ferdy9
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Registrate y eliminá la publicidad! Trabalenguas Si Sansón no sazona su salsa con sal, le sale sosa; Trabalenguas le sale sosa su salsa a Sansón si la sazona sin sal. Te quiero porque me quieres, ¿quieres que te quiera más? te quiero más que me quieres, ¿qué más quieres que te quiera? Buscaba en el bosque Francisco a un vasco bizco tan brusco, que al verlo le dijo un chusco: - ¡qué vasco bizco tan brusco! ¿Cuánta madera roería un roedor si los roedores royeran madera? El hipopótamo Hipo está con hipo. ¿Quién le quita el hipo al hipopótamo Hipo? El cielo está enladrillado, ¿quién lo desenladrillará? El desenladrillador que lo desenladrille, buen desenladrillador será. Yo no quiero que tú me quieras porque yo te quiero a ti. Queriéndome o sin quererme, yo te quiero porqué sí. Compró Paco pocas copas y, como pocas copas compró, pocas copas Paco pagó. La institutriz Miss Tres-tros ha pegado un gran traspiés por subir al treinta y dos en lugar de al treinta y tres. Adivinanzas ¿Cuál será aquel animal que rebuzna y no es borrico; en la cara, en el hocico y en el cuerpo es casi igual; que trabaja irracional, que lo que come merece, tiene de burro la cara, no es borrico y lo parece? No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez. Se parece a mi madre pero es más mayor, tiene otros hijos que mis tíos son. Pensando me vuelvo loco, pensando me quedo enano. ¿Qué relación tengo yo con la suegra de la mujer de mi hermano? Nieto de tu bisabuelo, padre de tus hermanos, de tus primos es el tío y de tus tíos hermano. ¿Cuál es el animal que tiene silla y no se puede sentar? Lo rascaba llorando de la crin a la cola y en él se iba trotando por una loma. En la ventana soy dama, en el balcón soy señora, en la mesa cortesana y en el campo labradora. Ni lo puedes ver ni vives sin él. Cuatro hermanos creó Dios, en nada los hizo iguales, son enemigos mortales, los dos de los otros dos. El uno mantiene al mundo, el otro bautizó a Cristo, el otro está en el infierno y el otro no lo hemos visto. Colmos ¿Cuál es el colmo de un sordo? Que al morir le dediquen un minuto de silencio. ¿Cuál es el colmo de un enano? Que lo pare un policía y le diga, ¡ALTO! ¿Cuál es el colmo de los colmos? Que un muerto se tire al agua, que un ciego lo vea caer, que un mudo le diga a un sordo, mira como nada aquel. ¿Cuál es el colmo de los colmos? Que un muerto se tire al agua, que un ciego lo vea caer, que un mudo le diga a un sordo, mira como nada aquel. ¿Cuál es el colmo de un jorobado? Estudiar derecho. ¿Cuál es el colmo de un pintor? Echarse un pedo tricolor. ¿Cuál es el colmo de un arquitecto? Trazar una línea con la regla de su mujer. ¿Cuál es el colmo de un egoísta? Comerse los mocos detrás de la puerta para que nadie le pida. ¿Cuál es el colmo de un odontólogo? Que la hija se llame Cindy-Cindiente. ¿Cuál es el colmo de Popeye? Cocinar con aceite de oliva. ¿Cuál es el colmo de un ciego? Vivir en el noveno B de la calle Buena vista. ¿Cuál es el colmo de un mudo? Que lo arresten y le digan que tiene derecho a guardar silencio. ¿Cuál es el colmo de un mudo? Que lo arresten y le digan que tiene derecho a guardar silencio. Bueno espero les guste!!! gracias por comenarrrrr

El muralista Del Vitto Cristian, nació el 25 de mayo de 1971. Cursó los estudios de profesorado en las especialidades de dibujo, pintura, escultura y realizó estudios de post grado en Muralismo. Actualmente pertenece al Movimiento Nacional de Muralistas de Argentina y ejecuta sus murales en diferentes sitios de su país y del extranjero. En su obra intenta rescatar la memoria de esos sitios en los que ejecuta su obra, porque considera al mural como la mejor herramienta de preservación de la identidad de los pueblos. Del Vitto entiende que la globalización en su aspecto negativo atenta contra las identidades culturales. En su carrera como muralista, ha realizado hasta la fecha mas de 50 murales en diferentes tecnicas y ámbitos. Es uno de los pocos muralistas que logra vivir de su trabajo en su país . Actualmente es el muralista de la Municipalidad de Berisso, Provincia de Buenos Aires. En su contacto con el público espectador de sus obras, crea un sentimiento que genera una cadena en la que el artista es invitado a realizar mas murales debido al impacto que genera. Aquí podemos apreciar algunas de sus obras y detalles de las mismas Es muy bueno ver trabajar a este loco yo tube la suerte de verlo y son excelentes los trabajos espero que les guste el post
Capitulo 2: Ninguno me hable de penas, porque yo penado vivo, y naides se muestre altivo aunque en el estribo esté, que suele quedarse a pie el gaucho mas alvertido. Junta esperencia en la vida hasta pa dar y prestar quien la tiene que pasar entre sufrimiento y llanto; porque nada enseña tanto como el sufrir y el llorar. Viene el hombre ciego al mundo, cuartiándolo la esperanza, y a poco andar ya lo alcanzan las desgracias a empujones; ! la pucha, que trae liciones el tiempo con sus mudanzas! Yo he conocido esta tierra en que el paisano vivía y su ranchito tenía y sus hijos y mujer... era una delicia el ver cómo pasaba sus días. Entonces... cuando el lucero brillaba en el cielo santo, y los gallos con su canto nos decían que el día llegaba, a la cocina runbiaba el gaucho... que era un encanto. Y sentao junto al jogón a esperar que venga el día, al cimarrón se prendía hasta ponerse rechoncho, mientras su china dormía tapadita con su poncho. Y apenas la madrugada empesaba a coloriar, los pájaros a cantar y las gallinas a apiarse, era cosa de largarse cada cual a trabajar. Este se ata las espuelas, se sale el otro cantando, uno busca un péllon blando, éste un lazo, otro un rebenque, y los pingos relinchando los llaman dende el palenque. El que era pion domador enderezaba al corral, ande estaba el animal bufidos que se las pela ... y mas malo que su agüela se hacía astillas el bagual. Y alli el gaucho inteligente, en cuanto el potro enriendó, los cueros le acomodó y se le sentó en seguida que el hombre muestra en la vida la astucia que Dios le dió. Y en las playas corcoviando pedazos se hacía el sotreta mientras él por las paletas le jugaba las lloronas y al ruido de las caronas salía haciendo gambetas. !Ah,tiempos!... !Si era un orgullo ver jinetear un paisano! cuando era gaucho baquiano, aunque el potro se boliase, no habia uno que no parase con el cabresto en la mano. Y mientras domaban unos, otros al campo salían y la hacienda recogían, las manadas repuntaban, y ansí sin sentir pasaban entretenidos el día. Y verlos al cair la tarde en la cocina riunidos, con el juego bien prendido y mil cosas que contar, platicar muy divertidos hasta después de cenar. Y con el buche bien lleno era cosa superior irse en brazos del amor a dormir como la gente, pa empezar el día siguiente las fainas del día anterior. Ricuerdo !qué maravilla! cómo andaba la gauchada siempre alegre y bien montada y dispuesta pa el trabajo... pero hoy en día...!barajo! no se la ve de aporriada. El gaucho más infeliz Tenía tropilla de un pelo, no le faltaba un consuelo y andaba la gente lista... teniendo al campo la vista, solo vía hacienda y cielo. Cuando llegaban las yerras, !cosa que daba calor! tanto gaucho pialador y tironiador sin yel. !Ah, tiempos... pero si en él se ha visto tanto primor! Aquello no era trabajo, mas bien era una junción, y después de un güen tirón en que uno se daba mana, pa darle un trago de cana solía llamarlo el patrón. Pues vivía la mamajuana siempre bajo la carreta, y aquel que no era chancleta, en cuanto el goyete vía, sin miedo se le prendía como güerfano a la teta. !Y qué jugadas se armaban cuando estábamos riunidos! siempre íbamos prevenidos, pues en tales ocasiones a ayudarle a los piones caiban muchos comedidos. Eran los días del apuro y alboroto pa el hembraje, pa preparar los potajes y osequiar bien a la gente, y así, pues, muy grandemente, pasaba siempre el gauchaje. Vení,a la carne con cuero, la sabrosa carbonada, mazamorra pien pisada, los pasteles y el güen vino... pero ha querido el destino que todo aquello acabara. Estaba el gaucho en su pago con toda siguridá, pero aura... !barbaridá!, la cosa anda tan fruncida, que gasta el pobre la vida en juir de la autoridá. Pues si usté pisa en su rancho y si el alcalde lo sabe, lo caza lo mesmo que ave aunque su mujer aborte... !No hay tiempo que no se acabe ni tiento que no se corte!. Y al punto dése por muerto si el alcalde lo bolea, pues ahí nomas se le apea con una felpa de palos; y despues dicen que es malo el gaucho si los pelea. Y el lomo le hinchan a golpes, y le rompen la cabeza, y luego con ligereza, ansí lastimao y todo, lo amarran codo a codo y pa el cepo lo enderiezan. Ahi comienzan sus desgracias, ahi principia el pericón, porque ya no hay salvación, y que usté quiera o no quiera, lo mandan a la frontera o lo echan a un batallón. Ansí empezaron mis males lo mesmo que los de tantos; si gustan... en otros cantos les diré lo que he sufrido: despues que uno está... perdido no lo salvan ni los santos. Capitulo 3: Tuve en mi pago en un tiempo hijos, hacienda y mujer, pero empecé a padecer, me echaron a la frontera, ¡Y que iba a hallar al volver! tan solo allé la tapera. Sosegao vivía en mi rancho como el pájaro en su nido, allí mis hijos queridosa iban creciendo a mi lao... sólo queda al desgraciao lamentar el bien perdido. Mi gala en las pulperías era, en habiendo mas gente, ponerme medio caliente, pues cuando puntiao me encuentro me salen coplas de adentro como agua de la virtiente. Cantando estaba una vez en una gran diversión, y aprovecho la ocasión como quiso el Juez de Paz... se presentó, y ahi nomás hizo arriada en montón. Juyeron los más matreros y lograron escapar: yo no quise disparar, soy manso y no había porqué, muy tranquilo me quedé y ansi me dejé agarrar Allí un gringo con un órgano y una mona que bailaba, haciéndonos rair estaba, cuanto le tocó el arreo, ¡tan grande el gringo y tan feo, lo viera cómo lloraba!. Hasta un inglés zanjiador que decía en la última guerra que él era de Inca-la-perra y que no queria servir, tambien tuvo que juir a guarecerse en la sierra. Ni los mirones salvaron de esa arriada de mi flor, fué acoyarao el cantor con el gringo de la mona, a uno solo, por favor, logró salvar la patrona. Formaron un contingente con los que del baile arriaron, con otros nos mesturaron, que habían agarrao también, las cosas que aquí se ven ni los diablos las pensaron. A mí el Juez me tomó entre ojos en la ultima votación: me le había hecho el remolón y no me arrimé ese día, y él dijo que yo servía a los de la esposición. Y ansí sufrí ese castigo tal vez por culpas ajenas, que sean malas o sean güenas las listas, siempre me escondo: yo soy un gaucho redondo y esas cosas no me enllenan. Al mandarnos nos hicieron mas promesas que a un altar, el Juez nos jué a proclamar y nos dijo muchas veces: muchachos, a los seis meses los van a ir a relevar. Yo llevé un moro de número ¡sobresaliente el matucho! con él gané en Ayacucho mas plata que agua bendita: siempre el gaucho necesita un pingo pa fiarle un pucho. Y cargué sin dar mas güeltas con las prendas que tenía: jergas, ponchos, todo cuanto había en casa, tuito lo alcé: a mi china la dejé medio desnuda ese día. No me falta una guasca -esa ocasión eche el resto-, bozal,maniador, cabresto, lazo, bolas y manea... ¡el que hoy tan pobre me vea tal vez no creerá todo esto!. Ansí en mi moro, escarciando, enderecé a la frontera. ¡Aparcero si uste viera lo que se llama cantón!... ni envidia tengo al ratón en aquella ratonera. De los pobres que allí había a ninguno lo largaron, los más viejos rezongaron, pero a uno que se quejó en seguida lo estaquiaron, y la cosa se acabó. En la lista de la tarde el jefe nos cantó el punto diciendo: -Quinientos juntos llevará el que se resierte; lo haremos pitar del juerte, mas bien dése por dijunto-. A naides le dieron armas, pues toditas las que había el Coronel las tenía, sigun dijo esa ocasión, pa repartirlas el día en que hubiera una invasión. al principio nos dejaron de haraganes criando sebo, pero después... no me atrevo a decir lo que pasaba... ¡barajo!... si nos trataban como se trata a malevos. Porque todo era jugarle por los lomos con la espada, y aunque usté no hiciera nada, lo mesmito que en palermo, le daban cada cepiada que lo dejaban enfermo. !Y que indios, ni que servicio; si allí no había ni cuartel! nos mandaba el Coronel a trabajar en sus chacras, y dejábamos las vacas que las llevara el infiel. Yo primero sembré trigo y después hice un corral, corté adobe pa un tapial, hice un quincho, corté paja... ¡la pucha que se trabaja sin que le larguen un rial!. Y es lo pior de aquel enriedo que si uno anda hinchando el lomo se le apean como un plomo... ¡quién aguanta aquel infierno! si eso es servir al gobierno, a mi no me gusta el cómo. Más de un año nos tuvieron en esos trabajos duros; y los indios, le asiguro dentraban cuando querían: como no los perseguían, siempre andaban sin apuro. A veces decía al volver del campo la descubierta que estuvieramos alerta, que andaba adentro la indiada, porque había una rastrillada o estaba una yegua muerta. Recién entonces salía la orden de hacer la riunión, y caibamos al cantón en pelos y hasta enancaos, sin armas, cuatro pelaos que ibamos a hacer jabón. Ahi empezaba el afán -se entiende, de puro vicio- de enseñarle el ejercicio a tanto gaucho recluta, con un estrutor... ¡que... bruta! que nunca sabía su oficio. Daban entonces las armas pa defender los cantones, que eran lanzas y latones con ataduras de tiento... las de juego no las cuento porque no había municiones. Y un sargento chamuscao me contó que las tenían pero que ellos la vendían para cazar avestruzes; y asi andaban noche y día déle bala a los ñanduses. Y cuando se iban los indios con lo que habían manotiao, salíamos muy apuraos a perseguirlos de atrás; si no se llevaban más es porque no habían hallao. Allí sí, se ven desgracias y lágrimas y afliciones; naides le pida perdones al indio: pues donde dentra, roba y mata cuanto encuentra y quema las poblaciones. No salvan de su juror ni los pobres angelitos; viejos, mozos y chiquitos los mata del mesmo modo: que el indio lo arregla todo con la lanza y con gritos. Tiemblan las carnes al verlo volando al viento la cerda, la rienda en la mano izquierda y la lanza en la derecha; ande enderieza habre brecha pues no hay lanzazo que pierda. Hace trotiadas tremendas desde el fondo del desierto; ansí llega medio muerto de hambre, de sé y de fatiga; pero el indio es una hormiga que día y noche esta despierto. Sabe manejar las bolas como naides las maneja; cuanto el contrario se aleja, manda una bola perdida, y si lo alcanza, sin vida es siguro que lo deja. Y el indio es como tortuga de duro para espichar; si lo llega a destripar ni siquiera se le encoge; luego sus tripas recoge, y se agacha a disparar. hacían el robo a su gusto y después se iban de arriba; se llevaban las cautivas, y nos contaban que a veces les descarnaban los pieces, a las pobrecitas, vivas. ¡Ah! ¡si partía el corazón ver tantos males, canejo! los perseguíamos de lejos sin poder ni galopiar; ¡y qué habíamos de alcanzar en unos vichocos viejos! nos volvíamos al cantón a las dos o tres jornadas, sembrando las caballadas; y pa que alguno la venda, rejuntábamos la hacienda que habían dejao rezagada. Una vez entre otras muchas, tanto salir al botón, nos pegaron un malón los indios y una lanciada, que la gente acobardada quedó dende esa ocasión. Habían estao escondidos aguaitando atrás de un cerro... ¡lo viera a su amigo Fierro aflojar como un blandito! salieron como maiz frito en cuanto sonó un cencerro. Al punto nos dispusimos aunque ellos eran bastantes; la formamos al instante nuestra gente, que era poca, y golpiándose en la boca hicieron fila adelante. Se vinieron en tropel haciendo temblar la tierra. no soy manco pa la guerra pero tuve mi jabón, pues iba en un redomón que habia boleao en la sierra. ¡Que vocerío! ¡Que barullo! ¡que apurar esa carrera! la indiada todita entera dando alaridos cargó, ¡jue pucha!... y ya nos sacó como yeguada matrera. ¡Que fletes traiban los bárbaros! ¡como una luz de ligeros! hicieron el entrevero y en aquella mezcolanza, este quiero, éste no quiero, nos escogían con la lanza. Al que le daban un chuzazo, dificultoso es que sane. En fin, para no echar panes, salimos por esas lomas, lo mesmo que las palomas al juir de los gavilames. ¡Es de almirar la destreza con que la lanza manejan! de perseguir nunca dejan, y nos traiban apretaos. ¡Si queríamos, de apuraos, salirnos por las orejas! Y pa mejor de la fiesta en esa aflición tan suma, vino un indio echando espuma, y con la lanza en la mano, gritando: -Acabáu critiano, metáu el lanza hasta el pluma. Tendido en el costillar, cimbrando por sobre el brazo una lanza como un lazo, me atropelló dando gritos: si me descuido... el maldito me levanta de un lanzazo. Si me atribulo o me encojo, siguro que no me escapo: siempre he sido medio guapo, pero en aquella ocasión me hacia buya el corazón como la garganta al sapo. Dios le perdone al salvaje las ganas que me tenía... desaté las tres marías y lo engatusé a cabriolas... ¡pucha...! si no traigo bolas me achura el indio ese día. Era el hijo de un cacique, sigun yo lo averigüé; la verdá del caso jué que me tuvo apuradazo, hasta que por fin de un bolazo del caballo lo bajé. Ahi no más me tiré al suelo y lo pisé en las paletas; empezó a hacer morisquetas y a mezquinar la garganta... pero yo hice la obra santa de hacerlo estirar la jeta. Allí quedó de mojón y en su caballo salté; de la indiada disparé, pues si me alcanza me mata, y al fin me les escapé, con el hilo de una pata. Capitulo 4: Seguiré esta relación, aunque pa chorizo es largo: el que pueda hágase cargo como andaría de matrero, después de salvar el cuero de aquel trance tan amargo. Del sueldo nada les cuento, porque andaba disparando; nosotros de cuando en cuando solíamos ladrar de pobres: nunca llegaban los cobres que se estaban aguardando. Y andábamos de mugrientos que el mirarnos daba horror; les juro que era un dolor ver esos hombres,!por cristo! en mi perra vida he visto una miseria mayor. Yo no tenía ni camisa ni cosa que se parezca; mis trapos solo pa yesca me podían servir al fin... no hay plaga como un fortín para que el hombre padesca. Poncho, jergas, el apero, las prenditas, los botones, todo, amigo, en los cantones jué quedando poco a poco; ya me tenían medio loco la pobreza y los ratones. Sólo una manta peluda era cuanto me quedaba la había agenciao a la tabla y ella me tapaba el bulto; yaguané que alli ganaba no salía... ni con indulto. y pa mejor hasta el moro se me jué de entre las manos; no soy lerdo... pero, hermano, vino el Comendante un día diciendo que lo quería -pa enseñarle a comer grano..- Afigúrese cualquiera la suerte de este su amigo, a pie y mostrando el umbligo, estropiao, pobre y desnudo; ni por castigo se pudo hacerse más mal conmigo. ansí pasaron los meses, y vino el año siguiente, y las cosas igualmente siguieron del mesmo modo: adrede parece todo pa atormentar a la gente. No teníamos mas permiso, ni otro alivio la gauchada, que salir de madrugada, cuando no habia indio ninguno, campo ajuera a hacer boliadas desocando los reyunos. Y cáibamos al cantón con los fletes aplastaos, pero a veces medio aviaos con plumas y algunos cueros, que pronto con el pulpero los teníamos negociaos. Era un amigo del jefe que con un boliche estaba; yerba y tabaco nos daba por la pluma de avestruz, y hasta le hacía ver la luz al que un cuero le llevaba. Solo tenía cuatro frascos y unas barricas vacías, y a la gente le vendía todo cuanto precisaba... algunos creiban que estaba allí la proveduría. ¡Ah, pulpero habilidoso! nada le solia faltar. ¡ahijuna!, para tragar tenía un buche de ñandú; la gente le dió en llamar -el boliche de virtú.- Aunque es justo que quien vende algún poquito muerda, tiraba tanto la cuerda que, con sus cuatro limetas el cargaba las carretas de plumas, cueros y cerda. Nos tenía apuntaos a todos con más cuentas que un rosario, cuando se anunció un salario que iban a dar, o un socorro; pero sabe Dios qué zorro se lo comió al Comisario; Pues nunca lo vi llegar, y al cabo de muchos días en la mesma pulpería dieron una güena cuenta, que la gente muy contenta de tan pobre recibia. Sacaron unos sus prendas, que las tenían empeñadas; por sus deudas atrasadas dieron otros el dinero; al fin de fiesta el pulpero se quedó con la mascada. Yo me arrescosté a un horcón dando tiempo a que pagaran, y poniendo güena cara estuve haciéndome el poyo, a esperar que me llamaran para recibir mi boyo. Pero ahi me puede quedar pegao pa siempre al horcón, ya era casi la oración y ninguno me llamaba; la cosa se me ñublaba y me dentró comezón. Pa sacarme el entripao vi al Mayor, y lo fí a hablar; yo me lo empecé a atracar, y como con poca gana le dije:--Tal vez mañana acabarán de pagar.- -¡Que mañana ni otro dia!-, al punto me contestó: -la paga ya se acabó; ¡siempre has de ser animal!- me rai y le dije:-Yo... no he recebido ni un rial.- Se le pusieron los ojos que se le querían salir, y ahi no más volvió a decir comiéndome con la vista: -y que querés recibir si no has dentrao en la lista?- -Esto sí que es amolar-, dije yo pa mis adentros; -van dos años que me encuentro y hasta aura he visto ni un grullo; dentro en todos los barullos pero en las listas no dentro.- Vide el plaito mal parao y no quise aguardar más... es güeno vivir en paz con quien nos ha de mandar; y reculando pa atrás me le empecé a retirar. Supo todo el Comendante y me llamó al otro día, diciéndome que quería aviriguar bien las cosas... que no era el tiempo de Rosas, que aura a naides se debía. Llamó al cabo y al sargento y empezó la indagación: si había venido al cantón en tal tiempo o en tal otro... y si había venido en potro, en reyuno o redomón. Y todo era alborotar al ñudo, y hacer papel; conocí que era pastel pa engordar con mi guayaca; más si voy al Coronel me hacen bramar en la estaca. ¡Ah, hijos de una...! ¡la codicia ojala les ruempa el saco! ni un pedazo de tabaco le dan al pobre soldao, y lo tienen, de delgao, más ligero que un guanaco. Pero qué iba a hacerles yo, charabón en el desierto; más bien me daba por muerto pa no verme más fundido: y me les hacía el dormido aunque soy medio despierto.