de la crisis final cuando la revolución explotará 'en su hora adecuada' por la necesidad de la evolución histórica; y aquellos que son conscientes que la revolución no tiene ninguna 'hora adecuada', aquellos que perciben la oportunidad revolucionaria como algo que surge y que tiene que ser capturado en los propios desvíos del desarrollo histórico 'normal'. Lenin no es un voluntarista 'subjetivista' --él insiste con que la excepción (el conjunto extraordinario de circunstancias, como las de Rusia en 1917) ofrece un camino para socavar la propia norma. ¿Y acaso esta línea de argumentación, esta posición de principios, no es más real hoy que nunca? ¿Acaso no vivimos también en una era en la que el estado y su aparato, incluyendo sus agentes políticos, simplemente son cada vez menos capaces de articular los problemas claves (ecología, la degradante atención médica, la pobreza, el papel de las compañías multinacionales, etc)? La única conclusión lógica es que es urgente una nueva forma de politización, que 'socializará' directamente estos problemas cruciales. La ilusión de 1917 de que los problemas urgentes que enfrentaba Rusia (paz, distribución de la tierra, etc) podrían haberse resuelto a través de medios 'legales' parlamentarios es igual a la ilusión de hoy de que, por ejemplo, la amenaza ecológica podría evitarse extendiendo la lógica del mercado a la ecología (haciendo que los que contaminan paguen el precio por el daño que causan). Sin embargo, ¿cuán relevantes son las opiniones específicas de Lenin sobre este punto? Según el pensamiento ortodoxo, la declinante fe de Lenin en las capacidades creativas de las masas durante los años posteriores a la Revolución de Octubre, lo llevaron a enfatizar el papel de la ciencia y los científicos. Él saludaba 'el principio de esa época feliz cuando la política desaparecerá en el trasfondo ...y los ingenieros y los agrónomos tendrán la mayor parte de la palabra'.1 ¿Pos-política tecnocrática? Las ideas de Lenin sobre cómo corre la ruta hacia el socialismo por el terreno del capitalismo monopolista pueden parecer peligrosamente ingenuas hoy: 'El capitalismo ha creado un aparato de contabilidad en la forma de los bancos, consorcios, servicio postal, sociedades de consumidores, y sindicatos de empleados de oficina. Sin los grandes bancos el socialismo sería imposible ...nuestra tarea consiste sencillamente en amputar lo que mutila capitalistamente este aparato excelente, hacerlo aún más grande, aún más democrático, más aun abarcador... Será un registro nacional, una contabilidad nacional de la producción y la distribución de bienes; será, por así decirlo, algo así como la naturaleza del esqueleto de la sociedad socialista.'2 ¿No es esta la expresión más radical de la noción de Marx del intelecto general que regula toda la vida social de una manera transparente, del mundo pos-político en el que 'la administración de las personas' será suplantada por 'la administración de las cosas'? Por supuesto que es fácil jugar contra esta cita la carta de la 'crítica de la razón instrumental' y del 'mundo administrado [verwaltete Welt]'. El potencial 'totalitario' está inscrito en esta misma forma de control social total. Es fácil comentar sarcásticamente cómo, en la época stalinista, el aparato de administración social se volvió, efectivamente, 'aún más grande'. No obstante, ¿esta visión pos-política no es acaso el extremo opuesto de la noción maoísta de la eternidad de la lucha de clases ('todo es político')? Sin embargo, ¿es todo tan inequívoco? ¿Qué pasa si uno reemplaza el ejemplo (obviamente anticuado) del banco central con el de la world wide web, el candidato perfecto actual para el papel del Intelecto General (General Intellect)? Dorothy Sayers planteaba que la Poética de Aristóteles es efectivamente la teoría de las novelas policiales antes de que fueran escritas --como el pobre Aristóteles no conocía todavía la novela policial, tenía que referirse a los únicos ejemplos a su disposición, las tragedias... Siguiendo las mismas líneas, Lenin estaba desarrollando efectivamente la teoría del papel de la world wide web, pero, como no conocía internet, tenía que referirse a los desafortunados bancos centrales. Por consiguiente, ¿podría decir uno que 'sin la world wide web el socialismo sería imposible ...nuestra tarea sencillamente es amputar lo que mutila capitalistamente este aparato excelente, hacerlo aún más grande, aún más democrático, aún más abarcador'? En estas condiciones, uno se siente tentado a resucitar la vieja, abusiva y medio olvidad dialéctica marxiana de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Ya es un lugar común plantear que, irónicamente, fue esta misma dialéctica la que enterró el 'socialismo realmente existente': el socialismo no pudo sostener el pasaje de la economía industrial a la pos-industrial. Una de las víctimas tragicómicas de la desintegración del socialismo en la ex-Yugoslavia fue un viejo apparatchik comunista entrevistado por la radio estudiantil de Ljubljana en 1988. Los comunistas sabían que estaban perdiendo poder, y por eso trataban desesperadamente de complacer a todos. Cuando a este viejo cuadro le hicieron preguntas provocativas sobre su vida sexual, él también intentó demostrar desesperadamente que estaba en contacto con la generación joven. Sin embargo, como el único idioma que conocía era el de la hosca burocracia, el resultado fue una particular mezcla obscena --declaraciones como, 'La sexualidad es un componente importante de mi actividad diaria. Al tocar a mi esposa entre sus muslos me da nuevos grandes incentivos para mi trabajo de construir el socialismo.' Y cuando uno lee documentos oficiales de Alemania Oriental de los años setenta y comienzos de los ochenta, formulando su proyecto de convertir a la RDA en una especie de Silicon Valley del bloque socialista de Europa Oriental, uno no puede evitar la impresión de la misma distancia tragicómica entre la forma y el contenido. Mientras eran totalmente conscientes de que la digitalización era el camino del futuro, se aproximaron a ella en los términos de la antigua lógica socialista de la planificación industrial centralizada --sus propias palabras enmascaraban el hecho de que no estaban captando lo que está ocurriendo efectivamente, las consecuencias sociales de la digitalización. No obstante, ¿el capitalismo realmente proporciona el marco 'natural' de las relaciones de producción para el universo digital? ¿No hay también un potencial explosivo para el propio capitalismo en la world wide web? ¿Acaso la lección del monopolio Microsoft no es precisamente la lección leninista: en lugar de combatir su monopolio a través del aparato estatal (recordemos la división de Microsoft ordenada por la Justicia), ¿no sería más 'lógico' simplemente socializarlo, haciéndolo libremente accesible? Hoy uno se siente tentado a parafrasear el famoso lema de Lenin, 'Socialismo = electrificación + poder de los soviets': 'Socialismo = acceso libre a internet + poder de los soviets.' En este contexto, el mito que hay que desbancar es el del papel cada vez menor del estado. Lo que estamos atestiguando hoy en día es el cambio en sus funciones: mientras se retira parcialmente de sus funciones asistenciales, el estado está fortaleciendo su aparato en otros dominios de la regulación social. Para poder empezar un negocio ahora uno tiene que apoyarse en el estado no sólo para garantizar la ley y el orden, sino también el conjunto de la infraestructura (acceso a agua y energía, medios de transporte, criterios ecológicos, regulaciones internacionales, etc), en una medida incomparablemente mayor que hace 100 años. La caída del servicio eléctrico en California el año pasado hace palpable a este punto: durante un par de semanas en enero y febrero de 2001 la privatización ('desregulación') del suministro de electricidad transformó al Sur de California, uno de los paisajes pos-industriales más altamente desarrollados del mundo, en un país tercermundista con apagones regulares. Por supuesto, los defensores de la desregulación plantearon que no estaba lo bastante completa, y echaban mano del viejo falso silogismo de, 'Mi novia nunca llega tarde a una cita, porque en el momento en que ella llegue tarde, ya no será más mi novia': la desregulación funciona por definición, entonces si no funciona, no era en verdad una desregulación... ¿El reciente pánico desatado con la enfermedad de la vaca loca (que probablemente presagie docenas de fenómenos similares que nos esperan en el futuro cercano) no apunta también hacia la necesidad de un control global estatal estricto e institucionalizado de la agricultura? ¿Y qué hay del reproche básico según el cual Lenin hoy es irrelevante porque permaneció aferrado dentro del horizonte de la producción industrial masiva (recordemos su celebración del fordismo)? ¿Cómo cambia estas coordenadas el pasaje de la producción de fábrica a la producción 'pos-industrial'? ¿Dónde clasificaríamos no sólo las maquiladoras de trabajo manual del Tercer Mundo, sino también las maquiladoras digitales, como la de Bangalore en la que decenas de miles de indios programan software para las corporaciones occidentales? ¿Es adecuado designar a estos indios como el 'proletariado intelectual'? ¿Serán la venganza final del Tercer Mundo? ¿Cuáles son las consecuencias del hecho desquiciante (por lo menos para los conservadores alemanes) de que, después de décadas de importar centenares de miles de trabajadores manuales inmigrantes, Alemania ha descubierto ahora que necesita por lo menos decenas de miles de trabajadores intelectuales inmigrantes, principalmente programadores de computadoras? La alternativa que incapacita al marxismo de hoy en día es, ¿qué hacer a propósito de la creciente importancia del crecimiento de la 'producción inmaterial' hoy (ciber-trabajadores)? ¿Insistimos con que sólo quienes están involucrados en la producción material 'real' son la clase trabajadora, o damos el venturoso paso de aceptar que los 'trabajadores simbólicos' son los (verdaderos) proletarios de hoy? Uno debería resistirse a dar este paso, porque ofusca la división entre la producción inmaterial y material, la división en la clase trabajadora entre los ciber-trabajadores y los trabajadores materiales (por regla separados geográficamente, como los programadores en EE.UU. o India, las maquiladoras en China o Indonesia). Quizás sea la figura del desocupado la que simbolice al puro proletario de hoy: la determinación sustancial del desocupado sigue siendo la de un obrero, pero no se les deja realizarla o renunciar a ella, y entonces permanecen suspendidos en la potencialidad de trabajadores que no pueden trabajar. Quizás en cierto sentido hoy 'todos somos desocupados' --los trabajos tienden a basarse en contratos de tiempo cada vez más cortos, por lo cual el estado de desempleo es la regla, el nivel cero, y el trabajo temporal la excepción. Entonces esta debería ser también la respuesta a quienes abogan por la 'sociedad pos-industrial' cuyo mensaje a los trabajadores es que su tiempo se terminó, que su propia existencia está obsoleta, y que lo único con lo que pueden contar es con la compasión puramente humanitaria --hay cada vez menos lugar para los trabajadores en el universo del capital de hoy, y uno debe deducir de este hecho la única conclusión consistente. Si la sociedad 'pos-industrial' de hoy necesita cada vez menos trabajadores para reproducirse (20 por ciento de la fuerza de trabajo, según algunas estimaciones), entonces no son los trabajadores los que están de más, sino el capital. El antagonismo clave de las llamadas nuevas industrias (digitales) es este: ¿cómo mantener la forma de la propiedad (privada), que es la única forma en la que puede mantenerse la lógica de ganancia (veamos también el problema de Napster, la libre circulación de la música)? ¿Acaso las complicaciones legales en la biogenética no apuntan en la misma dirección? El elemento clave de los nuevos acuerdos internacionales de comercio es la 'protección de la propiedad intelectual' --siempre que, al fusionarse, una gran compañía occidental se hace cargo de una compañía del Tercer Mundo, lo primero que hace es cerrar el departamento de investigación. Aquí surgen fenómenos que involucran a la noción de propiedad en paradojas dialécticas extraordinarias: en la India, las comunidades locales descubren de repente que las prácticas médicas y los materiales que han estado usando durante siglos son poseídos ahora por compañías norteamericanas, de manera que deben comprárselas a ellas; mientras las compañías biogenéticas patentan genes, todos estamos descubriendo que partes de nosotros, nuestros componentes genéticos, ya son propiedad registrada, poseída por otros. Sin embargo, el resultado de esta crisis de la propiedad privada de los medios de producción no está para nada garantizado. Aquí uno debe tener en cuenta la paradoja última de la sociedad stalinista. Contra el capitalismo, que es la sociedad de clase, pero en principio igualitaria, sin divisiones jerárquicas directas, el stalinismo 'maduro' es una sociedad sin clases articulada en grupos jerárquicos precisamente definidos (nomenklatura en la cima, trabajadores técnicos, ejército, etc). Lo que esto significa es que, ya para el stalinismo, la noción marxista clásica de la lucha de clases ya no es más adecuado para describir su jerarquía y dominación --en la Unión Soviética de finales de los años veinte en adelante, la división social clave no estaba definida por la propiedad, sino a través del acceso directo a los mecanismos de poder y a condiciones de vida materiales y culturales privilegiadas (comida, alojamiento, atención sanitaria, libertad para viajar, educación). Y quizás la ironía última de la historia será que, de la misma manera, la visión de Lenin del 'socialismo de los bancos centrales' sólo puede leerse adecuadamente en forma retroactiva, desde la actual world wide web. La Unión Soviética proporcionó al primer modelo de la sociedad 'pos-propietaria' desarrollada, del verdadero 'capitalismo tardío' en el cual la clase dominante será definida por el acceso directo a los medios de poder central y control (informativos, administrativos) y a otros privilegios materiales y sociales: el punto ya no será poseer compañías, sino directamente administrarlas, tener el derecho para utilizar un jet privado, tener acceso a una cobertura de salud diferenciada, etc --privilegios que no serán adquiridos por medio de la propiedad, sino a través de otros mecanismos (educativos, directivos, etc). Esta, entonces, es la crisis venidera que ofrecerá la perspectiva de una nueva lucha emancipatoria, de la reinvención completa de lo político --no la vieja opción marxista entre la propiedad privada y su socialización, sino la opción entre la sociedad pos-propietaria jerárquica y la sociedad pos-propietaria igualitaria. Aquí, la vieja tesis marxista sobre cómo la libertad y la igualdad burguesas están basadas en la propiedad privada y las condiciones de mercado, adquiere un giro inesperado: lo que permiten las relaciones de mercado son la libertad (por lo menos) 'formal' y la igualdad 'legal'--ya que la jerarquía social puede sostenerse a través de la propiedad, no existe la necesidad de su aserción política directa. Si, luego, el papel de la propiedad privada disminuye, el peligro es que esta desaparición gradual cree la necesidad de alguna nueva forma de jerarquía (racista o de 'gobierno de los expertos'), directamente fundadas en las propiedades de los individuos, y cancelando así incluso la igualdad 'formal' burguesa y la libertad. Resumiendo, en tanto el factor determinante de poder social será la inclusión/exclusión del conjunto de los privilegiados (de acceso al conocimiento, control, etc), podemos esperar el surgimiento de modos distintos de exclusión, para llegar directamente al racismo. La primera señal clara que apunta en esta dirección es la nueva alianza entre la política (gobierno) y las ciencias naturales. En la biopolítica, que surgió recientemente, el gobierno está instigando a la 'industria de los embriones', el control sobre nuestro legado genético por fuera del control democrático, justificado por una oferta que nadie puede rechazar: '¿No quiere usted curarse del cáncer, la diabetes, el Alzheimer...?' Sin embargo, mientras los políticos hacen esas promesas 'científicas', los propios científicos permanecen profundamente escépticos, haciendo hincapié frecuentemente sobre la necesidad de alcanzar decisiones a través de un gran acuerdo social general. El problema último de la ingeniería genética no reside en sus consecuencias imprevisibles (¿qué ocurriría si creamos monstruos --digamos, humanos sin sentido de responsabilidad moral?), sino la manera en que la ingeniería biogenética afecta fundamentalmente nuestra noción de educación: en lugar de educar a un niño para que sea un buen músico, ¿será posible manipular sus genes para que se incline 'espontáneamente' hacia la música? En lugar de instilar en él un sentido de disciplina, ¿será posible manipular sus genes para que ' espontáneamente' tienda a obedecer órdenes? La situación aquí está radicalmente abierta --si surgirán gradualmente dos clases de personas, los 'nacidos naturalmente' y los manipulados genéticamente, no queda claro de antemano qué clase ocupará el nivel más alto en la jerarquía social. ¿Serán los 'naturales' los que consideren a los manipulados como meras herramientas, no como seres verdaderamente libres, o serán mucho más perfectos manipulados genéticamente los que considerarán a los 'naturales' como pertenecientes a un nivel más bajo de evolución? La lucha venidera, por lo tanto, no tiene ningún resultado garantizado --nos confrontará con una inédita urgencia para actuar, ya que no sólo involucrará un nuevo modo de producción, sino una ruptura radical en lo que significa ser un ser humano. Hoy ya podemos discernir las señales de un tipo de malestar general --recordemos la serie de eventos normalmente agrupados bajo el nombre de 'Seattle'. La luna de miel de diez años del capitalismo global triunfante ha terminado, la largamente retrasada 'comezón del séptimo año' ya está aquí --seamos testigos de las reacciones de pánico de los grandes medios de comunicación, que, desde la revista Time hasta CNN, todos de repente empezaron a advertir sobre la existencia de marxistas que manipulan a la muchedumbre de manifestantes 'honestos'. El problema ahora es el estrictamente leninista --cómo enfrentar las imputaciones de los medios de comunicación, cómo inventar estructuras organizativas que le confieran a esta inquietud la forma de una demanda política universal. De no ser así, la oportunidad se desperdiciará, y lo que quedará es una perturbación marginal, quizás organizada como un nuevo Greenpeace, con cierta eficacia, pero también con metas estrechamente limitadas, estrategias de marketing, etc. En otras palabras, la lección 'leninista' clave hoy es que la política sin forma organizativa de partido es política sin política, de manera que la respuesta a aquéllos que simplemente quieren los (atinadamente llamados) 'nuevos movimientos sociales' es la misma que la respuesta de los jacobinos a los componedores girondinos: '¡Ustedes quieren la revolución sin una revolución!' El obstáculo de hoy es que parece haber sólo dos caminos abiertos para el compromiso socio-político: o jugar el juego del sistema, comprometerse en la 'larga marcha a través de las instituciones', o activar en los nuevos movimientos sociales, desde el feminismo, pasando por la ecología hasta el anti-racismo. Y de nuevo el límite de estos movimientos es que no son políticos en el sentido del Singular Universal; son 'movimientos contra un solo problema' que carecen de la dimensión de la universalidad, es decir, que no se relacionan con la totalidad social. La promesa del movimiento 'de Seattle' reside en el hecho de que es exactamente lo opuesto de lo que usualmente se lo designa en los medios de comunicación (la 'protesta anti-globalización'); es el primer grano de un nuevo movimiento global, global con respecto a su contenido (apunta a una confrontación global con el capitalismo actual) así como en su forma (es un movimiento global e involucra una red internacional móvil, capaz de reaccionar desde Seattle a Praga). Es más global que el 'capitalismo global', ya que involucra en el juego a sus víctimas, es decir, aquellos excluidos por la globalización capitalista. Quizás uno debería arriesgarse y aplicar la vieja distinción de Hegel entre universal 'abstracto' y 'concreto' en este caso: la globalización capitalista es el 'abstracto', concentrado en el movimiento especulativo del capital, mientras el 'movimiento de Seattle' está por el 'universal concreto', es decir, por la totalidad del capitalismo global y su lado oscuro excluido. Aquí el reproche de Lenin a los liberales es crucial: ellos simplemente explotan el descontento de las clases obreras para fortalecer su posición frente a los conservadores, en vez de identificarse con ese descontento hasta el final. 3 ¿No esto lo que ocurre también con los liberales de izquierda de hoy? Les gusta evocar el racismo, la ecología, los agravios contra los trabajadores, etc., para anotarse algunos puntos por encima de los conservadores sin poner en peligro el sistema. Recordemos cómo, en Seattle, el propio Bill Clinton se refirió a los manifestantes que estaban afuera en las calles, recordándoles a los líderes reunidos dentro del palacio sitiado que deben escuchar al mensaje de los manifestantes (el mensaje que, por supuesto, Clinton interpretó privándolo de su aguijón subversivo atribuido a los peligrosos extremistas que introducen el caos y la violencia entre la mayoría de los manifestantes pacíficos). Esta posición clintonesca luego se desarrolló en una elaborada estrategia de contención de 'garrote y zanahoria': por un lado, paranoia (la noción de que hay una oscura conjura marxista acechando por detrás); por otro lado, en Génova, no fue nadie más que Berlusconi el que proporcionó comida y albergue a los manifestantes anti-globalización --a condición de que se 'comportaran con propiedad' y no perturbaran el evento oficial. Pasa lo mismo con todos los nuevos movimientos sociales, hasta los zapatistas en Chiapas. La política del sistema está siempre presta para 'escuchar sus demandas', privándolas de su aguijón político apropiado. La verdadera 'tercera vía' que tenemos que buscar es esta tercera vía entre la política parlamentaria institucionalizada y los nuevos movimientos sociales. Como una señal de esta emergente inquietud y necesidad de una verdadera tercera vía, es interesante ver cómo, en una entrevista reciente, incluso un liberal conservador como John Le Carré tuvo que admitir que, como consecuencia de la 'aventura amorosa entre Thatcher y Reagan', en la mayoría de los países occidentales desarrollados y sobre todo en el Reino Unido 'la infraestructura social prácticamente ha dejado de funcionar' que luego lo lleva directamente a suplicar directa que, por lo menos, 'renacionalicen los ferrocarriles y el agua'.4 Efectivamente nos estamos acercando a un estado en que la afluencia privada (selectiva) es acompañada por la degradación global (ecológica, de infraestructura) que empezará a afectarnos a todos pronto: la calidad del agua no sólo es un problema en el Reino Unido --un estudio reciente mostró que la totalidad de la fuente de donde se abastece de agua el área de Los Ángeles ya está tan afectada por químicos tóxicos artificiales que pronto será imposible potabilizarla, ni siquiera a través de los filtros más avanzados. Le Carré formuló su furia contra Blair por aceptar las coordenadas básicas thatcheristas en términos muy precisos: 'La última vez, en 1997, pensé que él estaba mintiendo cuando negaba que fuera socialista. Lo peor que puedo decir sobre él es que estaba diciendo la verdad'.5 Más precisamente, aun cuando en 1997 Blair estuviera mintiendo 'subjetivamente', aun cuando su agenda confidencial tratara de mantener lo más posible la agenda socialista, estaba 'objetivamente' diciendo la verdad: su (eventual) convicción socialista subjetiva era un autoengaño, una ilusión que le permitió cumplir con su papel 'objetivo', el de completar la 'revolución' thatcherista. La respuesta última al reproche de que las propuestas de la izquierda radical son utópicas debería ser que hoy la verdadera utopía es la creencia en que el actual acuerdo general capitalista liberal-democrático pueda continuar indefinidamente, sin cambios radicales. Así, regresamos al viejo lema de 1968 'Soyons réalistes, demandons l'impossible!' ('¡Seamos realistas, demandemos lo imposible!'): para ser de verdad 'realista', uno debe considerar evadirse de los constreñimientos de lo que aparece como 'posible' (o, como normalmente lo llamamos, 'factible'). Si hay que sacar alguna lección de la victoria electoral de Silvio Berlusconi en mayo de 2001, es que los verdaderos utópicos son los izquierdistas de la Tercera Vía --¿por qué? La tentación principal que hay que evitar a propósito de la victoria de Berlusconi en Italia es la de usarla como un pretexto para otro ejercicio en el marco de la tradición izquierdista conservadora de la Kulturkritik (desde Adorno a Virilio) que lamentan la estupidez de las masas manipuladas y el eclipse del individuo autónomo capaz de reflexión crítica. Esto, sin embargo, no significa que las consecuencias de esta victoria deban subestimarse. Hegel dijo que todos los eventos históricos tienen que ocurrir dos veces: Napoleón tenía que perder dos veces, etc. Y parece también que Berlusconi tenía que ganar una elección dos veces para que nos demos cuenta del conjunto de las consecuencias de este evento. ¿Qué es lo que logró Berlusconi? Su victoria nos proporciona una triste lección sobre el papel de la moralidad en la política: el resultado en última instancia de la gran catarsis moral-política --la campaña anti-corrupción de 'manos limpias' que una década atrás arruinó a la Democracia Cristiana y, con ella, a la polaridad ideológica de democristianos y comunistas que dominó la política italiana de pos-guerra-- es que Berlusconi esté en el poder. Es como si Rupert Murdoch ganara las elecciones en Gran Bretaña --un movimiento político dirigido como si fuera una empresa de publicidad. Forza Italia de Berlusconi ya no es un partido político, sino --como su nombre lo indica--más bien un grupo de gente que apoya a una selección de fútbol. Si, en los viejos y buenos países socialistas, el deporte estaba directamente politizado (recordemos las enormes sumas de dinero que la RDA invertía en sus mayores atletas), ahora la política misma se ha vuelto una competencia deportiva. Y el paralelo va incluso mucho más allá: si los regímenes comunistas nacionalizaban la industria, Berlusconi en cierto modo está privatizando el propio estado. Por esta razón, todas las preocupaciones de algunos izquierdistas y demócratas liberales sobre el peligro de un neo-fascismo que acecharía por detrás de la victoria de Berlusconi están fuera de lugar y en cierto modo son demasiado optimistas: el fascismo todavía es un proyecto político determinado, mientras que, en el caso de Berlusconi, en última instancia no hay nada que esté acechando por detrás, ningún proyecto ideológico secreto, sólo la pura convicción de que las cosas funcionarán, de que lo haremos mejor. En resumen, Berlusconi es la pos-política en su estado más puro. La señal última de la 'pos-política' en todos los países occidentales es el creciente enfoque empresarial hacia las funciones de gobierno. El gobierno es reconcebido como una función administrativa, privada de su dimensión propiamente política. Lo que verdaderamente está en juego en las luchas políticas de hoy es cuál de los dos viejos partidos principales, los conservadores o la 'izquierda moderada', lograrán presentarse a sí mismos como los que verdaderamente encarnan el espíritu pos-ideológico, contra el otro partido al que se descalificará diciendo que 'todavía está atrapado por los viejos espectros ideológicos'. Si los años ochenta pertenecieron a los conservadores, la lección de los noventa parecería ser que, en nuestras sociedades capitalistas tardías, la socialdemocracia de la Tercera Vía (o, más marcadamente aún, los pos-comunistas en las países ex-socialistas) funciona efectivamente como la representante del capital como tal, en general, contra sus facciones particulares representadas por los diferentes partidos 'conservadores', quienes, para poder presentarse su mensaje como si se dirigiera al conjunto de la población también tratan de satisfacer las demandas particulares de los estratos anti-capitalistas (digamos, de los trabajadores de clase media "patrióticos" amenazados por la fuerza de trabajo barata de los inmigrantes. Recordemos a la CDU, que contra la propuesta de los socialdemócratas de que Alemania debía importar 50.000 programadores de computadoras de la India, lanzó la consigna infame de 'Kinder statt Inder!' -'¡Niños en lugar de indios!' Esta constelación económica explica en buena medida cómo y por qué los socialdemócratas de la Tercera Vía pueden estar simultáneamente por los intereses del gran capital y por una tolerancia multiculturalista que apunte a defender los intereses de las minorías foráneas. El sueño de la Tercera Vía de la izquierda era que el pacto con el diablo funcionara: OK, ninguna revolución, aceptamos el capitalismo como lo único a lo que se puede jugar, pero por lo menos podremos mantener algunos de los logros del estado de bienestar, además de construir una sociedad tolerante hacia las minorías sexuales, religiosas y étnicas. Si la tendencia anunciada por la victoria de Berlusconi persiste, se discierne una perspectiva mucho más oscura en el horizonte: un mundo en el que el dominio ilimitado del capital no se complemente con la tolerancia del liberalismo de izquierda, sino por la típica mixtura pos-política de un espectáculo puramente publicitario junto con las preocupaciones de la Mayoría Moral (recordemos que el Vaticano dio su apoyo tácito a Berlusconi). Si hay una agenda ideológica oculta en la 'pos-política' de Berlusconi es, para decirlo sin vueltas, la desintegración del pacto democrático fundamental posterior a la Segunda Guerra Mundial. En los últimos años, ya hubo numerosas señales de que el pacto anti-fascista posterior a la Segunda Guerra Mundial está crujiendo lentamente --los llamados 'tabúes' están cayendo, desde los historiadores 'revisionistas' hasta los populistas de la Nueva Derecha. Paradójicamente, los que están socavando este pacto se refieren precisamente a la misma lógica de la victimización universalizada por los liberales: seguramente hubo víctimas del fascismo, ¿pero qué hay de las otras víctimas de las expulsiones posteriores a la Segunda Guerra Mundial? ¿Qué hay de los alemanes desalojados de sus hogares en Checoslovaquia? ¿No tienen también algún derecho a una compensación (financiera)? El futuro inmediato no pertenece a los provocadores derechistas abiertos como Le Pen o Pat Buchanan, sino a gente como Berlusconi y Haider, esos abogados del capital global con la piel de lobo del nacionalismo populista. La lucha entre ellos y la izquierda de la Tercera Vía es la lucha por ver quién será más eficaz en neutralizar los excesos del capitalismo global --la tolerancia multiculturalista de la Tercera Vía o la homofobia populista. ¿Será esta aburrida alternativa la respuesta de Europa a la globalización? Berlusconi es lo peor de la pos-política; ¡incluso The Economist, esa estoica voz del liberalismo anti-izquierda, fue acusado por Berlusconi de ser parte de una 'conjura comunista', cuando le hizo algunas preguntas críticas sobre cómo es que una persona declarada culpable de crímenes podía llegar a ser primer ministro! Lo que esto significa es que, para Berlusconi, toda oposición a su pos-política se basa en una 'conjura comunista'. Y en cierto modo tiene razón -esta es la única oposición verdadera. Todos los demás --los liberales o la Tercera Vía-- están jugando básicamente el mismo juego que él, sólo que con un ropaje diferente. Y la esperanza tiene que ser que Berlusconi también tenga razón con respecto al segundo aspecto de su paranoico mapa cognitivo --que su victoria dará ímpetu a la verdadera izquierda radical. NOTAS 1 Citado de N Harding, Leninism (Durham, 1996), p168. 2 Ibid, p146. 3 Debo este punto a la contribución de Alan Shandro, 'Lenin y la lógica de la hegemonía', en el simposio 'La recuperación de Lenin', Essen, 2-4 de febrero de 2001. 4 John Le Carré, 'My Vote? I Would Like to Punish Blair', entrevista con David Hare en el Daily Telegraph, 17 de mayo de 2001, p23. 5 Ibid. fuente: http://www.infoamerica.org/teoria_articulos/zizek02.htm

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Mc Donald en Rusia.
Mc Donald en Rusia.
InfoporAnónimo6/25/2010

Historia McDonald’s fue prácticamente la primera empresa estadounidense en llegar al Moscú de la posguerra fría; fue el anuncio de que un nuevo orden mundial había llegado. Prácticamente desde el primer segundo de 1990 nos dimos cuenta de que esa década, políticamente hablando, iba a ser diferente. Mikhail Gorbachev había anunciado la Perestroika, una política de apertura y renovación del gastado bloque soviético y más había tardado en proclamarla y promoverla que el bloque socialista en venirse abajo. Apenas un año antes las repúblicas europeas se habían salido del redil y los alemanes ya amenazaban con reunificarse; las repúblicas soviéticas habían cantado su independencia y todo parecía indicar que el imperio del mal se venía abajo. Mucho se ha hablado de las reformas, de los movimientos sociales, de las revoluciones “de terciopelo” y de muchos eventos que marcaron la política internacional a inicios de la década de los noventas pero creo que un evento, un solo e insignificante evento, marcó y nos dio un vistazo de lo que iba a ocurrir en los siguientes diez años: la inauguración del primer restaurante McDonald’s en Moscú el 31 de enero de 1990. Ubicado en la plaza Pushkin, a tan solo unas cuadras donde reposa la momia del padrecito Lennin, fue en su tiempo el restaurant más grande de la cadena, con capacidad para 700 perestroikos moscovitas. El proyecto tuvo que ser integrado de forma vertical ya que en esos entonces aún había escacés de algunos alimentos; McDonald’s tuvo que entregar semillas de papas y enseñar a los campesinos como cultivar esas variedades así como re-enseñar a los criadores de vacas a realizar la matanza. El hecho no es que un simple local de hamburguesas abriera en la Unión Soviética, si no que uno de los más grandes representantes del capitalismo y la globalización abriera un mercado tradicionalmente cerrado a cualquier cosa que oliera a occidente. Era una franca conquista por parte de los gringos del mercado ruso. Era una clara muestra de quién ganó, a final de cuentas, la guerra fría. En ese McDonald’s ocurrió exactamente lo que había ocurrido en México apenas unos años antes; cientos de personas hicieron largas colas por horas para deleitarse con una Big Mac y una malteada y así dar una probada a la llegada de nuevos tiempos. fuente: http://noventas.com.mx/2008/11/12/ronald-mcdonald-toma-moscu/

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Cinco mitos sobre la conquista española.
Cinco mitos sobre la conquista española.
InfoporAnónimo6/8/2010

Los cinco mitos sobre la conquista española en América. El 12 de Octubre se celebra el día de la "raza" y del "descubrimiento" de América. Durante siglos se han fabricado mitos para justificar a los "vencedores". Y lo más trágico es que han sido aceptados de manera acrítica por vastos sectores de nuestros pueblos, influenciados por la educación impartida desde la escuela basica. No por casualidad entre nosotros se ha glorificado a Barros Arana, Encina, Edwards, Eyzaguirre y otros. Pasemos a ver algunos de esos Mitos resumidamente: MITO Nº 1: Que los españoles, guiados por Colón, descubrieron América. Antes de la llegada de los españoles existían en nuestra América culturas milenarias. Si alguien la descubrió fueron los hombres que, provenientes del Asia, cruzaron el estrecho de Behring hace más de 50.000 años, bajando hasta el extremo sur chileno (Pali- Aike .Magallanes) donde se han encontrado restos humanos que datan de unos 10.000 años. Posteriormente, hace unos 5.000 años, llegaron en canoas- por el Pacífico norte- navegantes originarios de la cultura Jomon (isla Kyushu, al sur de Japón) que con su cerámica influyeron a la Cultura Valdivia (Ecuador) y a otros pueblos originarios de la actual Colombia. En consecuencia, Colón no descubrió nada porque nuestra América ya estaba culturizada por los pueblos originarios. Si se esgrimió la palabra "descubrimiento" fue para justificar la conquista de territorios ricos en metales preciosos. ¿Por qué no se habló del descubrimiento de Asia luego del viaje de Marco Polo en el siglo XIII? La respuesta es que Europa- en relación con los avances de la cultura china- no estaba en condiciones de conquistar Asia. MITO Nº 2: Que el Viejo Mundo era la avanzada de la civilización y el Nuevo Mundo estaba en el salvajismo. Detrás de este planteamiento está sin duda la concepción eurocéntrica y etnocéntrica de la historia que, vista desde el ángulo europeo, pudo hablar de Indias Occidentales y Orientales así como se visualizó en Asia el Cercano, Medio y Lejano Oriente. Con justa razón, los chinos hablaban de la lejana Europa. No siempre Europa fue el ombligo de la historia universal. Indoamérica no fue Nuevo Mundo porque poseía culturas más antiguas que la de los que la invadieron. Nuestro neolítico fue tan antiguo como el de Europa occidental con cultivos incipientes en Teotihuacán que datan de 7.000 años a.c., y maíz cultivado hacia 5.000 a.c., y en Chile restos agrícolas de 3.500 a.c. Pronto se abrieron paso las terrazas o andenes para regadío artificial, junto con un notable avance en cerámica y cestería. En cuanto a elaboración de metales, nuestras culturas originarias estaban en un grado de adelanto igual o superior al de los europeos de siglo XV. Además, en Indoamérica se inició tempranamente una revolución urbana, con ciudades como Teotihuacán, con cerca de medio millón de habitantes, el Cuzco y Lubaatún (Imperio Maya) con 50.000, superando con creces la población de Atenas en su máximo esplendor bajo Pericles. En el momento de la invasión española, las ciudades más grandes del mundo era Pekín y nuestra Teotihuacán. Y todo esto sin afectar los ecosistemas naturales, con los cuales la sociedad seguía manteniendo plena armonía. Los Mayas descubrieron un calendario tanto o más preciso que el juliano del imperio romano. También crearon el número cero, que recién fue incorporado a Europa occidental a través de los árabes. MITO Nº 3: El Día de la Raza. No está claro si los españoles recurrieron a la zoología para difundir el concepto de raza, de inequívoca inspiración etnocéntrica. En todo caso, lo utilizaron al calificar de "sub-humanos" a nuestros aborígenes, asociando arbitrariamente el color de la piel con las facultades síquicas. Así era fácil justificar la sed de riquezas en nombre de una supuesta raza superior. Es conocido el genocidio de millones de indígenas cometido bajo el signo de la cruz y la espada, a los cuales habría que agregar la pólvora, las armas de fuego y -por que no decirlo- el falo para consumar una de las mayores y masivas violaciones de la historia. Esta violencia contra la mujer también se hizo en el nombre de la "raza superior", mentira que a partir de 1810 fue repetida por la clase dominante criolla para arrebatarle a los pueblos originarios las tierras que aún les quedaban en el siglo XIX, alegando- como se hizo con la llamada "pacificación de la Araucanía"- que así lo demandaba el progreso. Una vez consolidado el Estado nacional, las burguesías latinoamericanas se aprestaron a celebrar el Día de la Raza a fines del siglo XIX. Finalmente, una interrogante: ¿Qué diferencia cualitativa existe entre la masacre de 6 millones de judíos ordenada por Hitler y el genocidio de aproximadamente 40 millones de personas de nuestros pueblos originarios cometido por los militares españoles y ordenado por la monarquía de Fernando e Isabel la Católica? MITO Nº 4: La Madre Patria. ¿A quién se le pudo ocurrir que sea "madre patria" la que exterminó el 75% de la población aborigen, desarraigó a 10 millones de Negro y explotó sin piedad a millones de mestizos? Ni siquiera fue "madre patria" para los criollos que tuvieron que enfrentar a España en la lucha por la Independencia. Estas elites -que empezaron con el ideal bolivariano de construir una patria grande y terminaron en "patrias chicas- fueron precisamente las que a fines del siglo pasado comenzaron a levantar el mito de la "madre patria" con la intención de limar las asperezas de la Independencia para reiniciar el intercambio comercial con España. MITO Nº 5: Que América Latina se incorporó a la modernidad con la colonización europea. Veamos como se expresó esta modernidad eurocéntrica en nuestra América. Si ella significa deterioro ecológico, indudablemente que fuimos incorporados a través de la colonización española y portuguesa que devastó nuestra flora y fauna, generada en 500.000 millones de años, en aras de la economía de exportación. Si por modernidad se entiende propiedad privada generalizada de los medios de producción, entonces por suerte nuestros aborígenes no eran modernos porque trabajaban la tierra que colectivamente poseían. Si por modernidad se entiende imponer un Dios único, que además castiga, entonces la gente de nuestra tierra justificadamente lo rechazó, manteniendo su cosmovisión con dioses representativos de su armónica relación con la naturaleza. Si para los españoles la modernidad se expresaba en gobiernos monárquicos, entonces los indoaméricanos, para bien, nunca fueron modernos porque tenían una concepción democrática de generación del poder a través de asambleas que elegían caciques. Fuente: "Los Cinco Mitos del V Centenario" por Luis Vitale y"Las Venas Abiertas de América Latina" por Eduardo Galeano. Fuente: http://www.geocities.com/jrme_chile/mitos.html

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