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Usuario (Ecuador)
El suicidio es consecuencia del deseo. Los placeres definen la existencia, finalmente, como una sed sin agua; poner término, finitud a la vida que nos embarga es uno de los temas que más escozor nos causan en el pensamiento, en la mención y en el acto. El desear y tomar acción ante lo que nos golpea, desde Homero, Shakespeare, Thomas Mann, Kant, Foucault, Jeanne Hébuterne y Vincent van Gogh, se hacen presentes como la afirmación más “schopenhaueriana” del mundo; afirmar fuertemente la voluntad toma forma en la decisión de cometer suicidio y despedirse de este plano. El suicida quiere la vida, sí, pero también reconoce que hallarse descontento con las condiciones que le rodean no es una opción. Renuncia a las trabas del cuerpo, efectivamente, mas se da a sí mismo el exceso de voluntad en un efímero fenómeno propio. No daña a nadie –ni siquiera a su persona– y los demás no deberían sentirse lastimados; tristes quizá, pero no devastados. El suicida renuncia a ser quien es, a la mierda que le está cubriendo hasta la nariz, y se cubre en su mismidad sabiendo que los horizontes (queridos) no son específicamente para él; en la herencia filosófica de Philipp Mainländer, el mundo mismo, el universo, es el cadáver resultante del suicidio de Dios. En la línea nietzscheana de este otro alemán, Dios ha muerto no porque los hombres le hayamos matado, sino porque él decidió autoaniquilarse dada la insoportable condición del ser y la preferencia natural del no-ser y la nada ante algo que ya no es correspondiente. Así, podemos hablar entonces de algunos artistas que reconocieron su existencia en otro lugar pero perpetuaron una parte de ellos en la obra. Christopher Wood Por ejemplo, este pintor que en el verano de 1930 realizó “Zebra and the Parachute”, su última producción visual que abre paso a la reflexión surrealista y mortuoria gracias a los personajes que le protagonizan. Wood consumía opio y, en un episodio de paranoia, se lanzó a las vías del tren. John William Godward De estilo en extremo clásico para el momento de modernismo que vivió, Godward dejó una carta en 1922 que daba testimonio de que el mundo no era lo suficientemente grande para él y Picasso, entonces se despedía hasta siempre de esta tierra. Su última creación fue “Nu Sur la Plage” de ese mismo año. Nicolas De Stael En 1955, este artista francés completó la que sería su última pintura: “Le Concert”, su obra más ambiciosa dadas las medidas y el esfuerzo emocional que representó su realización; la fuerza que esta producción evoca, si le escuchamos atentamente, nos sigue hablando de su emoción por la vida y el despido de ésta. John Minton Pintura no finalizada en 1957; Minton nunca terminó “The Death of James Dean” gracias a la compenetración absoluta de su sentir con la representación en sí del cuadro, el cual, según él mismo, dirige visualmente las relaciones del sufrimiento juvenil con la figura de la estrella desgraciada. Mark Rothko Emociones. En los rectángulos rohtkoianos no hay nada más que emoción y, particularmente en estos, sólo existe el adiós a lo existente. En “Untitled”, bellamente se halla la búsqueda del artista por un reconocimiento más allá de los colores y su declaración de muerte. 1970 fue el año de su suicidio y el de su nacimiento con este lienzo de oscuridad. Constance Mayer “Une Famille Dans la Desolation”, de 1821, no es una pintura incompleta a pesar de que su suicidio se dio en el momento justo de su ejecución; en realidad podemos pensar la composición de lamento en el cuadro como una catarsis que ayudó en la aceptación de lo otro. Jean-Michel Basquiat El speedball –una mezcla de heroína y cocaína– cobró demasiadas vidas a finales de los años 80 y principios de los 90; entre ellas, las de ese hombre que mezcló el grafiti, la pintura y el mundo del arte: Basquiat. “Riding with Death” es una visión de 1988 que oscila entre los deseos de la sensación y la creencia vudú de la posesión mortuoria. Jean cabalgó en ese dominio. Richard Gerstl Noviembre de 1908 y Gerstl se quitaba una nueva vida por el abandono de su amante; a los 25 años, él se pintó con trazos agitados de exaltación y renuncia antes de intentar autoapuñalarse para decir adiós. Finalmente, con una doble herida en el pecho, se colgó en su estudio frente a un espejo, para admirar esa silueta delgada y azul que le terminaron por caracterizar. Arshile Gorky Era 1947 y Gorky pintaba “Agony”, un llamado de atención para el sufrimiento y destrucción que ocurría en su interior. Una pintura que sirvió tanto de anuncio como de transporte para su decisión final, la cual se presidió por un trágico accidente automovilístico que le rompió el cuello e inmovilizó su brazo de trabajo. Vincent van Gogh En la mañana del 27 de julio de 1890, van Gogh salió al jardín para pintar un poco, tomó una pistola e intentó darse un tiro en el pecho para poner fin a sus tormentos. Logró herirse, mas no matarse de inmediato; dos días después murió en el hospital. Por cartas y testimonios del artista o de la gente que le frecuentaba, hay tres obras en disputa por tener el título de “última obra”; ellas son “Trigal con cuervos”, “El jardín de Daubigny” y “Tres raíces y troncos”. “Es preferible morir a odiar y temer: es preferible morir dos veces a hacerse odiar y temer” podría ser ese aforismo que también nos ayude a entender los motores o los ímpetus por organizar nuestra vida; quizá morir (darse muerte) sea una decisión más consciente de lo que pensamos, pero no estamos preparados todavía para verle como una alternativa de acción benéfica.

“Sueño con pintar y luego pinto mis sueños”. – Vincent Van Gogh Como muchos de los grandes artistas, Van Gogh murió sin ver la trascendencia y el impacto que tendrían sus pinturas; dedicó 10 años de su vida al arte para vender únicamente uno de sus cuadros: “La viña roja”. Actualmente lo conocemos como un artista único, cuyos cuadros se venden por millones de dólares, entonces ¿por qué en su época no fue ni querido ni reconocido? Hay quienes dicen que sus episodios de esquizofrenia o bipolaridad ahuyentaban a cualquier postor, y lo catalogaban como un loco más que tenía talento. “Yo no tengo la culpa de que mis cuadros no se vendan, pero llegará el día en que la gente se dará cuenta de que tienen más valor de lo que cuestan las pinturas”, escribió en una carta. Creemos saber todo sobre él leyendo su biografía, pero ¿qué tanto sabes de sus más famosas pinturas? Aquí algunos secretos que no conocías. “Los comedores de patatas” (1885) “He tratado de enfatizar el hecho de que esta gente al comer sus papas bajo la luz de la lámpara, ha trabajado la tierra con las mismas manos con las que preparó su alimento”. En un principio el autor quería pintar el interior de la cabaña cuando de pronto fue capturado por la belleza y curiosidad del comportamiento humano y finalmente retrató a 5 personas, de quienes después escribiría a su hermano Theo en una carta. “Los girasoles” (1888) ¿Sabías que Van Gogh ingería grandes cantidades de cafeína para percibir los colores que buscaba? Ese amarillo característico de esta pintura es producto de alucinaciones visuales que alteraban sus sentidos gracias al café. Luego de ir a un campo de Provenza y recoger girasoles los pintó mientras se marchitaban, siempre inseparable de la bebida que él creía le daba vida. “El dormitorio en Arlés” (1888) Debido a su epilepsia Van Gogh veía todo en tonos amarillos y verdes; su mente distorsionaba el color ante sus ojos. La pintura del cuarto en la casa que fue refugio y hogar del artista que constantemente peleaba con pintores y críticos, fue creada bajo la influencia de la digitalis purpurea, una extraña planta usada por el famoso neerlandés después de ser conocida como reguladora del pulso que tan constantemente lo desconcertaba. “Autorretrato con la oreja vendada” (1889) Entre los 900 cuadros que se estima que pintó, 27 fueron autorretratos y éste fue pintado por el artista después de salir del hospital en el que fue ingresado después de mutilar su propia oreja. “Noche estrellada sobre el Róndano” (1888) A pesar de los rumores que rondan alrededor de esta obra, Van Gogh no requirió de velas posando a la orilla de su sombrero, utilizó un farol para alumbrar mientras pintaba lo que él consideraba el momento más colorido del día: la noche. Luces y reflejos que cautivaban sus ojos y ahora brillan ante los nuestros a través de sus pinturas. “La noche estrellada" (1889) “Mirando a las estrellas siempre me pongo a soñar… así como tomamos el tren para llegar a Tarascon o Ruen, tomamos la muerte para llegar a una estrella.” Los grandes historiadores dicen que fue esta frase la que inspiró la pintura realizada desde una ventana del asilo Saint Paul-de-Mausole, en donde fue internado después de un colapso mental. Lo cierto es que él la consideraba un fracaso. “El café de noche” (1888) Amante de la noche, apasionado por el día. Según escribió en una de sus cartas, Van Gogh escogió un café como paisaje porque eran lugares en los que cualquiera podía volverse loco y cometer crímenes; intentaba plasmar y expresar las incontrolables pasiones de los amantes de la luna, los necesitados, los incomprendidos y los borrachos. “Un par de botas” (1886) Objetos que se convierten en recuerdos, recuerdos que se vuelven experiencias, experiencias que se adueñan de nuestro ser. El compañero de estudios del famoso pintor, Fraçois Gauzi relata que fue en un mercado en donde Van Gogh compró un viejo par de zapatos a un vendedor ambulante, “[…]limpios y recién lustrados pero abultados y desmañados. Él se los puso en una tarde de lluvia y se fue a dar un paseo por las antiguas murallas. Manchados de barro, se habían convertido en interesantes… y Vincent copió fielmente su par de zapatos”. “Almendro de Flor” (1890) En enero de 1890, la esposa de su hermano Theo, dio a luz a un niño sano que fue bautizado como Vincent Willem en honor a su tío y padrino, Vincent Van Gogh. Se dice que dicha pieza fue un regalo que dedicó al nuevo padre de quien envidiaba la posibilidad de formar una familia, pues debido a sus relaciones tormentosas nunca lo logró. “Lirios” (1889) Después de ingresar de manera voluntaria a un manicomio en Saint-Remy, Van Gogh pintó en la primer semana lo que consideraba la influencia más orgánica y cercana, la naturaleza. En 1987 fue cotizada en 54 millones de dólares. Un artista de vida compleja, una mente brillante y un talento innegable, quizá nunca sabremos qué pensaba mientras pintaba o qué recorría sus venas en cada pincelada, lo cierto es que un poco de su juicio quedó plasmado en cada una de las pinturas que hoy algunos matarían por tener.
¿Por qué antes de los 25? Antes de los 25 años, aún estamos listos para adaptar nuestro aprendizaje, nuestros gustos y por supuesto, aquello que nos mueve. Antes de los 25 no nos cerramos ante nada, somos dueños de nuestro destino, queremos comernos el mundo. Aún estamos dispuestos a darlo todo, a arriesgarnos y seguir aprendiendo. La sed nos invade, estamos ansiosos de hacer las cosas diferentes y por supuesto, de transmitir nuestro conocimiento. Muchos quieren adentrarse al arte y lo hacen con pintores básicos que parecen sacados de los mismos recovecos. Todos hemos oído de Vincent van Gogh y su noche estrellada, hemos admirado las pinturas del extravagante Salvador Dalí en las que los relojes se deforman. Los más clásicos retoman a Da Vinci y la sonrisa que plasmó con tanto misterio en el lienzo. Algunos arriesgados mencionan a Miguel Ángel y su capilla Sixtina para hablar del Renacimiento y quienes desean hablar de las pinturas modernas, no pueden dejar de mencionar a Andy Warhol como uno de los últimos grandes exponentes. Picasso no se queda atrás en los comentarios de los círculos intelectuales que aseguran entre las paredes cómo su arte revolucionó el mundo actual. Los que apenas nos inmiscuimos en el asunto, simplemente observamos lo que ya todos han visto. Comentamos sobre los cuadros de los que los demás hablan con tanto ahínco y replicamos lo que dicen, rumoran o critican de los pintores cuyos nombres ya están desgastados. Evidentemente algunos son sumamente importantes. Nunca olvidaremos su legado y sus obras… ellos deben convertirse en el referente principal para los cambios artísticos que trajeron otro periodo, un momento de innovación única que nos convierte en quienes somos ahora y por supuesto, en las producciones artísticas que vemos hoy. Pero son sólo un resquicio, las superficie del iceberg que oculta años de historia del arte. “La expulsión del Paraíso” (1426-1428) Tommaso Masaccio “Retrato del matrimonio Arnolfini” (1434) Jan van Eyck “Muerte de la Virgen” (1606) Michelangelo da Caravaggio “Autorretrato” (1655) Rembrandt van Rijn Tal vez hayas oído hablar del pintor barroco Caravaggio, cuyo realismo en cada trazo dotó a la pintura de un sentido mucho más humano, trascendental y original. Seguramente conoces el famoso cuadro de “Las Meninas” de Velázquez, en el que la técnica no lo es todo, sino que logró sorprender a la sociedad con los guiños a lo imposible: cuadros sobre cuadros, una perspectiva única que aún hoy es estudiada por los más grandes críticos del arte… ¿a quién ve la familia de Felipe IV? unos aseguran que a los reyes, otros más arriesgados mencionan que somos nosotros y una perspectiva única los que estamos dentro de la obra. “Las Meninas” (1656) Diego Velázquez “La lechera” (1658) Johannes Vermeer El anciano de los días” (1794) William Blake “La bañista de Valpiςon” (1808) Dominique Ingres ¿Qué haríamos sin los trazos oscuros y aterradores de pintores como Goya o Bacon? Los dos con más de cien años de diferencia pero cuyo dramatismo sobrenatural nos hace cuestionarnos la importancia de la vida, la trascendencia de la muerte y el misterio que hay después de que nuestra existencia termine. “El aquelarre” (1823) Francisco de Goya “Tormenta de nieve” (1842) Joseph Mallord Turner “Olympia” (1863) Édouard Manet “Composición en gris y negro nº1” (1871) James Abbot McNeill Whistler “Impresión, sol naciente” (1872) Claude Monet “Baile en el Moulin de la Galette” (1876) Pierre Auguste Renoir “La montaña de Santa Victoria” (1885) Paul Cézanne Cada obra nos muestra el paso siguiente. Cada pintor nos habla desde la tumba con el legado que dejó para marcar a generaciones próximas. Así como Rembrandt inspiró a van Gogh, muchos de estos artistas te inspirarán. Comienza a hacer un recorrido por la historia del arte con estas 25 preguntas antes de que sea demasiado tarde. “Campo de trigo con cipreses” (1889) Vincent van Gogh “Honeymoon” (1890) Arnold Böcklin “Manao tupapau” (1892) Paul Gauguin “El grito” (1893) Gustav Klimt “La habitación roja” (1908) Henri Matisse “Las señoritas de Avignon” (1907) Pablo Picasso “Cosaco” (1911) Vassily Kandinsky “Cristo de San Juan de la Cruz” (1951) Salvador Dalí “Nighthawks” (1942) Edward Hopper “Estudio del Papa Inocencio X de Velázquez” (1953) Francis Bacon
Nada como que tu peor enemigo ofenda drásticamente aquello que haces para empezar a exigirte a ti mismo lo mejor. Aún más terrible si ese antagonista fue en algún momento un amigo o alguien afectivamente cercano. En el mundo del arte eso sucede con más frecuencia que en cualquier otro campo; la lucha de egos o reconocimiento entre artistas puede ser uno de los actos más descarnados, brutales y extraños en la salud mental (o física) de los profesionales involucrados, al mismo tiempo que una atracción mediática o histórica en cuanto a curiosidades se refiere. Las peleas entre creadores van, en ocasiones, de lo raro a lo ridículo pasando por lo innecesario; sin embargo, dichos conflictos invariablemente suelen ocasionar las mejores producciones y bofetadas creativas que se han visto jamás. A lo largo de la historia se ha dado un tumulto más que completo de rivalidades, malentendidos, ofensas y traiciones con respecto a la labor artística entre distintos personajes; catalizando así ideas, inspiraciones y retos que de otra manera no hubieran podido salir a flote. A continuación, se presentan algunos de los más importantes roces que las artes pudieron atestiguar con el paso de los años; esas disputas que significaron cambios estilísticos o revoluciones pragmáticas y hoy se reconocen como necesarias para explicar el avance del quehacer estético. Miguel Ángel y da Vinci Para comenzar, Leonardo y Miguel Ángel son el ejemplo perfecto: los dos fueron enseñados de la misma manera, ambos fueron considerados por su tiempo como artistas divinos y en su momento, fueron convocados para pintar en el Salón de los quinientos en Florencia. La rivalidad entre ellos era obvia y llegó el momento en que se hizo más que presente. Si se encontraban en la calle, se ofendían el uno al otro insinuando errores en sus trabajos o fallas de representación. Caravaggio y Giovanni Caravaggio y Giovanni también tuvieron su batalla. Ante un conflicto que se vio protagonizado por quejas, respuestas, mensajes y ofensas mediante la pintura, ambos artistas se satirizaban al grado de que Caravaggio en algún momento escribió que las pinturas del otro debían ser utilizadas en el mundo como papel de baño. Gauguin y van Gogh Vincent van Gogh y Gauguin fueron grandes amigos por un tiempo. Quizá ése sea el verdaderamente doloroso dato en esta historia; ambos artistas se apreciaban y comprendían hasta que el primero invitó al otro a formar un paraíso artístico-utópico en el sur de Francia, acto que dirigió su mutuo malentendimiento hasta que llegó el día en que Vincent se cercenó una oreja y Paul permitió que se lo llevaran a una institución psiquiátrica. Picasso y Matisse Pablo y Henri fueron ese tipo de amigos que más allá de darse aliento mediante palabras bonitas, gozaban de empujarse bruscamente para que el otro diera lo mejor de sí hasta el día en que la amistad ya no dio lo suficiente como para soportarse. Picasso, en una ocasión, le dijo a Matisse que su idea para la capilla de Venecia parecía un baño. Pollock y De Kooning El verdadero conflicto entre Pollock y De Kooning nunca fue llevado, de hecho, por ellos mismos; eran la crítica y el público quienes guiaron esa guerra hasta el final. Greenberg y Rosenberg, ambos críticos y estudiosos reconocidos de su época, encarnaron en realidad esas disputas entre dos perspectivas del arte en la modernidad. Ingres y Delacroix En pleno siglo XIX, dos de las corrientes más importantes se rivalizaron por una lucha de respeto: el Neoclasicismo y el Romanticismo luchaban por una distinción privilegiada. Ingres y Delacroix protagonizaron fervientemente esa disputa; la utilización que cada uno le daba a los colores y a las formas nunca fueron suficientes, cada que se encontraban en fiestas o lugares públicos no podían parar de contrariarse. Banksy y Robbo Uno de los ejemplos más claros en la actualidad fue la mezcla de actos y pintas que Banksy y King Robbo sostuvieron cerca de los años 2000. Ambos, figuras emblemáticas del arte urbano, hicieron uso justamente de esos soportes callejeros para molestarse el uno al otro pintando y repintando sus creaciones mutuas.

Un genio del bien o un genio del mal, dependiendo a quién preguntes, pero desde luego alguien que ha sabido llamar la atención en las calles de Rennes, Arles, Berlín. El artista francés Mathieu Tremblin ha ido a por los tags de los graffiteros, esos garabatos personales e intransferibles con los que marcan distintas superficies de la ciudad, y les ha dado lo que todos hemos pensado alguna vez que necesitaban: un aspecto legible para poder entender bien qué es lo que están queriendo decir. Es decir, el trabajo de este licenciado en arte consiste en traducir todas las etiquetas o tags pintando sobre ellas, reescribiendo el graffiti en una fuente apta para la lectura humana y respetando el color de la firma. Las paredes se convierten en una suerte de Nube de Tags (así se llama su obra) de personas activas en la comunidad. Unos gestos plásticos sencillos y divertidos que discurren sobre el tema de la legislación, la representación y la simbología prevalentes en los espacios urbanos. Una instalación artística en toda regla. A nosotros nos gusta por eso, pero también por su evidente connotación de amo del troleo a otros artistas. Sea, fayse, aske, biclo... Todos esos nombres pasan de ser un pequeño jeroglífico a descifrar a un nombre de lo más risible y sencillo. Ellos llenan rápidamente las calles con sus autógrafos, hechos apenas en segundos mancillando las calles para siempre. El trabajo de Tremblin, sin embargo, lleva más tiempo. Hay que traducir el nombre, buscar el tono del aerógrafo adecuado, la fuente que más le pega a cada nombre y un dedicado trabajo de reconstrucción. Ahora que vemos la pared sí hay un orden. Sí se entienden las jerarquías de los autores. La burocratización o estandarización del arte callejero es exactamente lo que un mundo artístico como el actual estaba reclamando. Tremblin explicaba su proyecto así: El principio de Nube de Tags es cambiar la ubicua caligrafía graffiti por unas traducciones legibles, al estilo de las nubes de palabras que pueden encontrarse en internet.Así se muestra la analogía entre un tag físico y uno virtual, tanto en forma (las composiciones de tags en un muro tienen el mismo aspecto que las nubes de tags) como en substancia (las palabras clave son marcadores de la navegación en Internet como los graffiti son marcadores de corrientes urbanas).

El corazón se acongoja siempre que pensamos en esos conciertos a los que no pudimos acudir, o palpita agitadamente al recordar esas congregaciones de culto musical a las que sí asistimos y nada en esta vida podrá igualar. Nuestra narración personal está escrita en grandes partes por la música que escuchamos, esa droga que fluye por nuestro sistema generando las sensaciones más placenteras jamás sentidas. Sensaciones tan únicas, tan especiales. Participar de estos eventos, respirar el mismo aire que nuestra estrella o banda preferida, es una de las experiencias más orgánicas que habremos de vivir. Sentir que tu ser está en total sincronía con miles de personas y aun así estar guardando las significaciones particulares en esta catarsis y hallazgo de sentidos es el máximo estado que los fans podemos llevar a cabo. Comencemos entonces una lista de conciertos que quisiéramos volvieran a suceder o que, en una especie de máquina del tiempo, pudiésemos asistir y ser partes de un episodio en la historia del cosmos. “Woodstock” (1969) La meca del amor y la psicodelia a finales de los 60, fue el primer magno festival a celebrarse con más de 400.000 personas para escuchar a Jimi Hendrix, Janis Joplin, Joan Baez, The Who, Santana o Joe Cocker entre otros. El espíritu de la juventud explotaba por todos lugares para unirse en contra de la Guerra de Vietnam por una sola voz: la música. “Rio de Janeiro” (2006) – The Rolling Stones Jamás en su vida los Stones habían ofrecido un espectáculo de tales magnitudes. Financiados por el Ayuntamiento de Rio, la playa de Copacabana se abarrotó por más de un millón de personas para escuchar un legendario concierto que al que público pudo acceder sin presentar siquiera un boleto. “Apple Records’ roof” (1969) – The Beatles Magia y nada más. Cruzar la calle y escuchar al cuarteto de Liverpool de manera gratuita como preámbulo a su separación debió cambiar la vida de más de uno. El concierto improvisado terminó por quejas de los vecinos y una policía que subió a la azotea a cumplir órdenes. “Magic Tour: Wembley” (1986) – Queen Freddie Mercury y compañía hicieron de su carrera una leyenda aquella noche en el estadio de Wembley. Fue uno de los últimos conciertos del “Magic Tour,” que además sería la última gira de la alineación original (y mítica) de Queen. Un paso histórico para la música. “Screen on the Green” (1976) Malcolm McLaren organizó un evento musical en el “Screen on the Green,” cine de Londres, para dar a conocer al mundo su rebelde grupo. Tocaron junto a The Clash y Buzzcocks, llegando a ser una de una de las citas cumbre del punk británico. Crestas, cadenas y cuero, fueron testigos de la ira punk y del todavía presente Glen Matlock. “Alive” (2006) – Daft Punk Una gira que a su corto tiempo de haber ocurrido ya goza de misticismo y respeto entre sus seguidores. Daft Punk se presentó, además de contar sus fechas en E.U.A. y Europa, en México y Sudamérica; un espectáculo deslumbrante de alta calidad visual, como pocos se veían en aquél entonces. “Live Aid ’85” (1985) Un festival único e irrepetible; acapararon las palmas y las ovaciones Bowie, U2, Queen, entre otros, y logró que el evento resultara un gran éxito, que marcara parte de la historia social, y mostrara al mundo que la música podía crear conciencia. “The Wall ’80” (1980) – Pink Floyd Catalogado como uno de los conciertos más innovadores, costosos y complejos en los anales del rock, el espectáculo conceptual, casi performático, que perteneció a esta gira es un hito sin precedentes. En pocas ocasiones la conexión entre artistas y público se ha visto tan sensible/catártica como en ésta. “El último concierto” (1997) – Soda Stereo Soda Stereo anunció su separación a mediados de los 90 y, aunque diez años después regresarían para ofrecer una retrospectiva de su carrera, los conciertos resultantes dejaron una huella imborrable. “Gracias totales” es la despedida que estará tatuada en la mente de todos los fans. “Zócalo de México” (2012) – Paul McCartney Con más de doscientos mil asistentes, Sir Paul McCartney ofreció hace algunos ayeres un concierto gratuito en la plaza central de la Ciudad de México. De manera magistral cerró en esta urbe su “On the Run Tour,” momento cumbre para esos que tuvieron que esperar por décadas para ver a un beatle en vivo. ¿Acaso se repetirá?
Los genios más creativos a veces son catalogados como locos sin control que buscan hacer todo para cambiar el mundo y la perspectiva en la que vemos las cosas. Todos intentamos ocultar nuestra locura para parecer “normales” en un mundo en el que todos simulamos. Nos convertimos en cuerdos llenos de estereotipos y contradicciones interiores, nos alarmamos ante cualquier signo o síntoma de locura. Históricamente, las posesiones demoníacas han sido consideradas posibles en lugar de tratar eso que parece más viable, porque más vale una explicación sobrenatural a decir que algo malo ocurre en nuestra mente y con nuestra composición biológica. Cuando pensamos en un artista trastornado, la depresión es uno de los primeros estereotipos en aparecer, porque, claro, consideramos que la vida de artista los lleva a la inevitable tristeza de no saber cómo dirigir su vida. Otros inmediatamente piensan en van Gogh o Munch porque ellos llevaron en su arte la penitencia de convertirse en hombres que no cumplían con los patrones establecidos por una sociedad: Pollock y Virginia Woolf, otros artistas que no resistieron el paso de los años y prefirieron terminar su vida: Woolf caminando hacia el mar, Pollock listo para morir alcoholizado con una severa depresión. Aquí algunos artistas que marcaron su obra de arte con los trastornos más dolorosos. Miguel Ángel Bounarroti El pintor, escultor y arquitecto que trascendió como uno de los mejores del Renacimiento, sufría de Trastorno Obsesivo Compulsivo. En su biografía aseguran que este genio dormía vestido con botas por miedo a contaminarse y éstas le trajeron muchos problemas de salud. No gustaba de estar con otras personas porque consideraba que si lo tocaban, podían transmitirle diferentes gérmenes, por lo que era un rechazado social. Además, sufría de enojos abruptos con aquellos que ofendían sus creencias y lo hacían considerar otras posibilidades. Georgia O’Keeffe Georgia O’Keeffe sufrió constantes periodos de depresión durante toda su vida. A los 46 años estuvo internada por síntomas de ansiedad y depresión que incluían constantes llantos y dejar de dormir o comer. Muchos atribuían sus malestares al estrés, pero sus biógrafos aseguran que era presa del miedo al fracaso público y a un tipo de rebelión contra el control absoluto de su esposo Alfred Stieglitz. Francisco de Goya y Lucientes Aunque muchos consideran que Goya sólo sufría de depresión profunda, en realidad los problemas mentales siempre lo atormentaron. Goya estuvo sufrió una enfermedad que muchos definen ahora como el síndrome Vogt–Koyanagi–Harada, mismo que lo dejó sordo, con ceguera parcial y dificultad al caminar, por lo que, de pronto, el pintor de la Cámara del Rey se aisló en una casa conocida como Quinta del Sordo. Algunos aseguran que esos periodos de locura y rebeldía fueron los creadores de impresionantes “pinturas negras” con brujas, oscuridad y demonios que mostraban lo absurdo e insignificante que pueden ser el hombre y la muerte, pero su depresión se transformó en etapas de alucinación y delirio. Temía a la locura porque algunos de sus familiares, como su tío y tía, habían padecido la pérdida de consciencia absoluta. Ludwig van Beethoven Muchos aseguran que Beethoven no sólo sufría depresión, sino desorden bipolar. El músico también sufría alcoholismo, lo que eventualmente lo llevó a la muerte. El biógrafo de Beethoven, François Martin Mai, describe que el artista mostraba cambios repentinos de estado de ánimo que iban desde una increíble euforia hasta depresión que lo orillaba a pensar en el suicidio. David Foster Wallace El escritor conocido por su obra “Infinite Jest”, es considerado como uno de los talentos literarios más importantes de su generación. De acuerdo con el New Yorker, tenía una profunda depresión desde muy joven. Tres años antes de su suicidio dijo en un discurso en la Universidad Kenyon: “El suicidio, como muchos otros clichés, poco convincente y nada excitante, en realidad expresa una gran y terrible verdad. No es coincidencia que los adultos que cometen suicidio con armas de fuego casi siempre se pegan un tiro en la cabeza; disparan al órgano que lo controla todo. Y la verdad es que la mayoría de estos suicidios están hechos mucho antes de que tiren del gatillo”. Leonora Carrington Cuando Max Ernst, su novio, fue apresado, los problemas con el dinero se hicieron cada vez más frecuentes. Leonora suplicaba y la angustia psicológica de la artista se hizo presente. Dormía poco, lloraba desconsoladamente, trabajaba sin parar: “Estoy desesperada y locamente enamorada de Max. Sigo pintando, pero sólo para no volverme loca. Quiero que únicamente viva para mí y conmigo. Quiero tenerlo siempre. Quiero estar en el mismo cuerpo que él…”. Huyó a España, pero un brote psicótico la invadió antes de llegar, razón por la cual tuvieron que internarla en un hospital durante seis meses. Sylvia Plath El 11 de febrero de 1963, Plath abrió la llave del gas y metió su cabeza en el horno. Poeta, ensayista y feminista norteamericana. Desde pequeña mostró talento para la escritura, a los ocho años ya componía sus primeros versos, sin embargo, un trastorno bipolar severo la llevó a intentar suicidarse antes de los 17. Pudo graduarse con honores, pero mientras lo hacía, estuvo sometida a un nada grato tratamiento psiquiátrico. En 1962 se separó de su esposo, el también poeta Ted Hughes y un año después, cometió suicidio. Dejó dos niños menores y un legado único por el que recibió un premio Pulitzer póstumo. Vincent van Gogh Van Gogh sufría esquizofrenia. Estuvo internado en el sanatorio mental de Saint-Rémy, las ansias y la tristeza lo convertían en presa de la desesperación. Por 12 meses sólo vio lo que había en el sanatorio y desarrolló cuadros intrépidos relacionados con su melancolía y algunas reinterpretaciones de Rembrandt, Delacroix y Millet. En su cuadro “Depresión”, pintó un hombre deshecho, con las manos sobre su rostro, llorando desconsolado, sin saber nada más que su dolor.

La Ventana de Johari es una herramienta de la psicología cognitiva creada para ilustrarnos, de una manera más sencilla, los procesos de interacción humana. Este modelo también se familiarizó con las dinámicas que diversos maestros y psicoanalistas que la utilizaban para ayudar al alumno o paciente a conocerse a él mismo. Posterior a que esta ventana se volviera una táctica sencilla y que fluía cada vez con mayor facilidad, otras ramas como la actuación también la llegaron a implementar como un método para encontrar al personaje en el interior del actor. A todo esto, Joseph Lunt y Harry Ingham, los psicólogos creadores de este instrumento de la comunicación, buscaban desarrollar un proceso para que la persona que aplicara el ejercicio descubriera de una manera “amable” lo que conocía de sí mismo, lo que sabía de él pero continuaba escondido en esa parte subconsciente y sobre todo, lo que nunca imaginó que existía en el fondo de su inconsciente. Y precisamente de esa parte inconsciente surgen los misterios que muchos de los cuadros de artistas de distintas épocas y corrientes, desde el Renacimiento hasta el Realismo, plasman en óleo. Pintando lo que ellos saben, lo que los demás saben, lo que ellos sólo ellos conocen e inconscientemente, de lo que aparentemente nadie más tiene consciencia. Tal vez ésa era una de las razones por las que los siguientes artistas pintaban parte de las enfermedades que aquejaban a una sociedad de su época, algunas veces retratando literalmente lo que veían, y otras escondiendo en sutiles rasgos o características del cuadro todas esas partes del ser humano afectadas por una serie de problemas físicos para los cuales no se había encontrado una explicación aún. O por lo menos, esa es una de las teorías que envuelve a estos cuadros. “Las Viejas” – Francisco de Goya (1808-1810) Romanticismo Sífilis congénita/muerte Sífilis congénita: es una infección severa, incapacitante y con frecuencia, potencialmente mortal; se observa en los bebés, quienes se contagian cuando una mujer embarazada y con sífilis le trasmite su enfermedad al feto a través de la placenta. La característica principal que Courbet plasmó en su pintura fue la ausencia de puente nasal, la inflamación auricular, la cicatrización de la piel alrededor de la boca y la extrema delgadez, consecuencia de una incapacidad para aumentar de peso. “El Hombre Desesperado” – Gustave Courbet (1843 y 1845) Realismo Locura Trastorno o perturbación patológica de las facultades mentales. En “El Desesperado”, observamos una mirada más abierta de lo normal que muchos historiadores del arte han justificado como un hombre alejado de su propia mente, que se lleva las manos a la cabeza como símbolo de su propia demencia. “El Retrato de Federico da Montefeltro y su hijo Guidobaldo” – Pedro Berruguete (1474 y 1477) Renacimiento Rinofima Rinofima: es la palabra que se usa para definir una nariz grande y de color rojo, por lo general, esta característica crea que la nariz se deforme pareciendo un bulbo. Federico de Montefeltro fue retratado en el cuadro de Berruguete como un hombre con una nariz gruesa y algunas glándulas sebáceas sobre la cara. “La Dolorosa” – Bartolomé Esteban Murillo (1660-1670) Barroco Depresión Depresión: enfermedad o trastorno mental que se caracteriza por una profunda tristeza, decaimiento anímico, baja autoestima, pérdida de interés por todo y disminución de las funciones psíquicas. “La Dolorosa” es el retrato donde se plasma el dolor que la Virgen siente ante la cercana muerte de su hijo. “The Adoration of the Christ Children” – Jan Joest of Kalkar (1515) Síndrome de down Síndrome de Down: es un trastorno genético en el cual una persona tiene 47 cromosomas en lugar de los 46 usuales. Jan Joest pintó las caras de los niños que aparecen en el cuadro con rasgos característicos y comunes en las personas con una anomalía congénita como el síndrome de down: la nariz achatada, boca pequeña, ojos rasgados hacia arriba y extremidades cortas. “La Familia de Felipe IV o Las Meninas” – Diego Velázquez (1656) Barroco Enanismo con hipogonadismo Enanismo: es una enfermedad genética que afecta aproximadamente a una de cada 15 mil personas, los brazos y las piernas se ven cortas en comparación con la cabeza y el tronco, y la estatura de la persona es de menos de un 1.25 metros. Hipogonadismo: se presenta cuando las glándulas sexuales del cuerpo producen pocas o ninguna hormona. Diego Velázquez, no sólo en “Las Meninas”, sino en otros de sus cuadros, pintó hombres y mujeres con características de ambas enfermedades. “El Grito” – Edvard Munch (1893) Expresionismo Trastorno de ansiedad Transtorno de ansiedad: estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad. “El Grito” es la representación gráfica de lo que una persona con ansiedad sufre psicológica o conductualmente, por ejemplo, aprensión, sensación de agobio, obsesiones, bloqueo psicomotor, inquietud, irritabilidad, miedo y/o desasosiego. “La Parábola de los Ciegos” – Pieter Brueghel el Viejo (1568) Renacimiento Ceguera Ceguera: falta del sentido de la vista; puede ser completa o muy acentuada y afectar sólo a un ojo o a ambos. Por la forma en que los hombres caminan en la pintura de Brueghel, es evidente que padecen de una enfermedad que limita o incapacita su sentido de la vista. “El Niño de Vallecas” – Velázquez (1643-1645) Barroco Cretinismo Cretinismo: es una enfermedad que se caracteriza por un déficit permanente en el desarrollo físico y psíquico, ésta va acompañada de deformidades del cuerpo y retraso de la inteligencia; es ocasionada por la falta o la destrucción de la glándula tiroides durante la etapa fetal. “El Niño de Vallecas”, pintado en el Barroco, posee la forma de una persona o niño con alguna malformación en el cuerpo que le impidió desarrollarse completamente. “San Gerónimo en su Estudio” – Marinus Van Reymerswale (1541) Esclerodermia Esclerodermia: es una enfermedad del tejido conjuntivo que involucra cambios en la piel, los vasos sanguíneos, los músculos y los órganos internos. La rigidez y tensión de la piel en los dedos y manos en el retrato de Marinus Van Reymerswale es lo que dan la pauta para denominar a esta enfermedad como una de las proyecciones del cuadro.
El misterioso Manuscrito Voynich ha esquivado cualquier esfuerzo realizado hasta el momento para desvelar su contenido. El libro no tiene sentido alguno, a día de hoy. ¿Qué esconderá? Podemos imaginar una oscura y extraña biblioteca en el corazón de Praga. En su interior, algunos raros manuscritos esperan en la estantería. Unos pocos son tan viejos y ajados que apenas pueden tocarse sin que se desmenucen. Otros son más nuevos y sofisticados, pero todos hechos a mano e ilustrados con paciencia. Pero entre ellos destaca uno. Un libro que ha pertenecido a un emperador. Y a un increíble sabio antes que él. Y a un botánico... Sin embargo, ahora el libro es una pieza inútil en la estantería de Georg Baresch, el Alquimista. Pues ni si quiera él, con su importante colección de conocimientos herméticos, ha conseguido descifrar un sólo ápice del misterioso Manuscrito Voynich. Lo que contamos es una historia real que concierne a uno de los documentos más ladinos que ha existido en la Tierra. ¿Qué es el Manuscrito Voynich? Cientos de años después, el Manuscrito Voynich se encuentra a buen recaudo dentro de la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos. Pero ni las más modernas técnicas ni los algoritmos más potentes han conseguido, todavía, descifrar nada sobre el oscuro Manuscrito Voynich. Este documento es un libro que consta de 240 páginas, aunque sabemos que se han perdido varias a lo largo de la historia. En él hay una gran cantidad de texto escrito a mano e ilustraciones en prácticamente todas las hojas. Las ilustraciones parecen indicar que el texto está dividido en secciones temáticas que van desde la botánica a la astrología (y astronomía). El texto está en un idioma por completo desconocido llamado Voynichés en honor al especialista lituano en libros antiguos Wilfrid M. Voynich, quien rescató el libro en 1912 tras casi 250 años perdido. Ni que decir tiene que el propio Voynich no pudo descifrar nada del mismo. Pero lo rescató del olvido, razón por la que lleva su nombre. No sólo el idioma es desconocido, sino que su alfabeto también lo es. Tras muchos trabajos y estudios, los investigadores descifraron un sistema de sustitución de caracteres (llamado EVA, European Voynich Alphabet), el cual no es del todo preciso, pero ha servido para transcribir el texto al alfabeto románico. A partir de aquí nos topamos con palabras sin sentido en un lenguaje por completo desconocido. Pero, ¿podría ser una elaborada broma? Un manuscrito que "aparenta" ser real, pero no lo es. Los siglos oscuros de la historia humana están llenos de ritos, textos herméticos, tradiciones alquímicas y mucho secretismo. No es extraño, tampoco, encontrar textos falsos para despistar (muy común entre los practicantes alquímicos) o, sencillamente, falsificaciones para sacar dinero y atención. ¿Es el Manuscrito Voynich una de estas pantomimas? Un libro extraño pero real Según los estudios realizados, el Manuscrito Voynich no parece ser un complicado engaño que simula un lenguaje indescifrable. Muy al contrario, existen varias pruebas que indican que el documento está escrito en un lenguaje real (desconocido o no) y con sentido. Así lo confirma la llamada "ley de Zipf", una ley empírica según la cual, en una lengua, la frecuencia de aparición de las palabras sigue una distribución característica según la aparición de las palabras. Esta ley, aunque es una aproximación, se cumple en todas las lenguas conocidas, incluyendo algunas artificiales como el esperanto (y no en otras como el Quenya, el Sinda o el Klingon, fantásticas). También se cumple en el Manuscrito Voynich. Es bastante improbable que su autor conociese esta ley unos 500 años antes de que la descubriesen, lo que da a entender que el texto ha de tener algún sentido lingüístico. Por otro lado, existen más pruebas que lo sitúan en tiempo y lugar. Por ejemplo, las cartas que indican a quién perteneció, como el viejo alquimista de Praga, avaladas por el carbono 14, que permite confirmar los tiempos afirmados por la correspondencia. También confirman estos datos los análisis de los pigmentos usados en los dibujos y escrituras, que coinciden con las recetas medievales. Además, en el estudio más extendido, realizado en Yale, se ha identificado diferentes elementos característicos: la disposición de las estructuras ilustradas, el peinado o la ropa mostrada así como las plantas reflejadas. ¿Y qué ha conseguido resolver toda esta información? No demasiado. Diseccionando el misterio ¿Qué sabemos entonces? Bueno, parece claro que el manuscrito está dividido en seis secciones: un herbario, un documento astronómico, un capítulos que versa sobre la biología, otro que versa sobre cosmología (el más difícil de descifrar) otro de farmacopea vegetal y, por último, un apartado de "recetas". Aunque por su contenido el texto puede parecer de corte alquímico, lo cierto es que carece de la simbología más típica de la alquimia medieval, faltando ciertas ilustraciones y símbolos típicos de la época. Por otro lado, se han identificado plantas concretas que podrían ayudar a situar la localización desde la que se escribió el libro. Esto es importantísimo para poder entenderlo. En primer lugar, para identificar el idioma desde el que se escribió el texto. En segundo, para entender su contextualización. Pero, hablando del texto. ¿Ante qué nos encontramos? Existen diversas hipótesis sobre su confección. El texto está escrito de izquierda a derecha y por alguien que "sabía" lo que estaba escribiendo con naturalidad. Es decir, que no se calculó minuciosamente cada carácter antes de escribirlo, sino que se hizo de forma fluida. El texto es bastante diferente de las lenguas europeas. En particular, no existen palabras con más de 10 letras y su distribución dentro de una palabra es algo peculiar. Muestra características que pueden dar a entender que se trata de un alfabeto más reducido o procedente de otras lenguas no románicas. Por otro lado, hay quien piensa que en realidad el Manuscrito Voynich es un texto cifrado o, incluso, un texto de códigos para descifrar otros textos. También podría ser un documento escrito en diversas lenguas, mezcladas o separadas. O, sencillamente, estar escrito en una lengua que desconocemos. Ante esta hipótesis las ilustraciones de las plantas parecen apuntar a una lengua mesoamericana de la que no nos queda constancia. Aunque sigue siendo una hipótesis compleja de probar. Por mucho que hemos estudiado, usado técnicas criptográficas, desempolvado viejas lenguas y todo nuestro saber, el Manuscrito Voynich sigue siendo un auténtico misterio. ¿Quién sabe qué esconden sus páginas? Por el momento, estamos tan a oscuras como el propio Baresch en su biblioteca de Praga.
Los mitos sobre las figuras más grandes en la cultura siempre son objeto de morbo, especialmente cuando se trata de un artista que pintó el siglo XX con excentricidad, locura y una personalidad llena de misterio. Genio para algunos, patético para otros, la figura de Dalí nunca pasó en blanco, indiferente para nadie. Los viajes oníricos del pintor catalán, su ruptura con Breton y los demás surrealistas, la forma en que se conducía en público, una personalidad arrebatadora y egocéntrica, además de las mascotas y los lujos que lo acompañaban a donde fuera, son solamente una de las facetas que el pintor que afirmaba ser el surrealismo en persona mostraba al público. Profundamente influido por el psicoanálisis y la libre asociación de Freud, Dalí se manifestó seguidor y fue parte de la gran corriente de artistas que nutrieron su obra de los postulados del psiquiatra austriaco. El pintor y su obsesión por la fotografía, así como su desprecio por Picasso y las manifestaciones cubistas del arte, además de la extraña relación con Gala, su musa de por vida, terminaron por hacer un mito alrededor de su persona: golpeador, fascista, avaro y amante de la riqueza son sólo algunos de los adjetivos sin confirmar que inundan las conversaciones sobre el lado oscuro de uno de los artistas más destacados del siglo XX. ¿Cuáles eran esas fijaciones sexuales que servían de inspiración para las representaciones oníricas más poderosas de Dalí? Aquí cinco secretos depravados y sádicos que definieron la vida y la obra artística del maestro del surrealismo: Dalí era un adicto a la masturbación. Conforme fue creciendo, el catalán descubrió su sexualidad pero no de la forma común como suelen hacerlo la mayoría de las personas, sino con un profundo sentido de extrañeza y erotismo. Cuando era pequeño, el pintor comparó su pene con el de sus colegas de escuela, para descubrir que el suyo se trataba de uno mucho más pequeño y suave. Durante mucho tiempo, Dalí creyó que era impotente y desarrolló una obsesión con la masturbación, a tal grado de llegar a hacerlo hasta cuatro veces por día, según él, delante de un espejo. La masturbación le servía de inspiración, sin embargo, le parecía una experiencia lo suficientemente poderosa como para llevarlo para siempre al mundo de la sinrazón. El pintor de “El Gran Masturbador” sufrió durante toda su vida de un problema de aceptación de la sexualidad como un acto humano completamente natural, generado por la educación ultraconservadora que recibió de su padre cuando aún era un niño. Conforme Dalí crecía, su padre le inculcaba lo malo que era someter su cuerpo a la experimentación sexual. En una ocasión, lo hizo ver un libro con imágenes a todo color sobre terribles infecciones de transmisión sexual, con órganos desfigurados y en estado de descomposición. El trauma fue tal que el genio creció convencido de que el contacto sexual era algo decadente y denigrante. Este pensamiento se trasladó a sus pinturas, como en la obra antes mencionada, que muestra una deformación de la mujer mientras realiza una felación a un hombre con las rodillas sangrando. En sus años de juventud, el pintor catalán fue vinculado sentimentalmente con Federico García Lorca, pues ambos compartieron tertulias y puntos de vista artísticos antes del estallido de la Guerra Civil Española. Algunas versiones extraoficiales señalan que Lorca trató de convencer al menos en un par de ocasiones a Dalí para que pasaran una noche juntos; sin embargo, el surrealista negó tal acusación en distintas entrevistas. Todo apunta a que el excéntrico artista llegó virgen hasta su matrimonio con Gala, quien para entonces tenía una amplia experiencia sexual. La atracción de Dalí hacia la personalidad de Gala fue insostenible y pronto terminó prendado de ella, amor que conservó durante toda su vida. Las excentricidades del catalán fueron ampliamente reconocidas a lo largo del siglo XX y bien documentadas por sus principales biógrafos e historiadores. Es un hecho que Dalí era voyerista, pues disfrutaba ver a otras parejas teniendo sexo en su presencia, incluso pidió en distintas ocasiones a Gala que tuviera sexo con otros hombres delante de él para complacer su deseo sexual. Aún joven, el pintor escribió en sus cuadernos de memorias los instantes en que participó como observador en distintas orgías, de las cuales se apoyaba para crear en la imaginación cuerpos andróginos que, poco a poco, se convirtieron en una obsesión para él. En 1980, Dalí se tuvo que retirar definitivamente de su gran pasión debido a una parálisis motora que le incapacitó para siquiera tomar un pincel y valerse por sí mismo. El carácter explosivo del “divino”, como se hacía llamar, fue in crescendo conforme pasaban los días y el malestar permanecía, mientras Gala se mantenía en la esfera artística, donde conocía a muchos artistas y amantes masculinos de quienes Dalí sentía celos. Una tarde, en un arranque de locura y desesperación, el de Figueres golpeó a Gala tan fuerte reclamando atención, que rompió dos de sus costillas, pero la musa continuó cuidando de él hasta sus últimos días, cuando requería de grandes dosis de ansiolíticos para mantenerse en calma.